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Oración para el Año Nuevo



GRACIAS SEÑOR

Por todo cuanto me diste
en el año que termina.

Gracias por los días de sol
y los nublados tristes.
Por las tardes tranquilas y las noches oscuras.

Gracias por la salud y por la
enfermedad,
por las penas y las alegrías.

Gracias por todo lo que me prestaste
y luego me pediste.

Gracias Señor, por la sonrisa amable
y por la mano amiga
por el amor y por todo lo hermoso y
por todo lo dulce,
por la flores y las estrellas,
por la existencia de los niños y de las almas buenas.

Gracias por la soledad, por el trabajo,
por las inquietudes, por las dificultades y las lágrimas.
Por todo lo que me acercó a Ti.

Gracias por haberme conservado la vida,
y por haberme dado techo,
abrigo y sustento.

¿QUÉ ME TRAERÁ EL AÑO QUE EMPIEZA?

Lo que Tú quieras Señor,
pero te pido fe para mirarte en todo,
esperanza para no desfallecer,
caridad para amarte cada día más,
y para hacerte amar entre los que me rodean.

Dame paciencia y humildad,
desprendimiento y generosidad.

Dame Señor, lo que Tú sabes que
me conviene y yo no se pedir.

Que tenga el corazón alerta,
el oído atento, las manos y la mente activas,
y que me halle siempre dispuesto a
hacer tu Santa Voluntad.

Derrama Señor, tus gracias sobre todos los que amo
y concede tu paz al mundo entero.

Así sea.


Anónimo.




...

ORACIÓN DE AÑO NUEVO

 



Dios lleno de amor,

Te damos gracias por este año pasado

con sus momentos positivos y sus momentos más difíciles.

Te agradecemos el amor que hemos recibido de la familia y de los amigos

Y por los éxitos que hemos tenido en el trabajo y en casa.


También te agradecemos los momentos difíciles.

Los momentos en los que luchamos;

los momentos de desafío; los momentos de incertidumbre;

los momentos en que hemos tenido miedo

por nuestra seguridad y por la de nuestros seres queridos;

los momentos en que perdimos a nuestros seres queridos.


Mientras esperamos el próximo año,

pedimos Tu gracia y bendición.


Danos salud y fuerza;

danos fe y esperanza.

Envíanos Tu Espíritu.

Danos paz con las decisiones que tomamos.

Concédenos alegría al mirar hacia adelante y discernir el futuro.

Sobre todo, danos el amor que nos guiará

a través de cualquier desafío que nos encontremos.


Ayúdanos a caminar uno al lado del otro con paciencia y perdón,

poniendo nuestras manos en las manos de Tu Hijo Jesús.

Él nos guía y nos fortalece.

Él siempre está a nuestro lado.

Nos da esperanza.

Nos ayuda a ver, más allá del pequeño “ahora”,

un panorama más grande y un sueño más amplio.

El sueño imaginado para nosotros por Ti, nuestro Padre.


Tú que vives y amas

por siempre y para siempre. 


AMÉN.





FUENTE:

https://www.jesuits.global/es/2020/12/30/oracion-de-ano-nuevo/


VÍA PACIS - Quinta Contemplación: Los pastores de Belén.


 

QUINTA CONTEMPLACIÓN

 

LOS PASTORES DE BELÉN

(Lucas 2, 8 – 12)

 

 

Canción de Adviento:

Lector: En el principio la Palabra existía y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.

Todos: Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros.

 

LECTURA BÍBLICA: del Evangelio según San Lucas 2, 8 -12

En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. Se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron muy asustados. Pero el ángel les dijo: 'No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

 

LECTURA ESPIRITUAL: Papa Francisco: Carta Apostólica “El Hermoso signo del Pesebre” sobre el significado y el valor del nacimiento, Roma, 1 diciembre 2019

 

4. Me gustaría ahora repasar los diversos signos del belén para comprender el significado que llevan consigo. En primer lugar, representamos el contexto del cielo estrellado en la oscuridad y el silencio de la noche. Lo hacemos así, no sólo por fidelidad a los relatos evangélicos, sino también por el significado que tiene. Pensemos en cuántas veces la noche envuelve nuestras vidas. Pues bien, incluso en esos instantes, Dios no nos deja solos, sino que se hace presente para responder a las preguntas decisivas sobre el sentido de nuestra existencia: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Por qué nací en este momento? ¿Por qué amo? ¿Por qué sufro? ¿Por qué moriré? Para responder a estas preguntas, Dios se hizo hombre. Su cercanía trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento (cf. Lc 1,79).

 

Merecen también alguna mención los paisajes que forman parte del belén y que a menudo representan las ruinas de casas y palacios antiguos, que en algunos casos sustituyen a la gruta de Belén y se convierten en la estancia de la Sagrada Familia. Estas ruinas parecen estar inspiradas en la Leyenda Áurea del dominico Jacopo da Varazze (siglo XIII), donde se narra una creencia pagana según la cual el templo de la Paz en Roma se derrumbaría cuando una Virgen diera a luz. Esas ruinas son sobre todo el signo visible de la humanidad caída, de todo lo que está en ruinas, que está corrompido y deprimido. Este escenario dice que Jesús es la novedad en medio de un mundo viejo, y que ha venido a sanar y reconstruir, a devolverle a nuestra vida y al mundo su esplendor original.

 

5. ¡Cuánta emoción debería acompañarnos mientras colocamos en el belén las montañas, los riachuelos, las ovejas y los pastores! De esta manera recordamos, como lo habían anunciado los profetas, que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías. Los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor.

 

«Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado» (Lc 2,15), así dicen los pastores después del anuncio hecho por los ángeles. Es una enseñanza muy hermosa que se muestra en la sencillez de la descripción. A diferencia de tanta gente que pretende hacer otras mil cosas, los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece. Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la encarnación. A Dios que viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose en camino hacia Él, para un encuentro de amor y de agradable asombro. Este encuentro entre Dios y sus hijos, gracias a Jesús, es el que da vida precisamente a nuestra religión y constituye su singular belleza, y resplandece de una manera particular en el pesebre.

 

ORACIÓN: MARÍA DE LA ESPERANZA

 

María de Nazareth, madre de nuestro Señor, compañera de nuestras marchas, ven a visitarnos, quédate con nosotros. Te necesitamos, madre buena, vivimos tiempos difíciles,

atravesamos bajones, tenemos caídas, nos agarra la flojera, nos inmoviliza la apatía, nos indigna la injusticia y la indiferencia de muchos.

 

María, Virgen de la Esperanza. Contágianos tu fuerza, acércanos el Espíritu que llena tu vida. Ayúdanos a vivir con alegría, a pesar de las pruebas y las cruces que encontramos en el seguimiento de tu hijo. Que no nos desaliente la lentitud de los cambios, que las espinas de la vida no nos ahoguen la semilla del Evangelio. Que no perdamos la utopía, madre buena, de creer que es posible otro mundo y otra sociedad. Que no bajemos los brazos en la lucha por la justicia y en la práctica de la solidaridad.

Que no se enturbie nuestra mirada, al punto que no veamos la luz del Señor que nos acompaña siempre, que camina a nuestro lado, que nos sostiene en los momentos duros.

 

María, tu creíste y te jugaste la vida. Y no te fue fácil. También pasaste tiempos de incertidumbre, de no entender las cosas que pasaban, de sufrimiento y soledad. Y saliste adelante, con buen ánimo y entrega. Nos enseñaste con tu ejemplo que para dar vida hay que entregar la vida, todos los días, en las buenas, y en las malas, y en las más o menos.

Siendo una muchacha, estando comprometida, corriste el riesgo de decir sí al plan de Dios. Confiaste en El y el sueño de Dios se hizo realidad.

 

Madre, en nuestros días Dios sigue soñando. Su Reino de hermanos está muy lejos de ser realidad. Y nos pide, como a ti en Nazareth, que demos lo mejor de nosotros para ayudarlo a realizar su Proyecto. María, ¡cómo cuesta decirle sí al Señor! Cómo cuesta decir sí más allá de las palabras, decir sí con los hechos, con actitudes, con gestos... ¡con la vida!

Enséñanos a esperar en el Señor, a confiar en su palabra, a dejarnos guiar por su Espíritu, a llenarnos de su buen humor y alegría. Enséñanos a escuchar su voz, en la realidad de todos los días, en el sufrimiento de tantos, en las ansías de liberación y cambio, en la sed de justicia de las mayorías. Enséñanos a orar para no perder la Esperanza y para darle raíces sólidas. Enséñanos a orar para discernir donde poner los esfuerzos y descubrir nuestro lugar y misión. Enséñanos a orar para no desalentarnos en las dificultades y contratiempos.

María, camina cerca nuestro, acompáñanos madre buena, fortalece nuestra esperanza para que sea el motor de nuestra entrega, el pozo donde beber para seguir, el refugio donde descansar y retomar fuerzas. Anuda nuestra esperanza al proyecto del Padre. Danos firmeza y hasta terquedad para seguir adelante.

Llena nuestros corazones de la esperanza que libera para vivir el amor solidario. Lo que se espera se consigue con esfuerzo, con trabajo y con la vida. Nos confiamos en tus manos para que nos hagas fuertes en la fe comprometidos en la solidaridad y firmes, muy firmes, en la Esperanza del Reino. Así sea.


Himno del Jubileo 2025 Peregrinos de Esperanza



CORO

Llama viva para mi esperanza,

que este canto llegue hasta ti,

seno eterno de infinita vida,

me encamino, yo confío en ti.

ESTROFAS

1

Toda lengua, pueblos y naciones

hallan luces siempre en tu Palabra.

Hijos, hijas, frágiles, dispersos,

acogidos en tu Hijo amado.

2

Dios nos cuida, tierno y paciente

nace el día, un futuro nuevo.

Cielos nuevos y una tierra nueva.

Caen muros gracias al Espíritu.

3

Una senda tienes por delante,

paso firme, Dios sale a tu encuentro.

Mira al Hijo que se ha hecho hombre

para todos, Él es el camino.




Video del Himno con letra

 




Oración del Jubileo 2025 Peregrinos de Esperanza


 

ORACIÓN DEL JUBILEO 2025

Padre que estás en el cielo,
la fe que nos has donado en
tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano,
y la llama de caridad
infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo,
despierten en nosotros la bienaventurada esperanza
en la venida de tu Reino.

Tu gracia nos transforme
en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio
que fermenten la humanidad y el cosmos,
en espera confiada
de los cielos nuevos y de la tierra nueva,
cuando vencidas las fuerzas del mal,
se manifestará para siempre tu gloria.

La gracias del Jubileo
reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza,
el anhelo de los bienes celestiales
y derrame en el mundo entero la alegría y la paz
de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente,
sea la alabanza y la gloria por los siglos.

Amén.



VÍA PACIS - Sexta Contemplación: El Coro de los ángeles proclama Y en la tierra paz a los hombres.


 



SEXTA CONTEMPLACIÓN

 

EL CORO DE LOS ÁNGELES PROCLAMA

Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES

(Lucas 2, 13 – 14)

 

LECTURA BÍBLICA: Del evangelio según San Lucas 2, 8 - 14

“Había en aquella región algunos pastores, que dormían a la intemperie y vigilaban por turno su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: No tengan miedo, pues les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un corral de animales. Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo con estas palabras: Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres en quien él se complace”.

 

LECTURA ESPIRITUAL: Papa Francisco: Carta Apostólica “El Hermoso signo del Pesebre” sobre el significado y el valor del nacimiento, Roma, 1 diciembre 2019

6. Tenemos la costumbre de poner en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón. Ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros.

Los pobres y los sencillos en el Nacimiento recuerdan que Dios se hace hombre para aquellos que más sienten la necesidad de su amor y piden su cercanía. Jesús, «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), nació pobre, llevó una vida sencilla para enseñarnos a comprender lo esencial y a vivir de ello. Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. El palacio de Herodes está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de alegría. Al nacer en el pesebre, Dios mismo inicia la única revolución verdadera que da esperanza y dignidad a los desheredados, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura. Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado.

Con frecuencia a los niños —¡pero también a los adultos!— les encanta añadir otras figuras al belén que parecen no tener relación alguna con los relatos evangélicos. Y, sin embargo, esta imaginación pretende expresar que en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo que es humano y para toda criatura. Del pastor al herrero, del panadero a los músicos, de las mujeres que llevan jarras de agua a los niños que juegan..., todo esto representa la santidad cotidiana, la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina.

 

HIMNO DE PAZ

 

Paz, paz, paz,

el mundo pide paz,

logra la paz en tu interior

y derrámala en la tierra.

Sólo la paz trae la paz,

Paz es la hermana del amor,

cuando vence no hay vencidos.

Paz es la fuerza con que sale

el sol cada mañana,

es la conciencia universal

que descansa en su inocencia.

Paz, paz, paz...

 

Siembra el árbol de la paz

por do quiera que vayas

y el cielo entero regará

las semillas con tu paz.

Sólo si tienes puedes dar,

la paz no es un decreto,

es una forma de vivir,

un camino a seguir.

Paz, paz, paz...

 

 

ORACIÓN POR LA PAZ

 

ORACIÓN DEL SANTO PADRE FRANCISCO

al finalizar el momento de oración Pacem in terris

Basílica de San Pedro - Viernes, 27 de octubre de 2023

 

María, míranos. Estamos aquí ante ti. Tú eres Madre, conoces nuestros cansancios y nuestras heridas. Tú, Reina de la paz, sufres con nosotros y por nosotros, al ver a tantos de tus hijos abatidos por los conflictos, angustiados por las guerras que desgarran el mundo.

Es una hora de oscuridad. Esta es una hora de oscuridad, Madre. Y en esta hora de oscuridad, nos sumergimos en tus ojos luminosos y nos confiamos a tu corazón, que es sensible a nuestros problemas y que tampoco estuvo exento de inquietudes y temores. Cuánta preocupación cuando no había lugar para Jesús en el albergue, cuánto miedo cuando tuvieron que huir rápidamente a Egipto porque Herodes quería matarlo, cuánta angustia cuando se perdió en el templo. Pero, Madre, tú en las pruebas fuiste valiente, fuiste audaz, confiaste en Dios y respondiste a la preocupación con la solicitud, al miedo con el amor, a la angustia con la donación. Madre, en los momentos decisivos no retrocediste, sino que tomaste la iniciativa: fuiste sin demora a ver a Isabel, en las bodas de Caná obtuviste el primer milagro de Jesús, en el Cenáculo mantuviste a los discípulos unidos. Y cuando en el Calvario una espada traspasó tu alma, tú, Madre, mujer humilde, mujer fuerte, entretejiste de esperanza pascual la noche del dolor.

Ahora, Madre, toma una vez más la iniciativa, tómala en favor nuestro, en estos tiempos azotados por los conflictos y devastados por las armas. Vuelve tus ojos misericordiosos a la familia humana que ha extraviado el camino de la paz, que ha preferido Caín a Abel y que, perdiendo el sentido de la fraternidad, no recupera el calor del hogar. Intercede por nuestro mundo en peligro y en confusión. Enséñanos a acoger y a cuidar la vida —¡toda vida humana!— y a repudiar la locura de la guerra, que siembra muerte y elimina el futuro.

María, muchas veces tú has venido a nuestro encuentro, pidiéndonos oración y penitencia. Nosotros, sin embargo, ocupados en nuestros asuntos y distraídos por tantos intereses mundanos, hemos permanecido sordos a tus llamadas. Pero tú, que nos amas, no te cansas de nosotros. Madre, tómanos de la mano. Tómanos de la mano y guíanos a la conversión, haz que volvamos a poner a Dios en el centro. Ayúdanos a mantener la unidad en la Iglesia y a ser artífices de comunión en el mundo. Recuérdanos la importancia de nuestro papel, haz que nos sintamos responsables por la paz, llamados a rezar y a adorar, a interceder y a reparar por todo el género humano.

Madre, solos no podemos lograrlo, sin tu Hijo no podemos hacer nada. Pero tú nos llevas a Jesús, que es nuestra paz. Por eso, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros recurrimos a ti, buscamos refugio en tu Corazón inmaculado. Imploramos misericordia, Madre de misericordia; suplicamos paz, Reina de la paz. Mueve los corazones de quienes están atrapados por el odio, convierte a quienes alimentan y fomentan conflictos. Enjuga las lágrimas de los niños —en esta hora lloran mucho—, asiste a los que están solos y son ancianos, sostiene a los heridos y a los enfermos, protege a quienes tuvieron que dejar su tierra y sus seres queridos, consuela a los desanimados, reaviva la esperanza.

Te entregamos y consagramos nuestras vidas, cada fibra de nuestro ser, lo que tenemos y lo que somos, para siempre. Te consagramos la Iglesia para que, testimoniando al mundo el amor de Jesús, sea signo de concordia, sea instrumento de paz. Te consagramos nuestro mundo, especialmente te consagramos los países y las regiones en guerra.

El pueblo fiel te llama aurora de la salvación. Madre, abre resquicios de luz en la noche de los conflictos. Tú, morada del Espíritu Santo, inspira caminos de paz a los responsables de las naciones. Tú, Señora de todos los pueblos, reconcilia a tus hijos, seducidos por el mal, cegados por el poder y el odio. Tú, que estás cerca de cada uno, acorta nuestras brechas de separación. Tú, que tienes compasión de todos, enséñanos a hacernos cargo de los demás. Tú, que revelas la ternura del Señor, haznos testigos de su consolación. Madre, tú, Reina de la paz, derrama en los corazones la armonía de Dios. Amén.

 






VÍA PACIS - Cuarta Contemplación: Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre.



CUARTA CONTEMPLACIÓN: LO ENVOLVIÓ EN PAÑALES Y LO ACOSTÓ EN UN PESEBRE PORQUE NO HABÍA SITIO PARA ELLOS (Lucas 2, 7)

  

Canto de adviento:

 Lector: En el principio la Palabra existía y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.

Todos: Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros.

 

LECTURA BÍBLICA: del evangelio según San Lucas 9, 57 - 62

Mientras iban caminando, uno le dijo: Te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. A otro dijo: Sígueme. Él respondió: Déjame ir primero a enterrar a mi padre. Le respondió: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios. Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero déjame antes despedirme de los de mi casa. Le dijo Jesús: Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios”.

 

LECTURA ESPIRITUAL: Papa Francisco: Carta Apostólica “El Hermoso signo del Pesebre” sobre el significado y el valor del nacimiento, Roma, 1 diciembre 2019

“1. El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.

Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas... Es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza. Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular. Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada.

3. San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo. Su enseñanza ha penetrado en los corazones de los cristianos y permanece hasta nuestros días como un modo genuino de representar con sencillez la belleza de nuestra fe. Por otro lado, el mismo lugar donde se realizó el primer belén expresa y evoca estos sentimientos. Greccio se ha convertido en un refugio para el alma que se esconde en la roca para dejarse envolver en el silencio.

¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida. En Jesús, el Padre nos ha dado un hermano que viene a buscarnos cuando estamos desorientados y perdemos el rumbo; un amigo fiel que siempre está cerca de nosotros; nos ha dado a su Hijo que nos perdona y nos levanta del pecado.

La preparación del pesebre en nuestras casas nos ayuda a revivir la historia que ocurrió en Belén. Naturalmente, los evangelios son siempre la fuente que permite conocer y meditar aquel acontecimiento; sin embargo, su representación en el belén nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos, invita a sentirnos implicados en la historia de la salvación, contemporáneos del acontecimiento que se hace vivo y actual en los más diversos contextos históricos y culturales.

De modo particular, el pesebre es desde su origen franciscano una invitación a “sentir”, a “tocar” la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación. Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz. Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados (cf. Mt 25,31-46).

 

ORACIÓN: Virgen del Adviento, esperanza nuestra, de Jesús la aurora, del cielo la puerta. Madre de los hombres, de la mar estrella, llévanos a Cristo, danos sus promesas. Eres Virgen Madre, la de gracia llena, del Señor la esclava, del mundo la reina. Alza nuestros ojos hacia tu belleza, guía nuestros pasos a la vida eterna.

Todos: Bendita eres María entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús.

 

 

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VÍA PACIS - Tercera Contemplación: Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto

 


TERCERA CONTEMPLACIÓN: MIENTRAS ESTABAN EN BELÉN, LLEGÓ PARA MARÍA EL MOMENTO DEL PARTO (Lucas 2, 6)


Canto de adviento:

Lector: En el principio la Palabra existía y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.

Todos: Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros.

 

LECTURA BÍBLICA: del Profeta Isaías 9, 1 – 6

 “El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa. Sobre los que vivían en tierra de sombras brilló una luz. Acrecentaste el gozo, hiciste grande la alegría. Se han alegrado al verte, como se alegran en la cosecha, como se gozan repartiendo el botín. Porque el yugo que les pesaba y el palo que golpeaba su hombro – la vara del tirano – has quebrado, como el día de Madián. Porque toda bota que taconea con estrépito y el manto revolcado en sangre, serán para la quema, pasto del fuego. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y el señorío reposará en su hombro, y se llamará “Admirable-Consejero, Dios-Poderoso, Siempre-Padre, Príncipe de Paz. Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia. Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh hará eso”.

 

LECTURA ESPIRITUAL: LA NAVIDAD SEGÚN FRANCISCO DE ASÍS:

Gracias a su iniciativa se realizó la celebración de la noche buena en una cueva del monte, cerca del castillo de Greccio, en el valle de Rieti. Francisco regresando de Roma se detuvo allí unos días. Después de haber visitado tierra santa esas cuevas le hicieron recordar las de Belén.  Fue el primer nacimiento en vivo de la historia con personas del pueblo en la navidad de 1223. Se cumplen 800 años. Transcribo unos párrafos del relato contado por Fray Tomás de Celano, el primer biógrafo de Francisco de Asís (1 Cel 84-87).

Cuevas de Belén y Greccio

“La suprema aspiración de Francisco, su más vivo deseo y su más elevado propósito, era observar en todo y siempre el santo Evangelio (120) y seguir la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y sus pasos con suma atención, con todo cuidado, con todo el anhelo de su mente, con todo el fervor de su corazón. En asidua meditación recordaba sus palabras y con agudísima consideración repasaba sus obras. Tenía tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión, que difícilmente quería pensar en otra cosa.

Digno de recuerdo y de celebrarlo con piadosa memoria es lo que hizo Francisco tres años antes de su gloriosa muerte, cerca de Greccio, el día de la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Vivía en aquella comarca un hombre, de nombre Juan, de buena fama y de mejor tenor de vida, a quien el bienaventurado Francisco amaba con amor singular, pues, siendo de noble familia y muy honorable, despreciaba la nobleza de la sangre y aspiraba a la nobleza del espíritu. Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco le llamó, como solía hacerlo con frecuencia, y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno». En oyendo esto el hombre bueno y fiel, corrió presto y preparó en el lugar señalado cuanto el Santo le había indicado.

 

Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años. Llegó, en fin, el santo de Dios y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno. Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad, y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales. Llega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría. El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Después el sacerdote, ante el Nacimiento, celebró solemnemente la Eucaristía, mostrando el vínculo entre la encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En aquella ocasión, en Greccio, no había figuras: el belén fue realizado y vivido por todos los presentes. Terminada la solemne vigilia, todos retornaron a su casa colmados de alegría”.


ORACIÓN DE LOS FIELES:

Lector: Te esperamos, llenos de esperanza, ven, Señor Jesús.

Todos: Ven Señor no te demores.

Lector: En ti tenemos existencia, energía y vida, oh Señor, ven y revela a todos los hombres tu presencia.

Todos: Ven Señor no te demores

Lector: Tú que eres nuestro libertador, da a todos los hombres la libertad de los hijos de Dios.

Todos: Ven Señor no te demores

 

ORACIÓN:  Querido Padre, Dios del cielo y de la tierra. En este tiempo de espera y esperanza te queremos dar gracias por tanto amor. Gracias por nuestra familia y por nuestro hogar. Gracias por las personas que viven con nosotros y con las que colaboramos cada día en la misión que nos has encomendado. Bendícenos en este tiempo tan especial en el que esperamos el nacimiento de tu Hijo. Ayúdanos a preparar nuestros corazones para recibir al Niño Jesús con amor, con alegría y esperanza. Estamos aquí reunidos para adorarlo y darle gracias por venir a nuestro mundo a llenar nuestras vidas. En este día de manera queremos recordar especialmente a las familias que no tienen techo, alimento, salud, vestido, trabajo. Te pedimos por ellas para que la Virgen y San José les ayuden a encontrar un cálido hogar y aprendamos todos a ser más solidarios con los que más sufren y padecen toda dolencia.

 




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Oración de Consagración del mundo al Sagrado Corazón de Jesús - Papa León XIII

 


El papa León XIII, consagró todo el género humano al Sagrado Corazón y en la encíclica Annum Sacrum , del 25 de mayo de 1899, indicó que esa consagración se hiciese el 11 de junio de 1900 en la iglesia principal de todas las poblaciones utilizando la fórmula por él aprobada y publicada en el Acta Apostolicae Sedis a continuación de la encíclica[1]​.


Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar; vuestros somos y vuestros queremos ser: y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno de nosotros espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro sacratísimo Corazón. Muchos jamás os han conocido: muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. 
Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón sagrado. 
Oh Señor, sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado: haced que vuelvan pronto a la casa paterna, por que no perezcan de hambre y de miseria. 
Sed Rey de aquellos que por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos: devolvedlos al puerto de la verdad y de la unidad de la fe, para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor. 
Sed Rey de los que permanecen todavía en la antigua superstición de los pueblos, y no rehuséis sacarlos de las tinieblas y trasladarlos a la luz y reino de Dios. 
Conceded, oh Señor incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgar a todos los pueblos la tranquilidad en el orden: haced que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino esta voz: Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud; a Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. 
Amén.



[1]​Acta Apostolicae Sedis: https://www.vatican.va/archive/ass/documents/ASS-31-1898-99-ocr.pdf



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Imagen: Sagrado Corazón de Jesús, altar mayor de la Parroquia San Pedro y Santuario Arquidiocesano del Corazón de Jesús - Jesuitas.

VÍA PACIS - Tercera Contemplación: Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto



 

TERCERA CONTEMPLACIÓN

MIENTRAS ESTABAN EN BELÉN, LLEGÓ PARA MARÍA EL MOMENTO DEL PARTO

(Lucas 2, 6)


Canto de adviento:

Lector: En el principio la Palabra existía y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
Todos: Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros.


LECTURA BÍBLICA: del Profeta Isaías 9, 1 – 6
“El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa. Sobre los que vivían en tierra de sombras brilló una luz. Acrecentaste el gozo, hiciste grande la alegría. Se han alegrado al verte, como se alegran en la cosecha, como se gozan repartiendo el botín. Porque el yugo que les pesaba y el palo que golpeaba su hombro – la vara del tirano – has quebrado, como el día de Madián. Porque toda bota que taconea con estrépito y el manto revolcado en sangre, serán para la quema, pasto del fuego. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y el señorío reposará en su hombro, y se llamará “Admirable-Consejero, Dios-Poderoso, Siempre-Padre, Príncipe de Paz. Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia. Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahvéh hará eso”.

LECTURA ESPIRITUAL: LA NAVIDAD SEGÚN FRANCISCO DE ASÍS:

Gracias a su iniciativa se realizó la celebración de la noche buena en una cueva del monte, cerca del castillo de Greccio, en el valle de Rieti. Francisco regresando de Roma se detuvo allí unos días. Después de haber visitado tierra santa esas cuevas le hicieron recordar las de Belén.  Fue el primer nacimiento en vivo de la historia con personas del pueblo en la navidad de 1223. Se cumplen 800 años. Transcribo unos párrafos del relato contado por Fray Tomás de Celano, el primer biógrafo de Francisco de Asís (1 Cel 84-87).
  
“La suprema aspiración de Francisco, su más vivo deseo y su más elevado propósito, era observar en todo y siempre el santo Evangelio (120) y seguir la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y sus pasos con suma atención, con todo cuidado, con todo el anhelo de su mente, con todo el fervor de su corazón. En asidua meditación recordaba sus palabras y con agudísima consideración repasaba sus obras. Tenía tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión, que difícilmente quería pensar en otra cosa.

Digno de recuerdo y de celebrarlo con piadosa memoria es lo que hizo Francisco tres años antes de su gloriosa muerte, cerca de Greccio, el día de la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Vivía en aquella comarca un hombre, de nombre Juan, de buena fama y de mejor tenor de vida, a quien el bienaventurado Francisco amaba con amor singular, pues, siendo de noble familia y muy honorable, despreciaba la nobleza de la sangre y aspiraba a la nobleza del espíritu. Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco le llamó, como solía hacerlo con frecuencia, y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno». En oyendo esto el hombre bueno y fiel, corrió presto y preparó en el lugar señalado cuanto el Santo le había indicado.

Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años. Llegó, en fin, el santo de Dios y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno. Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad, y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales. Llega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría. El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Después el sacerdote, ante el Nacimiento, celebró solemnemente la Eucaristía, mostrando el vínculo entre la encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En aquella ocasión, en Greccio, no había figuras: el belén fue realizado y vivido por todos los presentes. Terminada la solemne vigilia, todos retornaron a su casa colmados de alegría”.

ORACIÓN DE LOS FIELES:

Lector: Te esperamos, llenos de esperanza, ven, Señor Jesús.
Todos: Ven Señor no te demores.
Lector: En ti tenemos existencia, energía y vida, oh Señor, ven y revela a todos los hombres tu presencia.
Todos: Ven Señor no te demores
Lector: Tú que eres nuestro libertador, da a todos los hombres la libertad de los hijos de Dios.
Todos: Ven Señor no te demores


ORACIÓN:  
Querido Padre, Dios del cielo y de la tierra. En este tiempo de espera y esperanza te queremos dar gracias por tanto amor. Gracias por nuestra familia y por nuestro hogar. Gracias por las personas que viven con nosotros y con las que colaboramos cada día en la misión que nos has encomendado. Bendícenos en este tiempo tan especial en el que esperamos el nacimiento de tu Hijo. Ayúdanos a preparar nuestros corazones para recibir al Niño Jesús con amor, con alegría y esperanza. Estamos aquí reunidos para adorarlo y darle gracias por venir a nuestro mundo a llenar nuestras vidas. En este día de manera queremos recordar especialmente a las familias que no tienen techo, alimento, salud, vestido, trabajo. Te pedimos por ellas para que la Virgen y San José les ayuden a encontrar un cálido hogar y aprendamos todos a ser más solidarios con los que más sufren y padecen toda dolencia.

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VÍA PACIS - Segunda Contemplación: Subió José y María a Belén para empadronarse



SEGUNDA CONTEMPLACIÓN

SUBIÓ JOSÉ Y MARÍA A BELÉN PARA EMPADRONARSE 

(Lucas 2, 3 - 4)


Canto de adviento:

Lector: En el principio la Palabra existía y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.

Todos: Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros.

Lector: Del evangelio según San Lucas (2, 4-5)

Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.


LECTURA BÍBLICA: del Profeta Isaías, 7, 10 – 16

“Volvió Yahvéh a hablar a Ajaz diciendo: Pide para ti una señal de Yahvéh tu Dios en lo profundo del seol o en lo más alto. Dijo Ajaz: No la pediré, no tentaré a Yahvéh. Dijo Isaías: Escuchen, pues, casa de David. ¿Les parece poco cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios?. Pues bien, el Señor mismo va a darles una señal: He aquí que una joven recién casada ha concebido y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. Cuajada y miel comerá hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno”.


LECTURA ESPIRITUAL: 

Thomas Merton: (1915-1968), monje trapense, escritor y poeta religioso. Nació en Prades, Francia. En 1941, luego de convertirse al catolicismo, y experimentar una creciente conversión, ingresó en el monasterio trapense de Getsemaní, en Kentucky, Estados Unidos. Se ordenó sacerdote en 1949. Murió en Tailandia, mientras asistía a una conferencia de abades benedictinos. Todos sus escritos conforman un valioso testimonio espiritual para estos tiempos.

"El misterio de Adviento es un misterio de vaciamiento, de pobreza, de limitación. Debe ser así. De otro modo no podría ser un misterio de esperanza. El misterio de Adviento es un misterio de comienzo: pero también es el misterio de un fin. La plenitud del tiempo es el final de todo lo que todavía estaba incompleto, todo lo que todavía era parcial. Es el cumplimiento en unidad de todo lo que era fragmentario.

El misterio de Adviento en nuestras vidas es el comienzo del fin de todo lo que en nosotros no es todavía Cristo. Es el comienzo del fin de la irrealidad. Y eso, sin duda, es motivo de alegría. Pero por desgracia nos aferramos a nuestra irrealidad, preferimos la parte al todo, continuamos siendo fragmentos, no queremos ser ”un solo hombre en Cristo”.

Adviento, para nosotros, significa aceptación de ese comienzo totalmente nuevo. Significa una disposición para hacer que la eternidad y el tiempo se encuentren no sólo en Cristo sino en nosotros, en el Hombre, en nuestra vida, en nuestro mundo, en nuestro tiempo. Si hemos de entrar en el comienzo de lo nuevo, debemos aceptar la muerte de lo viejo. El comienzo, pues, es el fin. Hemos de aceptar el fin, antes de poder empezar. O más bien, para ser más fieles a la complejidad de la vida, hemos de aceptar el final en el comienzo, ambos juntos".


ORACIÓN DE LOS FIELES:

Lector: Dios nuestro, has elegido a la Virgen María para que sea Madre de tu Hijo, cuida con bondad a todos aquellos que esperan la salvación.

Todos: Señor, danos tu gracia.

Lector: Dios nuestro, por medio del ángel haz anunciado a María la alegría y la paz, dona al mundo la alegría y la paz de tu Reino.

Todos: Señor, danos tu gracia

Lector: Dios nuestro, por obra del Espíritu Santo y con la aceptación de María Virgen, Tú hiciste vivir entre nosotros tu Palabra eterna, danos tu gracia para disponernos a acoger a Cristo como lo acogió la Virgen María.

Todos: Señor, danos tu gracia.


ORACIÓN: 

Tú has querido, Padre nuestro, que, al anuncio del ángel, la Virgen Inmaculada concibiera tu Palabra eterna y, envuelta en la luz del Espíritu Santo, se convirtiera en templo de la nueva alianza; concédenos adherirnos humildemente a tu voluntad, como la Virgen se encomendó a tu Palabra. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Todos: Bendita eres María entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús.


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VÍA PACIS - CONTEMPLACIONES DE ADVIENTO Y NAVIDAD - 1ERA CONTEMPLACIÓN


 

CON MARÍA Y JOSÉ EN CAMINO HACIA BELÉN

INTRODUCCIÓN

Vamos a iniciar el tiempo litúrgico de adviento y seguirá el de navidad y tenemos necesidad de elevar nuestro corazón y nuestra alma hacia lo más alto, pero desde lo más bajo, desde los últimos y descartados y desde lo más alto mirar a los más bajos, a los pobres y humildes. Se trata de gustar y sentir una experiencia espiritual, encarnada, histórica, en la situación actual que vivimos, en nuestro aquí y ahora, si queremos sentirnos hijos de Dios y hermanos de Jesús el Señor. Es importante pues dedicar tiempo a orar más, contemplar más, profundizar más, el mensaje de la salvación. Es importante que cada uno de nosotros nos dejemos totalmente envolver y abrazar por el Señor. Tenemos necesidad, hoy más que nunca, que estamos inmersos en muchas preocupaciones personales y sociales que nos agitan y desorientan, de sentarnos a los pies de Jesús, contemplarlo y así desear y querer seguirlo cada día más de cerca. “Felices ustedes que escuchan la Palaba y la ponen en práctica” (Lucas 11, 28). 

Lamentablemente estamos viviendo en medio de guerras y asesinatos, somos testigos de hechos que nos causan dolor, tristeza e indignación, e igualmente en medio de una grave crisis social, política y económica, por eso los invito a que vivamos y celebremos este tiempo con austeridad, sobriedad y solidaridad con los que más sufren, con los que lloran y con los que viven situaciones de mayor pobreza y carencia. No se trata de comprar, gastar y malgastar en decoraciones costosas, en gastos superfluos e innecesarios, sino en vivir nuestra fe cristiana de manera más auténtica y coherente, orando por una paz justa y duradera y siendo constructores de un país justo, fraterno y reconciliado. Así celebraremos más auténticamente esta próxima navidad. Y no hay navidad sin Jesús.

Los misterios principales de nuestra fe cristiana son la Encarnación del Dios que nace hombre en un corral de animales, la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesús. La liturgia de la Iglesia subraya estos misterios principales con tiempos litúrgicos propios. Para el misterio de la Encarnación y el nacimiento es el tiempo de adviento y navidad; para el misterio de la Pasión y Muerte de Jesucristo es el tiempo de cuaresma y la semana santa y para el misterio de la Resurrección es el sábado santo, la vigilia pascual y todo el tiempo de Pascua hasta la solemnidad de Pentecostés.

Para el tiempo de cuaresma, solemos realizar para vivirlo más en profundidad, el “Vía Crucis”. Su origen proviene de los primeros años del cristianismo, cuando los cristianos veneraban aquellos lugares que se relacionaban con la vida y muerte de Jesucristo en Jerusalén. Viacrucis deriva del latín via crucis y significa “camino de la cruz”. Está compuesto por catorce estaciones que representan el sufrimiento de Jesús, desde su condena hasta su sepultura. No obstante, en el año 1991 el Papa Juan Pablo II incorporó una última estación, la número quince, a fin de agregar el momento de la resurrección de Jesucristo. Para el tiempo de Pascua es el “Via Lucis” que nos ayuda a vivir en profundidad la Resurrección de Jesucristo, recorriendo un camino contemplando las apariciones de Jesucristo Resucitado hasta su Ascensión al cielo que nos ayuda a fortalecer y vivir mejor nuestra fe en la Resurrección de Cristo y en nuestra resurrección y promover una cultura de la vida, abierta a la esperanza y a la  certeza de nuestra fe.

Para el tiempo de adviento y navidad nos ayudará a vivirlo mejor esta práctica cristiana del “Via Pacis”. Hoy mas que nunca oramos cada día por la paz en todo el mundo, especialmente en países que están sufriendo la guerra. “La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Isaías 32, 7)…. Así, la paz es también fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar… La paz sobre la tierra, nacida del amor al prójimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre…Las naciones no levantarán ya más la espada una contra otra y jamás se llevará a cabo la guerra (Isaías 2,4).” (n.78). (Vaticano II, Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, n. 78).

La paz que tanto buscamos, anhelamos y que nos cuesta tanto promoverla y construirla, nos parece cada día más alejada y solo un buen sueño inalcanzable. La paz no es algo que se improvisa, es sobre todo un bien que debemos aprender a vivir cada día y que estamos llamados a vivirla edificándola, y que la realizamos y ejercitamos en el arte de ser artesanos de paz. Toda guerra es un fracaso de toda la humanidad, tenemos que gritar en voz alta contra la muerte y el daño a las personas civiles inocentes, sean del bando que sean, del país que sean, tengan la religión o raza que sea. Son tiempos difíciles, asistimos a guerras complejas, en las que no se perciben salidas y los llamamientos de alto el fuego, corredores humanitarios, diálogo entre las partes, fracasan por el momento una y otra vez. El ruido que se multiplica es el de los ataques en sus múltiples formas.

Nuestro Papa Francisco, una vez más, nos acaba de decir: “Mi pensamiento se dirige cada día a la gravísima situación en Israel y Palestina. Estoy cerca de todos los que sufren, palestinos e israelíes. Los abrazo en este momento oscuro. Y rezo mucho por ellos. Que cesen las armas, que nunca traerán la paz, y que no se amplíe el conflicto. Basta. Basta, hermanos, ¡basta! En Gaza, que se socorra inmediatamente a los heridos, que se proteja a los civiles, que llegue mucha más ayuda humanitaria a esa población exhausta. Liberad a los rehenes, entre los que hay muchos ancianos y niños. Todo ser humano, ya sea cristiano, judío, musulmán, de cualquier pueblo o religión, todo ser humano es sagrado, es precioso a los ojos de Dios y tiene derecho a vivir en paz. No perdamos la esperanza: recemos y trabajemos incansablemente para que el sentido de humanidad prevalezca sobre la dureza de los corazones”. (Cf. Ángelus, domingo 12 noviembre 2023).

Ya basta de guerras. Estamos llamados a condenar toda guerra, a defender por encima de todo a la población civil y muy especialmente a la niños, enfermos y personas mayores. Apostamos siempre por el diálogo, porque creemos que las negociaciones siempre son posibles y que el camino para la resolución de los peores y más complejos conflictos, nunca serán el daño y la destrucción, mucho menos la muerte de inocentes. La violencia, y muy especialmente las guerras, violan y aniquilan los Derechos Humanos. Pero es imprescindible mantener nuestra posición ética y moral, siempre a favor de la vida de las personas y los pueblos, que nos neguemos y rechacemos sentimientos de venganza, a la desesperanza o a la apatía e indiferencia. Algo debe quedar claro en medio de  estas barbaries: la humanidad merece nuestra fe, la bondad también es inherente al ser humano.

La paz nace en la familia y ésta es la razón fundamental de la Via Pacis dedicada a la familia cristiana y extensivamente a todas las familias, creyentes y no creyentes, a todas las personas de buena voluntad. Los esposos viven la paz como esposos y la transmiten a sus hijos con su ejemplo y formando a sus hijos como constructores de paz. Decimos que la familia es la célula principal de la sociedad, entonces ojalá la paz en la familia será por ello paz en la sociedad nacional e internacional. 

Siempre vemos y contemplamos a la Sagrada Familia de Nazaret viviendo en paz. Y sabiendo que han experimentado situaciones precarias, obligados a migrar y sobrevivir y que solo han sentido la compañía cercana de un grupo de pastores campesinos que cuidaban a la intemperie sus pocos animalitos, soportando el frío de la noche, para que nadie se los robe. En el corral de animales o cueva de Belén encontraron refugio y la manera de protegerse. Allí nace Jesús, el Príncipe de la Paz. Y esta paz es la que estamos llamados a promover y construir, en contacto con Jesús, de generación en generación, hasta cada uno de nosotros. Tengamos presente que desde el Papa Pablo VI, en 1968, celebramos el día primero de enero de cada año la Jornada Mundial de la Paz.

La Vía Pacis reúne el tiempo de adviento y navidad. Al inicio dentro de una atmósfera de adviento y al final en un clima de navidad. Las primeras seis meditaciones nos ayudan a saber esperar el nacimiento de Jesús, la séptima y octava están dedicadas al nacimiento de Jesús, y las seis meditaciones restantes nos ofrecen el don y el regalo que este nacimiento de Jesús provoca en nosotros y nos invita a corresponder.

La Via Pacis, pues, es un medio para meditar y orar. Meditamos con la Palabra de la Sagrada Escritura, y con otros textos a modo de lectura espiritual y con las enseñanzas del magisterio de la Iglesia en especial del Papa Francisco. Oramos pensando en todas las necesidades y situaciones del mundo, las guerras actuales en muchos países, la situación actual en nuestro Perú, la grave crisis democrática en que estamos inmersos, la corrupción, la falta de trabajo, el abandono de los más vulnerables, la falta de amor, de cariño, de comprensión y ayuda mutua en nuestra vida familiar, etc. 

Que la Via Pacis nos ayude a vivir el tiempo de adviento, tiempo de espera y esperanza del nacimiento de Jesús, como un verdadero regalo para nuestra familia, para cada uno de nosotros, para todos los hombres y mujeres en todo el mundo, y promovamos la armonía, la concordia, la justicia, la solidaridad, el afecto, el amor, la alegría en servir a los hermanos, la búsqueda del vivir juntos como hermanos, en definitiva, que vivamos el don de la Paz, como don de Dios que requiere que nosotros lo edifiquemos sobre sólidos cimientos.

Roma, 26 noviembre del 2023, en la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo

Benjamín Crespo López de Castilla, S.J.




LECTURA ESPIRITUAL: 

PAPA FRANCISCO: FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARET. 

Ángelus, Plaza de San Pedro, Domingo, 26 de diciembre de 2021

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy celebramos la Sagrada Familia de Nazaret. Dios eligió a una familia humilde y sencilla para venir entre nosotros. Contemplemos la belleza de este misterio, destacando también dos aspectos concretos para nuestras familias.

El primero: la familia es la historia de la que provenimos. Cada uno de nosotros tiene su propia historia, nadie nació mágicamente, con una varita mágica, cada uno de nosotros tiene una historia y la familia es la historia de la que venimos. El Evangelio de la liturgia de hoy nos recuerda que Jesús es también hijo de una historia familiar. Lo vemos viajar a Jerusalén con María y José para la Pascua; luego hace preocupar a su madre y a su padre, que no lo encuentran; una vez encontrado, vuelve a casa con ellos (cf. Lc 2,41-52). Es hermoso ver a Jesús insertado en la red de afectos familiares, naciendo y creciendo en el abrazo y la preocupación de los suyos. Esto es importante también para nosotros: venimos de una historia entretejida de lazos de amor y la persona que somos hoy nace, no tanto de los bienes materiales que hemos gozado, sino del amor que hemos recibido, del amor en el seno de la familia. Puede que no hayamos nacido en una familia excepcional y sin problemas, pero es nuestra historia ―cada uno debe pensar: es mi historia―, son nuestras raíces: ¡si las cortamos, la vida se seca! Dios no nos creó para ser caballeros solitarios, sino para caminar juntos. Démosle las gracias y recemos por nuestras familias. Dios piensa en nosotros y quiere que estemos juntos: agradecidos, unidos, capaces de proteger nuestras raíces. Y tenemos que pensar en esto, en la propia historia.

El segundo aspecto: aprendemos a ser una familia cada día. En el Evangelio vemos que incluso en la Sagrada Familia no todo va bien: hay problemas inesperados, angustia, sufrimiento. No existe la Sagrada Familia de las estampitas. María y José pierden a Jesús y lo buscan angustiados, luego lo encuentran después de tres días. Y cuando, sentado entre los maestros del Templo, responde que debe atender los asuntos de su Padre, no lo entienden. Necesitan tiempo para aprender a conocer a su hijo. Así es también para nosotros: cada día, en la familia, hay que aprender a escucharnos y comprendernos, a caminar juntos, a afrontar los conflictos y las dificultades. Es el reto diario, y se gana con la actitud adecuada, con pequeñas atenciones, con gestos sencillos, cuidando los detalles de nuestras relaciones. Y también esto, nos ayuda mucho hablar en familia, hablar en la mesa, el diálogo entre padres e hijos, el diálogo entre hermanos, nos ayuda a vivir esta raíz familiar que viene de los abuelos, el diálogo con los abuelos.

¿Y cómo se hace esto? Fijémonos en María, que en el Evangelio de hoy dice a Jesús: «Tu padre y yo te estábamos buscando» (v. 48). Tu padre y yo; no dice yo y tu padre: ¡antes del “yo” está el “tú”! Aprendamos esto: antes del yo está el tú. En mi idioma hay un adjetivo para las personas que dicen primero “yo” y luego “tú”: “yo, me, conmigo, para mí y en mi beneficio”. Gente que es así, primero yo y luego tú. No, en la Sagrada Familia, primero el tú y luego el yo. Para preservar la armonía en la familia, hay que luchar contra la dictadura del “yo”.  Cuando el “yo” se infla. Es peligroso cuando, en lugar de escucharnos, nos reprochamos nuestros errores; cuando, en lugar de preocuparnos por los demás, nos centramos en nuestras propias necesidades; cuando, en lugar de hablar, nos aislamos con nuestros teléfonos móviles; es triste ver a una familia en la comida, cada uno con su teléfono móvil sin hablar con los demás; cada uno habla con su teléfono; cuando nos acusamos unos a otros, repitiendo siempre las mismas frases, escenificando una comedia ya vista en la que cada uno quiere tener razón y al final hay un frío silencio. Ese silencio cortante y frío después de una discusión familiar. ¡Eso es feo, feísimo! Repito un consejo: por la noche, después de todo, hagan las paces. Siempre. No vayan a dormir sin hacer las paces. Nunca vayan a dormir sin haber hecho las paces, porque si no, al día siguiente habrá una “guerra fría·. Y esta es peligrosa porque comenzará una historia de reproches, una historia de resentimientos. ¡Cuántas veces, por desgracia, nacen conflictos dentro de las paredes del hogar como resultado de silencios demasiado largos y egoísmos no curados! A veces incluso se llega a la violencia física y moral. Esto rompe la armonía y mata a la familia. Pasemos del “yo” al “tú”. Lo que debe importar más en la familia es el “tú”. Y cada día, por favor, recen un poco juntos, si pueden hacer el esfuerzo, para pedir a Dios el don de la paz en familia. ¡Y comprometámonos todos ―padres, hijos, Iglesia, sociedad civil― a apoyar, defender y proteger la familia que es nuestro tesoro!

Que la Virgen María, esposa de José y madre de Jesús, proteja a nuestras familias.



ORACIÓN A LA SAGRADA FAMILIA

Jesús, María y José
en ustedes contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a ustedes, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José,
escuchen, acojan nuestra súplica.

Amén.





CELEBRACIÓN INICIAL

MARÍA RESPONDIÓ: YO SOY LA ESCLAVA DEL SEÑOR 







Canto de Adviento: La Virgen sueña caminos:

 

Todos: Antífona: “Que los cielos manden de lo alto, como lluvia, y que de las nubes descienda a nosotros el justo; que se abra la tierra y produzca su fruto, que es la salvación, y al mismo tiempo florezca la justicia, porque soy yo, Yavé, quien lo envió” Cf. Isaías 45, 8).

Lector: Oración: Concede a tus fieles, Dios todopoderoso, el deseo de salir acompañados de buenas obras al encuentro de Cristo que viene, para que, colocados a su derecha, merezcan poseer el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Lector: Escuchemos con atención el texto del evangelio del anuncio del ángel a María. Sólo al SI de María, la Virgen de Nazaret, el Verbo de Dios se ha hecho carne y ha venido a habitar en medio de nosotros.

 

LECTURA BÍBLICA: Lector: del evangelio según San Lucas 1, 26 - 38

Cuando Isabel ya tenía seis meses de embarazo, Dios mandó al ángel Gabriel a Nazaret, un pueblo de la región de Galilea. El ángel llevaba un mensaje para una joven llamada María. Ella estaba comprometida para casarse con José, quien era descendiente del rey David. El ángel entró a donde estaba María, la saludó y le dijo: —¡Dios te ha bendecido de manera especial! El Señor está contigo. María se sorprendió mucho al oír un saludo tan extraño, y se preguntaba qué significaba eso. Entonces el ángel le dijo: —No tengas miedo, María, porque Dios te ha dado un gran privilegio. Vas a quedar embarazada; y tendrás un hijo, a quien le pondrás por nombre Jesús. Este niño llegará a ser muy importante, y lo llamarán “Hijo del Dios altísimo”. Dios lo hará rey, como hizo con su antepasado David; gobernará a la nación de Israel para siempre, y su reinado no terminará nunca. María le preguntó al ángel: —¿Cómo pasará esto, si aún no me he casado?  El ángel le contestó: —El Espíritu Santo se acercará a ti; el Dios altísimo te cubrirá con su poder. Por eso el niño vivirá completamente dedicado a Dios, y será llamado “Hijo de Dios”. Tu prima Isabel, aunque ya es muy vieja, también va a tener un hijo. La gente pensaba que ella nunca podría tener hijos, pero hace ya seis meses que está embarazada.  Eso demuestra que para Dios todo es posible. María respondió: —Yo soy la esclava del Señor. Que suceda todo tal como me lo has dicho. Y el ángel se fue. Palabra de Dios.

 

HIMNO: QUÉ HERMOSOS SON LOS PIES

 

¡Qué hermosos son los pies

del que anuncia la paz a sus hermanos!

¡Y qué hermosas las manos

maduras en el surco y en la mies!

 

Grita lleno de gozo,

pregonero, que traes noticias buenas:

se rompen las cadenas,

y el sol de Cristo brilla esplendoroso.

 

Grita sin miedo, grita,

y denuncia a mi pueblo sus pecados;

vivimos engañados,

pues la belleza humana se marchita.

 

Toda yerba es fugaz,

la flor del campo pierde sus colores;

levanta sin temores,

pregonero, tu voz dulce y tenaz.

 

Si dejas los pedazos

de tu alma enamorada en el sendero,

¡qué dulces, mensajero,

qué hermosos, que divinos son tus pasos! Amén.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES:  Expresar nuestras peticiones

 

ORACIÓN FINAL

Señor, ayúdanos a prestar atención a todos nuestros hermanos, a todo lo que acontece cada día, a nuestra vida personal y familiar, a emplear el tiempo con sabiduría, a dedicarlo con entrega y generosidad en el servicio cotidiano. Enséñanos el arte de sabernos escuchar unos a otros, a ser acogedores de todos sin juzgar a ninguno, a comprender nuestros sentimientos y todo aquello que conservamos en nuestro corazón. Que siempre podamos aprender a valorizar la experiencia de dejarnos transformar por el diálogo respetuoso, a compartir con sinceridad nuestro corazón, a acoger con apertura, respeto y tolerancia a todos en su radical unicidad. Danos tu gracia para caminar siempre juntos al servicio de todo el santo pueblo fiel de Dios, viviendo cada día nuestra vocación y misión. Que así sea.

 

 



PRIMERA CONTEMPLACIÓN

EL EMPERADOR CÉSAR AUGUSTO ORDENA EMPADRONARSE

(Lucas 2, 1-3)




Mira, concebirás y darás a luz un hijo,

a quien llamarás Jesús. (Lucas, 1, 31)


Canto de Adviento: 


Lector: En el principio la Palabra existía y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.

Todos: Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros.

Lector: Del Evangelio según san Lucas (2, 1-3)

En aquellos días salió un decreto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.


LECTURA BÍBLICA: Lector: del Profeta Isaías, 2, 1-5:

“Lo que vió Isaías, hijo de Amós, tocanta a Judá y Jerusalén. Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahvéh será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones y acudirán pueblos numerosos. Dirán: Vengan, subamos al monte de Yahvéh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos. Pues de Sión saldrá la Ley y de Jerusalén la palabra de Yahvéh. Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Harán arados de sus espadas y sacarán herramientas para cortar las hierbas. Una nación no levantará la espada contra otra y no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, en marcha, caminemos a la luz de Yahvéh”.

Todos: Te alabamos, Señor.


ORACIÓN DE LOS FIELES:  Peticiones personales


HIMNO FINAL

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos, a ti nuestra alabanza, a ti, Padre del cielo, te aclama la creación. Postrados ante ti, los ángeles te adoran y cantan sin cesar: santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo; llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles, la multitud de los profetas te enaltece, y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

A ti la Iglesia santa, por los confines extendida, con júbilo te adora y canta tu grandeza: Padre, infinitamente santo, Hijo eterno, unigénito de Dios, Santo Espíritu de amor y de consuelo.

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria, tú el Hijo y Palabra del Padre, tú el Rey de toda la creación. Tú, para salvar al hombre, tomaste la condición de esclavo en el seno de una virgen. Tú destruiste la muerte y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

Tú vives ahora, inmortal y glorioso, en el reino del Padre. Tú vendrás algún día, como juez universal. Muéstrate, pues, amigo y defensor de los hombres que salvaste. Y recíbelos por siempre allá en tu reino, con tus santos elegidos.

Salva a tu pueblo, Señor, y bendice a tu heredad. Sé su pastor, y guíalos por siempre. Día tras día te bendeciremos y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

Dígnate, Señor, guardarnos de pecado en este día. Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. A ti, Señor me acojo, no quede yo nunca defraudado.


ORACIÓN FINAL

Lector: Oremos: Señor, despierta en tus fieles el deseo de prepararse a la venida de Cristo por la práctica de las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Bendigamos al Señor.

Todos: Demos gracias a Dios. 



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