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Señor de la Ascensión de Cachuy

Historia

Por encima de los 3700 m.s.n.m. en un pequeño pueblo llamado Cachuy, jurisdicción del distrito de Catahuasi, Provincia de Yauyos, y a escasos 200 km.; se encuentra la milagrosa efígie del Señor de la Ascensión. Imagen que apareció entre los años de 1690 a 1712, en un inhóspito paraje típico de las serranías limeñas.

Según la tradición, cuenta, un pastor llamado Martín Barrios pastaba su ganado vacuno en los pastizales de la zona. Un día próximo a la festividad de San Lorenzo, se le extraviaron sus vacas, habiendo salido a buscarlas, llego hasta una pampa pedregosa llena de malezas y espinas; encontrando en ese lugar al ganado extraviado. Junto al ganado Martín Barrios diviso una pequeña figura humana que parecía ser la de un niño vestido con una túnica blanca. Sorprendido por tan extraño hallazgo, el pastor cogió la estatuilla y tomándolo por el patrón de los pastores San Lucas, se lo llevo a suchoza distante a 5 km. del actual pueblo de Cachuy.

Al llegar a su choza, Barrios contó de lo sucedido a su esposa y colocó a la imagen en un improvisado altar. A los pocos días, el pastor notó con sorpresa que la imagen había desaparecido misteriosamente del lugar; paralelamente a la desaparición, el ganado del pastor volvían a extraviarse. Barrios se echó a buscar al ganado perdido y lo ubicó por segunda vez en el mismo lugar donde anteriormente fue encontrado. Mayor fue su sorpresa al encontrar junto a las vacas a la imagen que había desaparecido de su choza. 

El misterioso acto de desaparición aconteció muchas veces, optando luego Martín Barrios, por edificar una capillita junto a su morada al imaginar que su modestísima choza era inaparente para albergarlo. Con mucho fervor y devoción, Barrios y su familia le rendían culto con la seguridad que el santo patrón le dispensaría con el don de acrecentar su ganado. A pesar del solicito culto que le rendían, la imagen volvía a desaparecer; siendo encontrado por el pastor cada vez que desaparecía, en el mismo lugar donde le encontró por primera vez.

Por aquellos años, nuestro país vivía el esplendor y auge de la religión católica, el fervor religioso traspasaba frontera con la consolidación cultural virreinal, comenzando a apreciarse los frutos de la primera evangelización. Aparecieron entonces los nombres de Santo Toribio de Mogrovejo, San Francisco Solano, San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima, El Señor de los Milagros y en Yauyos el señor de la Ascensión. La imagen fue reconocida en el acto por el párroco del pueblo de Putinza, cuando Martín Barrios llevó a la imagen durante la víspera de la fiesta de San Lorenzo. Descartando lo que en un primer momento pensaba el pastor Martín Barrios al confundirlo con San Lucas. Eran probablemente fines del siglo XVI.

Al reconocer el sacerdote al Señor de la Ascensión, dispuso de inmediato se colocara a la imagen en un sitio preferencial del altar mayor del templo; dando la orden, de que nadie la moviese de allí. Al siguiente día, antes de la misa, el sacerdote echó de menos a la imagen y viendo que no estaba, lo buscó dentro del templo sin resultados satisfactorios. Ante este suceso, el sacerdote y la gente del pueblo creyeron que Martín Barrios lo había sustraído. Las autoridades le conminaron al pastor a entregar la Imagen, sin embargo, Barrios relato al pueblo y autoridades de las desapariciones anteriores; solicitando se le permita ir en su búsqueda.

Con el permiso concedido, el pastor Martín Barrios se traslado hasta el lugar de siempre encontrando nuevamente la imagen, optando por quedarse en el lugar a pasar la noche. Fue en esas circunstancias que el Señor se le presenta en sueño al pastor indicándole que construya su templo en el lugar del hallazgo. Cuando Barrios despertó al siguiente día, encontró una pampa terraplenada con extensión suficiente para construir una capilla y población; las espinas, malezas y rocas del lugar habían desaparecido. Lleno de inefable gozo y sorprendido por lo ocurrido Barrios inicio la construcción del primer templo apoyado por los otros pastores de la zona.

Así se inicia el culto y fervor (que hasta ahora perdura) de una de las fiestas religiosa más importante del sur medio. Fiesta religiosa que congrega 40 días después de Semana Santa a cerca de 45 mil peregrinos de todo el país. Peregrinos que recorren en ascenso permanente de 16 km de un serpentiante e inaccesible camino de herradura, que se traduce en más de 10 horas de una larga y agotadora caminata, soportando el intenso frío característico de las zonas andinas limeñas.


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La peregrinación

Hablar del peregrinaje hacia el Santuario de Cachuy, es necesario relacionar el carácter que imprime en las personas sus raíces culturales presentes en todas sus manifestaciones, evidentemente tendríamos que fijamos en la manifestación de fe de una aislada comunidad que sorprendida por la sobrenatural aparición de la Imagen del Señor de la Ascensión dentro de su habitual medio de vida, comienza su relación con Dios a través de un culto sembrado por la tradición y la innata presencia divina en la que erige como representación.

El caminar por las huellas de un agreste sendero, soportando sed, hambre, cansancio, soledad en muchas de las veces, desplazándose desde lejanos puntos de su lugar de origen para llegar a los pies de la sagrada Imagen, pidiendo favores o dando gracias por lo recibido, parece que reproduce los bíblicos pasajes de la aparición pública de Jesús, seguido y buscado por los que esperaban de Él la sanación de sus males y solución para sus problemas, hasta el camino hacia el Gólgota, en donde se queda establecido de que allí nos perdonó hasta la más vil de las maldades, con amor de Padre misericordioso, que no separó a nadie entonces, mucho menos a quién con tanto sacrificio, con los pies sangrantes y lágrimas de arrepentimiento, le prende una vela acompañada de unas oraciones, aromadas con naturales flores, como ofrenda íntima de haber cumplido con algunas promesas hechas.

Pero la sensación mayor que deja el peregrino, es cuando emprende el regreso a casa, si pudiéramos mirar los miles de rostros con que nos cruzamos, veríamos que hay algo nuevo en ellos, que hay una conformidad, que se ha cumplido con ordenar toda una vida con ese intenso instante vivido, que se tiene una nueva esperanza de estar con Dios a mi manera. Para muchos, de los que emprendemos este caminar, en cualquier latitud Cristiana como la de Cachuy, se conjuga con la oportunidad de reencontrarse con los suyos, la familia, parentelas y el calor de la tierra dejada por la empresa de una vida mejor en otros lugares, pero que de ninguna manera los separan de la fuente de vida heredada de sus mayores, por eso regresan una y otra vez. " Hasta que Tú lo quieras Cahuycito, entonces; te entregaré a mi hijo para que lo cuides y lo guíes como a mi".


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Plegaria I



Señor, postrado a tus pies te presento mi alma
desconsolada y abatida: a ti acudo Señor lleno
de emoción y de ternura para pedirte perdón
de mis pecados y Tu santa protección.
Señor mío de Cachuy: Abre tus ojos y mírame,
por piedad: Abre tu piadísimo corazón,
derrama consuelo sobre mis angustías.
Ante la indiferencia humana que no mira mi dolor,
mis necesidades y mis luchas, ante la variedad
del mundo egoísta y frío, ante las pasiones que
todo lo destruyen, me acerco a Ti, Señor:
dame resignación y fe, ayúdame a seguir
en el calvario.
¿Que haré Señor mío de Cachuy, si no acudo a ti...?
¿ Que haré Señor, si no iluminas mis pasos...?
¿Que haré, si no confortas mi espíritu...?
¿Que haré si no sanas mi cuerpo…?
¿Que haré, Señor, si no atiendes mis súplicas...?
Qué haré Dios mío, que haré…?
Que el signo bendito de tu gracia encienda la
virtud de mi alma, que encuentre un refugio
en tu abierto, que lleno de piedad y amor te
pueda decir:
DIOS MIO...
SEÑOR MIO.

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Plegaria II


Señor Jesús,
plenitud de los tiempos y Señor de la Historia,
dispón nuestro corazón a celebrar con fe
el Misterio de la Ascensión
y concédenos tu misericordia.
Danos un corazón, humilde y sencillo,
Para que contemplemos con renovado
asombro el misterio de la Salvación;
por el que, Tú, hijo del altísimo,
en el seno de la virgen,
santuario del Espíritu Santo,
te hiciste nuestro hermano.
Jesús, principio y perfección del hombre nuevo,
convierte nuestro corazón a ti,
para que, abandonando las sendas del error.
caminemos tras tus huellas
por el sendero que conduce a la vida.
Haz que, fieles de las promesas del bautismo,
vivamos con coherencia nuestra fe,
dando testimonio constante de tu palabra,
para que en la familia y en la sociedad
resplandezca la luz vivificante del Evangelio.
Jesús, fuerza y sabiduría de Dios. Padre
enciende en nosotros el amor a la divina
Escritura, donde resuena la voz del Padre,
que ilumina e inflama, alimenta y consuela.
Tú, nuestro Divino Redentor
renueva en la Iglesia el ardor misionero,
para que todos lo pueblos lleguen a conocerte,
verdadero Hijo de Dios
y verdadero Hijo del hombre
único Mediador entre el hombre y Dios,
Amén.

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Plegaria III

¡Oh Jesús de Nazaret!
¡Oh Señor de la Ascensión!
A ti venimos, piadosos,
a implorar paz y amor;
lejos del mundo y sus vicios
causa de nuestro dolor.
Atiende Cristo amoroso
nuestro doliente clamor
Pastor sublime y divino
Aquí estamos confundidos
llenos de fe y contrición
implorando entre sollozos
la gracia de tu perdón.
Padre de misericordias
para el hijo infiel, traidor.
moradnos ya confundidos,
pidiendo tu absolución
que del cielo descendió.
¡Oh Señor de las alturas!
¡Oh divino Redentor!
alumbrad nuestros caminos
con tu Evangelio de amor
para que clamemos siempre
con renovado fervor.

Tu diste pan al hambriento.
la sed tu poder colmó
fuiste lumbre de los ciegos
y a los mudos diste voz;
y entre enfermos y leprosos
la muerte se te rindió
Jesús todopoderoso:
¡oíd nuestro gran clamor!
De Cachuy los hijos fieles.
de Yauyos la población.
te ofrendamos para siempre,
Oh Señor de la Ascensión
nuestras plegarias fervientes,
con su mística oblación!
¡Mirad Señor milagroso,
con divina compasión
a todos los peregrinos
que os claman a una voz!'
Bendecid el desagravio
en su más grande aflicción:
En fraternal armonía
¡Santa Peregrinación!
todos tus hijos Señor
llegan con filial acento
a pedir tu bendición;
remedia todas sus cuitas
Maestro de los Maestros
luz de eterno resplandor
para los ciegos del alma
y duros de corazón,
nuestra viril confesión:
¡herencia de nuestros
padres,
Tesoro de nuestro honor!
Aquí, prodigiosa imagen
del Dios Hombre Redentor,
haz querido abrazar tu trono,
como en un nuevo Tabor
para brindar a estos pueblos
de tus gracias la eclosión:
¡ Milagros... y más prodigios
Que inspiran en esta oración!
De Lima, Cañete, Chincha,
Pisco, Chiclayo
vienen aquí con fervor
tantas almas y familias
del humilde pecador
y haced que en pueblos
y campos
reine la paz y la unión!
La paz de Cristo en la tierra
¡Santa justicia de Dios!
conceda al universo
el Santuario de tu nombre
¡Oh Señor de la Ascensión!
donde todos cantaremos
nuestra plegaria de amor.
¡Oh Señor de los ejércitos
dad la fe de Centurión
a los ínclitos guerreros
del peruano bicolor
al escuchar Su oración!
Antes que venga la muerte
cual un remedio de expiación
os reclamamos la gracia
de elevar en vuestro honor
A través del territorio:
en Costa, Sierra, Montaña.
Jefes, Licenciados, reine
tu Sagrado Corazón.





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Tomado de:
http://www.3i.com.pe/cachuy/index.html

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Propagación de la Devoción a la Divina Misericordia


 

A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso (Diario 1075). Ésta es la promesa que Jesús hizo a todos aquellos que proclamen la Misericordia, lo hagan como lo hagan. A los sacerdotes, el Señor les hizo una promesa adicional: Diles a Mis sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en Mi Corazón. A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen (Diario 1521). Estas promesas muestran claramente qué significado tiene el hecho de difundir la devoción a la Divina Misericordia, puesto que Jesús promete a todo aquel que asuma esta tarea su protección maternal, tanto en esta vida y como en el momento de la muerte. La difusión del culto de la Misericordia es pues una de las formas de la devoción a la Divina Misericordia, a parte de la imagen de la Misericordia, la Fiesta de la Divina Misericordia, la Coronilla de la Divina Misericordia y la Hora de la Misericordia, ya que también esta práctica de devoción, es decir, la divulgación de la Divina Misericordia, es objeto de las promesas de Jesús, de las que todos se pueden beneficiar.

La difusión del culto de la Divina Misericordia, consiste en proclamar el misterio de la Misericordia de Dios, el cual nos ha sido revelado del modo más pleno en Cristo crucificado y Resucitado; la propagación del culto a la Divina Misericordia se lleva a cabo mediante nuestro testimonio de vida, a través de actos, palabras y con la oración. Estas acciones, no sólo deben mostrar el camino que conduce hacia una vida hermosa y feliz en la tierra, sino que sobre todo deben estar al servicio de la obra de la salvación y santificación del mundo y con el fin de preparar a la humanidad entera para la segunda venida de Cristo en la tierra. Secretaria de Mi misericordia – dijo Jesús a Sor Faustina – escribe, habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia (Diario 965). Hija Mía, no dejes de proclamar Mi misericordia (Diario 1521). Hija Mía, habla al mundo entero de la inconcebible Misericordia Mía (Diario 699). Todavía queda tiempo, que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos (Diario 848). Escribe: Antes de venir como juez justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiera pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia (Diario 1146). Vemos pues por qué tantas veces aparece en el Diario de Sor Faustina esta exhortación de Jesús que a través de santa Faustina va dirigida al mundo entero y a toda la Iglesia.

La tarea de proclamar el mensaje de la Divina Misericordia se desprende del don que hemos recibido ya en el momento del santo bautismo. Es también un derecho y un deber de la Iglesia, y por lo tanto, de todos los creyentes. Ha llegado la hora en la que – dijo Juan Pablo II en Cracovia el 17 de agosto de 2002 en Cracovia – el mensaje de la Divina Misericordia derrame en los corazones la esperanza y se transforme en chispa de una nueva civilización: la civilización del amor.


1. Conocimiento del misterio de la Divina Misericordia

La tarea de proclamar y de hacer presente en el mundo de hoy, de diferentes maneras, el amor misericordioso de Dios (mediante el testimonio de vida, mediante actos, palabras y con la oración), requiere, en primer lugar, hacer un esfuerzo para ir conociendo mejor este misterio, el más bello de nuestra fe, sobre la base de los textos bíblicos; pero también buscando signos de este amor en nuestra propia vida y en el mundo. Sor Faustina, tratando de ser fiel a la regla de su congregación, procuraba reflexionar sobre la bondad de Dios en la obra de la creación, en la obra de la salvación, en la Santa Iglesia, así como en la Palabra de Dios y en los sacramentos. También meditaba sobre cómo se manifiesta la bondad divina en la vocación que el hombre ha recibido para unirse a Dios ya aquí en la vida terrenal y por toda la eternidad. Ella trataba también de descubrir, día tras día, en todos los acontecimientos de la vida cotidiana, la mano amorosa de nuestro Padre Celestial. El hecho de ir conociendo así el misterio de la Divina Misericordia, la llevó a concluir que en la vida humana todo lo bueno viene de Dios y es un don suyo, de su amor misericordioso. Así por ejemplo, escribió en el „Diario„: Tu misericordia, como un hilo de oro nos acompaña durante toda la vida y mantiene el contacto entre nuestro ser y Dios en cada aspecto; Dios no necesita nada para ser feliz, pues todo es únicamente la obra de su misericordia. Mis sentidos se paralizan por la alegría cuando Dios me da a conocer más a fondo este gran atributo suyo, es decir su insondable misericordia (Diario 1466). Dios fortaleció en ella el conocimiento de la misericordia de Dios mediante las potencias naturales de la razón y la voluntad, también con el don de la contemplación, gracias al cual podía penetrar con más profundidad en este misterio para proclamarlo de modo más fructífero al mundo.

Para poder acercar al mundo el misterio de la misericordia de Dios de un modo más eficaz, tal como nos muestra el testimonio de vida de Sor Faustina, no basta el mero conocimiento intelectual de esta verdad de la fe, sino que hay que vivirla cada día. Por eso el Señor Jesús, al instruir a Sor Faustina tantas veces, la alentaba no sólo a considerar su amor misericordioso y bondad insondables, sino sobre todo a imitarlo en una actitud misericordiosa hacia los demás. Hija Mía – exhortaba el Señor a Sor Faustina – observa Mi Corazón misericordioso y reproduce su compasión en tu corazón y en tus acciones, de modo que tú misma, que proclamas al mundo Mi misericordia, seas inflamada por ella (Diario 1688). Ella, obediente a las palabras de Jesús, quería transformarse totalmente en la Misericordia, ser su vivo reflejo. Oh Jesús mío, cada uno de Tus santos refleja en si una de Tus virtudes, yo deseo reflejar Tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que Tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. Glorificar Tu misericordia es la tarea exclusiva de mi vida (Diario 1242).


2. Proclamar el mensaje de la Misericordia

Sor Faustina difundía el culto de la Misericordia, primero mediante el testimonio de su propia vida, vivido en un espíritu de confianza en Dios y con una actitud misericordiosa hacia el prójimo. La preocupación por ir creciendo en este espíritu de misericordia requiere un empeño para avanzar en el propio desarrollo personal, cuidando de la vida espiritual, procurando ser fiel en el cumplimiento de la voluntad de Dios y aprovechando todas las oportunidades que ofrecen ocasión para ejercer la caridad al prójimo. Una persona así, que confía en Dios (cumple su voluntad) y lleva a cabo actos de misericordia, se convierte en una imagen viva de la misericordia de Dios, pues cualquiera que se fije en ella se percatará de que Dios es bueno y se convencerá de que merece la pena confiar en Él y de que vale la pena imitarle en su amor misericordioso para con el hombre. Esta disposición para ejercer la misericordia al prójimo, tanto en las pequeñas ocasiones como en las grandes, es particularmente elocuente. Es el argumento más potente gracias al cual la proclamación del culto de la Divina Misericordia se vuelve verdaderamente fructífera. El testimonio de vida ejercido en este espíritu de misericordia es la principal manera de difundir y divulgar el culto de la Divina Misericordia.

Si embargo, el testimonio de vida no es suficiente; cabe también proclamar la misericordia de Dios de palabra. Sor Faustina, en los contactos personales que tenía con las personas, aprovechaba cada oportunidad para hablar de la bondad de Dios y para alentar a las personas a confiar en Él. Predicaba el mensaje de la Divina Misericordia, no sólo con la palabra viva, sino también mediante la palabra escrita. Bajo encargo del Señor, Sor Faustina se puso a escribir un Diario espiritual, en el cual describía las grandes obras de Dios, todo aquello que Él había hecho en su vida y en el mundo. A través de su „Diario”, ella sigue proclamando al mundo hasta el día de hoy el misterio de la Divina Misericordia: nos habla de lo bueno que es el Señor, cómo se preocupa por cada persona, por su felicidad temporal y eterna, y nos exhorta a confiar en su misericordia. También nos anima a formarnos conforme a este espíritu de la misericordia.

Por lo general, la tarea de predicar de palabra la misericordia de Dios la solemos asociar a intervenciones públicas: una homilía, la catequesis en las escuelas, audiciones en la radio o apariciones en la televisión, o bien lo asociamos a la palabra escrita mediante libros, artículos en periódicos, etc. No obstante, cuando más podemos hacerlo es en las situaciones comunes de la vida cotidiana, en nuestros contactos personales con otras personas. Esto sucede cuando, como solía hacer Sor Faustina, tratamos de interpretar los acontecimientos de nuestra vida en nuestras conversaciones cotidianas, tratando de descubrir la bondad de Dios; es decir, cuando somos capaces de trasponer las situaciones cotidianas a la perspectiva que proporciona la fe, para poder ver en ellas la mano amorosa del Padre Celestial; esto lo podemos hacer incluso en las experiencias dolorosas y en medio de grandes sufrimientos. Es entonces cuando el apostolado da grandes frutos en la vida cotidiana.

Otra forma de rendir honor a la Divina Misericordia es la oración. En la práctica de la devoción a la Divina Misericordia esto se realiza en las formas que Jesús trasmitió a Sor Faustina. Cabe destacar la oración diaria siguiendo la liturgia de la Iglesia; podemos rezar también de forma individual, venerando la imagen de Jesús Misericordioso, rezando la Coronilla de la Divina Misericordia, o rezando la oración en la Hora de la Misericordia; también se puede adorar a Dios en el misterio de su misericordia, propagar el culto de la Divina Misericordia e implorarla para el mundo entero. Las plegarias, los ayunos, las mortificaciones, las fatigas y todos los sufrimientos, los unirás a la oración, al ayuno, a la mortificación, a la fatiga, al sufrimiento Mío y entonces tendrán valor ante Mi Padre (Diario 531). El sufrimiento tiene un papel muy importante a la hora de implorar la misericordia para el mundo: Hay un solo precio – le dijo Jesús a santa Faustina – con el cual se compran las almas, y éste es el sufrimiento unido a Mi sufrimiento en la cruz (Diario 324). Y en otro lugar: cada conversión de una alma pecadora exige sacrificio (Diario 961). Jesús también pidió lo siguiente: Necesito tus sufrimientos para salvar las almas (Diario 1612). Une tus sufrimientos a Mi Pasión y ofrécelos al Padre Celestial por los pecadores (Diario 1032). También le enseñó que con la oración y el sufrimiento se podía salvar más almas que con el trabajo pastoral de un misionero sólo a través de sus prédicas y sermones (Cf. Diario 1767).

Sor Faustina, y todos los que acogen en su corazón el mensaje de la Divina Misericordia, deberían implorar gracias, en primer lugar para los pecadores, porque son los que están en una situación de mayor miseria y pobreza y por lo tanto son los que más precisan de la Divina Misericordia. El Señor Jesús a menudo pedía oraciones en esta intención: La pérdida de cada alma Me sumerge en una tristeza mortal. Tú siempre Me consuelas cuando rezas por los pecadores. Tu oración que más Me agrada es la oración por la conversión de los pecadores. Has de saber, hija Mía, que esta oración es siempre escuchada (Diario 1397). Esto es así, porque esta oración es conforme a la voluntad de Dios, quien lo que más desea es que todos los hombres se salven, porque a todos los creó por amor y Jesús entregó su vida por cada persona y desea poder llevarnos a todos a la casa del Padre, para vivir con Él por toda la eternidad.

El segundo grupo de privilegiados en la oración de los Apóstoles de la Divina Misericordia son los sacerdotes y los religiosos y religiosas, es decir aquellos que conducen a las almas a Dios por los caminos de la salvación; además, ellos se hallan en la primera línea del frente de batalla por la conquista de las almas. También ellos, pues, precisan mucho del apoyo de la oración. Confío a tu cuidado – dijo Jesús a Faustina – dos perlas preciosas para Mi Corazón, que son las almas de los sacerdotes y las almas de los religiosos (Diario 531). En el “Diario” de santa Faustina también podemos encontrar una petición de Jesús en la que pide que se rece por los agonizantes: Reza, cuanto puedas, por los agonizantes, impetra para ellos la confianza en Mi misericordia, porque son ellos los que más necesitan la confianza, pues son a quienes más falta les hace. Has de saber que la gracia de la salvación eterna de algunas almas en el último momento dependió de tu oración (Diario 1777).

Jesús también recomendó a santa Faustina que asistiera a menudo a las almas del purgatorio, porque allí la necesitaban (Cf. Diario 1738), es decir, que rezara por los difuntos, ejerciendo así la misericordia mediante la oración y el sacrificio. A pesar de que el Señor no menciona expresamente otras categorías de personas, está claro que se debe orar por todos, porque el Señor siempre insistía en que hay que implorar la misericordia de Dios para el mundo entero.

Sin embargo, en ningún momento – escribía Juan Pablo II – y en ningún período histórico, especialmente en una época tan crítica como la nuestra, la Iglesia puede olvidar la oración que es un grito a la misericordia de Dios ante las múltiples formas de mal que pesan sobre la humanidad y la amenazan. Precisamente éste es el fundamental derecho-deber de la Iglesia en Jesucristo: es el derecho-deber de la Iglesia para con Dios y para con los hombres (DM 15).


3. Proclamar correctamente la Divina Misericordia

En la difusión del culto de la Misericordia es de suma importancia la correcta transmisión del mensaje de la Misericordia, incluyendo la preocupación por la pureza del culto de la Divina Misericordia según las formas previstas por Sor Faustina. Es sabido que en nuestros tiempos, el culto de la Divina Misericordia se ha convertido en una devoción muy popular. De ahí que hayan aparecido muchas publicaciones en las cuales se presenta la devoción a la Divina Misericordia de un modo muy simplificado y a menudo de forma errónea, lo cual lleva a una práctica inapropiada de dicha devoción.

El Padre Prof. Ignacy Rożycki estableció las bases para el fundamento teológico de la devoción a la Divina Misericordia en los estudios que hizo sobre los escritos de Sor Faustina en vistas a la preparación del proceso de beatificación. Un resumen de dicho trabajo fue publicado en forma de folleto, titulado: „Miłosierdzie Boże. Zasadnicze rysy nabożeństwa do Miłosierdzia Bożego” (La Misericordia de Dios. Características esenciales de la devoción de la Divina Misericordia). Por otro lado, el estudio del Padre Rozycki fue publicado en su totalidad en forma de libro, que lleva el título: „Nabożeństwo do Miłosierdzia Bożego” (Devoción a la Divina Misericordia, Editorial Misericordia „, Cracovia 1999, segunda edición – 2008). Según este estudio, la esencia de la devoción a la Divina Misericordia consiste en confiar en Dios (es decir, la actitud bíblica de la confianza), y en tener una actitud de misericordia hacia los demás. Sólo sobre la base de este fundamento se puede desarrollar correctamente el culto de la Divina Misericordia que consta de las siguientes prácticas: la imagen de Jesús Misericordioso, la Fiesta de la Divina Misericordia, la Coronilla de la Divina Misericordia, La Hora de la Misericordia y la divulgación de la Divina Misericordia. Jesús asoció a todas estas formas de devoción a la Divina Misericordia unas promesas, y las ofreció a todos (no sólo a santa Faustina, como ocurre por ejemplo con la jaculatoria: Oh Sangre y Agua…o con la Novena de la Divina Misericordia). Si se omite el fundamento, es decir, la formación de la vida cristiana en el espíritu de la confianza en Dios y de la misericordia hacia el prójimo, ninguna de las formas del culto podrá ser un acto de culto auténtico y por lo tanto no dará los frutos esperados. Así pues – escribe el Padre I. Rozycki – si alguíen por ejemplo recita la Coronilla de la Divina Misericordia, pero lo hace sin confiar, no recibirá nada a cambio, nada de lo que Jesús asoció al rezo confiado de la Coronilla.

Los errores más comunes y frecuentes en la difusión y en la práctica de la devoción a la Divina Misericordia resultan de la fragmentación de los textos del „Diario” y de las prácticas inapropiadas de esta devoción.

La fragmentación consiste en extraer del „Diario” frases aisladas y difundirlas sin tener en cuenta la totalidad de la obra, sin llevar a cabo un análisis completo. Luego, la mencionada frase se publica (como una declaración absoluta) y es tratada como un axioma o como una verdad completa sobre algo. Se pueden mencionar algunos ejemplos:

– Deseo que haya tal Congregación (…) donde se proclame e implore la misericordia para el mundo entero. Alguien que lea estas palabras pensará que Jesús deseaba que se fundara una congregación religiosa concreta que adoptara unas tareas determinadas. Sin embargo, si se analiza bien el Diario en su totalidad, se desprende que Jesús no se refería a una única congregación; más bien hablaba de una gran obra en la Iglesia, que hoy llamamos el Movimiento Apostólico de la Divina Misericordia (Cf. Diario 1155).

– El alma que venere esta imagen no perecerá (u otras promesas que Jesús hizo sin más condiciones). Estas promesas del Señor u otras se cumplirán siempre y cuando la persona mantenga ciertas condiciones, que en la devoción de la Divina Misericordia son: tener confianza en Dios y una actitud activa de misericordia hacia los demás. El alma que venere esta imagen… es decir, se refiere a la persona que reza ante esta imagen con confianza, y que además une esta oración confiada a obras y actos concretos de misericordia; por lo tanto no se trata de las personas que llevan la imagen de Jesús Misericordioso en su cartera.

– Un error frecuente es también el hecho de promover diversas formas de devoción a la Divina Misericordia, como por ejemplo la Coronilla de la Divina Misericordia, la Novena y las Letanías sin explicar en qué consiste la esencia de la devoción a la Divina Misericordia y sin distinguir cuáles son las formas más privilegiadas del culto a la Divina Misericordia, de entre todas las oraciones que se proponen en el „Diario” de Santa Faustina.

Otro grupo de errores proviene de una práctica inadecuada de la devoción a la Divina Misericordia y consiste básicamente en:

– Hacer caso omiso de la necesidad de formar en los fieles una actitud de confianza en Dios y de misericordia hacia los demás, limitando la devoción al rezo de la Coronilla,

– Agregar o quitar palabras en el rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia,

– Añadir revelaciones privadas u otras formas de culto,

– Tratar la misión de santa Faustina de forma aislada de la Sagrada Escritura, sin tenerla en cuenta.


El mensaje de la Misericordia, que debemos vivir y compartir con los demás, es un gran don de Dios para nuestro tiempo, un don que al mismo tiempo es un signo de esperanza, garantía de salvación y luz que ilumina los caminos de la humanidad en el tercer milenio de la fe; por lo tanto, debería ser transmitido con una gran humildad y de conformidad con los deseos de Jesús. Este mensaje – como dijo el Papa Benedicto XVI – es en realidad el mensaje principal para nuestros tiempos: la Misericordia como la fuerza de Dios, como el límite que Dios pone al mal de todo el mundo. Por lo tanto, hay una gran necesidad de compartir este don lo mejor que podamos y para hacerlo con una gran generosidad.


Hna. M. Elżbieta Siepak ISMM

Traducción del polaco: Xavier Bordas Cornet


Tomado de:

https://www.santafaustina.es/propagacion-de-la-devocion-a-la-divina-misericordia/?wide=true#more-36




La Hora de la Divina Misericordia


 

La hora de la agonía de Jesús, es decir, las tres de la tarde, es un tiempo muy especial en la devoción a la Divina Misericordia. En esta hora procuramos permanecer en espíritu al pie de la Cruz de Cristo, a fin de suplicar la misericordia para uno mismo y para el mundo entero en virtud de los méritos de su Pasión. Sobre esta hora de la Misericordia, el Señor dijo a Sor Faustina: A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero (Diario 1320). Cabe esclarecer aquí, que no se trata de una hora exacta de reloj (60 minutos), sino que se trata de tener presente el momento de la agonía de Jesús en la cruz, es decir, de acompañarle rezando a las tres de la tarde.

Jesús no propone una oración concreta para esta hora de las 3 de la tarde; más bien dijo que se podía, por ejemplo, rezar el Via Crucis, hacer la visita al Santísimo Sacramento, y si el tiempo no lo permite debido a las obligaciones, al menos, durante unos momentos, allí donde estemos, hay que tratar de unirse con Él cuando agoniza en la Cruz, aunque sólo sea por un breve momento. El objeto de esta oración es el misterio de la Pasión de Cristo. Esta oración en la Hora de la Misericordia debe cumplir ciertas condiciones: debe tener lugar a las tres de la tarde (cuando el reloj marca la hora exacta), debe dirigirse directamente a Jesús, y en nuestras súplicas y peticiones, hay que referirse a los méritos y al valor de su dolorosa Pasión.

Sin embargo, en la práctica y en diversas publicaciones, a menudo se insiste en la opinión según la cual a las tres de la tarde hay que rezar la Coronilla de la Divina Misericordia, pues se considera que entonces esta oración tiene un poder especial. Esta forma de pensar se debe a una cierta ignorancia sobre la devoción a la Divina Misericordia, porque hay un desconocimiento de las formas trasmitidas por Sor Faustina; tal vez esto también se deba a la necesidad de tener una fórmula determinada para rezar en esta hora de la Misericordia. La oración en la Hora de la Misericordia es una forma particular del culto a la Divina Misericordia, con la que Jesús asoció una promesa determinada; también estableció la forma de practicarla. Jesús, en ningún momento dijo que hubiera que rezar la Coronilla de la Divina Misericordia en esta hora. Por supuesto, es posible rezar la Coronilla en esta hora santa, así como en cualquier otro momento del día y de la noche; pero entonces hay que tener claro que no estamos practicando la oración de la Hora de la Misericordia, sino que simplemente rezamos la Coronilla de la Divina Misericordia. La Coronilla no puede ser la oración de la Hora de la Misericordia, puesto que se dirige directamente a Dios el Padre (Padre Eterno, yo te ofrezco…), y la oración en la Hora de la Misericordia debe dirigirse a Jesús.

La práctica sistemática de la oración en la hora de la Misericordia nos introduce en un contacto directo y personal con Jesús, nos hace meditar su misericordia, que se manifestó durante su Pasión, y nos permite dirigirnos a Jesús directamente, es decir, a Alguien muy cercano; entonces, en virtud de los méritos de su Pasión podemos pedir la misericordia para nosotros mismos y para mundo entero. Depende de nosotros mismos si queremos o no rezar a las tres de la tarde y practicar la oración en la Hora de la Misericordia, o si más bien preferimos rezar la Coronilla de la Divina Misericordia. En todo caso, se trata de dos cosas diferentes. Pero al propagar la devoción a la Divina Misericordia y su práctica, deben dejarse bien definidas las cosas, con toda claridad, y no mezclar la Hora de la Misericordia con la Coronilla.


Origen, aclaraciones y promesas

La Hora de la Misericordia: un día de octubre de 1937, en Cracovia, Jesús le habló a Sor Faustina, justamente en la hora de su agonía, y le trasmitió otra forma de culto de la Divina Misericordia. Le dio el encargo de rendirle honor en esta hora de su muerte, pedido que repitió unos meses más tarde, en febrero de 1938, definiendo mejor su propósito, la forma de vivirlo y renovando las promesas: Te recuerdo, hija mía – dijo a Sor Faustina – que cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma. (…). En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia (Diario 1572). Fue en esta hora cuando tuvo lugar la Redención del hombre. Jesús redimió nuestros pecados, pagó la deuda que el hombre había contraído con Dios mediante su Pasión y por su obediencia hasta la muerte, y de eso modo nos reconcilió con el Padre. De ese modo abrió las puertas del Cielo que Adán había cerrado. En la cruz, la misericordia triunfó sobre la justicia; aunque no la canceló, sino que al llevarlo a cabo, fue más allá.

Así pues, en el momento de la agonía de Jesús en la cruz debemos meditar el misterio de la Divina Misericordia, que se nos ha revelado del modo más pleno posible en la Pasión y Muerte del Hijo de Dios encarnado. Aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía (Diario 1320). La meditación de la Pasión del Señor nos debe conducir a proclamar y alabar la misericordia de Jesús, y también de acuerdo con sus deseos, nos debe exhortar a implorar la misericordia para el mundo entero, y especialmente para los pecadores y para los más necesitados.

El Señor Jesús le dio a Santa Faustina también indicaciones muy concretas sobre cómo se debe rezar en la Hora de la Misericordia. Le dijo: puedes rezar el Via Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia. Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante (Diario 1572). Para orar en esta Hora de la Misericordia no es absolutamente necesario ir a la iglesia o tener mucho tiempo. Si no tenemos tiempo, basta con que durante unos breves minutos nos traslademos en espíritu al Calvario al pie de la cruz y procuremos unirnos a Jesús en su agonía. Jesús, a parte de la conocida oración del Via Crucis, no nos ha propuesto ninguna otra oración devocional, pero si nos detenemos con atención en sus palabras (promesas), se desprende que la oración en la Hora de la Misericordia debe condiciones con ciertas condiciones.

En primer lugar, debe celebrarse a las tres de la tarde (no por la noche), porque este es el momento en el que recordamos la agonía de Jesús en la cruz. En segundo lugar, debemos dirigirnos directamente al Señor Jesús, no a Dios el Padre, o a la Santísima Virgen o a santa Sor Faustina. De hecho, Jesús dijo: En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión…. (Diario 1320). Pero, claro está, podemos implorar la misericordia con la Virgen María al pie de la cruz, y junto a santa Faustina. Al pedir, en nuestras súplicas debemos referirnos al valor y a los méritos de la dolorosa Pasión de Jesús, y por eso en esta oración usamos la expresión: Por los méritos de tu dolorosa Pasión, te suplicamos, oh Señor … en cambio, no decimos: por la mediación de la Santísima Virgen, o a través de la intercesión de santa Sor Faustina, porque entonces, si lo hiciéramos así, nos estaríamos refiriendo a los méritos y a los valores de la Virgen María y de los santos, cuando nosotros debemos pedir en virtud de los méritos de su Pasión, así lo quiere el Señor. Por otra parte, las intenciones que pedimos en la Hora de la Misericordia (oración de intercesión) deberían ser coherentes con la voluntad de Dios, como también ocurre con toda oración, pues la conformidad con la voluntad de Dios pertenece a la naturaleza misma de la oración, la cual debe ser confiada y debe ir acompañada de actos de caridad hacia el prójimo, que es la condición para que podamos hablar de una verdadera devoción a la Divina Misericordia.

Jesús asoció a la oración en la Hora de la Misericordia practicada de ese modo la promesa de grandes gracias y de beneficios temporales. En esta hora – le dijo a Sor Faustina – nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión…. (Diario 1320). Y en otra ocasión dijo: En esa hora puedes obtener todo lo que pidas para ti y para los demás (Diario 1572).


Hna. M. Elżbieta Siepak ISMM


Se puede encontrar un análisis completo del trabajo en: ks. Ignacy Różyczki: Nabożeństwo do Miłosierdzia Bożego,  Kraków 2008, Pág. 117-118.


Traducción del polaco: Xavier Bordas Cornet


Tomado de:

https://www.santafaustina.es/hora-de-la-misericordia/?wide=true#more-37





La Fiesta de la Misericordia



La fiesta de la Misericordia se celebra el primer domingo después de Pascua, que es el segundo domingo de Pascua, que actualmente se conoce como el Domingo de la Divina Misericordia. La inscribió primero en el calendario litúrgico el cardenal Francisco Macharski para su Arquidiócesis de Cracovia (1985) y a continuación algunos obispos polacos lo hicieron en sus diócesis. A petición del Episcopado de Polonia, el Papa Juan Pablo II, en 1995, instituyó esta fiesta en todas las diócesis de Polonia. El día de la canonización de Sor Faustina, el 30 de abril de 2000, el Papa instituyó esta fiesta para toda la Iglesia.

La inspiración que condujo a la institución de esta fiesta en la Iglesia procedía del deseo que Jesús había comunicado a Sor Faustina. Jesús le dijo: Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia (Diario 299). Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias (Diario 699). En diversas apariciones, el Señor reveló, no sólo cuándo había que celebrarse la fiesta en el calendario litúrgico de la Iglesia, sino también el motivo y el propósito de su institución, cómo preparar la fiesta, cómo debía ser su celebración y habló también de las grandes promesas asociadas con la fiesta. La mayor de ellas es la gracia “del perdón total de las culpas y de las penas” relacionada con la Santa Comunión recibida en este día después de una buena confesión (sin tener apego al más leve pecado), y vivida en el espíritu de la devoción a la Divina Misericordia; dicho de otro modo, se trata de tener una actitud de confianza hacia Dios y de ejercer de forma activa el amor al prójimo. Esta gracia, como explica el Padre profesor Ignacio Różycki, es mayor que la indulgencia plenaria. Consiste sólo en el perdón de las penas temporales debidos a los pecados cometidos, pero nunca se trata del perdón de las culpas mismas. Esta gracia particular también es mayor que los seis sacramentos, excepto el sacramento del santo Bautismo; esto es así porque el perdón de todas las culpas y penas es sólo una gracia sacramental reservada al sacramento del Bautismo. En cambio, en las promesas de Jesús vinculadas con la Fiesta, el Señor asoció el perdón de culpas y penas a la Santa Comunión recibida el día de la fiesta, es decir, al hecho de comulgar en la Fiesta de la Misericordia; con ello, Jesús elevó la Sagrada Comunión recibida en este día al rango de un “segundo bautismo”. Con el fin de prepararse debidamente para la Fiesta de la Misericordia hay que hacer una novena, rezando la Coronilla los 9 días que preceden a la Fiesta, a partir del Viernes Santo. Jesús le dijo a Sor Faustina: Hija Mía, di que esta Fiesta ha brotado de las entrañas de Mi misericordia para el consuelo del mundo entero (Diario 1517).

La Fiesta de la Misericordia tiene el rango más alto dentro de todas las formas de culto de la Divina Misericordia en cuanto a la magnitud de las promesas y su posición en la liturgia de la Iglesia. En Płock, Jesús expresó por primera vez el deseo de que se celebrara esta fiesta, donde trasmitió a Sor Faustina su voluntad de hacer pintar la imagen: Yo deseo – le dijo en febrero de 1931 – que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo deber ser la Fiesta de la Misericordia (Diario 49). En los años siguientes, Jesús volvió a esta cuestión en numerosas ocasiones mediante revelaciones, en las cuales no sólo especificó el lugar que debía ocupar la fiesta de la Misericordia en el calendario litúrgico, sino que también daba el motivo para su institución, indicando el modo de prepararla y celebrarla y las gracias vinculadas con este día.

La elección del primer domingo después de Pascua no es casual, pues este día coincide con la octava de la Resurrección que corona la celebración del Misterio Pascual de Cristo. En la liturgia de la Iglesia, este período manifiesta con más claridad que los demás que el misterio de la Divina Misericordia fue revelado de la forma más plena a través de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. La institución de la Fiesta de la Divina Misericordia, justo después de la liturgia de la Pasión y Resurrección de Cristo, destaca la fuente y el motivo de los misterios de la fe que se viven en esos días, que es, por supuesto, cuya fuente es la Misericordia de Dios. Dicho en otras palabras, se puede decir que no existiría la obra de la Redención si no hubiera la Misericordia de Dios. Esta relación existente entre la Redención y la Misericordia fue subrayada por santa Sor Faustina, cuando en su „Diario” escribió: Ahora veo que la obra de la Redención esta ligada a la obra de la misericordia que reclama el Señor (Diario 89).

¿Qué razones hay para considerar la institución de la nueva fiesta en el calendario litúrgico de la Iglesia? Las da el Señor Jesús diciendo: Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi misericordia. Si no adoran Mi misericordia, morirán para siempre (Diario 965). El último recurso para encontrar socorro es dirigirse a la Divina Misericordia. Sin embargo, para poder recurrir a ella, primero hay que saber que existe y luego hay que conocer a Dios en el misterio de Su misericordia y dirigirse a Él con plena confianza. Por eso, la institución de esta fiesta particular contribuye a conocer mejor la misericordia, ya que presta especial atención a este atributo de Dios.

Para preparar debidamente esta fiesta, el Señor nos propone una novena que consiste en rezar la Coronilla de la Divina Misericordia durante los 9 días que preceden al domingo de Pascua, empezándola el Viernes Santo. Durante esta novena – Jesús prometió – concederé a las almas toda clase de gracias (Diario 796). También se divulga la novena a la Divina Misericordia escrita por santa Faustina en el „Diario”, en la que cada día presentamos a Dios un grupo diferente de almas para pedir por ellas. Esta novena puede ser rezada con devoción, pero no es suficiente limitarse a recitarla, porque el Señor quiere que la Fiesta de la Misericordia sea precedida de la Novena de la Coronilla de la Divina Misericordia.

El día de la fiesta (el primer domingo después de Pascua), la imagen de la Misericordia debe ser solemnemente bendecida y venerada públicamente y los sacerdotes han de predicar un sermón sobre la misericordia de Dios con el fin de despertar la confianza en las almas. Los fieles deben vivir este día con un corazón puro y con un espíritu conforme a esta devoción, con la confianza puesta plenamente en Dios y con la voluntad de practicar la misericordia hacia el prójimo: el primer domingo después de Pascua es la Fiesta de la Misericordia, pero también debe estar presente la acción y pido se rinda culto a Mi misericordia con la solemne celebración de esta Fiesta y con el culto a la imagen que ha sido pintada (Diario, 742).

La fiesta de la Misericordia no sólo es un gran día en el que rendimos honor a Dios en el misterio de su Misericordia, sino también un día de grandes gracias, puesto que el Señor asoció grandes promesas a este día. La mayor gracia se refiere al perdón total de las culpas y las penas: El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas (Diario 699). Esta gracia – explica el profesor Padre I. Różycki – es mayor que la indulgencia plenaria. Consiste sólo en el perdón de las penas temporales debidos a los pecados cometidos, pero nunca se trata del perdón de las culpas mismas. Esta gracia particular también es mayor que los seis sacramentos, excepto el sacramento del santo Bautismo; esto es así porque el perdón de todas las culpas y penas es sólo una gracia sacramental del sacramento del Bautismo. En cambio, en las promesas de Jesús relacionadas con la Fiesta, el Señor asoció el perdón de culpas y penas a la Santa Comunión recibida el día dela fiesta de la Misericordia, es decir, al hecho de comulgar en la Fiesta de la Misericordia; con ello, Jesús elevó la Sagrada Comunión recibida en este día al rango de un “segundo bautismo”. Es evidente que al comulgar en este día, hay que hacerlo no sólo de un modo digno, sino que para que se pueda conceder el perdón de las culpas y las penas también hay que cumplir las condiciones fundamentales de la devoción a la Divina Misericordia. Aquí cabe explicar que no hay que recurrir a la confesión justamente en el día de la Fiesta de la Misericordia, pues uno puede hacerlo antes; lo importante es que el alma esté pura, en estado de gracia, sin apego a ningún pecado. También hay que procurar vivir la celebración de la fiesta en el espíritu de la devoción a la Divina Misericordia, es decir, con una actitud de confianza hacia Dios y con una buena disposición para ejercer la misericordia en favor de los demás. Sólo con una actitud así se puede esperar que se cumplan las promesas que Cristo vinculó con esta forma de culto de la Divina Misericordia.

Jesús dijo que en este día, están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata (Diario 699). En este día, todas las personas, incluso aquellos que antes no eran devotos de la Divina Misericordia y ahora se conviertan, podrán participar de todas las gracias que el Señor les haya preparado para esta fiesta. Sus promesas incluyen no sólo las gracias sobrenaturales sino también beneficios en la vida terrenal, cuyo alcance no tiene límites. Las personas que confíen en Él podrán pedir por sí mismos y por los demás, siempre y cuando el objeto de la oración sea conforme a la voluntad de Dios, es decir, que lo que se pide sea bueno para el hombre desde la perspectiva de la eternidad. Las gracias que necesitamos para nuestra salvación siempre son conformes a la voluntad de Dios, porque no hay nada que Dios Padre desee tanto como la salvación de las almas por las cuales Jesús entregó su vida. Por lo tanto, en el día de la Fiesta de la Misericordia todas las gracias y beneficios están al alcance de todas las personas y comunidades, siempre y cuando las pidan con confianza.


Hna. M. Elżbieta Siepak ISMM


Se puede encontrar un análisis teológico completo en el trabajo:

Padre Ignacio Różycki: Nabożeństwo do Miłosierdzia Bożego (La devoción a la Divina Misericordia), Cracovia, 2008, p. 99-104.

Traducción del polaco: Xavier Bordas Cornet


Tomado en:

https://www.santafaustina.es/la-fiesta-de-la-misericordia/?wide=true#more-39



La Imagen de la Divina Misericordia


Imagen

La imagen de Jesús Misericordioso, que también se conoce como la imagen de la Divina Misericordia, es una de las imágenes de Cristo crucificado y resucitado más famosas en la historia de la Iglesia y del mundo. Es una imagen extraordinaria, no sólo por ser tan conocida en tantos países, sino sobre todo porque su co-autor es Jesús mismo, quien se apareció a santa Faustina mostrándose según aparece en la imagen cuando ella se encontraba en su celda, en el convento de la Congregación las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, en Plock, el 22 de febrero de 1931. Allí Jesús le pidió que pintara esta imagen. Al anochecer, estando en mi celda – narraba en su Diario santa Faustina – vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido (…). Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero (Diario 47).

La imagen, pues, fue pintada por voluntad expresa del mismo Jesús. Es un signo y también una síntesis visual de todo el mensaje de la misericordia de Dios, tal como el Señor trasmitió a través de santa Faustina: por un lado, nos recuerda el misterio revelado en la Sagrada Escritura sobre el amor misericordioso de Dios hacia hombre, y por otro, exhorta al hombre a formarse en el espíritu de una auténtica actitud cristiana de confianza en Dios y de misericordia hacia los demás; también es como un recipiente que sirve para obtener las gracias que Jesús nos aseguró mediante sus promesas. Jesús prometió conceder todas las gracias y bendiciones temporales (si son conformes a la voluntad de Dios), siempre y cuando se rece ante la imagen de Jesús Misericordioso con una oración confiada, y que esta oración vaya acompañada de la práctica de actos y obras de misericordia para con el prójimo; pero el Señor también asoció a esta oración confiada unas promesas particulares: la gracia de la salvación, el progreso decidido en el camino de la perfección cristiana y la gracia de una muerte feliz.

La primera imagen de la Divina Misericordia fue pintada por el pintor Eugeniusz Kazimirowski en su estudio de Vilna, bajo la supervisión y la atenta mirada de Sor Faustina, en 1934. Desde entonces, se han pintado varias versiones diferentes de la imagen del Cristo Misericordioso, todas ellas basadas en la visión que tuvo Sor Faustina en Plock, las cuales se encuentran en iglesias y capillas del mundo entero. De entre todas ellas, la imagen milagrosa que hay en la capilla del convento de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en el Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia-Łagiewniki ocupa un lugar especial en la iconografía y en el culto de la Divina Misericordia. Con esta imagen su cumplieron las palabras de Jesús, cuando dijo: Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero (Diario 47), aunque éste no era el primero cuadro pintado bajo la supervisión de Sor Faustina, ni la primera imagen de Jesús Misericordioso que decora alguna de las capillas de la Congregación. Esta imagen de Cristo es muy venerada por los fieles, y es famosa por las numerosas gracias que se reciben, y cuyas copias y reproducciones se pueden encontrar en todas partes de los cinco continentes del Mundo.




Esbozo de la imagen

Un esbozo de la imagen fue mostrado por Jesús mismo en la visión que Sor Faustina tuvo cuando se encontraba en Plock el 22 de febrero de 1931 (Cf. Diario 47). En la visión, Jesús aparecía vestido con una túnica blanca. Tenía la mano derecha levantada para bendecir y con la izquierda tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En la parte inferior de la imagen aparecen las palabras: “Jesús, confío en ti”.

En la imagen, Cristo resucitado está vestido con una túnica blanca. Tiene su mano derecha levantada en un gesto de bendición. Al describir la visión, nada se dijo respecto a la altura exacta a la que debía estar la mano levantada para bendecir. En la imagen que pintó Eugeniusz Kazimirowski, para quien posó el Padre Miguel Sopoćko, Jesús mantiene su brazo derecho levantado hasta la altura del hombro, porque tal era el rito de dar la bendición en aquel tiempo. Según el „Diario”, no es relevante si la mano está levantada hasta la altura del hombro o no. Lo importante es que la mano derecha haga el gesto de dar la bendición (Diario 47).

Algunos elementos del esbozo de esta imagen de Cristo Misericordioso fueron esclarecidos más tarde por Jesús mismo, durante varias visiones sucesivas que tuvieron lugar en Vilna, en 1934, tiempo durante el cual el pintor Eugeniusz Kazimirowski realizaba su obra bajo la atenta mirada de Sor Faustina que sería, como ya se ha dicho, la primera imagen pintada según la visión de Plock. Cuando Sor Faustina le preguntó al Señor sobre la importancia de los rayos, dijo: Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas… Ambos rayos brotaron de las entrañas mas profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza (Diario 299). Así pues, no parece correcto pintar esos rayos de tal forma como si se extendieran por todas partes, tanto hacia abajo como hacia arriba. Estos rayos salen de la abertura de la túnica en el pecho, de donde está el corazón, sin embargo en la imagen el Sagrado Corazón de Jesús no debería verse.

Otro detalle del esbozo se refiere a la mirada de Jesús. Mi mirada en esta imagen es igual a la mirada en la cruz (Diario 326), estas son palabras de Jesús tal como quedaron escritas en el „Diario” de Sor Faustina. Algunas personas, entre las cuales se encuentra el Padre Miguel Sopoćko, las han interpretado literalmente: como en la cruz, es decir, de arriba a abajo. Otros sostienen que estas palabras deben ser interpretadas con un sentido espiritual, no deben ser tomadas al pie de la letra. Las palabras: Mi mirada en esta imagen es igual a la mirada en la cruz significan que se trata de la mirada misericordiosa de Dios, una mirada llena de compasión y solicitud por el hombre, porque Dios le busca incesantemente, tal como fue revelado del modo más pleno posible en la cruz de Cristo.

Uno de los elementos esenciales de la imagen, elemento que está estrictamente relacionado con lo que transmite la imagen, son las palabras: „Jesús, en Ti confío” que el Señor pidió que se escribieran en la parte inferior. El confesor de Sor Faustina en Vilna, el padre Miguel Sopoćko, que fue quien se ocupó de hacer pintar el primer cuadro de la imagen, le preguntó a Sor Faustina, si debajo de la figura de Jesús podían escribirse otras palabras, „Cristo, Rey de Misericordia” (Diario 88). Jesús me recordó – escribía Sor Faustina en su Diario – lo que me había dicho la primera vez, es decir, que estas tres palabras debían ser puestas en evidencia. Las palabras son éstas: Jesús, en Ti confío. Entendí que Jesús deseaba que fuera colocada esa frase, pero además de estas palabras no daba otras órdenes precisas (Diario 327).

Lo más esencial para el mensaje de la Misericordia trasmitido por Jesús a Sor Faustina, incluido el esbozo para la realización de la imagen de la Divina Misericordia, quedó escrito en el „Diario”. En lo que a eso se refiere, nos lo confirman las palabras que Jesús dijo a Sor Faustina hacia el final de su vida: Quédate tranquila, hija Mía, esta obra de la misericordia es Mía, no hay nada tuyo en ella. Me agrada que estés cumpliendo fielmente lo que te he recomendado, no has agregado ni has quitado una sola palabra (Diario 1667).

Al tener instrucciones tan precisas, debería saberse cómo pintar la imagen de Jesús Misericordioso, sin embargo se han hecho muchas imágenes incorrectas. Con frecuencia se omiten las palabras „Jesús, en Ti confío”. A veces aparece el Sagrado Corazón añadido a la imagen o una corona en la cabeza del Señor, para enfatizar que los rayos salieron del Corazón y de ese modo se presenta al Señor como Rey de la Misericordia. También se suele reproducir sólo el rostro de Jesús, bajo el cual se inscriben las palabras „Jesús, en Ti confío”. , Además de las imágenes pintadas de Jesús Misericordioso, también se suelen hacer esculturas, relieves, o imágenes hechas mediantes diversas técnicas modernas. No obstante, para el culto correcto deben usarse las imágenes, siendo fieles al encargo que hizo Jesús cuando dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío (Diario 47).


Significado teológico de la imagen

El Padre M. Sopoćko vincula el significado teológico de esta imagen con la voluntad del Señor por la cual el quería que fuera bendecida y que fuera venerada públicamente el primer domingo después de Pascua. Justamente este domingo, también llamado Domingo in Albis, desde el Concilio de Trento, se lee el Evangelio de San Juan, que habla de la aparición de Jesús a los Apóstoles en el Cenáculo y de la institución del sacramento de la penitencia. La imagen muestra a Cristo resucitado, que nos ofrece la paz, el perdón de los pecados y todas las gracias que nos ha conseguido por su Pasión y muerte en la cruz. Muestra a los discípulos también sus llagas como huellas de la Pasión y como signo de identidad. Ríos de sangre y agua que brotan de su Corazón traspasado (aunque no se ve en la imagen) y las llagas en las manos y los pies que nos hacen recordar los acontecimientos del Viernes Santo. Algo característico de esta imagen son los dos rayos: uno rojo y otro pálido. Cuando Sor Faustina le preguntó a Jesús acerca de su significado, respondió: Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (Diario 299). Estos dos rayos simbolizan pues los sacramentos, la Iglesia que nace del costado traspasado de Cristo y los dones del Espíritu Santo, cuyo símbolo bíblico es el agua. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzara la justa mano de Dios (Diario 299).

La imagen, según el director espiritual de santa Faustina en Cracovia, tiene una interpretación más amplia, pues no se refiere sólo a los acontecimientos pascuales de la vida de Cristo, sino que son, en general, un signo del amor misericordioso de Dios para toda la humanidad. Este amor de Dios ha sido plenamente revelado por el estilo de vida, los milagros y las enseñanzas de Jesús, pero especialmente en su Pasión, Muerte y Resurrección. La imagen, como subraya el Padre Prof. I. Rozycki, muestra la misericordia de toda la Santísima Trinidad; es por eso que se conoce también como la imagen de la Divina Misericordia o la imagen de Jesús Misericordioso, porque ha sido Él quien ha revelado al hombre este misterio del modo más pleno.

La imagen constituye una síntesis visual de la devoción a la Divina Misericordia, pues no sólo nos muestra el misterio de la Misericordia de Dios, que nos ha sido revelado más plenamente en la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, sino que también nos indica cuál debe ser la respuesta del hombre a Dios, al conocer dicho misterio de nuestra fe. En las palabras que hay bajo la imagen, Jesús, en Ti confío (Diario 47), se nos indica la respuesta primordial que el hombre debería tener ante este amor misericordioso de Dios que nos precede: se trata de la confianza.

La confianza en los escritos de santa Sor Faustina significa una actitud íntegra del hombre hacia Dios, que viene determinada por la fe, la esperanza, y la caridad; y en cuanto a las virtudes morales se refiere a la humildad y la contrición. Así que aquí se trata de la actitud del niño hacia su padre, que se fía de él sin condiciones. La actitud de confianza en Dios a la cual nos referimos en la devoción a la Divina Misericordia no consiste en un sentimiento piadoso o en un asentimiento intelectual de las verdades de la fe, sino que más bien se trata de una actitud muy concreta, que hacia el exterior se expresa por el cumplimiento de la voluntad de Dios contenida en los diez mandamientos, las obligaciones de estado y las inspiraciones que uno va discerniendo como procedentes del Espíritu Santo. La persona que confía sabe que la voluntad de Dios es para él la misericordia misma, y por eso trata de adoptarla y vivirla en su propia vida.

La imagen recuerda también el deber fundamental de todo cristiano, que es el amor activo hacia el prójimo. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Lc 6, 36) – dijo Jesús a sus discípulos. Así pues, esta imagen de la misericordia de Dios al mismo tiempo nos recuerda la llamada que nos hace el Evangelio para que nos convirtamos „en una imagen de Dios”, mediante la realización de actos de caridad hacia el prójimo. Jesús dijo a Sor Faustina, y a través de ella a todos los devotos de la Divina Misericordia, que la imagen debería recordarnos las expectativas y exigencias de Su misericordia: porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil (Diario 742). Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mi Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera – la acción, la segunda – la palabra, la tercera – la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mi De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia (Diario 742). Jesús desea que sus adoradores y devotos ejerzan durante el día al menos un acto de misericordia al prójimo por amor a Él.


Promesas

La veneración de la imagen de Jesús Misericordioso, por lo tanto, consiste en la oración confiada unida a actos de caridad. Jesús asoció al culto de la imagen de Jesús Misericordioso, entendido de este modo, grandes promesas. Ya en la primera aparición, aseguró que: Prometo que el alma que venera esta imagen no perecerá (Diarios 48), es decir, daba de ese modo la promesa de la salvación eterna. Prometió también que las almas que veneren su imagen debidamente harían grandes progresos en el camino de la perfección cristiana, obtendrían la gracia de una buena muerte, y todas las gracias y beneficios temporales que las almas pidan a Dios en su misericordia con confianza. Ofrezco a los hombres – dijo Jesús a Sor Faustina – un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la firma: Jesús, en Ti confío (Diario 327); Por medio de esta imagen colmaré a las almas con muchas gracias, por eso, que cada alma tenga acceso a ella (Diario 570).

Aún en vida de Sor Faustina, Jesús le aseguró que esta imagen atraería muchas almas a Dios, y que a través de la imagen Su misericordia actuaría en las almas. En abril de 1938 escribió en su Diario: Hoy he visto la gloria de Dios que fluye de esta imagen. Muchas almas reciben gracias aunque no lo digan abiertamente. Aunque su suerte varia, Dios recibe gloria a través de ella y los esfuerzos de Satanás y de la gente mala se estrellan y vuelven a la nada. A pesar de la maldad de Satanás, la Divina Misericordia triunfará en el mundo entero y recibirá el culto de todas las almas (Diario 1789).


Hna. M. Elżbieta Siepak ISMM

Traducción del polaco: Xavier Bordas Cornet


Tomado de:

https://www.santafaustina.es/imagen/?wide=true#more-40

Lo esencial del Culto a la Divina Misericordia

 


Lo esencial del Culto

Inicialmente, la devoción a la Divina Misericordia fue difundida siguiendo el modelo de las demás devociones, entre cuyas formas las más populares eran las letanías, las coronillas y las novenas. Así pues, el beato Miguel Sopoćko, confesor de Sor Faustina en Vilna, popularizó esta devoción siguiendo esas formas. En cambio, quien le dio un fundamento teológico a la devoción, según las formas transmitidas por Sor Faustina, fue el Padre Prof. Ignacy Różycki; esta tarea, la llevo a cabo para satisfacer las exigencias del proceso de beatificación de la Apóstol de la Divina Misericordia, por lo cual realizó el análisis completo de su Diario. El análisis muestra que la esencia de esta devoción es la actitud de confianza hacia Dios, que es la actitud bíblica de la fe, abandono en Dios que en la práctica significa el cumplimiento de su voluntad contenida en los mandamientos, las obligaciones de estado, las bienaventuranzas, los consejos evangélicos, y también en las inspiraciones de Espíritu Santo que cada cual va discerniendo en su vida cotidiana. La segunda condición relevante de esta devoción es la actitud de misericordia hacia el prójimo, que es lo que hace que la devoción a la Divina Misericordia no sea tan sólo una devoción, sino que exige la formación personal según la actitud evangélica del amor activo hacia los demás. Sólo sobre la base de este fundamento que consta de la confianza en Dios y de una actitud de misericordia hacia el prójimo, se pueden desarrollar las nuevas formas de culto que Jesucristo trasmitió a Sor Faustina. Entre ellas se encuentran: la imagen de Jesús Misericordioso, con la inscripción: Jesús en Ti confío, la Fiesta de la Misericordia, que se celebra el primer domingo después de Pascua, la Coronilla de la Divina Misericordia, la Hora de la Misericordia y la propagación de la devoción a la Misericordia mediante su difusión. El criterio que distingue las nuevas formas de culto de las demás oraciones que fueron anotadas en el Diario de Sor Faustina son las promesas que Jesucristo ofreció a todos aquellos que las practiquen; por lo tanto, las promesas no sólo estaban destinadas a Sor Faustina, como en el caso de la jaculatoria “Oh, Sangre y Agua” o la Novena a la Divina Misericordia. La condición necesaria para poder aprovecharse de estas grandes promesas es la práctica de dichas formas de culto conforme a la esencia de esta devoción, es decir, en una actitud de confianza hacia Dios y de misericordia hacia el prójimo.

El objeto de la devoción a la Divina Misericordia, que Jesucristo trasmitió a través de Sor Faustina, es la misericordia de Dios, Uno y Trino. Se trata de un atributo de Dios, que es amor, bondad, compasión del Creador y Redentor que se inclina hacia toda la miseria del hombre. Al alabar algún atributo de Dios, le alabamos a Él mismo, porque Dios es simple, es decir, todo lo que hay en Dios es Dios mismo. Y así – escribe el Padre Prof. I. Różycki – Dios no sólo es sabio, sino que es la Sabiduría misma; no sólo es omnipotente, sino que es Omnipotencia; hacia el mundo, no sólo muestra su providencia, sino que es Providencia; no sólo nos ama, sino que es Amor; no sólo es misericordioso, sino que es Misericordia. Entonces Sabiduría, Providencia, Omnipotencia, Amor, Misericordia, que son lo mismo que Dios, tienen derecho, por nuestra parte, a que se les rinda honor y culto.

Aunque en esa devoción el objeto primordial de alabanza es la misericordia de la Santísima Trinidad, la segunda Persona divina, es decir, el Hijo de Dios, Jesucristo es quien tiene la posición más privilegiada, porque a Él se refieren de alguna manera todas las nuevas formas de culto de la Divina Misericordia. Incluso la Coronilla de la Divina Misericordia, oración que dirigimos directamente a Dios Padre, se refiere a los valores y méritos de la dolorosa Pasión del Hijo de Dios, y Él es quien nos otorga todas las bendiciones relacionadas con esta oración; pero esto también se refiere a cada una de las formas de culto de la Divina Misericordia. Por ello, la devoción a la Divina Misericordia se llama con razón la devoción a Jesucristo Misericordioso. Ambos nombres provenientes del objeto describen de forma adecuada el contenido de la devoción.


La confianza

La esencia de la devoción es la actitud de confianza en Dios, cuya fuente y motivo es la misericordia de Dios revelada en la obra de la Creación, la Redención y la gloria. Ese amor misericordioso de Dios, que todo lo ha llamado a la existencia y que mantiene toda la creación en existencia, que también se inclina sobre toda miseria humana, que permite al hombre participar en la vida de Dios ya aquí en la tierra y en la otra vida a lo largo de toda la eternidad, debería ser la razón y la motivación para tener una confianza absoluta. La confianza es la primera respuesta del hombre al amor misericordioso de Dios, que es un amor precedente, es decir, que se anticipa; la confianza es el único recipiente para tomar la gracia de Dios de su fuente. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto mas confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco, estrechan sus corazones (Diario, 1578).

En los escritos de Sor Faustina, la confianza no es una de las virtudes entre otras, sino la actitud integral que el hombre debe tener hacia Dios como Padre rico en misericordia. Está condicionada por las virtudes teologales: fe, esperanza y amor, y las morales: humildad y contrición, sin las cuales es imposible confiar en Dios, porque no se puede confiar en alguien a quien no se conoce, con quien no se cuenta, a quien no se ama. Tampoco se puede confiar, si al mismo tiempo uno no conoce sus propias debilidades y no reconoce el mal que ha cometido en su propia vida. La confianza no es, pues, ni un sentimiento piadoso, ni una aceptación intelectual de las verdades de la fe, sino una actitud enraizada en la voluntad del hombre y que se expresa por el cumplimiento de la voluntad de Dios, contenida en los mandamientos, las obligaciones de estado o en las inspiraciones del Espíritu Santo que cada cual va discerniendo en su vida cotidiana. El hombre que va conociendo y descubriendo el misterio de la Divina Misericordia y que confía en Dios sabe bien que la voluntad de Dios tiene como único objetivo el bien, busca sola y exclusivamente el bien del hombre, por eso la recibe con amor, es decir, como un regalo de Dios y por eso procura cumplirla en su vida.

La confianza constituye la esencia misma de la devoción a la Divina Misericordia, sin la cual esta devoción no existe, porque la expresión primordial de la alabanza a la Divina Misericordia es el acto de confianza. Alabar la Divina Misericordia es, en primer lugar confiar, y después llevar a la práctica las diversas formas de culto. Además, Jesús vinculó la promesa de otorgar todas las gracias y bendiciones temporales con la confianza en la Misericordia, es decir que la confianza es la condición para poder recibirlas. Deseo conceder gracias inimaginables – le decía Jesús a Sor Faustina – a las almas que confían en Mi misericordia (Diario 687). Antes el cielo y la tierra se vuelven a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada (Diario 1777). Si el hombre se acerca con confianza a la fuente de la Divina Misericordia, el pecador será justificado, y el justo será confirmado en el bien (Cf. Diario 1520). Al que haya depositado su confianza en Mi misericordia – prometió Jesucristo – en la hora de la muerte le colmaré el alma con Mi paz divina (Cf. Diario 1520). Incluso cuando la persona en cuestión no practicase formas concretas del culto de la Divina Misericordia.


Actitud de misericordia hacia los demás

Otro elemento imprescindible en la práctica de la devoción a la Divina Misericordia es la actitud de misericordia hacia los demás. Jesucristo le dijo a Sor Faustina, y a través de ella a todo cristiano: Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mi Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte (Diario 742). De ese modo recordó una obligación cristiana básica, señalando al mismo tiempo las maneras de llevarlo a cabo: la primera es la acción, la segunda la palabra, la tercera consiste en la oración. En este punto debemos llamar la atención sobre la intención con la que se deben llevar a cabo los obras de misericordia: se deben cumplir por amor a Jesucristo, que se identifica con cada hombre, porque – como dijo – En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí (Mt 25,40). Precisamente esa intención distingue la misericordia cristiana de la caridad natural o de la filantropía ejercida por motivaciones diversas. Jesucristo quiere que Sus adoradores cumplan durante el día por lo menos un acto de misericordia hacia el prójimo por amor a Él. Esa exigencia del amor activo al prójimo hace que la devoción a la Divina Misericordia no puede ser una simple devoción, sino una vida religiosa y cristiana vivida con toda profundidad (Padre Prof. I. Różycki).


La devoción a la Divina Misericordia y al Sagrado Corazón de Jesús

A primera vista puede parecer que la devoción a la Divina Misericordia es sólo una variación de la devoción al Sagrado Corazón, que entre estas dos devociones no hay ninguna diferencia esencial. Esta convicción puede surgir también de una lectura superficial del Diario de Sor Faustina, en el que se habla mucho sobre el Sagrado Corazón de Jesús. Sin embargo el análisis teológico de esta obra lleva a la clara diferenciación de estas dos devociones, tan populares en la Iglesia. El Padre Prof. Różycki hizo este tipo de análisis y basándose en ello mostró las diferencias esenciales que hay entre la devoción al Sagrado Corazón y la devoción a la Divina Misericordia. Dichas diferencias se refieren al objeto de cada una de dichas devociones, objeto importante y tangible para ambas, es decir, a la esencia misma de ambas devociones. Las diferencias también existen en cuanto al tiempo privilegiado con el que se relacionan determinadas promesas.

Así pues, el objeto principal de la devoción a la Divina Misericordia es la misericordia de la Santísima Trinidad tomada en su totalidad, mientras que en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús el objeto principal es la Persona Divina del Hijo Encarnado de Dios.

El objeto tangible de la devoción a la Divina Misericordia es la imagen de Jesucristo Misericordioso, pintada según la visión que tuvo Sor Faustina el 22 de febrero de 1931 en Płock. Mientras que en la devoción al Sagrado Corazón, el objeto tangible es el Corazón humano y físico de Jesús.

La esencia de la devoción a la Divina Misericordia se basa en la confianza, mientras que la esencia de la devoción al Sagrado Corazón es la expiación.

El tiempo privilegiado para la devoción a la Divina Misericordia son las tres de la tarde de cada día (el momento de la agonía de Jesús en la cruz) y el día en el que celebramos la Fiesta de la Misericordia, el primer domingo después de Pascua. Mientras que en la devoción al Sagrado Corazón los tiempos privilegiados son los siguientes: los primeros viernes de cada mes y la Solemnidad del Sagrado Corazón.


Las formas privilegiadas de culto

El Padre I. Różycki llama la atención también sobre el hecho de que en la devoción a la Divina Misericordia no hay novenas ni letanías conocidas y preferidas. Los que por primera vez se encuentran con esta devoción, a menudo preguntan por las novenas y las letanías, tan fuertemente arraigadas en la devoción católica y que son típicas de otras devociones. La novena a la Divina Misericordia que encontramos escrita en el Diario estaba destinada sólo a Sor Faustina y por lo tanto la promesa de Jesús: no rehusaré nada a ningún alma que traerás a la Fuente de Mi Misericordia (Diario 1209) se refería sólo a ella. Esa promesa, al igual que la relacionada con la jaculatoria “Oh, Sangre y Agua” nunca fue extendida a aquellas otras personas que la rezaran; se refiere tan sólo a Sor Faustina. Sin embargo, si rezamos esta novena o la jaculatoria: “Oh, Sangre y Agua”, con confianza, entonces con certeza estos serán auténticos actos de devoción a la Divina Misericordia, con los que están vinculadas las promesas que Jesús refirió a la actitud de la confianza. Lo mismo ocurra con las Letanías a la Divina Misericordia, que no son una forma de culto privilegiada en la devoción a la Divina Misericordia. En el Diario de Sor Faustina encontramos tan sólo oraciones y jaculatorias que sirvieron al Padre M. Sopoćko para componer las letanías. Si alguien reza esa u otra letanía a la Divina Misericordia con confianza y ejerce la misericordia a los demás, entonces seguro que puede contar con lo que Jesucristo vinculó con las gracias asociadas al acto de confianza en la misericordia de Dios (Padre I. Różycki).

En muchas publicaciones que tratan sobre la devoción a la Divina Misericordia hay cierta confusión en relación a las nuevas formas de culto que fueron reveladas a Sor Faustina. Estas nuevas formas de culto se entremezclan con las oraciones que fueron anotadas por Sor Faustina en el Diario, y también a menudo con otras formas de devoción. A veces puede parecer que lo más importante en la devoción a la Divina Misericordia son la novena, las letanías, o las promesas hechas sin tener en cuenta la esencia de dicho culto, es decir, sin preocuparse por tener una actitud de confianza hacia Dios y sin procurar ejercer el amor activo al prójimo. Aunque se puedan justificar las publicaciones anteriores, hoy en día, cuando ya disponemos de los análisis teológicos de los escritos de Sor Faustina, hay que intentar hacer que esta devoción se transmita de la manera correcta, pues sólo entonces será practicada debidamente con el fin de implorar la misericordia Divina de una forma fructífera.


Hna. Elżbieta Siepak ISMM


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Posición básica sobre la devoción a la Divina Misericordia: El Padre I. Różycki, La devoción a la Divina Misericordia,  Cracovia 1999, II impresión – 2007.


Traducción del polaco: Xavier Bordas Cornet


Tomado de:

https://www.santafaustina.es/lo-esencial-del-culto/?wide=true#more-41



Virgen del Carmen



Nuestra Señora de Monte Carmelo
Fiesta: 16 de julio



Origen de la devoción

Referida comúnmente como Virgen del Carmen, es una de las diversas advocaciones de la Virgen María. Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, en Israel, un nombre que deriva de la palabra Karmel o Al-Karem y que se podría traducir como 'jardín'. Existen hoy en activo órdenes carmelitas repartidas por todo el mundo, masculinas y femeninas, las cuales giran en torno a esta figura mariana.

Según la tradición, durante la celebración de Pentecostés, algunos fieles que investigaban la vida de los profetas Elías y Eliseo en el Monte Carmelo, actual Israel, fueron convertidos al catolicismo tras la aparición de una nube en la que iba una imagen de María. En ese monte, fundaron un templo en honor a la Virgen y la congregación de los Hermanos de Santa María del Monte Carmelo, la que pasó a Europa en el siglo XIII luego de su persecución en Tierra Santa.


La Estrella del Mar y los Carmelitas

Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.

Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.


Los Carmelitas y la devoción a la Virgen del Carmen se difunden por el mundo

La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir a la que desde tiempos remotos se venera en el Carmelo. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Incluso se le llamó: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo". En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella, a Cristo.

La devoción a la Virgen del Carmen se propagó particularmente en los lugares donde los carmelitas se establecieron.

El Escapulario Carmelita

"La devoción del escapulario del Carmen ha hecho descender sobre el mundo una copiosa lluvia
de gracias espirituales y temporales” (Pío XII, 6-VIII-1950).

¿Qué es el Escapulario Carmelita?
El escapulario es un sacramental. Un sacramental es un objeto religioso que la Iglesia haya aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado, incluso al venial.

El escapulario, al ser un sacramental, no nos comunica gracias como hacen los sacramentos sino que nos disponen al amor a Dios y a la verdadera contrición del pecado si los recibimos con devoción.

Los seres humanos nos comunicamos por símbolos. Así como tenemos banderas, escudos y también uniformes que nos identifican. Las comunidades religiosas llevan su hábito como signo de su consagración a Dios.

Los laicos no pueden llevar hábito, pero los que desean asociarse a los religiosos en su búsqueda de la santidad pueden usar el escapulario. La Virgen dio a los Carmelitas el escapulario como un hábito miniatura que todos los devotos pueden llevar para significar su consagración a ella.
Consiste en un cordón que se lleva al cuello con dos piezas pequeñas de tela color café, una sobre el pecho y la otra sobre la espalda. Se usa bajo la ropa. Junto con el rosario y la medalla milagrosa, el escapulario es uno de los más importantes sacramentales marianos.

Dice San Alfonso Ligorio, doctor de la Iglesia: "Así como los hombres se enorgullecen de que otros usen su uniforme, así Nuestra Señora Madre María está satisfecha cuando sus servidores usan su escapulario como prueba de que se han dedicado a su servicio, y son miembros de la familia de la Madre de Dios."

¿Cómo se originó el escapulario?
La palabra escapulario viene del latín "scapulae" que significa "hombros". Originalmente era un vestido superpuesto que cae de los hombros y lo llevaban los monjes durante su trabajo. Con el tiempo se le dio el sentido de ser la cruz de cada día que, como discípulos de Cristo llevamos sobre nuestros hombros. Para los Carmelitas particularmente, pasó a expresar la dedicación especial a la Virgen Santísima y el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás.

La Virgen María entrega el escapulario el 16 de julio de 1251
En el año 1246 nombraron a San Simón Stock general de la Orden Carmelita. Este comprendió que, sin una intervención de la Virgen, a la orden le quedaba poco tiempo. Simón recurrió a María poniendo la orden bajo su amparo, ya que ellos le pertenecían. En su oración la llamó "La flor del Carmelo" y la "Estrella del Mar" y le suplicó la protección para toda la comunidad.

En respuesta a esta ferviente oración, el 16 de julio de 1251 se le aparece la Virgen a San Simón Stock y le da el escapulario para la orden con la siguiente promesa:

"Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno"


Aunque el escapulario fue dado a los Carmelitas, muchos laicos con el tiempo fueron sintiendo el llamado de vivir una vida mas comprometida con la espiritualidad carmelita y así se comenzó la cofradía del escapulario, donde se agregaban muchos laicos por medio de la devoción a la Virgen y al uso del escapulario. La Iglesia ha extendido el privilegio del escapulario a los laicos.

La Santísima Virgen se apareció al Papa Juan XXII en el siglo XIV y le prometió para quienes cumplieran los requisitos de esta devoción que "como Madre de Misericordia con mis ruegos, oraciones, méritos y protección especial, les ayudaré para que, libres cuanto antes de sus penas, (...) sean trasladadas sus almas a la bienaventuranza".

Explicación de la Promesa:
Muchos Papas, santos y teólogos católicos han explicado que, según esta promesa, quien tenga la devoción al escapulario y lo use, recibirá de María Santísima a la hora de la muerte, la gracia de la perseverancia en el estado de gracia (sin pecado mortal) o la gracia de la contrición (arrepentimiento). Por parte del devoto, el escapulario es una señal de su compromiso a vivir la vida cristiana siguiendo el ejemplo perfecto de la Virgen Santísima.

El escapulario tiene 3 significados:

1) El amor y la protección maternal de María: El signo es una tela o manto pequeño. Vemos como María cuando nace Jesús lo envuelve en un manto. La Madre siempre trata de cobijar a sus hijos.
Envolver en su manto es una señal muy maternal de protección y cuidado. Señal de que nos envuelve en su amor maternal. Nos hace suyos. Nos cubre de la ignominia de nuestra desnudes espiritual.
Vemos en la Biblia:
· Dios cubrió con un manto a Adán y Eva después de que pecaron. (Manto - signo de perdón)
· Jonatán le dio su manto a David: símbolo de amistad.
· Elías dio su manto a Eliseo y lo llenó de su espíritu en su partida.
· San Pablo: revístanse de Cristo: vestirnos con el manto de sus virtudes.

2) Pertenencia a María: Llevamos una marca que nos distingue como sus hijos escogidos. El escapulario se convierte en el símbolo de nuestra consagración a María.
Consagración: 'pertenecer a María' es reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por Ella y en su corazón. Así podremos ser usados por Ella para la extensión del Reino de su Hijo.
En 1950 Papa Pío XII escribió acerca del escapulario: "que sea tu signo de consagración al Inmaculado Corazón de María, lo cual estamos particularmente necesitando en estos tiempos tan peligrosos"
En las palabras del Papa vemos que la devoción a la Virgen del Carmen es devoción a la Inmaculada.
Quien lleve el escapulario debe estar consciente de su consagración a Dios y a la Virgen y ser consecuente en sus pensamientos, palabras y obras.

3) El suave yugo de Cristo: "Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mi, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana". (Mt 11:29-30)
El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar pero que María nos ayuda a llevar.
Quién lleva el escapulario debe identificarse como católico sin temor a los rechazos y dificultades que ese yugo le traiga.

Se debe vivir lo que significaEl escapulario es un signo de nuestra identidad como católicos, vinculados de íntimamente a la Virgen María con el propósito de vivir plenamente según nuestro bautismo. Representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación. Esto requiere que seamos pobres (un estilo de vida sencillo sin apegos materiales), castos y obedientes por amor a Dios.
Al usar el escapulario constantemente hacemos silenciosa petición de asistencia continua a la Santísima Madre. La Virgen nos enseña e intercede para que recibamos las gracias para vivir como ella, abiertos de corazón al Señor, escuchando Su Palabra, orando, descubriendo a Dios en la vida diaria y cercano a las necesidades de nuestros hermanos. El escapulario además es un recuerdo de que nuestra meta es el cielo y todo lo de este mundo está pasando.
En momentos de tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre, resueltos a ser fieles al Señor. Ella nos dirige hacia el Sagrado Corazón de su Hijo Divino y el demonio es forzado a retroceder vencido.

Imposición del Escapulario:
La imposición se hace preferentemente en comunidad. Es necesario que en la celebración quede bien expresado el sentido espiritual de las gracias unidas al Escapulario de la Virgen del Carmen y los compromisos asumidos con este signo de devoción a la Santísima Virgen.El primer escapulario debe ser bendecido por un sacerdote e impuesto por él mientras dice la oración:
"Recibe este escapulario bendito y pide a la Virgen Santísima que por sus méritos, lo lleves sin ninguna mancha de pecado y que te proteja de todo mal y te lleve a la vida eterna"


¿Puede darse el escapulario a quien no es católico?
Sí. El escapulario es signo de la Maternidad Espiritual de María y debemos recordar que ella es madre de todos. Muchos milagros de conversión se han realizado en favor de buenos no-católicos que se han decidido a practicar la devoción al escapulario.

Advertencias prácticas
Una vez bendecido el primer escapulario, el devoto no necesita pedir la bendición para escapularios posteriores.
Los escapularios gastados, si han sido bendecidos no se deben echar a la basura. Se pueden quemar o enterrar como signo de respeto.

Alerta contra abusos:El escapulario NO salva por si solo como si fuera algo mágico o de buena suerte, ni es una excusa para evadir las exigencias de la vida cristiana. Mons. Kilian Lynch, antiguo general de la Orden Carmelita nos dice: "No lleguemos a la conclusión que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos... Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la ´omnipotencia suplicante´ de la Madre de la Misericordia."

Los Papas y Santos han muchas veces alertado acerca de no abusar de la promesa de nuestra Madre como si nos pudiéramos salvar llevando el escapulario sin conversión. El Papa Pío XI nos advierte: "aunque es cierto que la Virgen María ama de manera especial a quienes son devotos de ella, aquellos que desean tenerla como auxilio a la hora de la muerte, deben en vida ganarse dicho privilegio con una vida de rechazo al pecado y viviendo para darle honor"
Vivir en pecado y usar el escapulario como ancla de salvación es cometer pecado de presunción ya que la fe y la fidelidad a los mandamientos es necesaria para todos los que buscan el amor y la protección de Nuestra Señora.
San Claude de la Colombiere advierte: "Tu preguntas: ¿y si yo quisiera morir con mis pecados?, yo te respondo, entonces morirás en pecado, pero no morirás con tu escapulario"

El Privilegio Sabatino: (sábado)
Este privilegio es una promesa de la Virgen que consiste en la liberación del purgatorio el primer sábado (día que la Iglesia ha dedicado a la Virgen) después de la muerte por medio de una intercesión especial de la Virgen.
Se originó en una bula o edicto que fue proclamado por el Papa Juan XXII en marzo 3, 1322 como resultado de una aparición que tuvo de la Virgen en la que prometió para aquellos que cumplieran los requisitos de esta devoción que "como Madre de Misericordia, con mis ruegos, oraciones, méritos y protección especial, les ayudaré para que, libres cuanto antes de sus penas, sean trasladadas sus almas a la bienaventuranza".

Condiciones para que aplique este privilegio
1) Usar el escapulario con fidelidad.
2) Observar castidad de acuerdo al estado de vida.
3) Rezo del oficio de la Virgen (oraciones y lecturas en honor a la Virgen) o rezar diariamente 5 décadas del rosario.

El Papa Pablo V confirmó en una proclamación oficial que se podía enseñar acerca del privilegio sabatino a todos los creyentes.

El Escapulario y la Virgen de Fátima:
Es evidente que la Virgen María quiere revelarnos de manera especial el escapulario. Reporta Lucia (vidente de Fátima, Hermana María del Inmaculado Corazón), que en la última aparición (Octubre, 1917, día del milagro del sol), la Virgen vino vestida con el hábito carmelita y con el escapulario en la mano y recordó que sus verdaderos hijos lo llevaran con reverencia. También pidió que los que se consagraran a ella lo usaran como signo de dicha consagración.

Hablan los Papas y los santos
El Beato Papa Gregorio X fue enterrado con su escapulario solo 25 años después de la Visión del Escapulario. 600 años más tarde cuando abrieron su tumba, su escapulario estaba intacto.
El Papa Pío XII habló frecuentemente del Escapulario. En 1951, aniversario 700 de la aparición de Nuestra Señora a San Simón Stock, el Papa ante una numerosa audiencia en Roma exhortó a que se usara el Escapulario como "Signo de Consagración al Inmaculado Corazón de María" (tal como pidió la Virgen en Fátima). El Escapulario también representa el dulce yugo de Jesús que María nos ayuda a sobrellevar. Y finalmente, el Papa continuó, el Escapulario nos marca como hijos escogidos de María y se convierte para nosotros (como lo llaman los alemanes) en un 'Vestido de Gracia".
El mismo día que S. Simón Stock recibió de María el escapulario y la promesa, él fue llamado a asistir a un moribundo que estaba desesperado. Cuando llegó puso el escapulario sobre el hombre, pidiéndole a la Virgen que mantuviera la promesa que le acababa de hacer. Inmediatamente el hombre se arrepintió, se confesó y murió en gracia de Dios"
San Alfonso Ligorio y S. Juan Bosco tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y usaban el escapulario. Cuando murió San Alfonso Ligorio le enterraron con sus vestiduras sacerdotales y con su escapulario. Muchos años después cuando abrieron su tumba encontraron que su cuerpo y todas las vestimentas estaban hechas polvo, sin embargo su escapulario estaba intacto. El escapulario de San Alfonso está en exhibición en su Monasterio en Roma.


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