La fe en Cristo




P. Adolfo Franco, jesuita.

DOMINGO XXVII
Lucas 17, 5-10

Los apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe.» El Señor respondió: «Si ustedes tienen un poco de fe, no más grande que un granito de mostaza, dirán a ese árbol: “Arráncate y plántate en el mar”, y el árbol les obedecerá.
¿Acaso tienen un servidor que está arando o cuidando el rebaño? Y cuando éste vuelve del campo, ¿le dicen acaso: “Entra y descansa?” ¿No le dirán más bien: “Prepárame la comida y ponte el delantal para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?” ¿Y quién de ustedes se sentirá agradecido con él porque hizo lo que le fue mandado?
Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que les ha sido mandado, digan: “Somos servidores no necesarios, hemos hecho lo que era nuestro deber”.»
Palabra del Señor.

Señor nos invita a creer en Dios sin límites

El Señor nos da una importante lección sobre la fe; que es por otra parte una invitación; invitación a vivir con esa fe que El nos presenta en esa forma deslumbrante y paradójica con que nos enseña muchas de sus verdades. Tener fe como un granito de mostaza. Basta un poquito de esa fe, y entonces tendremos una fuerza suficiente para arrancar un árbol enorme y tirarlo al mar. Con un poco de fantasía podríamos imaginar a una pequeña hormiguita (como un grano de  mostaza) arrancando un tremendo árbol y lanzándolo con un sola mano por los aires hasta que caiga en el mar. Eso es lo que nos dice el Señor. Y ¿dónde se puede conseguir esa fe?

¿De qué fe se trata, y de qué fuerza? Muchas veces ponemos la fe en tantas cosas, en las que no hay que ponerla. Hay personas que ponen su fe en cosas impropias: los adivinos, el horóscopo, las rayas de la mano. Evidentemente que no se trata de esa fe. Dios rechaza con toda severidad esas supersticiones. La Biblia es abundante en la enseñanza contra todas esas formas falsas de credulidad.

La fe tiene como destino sólo a Dios. Sólo Dios es digno de nuestra fe, de la fe de que habla aquí el Señor. Es una fe religiosa, sobrenatural, por la cual nos ponemos en las manos de Dios, y abrimos nuestra mente y nuestro corazón al mundo de las realidades invisibles. La fe es la decisión más profunda que hacemos por Dios; saltamos en lo que nos parece el vacío; aunque en realidad no es vacío, porque sabemos que Dios nos sustenta y nos recoge en nuestro salto. Le fe es una nueva luz para caminar en la vida; es una nueva luz para valorar las cosas; es un deseo de Dios como una sed; la fe es un ansia de caminar hacia Dios y de entregarnos completamente en sus manos.

La fe se refiere al conocimiento de las verdades que Dios nos enseña, y se refiere también a la entrega por la cual le damos a Dios toda nuestra vida. La fe por tanto, nos conecta con Dios. Y así esa fe tiene el poder de Dios mismo. Casi podríamos decir que esa fe que nos conecta con Dios es una chispa de Dios mismo, y por eso no hay que extrañarse del poder que tiene; esa fe tiene el poder de Dios. Aunque parezca una comparación un tanto material, podríamos comparar esa fuerza de la fe, con la fuerza que hay en el pequeño átomo cuando se logra liberar toda su tremenda fuerza escondida.

Pero mejor la podremos entender si vemos a un hombre dejar todo y en la suprema pobreza caminar el camino que Dios le señala; si vemos a una persona abandonar sus comodidades para entrar en la isla de los leprosos para siempre; la fe es tan fuerte que hace a una mujer entregarse a cuidar a las personas tiradas en los basureros. Eso es de verdad arrancar un árbol y tirarlo al mar.

Esa fe es un don de Dios, pero al que nuestra entrega puede colaborar. Cuando se logra tener esa fe, todo se hace posible, aún las cosas que parecen imposibles, porque para Dios nada hay imposible.

La fuerza que Jesús le atribuye a la fe, es la fuerza de Dios mismo. O sea que con la fe, la fuerza de Dios viene a nosotros. La fuerza de la fe es capaz de espantar la enfermedad, de ahuyentar al demonio, es capaz de alimentar a cinco mil hombres con pocos panes; esa fe es capaz de resucitar muertos. Y eso no es nada: la fe es capaz de decir unas palabras a un pedazo de pan, y hacer que ese pan deje de ser pan, para ser Jesús; con unas palabras (pequeñas como un granito de mostaza) dichas por el sacerdote con fe, en el nombre del Señor, desaparecen del pecador los pecados más graves, y son como árboles que se arrojan al mar. Es Dios evidentemente el que da la fuerza a esas palabras, para que esos tremendos árboles sean arrojados al mar.

Pero lo más hermoso de esa fe es que es capaz de levantarnos a nosotros mismos y arrojarnos en el mar de Dios. Así en esa comparación con que Jesús habla, la fe sería el poder de Dios, el árbol seríamos nosotros mismos, y el mar a donde es arrojado el árbol sería el Dios inmenso, infinito y maravilloso. Nosotros arrojados por la fuerza de la fe en los brazos de Dios. Esta es otra maravilla de la fe a la que Jesús nos invita con su enseñanza tan imaginativa y paradójica: un granito de mostaza arrancando un árbol y tirándolo al mar.



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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

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Selección de nuestras publicaciones ordenadas a manera de CURSOS de formación


Mes dedicado a la Biblia


En el mes dedicado al estudio y lectura de la Biblia, compartimos nuestras publicaciones en series que buscan contribuir con la formación de los laicos sobre las Sagradas Escrituras, como:

¿QUÉ ES LA BIBLIA?
Por el P. Ignacio Garro, jesuita.

DESCUBRE LA BIBLIA
Por el P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita.

EL INICIO DEL GÉNESIS
Por el P. Ignacio Garro, jesuita.

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA
Por el P. Antonio González Callizo, jesuita.

LOS ESCRITOS DE SAN PABLO
Por el P. Ignacio Garro, jesuita.

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Parábola del administrador astuto



P. Adolfo Franco, jesuita

DOMINGO XXV
del Tiempo Ordinario

Lucas 16, 1-13

Jesús dijo también a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador, y le vinieron a decir que estaba malgastando sus bienes. Lo mandó llamar y le dijo: «¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no continuarás en ese cargo.»
El administrador se dijo: «¿Qué voy a hacer ahora que mi patrón me despide de mi empleo? Para trabajar la tierra no tengo fuerzas, y pedir limosna me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me quiten el cargo, tenga gente que me reciba en su casa.»
Llamó uno por uno a los que tenían deudas con su patrón, y dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi patrón?» Le contestó: «Cien barriles de aceite.» Le dijo el administrador: «Toma tu recibo, siéntate y escribe en seguida cincuenta.» Después dijo a otro: «Y tú, ¿cuánto le debes?» Contestó: «Cuatrocientos quintales de trigo.» Entonces le dijo: «Toma tu recibo y escribe trescientos.»
El patrón admiró la manera tan inteligente de actuar de ese administrador que lo estafaba. Pues es cierto que los ciudadanos de este mundo sacan más provecho de sus relaciones sociales que los hijos de la luz. Por eso les digo: Utilicen el dinero sucio para hacerse amigos, para que cuando les llegue a faltar, los reciban a ustedes en las moradas eternas.
El que ha sido digno de confianza en cosas sin importancia, será digno de confianza también en las importantes; y el que no ha sido honrado en las cosas mínimas, tampoco será honrado en las cosas importantes. Por lo tanto, si ustedes no han sido dignos de confianza en manejar el sucio dinero, ¿quién les va a confiar los bienes verdaderos? Y si no se han mostrado dignos de confianza con cosas ajenas, ¿quién les confiará los bienes que son realmente nuestros?
Ningún siervo puede servir a dos patrones, porque necesariamente odiará a uno y amará al otro o bien será fiel a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero.
Palabra del Señor

El Señor nos advierte que el dinero puede ser camino de perdición

Jesús con frecuencia nos da lecciones sobre el dinero y su recto uso, lecciones sobre la pobreza y los peligros de la riqueza. En esta ocasión se vale de una parábola, la del administrador infiel, al que le piden cuentas de su administración, porque hay serias sospechas de su honestidad; y entonces se dedica a rebajar las deudas de los siervos de su amo, para hacérselos favorables. Utiliza el dinero ajeno para ganarse amigos.

Y el Señor saca como conclusión que nos ganemos amigos con el dinero injustamente obtenido, para que podamos aspirar a la salvación. Y termina diciendo su mensaje central: no podemos servir a Dios y al dinero.

¿Por qué esta contraposición entre Dios y el dinero? ¿Por qué los pone Jesús como enemigos? Parecería que tener riqueza es en sí mismo un mal. Y ciertamente el Señor no quiere decir eso. Pero ¿qué mal hay en la riqueza que puede convertirse en enemigo de Dios? Si nos fijamos bien en la afirmación de Jesús, se trata de “servir”; y entonces se entiende perfectamente: el que sirve al dinero, no puede servir a Dios.

De antemano hay que dejar bien claro que el dinero, la riqueza, los bienes materiales, no son en sí mismo ni malos ni buenos; lo que los hace malos o buenos es el uso que se les dé. Porque el dinero puede hacer de una persona un soberbio y un materialista y puede hacer también un ser generoso y desprendido. Depende del uso que se haga de él. El dinero puede ser usado para pagar vicios, y puede servir para curar enfermedades. Todo depende; lo malo del dinero es convertirse en sus servidores.

Por otra parte, si dijéramos que el dinero, los bienes materiales son esencialmente tan malos, habría que preguntar ¿por qué Dios ha hecho al hombre de manera que necesite de esos bienes materiales para vivir? Se necesita el dinero para la comida, para la salud, para la educación, para la vivienda. Para cumplir todas esas necesidades de la vida, es necesario el dinero. Y es Dios quien nos ha hecho de tal forma que necesitamos alimento, vestido, cuidado de salud y habitación. Así que, por una parte el dinero nos es necesario para vivir, y por otra parte se nos dice que es tan nefasto; parecería que Dios mismo nos obliga a convivir con nuestro enemigo.

¿Qué propone Jesús, frente a esto? Muchas cosas propone. Y lo primero es el desprendimiento. Desprendimiento es renunciar a algunas cosas, a muchas cosas; compartir más, no acumular; en la Biblia se nos dice que la limosna cura multitud de pecados. Desprendimiento es todo eso; y sobre todo buscar conseguir una meta cristiana importante y es que nuestro corazón esté limpio completamente de todo deseo material; que tengamos lo necesario sí, pero que lo tengamos como si no lo tuviéramos; hacer que las cosas no nos dominen, que no se apoderen de nosotros, no ser siervos del dinero. Cuando hay avaricia, tristeza por la pérdida de algo material, cuando hay hambre y sed de tener más, cuando necesitamos asegurarnos mediante el acaparamiento, entonces es que nuestro corazón no está limpio de la riqueza. Estamos siendo invadidos por lo material. Cuando somos mezquinos al dar, cuando pensamos que nunca tenemos lo suficiente, y que nunca nos sobra nada; cuando solo damos lo inservible, entonces es que las riquezas están dominando nuestro corazón. Y hay que purificarlo. ¿Serías capaz de dar lo mejor que tienes?

Jesús nos dice más, que la riqueza es un continuo peligro. Y tanto que por ella se cometen tantos atropellos. Y esto es bastante claro. Las maneras de hacer dinero en muy gran escala, los grandes negocios, son el tráfico de armas, el narcotráfico, la corrupción de altos funcionarios, el tráfico de personas vendidas para la prostitución; añadamos el robo, la especulación y la estafa. Todo eso es conseguir dinero destruyendo vidas. Negociar con vidas humanas. El deseo de las riquezas se convierte así en enemigo de Dios: Dios y el dinero enfrentados. Porque el que medra con tráfico de armas es culpable de muertes, y se hace enemigo de Dios; el que lucra con la destrucción moral de los jóvenes drogadictos, se hace enemigo de Dios; y lo mismo el que se aprovecha de los bienes comunes   de la sociedad y el que negocia con la honra de niños y mujeres en el tráfico sexual. Se ve claramente cómo el dinero se convierte en el enemigo de Dios.

Pero además de eso, el dinero y el afán de riquezas nos quita la perspectiva de la vida humana. Estamos hechos para la vida sobrenatural, estamos orientados hacia al futuro, a la vida de más allá de la vida. Y el dinero, la preocupación por los bienes de este mundo, nos ciega la mirada del horizonte, de lo que hay más allá. Nos quita la esperanza de los bienes extraordinarios que Dios ha prometido a sus hijos. Nos hace perder de vista el futuro, por estar tan enfrascados en un presente tan mezquino. Nos hace desperdiciar la vida presente por no orientarla de verdad a la vida futura.

Jesús simplifica todo diciendo: o Dios o el dinero. Es una forma clara de advertirnos, y sobre todo de poner al descubierto la trampa del dinero. El dinero, en efecto, es una trampa: arriesgar lo mejor, que es Dios, por ganar lo peor que es lo material, qué mala elección haríamos si perdiéramos a Dios por obtener el dinero.


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Los escritos de San Pablo: Su Teología - Crecimiento de la vida en Cristo



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 14° ENTREGA

14. EL DESARROLLO DE LA NUEVA VIDA

14.1. CRECIMIENTO DE LA VIDA EN CRISTO

La nueva vida que hemos recibido: vida "en Cristo" y "en el Espíritu", no es solo un don sino también una tarea; no es estática sino dinámica. Pablo exhorta a actuar ese dinamismo por varios motivos y de diferentes maneras:

A. Podemos pecar y volver atrás, de ahí que:

  • Hay que luchar para mantenernos firmes: 1 Cor 10, 1-13: “No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar; y todos fueron bautizados en relación con Moisés, en la  nube y en el mar; todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual y la roca espiritual era Cristo. Pero la mayoría de ellos no fue del agrado de Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron para ejemplo nuestro, para que no codiciemos lo malo como ellos lo codiciaron. No os hagáis idólatras igual que algunos de ellos, ... ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron muertos veintitrés mil en un solo día. Ni tentemos al Señor como algunos de ellos le tentaron y perecieron víctimas de las serpientes. Ni murmuréis como algunos de ellos murmuraron y perecieron bajo el exterminador. Todo esto les acontecía como en figura,... Así pues, el que crea estar en pie, que no caiga: No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fieles Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestra fuerzas. Antes bien, con la tentación, os dará modo de poderla resistir con éxito”.
  • Hay que evitar una falsa seguridad: Filip 2, 12: “Así pues, queridos míos, de la misma manera que habéis obedecido siempre, no sólo cuando estaba presente sino mucho más ahora que estoy ausente, trabajad como sumo cuidado por vuestra salvación”; y en 1 Cor 16, 13-14: “Velad, manteneos firmes en la fe, sed hombres, sed fuertes, hacedlo todo con amor”; y en  Col 4, 2: “Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias”.
  • Hay que hacer penitencia cuando caemos: 2 Cor 7, 10: “En efecto, la tristeza según Dios produce un irreversible arrepentimiento para la salvación; mas la tristeza del mundo produce la muerte”; y en 2 Cor 12, 21: “Temo que en mi próxima visita el Señor me humille por causa vuestra y tenga que llorar por muchos que anteriormente pecaron y no se convirtieron de sus actos de impureza, fornicación y libertinaje”.
La vida cristiana es una lucha:

  • Para caminar no según la carne sino según el Espíritu: Rom 8, 4-5: “a fin de que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros que seguimos una conducta, no según la carne, sino según el espíritu”.
  • Para sembrar en el Espíritu y no en la carne: Gal 6, 8: “el que siembra para su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre para el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna”.
  • Hay que dejar atrás lo que se era antes de la conversión para poder entrar en el Reino: 1 Cor 6, 9-11: “¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni impuros, ni idólatras, ni adúlteros, ni afeminados, ni homosexuales, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni ultrajadores, ni explotadores heredarán el Reino de Dios. Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados, en el nombre del señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios”; y en  Efes 4, 17-22: “Por tanto, os digo y os aseguro esto en el Señor, que no viváis ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente, obcecada su mente en las tinieblas y excluidos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos y la dureza de su corazón; los cuales, habiendo perdido el sentido moral, se entregaron al libertinaje, hasta practicar  con desenfreno toda clase de impurezas. Pero no es así como vosotros habéis aprendido de Cristo, si es que habéis oído hablar de Él y en Él habéis sido enseñados conforme a la verdad de Jesús; despojaos, en cuanto a vuestra vida anterior, del hombre viejo que se corrompo siguiendo, la seducción de las concupiscencias”.
B. Debemos tender a la perfección:

  • Hay que progresar en la fe, 2 Cor 8, 7: “y del mismo modo que sobresalís en todo: en fe, en palabra, en ciencia, en todo interés y en la caridad que os hemos comunicado, sobresalid también en esta generosidad”;  y en la caridad, 2 Cor 8, 7-8: “sólo quiero, mediante el interés por los demás, probar la sinceridad de vuestra caridad”; en la justicia = justificación, Flp 1, 11: “llenos de frutos de justicia, que vienen de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”; y en la esperanza, Rom 15, 4: “todo cuanto fue escrito en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, para que la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza”.
  • De niño a hombre perfecto, Efes 4, 13: “hasta que lleguemos a la plenitud de de la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado del hombre perfecto, ala plena madurez de Cristo”; y en Col  1, 28: “al cual nosotros anunciamos, amonestando e instruyendo a  todos los hombres con toda sabiduría, a fin de presentarlos a todos perfecto en Cristo”.
  • De necio a sabio Efes 5, 15: “Así pues, mirad atentamente cómo vivís; no seáis  necios, sino sabios; aprovechando bien la ocasión, porque los días son malos”.
  • De débil a fuerte, Rom 15, 1: “Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no buscar nuestro propio agrado”.
C. El camino hacia la perfección
C.1. Punto de partida: el hombre viejo                                                                                               
C.2. Punto de llegada: el hombre perfecto a la medida de Cristo: Efes 4, 13: “hasta que lleguemos a la plenitud de la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado del hombre perfecto, ala plena madurez de Cristo”.
Con esto quiere Pablo indicar que se debe vivir el tipo de vida que tuvo Jesús: apertura a Dios como Padre y apertura al prójimo como hermano.
C.3. Para ir logrando esto tenemos que ejercitarnos en la fe y la caridad: También hay que morir con Cristo y practicar el esfuerzo de la ascesis cristiana, que Pablo expresa con lenguaje tomado del deporte y de la milicia:

  • Hay que morir con Cristo: Rom 6, 13: “Ni hagáis ya de vuestros miembros instrumentos de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados  a la vida; y vuestros miembros, como instrumentos de justicia al servicio de Dios”; y en  Col 3, 5-9: “Por tanto, mortificad cuanto  en vosotros  es terreno: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos, y la codicia que es una idolatría, todo lo cual atrae la ira de Dios sobre los rebeldes, y que también vosotros practicasteis en otro tiempo cuando vivíais de ese modo”; y en 1 Cor 5, 7: “sea entregado ese individuo a Satanás para mortificar su sensualidad, a fin de que el espíritu se salve en el Día del Señor. ¡No está bien vuestro orgullo! ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Eliminad la levadura vieja para ser masa nueva, pues sois ázimos. Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado”.
  • Hay que "entrenarse en la piedad", (= la vida cristiana con todas sus exigencias).
C.4. Con esto indica el esfuerzo que debe hacer el cristiano para llegar a la meta, 1 Tim 4, 7: “Rechaza, en cambio, las fábulas profanas y los cuentos de viejas. Ejercítate en la piedad”.

  • Hay que ejercitarse en la lucha y luchar: 1 Tim 6, 12: “Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste aquella solemne profesión delante de muchos testigos”; y en 1 Tes 2, 2: “sino que después de haber padecido muchos sufrimientos e injurias en Filipos, como sabéis,  confiados en nuestro Dios,  tuvimos la valentía de predicaros el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas”; y en Filip 1, 30: “sosteniendo el mismo combate en que antes me visteis y que ahora oís que sostengo”.
  • Hay que esforzarse en la carrera: 1 Cor 9, 24-26: “¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! Los atletas se privan de todo; y por eso ¡por una pequeña corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible”; y en Filip 3, 12-14: “No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera para alcanzarlo, como Cristo Jesús me alcanzó a mí. Yo, hermanos,  no creo haberlo ya conseguido. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, al premio al que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús”.
  • Debemos como soldados combatir el buen combate, armados con las armas de la luz: 2 Tim 2, 3: “Soporta las fatigas conmigo, como un buen soldado de Cristo Jesús”; y en Efes 6, 11-16: “Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contras los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire. Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día funesto, y manteneros firmes después de haber vencido todo. Poneos en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz, teniendo en el brazo siempre el escudo de la fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del maligno”; y en Rom 13, 12: “La noche está ya avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas, y revistámonos de las armas de la luz”.
  • Así armados, debemos vigilar en la oración para no caer en las emboscadas: Efes 6, 18-20: “Siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos, y también por mí, para que me sea dada la palabra al abrir mi boca para dar a conocer con valentía el misterio del Evangelio, del cual soy embajador entre cadenas, y pueda hablar de él valientemente como conviene”; y en Col 4, 2-4: “Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias;  orad al mismo tiempo también por nosotros para que Dios nos abra la puerta de la palabra, y podamos anunciar el misterio de Cristo, por cuya causa estoy encarcelado, para darlo a conocer anunciándolo como debo”.
C.5. En la oración:

  • Se pide por uno o se intercede por los demás: 2 Cor 12, 7-9: “Y por eso, para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, me fue dado un aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría. Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. Pero Él me dijo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se realiza en la flaqueza”. Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la gracia de Cristo”; y en Rom 15, 30: “Os suplico, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu Santo, que luchéis juntamente conmigo en vuestras oraciones rogando a Dios por mí”.
  • Se da gracias a Dios por los beneficios recibidos: Filip 4, 6: “No os inquietéis por causa alguna, antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias”.
  • Se adora a Dios por medio de doxologías: Rom 11, 35: “Porque de Él, por Él, y para Él son todas las cosas. ¡A Él la gloria por los siglos. Amén!”; y en  Filip 4, 20: “Al Dios y Padre nuestro, la gloria por los siglos de los siglos. Amén”; y en Efes 3, 21: “A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente  mejor de lo que podemos decir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros”.
C.6. En este camino Pablo se pone como ejemplo, porque él imita a Cristo: 1 Cor 11, 1.
  • “Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo”; y en Filip 3, 12-16: “No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera para alcanzarlo, como Cristo Jesús me alcanzó a mí. Yo, hermanos, no creo haberlo ya conseguido. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, al premio al que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús. Así pues, todos los perfectos tengamos estos sentimientos, y si en algo sentís de otra manera, también eso os lo revelará Dios. Por lo demás, desde el punto a donde hayamos llegado, sigamos la misma dirección”.

Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de SEPTIEMBRE 2019




RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA - APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE SEPTIEMBRE





OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.

Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo
me haga su amigo y apóstol, disponible a su misión.
Pongo en tus manos
mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos,
todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Recemos para que los políticos, los científicos y los economistas trabajen juntos por la protección de los mares y los océanos.»
AMÉN



VÍDEO DEL PAPA
INTENCIONES DEL MES



“Los océanos contienen la mayor parte del agua del planeta y también la mayor variedad de seres vivientes, muchos de ellos amenazados por diversas causas.

La Creación es un proyecto del amor de Dios hacia toda la humanidad. Nuestra solidaridad con la “casa común” nace de nuestra fe.
Recemos este mes para que los políticos, los científicos, los economistas trabajen juntos por la protección de los mares y de los océanos.”

Papa Francisco




ORACIÓN

Padre de bondad,
creaste el mundo para nosotros

y confías a tus hijos la obra de la creación.
Te pedimos perdón
por no saber cuidar de la belleza que nos ha sido confiada
y usar de forma egoísta e irreflexiva
los recursos que necesitamos para vivir.
Te pedimos perdón por nuestra falta de sensibilidad y amor
para con la naturaleza y para con tus hijos e hijas
que sufren las consecuencias de nuestras malas opciones.
Danos luz para optar decididamente por la defensa de los océanos,
haciendo todo lo que está a nuestro alcance para hacer de la Tierra
el lugar de belleza que soñaste para nosotros.

Padre Nuestro…




PROPUESTA PARA EL MES

  • Infórmate a través de las redes sociales y otras publicaciones en internet, acerca del impacto y de la dimensión de la contaminación de los océanos y sus consecuencias para el futuro del planeta. Tomar conocimiento de las buenas prácticas que pueden ser adoptadas en casas, escuelas y lugares de trabajo para colaborar en su disminución.
  • En casa, procuren tomar decisiones sobre las cosas que compran, la cantidad de plástico, materias contaminantes y los residuos que se crean. Opten por la regla ecológica de: reducir; reciclar; reutilizar.
  • En la propia comunidad, lean, reflexionen y compartan la Encíclica Laudato sí, del Papa Francisco, dando a conocer sus lineamientos en las celebraciones litúrgicas, en la catequesis, en los grupos de oración y formación. (cómo las instituciones ayudan a la sensibilización sobre buenas prácticas ecológicas, separación de basura, disminución de desperdicios, uso de materiales reciclables, etc., hablando de ello en las celebraciones litúrgicas, en la catequesis, en los grupos de oración y formación.)


Fuente: ClickToPray





SOBRE LA INTENCIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE SEPTIEMBRE


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RECURSOS EN LA RED

A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray[App Store] [Google Play]

C. Para comunicarnos:
apostolado.oración.peru@gmail.com





Intención del Papa Francisco para el mes de Septiembre: Por los Océanos y Mares


LOS MARES SE MUEREN

P. José Enrique Rodríguez, jesuita.
Párroco de San Pedro, Santuario Arquidiocesano del Sagrado Corazón de Jesús
Lima - Perú.

Universal: Por la protección de los mares y océanos:
“Recemos para que los políticos, los científicos y los economistas trabajen juntos por la protección de los mares y los océanos.”

La historia bíblica está íntimamente ligada al mar de Galilea, de Tiberiades o lago de Genesaret. Desde ahí parte el río Jordán, que atravesando el territorio palestino de norte a sur, desemboca en el Mar Muerto. Situado a 412 metros por debajo del nivel del mar Mediterráneo, tiene una extensión de 50 Km de longitud por 17 Km en su parte más ancha y es famoso por tener aguas 10 veces más saladas que los océanos. Se llama Muerto porque ahí no viven peces, pero es una apreciada meta turística por sus virtudes terapéuticas. En 20 años, el nivel de las aguas ha bajado 20 metros. En 50 años desaparecerá porque solo recibe el 2% del agua que necesita del río Jordán.

El poeta Jorge Manrique , en el siglo XV, escribió la elegía Coplas a la muerte de su padre. En la Copla III dice: "nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir". Es curioso encontrar encontrar la imagen del mar como símbolo de muerte, lucha, peligro, cuando es también símbolo de vida, de alimento, especialmente significativo para los países del área del Pacífico, enriquecido por el plankton y las corrientes marinas en las que hay una riqueza inmensa, aunque no infinita. Los mares pueden morir y si mueren, muere nuestro planeta.

Entre 1995 y 2007 el número de áreas marinas costeras sin oxígeno se incrementó en un 33%. Hay 405 zonas marinas muertas en el mundo y apuntan a dos causas principales: el exceso de fertilizantes en la agricultura y la quema de combustibles fósiles. Hay que agregar el plástico, que inventado a fines del siglo XIX y producido a gran escala en el siglo XX, cada segundo es arrojado a mares y océanos en cantidades de 200 o más kilos. El 70% se va al fondo marino y el 15% se queda flotando. Se afirma que hay dos grandes islas de plástico en el Océano Pacífico, otras dos en el Atlántico y una en el Índico, que flotan y crecen cada día. Podríamos decir que los mares están cada vez más intoxicados, y los animales marinos más aún. El pescado que comemos tiene micropartículas de plástico que pasan a los organismos humanos.

"Los océanos son patrimonio común de la familia humana. Sólo con un profundo sentido de humildad, asombro y gratitud podemos hablar con razón del océano como "nuestro". Cuidar esta herencia común implica necesariamente el rechazo de formas cínicas o indiferentes de actuar. No podemos pretender ignorar los problemas de la contaminación de los océanos como resultado, por ejemplo, de los plásticos y micro-plásticos que entran en la cadena alimentaria y tienen graves consecuencias para la salud de la vida marina y humana".

Que las palabras del Papa nos lleven a hacer una oración preocupada por los problemas de todos; esa es nuestra manera de ser apóstoles de la oración, uniendo las voces de más de 13 millones de participantes de esta gran Red de oración.


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Agradecemos al P. José Enrique Rodríguez por su colaboración.




Parábolas de la misericordia de Dios



P. Adolfo Franco, jesuita

DOMINGO XXIV
del Tiempo Ordinario

Lucas 15, 1-32

Los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharle. Por esto los fariseos y los maestros de la Ley lo criticaban entre sí: «Este hombre da buena acogida a los pecadores y come con ellos.» Entonces Jesús les dijo esta parábola:
«Si alguno de ustedes pierde una oveja de las cien que tiene, ¿no deja las otras noventa y nueve en el desierto y se va en busca de la que se le perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga muy feliz sobre los hombros, y al llegar a su casa reúne a los amigos y vecinos y les dice: “Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido.” Yo les digo que de igual modo habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse.
Y si una mujer pierde una moneda de las diez que tiene, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y apenas la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: “Alégrense conmigo, porque hallé la moneda que se me había perdido”. De igual manera, yo se lo digo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte.»
Jesús continuó: «Había un hombre que tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: “Dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y el padre repartió sus bienes entre los dos.
El hijo menor juntó todos sus haberes, y unos días después se fue a un país lejano. Allí malgastó su dinero llevando una vida desordenada. Cuando ya había gastado todo, sobrevino en aquella región una escasez grande y comenzó a pasar necesidad. Fue a buscar trabajo y se puso al servicio de un habitante del lugar, que lo envió a su campo a cuidar cerdos. Hubiera deseado llenarse el estómago con las bellotas que daban a los cerdos, pero nadie se las daba.
Finalmente recapacitó y se dijo: “¡Cuántos asalariados de mi padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre! Tengo que hacer algo: volveré donde mi padre y le diré: Padre, he pe cado contra Dios y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus asalariados.” Se levantó, pues, y se fue donde su padre.
Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse a su cuello y lo besó.  Entonces el hijo le habló: «Padre, he pecado contra Dios y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus servidores: «¡Rápido! Traigan el mejor vestido y pónganselo. Colóquenle un anillo en el dedo y traigan calzado para sus pies. Traigan el ternero gordo y mátenlo; comamos y hagamos fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.» Y comenzaron la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, cuando se acercaba a la casa, oyó la orquesta y el baile. Llamó a uno de los muchachos y le preguntó qué significaba todo aquello. El le respondió: «Tu hermano ha regresado a casa, y tu padre mandó matar el ternero gordo por haberlo recobrado sano y salvo.»
El hijo mayor se enojó y no quiso entrar. Su padre salió a suplicarle. Pero él le contestó: «Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y a mí nunca me has dado un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. Pero ahora que vuelve ese hijo tuyo que se ha gastado tu dinero con prostitutas, haces matar para él el ternero gordo.»
El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.»
Palabra del Señor.


Jesús nos deslumbra ´presentándonos la realidad de la misericordia de Dios al contarnos la parábola del hijo pródigo.

El Evangelista San Lucas agrupa en estos versículos tres parábolas sobre la misericordia. Quiere dejar bien establecido que Jesús ha venido a salvar, que su deseo es tener una fiesta por la salvación de sus hijos. Sobre todo quiere poner al descubierto el corazón tierno y amoroso de Dios. Estas tres parábolas tienen detalles hermosos, que pretenden subrayar la voluntad de misericordia, el deseo incontenible que tiene Dios de salvarnos. El pastor carga sobre sus hombros la oveja perdida, no la empuja golpeándola con la punta de su cayado. La mujer que enciende la lámpara, y que se afana incansablemente en buscar la moneda perdida, y que explota de alegría cuando termina su búsqueda. ¿Será verdad, Dios mío, que explotas de alegría cuando nos encuentras? ¿Será verdad que encendiste todas las luces para buscarnos? ¿Mi Dios, tú nos cargas sobre tus hombros? Señor, hazme entender que por mí haces fiesta.

Pero la que más se ha destacado siempre de las tres parábolas es la del hijo pródigo, y con razón, por la transparencia del amor, por la fuerza del dramatismo, y por la emoción dolida que surge en un padre que ve alejarse al hijo, y de un hijo que llega al extremo del fracaso. Y sobre todo destaca por el amor incondicional del Padre cuando vuelve a abrazar al hijo que se fue.

Lo primero que el Señor quiere inculcarnos es que alejarse de la casa del padre es caminar al fracaso. Una afirmación contundente, pero que es esencial: alejarse de Dios es arruinar la vida. La dignidad del hombre, sólo se salvaguarda en la casa del Padre. La felicidad que se pretende obtener lejos de Dios, termina siendo amargura y fracaso. El ser humano se realiza al calor de Dios, y se destruye cuando camina lejos de Dios. Con frecuencia se tiene (inconscientemente) la idea de que Dios hace la vida aburrida, y que para buscar la felicidad hay que liberarse de cada uno de los diez mandamientos. Se piensa que la felicidad se puede obtener cuando se borran de nuestro pensamiento las ideas religiosas. Se piensa que las orientaciones y las prácticas religiosas hacen la vida reprimida. Y que en la aventura del placer, en que uno rompe todos los esquemas de los “niños buenos”, es donde se encuentra la chispa de la vida, lo emocionante.

Y por eso la parábola nos presenta al hijo, cuando ya ha gastado todo; despierta de su sueño de felicidad equivocada; y se ve rodeado de animales inmundos, sucio, con hambre y sin dignidad. Pelea por quitarle su comida a los animales. Ese es el despertar del que ha equivocado el camino.

La segunda gran enseñanza que nos la da la parábola, es que Dios es Padre. Esto lo hemos dicho tantas veces todos, que parecen tópicos vacíos de significación; palabras que no se sienten y que se repiten por rutina. Decimos que Dios es nuestro Padre, y no nos llenamos de emoción. ¿Es verdad que Dios nos trae a la vida, y se llena de ternura con nosotros, y nos echa de menos cuando nos alejamos? ¿Es verdad que suspira por encontrarnos, que todos los días sale al camino para ver si en el horizonte al fin me ve a mí acercarme a su casa? ¿Es verdad que me llena de besos, que me pone su anillo, que me viste, y que prepara para mí un banquete? ¿Será verdad? ¿Será verdad que le gusta que le diga el Padre Nuestro? ¿Será verdad que mira a ver si este domingo he ido a verlo, a estar con El a solas, al menos un rato? ¿Es vedad que me amas así, Dios querido?

Otra enseñanza es que Dios vive impreso en nuestro corazón, su huella es imborrable (una chispa de su vida nos hizo vivir) y que no descansamos hasta que nos volvamos a El de todo corazón. San Agustín decía: “nos hiciste, Señor, para Ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que no descanse en Ti”. Esto es lo que siente el hijo pródigo: una irresistible añoranza de Dios, de su Padre. Cuando ha pasado el torbellino de las aventuras que lo han tenido aturdido, cuando se ha disipado la niebla del placer, se siente sólo, tristemente sólo, necesitando el abrazo de su padre, su voz tranquilizadora. Cuando se sienta a pensar, en esa pocilga que es la descripción de su propia suciedad, siente una honda necesidad de llamar por su nombre a su Padre. Y este fuego interior lo va preparando para verse de nuevo con su Padre ¿cómo imaginaría este muchacho que sería ese encuentro? ¿Cómo soñaría con su padre, la última noche en la pocilga?

Dice San Agustín, ese hijo pródigo, salvado por las lágrimas de su madre: “Y Tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que Tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo”.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

Los escritos de San Pablo: Su Teología - El Amor Cristiano



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 13° ENTREGA


13. LA RESPUESTA DEL HOMBRE A LA INICIATIVA DE DIOS

Continuación

13.5. EL AMOR CRISTIANO

La respuesta del hombre a Dios que le comunica su vida está condensada para Pablo en el amor Rom 13, 8-10: "Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor. Pues el que ama al prójimo ha cumplido la Ley. En efecto, lo de no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta formula: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la Ley en su plenitud".

El amor es la plenitud de la Ley porque da al cristiano el dinamismo para servir a los demás y dirigir así su fe y su esperanza: la fe actúa, es decir, despliega su fuerza y poder, por medio de la caridad, Gal 5, 6: “porque siendo de Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen eficacia; sino la fe que actúa por la caridad”; la esperanza en Dios y en su amor no puede fallar: Rom 5, 5-11: “y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha sido dado. En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos, ... mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por Él salvos de la ira! Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no solamente eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación”.

El amor es un fruto del Espíritu, Gal 5, 22: “En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí, contra tales cosas no hay ley”.

Por eso, es lo mismo decir:
  • Caminar en el Espíritu y caminar en el amor: Ef. 1, 4: “por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor”; y en  Rom. 8, 4: “a fin de que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros que seguimos una conducta, no según la carne, sino según el Espíritu”.
  • Ser edificados en el Espíritu es ser edificados en el amor: Efes 2, 22: “en quien también vosotros con ellos estáis siendo edificados, para ser morada de Dios en el Espíritu”; y en Efes 4, 16: “de quien todo el cuerpo recibe trabazón y cohesión por la colaboración de los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro para el crecimiento y edificación en el amor”.
  • El Espíritu y el amor son plenitud de la Ley: Rom 8, 2: “Porque la ley del Espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte”; y Rom 13, 10: “La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud”.
  • La caridad es el vínculo de la perfección, el que une y sostiene las demás actitudes cristianas: Col 3, 12-14: “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja con otra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros. Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el broche de la perfección”.
  • El amor es una participación en el amor divino con el cual Dios nos ha amado, Efes1, 4: “por cuanto nos ha elegido antes de la formación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor”; y en Rom 5, 8: “mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”; y en Rom  8, 32: “El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con Él graciosamente todas las cosas?”;  y en el amor de Cristo, Gal 2, 20: “y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí”.
  • Debemos imitar el amor de Cristo, Efes 5, 2: "vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma";
En el proceso de crecimiento de nuestro amor al prójimo que nos lleva a:
  • Amar a todos los hermanos: Efes 1, 15: “Por eso, también yo, al tener noticia de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestra caridad para con todos los santos”.
  • No cansarnos de hacer el bien: 2 Tes 3, 13: “Vosotros hermanos, no os canséis de hacer el bien”; y en  Gal 6, 9: “No nos cansemos de obrar el bien; que a su debido tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos”.
  • Vivir en paz con todos: 1 Tes 5, 13: “Tenedles en la mayor estima con amor por su trabajo. Vivid en paz unos con otros”; y en 2 Cor 13, 11: “Por lo demás, hermanos, alegraos; sed perfectos; animaos; tened un mismo sentir; vivid en paz, y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros”.
  • La corrección fraterna: Gal 6, 1: “Hermanos, si alguno en alguna falta, vosotros los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate tú mismo, pues también tú puedes ser tentado”.
  • Orar por todos: 1 Tim 2, 1: “Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres”; y en  2 Cor 13, 11: "Por lo demás, hermanos, alegraos; sed perfectos; animaos; tened un mismo sentir; vivid en paz, y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros”; y en  Filip 1, 9: “Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor crezca cada vez más en conocimiento y toda experiencia; y en  2 Cor 1, 11 “Si colaboráis también vosotros en la oración a favor nuestro, para que la gracia obtenida por intervención de muchos sea por muchos agradecida en nuestro nombre”.
  • El amor es el que rige el crecimiento de la Iglesia, cuerpo de Cristo: Ef 4, 15-16: “antes bien con la sinceridad en el amor, crezcamos en todo hasta aquel que es la cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo recibe trabazón y cohesión por los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro, para el crecimiento y edificación en el amor”.
  • La doctrina de Pablo sobre el amor se halla expresada en grado sumo en el "Himno de la caridad", 1 Cor13, 4-8: “La caridad es paciente, es amable; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca”.

Se suele dividir en tres estrofas:

1. Vv. 1 - 3: se habla de la necesidad del amor; sin el amor los carismas no dejarían de ser simple filantropía o cualidad meramente humana.
2. Vv. 4 - 7: se presentan las características del amor cristiano:

  • En general: “es paciente, es afable”.
  • Ocho propiedades negativas: "no tiene envidia, no se jacta ni se engríe, no es grosero ni busca lo suyo, no se exaspera ni lleva cuentas del mal, no simpatiza con la injusticia".
  • Cinco características positivas: "simpatiza con la verdad. Disculpa siempre, se fía siempre, espera siempre, aguanta siempre".
  • En otras palabras: cuando falte evidencia, el amor piensa bien; si hay evidencia contraria, espera el bien; si sufre desilusión, la soporta con paciencia.
3. V. 8: perennidad del amor y su superioridad sobre todos los carismas, "permanecerá el amor y sus obras".



Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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