III Domingo de Tiempo Ordinario - A: Jesús anuncia el Reino y llama a sus primeros apóstoles



P. Adolfo Franco, jesuita.

Mateo 4, 12-23

Cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea. No se quedó en Nazaret, sino que fue a vivir a Cafarnaúm, a orillas del lago, en la frontera entre Zabulón y Neftalí.
Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, en el camino hacia el mar, a la otra orilla del Jordán, Galilea, tierra de paganos, escuchen:
La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande; una luz ha brillado para los que viven en lugares de sombras de muerte.
Desde entonces Jesús empezó a proclamar este mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está ahora cerca.»
Mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al mar. Jesús los llamó: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.» Al instante dejaron las redes y lo siguieron.
Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan; estaban con su padre en la barca arreglando las redes. Jesús los llamó, y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús empezó a recorrer toda la Galilea; enseñaba en las sinagogas de los judíos, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba en el pueblo todas las dolencias y enfermedades.
Palabra del Señor

Para acoger el reino de Dios que Jesús anuncia, hay que convertirse

Comienza la actividad apostólica de Jesús. Así se abren sus años de evangelizador con este anuncio de conversión, de cambio profundo, porque el Reino de Dios está cerca. Y es necesario y urgente ese cambio interior (que llamamos conversión) para que se acerque ese Reino de Dios. Ese Reino de Dios es Jesús mismo, como vida de nuestra vida.

A continuación se narra la vocación de los primeros apóstoles; y en la forma que ellos tienen de reaccionar se nos está poniendo un ejemplo palpable de lo que es esta conversión del corazón. Está cerca el Reino de Dios: eso es lo que sentirían esos primeros apóstoles, cuando se les acercó Jesús, y entonces empezaron a darse cuenta de que estaban entrando ellos mismos en una atmósfera nueva, que Dios mismo los estaba envolviendo. Percibieron eso que se decía en los versículos anteriores: el Reino de Dios está cerca. Y tan cerca, Jesús está delante de ellos en persona.

Y ellos responden; y esa respuesta es su conversión, que no será sólo un cambio de actitudes sino un cambio completo de vida. Para los apóstoles (para estos cuatro primeros) la conversión será dejar todo, todo lo que tienen y todo lo que ambicionan, para irse detrás de Jesús. Esta transformación de los apóstoles merece una reflexión.

El que Jesús se acerque a sus vidas, de una manera tan natural y tan fuerte, exigente, porque lo quiere todo, es un privilegio, pero ellos no lo saben todavía; y tardarán mucho en verlo así; y sin embargo responden. Seguramente el Espíritu de Dios los impulsó a decir un sí total, aunque aún no saben adónde los llevará este sí que están dando ahora. Ahora empieza su vida de verdad, y ellos lo intuyen, aún no saben todo lo que eso será, y dicen que sí, no de palabra sino con su desprendimiento.

Tienen que empezar por desprenderse totalmente de lo que poseen; no es ni mucho, ni poco, es todo, todo absolutamente. Empezar por el despojo total: “deja todo lo que tienes y ven y sígueme”. Sólo que las palabras se prestan a equivocaciones; despojo, parece que es una palabra hirsuta y desafiante. Cuando se dejan las cosas, puede parecer que a uno le arrancan la piel; pero no es así, sino que cuando una persona es llamada a “un abrazo íntimo de Dios”, dejar las cosas más que despojo es riqueza. Y no es tampoco que se hagan cálculos, como poner en un platillo de la balanza lo que dejo y en el otro “el abrazo”, y ponderar como un comerciante calculador qué pesa más. Porque hay que dejar la misma actitud de comerciante. Ellos simplemente sintieron la llamada en el centro de su alma, y dijeron que sí, con sencillez. Todas las consecuencias y el desenvolvimiento de su entrega vendrán después poco a poco. Ahora basta decir que sí.

Pero esta respuesta, es justamente lo que se quiere decir al hablar de conversión: deja a tu familia, deja tus actividades, deja tus posesiones. Ellos dejaron a su padre, dejaron las redes y la barca, y dejaron el oficio de pescadores. Y van a tener otro amor (otro Padre), van a tener otra riqueza (Jesús es toda la riqueza que se puede tener) y van a tener otro oficio: pescadores de hombres. Esto es la conversión, un cambio en el ser interior y en la actividad exterior. Cambiar de dirección, o mejor cambiar de nivel: porque es pasar de lo superficial a lo profundo; conversión de hecho es pasar de las apariencias y las sombras a las realidades auténticas. Pues nada hay más real y más auténtico que Dios, y Jesucristo. No hay actividad más humana que la salvación, que entregarse a ser pescadores de hombres. Así que conversión es también abandonar lo superficial y entrar en lo esencial.

Así que en esta lección sobre la conversión aprendemos la actitud evangélica inicial: el tipo de cambio que se nos pide para que el Reino de Dios esté de verdad cerca de nosotros. Este Reino de Dios que es la intimidad con Jesucristo: abandonar el mundo de las apariencias para ser sus seguidores, estar a su lado, compartir su vida.




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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

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Libro de Job



P. Fernando Martínez Galdeano, S.J.


Job, paciente y rebelde

Desconocemos quién haya podido ser el autor de este libro que lleva el nombre de Job. Sus comienzos (cap. 1-2) y tam­bién sus párrafos finales (42,7-17) están redactados en una prosa simple, mientras que el diálogo, argumentos y polémica lo están en verso; una lírica de gran valor lite­rario, a juicio de los críticos y estudiosos.


Por otra parte, el análisis interno del libro tiende a situar la sección poética en el siglo V a.C., a excepción de los discur­sos de Elihú (32-37) y el himno a la sabi­duría (28) que están considerados como más recientes. La parte en prosa (prólogo y epílogo) quizás se remonte a los siglos décimo o noveno. Todo el libro de Job ha de ser contemplado como una unidad que gira alrededor del acuciante interrogante de ¿por qué sufre el justo?


El drama de Job


Una leyenda antigua nos transmite el caso de un hombre rico, llamado Job, que es respetuoso con Dios y en él pone toda su confianza y como tal procura comportarse. Sin embargo el maligno (Satán) piensa que la fe confiada de Job es interesada porque ella le atrae la bendición de Dios. Pide permiso entonces a ese mismo Dios para probarle. Y Job pasa de repente de la abundancia a la miseria. Su reacción inicial es modélica: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. ¡Bendito sea el nombre del Señor!” (1,21). Persiste en­tonces Satán en probarle y pide permiso para quitarle la salud. Y el cuerpo de Job se cubre de una llaga desde la planta de los pies hasta la coronilla. Y su aspecto alcanza a deteriorarse tanto que su misma mujer le reprocha:" —¿Todavía perseveras en tu rectitud ? ¡Maldice a Dios y muérete! Pero él respondió: —Hablas como una mujer necia. Si se acepta de Dios el bien ¿no habremos de aceptar también el mal?” (2,9s.) En esta situación de inmenso dolor y sufrimiento aparecen tres amigos que vienen a visitarle y hasta consolarle. Y se inicia un diálogo cuyas formas literarias dramática y poética tratan de expresar más de lo que las pala­bras dicen. La fe es probada en el dolor.


El drama de Job es el de todo creyente que sufre sin motivo aparente. ¿Cómo se puede creer en un Dios justo y bondadoso, al sentir la experiencia en carne propia del sufrimiento del inocente? Sin duda que el autor del libro de Job ha vivido esta expe­riencia y por eso escribe y se pregunta. 


"Elifaz, Bildad y Sofar, los tres visitantes de Job se quedaron estupefactos y mudos ante su terrible sufrimiento. Después “de siete días y siete noches” (2,13), Job exacer­bado por el dolor insufrible "abrió la boca y maldijo el día de su nacimiento" (3,1). Job había perdido la paciencia y todo su ser se había rebelado contra Yahvéh. “¿Por qué alumbró con su luz a un desgraciado, y dió vida a los que están llenos de amar­gura... a quien no encuentra su camino, y a quien Dios cierra el paso?” (3,20ss.)


La discusión con sus amigos: Sus tres amigos intervienen por turno, y con exten­sos discursos insisten en la explicación, la tradicional de que el sufrimiento que aflige a los hombres está en proporción con sus pecados. El justo y paciente Job rechaza esta aseveración pues en su caso la propor­ción sería abusiva. El había sido siempre un hombre justo y honrado en conciencia: “¡Ojalá se pesara mi desgracia, y se acumu­larán en la balanza mis calamidades! Pesa­rían más que la arena del mar" (6,2s.)


Sus amigos le exhortan a que se sienta como un gran pecador ante un Dios, que «no rechaza al pisto, ni brinda su apoyo a los malvados” (8,20). Y Job responde que Dios es muy fuerte y que no tiene sentido el tratar de llevarle a juicio. Es cierto que nadie está sin falta alguna y de forma irre­prochable y en santidad ante El, pero Job se ve a sí mismo y se siente inocente, y así quiere manifestarlo ante ese su Dios santo: "Sin embargo, hablaré sin temor ante él, porque yo no me siento culpable" (9,35). Y Job llega a suplicarle que le haga saber sus cargos ocultos contra él (10,2).



¿QUÉ ES EL HOMBRE PARA QUE LE DES IMPORTANCIA, PARA QUE TE OCUPES DE ÉL, PARA QUE LE PASES REVISTA POR LA MAÑANA Y LO EXAMINES A CADA MOMENTO?, ¿POR QUE NO APARTAS DE MÍ LA VISTA, NI SIQUIERA CUANDO TRAGO SALIVA? SI HE PECADO, ¿QUÉ TE HE HECHO? CENTINELA DEL HOMBRE, ¿POR QUÉ ME HAS TOMADO COMO BLANCO, Y ME HE CONVERTIDO EN CARGA PARA TÍ? ¿POR QUÉ NO ME PERDONAS MI DELITO Y NO ALEJAS MI CULPA? MUY PRONTO ME ACOSTARÉ EN EL POLVO, ME BUSCARÁS Y YA NO EXISTIRÉ, (JOB 7,17-21”) 
SOY INOCENTE; NO ME IMPORTA LA VIDA, DESPRECIO LA EXISTENCIA; PERO ES LO MISMO -OS LO ASEGURO—; DIOS ACABA CON INOCENTES Y CULPABLES; SI UNA CALAMIDAD SIEMBRA LA MUERTE REPENTINA, ÉL SE BURLA DE LA DESGRACIA DEL INOCENTE; DEJA LA TIERRA EN PODER DE LOS MALVADOS Y TAPA LA CARA A SUS GOBERNANTES; ¿QUIÉN SINO ÉL LO HACE?
(...) Y SI SOY CULPABLE, ¿PARA QUÉ FATIGARME EN VANO? AUNQUE ME FROTARA CON JABÓN ME LAVARA LAS MANOS CON LEJÍA, ME HUNDIRÍAS EN EL FANGO Y MIS VESTIDOS ME DARÍAN ASCO. DIOS NO ES HOMBRE COMO YO, PARA DECIRLE: VAMOS A COMPARECER EN JUICIO; NO HAY UN ARBITRO ENTRE NOSOTROS QUE PUEDA PONER LA MANO SOBRE AMBOS, (JOB 9,21-24. 29-33)

Uno de sus amigos que le acompañan (Sofar) se escandaliza ante la actitud crítica de Job y le increpa para que acepte su obstinado pecado: “Mas tú, si enderezas tu corazón, si tiendes tus manos hacia Dios, si apartas el mal que hay en tí...” (ll,13s.) Pero Job no se calla y responde con fuerza que es verdad que Dios es muy sabio, pero por eso mismo, no tiene que ser defendido con argucias, sofismas y falsedades. Y sus amigos no parecen honestos en mente y razón. El quiere, por tanto, una respuesta de ese mismo Dios en esta vida, que es la única válida conforme a la tradición reci­bida: “¿Puede un hombre muerto el revivir? Si fuera así, todos los días de mi vida espera­ría hasta que llegase mi relevo” (14,14).

Los amigos se impacientan y acusan de nuevo a Job de arrogancia y de orgullo. En ellos, sus amigos, no va a encontrar un defensor el rebelde y obstinado y paciente Job, y él lo sabe; pero tiene fe en que su verdadero abogado defensor, va a ser ese Dios santo. Él saldrá en su defensa en una última y definitiva instancia: “Pues yo sé que mi defensor está vivo, y que el, al final, se alzará sobre el polvo” (19,25).
Sofar vuelve a la carga con una soflama acerca de lo efímero y vacío del bienestar de los malvados. Y Job le responde: “Hay quienes (malvados) mueren en pleno vigor, en el colmo de la dicha y de la paz. (...) Otros en cambio, mueren llenos de amargura, sin haber gustado la felicidad. (...) Vuestras res­puestas son pura falsedad” (21,23.25.34).
Elifaz acusa a Job de una serie de peca­dos y le insta a la conversión humilde (22). Job hace caso omiso e insiste en que quiere una respuesta oportuna del mismo Dios. Eso del pecado no vale como explicación.

Ante el silencio de Dios

Sólo y en medio de una oscura soledad y una gran amargura Job se enfrenta al pesado silen­cio de Dios (22-27). El busca la auténtica sabiduría que sólo se encuentra en el res­peto a Dios (28). Hace un recuento de su vida (29-31) y emplaza a ese mismo Dios para que le responda: “¡Es mi última pala­bra; que el Poderoso me responda!” (31,35) Job se siente abandonado de Dios.

Entra en esta escena Elihú, un hombre joven un tanto presuntuoso, quien en una serie de monólogos (32-37) reprende con altanería tanto al viejo Job como a sus tres amigos de mayor edad. Su preocupación es que Dios pudiera aparecer como culpable de la situación. El lo tiene claro. Dios por encima de todo. En realidad, su alegato en defensa y apoyo de Dios no añade nuevos argumentos, fuera de algunos atisbos que indican que el sufrimiento puede formar parte de una oculta pedagogía: “Dios salva al que sufre a través del sufrimiento; por medio de la tribulación le hace entender. ¿Quién es maestro como él?" (36,15.22)

     Dios mismo le responde
Al fin, Dios responde a Job, desde la oscura tormenta (38-41). Este es un Dios poderoso, sabio y también justo, pero silencioso. No premia ni castiga en esta vida la conducta de los hombres, pero es un Dios providente que no deja al arbitrio de los malvados la his­toria y el final absoluto de la humanidad, y aunque ésta sea una historia de pecado, también lo es de salvación. Lo que el justo no debe hacer es responsabilizar a Dios del mal que acontece. Y ante tales palabras Job le respondió con humildad y sencillez: “Hablé a la ligera; ¿qué puedo responderte? (...) Así he hablado yo, insensatamente, de maravillas que me superan y que ignoro. (...) Te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos”. (40,4; 42,3.5)

La fe, a pesar de los pesares
¿Por qué sufre el justo? Esta es la pregunta que pro­voca el libro de Job. Su respuesta es más bien de índole negativa: No es un castigo de Dios (42,7-9). El autor aunque monta un “final feliz” (42,10-17), no atina a dar con una respuesta más positiva, más con­sistente, pues carece de la perspectiva de una vida futura más allá de esta vida. Pero, éso sí, tiene fe apasionada en Yahvéh, una fe ciega, y una confianza sin límites en su sabiduría creadora y providente, y sólo en ella pone toda su esperanza. Al final sólo Dios permanece y él nos acompaña.

YAHVÉH RESPONDIÓ A JOB DESDE EL SENO DE LA TEMPESTAD Y DIJO: CIÑE TUS LOMOS COMO UN BRAVO; VOY A PREGUNTARTE Y TÚ ME INSTRUIRÁS. ¿DE VERDAD QUIERES ANULAR MI JUICIO?, PARA AFIRMAR TU DERECHO ¿ME VAS A CONDENAR? ¿TIENES UN BRAZO TÚ COMO EL DE DIOS? ¿TRUENA TU VOZ COMO LA SUYA? ¡EA, CÍÑETE DE MAJESTAD Y DE GRANDEZA, REVÍSTETE DE GLORIA Y DE ESPLENDOR! ¡DERRAMA LA EXPLOSIÓN DE TU CÓLERA, CON UNA MIRADA HUMILLA AL ARROGANTE!
¡CON UNA MIRADA ABATE AL ORGULLOSO, APLASTA EN EL SITIO A LOS MALVADOS! ¡HÚNDELOS JUNTOS EN EL SUELO, CIERRA SUS ROSTROS EN EL CALABOZO! ¡Y YO MISMO TE RENDIRÉ HOMENAJE, POR LA VICTORIA QUE TE DA TU DIESTRA! (JOB 40,6-14)


DIOS Y EL SUFRIMIENTO HUMANO


En sintonía con las quejas y resentimientos de Job, nos asalta el sufrimiento humano tanto individual como colectivo. De nuestra experiencia personal (cada uno tiene su propia historia concreta en este aspecto), podemos saber algo de dolores de paso, de enfermedades críticas, quizás de operaciones quirúrgicas. No pocos quizás saben del envejecer y de la pérdida inexorable de sus facultades físicas y mentales. Todo ésto es normal biológicamente, pues nacemos para morir. 


A veces la causa de un sufrimiento es un accidente, algo que bien podía no haber sucedido. Por otra parte las relaciones interpersonales son complejas. Se quiebra el amor, la amistad, la confianza mutua, etc. Estas heridas que sólo cicatriza el tiempo, parecen abrirse de vez en cuando y sangran. La vida es dura económicamente para muchos, y el ganársela con un trabajo adecuado no depende sólo de uno. Con frecuencia, fuente oculta de sufrimiento es la insatisfacción propia. Los años van pasando y las frustraciones personales y secretas deprimen el ánimo con un sombrío pesimismo. La soledad acompaña a la persona y el amigo verdadero es un raro tesoro. 


Hay sufrimientos humanos de uno y de muchos, cau­sados por mentes irresponsables, ignorantes, injustas y hasta violentas. Cuando así actúan no parecen personas sino una especie de "monstruos morales en los que se mezclan lo absurdo y lo inhumano. ¡Hay sufrimientos y sufrimientos! 


Ante semejante panorama, el Dios en el que creemos se nos vuelve lejano, incierto, injusto y no bondadoso. El planteamiento es duro, pero es el que se hace sentir en Job. Es el crisol de nuestra fe. O nos volvemos tontos, cínicos o verdaderos creyentes. 


El Dios de Job , ¿es un Dios impasible ante el sufrimiento humano? El autor sagrado después de la última intervención de Job, ya en el epílogo escribe: "Yahvéh dijo a Elifaz de Temán: Mi ira se ha encendido contra tí y contra tus dos amigos, porque no habéis hablado de mi con verdad, como mi siervo Job" (42,7).


En otras palabras, Dios no ha dejado de acompañar a Job en su dolor. Job es "su servidor", está cercano a Él siempre. Esta presencia de Dios en la sombra pertenece a su misterio, algo que también le aconteció a Jesús: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46). Bajo la luz del Jesús traspasado pero resucitado Tomás exclama: "¡Señor mío y Dios mío!" (Jn 20,24-29). Y el mismo Job, rebelde y paciente, llega a decirle a Yahvéh: "Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos" (42,5).








HE CONSIDERADO LA TAREA QUE DIOS HA PUESTO A LOS HUMANOS PARA QUE EN ELLA SE OCUPEN. EL HA HECHO TODAS LAS COSAS APROPIADAS A SU TIEMPO; TAMBIÉN HA PUESTO EL AFÁN EN SUS CORAZONES, SIN QUE EL HOMBRE LLEGUE A DESCUBRIR LA OBRA QUE DIOS HA HECHO DE PRINCIPIO A FIN. COM­PRENDO QUE NO HAY EN ELLOS MÁS FELICIDAD QUE ALEGRARSE Y BUSCAR EL BIENESTAR EN SU VIDA. Y QUE TODO HOMBRE COMA Y BEBA Y LO PASE BIEN EN MEDIO DE SUS AFANES, ESO ES DON DE DIOS. (Ecl 3,10-13)


GUÍA DEL LIBRO DE JOB

(1.1-2,13) 
• Prosperidad de Job. 
• Satán pide permiso para probarle. 
• Es probado. 
• Sus amigos Elifaz, Bildad y Sofar acuden a consolarle.

(3,1-14,22) 
• Job maldice el día de su nacimiento. 
• Elifaz: ante Dios todos somos pecadores, merecedores de castigo. 
• Job se siente incomprendido y traicionado. 
• Bildad: Dios siempre es justo; le ruega que reconozca su pecado. 
• Job quiere saber el por qué de su tragedia. 
• Sofar: ¡ojalá conocieras la sabiduría de Dios! 
• Job no admite la false¬dad como obra de la sabiduría de Dios.

(15,1-21,34) 
• Elifaz: condena el lenguaje de Job. 
• Este espera que su defensor sea Dios mismo.
• Bildad: el malvado no tendrá sino tinieblas. 
• Job se siente abandonado de todos.
• Sofar: el castigo del impío. • ¿Acaso no triunfan los malvados?, responde Job.

(22,1-27,23) 
• Elifaz: invitación a la conversión. 
• Job quiere encontrarse con Dios pero éste se esconde; Dios está por encima de todo. 
• Bildad: todo es impuro ante Dios.
• Job insiste en su inocencia. • Sofar: la suerte del malvado.

(28,1-28) 
• Poema de la sabiduría.

(29,1-31,40b) 
• Job siente nostalgia de sus días de antaño. 
• La desventura presente.
• Pide justicia y proclama su inocencia.

(32,1-37,24) 
• Intervención de Elihú. 
• Inculpa a Job de presunción. 
• No se trata de disculpar a Dios. 
• El no es indiferente al dolor humano. 
• Este tiene el sentido de la medida y la disciplina, porque Dios es sabio y poderoso.

(38,1-42,6) 
• Interviene Yahvéh: el misterio de la creación, de la naturaleza y del mundo animal.
• Job se siente confundido. 
• Dios está sobre las fuerzas del mal: Behemot y Levia- tán. 
• Job manifiesta su ignorancia y confía en que Yahvéh mismo le instruya.

(42,7-17) 
• Epílogo: Dios censura a los amigos de Job, y éste es rehabilitado.

DIOS SALVA AL QUE SUFRE, A TRAVÉS DEL SUFRIMIENTO; POR MEDIO DE LA TRIBULACIÓN LE HACE ENTENDER. ¿QUIÉN ES MAESTRO COMO ÉL? (JOB 36,15.22) 


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Agradecemos al P. Fernando Martínez, S.J. por su colaboración.
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II Domingo de Tiempo Ordinario - A: El testimonio de San Juan el Bautista



P. Adolfo Franco, jesuita.

Juan 1, 29-34.

Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía a su encuentro, y exclamó: «Ahí viene el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo. De él yo hablaba al decir: “Detrás de mí viene un hombre que ya está delante de mí, porque era antes que yo”. Yo no lo conocía, pero mi bautismo con agua y mi venida misma eran para él, para que se diera a conocer a Israel.»
Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu bajar del cielo como una paloma y quedarse sobre él. Yo no lo conocía, pero Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo también: “Verás al Espíritu bajar sobre aquel que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él”. Sí, yo lo he visto, y declaro que éste es el Elegido de Dios.»
Palabra del Señor.

Saber dar testimonio de Jesús como lo hace el Bautista.

En este párrafo del Evangelio aparece uno de los grandes testimonios que Juan Bautista da sobre Jesús. Podemos decir que es lo que él sabía de Jesús en su conocimiento interior.

 Lo que Juan Bautista dice en esta ocasión de Jesús no es una simple información, es algo más: él ha tenido la suerte de que se le manifestase el misterio de este Hombre tan especial, al cual él conoce en profundidad. Es el testimonio de alguien que ama mucho a Jesús; pero es también el testimonio de alguien que ha pensado mucho en su interior sobre esta Persona tan notable, que un día se le presentó para que la bautizara.

Y da su mensaje sobre Jesús con unas pocas palabras, cada una de las cuales destaca un aspecto fundamental de la persona de Jesucristo, a la vez Dios y a la vez Hombre. Empieza diciendo que es el “Cordero de Dios”, el que quita el pecado del mundo. Tantas ofrendas y tantas víctimas se ofrecían a Dios en el Templo de Jerusalén, y no lograban la purificación del hombre en su raíz; no eran la anulación del pecado que se había adueñado del mundo desde el Paraíso Terrenal. Y eso es lo que afirma Juan al decir que Jesús es el “Cordero de Dios”. Está afirmando su carácter de Salvador del género humano; Esta sí es la víctima que se ofrecerá al Padre para nuestra redención. Es el que nos da la posibilidad de le regeneración interior, y el que ofrece ya al mundo entero un camino de esperanza y de renovación.

Después dice que Jesús “existía antes que él”. Evidentemente Juan está hablando de la preeminencia de Jesús sobre él. Y está haciendo sospechar de alguna forma en la divinidad de Jesús, el Hijo de Dios, eterno como el Padre. Juan Bautista ha contemplado en su corazón varios hechos de la vida de Jesús, los pocos que él ha conocido, y en su interior ha recibido “el conocimiento interior” y ha percibido la plenitud de éste que viene con la figura de un hombre cualquiera: y que es de verdad un hombre, pero Juan ha intuido que no es un hombre cualquiera. Sabe que Jesús es el “sagrario” de Dios.

Todo esto que Juan sabe en su interior de Jesús, y que necesita proclamarlo a voces, porque tanto gozo no le cabe en el corazón, todo esto Juan lo sabe porque él ha visto al Espíritu Santo bajar sobre El. Ha sido en el momento del bautismo, en ese gesto de sencillez y de identificación con los hombres que tuvo Jesús, al hacerse bautizar, y entonces Juan ha sido testigo de la visión de los cielos abiertos, del Padre que señala a su querido Hijo y del Espíritu que invadió a Jesús, para manifestar lo que ya había en el interior de su Persona. Juan proclama esto de Jesús, y así nos advierte que le demos un lugar muy especial a Jesús, que no lo dejemos pasar sin seguirlo. Jesús hizo llegar el Espíritu a Juan antes de su nacimiento, cuando estaba en el seno de su madre, y ahora lo querrá comunicar a quien se le acerque.

 Por eso añade más: nos dice lo que Jesús está dispuesto a darnos a cada uno: El nos bautizará en el Espíritu Santo. No es un simple bautismo simbólico lo que Jesús nos dará; es un bautismo que es una gracia de santificación. El bautismo que Jesús nos dará será hacernos nacer de nuevo; un segundo nacimiento por el agua y el Espíritu, como Jesús mismo explicará un día al asombrado Nicodemo. Está dispuesto Jesús a darnos a cada uno de nosotros el Espíritu en la plenitud. Lo dará a sus apóstoles, y lo dará continuamente a su Iglesia. Jesús es el que regala el Espíritu a los que creen en El. Juan sabe que su propio bautismo no es más que agua y la buena voluntad de los que con humildad se sumergen en el Jordán para aceptar con decisión el cambio de vida. Y por eso él mismo sabe que ese bautismo en el Jordán sólo está prefigurando el nuevo bautismo que es una nueva creación.

Finalmente y para completar y resumir todo lo que Juan siente de Jesús, nos lanza lo que él ha percibido y que es el objeto fundamental de su fe: Este es el Hijo de Dios. Así es el primero que hace la profesión de fe cristiana, y que para tantos durante la vida de Jesús será una fe difícil de aceptar. Durante toda la vida de Jesús muchos se acercaron a su misterio, muchos percibieron sus signos, pero pocos llegaron a la confesión de la fe fundamental: Jesús yo creo que Tú eres el Hijo de Dios. Y esta es le fe que nos salva. Y Juan es el primero en proclamarla con toda claridad.

Este es el testimonio que Juan tenía que dar porque él era el que abría los caminos al Señor. Juan nos induce a que nosotros también demos de Jesús nuestro propio testimonio, lo que afirmamos de Jesús, desde nuestro corazón.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

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El Bautismo de Cristo - Navidad Ciclo A




P. Adolfo Franco, jesuita.

Mateo 3, 13-17

Por entonces vino Jesús de Galilea al Jordán, para encontrar a Juan y para que éste lo bautizara. Juan quiso disuadirlo y le dijo: «¿Tú vienes a mí? Soy yo quien necesita ser bautizado por ti.»
Jesús le respondió: «Deja que hagamos así por ahora. De este modo cumpliremos todo como debe hacerse.» Entonces Juan aceptó.
Una vez bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Al mismo tiempo se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo, el Amado; en él me complazco.»
Palabra del Señor.


Jesús para recibir el bautismo de Juan se pone en la cola de los pecadores como uno más.

El domingo pasado celebrábamos la adoración de los Reyes Magos, ante Jesús recién nacido como una manifestación especial de Dios. Hoy celebramos otra manifestación de Dios: ocurre en el bautismo de Cristo en el Jordán. Ha pasado una semana litúrgica entre este domingo y el anterior, pero cuántas cosas pasaron en la vida real de Jesús entre el primero de los hechos (la adoración de los Magos) y el segundo que hoy consideramos, su Bautismo en el Jordán. Han pasado casi treinta años de la vida de Cristo. Y vale la pena detenerse para hacer de todo este tiempo transcurrido una adecuada reflexión.

En estos treinta años ha sucedido toda una vida oculta, no precisamente anónima, sino una vida, de la que parece que no hay nada que contar, tan parecida debió ser a las vidas de sus paisanos de Nazareth. Y sin embargo estos treinta años han sido una preparación para lo que ocurre en el Bautismo, y lo que vendrá después. Hablamos con términos demasiado humanos, pues podríamos preguntar: Jesús el Hijo de Dios ¿tenía que prepararse para esta misión, que traía desde su Encarnación? ¿Dios no estaba suficientemente preparado desde el principio? Pero resulta que Jesús es verdadero Dios, pero también verdadero hombre (no una apariencia de hombre), y como hombre real, debía pasar de la niñez a la infancia, a la adolescencia, a la juventud, a la madurez. Hay unas breves frases en el Evangelio de San Lucas en que afirman que Jesús crecía en edad, sabiduría y gracia. Hay por tanto en El un verdadero crecimiento humano, que lo está preparando para su misión.

Al Bautismo llega Jesús de treinta años aproximadamente. Ha ido pensando despacio en la misión que el Padre le ha encomendado: acercarse a los hombres, entregarles una doctrina pura, vivir para los demás como nadie lo ha hecho, entregar su vida, después de haber entregado todo lo que El es. Su corazón se ha ido desarrollando para tener una capacidad de amar sin limitaciones, un amor que era como un aroma que le seguía por todas partes, y que lo hacía cercano a todos incluso a los más alejados de Dios. ¿Cómo se formaría ese amor tan grande? Claro que ahí inyectaba además su potencia toda la divinidad que latía en su interior.

Fueron años en que aprendió a servir, a ser sencillo, a ser acogedor, a no juzgar, a compadecerse. La Palabra de Dios fue convirtiéndose en El en una segunda naturaleza. Y aprendió a leer el mundo creado; aprendió a contemplar la semilla, y los pájaros: una meditación profunda e íntima, que le hizo descubrir en la naturaleza las huellas invisibles de su Padre. Y por eso se acercaba a la naturaleza, para ir convirtiendo cada hecho del campo y del mar, de la fiesta y de las bodas, en un mensaje del Reino de los Cielos.

Y cuando ya ha llegado al término esta preparación, como un hombre totalmente maduro, se marcha una tarde de su casa, sale definitivamente de la infancia, y va al Jordán. Se trata de una nueva identificación con los demás hombres. Podría decirse, aunque impropiamente, una nueva encarnación: se hizo semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado. Pero se pone en la cola de los pecadores, para recibir un bautismo destinado a pecadores. Y en ese momento hay un luminoso forcejeo entre la humildad de Jesús y la humildad de Juan el Bautista. Naturalmente que vence la voluntad de Dios, que es lo que Jesús le dice a Juan. Y una vez que Jesús entra en el Jordán se abren los cielos, porque ya se está abriendo en Jesús el camino de la salvación. El Padre se asoma a ver a su Hijo querido, se asoma para ver toda su obra, lo que un día planificaron en el cielo, cuando el amor a los hombres les arrebató otra vez, con un amor mayor aún que cuando Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo estaban planificando la creación, y sobre todo la creación del hombre a su imagen y semejanza.

En el Jordán aparece el primer hombre que de verdad es a imagen y semejanza de Dios. Pero de ahí empezará la fila de sus seguidores, que irán por los mismos caminos que Él marca, para realizar en sus vidas “la imagen y semejanza de Dios”.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

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Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de ENERO 2020




RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA - APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE ENERO







OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo
me haga su amigo y apóstol, disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos
mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos,
todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.

Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:


«Oremos para que los cristianos, los que siguen otras religiones y las personas de bien promuevan la paz y la justicia en el mundo.»

AMÉN






VÍDEO DEL PAPA
INTENCIONES DEL MES



De la necesidad de paz en el mundo el Papa ha hablado en diversas ocasiones y lo hizo también en su reciente Mensaje para la celebración de la 53ª  Jornada Mundial de la Paz, el 1° de enero 2020, en el que asegura que  “la paz, como objeto de nuestra esperanza, es un bien precioso, al que aspira toda la humanidad”. 
En el mismo Mensaje, el Santo Padre recuerda que las guerras y conflictos que se han producido “no dejan de afectar especialmente a los más pobres y a los más débiles”.  "Todavía hoy, a tantos hombres y mujeres, niños y ancianos se les niega la dignidad, la integridad física, la libertad, incluida la libertad religiosa, la solidaridad comunitaria, la esperanza en el futuro”.

En un mundo dividido y fragmentado, quiero invitar a la reconciliación y a la fraternidad entre todos los creyentes y también entre todas las personas de buena voluntad.
Nuestra fe nos lleva a difundir los valores de la paz, de la convivencia, del bien común.
Recemos para que los cristianos, los que siguen otras religiones y las personas de buena voluntad promuevan juntamente la paz y la justicia en el mundo.
Gracias.
Papa Francisco 






ORACIÓN

Señor Jesucristo
Al iniciar este año,
y teniendo presente que viniste entre nosotros como Príncipe de la Paz,
damos gracias por el regalo de Tu presencia
y la llamada a la fraternidad que nos traes….
llamándonos tus hermanos e hijos del mismo Padre.
Este mes, unidos al Papa y a su Red Mundial de Oración,
Te pedimos que todos sintamos este llamado
a la construcción de la paz y la justicia.
Que las diferencias religiosas, culturales y sociales
no son muros entre nosotros,
sino razones para el enriquecimiento mutuo
y la construcción de un mundo mejor,
el reino de los cielos entre nosotros..

Amén

Padre Nuestro…
Ave María...
Gloria...



LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE


AQUÍ




PROPUESTA PARA EL MES

    Interiorizarte de las iniciativas que se promueven a favor de la paz a lo largo de este mes, especialmente los encuentros ecuménicos e interreligiosos, para difundirlas en tus propias redes y contactos o participar en ellas.

    Hacer una lectura orante del Mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de la Paz, marcar los puntos más atractivos y ponerlos en práctica, comenzando por compartir y dialogar con Dios, con la familia, con el grupo o comunidad donde te insertas, etc.

    Mirar a tu alrededor y reconocer las relaciones o situaciones que necesitan paz y justicia y hacer algo concreto al respecto.

    Fuente: ClickToPray





    REFLEXIÓN SOBRE LA INTENCIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE ENERO


    Acceda AQUÍ





    RECURSOS EN LA RED

    A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

    B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray[App Store] [Google Play]

    C. Para comunicarnos:
    apostolado.oración.peru@gmail.com



    Descargue el Afiche Orando con el Papa Francisco en el mes de ENERO 2020
    Si desea contribuir con la difusión de las Intenciones del Papa Francisco para los desafíos de la humanidad, puede descargar el afiche para el mes de ENERO (PDF A3):