A orillas del mar de Tiberiades



P. Adolfo Franco, S.J.

PASCUA
Tercer Domingo

Juan 21, 1-19

Jesús resucitado se aparece a los apóstoles para dar firmeza y prepararlos para que sean las columnas fuertes sobre la que apoyar su Iglesia.


Esta hermosa página del Evangelio de San Juan, encierra muchas enseñanzas, pero además es bastante peculiar. Y es que se añadió, después que se había puesto ya un final al Evangelio. Se ve que el autor de este capítulo 21 del Evangelio de San Juan, consideraba que la enseñanza que se encerraba en esta aparición del Señor era especialmente importante.

Lo que se narra es una escena en que un grupo de apóstoles salen a pescar y por indicaciones de Jesús resucitado (que se les aparece a la orilla del mar de Tiberiades) terminan haciendo una pesca milagrosa; una pesca milagrosa una vez más. Pero hay algunos aspectos muy especiales en esta pesca y en esta escena. Se trata de una página muy particular en que se quiere poner de relieve el papel especial de San Pedro.

La figura de San Pedro destaca mucho en todo el pasaje: él es el que tiene la iniciativa de salir a pescar; él es que se tira al mar cuando sabe que es el Señor el que está en la orilla esperándoles; él también va a buscar la red y la arrastra hasta la orilla. Y sobre todo él tiene un largo coloquio privado con Jesús, que lo confirma en su puesto de Pastor de la Iglesia, y en que le anuncia la muerte de que va a morir.

Parecería que este pasaje viene a hacer de nexo entre la presencia de Jesús en este mundo (aunque ahora ya resucitado) y el nacimiento de la Iglesia. Diríamos que es una escena en que aparece Jesús transmitiéndole toda su misión a Pedro, y con él a los apóstoles.

Es una escena llena de rasgos hermosos: nos presentan a Jesús asando un pescado sin duda para sus apóstoles, y pidiéndoles que le traigan de los peces que ellos acaban de pescar. Un detalle especialmente humano de Jesús resucitado, con los suyos. Primero les ha preguntado cómo ha ido la pesca y cuando se entera (ya lo sabía) que no han pescado nada, les dice dónde están los peces. Y de nuevo se hace una pesca especialmente abundante.

Pero mientras los demás apóstoles están comiendo el pescado asado, Jesús se retira un poco con Pedro. Y le hace la triple pregunta de si lo ama; seguramente para borrar con esto definitivamente el sabor amargo que debía tener Pedro después de la triple negación. Pero no es una simple confesión de amistad. Pues a cada respuesta afirmativa de Pedro, sigue un encargo pastoral: ya que me amas, apacienta mis ovejas. O sea demuéstrame ese amor, cuidando mi Iglesia. Es un asunto de amor, pero de un amor que se muestre en las obras.

Las obras, “apacentar sus ovejas” son la verdadera respuesta que Jesús espera de Pedro. Jesús había hablado muchas veces de la oración estéril, y sin sustento: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre. El que me ama, guardará mis mandamientos. Y en la carta de Santiago se habla también de la fe sin obras, que es una fe muerta. Y sobre todo San Juan en su primera carta, en que afirma: El que dice que ama a Dios a quien no ve, y no ama a su prójimo a quien sí ve, es un mentiroso.


Después de esta triple afirmación con que Pedro reitera su amor a Jesús. Este le anuncia la prueba más grande que Pedro le dará de su amor: Jesús le anuncia que más adelante entregaría su vida por El con valentía; ya no volverá el miedo que tuvo la noche de la triple negación. Cuando seas mayor otro te ceñirá y te llevará donde no quieres. Y con esto le decía de qué forma glorificaría a Dios. Así se está planteando la estructura de la Iglesia que nacerá poco tiempo después. Todo debe basarse en el amor a Jesús, sin eso no hay Iglesia. El que más se destaca en la Iglesia debe ser el que más sirva a sus hermanos. La dedicación a los hermanos es asunto fundamental en la pertenencia a la Iglesia. Y finalmente la capacidad de dar la vida por el Señor, como máxima obra de servicio a Jesús y a su Iglesia.



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Historia de la Salvación: 10° Parte - Historia de Salomón



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


7. SALOMÓN. HISTORIA DEL GRAN MONARCA
         
Tras un período de  coregencia con su padre David, 1 Reyes, 1-2, el reino de Israel pasa a manos de Salomón. Ya hemos descrito antes cómo su hermano Adonías tuvo aspiraciones al trono real e ideó todo un plan para derrocarle. Pero la gran tradición bíblica realza de una manera especial las virtudes de Salomón como rey sabio y prudente, cuyas dotes se ponen de manifiesto sobre todo en el famoso juicio con las dos mujeres, 1 Reyes 3, 16-28. Se extendió su fama debido, sobre todo a su proverbial sabiduría, pues todos los contemporáneos se disputaban el honor de oír sus sentencias y juicios para constatar cómo Dios hablaba a través de su boca, 1 Reyes 10, 23-25.
         
El esplendor y buena fama que circunda el nombre de Salomón es debido sobre todo a su vasta actividad de constructor del templo y de palacios y a los grandes éxitos políticos por él conseguidos en el plano militar económico y literario. Así la narración bíblica se esfuerza notoriamente en describir a Salomón en todo su esplendor y magnificencia. "Excedió, pues, el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riqueza y sabiduría; y todo el mundo procuraba una audiencia con Salomón para escuchar la sabiduría que Dios había puesto en su corazón", 1 Reyes, 10, 23. Y continúa: "Sentóse Salomón sobre el trono de Yahvé como rey, en lugar de David, su padre. Conoció la prosperidad y le obedeció Israel. Todos los jefes, todos los héroes, e incluso los demás hijos de David, se sometieron al rey Salomón. Yahvé ensalzó de tal manera al rey Salomón en presencia de todo el pueblo, y le concedió un reinado tan glorioso cual nunca rey alguno había tenido antes de él en Israel",   1 Cron 29, 23-25.


7.1. POLÍTICA EXTERIOR
         
La gloria del reinado de Salomón empezó por fundamentar y afianzar bien su posición como nación próspera mediante alianzas políticas y comerciales. El matrimonio con la hija del faraón, 1 Reyes 3, 1; 7, 8, indica el prestigio tan alto del imperio israelita. Acuerdos comerciales con Jiram, rey de Tiro, le abrieron posibilidades para el comercio exterior. Por el golfo de Aqaba pudo comerciar el oro y otros metales preciosos. Conservó rutas comerciales con Arabia, Ofir y países árabes.  Entre Egipto y Cilicia se estableció el importante comercio de carros de guerra y caballos.


7.2. POLÍTICA INTERIOR
         
Muy pronto, el sabio rey Salomón, comprendió que la unidad de su reino sólo podía garantizarse mediante la fortificación de los lugares más estratégicos de su reino. Por ello puso todo su empeño en convertir algunas ciudades en fortalezas militares, 1 Reyes 9. 15-19. Entre éstas deben de citarse, además de Jerusalén, Hazor, que en el norte de Galilea intentaba frenar toda posible incursión aramea; Meggido, al este del Carmelo, que ayudaba a defender la llanura de Esdrelón; Tamar, al sur del mar Muerto, que servía de avanzadilla para controlar a los edomitas.
         
Con estas fortalezas, resultaba fácil contener cualquier acometida del exterior. El ejército de Salomón llegó a hacerse temible, 1 Reyes 10, 26. El rey Salomón que tuvo un gran acierto en saber gobernar un imperio poderoso careció en cambio de la perspicacia necesaria para frenar el creciente descontento que había en gran parte de sus súbditos debido en parte a los fuertes impuestos y gastos que él realizaba.


7.3. EL TEMPLO DE JERUSALÉN: LA GRAN OBRA DEL REY SALOMÓN
         
Entre todas las construcciones llevadas a cabo durante el reinado de Salomón, el Templo de Jerusalén sobresale no sólo por su esplendor y  suntuosidad sino también por las repercusiones político - religiosas. Ya explicamos anteriormente cómo después de la conquista de Jerusalén, por David, fue transportada el Arca de la Alianza desde Cariat-Jearim: "a la ciudad de David, con gran júbilo",  2 Sam 6,12. David había también determinado el terreno donde se levantaría el Templo: en terreno elevado, un lugar de trabajo agrícola, que él había adquirido legalmente al jebuseo Ornán, 2 Sam 24, 18-25. Se trata de la parte norte de la cresta del monte Ofel, cuya cima está a 744 metros de altura sobre el nivel del mar.



         
El templo fue construido a las órdenes de un arquitecto de Tiro, 1 Reyes 7, 13-50, trabajando una gran multitud de obreros y artesanos de todas las especialidades y se calcula que se tardó unos siete año en terminarlo. Después fue solemnemente consagrado: "el año undécimo (del reinado de Salomón), el mes de Bul, que es el mes octavo, (octubre – noviembre), fue concluido el Templo en su totalidad, conforme al proyecto establecido. Salomón lo construyó en siete años”, 1 Reyes 6, 38. El pueblo judío podía así valorar la grandiosidad de la casa de Yahvé.
         
El Templo estaba construido con los mejores materiales de toda índole, tanto material de piedra de sillar como de las mejores maderas y ornamentaciones, y estaba constituido por tres grandes cuerpos arquitectónicos conexos entre sí:
         a.- El atrio (elam)
         b.- El Santo (hekal)
         c.- El Santo de los Santos (debir).
         
El lugar más importante era el Santo de los Santos = "Sancta Sanctorum", en latín, lugar donde se encontraba el arca de la Alianza rodeada de una oscuridad numinosa que significaba la presencia de Yahvé en su pueblo, 1 Reyes 8, 12. En este lugar se hallaba el corazón de la religión israelita, donde sólo podía penetrar una sola vez al año el Sumo Sacerdote en el día de, la gran expiación en la fiesta del Yom Kippur, para ofrecer el sacrificio de reconciliación con Dios, tanto para sí mismo como para la reconciliación de Dios con todo el pueblo. Además era lugar de oración, donde en los diversos atrios se cantaban las salmodias, los himnos de alabanza y se ofrecían diversos sacrificios.
         
Este Templo salomónico, que había sido decorado con un lujo y perfección casi indescriptible, fue, durante siglos el centro religioso del pueblo israelita. Sólo en el año 568 antes de Cristo fue saqueado e incendiado, 2 Reyes 23, 15, bajo el asalto del rey babilónico Nabucodonosor II, 605-562. Más tarde el profeta Ezequiel contempló una visión en la que el Templo era reconstruido. En diversas etapas y de maneras modestas se fue recomponiendo a la vuelta del destierro de Babilonia, Esdras 5, 1-12. Sólo el rey Herodes el grande restituyó al Templo de Jerusalén su primitivo esplendor.
         
El Templo dio mayor consistencia a la institución de la monarquía pues el centralismo religioso le sirvió de apoyo. Todo buen israelita se sabía obligado a rendir culto a Yahvé en el santuario, ahuyentándose así el peligro de los cultos idolátricos autóctonos que podían entorpecer la unidad nacional.

Salomón durante su largo tiempo de reinado temporal supo sabiamente, a pesar de la resistencia que encontraba en ciertas tribus de Israel, hermanar política y religión, manteniendo en los dos terrenos una hegemonía absoluta, evitando así las divisiones y disensiones provocadas por las inquietudes religiosas, que a veces enfrentaban a las diferentes tribus israelitas.



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Cristología II - 3° Parte: El Misterio de la Encarnación



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


3. EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN EN SU REALIZACIÓN HISTÓRICA

3.1. EL DESIGNIO DEL PADRE
3.1.1. La iniciativa del Padre
         
La revelación nos da el dato siguiente: "Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios Padre a su Hijo ...", Gal 4, 4. La iniciativa de la Redención (que comienza con el misterio de la encarna­ción y culmina con la Resurrección - Ascensión), viene de Dios-Padre. En el tratado "De Deo Trino", veíamos cómo todas las obras divinas tienen en el Padre el punto de partida primero y absoluto. De hecho, en la vida de Cristo, el Padre aparece como el agente principal: El unge a Jesús y le aprueba y cualifica para la obra de redención, le da poder de hacer milagros, y él mismo los ejecuta a través de Jesús, Mc l, l; Jn 5, 19.36. El Padre le enseña la doctrina que ha de predicar Jn 7, 1 16; 8, 26 y 38, él le destina y entrega a la pasión poniéndolo como propiciación por el mundo, Jn 10, 18; 2 Cor 5, 18-19. El, en fin, lo resucita y exalta sobre todas las cosas, Rom  10, 9; Filp 2, 9.

3.1.2. Iniciativa libre
         
La iniciativa del Padre, en cuanto Padre, puesto que se dirige al Hijo y tiene por finalidad el extender su paternidad  a sus hijos, es, por esencia, una iniciativa personal y libre. La fe nos enseña que Dios es libre en todas sus obras "ad extra", o sea, respecto a sus creaturas. La creación es una acto plenamente libre para Dios, Denz 3002, con más razón es Dios Padre libre con relación a la redención; porque si fue libre para dar a las criaturas el ser de criaturas más ha de serlo para darles una participación en la vida del mismo Dios, y si Dios es libre al hacer al hombre de la nada, más aún lo es en hacerse él hombre para hacer a los hombres hijos de Dios.
         
Uno de los pasajes bíblicos en que con más énfasis se enuncia la plena libertad de Dios en toda la economía de la salvación es el comienzo de la epístola a los Efesios: "Dios Padre... "nos ha escogido en Jesucristo por amor, habiéndonos predestinado a ser hijos suyos... conforme al beneplácito de su voluntad, según la riqueza de su gracia... dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su benevolencia..., predestinados por designio del que es eficaz en todas las cosas, según el consejo de su voluntad", Efes l, 4-11. Pablo se maravilla ante el misterio que Dios, creador de todas las cosas, conservaba oculto desde el principio de los tiempos hasta descubrirlo ahora en su Hijo Jesucristo, l Cor 2, 7. Por lo tanto es un designio libre de Dios; libre en su decisión y libre también en su ejecución.

3.1.3. Iniciativa gratuita
         
La iniciativa del Padre además de libre, es gratuita, es decir, inmerecida de nuestra parte. En efecto, cuando aún estábamos esclavizados por el pecado y sometidos a una Ley que, lejos de rescatarnos, nos retenía en él, Rom 6, 17.20; Dios quiso mostrar con nosotros su misericordia, Rom 11, 32; porque: "aún cuando éramos pecadores", Rom 5, 8: "cuando aún estábamos muertos a causa de nuestras culpas, Dios, rico en misericordia, por el inmenso amor con que nos amó", quiso redimirnos, y "nos dio la vida con Cristo, para patentizar la ... extraordinaria abundancia de su gracia con su bondad hacia nosotros, en Cristo Jesús...".  La salvación no viene de nosotros sino de Dios, Efes 2, 4-10. Así pues, "no somos nosotros los que nos hemos adelantado a amar a Dios, ¡al contrario!, El fue quien se adelantó a amarnos, y nos envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados"...de modo que "por él tengamos vida", 1 Jn 4, 10-19­
         
La Sagrada Escritura es bien explícita en afirmar que la gratuidad de la redención es iniciativa absoluta divina y manifiesta plenamente la incapacidad radical del hombre para redimirse: la salvación sólo viene de Dios.

3.1.4. Iniciativa de amor 
         
Dios Padre, que es AMOR, quiso otorgarnos el don de la filiación divina por medio de su Hijo. La gracia de redención (justifi­cación), es decir, la gracia santificante, es precisamente gracia de filiación divina. Esta gracia se nos otorgó por medio de los méritos de Jesucristo para ello nos libró del obstáculo del pecado, para reincorporarnos en Cristo al Padre, por la acción de su Espíritu. Así nuestra relación personal de criaturas con el Dios Uno y Trino sólo puede entenderse como la respuesta a una llamada gratuita de Dios, de quien es la iniciativa, y como Dios uno y tripersonal, quiere comunicarse con el hombre. (La nueva creación de S. Pablo).

         
En conclusión: la iniciativa de la redención es un acto soberanamente libre y gratuito fue una iniciativa de amor. El Dios AMOR no puede hacer las cosas sino por amor (ya sea amor de creación o amor de redención). Y donde se muestra más infinitamente el amor de Dios a los hombres fue, al enviar a su Hijo único al mundo y entregarlo a la muerte para acoger de nuevo como hijos a los hombres subyugados por el pecado. Así, en verdad, Dios no escatimó a su Hijo sino que por amor al mundo lo envió para salvar a los hombres del pecado y de la muerte eterna. Rom 8, 32; Jn 3, 16-­17.



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Jesús resucitado y Santo Tomás



P. Adolfo Franco, S.J.

PASCUA
Segundo Domingo

Juan 20, 19-31

Cristo resucitado viene a consolar a los apóstoles y a darles los dones de la salvación. También a nosotros quiere cumplir ese oficio de consolar y salvar.



Jesús resucitado se manifestó en diversas ocasiones a los suyos y especialmente a los apóstoles. Juan en este párrafo nos narra dos de sus apariciones a los apóstoles, ocurridas a una semana de distancia, la una de la otra: la primera el mismo día de la resurrección y la segunda el domingo siguiente, tal día como hoy.

En ambas se manifiesta la dificultad de los apóstoles en creer. Y es que la resurrección no es un hecho como los demás hechos que ocurren a nuestro alrededor. Para los hechos normales basta tener los ojos abiertos y los oídos atentos; basta aplicar nuestras manos al objeto que se nos presenta para percibir que es real; pero la “realidad” de la Resurrección es de otro orden, y no basta el conocimiento normal para llegar a esa “realidad”. Hace falta la fe.

Los apóstoles ven, tocan, y sin embargo no acaban de aceptar. Incluso piensan que es un fantasma el que está delante de ellos. La actitud de Tomás es más dura aún: él pone condiciones para creer: “si yo no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. Es la respuesta que nosotros presentamos ante la resurrección de Jesucristo, y ante las verdades sobrenaturales; queremos medirlas con nuestros métodos de conocimiento. Y para pasar de nuestro conocimiento de las realidades habituales al de las “realidades” superiores, a las verdades sobre Dios, hace falta saltar. El salto de la fe, que es un don de Dios. Y hace falta saltar porque el hilo de nuestra lógica nos tiene atados a un espacio pequeño, el espacio que alcanzan nuestros sentidos y nuestra racionalidad; para llegar más allá hace falta saltar.

La resurrección de Jesucristo es el acontecimiento fundamental, es el suceso central, la obra de Dios por excelencia que da sustento a todo lo que Jesús ha enseñado. San Pablo dirá que, si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana. Si la resurrección no fuera un hecho real, al creer en Cristo creeríamos lo que no existe, fundaríamos nuestra existencia sobre la nada. Pero, Pablo afirma en seguida, que sí, Cristo de verdad ha resucitado.

Hay que considerar también otras riquezas contenidas en estas apariciones: principalmente los dones que Jesús viene a entregar a la Iglesia, y los entrega a la Iglesia depositándolos en los apóstoles: son tres dones principalmente explícitos en esta aparición: La Paz, que deriva de la salvación; es la Paz con Dios, en primer lugar, la paz que había sido rota en el Paraíso por el pecado de Adán: la paz que debemos establecer interiormente y que debemos comunicar.

El segundo don que Cristo les entrega a los apóstoles es su propia misión; El ya ha cumplido la tarea, ha fundado todo, y le ha puesto cimientos: la Iglesia ahora debe ser la continuadora de la obra de Cristo.

Y finalmente les regala el don del Espíritu Santo. Que es la nueva fuerza de que estarán invadidos todos los creyentes, individualmente y sobre todo reunidos en comunidad. Claro que es más que un don, porque es el Espíritu de Dios. Y este Espíritu se manifiesta por el perdón de los pecados: los pecados pueden ser perdonados (quitados de raíz) porque es el Espíritu de Dios el que actúa cuando los apóstoles y sus sucesores dicen: “tus pecados quedan perdonados”. El don del Espíritu vendrá sobre los apóstoles en plenitud el día de Pentecostés, pero ya Jesús resucitado les da un anticipo. Este Espíritu, que es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad es el gran don que Cristo ha ido prometiendo a los apóstoles en su despedida: El les revelará todo; y es tan importante para los apóstoles, que hasta hace conveniente que Cristo marche de este mundo al Padre. Este Espíritu es la fuerza purificadora que nos limpiará de nuestros pecados.


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Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de ABRIL 2016




APOSTOLADO
DE LA
ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL 
MES DE ABRIL

Ofrecimiento Diario

Dios, Padre nuestro, yo te ofrezco toda mi jornada: mis oraciones, pensamientos, afectos y deseos, palabras, obras, alegrías y sufrimientos en unión con el Corazón de tu Hijo Jesucristo que sigue ofreciéndose a Ti en la Eucaristía para la salvación del mundo.

El Espíritu Santo, que condujo a Jesús, me guíe y sea mi fuerza en este día para que pueda ser testigo de tu amor.

Con María, la madre del Señor y de la Iglesia, pido especialmente por las intenciones del Papa para este mes:




Para que los pequeños agricultores, reciban una remuneración justa por su precioso trabajo.



Para que los cristianos de África en medio de conflictos político-religiosos, sepan dar testimonio de su amor y fe en Jesucristo. 



VIDEO DEL PAPA FRANCISCO EXPLICANDO SUS INTENCIONES DE ORACIÓN PARA ABRIL



LA INDULGENCIA DEL JUBILEO


¿CÓMO GANAR LA INDULGENCIA EN EL JUBILEO DE LA MISERICORDIA?


1. El Papa no habla de indulgencia plenaria ni parcial. Subraya las actitudes interiores de la fe y arrepentimiento. El perdón que Dios conceda, será más generoso si dichas actitudes espirituales son más intensas.

2. No se trata de ritos externos, por muy piadosos que sean, sino de una actitud espiritual nueva si no se tenía, o fortalecida si se tenía en alguna medida. Es el compromiso a vivir la misericordia de Dios para conmigo y la mía para con el prójimo, sobre todo con los más necesitados de ella, para obtener la gracia del perdón completo y total por el poder del amor del Padre, que no excluye a nadie. Será por lo tanto, una indulgencia jubilar plena, fruto del acontecimiento mismo que se celebra y se vive con fe, esperanza y caridad.

3. ¿Dónde? 
Se puede ganar la indulgencia en la Catedral de cada Diócesis, o en los Santuarios e Iglesias designadas por el Obispo.

4. ¿Cómo?
- El Papa recomienda comenzar con una peregrinación, aunque sea breve, hacia la Catedral o Santuario, en espíritu de oración.
- Se entra en el templo atravesando “Puerta de la Misericordia”, símbolo de invitación de la Madre Iglesia a todos, especialmente a los hijos alejados, y anticipo de la alegría que le causa su regreso.
- Este rito celebrativo es acompañado de la profesión de fe (el credo) y la oración por el Papa y por la intenciones que lleva en el corazón, para el bien de la Iglesia y de todo el mundo.
- Se debe recibir el sacramento de la Reconciliación, participar en la celebración de la Santa Eucaristía y hacer una reflexión sobre la misericordia en un tiempo cercano al rito de entrada por la Puerta Santa.
- El Papa Francisco señala también que cada vez que un fiel realice personalmente una de las obras de misericordia corporales o espirituales “obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar”.

5. Casos especiales
- Para los enfermos y ancianos que no pueden salir casa, “será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento, experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad. Vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en la Santa Misa y en la oración comunitaria, también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar”.
- Los presos podrán ganar la indulgencia “en la capillas de las cárceles y cada vez que atraviesen las puertas de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre. Este gesto puede ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también de convertir las rejas en experiencia de libertad”.

6. La indulgencia para los difuntos. “De igual modo que los recordamos en la celebración eucarística, también podemos, en el gran misterio de la comunión de los santos , rezar por ellos para que el rostro misericordioso del Padre los libere de todo residuo de culpa y pueda abrazarlos en la bienaventuranza que no tiene fin”.

En base a un texto del P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J..




INFORMACIÓN


La rama juvenil de la Red Mundial de Oración del Papa es el Movimiento Eucarístico Juvenil (MEJ) y tiene formas particulares de formación y desarrollo. 

Según el derecho particular de la Iglesia, el Apostolado de la Oración es una Asociación de Fieles de Derecho Pontificio no constituida en persona jurídica.



Invitación

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También te invitamos a participar con el Apostolado de la Oración de la Misa dominical de 11:00 AM en la Parroquia de San Pedro y a acompañarnos en las reuniones semanales a las 12:00 M en el claustro de la parroquia, todos los domingos. 

Asimismo, invitamos a la Misa de los primeros viernes de cada mes en Honor al Sagrado Corazón de Jesús, a las 7:30 PM en San Pedro.

El Apostolado de la Oración es antes que nada hacernos interiormente disponibles a la misión de Cristo. Esta disponibilidad tiene como su fuente y modelo a Jesucristo entregado a nosotros y por nosotros, que se nos hace presente continuamente en la Eucaristía. Recibir su vida nos lleva, en reconocimiento, a ofrecer diariamente nuestra propia vida al Padre.


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