Libro de Eclesiastés



P. Fernando Martínez Galdeano, S.J.

Un sabio llamado "Qohélet"

Al término de su vida, un hombre sabio y experimentado, desde la perspectiva de los años se pregunta acerca del sentido de su propia y larga vida. ¿Ha valido la pena el haberla vivido? Y su respuesta que mira hacia atrás como en perspectiva del pasado aparece como claramente negativa: “Abo­rrecí la vida, porque me disgustaba cuanto se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y caza de viento (...) Así que terminé por desencantarme de todo el trabajo en que me había afanado bajo el sol” (2,17.20).

La palabra “vanidad” que se repite una y otra vez en este libro significa aliento que se desvanece como un soplo. Pero, aunque el autor del libro pueda ser tachado de es­céptico y pesimista, es no sólo un hombre sincero que nada dene que perder al serlo, sino que por encima de todo es un judío creyente, respetuoso de Dios y que sólo confía en ese Dios tan inescrutable, al que no se le pueden pedir cuentas así como así. Es preciso vivir su misterio en confianza.

Fundado en esta fe y en su experiencia vital y sobre todo terminal y hasta mortal, este sabio aconseja el disfrutar de lo bueno que ofrece la vida como si fuera un regalo: “La única felicidad del hombre consiste en comer, beber y disfrutar del fruto de su tra­bajo, pites he comprendido que también ésto es don de Dios” (2,24).

Muchas cosas y muy diversas acontecen en nuestras vidas reales, y son permitidas por Dios. En apariencia carecen de algún sentido, y lo mejor es contentarse lo mejor posible y obrar con bondad en el debido respeto a Dios que es conocedor del bien y del mal. “Anda, come tu pan con alegría y bebe con buen ánimo tu vino, porque Dios ha aceptado tus obras” (8,7). Al final en un tono poético y triste el autor, firme en su fe en un Dios creador y juez, describe la vejez y la muerte que aniquila (12,1-8).

Algún discípulo suyo añadió un apén­dice (12,9-14) con la finalidad, sin duda, de evitar equívocos acerca de la postura de su sincero y desgarrado maestro: “Además de ser un sabio, Qohélet enseñó al pueblo (...) Las palabras de los sabios son como agui­jones; (...) Todo está oído. Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque en ésto consiste ser hombre. Pues Dios juzgará todas las acciones, incluso las ocultas, para ver si son buenas o malas” (12,9.11.13s.)

Y ¿quién fue este sabio Qohélet? Este vocablo hebreo se traduce al griego como “Eclesiastés” en la versión de los LXX, es decir, como alguien vinculado a la asam­blea (Qahal). Por el apéndice antes citado (12,9) se trata de un sabio que enseña al pueblo y escribe proverbios. La datación del libro corresponde al siglo III a.C.


"DISFRUTAR DE LA VIDA"

"Anda, come con alegría tu pan y bebe con buen ánimo tu vino (...) Vive la vida con la mujer que amas todos los días de tu vida fugaz, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas con que te afanas bajo el sol. Cualquier cosa que esté a tu alcance el hacerla, hazla según tus posibilidades, porque no habrá nada que valga la pena, ni razón, ni ciencia, ni sabiduría en el mundo de los muertos (sheol) a donde te encami­nas" (Ecl 9,7-10). Es una cita del libro del Eclesiastés (Qohélet en hebreo).

La desilusión embarga a su autor, quien dedicó toda una vida a la búsqueda de su sentido, y al término de ella expresa sin amargura pero con gran sinceridad su fracaso y frustración. "¡Vanidad de vanidades, todo vanidad!" (1,2). Nada de lo que brilla bajo el sol explica el objetivo de la vida humana. El autor sostiene que lo mejor es llevar una vida normal y tranquila evi­tando los extremos, una "aurea mediocritas" La vida es un gran misterio porque incluso el mismo Dios resulta inasequible aunque El sea nuestro creador y señor: "El ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin" (3,11).

Una vez más, la contemplación de los libros del Antiguo Testamento desde la perspectiva de la fe cristiana, sin negar la realidad, se abre a la esperanza: "La creación, en efecto, fue some­tida a la vanidad (...), pero en la esperanza de ser liberada de la esclavitud de la corrupción y así participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios (...) Porque nuestra salvación es en esperanza, y una esperanza que se ve, no es esperanza (...) Y esperar lo que no vemos, es aguardar con paciencia (...) Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman" (Rm 8,20-21.24-24.28).


GUÍA DEL LIBRO DEL ECLESIASTÉS

(1,1-11)
• Prólogo.

(1,12-2,26) 
• Vaciedad de la ciencia, del trabajo, riqueza y placeres. 
• Incluso del ser sabio.
• Decepción de la vida.

(3,1-6,12) 
• Todo tiene su tiempo. 
• Disfrutar de la vida cuando así se ofrece. 
• La injusticia, la opresión y el desorden, el destino de los hombres. 
• Mejor dos que uno.
• Respeto a Dios. 
• El dinero y la riqueza inútil.

(7,1-9,10) 
• Paradojas. 
• Justicia, maldad y sabiduría. 
• El hombre se complica la vida.
• El hombre de bien. 
• Desconocimiento de la virtud e incertidumbres. 
• Hay que aprovechar los tiempos de alegría. 
• No hay esperanza de vida ultraterrena.
• Gozar de lo bueno de esta vida.

(9,11-12,14) 
• El azar y la fortuna se entremezclan en nuestras vidas. 
• “Más vale sabiduría que la fuerza; pero la sabiduría del pobre se desprecia y sus palabras no se escuchan".
• La edad de la juventud.
• El ocaso de la vejez.
• Epílogo.




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Agradecemos al P. Fernando Martínez, S.J. por su colaboración.
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