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Pruebas de la existencia de Dios - Conocimiento científico y conocimiento de Dios - continuación.



La Ciencia y Dios - 3º Parte

P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

6. La ciencia y el principio de razón suficiente.


6.1.- Indagar la causa eficiente es ya aplicar el principio de razón suficiente. Porque en el caso de los efectos la razón suficiente es la causa eficiente.

6.2.- La construcción de hipótesis científicas. Consiste en idear un modelo de estructura y funcionamiento de la realidad que pueda ser explicación de qué y cómo de algunos fenómenos. Así se ha hecho en los casos de las teorías del magnetismo, de la electricidad, de la atracción universal de los cuerpos, de la física molecular o atómica, de la relatividad, del mismo heliocentrismo. Las leyes particulares y los casos concretos serían aplicaciones del modelo. El modelo se intuye intelectualmente como posible explicación. Se formula con precisión y, si es posible, de forma matemática. Se le llama "hipótesis" (supuesto, en griego), porque no se está seguro todavía de su verdad, pero se va a trabajar con él como si lo fuera. De la hipótesis se deducen consecuencias necesarias, aún no experimentadas, y se predicen hechos. Si las predicciones se hacen realidad, si las deducciones se confirman experimentalmente, si los nuevos descubrimientos están en coordinación con los supuestos de la hipótesis, ésta va aumentando su probabilidad y puede alcanzar la certeza. La construcción de una hipótesis no es sino la búsqueda de una razón suficiente que dé razón de un conjunto de hechos y los encuadre en unidad coherente.

6.3.- Caso concreto de la teoría atómica. Nadie ha visto los átomos, ni siquiera al microscopio. Lo que Dalton tenía ante los ojos eran las leyes de los pesos, de las proporciones definidas y de las proporciones múltiples. Buscando el porqué intuyó la teoría atómica de la materia, de modo que de la constitución atómica de la materia se deduzcan lógicamente las reacciones químicas según aquellas leyes ponderales.
[Ley de los pesos dice que, cuando varios cuerpos reaccionan químicamente y se forman otros distintos, el peso total antes y después permanece el mismo.
De proporciones definidas: Cuando varios cuerpos se combinan para formar un compuesto, lo hacen siempre en proporción fija: por ejemplo, el oxígeno y el hidrógeno para formar agua se combinan en pesos en proporción de 8 a 1.
De proporciones múltiples: Cuando dos elementos se combinan para formar compuestos diferentes, lo hacen siempre en proporciones de números enteros y sencillos. Así 28g. de nitrógeno se combinan con 16g. de oxígeno para formar un compuesto, 28g. de nitrógeno con 32g.(2x16) de oxígeno para formar otro, 28g. de nitrógeno con 48g.(3x16) de oxígeno para otro y 64g.(4x16) de oxígeno para otro y con 80g.(5x16) para otro]
Supuesta la estructura atómica, pueden deducirse otras cosas (nuevos elementos, reacciones y métodos para obtener cuerpos nuevos y otros ya conocidos). Al multiplicarse el número de casos en que la experiencia confirma el resultado deducido previamente de la premisa de la constitución atómica de la materia, va aumentando el grado de validez de la premisa (teoría) de que se parte. En este proceso se aplican los principios de razón suficiente, causalidad.

6.4. La historia tiene como objeto la constatación y sistematización de eventos y realizaciones humanas del pasado, colectivas e individuales, estudiando sus mutuas influencias. Los métodos de investigación histórica suponen la repetida aplicación de los principios de razón suficiente, causalidad y finalidad y también eventualmente de otras ciencias. Los hechos históricos ya no existen, no son de experiencia. Mensurabilidad y formulaciones matemáticas carecen de sentido en la ciencia histórica. Restos y testimonios en bruto no prueban nada, sino que su valor debe someterse al análisis de la razón y a la prueba de la coherencia con otros. Todo el trabajo del historiador se resume en la búsqueda de la razón suficiente del conjunto de datos, restos y documentos que le han llegado del pasado.


7. La ciencia y la realidad del orden cósmico

7.1.- Respecto al orden cósmico toda la física supone y ha supuesto siempre que es universal y constante (en esta tierra y en todos los seres y galaxias que ha podido conocer). Los éxitos de los vuelos espaciales son una confirmación exitosa de este supuesto.

7.2- Suponiendo tal orden, ha descubierto infinidad de leyes físicas, ha predicho acontecimientos, ha inventado técnicas nuevas (la civilización y el progreso humano no existirían sin ese supuesto). Los avances científicos de la ley de gravitación de Newton, de la constitución molecular y atómica de los cuerpos, del campo electromagnético de Maxwell, de la relatividad de Einstein, de la mecánica cuántica de De Broglie, etc. se han logrado gracias a la convicción de ese orden universal y constante.

7.3. El azar. En cuanto al azar el físico nunca recurre a él como causa de ningún fenómeno, sino que siempre investiga la causa y la ley que lo puede regir. Se puede afirmar que el azar no es magnitud científica.

7.4.- Nota sobre el principio de indeterminación de Heisenberg (premio Nobel de 1932).
Heisenberg demostró que es imposible determinar exacta y simultáneamente la posición y el impulso de un ente microfísico concreto, v.g. un electrón. Siempre hay un intervalo de error en las medidas físicas.
La práctica imposibilidad de medidas precisas era conocida en física e ingeniería. La causa estaba en la imperfección de los aparatos de medida.
Pero Heisenberg demostró que además hay una causa en la naturaleza que hace imposible medir con exactitud dos cosas a la vez: el lugar en que en un momento dado está un electrón y la velocidad con que se mueve. Además demostró que la precisión que teóricamente (suponiendo aparatos que dieran la medida exacta) pueda alcanzarse en la medida de una de las dos magnitudes, hace forzosamente mayor la imprecisión o probabilidad de error en la otra: Cuanto más se afina en localizar la posición, más posibilidad de error en el dato conseguido al medir la velocidad. Heisenberg demostró también que, en esta precisión teórica máxima, el producto de las dos posibilidades de error (de la posición y de la cantidad de movimiento) es igual a una cantidad constante (la constante de Planck).

Notemos también que, cuando un ingeniero o un físico miden algo con un aparato y dan la medida matemática del ámbito de error o de incertidumbre, no están diciendo que la medida real esté variando ni que no sea exacta. Lo que dicen es que su propio conocimiento de la medida es el inexacto. Es una indeterminación cognoscitiva no real, resultante de la imprecisión de los aparatos de medida.

En el caso del indeterminismo de Heisenberg se trata también de un indeterminismo cognoscitivo, no real. El electrón tiene un lugar y una cantidad de movimiento exactos, pero yo no lo puedo conocer en su exactitud. La incertidumbre es a nivel de conocimiento, no de realidad; pero no es debida a la deficiencia técnica de los aparatos de medida, sino a la misma estructura de la naturaleza de los cuerpos.

No demostración, sino ilustración del principio de indeterminación de Heisenberg es la siguiente: Para lograr localizar el lugar donde se encuentra un electrón en un momento dado, se le envía un haz de fotones de luz. Pero, dadas las pequeñísimas medidas del electrón, éste es afectado por el choque del fotón y su posición y movimiento son alterados, sin que se pueda conocer con precisión total cuáles eran.


8.- Breve presentación de las pruebas de la existencia de Dios.


8.1.- Existen seres que han comenzado a existir. El filósofo (y todo hombre puede serlo y lo es en cierto grado) es natural y tiene derecho a preguntarse por qué razón existen de hecho esos seres y, en general, el mundo. La nada no hace nada. Ningún ser ha surgido sin más a la existencia. Otro ser lo ha hecho. La pretensión de recurrir al cansancio del infinito recorrer sin final de eslabones en la cadena no vale. Porque se sabe, por ejemplo, que en el infinito de los números primos no se encontrará otro número par distinto del 2 y no hace falta recorrerlos todos. De estas cosas hay muchas en matemáticas. En un infinito de seres hechos no se encuentra la razón suficiente, algo que justifique el que un solo ser contingente exista.

Para salir de esta aporía (porque lo es existir y no tener razón alguna para ello) no hay más remedio que aceptar la existencia de un ser necesario, es decir esencialmente diferente a los demás, que no existe porque ha sido hecho, sino que es distinto por naturaleza, no es contingente, es necesario. A este ser lo llamamos Dios. De una manera más o menos clara la inmensa mayoría de los humanos han llegado al conocimiento de ese Dios. Tal vez con errores, pero llegaron a la verdad fundamental. Así los incas y los anteriores, así Aristóteles, que era un gran experimentalista, pero también muy lógico.

8.2.- Existe un orden complicadísimo y constante en el universo. La razón suficiente no está en cada uno de los seres sino fuera de ellos, en causa ajena e inteligente (que es la única que puede intentar y ver lo que aun no existe). Tal causa será Dios, el ser necesario, o un ser creado, que necesitaría haber sido creado (se vuelve al argumento anterior). Este argumento resalta más la inteligencia y la providencia de Dios.

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Continuará

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Para leer la 1º parte:

http://formacionpastoralparalaicos.blogspot.com/2009/09/la-ciencia-y-dios.html

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Para leer la 2º parte:

http://formacionpastoralparalaicos.blogspot.com/2009/09/conocimiento-cientifico-y-conocimiento.html

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Para otras publicaciones relacionadas AQUÍ.


Pruebas de la existencia de Dios - A propósito de Hawking. ¿Es para tanto lío?


P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.


1.- Recuerdo de un amigo de gran buen humor que, estando enfermo, se negaba a ir al médico porque en ese país –decía— los médicos eran magníficos ingenieros. Zapatero a tus zapatos. Cada uno que hable de lo que sabe, de lo que ha estudiado a fondo. Es un principio que con frecuencia hoy creo que se viola.
Vittorio Messori, en un artículo de hace unos años (2007), dice que estamos asistiendo a un regreso a formas de ateísmo militante. Parece que la visita del Papa esta recrudeciendo el fenómeno en Inglaterra. Stephen Hawking, entre otros, ha provocado una aparente tempestad con el agua de poco más que un balde. Sabíamos que era ateo, pero no eran de esperar manifestaciones sobre lo que no ha demostrado tener conocimientos suficientes de metafísica.

2.- La verdad es que me temo que no haya dicho lo que le harán haber dicho: que la ciencia pruebe que Dios no existe. Si mis informaciones no son erróneas ha dicho que los principios de la ciencia se sostienen sin necesidad de que Dios exista y que el mundo, tal como existe, se explica suficientemente por tales principios.
Hay que demostrarlo, pero hasta cierto punto es una expresión banal. Fuera de poquísimos científicos como Hawking el resto de los mortales —aun habiendo estudiado física y siendo profesores de ella— andan por el mundo —lo conocen suficientemente— sin haber resuelto el problema de si el cosmos se justifica o no en su existencia por sus propios principios. Y no les pasa nada. No es ninguna tragedia. La inmensa mayoría de conocimientos que poseemos los humanos, se sostienen, nos son útiles, conocemos con certeza algunos de ellos y los utilizamos sin que la certeza que tenemos de ellos se vea afectada por teorías o pruebas cosmológicas. Los problemas de Dios, de la historia, del derecho, de la medicina, de la sociedad, de lo moral, etc. no se presentan generalmente por necesidades de teoría alguna cosmológica. Y a la generalidad de los mortales le preocupan, al menos algunos de ellos, más que los cosmológicos. Desde este punto de vista y como reconoce otro ateo, Fernando Savater, la necesidad de solucionar bien la cuestión de la fe en Dios preocupa mucho más; los humanos la consideran mucho más importante y gana por goleada a la importancia dada a teoría alguna cosmológica.

3.- Por lo demás son varios los caminos por los que muchos hombres pueden llegar y de hecho han llegado al conocimiento de la existencia de ese ser real que hizo el universo, juzgará el valor de nuestra existencia y designamos con la palabra “Dios” o equivalentes: God, Zeos, Alá, El, etc.
Como ejemplo de tales caminos se pueden señalar la misma existencia del cosmos, su orden, el orden moral, la historia del pueblo judío, la existencia de Jesús, la Iglesia y los milagros que hasta hoy se siguen dando en ella. Hawking no roza más que el segundo y con menos fuerza el primero. Viene a decir que, dadas las leyes por las que se rige la materia, era forzoso que del bigbang surgiera este cosmos y por tanto no hace falta recurrir a un ser inteligente que dirigiera el proceso.

4.- Pero ese principio, al que recurre Hawking como “posible” explicación que “haría” innecesario el recurso a la existencia de una inteligencia ordenadora exterior al sistema, ¿con qué pruebas asegura Hawking sea cierto? La experiencia humana —la ciencia se basa en la experiencia— no conoce “explosiones naturales” “ordenadas”: Hiroshima, los volcanes, etc… Sin embargo lo que la experiencia detecta en el bigbang, que Hawking acepta como origen del universo, es que de aquella explosión han surgido un orden total y una serie de “ordenes” parciales, como las galaxias, el sistema solar, el orden de cada especie viva, sobre todo el del hombre, de tal complejidad que el hombre todavía hoy no los conoce en su totalidad y que se vienen repitiendo constantemente hasta el presente.
¿Es el azar lo que los ha producido y los mantiene? Si en la lotería apareciere como primer número premiado el 1234567, ese orden ya se prestaría a comentarios; pero si el hecho se repitiese cien, doscientas, un millón de veces seguidas, nadie atribuiría eso a la casualidad. El problema, que Hawking no afronta y que los científicos que se profesan ateos deben resolver, es por qué este mundo ha surgido así como es y se mantiene en ese orden.

5.- Pero antes será bueno recordar algunos principios que la ciencia ha usado y viene usando y que son los mismos que los filósofos creyentes han manejando para llegar a conocer la existencia de Dios por la razón natural. Tales principios son: el de la vigencia universal de los principios de causalidad y razón suficiente y el de la insuficiencia del azar como causa de los efectos constantes y uniformes. La ciencia ha surgido, progresado y progresa porque se pregunta por qué sucede esto o aquello y ha buscado su razón suficiente o su causa. Así procedieron Arquímedes, Galileo, Newton, Born, Plank, Einstein y todos los demás. Estoy seguro que el mismo Hawking procede así. El recurso al azar no explica sino que no se encuentra explicación. Pero eso no es ciencia.

6.- El caso es que la ciencia, al utilizar —no importa si en todos los casos el científico lo haga conscientemente o no— con éxito esos principios de razón suficiente y de causalidad y rechazar al azar como causa ni justificación del orden constante de la naturaleza, y haciéndolo con un éxito continuado (dentro de sus límites científicos), ha confirmado la validez de tales principios. En este sentido la ciencia, lejos de poner objeciones a las pruebas racionales de la existencia de Dios, se puede decir que por el contrario las apoya y confirma.
Porque es claro que existen muchos seres que comenzaron a existir y nuestra propia experiencia íntima lo confirma, y que todo lo que comienza a ser necesita de una causa eficiente distinta de sí mismo para ello. Porque sin existir nada ni nadie puede hacer algo. Operari sequitur esse: el obrar viene después del ser.
Una cadena infinita de seres hechos (que comenzaron a existir gracias a la acción eficiente de otro, no es solución. Por infinita que sea la cadena, lo que sucede es que no ha habido ninguno que haya podido obrar sin haber existido gracias al obrar de otro, que no existía. Pero esto es contradictorio: porque el último, que en el supuesto sería también hecho, habría existido, es decir habría sido hecho sin haber sido hecho todavía y obraría sin existir. La matemática nos ofrece ejemplos. Infinita es, por ejemplo, la secuencia de números pares. Es inútil rebuscar en ella el número 5, porque no es par. Ya se sabe que no está.

7.- Así pues hay que romper ese pandemónium de una sucesión infinita de meros seres existentes gracias a la acción de otro, a su vez hecho por otro. Es una idea en sí contradictoria. Hay que romper la cadena infinita que no cuelga de ningún sitio. Hay que admitir como necesario para que este mundo exista que exista un ser esencialmente distinto de los demás que exista sin que lo haya hecho ningún otro, que exista por necesidad intrínseca de sí mismo, que es necesario que exista.

8.- Claro que ese “SER NECESARIO” no es el ser maravilloso, bondadoso y Padre, que conocemos por la Biblia. En rigor sí es el mismo; pero es que por la razón no lo podemos conocer más que de forma muy imperfecta y bien oscura y —hay que reconocerlo— nada fácil para mucha gente. Por eso ha querido Él manifestarse más claramente. Pero me he alargado ya mucho. Lo dejamos para otra ocasión. ¿De acuerdo?
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Fotografías, de arriba hacia abajo:
1º Big Bang.
2º Stephen Hawking con Benedicto XVI, durante un Congreso organizado por el Vaticano sobre la evolución y el Big Bang (noviembre del 2008).


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Para otras publicaciones relacionadas AQUÍ.



Pruebas de la existencia de Dios - Ciencia y Experiencia, Ciencia y Fe



P. José Ramón Martínez Galdeano S.J.

1.- Fe es creer a otra persona lo que dice.
Algunos dicen que no creen más que lo que ven.
Es falso: también creen en lo que sienten, gustan, oyen...

Pero también creen en lo que ni ven, ni gustan, ni sienten con los sentidos ojos: Se cree por fe que los padres son los padres, lo mismo de los hermanos, lo mismo a la esposa. Se cree por fe lo que enseña el maestro. Se cree por fe lo que me llega por los medios de comunicación. En la vida lo más normal de cualquiera es hacer actos de fe de la mañana a la noche. Sin fe no se vive. El hombre se puede definir como “el ser que cree”.

2.- Si solo valiera la experiencia, todo hombre tendría que aprenderlo todo por propia experiencia. No debería ir a la escuela ni a la universidad para aprender de otros, ni leer nada. Pero así todos seguiríamos salvajes. La cultura y el desarrollo es obra de la fe.

3.- El científico se forma en la universidad creyendo a los profesores, a los libros etc. Los pequeños y parciales experimentos, que hace un estudiante universitario, todos saben que no tienen el rigor ni las garantías necesarias. Son una preparación para experiencias en el futuro, una vez formados.

4.- El científico ya formado y que trabaja experimentando
a. En su vida normal cree como todos;
b. En su trabajo científico lo primero que hace es leer y creer lo que se ha escrito e investigado por otros sobre el tema;
c. En su trabajo personal experimental utiliza medios (microscopios o telescopios, cámaras, aparatos de medida...) que cree ser confiables y están bien hechos.
Luego sin creer no es posible el trabajo científico.

5.- La matemática es ciencia. Nadie se atrevería a negarlo. Además es necesaria para que las demás ciencias (como la física) se desarrollen.
Pero la matemática no es experimental. La matemática es puramente racional. Todo en matemática se prueba por la razón.

6.- Por fin es falso que la ciencia conoce por la sola experiencia todo lo que conoce. Nadie ha visto la fuerza de la gravedad, ni la electricidad o magnetismo. La ciencia trata de conocer lo que está más allá de la experiencia. La ciencia es el conocimiento de lo que en sí mismo no se ve por medio de la razón aplicada a los datos de los sentidos, indagando por causas y fines, más allá de lo que los sentidos manifiestan.


7.- Luego en conclusión:

a) Es falso el dilema “o ciencia o fe”.
b) No se puede vivir, ni siquiera ser Científico, sin fe.




“La Matemática es puramente racional”, para graficar esta afirmación tenemos como ejemplo uno de los trabajos realizados por Arquímedes, gran científico de la antigüedad, acerca de la cuadratura del círculo, que permitió descubrir la relación aproximada entre la circunferencia y su diámetro, relación que se designa hoy día con la letra griega π (pi). Mostramos el gráfico que muestra este trabajo y una de sus fórmulas matemáticas sobre éste. Asimismo compartimos una pequeña reseña sobre este gran científico:




Arquímedes (Siracusa, Sicilia, 287 - 212 a.C.) Matemático y geómetra griego, considerado el más notable científico y matemático de la antigüedad, es recordado por el Principio de Arquímedes y por sus aportes a la cuadratura del círculo, el estudio de la palanca, el tornillo de Arquímedes, la espiral de Arquímedes y otros aportes a la matemática, la ingeniería y la geometría.



Arquímedes, pintura por Domenico Fetti (1620)





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Pruebas de la existencia de Dios - La ciencia física demuestra que el mundo actual ha tenido principio y no es imperecedero - 2º Parte



La Ciencia y Dios - 5º Parte
P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

Parte Final


5.- ¿Qué decimos?

5.1.- Hablamos de este mundo. De él decimos que ha comenzado a existir. Antes de ese momento, no existía. Este hecho lleva a preguntarse por qué surgió, qué lo causó y para qué. La física no responde. Pero legitima las preguntas, porque surgen espontáneas del hecho. En este sentido decimos que ayuda a la teodicea.

6.- Prueba.

6.1.- (A partir del 2º principio)
La física demuestra que este mundo tiene un final.
a) El universo es un conjunto con una cantidad limitada de energía. No se crea más energía (Primer principio).
b) Además la energía tiene limitaciones para ser aprovechada: 1)En todo proceso energético parte de la energía se pierde en calor. 2)El calor, en el mejor de los casos, se puede convertir en otras energías con un rendimiento corto (30, 40, tal vez 60%). El resto no se aprovecha. 3)Para transformar calor en otra energía, el calor debe pasar de temperatura más alta a otra más baja. En la máquina térmica hipotética que lo hiciere, el elemento más caliente se va enfriando y el más frío se va calentando. Cuando las temperaturas se igualan, ya es totalmente imposible, ¡por principio de la naturaleza! (no por meras limitaciones técnicas[1]), transformar más calor en otra energía.
c) Así la energía del universo se irá transformando paulatinamente en calor, poco a poco se irán igualando las temperaturas y llegará un momento en que se agotará la energía aprovechable y el mundo se detenga. En este sentido el mundo habrá muerto.
d) Pero si hubiera existido siempre, ya habría llegado ese final.
Luego tuvo un principio.

6.2.- (A partir de la hipótesis del big-bang)
Aceptar el big-bang es lo mismo que decir que este mundo ha tenido comienzo en el tiempo y que "antes" no era.
La física no dice que aquel huevo cósmico haya salido de la nada, ni que la tal explosión careciera de causa. Al contrario tuvo que haber una causa que introdujera en la materia todo el dinamismo que ha regido en el proceso cósmico todavía en desarrollo.

7.- ¿Otras hipótesis?

7.1.- Algunos científicos han ideado las hipótesis del universo pulsante y del universo estacionario. Tales hipótesis no han tenido acogida, porque en verdad no son científicas. No están fundadas en pruebas científicamente rigurosas. Científicamente se demuestran no verdaderas porque se contradicen con las leyes físicas del universo, científicamente probadas. En el hecho de haberse propuesto por algunos científicos, se ve que el científico puro no existe. Han saltado por encima de los datos experimentales, de la razón y de las leyes físicas y han presentado visiones, que no son científicas, para justificar posturas previamente tomadas en problemas que desbordan a la física.
7.2.- Santo Tomás hace notar que la materia podría existir ab aeterno, pero siempre creada por Dios. Origen en el tiempo incluye creación, pero eternidad no es lo mismo que no creado. Sólo Dios es no creado.

8. Sobre la evolución

8.1.- La evolución no suprime la exigencia de la causa eficiente.
8.2.- La evolución no explica el orden ni la constancia del orden universal. Todo proceso en el tiempo es evolutivo (v.g. la fabricación de un carro), pero no significa que no haya causa ni que se haga sin una inteligencia que ordene.
8.3.- La ciencia demuestra que la evolución no ha sido lenta, sino a velocidades cercanas a la luz.
8.4.- La ciencia demuestra que la evolución ha tenido que regirse por condiciones bien precisas para que este mundo pudiera existir y fuera habitable por el hombre.

[1].- De hecho las posibilidades técnicas de aprovechamiento de la energía son más limitadas. No hay, por ejemplo, máquina para convertir directamente la luz en corriente eléctrica sin pasar por el calor, ni que pueda aprovechar la energía de los sólidos y líquidos no combustibles.
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Pruebas de la existencia de Dios - La ciencia y Dios




1º Parte. Conocimiento experimental y por fe.
P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

Introducción

El diario El Comercio publicaba el 4 de agosto de este año 2007, un artículo de Humberto Eco (ateo o al menos agnóstico él mismo) en que se leía lo siguiente: «Hoy en día... no sólo se vuelve a proclamar en voz alta el propio ateísmo sino que también se escriben libros y libelos sobre los estragos de las religiones.

Sin limitarnos al “Traité d’atheologie” de Michel Onfray, que salió en Francia hace más de dos años, tenemos “Breaking the Spell” (“Rompiendo el conjuro”) de Daniel Dennett (un filósofo que estudia la religión como fenómeno natural), el muy polémico “Perché non possiamo essere cristiani!”(“e meno che mai cattolici”) de Piergiorgio Odifreddi (“Por qué no podemos ser cristianos y menos aún católicos”), el sarcástico “Babbo Natale”, “Gesù Adulto” de Mauricio Ferraris (“Papá Noel, Jesús Adulto”), el “Curso acelerado de ateísmo” de Antonio López Campillo y Juan Ignacio Ferreras, “Un’etica senza Dio” de Eugenio Lecaldano (“Una ética sin Dios”, se puede tener verdaderamente una vida moral solo dejando a Dios de lado), “God is not great: How religion poisons everything” (“Dios no es grande: cómo la religión lo envenena todo”) de Christopher Hitchens. Quizá hayan salido otros libros análogos, pero se me han escapado y espero que sus autores me perdonen por amor de Dios. Estamos asistiendo a un regreso a formas de ateísmo militante».


I. El problema

1.- ¿De qué vamos a hablar?
1.1. De Dios sabemos muchas cosas. Por la razón natural y sobre todo por la Revelación, que se nos ha comunicado en la Iglesia: Ha creado todo, es infinitamente misericordioso, ha enviado a Jesucristo para salvarnos, Jesús ha fundado la Iglesia Católica, está cerca y se nos comunica y actúa en este mundo de varias maneras.

2.- Fe es creer a otra persona lo que dice.
Algunos dicen que no creen más que lo que ven.
Es falso: también creen en lo que sienten, gustan, oyen...
Pero también creen en lo que ni ven, ni gustan, ni sienten con los sentidos ojos...
Se cree por fe que los padres son los padres, lo mismo a los hermanos, lo mismo a la esposa. Se cree por fe lo que enseña el maestro. Se cree por fe lo que me llega por los medios de comunicación. Lo más normal de cualquiera es hacer actos de fe de la mañana a la noche. Sin fe no se vive. El hombre se puede definir como “el ser que cree”.

3.- Si todo hombre tuviera que aprender todo por propia experiencia no debería ir a la escuela ni a la universidad para aprender de otros, ni leer nada. Todos seríamos salvajes. La cultura es obra de la fe.

4.- El científico se forma en la universidad creyendo a los profesores, a los libros etc. Los pequeños y parciales experimentos que hace un estudiante universitario todos saben que no tienen el rigor ni las garantías necesarias. Son una preparación para experiencias en el futuro, una vez formados.

5.- El científico ya formado y que trabaja experimentando

a) en su vida normal cree como todos;
b) en su trabajo científico lo primero que hace es leer y creer lo que se ha escrito e investigado por otros sobre el tema; también la ciencia es un hecho cultural.
c) en su trabajo personal experimental utiliza medios (microscopios o telescopios, cámaras, aparatos de medida...) que cree ser confiables y a los que cree.
d) En su propio trabajo el científico tiene necesariamente que creer.

Luego conclusión: Es falsa la antítesis o ciencia o fe. No se puede vivir ni siquiera ser científico sin fe (además de la ciencia, caso de dedicarse a ella).

6.- Nadie niega que la matemática es ciencia. Además es necesaria para que la ciencia física, por lo menos, se desarrolle.
Pero la matemática no es experimental. Todo en matemática se prueba por la razón.

7.- Por fin es falso que la ciencia tiene experiencia de todo lo que conoce. Nadie ha visto la fuerza de la gravedad, ni la electricidad o magnetismo.
La ciencia es el conocimiento en la naturaleza material de lo que en sí mismo no se ve por medio de la razón aplicada a los datos de los sentidos, que indaga sobre las causas y fines, más allá de lo que manifiestan los sentidos.

II. Puntualizaciones sobre LA EXPERIENCIA científica

1.- En las ciencias.
1.1. En ciencias humanas (v.g. historia, medicina, psicología, derecho...) ni hay experiencia propia, ni es medible. Es necesario otro concepto de lo que es ciencia y admitir el valor de otros conocimientos adquiridos por vía racional o testimonial (fe humana).
1.2. La exigencia de ese tipo de experiencia invalida la técnica, que se basa en saber lo que va a pasar. El futuro no se sabe por experiencia hasta que haya sucedido y entonces deja de ser predicción del futuro necesario.
1.3. Las matemáticas (¿no serían ciencia?) no son experimentales (¿experimentar un millón por dos?). Hoy existe como campo científico la física teórica.
1.4. Es falso que la ciencia afirma sólo lo que ve. La ciencia experimental ha buscado siempre la explicación de lo que se ve para conocer lo que no se ve: ¿Por qué oscilan las lámparas, caen los cuerpos?

2.- Relaciones de la ciencia con la fe. ¿Experiencia o fe? ¿O más bien experiencia Y además fe?
2.1.-Fe es conocer por un testimonio creíble (con garantías).
2.2. Humana: el testimonio es meramente humano.
Divina: el testimonio viene dado o corroborado por Dios. Puede darse una cadena de testigos.
2.3. A lo largo de la mayor parte de su historia el hombre ha vivido y creado grandes logros culturales sin ciencia.
2.4. Hoy ningún hombre vive de solos conocimientos científicos, sino de actos de fe continuos. Creer es su forma normal de conocer (familia, medios, etc.). Hablar supone confiar en la verdad de lo que se me dice. Sin lenguaje (sin fe) no hay intercomunicación, necesaria para crecer como persona. Un niño no aprendería nada y ninguno se desarrollaría como persona normal. El hombre es el ser que cree. Cree naturalmente. Hace bien en creer. Es razonable creer.
2.5. Ningún “científico” vive solo “científicamente”: cree a la mujer, los hijos, al médico... Hace bien y lo hace razonablemente.
2.6. La ciencia no es un cuerpo ni persona subsistente. La ciencia no existe más que en las cabezas de los científicos y nadie la posee toda.
2.7. En su propio trabajo científico: Todo científico ha aprendido su ciencia creyendo a profesores y libros. Nadie ha podido experimentar todo lo que sabe. Los “experimentos” que se hacen para aprender son meramente confirmatorios y todos saben que carecen del rigor necesario.

Para su propia investigación científica necesita estar al tanto de lo publicado en libros y revistas, confiar en que los aparatos y productos que usa, miden bien y tienen las características que dicen tener.

Por eso la ciencia no es posible con la sola experiencia de cada uno, es un proceso cultural. Sin fe el hombre seguiría siendo un salvaje. La ciencia avanza gracias a la fe. La cultura, el desarrollo humano, la ciencia misma son procesos de fe (humana).
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Continuará...


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Pruebas de la existencia de Dios - Conocimiento científico y conocimiento de Dios




La Ciencia y Dios - 2º Parte

P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.



I. La confirmación por la ciencia física y química de las pruebas de la existencia de Dios

1.1. - El problema.- Es muy normal decir que la ciencia es experimental y sus conocimientos están probados por la experiencia, que se ha visto y se puede ver. En ciencia no hay que creer nada, ni se prueba nada recurriendo a principios lógicos ni metafísicos. En ciencia se hace el experimento y se ve. Y es sólo de esto de lo que se puede estar cierto. Esta es la respuesta del positivismo. Los conocimientos de la fe (la referencia más normal de los positivistas, aunque no única, es a la moral y la religión) o la metafísica no alcanzan el rango de científicos. Su admisión es libre, según el gusto de cada uno o de cada época o comunidad humana, y no pueden demostrarse.

1.2.- Hay todavía un concepto más restrictivo, aunque no tan popular, de ciencia: en ciencia todo se puede experimentar repetidamente y "medir".

1.3.- No siendo normalmente posible una experiencia de garantía y medible sino en laboratorio, los positivistas consideran que el método inductivo es el único válido. Especulaciones metafísicas y teológicas no valen para probar nada.


2.- El objeto de la física.

2.1.- Cada ciencia trata de saber todo lo que puede sobre algo determinado y preciso. Con eso no afirma ni niega nada sobre otros conocimientos y sobre los objetos y valor de otras ciencias.
2.2.- El objeto de la física y de la química es conocer la naturaleza inanimada (y no toda; pensemos en la astronomía, que es otra ciencia).
2.3.- Dios no es objeto de la física ni de la química. Luego no tienen por qué investigar sobre Dios. Por eso no es de extrañar que no lo descubran.
2.4.- Es muy normal en la investigación científica (especialmente “ciencias humanas”) utilizar conocimientos de otras ciencias; v.g. en la historia, en la medicina, astronomía, etc.
2.5.- La física utiliza también principios y modos de razonar comunes a otras ciencias (Ha hecho uso masivo de las matemáticas y las necesita para progresar).
En la medida en que se valga de ellos con éxito y repetitivamente (una y otra vez) está confirmando su legitimidad y capacidad para la verdad, que de ellos se deriva. Es lo que decimos: La física y la química confirman los argumentos de que se vale la metafísica para probar la existencia de Dios en la medida en que ella misma los utiliza para demostrar la verdad de sus afirmaciones sobre el mundo físico.


3.- El objeto de la Teodicea y de la Teología.


3.1.- El conocimiento de Dios por la mera razón es el objeto de la Teodicea, parte de la Metafísica. El conocimiento de Dios por la Revelación es el objeto de la Teología.
Pero los argumentos de la Teodicea hacen hincapié 1) en el principio metafísico de causalidad, "no hay efecto sin causa eficiente", y 2) sobre el hecho del orden mundano, que necesita de un ser inteligente ordenador.
3.2.- Pues bien la física apoya el valor de las pruebas de la existencia de Dios en cuanto que 1) acepta el principio de razón suficiente y el de causalidad y se basa en ellos; y 2) acepta el orden constante del mundo como un hecho incontrovertible y 3) por fin rechaza el recurso al azar como no válido.


4.- Los principios fundamentales

4.1.- Principio de razón suficiente.
Expresa que toda realidad objetiva (ser subsistente o cualidad) tiene algo (así mismo objetivo, presente en el objeto) que, si es conocido por el entendimiento, da a éste la garantía de ser conocimiento verdadero, es decir que ese conocimiento está afirmando algo que es así y está en el objeto fuera del entendimiento humano.
La verdad del principio la capta el entendimiento espontáneamente: Nada puede ser ni ser así sin haber una realidad objetiva que lo justifique. Así la razón suficiente para establecer el nexo de causalidad entre el accionar del interruptor y el encenderse o apagarse de la luz, está en el hecho de haber sucedido una o varias veces.

4.2.- Principio de causalidad. Se formula de diversas maneras. La manera más apta en física es: No hay efecto sin causa (eficiente).
También capta el entendimiento que si algo nuevo se ha producido, algo o alguien lo ha producido. La nada no obra nada.

4.3.- Orden.
4.3.1.- "Conspiratio plurium in unum" (S.Agustín): Confluencia intentada de varias realidades (seres, actividades, influjos) hacia un efecto.
4.3.2.- En un orden hay pluralidad de elementos, iguales o desiguales. Además están establemente dispuestos según una razón o norma común: Se orientan, se refieren intencionalmente, apuntan todos hacia un objetivo o norte común.
4.3.3.- Clases: Estático y dinámico.a) Orden estático. Los componentes no se mueven: el orden de un edificio, de un texto escrito o de unas ruinas arqueológicas.
b) Orden dinámico: los elementos integrantes actúan, son causas eficientes, activas o pasivas, establemente dispuestas en orden a un determinado efecto a producir en común, v.g. el orden del reloj.
En el orden dinámico los elementos son causas eficientes. El conjunto de ellas produce un efecto; si ese efecto determinado es repetido constantemente, su razón suficiente no puede ser sino el orden establecido por una causa ajena al conjunto e inteligente (que se oriente hacia algo que todavía no existe).
También es un principio que el entendimiento capta inmediatamente.

4.4.- Orden cósmico.
4.4.1.- Por orden cósmico universal entendemos el de los seres anorgánicos todos, no sólo los de nuestra tierra, sino de todos los existentes en el universo y aptos para ser objeto de nuestra experiencia sensible. Se conoce por experiencia.
4.4.2.- Es un orden dinámico, que se mueve manteniéndose ordenado. Constante y uniforme: no se trata de un orden momentáneo, sino permanente. Sus leyes de funcionamiento son constantes y uniformes, de forma que en su virtud se puede obtener un conocimiento más preciso y coherente del conjunto y se pueden explicar y predecir ciertos fenómenos.


5. La ciencia y el principio de causalidad.

5.1.- El principio de causalidad, con el que se demuestra la existencia de Dios, es confirmado por la ciencia físico-química.

La física ha nacido, crecido y vive preguntándose por qué suceden así las cosas. En física no se aceptará nunca: “¿Quién sabe? Algo habrá pasado. Es una pregunta inútil; sucede y basta. Nada ni nadie lo ha provocado; ha sucedido solo sin causa ninguna”.
Esto es igual a interrogarse por las causas eficientes de unos efectos. Cuando capta algo nuevo, sorprendente, busca qué causa eficiente lo ha producido. Por los efectos conoce la naturaleza de las causas. Esta actitud está siempre constante y actuante en la íntima persuasión de todo trabajo del físico. Si los fenómenos físicos pudieran suceder así no más, no tendrían sentido las preguntas. Esto es independiente de que el físico tenga o no conciencia refleja de ello. Se dé cuenta o no, el físico piensa que esto sucede por una causa que trata de identificar y conocer (por los mismos efectos). Así distingue el calor de la electricidad, los ácidos de las bases, etc.



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Continuará...

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Pruebas de la existencia de Dios - Desde la evolución y el azar



P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

1. Sobre la evolución y el azar. 

Reflexiones complementarias a la prueba de la existencia de Dios a partir del orden en el universo.
1.1. A los argumentos expuestos responden con frecuencia los que optaron por el ateísmo o agnosticismo con el recurso a la evolución y al azar. Suelen combinar la evolución con el azar, aunque sean conceptos distintos, que expresan fenómenos diferentes.
1.1.1. Evolución significa que un ser va cambiando sucesivamente a lo largo del tiempo su modo de ser (composición, aspecto, tamaño, cualidades y propiedades, etc.), de modo que la situación de un momento prepara y anuncia el momento siguiente.
1.1.2. Azar significa que un suceso se produce sin que sea determinado por causa eficiente ni final ni influjo previo para que “sea así” y ni siquiera para que “sea”. La indeterminación suele ser limitada. Por ejemplo un dado de seis caras arrojado al aire descansa sobre una cara, nunca sobre un vértice ni arista, pero es por azar o “aleatorio” (así se dice) que descanse sobre cualquiera de las seis caras del dado. 

1.2. En cuanto al uso científico y filosófico de estos conceptos conviene advertir lo siguiente:
1.2.1. Todos los sucesos en que entra la materia suceden en el espacio y en el tiempo y normalmente por evolución. Los seres vivos cambian poco a poco, como vemos en el crecimiento de plantas, animales y en el mismo hombre. Pero también hay cambios rápidos y aun repentinos, como muchas muertes de seres vivos y sucesos catastróficos como terremotos o erupciones. Los objetos materiales, producto de la industria del hombre, se van produciendo también en un proceso sucesivo más o menos veloz. Automóviles y otros artefactos se producen evolutivamente.
1.2.2. Pero producirse por evolución no significa que se produzca sin causa o causas que vayan realizando el cambio o los cambios. Piénsese en la fabricación de una computadora. A estas causas se les llama causas eficientes, porque “hacen”, “efectúan” los cambios y “esos” cambios. Pero además esos procesos no se hacen sin que intervengan causas inteligentes que impongan un fin común a las causas eficientes, ni sin tener materiales o “algo” que pueda ser transformado.

1.3. Es esencial al “azar” la inconstancia. Si un dado cae unas cuantas veces seguidas sobre la misma cara, es claro que no es por casualidad; el dado está mal hecho o tiene trampa. La constancia de un fenómeno indica claramente que es no-aleatorio; tiene algo que causa y determina a ese efecto. Ni tampoco un resultado condiciona al siguiente; si la bola que aparece primera en una lotería, apareciera, basta, diez veces seguidas, todos los jugadores estarían ciertos de la trampa. Un suceso aleatorio es esencialmente inconstante e impredecible. 

1.4. De lo anterior se deduce que en los sucesos aleatorios el número de aciertos es claramente inferior al de fracasos. En el ejemplo del dado en número de veces que en un número grande de tiradas (p.e. cien) salga una cara concreta, p.e. la “tres”, andará cerca de la sexta parte; si difiere mucho la ciencia concluye que es por alguna causa oculta de la que se ignora su funcionamiento y aun su misma existencia.  

1.5. Además la causa (o causas eficientes, pues puede haber varias actuando simultáneamente) produce cada una un efecto parcial, que, combinado con el efecto de las demás, acaba produciendo un objeto único, compuesto de partes diferentes y de efectos parciales diferentes pero confluyendo todos ordenadamente a un efecto último. La realización de este proceso evolutivo (por ejemplo la fabricación de un objeto industrial) exige la intervención de la inteligencia (normalmente de muchas inteligencias). Es decir que los procesos evolutivos de la experiencia, repetitivos, fruto de la acción de muchos agentes y constantemente ordenados hacia un fin, requieren de causas eficientes, causas finales e inteligencia ordenadora

1.6. Las ciencias (nos referimos a las “más científicas entre las ciencias”, la física y la química) se han desarrollado en el supuesto de que en la naturaleza no viva (no hablamos ahora de los seres vivos y menos de los hombres) no se dan fenómenos aleatorios. La ciencia supone que todo fenómeno de la naturaleza inanimada es producido por causas eficientes y no inteligentes, que necesariamente obran de la misma manera en las mismas circunstancias. Sin este principio la ciencia moderna no existiría.

1.7. El estudio de los fenómenos aleatorios es un invento de la inteligencia humana para el estudio de fenómenos en los que interviene un número y complejidad de causas que no puede dominar, e incluso pueden intervenir causas humanas y en principio libres, pero de muy difícil o casi imposible control y aun identificación. Tales fenómenos pueden ser los terremotos, enfermedades, accidentes, control de calidad, etc. 


2. Sobre el origen evolutivo de las especies según Darwin

2.1. Darwin cree poder deducir su teoría de la evolución de las especies del hecho de las variaciones en los pinzones dependiendo de sus diversos hábitats. Cree poder deducir que la necesidad de sobrevivir ha forzado a modos de desarrollo diversos y a cambios en la especie

2.2. Darwin piensa que el proceso de cambio es muy lento, los cambios son aleatorios y de los nuevos vivientes sólo perduran los que mejoran la calidad del ser vivo, pues los más débiles no pueden afrontar las condiciones adversas.

2.3. Sobre tales argumentos surgen dificultades, que no han sido resueltas.
2.3.1. Cambios motivados por los cambios en las formas de vida y la alimentación son conocidos aun en el hombre. En España, aun dentro de una generación, se pudieron constatar cambios notables en la talla, resistencia a las enfermedades, etc. Las causas eran sobre todo la mejora en la alimentación y la mayor edad de comenzar a trabajar.
2.3.2. Pero en general la ciencia, que debe manejar datos de experiencia, carece de ningún dato cierto de experiencia sobre el surgir de una nueva especie animal ni vegetal por evolución; mucho menos de la vida.
2.3.3. Sobre el supuesto de que se trataría de una evolución muy lenta, que requeriría mucho tiempo, la teoría del bing-bang, de la explosión original del “huevo cósmico”, sí tiene varios datos que la avalan, pero se trata de una explosión a velocidades cercanas a la de la luz, muy lejos de un proceso lento.
2.3.4. La experiencia dice que en un proceso aleatorio los “aciertos” se dan en menor número que los procesos fallidos (v. 2.2). Los fallos habrían dejado restos, que podríamos llamar “basura aleatoria” y se habrían fosilizado. Así la “basura” fosilizada tendría que ser muy abundante. Sin embargo la ciencia no ha podido encontrar nada.
2.3.5. Dada la audacia de al menos un buen número de investigadores, dispuestos a saltarse todas las barreras, aun las morales, es de suponer que haya habido más de un intento de producir vida a partir de materia no viva, vida animal a partir de la vegetal, especie viva superior desde otra inferior, vida racional desde animal. Tales intentos han fracasado.
2.3.6. La investigación científica ha realizado sus mayores esfuerzos al estudio del origen del hombre, es decir al salto del simio al hombre racional. Se han ido encontrando fósiles de simios, especialmente cráneos, con crecientes semejanzas a cráneos humanos; también se han podido hacer de modo suficientemente razonable algún proceso inverso, con fósiles humanos cada vez más antiguos. Pero, prescindiendo de la dosis de inseguridad que tales constructos conllevan, la ciencia no ha llegado al “eslabón”, que sería el resto de un cuerpo humano que lleva en sí las señales del animal y es capaz de operaciones espirituales.
2.3.7. Tampoco se ha encontrado en el mundo de los fósiles ningún “eslabón” puente de una especie animal a otra parecida, como puede ser del gato al tigre o viceversa.
2.3.8. El tipo de investigación anterior (2.3.6) se fija exclusivamente en la morfología de los restos fósiles. En cierto sentido es un material bastante grosero para lo que se pretende estudiar. El estudio del cerebro humano vivo, instintos y psicología presentan una diversidad respecto a los de los animales tan grande que no tiene, por ahora, explicación como pueda hacerse por la evolución aleatoria de Darwin.   

2.4. Evolución darwiniana, el big-bang y la creación del mundo por Dios.
2.4.1. La evolución darwiniana es una idea sugestiva. El entendimiento humano en cualquier orden de conocimientos busca y goza al llegar a concepciones unitarias. El hecho de que los seres vivientes tengan una variedad tan grande y al mismo tiempo con frecuencia encontremos semejanzas entre especies distintas sugiere la posibilidad de que una proceda de otra. Esto apoya la idea de evolución. Pero al mismo tiempo esas coincidencias esconden diferencias grandes y tampoco le ha sido posible a la ciencia encontrar formas “de paso” del surgir una especie viviente de otra. Hay que reconocer que hasta el momento la ciencia no ha ofrecido pruebas de realidad a la teoría de la evolución darwiniana; sigue siendo mera hipótesis de trabajo.
La teoría del big-bang (un evolucionismo muy parcial, que ha tenido alguna comprobación interesante) supone una explosión a velocidades estelares. No es aleatoria sino claramente finalística.
Por fin la idea de la creación del mundo por Dios no es excluye que se haya realizado con un proceso evolutivo. El acto creador de Dios podría incluir un proceso evolucionista, más o menos complejo, que a lo largo de un tiempo haya ido haciendo surgir todo el resto del universo.
2.4.2.- Darwinismo y ateísmo. Fue el mismo Darwin el que creyó encontrar en su teoría argumento para negar la existencia de Dios: Dios no es necesario, todo habría surgido de la nada por evolución.
Por la historia sabemos de la dificultad intelectual de Darwin para los estudios teológicos, tan estrechamente unidos sobre todo entonces con la filosofía. La hipótesis darwiniana no invalida las pruebas que la filosofía (además de la teología) aporta a favor de la existencia de Dios.
Porque la evolución darwiniana supone que “algo” evoluciona. Este “algo” no puede suponerse indefinidamente no-necesario. Como ya hemos probado, la existencia real de un ser no-necesario es imposible sin que exista un ser necesario.
Por otro lado la evolución darwiniana es claramente finalística, lo cual hemos probado que exige necesariamente la dirección de un ser con inteligencia que vea, dirija y ordene todas los actos conducentes al fin. Este ser sería el ser necesario o exigiría su previa existencia.
En el caso de la fabricación de objetos, que la naturaleza no produce sino que el hombre ha inventado y produce, todos ellos llegan a existir tras un proceso evolutivo (incluso tras una conjunción de procesos evolutivos de sus componentes). Sin embargo tal proceso no es espontáneo ni necesario, sino que exige la previa existencia, acción y conjunción complicadísima de muchos agentes externos a la evolución fabricadora, que además son inteligentes, son previos a tal evolución y rigen los modos del proceso evolutivo. De manera análoga cualquier proceso evolutivo, por muy “primero” que sea, exige la previa existencia del ser anterior (en definitiva de Dios) que lo haga posible.


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Pruebas de la existencia de Dios - La fe y la ciencia, entrevista a físico Antonio Zichichi



Para nuestros temas sobre la ciencia y la fe, transcribimos una entrevista de ZENIT al físico Antonio Zichichi, presidente de la Federación Mundial de Científicos, quien trabajó en el CERN y descubrió la antimateria nuclear.


El físico Antonino Zichichi comenta la fallida visita del Papa a «La Sapienza»

Presidente de la Federación Mundial de Científicos para la alianza entre fe y ciencia


ROMA, jueves, 31 enero 2008 (ZENIT.org).- El profesor Antonino Zichichi, presidente de la «World Federation of Scientists» (Federación Mundial de Científicos), sostiene que es posible una alianza entre fe y ciencia.

En una entrevista concedida a Zenit, el conocido científico italiano afirma que la oposición a la visita de Benedicto XVI a la Universidad «La Sapienza» de Roma ha sido la manifestación de una cultura «prearistotélica».

Zichichi trabajó en el campo de la física subnuclear (física de partículas) en los laboratorios Fermilab de Chicago, Estados Unidos, y en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) de Ginebra, Suiza.

Entre sus numerosos descubrimientos destaca la antimateria nuclear.

En 1962, fundó en Erice, en su Sicilia natal, el Centro «Ettore Majorana» de cultura científica.

Ha sido presidente de la Sociedad Europea de Física, del Instituto Italiano de Física Nuclear, presidente del Comité de la OTAN para las tecnologías de desarme (nuclear, químico, bacteriológico y convencional).

Actualmente es profesor emérito de Física Superior en la Universidad de Bolonia.

Hablando de la relación entre razón y fe, tema afrontado por Benedicto XVI en su intervención en la Audiencia General de este miércoles, el profesor Zichichi recuerda que los resultados logrados por la ciencia actual serían impensables sin «ese acto de fe y de humildad intelectual, madurado dentro de la cultura católica con Galileo Galilei».

--¿Qué es para usted la razón?

--Zichichi: Nosotros somos la única forma de materia viviente a la que le ha sido dado el privilegio de la razón; y gracias a la razón la forma de materia viviente a la que pertenecemos ha podido descubrir el lenguaje, la lógica y la ciencia.

Existen centenares de miles de formas de materia viva, vegetal y animal, pero ninguna de ellas supo descubrir la memoria colectiva permanente --mejor conocida como lenguaje escrito-- ni las formas de lógica rigurosa como la matemática o la ciencia que, entre todas las lógicas posibles, es la que eligió el Creador para hacer el Universo, tal como podemos verlo y estudiarlo, y a nosotros mismos.

Una lógica que nos ha permitido estudiar y comprender pero que nadie será nunca capaz de alterar. Sin la razón, no habríamos podido descubrir la ciencia, esta extraordinaria aventura intelectual, iniciada hace sólo 400 años con Galileo Galilei y las primeras Leyes fundamentales de la naturaleza descubiertas por él.

Galileo las llamaba «huellas del Creador», huellas que podían incluso no existir. En cambio, él estaba convencido de que existían y de que estaban presentes tanto en las estrellas como en la materia «vulgar», como las piedras, en las que en aquel tiempo todos estaban convencidos de que no era posible encontrar verdades fundamentales. Precisamente estudiando las piedras Galileo empezó a buscar aquellas huellas, por un acto de fe en el Creador.

Un acto de fe y de humildad que nos ha permitido llegar hoy, en sólo cuatro siglos, a concebir la existencia del «supermundo»: la más alta cima de los conocimientos científicos galileanos, por tanto del saber riguroso, respecto a lo inmanente. Las fronteras mismas del supermundo confirman lo que decía antes, es decir que somos la única forma de materia viviente dotada de razón.

--Se han atribuido al Papa falsas declaraciones de condena respecto a Galileo Galilei, luego desmentidas. ¿Cuál cree que es el pensamiento de Benedicto XVI sobre Galileo?

--Zichichi: Para Benedicto XVI, la razón está en el centro de la cultura de nuestro tiempo. Su pensamiento sobre Galileo ha sido alterado, extrapolando una cita de Feyerabend (que declaraba justa la condena de Galilei), perteneciente a un discurso que en realidad tenía como objetivo mantener la tesis opuesta. Y justo en Galileo el Papa ve una unión entre ciencia y fe.

El 6 de abril de 2006, a la pregunta de un joven que participaba en la Plaza de San Pedro en un encuentro de preparación a la Jornada Mundial de la Juventud, Benedicto XVI respondió que «el gran Galileo» consideraba que la Naturaleza y la Biblia eran dos libros escritos por el mismo Autor. El libro de la Naturaleza, escrito en lengua matemática, porque para construir el Universo es necesario el rigor de la matemática; la Biblia, siendo palabra de Dios, tenía que ser escrita en cambio en un lenguaje sencillo y accesible a todos, como deben ser los valores de nuestra existencia, que es una simbiosis de la esfera inmanente y de la esfera trascendental.

--¿Qué es la ciencia?

--Zichichi: La ciencia, nos recuerda Benedicto XVI nace del acto galileano de humildad intelectual: Aquél que ha hecho el mundo es más inteligente que todos nosotros, científicos, filósofos, artistas, matemáticos, sin excluir a nadie. Para conocer la lógica que eligió el Creador para crear el mundo y a nosotros mismos, sólo hay una posibilidad: hacerle preguntas de modo riguroso. Este es el significado de «experimento de cuño galileano» y de aquí nace la ciencia galileana, que exige rigor y reproducibilidad.

Si yo en 1965 hubiera podido demostrar la existencia de la antimateria nuclear sólo con papel y pluma y usando el rigor de la matemática, no habría necesitado hacer un experimento sumamente difícil, para el que fue necesario inventar un circuito electrónico especial que midiera el tiempo de vuelo de las partículas subnuclares, con una precisión hasta entonces nunca obtenida: fracciones de nanosegundos (una mil millonésima parte de un segundo).

Para hacer un descubrimiento científico es por tanto necesario rendirse a la superioridad intelectual del Creador de todas las cosas visibles e invisibles, y realizar un experimento. Es lo que sucedió con la antimateria nuclear y con muchos otros descubrimientos.

Cada descubrimiento fue obtenido siempre tras un experimento que exigió al menos una invención tecnológica, como por ejemplo el más potente detector de neutrones, que ha permitido descubrir una formidable propiedad del universo subnuclear. No es una propiedad banal de las estructuras subnucleares, sino el resultado de las leyes que gobiernan el universo cuya regularidad y cuyas leyes ningún filósofo, lógico matemático, pensador, nadie, supo prever.

Si fuera suficiente el rigor de la lógica matemática para comprender cómo está estructurado el universo subnuclear, no necesitaríamos construir estructuras complejas y gigantescas como la nueva máquina que entrará en funcionamiento a finales de este año en el CERN de Ginebra: una pista magnética de 27 kilómetros, con una cantidad enorme de detectores, algo hasta ahora nunca realizado, para encontrar respuesta a la pregunta: «¿Cómo era el universo un décimo de nanosegundo después del Big Bang»?

--Usted habla a menudo de la necesidad de humildad intelectual en la investigación científica...

--Zichichi: Si no hubiera sido por el acto de humildad intelectual del padre de la ciencia moderna, Galileo, habríamos permanecido detenidos, quién sabe por cuantos siglos todavía, en lo que pensaban nuestros antepasados: basta ser inteligentes para comprender cómo está hecho el mundo.

Durante diez mil años, desde el alba de la civilización hasta el siglo XVI, todas las culturas creyeron ilusoriamente saber descifrar el Libro de la naturaleza sin hacer nunca una sola pregunta a su Autor. He aquí por qué a ninguna cultura le tocó el privilegio de descubrir ninguna ley fundamental de la naturaleza.

Hoy, la ciencia ha llegado al umbral del supermundo por aquel acto de fe y de humildad intelectual, madurado en el corazón de la cultura católica con Galileo, que Juan Pablo II, el 30 de marzo de 1979, en el Vaticano, estando presentes representantes de los físicos de toda Europa, definió hijo legítimo y predilecto de la Iglesia Católica.

Con su coraje intelectual y espiritual, Juan Pablo II trajo de nuevo a casa por fin los tesoros de la ciencia galileana, que son auténticas conquistas de la cultura católica. Y Benedicto XVI es hoy el máximo custodio de estos tesoros en la continuidad cultural de su apostolado con el de Juan Pablo II.

--¿Esto se conecta con la alianza entre ciencia y fe que usted ha mantenido siempre?

--Zichichi: El papa Juan Pablo II, abriendo las puertas de la Iglesia Católica a la ciencia galileana, dio vida a esta gran alianza entre fe y ciencia. Una alianza de la que es prueba la frase «ciencia y fe son ambas dones de Dios», grabada sobre hierro y expuesta a los científicos de todo el mundo en el Centro de cultura científica «Ettore Majorana», en Erice.

La cultura de nuestro tiempo se dice moderna pero de hecho es prearistotélica, como lo prueba esa carta que firmaron 67 personas que hoy se han convertido --según me han dicho-- en muchos miles.

Sin embargo, Enrico Fermi enseña que la ciencia está fundada en la meritocracia y no en el número de quienes firman una presunta verdad. No se pueden someter a votación las «Fuerzas de Fermi» o la ecuación de Dirac. Ni las leyes que seguimos descubriendo en el universo subnuclear. La democracia está bien para la política, no para las verdades científicas. Si viviéramos --como pretende la cultura dominante atea-- en la era de la ciencia, esa carta no hubiera tenido una sola firma: nunca habría sido escrita. Las raíces de esa carta están en la cultura de nuestro tiempo que --como decía antes-- se dice moderna, mientras que de hecho es prearistotélica. En efecto, ni la lógica rigurosa ni la ciencia han entrado todavía en el corazón de esta cultura que --como ha escrito el papa Benedicto XVI en el discurso preparado para la visita a «La Sapienza»-- «obliga a la razón a permanecer sorda al gran mensaje que viene de la fe cristiana y de su sabiduría. Comportándose así, esta cultura no permite que las raíces de la razón penetren hasta los manantiales que alimentaban su savia vital».

La síntesis más hermosa del pensamiento del papa Benedicto XVI está grabada en la cúpula de la basílica de Santa María de los Ángeles y de los Mártires en Roma, en la que hay otra famosa frase de Juan Pablo II: «La ciencia tiene raíces en lo inmanente pero lleva al hombre hacia lo trascendente». Negar a Benedicto XVI el derecho de llevar a los jóvenes el mensaje de la gran alianza entre fe y ciencia ha sido un acto de obscurantismo, no de laicidad.

Por Paolo Centofanti, traducido del italiano por Nieves San Martín.



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