Catequistas de 1º Comunión comparten su vivencia


Los catequistas de 1º Comunión de nuestra Parroquia de San Pedro, nos comparten su experiencia vivida durante su apostolado: "Trabajar para el Reino de Dios es lo más hermoso e importante que podemos hacer"



Catequistas de 1º Comunión comparten su vivencia



"Trabajar para el Reino de Dios es lo más hermoso e
importante que podemos hacer"



Catequistas de Primera Comunión de nuestra Parroquia de San Pedro comparten su vivencia en su apostolado al finalizar un año más de servicio.





La catequesis de Primera Comunión es uno de los grupos más numerosos que trabajan en la pastoral de nuestra Parroquia
de San Pedro, Lima.

Precisamente el domingo pasado 22 de noviembre Fiesta de “Cristo Rey del Universo”, 162 niños y adolescentes hicieron su primera comunión en la Misa de 10 am., celebrada por el Párroco Enrique Rodríguez S.J. y concelebrada con el Padre Alfredo Ruska S.J.

El Señor Jesús es el dueño de la Viña y sale a buscar obreros para que trabajen para Él. Jesús nos enseña en el Evangelio según San Mateo 20, 1-16 como Él siempre esta llamando, a unos llama de jóvenes, a otros en el atardecer y a otros en el ocaso de sus vidas. Pues el pago es el mismo: la Vida Eterna.

Esto lo hemos entendido muy bien nosotros los catequistas, que somos de diversas edades y profesiones. Trabajar para el Reino de Dios es lo más hermoso e importante que podemos hacer. Lo demás se nos dará por añadidura.

Un trabajo muchas veces incomprendido porque se piensa que son cosas de niños y ¡NO! “son cosas de Dios” y todas las cosas de Dios son grandes.

Los padres de familia son también bendecidos, recibieron charlas dos veces al mes y algunos de ellos recibieron el sacramento del matrimonio para que puedan comer junto a sus hijos al Pan de Vida “La Eucaristía”.

También en el mes de setiembre se bautizaron 87 niños, que ahora pueden llamar a Dios PADRE. Ya no están solos ni abandonados.

Esta es nuestra esperanza darles a ellos un sentido a su vida, que tengan la certeza que el único que salva es Jesús, que ha venido a liberarnos de nuestros miedos y ataduras que no nos deja amar ni a Él ni al prójimo.

Lo más gratificante para nosotros es encontrarnos con los que hemos formado de niños y que están colaborando de acólitos o en pastorales juveniles por el lugar donde viven, o que son buenos estudiantes, preparándose para servir al país con los valores cristianos.

Ahora es tiempo de seguir preparándonos con la catequesis de verano, tenemos que seguir formándonos porque cada generación es diferente de otra y tenemos que afrontar nuevos retos.

Tú que estas leyendo estas líneas si sientes que el Señor te llama a servirlo con sus favoritos los niños, si vives en Lima, ven e inscríbete con nuestro Párroco para que puedas, junto a nosotros, formar una Comunidad de Vida Cristiana, y si vives en otra ciudad anímate a participar en tu Parroquia en este apostolado, donde Jesucristo es Rey, el centro de nuestra vida, nuestro ideal, el único modelo a imitar.


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Felicitamos, en la persona de la Sra. Dora Luz, Coordinadora de la Catequesis y miembro de la CVX, al grupo de Catequistas de 1º Comunión por su entrega y dedicación al culminar un año más de apostolado con la celebración de la Misa donde se dió por primera vez la Comunión a más de cien niñas y niños.

Que Dios siga bendiciendo este servicio y a aquellos que se disponen como instrumento para que se concretice este apostolado.


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FOTOS, de arriba hacia abajo:
1 y 2). P. Alfredo Ruska S.J. dando la Primera Comunión a los niños, en segundo plano nuestro Párroco P. Enrique Rodríguez S.J.
3) Niñas y niños durante la Misa.
Fotos durante la recepción, en los jardines del Claustro de la Parroquia:
4) Grupo 1: Catequistas Zenobia, Justina y Gisela.

5) Grupo 3: Catequistas Érica y Carlos Alfonso.
6) Grupo 4: Catequista Patty.
7) Grupo 5: Catequista Enrique y Ángel.
8) Grupo 6: Catequistas Miriam y Mónica.

9) Grupo 7: Catequistas Tina y Liz.

10) Grupo 8: Catequistas Judith y Hna. Peggi, acompaña el Párroco P. Enrique Rodríguez S.J.


11) Grupo 9: Catequistas Dora Luz y Clefia.
12) Grupo 11: Catequista Raúl.

13) Los catequistas luego de la Misa y recepción de las niñas y niños de la 1º Comunión.






























































Ofrecimiento Diario - Intenciones para el mes de Diciembre

APOSTOLADO
DE LA
ORACIÓN


INTENCIONES PARA EL MES DE
DICIEMBRE






Ofrecimiento Diario


Ven Espíritu Santo, inflama nuestro corazón en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con él, por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:

Por el Corazón Inmaculado de María me consagro a tu Corazón y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar; con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial por las intenciones encomendadas al Apostolado de la Oración.






Por las Intenciones del Papa:

Intención General:
Para que los niños sean respetados, amados y no sean jamás explotados de ninguna manera.

Intención Misional:

Para que en Navidad los pueblos de la tierra reconozcan en el Hijo de Dios hecho hombre la luz que ilumina a toda la humanidad, y las naciones abran las puertas a Cristo, Salvador del mundo.





Por las intenciones de la Conferencia Episcopal Peruana




Para que, en la escuela de Jesús aprendamos a una vida nueva en el Espíritu Santo, según los valores del Reino de Dios.






Los niños sean respetados y amados


“... El reino de los cielos pertenece a estos miembros más vulnerables de la sociedad (cfr Mateo 19,14), pero, muy a menudo, se los olvida simplemente o se los explota sin escrúpulos como soldados, trabajadores o víctimas inocentes del tráfico de seres humanos. No hay que escatimar ningún esfuerzo para instar a las autoridades civiles y a la comunidad internacional a combatir estos abusos y brindar a los niños la protección legal que merecen justamente.” (Benedicto XVI a los obispos de Sri Lanka. Roma, 7 de mayo del 2005. Extracto)



La luz significa conocimiento. La luz significa amor


“... En el establo de Belén aparece la gran luz que el mundo espera. En aquel Niño acostado en el pesebre Dios muestra su gloria: la gloria del amor, que se da a si mismo como don y se priva de toda grandeza para conducirnos por el camino del amor. La luz de Belén nunca se ha apagado... Donde ha brotado la fe en aquel Niño, ha florecido también la caridad, la bondad hacia los demás, la atención a los débiles y a los que sufren, la gracia del perdón. Desde Belén una estela de luz, de amor y de verdad impregna los siglos. Si nos fijamos en los santos..., vemos esta corriente de bondad, este camino de luz que se inflama siempre de nuevo en el misterio de Belén, en Dios que se ha hecho Niño. Contra la violencia de este mundo Dios opone, en este Niño, su bondad y nos llama a seguir al Niño” (Benedicto XVI, Homilía, 24.12.2005. Extractos).


Aparecida - Misión Continental


“La Iglesia peregrinante es misionera por naturaleza, porque toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu, según el designio del Padre. Por eso, el impulso misionero es fruto necesario de la vida que la Trinidad comunica a los discípulos” (347)”.




Eucaristía


Misa por una necesidad. (misal romano).

Palabra de Dios


Proverbios 14,21-31. Dichoso quien se apiada de los pobres.

Salmo 30. Ven aprisa a librarme.

Apocalipsis 21,1-7. Todo lo hago nuevo.

Mateo 18,1-7. El más grande en el reino de los cielos. El escándalo.


Reflexionemos


¿Qué podemos hacer para mejorar las condiciones de vida y el respeto de los niños y niñas en nuestro ambiente?




P. Antonio Gonzalez Callizo S.J.

Director Nacional del Apostolado de la Oración (AO)

Parroquia San Pedro


Invitación


A participar de la Misa dominical de 11:00 AM en la Parroquia de San Pedro y a acompañarnos en las reuniones semanales a las 12:00PM en el claustro de la parroquia, todos los domingos. Asimismo, invitamos a la Misa de los primeros viernes de cada mes en Honor al Sagrado Corazón de Jesús, a las 7:30 PM en San Pedro.



¡ADVENIAT REGNUM TUUM!

¡Venga a nosotros tu reino!


Apostolado de la Oración

Azángaro 451, Lima


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Los Mormones 2º Parte: Historia y Poligamia



Las Sectas en Latinoamérica
11º Parte


P. Ignacio Garro, S.J.

Profesor del Seminario Arquidiocesano de Arequipa, ex profesor del Seminario de Trujillo.



Continuación



3.- ESTABLECIMIENTO DE LA IGLESIA MORMONA


Los seguidores de Smith, al comienzo, fueron muy pocos. Martin Harris el que financió la primera edición del Libro de Mormón, a continuación Oliver Codwery que fue el segundo secretario. En mayo de 1829, un ángel, que se hace coincidir con Juan, el Bautista, enviado por el Apóstol Pedro, Santiago y Juan, confiere a J. Smith y a Codwery el "sacerdocio de Aarón" y les promete para más tarde el "sacerdocio de Melquisedec". Se habían retirado a un bosque a orar cuando "descendió un mensajero del cielo en una nube de luz y, habiendo puesto sus manos sobre ellos, los ordenó diciendo: "sobre vosotros, mis consiervos, en nombre del Mesías, confiero el sacerdocio de Aarón, que tiene las llaves del ministerio de los ángeles y del evangelio del arrepentimiento y del bautismo por inmersión para el perdón de los pecados. Este sacrificio nunca más será quitado de la tierra hasta que los hijos de Leví ofrezcan un nuevo sacrificio al Señor".
Pero no era aquella una ordenación completa. Para obtenerla debían haber recibido antes el bautismo. Se acercaron a un arroyo y Smith bautizó a Oliver Codwery y luego Codwery bautizó a J. Smith. Inmediatamente recibieron la visita de Juan Bautista, según Smith, Juan les aseguró que "actuaban bajo la dirección de Pedro, Santiago y Juan, quienes tenían las llaves del sacerdocio de Melquisedec". Entonces, Smith impuso las manos a Oliver Codwery confiriéndole el sacerdocio, y Oliver hizo otro tanto con J. Smith. "Profetizaron muchas cosas relativas al desarrollo de esta iglesia".
Después de un tiempo se convirtieron dos hermanos de J. Smith: Samuel e Hyrum, con su padre J. Smith y otro discípulo J. Knight. Luego se convirtió David Whitmer, quien a su vez convirtió a sus cuatro hermanos. Smith se fue a vivir a casa de Whitmer y el padre de éste le cedió todos sus bienes a la Iglesia mormona. Como quiera que los nuevos adeptos tenían ganas de ver la Biblia de oro llevado por el ángel Moroni al cielo, Smith logra del Señor que tres de ellos: Oliver Codwery, David Whitmer y Martin Harris, puedan contemplarla. Un ángel se les aparece en un bosque y les muestra las hojas de oro escritas en caracteres extraños. Favor que será concedido a otros ocho compañeros, después que los tres primeros abandonen a Smith, así, de este modo, podrán testificar que han contemplado con sus ojos el Libro Mormón en las planchas de oro.
Desde entonces las revelaciones se suceden con suma frecuencia, para satisfacer una necesidad de dar respuesta a una pregunta angustiosa. Así se van formando los libros: "La Perla de gran precio" y "Doctrinas y Convenios". Las revelaciones, sólo las recibe Smith:

"Heme aquí que digo: en verdad que nadie será nombrado para recibir mis mandatos y revelaciones en esta iglesia fuera de mi siervo José Smith, hijo, porque él recibe todo como Moisés".

El 6 de abril de 1830, se ponía en marcha la comunidad que empezó llamándose "Iglesia de Cristo". Cuatro años más tarde se le cambió el nombre por el de "Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días". J. Smith quedó constituido en jefe y Oliver Codwery en subjefe. El prestigio de Smith iba en aumento y el ambiente de temor religioso en que se vivía en aquella época fue haciendo que un gran número de sus convecinos se unieran a su nueva iglesia. Este crecimiento rápido le impulsó hacia la misión.
Para ello Smith envió a O. Codwery a predicar a los "lamanitas", es decir, a los indios del oeste. Entonces el pastor presbiteriano Sidney Rigdon, se convierte a la iglesia mormona y arrastra tras de sí a sus antiguos feligreses. En virtud de una nueva revelación Smith, Rigdon, pasa a ser en 1830 anunciador y secretario de Smith. Otra revelación dirá, en enero de 1831, que Kirtland, la ciudad donde vive Rigdon, será la sede oficial de la Iglesia mormona y el lugar de la reunión de los santos de cara a la proximidad inminente del día del Juicio Final.


4.- DE KIRTLAND A MISSOURI


La nueva secta de Smith crecía y prosperaba. Sin embargo, el fanatismo de las predicaciones en que se afirmaba que todas las sectas estaban en el error enseguida produjo un movimiento en contra de la nueva secta, las demás sectas protestantes se sintieron atacadas en lo más íntimo de su ser y comenzaron las persecuciones intersectarias. El profeta Smith anunciaba, también, el fin del mundo de una manera inminente, para lo cual no solo era necesario convertirse, en vista de que ya llagaba el Ultimo Día, sino que había que construir previamente la Nueva Sión, y en ella un gran Templo para recibir a Jesucristo el Hijo de Dios que vendría a juzgar definitivamente a vivos y muertos y a establecer definitivamente su Reino milenario.
Como hemos dicho anteriormente, los mormones, al predicar que todas las demás sectas eran falsas y sólo la suya era la verdadera, les acarreó una persecución larga y dolorosa. Expulsados de su lugar de origen, fueron pasando del Este de Estados Unidos hacia el Oeste, fue la gran peregrinación - persecución. Les sirvió como excusa de su persecución y de su destierro continúo el que iban buscando el lugar ideal para construir la Nueva Jerusalén para construir el gran Templo para recibir al Mesías. Comenzaron un templo en Kirtland, Ohio, pero por causa de la persecución continua que sufrían, quedó a medio construir. Pasaron a la ciudad de Independence, Estado de Missouri, lugar que eligieron como ideal para la construcción de un Nuevo Templo, y allí ocurrió lo mismo, quedó el templo a medio construir, sin embargo cada lugar y cada templo habían sido elegidos porque el gran vidente y profeta Smith había tenido una visión que le decía que aquél era el lugar elegido por Dios. Al fin, en 1838, en su largo camino hacia el Oeste americano fundaron una nueva ciudad llamada "Nauvoo" que el profeta Smith les persuadió, una vez más, era una palabra hebrea que significaba: "Lugar Hermoso", esta ciudad está ubicada en el Estado de Missouri, para ellos aquella tierra era lo que Palestina para los judíos. No podían renunciar a esta idea, porque formaba parte de sus convicciones religiosas. El 16 de diciembre de 1840, el Gobernador Ch. Carlin le concedió un estatuto municipal verdaderamente extraordinario. El territorio de Nauvoo se hacía totalmente independiente.
Al poco tiempo de haber fundado Nauvoo, la Nueva Sión, había crecido hasta contar con más de 20,000 habitantes, número que no tenía, en aquel entonces, la ciudad de Chicago. Nauvoo se convirtió en un territorio autónomo, es decir, gobernado religiosa y civilmente por J. Smith. Formó un gran ejército militar, muy disciplinado del que él mismo se nombró Teniente General. En esta ciudad se pudo construir un grandioso y costosísimo templo para recibir una vez más a Jesucristo en su Segunda Venida ya próxima. Todo parecía marchar bien, pero esa misma prosperidad, acompañada del aislamiento en que voluntariamente se habían recluido, con la peligrosa independencia civil y militar, les volvía temibles para las ciudades y gobernadores vecinos. En ese entonces J. Smith estaba en la cumbre de su grandeza; él era prácticamente el jefe de un estado teocrático, político, militar y religioso. El mismo llegó a pensar en presentarse a candidato de Presidente de los Estados Unidos, pero, paradojas de la vida, su caída estaba próxima.
En el mismo seno de la nueva secta religiosa surgieron problemas y discusiones por varias doctrinas y prácticas religiosas que no todos aprobaban. En vano Smith dicta excomuniones contra los rebeldes, era, sobre todo, el problema de la poligamia, o "matrimonio plural" como él lo llamaba, que venía practicándose en secreto, el problema más arduo. Muchos de los seguidores no querían la poligamia, J. Smith la propiciaba, con todo esto se produjo una indignación general que condenaba la vida inmoral de Smith y los demás seguidores. Así, por un lado la Legión del Nauvoo capitaneada por el Smith, el Ejército del Estado de Missouri por otro y el pueblo mismo de los gentiles, tuvieron repetidos y sangrientos encuentros. El Gobernador civil del Estado de Missouri le intimó a rendirse, Smith trató de huir, pero sus seguidores no le dejaron escapar. Al final hubo de entregarse solo y sin protección de los suyos, pues no le permitieron llevar escolta personal, sabiendo que quedaba a merced de sus enemigos, que seguían atizando la saña contra él. Fue detenido y encerrado en la cárcel pública de Cartago, Estado de Illinois, junto con su hermano Hiram y otros dirigentes de la iglesia mormona.
El 27 de junio de 1844, el populacho de Cartago asaltó la prisión. Smith trató de defenderse con un arma que clandestinamente le había llevado a la cárcel uno de sus seguidores. De hecho en la pelea hirió a tres asaltantes. Quiso escalar una ventana de la celda de la cárcel que daba al patio interior, pero dos balazos le alcanzaron en la espalda y cayó dando un fuerte alarido. Antes habían muerto ya su hermano y sus dos acompañantes. Según los relatos, los atacantes le rodearon abajo, en el patio, y después de arrimar su cuerpo contra la boca de un pozo del patio, se ensañaron todavía disparando contra él. Smith, moría a la edad de 39 años. Había tenido 27, o, 30 esposas, y algunas de ellas ya casadas con otros hombres. Y 56 hijos. Y sin embargo, entre los mormones Smith es un gran mártir.


5.- PRIMER SUCESOR. GRAN EXODO HACIA EL OESTE AMERICANO


Muerte del gran profeta Smith hubo un gran desconcierto, y se ofrecían como posibles sucesores: su hijo José Smith, que más tarde fundó una iglesia distinta llamada "Iglesia reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días". Otro candidato era S. Rigdon, el convertido pastor metodista, pero no aceptó su candidatura. Fue luego excomulgado por el sucesor e intentó, también fundar otra iglesia. Por fin, el elegido fue Brigham Young (1801-1877), cuatro años mayor que J. Smith, carpintero de profesión, de indomable carácter y fiel seguidor de J. Smith, fue elegido el 8 de agosto de 1844. Cuando se puso al frente de la iglesia mormona las cosas iban muy mal. Los asesinos de J. Smith habían sido liberados. Se decretó la abolición del estatuto especial para el territorio de Nauvoo y el nuevo gobernador W. Ford les invitó a que se marcharan de aquellas tierras y que se dirigieran hacia el Oeste para colonizarlo. Aceptaron la propuesta y dio comienzo el gran éxodo mormoniano.
Brigham Young, comprende que la situación de los mormones en Nauvoo, en el Estado de Illinois, era insostenible y cual nuevo Moisés, al frente del pueblo mormón empezó "el gran éxodo hacia el Oeste", la epopeya religiosa de aquellos hombres y mujeres era de una fe increíble. Y los dirige tras año y medio de penosas marchas, desde el río Misisipi hasta las riberas del Gran Lago Salado recorriendo más de 1,700 Km en inmensa caravana de 12.000 hombres en unas 3.000 carretas y unas 30.000 cabezas de ganado, que fue dejando diezmado al grupo de fervorosos peregrinos. Pero al fin llegaron a su tierra prometida, fundaron la ciudad de Salt Lake City, más tarde sería el Estado de Utah. Cuando llegaron allá encontraron un gran desierto y un lago salado, para muchos de ellos era un lugar de desolación, otros sugerían ir más al Oeste hasta California, pero Brigham Young supo vencer la tentación tan atractiva de ir a tierras californianas y señaló con firmeza que aquel sitio, en el que estaban, era el lugar elegido por Dios. Los mormones afirman que al llegar Brigham Young a una colina que dominaba todo el valle había tenido una visión en la que se le representó "la gloria futura de Sión", y entonces, él exclamó: "Basta. Este es el sitio. Vamos allá". Esto fue en la mañana del 24 de julio de 1847. Esta fecha es recordada todavía, y celebrada por los mormones, como el "día del pionero" gran fiesta del Estado de Utah, la tierra prometida de los mormones.
Cuando los mormones llegaron al Lago Salado era aquella una región áspera, ingrata y sin ningún árbol y sin gente que la habitara. "Diez años después de la llegada de los primeros colonos de la teocracia mormona contaba ya con 50.000 individuos, dispersos en una distancia de 800 Km de norte a sur y 600 Km de este a oeste. Medio siglo más tarde el estado de Utah contaba con cerca de 20.000 explotaciones agrícolas".61



6.- EL ESTADO TEOCRATICO


En Salt Lake City, se trazó el plan para la Nueva ciudad de Jerusalén, y allí se erigiría el más grandioso y célebre templo de la secta. Para ellos, el Lago Salado era el Mar Muerto, al río de que desembocaba en él, lo consideraban como el río Jordán y las Montañas Rocosas eran las Montañas de Judea. Pusieron en marcha una Universidad, en la que se enseñó hebreo, griego, latín, francés, inglés, para la formación de sus misioneros. Así, se creó un régimen corporativista, en el que no se enriquecerían personalmente pero les aseguraba paz, desarrollo y prosperidad comunitaria.
En agosto de 1847, Brigham Young convocó a una conferencia de los Apóstoles de la Iglesia en el Estado de Nebraska, lugar donde pasaban el invierno, y se hizo nombrar Presidente de la Iglesia de los Santos con los títulos de "Profeta, Vidente y Revelador". Todo cuanto él dispusiera y ordenara, todo cuanto él enseñara y transmitiera a sus fieles, debería ser tenido como palabra de Dios y merecería el mismo respeto y obediencia que la palabra de Dios. El 4 de marzo de 1849 se dan a sí mismos una Constitución y un Gobierno provisional, con dos cámaras, un Tribunal Supremo y un Gobernador. En teoría es una democracia, en la que hombres y mujeres tienen derecho al voto. Es una democracia liberal, puesto que se proclama el derecho a la plena libertad religiosa. Pero de hecho es una teocracia 62. Brigham Young es el Gobernador, temporal y espiritual. Promulga sus mensajes bajo forma de cartas apostólicas y sus decretos como revelaciones proféticas. Las cámaras se contentan con registrar y transformar en leyes sus decisiones. Los altos funcionarios son elegidos entre los Apóstoles y otros miembros importantes de la Iglesia. Los magistrados municipales son los "obispos" de las parroquias. El impuesto es el diezmo a que están obligados los fieles. Por lo tanto se trata de una Iglesia, cuya jerarquía administra un Estado civil. No se había visto una cosa igual desde los tiempos remotos del Antiguo Testamento. Durante 30 años, gobernó la Iglesia como un dictador y con una gran capacidad de organización, pero a la vez con dureza y crueldad, tanto que no dudó ni retrocedió ni ante los más sañudos derramamientos de sangre. Finalmente el 9 de septiembre de 1850 el país de los mormones fue admitido en el Congreso de los Estados Unidos de América como "Territorio", con los límites que tiene en la actualidad y se le impuso el nombre de Utah, que significa "buenas cosas para comer". Brigham Young se nombró Gobernador, Jefe de Milicia y Superintendente.


7.- LA POLIGAMIA


Smith, llamó a la poligamia "matrimonio múltiple". Es uno de los temas más controvertidos dentro del mormonismo. La poligamia no se encuentra al comienzo de la fundación de la iglesia mormona, es más, la poligamia se halla prohibida en el Libro de Mormón (Jac 1, 15; 2, 27; 3, 5). Los historiadores serios no dudan en afirmar que al comienzo de la iglesia mormona hubo una cierta laxitud moral y cierta exaltación de la poligamia leyendo la vida de los patriarcas del Antiguo Testamento, y este entusiasmo mal refrenado cundió entre los adeptos de la nueva iglesia que les llevó a la práctica de la poligamia oculta. Smith mismo se vio obligado a frenar tales excesos. Ahí están, como testimonio, sus prohibiciones a cerca de la poligamia, de las cuales se cuentan hasta 10 en el Libro de Mormón. Allí leemos:

"Este pueblo empieza a hacerse inicuo; no entiende las Escrituras, porque trata de justificar sus fornicaciones a causa de lo que se escribió acerca de David y su hijo Salomón. He aquí que David y Salomón tuvieron muchas esposas y concubinas, cosa que para mí fue abominable, dice el señor" (Jacob, 2, 23-24).

Y más adelante sigue:

"Por tanto, yo, el Señor Dios, no permitiré que los de este pueblo hagan como hicieron los de la antigüedad. Por tanto, hermanos míos, oídme y escuchad la palabra del Señor: Pues, entre vosotros ningún hombre deberá tener sino una esposa, y concubinas no tendrá". (Jacob, 2, 26-27).

Sin embargo, con el tiempo, ocurrió que J. Smith mismo cayó en la poligamia y, aunque varias mujeres solicitadas para esposas por él se negaron indignadas, otras sumisamente aceptaron la palabra del profeta, de aquí proviene la famosa revelación que dice tener Smith de Dios, fue en el año de 1843, era la revelación nº 132, en la que Dios determina restablecer la poligamia patriarcal del Antiguo Testamento:

"Si un hombre toma a una joven por mujer y luego desea desposar a otra y la primera es consciente si él toma a la segunda por mujer, con tal que ellas sean vírgenes y no estén comprometidas a ningún hombre, entonces él está justificado. El no comete adulterio, porque ellas le han sido dadas. Y si, por esta ley, le son dadas diez vírgenes, él no comete adulterio porque ellas le pertenecen y le han sido dadas". "Y yo añado a propósito del sacerdocio: si un hombre desposado con una virgen desea desposar a otra, y la primera da su consentimiento..., no puede cometer adulterio, porque le han sido donadas" (Doctrinas y Convenios, 132, 61).
Y para vencer la resistencia de su mujer, Emma, que se oponía a la poligamia de Smith, añade:
"Y que mi sierva Emma acepte todas las mujeres que se le han dado a mi siervo José y que son virtuosas y puras a mis ojos".

Resulta penosa la lectura de esta revelación que Dios envía para la esposa de Smith, para que acepte de buena gana una situación totalmente irregular, como es la poligamia. Frente al natural desagrado y al espontáneo rechazo que Emma ha puesto a las pretensiones de su esposo que en otro tiempo había prohibido de la poligamia. Ante tanto cambio arbitrario, uno no puede menos de dudar de las revelaciones de Dios que Smith dice que tiene. Una vez más aparece el problema del subconsciente y sus ocultos mecanismos sublimados en experiencias místicas para satisfacer sus deseos.
Así, Smith empezó a practicar la poligamia sin darle, públicamente, fuerza de ley. El se lo fue insinuando a los apóstoles para inducirles a lo mismo, en los que halló no poca resistencia. Pero poco a poco fueron cediendo ya se habían realizado ya muchos matrimonios en secreto cuando se dio a conocer su famosa revelación. A partir de aquí el mormonismo da importancia capital al matrimonio, e incluye a la poligamia. Para ellos el matrimonio es el medio del perfeccionamiento y la exaltación para alcanzar la divinidad. Para ello dan argumentos de tipo histórico - bíblico, como es la restauración de la poligamia partiendo de las costumbres de los patriarcas del Antiguo Testamento. Veamos:

"Abraham recibió concubinas... y esto le fue contado como rectitud porque se le habían dado, y permaneció en mi ley; lo mismo Isaac y también Jacob, los cuales no hicieron sino lo que se les había mandado... y ahora están sentados en sus tronos y son, no digo ángeles, sino dioses... " (Doctrina y Convenios, 123: 37).

Más escandalosa, para nosotros los católicos, es la afirmación que hacen de Jesucristo que dicen que no sólo se casó, para ellos, eso fueron las bodas de Caná en Galilea, en las que Jesús era el Esposo, sino que Jesucristo simultáneamente tenía varias esposas, que le seguían y le ayudaban: Marta, María, María Magdalena, y que Jesucristo llegó a ver sus descendientes antes de morir. Realmente estas afirmaciones desbordan toda seriedad, todo respeto, y todo sentido común. Sin embargo ahí están escritas. 63
Cuando los autores modernos se preguntan el por qué de esta ley de la poligamia, a parte de razones subconscientes inconfesables, se apuntan motivos estrictamente religiosos:

"No olvidemos que los mormones se consideraban un pueblo elegido por Dios para fundar una teocracia y dominar todo el mundo. Para ello hace falta que la población se multiplique rápidamente. La doctrina de la poligamia tiene también relación con la creencia de los mormones en la preexistencia de las almas. Hay muchas almas, creadas por Dios, que están esperando encarnarse para cumplir su misión en esta vida y el medio de traerlas a este mundo es la procreación. Por este motivo se exalta tanto la idea de la maternidad fecunda y abundante en la mujer mormona. Puestos ya en este terreno doctrinal y creyendo de buena fe en estas ideas, no es de extrañar que hubiera muchas mujeres que aceptasen la poligamia por razones religiosas. Y que incluso llegasen a veces a preferir a un marido viejo polígamo que a un joven monógamo, por temor a la apostasía de este último y porque los polígamos solían ser dignatarios de las clases sacerdotales". 64

A Smith se le cuentan de 27 a 30 esposas, y a su muerte dejó unos 56 hijos. El 28 de agosto de 1852, B. Young, su sucesor, publicó oficialmente la revelación hecha al profeta, diciendo que quienes rechazasen esta doctrina de la poligamia serían condenados.

"Serán condenados, dice el Señor en la revelación que me ha concedido. ¿Por qué? Porque a quien se le ha concedido mucho, se le exigirá mucho".

La poligamia, sobre todo, planteaba problemas serios con la Constitución Americana que no permitía la poligamia en la sociedad civil, y con la administración de la capital, Washington. Los mormones se resistieron a la administración central y alegaron que sus leyes religiosas permitían la poligamia y como la Constitución reconoce a todos los habitantes del país el libre ejercicio de sus ideas religiosas y la libertad de la práctica de la fe, como su religión permitía la poligamia, tenían que respetarla. El Presidente de Estados Unidos, Buchanam, destituyó a Brihgam Young el 28 de mayo de 1857 y por su rebeldía en no aceptar lo que Constitución prohibía, envió una columna militar de 1.500 soldados, pero la expedición fracasó. En 1882 el Congreso dio una ley muy severa contra los polígamos. Se les privó del derecho de voto y se les excluyó de los cargos públicos. Los hijos tenidos de matrimonios ilegales fueron considerados como ilegítimos. Los mormones se defendieron como pudieron durante la jefatura del tercer presidente, John Taylor (1877-1890). Hubo procesos legales, condenas judiciales, amenazas, encarcelamientos, etc. Los mormones resistieron tanto cuanto pudieron, pero veían que esta situación no podía seguir así.
A la muerte de B. Young le sucedió como tercer presidente de la iglesia mormona Wilford Woodruff, y decidió cambiar de rumbo y manifestó a los mormones más responsables que la poligamia no podía continuar perteneciendo a las creencias de la iglesia mormona. Les dijo que él como presidente de la iglesia mormona no había recibido ninguna revelación, pero que, después de haber orado mucho, pensaba que era menester renunciar a la poligamia, (Doctrinas y Convenios, 246-247). Para muchos mormones esta determinación fue un verdadero drama, pero inclinaron la cabeza y la aceptaron como manifestación de la voluntad de Dios.
Así, en 1894 el Gobierno Federal reconocía al Estado de Utah así como sus leyes particulares, excluida la poligamia, llegó la paz, se les devolvieron sus bienes. El 6 de abril de 1904 el presidente de la iglesia mormona, J. Fielding (1901-1918), sobrino de Smith, abolió definitivamente la poligamia e indicó que sería excluido de la iglesia todo aquel que la practicara. Es decir, todo lo contrario a lo que había dicho B. Young el 28 de agosto de 1852.


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Referencias:


61 "Historia y Doctrina de los Mormones". Mariano Aboín, Edit. Fe Católica. Madrid, 1971, Págs.: 19-21.
62 Teocracia: “Forma de gobierno política en que los gobernantes se atribuyen la representación directa de Dios".
63 "The Mormons", Thomas O`Dea. Pág., 139.
64 Mariano Aboín, Op. Cit. Pág. 59-60.


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Para leer la 1º Parte:


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Agradecemos al P. Ignacio Garro S.J. por su colaboración.


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Homilía: 1º Domingo de Adviento (C)


De verdad que viene Dios, abre tu corazón

P. José R. Martínez Galdeano, S.J.*

Lecturas: Jer 33,14-16; S 24; 1Ts 3,12-4,2; Lc 21,25-28.34-36


La vida cristiana es un proceso de crecimiento y ustedes están aquí porque quieren ser no buenos sino mejores, no recordar lo que saben de Jesús sino conocerle más, no seguir amándolo sino amarlo más y experimentar más su amor.

El adviento, que hoy empieza, dura entre tres y cuatro semanas. “Adviento” deriva de una palabra latina que significa “venida”, llegada. Quien llega –lo sabemos– es Jesús. Va a llegar en la Navidad, una de las fiestas más importantes para nosotros los cristianos. No es papá Noel ¡por favor!, no son los regalos, ni los panteones. Hay que cuidar de no estropear la Navidad.

La Iglesia, como cualquier grupo humano, tiene sus modos de expresarse y actuar con la liturgia, principalmente de la misa y los sacramentos. En la liturgia expresa su fe, sus valores, su alma. La corona de adviento y la luz que se va añadiendo semana a semana expresa que el Señor, luz del mundo, se va acercando.

Para las fiestas importantes, como ésta y la de Pascua de Resurrección, nos preparamos con tiempos largos de oración y penitencia: el adviento y la cuaresma. El color morado de los ornamentos de la misa nos lo están recordando. El canto triunfal y gozoso del Gloria no resuena durante estos días hasta que llega la misma noche de la Natividad. En la oración colecta de la misa, que expresa la gracia particular que pide la Iglesia para cada día, hoy hemos pedido que: “al comenzar el adviento, Dios nos avive el deseo de salir al encuentro de Cristo acompañados de buenas obras”. A esto viene a reducirse el fin del esfuerzo religioso de estos días. Hoy comenzamos. El mismo Jesús se tomó cuarenta días de oración y ayuno antes de comenzar su misión. El Señor va a llegar en la Navidad con su gracia, su luz, su fuerza, que entran y actúan desde dentro de nosotros. Durante estas semanas del adviento insistamos en la oración y en el sacrificio, aceptando con paciencia las molestias de la vida cotidiana y otros posibles sacrificios.

Esto es lo que quiere decir el “estén siempre vigilantes y oren en todo tiempo”. En el prefacio de las misas de estos días haremos mención de dos venidas de Cristo. La primera ha sido “en la humildad de nuestra carne” con su nacimiento, sus milagros y palabras, su pasión, muerte y resurrección. Con ella “nos abrió el camino de la salvación”. La segunda será cuando al final de los siglos “venga de nuevo en la majestad de su gloria”, la del Hijo del hombre, a juzgar a todos los hombres según sus obras. El evangelio nos habla también de estas dos venidas. Es el paralelo del texto de San Marcos que leímos y estudiamos hace dos semanas. San Lucas, buen escritor, bastante mejor que San Marcos, distingue bien lo que en la profecía de Jesús se refiere a la ruina de Jerusalén y el templo y lo que dice sobre el fin del mundo. La perícopa de hoy (recuerden que así se llama a los fragmentos de la Biblia) es la del fin del mundo. Desde luego va a ser un momento terrible. Sin embargo para los elegidos –es decir los que han aceptado por la fe la elección de Dios– es el momento de la “liberación”. Por eso habrán de reaccionar contra el miedo: “Cuando empiece a suceder esto, levántense, alcen la cabeza, porque se acerca su liberación”. Y para eso hay que estar atentos, preparados, “despiertos”, vigilantes. “pidiendo”, en oración, porque “ese día caerá de improviso”, “como una trampa”.

Estas advertencias de Jesús se refieren al tiempo en que estamos: tras la destrucción del templo y antes del fin del mundo. También estaba muy anunciada la primera venida, la que vamos a conmemorar en Navidad. La lectura de Jeremías, que escuchamos, es una prueba clara: “En aquellos días haré brotar para David un legítimo descendiente”. Sin embargo la mayoría del pueblo judío no se dio cuenta. Al fin del mundo volverá a suceder parecido. ¿Por qué? Porque no se vigila, porque no se ora.

Pero sucede además que hay otras venidas de Cristo muy normales en la vida de la Iglesia. La fe es un don de Dios que se recibe. Es una acogida a Dios en mi corazón. Como es normal entre las personas, la acogida se hace por el amor. Pero eso no es posible sin haberse encontrado. Y el encuentro con Dios no nos es posible si primero Él no nos sale al encuentro, Él tiene que adelantarse y venir donde nosotros. Nadie tiene derecho ni menos potencia física para plantar a Dios delante de uno mismo. Nadie puede llegarse a Dios cuando le da la gana. Por eso es una gracia.

Dios quiere que todos se salven y, como sin la gracia sería imposible, Dios se la da a todos en alguno o algunos momentos de su vida; pero no sabemos cuándo. Por eso es necesario vigilar. Y por eso es tan necesario orar. Un deportista, un militar practica los debidos ejercicios cada día para estar en forma. Cada uno de nosotros debemos estar siempre en forma y muy atentos para cuando Dios nos salga al encuentro.

Los cristianos tesalonicenses esperaban el fin del mundo enseguida. Y concluían que no había que preocuparse por nada ni siquiera trabajar. Tampoco es lo correcto. San Pablo les dirá con rudeza que “el que no trabaje, que no coma” (2Tes 3,10). En la perícopa de hoy les dice que se esfuercen en practicar el amor con todos cada día más, en ser santos e irreprochables, en agradar a Dios. Y “sigan adelante”; esta traducción de la palabra griega del texto es muy pobre. Lo que quiere decir Pablo es que se esfuercen en ser cada vez mejores, en aumentar las virtudes y en llenarse más hasta rebosar, hasta “superabundar” –es la palabra que mejor traduce el pensamiento de Pablo– de dones del Espíritu.

La Iglesia es un cuerpo vivo. Todos sus miembros viven con la vida de Cristo, recibida en el bautismo y recuperada, si la perdieron, en el sacramento de la penitencia. Esa vida tiende a reproducir en todos los miembros a Cristo. En el curso de la vida de la Iglesia Cristo, cabeza de ese cuerpo y fuente origen de ella, suscita desarrollos y enriquecimientos. El concilio Vaticano II fue un momento muy intenso. El proceso continúa. Ahora mismo es fácil de constatar acción especial del Espíritu en los últimos acontecimientos del acercamiento de los anglicanos.

Momentos de gracia especial los suscita el curso del año litúrgico. En cada tiempo el Señor reaviva y suscita gracias especiales para que un aspecto del misterio de Cristo se viva e interiorice más en el conjunto de la Iglesia y en cada uno de los fieles. Cada fiel, cuanto con más fervor se abra al influjo de esta gracia general, crecerá él mismo en las virtudes y en los dones del Espíritu.

Hay actualmente un cierto enfriamiento de la fe, que se ha extendido como una especie de nube o de epidemia, si quieren llamarla así. Quitan a Dios, a Cristo y a la fe la importancia decisiva que tienen para que la vida del hombre tenga sentido. La consecuencia en el orden moral es el utilitarismo social: El mundo, la historia marchan sin Dios. Si Dios existe, no está en el mundo. Y en el mundo el hombre es libre y puede hacer lo que quiera con tal de que no viole los derechos de los demás. Esta visión de las cosas es, por desgracia, mayoritaria en los medios de comunicación social.

Sin embargo la historia humana, la real, la que ha pasado y la que está sucediendo ahora, nos dice que esta visión del mundo y del hombre es falsa. Dios ha venido, Dios se ha comunicado con el hombre y ha actuado a lo largo de la historia por medio de Abrahán, Moisés, los profetas y por fin por su Hijo Jesucristo, por el cual continúa actuando para que, conociendo la verdad, se arrepienta de sus pecados y se salve. Sólo el que crea y obre en consecuencia se salvará, pero el que no crea se condenará. Estate atento que Dios te va a sorprender, porque sorprende siempre.

Estas semanas del adviento, esta Navidad son un gran momento para la sorpresa de la gracia. La estrella de Dios vuelve a brillar en nuestro firmamento, los ángeles otra vez lo anunciarán a los creyentes, el Espíritu sacudirá nuestros corazones. Nadie lo dejemos pasar de largo. Estemos bien despiertos, liberémonos de la ambición del dinero, que no se nos embote la mente, combatamos nuestros defectos, oremos, estudiemos y gustemos de la palabra, purifiquemos el alma y el cuerpo con la mortificación, obremos el bien. Entonces sobreabundaremos de alegría profunda porque un niño nos ha nacido y es señal de que estamos liberados.

Por eso en el salmo responsorial hemos pedido al Señor que “nos enseñe sus caminos”, y en la segunda lectura hemos visto que San Pablo a los cristianos, hace poco convertidos, les pide que “crezcan y progresen en el amor mutuo y para con todos” y que “sigan adelante”. Con especial intensidad y amor en este adviento tratemos día tras día de abrir el alma a Jesús: “Estoy a la puerta y llamo. Si alguno me escucha y me abre, entraré y cenaré con él y él conmigo (Ap 3,20)”. Estamos invitados a celebrar este encuentro de Dios con la humanidad. La Escritura habla de él como de una boda. No nos excusemos con que no tenemos tiempo. Que no suceda aquello: “Vino a los suyos y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11). Que la Virgen María nos guíe. Que cada paso, cada obra, cada oración, cada respiración y palpitar del corazón en este adviento nos prepare para abrir la puerta a nuestro Dios.



*Director del Blog.

Preparándonos para la venida de Cristo



P. Adolfo Franco, S.J.



Comentario del Evangelio del 1º Domingo de Adviento
Lucas 21, 25-28




Hoy empieza el Adviento. Comienza el camino del cristiano; nuestro camino. El Adviento es la preparación al Nacimiento de Cristo. Y también debe ser entendido como un tiempo de preparación a la segunda venida de Cristo. Justamente de esta segunda venida de Cristo nos habla el Evangelio de Lucas, que hoy leemos.

Y para prepararnos adecuadamente debemos, “tener ánimo y levantar la cabeza”, como dice el evangelio de hoy. Tener ánimo y levantar la cabeza es lo mismo que decir tener esperanza. Se nos exhorta por tanto a comenzar este nuevo año litúrgico con una actitud positiva. Así deberíamos fijar bien nuestra atención y examinar si nuestra actitud es positiva. Si comenzamos el año litúrgico con ánimo o desanimados, con alegría o con tristeza.

¿De verdad creemos que estamos preparándonos para la celebración del Nacimiento de Cristo? Porque si esto es así, deberíamos alegrarnos. Jesús se hizo hombre, nació entre nosotros, se ha hecho uno con nosotros: es el regalo de Dios. El regalo, que supone de parte de Dios un amor incondicional. Estamos protegidos, Dios nos salva; y viene como un niño, el Niño de todos nosotros ¿hay motivo para alegrarnos? El Adviento que nos prepara a la Navidad, tiene para nosotros este primer mensaje: una preparación adecuada para el Nacimiento de Cristo, debe desterrar de nuestro corazón las tristezas y las sombras; no tenemos derecho al pesimismo, si creemos en la verdad incomprensible del Hijo de Dios hecho Hombre por nosotros y nacido de María Virgen; Jesús, el Verbo de Dios, en todo semejante a nosotros, menos en el pecado.

¿De dónde vienen nuestras tristezas y nuestro pesimismo? ¿De la salud? ¿del fracaso en algo que nos hemos propuesto? ¿de carencias económicas? ¿de humillaciones? Hay una variedad de áreas en nuestra vida, en nuestro ser y en nuestro actuar, de donde nos surgen esos sentimientos de tristeza, de pesimismo. Y nos preguntamos ¿puede el pensamiento del Nacimiento de Cristo eliminar esas tristezas? Porque si el Adviento nos propone una lección de esperanza es porque supone que este solo hecho del Nacimiento de Cristo, puede contrarrestar todas las adversidades personales. Hay que reconocer que para la mayoría de las personas el pensar en el Nacimiento de Cristo no tiene la suficiente fuerza como para contrarrestar el efecto negativo de situaciones reales. ¿Entonces que? ¿Será esta lección de la esperanza una enseñanza irreal?

Todo depende de cuál es la perspectiva global con que pensamos nuestra vida. Todo depende de si le damos más peso a lo que vivimos en el presente, o a lo que esperamos para nuestro futuro. Depende de si la perspectiva de nuestro futuro, o sea la esperanza de la segunda venida, adquiere fuerza en nuestro ser, tanta fuerza como para que pueda contrarrestar la fuerza negativa de nuestras tristezas. De esto nos habla el Evangelio: “verán venir al Hijo del Hombre con gran poder y majestad”. La certeza de esta segunda venida debe adquirir fuerza entre las actividades rutinarias de nuestra existencia. Esta segunda venida debe iluminar nuestro quehacer diario. Y entonces todo quedará teñido de esa bella luz, incluso los momentos tristes y desesperanzados.

Nuestra vida, este tramo pequeño de vida que vivimos sobre el planeta Tierra, no lo es todo. Estamos ya lanzados hacia el porvenir, y en ese porvenir vendrá el Hijo del Hombre; o sea vendrá Jesús, que nos ama y a quien amamos. Y El curará todas las heridas y nos alegrará con su presencia. Y pensando en esto, también nuestras circunstancias actuales, por más tristes que sean, también se llenarán de esperanza. Ese es el fundamento de la esperanza cristiana, y lo que hace que podamos superar situaciones dolorosas que son reales, no hay duda; pero tan reales o más que las circunstancias presentes, son las promesas que Dios nos ha revelado, y que ahora nos recuerda el Adviento, este comienzo del Nuevo Año Litúrgico. Para poder aspirar a esa alegría hay que levantarse, y mirar por encima de las circunstancias presentes de este mundo y proyectarnos al futuro. No para salirnos del presente, sino para darle al presente su verdadero sentido.

Adviento, tiempo de esperanza, tiempo de mirar hacia el futuro y alegrarnos de ver llegar hacia nosotros a Jesús, y que cuando llegue nos hará sentir lo que es su salvación, que inundará todo nuestro ser, incluso ese pasado que alguna vez nos hizo sufrir.







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Agradecemos al P. Adolfo Franco S.J. por su colaboración.


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Virgen de la Medalla Milagrosa

Fiesta: 27 de Noviembre


El 27 de noviembre de 1830, a las 5 y media de la tarde, estando en oración, Santa Catalina Labouré ve en el sitio donde está actualmente la Virgen del globo, como dos cuadros vivientes que pasan en fundido encadenado.

En el primero, la Virgen está de pie sobre medio globo terráqueo y lleva en sus manos un pequeño globo dorado. Sus pies aplastan una serpiente.

En el segundo, salen de sus manos abiertas unos rayos de un brillo bellísimo. Al mismo tiempo Catalina oye una voz que dice :

«Estos rayos son el símbolo de las gracias que María consigue para los hombres ». Después se forma un óvalo en torno a la aparición y Catalina ve como se inscribe en semicírculo una invocación, hasta entonces desconocida, escrita en letras de oro:

«Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti».

Después, la medalla se vuelve y Catalina ve el reverso : arriba, una cruz sobre la letra inicial de María, abajo, dos corazones, uno coronado de espinas, otro atravesado por una espada. Entonces oye Catalina estas palabras : « Haz, haz acuñar una medalla según este modelo. Las personas que la lleven con confianza recibirán grandes gracias ».

La Medalla

En esta capilla escogida por Dios, la Virgen María en persona ha venido a revelar su identidad por medio de un objeto pequeño, una medalla, destinada a todos sin distinción!

La identidad de María era tema de controversias entre teólogos desde los primeros tiempos de la Iglesia. En 431, el Concilio de Efeso había proclamado el primer dogma mariano : María es madre de Dios. Desde 1830, la invocación « Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti » que se levanta hacia el cielo, mil y mil veces repetida por miles de almas cristianas en todo el mundo a petición de la Madre de Dios, va a producir su efecto.

El 8 de diciembre de 1854, Pío IX proclama el dogma de la Inmaculada Concepción : por una gracia especial que ya le venía de la muerte de su Hijo, María fue concebida sin pecado.

Cuatro años más tarde, en 1858, las apariciones de Lourdes van a confirmar a Bernadette Soubirous el privilegio de la madre de Dios.

Corazón Inmaculado, María fue la primera rescatada por los méritos de Jesucristo. Es luz para nuestra tierra. Todos estamos destinados, como ella, a la felicidad eterna.

La medalla milagrosa

Unos meses después de las apariciones, sor Catalina es destinada al hospicio de Enghien, en el distrito 12 de París, para cuidar a los ancianos. Se pone al trabajo. Pero la voz interior insiste : hay que hacer que se acuñe la medalla. De eso Catalina vuelve a hablar a su confesor, el Padre Aladel.

En febrero de 1832, hay en París una terrible epidemia de cólera, que va a hacer más de 20.000 muertos. Las Hijas de la Caridad empiezan a distribuir, en junio, las 2.000 primeras medallas acuñadas a petición del padre Aladel.

Son numerosas las curaciones, lo mismo que las protecciones y conversiones. Es un maremoto. El pueblo de París califica la medalla de «milagrosa».

En el otoño de 1834 ya hay más de 500.000 medallas, y en 1835 más de un millón en todo el mundo. En 1839, se ha propagado la medalla hasta alcanzar más de diez millones de ejemplares.

A la muerte de sor Catalina, en 1876, se cuentan más de mil millones de medallas.

La medalla luminosa

Las palabras y los símbolos grabados en el anverso de la medalla expresan un mensaje con tres aspectos estrechamente ligados entre sí.

«Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.»

La identidad de María se nos revela aquí explícitamente : la Virgen María es inmaculada desde su concepción. De este privilegio que ya le viene de los méritos de la Pasión de su Hijo Jesucristo, emana su inmenso poder de intercesión que ejerce para quienes le dirigen sus plegarias.

Por eso la Virgen María invita a todos las personas a acudir a ella en cualquier trance.

Sus pies en medio de un globo aplastan la cabeza de una serpiente.

Este globo representa a la tierra, el mundo. Entre judíos y cristianos, la serpiente personifica a Satanás y las fuerzas del mal.

La Virgen María toma parte en el combate espiritual, el combate contra el mal, cuyo campo de batalla es nuestro mundo. Nos invita a entrar nosotros también en la lógica de Dios que no es la lógica del mundo. La gracia auténtica de conversión es lo que ha de pedir el cristiano a María para transmitirla al mundo.

Sus manos están abiertas y sus dedos adornados con anillos que llevan piedras preciosas de las que salen rayos que caen esparciéndose por toda la tierra.

El resplandor de estos rayos, lo mismo que la hermosura y la luminosidad de la aparición descritas por Catalina, requieren, justifican y alientan nuestra confianza en la fidelidad de María (los anillos) para con su Criador y para con sus hijos; en la eficacia de su intervención (los rayos de gracia que caen en la tierra) y en la victoria final (la luz), ya que ella misma, primera discípula, es la primera salvada.

La medalla dolorosa

La medalla lleva en su reverso una inicial y unos símbolos que nos introducen en el secreto de María.

La letra « M » está coronada con una cruz.

La letra « M » es la inicial de María, la cruz es la Cruz de Cristo. Los dos signos enlazados muestran la relación indisoluble que existe entre Cristo y su Madre Santísima. María está asociada, a la misión de Salvación de la humanidad por su Hijo Jesús,y participa con su compasión en el mismo sacrificio redentor de Cristo.

Abajo, dos corazones, uno rodeado de una corona de espinas, el otro traspasado por una espada.

* El corazón coronado de espinas es el Corazón de Jesús. Recuerda el cruel episodio de la Pasión de Cristo, relatado en los evangelios, antes de que se le diese muerte. Significa su Pasión de amor por los hombres.

* El corazón traspasado con una espada es el Corazón de María, su Madre. Recuerda la profecía de Simeón relatada en los evangelios, el día de la Presentación de Jesús en el templo de Jerusalén por María y José. Significa el amor de Cristo que mora en María y su amor por nosotros : Para nuestra Salvación, acepta el sacrificio de su propio Hijo.

* Los dos Corazones juntos expresan que la vida de María es vida de intimidad con Jesús.

Doce estrellas grabadas alrededor.

Corresponden a los doce apóstoles y representan a la Iglesia. Ser de la Iglesia, es amar a Cristo y participar en su pasión por la Salvación del mundo. Todo bautizado está invitado a asociarse a la misión de Cristo uniendo su corazón a los Corazones de Jesús y de María.

La medalla es un llamamiento a la conciencia de cada uno, para que escoja, como Cristo y María, la vía del amor hasta la entrega total de sí mismo.


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Tomado de:
http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=499

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San Francisco Javier, S.J.




*Fiesta: 3 de diciembre



San Francisco Javier fue uno de los misioneros más notables de la historia. Nace en Navarra, en el castillo de Xavier, el 7 de abril de 1506. Muere en China el 3 de diciembre de 1552.

La Compañía de Jesús lo considera como a una de sus dos importantes columnas y coloca a San Francisco Javier siempre junto a San Ignacio de Loyola.



Niñez y juventud


Francisco de Jasso y Javier fue el hijo menor de don Juan de Jasso y de doña María de Azpilcueta, señores del Castillo de Xavier, en Navarra.

Su niñez y primera juventud las vivió en su tierra, en medio de los sinsabores de una guerra que buscaba la independencia de la patria. Sus hermanos tomaron parte activa en las luchas contra Castilla.

A la capitulación de Navarra, en 1524, sigue inmediatamente la ruina de la familia. Y después, la partida de Francisco en busca de nuevos derroteros, a París, en los estudios.

Se despide de su madre y de sus hermanos. Monta a caballo, pica espuelas y acompañado de un criado, se interna por los Pirineos, en dirección a Francia.


París


Las ciudades de Burdeos, Poitiers, Tours, Orleans, quedan atrás, hollados los caminos por los cascos del caballo.

Llega a París el día de San Miguel, justo para inscribirse, el 1 de octubre de 1525, en la Universidad. Escoge el célebre Colegio de Santa Bárbara, asilo de españoles y portugueses.

Francico Javier se apunta como porcionista, con rango de hidalgo pobre y servido por un criado de baja condición. Ser porcionista en un Colegio parisiense significa alquilar una "porción" de aposento. Se comparte con otros y se paga entre todos. Su primer compañero de cuarto es el joven Pedro Fabro, hijo de campesinos pobres de Saboya.

En la Universidad, Francisco es un estudiante notable. Agradable, sus compañeros buscan su amistad. Inteligente, le va bien en los estudios. Deportista, se distingue en atletismo.


El bienaventurado Pedro Fabro


Un buen día descubre, por fin, el porte espiritual de su compañero de habitación. Pedro, con humildad, se ha limitado a dar ejemplo de corrección, al joven navarro. Muy pronto se establece entre ellos una seria y profunda amistad, la que se prolongará durante toda la vida.


Iñigo de Loyola


La vida de San Francisco Javier cambia con la presencia de Iñigo de Loyola. Este ha llegado, desde Barcelona, solo y a pie, y con un pequeño asno que carga sus libros. Viene a la célebre Universidad de París en busca del saber, pero con otras intenciones, las espirituales.

Francisco Javier se cruza con él, a menudo, en la calle sucia entre el Colegio de Santa Bárbara y el Monteagudo, donde vive Iñigo. Lo ve caminar a prisa, siempre cojeando. Algo sabe de él, por las habladurías: caballero vascongado, otrora desgarrado y vano, combatiente herido en Pamplona, convertido y penitente en una cueva de Manresa, peregrino en Tierra Santa, estudiante en Barcelona, Alcalá y Salamanca y hasta prisionero de la Inquisición.


Iñigo, Pedro y Francisco


El 1 de octubre de 1529 Iñigo se inscribe, para los estudios de Artes, como porcionista, en el Colegio de Santa Bárbara. Debe compartir la habitación con San Francisco Javier y Pedro Fabro, ya recibidos de Maestros.

El hielo, entre los dos vascos, de bandos enemigos, comienza a fundirse. Cada vez que Francisco comparte con Iñigo sus sueños de futuro, éste le repite la frase de Jesucristo: "¿De qué le aprovecha al hombre ganar el mundo entero, si al fin pierde su alma?".

Muy pronto Pedro Fabro y Francisco Javier se unen espiritualmente a Iñigo. Ambos hacen la experiencia de los Ejercicios.


Los votos de Montmartre


Iñigo, Pedro y Francisco, con otros cuatro compañeros, Simón Rodriguez, portugués, Diego Laínez, Alfonso de Salmerón y Nicolás de Bodadilla, castellanos, el 15 de agosto de 1534, en Montmartre, hacen Votos de pobreza y de peregrinar a Tierra Santa.

Con realismo, al voto de peregrinación añaden una cláusula. Si en un año no es posible la realización del viaje a Jerusalén, prometen ponerse a disposición del Papa, en Roma. Con devoción reciben todos la Eucaristía y dejan así sellado un pacto para el resto de sus vidas.


Una caminata increíble


En 1535, Ignacio debe viajar a España por motivos de salud. En París, Pedro Fabro queda a cargo del grupo. Cuando terminen los estudios, todos deberán viajar a Venecia para, desde allí, iniciar la peregrinación a Jerusalén.

Muy pronto, en París, se agregan otros tres compañeros, el saboyano Claudio Jayo y los franceses Pascasio Broet y Juan Codure.

El 13 de noviembre de 1536, Pedro Fabro, Francisco Javier y los otro siete dejan París, rumbo a Venecia. A pie atraviesan, en pleno invierno, Francia, toda Alemania, Suiza y Austria. Caminan 1400 kilómetros y 54 días de viaje. Cruzan territorios en guerra y países no católicos.


Venecia


El 8 de enero de 1537 llegan a Venecia "fuertes y alegres de espíritu". En la ciudad ducal reciben el abrazo cariñoso de Ignacio que espera a sus "amigos en el Señor".

Ignacio da una calurosa acogida a los recién incorporados en París y a su vez les presenta a un nuevo compañero, ganado por él en Venecia, el bachiller Diego de Hoces.


Tentativas de viaje


El 25 de marzo de 1537, todos, menos Ignacio, viajan a Roma con el fin de pedir las licencias necesarias y así poder peregrinar a Jerusalén. Las obtienen. También reciben los permisos para las Ordenes sagradas a los que todavía no son sacerdotes.

De regreso, en Venecia, se preparan al acariciado viaje de Tierra Santa. Sin embargo, ese año 1537, no zarpa ninguna nave de peregrinos. Los rumores de que Venecia habría entrado en un pacto de alianza contra los turcos, impiden toda salida. Desde hacía 38 años, no sucede algo semejante.


Las sagradas Ordenes


En Venecia, San Francisco Javier, junto a Ignacio y los compañeros, recibió la ordenación sacerdotal, el 24 de junio de 1537.

Un mes después, todavía a la espera de la peregrinación, se dispersaron todos, por las ciudades cercanas. San Francisco Javier y el P. Alfonso de Salmerón estuvieron en Monsélice. El plan consistía en predicar en las plazas y ejercitar la caridad. Esa sería la mejor preparación para la celebración de las primeras Misas.

En septiembre se reúnen los compañeros en una casa de Vicenza. Es un edificio en ruinas, sin puertas ni ventanas, el monasterio abandonado de San Pietro in Vivarolo, situado en las afueras de la ciudad.

Deliberaron sobre la necesidad de ir a Roma. Deciden esperar todavía un tiempo, antes de determinarse por el voto alternativo de Montmartre.

Todos celebraron sus primeras Misas, a excepción de Ignacio. San Francisco Javier escogió la fiesta de San Jerónimo, el 30 de septiembre, en honor al santo patrono del Castillo de Xavier.


Nuevos ministerios


Como desean cumplir el sueño de peregrinar a Jerusalén, determinan seguir en ministerios apostólicos.

San Francisco Javier y Nicolás de Bobadilla viajan a Bolonia. Allí Francisco se da con toda el alma a la predicación, a las confesiones, a la enseñanza del catecismo y a la dirección espiritual. Entre los que se impresionan con San Francisco Javier se cuenta el joven sacerdote valenciano Jerónimo Domenech, quien decide incorporarse a la naciente Compañía.

Entretanto Ignacio, Pedro Fabro y Diego Laínez viajaron a Roma.


Roma


A mediados de la cuaresma de 1538, concluidos los plazos prometidos, Ignacio pide a todos los compañeros que se trasladen a la ciudada eterna. San Francisco Javier llega el 21 de abril, en la fiesta de Pascua.

Los comienzos romanos fueron sencillos. San Ignacio se dio a la tarea de dar los Ejercicios. Los Padres Diego Laínez y Pedro Fabro fueron invitados a dictar clases de teología en la Universidad de la Sapienza. Los demás se dedicaron a los ministerios. San Francisco Javier empezó con la enseñanza de la doctrina cristiana en la iglesia de San Lorenzo in Dámaso y tomó el ministerio de las confesiones en la iglesia de San Luis de los Franceses. Mantuvo estrecha amistad con el cardenal Marcelo Cervini, el futuro Papa Marcelo, y con el santo joven florentino Felipe Neri.

En noviembre de 1538, trascurrido ya el año, se ofrecen todos al papa Paulo III para el servicio de la Iglesia. El Papa los acepta gustoso y los bendice.


La deliberación


¿Qué hacer ante la dispersión que se ve venir? ¿Puede existir una comunidad en dispersión? ¿Cómo resolver este problema? Es urgente deliberar sobre el asunto.

La deliberación comienza en los primeros días de la cuaresma de 1539. Si el Papa los destina a algún sitio, ¿deben acudir como individuos o como miembros de un cuerpo estable? La decisión resulta fácil, sin controversias. La unión hecha por Dios no puede deshacerse. Al contrario, conviene confirmarla y fortificarla.

¿Deben hacer voto de obediencia a uno de ellos, elegido como superior? La respuesta inmediata les presenta mayor dificultad. Si deciden hacer voto de Obediencia, algunos temen la incorporación a una de las Ordenes religiosas ya existentes, porque ése es el parecer de más de algún miembro importante de la Curia romana. Por otra parte, la Obediencia les parece necesaria para la cohesión del grupo.

Fueron muchos los días de deliberación, oración y discernimiento. Por fin, unánimente, resuelven dar Obediencia a uno de ellos. Con esta decisión queda aprobado el proyecto de fundar la Orden religiosa Compañía de Jesús. El nuevo Instituto debe ser sometido a la aprobación del Papa. Es el 24 de junio de 1539.


Destino al Oriente


El 15 de marzo de 1540 comienza la increíble aventura y misión de San Francisco Javier hacia el Extremo Oriente. Es destinado a ella, casi por casualidad, por Ignacio de Loyola, a petición del Papa.

Juan III, el rey de Portugal, se sentía responsable del imperio descubierto y conquistado por sus naves armadas. Como a cristiano, le preocupaba el bien espiritual de sus nuevos súbditos y trataba de buscar sacerdotes para la evangelización. A través del antiguo Rector del Colegio de Santa Bárbara había tenido buenos informes de los compañeros de San Ignacio. El embajador Mascarehnas, en Roma, hizo las peticiones oficiales y el Papa accedió a enviar a dos de ellos.

En un principio, San Ignacio destinó al P. Simón Rodríguez, portugués y al P. Nicolás de Bobadilla, castellano. El día anterior al inicio del viaje, el P. Bobadilla cayó enfermo con graves fiebres.

San Ignacio debió recurrir, entonces, a San Francisco Javier. "Maestro Francisco, ésta es tu empresa". La respuesta es inmediata: "Pues, ¡sus!, heme aquí".


El viaje a Portugal


El viaje a Portugal se hace por tierra, a caballo. A causas de las indisposiciones del embajador, con lentitud.

Después de cabalgar una semana, los viajeros llegan a Loreto. En Bolonia, el embajador se detiene varios días a fin de celebrar la Semana Santa. San Francisco Javier puede así despedirse de sus buenos amigos de otros tiempos.

El 2 de abril llegan a Módena. Al día siguiente, a Parma. En esta ciudad, San Francisco tiene el consuelo de abrazar a sus compañeros Diego Laínez y al recién ingresado Jerónimo Domenech.

La comitiva debe atravesar los Alpes por un desfiladero cubierto de nieve, difícil y peligroso. Descansa en Lyon y cabalga por el sur de Francia.

Por Fuenterrabía, los viajeros entran a España. Un pequeño desvío los lleva a Guipúzcoa. Para San Francisco Javier, la permanencia en la Casa de Loyola es una peregrinación a Tierra Santa.

Después, la comitiva pasa por Burgos, Valladolid y Salamanca. A Lisboa llega a finales de junio; tres meses de pesado viaje.

Portugal.

En Lisboa, San Francisco Javier abraza a los PP. Simón Rodríguez y Micer Paulo de Camerino, quienes han viajado por mar. Con cariño y gozo es bien recibido por los reyes portugueses.

En espera del zarpe de la flota a la India, los ministerios deben efectuarse en Lisboa. Han llegado atrasados y tendrán que esperar el año siguiente, hasta la nueva navegación.

San Francisco Javier y sus compañeros se dieron a los ministerios a los que estaban acostumbrados. Dan los Ejercicios, predican y confiesan. Duermen en los hospitales de pobres.

Muy pronto Juan III, impresionado, piensa en la conveniencia de dejarlos en Portugal. Consultado San Ignacio, se opta por dejar en Lisboa al P. Simón Rodríguez y que los otros partan a la India.


África


La flota de la India zarpa el 7 de abril de 1541. Es el día del cumpleaños de San Francisco Javier. La nave capitana dispara un cañonazo, se hinchan las velas. Las cinco pesadas construcciones se deslizan majestuosas hacia el mar.

Los barcos navegaron a lo largo de la costa occidental del Africa, con sus calmas agotadoras. Doblan el terrible Cabo de las Tormentas.

San Francisco Javier no descansa, en la nave, un minuto. Enseña catecismo, predica, consuela a los enfermos y atiende a los moribundos. El mismo lava su ropa y prepara su pobre comida.

En Mozambique la flota estuvo seis meses, reparando las averías del viaje.

En Melinde y la isla de Socotora, Francisco pide quedarse para evangelizar al resto de cristianos de rito copto, tan amenazados por el Islam.


India


San Francisco Javier llega a Goa, capital de las Indias orientales, el 6 de mayo de 1542. La primera visita es para el obispo Juan de Albuquerque y a los franciscanos.

Los primeros ministerios los efectuó en la ciudad, con portugueses, mestizos y aborígenes. Con una campanilla recorre las calles y llama a todos a la iglesia.


Con los cristianos de rito malabar


Poco después, seis meses más tarde, con cristianos del rito malabar, viaja hacia el sur, enviado por el virrey y el obispo de Goa.

En Cochín y en la Costa de la Pesquería bautiza y afianza la fe de los abandonados cristianos de ese rito. Todos se dicen cristianos, pero no están bautizados. Ni siquiera saben lo que es estar bautizados. Pero insisten, quieren ser cristianos.

San Francisco Javier recorre todas las aldeas: Manapar, Trichendur, Tuticorín, Punicale y las pequeñas intermedias. Traba amistad con los niños. Con gran trabajo escribe las oraciones y la doctrina en idioma tamil. En un año bautiza a millares. Pero siempre respeta el rito malabar, y el Señor parece haberlo confirmado con más de un hecho milagroso.


De vuelta a Goa


En octubre de 1543, regresa a Goa. Con gran entusiasmo, se dedica a pensar y a organizar toda la Misión de Oriente.

A Micer Paulo, su compañero jesuita de Roma, lo deja en Goa a cargo de un Seminario para cristianos indios.

Admite a Francisco Mansilhas en la Compañía y con él decide establecer una Misión permanente en el sur.

En Goa recibe las primeras cartas de San Ignacio. Por ellas conoce la elección del General y la profesión solemne de sus compañeros. El mismo Francisco recibe, en esas cartas, el nombramiento de Superior de la India Oriental, con jurisdicción desde el Cabo de Buena Esperanza hasta China.

San Francisco Javier decide entonces pedir al obispo Juan de Albuquerque el hacer, en su presencia, los Votos solemnes de la Compañía. Envía el original a Roma y conserva una copia plegada, en un saquito, para llevarla al cuello, junto con la firma de San Ignacio.


La Misión de la Pesquería


Viaja nuevamente al Travancor. Llega con Francisco Mansilhas hasta la costa oriental de India, evangelizando y bautizando a los cristianos de Santo Tomás.

En todas las aldeas deja lugares de culto, improvisados y muy pobres, con catequistas responsables.


El gran discernimiento


En abril de 1545, en la pequeña colonia portuguesa de Santo Tomé, junto al Sepulcro, según la tradición, del Apóstol Santo Tomás, primer predicador de la India, hizo el mayor discernimiento de su vida apostólica. ¿La predicación del Evangelio debía seguir apoyada por las armas portuguesas o ser del todo independiente? ¿Navegaría a Malaca o más allá, o regresaría a Goa?

A fines de agosto, terminado su discernimiento, se embarca para Malaca.


Malasia


La navegación hasta Malaca dura un mes. Así San Francisco Javier cubre los 2.700 kilómetros hasta la capital de Malasia. De nuevo, incansable, se entrega a los mismos ministerios. El mundo malayo le parece fascinante. El santo misionero llena de alegría a la pequeña colonia portuguesa.

En Malaca recibe otro correo con cartas de Roma. San Francisco Javier llora de alegría, con gran gozo. Recorta las firmas de sus compañeros y las agrega a a su tesoro, en el saquito colgado al cuello.

Con profunda satisfacción se impone de la llegada, a Goa, de tres nuevos compañeros jesuitas. De inmediato les escribe, dando instrucciones y destinándolos a las Misiones de la Costa de la Pesquería. Y en caso de haber llegado otros, que los tres viajen a Malaca.

Las Molucas.

San Francisco Javier decide seguir, a los cuatro meses, hasta las islas de Las Molucas, en plena Indonesia. Son otros 3.500 km. hacia el oriente.

En Las Molucas permnece 18 meses. Da misiones en Amboino, Cerán, Ternate y las célebres islas del Moro.

Hace amistades con la tripulación de la flota española que había atacado a las posesiones portuguesas, y que vencida está en Amboino. De los capellanes, conquista para la Compañía, al sacerdote Cosme de Torres. Este será, muy pronto, uno de los más importantes misioneros del Japón.


De nuevo en Malaca


Decidido a establecer una Misión permanente en Las Molucas, regresa a Malaca para, desde allí, dar las instrucciones a los jesuítas que siguen llegando a la India.

En Malaca encontra a los tres jesuitas que, obedientes, lo esperan para recibir sus misiones. Son los primeros que Francico Javier abraza desde su partida de Lisboa. Por ellos supo que otros siete han viajado a la India y que todos esperan, en Goa, el destino de la obediencia.

San Francisco Javier no se cansa de preguntar una y mil veces por sus amigos de Europa y por los progresos de la Compañía. Seis semanas dedica a la instrucción de los tres misioneros y los destina a Las Molucas. Y él queda solo, nuevamente, en Malaca.


Un país increíble


En 1547, en Malaca, San Francisco Javier tiene las primeras noticias acerca del Japón, recientemente descubierto por las naves portuguesas.

Anjiro, un japonés fugitivo, le da las más increíbles noticias acerca de su patria. Son muchas las horas de conversación con este primer japonés que se entrega a la fe de Cristo, por ministerio de San Francisco Javier.

San Francisco Javier, convencido, decide volver, una vez más, a la India. Será necesario organizar toda la Misión del Extremo Oriente. Los jesuitas que esperan al Superior, son ya un buen número.


Goa


De vuelta en Goa, organiza todo. Primero la misión en la capital de la India. Después, la querida Misión de la Costa de la Pesquería. También, los destinos para Malaca y la confirmación de la Misión en Las Molucas.

Conversa con todos, como un buen padre con sus hijos. Recibe cariñoso a los que recién han llegado, con un corazón bondadoso y profundamente paternal. Para todos tiene una palabra de consuelo y de ánimo. La tarea, a la que han venido, por el Señor, se muestra muy hermosa. Admite a algunos, en Goa.

Después, prepara concienzudamente el viaje hacia el Japón, la tierra ignota para todo europeo.


En viaje al Japón


En abril de 1549, con el P. Cosme de Torres, con el estudiante jesuita Juan Fernández y Anjiro, parte San Francisco Javier hacia el Japón.

Se detiene, primero, en Cochín, la capital del sur, muy cerca de la Pesquería. Visita y consuela a los misioneros jesuitas y a los cristianos.

Después, hace lo mismo en la costa oriental de India. Ora largamente y con profunda devoción, junto al sepulcro de Santo Tomás.

Por último llega a Malaca, la capital de Malasia. Fueron sido treinta y siete días de navegación.


En el mar de China


En Malaca, con sus compañeros, prepara el gran viaje. Sale el 24 de junio de 1549, en un junco chino, de un comerciante pirata.

Es otro viaje increíble. Navegan al borde de Cochinchina y junto a la gran costa de China, de Formosa y Okinawa.

A los tres meses estuvieron en Kagoshima, la patria de Anjiro. Es el 15 de agosto de 1549.


Japón


Japón resulta, a los ojos de Francisco Javier, una cultura nueva y del todo fascinante. Desde los primeros contactos queda maravillado, de su gente, costumbres, y de la sabiduría de sus habitantes.

San Francisco Javier, ayudado por Anjiro y sus parientes, traduce al japonés todo el Catecismo que ya tenía escrito en lengua malabar y en malayo. Debe aprenderlo, de memoria. Es una tarea muy dura.

Al año, la cristiandad de Kagoshima estuvo afianzada y pudo quedar a cargo de Anjiro. Un centenar de cristianos.


Hirado y Yamaguchi


San Francisco Javier y sus dos compañeros jesuitas parten entonces a Hirado y de allí a Yamaguchi. En ambas ciudades establecen comunidades cristianas. Es increíble.

Pero San Francisco Javier quiere más. Decide ir a la capital del Japón, con el jesuita Juan Fernández, para llevar el Evangelio al emperador y, así, conquistar a todo el reino.


Kyoto


Viaja hasta Kyoto en pleno invierno, con gran consolación, por parajes, ciudades y caminos jamás pisados por un europeo.

San Francisco Javier no tuvo éxito con el emperador a quien no pudo ver, por las vicisitudes de la guerra.


La Iglesia del Japón


Vuelve a Yamaguchi, con un mayor realismo. Después viaja a Bungo, donde el damnyo parece inclinarse a la fe.

En Japón, San Francisco Javier trabajó dos años y medio. Sin duda fue su misión más dura. Pero dejó establecida la fe.

En su constante discernir muy pronto se convence de la necesidad de abrir una Misión en China. Decide, entonces, volver.

El P. Cosme de Torres y Juan Fernández, sus queridos compañeros, quedaron en el Japón. Ninguno de los dos tiene dudas de que San Francisco Javier les va a enviar nuevos refuerzos.


De regreso a India


San Francisco Javier, infatigable, decide volver a Malasia y a la India. Le urge ver y consolar a sus súbditos y, si Dios lo quiere, organizar la nueva misión de China.

De nuevo se detiene en Malaca. Allí lee las cartas de Roma que le esperan. Por ellas se impone de que ya no es el Superior de los jesuitas de Oriente. San Ignacio lo ha nombrado primer Provincial de toda el Asia. Entonces, más que nunca, decide viajar a Goa.


De nuevo en Goa


En Goa hubo de todo. Grandes consolaciones por los muchos progresos de la Misión. También, penas grandes.

Algunos jesuitas han muerto, rendidos por las fatigas. El Superior de la Pesquería el P. Antonio Criminali es ya el primer mártir de la Compañía de Jesús.

En más de alguno de los compañeros había desánimo. San Francisco Javier debe agigantarse. De nuevo, le es necesario determinar cambios en los destinos. Fue preciso hacerse todo a todos. Tiene, es cierto, una cuarentena de súbditos, pero no todos son igualmente celosos. Fue menester aconsejar, corregir, animar, organizar, multiplicarse y orar, sin cansancio.

San Francisco Javier se muestra en esos cuatro meses, con los suyos, como el mejor de todos los Provinciales de la Compañía de Jesús.


China


La Misión de China le parece estar madura. La prepara con gran cuidado. No deja punto sin resolver.

Con el virrey de la India ultima los detalles de una embajada, a nombre de Juan III rey de Portugal. Sólo los embajadores pueden ingresar a China.


Dificultades


A fines de mayo de 1552 estuvo de regreso en Malaca, dispuesto a salir inmediatamente hacia China. Las dificultades aparecieron de donde menos las esperaba.

Don Alvaro de Atayde, hijo del célebre Vasco de Gama, gobernador en Malaca, pone toda clase de tropiezos a la embajada. La prohibe, tal vez por celos. Tal vez, porque no tomará parte, así lo pensaría, en el comercio con ese fabuloso país.

Lo cierto es que San Francisco Javier debió partir sin la ayuda del embajador designado, hasta las costas de China. El ingreso al país debía hacerse a su costa y riesgo.

Sancián.

En Sancián, una pequeña isla, frente a Cantón, debe esperar su oportunidad. Son cuatro meses de permanencia, cuatro meses de tentativas. Todas se esfumaron, con un dolor profundo del santo.

Las naves comerciantes de Portugal, una tras otra, abandonan la isla. San Francisco Javier se queda solo, completamente solo. Antonio, un chino, y Cristóbal, un indio...¡los únicos testigos de su entrega y de sus anhelos!.


Muerte y glorificación


San Francisco Javier muere en Sancián al amanecer del día 3 de diciembre de 1552. El Papa Gregorio XV lo canoniza, junto a San Ignacio, el 12 de marzo de 1622. El Papa San Pío X lo declara Patrono de la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe y Patrono Universal de las Misiones.

El Papa Juan Pablo II lo distinguió como a Príncipe de los Misioneros.

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Ojalá que sepamos decir: "Aquí estoy, Señor, ¿qué debo hacer? Envíame adonde quieras; y, si conviene, aun a los indios".
Ojalá que nuestra historia se parezca a la de Javier.
Ojalá que optemos por seguir a Jesús, como Javier.
Ojalá que renunciemos a nuestros egoísmos, como Javier.
Ojalá que trabajemos incansables por los demás, según nuestra propia vocación, como Javier.
Ojalá que ninguna dificultad nos haga echarnos atrás, como no hizo echarse atrás a Javier.
Ojalá que nuestra vida merezca la pena. Como la de Javier.

† P. Ángel Palencia, S.J.



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*Tomado de:

http://www.cpalsj.org/



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