Selección de nuestras publicaciones ordenadas a manera de CURSOS de formación


ESPECIAL DE PASCUA


 ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!



«Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás.»
Juan 11, 25-26


La Resurrección de Jesús es el hecho central de la vida cristiana y de la salvación.
¡Alegrémonos con la Resurrección de Cristo, y que esta alegría esté siempre presente en nuestra vida!
¡ALELUYA!

Acceda a nuestras publicaciones AQUÍ





Homilías: Den gracias al Señor, porque es eterna su misericordia - Domingo 2º Pascua (B)

 


AQUÍ acceda a la homilía de nuestro Director

P. José Ramón Martínez Galdeano, jesuita.




Domingo II Pascua. Ciclo B - Jesús resucitado se aparece a sus apóstoles


Escuchar AUDIO o descargar en MP3


P. Adolfo Franco, jesuita

Lectura del santo evangelio según san Juan (20, 19-31)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.

Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.

Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.

Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor


Jesús resucitado trae dones a sus discípulos para el bien de la Iglesia: la paz, el perdón y el Espíritu Santo

El Evangelio de hoy nos narra una de las apariciones de Cristo resucitado a los apóstoles, cuando estaban escondidos en una casa. Tenían miedo de que los enemigos de Jesús los buscasen también a ellos. Estaban muy lejos de pensar en que Cristo hubiera resucitado y que con su triunfo hubiera disipado los temores y los miedos de ellos y de todos nosotros. Esta actitud de tristeza, miedo o simplemente cerrazón, es la que tuvieron invariablemente todos los que fueron testigos presenciales de la resurrección; y así providencialmente nos hicieron más creíble su testimonio.

En esas circunstancias se les aparece Jesús resucitado y les trae el don de la Paz, el don del Espíritu, y el don del perdón de los pecados. Y es que de la resurrección de Jesús manan en abundancia la plenitud de los dones de Dios; con la muerte y resurrección de Cristo nuestra salvación se ha cumplido. Y esa salvación se nos va otorgando a través de los dones maravillosos de Dios: la Paz, el Espíritu Santo, el perdón de los pecados.

Es importante reflexionar, bajo la luz de la resurrección, en estos dones de Dios, y en particular en el perdón. Pues el perdón de los pecados es especialmente participación en la resurrección: es la renovación de la nueva creación que el triunfo de Cristo viene a operar en los hombres. El perdón de los pecados es resurrección personal; cuando, en el sacramento de la reconciliación se nos perdonan los pecados, pasamos de la muerte a la vida.

Jesús vincula definitivamente su perdón a la potestad de los apóstoles: ellos serán los intermediarios del perdón: "A quienes les perdonen Uds. los pecados, les quedan perdonados" (Jn 20, 23). Queda establecida la condición del perdón que nos otorga Dios; los apóstoles son el camino del perdón de Dios. Y quedan descalificados los que piensan que pueden saltarse el camino para confesarse directamente con Dios.  Dios es el que puede perdonar, y el que nos ha manifestado cómo concede su perdón.

En segundo lugar, vincula el perdón a la resurrección. Esta vinculación surge porque Jesucristo al morir y resucitar queda convertido en la fuente de la redención. Todo lo que es salvación del hombre nos viene por el misterio pascual; y el perdón de los pecados es elemento esencial de nuestra salvación.

Además, ser perdonado es de alguna forma insertarse en la resurrección de Cristo: "Ya que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de allá arriba" (Col 3, 1). El efecto que obra el sacramento de la reconciliación es no sólo purificarnos de las faltas, liberarnos de las consecuencias del pecado, es devolverle a nuestro ser una novedad sin mancha (que resucite lo muerto en nosotros), y hacernos aspirar a los bienes de arriba, como dice San Pablo en su Carta a los Colosenses: tener aspiraciones elevadas. La resurrección debe iluminar el mundo, los sucesos y los valores, y les da a todos un nuevo sentido. Los valores humanos, por la Resurrección de Cristo, tienen una jerarquía diferente de la puramente lógica y racional; y así nos empuja a aspiraciones superiores, a una forma diferente de juzgar nuestro entorno, nuestras aspiraciones y nuestros ideales.

El sacramento de la reconciliación nos va ayudando a una transformación paulatina, a la que nos indica la resurrección, a tener aspiraciones mayores, a superar las metas mediocres: sacar de nosotros las potencialidades más hermosas: intentar llegar a ser, lo que íntimamente soñamos con ser. Es vincularnos a la resurrección como actitud personal. Por eso este sacramento es establecido en el primer día de Pascua. Y así sus frutos van más allá de la simple limpieza de los pecados.

Y si hemos recibido el don del perdón, nuestra transformación debe empujarnos a ser personas que testimonian el perdón y que saben perdonar. Y es que lo que hacemos, al no perdonar, es negar en nosotros el fruto de la resurrección. Así seremos testigos de la resurrección que nos llega a través del sacramento. Así proclamaremos que Cristo ha resucitado. Si somos testigos de la resurrección por el perdón recibido, debemos transmitir a otros esta experiencia, perdonando de corazón.



Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.
...



Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.


 





Conferencias Espirituales - P. José María Iraburu

Compartimos los enlaces a la página de INFOCATÓLICA, donde encontramos los audios de las Conferencias Espirituales del P. José María Iraburu, la espiritualidad es una dimensión de la vida cristiana muy importante y esperamos que los temas presentados ayuden a alimentar la espiritualidad de nuestros lectores. El P. Iraburu nos dice sobre esta serie "Forma su conjunto una Síntesis de espiritualidad católica, en la que expongo todos o casi todos los temas principales de los manuales clásicos de Ascética y mística o de Teología Espiritual. Ciertamente son temas de suma importancia para nuestra propia vida y nuestra acción apostólica."Acceda al ÍNDICE de los enlaces a InfoCatólica de las Conferencias AQUÍ.

Homilías: Domingo de Resurrección (B) - ¡Hemos resucitado con Cristo!



AQUÍ acceda a la homilía de nuestro Director

P. José Ramón Martínez Galdeano, jesuita.



Domingo de Resurrección. Ciclo B - La Pascua del Señor


Escuchar AUDIO o descargar en MP3


P. Adolfo Franco, jesuita

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor


Cristo ha resucitado. Transmitamos su alegría.

La resurrección de Jesús es el hecho central de la vida cristiana y de la salvación. Jesús mismo lo propone muchas veces como la gran señal de la autenticidad de su persona y de su mensaje. Es la culminación del plan de Dios. En la resurrección de Cristo se manifiesta el proyecto cabal de Dios sobre el hombre.

Pero ¿qué es la resurrección? Es importante responder a esta pregunta, para saber qué es lo que estamos celebrando. Y por otra parte es muy difícil responder a esta pregunta ¿qué es la resurrección? Pero, aunque sea difícil la respuesta, vale la pena esbozar al menos algunas ideas. 

Normalmente hablamos de la resurrección como de una recuperación de la vida, que se ha interrumpido. Un ser que estaba muerto, por el toque de la resurrección, vuelve a recuperar su vida tal como la tenía antes. Y de hecho este tipo de resurrección es el que devolvió la vida a Lázaro, y a otros revividos milagrosamente por la acción de Dios. Es legítimo hablar de resurrección en este sentido. Pero no es la Resurrección fundamental, aquella a la que todos estamos llamados por el plan de Dios. No es esa la Resurrección de Cristo. 

Y esto, entre otras razones, porque el Resucitado de la resurrección definitiva, ya no puede volver a morir, en cambio Lázaro resucitó, pero volvió a morir. Podríamos distinguir así entre resurrección temporal y resurrección definitiva. La primera es la de Lázaro, la segunda es la de Jesús y la que nos espera a nosotros. Y sobre ésta hay que reflexionar. 

En la resurrección recuperamos la vida en plenitud, no la vida defectuosa de antes, y la recuperamos incluso con su componente corporal. Esta resurrección es recuperar la vida, pero en otras dimensiones, superando totalmente todo lo que pudiéramos imaginar. Entre el sujeto antes de morir, y el sujeto resucitado hay una verdadera identidad, es el mismo sujeto en su esencia, el que vivía la vida mortal y el que vive ahora la vida ya inmortal. Pero, aunque sea en verdad el mismo sujeto, ha habido una transformación radical. Por poner un ejemplo, al que a veces se recurre al hablar de esto, el gusano de seda y la mariposa que sale del capullo después de unas semanas, es el mismo ser, pero evidentemente no es lo mismo un gusano que una mariposa.

Hay que profundizar por tanto en la modificación que se produce por el hecho de la resurrección, para entender, o al menos vislumbrar lo que es la resurrección. El ser resucitado es ya totalmente y esencialmente luz: imaginemos nuestra persona con todos sus poros, todas sus células irradiando luz. Imaginemos nuestro ser con todas sus ilusiones colmadas en plenitud. Imaginemos un sujeto totalmente sin sombras, sin limitaciones de debilidad, con un corazón que es un volcán de amor. Un sujeto que es bueno hasta en los más recónditos escondites de su ser, que ama con la fuerza de un huracán, y que sabe comprender. Que se acerca a la verdad y la absorbe y la posee en totalidad, sin errores ni dudas. Pues cuando podamos imaginar un ser en estas condiciones, nos hemos acercado un poco, pero aún estamos muy lejos de captar lo que es un Resucitado.

Esto es lo que hoy celebramos en Jesús, y por eso nos llenamos de alegría por El, principalmente, pero también por nosotros. Jesús ha culminado con su resurrección todo el proceso de la redención. Ya la humanidad ha sido restaurada; el plan inicial de Dios ha sido otra vez rehecho, aunque de una forma mejor. La puerta de la resurrección para nosotros ha quedado abierta. Y para que esta resurrección de Jesús nos vaya invadiendo a cada uno, para que la hagamos nuestra, nos ha dejado un camino, unas señales, unas actuaciones de su presencia bendita y restauradora: los sacramentos. Esos sacramentos son los espacios que Dios nos ofrece ahora para nuestra vida, para que en ellos vivamos la luz, la alegría y la salvación de la resurrección.

Además, con la resurrección de Cristo nuestra fe tiene un fundamento sólido; San Pablo decía: Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. Pero efectivamente ha resucitado, por tanto, todo lo que ha enseñado es verdad, nuestra Iglesia es su Iglesia, es su Cuerpo Místico. Como Cristo en verdad ha resucitado, la Biblia es de verdad Palabra de Dios. Como Cristo ha resucitado, somos de verdad hijos de Dios. Como es verdad que Cristo ha resucitado, es posible el perdón de nuestros pecados; esto es de verdad. Como es verdad la Resurrección de Cristo, nuestra oración llega hasta nuestro Padre, que siempre nos escucha. Por Cristo resucitado tenemos camino hacia la Verdad, hacia la Vida, y hacia el Amor.

Alegrémonos con la Resurrección de Cristo, y que esta alegría esté siempre presente en nuestra vida. Que así le demos su verdadero sentido a esa palabra Aleluya que repetimos en estos días tantas veces.




Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.
...



Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

 




VIGILIA PASCUAL

 


Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo.

Pregón Pascual


Semana Santa: Vigilia Pascual

La Semana Santa: Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección







Reflexiones sobre Semana Santa - P. Gerardo Aste, jesuita - Video


Reflexiones sobre Semana Santa

 El P. Gerardo Aste SJ nos comparte sus reflexiones sobre la Semana Santa en el Canal de YouTube de la Compañía de Jesús de Perú 
Acceda al enlace AQUÍ

 




ESPECIAL DE SEMANA SANTA



“Me amó y se entregó a la muerte por mí” 
Gal 2,20

“Habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo”. Así empieza Juan la redacción de sus recuerdos de las últimas horas de Jesús en este mundo. Y sus fieles lo seguimos recordando. Porque sabemos que en esas palabras también nosotros estamos incluidos. “Me amó y se entregó a la muerte por mí” (Gal 2,20).

Son esas horas las pruebas más irrefutables de su amor. Puedo estar seguro de él totalmente. Puedo estar seguro de su perdón total. Puedo estar seguro de que en el futuro no me abandonará, si yo no me suelto de su mano.

De la mano de María y en su compañía quiero vivir todos los pasos de la pasión, no perder un detalle, meditar cada palabra, dejar que mi corazón sea herido por su dolor, unir mi vida, sufrir y un día unir mi muerte a la suya.

Pide, Madre, para todos nosotros la gracia del Espíritu para seguir a tu hijo con nuestra cruz, para creer en su valor salvador, para estar al pie de la de Jesús hasta el final, para darle hasta el último aliento, para ser llevados a nuestro último destino junto a Él.



P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.



Acceda AQUÍ


ESPECIAL DE VIERNES SANTO




"Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna."

Jn 3,16

Acceda AQUÍ