Doctrina Social de la Iglesia - 43. El Mercado V

 




P. Ignacio Garro, jesuita †


7. EL MERCADO

Continúa...

7.6.- La Empresa mercantil al servicio de la persona humana

En el capítulo 7º vimos la Empresa mercantil como una organización de trabajo realizado en cooperación que, contando con los oportunos recursos instrumentales (materia prima, fondos financieros, tecnología, etc), está orientada a producir bienes y servicios generalmente con beneficio económico.

La DSI reconoce “el papel fundamental y positivo de la empresa, en la economía de mercado”, C.A. Nº 42-b. Y, al considerar cómo ha de ser una sociedad superadora tanto del predominio absoluto del capital como del sistema socialista, aboga por “una sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y en la participación”, C.A. 35-b.

La razón está en que “las empresas son expresiones de legítima libertad. Corresponden a la vocación emprendedora del hombre, a su iniciativa creadora, a las necesidades de la comunidad, y a las posibilidades que brindan las riquezas de la creación confiadas al ser humano”.

De modo esquemático podemos decir que la empresa contribuye el Bien Común en la media en que:

  • “proporciona bienes y servicios auténticamente útiles a clientes y consumidores
  • proporciona puestos de trabajo que permiten desarrollo personal y  medios económicos para el trabajador y su familia
  • genera y distribuye riqueza de modo equitativo
  • posibilita la actividad de otras empresas (clientes, proveedores) y grupos sociales (comunidad local, centros docentes, y de salud, etc) a través de una cadena de solidaridad que se extiende progresivamente”, C.A. nº 43.-c.
  • transforma el medio ambiente (natural y humano), haciéndolo más útil para el desarrollo humano
  • procura la autocontinuidad de la empresa, lo cual posibilita los puntos anteriores.

 

7.7.- Mantener la primacía del trabajo sobre el capital

El mercado favorece la productividad y la creatividad, lo cual a su vez, se relaciona con no pocas virtudes laborales (laboriosidad, aprovechamiento del tiempo, sentido de colaboración, etc). Actualmente se reconoce en general la importancia de atender el desarrollo  humano de los empleados y a la participación activa para la buena marcha de la empresa.

Pero un sentido fuerte y duro de la competitividad y un afán de beneficios mal entendido pueden llevar a situaciones alienantes en el trabajo. Esto ocurre cuando no se respeta el principio de la primacía del trabajo sobre el capital, L.E. nº 13.

Se trata de evitar abusos por parte de la empresa cuando por parte de ésta se priorizan  los beneficios económicos y no se preocupa de que el trabajador, mediante su propio trabajo, se realice como persona humana, según que aumente su participación en una auténtica comunidad solidaria, o bien se frustre en su aislamiento en medio del complejo tipo de relaciones de exacerbada competencia y de exclusión, en la cual la persona humana se le considera como un medio y no como un fin en sí misma.



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Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


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