EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - SEMANA 04 - Examina y comparte la Semana 04

 

P. Mark Link, jesuita.


Examina y comparte la Semana 4: ¿Quién es Dios?

 

Lectura de la escritura salmo 104; 25-35

 

1. ¿Ha habido un momento en que has dudado de Dios y de tu fe? ¿Cómo resolviste tus dudas? ¿Qué preguntas todavía tienes acerca de Dios y de tu fe?

2. ¿Qué te convence más que Dios está presente y activo en el mundo de hoy?

3. Describe la experiencia más memorable que has tenido con tu madre o padre, o con ambos.

4. Describe una experiencia similar a la de Beda Griffiths

5. ¿Estás de acuerdo en que Jesús vive de una manera especial en los pobres y necesitados? Si es así, ¿por qué Dios lo ha hecho así?

6. ¿Crees que es más fácil decir qué cosa no es Dios que afirmar lo que es? Si es así, da un ejemplo

7. ¿Por qué Dios no se muestra en los tiempos modernos de forma más dramática, como lo hizo en la antigüedad?

 

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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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Programa DESAFÍO

Introducción

¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 04



 



EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - SEMANA 04 - DÍA SIETE

 

P. Mark Link, jesuita.


Día siete

 

“Señor, escucha mis palabras, percibe mi murmullo”         Salmo 5,2

 

Un monje del siglo XI, Anselmo de Canterbury, escribió un bello libro llamado “Proslogion”. Fue diseñado para ayudar a las personas sin educación a encontrar a Dios. El libro contiene esta plegaria:

 

Señor, mi Dios,

Enseña a mi corazón dónde y cuándo buscarte

Dónde y cómo encontrarte

Tú eres mi Dios y mi Señor,

Y nunca te he visto.

Me has hecho y me has vuelto a hacer

Me has concedido todas las cosas que poseo

Y, aun así, todavía no te conozco.

Todavía no he hecho lo que nací para hacer.

Enséñame a buscarte,

Porque no puedo buscarte, a menos que me enseñes;

O encontrarte, a menos que te reveles a mí.

Déjame buscarte en mi deseo,

Déjame buscarte en mi búsqueda,

Déjame encontrarte para amarte,

Déjame amarte cuando te encuentre.

 

¿Qué tan en serio estás buscando a Dios? Si estuvieras buscando a tu propio padre o madre, ¿lo harías con igual firmeza y decisión? Habla con Dios sobre esto.



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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 04





EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - SEMANA 04 - DÍA SEIS

 

P. Mark Link, jesuita.


Día seis

 

“¿Quién, fuerte o sabio, le resiste y queda ileso?”   Job 9;4

 

“Creó la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur; hace prodigios incomprensibles, maravillas sin cuento. Si cruza junto a mí, no lo veo; pasa rozándome y no lo siento; si coge una presa ¿quién se la quitará? ¿Quién podrá decirle: ‘qué estás haciendo’? Aunque lo citara y me respondiera, no creo que me haría caso”. Job 9,9-12.16

 

Dios está más allá de la comprensión humana. El mayor error que podemos cometer es tratar de reducir a Dios a nuestra condición. San Agustín lo puso de esta manera:

Dios es indescriptible; es más fácil para nosotros decir lo que no es que lo que es. Si nosotros tratáramos de imaginárnoslo, imaginaríamos cualquier cosa menos lo que él realmente es, él no es nada de lo que nosotros nos podamos imaginar.

 

Gandhi lo puso de esta otra:

Dios es ese algo indefinido que todos nosotros sentimos, pero que no conocemos.

 

¿Cómo sientes la presencia de Dios en tu vida? Habla con Dios sobre alguna dificultad que tengas en sentir su presencia.



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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 04






EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - SEMANA 04 - DÍA CINCO


P. Mark Link, jesuita.


Día cinco

 

“Cada vez que lo hicieron con un hermano mío de esos más humildes, conmigo lo hicieron”      Mateo 25,45

 

El japonés Toyohiko Kagawa se apuntó a un curso de Biblia para aprender inglés. Fue ocasión de encontrar a Cristo. Dejó su acogedor hogar y se fue a vivir en los suburbios de Tokio con los pobres y necesitados. Kagawa regaló toda su ropa, quedándose sólo con un andrajoso kimono. En una ocasión, a pesar de que estaba enfermo, continuó predicando en plena lluvia, repitiendo una y otra vez: ¡Dios es amor, Dios es amor, donde hay amor, ahí está Dios!

El teólogo W. Barclay nos da una idea del gran corazón y mente de Kagawa, cuando escribe:

A Dios le importan mucho los más necesitados, él está allí con los mendigos, entre los enfermos y también con los desempleados. Antes de que vayas a misa, ve a visitar los hospitales. Antes de que leas la Biblia, ayuda a los mendigos porque así cumplirás su voluntad y darás amor a quienes lo necesitan y Dios es amor.

 

Si tienes dificultad en encontrar a Dios, ¿no será, acaso, que lo estás buscando en los lugares equivocados? Habla con Dios acerca de su presencia en este mundo.



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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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SEMANA 04









EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - SEMANA 04 - DÍA CUATRO

 

P. Mark Link, jesuita.


Día cuatro

 

“No te acerques. Quítate las sandalias de los pies, pues la tierra que pisas es un lugar sagrado”          Exodo 3,5

 

El monje benedictino Beda Griffiths describe un episodio que sucedió cuando era solo un colegial. Cierta noche de verano de pronto se dio cuenta de la bella melodía de las aves y se preguntó por qué nunca antes las había escuchado cantar.

Mientras seguía su camino, observó varios árboles con flores muy vistosas. Beda se volvió a preguntar por qué nunca había notado la belleza de estos árboles ni percibido su fragancia.

Finalmente, llegó a un campo de fútbol. Allí todo estaba tranquilo y en calma. Mientras miraba desaparecer el sol en el horizonte, se arrodilló en la tierra y oró. Muchos años después escribió así en su autobiografía, “La cuerda dorada”: Ahora que miró atrás, me parece que ese fue uno de los momentos más decisivos en mi vida.

 

¿Qué momento de verdad memorable hay en tu vida? Habla con Dios sobre por qué fue tan especial.



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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 04




EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - SEMANA 04 - DÍA TRES


P. Mark Link, jesuita.

 

Día tres

 

“Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra”      Salmo 8,1

 

Un padre de familia llevó de campamento a su hijo por las montañas. A fin de hacer el viaje más agradable, contrató un guía experimentado para acompañarlos. El guía los llevó por el camino que llegaba al corazón de un gran bosque. El niño estaba sorprendido de cómo el guía veía cosas que una persona común no podría ver. Un día, luego de que el guía les había enseñado algunas bellezas que se escondían en el bosque, el niño exclamó: ¡Te apuesto a que incluso podrías ver a Dios aquí!  El guía contestó: Chico, aquí se me está haciendo difícil ver otra cosa que no sea Dios.

 

La respuesta del guía nos recuerda las palabras de la poeta Elizabeth B. Browning:

 

La tierra se ha confundido con el cielo

Y un arbusto cualquiera nos acerca a Dios

Pero sólo el que mirar sabe, mira y se descalza;

El resto se sienta alrededor

y se dedica sólo apelar cáscara de una fruta.

 

¿Cuándo fue la última vez que te detuviste para mirar el atardecer o para escuchar la melodía de un pájaro? Dile a Dios que te dé ojos para mirarlo claramente en la naturaleza.



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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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Programa DESAFÍO

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¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 04





EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - SEMANA 04 - DÍA DOS


P. Mark Link, jesuita.


Día dos

 

“Porque lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista: Dios mismo se lo ha puesto delante: Desde que el mundo es mundo, lo invisible de Dios, es decir, su eterno poder y su divinidad, resulta visible para el que reflexiona sobre sus obras, de modo que no tienen disculpa”.        Romanos 1,20

 

La película Lawrence de Arabia trata sobre la vida del coronel T. E. Lawrence, soldado del ejército de Inglaterra que pasó mucho tiempo entre los árabes.

En la cinta, un erudito de occidente presume con un árabe sobre el poder del telescopio. El árabe escucha cuidadosamente. Cuando el erudito termina de hablar, el árabe dice: Ustedes los occidentales ven millones de estrellas y nada más. Nosotros vemos pocas estrellas y a Dios.

Helen Keller, famosa escritora, oradora y activista, sorda y ciega desde los diecinueve años, hizo una observación similar: “Yo camino con personas cuyos ojos están llenos de luz pero que no ven nada en el mar o en el cielo. Es mejor navegar para siempre en la luz de la oscuridad, que estar contento solo con el simple hecho de ver”.

 

¿Eres tú una de las personas a quien Jesús dijo: Oirán pero no entenderán, y por más que miren, no verán? (Mateo 13,14s). Habla con Dios sobre esto.



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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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Programa DESAFÍO

Introducción

¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 04






123. Meditaciones: Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - ¿Quién es el mayor? Hacerse como niños



P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, jesuita

Introducción

Breves indicaciones para hacer con fruto las meditaciones

Acto de fe, esperanza y amor a Jesucristo


IV. JESÚS REGRESA A GALILEA Y MARCHA A TIERRAS DE PAGANOS PASA DE NUEVO POR GALILEA

PASA DE NUEVO POR GALILEA

(Junio - Setiembre, año 29)


123.- ¿QUIEN ES EL MAYOR? HACERSE COMO NIÑOS

TEXTOS

Mateo 18, 1-5

En aquel momento se acercaron los discípulos y le preguntaron: "¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?". El llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: "Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe."

Marcos 9, 33-37

Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: "¿De qué discutíais por el camino?" Ellos callaron, pues por el camino habían discu­tido entre sí quien era el mayor. Entones se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: "Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos." Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: "El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba, no me recibe a mí sino al que me envió."

Marcos 10, 15

"Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él."

Lucas 9, 46-48

Se suscitó una discusión entre ellos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban, tomó a un niño, lo puso a su lado, y les dijo: "El que recibe a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe al que me envió; pues el más pequeño de entre vo­sotros, ése es el mayor."

Lucas 18, 17

"Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entra­rá en él."

INTRODUCCIÓN

Puede parecer extraña la discusión de los apóstoles sobre quién era el ma­yor. Sin embargo, podemos comprenderla mejor si consideramos los últi­mos acontecimientos en que el Señor ha mostrado una predilección por Pedro, Santiago y Juan, y acababa de realizar un milagro para pagar el tri­buto del templo por sí mismo y por Pedro. Sentían las preferencias del Se­ñor y, quizás, algunos se sintiesen molestos o heridos en su vanidad al ver­se postergados. Todavía estamos en el período en que aparecen muy ma­nifiestas las imperfecciones de los apóstoles. El Señor que conoce lo que hay en el corazón de cada uno, conocía perfec­tamente lo que había en el corazón de sus apóstoles y sabía de la discusión que habían tenido, y apro­vecha esta oportunidad para darles una lección de gran importancia para toda la Iglesia.

MEDITACIÓN

1) Única prioridad: El que mejor sirva a los demás.

Cuando los apóstoles discuten sobre quién sería el mayor, se refieren a quién sería, el mayor en el nuevo Reino que Cristo venía a fundar. Los apóstoles llevan casi dos años siguiendo al Señor; han renunciado a mu­chas cosas, a sus parientes, a la adquisición de bienes materiales, a sus tra­bajos profesionales, a sus comodidades, incluso a su misma seguridad, pues su Maestro es perseguido y calumniado.

Pero está bien claro que no han renunciado a lo que hay de más sucio en el corazón humano, a la ambición, a la vanidad, al deseo de estar por encima de los demás. Todos quisieran ser ellos los primeros en ese nuevo Reino, cada uno desea ser el "mayor" entre los demás.

Y la respuesta de Cristo es lapidaria; debería estar grabada en el corazón de todos los cristianos. Los apóstoles habían sido los elegidos por Cristo para ser los futuros jefes de ese nuevo Reino, que era la Iglesia, y Pedro sería el primero en jerarquía dentro de todo el grupo apostólico. Pero lo que el Señor les dice es que esa jerarquía de apóstoles, incluida la de Pe­dro, no tiene ninguna finali­dad de autocomplacencia, ni es causa para bus­car honores y estimas de los demás; la única finalidad es la de servir a los demás. Y más aún, esa jerarquía no los constituye en primeros en el Reino de Dios; la dignidad que les ha conferido de ser sus apóstoles no les ga­rantiza un primer puesto en el Reino de Dios. El primero y mayor en el Reino de Dios es aquel que se considere "el último de todos y el servidor de todos."

El que con mayor caridad sirva mejor a los demás y toda su vida esté dedi­cada al servicio del prójimo, ése será el mayor en el Reino de Dios, aun­que no pertenezca a la jerarquía de la Iglesia.

Dos enseñanzas de capital importancia: Toda autoridad en la Iglesia es dada para el mejor servicio a los hombres; y lo que cuenta en el Reino de Dios no es la dignidad o cargo que se tenga dentro de la Iglesia, sino la ac­titud desinteresada de un servicio total al prójimo.

2) "El que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él."

¿Qué significa hacerse como niños? Dado el contexto en que el Señor pro­nuncia estas palabras, hay que entender la frase del Señor como una répli­ca a las ambiciones de los apóstoles. La imagen del niño es imagen de im­potencia, de debilidad. El niño vive feliz abandonado al cuidado de sus pa­dres, y en su corazón no entran la soberbia y orgullo de los adultos. Ade­más en el corazón del niño no hay todavía verdadera malicia.

Por lo tanto, lo que quiere decir el Señor es que quien no vive en humildad, reconociendo su pequeñez, en abandono lleno de confianza en su Padre Dios, no es apto para el Reino de Dios. Es esencial en la vida del cristiano vivir en profunda humildad, lejos de toda ambición humana, lejos de toda envidia; y por otro lado, sentir su total dependencia de Dios, a quien debe todo y de quien recibe todo. Y cuantos más beneficios se reciben de Dios, más profunda debe ser esa humildad y esa dependencia amorosa de Dios.

3) "El que reciba a un niño como éste en mi nombre a mí me recibe."

El Señor toma a un niño, lo pone junto a sí y pronuncia esas palabras de que quien recibe a un niño, le recibe a él mismo; y, por supuesto, quien recibe a Jesús está recibiendo, acogiendo al Padre que le envió. ¿Qué qui­so significar Cristo con esta sentencia? Sabernos que Jesucristo se identifi­ca de manera especial con los "más pequeños." "En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." (Mt 25,40) Y en el contexto de esta expresión, sabemos que el Señor se está refiriendo a los pobres, a los más necesitados, a los que su­fren. El niño es imagen como indicamos anteriormente, de debilidad y no tiene gran relieve a los ojos del mundo. En ese niño que el Señor abraza, están representados todos los niños del mundo, pero también están repre­sentados todos los hombres necesitados, desvalidos, pobres, enfermos, despreciados, en los cuales no hay nada que atraiga la atención del mundo. Acoger a esos "niños", a esos "hermanos pequeños" es acoger al mismo Cristo y al Padre que le envió.

Una vez más se pone de manifiesto, la opinión preferencial de Jesús por los pobres. Por supuesto que no será una preferencia exclusiva, pero sí una verdadera preferencia por la atención y cuidado que merecen los po­bres.

Es lo que la Iglesia sigue repitiendo a través de los siglos. El actual Santo Padre, Juan Pablo II, continuamente repite la opción preferencial que la Iglesia tiene por los pobres y que debe manifestarse en obras concretas de justicia y caridad, y de defensa de todos sus derechos. Juan Pablo II ha re­petido también muchas veces que él quiere ser el abogado defensor de los pobres, la voz que se levanta en el mundo para denunciar las injusticias que se cometen en el mundo, donde dos terceras partes son verdadera­mente pobres y carecen de lo más necesario para llevar una vida digna. El cristiano debe conocer que la mejor manera de recibir a Cristo es recibirle en los niños, en los pequeños, en los pobres y necesitados.

 

Examen de la oración


Referencia: Meditaciones Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, SJ.


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Siéntete en libertad de compartir en los comentarios el fruto o la gracia que el Señor te ha regalado en esta meditación.






122. Meditaciones: Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - Jesús paga el tributo del templo


 


P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, jesuita

Introducción

Breves indicaciones para hacer con fruto las meditaciones

Acto de fe, esperanza y amor a Jesucristo


IV. JESÚS REGRESA A GALILEA Y MARCHA A TIERRAS DE PAGANOS PASA DE NUEVO POR GALILEA

PASA DE NUEVO POR GALILEA

(Junio - Setiembre, año 29)


122.- JESÚS PAGA EL TRIBUTO DEL TEMPLO

TEXTOS

Mateo 17,24-27

Cuando entraron en Cafarnaún, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma, y le dijeron: "¿No paga vuestro Maestro el didracma?" Respon­dió: "Sí". Y al llegar a casa, se anticipó Jesús a decirle: "¿Qué te parece, Simón?: Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hi­jos o de los extraños?" Al contestar él: "De los extraños", díjole Jesús: "Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les escandali­cemos, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, tómalo, ábrele la boca y encontrarás un estáter. Tómalo y dáselo por mí y por ti."

INTRODUCCIÓN

En la meditación anterior vimos cómo Jesucristo iba con sus discípulos "caminando por Galilea", y que quería no ser reconocido por la gente. Sin embargo, el Señor termina su caminar por tierras de Galilea en Cafarnaún. Era la última vez que iba a volver a la ciudad que había sido el centro de su misión apostólica por algo más de un año. Es probable que quisiese despedirse de la familia que con tanto cariño le había acogido du­rante todo ese tiempo. Sabemos que era la familia de Pedro.

Pero, evidentemente, en Cafarnaún no podía pasar desapercibido, y bien pronto los escribas y fariseos se dieron cuenta de su vuelta y de nuevo co­mienzan a querer tentar al Señor. Se encuentran con Pedro y le hacen una pregunta que intenta desprestigiar al Señor, indicando que quebranta una obligación grave de la Ley. No paga el tributo al templo.

No se trata del tributo imperial que tenían que pagar los judíos a los roma­nos; se trata del tributo de "didracma", es decir de dos dracmas. Era un tributo religioso que todos tenían que pagar para el culto del templo. Pedro quedaría perplejo ante la pregunta de los cobradores de ese tributo, que con frecuencia eran los mismos fariseos y escribas, o gente mandada por ellos.

Cuando Pedro llega a casa, el Señor conoce las dudas de Pedro, y sin es­perar que Pedro le preguntase nada, él mismo le hace una pregunta que encierra una profundísima enseñanza sobre la misma persona de Cristo; y finalmente hará que Pedro pague por él y por sí mismo el tributo del tem­plo.

MEDITACIÓN

1) Jesucristo, Hijo de Dios

Pedro había respondido a los que le preguntaban si su Maestro pagaba el tributo del templo, que sí lo pagaba. Pero era una respuesta más bien para salir del aprieto en que le habían puesto, pero él no era consciente de que realmente el Señor lo pagase.

Al volver a casa, Jesús le pregunta: "Los reyes de la tierra, ¿de quién co­bran tasas o tributos, de sus hijos o de los extraños?" Pedro contestó rápi­damente: "De los extraños." Y Jesús remarcó: "Luego los hijos están li­bres".

Profunda enseñanza teológica sobre la divinidad de Cristo. Cristo nos en­seña que él, como Hijo de Dios, no estaba obligado a pagar el tributo del templo que se daba para el culto a su Padre. Tratándose de un tributo que es para Dios, hablar de sí mismo como persona exenta de ese tributo y, precisamente, por el título de ser Hijo de Dios, mientras que todos los de­más estaban sujetos a ese tributo, era presentarse a sí mismo como el ver­dadero Hijo de Dios por su misma naturaleza, y una vez más mostrar a sus discípulos su propia divinidad: era dé nuevo confirmar la confesión de Pedro: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo." (Mt 16, 16)

2) El pago del tributo

Sin embargo, a continuación el Señor mandó a Pedro que saliera a la orilla del lago a pescar; que en el primer pez que cogiera encontraría una mone­da "estáter", equivalente a cuatro dracmas. Con ella se podía pagar el tri­buto correspondiente a dos personas, y el Señor le indica que vaya a pagar el tributo por los dos, por él y por sí mismo.

Pero lo que resulta enseñanza para nosotros es la motivación que da el Se­ñor de ese mandato a Pedro. Había dicho que él no estaba obligado a pa­gar el tributo del Templo, y ahora manda a Pedro que lo pague también por él. Pareciera que hubiera algo de contradicción en la manera de actuar del Señor.

El Señor indica la razón de su proceder: "para que no les escandalice­mos",

Con su manera de actuar, el Señor, en primer lugar, aprueba las limosnas, los tributos que se dan para el culto a Dios. Y los aprueba como una obli­gación santa que todos tenían. Obligación que perdura hasta el día de hoy y que con frecuencia está muy descuidada por muchos cristianos.

Y, en segundo lugar, Cristo nos enseña a renunciar a los propios derechos, cuando la exigencia de esos derechos puede ser motivo de escándalo o de daño para otros. Enseñanza para todos los cristianos que deben anteponer el bien de los demás a las exigencias de sus propios derechos o prerrogati­vas. (Cfr. Rom 14, 1-23)

Indiquemos finalmente que la manera milagrosa de pagar el tributo, sacan­do la moneda del primer pez que pescara Pedro, se interpreta como una muestra del poder divino de Cristo. Cristo acaba de decir que él como ver­dadero Hijo de Dios no tiene obligación de pagar el tributo; con esta ac­ción milagrosa prueba su conocimiento y su omnipotencia divina, propia del Hijo de Dios.


Examen de la oración


Referencia: Meditaciones Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, SJ.


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Siéntete en libertad de compartir en los comentarios el fruto o la gracia que el Señor te ha regalado en esta meditación.




EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - SEMANA 04 - DÍA UNO

P. Mark Link, jesuita.


Día uno


“¿Dónde estabas cuando cimenté la tierra?” Job 38,4 


En una revista publicaron un escrito anónimo donde se afirmaba que los creyentes son simplones. Una mujer respondió a la publicación con este texto:  


Tú  que no puedes  poner una estrella en movimiento,

¿Quién podría construir una montaña fuera de la tierra,

o diseñar el modelo de un solo copo de nieve?

¿O entender el milagro del nacimiento?

¿Mortal presumido que no puede 

alterar el universo de la más mínima manera?

¿O hacer que algo muy pequeño brote,

lanzar una gota de agua

o sacudir una nube en un día soleado?

¿O pintar una puesta del sol

o hacer brillar un amanecer?

Hombre débil que no puedes

hacer un sólo milagro:

¡Cómo te atreves a dudar del que sí puede!

Albert Einstein escribió que cualquier científico serio “se convence de que un espíritu se revela en las leyes del universo, un espíritu muy superior al hombre. Quien reconoce lo modesto de su propio poder debe sentirse humilde en su presencia”.


Cuando miras alrededor al mundo, ¿Ves lo que la poeta ve? ¿Sientes lo que Einstein sintió? Habla con Dios acerca de ello.


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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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Programa DESAFÍO

Introducción

¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 04




120. Meditaciones: Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - El endemoniado epiléptico



P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, jesuita

Introducción

Breves indicaciones para hacer con fruto las meditaciones

Acto de fe, esperanza y amor a Jesucristo


IV. JESÚS REGRESA A GALILEA Y MARCHA A TIERRAS DE PAGANOS PASA DE NUEVO POR GALILEA

PASA DE NUEVO POR GALILEA

(Junio - Setiembre, año 29)


120.- EL ENDEMONIADO EPILÉPTICO

TEXTOS

Mateo 17,14-21

Cuando llegaron donde la gente, se acercó a él un hombre que, arrodillán­dose ante él, le dijo: "Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle." Jesús res­pondió: "¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!" Jesús le increpó, y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momen­to. Entonces los discípulos se llegaron a Jesús, en privado, y le dijeron: "¿Por qué no pudimos nosotros expulsarle?" Díceles: "Por vuestra poca fe. Porque os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte; desplázate de aquí allá', y se desplazará, y nada os será imposi­ble."

Marcos 9, 14-29

Al llegar donde los discípulos, vio a muchísima gente que les rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos. Toda la gente al verle, quedó sor­prendida y corrieron a saludarle. El les preguntó: "¿De qué discutís con ellos?" Uno de entre la gente le respondió: "Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar los dientes y le deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsara, pero no han podido." El les responde: "¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que soportaros? ¡Traédmelo!" Y se lo traje­ron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al mucha­cho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos. Entonces, él preguntó a su padre: "¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo eso?" Le contestó: "Desde niño. Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros." Jesús le dijo: "¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!". Al instante, gritó el padre del muchacho: "¡Creo, ayuda a mi poca fe!" Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo, diciéndole: "Espíri­tu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él." Y el es­píritu salió dando gritos y agitándole con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le levantó y él se puso de pie. Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: "¿Por qué no pudimos nosotros expulsarle?". Les respondió: "Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración".

Lucas 9, 37-43

Al día siguiente, cuando bajaron del monte, les salió al encuentro muchísi­ma gente. Un hombre de entre la gente empezó a gritar: "Maestro, te su­plico que mires a mi hijo, porque es el único que tengo, y un espíritu se apodera de él y de pronto empieza a dar gritos, le hace retorcerse echando espuma, y difícilmente se aparta de él, dejándole quebrantado. He pedido a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido. Respondió Jesús: "¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros y habré de soportaros? ¡Trae acá a tu hijo!" Cuando se acercaba, el demo­nio le arrojó por tierra y le agitó violentamente; pero Jesús increpó al espí­ritu inmundo, curó al niño y lo devolvió a su padre; y todos quedaron ató­nitos ante la grandeza de Dios.

Lucas 17, 5-6

Dijeron los apóstoles al Señor: "Auméntanos la fe". El Señor dijo: "Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este sicomoro: arráncate y plántate en el mar, y os obedecerá."

INTRODUCCIÓN

Alguien correría la voz de que el Señor había llegado y se encontraba en el Monte Tabor. Un padre que tenía a su hijo epiléptico se apresuró a ir al encuentro de Jesús en busca del milagro y serían muchos los que le acom­pañarían. Al llegar a la falda del monte se encuentran con los apóstoles, a excepción de los tres que habían subido con Jesús a la cumbre. El padre ruega a los apóstoles que realicen el milagro de curar a su hijo, que expul­sen el demonio de su hijo, causa de la enfermedad. Los apóstoles recorda­rían que el Señor les había dado potestad para expulsar a los demonios e intentaron realizar el milagro; pero fue en vano su esfuerzo. Entre la gente se encontraban también algunos escribas y estos empiezan a discutir con los apóstoles, probablemente para burlarse de su impotencia, y probable­mente para burlarse también de su Maestro. Es en estos momentos cuando Jesús hace su aparición descendiendo de la cumbre del Tabor con Pedro, Santiago y Juan.

MEDITACIÓN

1) "¡Oh generación incrédula y perversa!"

Nada más llegar a la falda del monte se le acerca al Señor el padre del hijo enfermo rogándole el milagro. El Señor conoce el corazón de la gente que acompañaba al padre del hijo enfermo; era gente que volvía a buscarle, pero solamente con la curiosidad de presenciar otro milagro suyo; y allí es­taban también los escribas con la mala intención de siempre de desacredi­tarle delante del pueblo. La falta de verdadera fe en el pueblo, la falta de conversión sincera, su negación a aceptar el Reino de Dios, y sobre todo, la presencia de los escribas hipócritas, produjeron en el Señor un senti­miento profundo de tristeza y de santa indignación que le hace exclamar: "¡Oh generación incrédula y perversa!" y da a entender que su paciencia en tolerarlos va a terminar.

Exclamación de Jesús que debería hacer reflexionar a las generaciones de todos los tiempos. De cuántos grupos humanos podría hoy día el Señor re­petir la misma queja. Y nos referimos especialmente a grupos cristianos que han conocido a Cristo, pero que nunca han llegado a tener una fe sin­cera y nunca han buscado la conversión de sus vidas. Al igual que aquellas gentes de Palestina que trataron con el Señor, son también ellos culpables del rechazo que hacen de Cristo y de su Reino. Y qué terrible saber que algún día se terminará la paciencia de Cristo; para cada uno, ese fin de la paciencia del Señor señala el momento de su muerte.

2) El milagro

El Señor, a pesar de su queja contra esa "generación incrédula y perver­sa", quiere todavía darle otra prueba de su gran bondad y de su poder atendiendo a la petición del padre del hijo enfermo.

Manda traer al muchacho epiléptico y, antes de realizar el milagro, quiere suscitar una fe más profunda en el padre, y por eso le reprende la manera cómo ha hecho su petición. El padre había rogado al Señor diciendo: Si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros." Y Jesús le dice: "¡Qué es eso de si puedes! Todo es posible para quien cree." Aquel hombre sin­tió crecer en sí la fe en el Señor y con humildad, reconociendo su poca fe, exclamó: "¡Creo, ayuda mi poca fe!". Es entonces, cuando el Señor con el solo mandato de su omnipotente autoridad, expulsa al demonio del hijo en­fermo y se lo devuelve a su padre.

La plegaria de este padre: "Creo, Señor, aumenta mi poca fe", ha venido a ser plegaria modelo que deben repetir todos los cristianos. Con humildad, siempre debemos reconocer que nuestra fe es débil, y que por nuestras fuerzas no podemos incrementar esa fe. La fe y el ir cada día aumentando esa fe es gracia del Señor; por eso debemos pedir continuamente al Señor que aumente nuestra fe y la haga una fe tan grande que todo lo pueda, como dice el Señor: "Todo es posible para quien cree."

3) "Si tuvierais fe como un grano de mostaza..."

Los apóstoles habían quedado humillados delante de la gente al no haber podido realizar el milagro, y ya cuando están a solas con el Señor le pre­guntan la razón de su fracaso. Y es entonces que el Señor les responde: "por vuestra poca fe. Porque os aseguro que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: 'desplázate de aquí', y se desplazará, y nada os será imposible."

¿Cuál es el verdadero sentido de la frase del Señor? La experiencia nos enseña que puede haber personas muy santas con una gran fe en el Señor, y sin embargo no tener el poder de hacer milagros.

Los teólogos nos hablan de una fe que llaman la "fe de los milagros". Es una manera particular de manifestarse la fe sobrenatural. Se trata de una fe que llaman "carismática"; es un don que Dios concede a algunos cristianos por motivos que él solo conoce. Es lo que San Pablo considera como "don carismático" y lo llama "el poder de los milagros" o "el don de curaciones", carisma o don que no se concede a todos, según el mismo Pablo. (Cfr. 1 Cor 12, 28-30)

La fe carismática de hacer milagros consiste, principalmente, no sólo en el pleno conocimiento de la omnipotencia y bondad de Dios, sino en una gra­cia especial, por la cual el Señor concede una persuasión interna sobrena­tural de que a través suyo quiere realizar tal milagro concreto, y esa perso­na, fiándose de esa persuasión, dada por Dios, intenta realizar el milagro y realmente lo obra.

Este don o carisma no depende de nosotros. Lo tuvieron los apóstoles y siempre ha habido en la Iglesia personas santas que han tenido esa fe de hacer milagros.

El Señor aquí reprende a los apóstoles, porque ellos sí habían recibido el don de hacer milagros, esa "fe de milagros", y si no pudieron activarla en este caso fue por culpa suya y por falta de oración. Al carisma de hacer milagros acompaña siempre una profunda vida de oración.



Examen de la oración


Referencia: Meditaciones Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, SJ.


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