Teología fundamental. 52. La Vida Eterna


 

P. Ignacio Garro, jesuita †

Continuación


8. LA VIDA ETERNA - LA RESURRECCION DE LOS MUERTOS Y LA VIDA ETERNA 

8.1. LA RESURRECCION DE LOS MUERTOS 

8.1.1. EL HECHO DE LA RESURRECCIÓN 

El articulo del Credo: "... espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro", nos enseña que al fin del mundo los hombres resucitarán, esto es, que el alma de cada hombre volverá a juntarse con el cuerpo que tuvo en la tierra, para no separarse ya de él. Enseña también la existencia de una vida futura distinta a la presente. 

Se trata de una resurrección de la carne, porque son los cuerpos los que vuelven a la vida, ya que el alma ni ha muerto, ni puede morir. 

Es posible que se junten los átomos dispersos de los cuerpos por la virtud omnipotente de Dios. Dios, en efecto, no tendrá más dificultad en reunirlos, que la que tuvo en sacarlos de la nada 

Que los muertos resucitarán es una verdad de fe, no alcanzable con el sólo esfuerzo racional. Consta: 

  • Por el testimonio de la Escritura. Así, dice San Juan: "Todos los que están en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios, y resucitarán, los que obraron el bien para la vida eterna; y los que obraron el mal para ser condenados" (5, 28, 29). 
  • Por la enseñanza de la Iglesia en los Concilios y en los Símbolos (cfr. Dz. 1 ss, 40, 287, 464, 531,etc.). 

Dios ha dispuesto la resurrección de la carne para que el cuerpo participe del premio o castigo del alma, como participante que fue de su virtud o de sus pecados. 


8.1.2 MODO DE LA RESURRECCIÓN 

No todos los hombres resucitarán en el mismo estado, pues mientras los cuerpos de los condenados aparecerán llenos de ignominia, los de los justos, a semejanza de Cristo resucitado, tendrán las dotes de los cuerpos gloriosos. 

  • "Todos resucitaremos, mas no todos seremos mudados", esto es, glorificados (1 Cor. 15, 51). 
  • "Cristo transformará nuestro cuerpo abatido para hacerlo conforme al suyo glorioso" (Fil. 3, 21).

Las dotes de los cuerpos gloriosos son cuatro: 

a) La impasibilidad, que consiste en que el cuerpo no estará sujeto al sufrimiento ni a la muerte. 

b) La agilidad, que consiste en que podrá trasladarse en un momento a lugares muy remotos. 

c) La claridad, que consiste en que estará vestido de incomparable gloria y hermosura. 

d) Y la sutileza, que consiste en que podrá penetrar otros cuerpos, como Cristo penetró en el cenáculo después de la Resurrección. 

La consideración de este dogma debe movernos a mortificar nuestro cuerpo y apartarlo de la sensualidad, para que un día ostente las señales de los cuerpos glorificados. 


8.2 FE Y ESPERANZA EN LA VIDA ETERNA 

"La catequesis no puede seguir siendo una enumeración de opiniones, sino que debe volver a ser una certeza sobre la fe cristiana con sus propios contenidos, que sobrepasan con mucho a la opinión reinante. Por el contrario, en tantas catequesis modernas la idea de vida eterna apenas se trasluce, la cuestión de la muerte apenas se toca, y la mayoría de las veces sólo para ver cómo retardar su llegada o para hacer menos penosas sus condiciones. Perdido para muchos cristianos el sentido escatológico, la muerte ha quedado arrinconada por el silencio, por el miedo o por el intento de trivializarla. Durante siglos la Iglesia nos ha enseñado a rogar para que la muerte no nos sorprenda de improviso, que nos de tiempo para prepararnos, ahora, por el contrario, es el morir de improviso lo que es considerado como gracia. Pero el no aceptar y el no respetar a la muerte significa no aceptar ni respetar tampoco la vida. (Card. Ratzinger, Informe sobre la fe, BAC. 1985, p. 160), (cfr. Puebla, nn. 166, ss., 347, 349, 371, 378-384).

El último artículo del Credo: "Creo en la vida del mundo futuro ", nos enseña que después de la muerte hay otra vida, eternamente feliz para los que murieron en gracia de Dios, o eternamente desgraciada para los que murieron en pecado mortal. 

Dios se llama Remunerador precisamente en cuanto remunera a los buenos con la gloria eterna, y a los malos con el eterno suplicio. 

Las verdades que miran a nuestra suerte postrera, y que por eso se llaman postrimerías, son cuatro: muerte, juicio, infierno y gloria, Llámanse también novísimos, palabra que significa "los últimos sucesos". 

El Purgatorio no figura entre las postrimerías porque no es para las almas un lugar definitivo, como el cielo o el infierno. El Limbo tampoco figura entre ellas, porque es tan sólo una forma particular del infierno (hay pena de daño pero no de sentido, cfr. Dz. 493 a).


8.2.1. LA MUERTE NO ES EL FIN 

Sobre la muerte sabemos con certeza algunas cosas; otras en cambio, las ignoramos por completo. 

1°. Es cierto: a) que todos moriremos; b) que la muerte es castigo del pecado; c) que fijará nuestro destino por toda la eternidad. 

"Por un solo hombre (Adán) entró el pecado en este mundo, y por el pecado la muerte" (Rom. 5, 12). "Donde caiga el árbol, al sur o al nortea allí quedará" (Ecle. 11, 3). 

2°. Es incierto: el lugar, tiempo y modo de nuestra muerte, y la suerte que nos espera. Dios ha querido ocultarnos estas cosas para que en todo momento lo respetemos y temamos como dueño de nuestra vida, y siempre estemos preparados a comparecer ante El.  

El Señor nos dice en la Escritura que la muerte llegará como un ladrón, esto es, cogiéndonos desprevenidos. Y la experiencia prueba que con muchísima frecuencia acontece así (Lc. 12, 39 y 40). 

Dios lo quiere así para que estemos siempre en su gracia y servicio. Si supiéramos el día de nuestra muerte, dejaríamos tal vez de servir y temer a Dios durante nuestra vida, en la confianza de tener a última hora tiempo seguro para arrepentirnos. 


8.2.2. NECESIDAD DE OBRAR CON RECTITUD 

La muerte da importantes lecciones de prudencia, que hemos de saber aprovechar. 

La primera nos la da el Salvador cuando nos dice: "Estad preparados, porque no sabéis el día ni la hora" (Mt. 25, 13). 

La segunda es desprendernos de lo terreno, pues sólo lo eterno perdura. 

La tercera nos la da San Pablo cuando dice: "Mientras tengamos tiempo, obremos el bien" (Gal. 6, 10). En efecto el tiempo de expiar nuestros pecados y de obtener méritos para el cielo termina con la muerte. 

Nos enseña también la Sagrada Escritura que "La muerte del justo es preciosa a los ojos del Señor" (Ps. 115, 15); pero que "la muerte de los pecadores es pésima" (Ps. 33, 22). En consecuencia que conforme es nuestra vida, será nuestra muerte. 

Son terribles las palabras con que Dios amenaza a los impios en el libro de los Proverbios: "os estuve llamando y no me respondisteis; menospreciasteis todos mis consejos y ningún caso hicisteis de mis reprensiones; yo también miraré con risa vuestra perdición, y me mofaré de vosotros cuando os sobrevenga lo que temíais, cuando la muerte se os arroje encima como un torbellino" (1, 24 ss.). 


8.2.3. EL JUICIO PARTICULAR 

El juicio particular, que se realiza inmediatamente después de la muerte de cada hombre, consiste en que Jesucristo, en cuanto Dios y en cuanto hombre, juzga a aquella alma sobre el grado de caridad: si murió o no en el Amor de Dios, y en qué grado. En seguida dictará sentencia de salvación o condenación eterna. 

La justicia del supremo juez será: a) estricta: "Descubrirá lo más secreto de los corazones" (I Cor. 4, 5); b) inapelable, pues es tan sólo poner de manifiesto aquello que el hombre libremente determinó cuando podía hacerlo. 

Dios juzgará nuestros pensamientos, deseos, palabras, obras y omisiones. "Daremos cuenta hasta de una palabra ociosa- (Mt. 12, 36) dice la Escritura., 

La norma según la cual nos juzgará el Señor no son los falsos principios del mundo, ni el dictamen de nuestras pasiones; sino las máximas de su Evangelio y las enseñanzas de su Iglesia. En definitiva, del grado de gracia -unión con Dios- que el alma posee en su último instante. 




Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, S.J. quien nos brindó toda su colaboración. Seguiremos publicando los materiales que nos compartió para dicho fin.

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Doctrina Social de la Iglesia - 7. La Persona humana IV


P. Ignacio Garro, jesuita †

2. LA PERSONA HUMANA

CONTINUACIÓN 

2.14. DERECHO A LA LIBERTAD RELIGIOSA

El derecho a la libertad religiosa ha sido y es uno de los temas centrales de la DSI, y uno de los derechos evocados por casi todas las regulaciones y declaraciones que en el mundo se han realizado. No es un derecho que por su contenido la Iglesia trata de privilegiar respecto a otros derechos. Lo defiende más bien como el "test" que mejor detecta la medida con que cada sociedad respeta al hombre en su dignidad más profunda, es decir, en el aspecto más importante : sus creencias religiosas.

El contenido del derecho a la libertad religiosa nos lo da el Concilio Vaticano II en la Declaración sobre la "Libertad religiosa", Nº 2: 

"(la libertad religiosa) consiste en que todos los hombres deben estar inmunes de coacción, tanto por parte de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y ello de tal manera, que en materia religiosa ni se obligue a nadie ni se le impida que actúe conforme a ella, en privado o en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos".

A diferencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, art, Nº 18, pudiera parecer que se limita a dar una definición negativa de este derecho. Sin embargo, en el resto de la Declaración se hace una evocación de la libertad religiosa que es desarrollada en sus sentido positivo, el cual consiste en buscar y encontrar a Dios, en servir a Dios y a la vida social.


2.15. FUNDAMENTOS DEL DERECHO A LA LIBERTAD RELIGIOSA 

Referente a la libertad del hombre: Declaración sobre la Libertad Religiosa, Nº 1:

"Por razón de su dignidad, todos los hombres por ser personas..., son impulsados por su propia naturaleza a buscar la verdad, y además tienen la obligación moral de buscarla, sobre todo en lo que se refiere a la religión".

Jesucristo a confiado a la Iglesia la misión de proclamar el Evangelio, lo que implica dar a conocer la verdad sobre el hombre y en especial su vocación a buscar y a hallar libremente a Dios. Este derecho fundamental de la Iglesia se ha convertido en un derecho histórico enraizado en el tejido cultural de los pueblos.

La exigencia de la libertad religiosa supone el respeto a la libertad de todos aquéllos a quienes se dirige la evangelización. No se trata de un privilegio, sino que forma parte de la libertad que es el patrimonio del hombre y que constituye el fundamento de su dignidad. La libertad religiosa no es más que la libertad genérica del hombre matizada por el contenido de la fe y por la acción de la Iglesia.

Todos se benefician del reconocimiento de la libertad religiosa: los que admiten y aceptan en sus vidas el hecho religioso y los que lo rechazan y prescinden de él, como son los ateos y agnósticos. El respeto a la libertad religiosa hace posible el clima propicio para el diálogo leal y deferente sobre las diferentes posturas, que las dignifica y las ennoblece, y permite al hombre afrontar el reto de las trascendencia en actitud de búsqueda y de seriedad responsable. Lo contrario sería la implantación de un régimen donde prevalecería la voluntad de unos sobre otros.


2.16. CONDICIONES CONCRETAS DE LA LIBERTAD RELIGIOSA

La primera condición para ejercer este derecho es disponer de un espacio libre para que las personas y comunidades puedan expresar su fe y realizar su misión en las siguientes áreas:

  • En la vida interna de las comunidades creyentes por medio de:
  • La libertad de rito y de culto
  • La libertad de  formación de sus miembros, catequesis, etc.
  • En la comunicación de su propia experiencia, dirigida a exponer su fe, su concepción del hombre y de la moral individual y social, teniendo acceso a los medios culturales comunes como son los medios de comunicación social.
  • En el derecho de las comunidades religiosas a desarrollar sus propias instituciones en los campos asistencial, educativo, cultural, etc.

La libertad religiosa se debe dar de una manera especial en el ámbito de la familia y de la educación de los hijos. Uno de los aspectos más difíciles de libertad religiosa es el derecho a determinar la forma de educación religiosa que se ha de dar a los hijos.

Si se reconoce que los responsables últimos de la educación de los hijos son los padres y que éstos tienen el derecho de elegir libremente aquel sistema de educación más de acuerdo con sus convicciones religiosas, el Estado no puede impedir el ejercicio de este derecho fundamental, imponiendo un sistema único de enseñanza ni gravando el disfrute de este derecho.

La formación religiosa es una determinación concreta del derecho de los padres a elegir el sistema de educación de sus hijos. Nadie puede imponerles una educación, que directa o indirectamente se oponga a sus convicciones religiosas. El Estado debe de asumir una misión de ayuda subsidiaria y no poner dificultades en la educación de los hijos.


2.17. LA LIBERTAD RELIGIOSA ES UN BIEN PARA LA SOCIEDAD

La sociedad debe de reconocer y asumir el valor positivo que representan las distintas confesiones religiosas para la convivencia de la comunidad humana. Mientras no exista este reconocimiento a la aportación que hace la religión a la sociedad dentro de un legítimo pluralismo, no se puede decir de una sociedad que ha alcanzado la madurez de la integración cultural y social.

Algunas veces se ha objetado que la defensa del derecho a la libertad religiosa esconde una voluntad para conseguir cotas de poder o de influencia en la sociedad. No negamos que pueda darse esta intención, pero no justifica que se haga una interpretación tan restrictiva de este derecho y desde una perspectiva de un ejercicio parcial e incluso incorrecto. La libertad religiosa tiene su propia fundamentación y se enraíza en el derecho del hombre a expresar sus propias convicciones religiosas. Mantener, por tanto, la sospecha de que con la religión se busca el poder político es consecuencia de la mentalidad superada ya, del liberalismo del S. XIX, que defiende una interpretación individualista del derecho a la libertad religiosa y niega el valor de las aportaciones que puedan provenir de las organizaciones y de  las asociaciones humanas.

En este sentido, hay que decir que la Iglesia Católica, cuando anima e impulsa a crear organismos que se interesen por las realidades terrenas, no tiene otra intención que la de aportar los valores que dimanan de su fe y que sabe que pueden ayudar a construir una sociedad basada en la verdad, la justicia, la fraternidad y la solidaridad.

En definitiva la libertad religiosa contribuye a la paz social, al ser una de las facetas más íntimas del espíritu sostiene y es la razón de ser de las restantes libertades. El Papa atribuye a la libertad religiosa tres funciones que guardan estrecha relación con la paz:

  • La libertad religiosa contribuye de modo determinante a la formación de los ciudadanos auténticamente libres, pues favorece en cada hombre una mayor conciencia de la propia dignidad y una aceptación más motivada de sus responsabilidades.
  • La libertad religiosa es un factor importante para reforzar la cohesión moral de un pueblo, la sociedad civil puede contar con los creyentes que, por sus profundas convicciones, no sólo se dejarán dominar fácilmente por ideologías o corrientes totalizadoras, sino que se esforzarán por actuar de acuerdo con sus aspiraciones hacia todo lo verdadero y justo, condición ineludible para la consecución de la auténtica paz.
  • La fe religiosa no sólo hace sentir a los hombres mejor dispuestos a la dedicación al bien común, sino que da motivos superiores para construir una sociedad más justa y más humana.






Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


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Textos claves del Nuevo Testamento - 23. "¡Señor mío y Dios mío!"


P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita

El nombre Jesucristo señala al Jesús histórico como resucitado, exaltado y viviente y enviado también para nosotros hoy. Designa al Jesús de hace 2.000 años pero incorruptible, inmortal, transfigurado y glorificado para siempre. Aquel era en su vida temporal un maestro que enseñaba con autoridad: “Se admiraban de su enseñanza porque les enseñaba con autoridad, y no como los maestros de la ley” (Mc 1,22); “El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, es como aquel hombre sensato, que edificó su casa sobre piedra y roca” (Mt 7,24).

Jesús vivió su muerte como un servicio en favor de los hombres y de forma paciente en actitud de fidelidad al Padre: “Es preciso que sufra mucho y sea rechazado por esta generación” (Lc 17,25). Jesús no quiso ni buscó el tornar la iniciativa de presentarse como “mesías” con el fin de evitar, sin duda, falsas interpretaciones. Pero sus discípulos, ya resucitado Jesús, comienzan a captar su misterio y el sentido de su vida y de su muerte: “— (...) Y no seas incrédulo, sino creyente. Tomás contestó con fe: — ¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20,27-28); “— ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,32). San Pablo dirá: “Porque si proclamas con tu boca que Jesús es el Señor y crees con tu corazón que Dios le ha resucitado de entre los muertos, te salvarás” (Rm 10,9).

El ruego suplicante “marana tha” en lengua aramea, “¡Señor nuestro, ven!” (Ap 22,20), se puede interpretar como una presencia continua del Jesús viviente en la historia de la salvación de los hombres. “Dios ha constituido Señor y Mesías (Cristo) a este Jesús a quien vosotros crucificasteis” (Hch 2,36). Los evangelios nos muestran su misterio insondable, a través de escenas y pasajes de la vida terrena de Jesús, es decir, el venir a ser Señor a los ojos incrédulos de sus apóstoles.



Agradecemos al P. Fernando Martínez SJ por su colaboración.

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Domingo XXIII Tiempo Ordinario. Ciclo B – "Effetá"



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P. Adolfo Franco, jesuita

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7, 31-37)

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.»

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Palabra del Señor


Cuidar la lengua, abrir el oído; que el Señor nos los cure

Este párrafo del Evangelio de San Marcos narra la curación milagrosa de un sordomudo. La Iglesia, desde tiempos antiguos le ha encontrado a este milagro un sentido especial. Por eso este gesto milagroso de la curación del sordomudo lo utilizó la Iglesia como uno de los símbolos que acompañaban la realización del bautismo. Al que iba a ser bautizado se le decía tocándole los oídos: ¡ábrete! Evidentemente se quiere llamar la atención sobre el recto uso de los oídos y de la lengua en el cristiano; se pide a Dios que abra los sentidos y principalmente los sentidos interiores del espíritu, para que nos encaminen a la vida sobrenatural.

¡Qué penoso es no oír, o no poder hablar! Los que padecen de cualquiera de estas limitaciones, pierden, o sienten muy disminuida la comunicación con el mundo exterior; pueden llegar a quedar recluidos en un mundo solitario; a veces están a nuestro lado y parecerían no estar. Y no son ésas las únicas limitaciones que derivan de esa carencia de nuestros sentidos, ni las más importantes; hay también otros problemas peores; son los que teniendo oídos y lengua abiertos, no los usan rectamente; y de eso, por encima de todo, debemos ser curados.

A veces tenemos el oído sensible para escuchar los alborotos de nuestro alrededor, las músicas, los gritos, las bocinas, los anuncios, pero no escuchamos voces más hondas para las cuales no ponemos atención y no escuchamos la voz del Señor, que habla en la oración y en el silencio; y es que el exceso de ruido exterior, el no sabernos aislar alguna vez, puede producir una lamentable atrofia de nuestra capacidad interior de oír.

Tenemos que agudizar nuestra audición  para escuchar lo importante de las personas: un buen consejo sería tan importante, en muchas circunstancias, y a veces no lo sabemos oír. Hay gentes que nos rodean y claman nuestra ayuda, y su clamor no llega a nuestros oídos porque estamos oyéndonos sólo a nosotros mismos. Hay quienes son sordos a los demás, o se hacen los sordos. 

Otras veces, por el contrario, hay que saber no escuchar. Un oído excesivamente fino para lo que se dice (o imagino que se dice) acerca de mí, me hace ser infeliz; incluso por palabras que no han sido dichas, pero que mi pesimismo inveterado me hace escuchar: y estas voces llegan a nuestro interior para provocar un oleaje de susceptibilidades.

Y lo mismo que debemos curar nuestro oído, también necesitamos curar nuestra lengua. Y a este propósito valdría la pena reflexionar en lo que nos dice, especialmente el Apóstol Santiago en su carta (3, 1-12): "Si alguno no peca hablando, es un hombre perfecto". El hablar sobre el prójimo con una lengua de veneno que fulmina la honra de los demás qué frecuente es. Hay personas que saben producir palabras mortales, palabras más duras que las piedras. Qué imaginativos somos a veces, para la murmuración, la crítica y el chisme. La fama se quita muy fácilmente, y se restituye con dificultad. Hay tertulias que tienen como tema central la honra del prójimo; realmente la murmuración no es deporte que debieran practicar los cristianos.

La palabra a veces es usada como arma mortífera, o cargada de veneno, o cargada de agresión, y resulta mortal como espada de doble filo. Qué potencia tiene la mente para encontrar las palabras más duras, o más ofensivas o más humillantes: y esto también entre personas que se quieren.

Y también hay que curar la lengua que es muda, cuando debería hablar. Hay una variedad de situaciones, en las que no se puede callar. A veces mi silencio me puede hacer cómplice de una injusticia. O no corrijo, cuando tengo autoridad, y debo hacerlo. O prefiero no complicarme la vida, y no doy un consejo oportuno. Callar por cobardía, o por no complicarme la vida, son pecados de una lengua muda, que tendría que hablar.

Definitivamente nuestros oídos y nuestra lengua pueden padecer diversas enfermedades de las que el Señor debe curarnos.



Escuchar AUDIO o descargar en MP3

Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.





Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de SEPTIEMBRE 2021: Un estilo de vida ecosostenible

 


 



RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA
APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES DEL PAPA PARA EL MES DE SEPTIEMBRE




OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo me haga su amigo y apóstol, 
disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos, todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Recemos para que todos tomemos decisiones valientes a favor de un estilo de vida sobrio y ecosostenible, alegrándonos por los jóvenes que están comprometidos con él.»

AMÉN




ORACIÓN

Alabado seas Padre Bueno que nos diste la Casa Común

y en ella a todas las cosas que hablan de tu amor por nosotros.

Envía el fuego de tu Espíritu que encienda nuestros corazones

para elegir siempre vivir al estilo de tu Hijo Jesús,

pobres, solidarios y sobrios en el uso de las cosas,

compartiendo los que somos y tenemos.

Danos un corazón generoso para cuidar

el legado de nuestra Casa Común para los jóvenes,

dejándonos animar por sus compromisos con ella.

Amén.


Padre Nuestro…

Ave María...

Gloria...

Amén





LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE


ENLACES AQUÍ

DESCARGUE EN PDF LAS ORACIONES
Revista virtual RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA, SEPTIEMBRE 2021, Nº59.
AQUÍ.





INTENCIÓN DEL MES

El Papa: Elijamos cambiar hacia estilos de vida más respetuosos del ambiente

En el Video del Papa de septiembre, Francisco aborda una vez más la crisis ambiental que atraviesa la humanidad, instando a cambiar hacia una vida sobria y ecosostenible y a seguir el ejemplo valiente de los jóvenes. “En todo lo que tiene que ver con el cuidado del planeta, afirma el Papa, los jóvenes están a la vanguardia. Aprovechemos su ejemplo".

Vatican News

“Recemos para que todos tomemos las decisiones valientes, las decisiones necesarias para una vida más sobria y ecosostenible, inspirándonos por los jóvenes ya que están comprometidos con este cambio”. 

Es la intención de oración que el Papa Francisco confía a toda la Iglesia Católica para septiembre a través de la Red Mundial de Oración del Papa, y que explica a través de El Video del Papa. En el mes del Tiempo de la Creación, el Pontífice aborda una vez más la crisis ambiental que atraviesa la humanidad.

El ejemplo de los jóvenes
En el Video, Francisco evidencia el valor de los jóvenes capaces de emprender “proyectos de mejora ambiental y mejora social, puesto que ambos van juntos” e insta a seguir su ejemplo:
“Los adultos podemos aprender mucho de los jóvenes pues, en todo lo que tiene que ver con el cuidado del planeta, los jóvenes están a la vanguardia. Aprovechemos su ejemplo, reflexionemos, especialmente en estos momentos de crisis, de crisis sanitaria, de crisis social, de crisis ambiental, reflexionemos sobre nuestro estilo de vida”

Elegir el cambio
Como anticipado por Francisco en la Laudato si’ “no nos servirá describir los síntomas, si no reconocemos la raíz humana de la crisis ecológica”. Por ello, en el video, el Pontífice llama a cuestionarnos acerca del modo en que vivimos y usamos los bienes materiales del planeta, sobre cómo nos alimentamos, consumimos o nos desplazamos o “el uso que hacemos del agua, de la energía y de los plásticos, y de tantos bienes materiales que son a menudo perjudiciales para la Tierra”. De ahí su invitación:
“¡Elijamos cambiar! Avancemos con los jóvenes hacia estilos de vida más sencillos y respetuosos del medio ambiente. Y recemos para que todos tomemos las decisiones valientes, las decisiones necesarias para una vida más sobria y ecosostenible, inspirándonos por los jóvenes que ya que están comprometidos con este cambio”
Los jóvenes, concluye el Pontífice, “no son tontos, porque están comprometidos con el futuro de ellos. Por eso quieren cambiar lo que ellos van a heredar en un tiempo en que ya nosotros no estaremos”.

El Tiempo de la Creación
La intención de oración indicada por el Papa se enmarca en la celebración anual mundial y ecuménica del Tiempo de la Creación. En 2021 se desarrollará desde el 1 de septiembre, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, hasta el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, patrono de la ecología, y en ella las comunidades participarán en proyectos de sensibilización y cuidado del medio ambiente.

La raíz humana de la crisis ecológica
La necesidad de acciones urgentes para combatir la crisis ambiental y social no es una novedad; cada vez son más las alertas mundiales para intentar concientizar a la humanidad de que algo tiene que cambiar, explica el texto que acompaña el video del Papa. El pasado junio, la ONU advirtió que “la Tierra está alcanzando rápidamente ‘extremos irreversibles’ y que nos enfrentamos a una triple amenaza: la pérdida de la biodiversidad, la alteración climática y el aumento de la contaminación”. Factores que impactan en la vida de todos.

Urge un estilo de vida sobrio y solidario
“Una vez más las palabras de Francisco no pueden dejarnos indiferentes. Frente a la crisis ecológica hay urgencia a cambiar nuestro estilo de vida para que sea sobrio y solidario. ¿Somos conscientes de esta urgencia?", comenta por su parte el P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa. "Cuando el Papa nos habla de ecología integral nos indica que todo está interconectado en nuestras vidas. Para proteger nuestra casa común las palabras ya no bastan. En Laudato Si’ Francisco nos propone un camino, un retorno a la simplicidad, a la fraternidad con la Creación y los más necesitados”, concluye el padre Fornos.

El Video del Papa
El Video del Papa es una iniciativa oficial de alcance global que tiene como objetivo difundir las intenciones de oración mensuales del Santo Padre. Es desarrollada por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración). Desde el año 2016 El Video del Papa lleva más de 152 millones de visualizaciones en todas sus redes sociales, es traducido a más de 23 lenguas y tiene una cobertura de prensa en 114 países.



Tomado de:
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2021-09/video-del-papa-septiembre-estilo-vida-ecosostenible-ambiente.html


ACTITUDES

Vivir con estilo sobrio y sencillo
“Una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de semejante consumo” (Papa Francisco). Este mes discerniré mis hábitos de consumo para decidir con sobriedad mis gastos.

Cuidar la Casa Común
El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos (Papa Francisco). Este mes haré propósito de consumir menos y compartir más con mis hermanos y hermanas.

Admirar y agradecer por la Creación
“Estamos llamados a incluir en nuestro obrar una dimensión receptiva y gratuita. Se trata de otra manera de obrar que forma parte de nuestra esencia. De ese modo, la acción humana es preservada del activismo vacío” (Papa Francisco). Tomaré tiempos de descanso gratuito para hacerme consciente de lo que vivo y agradecerlo. Dedicaré tiempo a estar gratuitamente con mis hermanos y hermanas.

Trabajar con otros
“La persona humana más crece, más madura y más se santifica a medida que entra en relación, cuando sale de sí misma para vivir en comunión con Dios, con los demás y con todas las criaturas” (Papa Francisco). Este mes compartiré mis tareas, en la comunidad, en la familia en el trabajo, ayudando y recibiendo ayuda.

Apoyar y ayudar decisiones valientes de los jóvenes
“Hay más sensibilidad ecológica en las poblaciones, aunque no alcanza para modificar los hábitos dañinos de consumo, que no parecen ceder, sino que se amplían y desarrollan” (Papa Francisco). Me interiorizaré de iniciativas comunitarias por el cuidado de la Casa Común para apoyarlas con la oración y el servicio, en la medida de mis posibilidades.

Fuente: ClickToPray




REFLEXIÓN SOBRE LA INTENCIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE SEPTIEMBRE

Acceda AQUÍ




RECURSOS EN LA RED

A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray [App Store] [Google Play]

C. Para comunicarnos:
apostolado.oración.peru@gmail.com




Catequesis del Papa sobre la Carta a los Gálatas: 7, «Insensatos gálatas»


 PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles, 1 de septiembre de 2021

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Hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Seguimos la explicación de la Carta de San Pablo a los gálatas. Esto no es algo nuevo, esta explicación, una cosa mía: esto que estamos estudiando es lo que dice san Pablo, en un conflicto muy serio, a los gálatas. Y es también Palabra de Dios, porque ha entrado en la Biblia. No son cosas que alguien se inventa, no. Es algo que sucedió en esa época y que puede repetirse. Y de hecho hemos visto que en la historia se ha repetido, esto. Esta simplemente es una catequesis sobre la Palabra de Dios expresada en la carta de Pablo a los gálatas, no es otra cosa. Es necesario tener siempre presente esto. En las catequesis precedentes hemos visto cómo el apóstol Pablo muestra a los primeros cristianos de la Galacia el peligro de dejar el camino que han iniciado a recorrer acogiendo el Evangelio. De hecho, el riesgo es el de caer en el formalismo, que es una de las tentaciones que nos lleva a la hipocresía, de la cual hemos hablado la otra vez. Caer en el formalismo y renegar la nueva dignidad que han recibido: la dignidad de redimidos por Cristo. El pasaje que acabamos de escuchar da inicio a la segunda parte de la Carta. Hasta aquí, Pablo ha hablado de su vida y de su vocación: de cómo la gracia de Dios ha transformado su existencia, poniéndola completamente al servicio de la evangelización. A este punto, interpela directamente a los gálatas: les pone delante de las decisiones que han tomado y de su condición actual, que podría anular la experiencia de gracia vivida.

Y los términos con los que el apóstol se dirige a los gálatas no son de cortesía: lo hemos escuchado. En las otras Cartas es fácil encontrar la expresión “hermanos” o “queridísimos”, aquí no. Porque está enfadado. Dice de forma genérica “gálatas” y en dos ocasiones les llama “insensatos”, que no es un término de cortesía. Insensatos, ingenuos y muchas cosas puede decir… No lo hace porque no sean inteligentes, sino porque, casi sin darse cuenta, corren el riesgo de perder la fe en Cristo que han acogido con tanto entusiasmo. Son insensatos porque no se dan cuenta que el peligro es el de perder el tesoro valioso, la belleza de la novedad de Cristo. La maravilla y la tristeza del Apóstol son evidentes. No sin amargura, él provoca a esos cristianos para recordar el primer anuncio realizado por él, con el cual les ha ofrecido la posibilidad de adquirir una libertad hasta ese momento inesperada.

El apóstol dirige a los gálatas preguntas, en el intento de sacudir sus conciencias: por eso es tan fuerte. Se trata de interrogantes retóricos, porque los gálatas saben muy bien que su venida a la fe en Cristo es fruto de la gracia recibida con la predicación del Evangelio. Les lleva al inicio de la vocación cristiana. La palabra que habían escuchado de Pablo se concentraba sobre el amor de Dios, manifestándose plenamente en la muerte y resurrección de Jesús. Pablo no podía encontrar expresiones más convincentes que la que probablemente les había repetido varias veces en su predicación: «No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,20). Pablo no quería saber otra cosa que Cristo crucificado (cf. 1 Cor 2,2). Los gálatas deben mirar a este evento, sin dejarse distraer por otros anuncios. En resumen, el intento de Pablo es poner en un aprieto a los cristianos para que se den cuenta de lo que hay en juego y no se dejen encantar por la voz de las sirenas que quieren llevarlos a una religiosidad basada únicamente en la observancia escrupulosa de preceptos. Porque ellos, estos nuevos predicadores que llegaron allí a Galacia, les convencieron de que tenían que ir hacia atrás y tomar también los preceptos que se observaban y que llevaban a la perfección antes de la venida de Cristo, que es la gratuidad de la salvación.

Los gálatas, por otro lado, comprendían muy bien a lo que el apóstol hacía referencia. Ciertamente, habían hecho experiencia de la acción del Espíritu Santo en la comunidad: como en las otras Iglesias, así también entre ellos se habían manifestado la caridad y otros varios carismas. Puestos en aprietos, necesariamente tienen que responder que lo que han vivido era fruto de la novedad del Espíritu. Por tanto, al comienzo de su llegada a la fe, estaba la iniciativa de Dios, no de los hombres. El Espíritu Santo había sido el protagonista de su experiencia; ponerlo ahora en segundo plano para dar la primacía a las propias obras —es decir al cumplimiento de los preceptos de la Ley— sería de insensatos. La santidad viene del Espíritu Santo y que es la gratuidad de la redención de Jesús: esto nos justifica.

De este modo, san Pablo nos invita también a nosotros a reflexionar ¿cómo vivimos la fe? ¿Permanece el amor de Cristo crucificado y resucitado en el centro de nuestra vida cotidiana como fuente de salvación, o nos conformamos con alguna formalidad religiosa para tener la conciencia tranquila? ¿Cómo vivimos la fe, nosotros? ¿Estamos apegados al tesoro valioso, a la belleza de la novedad de Cristo, o preferimos algo que en el momento nos atrae pero después nos deja un vacío dentro? Lo efímero llama a menudo a la puerta de nuestras jornadas, pero es una triste ilusión, que nos hace caer en la superficialidad e impide discernir sobre qué vale la pena vivir realmente. Hermanos y hermanas, por tanto, mantengamos firme la certeza de que, también cuando tengamos la tentación de alejarnos, Dios sigue otorgando sus dones. Siempre en la historia, también hoy, suceden cosas que se parecen a lo que le sucedió a los gálatas. También hoy algunos vienen a insistirnos una y otra vez: “No, la santidad está en estos preceptos, en estas cosas, tenéis que hacer esto y esto”, y nos proponen una religiosidad rígida, la rigidez que nos quita esa libertad en el Espíritu que nos da la redención de Cristo. Estad atentos delante de la rigidez que os proponen: estad atentos. Porque detrás de toda rigidez hay algo feo, no está el Espíritu Santo. Y por esto, esta Carta nos ayudará a no escuchar estas propuestas un poco fundamentalistas que nos llevan hacia atrás en nuestra vida espiritual, y nos ayudará a ir adelante en la vocación pascual de Jesús. Es lo que el apóstol reitera a los gálatas recordando que el Padre es «el que os otorga, pues, el Espíritu y obra milagros entre vosotros» (3,5). Habla al presente, no dice “el Padre ha otorgado el Espíritu con abundancia”, capítulo 3, versículo 5, no: dice “otorga”; no dice “ha obrado”, no: “obra”. Porque, no obstante todas las dificultades que nosotros podemos poner a sus acciones, también no obstante nuestros pecados, Dios no nos abandona sino que permanece con nosotros con su amor misericordioso. Dios siempre está cerca de nosotros con su bondad. Es como el padre que todos los días subía a la terraza para ver si volvía el hijo: el amor del Padre no se cansa de nosotros. Pidamos la sabiduría de darnos cuenta siempre de esta realidad y de echar a los fundamentalistas que nos proponen una vida de ascesis artificial, lejos de la resurrección de Cristo. La ascesis es necesaria, pero la ascesis sabia, no artificial.




Tomado de:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20210901_udienza-generale.html

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Doctrina Social de la Iglesia - 6. La Persona humana III



P. Ignacio Garro, jesuita †

2. LA PERSONA HUMANA

CONTINUACIÓN 


2.11. LA IGLESIA Y LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DEL HOMBRE

La Iglesia Católica ha colaborado con los organismos internacionales en iniciativas que tienen como fin la defensa de los derechos humanos. De hecho la encíclica "Pacem in terris", de Juan XXIII,  ha tenido una gran influencia y proyección internacional. También les importante la presencia y mensaje de J. Pablo II en el Foro de la Asamblea General de la ONU en 1979 cuando dijo:

"Es de notar que la Santa Sede coherente con su propia identidad y a distintos niveles ha procurado ser siempre colaboradora fiel de las Naciones Unidas en todas las iniciativas que contribuyen a esta labor noble y difícil a un tiempo. La santa Sede ha estimado, alabado y apoyado los esfuerzos de las Naciones Unidas encaminados a garantizar cada vez más eficazmente la protección plena y justa de los derechos y libertades fundamentales de la persona humana".

La Santa Sede cuenta en la actualidad, desde que  Pablo VI la fundara en 1967, la Comisión Pontificia de Justicia y Paz. Institución que, a través de estudios, mensajes y una labor de animación dentro de la Iglesia, trata de la defensa de los derechos humanos, especialmente con los relacionados con la Justicia y la Paz.

La defensa de los derechos humanos tiene un amplio campo de aplicación. Para cubrir el mayor espacio posible, la Iglesia Católica cuenta con una gran número de organizaciones, que asumen tareas específicas dentro del objetivo común de la promoción de los derechos fundamentales del hombre; unas se especializan en la información de situaciones de injusticia, otras se aplican a promover y financiar planes de mejora de vida, de promoción cultural, de asesoramiento de técnicas, etc, y las hay con una actividad asistencial para paliar casos de extrema necesidad como: Caritas Internacional, Cor Unum, Pax Christi, Manos Unidas, Misereor, Pro Mundi Vita, etc.

De todos los derechos humanos que hemos descrito anteriormente, en este capitulo veremos aquellos derechos que nos parecen los principales como son : el derecho a la vida como fundamento de todos los demás derechos, el derecho a la libertad religiosa, como expresión concreta del respeto que cada sociedad humana debe al ser humano, el derecho a la participación social y el derecho a salir de condiciones humanas de miseria a situaciones  más humanas. 


2.12. EL DERECHO A LA VIDA

La Iglesia Católica está en favor al derecho a la vida, así el Concilio Vaticano II en G et S, nº 27 dice: "Cuanto atenta contra la vida - homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado -, todo cuanto viola la integridad de la persona humana, como por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad de la persona humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen el operario al rango de mero instrumento de lujo, sin respeto a la libertad y responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias  al honor debido al Creador".

En nuestro mundo contemporáneo la proclamación de los derechos fundamentales del hombre constituye el núcleo central del ordenamiento legal de los Estados y establece el fundamento más sólido para la convivencia humana en justicia y solidaridad. Y en particular, el reconocimiento y el respeto de los derechos humanos, vividos en la práctica de la vida social, son la base insustituible de una sociedad libre y democrática.

Los derechos fundamentales del hombre proceden, como ya hemos dicho, de la dignidad inherente de la persona humana, como dice el preámbulo del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos de la ONU (1996). Estos derechos se consideran iguales para todos los seres humanos: "todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona". (Artclo, nº 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).

El principio de igualdad se fundamenta en la naturaleza misma: tratándose de derechos inherentes a la dignidad de la persona humana, su titular es el hombre, independientemente de cualquier condición individual o social en la que se encuentre. Allí donde hay un hombre, se encuentra la dignidad de la persona humana - que los creyentes reconocemos como creada a imagen y semejanza de  Dios - y, en consecuencia, allí hay un sujeto de los derechos inherentes de esa dignidad.

Son muy numerosos los documentos y pronunciamientos que ha dedicado la Iglesia a defender la vida como uno de los principales derechos de la persona humana; el más reciente es la Instrucción sobre "El respeto de la vida humana naciente y dignidad de la procreación", emitido por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Si la mayor parte de los hombres creen que la vida tiene un carácter sagrado, y que nadie puede disponer de ella a capricho, los creyentes ven a la vez en ella un don del amor de Dios, que son llamados a conservar y a hacer fructificar.

La Iglesia ha sostenido siempre que el derecho a la vida se funda, ante todo, en la voluntad de Dios, Creador de la vida misma, así en "Familiaris Consortio", Nº 30, dice: "la doctrina de la Iglesia se encuentra hoy en una situación social y cultural que la hace a la vez más difícil de comprender y más urgente e insustituible para promover el verdadero bien del hombre y de la mujer".


2.13. LA VIDA ES UN DON DE DIOS 

La vida humana debe considerarse como el fundamento de todos los bienes, la fuente y condición necesaria de toda actividad humana y de toda convivencia social. La Sagrada Escritura reafirma el valor de la vida de todo hombre independientemente de sus cualidades y de su utilidad social, Mc 12, 27; Gen 9 5 s.s.; Ex 20, 13.

Juan Pablo II, ha desarrollado con amplitud el principio del respeto a la vida, aplicando especialmente al amor conyugal como fuente de vida: "Quien negare la defensa a la persona humana ya concebida, aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación en el orden moral". ¿Qué sentido  tendría hablar de la dignidad de la persona humana, de sus derechos fundamentales, si no se protege a un ser viviente, inocente, o se llega incluso a facilitar los medios o servicios médicos, privados o públicos, para destruir vidas humanas indefensas?.

El derecho a la vida se funda ante todo en la voluntad de Dios, creador de la vida misma. Todos los seres humanos deben de valorar la individualidad de cada persona, como criatura que es de Dios. La vida humana independientemente considerada bajo cualquier creencia religiosa tiene un valor en sí misma. Ciertamente la vida en su sentido físico no garantiza una vida en libertad, en solidaridad con  los demás y abierta a Dios, pero es condición indispensable para la realización de todo proyecto personal. La vida es un valor básico, en un don de Dios pero con una dignidad intrínseca y por sí misma. En consecuencia, los creyentes cuando afirmamos el valor de la vida debemos reconocerlo en consonancia con la ética más elemental que corresponde a su propia dignidad.

El valor de la vida humana en algunas ocasiones puede ceder en aras de una entrega y una ofrenda libre de sí misma, como es el caso de aquello que consagran su vida a Cristo en un compromiso de fe dispuestos a ofrecer y entregar su vida a Dios y al servicio de los demás: "El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y el Evangelio, ése se salvará", Mc 8, 35. Ello no significa minusvalorar en absoluto la dignidad de toda vida humana, pues debe de acogerse favorablemente toda iniciativa en favor de la vida y   denunciarse toda manipulación de esta misma vida. 

El derecho a la vida y la misión de conservar la vida que Dios ha confiado a los hombres forma parte de la dignidad de la persona humana: se puede afirmar que la mayor parte de las exigencias de los derechos humanos guardan relación con el derecho primero y fundamental del derecho a la vida. Precisamente por eso la consideramos en primer lugar. El derecho a la vida su puede considerar fundamento y condición de todos los otros derechos, y su importancia es bien clara, pues nos responsabiliza del cuidado de la vida propia y ajena y de las condiciones necesarias para que la criatura humana viva dignamente.

La enseñanza social y moral de la Iglesia se preocupa cada vez más de resaltar los avances que se observan en la Humanidad en favor de la vida humana. En "Sollicitudo rei socialis", Nº 26 dice: 

"Aquí se inserta también, como signo de respeto por la vida - no obstante todas las tentaciones por destruirla, desde el aborto a la eutanasia -".

Pero advierte, al mismo tiempo, que esta sensibilidad tan acusada por el derecho a la vida, con ser tan positiva, se puede ver dañada en su valoración, si no se hace extensiva a todas las fases de la existencia humana, desde la concepción hasta la  muerte. (15)


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15. Cfr. Doctrina Social de la Iglesia. Cptlo 6º, Pgs 40- 60. Instituto Internacional de Teología a Distancia. Madrid. 1993.

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Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


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Textos claves del Nuevo Testamento - 22. "...estoy con vosotros..."


 

P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita

Jesús elige a sus apóstoles, a los que van a ser enviados al mundo entero a proclamar su mensaje de salvación. A ellos les da el poder de las “llaves” que abren y cierran las puertas de esa nueva ciudad más celestial que terrena, por ser ella fuente de vida eterna y de reconciliación. Y Jesús en su despedida subraya: “Sabed ésto, que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Con J.C. resucitado y la animación del Espíritu Santo, el misterio de la Iglesia se expresa como cuerpo místico, como templo que se construye, como relación de amor entre esposos: “Constituyéndole cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y por lo mismo, plenitud del que llena totalmente el universo” (Ef 1,22-23); “Cristo en quien todo el edificio, bien trabado, va creciendo hasta formar un templo consagrado al Señor, y en quien también vosotros vais formando conjuntamente parte de la construcción, hasta llegar a ser, por medio del Espíritu, casa en la que habite Dios” (Ef 2,21-22); “Gran misterio éste (el del matrimonio), que yo relaciono con la unión de Cristo y de la Iglesia” (Ef 5,32).

“Sed humildes, amables y pacientes. Soportaos los unos a los otros con amor. Mostraos solícitos en conservar, mediante el vínculo de la paz, la unidad que es fruto del Espíritu. Uno sólo es el cuerpo y uno sólo el Espíritu, como también una sola es la esperanza a la que habéis sido llamados; un sólo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios que es Padre de todos, que está sobre todos, actúa en todos y habita en todos” (Ef 4,2-6).



Agradecemos al P. Fernando Martínez SJ por su colaboración.

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Teología fundamental. 51. La Iglesia y el Estado IV


 
P. Ignacio Garro, jesuita †

Continuación

7.6. DERECHOS Y DEBERES DE LOS CATOLICOS EN CUANTO A LA POLITICA 

7.6.1. LOS CATÓLICOS COMO CIUDADANOS 

Los católicos como ciudadanos tienen los mismos deberes y derechos que los demás ciudadanos, con igual libertad y responsabilidad ante el Estado. 


7.6.2. EL ORDEN DE LA LEY NATURAL 

El católico tiene, como todo ciudadano, el derecho y el deber de exigir que el Estado respete el orden de la ley natural; y en concreto: su derecho sobre la educación de los hijos, una justa regulación del matrimonio, y la potestad dada por Dios a su Iglesia. Especialmente para los católicos se trata de un deber grave. 

Especialmente en estos puntos, los católicos han de saber luchar bien. Es muy importante que quienes tienen condiciones y posibilidades, participen activamente en la política; pero todos han de intervenir de un modo u otro en la consecución del bien común y el recto orden de la vida social. 

"La vocación propia de los laicos consiste en buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según el querer de Dios, las cosas temporales" (Conc. Vat. II, Decl. Apostolicam Actuositaten, n. 7). 

"Es preciso que los laicos acepten como obligación propia el instaurar el orden temporal v el actuar directamente y de forma concreta en dicho orden, dirigidos por la luz del Evangelio y la mente de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana; el cooperar como ciudadanos con los demás, según su competencia y bajo su propia responsabilidad,- y el buscar en todas partes y en todo la justicia del Reino de Dios. Hay que instaurar el orden temporal de tal forma que, salvando íntegramente todas las leyes, se ajuste a los principios superiores de la vida cristiana y se mantenga adaptado a las variadas circunstancias de lugar, tiempo y nación" Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, ERSA 1982, n. 58). 


7.6.3. LIBERTAD DE LOS CATÓLICOS 

Además de la obligación de cumplir en todo la ley de Dios, y de defender especialmente estos principios de la Ley natural que obligan a todos los hombres por ser de Ley natural, los católicos no tienen otra obligación propia por ser católicos. Por esto, actúan con libertad y responsabilidad en materia política. 

La jerarquía no puede inmiscuirse en su modo concreto de actuar, si respetan la ley de Dios, dentro de las múltiples opciones humanas legítimamente opinables. Este es el fundamento de que el Estado tampoco pueda ponerles ninguna traba o condición a los católicos, por el mismo hecho de serlo, pues sería injusto. 


7.6.4. VERDADERA OBLIGACIÓN CRISTIANA 

Por desgracia, "es frecuente, aun entre católicos que parecen responsables y piadosos, el error de pensar que sólo están obligados a cumplir sus deberes familiares y religiosos, y apenas quieren oír hablar de deberes cívicos. No se trata de egoísmo: es sencillamente falta de formación, porque nadie les ha dicho nunca claramente que la virtud de la piedad -aparte de la virtud cardinal de la justicia-, y el sentido de la solidaridad cristiana se concretan también en este estar presentes, en este conocer y contribuir a resolver los problemas que interesan a toda la comunidad".

"No pueden, por consiguiente, los fieles descuidar el cumplimiento de sus deberes "sociales" (...) semejante ignorancia o abstencionismo significaría una grave omisión: privar a la sociedad de las aportaciones constructivas que las praxis de dicha doctrina acarrea para el bien común" (Pero-Sanz, J.M, Creyentes en la Sociedad (Madrid 1981) p. 62). 

Como es lógico, en estas páginas no cabe apuntar sumariamente -ni es posible todo el contenido de las "obligaciones sociales" del cristiano. Basta a modo de ejemplo señalar omisiones -a veces graves en este terreno: 

  • Transigencia cómplice con irregularidades de tipo institucional; 
  • Abstencionismo en elecciones 
  • Acomodación a un sistema injusto de comisiones comerciales 
  • Incumplimiento de obligaciones con los superiores o inferiores 
  • Maltrato o desprecio a los necesitados 
  • Negar el apoyo que pueda darse a instituciones asistenciales, culturales, etc. 
  • Apegamiento a los bienes de la tierra 
  • Gastos inútiles o superfluos, por lujo, capricho, vanidad, etc. 
  • Aplicación de la justicia a secas, sin que esté empapada de caridad 
  • Limitarse a un poco de beneficencia 
  • Desprecio de las obras de misericordia 
  • Trabajo mal hecho 
  • Etc. 



Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, S.J. quien nos brindó toda su colaboración. Seguiremos publicando los materiales que nos compartió para dicho fin.

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