Selección de nuestras publicaciones ordenadas a manera de CURSOS de formación






Domingo XXIX Tiempo Ordinario. Ciclo B – "El poder y el servicio."


 Escuchar AUDIO o descargar en MP3


P. Adolfo Franco, jesuita.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10, 35-45):

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»

Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»

Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»

Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»

Contestaron: «Lo somos.»

Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.» Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

Palabra del Señor


Jesús corrige la ambición de sus apóstoles y así corrige también la nuestra.

¿Quién tiene el lugar de la derecha y de la izquierda de Jesús? El que se atreve a beber el cáliz que Jesús mismo ha de beber. 

En este párrafo del Evangelio hay lecciones muy importantes del Señor, sobre la ambición, el poder y el servicio; aspectos de nuestra vida que deben ser evangelizados. Y todo empieza por dos apóstoles que, adelantándose a los demás, le piden a Jesús que les reserve los dos puestos más importantes en su reino: uno sentado a la derecha de Jesús, y el otro a su izquierda. Resulta verdaderamente lamentable que dos de los discípulos más cercanos a Jesús pongan al descubierto esta desmesurada ambición, y precisamente ante Jesús, que había bajado a la tierra para ser el Servidor de todos.

Jesús ha dejado el cielo, no ha dudado en dejar allá arriba su dignidad de Dios y ha venido a estar entre nosotros y como el menor de todos. Y resulta que sus discípulos no le han entendido, y tienen el corazón lleno de ambiciones. A ellos les interesa el triunfo y el poder, esa pasión tan fuerte en los seres humanos: la ambición de poder y de sobresalir. El puesto de la derecha y el de la izquierda en el Reino de Jesús. Ellos pensaban en la instauración de un estado poderoso establecido en torno a un Mesías político. Y cuando llegase el momento de la entronización del rey en trono de oro y con una corte de personajes lujosamente vestidos, entonces, esos dos apóstoles llamados a ocupar dos sillones destacados a cada lado del trono.

Una imagen absurda, de quienes no comprendieron al Maestro, sino muy poco a poco. Si Juan y Santiago hubieran podido ver por adelantado la cruz en el Calvario ¿se habrían atrevido a pedir estar a la derecha y a la izquierda de Jesús, donde estuvieron los dos ladrones crucificados con El? Por eso Jesús les dice: No saben lo que están pidiendo.

Y después Jesús toma la palabra y les enseña a sus apóstoles lo que debería ser el ejercicio del poder. El poder es para servir, y no para encumbrarse con orgullo por encima de los demás. Al menos en su reino, entre sus seguidores hay que seguir esa norma de conducta que Jesús nos enseña con su ejemplo: el que está más arriba debe ser el servidor de todos. Los apóstoles, y todos los seguidores de Jesús deben distinguirse por la voluntad de servir a sus hermanos. Echar lejos de sí toda ambición, toda superioridad, y todo orgullo. El mismo Señor lo pondrá una vez más de manifiesto cuando en la Ultima Cena lave los pies de sus apóstoles.

Dejando esta lección del Señor que es tan clara, también podemos ver este evangelio como un desafío para de verdad estar la lado de Jesús, muy cerca de El. Es un deseo legítimo el querer estar cerca de El, dejando aparte si es a la derecha o a la izquierda. Pero estar cerca de El es lo que quiere todo verdadero discípulo. Es caminar hacia la intimidad con el Señor. Es un gran deseo querer estar cerca de todo aquel que sufre o es pobre, porque en él esta Jesús. Porque si queremos estar cerca de El, debemos acercarnos a aquellos con los que Jesús se ha identificado. Las personas que se acercan al que las necesita, ésas están a la derecha y a la izquierda del Señor. El que sirve a los enfermos, el que da de comer al hambriento. El que comparte el dolor con el hermano que sufre.

Es evidente que para estar cerca de Jesús hay que estar en los sitios en que está El ¿dónde lo encontraríamos en su vida? Estaba en casa de los pecadores, estaba donde se encontraban los enfermos, los postergados y los niños. Y un sitio donde había que estar cerca de El, es el Huerto (y ahí los apóstoles terminaron abandonándolo), y es el Calvario. ¿Nos atrevemos a estar cerca de Jesús en esos sitios?. Es muy difícil acompañarlo en esos lugares, pero debe ser el gran deseo de nuestro corazón.

Y ciertamente en nuestra búsqueda de Jesús, muchas veces nos hemos de encontrar en situaciones parecidas a esas; parecidas al Calvario y al Huerto. Estar cerca de Jesús es también aceptar el dolor, a veces la incomprensión y el sufrimiento. Estar cerca de Jesús es gastar tiempo orando en su presencia. Estar cerca de Jesús es estar cerca de los hermanos.

Así que, lo mismo que hay un deseo de ocupar los primeros puestos junto a Jesús, que es fruto de la ambición, así también hay un deseo legítimo de estar cerca de Jesús, que es seguir de cerca siempre sus pasos.


Escuchar AUDIO o descargar en MP3

Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.




Catequesis del Papa sobre la Carta a los Gálatas: 11, «La libertad cristiana, fermento universal de liberación»


 

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 13 de octubre de 2021

[Multimedia]

_____________________________


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En nuestro itinerario de catequesis sobre la Carta a los Gálatas, hemos podido enfocarnos en cuál es para san Pablo el núcleo central de la libertad: el hecho de que, con la muerte y resurrección de Jesucristo, hemos sido liberados de la esclavitud del pecado y de la muerte. En otros términos: somos libres porque hemos sido liberados, liberados por gracia —no por pagar— liberados por el amor, que se convierte en la ley suprema y nueva de la vida cristiana. El amor: nosotros somos libres porque hemos sido liberados gratuitamente. Este es precisamente el punto clave.

Hoy quisiera subrayar cómo esta novedad de vida nos abre a acoger a cada pueblo y cultura y al mismo tiempo abre a cada pueblo y cultura a una libertad más grande. San Pablo, de hecho, dice que para quien se adhiere a Cristo ya no cuenta ser judío o pagano. Cuenta solo «la fe que actúa por la caridad» (Gal 5,6). Creer que hemos sido liberados y creer en Jesucristo que nos ha liberado: esta es la fe activa por la caridad. Los detractores de Pablo —esos fundamentalistas que habían llegado allí— lo atacaban por esta novedad, sosteniendo que él había tomado esta posición por oportunismo pastoral, es decir para “gustar a todos”, minimizando las exigencias recibidas de su más estricta tradición religiosa. Es el mismo discurso de los fundamentalistas de hoy: la historia se repite siempre. Como se ve, la crítica en relación con toda novedad evangélica no es solo de nuestros días, sino que tiene una larga historia a las espaldas. Aun así, Pablo no permanece en silencio. Responde con parresia —es una palabra griega que indica valentía, fuerza— y dice: «Porque ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo» (Gal 1,10). Ya en su primera Carta a los Tesalonicenses se había expresado en términos parecidos, diciendo que en su predicación nunca había usado «palabras aduladoras, ni con pretextos de codicia, […] ni buscando gloria humana» (1 Ts 2,5-6), que son los caminos del “fingir”; una fe que no es fe, es mundanidad.

El pensamiento de Pablo se muestra una vez más de una profundidad inspirada. Acoger la fe conlleva para él renunciar no al corazón de las culturas y de las tradiciones, sino solo a lo que puede obstaculizar la novedad y la pureza del Evangelio. Porque la libertad obtenida de la muerte y resurrección del Señor no entra en conflicto con las culturas, con las tradiciones que hemos recibido, sino que más bien introduce en ellas una libertad nueva, una novedad liberadora, la del Evangelio. La liberación obtenida con el bautismo, de hecho, nos permite adquirir la plena dignidad de hijos de Dios, de forma que, mientras permanecemos bien arraigados en nuestras raíces culturales, al mismo tiempo nos abrimos al universalismo de la fe que entra en toda cultura, reconoce las semillas de verdad presentes y las desarrolla llevando a plenitud el bien contenido en ellas. Aceptar que nosotros hemos sido liberados por Cristo —su pasión, su muerte, su resurrección— es aceptar y llevar la plenitud también a las diferentes tradiciones de cada pueblo. La verdadera plenitud.

En la llamada a la libertad descubrimos el verdadero sentido de la inculturación del Evangelio. ¿Cuál es este verdadero sentido? Ser capaces de anunciar la Buena Noticia de Cristo Salvador respetando lo que de bueno y verdadero existe en las culturas. ¡No es algo fácil! Son muchas las tentaciones de querer imponer el proprio modelo de vida como si fuera el más evolucionado y el más atractivo. ¡Cuántos errores se han realizado en la historia de la evangelización queriendo imponer un solo modelo cultural! ¡La uniformidad como regla de vida no es cristiana! ¡La unidad sí, la uniformidad no! A veces, no se ha renunciado ni siquiera a la violencia para que prevalezca el propio punto de vista. Pensemos en las guerras. De esta manera, se ha privado a la Iglesia de la riqueza de muchas expresiones locales que llevan consigo la tradición cultural de enteras poblaciones. ¡Pero esto es exactamente lo contrario de la libertad cristiana! Por ejemplo, me viene a la mente cuando se ha afirmado la forma de hacer apostolado en China con padre Ricci o en India con padre De Nobili. … [Algunos decían]: “¡Y no, eso no es cristiano!”. Sí, es cristiano, está en la cultura del pueblo.

En resumen, la visión de la libertad propia de Pablo está completamente iluminada y fecundada por el misterio de Cristo, que en su encarnación —recuerda el Concilio Vaticano II— se ha unido, en cierto modo, con todo hombre (cfr. Const. past. Gaudium et spes, 22). Y esto quiere decir que no hay uniformidad, sin embargo, hay variedad, pero variedad unida. De aquí deriva el deber de respetar la proveniencia cultural de cada persona, incluyéndola en un espacio de libertad que no sea restringido por alguna imposición dada por una sola cultura predominante. Este es el sentido de llamarnos católicos, de hablar de Iglesia católica: no es una denominación sociológica para distinguirnos de otros cristianos. Católico es un adjetivo que significa universal: la catolicidad, la universalidad. Iglesia universal, es decir, católica, quiere decir que la Iglesia tiene en sí, en su naturaleza misma, la apertura a todos los pueblos y las culturas de todo tiempo, porque Cristo ha nacido, muerto y resucitado por todos.

Por otro lado, la cultura está, por su misma naturaleza, en continúa transformación. Se puede pensar en cómo somos llamados a anunciar el Evangelio en este momento histórico de gran cambio cultural, donde una tecnología cada vez más avanzada parece tener el predominio. Si pretendiéramos hablar de la fe como se hacía en los siglos pasados correríamos el riesgo de no ser comprendidos por las nuevas generaciones. La libertad de la fe cristiana —la libertad cristiana— no indica una visión estática de la vida y de la cultura, sino una visión dinámica, una visión dinámica también de la tradición. La tradición crece pero siempre con la misma naturaleza. Por tanto, no pretendamos tener posesión de la libertad. Hemos recibido un don para custodiar. Y es más bien la libertad que nos pide a cada uno estar en un constante camino, orientados hacia su plenitud. Es la condición de peregrinos; es el estado de caminantes, en un continuo éxodo: liberados de la esclavitud para caminar hacia la plenitud de la libertad. Y este es el gran don que nos ha dado Jesucristo. El Señor nos ha liberado de la esclavitud gratuitamente y nos ha puesto en el camino para caminar en la plena libertad.



Tomado de:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20211013_udienza-generale.html

Para anteriores catequesis del Papa AQUÍ
Accede a la Etiqueta Catequesis del Papa AQUÍ


Textos claves del Nuevo Testamento - 28. "Recibid el Espíritu Santo..."



P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita


La "misión” consiste radical y esencialmente en el envío para cumplir el designio divino de salvación en medio de los hombres: “Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para ésto he venido" (Mc 1,38); “¿Con qué derecho me acusáis de blasfemia a mí, que he sido elegido por el Padre para ser enviado al mundo... ?” (Jn 10,36); “Y la vida eterna consiste en ésto: en que te conozcan a tí como único Dios verdadero, ya Jesucristo como tu enviado” (Jn 17,3).

Y su misión en definitiva se prolonga en sus enviados: “Yo les he enviado al mundo, como tú me enviaste a mí” (Jn 17,18); “Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros. Sopló sobre ellos y les dijo: — Recibid el Espíritu Santo" (Jn 20,21-22). La misión se realiza, por tanto, con la luz y la potencia del Espíritu vivificante: “Cuando venga el Paráclito, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, y que yo os enviaré de junto al Padre, él dará testimonio de mí” (Jn 15,26).




Agradecemos al P. Fernando Martínez SJ por su colaboración.

Para acceder a los otros temas AQUÍ.


Doctrina Social de la Iglesia - 12. La Sociedad IV


P. Ignacio Garro, jesuita †

3. LA SOCIEDAD

CONTINUACIÓN  


3.7. EL ESTADO

Continuación...

3.7.5. EL BIEN COMÚN

El fin del Estado es el principio de unidad y de orden que, en la sociedad civil, puede converger en los esfuerzos individuales de todos los ciudadanos hacia la consecución del Bien Común. Conviene delimitar bien la naturaleza del Bien Común, puesto que constituye la ley suprema, el fin último y la razón fundamental del Estado y de la Sociedad. 

Para la G et S Nº 26 el Bien Común es: "el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección". Para la Iglesia, en general, el bien común es un servicio que se presta a la vida social y "pone de relieve el sentido humano y la capacidad para animar las estructuras sociales en su totalidad y en cada uno de sus sectores concretos, estimulando las transformaciones en profundidad según el criterio de la justicia social". 

El bien común afecta a los organismos y asociaciones privadas, creando "una trabazón de la convivencia entre los hombres que es absolutamente necesaria para satisfacer los derechos y obligaciones de la vida social". (MM nº 66-67). "La realización del Bien Común constituye la razón misma de ser de los poderes públicos, que están obligados a realizarlo reconociendo y respetando sus elementos esenciales". (PT nº 54).


3.7.6. ¿EN QUÉ CONSISTE EL BIEN COMÚN? 

Por Bien Común se ha de entender como: "El Bien Común consiste y tiende a concretarse en el conjunto de aquellas condiciones sociales que consienten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de su propia persona". "El Bien Común alcanza a todo el hombre, tanto a las necesidades del cuerpo como a las del espíritu". PT, nº 58

El Bien Común es superior al interés privado, inseparable del bien de la persona humana, y compromete a los poderes públicos a reconocer, respetar, acomodar, tutelar y promover los derechos humanos y a hacer más fácil el cumplimiento de las respectivas obligaciones.

El Bien Común tiene, pues, una dimensión eminentemente social. Por otra parte, es un concepto no estático, sino dinámico; no es un objeto de conservación de situaciones adquiridas, sino de promoción de cuanto favorezca el desarrollo integral de las personas. 

Con la promoción del Bien Común se trata de crear condiciones generales de vida en las que todos los estamentos, especialmente los más pobres, puedan elevarse espiritual, cultural y económicamente, de acuerdo con las exigencias, los derechos y la dignidad de los hombres que los integran. (CA, nº 48).

El Bien Común está "ligado íntimamente a la naturaleza humana". (PT nº 55). Consiste en fomentar todo aquello que favorezca el desarrollo integral de las personas, alcanzando a todo el hombre, tanto en las necesidades del cuerpo como en las del espíritu. (PT nº 56). La sociedad se ha constituido como complemento a la debilidad del hombre aislado, para ayudarle en su pleno perfeccionamiento, en orden a conseguir su propio fin temporal y eterno.

Además de esto, "todos los miembros de la comunidad deben participar en el bien común por razón de su propia naturaleza, aunque en grados diversos, según las categorías, méritos y condiciones de cada ciudadano. Por este motivo, los gobernantes han de orientar sus esfuerzos a que el bien común redunde en provecho de todos, sin preferencia alguna por persona o grupo social determinado". (PT nº 56; PP nº 43-65; SRS nº 10,28).

Pero el más necesitado ha de tener un orden de prioridad y ha de ser ayudado específicamente: "razones de justicia y de equidad pueden exigir, a veces, que los hombres de gobierno tengan especial cuidado de los ciudadanos más débiles, que puedan hallarse en condiciones de inferioridad, para defender sus propios derechos y asegurar sus legítimos intereses". (PT nº 56; SRS nº 39 y 42).




3.7.7. EXIGENCIAS DE PROMOVER EL BIEN COMÚN

Ante todo, el Estado es el gerente del Bien Común, es la autoridad pública legítimamente constituida, ésta tiene como misión propia suya y la razón misma del poder de que dispone. "La prosecución del bien común constituye la razón misma de ser de los poderes públicos, los cuales están obligados a actuarlo". PT, nº 54. 

Mas, de otra parte, corresponde a todos los ciudadanos contribuir personalmente, en la medida de sus fuerzas, cumplir con las obligaciones que les corresponde. "Todos los hombres y todas las entidades intermedias tienen obligación de aportar su contribución específica a la prosecución del bien común. Esto comporta el que persigan sus propios intereses en armonía con las necesidades de los demás y contribuyan al mismo objeto con la prestaciones - en bienes y servicios - que las legítimas autoridades establecen". PT. nº 53.

Esto lleva consigo un triple cúmulo de exigencias de orden político, jurídico y económico.
  • Exigencias en el orden político: El Bien Común postula, una autoridad que promueva el conjunto de condiciones sociales en orden a favorecer el desarrollo integral de las personas y propiciar la coordinación de todas las actividades. Cuando el Estado cumple su misión de procurar el Bien Común a toda la sociedad, lo hace atendiendo a dos objetivos suyos fundamentales: la defensa del derecho para que la sociedad y sus miembros vivan al amparo de la paz y la justicia, y la consecución del bien temporal. (PT nº 60).
  • Exigencias en el orden jurídico: El Bien Común pide que se delimite en términos jurídicos la esfera de competencia de los poderes públicos, y que se reglamenten también en términos jurídicos las relaciones entre simples ciudadanos y funcionarios. Esta reglamentación constituye un elemento de garantía de protección en favor de los ciudadanos. (PT nº 68). Una buena organización jurídica con un conjunto de instituciones estables, tanto públicas como privadas, facilita además a los hombres que se dedican a la vida económica, el conformar sus actividades a las exigencias del bien común. De hecho, es una característica de la época moderna la tendencia a fijar en términos jurídicos, el proceder de los poderes públicos, los derechos de los ciudadanos y sus relaciones con el poder legítimamente establecido. (G et S nº 64).
  • Exigencias en el orden económico: El Bien Común exige que la economía le esté sometida. No se puede dejar a la economía hacer lo que quiera. La economía tiene que ser esclava de las exigencias del Bien Común. 
El bien común reclama hoy día el desarrollo económico de todo el país; pero, además, pide imperiosamente que el desarrollo económico vaya a la par con el progreso social, esto es, que no sólo se produzca más, sino que se distribuyan esos bienes de producción mejor, con el fin de que los beneficios del desarrollo alcancen a todos, especialmente a los mas necesitados, pues un desarrollo y bienestar para unos pocos y dejar a las grandes masas del pueblo pasando necesidad es un desarrollo injusto. De este modo, se propicia un desarrollo de crecimiento económico que contribuya a la perfección de todas las personas. (PT nº 64). 

Finalmente, la economía corresponde principalmente a la iniciativa privada, pero exige también la acción de los poderes públicos; acción que "debe hallar siempre su justificación en los motivos del bien común". (MM nº 151).




3.7.8. RELACIONES ENTRE LA PERSONA HUMANA Y EL BIEN COMÚN 

  • Posiciones falsas: Totalitarismo colectivista: (marxismo) y Liberalismo individualista, (capitalismo). El totalitarismo fomenta la importancia del Estado y el ciudadano es un miembro más de la sociedad sin ninguna relevancia, lo importante es el Estado. Lo que éste decide está por encima del bien del individuo. El Liberalismo, es todo lo contrario, fomenta de tal manera el bien del individuo, que cae en un individualismo feroz, los demás, especialmente los débiles de la sociedad, no existen. Estas dos posturas atentan a la finalidad del bien común, o por exceso o por defecto.
  • Posición verdadera: La posición cristiana tiene presentes ambos elementos, la importancia de la dignidad de la persona humana y la exigencia imperiosa de la sociedad formada por personas libres.





3.7.9. RELACIONES ENTRE ASOCIACIONES PRIVADAS Y BIEN COMÚN 

Conviene considerar no sólo las relaciones entre persona y Bien Común, sino también las relaciones entre las asociaciones privadas y Bien Común. Porque el hombre crea múltiples asociaciones, constituyendo así la sociedad en una forma de "organismo de organismos".
  • En cuanto una comunidad mayor abarca comunidades menores, tiene respecto de ellas sólo una función "subsidiaria". Cada una de ellas es autónoma en el área señalada por sus fines propios, pero subordinada a la sociedad superior en lo que atañe al fin más elevado de esta última
  • La doctrina cristiana vindica "una cierta autonomía" para una multitud de "sociedades intermedias", entre las cuales la más importante es la familia. De este modo, los miembros de la Sociedad en general, son las sociedades inferiores y no propiamente los individuos. El contacto de éstos con el Estado rara vez es en directo, sino ordinariamente a través de las sociedades intermedias. Todo cambia cuando el pluralismo social de la Sociedad orgánica es reemplazado por el centralismo estatal totalitario, herencia del liberalismo individualista, que destruyó todas las sociedades intermedias
Partiendo de la base de que el Estado es una sociedad, su finalidad específica no puede ser otra que la de procurar el Bien Común de todos sus miembros. El Papa Juan XXXIII en P T, nº 54 dice: "la prosecución del Bien Común constituye la razón misma de ser de los poderes públicos, los cuales están obligados a actuarlo reconociendo y respetando sus elementos esenciales y según los postulados de las respectivas situaciones históricas".






Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


Para acceder a las publicaciones de esta SERIE AQUÍ.

 



 

ESPECIAL: MES DEL ROSARIO


En Octubre se celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario (07.10) y se promueve el rezo del Santo Rosario, por ello recomendamos visitar nuestras publicaciones relacionadas a esta devoción:



 






ESPECIAL: SEÑOR DE LOS MILAGROS


En Perú dedicamos este mes de octubre a la devoción al Señor de los Milagros, cuya imagen recorre las calles del centro de la ciudad de Lima. Por ello compartimos nuestras publicaciones dedicadas a esta devoción:














ESPECIAL: DOMUND





En octubre se celebra el DOmingo MUNDial de las Misiones, que es promovido por las Obras Misionales Pontificias (OMP), en esta jornada toda la Iglesia ora por la actividad evangelizadora de los misioneros y misioneras, y colabora económicamente con ellos en su labor, en especial en aquella que realizan entre los más pobres y necesitados.

Para tener mayor información sobre esta celebración invitamos a visitar nuestras publicaciones a través de los siguientes enlaces:



Para más información: web de DOMUND AQUÍ







Vidas ejemplares - Octubre



 

03.10. San Francisco de Borja, jesuita

04.10. San Francisco de Asís

15.10. Santa Teresa de Jesús (de Ávila)

17.10. San Ignacio de Antioquia

18.10. San Lucas, Evangelista


Doctrina Social de la Iglesia - 11. La Sociedad III

 


P. Ignacio Garro, jesuita †

3. LA SOCIEDAD

CONTINUACIÓN  


3.7. EL ESTADO

3.7.1. EL ESTADO, SOCIEDAD CIVIL DEBIDAMENTE ORGANIZADA

El Estado es la sociedad civil, organizada de una manera estable en su Constitución y sus Leyes, bajo la autoridad de un Gobierno legítimamente constituido, provisto de poderes claramente definidos en orden al bien común de todos los ciudadanos. Así entendido, el Estado, comprende a todos los ciudadanos: gobernantes y gobernados.

La sociedad civil, según lo anteriormente dicho, necesita de un elemento que realice la unión entre los miembros de la sociedad, que los haga pensar y querer el mismo fin: la autoridad o Estado - Poder. Y este es el segundo sentido más restringido de la palabra Estado.


3.7.2. NATURALEZA Y FUNDAMENTACIÓN DEL ESTADO

La DSI destaca reiteradamente tres actores fundamentales en la escena de la comunidad política:

  • La persona humana, como sujeto político, con plenitud de derechos y de obligaciones correlativas (G et S nº 73; PT nº8 y 45). "De la dignidad de la persona humana brota el derecho a tomar parte activa en la vida pública y contribuir personalmente a la realización del bien común". PT nº 25.
  • Los grupos o asociaciones intermedias derivadas de la "naturaleza intrínsecamente social del hombre" y del derecho de asociación, (G et S nº 74-75; MM nº 53). Son: "... capaces de alcanzar los fines que los particulares por sí solos no pueden obtener eficazmente. Tales asociaciones y organismos deben considerarse como instrumentos indispensables en grado sumo para defender la dignidad de la persona humana, dejando a salvo el sentido de la responsabilidad". PT, nº 24.
  • La sociedad política, "que responde a las exigencias más íntimas de la persona humana" y es necesaria para salvaguardar los derechos de los individuos y de los grupos, armonizar sus actividades y "contribuir suficientemente a la realización del bien común". (P in T,  nº 46, 54-69).


3.7.3. LA AUTORIDAD CIVIL, FUNDAMENTO PRINCIPAL DEL ESTADO

Para que la sociedad política pueda ser eficaz, duradera, armoniosa y pueda responder a su finalidad específica: la búsqueda del bien común, es necesaria la autoridad. "Una sociedad bien ordenada y fecunda requiere gobernantes, investidos de legítima autoridad, que defiendan las instituciones y consagren, en la medida suficiente, su actividad y sus derechos al provecho común del país", (PT nº 46 y G et S nº 74).

La encíclica “Pacem in Terris” (nº 46-54) establece una serie de características de la autoridad civil, que resumimos a continuación:

  • Origen divino de la autoridad legítimamente constituida: La autoridad es postulada por el orden moral y de proviene de Dios (P T nº 51 y G et S nº 74). "Toda la autoridad que los gobernantes poseen viene de Dios, según nos enseña S. Pablo: "Porque no hay autoridad que no venga de Dios". En efecto, como Dios ha creado a los hombres sociales por naturaleza y ninguna sociedad puede conservarse sin un jefe supremo que mueva a todos y a cada uno con un mismo impulso eficaz, encaminado al bien común, resulta necesaria en toda sociedad humana una autoridad que la dirija; autoridad que, como la misma sociedad, surge y deriva de la naturaleza, y, por tanto, del mismo Dios, que es su autor". (PT nº 46).
  • Fuerza moral de la autoridad: La autoridad es, ante todo, una fuerza moral. (PT nº 48; G et S nº 74). No es una fuerza moral exenta de control; más bien es la facultad de mandar según razón. La fuerza obligatoria procede del orden moral, el cual se fundamenta en Dios, primer principio y fin último. "El mismo orden absoluto de los seres y de los fines, que muestra al hombre como persona autónoma, es decir, como sujeto de derechos y de deberes inviolables, raíz y término de su propia vida social, abarca también al Estado como sociedad necesaria, revestida de autoridad, sin la cual no podría existir ni vivir... Y como ese orden absoluto, a la luz de la sana razón, y más particularmente a la luz de la fe cristiana, no puede tener otro origen que un Dios personal, Creador nuestro, síguese que ... la dignidad de la autoridad política es la dignidad de su participación en la autoridad de Dios". (PT nº 47).
  • Obliga en conciencia: La autoridad "sólo puede obligar en conciencia al ciudadano cuando está internamente unida a la autoridad de Dios y es una participación de ella". (PT nº 49). Como por dignidad natural todos los hombres son iguales, ninguno de ellos puede obligar internamente a los otros. Solamente lo puede hacer Dios. La autoridad humana puede obligar en conciencia solamente si está en relación con la voluntad de Dios. La obediencia de los ciudadanos a los poderes públicos no es en modo alguno un sometimiento de hombre a hombre, sino, en realidad, un homenaje a Dios "Creador y Providente, quien ha dispuesto que las relaciones de convivencia sean reguladas conforme al orden establecido por El". (PT nº 50). Si los preceptos de los gobernantes estuvieran en contradicción con el orden moral, los mandatos carecen de fuerza obligatoria, son las denominadas "leyes injustas". (PT nº 51).
  • En orden al Bien Común: La razón de ser de la autoridad es "la prosecución del Bien Común". Debe procurarlo con todos los medios posibles, reconociendo siempre y respetando sus elementos esenciales (G et S nº 74). "La razón de ser de cuantos gobiernan radica por completo en el Bien Común. De donde se deduce claramente que todo gobernante debe buscarlo, respetando la naturaleza del propio bien común y ajustando al mismo tiempo sus normas jurídicas a la situación real de las circunstancias" . (PT nº 54).
  • Para la promoción de los derechos humanos: La autoridad civil tiene una obligación primera: reconocer y promover los derechos de la persona humana. "En la época actual se considera que el bien común consiste principalmente en la defensa de los derechos y deberes de la persona humana. De aquí que la misión principal de los hombres de gobierno deba tender a dos cosas: de un lado, reconocer, respetar, armonizar, tutelar y promover tales derechos; de otro, facilitar a cada ciudadano el cumplimiento de sus respectivos deberes. Tutelar el campo intangible de los derechos de la persona humana y hacerle llevadero el cumplimiento de sus deberes debe ser oficio esencial de todo poder público". (PT nº 60).

Entendida así la autoridad civil, podemos decir de ella, resumiendo que:

  • La autoridad viene de Dios y es postulada por el orden moral 
  • Reside radical y fundamentalmente en la comunidad política, que tiene justamente el derecho y el poder de autoregirse, estructurarse y darse un principio directivo, es decir, aun autoridad.
  • Se ejerce, de hecho, en el Estado - organización, personificado por quienes representan al pueblo e interpretan su voluntad, legislando y gobernando en orden al bien común.
  • Opera en la sociedad a través de toda  una red distributiva de cargos, oficios, órganos, etc, que dan lugar al llamado "aparato del Estado".


3.7.4. ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DEL ESTADO

Siguiendo una definición más clásica de qué es el Estado la podemos definir así: "El Estado es una organización política, en una sociedad establecida en un territorio fijo, con una autoridad común y una finalidad social definida". Desde este punto de vista el Estado se caracteriza por cuatro elementos constitutivos:

  • Un territorio: Es el elemento material. Sitúa al Estado dentro de un espacio determinado y que delimita precisamente la esfera de su competencia a esas fronteras. Este territorio preciso y delimitado ha de ser reconocido por la comunidad internacional.
  • Una Población: Es el conjunto de ciudadanos que han nacido en un país y que se le reconoce el derecho de ser ciudadano del lugar donde ha nacido. Es necesario que en este territorio habiten unas personas que tengan algo en común, de suerte que lleguen a formar una Nación. "Nación" significa, el conjunto de seres humanos que se relacionan con los mismos antepasados. También existe la denominación de "Patria", que viene del latín "pater" = padre; esta definición pone el acento en el papel preponderante que corresponde al hombre (varón) como cabeza de familia y porque dirigen los destinos de la comunidad patria. "Pueblo", es la denominación amplia de todos los ciudadanos en general son distinción de clases sociales o de roles sociales. Es necesario que dentro de esta pluralidad exista una unidad, algo que unifique, en cierta medida, sus inteligencias y sus voluntades, para que estén de acuerdo en sus aspiraciones y objetivos comunes.
  • La Organización Política y Jurídica: Toda comunidad política y social tiene necesidad de instituciones que velen por su bienestar, desarrollo y justicia. Esta ordenación jurídica del Estado tiene como finalidad preservar el orden social, velar la unión y la armonía de la ciudadanía, procurar el bienestar y desarrollo de los ciudadanos y de las organizaciones constituidas por los ciudadanos. Esta organización política y jurídica es el cuerpo de gobernantes investidos de autoridad, que actúan de cara a los demás como representantes legítimos del Estado y que gozan también de tal competencia de cara a los ciudadanos de la nación para poder ejercer un control efectivo y ser obedecidos dentro de su territorio.
  • Una Soberanía: El elemento que distingue a la institución Estado de otras instituciones, es el de soberanía. Se entiende por soberanía la capacidad que tienen los Estados de determinar sus propias leyes fundamentales y de fijar sus respectivas competencias. Es al Estado a quien competen las últimas decisiones que afectan al bien de la Nación. Porque todo Estado debe ser soberano en el sentido de que tiene que contar con un poder de decisión inapelable, ejercitado por una persona o un conjunto de personas soberanas, reconocidas como competentes para decidir y mantener el valor de esa decisión.

        Los poderes del Estado: se dividen en tres: poder Legislativo, Ejecutivo y  Judicial.

  • Poder Legislativo: pertenece al Parlamento y dicta las leyes convenientes mirando al bien común. El poder legislativo debe vigilar el cumplimiento de la Constitución.
  • Poder Ejecutivo: es el poder del Gobierno elegido democráticamente, y el encargado de llevar a la práctica las leyes emanadas del legislativo.
  • Poder Judicial: Administra la justicia con imparcialidad, ateniéndose inflexiblemente al cumplimiento de la ley. Salvaguarda el orden jurídico y dirime los conflictos de los particulares entre sí  y con la Administración pública.


Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


Para acceder a las publicaciones de esta SERIE AQUÍ.

 

Domingo XXVIII Tiempo Ordinario. Ciclo B – "El Jesús y el joven rico."



Escuchar AUDIO o descargar en MP3

P. Adolfo Franco, jesuita.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10, 17 - 30):

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»

Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»

Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dales el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»

Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»

Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»

Jesús se les quedó mirando. y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»

Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.»

Palabra del Señor

Jesús insiste en el evangelio sobre la necesidad de una vida de pobreza.

Jesús nos habla en el Evangelio con frecuencia de las riquezas materiales y de sus peligros, y nos abre los ojos para que podamos apreciar cuáles son las verdaderas riquezas del hombre. El nos enseña lo que hay que hacer con los bienes materiales y de cómo defendernos para que no nos aparten de Dios. Y además con su vida, aún más que con sus palabras, nos señala el comportamiento que debemos tener con el uso de estos bienes materiales.

Y esto nos lo enseña Jesús, que pasó por este mundo sin tener nada: nació sin nada y en la extrema pobreza, murió sin nada, y mientras vivió no tenía ni donde reclinar la cabeza y era Aquel por el cual fueron creadas todas las cosas. El Hijo de Dios escogió evidentemente lo mejor: o sea, escogió no tener nada, y ser completamente libre. Y de esta forma hace una propuesta para todo el que quiere seguirle de verdad; es una propuesta para todo el que quiera vivir la vida humana a plenitud; es una propuesta para el que de verdad quiera acercarse a Dios.

La propuesta de Jesús encuentra en nosotros una serie de dificultades evidentemente y por eso pocos toman esta enseñanza como orientación para sus vidas. Y las dificultades surgen de la misma naturaleza del ser humano. Al menos algunas de ellas. Porque es imprescindible para la vida humana contar con algunas cosas materiales: vestido, vivienda, alimentación, salud. Y todo esto requiere dinero, cosas materiales, y todo esto no se puede descuidar, sin grave perjuicio de la vida misma. Esa es una primera dificultad. Es necesario tener cosas materiales para vivir la vida humana en la tierra. Además, la previsión del futuro hace que las personas quieran acumular riquezas, es decir, tener más de lo estrictamente imprescindible. Todo esto nos puede poner muchas trampas: porque de ahí se pasa insensiblemente al deseo excesivo de acumular. En todo esto hay un problema sutil: el ser humano se reconoce en el fondo como inseguro; y esta inseguridad que siente en sí mismo quiere compensarla con posesiones materiales.

Y así se pasa a otro asunto: ya no es sólo la acumulación para asegurar el futuro. Se busca que crezca la acumulación. La abundancia de riquezas materiales produce con frecuencia la satisfacción del poder, crece el orgullo de una autoestima equivocada, deformada y mal sustentada, porque se basa en las cosas materiales. Pero no hay duda que en la sociedad en que vivimos, la importancia que se da a una persona crece en la medida de sus riquezas. Esto produce a veces la avaricia, a veces el despilfarro y muchas veces produce el orgullo y la soberbia.

Además, la cultura actual, va haciendo creer que el progreso de la humanidad, el crecimiento de los países está en proporción de su productividad, de su crecimiento en bienes materiales. La creación de riquezas materiales se va convirtiendo en la meta fundamental de todos los esfuerzos humanos. La creación de la mayor cantidad de riquezas, con el menor esfuerzo posible, y con la menor inversión. Y la riqueza se hace presente entonces como la meta del ser humano. Por supuesto se entiende la misma palabra riqueza en su acepción más material; ya que la palabra riqueza se puede aplicar a cosas más elevadas, también se aplica a los valores interiores del corazón. Crear más automóviles, máquinas, teléfonos, computadores, aviones, esa parecería ser la meta del progreso, y a eso se subordina el ser humano. 

El hombre entonces es un ser atrapado por las riquezas, por la posesión y bombardeado por los mensajes de la cultura actual que lo envuelve. Estas riquezas pueden envenenarlo, y convertirlo en un robot de la producción (como en realidad pasa), y en un sediento de tener cosas y más cosas. Y por eso a veces, nace la tentación de conseguir todo por cualquier medio. Ya que, si el poseer es la meta, cualquier medio termina considerándose válido. Y se pierden los ideales y los valores del espíritu. 

Jesús, frente a todo esto, nos pone en este Evangelio tres afirmaciones: la tristeza y la insatisfacción que acompaña muchas veces a la acumulación de bienes materiales. Segunda afirmación sobre el peligro de las riquezas materiales para la salvación misma, en el sentido religioso, y en el sentido de realización de la plenitud humana misma. Y finalmente nos enseña el valor que tiene el desprendimiento, que es exactamente lo contrario de la avaricia. Es el caso del joven rico: un muchacho rico, pero infeliz; infeliz porque la riqueza lo ha atrapado. Y de ahí el Señor saca también estas enseñanzas: la enseñanza de que es más difícil que un rico entre en el reino de los cielos, que el que un camello entre por el ojo de una aguja. Y finalmente que hay un premio que se promete al que se desprende de sus riquezas por el Señor, por el Reino de los cielos, por sus hermanos.

Así, desprenderse de las riquezas es camino de felicidad, es facilitar el camino del reino de los cielos. Y es seguridad de recibir de Dios el mayor premio, que El otorga con generosidad, se da a Sí Mismo como premio. Esta enseñanza del Evangelio de Jesús se resume en la paradoja de que la gran riqueza verdadera del ser humano es la pobreza.



Escuchar AUDIO o descargar en MP3

Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.