Doctrina Social de la Iglesia - 35. La Empresa III



P. Ignacio Garro, jesuita †

6. LA EMPRESA. CONFLUENCIA DE CAPITAL Y TRABAJO

(Continuación)


6.7.- MODELOS DE RELACIONES ENTRE EL CAPITAL Y EL TRABAJO. POSTURA DE LA IGLESIA

Una vez aclarados los términos de "capital" y "trabajo" pasemos a examinar los principales modelos de relaciones entre capital y trabajo a la luz de la DSI, presentándolos brevemente en su origen y trayectoria histórica y en su proyección hacia le futuro. especialmente estudiaremos el régimen de sociedad o "cogestión", apuntando las importantes implicaciones que contiene.

 

6.7.1.- EL CAPITALISMO LIBERAL [1]

Es el sistema económico que se basa en la supremacía del capital sobre el trabajo, esto es, que otorga la última instancia de las decisiones que controlan el proceso productivo a aquellos que poseen el capital. El surgir del capitalismo fue propiciado por la convergencia de varias circunstancias históricas, y coincidió con el comienzo de la revolución industrial. Entre estas circunstancias, las principales fueron las siguientes:

a.- Los rápidos progresos de la tecnología que reveló la posibilidad de utilizar nuevas formas de energía (energía de vapor, eléctrica, etc), dando lugar a nuevos procesos de producción, sustituyéndose la producción de tipo artesanal por la producción en serie.

b.- La enorme ampliación ofrecida a los mercados europeos, por la colonización de Asia, Africa y las Américas.

c.- El aplastamiento de las estructuras corporativas de la Edad Media, que reglamentaban el ejercicio de las profesiones u oficios y controlaban la competencia.

Podemos decir, que el capitalismo nació bajo el signo del liberalismo que inauguraba una total libertad de la iniciativa privada en el proceso productivo y excluía de este proceso la intervención del Estado.

Como sistema económico, el capitalismo no tenía ética alguna. Se reglamentaba exclusivamente mediante las indicaciones de mercado y, en éste, mediante mecanismos de la formación de los precios, que obedecía a la ley de la oferta y la demanda. Así pues, los comienzos del capitalismo fueron marcados por un violento espíritu de competencia, en el cual los diferentes productores veían aumentar sus ganancias, al disminuir los precios de producción. El capitalismo fue responsable de tremendas injusticias contra la clase trabajadora, obligada a trabajar a cambio de salarios de hambre, hasta quince horas diarias, incluyendo a mujeres y niños menores de edad. Como vimos anteriormente, esta situación originó la situación que se llamó la "cuestión social", como situación de verdadera injusticia de parte de los capitalistas en contra de los trabajadores.

En breve tiempo se vio que el sistema capitalista tenía defectos muy graves y de difícil solución. El mecanismo del sistema capitalista sólo es sensible a las necesidades que se traducen en dinero, es decir, en ganancia material. Son múltiples las deficiencias de este sistema. En primer lugar su carácter impersonal y anónimo, que deja la determinación de los niveles del salario al mecanismo de la ley de la oferta  y la demanda, sin ninguna consideración de tipo ético o social. En un auténtico régimen capitalista, donde la oferta de mano de obra excede la demanda, el salario debe bajar, aunque alcance niveles inferiores a los de la mera subsistencia, esto origina una auténtica situación de injusticia humana y social.

Consideraciones de tipo moral no hallan lugar en el sistema capitalista, porque, para éste, la economía como la política representan compartimentos separados cuya única regla es la eficacia. El segundo defecto económico del capitalismo reside en el hecho de que la competencia rara vez tuvo los efectos que de ella se esperaba. Los monopolios, "holdings", y todo tipo de asociación monopólica iban contra el poder adquisitivo del trabajador. Los capitalistas dominando con enorme fuerza financiera, conseguían imponer leyes que les garantizaran en la permanencia de sus privilegios. Por todo esto, el capitalismo nunca ha conseguido eliminar el tercer defecto, que es le de las crisis periódicas de la superproducción y el crecimiento, creando las condiciones para las cuales la única salida de esta crisis es la destruir enormes cantidades de bienes, yendo en contra de una humanidad necesitada y hambrienta.

¿Por qué razón semejante sistema se llama capitalismo? Porque en el proceso sociopolítico y económico se atribuye la superioridad indiscutible del capital sobre el trabajo. El capitalismo está apoyado en la filosofía liberal llamada "liberalismo", que nace de una concepción de la persona y de la sociedad de una manera individualista. Por ello, capitalismo, liberalismo e individualismo son así tres caras, orgánicamente solidarias, de la misma realidad histórica que marcó el S. XIX y cuyos residuos (algo controlados) permanecen hasta nuestros días. Es verdad que en nuestros días no existe el capitalismo primitivo del S. XIX, ya que la presión de varios factores ha originado una gran variedad de nuevos modelos neocapitalistas. Estos se distinguen por la mayor o menor intervención del Estado en los mecanismos de control en la cuestión económica, en la determinación de los precios y salarios. El neocapitalismo parte de su rudeza, si embargo, aunque haya tolerado o asimilado muchas novedades, en las relaciones de trabajo, todavía conserva el principio inamovible de que el capital es más importante que el trabajo.

Por ello la DSI desde León XIII en la RN, nº 6, demostraba que tenía una visión clara de la situación de la injusticia social que reducía a una condición casi servil a la inmensa multitud de trabajadores por la injusticia de los bajos salarios. Anota como causa de esta situación la destrucción de las corporaciones artesanales o gremios, que dejaban a las clases más pobres a merced de la ganancia y de la competencia desleal de la oferta y la demanda. León XIII no llegó a percibir que la situación se configuraba dentro de una forma y un sistema que entonces se iniciaba y cuyo nombre era "capitalismo".

Fue le papa Pío XI, cuarenta años más tarde, quien en su encíclica QA, nº 102-103,  identificó el sistema que se llamó "régimen capitalista", y que consideraba uno de los extremos que ha de ser evitado, por cualquier tipo de régimen sociopolítico. En efecto, no considera el capitalismo como un régimen "condenable por sí mismo ni vicioso por su misma naturaleza", sino que es condenable y vicioso e la medida en que "el capital esclaviza a los obreros o a la clase proletaria con tal fin y tal forma, que los negocios y por tanto, todo el capital, sirvan a su voluntad y a su utilidad, despreciando la dignidad de la persona humana de los trabajadores, la índole social de la economía y la misma justicia social y el bien común" .

Como hemos visto a través de este tratado, la Iglesia se opuso de manera determinante a este sistema económico por las injusticias a las que llevaba.



    [1] Cfr.- Tema "Capitalismo" en Pequeña Enciclopedia de la Doctrina Social de la Iglesia" , F. Bastos de Avila, SJ. Edic. Paulinas


Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


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