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San Jerónimo




Sobre San Jerónimo, el Papa  Benedicto XVI dedicó dos audiencias sobre él (7 de noviembre y 14 de noviembre, 2007) de ellas se rescata los siguientes mensajes relacionados a las Sagradas Escrituras. 

San Jerónimo:
-"Ignorar la Escritura es ignorar a Cristo"
-"¿Cómo es posible vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer al mismo Cristo, que es la vida de los creyentes?"
-"Estoy con quien esté unido a la Cátedra de san Pedro"  "yo sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia".

La Biblia, instrumento «con el que cada día Dios habla a los fieles, se convierte de este modo en estímulo y manantial de la vida cristiana para todas las situaciones y para toda persona».

Leer la Escritura es conversar con Dios: «Si rezas --escribe a una joven noble de Roma--hablas con el Esposo; si lees, es Él quien te habla».

Como interpretar la Biblia
«un criterio metodológico fundamental en la interpretación de las Escrituras era la sintonía con el magisterio de la Iglesia».  

«Por nosotros mismos nunca podemos leer la Escritura. Encontramos demasiadas puertas cerradas y caemos en errores. La Biblia fue escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo la inspiración del Espíritu Santo»

«Sólo en esta comunión con el Pueblo de Dios podemos entrar realmente con el “nosotros” en el núcleo de la verdad que Dios mismo nos quiere decir».

«Para él una auténtica interpretación de la Biblia tenía que estar siempre en armonía con la fe de la Iglesia católica».

La lectura de la Escritura lleva al santo a entregarse a los demás: es necesario «vestir a Cristo en los pobres, visitarle en los que sufren, darle de comer en los hambrientos, cobijarle en los que no tienen un techo».

La Palabra de Dios «indica al hombre las sendas de la vida, y le revela los secretos de la santidad».


RESEÑA DE SU VIDA

Su nombre completo era Sofronio Eusebio Jerónimo. Su ciudad natal era Stridone, en la actual Croacia. Su fecha de nacimiento no se conoce con exactitud, pero fue alrededor del año 347. De familia cristiana y acomodada, recibió una sólida educación y, apoyado por sus padres, perfeccionó sus estudios en Roma. Allí se entregó a la vida mundana, dejándose llevar por los placeres; pero pronto se arrepintió, recibió el bautismo y se enamoró de la vida contemplativa. Por esta razón se mudó a Aquileia y se convirtió en parte de una comunidad de ascetas. Algún tiempo después la abandonó, decepcionado por las enemistades que habían surgido en ese ambiente. Partió luego para el Oriente y se detuvo en Trier, volvió a Stridone y repartió de nuevo. Permaneció unos años en Antioquía, donde perfeccionó su conocimiento del griego, y luego se retiró como ermitaño en el desierto de Chalkis, al sur de Alepo. Durante cuatro años se dedicó plenamente a sus estudios, aprendió hebreo y transcribió códigos y escritos de los Padres de la Iglesia. Fueron años de meditación, soledad e intensa lectura de la Palabra de Dios, que también lo llevaron a reflexionar sobre la brecha entre la mentalidad pagana y la vida cristiana. Amargado por las diatribas de los anacoretas causadas por la doctrina arriana, regresó a Antioquía. En el 379 fue ordenado sacerdote, y luego se trasladó a Constantinopla donde continuó estudiando griego con san Gregorio Nazianzeno.

Al lado del Papa Dámaso

En 382 Jerónimo volvió a Roma para participar en una reunión convocada por el Papa Dámaso sobre el cisma de Antioquía. Como su reputación ascética y erudita era bien conocida, el Pontífice lo eligió como su secretario y consejero y lo invitó a realizar una nueva traducción de los textos bíblicos al latín. En la capital, Jerónimo también fundó un círculo bíblico e inició el estudio de la Escritura por mujeres de la nobleza romana que, deseando emprender el camino de la perfección cristiana y deseando profundizar su conocimiento de la Palabra de Dios, lo designaron como su maestro y guía espiritual. Dado que las estrictas reglas que sugería a sus discípulos eran consideradas demasiado duras, se comprende por qué su rigor moral no fuese compartido por aquel tipo de clero demasiado laxo. Jerónimo tampoco era bien visto por otros muchos debido a sus modos agresivos y a su carácter difícil. Además condenaba rigurosamente los vicios, las hipocresías y a menudo polemizaba con los sabios y entendidos. En estas condiciones de contrastes, cuando Dámaso murió, decidió mejor volver a Oriente y en agosto del 385 se embarcó en Ostia para llegar a Tierra Santa, acompañado por algunos de sus fieles monjes y de un grupo de sus seguidores, entre ellos la noble Paula con su hija Eustoquia. Se embarcó en una peregrinación, llegó a Egipto y luego se detuvo en Belén, donde abrió una escuela que ofrecía su enseñanza de forma gratuita. Gracias a la generosidad de Paula, construyó un monasterio masculino, uno femenino y un hospicio para los viajeros que visitaban los lugares santos.

El retiro en Belén

Jerónimo pasó el resto de su vida en Belén, dedicándose siempre a la Palabra de Dios, a la defensa de la fe, a la enseñanza de la cultura clásica y cristiana y a la acogida de peregrinos. Un hombre impetuoso, a menudo polémico y peleonero, que era detestado pero también muy amado. No era fácil dialogar con él, sin embargo dejó un grande legado al cristianismo con su testimonio de vida y sus escritos. A él le debemos la primera traducción al latín de la Biblia, la llamada Vulgata - con los Evangelios traducidos del griego y el Antiguo Testamento del hebreo - que aún hoy, en su versión revisada, sigue siendo el texto oficial de la Iglesia latina. La Palabra de Dios, tan estudiada y comentada, también "se comprometió a vivirla concretamente", dijo Benedicto XVI, que dedicó dos catequesis a Jerónimo en las audiencias generales del 7 y el 14 de noviembre de 2007. Murió en su celda, cerca de la Gruta de la Natividad, el 30 de septiembre probablemente en el 420.

Sus enseñanzas y sus obras

"¿Qué cosa podemos aprender de San Jerónimo? Me parece que por encima de todo esto: amar la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura - sugirió Benedicto XVI - es importante que cada cristiano viva en contacto y diálogo personal con la Palabra de Dios, que se nos da en la Sagrada Escritura... es también una Palabra que construye la comunidad, que construye la Iglesia. Por lo tanto, debemos leerla en comunión con la Iglesia viva". Jerónimo es uno de los cuatro Padres de la Iglesia Occidental (junto con Ambrosio, Agustín y Gregorio Magno), proclamado Doctor de la Iglesia en 1567 por Pío V. Como herencia suya nos han quedado sus comentarios, homilías, cartas, tratados, obras historiográficas y hagiográficas; es bien conocido su De Viris Illustribus, con las biografías de 135 autores, en su mayoría cristianos, pero también judíos y paganos, para demostrar cómo la cultura cristiana fuese "una verdadera cultura digna de comparación con la clásica". No hay que olvidar su Crónica (Chronicon) - la traducción y reelaboración en latín de la Crónica Griega de Eusebio de Cesarea, hoy perdida, - que contiene la narración de la historia universal, donde se mezclan datos históricos con mitos, partiendo del nacimiento de Abraham hasta el año 325. Finalmente, ricas en enseñanzas y consejos sinceros, nos han quedado muchas epístolas que revelan su profunda espiritualidad.




Tomado de:

https://www.corazones.org/santos/jeronimo.htm

https://www.vaticannews.va/es/santos/09/30/s--jeronimo--sacerdote-y-doctor-de-la-iglesia.html


P. Francisco Del Castillo, jesuita - Labor apostólica en El Baratillo



 

LA PLAZUELA DE EL BARATILLO

El comienzo del trabajo sacerdotal del P. Francisco del Castillo en la plazuela del Baratillo podemos determinarlo con precisión gracias a las indicaciones que él mismo nos proporciona. Fue el 1° de marzo de 1648, primer domingo de cuaresma.

“En el tiempo en que estaba leyendo Gramática en la primera clase de mínimos, andaba con unas entretelas y luces grandes ante los ojos y una singular propensión y esperanza de alguna cosa de gran servicio y gloria de Dios, en el barrio de San Lázaro, sin acabar de saber ni entender lo que era hasta que el primer domingo de la cuaresma, a primero del mes de marzo de 1648, corrió la Providencia divina la cortina y el velo al misterio, porque yendo a hacer la doctrina cristiana en la parroquia del señor San Lázaro, aquella tarde, en donde se hacía la misión aquel año, y pasando como una cuadra del Baratillo, que es como la feria de España, me dijo el hermano compañero que iba conmigo, que volviese el rostro y viese la mucha gente que había en El Baratillo; volví el rostro y viendo el gran gentío que había, me dio un ansioso deseo y un gran fervor y determinación de ir allá, fui y rompí por entre la gente y con la cruz que llevaba en la mano, puesto sobre una piedra y arrimado a la peana de adobes que estaba en medio de la calle, en que estaba una cruz de mangles, comencé a levantar la voz poniendo y ponderando a la gente las palabras del capítulo cuarto y tercero de San Mateo, en que Cristo, Redentor nuestro y su santísimo Precursor, comenzaron su sagrada predicación, diciendo: “Poenitentiam agite, appropinquavit enim regnumcoelorum.” Exhorté a penitencia a la gente, y díjeles, entre otras cosas, que supuesto que aquel lugar se llamaba del Baratillo, lo era por lo barato que se vendían allí cielo, sólo por la penitencia y por un acto de contrición verdadera. Acabé la exhortación y la plática cantando y ponderando un ejemplo, y con un acto fervoroso de contrición”.

Era El Baratillo un concurrido mercado, que se extendía en una plazoleta amplia y capaz, cercana a la ribera derecha del río Rímac y en diagonal de la recta del Puente de piedra hacia el norte de la ciudad. Todavía hoy existe, con el mismo nombre, la plazuela donde se halla el edificio del Mercado, situados una y otro en el jirón Paita. Ese es el sitio señalado por el P. Francisco del Castillo. Como todo mercado popular, la compraventa trajinaba toda clase de géneros y productos. La vecindad del matadero favorecía el expendio de carnes en el rastro.


LA CRUZ DE LA PLAZUELA DEL BARATILLO

Por sus referencias sabemos, pues que ya existía una rústica peana de adobes sobre la que se levantaba una cruz de mangle. También consta que no fue Francisco quien primero se detuvo de intento a efectuar la predicación en ese lugar. Unos siete años antes el P. Gabriel Perlín había ya predicado en ese popular mercado y se valía de una cruz de madera. Había nacido en Madrid en 1577. Vino al Perú siendo todavía niño, con sus padres. Sus hermanos Juan y Francisco habían ingresado en la Compañía de Jesús en 1586 y 1588 respectivamente. Por treinta años se consagró al ministerio de los negros en calles y plazas de la ciudad, pero también acudía a las chanclas próximas donde impartía la doctrina a esclavos y mitayos (trabajos obligatoria de la mita). Les obsequiaba con rosarios, medallas y tabaco, pero él se alimentaba de camotes yucas y raíces. Gabriel Perlín murió el 24 de febrero de 1656 con fama de santidad, no sin transmitir a P. Francisco del Castillo un ejemplo digno de ser continuado. A los funerales asistieron el arzobispo de Lima, el Virrey y gran cantidad de gente.

El P. Francisco del Castillo siguió usando por un tiempo la cruz manual del P. Gabriel y al cabo de siete años la colocará en el camarín de la capilla de la Virgen de los Desamparados; y él mismo retuvo una de madera de chonta que le fue regalada por el P. Juan Del Portillo. Decía el P. Francisco del Castillo que, siendo aquello una reliquia de un santo -el P. Gabriel Perlín- no estaba bien que la llevase en las manos un pecador como él, y así desde ese tiempo ya no la llevó, considerándose indignísimo no solo de llevarla sino aún de tocarla. La cruz de chonta, con la cual se representa al P. Francisco del Castillo en algunos grabados y estampas, fue utilizada en la misión del Baratillo por muchos años, y es distinta de la gran cruz de madera –“la Cruz del Baratillo” –  que se conserva y venera en la iglesia de San Pedro Santuario Arquidiocesano del Corazón de Jesús, al lado de la tumba del venerable P. Francisco del Castillo.


TALENTO DE PREDICADOR Y LOS TRES VOTOS

Regresó al domingo siguiente, 8 de marzo de 1648, reiterando con nuevo ardor la predicación. Sencillo y directo, inculcaba las verdades fundamentales de la fe. Pero ponía tal fuerza y acento, que no se veía en él a un Misionero rutinario que pronuncia un sermón de estilo convencional, sino a un auténtico hombre de Dios, que llegaba con penetrante unción a los corazones de los oyentes. “Tenía el fuego y el Celo de San Vicente Ferrer” se atreve a decir el P. Juan de Goicochea, testigo de vista. “Si predicaba los negros Dios, le inspiraba lo que ellos podían comprender, si a los españoles, lo mismo”, dice el exprovincial de los mercedarios Francisco Mejía. El P. Gaspar de Sobrino, provincial jesuita del Nuevo Reino, luego rector del colegio de San Pablo, quiso saber por sí mismo en qué consistía la tan alabada predicación del P. Francisco del Castillo y acudió una tarde de domingo a la plazuela procurando pasar inadvertido. Impresionado de lo que había visto y oído, regresó a San Pablo e hizo el siguiente comentario: “Esto es predicar, convertir armas y ¿qué predicamos si no predicamos así?”

Llevaba ya casi dos años empeñado en el apostolado de aquella con corrida feria, cuando los Superiores le comunicaron una noticia que no dejó de sorprenderlo: el Padre General le había concedido la profesión solemne de tres votos. Era sin duda algo excepcional para quien como el P. Francisco del Castillo no había completado el curso de teología en sus años de estudiante.

En realidad, la profesión solemne de los sacerdotes de la Compañía de Jesús, incluye además de los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, un cuarto voto de obediencia al Romano Pontífice. Se podrá otorgar a jesuitas que hayan dado “mucha satisfacción de su talento y virtudes a gloria de Dios Nuestro Señor”. Así lo precisa San Ignacio de Loyola en las Constituciones. Pero el mismo Santo previó la posibilidad, aceptada luego por el Papa, de que “raras veces, algunos miembros de la orden, por su vocación y por la calidad de la persona, con licencia del Propósito General podrán hacer los tres votos solemnes”. En esa excepción fue incluido el P. Francisco del Castillo en 1650.


LABOR APOSTÓLICA EN EL BARATILLO

Domingo tras domingo continuaba el padre Francisco difundiendo en la palabra de Dios, invitando a la conversión y a la penitencia, enardeciendo los corazones en el amor a Dios y al prójimo. ¿Sus métodos? No podían ser más sencillos y hasta triviales: se subía a un escaño o a una rústica mesa, teniendo detrás de sí una cruz grande: primero fue la cruz de mangles que él ya había encontrado en la plazuela; luego, la que él mismo dispuso. El cambio de la cruz se realizó, según apunta en su autobiografía el 2 de marzo de 1653. Ese día, en la vecina parroquia de San Lázaro, el arzobispo de Lima Don Pedro de Villa Gómez bendijo una nueva Cruz, la cual fue llevada en una solemne procesión en hombros de sacerdotes con sobrepellices y estolas “y la música de la Catedral hice enarboló y colocó por mano de los mismos sacerdotes que la llevaron, en la peana en que está”. A partir de entonces, con el apoyo de la autoridad eclesiástica, la predicación del Apóstol de Lima parece como que cobró nueva frescura y vigor.

Para mayor comodidad de los oyentes pensando sobre todo en los meses del calor veraniego decidió construir una Ramada que cubriese parte de la plazuela. Solicitó una limosna para costear los gastos y vino de inmediato la respuesta. Apenas bajó de la tarima, un caballero le entregó 700 piezas de a ocho, lo que costaba la citada cobertura de ramas. También donaron contribuciones otras personas y su hermano el Lic. Alonso Rico, que entregó cuatro mil pesos.

Para la predicación y la catequesis recorría a láminas y cuadros muy expresivos que tenía como tema los novísimos. Era el mismo método que había seguido San Pedro Claver en Cartagena de Indias. Efectivamente según declaró el intérprete angolés Andrés Sacabuche, San Pedro Claver predicaba mediante cuadros ilustrados. Hablaba de la inmortalidad del alma, del Infierno, el cielo, y para ello “mostraba unas estampas sobre todo del infierno, un alma en pena y también un alma que estaba en la gloria. Con recursos simples San Pedro Claver y el P. Francisco del Castillo se adaptaban a mente sencillas e ingenuas. No podía pensarse de otro modo la pedagogía catequética.

Todos los domingos del año en la fiesta de la Virgen se iniciaba hacia las tres de la tarde la doctrina cristiana leía un trozo de un libro espiritual continuaba por media hora con el catecismo para los niños y también para aquellos adultos que nunca tuvieron ocasión de aprenderlo a las cuatro de la tarde daba comienzo la predicación de pie sobre la peana exponía con voz fuerte “los misterios de nuestra santísima fe la malicia y gravedad del pecado mortal los novísimos la hermosura el aprecio y estima que hemos de tener de la gracia los mandamientos de la ley de Dios y de la iglesia la necesidad e integridad de la confesión las obras satisfactorias oración limosna ayuno y Obras penales y finalmente la necesidad y utilidad de la contrición.”

Más que razones sutiles y conceptuosos términos buscaba transmitir a los corazones el fuego de su convicción prefería tomar texto de la escritura y ejemplos sencillos hay imitación de San Pablo que anunció a Jesucristo no con persuasivos discursos de humana sabiduría sino en la manifestación y El poder del espíritu (1 Cor 2,4)

Culminaba la plática con un ejemplo sobre la devoción a María y el acto de contrición La invocación final a la virgen era invariablemente esta:

·         Dios te salve hija del Dios Padre

·         Dios te salve Madre del Dios Hijo

·         Dios te salve Esposa del Espíritu Santo

·         Dios te salve Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad.

Intercalaba un padre nuestro y un ave María y añadía:

María madre admirable, consoladora de los afligidos, Reina de Todos los Ángeles, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus misericordiosísimos ojos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén, Jesús.

Cuando andando el tiempo estuvo lista la capilla de Desamparados el P. Francisco del Castillo invitaba a acudir a ella para venerar al Cristo de la agonía mientras se cantaba el miserere que con acompañamiento de arpa.

Junto con los mercachifles, compradores y curiosos de toda laya que acudían a la plazuela, se acercaban indígenas venidos del interior, que ignoraban el castellano. Si bien no dominaba el quechua, el padre Francisco del Castillo logró que se les enseñe la doctrina en esa lengua “y se predicase en su misma lengua a los indios, por ser muchos los que allí acuden.”

La triste situación de los más pobres y marginados, fue preocupación constante. Lo demostró el dedicarse por tantos años al apostolado del Baratillo y en Desamparados, y al ir con frecuencia los obrajes, haciendas y míseras chozas, allí donde pudiera llevar, con el consuelo de su presencia, la palabra de alivio y los sacramentos que fortalecen y reaniman. El contacto con los pobres lo abrió a una realidad lacerante: los indios y negros que padecían necesidad y menosprecio en la Ciudad de Los Reyes.

El hermano Pedro de Quintanilla, que había sido de niño alumno del padre Francisco del Castillo en el colegio de San Martín, "le oyó decir, muchas veces, que había pedido licencia a sus superiores para ir a predicar a los infieles, y que no habían querido concedérselo, para cuyo fin compuso e hizo imprimir tres catecismos en las tres lenguas: castellana, de indio y de negro; la tenía manuscrita para ir a las misiones de las chacras y para los obrajes, plazas y calles, preciándose de enseñar a la doctrina cristiana a la gente de más baja condición, que son los esclavos".


FRUTOS DE LA PREDICACIÓN

Salida de él una fuerza especial transformante. De allí que su fama de santidad se hiciese proverbial. Muy pronto comenzaron a divulgarse y comentarse relatos de conversiones sorprendentes y aún de hechos prodigiosos que tenían como escenario la plazuela del Baratillo. Lo mismo ocurrirá más tarde en la capilla y, luego en la iglesia de Nuestra Señora de los desamparados, al punto que la ciudad le impuso el nombre de Apóstol de Lima.

Fray Antonio de Morales, dominico obispo electo de la Concepción en Chile, afirma que conoció al Venerable en 1665 cuando vino a Lima como Prior del convento de Santo Domingo. Muchas veces, desde los corredores altos del convento, desde donde podía divisarse El Baratillo -al otro lado del Río- vio el gran concurso de gente que rodeaba al P. Francisco del Castillo, atraída por su celo y predicación. Era tan grande el fervor que mostraba, que, si bien la distancia era considerable, podía percibir los ecos de la fuerte voz del P. Francisco del Castillo. Esa predicación no se acreditaba - continúa diciendo el obispo Morales - con palabras rebuscadas o floridas, o por conveniencias humanas. Habiéndolo tratado luego de modo más cercano, vio en el P. Francisco del Castillo a un hombre lleno de afable serenidad y amabilidad, incapaz de alterarse, afectuoso sobre todo con los pobres.

Raro es el testigo que no hubiese sabido de transformaciones operadas por la irradiación del siervo de Dios. Un día es un hombre resentido porque su amante había resuelto dejar de convivir con él, después de un sermón del Baratillo. Decide por ello, vengarse del P. Francisco del Castillo. Dispuesto a todo, siguió sus pasos y llegando al puente, el siervo de Dios se vuelve tranquilamente al sujeto y le dice: "hijo, Dios no te da licencia para cumplir tu intento" y apunto aquel hombre, turbado y confuso, deja caer el arma en tierra.

Otro día es un hombre rico de la capital, que se siente tan conmovido por las palabras del P. Francisco del Castillo, que lo busca para decirle "Ya el mundo se terminó para mí, disponga a su voluntad". Y a los pocos días pide ingresar en el noviciado de Los Agustinos Descalzos. Y el testigo que lo cuentan, el hermano Juan Antonio Inga, coadjuntor jesuita, añade que él mismo hallándose todavía de seglar, resolvió entrar en la vida religiosa luego de escuchar al P. Francisco del Castillo en El Baratillo.

Alejado de toda práctica religiosa, Juan de Vergara había venido en viaje de negocios desde Potosí, donde llevaba una vida desarreglada. Se acercó por curiosidad a escuchar al P. Francisco (pues le habían hablado de su predicación). Vergara se sintió retratado en el sermón. Con la estupefacción del caso se apoderó de él una gran vergüenza, pero también, despechado, el deseo irreprimible de venganza. Al no poder ponerla por obra, cayó en la cuenta de su dañada intención, se arrepintió, confesó su vida pasada y resolvió hacerse hermano lego de San Francisco en Lima y vivió ejemplarmente en el convento hasta su muerte. Por su parte, el jesuita Martín de la Cerda recibió de muchas personas la misma confidencia: el Padre Castillo nos ha cambiado.

Se le prestaba atención y se seguía sus consejos. En Cuaresma su predicación era escuchada por gentes de todas las clases sociales. Eran muchas las carrozas que llevaban hasta El Baratillo a un público que unía con frecuencia superficialidad o frivolidad con prácticas religiosas exteriores. Pero querían escuchar al padre Francisco, porque su palabra conmovía. Y como no había en El Baratillo localidades de preferencia, se juntaba la nobleza al lado de gente humilde. No silenciaba ninguna verdad. Recordaba la malicia del pecado, el rechazo que la santidad de Dios opone a la culpa moral; y los castigos del pecador impenitente. El P. Francisco no fue una excepción en el conjunto de Santos que no vacilaron en mencionar por su nombre la gravedad del pecado mortal y la realidad del infierno. Su percepción del evangelio no podía consentir que sus oyentes considerasen triviales las transgresiones de un corazón apegado al mal. Más tampoco -mucho menos- callaba los tesoros de la misericordia del Señor y de su infinito perdón para quienes se arrepentían sinceramente de sus pecados.

En las informaciones de 1677 encontramos uno de los testimonios más interesantes y sinceros del proceso de beatificación del P. Francisco del Castillo. Proviene del alférez Antonio de Valladares, de 59 años. Cuenta que siendo joven escuchó predicar al P. Francisco del Castillo, supo de sus virtudes y su apostolado entre los pobres y los esclavos y de las extraordinarias conversiones que lograba. Pero -añade- concepto tan excelente del P. Francisco se cambió en displicencia y poca estima cuando comenzaron ciertas murmuraciones de la gente. Se criticaba al P. Francisco del Castillo que el virrey Conde de Lemos lo hubiese escogido como confesor y que tuviese libre entrada a Palacio de Gobierno. Molestaba especialmente a Valladares que el Virrey "por consejo del siervo de Dios hubiese desterrado a algunas mujeres del mal vivir, y entre ellas a una con la que este testigo (Valladares) estaba mal amistado."

La buena opinión de otro tiempo había derivado a rencor y resentimiento. Pero un día, pasando por El Baratillo, advirtió que el padre predicaba, como lo hacían las tardes de domingo. Se detuvo a escucharlo hasta que terminó el sermón. Vio con asombro que la figura del sacerdote estaba "circundada de una luz muy resplandeciente, que lo cogía de pies a cabeza, como media vara de distancia de su cuerpo". Quedó maravillado y estupefacto, pero atribuyó el fenómeno a la refracción del ambiente. Concluido el sermón cesó la irradiación. Intrigado por lo extraño del hecho, pasó la semana dándole vueltas al asunto. Para cerciorarse volvió al domingo siguiente y vio al P. Francisco "todo rodeado de luz como el domingo antecedente, lo cual duró todo el tiempo del sermón" Antonio de Valladares conoció entonces que Dios "le había querido dar a entender con aquel prodigio la gran virtud y santidad de su siervo y que le tuviese en la estimación y concepto que merecía, como efectivamente lo tuvo después, venerándolo y reverenciándolo como un gran santo, justo y amigo de Dios".

Las Cartas Anuas suelen registrar los principales sucesos y características de la vida interna y Apostólica de cada provincia de la Compañía de Jesús. Las del Perú en 1655 destacan la notable trascendencia del trabajo del P.  Francisco del Castillo en la feria del Baratillo. Siguiendo el uso de la época el documento emite fechas y nombres de personas:

"El sermón del Baratillo o feria de gente ordinaria, todos los domingos en la tarde es una de las acciones más gloriosas y provechosas que en muchos años se ha visto en esta ciudad. Cuida de este ministerio fervoroso operario, a quien Dios da el espíritu a manos llenas y la eficacia en el decir y persuadir a la que dicta la retórica humana.

Concurre dicha feria la gente por ruin más necesitada de doctrina, copiosa en el número y muy corta en las noticias de lo que importa para salvarse. A ésta se predica y a vueltas de ella a mucho de lo granado de la ciudad, que en carrozas asisten, y toman lugar muy de antemano.

Es el fruto y cosecha tan copiosa, como temprano; de allí salen heridos, y no de muerte, sino de vida, que corren a lograr en fervorosas confesiones y éntranse por nuestras puertas desalados, buscando al Padre del Baratillo, porque el mismo que les causó la herida, se la sane, y en fe de su celo y calidad alcancen la última salud de la que necesitan. Predica dicho Padre en pie sobre una peana elevada, que sirve a una hermosa Cruz, colocada allí para este fin con el aseo y piedad que no es fácil pintar, y es fácil de entender de quién tan ilustrado y favorecido de Dios acude a este ministerio."

 

DIFICULTADES QUE VIVIÓ POR SU LABOR PASTORAL EN EL BARATILLO

El trabajo del Baratillo no dejó de traer contrariedades, aún por parte de algunos hermanos de orden. Suscitó la oposición de ciertos miembros del Cabildo de Lima, disgustados porque la feria sufría perturbación e interrupciones debido a la predicación del P. Francisco, a la peana y a la Cruz levantada en la plazuela. Buendía manifiesta que "la ciudad intentó quitarle el púlpito, arrojándolo del sitio, por alegar embarazaba la feria común del Baratillo y el trajín más frecuente de las recuas". A tanto llegó la oposición de los regidores que estaban dispuestos a arrendar el lugar a unos comerciantes que ofrecían seis mil ducados. Informado el Virrey Conde de Alba de Liste de cuanto se pretendía en el Cabildo, envió a decirles que "no hiciesen escritura del lugar del Baratillo por ningún dinero, sino le destinasen al empleo de la doctrina y predicación del venerable... Con esto se pudo extender más la enramada".

Dentro de la compañía de Jesús, los escépticos y opositores eran algunos sacerdotes rutinarios que resistían a la obra del P. Francisco por tratarse "de una novedad". Efectivamente ello ocurrió a los comienzos del trabajo en la plazuela del Baratillo, pero también en la capilla de Desamparados. Incluso "personas de autoridad" del colegio de San Pablo se opusieron, según admite con franqueza el P. López de Lara. Coincide con él don Francisco Messía Ramón cuando atribuye la oposición a "celos" de quienes creían que la "novedad" restaba asistencia de fines a la iglesia de San Pablo. "Ah, Padre Maestro, -le confío el Siervo al P. Mejía, antiguo provincial de los mercedarios-, fuertes combates son éstos, pero cosas mayores tenemos que superar con la gracia de Dios". Todo lo sobrellevó en paz. El P. Alonso Rodríguez de León decía a sus compañeros jesuitas: "El Padre Castillo es verdaderamente santo por el gran sufrimiento que tiene, y no se ocupa de saber las vidas ajenas ni de criticar los defectos de los otros, que en la comunidad no faltan, sino solamente de sí mismo."

 

LA SANTA CRUZ DEL BARATILLO

La colocación de la Cruz bendecida en la iglesia de San Lázaro por el Arzobispo Villagómez fue el comienzo de una corriente de devoción popular que aún hoy no cesa. Desde el 2 de marzo de 1653 en que se realizó la ceremonia hasta la actualidad, la Cruz del Baratillo -conservada a pesar de tantas vicisitudes- se inscribe en la tradición religiosa de Lima. El P. Francisco del Castillo no dejó de gestionar ante la autoridad eclesiástica indulgencias y favores para los que recurren en oración al sagrado Madero.

De mano del Venerable son probablemente dos folios que se guardan en la biblioteca Nacional de Madrid, en que se detallan los jubileos e indulgencias que convenía pedir a la Sede Apostólica para La Santísima Cruz del Baratillo. En la época que se redactó esa petición la Cruz ya se había colocado en la peana de la plazuela. Los jubileos e indulgencias podrían ser lucrados por los fieles en la forma usual. Entre las intenciones recomendadas se hallan la conversión de los indígenas, la exaltación de la fe católica, la paz y concordia entre los gobernantes, pero también que Dios "nos libre de los temblores que cada día están amenazando esta ciudad". También se enumeran además de las predicaciones y la explicación del catecismo los ministerios de carnavales y cuaresma.

No obstante, el respeto general en la devoción que suscitó siempre la Santa Cruz del Baratillo entre los vecinos de Lima, no faltó vejaciones al signo de la redención, que el P. Francisco del Castillo atribuyó a "personas apasionadas y de dañada intención" que trataban de desacreditar el ministerio de su predicación. "A dos de junio de 1663, sábado, a media noche, echaron en la peana en donde se hacen las pláticas y en que se está enarbolada la Santa Cruz, cosas asquerosas e inmundas." Rápidamente se divulgó la noticia de la profanación. A la mañana siguiente el arzobispo de Lima Don Pedro de Villa Gómez, informado por el P. Francisco del Castillo, dispuso si hiciese una procesión de desagravio. En hombros de sacerdotes fue conducida la Cruz, era domingo por la tarde, a la Catedral, en donde se celebró los siguientes días un novenario con misa cantada. El sermón final estuvo a cargo del P. Diego de Avendaño, provincial entonces de los jesuitas muy apreciado por sus insignes cualidades de inteligencia y gobierno. Al terminar la novena la Cruz fue reconducida al Baratillo otra vez a hombros de sacerdotes.  La solemne procesión se vio muy concurrida y contó con la presencia del arzobispo, el Cabildo Metropolitano, el Virrey Conde de Santisteban con la Audiencia y el regimiento de caballeros de la ciudad.

La Cruz del Baratillo fue trasladada, en fecha que no hemos podido precisar, a la Iglesia de Nuestra Señora de los Desamparados. Allí quedó después de la expulsión de los Jesuitas en 1767 y aún después de la segunda inauguración del templo, en 1897. Al ser demolida la iglesia en 1938 para permitir la ampliación del Palacio de Gobierno, la Cruz fue llevada primero al colegio de la Inmaculada y luego a la iglesia de San Pedro, Santuario Arquidiocesano del Corazón de Jesús, donde se conserva en la actualidad. La Santísima Cruz del Baratillo, como ya la llamaba el P. Francisco, recibe de continuo el homenaje de los fieles, y el día 11 de cada mes, al conmemorarse el día del fallecimiento, es conducida en procesión por las naves de San Pedro con numeroso acompañamiento.


Para acceder al Especial sobre el P. Francisco Del Castillo, jesuita

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Referencia bibliográfica: Francisco Del Castillo, El Apóstol de Lima. P. Armando Nieto Vélez S.J. Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial 1992. 








P. Francisco Del Castillo S.J. conmemorando su nacimiento


09 de febrero de 1615 nace el P. Francisco Del Castillo S.J.

Queremos conmemorar el nacimiento del P. Francisco Del Castillo S.J. "El Apóstol de Lima" recordando su labor pastoral y social, por lo que compartimos el Especial que tenemos con las publicaciones dedicadas a su vida y labor.

Actualmente se tiene su proceso de beatificación en desarrollo, por lo que pedimos esta gracia, invitamos a conocer su vida y obra y a encomendar la intercesión del P. Francisco Del Castillo S.J. por nuestros enfermos y necesidades.

Oremos por el eterno descanso del P. Benjamín Crespo S.J. quien fue Vice Postulador para la beatificación del P. Francisco Del Castillo, quien partió a la Casa del Padre el 10 de febrero 2026 y a quien dedicamos nuestras publicaciones.

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San Pablo Miki SJ, San Juan Soan SJ y San Diego Kisai SJ


Fiesta 6 de febrero

Iglesia recuerda a San Pablo Miki misionero jesuita del siglo XVI quien murió martirizado en Japón junto a otros religiosos de otras órdenes. San Pablo Miki predicó desde la cruz a los suyos, a los futuros cristianos que continuarían la obra.

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P. Francisco Del Castillo, jesuita - Noviciado y Juniorado

 



FINALIZANDO EL NOVICIADO

Cuando concluyó el noviciado, que duró dos años, llegó a hacer los votos religiosos, a través de estos votos el novicio entra en el estado religioso, prometiendo ser seguidor de Cristo cumpliendo en libertad con la obediencia, la castidad y la pobreza. Sus votos se realizaron el 02 de enero de 1635, fiesta del Nombre de Jesús, se realizó de manera privada en la misa con su comunidad. Para estos votos pronuncia en latín la fórmula que San Ignacio había formulado en las Constituciones de la Compañía de Jesús n. 540. Versión en castellano: 

“Dios todopoderoso y eterno: yo…, aunque indigno de presentarme ante Ti, confiado en tu amor infinito e impulsado por el deseo de servirte, en presencia de María Virgen y de nuestros hermanos los santos, te prometo con voto, pobreza, castidad y obediencia perpetuas en la Compañía de Jesús. Y prometo entrar en la misma Compañía para vivir en ella perpetuamente, entendiendo todo esto según las Constituciones de la Compañía. Te pido con humildad, por la sangre de Jesucristo, que te dignes acoger con agrado este sacrificio, y como me has ayudado a desearlo y ofrecértelo, ayúdame a cumplirlo con la abundancia de tu gracia. Amén.”


EL JUNIORADO

Luego de finalizar el noviciado, ingresa al Juniorado para los estudios de Latinidad: Gramática, Humanidades y Retórica. La Ratio Studiorum de la Compañía mantuvo por varios siglos la formación humanística, porque daba buenos resultados en la formación de los jesuitas.

En esta etapa de formación los estudios se intensifican, teniéndose que dedicar más tiempo a éstos, sin embargo, el ahora menor tiempo que Francisco dedica a la oración y prácticas de piedad, no afectó el fervor de su vida religiosa, porque entendió que, según el carisma ignaciano, buscar la santidad es vivir en plena sumisión y entrega a la voluntad de Dios, expresada en una regla aprobada por la Iglesia. Esto se corrobora con testimonios de sus compañeros de estudio y también de religiosos de otras órdenes, como el P. José Marín, provincial de la orden de la Merced, quien afirmó que desde 1636 o 1637 la vida del Hermano Del Castillo era “la de un hombre verdaderamente justo y santo”.

Los estudios clásicos los realizó en el Colegio Máximo de San Pablo, que abarcaba toda la manzana delimitada por las actuales Av. Abancay, Jr. Ucayali, Jr. Azángaro y Jr. Miro Quesada, es decir, lo que ahora es San Pedro y Santuario Arquidiocesano del Corazón de Jesús más la Biblioteca Nacional y el Banco Central de Reserva del Perú.

Estos estudios los realizó en 1635 y parte de 1636 y con esta primera exigencia en los estudios, comenzaron las primeras dificultades y difíciles pruebas interiores, “trabajos y desconsuelos y tristezas del corazón”, pero se supo sobreponer gracias a los consejos de su Director Espiritual.

Francisco llevó el curso de Gramática Latina con el método del jesuita portugués Manuel Alvares (1526-1583), método muy afamado que fue de uso obligatorio en muchas provincias de la Compañía.

En 1637 encontramos a Francisco en el colegio del Callao junto con otros estudiantes, para acabar el seminario y tuvo de maestro al P. Juan de Alloza.

Regresó a Lima como “Maestrillo” en el primer escalón del Real Colegio de San Martín, para trabajar con niños de 12 años (aula de “mínimos”) enseñándoles Gramática. Estos alumnos subían a “medianos” (13 años) y finalizaban en “mayores” (14 años). Una vez que acababan estos alumnos podían ingresar en los ciclos de Humanidades y Retórica, pero muchos padres de familia preferían que continúen sus estudios en la universidad o en el noviciado, por ello se explicaba que iniciaban a la edad de quince años.

El Real Colegio de San Martín fue fundado en 1582 y alcanzó un elevado prestigio dentro y fuera del Perú.

Francisco permaneció con los mínimos en 1637, donde les enseñó sobre gramática, también le sirvió a trabajar una inalterable paciencia y la irradiación de su virtud. Posteriormente volvería como profesor en tres épocas: cuando se interrumpió sus estudios de Teología, después de ser ordenado sacerdote y concluir la tercera probación.

Sus alumnos, años después, lo recordarían por su sencillez, modestia y santidad, y así lo harán constar en el Proceso Cognicional.

Siguiendo sus estudios, en 1637 iniciaría sus estudios de Artes o Filosofía en el Colegio de San Pablo.


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Referencia bibliográfica: Francisco Del Castillo, El Apóstol de Lima. P. Armando Nieto Vélez S.J. Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial 1992. 







Robert Francis Prevost, la biografía del nuevo Papa


 

Biografía a la fecha de su elección como Papa

Robert Francis Prevost tiene casi 70 años cuando fue elegido Papa. Eligió el nombre de León XIV. Fue Prefecto del Dicasterio para los Obispos, elegido a las 18:07. Es el 267º Papa de la historia, primer Papa estadounidense con nacionalidad peruana.

Primer Papa agustino, es el segundo Pontífice del continente americano, después de Francisco, pero a diferencia de Bergoglio, el estadounidense Robert Francis Prevost, de 69 años, es originario de América del Norte. De hecho, el nuevo obispo de Roma nace el 14 de septiembre de 1955 en Chicago (Illinois - EE. UU.), hijo de Louis Marius Prevost, de ascendencia francesa e italiana, y de Mildred Martínez, de ascendencia española. Tiene dos hermanos, Louis Martín y John Joseph.

Pasa su infancia y adolescencia con su familia y estudia primero en el Seminario Menor de los Padres Agustinos y después en la Universidad de Villanova, Pennsylvania, donde se licencia en Matemáticas y estudia Filosofía en 1977. El 1 de septiembre de ese mismo año ingresa en el noviciado de la Orden de San Agustín (OSA) de St. Louis, en la provincia de Nuestra Señora del Buen Consejo de Chicago, y hace su primera profesión el 2 de septiembre de 1978. El 29 de agosto de 1981 emite los votos solemnes.

Recibe su formación en la Catholic Theological Union de Chicago, licenciándose en Teología. Y a los 27 años es enviado por sus superiores a Roma para estudiar Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino (Angelicum). En la Urbe es ordenado sacerdote el 19 de junio de 1982 en el Colegio Agustiniano de Santa Mónica por monseñor Jean Jadot, pro-presidente del Pontificio Consejo para los No Cristianos, hoy Dicasterio para el Diálogo Interreligioso.

Prevost se licencia en 1984 y al año siguiente, mientras prepara su tesis doctoral, es enviado a la misión agustiniana de Chulucanas, Piura, Perú (1985-1986) y desarrolla sus actividades de misionero en las localidades urbanas y rurales de la zona. Es en 1987 cuando discute su tesis doctoral sobre «El papel del Prior Local de la Orden de San Agustín» y es nombrado Director de Vocaciones y Director de Misiones de la Provincia Agustiniana «Madre del Buen Consejo» en Olympia Fields, Illinois (USA).

En 1988 se incorporó a la misión de Trujillo, también en Perú, como director del proyecto de formación común para los aspirantes agustinos de los vicariatos de Chulucanas, Iquitos y Apurímac.

En el espacio de once años desempeña los cargos de prior de la comunidad (1988-1992), director de formación (1988-1998) y profesor de profesos (1992-1998) y, en la archidiócesis de Trujillo, de vicario judicial (1989-1998) y profesor de Derecho Canónico, Patrística y Moral en el Seminario Mayor «San Carlos y San Marcelo». Paralelamente, se le confía la atención pastoral de Nuestra Señora Madre de la Iglesia, más tarde parroquia con el título de Santa Rita (1988-1999), en la periferia pobre de la ciudad, y fue administrador parroquial de Nuestra Señora de Monserrat de 1992 a 1999.

En 1999 es elegido Prior Provincial de la Provincia Agustiniana 'Madre del Buen Consejo' de Chicago, y dos años y medio después, en el Capítulo General Ordinario de la Orden de San Agustín, sus hermanos le eligieron Prior General, confirmándole en 2007 para un segundo mandato.

En octubre de 2013 regresa a su provincia agustiniana, en Chicago, y fue director de Formación del Convento de San Agustín, primer consejero y vicario provincial; cargos que desempeñó hasta que el Papa Francisco lo nombra, el 3 de noviembre de 2014, administrador apostólico de la diócesis peruana de Chiclayo, elevándolo a la dignidad episcopal como obispo titular de Sufar. 

El 24 de agosto del 2015 obtiene la nacionalidad peruana. El 26 de septiembre de 2015 fue nombrado obispo de Chiclayo por el Papa Francisco. Ingresó en la diócesis el 7 de noviembre, en presencia del nuncio apostólico James Patrick Green, quien le ordena obispo poco más de un mes después, el 12 de diciembre, festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, en la catedral de Santa María. 

Su lema episcopal es «In Illo uno unum», palabras que San Agustín pronuncia en un sermón, la Exposición sobre el Salmo 127, para explicar que «aunque los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos uno».

En marzo de 2018 fue elegido vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal Peruana, dentro de la cual también es miembro del Consejo Económico y presidente de la Comisión de Cultura y Educación.

En 2019 por Francisco, lo nombra entre los miembros de la Congregación para el Clero el 13 de julio de 2019 y al año siguiente, entre los de la Congregación para los Obispos (21 de noviembre).

Mientras tanto, el 15 de abril de 2020, llega el nombramiento papal también como administrador apostólico de la diócesis peruana de Callao.

El 30 de enero de 2023, el Papa lo llama a Roma como prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, promoviéndolo a arzobispo. Y en el Consistorio del 30 de septiembre del mismo año lo creó y nombró cardenal, asignándole el diaconado de Santa Mónica. Prevost tomó posesión el 28 de enero de 2024 y, al frente del dicasterio, participó en los últimos viajes apostólicos del Papa Francisco y en la primera y segunda sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Sinodalidad, celebradas en Roma del 4 al 29 de octubre de 2023 y del 2 al 27 de octubre de 2024, respectivamente. Una experiencia en asambleas sinodales ya adquirida en el pasado como prior de los agustinos y representante de la Unión de Superiores Generales (UGS).

Mientras tanto, el 4 de octubre de 2023, Francisco lo cuenta entre los miembros de los Dicasterios para la Evangelización, Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares; para la Doctrina de la Fe; para las Iglesias Orientales; para el Clero; para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; para la Cultura y la Educación; para los Textos Legislativos; de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano.

Finalmente, el 6 de febrero de este año, fue promovido al orden de los obispos por el Pontífice argentino, obteniendo el título de la Iglesia Suburbicaria de Albano.

Durante la última hospitalización de su predecesor en el policlínico «Gemelli», Prevost presidió el rosario por la salud de Francisco el 3 de marzo en la plaza de San Pedro.

Tras el fallecimiento del Papa Francisco el 21 de abril, es elegido por los cardenales del cónclave como Papa, obispo de Roma sucesor de San Pedro, el 08 de mayo del 2025, eligiendo el nombre de León XIV.




Referencia: VATICAN NEWS

P. Francisco Del Castillo, jesuita - Vocación y la experiencia del noviciado

 


VOCACIÓN

El P. Francisco del Castillo en su biografía hace referencia de su primera experiencia que lo hace pensar en su vocación religiosa de manera seria. Sobre ello nos manifiesta:

“Estoy determinado a dejar el século (el mundo), y ha más de cuatro años que he determinado aquesto (esto)”.

Una de las situaciones que ayudó a reflexionar sobre su vocación al P. Francisco Del Castillo fue la muerte del franciscano fray Juan Gómez, quien era el enfermero del Convento Grande de Jesús, él tenía fama de santidad en la ciudad de Lima y era muy devoto del Niño Jesús, esto último había impresionado al P. Francisco. En su autobiografía recuerda que estando en las exequias de fray Juan Gómez, experimentó un consuelo muy intenso y deseos de ser muy santo.

También el P. Francisco atribuyó su vocación a la Virgen María, él acudía con frecuencia a la Capilla de Nuestra Señora de Loreto de su colegio San Martín, y es allí en sus momentos de oración, donde sintió con fuerza el llamado a la vida religiosa en la Compañía de Jesús.

Recordemos que desde su infancia mostró inclinación sobre las cosas religiosas, y el tiempo que vivió hasta esta experiencia le permitieron ir madurando suficientemente su vocación religiosa y la decisión de vivir este estilo de vida.

Desde su colegio venía siendo alentado para que hiciera su discernimiento vocacional, quienes lo ayudaron a ello fueron sus maestros como los padres Pedro Ignacio, Francisco González y Lázaro del Águila.


NOVICIADO

El P. Francisco Del Castillo ingresa al noviciado de la Compañía de Jesús, que fue fundado en agosto de 1606 y llevaba el nombre de San Antonio Abad, por ser el patrono del generoso benefactor del noviciado, don Antonio Correa, él sustentaba los gastos para su establecimiento y sustentación.

Cuando el P. Francisco Del Castillo ingresa al noviciado de la Compañía de Jesús, la provincia peruana vivía una época de florecimiento y expansión. El número de jesuitas era de 476, habían 21 domicilios: 11 colegios, una casa para el noviciado, 4 residencias, 3 seminarios de estudiantes seglares y 2 convictorios de indios. La casa de la Compañía que tenía la mayor cantidad de jesuitas era el Colegio de San Pablo en Lima, parte de este colegio es el actual Santuario Arquidiocesano del Corazón de Jesús Iglesia de San Pedro, y estaba ubicado en lo que es ahora la Iglesia, la Biblioteca Nacional y el Banco Central de Reserva del Perú. Esta Casa acogía a 163 profesores y estudiantes de Humanidades, Filosofía y Teología. De allí también había jesuitas que salía a las misiones de Chavín de Pariarca, entre los indios panataguas y carapachos, y la de los chiriguanas, en la selva de la actual Bolivia. También trabajaban en las primeras reducciones de Juli, que fueron anteriores a las famosas del Paraguay.

El P. Francisco Del Castillo fue registrado en el Libro de Ingresos del Noviciado el 31 de diciembre de 1632, cuando tenía 17 años de edad.

Lo recibió el P. Diego de Torres Vázquez quien era el Provincial de la Compañía. El Maestro de Novicios era el P. Francisco Antonio Jorge, bajo cuya dirección los novicios viviría la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

El 8 de agosto de 1633 suscribió dos hojas informativas en donde, especialmente, cuenta sus prácticas religiosas que acostumbraba realizar antes de ingresar en la Compañía (oración, meditación, rezo del Rosario, Misa, comunión confesión, etc.) y su firme intensión de perseverar en la vida religiosa.

Durante el tiempo en el noviciado, el P. Francisco Del Castillo pudo adaptarse a este estilo de vida y de exigencia en su formación, cumpliendo con exactitud las normas de esta etapa de noviciado. A través de esta etapa se busca que el novicio afiance un intenso amor a Jesucristo, la abnegación y mortificación en todas las cosas posibles, mediante una ascesis enérgica pero humana. 

Sus compañeros Juan José de Salazar y Juan de Jibaja testimoniaron que el P. Francisco vivió ejemplarmente estos dos años de novicio y manifestó que aspiraba a la perfección de la santidad. También el P. Tomás Romero, quien fue su confesor por un tiempo, declaró que el P. Francisco conservó siempre la gracia bautismal.

El P. Francisco Del Castillo vivó su época de novicio, una etapa de fuerte formación y sus variados recursos y actividades del quehacer diario, que buscaba fomentar los hábitos de autodisciplina, abnegación, obediencia, unión con Dios y armonía de pareceres.

La meta se puede decir que es conocer más a Jesús y vivir según su estilo de vida, y para ello es fundamental vivir la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, de un mes de duración que preparan al futuro apóstol. Durante esta experiencia los ejemplos de vida de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, que había sido canonizados dos años antes, estuvieron presentes durante este período de intensa oración.

Según el esquema de la formación en el noviciado de aquellos tiempos, los días jueves tenía el día libre para descansar. Las grandes huertas interiores del noviciado, invitaban a los novicios a pasear y tener contacto con la naturaleza, sin necesidad de salir de la ciudad. Entre la variada vegetación que los novicios cultivaban y cuidaban, había ermitas y capillas dispersas. La principal capilla y más frecuente visitada era la de Estanislao de Kostka (1550-1568), patrono de los novicios, cuya vida era propuesta como ejemplo para los novicios. El P. Francisco acostumbraba visitar esta capilla para su oración, en especial las dirigidas a la Virgen.


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Referencia bibliográfica: Francisco Del Castillo, El Apóstol de Lima. P. Armando Nieto Vélez S.J. Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial 1992. 





P. Francisco Del Castillo, jesuita - Nacimiento y niñez


NACIMIENTO Y NIÑEZ

El P. Francisco Del Castillo nació el 09 de febrero de 1615 en la ciudad de Lima, cerca de la Plaza Mayor en la calle de las Aldabas, actual jirón Azángaro. Sus padres fueron Juan Rico, español nacido en Portillo, Toledo y Juana Morales Del Castillo, criolla de Bogotá, en ese entonces pertenecía al Nuevo Reino de Granada, actual Colombia.

Juan Rico llegó primero al Nuevo Reino de Granada donde se casó y luego se dirigió con su esposa a Lima en 1608, dentro de la delegación del arzobispo Lobo Guerrero, de quien era pariente. Juan Rico tenía un cargo en el Tribunal del Santo Oficio y económicamente su familia no gozaba de fortuna. Juan Rico y su esposa eran cristianos mayores y educaron a sus hijos en la fe cristiana.

El P. Francisco tuvo 5 hermanos: el primer Francisco que nació en el Nuevo Reino de Granada y lamentablemente falleció a los diez años en Lima; Alonso Rico fue alumno del Seminario de Santo Toribio que fue licenciado en Teología, capellán de coro y muy estimado por el arzobispo Pedro de Villagómez; María del Castillo, la única hermana mujer, fue viuda y tuvo tres hijas; Miguel que se hizo fraile capuchino en España; José nacido en Lima en 1612 que ingresó en la orden franciscana. El P. Francisco fue tres años menor que José. Según las costumbres de la época, sólo el hijo mayor Alonso llevó el apellido paterno. La familia vivió en la segunda cuadra del Jirón Azángaro.

El P. Francisco fue bautizado el 23 de febrero de 1615 en la iglesia Mayor de la Catedral de Lima (El Sagrario) por el P. Juan Bautista Ramírez, su padrino fue Juan Fernández Higuera y los testigos fueron Jerónimo Santa Cruz y Padilla, Pedro del Campo y Vicente Severino.

Juan Rico, falleció poco después del nacimiento del P. Francisco, debió haber ocurrido a fines de 1615 o a inicios de 1616, quedó al cuidado de su madre, sin embargo, los recuerdos del P. Francisco van más hacia su abuela materna Juana López, que se encargó del cuidado de su educación y enseñanza durante su primera niñez, quien era una persona muy dedicada a Dios y una santa mujer según el propio P. Francisco.

A partir de los diez años se notó una inclinación a las cosas religiosas, sus juegos tenían alguna referencia religiosa, como hacer altares, imitar al celebrante de la misa, repetir escenas de la vida de San Francisco de Asís, etc. Conoció amistades que fueron malas compañías, pero de las que se alejó oportunamente. 

Frecuentaba la Iglesia de San Francisco y se entusiasmaba con la biografía del santo, a quien deseaba imitar. Gracias a la generosidad de don Juan de Cabrera, Deán de la Catedral de Lima y Comisario de la Santa Cruzada el P. Francisco asistió por primera vez a la escuela cuando tenía nueve o diez años. Por estos años descubrió en sí afición al arte de la pintura y aún la practicó en ocasiones.

Para un mejor aprendizaje lo inscribieron en los estudios de Gramática en el colegio de Lima de los jesuitas, siendo su primer acercamiento a la Compañía de Jesús. Uno de sus profesores fue el P. Pedro Ignacio quien tuvo un especial aprecio y confianza, por ello le designó el cuidado de la capilla de la Congregación Mariana de la Anunciata. Para el P. Francisco el P. Pedro Ignacio fue muy importante para su formación espiritual.

Después de las clases, el P. Francisco asistía a la Catedral para visitar los altares. Le atraían sobre todo los de la Virgen de la Antigua y de la Purísima Concepción. Durante toda su vida, le acompañó los recuerdos de estas visitas, la devoción a la Virgen le retribuía fervor, consuelo y fortaleza.

Según su autobiografía, el P. Francisco complementó sus prácticas religiosas con la práctica de la caridad con los necesitados y no sólo con los mendigos que se encontraban en las calles de Lima. En su autobiografía comenta que buscaba a los pobres y les daba los medio-reales que le daban para almorzar, sintiendo que Dios le retribuía su generosidad con singulares consuelos y gozos. Nos cuenta en su autobiografía 9: “Siendo de doce o trece años me sucedió muchas veces sentir repentinamente unos interiores fervores y ardores de amor de Dios, con unos ansiosos deseos de que todos los pecadores conociesen y amasen a Dios, de suerte que algunas veces, aun yendo por la calle, era esto con tanta fuerza que no me faltaba sino dar gritos”.


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Referencia bibliográfica: Francisco Del Castillo, El Apóstol de Lima. P. Armando Nieto Vélez S.J. Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial 1992. 



 

Cronología del P. Francisco Del Castillo, jesuita

 



Los siguientes sucesos en la vida del P. Francisco Del Castillo está relacionados a su formación, vida pastoral y obras sociales:


1615 - 09 de Febrero. Fecha en que nace el P. Francisco Del Castillo en la ciudad de Lima, sus padre fue Juan Rico y su madre Juana Morales, fue el menor de cinco hermanos. 

1632 - 23 de Febrero. Recibe el bautismo en la Parroquia del Sagrario de la Catedral de Lima.

1632 - 31 de Diciembre. Ingresa al Noviciado de los jesuitas en Lima.

1635 - 02 de Enero. Hace sus primeros votos religiosos en la Compañía de Jesús.

1635-1640. Realiza sus estudios de Humanidades, de Filosofía o Artes, como entonces se llamaban en el colegio San Pablo. Estos estudios los alternaba con la enseñanza en los colegios de San Martín (Lima) y del puerto del Callao. 

1641-1642. Periodo en que lleva sus estudios de Teología en el Colegio de San Pablo. Asimismo desarrolla la docencia en colegios de Lima y Callao.

1642 - En este año recibe el Subdiaconado (15 de Marzo) y el Diaconado (5 de Abril) en la Catedral y el Presbiterado (19 de Abril) por parte del Arzobispo de Lima, Pedro Villagómez.

1643 - Realiza sus estudios de Teología Moral y continúa con la docencia en Colegios de Lima y Callao.

1644 - Es preparado para participar en la misión de chiriguanas, el P. Antonio Ruiz de Montoya le enseña la lengua.

1645 - 06 de Mayo. Este año realiza su Tercera Probación. Continúa con la docencia en el colegio de Lima. Asimismo, inicia su trabajo pastoral con los esclavos negros. 

1648 - 10 de Marzo. Inicia su trabajo apostólico con los esclavos negros del mercado Baratillo, en el Rímac. 

1650 - 06 de Febrero. Realiza la profesión solemne de los tres votos.

1651 - Ayuda al agustino P. Bartolomé Badillo en la fundación del hospital San Bartolomé destinado a la población negra.

1653 - 02 de Marzo. La Cruz del Baratillo que usa el P. Francisco Del Castillo en su apostolado con los esclavos negros, es bendecida por el Arzobispo de Lima Pedro de Villagómez.

1655 - 13 de Noviembre. Por el terremoto que sufre Lima y Callao, el P. Francisco Del Castillo dirige por varios días los actos religiosos públicos.

1658 - Realiza misiones pastorales en poblados cercanos a Lima.

1659 - 10 de Enero. Se le designa la Capilla de Desamparados.

1660 - Funda la Escuela del Santísimo Crucifijo de la Agonía (Escuela de Cristo). El 17 de Diciembre se realiza la Solemne Procesión para instalar la nueva imagen de la Virgen de Desamparados en su Capilla.

1666 - Inauguración de la Escuela de niños pobres.

1668 - 09 de Junio. Se inician los trabajos de la Casa de Amparadas de la Purísima Concepción.

1669 - 29 de Junio. Se pone la primera piedra del nuevo templo de Nuestra Señora de los Desamparados.

1670 - 19 de Marzo. Se inaugura la Casa de Amparadas.

1672 - 30 de Enero. Es bendecida el templo de Desamparados por el Obispo de Chiapas, Cristóbal Bernaldo de Quirós.

1672 - 02 de Febrero. Se coloca la imagen de la Virgen de Desamparados.

1673 - 08 de Abril. Contrae la enfermedad de tabardillo, el 11 de Abril fallece en la enfermería del Colegio San Pablo a los 58 años de edad. El 12 de Abril se realizan los funerales en la Iglesia de San Pablo (actual Iglesia de San Pedro y Santuario Arquidiocesano del Corazón de Jesús) y es sepultado en la bóveda del presbiterio.


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Referencia bibliográfica: Francisco Del Castillo, El Apóstol de Lima. P. Armando Nieto Vélez S.J. Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial 1992. 


Gracias querido P. Adolfo Franco S.J.

 


El 26 de abril del 2009 publicamos el primer artículo del P. Adolfo Franco en nuestro blog, su reflexión fue sobre el pasaje de San Lucas que nos habla del encuentro de Jesús Resucitado con dos de sus discípulos camino a Emaús. Desde ese día cada semana publicamos sus reflexiones sobre el Evangelio dominical y hemos completado los tres ciclos litúrgicos publicándolos según el calendario litúrgico y según el nombre del pasaje bíblico. 

No hay manera de expresar nuestra gratitud a Dios por habernos regalado la gracia de haber contado todos estos años con la participación del P. Adolfo Franco en nuestro blog, enriqueciendo las publicaciones de reflexión para provecho espiritual de quienes los lean.

El P. Adolfo siempre se mostró entusiasta, generoso y atento al compartir sus reflexiones a través de las publicaciones en el blog, una labor pastoral que en nuestros tiempos permite llegar por estos medios virtuales a muchísima gente no sólo en nuestro país sino a toda la Iglesia en todo el mundo. Al compartir sus reflexiones, el P. Adolfo hizo del blog Formación Pastoral para Laicos parte de su labor pastoral, y por todo ello no tenemos palabras para agradecer al P. Adolfo y a Dios por este regalo.

La participación del P. Adolfo en el blog es sólo una muestra de toda una vida al servicio de la Iglesia a través de la Compañía de Jesús en nuestro país, desde que llegó a Lima como novicio en 1951 y tuvo su formación no sólo en Perú, sino también en Ecuador y México donde fue ordenado sacerdote el 26 de octubre de 1963 y emitió sus últimos votos en Lima en 1966. Fue director espiritual de los jesuitas en formación en Huachipa, Maestro de novicios, párroco en la Iglesia de Fátima de Miraflores, profesor de Teología y asesor pastoral en la Universidad del Pacífico, director del Colegio Cristo Rey de Tacna, Superior de la comunidad jesuita de Fátima, de 1986 a 1992 fue Superior Provincial del Perú, posteriormente Rector del centro de formación teológica de los religiosos en el Perú, el Instituto Superior de Estudios Teológicos Juan XXIII, conocido como ISET, párroco en Trujillo, Superior de la comunidad de jesuitas en el Cusco, Ecónomo de la Provincia de Perú y Socio -o secretario- del Provincial. En el 2012, fue Rector del Seminario de Trujillo y desde el 2013 volvió a la parroquia de Fátima en Miraflores.

El P. Adolfo partió a la Casa del Padre el 26 de julio del 2024 en la enfermería de los jesuitas en Lima a los 92 años de edad, había cumplido 74 años en la Compañía de Jesús y en ellos 60 años de sacerdote.

En este espacio virtual podremos encontrar las reflexiones del P. Adolfo Franco, como también continuaremos publicando los últimos temas de reflexión que nos entregó para publicarlos, como la serie VIDA. 

Toda esta vida de servicio apostólico de nuestro querido P. Adolfo nos permite creer que, así como en su primera publicación en el blog, él está ahora en la presencia de Jesús resucitado sintiendo un gozo indescriptible, recordando el gozo que experimentaron los discípulos al escuchar las enseñanzas del Señor cuando iban por el camino a Emaús.


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Podemos acceder a las publicaciones del P. Adolfo AQUÍ.





P. Francisco del Castillo, jesuita, el Apóstol de Lima


 

Místico, constructor, hombre de oración, inagotable en la acción. Su principal dedicación pastoral fueron los esclavos africanos. Consejero de muchos, incluido el Virrey, no hizo distinción entre las personas y siempre demostró el arte de hacerse comprender por unos y otros: africanos, indígenas, españoles, criollos o mestizos. Iniciador de varias obras apostólicas, su legado incluye también la tradición del Sermón de las Tres Horas. El sentido de búsqueda y realización de la voluntad de Dios siempre fue el norte consciente y apasionado de su vida, inspirando devoción en muchos peruanos y peruanas hasta nuestros días.

Entregó su alma a Dios a las cuatro y treinta de la tarde del 11 de abril de 1673. Tenía 58 años, 47 de Compañía, 31 de sacerdote y 23 de Últimos Votos. Por ello, cada 11 de mes, en la Iglesia de San Pedro en Lima, Santuario Arquidiocesano del Corazón de Jesús, en la Misa se recuerda su memoria y se pide por su pronta beatificación.


Ministerio sacerdotal en Lima

En 1646 inicia su ministerio sacerdotal con los esclavos africanos, con la gente morena como los llamaba, que constituían dos tercios de la población limeña de aquel entonces. Fue fundador del Hospital San Bartolomé para los esclavos de color y del Hospital San Lázaro para enfermos de lepra.

Dos años después, a partir del 10 de marzo de 1648 inicia lo que va a ser en adelante su ministerio principal, en el barrio de San Lázaro, en la periferia de Lima, donde se encontraba el mercado del Baratillo, al que acudían los negros e indios, los más pobres de la ciudad. Allí había una plaza donde empieza su catequesis dominical anunciándoles el evangelio y enseñándoles la doctrina cristiana, adaptándola con creatividad e ingenio a la población que acudía a su llamado, encarnándose en su realidad pobre, sencilla y humilde. Con la ayuda de un hermano jesuita procuró que la doctrina “se predicase en su misma lengua a los indios, por ser muchos los que allí acuden, así serranos como ladinos, con ocasión de la feria”.

El 2 de marzo de 1653 el Arzobispo de Lima Pedro de Villagómez bendijo una gran cruz en la Iglesia de San Lázaro que luego es llevada en procesión a la plaza del Baratillo y la instalaron en una peana junto a la cual el P. Francisco del Castillo predicaba. Esta cruz es la que se conoce como la Cruz del Baratillo, y que años más tarde fue colocada al lado de los restos del Venerable Padre en la Iglesia de San Pedro, en Lima. La vida y apostolado del P. Francisco del Castillo fue extendiéndose a más personas y asumió nuevos ministerios pastorales. A partir del 10 de enero de 1659 se encarga de la atención de la Capilla de Desamparados. Al año siguiente, en 1660, funda la Escuela del Santísimo Crucifijo de la Agonía conocida también como la Escuela de Cristo. El 11 de enero de 1666 inaugura la Escuela de niños pobres adjunta a la Capilla de Nuestra Señora de los Desamparados. Un hecho que merece ser subrayado en el ministerio pastoral del P. Francisco del Castillo fue el sermón de protesta que pronunció en la Plaza del Baratillo por la profanación de los cadáveres de ocho indios ejecutados en la plaza de armas, en 1666, por planear un levantamiento. Las autoridades no habían atendido sus ruegos para que los indios reciban una sepultura eclesiástica.


Sermón de las Siete Palabras

El 29 de junio de 1669 coloca la primera piedra de la nueva Capilla de Nuestra Señora de los Desamparados. Fue allí donde, ante la imagen del Cristo de la Agonía, inició con ocasión de la celebración litúrgica del Viernes Santo, el Sermón de las Tres horas o de las Siete palabras de Cristo en la cruz, con los alumnos de la Escuela de Cristo por él fundada, desde el mediodía hasta las tres de la tarde. Esta tradición continúa hoy y que luego más adelante se hizo extensiva a otras partes del mundo.


Para acceder al Especial sobre el P. Francisco Del Castillo, jesuita


Referencia:

https://padredelcastillo.pe/biografia/apostol-de-lima/#muerte

San Maximiliano Kolbe

 

Fiesta 14 de agosto

Maximiliano Kolbe: Al dar su vida por un hermano se asemejó a Cristo

A setenta y nueve años de su muerte, recordamos a San Maximiliano María Kolbe, “modelo de todos los mártires” con las palabras de su Santo compatriota, el Papa Juan Pablo II, quien en su homilía de la solemne Misa de canonización, en 1982, destacó la figura de este hombre que encarnó perfectamente las palabras del Redentor. Y cuya inspiración de toda su vida fue la Inmaculada

Ciudad del Vaticano

Hoy (14 de agosto) se celebra la memoria litúrgica de San Maximiliano María Kolbe, un fraile franciscano conventual polaco que murió voluntariamente, en lugar de un desconocido, en el campo alemán de concentración de Auschwitz, en la Polonia ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Nació en Zduńska Wola, el 8 de enero de 1894 y falleció en Auschwitz un día como el de hoy, pero de 1941.

También fue un activo promotor de la veneración al Inmaculado Corazón de María. Fundó y supervisó la llamada “Ciudad de la Inmaculada”, un complejo religioso cerca de Varsovia, con un monasterio, un seminario, una editorial y una estación de radio. Además, fundó publicaciones y divulgó otras, a la vez que, incansablemente, promocionó la labor de otras organizaciones marianas.

Mártir por la caridad

El 10 de octubre de 1982 el Papa San Juan Pablo II lo canonizó y lo declaró mártir por la caridad. Y la Iglesia Católica lo venera como santo patrón de los operadores de radio altruistas, de los que padecen adicciones a las drogas, de los presos políticos y del movimiento pro-vida. Por sus esfuerzos en la consagración y confianza en la Virgen María, se lo conoce también como el "Apóstol de la consagración a María”. ​

Apóstol de la consagración a María

San Maximiliano María Kolbe fundó una organización religiosa llamada “Milicia de la Inmaculada”, cuyo fin era lograr la conversión de los pecadores, herejes, cismáticos, infieles y, especialmente, de los masones, sin olvidar la santificación de sí mismos y todos bajo el patrocinio de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada y mediadora.


“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”

Encarnó perfectamente las palabras del Señor

Tras ser venerado como “Beato” desde el año 1971, el domingo 10 de octubre de 1982, San Juan Pablo II canonizó a su compatriota Maximiliano Kolbe en la Plaza de San Pedro. La homilía del Pontífice polaco comenzaba con las palabras del Evangelista San Juan: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”, que este Santo supo encarnar a la perfección, puesto que, como dijo el Papa Wojtyła, a partir de ese día “la Iglesia quiere llamar ‘santo’ a un hombre a quien le fue concedido cumplir de manera rigurosamente literal estas palabras del Redentor”. Y recordaba:

Hacia finales de julio de 1941, después que los prisioneros, destinados a morir de hambre, habían sido puestos en fila por orden del jefe del campo, este hombre, Maximiliano María Kolbe, se presentó espontáneamente, declarándose dispuesto a ir a la muerte en sustitución de uno de ellos. Esta disponibilidad fue aceptada, y al padre Maximiliano, después de dos semanas de tormentos a causa del hambre, le fue quitada la vida con una inyección mortal, el 14 de agosto de 1941.

Juan Pablo II recordó en su biografía que “todo esto sucedía en el campo de concentración de Auschwitz (Oswiecim), donde fueron asesinados durante la última guerra unos cuatro millones de personas, entre ellas Edith Stein (la carmelita sor Teresa Benedicta de la Cruz), a quien el mismo Santo Padre canonizaría años más tarde, el 11 de octubre de 1998. El Papa Wojtyła también dijo en su homilía:

“La desobediencia al mandamiento de Dios creador de la vida: ’No matarás’, causó en ese lugar la inmensa hecatombe de tantos inocentes. En nuestros días, pues, nuestra época ha quedado así horriblemente marcada por el exterminio del hombre inocente”

Reivindicó el derecho a la vida en un lugar de muerte

De manera que – afirmó Juan Pablo II – el Padre Maximiliano Kolbe, “prisionero del campo de concentración, reivindicó, en el lugar de la muerte, el derecho a la vida de un hombre inocente, uno de los cuatro millones”. Y de hecho aquel hombre, Franciszek Gajowniczek, vivía entonces y estaba allí presente entre quienes participaban en la solemne ceremonia de canonización.

“El Padre Kolbe reivindicó su derecho a la vida, declarando la disponibilidad de ir él mismo a la muerte en su lugar, ya que ese hombre era un padre de familia y su vida era necesaria para sus seres queridos”

Dio testimonio de Cristo

“De este modo – prosiguió Juan Pablo II – el Padre Maximiliano María Kolbe reafirmó así el derecho exclusivo del Creador sobre la vida del hombre inocente y dio testimonio de Cristo y del amor. Así, escribe, en efecto, el Apóstol Juan: ‘En esto hemos conocido la caridad: en que Él dio su vida por nosotros; y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos’”.

Preciosa es a los ojos del Señor la muerte de los justos

Al poner de relieve el valor especial que a los ojos de Dios tiene la muerte por martirio del Padre Maximiliano Kolbe, San Juan Pablo II dijo al recordar el Salmo 115 que reza: “Preciosa es a los ojos del Señor la muerte de los justos”:

“Mediante la muerte de Cristo en la Cruz se realizó la redención del mundo, ya que esta muerte tiene el valor del amor supremo. Mediante la muerte del Padre Maximiliano Kolbe, un límpido signo de tal amor se ha renovado en nuestro siglo, que en tan alto grado y de tantos modos está amenazado por el pecado y la muerte”

Modelo de todos los mártires

El Papa polaco invitaba a glorificar aquel día las grandes obras de Dios en el hombre. Y a hacerlo porque “ante todos nosotros, reunidos aquí, el Padre Maximiliano Kolbe levanta el cáliz de la salvación, en el que está recogido el sacrificio de toda su vida, sellada con la muerte de mártir por un hermano”.

Maximiliano se preparó a este sacrificio definitivo siguiendo a Cristo desde los primeros años de su vida en Polonia. De aquellos años data el sueño arcano de dos coronas: una blanca y otra roja, entre las que nuestro santo no elige, sino que acepta las dos. Desde los años de su juventud estaba invadido por un gran amor a Cristo y por el deseo del martirio.

“Este amor y este deseo lo acompañaron en el camino de su vocación franciscana y sacerdotal, para la que se preparó en Polonia y en Roma. Este amor y este deseo lo siguieron a través de todos los lugares de su servicio sacerdotal y franciscano en Polonia, y en su servicio misionero en Japón”

La inspiración de toda su vida fue la Inmaculada

Hacia el final de su homilía San Juan Pablo II afirmó que “Dios probó a Maximiliano María y lo encontró digno de sí. Lo probó como oro en el crisol y le agradó como un holocausto”. Y añadió que “semejante vida es fruto de la muerte a la manera de la muerte de Cristo. La gloria es la participación en su resurrección”.

“El fruto de la muerte heroica de Maximiliano Kolbe perdura de modo admirable en la Iglesia y en el mundo (…). La Iglesia acepta este signo de victoria, conseguida mediante el poder de la redención de Cristo, con veneración y con gratitud”

Apóstol infatigable de la devoción a la Inmaculada

A la hora del rezo del Ángelus y después de la solemne ceremonia de canonización, San Juan Pablo II recodaba “las inspiradas palabras del nuevo Santo, Maximiliano María Kolbe, apóstol infatigable de la devoción a la Inmaculada” quien destacaba el misterio de la Encarnación del Verbo en el seno purísimo de María Santísima afirmando:

María según San Maximiliano Kolbe

“Al cumplirse el tiempo de la venida de Cristo, Dios Uno y Trino crea exclusivamente para Sí a la Virgen Inmaculada, la colma de gracia y habita en Ella (‘El Señor es contigo’). Y esta Virgen Santísima con su propia humildad cautiva de tal manera su Corazón, que Dios Padre le da por Hijo a su propio Hijo Unigénito; Dios Hijo desciende a su seno virginal, mientras Dios Espíritu Santo plasma en Ella el cuerpo santísimo del Hombre-Dios. Y el Verbo se hizo carne como fruto del amor de Dios y de la Inmaculada”.

“María es el don maravilloso que Cristo ha hecho a la Iglesia y a la humanidad. Para atraer a las almas y transformarlas mediante el amor, Cristo manifestó el propio amor iluminado, el propio Corazón inflamado de amor por las almas, un amor que le ha impulsado a subir a la cruz, a permanecer con nosotros en la Eucaristía y a entrar en nuestras almas y a dejarnos en testamento su propia Madre como Madre nuestra”



Tomado de:

https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2020-08/maximiliano-kolbe-al-dar-su-vida-por-un-hermano-se-asemejo.html