VII Domingo del Tiempo Ordinario - A: Amar a los enemigos




P. Adolfo Franco, jesuita.

Mt. 5, 38-48

Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente.» Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto. Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos. Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda.
Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo.» Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así. Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo.
Palabra del Señor

Jesús nos invita un amor sin límites imitando a nuestro Padre del cielo.

No podemos negar que esta página del Evangelio nos produce al menos desconcierto, si no rechazo. Primero Jesús impugna toda reivindicación, la reivindicación que encierra la conocida frase de “Ojo por ojo, diente por diente”. Y rechaza esta norma con una propuesta desafiante: si alguien te pega en una mejilla, preséntale la otra. Jesús va a llenar de ejemplos y de referencias concretas la enseñanza que pretende inculcarnos: Si alguien te quita la túnica, no le pongas pleito y además regálale también la capa. Algunos al leer estas propuestas de Jesús, pueden preguntarse ¿se puede tomar en serio esa norma de conducta que Jesús nos enseña?

Pero sigamos con las propuestas de Jesús: si alguien te pide el favor de que le acompañes una milla, sé generoso y acompáñale dos; tienes que amar a tu enemigo, y debes orar por los que te hacen daño y te fastidian.

Y redondea esto con la comparación del Padre celestial, que debe ser nuestro modelo en el amor a los hermanos. Y para que quede más claro nos dice que si no actuamos así, con generosidad en el amor seremos como los publicanos y los gentiles; o sea no seremos cristianos, sino que actuaremos como los que no conocen a Dios. Para ser discípulo de Cristo de verdad, hay que tener amor al prójimo y tenerle un amor como el del Padre Celestial.

Esta es la enseñanza de Jesús, y nos preguntamos ante ella ¿es esto posible? ¿se puede actuar así? Y se nos ocurren muchas situaciones para comprobar que no es posible poner en la práctica esa enseñanza que la calificaríamos de “utópica”. ¿Es un imposible, es irreal lo que nos propone Jesús?

Desde luego que es una meta elevada, a la que debemos aspirar para vivir realmente como Cristo nos enseña. El nos enseñó con su vida, lo que aquí nos enseña con su palabra. El vino a este mundo y sabía que iba a ser rechazado, perseguido desde niño, incomprendido, lo descalificaron, le llamaron de todo, desde loco hasta blasfemo; le decían comilón, y amigo de borrachos, que no cumplía el sábado, porque hacía el bien en sábado, y el delito que cometió y que colmó el vaso y determinó su muerte fue el haber resucitado a Lázaro. Y este Jesús, que nos enseña esa doctrina tan elevada, desde la cruz pide perdón a su Padre para sus enemigos, que se están burlando de El.

El ha redimido a todos, a los fariseos y a los sumos sacerdotes que lo condenaron; El ha muerto y ha redimido a los ateos, a los perseguidores de los cristianos, murió por Nerón y por los demás emperadores romanos que quisieron aniquilar la Iglesia naciente; El ha muerto y ha redimido a los que en todos los tiempos lo rechazan, a los que escriben contra El, a todos los que lo ofenden de diversas maneras, a los que causan desgarros en su Iglesia. A todos los quiere salvar y por todos ha derramado su sangre. Por eso nos puede decir que amemos a nuestros enemigos, y que oremos por los que nos persiguen.

Y en esta conducta ha tenido imitadores:  cuántos mártires de la antigüedad y de la actualidad han rezado por sus enemigos, por sus verdugos y los han perdonado, en Roma, en África o en Vietnam; en todas las épocas de la historia.

Pero además hay que reflexionar en otros aspectos del problema. Y primero darnos cuenta que todo sentimiento hostil le hace daño a nuestro corazón; si supiéramos sacarlo del centro de nuestro corazón, tendríamos el corazón más sano. Vivir de los rencores no es una forma buena de vivir. Muchas veces nos ofendemos por cosas nimias que no tienen mayor importancia, o por cosas que nos parece que nos han hecho, cuando en realidad no nos han hecho nada y todo eso deriva simplemente de nuestra susceptibilidad. Ayuda mucho no sólo perdonar las ofensas, sino incluso no sentirse ofendido, por palabras que se lleva el viento o por gestos que desaparecen en cuanto damos media vuelta.

El enemigo necesita nuestra oración para que no siga siendo enemigo; muchas personas son agrestes porque tienen un pasado en que no han sido enseñadas a amar y necesitan curación, y nuestra oración y nuestro amor pueden ayudar a curarlas. No sabemos nunca el pasado de los otros, y de por qué llegan a ser como son.

Mirar a toda persona simplemente como hijo de Dios, es mirarlas como Dios las mira, y nos predispondrá favorablemente al juzgar su conducta y al reaccionar frente a acciones que pudieran herirnos.




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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

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Libros Sapienciales: Textos para leer y orar



P. Fernando Martínez Galdeano, S.J.

Los sapienciales son de esos libros para ser leídos de forma ocasional, conforme al estado de ánimo del momento y hojeando como por azar sus páginas. Supuesto este criterio práctico, no estará de más el ofrecer aquí algunas de sus perlas para una lectura más metódica.

Comenzando por el escrito de los Proverbios, podemos dejarnos empapar de su presentación (1,1-9); de su fuerte motivación para conseguir la sabiduría (2,1-17; 3,13-26; 4,1-9); podemos sorprendernos por la personificación de la sabiduría como si fuera un icono de Dios (8,1-36; 9,1-6); y podemos saltar hasta el final para dejarnos seducir con la imagen idealizada de la mujer valiosa (31,10-31).

Acerca de la masa de refranes, un lector avispado podría hacer el intento de clasificarlos y ordenarlos según temas positivos, sean éstos humanos o religiosos. Sobre el poder y la justicia, el tipo de mujer perfecta, el trabajo y el dinero, el respeto de Dios, la conducta según la Ley, etc.

Pasemos al libro del honesto y paciente Job. Hemos de evitar su lectura corrida de principio a fin, pues sentiríamos el cansancio que producen sus discursos brillantes, pero repetitivos. Su línea circular del interés, su guión se esconde en la aceptación “positiva” del dolor y del sufrimiento en las personas cuya conducta de fe es justa y desinteresada. ¿Puede tener algún significado el sufrimiento de estas personas inocentes y justas? La actitud del lector orante habrá de ser la de escucha, incluso ante el silencio incomprensible de un Dios que ama a los hombres “de buena voluntad”.

Job siente su propia miseria como algo intolerable y su máximo deseo será morir antes que vivir en aquella miseria y frustración (3,1-26); el mismo Dios es causa de su gran dolor (6,1-7,21); ¿es que el hecho de ser un Dios tan poderoso justifica su actuación en este caso flagrante sobre un hombre honesto? (cap. 9 y 10); yo (Job) no puedo pelear así contra Dios, pero le suplico que no se esconda en el silencio y que me responda y me ilumine al menos con su modo de ver (cap. 12-14; 16-17); tengo confianza en que Dios mismo sabrá defenderme y no acusarme como lo hacéis vosotros mis amigos (19,1-29); deseo encontrar a Dios pero siento un respeto y un miedo intenso (cap. 23-24); Job se ve a sí mismo inocente, y también injustamente maltratado (cap. 29-31); y por fin, Dios mismo le responde. El no actúa como los hombres. Job ha de confiar en el, mas allá de cualquier esperanza (cap. 38-41); y Job incluso en la oscuridad del sufrimiento es capaz de mantener su fe (42,1-6).

Para leer con fruto el libro del Eclesiastés (Qohélet) conviene ponerse en sintonía con él. Todo lo existente, incluida nuestra propia vida, tiene un valor relativo. El único que vale de verdad es Dios. Y la muerte pareciera que acaba con nuestra existencia toda. Pues bien, —señala el autor—, aunque la experiencia sea ésta, vivamos conforme a la sabiduría que pro¬viene de Dios. Disfrutemos a su tiempo de los placeres honestos de esta vida temporal y mantengamos nuestra confianza en este mismo Dios, incluso frente a una muerte ineludible que se nos presenta así como un término de sombras y oscuridad.

Esta linea del autor, iluminada por la fe en un Jesucristo (como un ser viviente y actual) acrecienta sin duda en nosotros el desapego y desprendimiento de lo temporal, al tiempo que nos ofrece un horizonte de futuro confiado quizás lejano, bajo el reinado de un Dios bueno. El Eclesiastés tiene su hondura y nos dispone a aceptar con fe serena y en paz, la misma vida y la muerte. Se intuye el que la persona esperanzada existe con una mayor dignidad y felicidad, incluso en esta vida.

Se puede hacer una provechosa lectura, con los párrafos y versículos siguientes: nada novedoso hay bajo el sol que brilla (1,1-11); todo tiene su tiempo oportuno (3,1-15); la sabiduría (8,16-9,18); juventud y vejez que acaba (11,7-12,8).

Sobre el libro del Eclesiástico (Sirácida) y de forma parecida a lo indicado para la lectura del escrito de los Proverbios (véase más arriba) se pueden agregar colecciones de textos según ciertos temas, conforme al interés personal del lector. Apuntamos algunos capítulos y versículos: el temor y el respeto de Dios, vía hacia el saber pleno (1,11-20; 32,14-24; 34,13-17); paciencia y fidelidad (2,1-18); gozo en la sabiduría (4,11-19; 14,20-15,10; 37,16-26; 39,1-11); la verdadera amistad (6,5-17; 22,19-26; 37,1-6); el trato con las mujeres (9,1-9; 26,1-18); el aceptarse y el existir uno mismo (10,26-11,6); Dios como creador y Señor (16,24-17,14; 39,12-35; 42,15^13,33); y el retrato del sumo sacerdote Simón (50,1-21) que es un poema. El inspirado apéndice (cap. 51) es de recomendada y obligada lectura.

Los primeros cristianos aducían los textos del libro de la Sabiduría, el último del A.T., para demostrar los signos mesiánicos que ya se anunciaban sobre la muerte del “justo” (cap. 1-5). Pero su alma y corazón se halla en el elogio que se hace de la sabiduría y en cómo adquirirla (cap. 6-9).


UN PLAN DE VEINTE DÍAS

  1. Prólogo y motivación para adquirir la sabiduría (Prov 1,1-4,27).
  2. Recomendaciones iniciales; elogio de la sabiduría (Prov 5,1-9,18).
  3. Puede hojearse la gran colección de origen salomónico (Prov 10,1-22,16).
  4. Véase la colección de inspiración egipcia (Prov 22,17-24,22). Puede verse la colección de los sabios y la de Ezequías (Prov 24,23-29,27).
  5. Otras colecciones más recientes (Prov 30,1 -31,31). La prueba de Job, permitida por Dios (Job 1,1-3,26).
  6. Palabras de un amigo: hemos de poner la confianza en Dios (Job 4,1-5,27). Respuesta de Job: sólo el que sufre conoce lo que es sufrir (Job 6,1 -7,21).
  7. Diálogo entre amigos sobre la justicia divina y su sabiduría (Job 6,1-14,22).
  8. Los amigos le acusan de arrogancia; pero sólo Dios será su abogado (Job 15-21).
  9. Job insiste en que su sufrimiento no procede de su pecado (Job 22-27).
  10. Job se defiende y suplica de Dios una respuesta directa (Job 28-31).
  11. Discursos explicativos de un nuevo interlocutor (Job 32-37).
  12. Dios mismo responde a Job desde la tormenta (Job 32-41). La fe de Job y su aceptación por Dios que restaura su bienestar (Job 42,1-17).
  13. Primera parte: ¡vanidad de vanidades! (Ecl 1-6).
  14. Segunda parte: disfruta de la vida pero en el respeto de Dios (Ecl 7-12).
  15. Sabiduría, dominio de sí y temor de Dios (Eclo 1,1 -2,18). Pueden hojearse los consejos sobre la vida personal, familiar y social (Eclo 3-23).
  16. Elogio de la Sabiduría y su relación con la Ley (Eclo 24,1-34). Los proverbios aún actuales para una vida recta (Eclo 25,1-42,14).
  17. Sobre la gloria de Dios en la naturaleza e historia de Israel (Eclo 42,15-50,29). Acción de gracias y búsqueda de la sabiduría desde la juventud (Eclo 51,1-30).
  18. La Sabiduría y la muerte (Sab 1,1-5,23).
  19. Elogio de la Sabiduría y oración para alcanzarla (Sab 6,1-9,18).
  20. La Sabiduría en la historia de Israel (10,1-19,22).


LOS PENSAMIENTOS DE LOS HOMBRES SON INCIERTOS E INSEGURAS NUESTRAS IDEAS, PUES UN CUERPO CORRUPTIBLE AGOBIA EL ALMA Y ESTA MORADA DE TIERRA ABRUMA EL ESPÍRITU LLENO DE PREOCUPACIONES. (...) ¿QUIÉN PUDO CONOCER TU VOLUNTAD, SI TÚ NO LE HUBIERAS DADO LA SABIDURÍA Y NO LE HUBIERAS ENVIADO DE LO ALTO TU ESPÍRITU SANTO? (Sab. 9,14-15.17) 


DE TUS ENEMIGOS APÁRTATE, Y DE TUS AMIGOS NO TE FÍES. EL AMIGO FIEL ES SEGURO REFUGIO, EL QUE LE ENCUENTRA, HA ENCONTRADO UN TESORO.
EL AMIGO FIEL NO TIENE PRECIO, NO HAY PESO QUE MIDA SU VALOR.
EL AMIGO FIEL ES REMEDIO DE VIDA, LOS QUE TEMEN AL SEÑOR LE ENCONTRARÁN. EL QUE TEME AL SEÑOR ENDEREZA SU AMISTAD, PUES COMO ÉL ES, SERÁ SU COMPAÑERO, (Eclo 6,13-17) 


NO TE DEJES VENCER POR LA TRISTEZA NI ABATIR POR TU PROPIA CULPA; ALEGRÍA DE CORAZÓN ES VIDA DEL HOMBRE, EL GOZO ALARGA SUS AÑOS; CONSUÉLATE, RECOBRA EL ÁNIMO, ALEJA DE TÍ LA PENA, PORQUE A MUCHOS HA MATADO LA TRISTEZA, Y NO SE GANA NADA CON LA PENA. CELOS Y CÓLERA ACORTAN LOS AÑOS, LAS PREOCUPACIONES AVIEJAN ANTES DE TIEMPO. CORAZÓN ALEGRE ES GRAN FESTÍN QUE HACE PROVECHO AL QUE LO COME, (Eclo 30,21-25) 




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Agradecemos al P. Fernando Martínez, S.J. por su colaboración.
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Teología fundamental. 3. La Revelación - Religión revelada



P. Ignacio Garro, jesuita
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


3. LA RELIGIÓN REVELADA O REVELACIÓN 

3.1. Naturaleza de la Revelación 

3.1.1. Noción 

La Revelación es la manifestación que Dios hace a los hombres en forma extraordinaria, de algunas verdades religiosas, imponiéndoles la obligación de creerías. 

Se dice: "en forma extraordinaria", para distinguirla del conocimiento natural y ordinario que alcanzamos por la razón.

Generalmente Dios revela así: manifiesta las verdades que desea se conozcan a algún hombre elegido por El, le manda que las enseñe a los demás, y comprueba con milagros que en verdad El las reveló. 

"Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de Sí mismo, revelándose a Sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y, después de la muerte, en la luz sempiterna" (Pablo VI, El Credo del Pueblo de Dios, n. g).


3.1.2. Revelaciones públicas y privadas 

Hablando en un sentido general, podemos distinguir dos clases de revelaciones: la Revelación pública y las Revelaciones privadas. 

1º. Revelación pública es la que ha hecho Dios directamente para la utilidad de todo el género 
humano. Por ejemplo, la hecha a Moisés en el Sinaí y la efectuada por Nuestro Señor Jesucristo. 

2º. Revelaciones privadas son las que ha hecho a algunas personas para su utilidad particular. 

Ejemplos: las hechas a Santa Gertrudis, a Santa Teresa de Jesús, a Santa Margarita María cuando Nuestro Señor le pidió el establecimiento de la fiesta del Sagrado Corazón y de la devoción de los primeros viernes, etc.

La Revelación pública ha sido hecha por Dios directamente para la utilidad de todo el género 
humano, e impone la obligación de aceptarla a todos los hombres. 

Las revelaciones privadas directamente son hechas para la utilidad particular, y no imponen la obligación de aceptarlas sino a las personas a quienes fueron hechas, o a las personas que tienen plena certeza de ellas, lo que ocurre 
raras veces. 

Respecto a las revelaciones privadas conviene advertir:

a). Las revelaciones privadas no forman parte de la fe, ni enseñan verdades nuevas; sino que han sido hechas para ilustrar las verdades ya reveladas, y hacernos adelantar en la perfección cristiana. 

b). La Iglesia no las aprueba sino después de maduro examen; y al aprobarlas no pretende enseñar que cuanto de ellas se diga sea verdadero, ni mucho menos hacerlas obligatorias. Únicamente garantiza que en ellas no se dice nada contrario a la fe y a las buenas costumbres. 

c). No podemos despreciar las revelaciones privadas, pues en general contienen enseñanzas de gran utilidad para la vida cristiana. 

d). Algunas veces la aprobación de la Iglesia no es una simple certificación de que no hay en ellas nada contra la fe y la moral; sino una afirmación de su origen divino. Tal pasa, por ejemplo, con las revelaciones de¡ escapulario del Carmen a San Simón Stok, de la devoci6n al Sagrado Corazón a Santa Margarita María, etc. Aunque en ningún caso llegan a ser artículo de fe. 

Las demás revelaciones sólo nos merecen fe humana, de acuerdo con las condiciones intelectuales y morales de la persona que las tuvo.

La Revelación pública terminó con los Apóstoles: después de ellos Dios no ha revelado 
nuevas verdades que sean objeto de fe. 


3.1.3. Contenido de la Revelación 

"Por la divina Revelación Dios quiso comunicarse El mismo y también los decretos eternos de su voluntad acerca de la salvación de los hombres, para hacerles partícipes de los bienes divinos que sobrepasan de modo absoluto la inteligencia de la mente humana" (Conc. Vaticano II, Const. dogm. De¡ Verbum, núm. 6).

El contenido de la Revelación es el mismo Dios y sus decretos eternos de salvación. De estas verdades: 

a). Unas no podía conocer nuestra razón; 

b). Otras podía conocerlas, pero con mucha dificultad e incertidumbre. 

Así de ninguna manera podíamos conocer el misterio de la Santísima Trinidad. Podíamos conocer, pero con dificultad, incertidumbre y mezcla de error otras verdades; por ejemplo, que no hay sino un solo Dios, y que es Espíritu Puro y Creador de cuanto existe, que el alma humana es inmortal, etc.

1º. Dios ha querido revelarnos verdades que de, ninguna manera podíamos conocer por la pura razón, con el objeto de darnos a conocer el orden sobrenatural. 
El orden sobrenatural consiste en la elevación del hombre por la gracia santificante, de simple criatura a la dignidad de hijo de Dios y heredero del cielo. Y también en los medios que Dios eligió para devolvernos la grada y el derecho al cielo que perdimos por el pecado; principalmente 
los misterios de la Encarnación y Redención.

2º. Dios quiso manifestarnos verdades que nuestra razón podía conocer pero con dificultad, incertidumbre y mezcla de error, para que todos - los hombres pudieran conocerla con facilidad, con certeza y sin mezcla de error (cfr. Conc. Vaticano I, Const. dogm. Dei Filius, Dz. 1786). 


3.2. NECESIDAD DE LA REVELACIÓN 

3.2.1. Necesidad absoluta y necesidad moral 

Una cosa puede ser necesaria de dos modos: 

a). Es absolutamente necesaria, cuando sin ella nos es de todo punto imposible conseguir lo que deseamos. 

b). Es moralmente necesaria cuando sin ella podemos alcanzar lo que deseamos, pero con grave dificultad y deficiencias. 

Así sin estudiar en alguna forma nos es absolutamente imposible aprender. Y sin maestro nos es muy difícil, esto es, casi imposible aprender una ciencia con alto grado de dificultad, como la física nuclear o la filosofía. 

En efecto son muy pocos los que tienen la inteligencia y la constancia suficientes para coronar solos un estudio de esa naturaleza. 

Además, los que estudian sin maestro están expuestos a graves deficiencias, por ejemplo errores, dudas, lagunas; a hacer un estudio errado. incompleto y poco firme.

3.2.2. En qué sentido es necesaria la Revelación 

La Revelación es absolutamente necesaria en un sentido, y moralmente necesaria en otro.

1º. La Revelación es absolutamente necesaria para conocer el orden sobrenatural, al que Dios se dignó elevarnos. 

"Puesto que nos elevó al orden sobrenatural, era indispensable que nos manifestara ese orden", dice Santo Tomás (S. Th., q. 1, a. l). 

¿Qué gana un niño con que una persona muy rica lo acepte por hijo, y lo nombre heredero de 
una cuantiosa suma, si no le avisa que lo constituyó heredero, ni las condiciones necesarias para recibir la herencia? De la misma manera, ¿qué habríamos ganado con que Dios nos hubiera hecho sus hijos y herederos, si no nos hubiera revelado nuestra condición de hijos y los medios necesarios para alcanzar la herencia del cielo?

2º. La Revelación es moralmente necesaria para que las verdades religiosas de orden natural puedan ser conocidas por todos con facilidad, con firme certeza y sin mezcla de error alguno 
(cfr. Dz. 1786, Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, n. 6). 

En efecto, aunque no es imposible que los mejores dotados puedan llegar por sí solos a esos conocimientos, lo harán con dificultad e incertidumbre, y, para la generalidad de los hombres la Revelación seguiría siendo necesaria. 

Ya Santo Tomás advertía que gran parte de los hombres por carecer de talento, o de tiempo, o de formación, o por hallarse dominados por pasiones e intereses personales, no llegarían por sí mismos a este conocimiento (cfr. C. G., 1, 4).

Por su parte, también la historia prueba esta necesidad: aun los más grandes filósofos de la antigüedad cayeron en graves errores de orden religioso y moral; y que los pueblos a quienes no ha llegado actualmente la luz de la Revelación viven aún hoy sumergidos en graves errores. 



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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.
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Catequesis del Papa sobre las Bienaventuranzas: 4, «Bienaventurados los mansos»




PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Aula Pablo VI
Miércoles, 19 de febrero de 2020


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la catequesis de hoy abordamos la tercera de las ocho bienaventuranzas del Evangelio de Mateo: «Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra» (Mt 5,4).

El término “manso” usado aquí significa literalmente dulce, suave, gentil, no violento. La mansedumbre se manifiesta en los momentos de conflicto, se puede ver por la forma en que se reacciona a una situación hostil. Cualquiera puede parecer manso cuando todo está tranquilo, pero ¿cómo reacciona “bajo presión” si es atacado, ofendido, agredido?

En un pasaje, San Pablo recuerda «la mansedumbre y la dulzura de Cristo» (2Cor 10,1). Y San Pedro, a su vez, recuerda la actitud de Jesús en la Pasión: no respondió ni amenazó, porque «se confió al que juzga con justicia» (1P 2,23). Y la mansedumbre de Jesús se ve con fuerza en su Pasión.

En la Escritura la palabra “manso” también indica el que no tiene propiedad de la tierra; y por lo tanto nos llama la atención el hecho de que la tercera bienaventuranza diga precisamente que los mansos “heredarán la tierra”.

En realidad, esta bienaventuranza cita el Salmo 37, que escuchamos al principio de la catequesis. Allí también la mansedumbre y la posesión de la tierra están relacionadas. Estas dos cosas, pensándolo bien, parecen incompatibles. De hecho, la posesión de la tierra es el ámbito típico del conflicto: a menudo se lucha por un territorio, para conseguir la hegemonía de una determinada zona. En las guerras, el más fuerte prevalece y conquista otras tierras.

Pero observemos con atención el verbo utilizado para indicar la posesión de los mansos: no conquistan la tierra; no dice “bienaventurados los mansos porque conquistarán la tierra”. La heredan. Bienaventurados los mansos porque “heredarán” la tierra. En las Escrituras, el verbo “heredar” tiene un significado aún más grande. El Pueblo de Dios llama “herencia” precisamente a la tierra de Israel, que es la Tierra de la Promesa.

Esa tierra es una promesa y un regalo para el pueblo de Dios, y se convierte en un signo de algo mucho más grande que el mero territorio. Hay una “tierra” —permitidme el juego de palabras— que es el Cielo, es decir, la tierra hacia la que caminamos: los nuevos cielos y la nueva tierra hacia la que vamos (cf. Is 65,17; 66,22; 2P 3,13; Ap 21,1).

Entonces el manso es aquel que “hereda” el más sublime de los territorios. No es un cobarde, un “perezoso” que se encuentra una moral cómoda para no meterse en problemas. ¡Nada de eso! Es una persona que ha recibido una herencia y no quiere dispersarla. El manso no es una persona complaciente, sino el discípulo de Cristo que ha aprendido a defender otra tierra bien distinta. Defiende su paz, defiende su relación con Dios, defiende sus dones, los dones de Dios, defendiendo la misericordia, la fraternidad, la confianza, la esperanza. Porque las personas mansas son personas misericordiosas, fraternas, confiadas y personas con esperanza.

Aquí debemos mencionar el pecado de la ira, un gesto violento cuyo impulso todos conocemos. ¿Quién no se ha enfadado alguna vez? Todos. Debemos volver al revés la bienaventuranza y preguntarnos: ¿Cuántas cosas hemos destruido con la ira? ¿Cuántas cosas hemos perdido? Un momento de ira puede destruir muchas cosas; se pierde el control y no se valora lo que es realmente importante, y se puede arruinar la relación con un hermano, a veces sin remedio. Por la ira, tantos hermanos no se hablan, se alejan uno del otro. Es lo contrario de la mansedumbre. La mansedumbre reúne, la ira separa.

La mansedumbre, en cambio, conquista muchas cosas. La mansedumbre es capaz de ganar el corazón, salvar amistades y mucho más, porque las personas se enfadan pero luego se calman, se replantean las cosas y vuelven sobre sus pasos, y así se puede reconstruir con la mansedumbre.


La “tierra” a conquistar con la mansedumbre es la salvación de aquel hermano del que habla el mismo Evangelio de Mateo: «Si te escucha, habrás ganado a tu hermano» (Mt 18,15). No hay tierra más hermosa que el corazón de los demás, no hay territorio más bello que ganar que la paz reencontrada con un hermano. ¡Y esa es la tierra a heredar con la mansedumbre!





Tomado de:
http://www.vatican.va/


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I Domingo de Cuaresma - A: Jesús es tentado en el desierto




P. Adolfo Franco, jesuita

CUARESMA
Domingo I

Mateo 4, 1-11

El Espíritu condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo, y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, al final sintió hambre.
Entonces se le acercó el tentador y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan.» Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»
Después el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso en la parte más alta de la muralla del Templo. Y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, pues la Escritura dice: Dios dará ordenes a sus ángeles y te llevarán en sus manos para que tus pies no tropiecen en piedra alguna.» Jesús replicó: «Dice también la Escritura: No tentarás al Señor tu Dios.»
A continuación lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todas las naciones del mundo con todas sus grandezas y maravillas. Y le dijo: «Te daré todo esto si te arrodillas y me adoras.» Jesús le dijo: «Aléjate, Satanás, porque dice la Escritura: Adorarás al Señor tu Dios, y a El sólo servirás.»
Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles a servirle.
Palabra del Señor.


Comienza la cuaresma, y el Señor con el episodio de sus tentaciones nos anima luchar siempre contra el mal.


Hoy empezamos el camino de la Cuaresma. Un camino espléndido que nos lleva hasta el misterio central de Cristo: la Pascua de Salvación. Y, siendo éstos los misterios centrales de la Vida de Cristo y de nuestra Salvación, la Iglesia nos prepara con estos largos días de la Cuaresma.

Este camino empieza con la meditación de las tentaciones de Cristo, esa dramatización que hacen los Evangelios de la lucha entre Cristo y el demonio. También para Cristo toda  su vida fue un camino que se dirigía a la Pascua. Vivía pendiente de que llegase este momento, pues para eso había venido. Y este su camino hacia la Pasión y la Resurrección también fue una continua lucha contra la tentación. La Vida Pública de Jesús fue una lucha continua contra el mal. En este episodio que meditamos hoy el tentador fue el demonio. En otros momentos serán los fariseos y las autoridades, que quisieran otro Mesías. En oportunidades serán las multitudes que lo seguían, que querían hacerlo rey. Y hasta sus apóstoles fueron tentación, tanto que a San Pedro, cuando quiere apartarle del camino de la salvación por la cruz, le dirá: “Apártate de mí, Satanás”.

Sus luchas contra el diablo serán también constantes a través de los innumerables endemoniados que curó durante toda su vida; curaciones milagrosas que son especialmente numerosas en la vida de Cristo.

Las tentaciones de Jesús se reducen a una, ser otra clase de Mesías, apartarse del plan de salvación establecido por el Padre. Pero esa única tentación, en el desierto se presenta de tres formas: convertir las piedras en pan, para satisfacer su hambre; echarse desde lo alto del templo, para que todos lo vieran bajar acompañado de ángeles; y ser dueño de todo el mundo poniéndose a los pies de Satanás.

¿Por qué es tentación hacer un milagro para satisfacer su hambre? Se podría discutir mucho sobre eso, y hacer varias hipótesis para explicarlo; quizá la tentación consistiría en utilizar su poder milagroso en provecho propio, alguna forma de egoísmo; o darle excesiva importancia a lo material y al cuerpo. Pero está presentada como una verdadera tentación y Jesús la rechaza en forma tajante. ¿Qué clase de Jesús sería el que hiciese milagros para su propia satisfacción?

No podemos ni imaginar tampoco a un Jesús que utiliza su poder milagroso para hacer espectáculo: bajar en forma milagrosa desde las alturas, todo rodeado de ángeles. El entonces sería tan lejano de nosotros... a un Jesús así no lo podríamos sentir compañero de camino, no le veríamos cansado y lleno de polvo por el camino, no sería nuestro amigo. ¡Qué sería de nosotros si Jesús fuera el dueño del mundo, en sentido político! Tendríamos un Jefe Político, no un Buen Pastor que da su vida por las ovejas.

Las tentaciones que tuvo que superar Jesús, son las tentaciones que lo apartaban de nosotros. El quiso ser uno de nosotros (excepto en el pecado) y no podía permitir nada que lo alejase de los hombres, especialmente de los más necesitados. Si los hombres padecen hambre, El quería padecer nuestra misma hambre, y no hacer milagros que lo convirtiesen en un ser con el estómago satisfecho. No quería que su divinidad brillase tanto con su majestad, que nosotros no nos atreviésemos a mirarle al rostro. El no quería ser Señor (cuántas veces rechazó la tentación de los que querían hacerlo Rey), sino quería poder arrodillarse a los pies de sus apóstoles. El quiso ser uno de nosotros, para que lo tuviéramos cercano y estuviera a nuestro alcance. ¡Qué triste habría sido nuestra vida si Jesús hubiera sido un ser lejano! Para Jesús era tentación todo lo que le apartase de nosotros; como para nosotros es tentación todo lo que nos aparta de El.

Todo Cristiano que quiere caminar al lado de Cristo, y llegar a su Pascua, con una entrega total, como fue la de Cristo, también tiene que pasar por las tentaciones. Esa especie de espejismo que nos quiere hacer ver lo malo como bueno. Porque la tentación no es más que una falsificación del bien, y que además es ayudada por tendencias oscuras de nuestro interior que organizan un complot para derrotarnos.

En este comienzo de la Cuaresma, nosotros que caminamos hacia la Pascua, debemos saber que también somos sometidos a las tentaciones del egoísmo, y de la sensualidad, de la soberbia, la vanidad y el poder. Debemos luchar contra todo eso, para ser como Jesús, porque Jesús quiso ser como nosotros.



Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.


Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de FEBRERO 2020




RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE FEBRERO




OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo
me haga su amigo y apóstol, disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos
mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos,
todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Recemos para que el clamor de los hermanos migrantes víctimas del tráfico criminal y de la trata sea escuchado y considerado.»

AMÉN






VÍDEO DEL PAPA
INTENCIONES DEL MES


“A menudo los migrantes son víctimas del tráfico y de la trata de personas.

Entre otras causas, sucede esto por la corrupción de los que están dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de enriquecerse.

El dinero de sus negocios, son negocios sucios, mañosos, es dinero manchado de sangre. No exagero: es dinero manchado de sangre.

Recemos para que el clamor de los hermanos migrantes víctimas del tráfico criminal y de la trata de personas sea escuchado y sea considerado.”

Papa Francisco.



ORACIÓN

Señor Jesucristo,
Tú que fuiste huésped y peregrino en medio de nosotros.
Tú que huiste de la violencia,
buscando en Egipto un refugio seguro.
Danos la gracia de reconocerte
en el rostro de nuestros hermanos y hermanas
obligados a dejar su tierra por la guerra
y por la injusticia de la pobreza y la violencia.
Que tu Espíritu Santo toque nuestros corazones y nuestros oídos
para que no seamos indiferentes al clamor de estos hermanos,
víctimas de la trata y la explotación criminal.
Convierte los corazones de aquellos que tanto daño traen
a estos hermanos y hermanas nuestros.

Amén

Padre Nuestro…
Ave María...
Gloria...



LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE


AQUÍ




PROPUESTA PARA EL MES


    Comienza o continúa colaborando con instituciones que acogen a los migrantes y sus familias, a través de donaciones, voluntariado, difusión de estas iniciativas en redes sociales, etc.

    Promueve a tu alrededor una actitud positiva y compasiva hacia los migrantes que huyen de sus tierras en busca de paz y oportunidades de vida, y que son víctimas de la trata, para entender sus dolores, uniéndote desde el corazón y promoviendo su bien.

    Busca modos de sensibilizar a tu comunidad o parroquia sobre las situaciones de explotación y trata de las que son víctimas tantos migrantes, para facilitar, de este modo, la toma de medidas a nivel social y político para combatir este mal.

    Fuente: ClickToPray





    REFLEXIÓN SOBRE LA INTENCIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE FEBRERO


    Acceda AQUÍ





    RECURSOS EN LA RED

    A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

    B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray[App Store] [Google Play]

    C. Para comunicarnos:
    apostolado.oración.peru@gmail.com



    Descargue el Afiche Orando con el Papa Francisco en el mes de FEBRERO 2020
    Si desea contribuir con la difusión de las Intenciones del Papa Francisco para los desafíos de la humanidad, puede descargar el afiche para este mes (PDF A3):




    Teología fundamental. 2. La Revelación - Religión natural y religión revelada




    P. Ignacio Garro, jesuita
    SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA



    2. LA REVELACIÓN

    2.1. NOCIÓN 

    Conocemos a Dios de dos modos: por la razón y por la revelación. 

    a. La razón es la luz natural que Dios ha dado a nuestro entendimiento para conocer las cosas. 

    Con la sola fuerza de la razón natural -es decir, sin intervención especial de Dios podemos conocer varias verdades religiosas, por ejemplo, que hay un solo Dios, que tenemos alma, que existe otra vida después de la muerte, etc. (cfr. Dz. 1785, 1806, 21451, etc.).

    b. La Revelación es la manifestación hecha por Dios a los hombres de algunas verdades de orden religioso; por ejemplo, que Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, y que murió para salvarnos; o que en Dios hay tres Personas distintas, etc. 

    El conjunto de verdades religiosas que el hombre puede conocer por la simple luz de la razón se llama Religión NATURAL. 

    El conjunto de verdades que Dios ha manifestado al hombre por conducto de la Revelación, se llama Religión REVELADA. Como lo veremos luego, la Religión revelada es la Religión Católica. 


    2.2. NO BASTA LA RELIGIÓN NATURAL 

    No basta para salvarnos la Religión natural; a saber, no basta con aceptar las verdades religiosas que nos puede enseñar la luz de la razón; es necesario que aceptemos la Religión revelada. Dios por su Bondad infinita ha querido abrir otro camino que lleve directamente a El y con mayor facilidad: el de la religión sobrenatural: "Quiso su sabiduría y bondad revelarse a Sí mismo, al género humano, y revelar los decretos eternos de su voluntad por otro camino, y éste sobrenatural" (Con. Vaticano I., Const. dogm. Dei Filius, c. 2; Dz. 1785).

    La razón es que no podemos ni conocer, ni amar, ni servir a Dios como El quiere y manda, sino aceptando las verdades, preceptos y medios de santificación que El se ha dignado manifestarnos. Otra manera de actuar significaría desprecio de lo que Dios ha dicho, considerándolo inútil o indiferente. Están pues, en grave error quienes dicen: "Yo soy honrado: yo no robo ni mato. Con esto tengo para salvarme". Esto les bastará para evitar la cárcel y la deshonra humana. Pero no podrán salvarse si no cumplen las condiciones que Dios les ha impuesto para ello. 

    El es nuestro dueño y Señor, y nos ha creado para su servicio. En consecuencia estamos obligados a honrarlo y servirlo en la forma que se digne determinarlo. 

    Si Dios no hubiera hecho ninguna revelación, bastaría la Religión natural para salvarse. Desde el momento en que Dios revela, no cabe pensar que da lo mismo una religión que otra -indiferentismo religioso- sino que es preciso aceptar esa revelación divina que constituye la única religión verdadera. 


    2.3. DEBERES QUE NOS IMPONE LA RELIGIÓN REVELADA

    La Religión revelada nos impone, en especial, tres deberes: 

    1º. Es aceptarlas verdades que Dios nos ha manifestado. 

    2º. Es cumplir los mandamientos que nos ha impuesto. 

    3°. Es acudir a los medios de santificación con que El mismo ha querido ayudar nuestra debilidad. 

    Dios, en efecto, no ha querido dejar al hombre abandonado al error, al vicio y a su propia debilidad; sino que: 

    a. Para librarlo del error, El mismo le ha revelado las verdades que debe conocer y creer. 

    b. Para librarlo del vicio, El mismo le ha determinado las obras que debe practicar, y las que debe evitar. 

    c. Para ayudar su debilidad, le ofrece su gracia por conducto de los sacramentos, la oración, etc., obligándolo a recurrir a estos medios. 


    CONCLUSIÓN

           Debemos decir que no podemos conocer, amar y servir a Dios, ni salvar nuestra alma, si no aceptamos y practicamos la Religión revelada Íntegramente. 

    Así Cristo no dijo solamente: "El que no creyere se condenará" (fe), sino también: "Si quieres alcanzar la vida, guarda los mandamientos" (moral) y, "Si uno no nace de agua y Espíritu Santo no puede ver el reino de Dios", y "Si no comiereis mi carne no tendréis vida en vosotros" (sacramentos) (cfr. Mc. 16, 16, Mt. 19, 17, Jn. 3, 5, Jn. 6, 54). 

    "Con frecuencia, el hombre actual no sabe lo que lleva dentro, en lo profundo de su ánimo, de su corazón. Muchas veces se siente inseguro sobre el sentido de su vida en este mundo. Se siente invadido por la duda, que se transforma en desesperación. Permitid, pues -os lo ruego, os lo imploro con humildad y con confianza-, permitid que Cristo hable al hombre. ¡Sólo El tiene palabras de vida, sí, de vida eterna!" (Juan Pablo II, Homilía en la inauguración de su Pontificado, 22-XI-1978). 




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    Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.
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