Los escritos de San Pablo: Su Teología - Conclusiones II



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 19° ENTREGA



17.2. EL PLAN DEL PADRE EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

El matiz de “misterio” añadido a la concepción que Pablo tiene del Evangelio, nos descubre la amplia perspectiva en que realmente es considerado. Pablo vio el Evangelio solamente como una parte del maravilloso plan, concebido graciosamente por el Padre para la salvación de los hombres, que se reveló y se hizo realidad en Cristo Jesús; esta fue realmente la “intención” del Padre, Efes 1, 11: “A Él, por quien somos herederos, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de voluntad”, y en Gal 4, 4: “Pero al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la condición de hijos”; pues ésta era la “voluntad” del Padre, 1 Cor 1, 1: “Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad del Padre, ...”; y en 2 Cor 1, 1: “Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios”. Esta manera de comprender Pablo el plan de Dios es importante porque nos permite conocer las dimensiones históricas, cosmológicas y corporativas de la salvación cristiana.

El autor del plan salvífico no es Cristo, sino Dios Padre. Lo que Pablo nos enseña acerca del Padre no es una teología independiente de la cristología soteriológica. Y esto lo enseña preferentemente en contextos que se refieren al plan divino de salvación. “Dios se complació en salvar a los creyentes por la locura de la predicación”, 1 Cor 1, 21. La palabra “se complació” es altamente esclarecedora de esta iniciativa graciosa que Pablo nunca deja de atribuir al Padre, cuya gran designio es la salvación de todos los hombres, Rom 1, 16: “Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree: del judío primeramente y también del griego”.

Es el Padre quien llama a los hombres a la fe, a la salvación, a la gloria e incluso al apostolado, 1 Tes 5, 24: “Fiel es el que os llama y es él quien lo hará”; y en 2 Tes 2, 13-14: “Nosotros, en cambio, debemos dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, amados del Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para la salvación mediante la acción santificadora del Espíritu y la fe en la verdad”. Es una “llamada” que se hace en virtud de un plan eterno, 1 Tes 5, 9: “Dios no nos ha destinado para la ira, sino para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo”; y en Rom 8, 28: “Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio”.

Aunque Pablo a veces atribuye al Padre ciertas cualidades que parecen absolutas, casi siempre revelan algo específico de Dios para nosotros, para nuestro beneficio, ya que esas cualidades expresan aspectos de su relación con el plan divino de salvación. Así, por ejemplo, los diversos atributos que Pablo saca de su trasfondo judío: en Efes 3, 9: “y esclarecer cómo se ha dispensado el misterio escondido después de los siglos en Dios creador del universo”; y en Rom 4, 17, como el único Dios que: “da la vida a los muertos y llama a los que no son para que sean”; el Dios del eterno poder y divinidad, como en Rom 1, 20: “Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables; un Dios que manifiesta su ira como en Rom 1, 18: “En efecto, la ira de Dios, se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia”; y, sobre todo un Dios que manifiesta su justicia como en Rom  3, 5: “pero si nuestra injusticia realza la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será acaso injusto Dios al descargar su ira?”.

“Justicia”, término que no debemos pensar sin más en la justicia vindicativa de Dios (en oposición a su misericordia). Este término “justicia” se refiere más bien a su justicia salvífica, cualidad por la que manifiesta su liberalidad y fidelidad perdonando por medio de su Hijo a todo el género humano.

La relación del Padre con la salvación del hombre cobra más relieve en la manera de concebir Pablo la relación de Dios con Cristo, ya que Dios es con frecuencia, 2 Cor 1, 3: “Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación”; y en Rom 15, 6: “para que unánimes, a una voz glorifiquemos al Dios y Padre de nuestro Jesucristo”; y en  Col 1, 3: “Damos gracias sin cesar a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por vosotros en nuestra oraciones”; tal concepción refleja los influjos del monoteísmo judío de Pablo, 1 Cor 8, 6: “para nosotros no hay más que un solo Dios, El Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y nosotros por él”; y también su comprensión de Cristo, el único que revela a Dios ante los hombres, 2 Cor 4, 4: “ ... para impedir que vean el resplandor del glorioso Evangelio de Cristo, que es imagen de Dios”; por que Cristo es “imagen de Dios”, como en Col 1, 15: “Él es imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación”.

El Padre es quien ha enviado a su Hijo a redimir a los que estaban bajo la Ley, Gal  4, 4: “Pero al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la condición de hijos”. La misión de Cristo constituye para Pablo la gran prueba del amor del Padre a los hombres, Rom 5, 8: “mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”. En Cristo, el hombre realiza el encuentro con el amor supremo del Padre. Su amor se ha derramado en nuestros corazones, Rom 5, 5: “y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”; es Cristo causa de reconciliación con Dios Padre, en 2 Cor 5, 18: “Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación”; y en 1 Tes 1, 9: “Ellos mismos cuentan de nosotros cuál fue nuestra entrada a vosotros, y cómo os convertisteis a Dios, tras haber abandonado los ídolos, para servir a Dios vivo y verdadero”; es Dios, a quien Pablo contempla como autor del plan eterno de salvación y a quien dirige su plegaria, Filip 1, 4-5: “rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos vosotros a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día hasta hoy”.

Para evitar que alguien saque la impresión de que la misión salvífica de Cristo fue una especie de “arreglo” de la historia del hombre, que se ve desviado a causa de su pecado de rebeldía, Pablo pone de relieve que este plan salvífico fue ideado por el creador, Efes 3, 9: “Y esclarecer cómo se ha dispensado el misterio escondido después de siglos en Dios, creador del universo”; incluso antes de la fundación del mundo Efes 1, 4: “por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor”; después de un largo período, durante el cual la paciencia de Dios soportó los pecados de los hombres y el olvido en que le tenían, Rom 3, 23: “todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención, realizada en Cristo Jesús”; llegado el tiempo de enviar a su Hijo al mundo de los hombres Gal 4, 4 para reconciliarlos consigo mismo y darles acceso a El, Rom 5, 1-2: “Habiendo, pues, recibido de la fe la justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo”.

Todas las promesas de Dios encuentran su “sí”" en Cristo 2 Cor 1, 20: “Pues todas las promesas hechas por Dios han tenido un “sí” en Él; y por eso decimos por Él “Amén” a la gloria de Dios”; este plan salvífico lo manifiesta en Efes 1, 9-10: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad según el benévolo designio que en Él se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra”. En la carta a los Romanos Pablo contempla la creación física entera en espera de la realización de este plan salvífico, Rom 8, 19-21: “pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto,  fue sometida a la caducidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió en la esperanza de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloria de los hijos de Dios”.

Esta meta cristocéntrica de toda la creación no es la etapa final del plan. A Cristo, como Kyrios y cabeza del universo se le entregado el dominio para hacer patente ante todos su misión y exaltación en la historia salvífica del hombre. Pero una vez que el plan divino haya alcanzado la etapa de la reconciliación de todos los hombres con Dios, 1 Cor 15, 24-28: Luego“, el fin, cuando entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo principado, dominación y potestad. Porque Él debe de reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la Muerte. Porque ha sometido ha sometido todas las cosas bajo sus pies, ...  Así, cuando se le someta todo, entonces también el propio Hijo se someterá a aquél que se le somete todo, para que Dios sea todo en todos”. En esta concepción del plan eterno podemos ver que todo viene del Padre y a El estamos destinados 1 Cor 8, 5: “pues aunque se les dé el nombre de dioses, bien en el cielo bien en la tierra, de forma que hay multitud de dioses y de señores”; Cristo es cabeza de toda criatura humana y Dios Padre la cabeza de Cristo, 1 Cor 11, 3: “Sin embargo, quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo; y la cabeza de la mujer es el hombre; y la cabeza de Cristo es Dios”; y en 1 Cor 3, 21-23: “Así que, no se gloríe nadie en los hombres, pues todo es vuestro: ya sea Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es vuestro; y vosotros de Cristo y Cristo de Dios”.

Esta perspectiva de la historia de salvación confiere a la cristología de Pablo unas dimensiones históricas, cósmicas y sociales. La cristología paulina es histórica porque comprende todas las etapas de la historia del hombre, desde la creación hasta la consumación, porque está enraizada en la intervención de Cristo en esa historia en la plenitud de los tiempos, Gal 4, 4: “Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la condición de hijos”; y porque da a esa historia una significación y un sentido que no son inmanen­tes. Es cósmica porque relaciona todos el “kosmos” creado con la salvación del hombre en un movimiento anhelante hacia Cristo, “kosmokrator”, a quien al Padre ha constituido cabeza y meta de todo. Es social porque la teología paulina tiene ante la vista los efectos del acontecimiento Cristo sobre el “Israel de Dios”, Gal 6, 16: “Y para todos los que se sometan a esta regla, paz y misericordia, lo mismo que para el Israel de Dios”; y en Rom 9, 6: “No es que haya fallado la palabra de Dios. Pues no todos los descendientes de Israel son Israel”; y porque estaba destinada a abatir la barrera existente entre judíos y griegos, reconciliando a ambos en un único cuerpo, Efes 2, 14: “Porque Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad”.

Nunca cargaremos demasiado el acento sobre esta última dimensión del plan salvífico; el aspecto social de la salvación se destaca en muchos textos de S. Pablo, como por ejemplo, Rom 5, 18-21: “Así pues, como el delito de uno atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno procura a todos la justificación que da la vida. En efecto, así como por la desobediencia de un hombre, todos fueron constituidos pecadores así también por la obediencia de uno todos serán constituidos justos”.

Debería prevenirnos de interpretar la doctrina de Pablo de manera estrecha o en un sentido exclusivamente individualista, ya sea el de una relación yo-tú entre el cristianos y Dios, o bien el de una piedad personal, o el de una antropología exagerada; este aspecto social aparece, sobre todo, en la incorporación de los cristianos a Cristo y a la Iglesia.




Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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Los escritos de San Pablo: Su Teología - Conclusiones I




P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 18° ENTREGA


17. CONCLUSIONES

Finalmente y en conclusión de todo este  trabajo sobre San Pablo  podemos dividir la teología soteriológica de Pablo de la siguiente manera:
       1. El Evangelio de Pablo
       2. El plan del Padre en la Historia de la Salvación
       3. Función de Cristo en la Historia de la salvación
             a. Preexistencia del Hijo
             b. El “Kyrios”
             c. Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo
             d. Jesucristo el Señor y el Espíritu
       4. Efectos del acontecimiento salvífico de Jesucristo
             a. Expiación
             b. Reconciliación
             c. Justificación
             d. Liberación redentora

El concepto clave, en torno al cual debe organizarse toda la teología de S. Pablo, es CRISTO. La teología de Pablo es ante todo Cristocéntrica. Es una soteriología ("soter" = Salvador), es la fascinación que ejerce Cristo en Pablo lo que hace que sea una soteriología cristocéntrica. Esto puede parecer demasiado evidente, pero hoy día es necesario insistir en ello. Pablo formuló su mensaje de modo parecido en 1 Cor 1, 21-25: “...Dios se complació en salvar a los creyentes por la locura de la predicación (kerigma). Puesto que los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero para los llamados, judíos o griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios.". Esta soteriología está basada en la: “narración de la cruz”, 1 Cor 1, 18: “pues la predicación de la cruz es una locura para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios”; pone de relieve el lugar central que ocupa Cristo en el evangelio de Pablo. Por tanto, cualquier tentativa de buscar un principio organizador de su teología que no sea Cristo mismo, y éste crucificado, será forzosa­mente inadecuado.

Esta teología de Pablo es una cristología funcional. Pablo en su predicación no se ocupó de la constitución intrínseca de Cristo “in se”; Pablo nos dice que predicó un Cristo crucificado,1 Cor 1, 23-24: “nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios”; predicó a Cristo en lo que significa para el hombre, 1 Cor. 1, 3: “Vosotros sois hijos de Dios por vuestra unión con Cristo Jesús, que de parte de Dios se ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santidad y redención”.

Este Cristo crucificado, aunque está descrito con las imágenes litera­rias propias de los ambientes culturales del mundo judío y helenístico de la época e incluso ornamentada con expresiones de lenguaje mítico, aún tiene vigor para los hombres del S. XXI. Para comprender bien el pensamiento de Pablo no debemos simplemente desmitologizar lo que dice Pablo, más bien seria necesaria una remitologización de la mentalidad del S. XXI para que el hombre pueda comprender lo que Pablo quiso decir en su tiempo y, en consecuencia lo que quiere decir hoy; o para decirlo con otras palabras, lo que se necesita no es una desmitologización que elimine el contenido de revelación sino que lo interprete adecuadamente.


17.1. EL EVANGELIO DE PABLO

“Evanggelion” = buena nueva, en este caso “Buena Nueva” de Jesucristo, así lo desarrolla S. Pablo en todos sus escritos. Lo emplea 54 veces en sus escritos, y en general viene a designar la presentación personal de la persona y de la obra de Cristo. Las formulaciones más concretas de su evangelio son un eco del kerigma de la primitiva Iglesia, 1 Cor 15, 1-4: “Os hago saber, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué ... si no ¡habríais creído en vano!. Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras”.

Aquí Pablo apela explícitamente a las palabras con que él anunció el Evangelio a los Corintios. La misión de Cristo está subrayada de modo significativo. “Cristo murió por nuestros pecados”. Esto, trae a la memoria las Escrituras, la pasión y muerte, la resurrección y las apariciones. En Rom 1, 3-4: “acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo nuestro Señor”; hallamos un nuevo eco del kerigma, anuncia al Hijo de Dios nacido del linaje de David, pero glorificado, después de la resurrección, como Hijo con poder y espíritu de santidad. La esencia de su Evangelio reside en esto, en el acento que pone en los efectos salvíficos de la muerte y resurrección de Jesucristo según las Escrituras. Pablo anuncia un Hijo a quien Dios: “ha resucitado  de entre los muertos, Jesús, el que nos libra de la ira que viene”, 1 Tes 1, 10. La formulación de su Evangelio en términos del kerigma primitivo lo preservó de transformarse en un Evangelio diferente, Gal. 1, 6: “Me maravilló de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo, para pasaros a otro evangelio”; por esta razón fue el único Evangelio que proclamaba la Iglesia primitiva toda entera.

Pero la concepción específicamente paulina del Evangelio aparece en la presentación del mismo como fuerza salvífica introducida por Dios en el universo del hombre. No es un mero conjunto de proposiciones sueltas reveladas, acerca de Cristo, que los hombres deben de comprender intelectualmente y prestarles su asentimiento, sino que su Evangelio es: “el poder de Dios, para salvación de todo e1 que crea”, Rom 1,16. En otras palabras: el Evangelio no proclama solamente el acontecimiento redentor de muerte y resurrección de Cristo (Misterio pascual), sino que es una fuerza que se comunica y propaga a los hombres. En cierto sentido, constituye él mismo un acontecimiento redentor cuando hace su llamada a los hombres. Pablo, lo llama, sorprendentemente, “poder de Dios”, expresión que emplea al referirse a Cristo mismo, 1 Cor 1, 24: “Mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios”. Por eso “predicar a Cristo crucificado”, es “predicar el Evangelio”.

Ambas realidades, Cristo y el Evangelio, comunican la generosidad salvífica del Padre a los hombres. El Evangelio es el instrumento de que sirve el Padre para dirigirse a los hombres, pidiéndoles una respuesta de fe y de amor. Esta es la razón de que el Evangelio sea el “Evangelio de Dios”, 1 Tes 2, 2: “sino que, después de haber pasado sufrimientos e injurias en Filipos, como sabéis, confiados en nuestro Dios tuvimos la valentía de predicaros el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas”; es también su “don”, su “gracia”, 2 Cor 9, 14: “Y con su oración por vosotros, manifestarán su afecto hacia vosotros a causa de la gracia sobreabundante que en vosotros ha derramado Dios”.

Así, Pablo puede escribir a los tesalonicenses: “ya que os fue predicado nuestro Evangelio  no sólo con palabras, sino también con poder y con e1 Espíritu Santo y con mucha eficacia”. A causa del “poder de Dios”, e1 Evangelio no se anuncia sin 1a asistencia del Espíritu de Dios. Y por esta “buena noticia de salvación”, los creyentes son sellados con 1a promesa del Espíritu Santo, que es “arras de nuestra herencia”, Efes 1, 13. Es decir, por el Evangelio los hombres están salvados, 1 Cor 15, 2: “Por el cual sois salvados, si lo guardáis como os lo prediqué ... Si no, ¡habríais creído en vano!”.

Otra nota típicamente paulina del Evangelio es su destino y aplicaciones universales. En Rom 1, 16: “Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios, para la salvación de todo el que cree: del judío primeramente y también del griego”. Pablo presenta el Evangelio como una fuerza salvífica “para todo hombre que cree”, y añade: “primero para e1 judío y luego para e1 griego”. La salvación de los gentiles por medio del Evangelio formaba parte de una gran concepción de Cristo resucitado: “para que yo anunciara la buena nueva de Cristo a los paganos”, Gal 1, 16. Con el tiempo Pablo constató que: “no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo Señor es de todos los que 1e invocan”, Rom10, 12. Por tanto, siempre que Pablo habla de su “Evangelio”, se refiere a Jesús, el “Kyrios”, que es el poder de Dios para la salvación de todos los hombres, tanto judíos como griegos; porque incluso la Escritura: “previendo que Dios justificaría por fe a los paganos, anunció a Abrahán la buena  noticia de que en ti serán benditas todas las naciones”, Gen  3, 8.

Otro aspecto del Evangelio paulino lo constituye 1a concep­ción que tiene de él como “misterio” o “secreto” (“mysterion”, en griego). Este aspecto nos introduce más en lo profundo del contenido del Evangelio acerca de Cristo, desarrollando la visión total del mismo como revelación. Porque en e1 Evangelio se nos revela el plan salvífico de Dios, que se realiza en Cristo Jesús. En efecto, las primeras veces que en Pablo aparece e1 término “misterio” nos revela su identificación con el Evangelio. Pablo habla del “misterio de Dios” equiparándolo con “Jesucristo crucificado”, 1 Cor 2, 1-2: “Pues yo hermanos cuando fui a vosotros, no fui con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciaros el misterio de Dios pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado”; de la misma manera que había relacionado su Evangelio con Cristo crucificado, 1 Cor 1, 17-18. 23-25: “Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar e Evangelio. Y no  con palabras sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo. Pues la predicación de la cruz es una locura para los que se pierden; mas para los se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios. ... nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles, mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios”.

Pablo se sabe el “administrador” que dispensa las riquezas de este misterio, 1 Cor 4, 1: “Por tanto, que nos tengan los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios”. Su Evangelio se llama así porque revela un plan de salvación, ideado por e1 Padre y oculto en Dios desde toda la eternidad, 1 Cor  2, 7: “sino que hablamos de una sabiduría de Dios, misterios, escondida, destinada por Dios desde antes de los siglos para gloria nuestra”. Este plan ha sido llevado a efecto ahora en Cristo Jesús, y los cristianos han recibido su revelación por medio de los apóstoles y santos profetas de 1a nueva economía. Comprende la salvación de todo e1 género humano, haciendo partícipes a los gentiles de la heredad de Israel. Oculto en Dios por mucho tiempo, el plan salvífico está más allá de la comprensión de los ha sido dado a conocer “al pueblo santo de Dios” y al mismo Pablo, para que lo anunciase a los gentiles y así les pueda hacer partícipes de las riquezas inagotables del “misterio de Cristo”, Col  4, 3: “orad al mismo tiempo por nosotros para que Dios nos abra la puerta a la palabra, y podamos anunciar el misterio de Cristo”.
Aunque Pablo alude ya a este misterio en las grandes cartas, será sobre todo en las de la cautividad donde ponga de manifiesto su verdadero sentido, especialmente el conocimiento que tiene la significación cósmica de la misión de Cristo. En estas cartas, el misterio nos revela que toda la creación cobra sentido en Cristo y que El es la meta de todas las cosas, porque el Padre piensa poner todo lo creado bajo el imperio de Cristo, por la incorporación de todos los hombres a su cuerpo que es la Iglesia, siendo Cristo su cabeza, Col 1, 26-27: “al misterio escondido desde siglos y generaciones, y manifestado ahora a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria”. En Efes 3, 4-7: “Según esto, podéis entender mi conocimiento del misterio de Cristo, misterio que en generaciones pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como lo ha sido ahora revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa de Cristo Jesús por medio del Evangelio, del cual he llagado a ser ministro, conforme al don de la gracia de Dios a mí concedida por la fuerza de su poder”. Pablo nos ofrece la descripción más completa de este misterio, que solamente comprendió más tarde en su vida.

Por lo tanto, el “misterio” de Pablo, es esencialmente cristocéntrico. De la misma manera que Pablo identifica a Cristo con el Evangelio, llamándolo “poder de Dios” así también equipara a Cristo con el “misterio”, llamándolos “sabiduría de Dios”,  1 Cor 2, 7. En realidad este “misterio del Evangelio” es uno sólo: Cristo es el “plan secreto de Dios”, Col 1, 27: “a quienes Dios quiso dar a conocer cuál es la riqueza  de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo entre vosotros, la esperanza de la gloria”. Pero al presentar el Evangelio como “misterio”, Pablo quiere significar que nunca llegará a ser totalmente conocido por los hombres con los medios normales de comunicación.



Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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Los escritos de San Pablo: Su Teología - La perspectiva escatológica



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 17° ENTREGA

16. LA PERSPECTIVA ESCATOLÓGICA

Algo dijimos de la escatología paulina al hablar de la esperanza cristiana y su realización. Ahora solo daremos las grandes líneas de doctrina sobre la parusía y la resurrección.

16.1. LA PARUSÍA

  • La Iglesia, pueblo de Dios, peregrina hacia su plenitud que se tendrá en la Segunda Venida de Cristo. Pablo expresa esta verdad de muchas maneras.
  • Las principales expresiones son:
  • el Señor vendrá: 1 Cor 4, 5: “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo hasta que venga el Señor. Él iluminará los secretos de las tinieblas y podrá de manifiesto las intenciones de los corazones. Entonces recibirá cada cual de Dios las alabanzas que le corresponda”; y en 2 Tes 1, 10: “cuando venga en aquel día a ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que hayan creído, pues nuestro testimonio ha sido creído por vosotros”.
  • el Señor descenderá del cielo: 1 Tes 4, 16: “El mismo Señor bajará del cielo con clamor, en voz de arcángel y trompeta de Dios, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar”.
  • Cristo aparecerá: Col 3, 4: “Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con Él”.
  • Será el: “Día del Señor”, 1 Cor 1, 8: “Él os confirmará hasta el fin irreprensibles en el Día de nuestro Señor Jesucristo”; y en 1 Cor 5, 5: “sea entregado ese individuo a Satanás para mortificar su sensualidad, a fin de que el espíritu se salve en el Día del Señor”; y en 2 Cor 1, 14: “¡Gracias sean dadas a Dios, que nos asocia siempre a su triunfo en Cristo, y por nuestro medio difunde en todas partes el olor de su conocimiento!”; y en 1 Tes 5, 2: “Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche”; y en  2 Tes 2, 2: “que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestro ánimo, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras, o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor”.
  • La revelación del Señor = “Apocalipsis”, 1 Cor 1, 7: “Así, ya no os falta ningún don de gracia a los que esperáis la Revelación de nuestro Señor Jesucristo”; y en  2 Tes 1, 7: “y a vosotros, los atribulados, con el descanso junto con nosotros, cuando el Señor Jesús se revele desde el cielo con sus poderosos ángeles”.
  • La manifestación = “Epifanía”,1 Tim 6, 14: “que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo”; y en 2 Tim 1, 10: “y que se ha manifestado ahora con la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo, quien ha destruido la muerte y ha hecho irradiar vida e inmortalidad por medio del Evangelio”; y en 2 Tim  4, 1: “Te conjuro en presencia de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos, por su Manifestación y por su Reino”; y en 2 Tim 4, 8: “Y desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación”; y en Tito 2, 13: “aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo”.
  • La venida = “Parusía”, 1 Cor15, 23: “Pero cada cual con su rango: Cristo como primicia; luego los de Cristo en su venida”; y en  1 Tes 2, 19: “Pues, ¿quién, sino vosotros, puede ser nuestra esperanza, nuestro gozo, la corona de la que nos sentiremos orgullosos, ante nuestro Señor Jesús en su Venida?”; y en 1 Tes 3, 13: “para que se consoliden vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en la Venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos”; y en 2 Tes 4, 15: “Os decimos esto como palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del señor no nos adelantaremos a los que murieron”; y en 1 Tes 5, 23: “Que Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo”; y en  2 Tes 2, 1 : “Por lo que respecta a la Venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos”; y en 2 Tes 2, 8: “entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con un soplo de su boca, y aniquilará con la manifestación de su Venida”.
  • Con la Parusía vendrán para nosotros los bienes de nuestra resurrección, transformación gloriosa y plenitud: Col 3, 4: “Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con Él”; y en  Filip 3, 20-21: “Porque nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurará nuestro pobre cuerpo a imagen de su cuerpo glorioso en virtud del poder que tiene de someter a sí todas las cosas”.

16.2. LA RESURRECCIÓN

  • El punto de partida de la predicación apostólica en general, y de la de Pablo en particular, es la resurrección de Cristo: 1 Cor 15, 3 - 4: “Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí; que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras”; y en 1 Cor 15, 8: “Y en último se me apareció también a mí, que soy como un aborto”.
  • Con ella comienza la exaltación y glorificación de Cristo sobre todas las criaturas: Rom. 14, 9: “porque Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos”; y en Rom 6, 9-10: “Sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre Él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios”; y en  Filip 2, 7-11: “sino que se despojó a sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos y en la tierra, y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el SEÑOR para gloria de Dios Padre”.
  • Cristo resucita como primicias, 1 Cor 15, 20: “¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que murieron”; y en Rom 6, 5: “porque si nos hemos  injertado en Él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos por una resurrección semejante”.
  • La resurrección de Cristo es dechado de nuestra propia resurrección: 1 Cor 15, 20-26: “¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que murieron. Porque habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que por Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicia; luego los de Cristo, en su venida. Luego, el fin cuando entregue a Dios Padre el reino, después de haber destruido todo principado, dominación y potestad. Porque él debe reinar hasta que ponga a todo sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la Muerte”.
  • El Espíritu, que resucitó a Cristo nos resucitará a nosotros: Rom. 8, 11: “Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros”.
  • Así, Pablo afirma de Dios, en 1 Cor 6, 14: "que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder", aunque no nos haya revelado el modo, que Pablo trata de explicar con la comparación de la semilla que se siembra y de la cual, muerte, brota una vida nueva: 1 Cor 15, 35-49: “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? ¡Necio! Lo que tu siembras no recobra vida si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano, de trigo por ejemplo o de alguna planta. Y Dios le da cuerpo a su voluntad; a cada semilla su cuerpo. No toda carne es igual, sino que una es la carne de los hombres, otra la de los animales, otra la de las aves, otra la de los peces. Hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres; pero uno es el resplandor de los cuerpos celestes y otro el de los cuerpos terrestres. Uno es el resplandor del sol y otro el de la luna, otro el de las estrellas. Y una estrella difiere de otra en resplandor. Así también en la resurrección de los muertos: se siembra corrupción, resucita incorrupción; se siembra vileza, resucita gloria; se siembra debilidad, resucita fortaleza; se siembra un cuerpo animal, resucita un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo animal, hay también un cuerpo espiritual. En efecto, como dice la Escritura: fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida. Mas no es lo espiritual lo que primero aparece, sino lo animal; luego, lo espiritual”.
  • En nuestra resurrección arrastraremos a la creación en la manifestación gloriosa de hijos de Dios: Rom 8, 19-22: “Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la caducidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto”.



Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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Los escritos de San Pablo: Su Teología - La solidaridad cristiana



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 16° ENTREGA

15. LA SOLIDARIDAD CRISTIANA


El Apóstol de los gentiles es el teólogo de la unidad de la comunidad cristiana. Él hace derivar esta unidad del plan divino de salvación. Efes 4, 5-6: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que esta sobre todos, actúa por todos y está en todos”.   
En esa Iglesia tienen cabida todos los hombres, judíos y griegos, Efes 2, 16: “y reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la enemistad”; y en Efes 3, 6: “que los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio”.

15.1. LA IGLESIA: PUEBLO DE DIOS QUE PEREGRINA

  • Para Pablo los cristianos son elegidos por Dios antes de la constitución del mundo: Efes 1, 4: “por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados, en el amor”.
  • La Iglesia de Dios, Cristo la adquirió con su sangre; como Dios adquirió a su pueblo en el Antiguo Testamento, Hech 20, 28: “Tened cuidado de vosotros y de la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios que Él se adquirió con la sangre de su propio Hijo”.
  • Esa Iglesia es su, "pueblo propio", celador de buenas obras: Tito 2, 14: “el cual se entregó por nosotros a fin de rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo que fuese suyo, deseoso de bellas obras”.
  • La Iglesia es el nuevo Israel que peregrina, y los apóstoles son los ministros de la Nueva Alianza, 2 Cor 3, 6: “el cual nos capacitó para ser ministros de una nueva alianza, no de la letra  sino del Espíritu, pues la letra mata mas el Espíritu da vida”.
  • La Iglesia peregrina tiene que luchar antes de llegar a su consumación: Efes 6, 10-19: “Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza poderosa. Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire. Por eso tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día funesto y manteneos firmes después de haber vencido todo. Poneos en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz, teniendo siempre en el brazo el escudo de la fe, para que podáis apagar con Él todos los encendidos dardos del maligno. Tomad también el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos, y también por mí, para que me sea dada la palabra al abrir mi boca para dar a conocer con valentía el misterio del Evangelio, del cual soy embajador entre cadenas, y pueda hablar de él valientemente como conviene”.
  • Ese pueblo de Dios esta formado no solo por judíos, sino también por gentiles. Cristo ha destruido la barrera que había entre ellos, ahora todos son participes de la única salvación, Efes 2, 16: “y reconciliar con Dios a ambos en solo cuerpo por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad”.
  • El hombre recibe el bautismo, 1 Cor 12, 13: “Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no  formar más que  un solo cuerpo".
  • Ese pueblo de Dios peregrina en la esperanza y hace suyo el grito de 1 Cor 16, 22: “El que no ame al Señor, ¡sea maldito! "Maran atha" = ¡Ven, Señor nuestro!”.

15.2. LA IGLESIA: CUERPO DE CRISTO


  • La Iglesia, Cuerpo de Cristo, es la principal metáfora que usa Pablo para explicar el misterio de la Iglesia.
  • Los lugares principales donde trata esto tema son: 1 Cor 12, 12-13: “Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar mas que un solo cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Todos hemos bebido de un solo Espíritu”; y en Efes 4, 4-6: “Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por todos y está en todos”; y en  Col 3, 15: “Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo cuerpo. Y sed agradecidos”.
  • En Cristo formamos un solo Cuerpo: Rom 12, 4-8: “Pues, así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y no desempeñan todos los miembros la misma función, así también nosotros, siendo muchos, formamos más que un solo cuerpo en Cristo, siendo los unos para los otros, miembros. Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe; si es el ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando; la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez, el que preside con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad”;
  • Este Cuerpo es de Cristo, 1 Cor 12, 27: “Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno a su modo”, y en Rom 12, 5: “así también nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo, siendo los unos para los otros, miembros”; y en 1 Cor 12, 12: “pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo”.
  • Cristo es la Cabeza del cuerpo de la Iglesia: Col 1, 18: “Él es también la cabeza del cuerpo, de la Iglesia: Él es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea Él el primero en todo”; y en Efes1, 22-23: “Sometió todo bajo sus pies y le constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, la plenitud del lo llena todo en todo”; y en Efes 4, 15-16: “antes bien, con la sinceridad en el amor, crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo, de quien todo el Cuerpo recibe trabazón y cohesión por la colaboración de los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro, para el crecimiento y edificación en el amor".” 
  • Cristo es el redentor de esa Iglesia: Ef 5, 25-27: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada”.
  • Cristo es la fuente de su crecimiento y de su vida, Efes 4, 16: “de quien todo el cuerpo recibe trabazón y cohesión por la colaboración de los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro, para  el crecimiento y edificación en el amor”; y en Col 2, 19: “en lugar de mantenerse unido a la Cabeza, de la cual todo el cuerpo, por medio de junturas y ligamentos, recibe nutrición y cohesión, para realizar su crecimiento en Dios; y en Efes 4, 15: “antes bien con la sinceridad en al amor, crezcamos en todo hasta aquel que es la cabeza, Cristo”; y en Efes 2, 22: “en quien también vosotros con ellos estáis siendo edificados, para ser morada de Dios en el Espíritu”; y en Efes  4, 4: “Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados”.
  • El Espíritu es la causa de la unidad del cuerpo: une al creyente en Cristo con Él en el bautismo, 1 Cor 6, 11: “Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios”; este Espíritu une a los creyentes entre sí, 1 Cor 12, 13: “Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar  más que un solo cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”.
  • La Iglesia es "su cuerpo, la plenitud de Aquel que recibe de ella su cumplimiento total y universal”.  La Iglesia debe crecer hasta completar el Cristo total, el "pleroma" del Cristo cósmico, Ef 1, 23: “(La Iglesia) que es su cuerpo la plenitud del que lo llena todo en todo”.
  • Otras metáforas paulinas para expresar el misterio de la Iglesia son:
  • Esposa de Cristo: Ef 5, 23-24: “ ... como Cristo es cabeza de la Iglesia, el salvador del cuerpo. Como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben de estarlo a sus maridos en todo”.
  • .- Edificio o edificaciones: Efes 2, 20-22: “edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, en quien también vosotros con ellos estáis siendo edificados, para ser morada de Dios, en el Espíritu”; y en 1 Tim 3, 15: “pero si tardo, para que sepas cómo hay que portarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad”.
  • Familia de Dios: Efes 2, 19: “Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios”.
  • Estado, ciudadanos - conciudadanos: Efes 2, 12: “estabais a la sazón lejos de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza, sin Dios en el mundo”.
  • La Jerusalén de lo alto: Gal 4, 26: “Pero la Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre”.

15.3. LOS CARISMAS DE LA IGLESIA

  • En la Iglesia, cuerpo de Cristo, se dan diversos carismas para bien de la misma: 1 Cor 12, 4-11: “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque a uno se le da por el Espíritu la palabra de sabiduría; a otro palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro carisma de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad”.
  • La doctrina paulina sobre los carismas podría sintetizarse así:
  • Terminología: usa cuatro palabras que indican la esencia y función de los carismas:
  • dones espirituales
  • operaciones              
  • ministerios              
  • carismas                 
  • Origen: existe un origen trinitario de los carismas, 1 Cor 12, 4-6: "Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios (Padre) que obra todo en todos".
  • Carácter: no solo las manifestaciones extraordinarias del Espíritu son carismas sino también otros servicios funcionales como su apostolado, Rom 12, 6-8: “Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe; si es el ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando; la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad”; y en Efes 4, 7-12: “A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida de los dones Cristo. Por eso dice: “subiendo a la altura, llevó cautivos, y repartió dones a los hombres”. ¿Qué quiere decir “subió” sino que también bajó a las regiones inferiores de la tierra? Éste que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenar el universo. Él mismo dispuso que unos fueran apóstoles; otros, profetas; otros, evangelizadores; otros, pastores y maestros, para la adecuada organización de los santos en las funciones del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo”.
  • Estructura armónica: son manifestación del mismo Espíritu que opera y da los dones para bien común.Esta estructura armónica lleva consigo la multiplicidad de los mismos dones, Rom 12, 6: “pero teniendo  dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe”; y en 1 Cor 12, 4-6: “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos;  y en 1 Cor 12, 29-30: “¿Acaso todos son apóstoles? O ¿Todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Todos con poder de milagros? ¿Todos con carismas de curaciones? ¿Hablan lenguas todos? ¿Interpretan todos?”.
  • Jerarquía de los carismas: hay una jerarquía entre los carismas: son mejores los que mayor bien traen a la comunidad.
  • Por encima de los carismas esta la caridad: 1 Cor 13,  1-3. 13: “Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o como címbalo que retiñe. Aunque tenga el don de profecía y conozca todos  los misterios y toda la ciencia; aunque tenga plenitud de fe para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque reparta todos mis bienes, y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. ... Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad”.
  • Doble principio de orden:
  • la caridad
  • la dirección apostólica.
  • De hecho Pablo interviene con autoridad en cuestiones suscitadas por los carismas, 1 Cor 12, 3: “Por eso os hago saber que nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: “¡Maldito sea Jesús”!; y nadie puede decir: “¡Jesús es Señor”! sino movido por el Espíritu Santo”; y en 1 Cor 14, 26-39: “¿Qué concluir, hermanos? Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lenguas, una interpretación; pero que todo sea para edificación. Si se habla en lenguas, que hablen dos, o lo más tres, y por turno; y que haya un intérprete. Si no hay quien interprete, guárdese silencio en la asamblea; hable cada cual consigo mismo y con Dios. En cuanto a los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen. Si algún otro que está sentado tiene una revelación, cállese el primero. Podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados. Pero los espíritus de los profetas están sometidos a los profetas, pues Dios no es un Dios de confusión, sino de paz, ... Por tanto, hermanos, aspirad al don de la profecía, y no estorbéis que se hable en lenguas. Pero hágase todo con decoro y orden”.  
Y recomienda discernimiento en el juicio sobre ellos: 1 Tes 5, 19-21: “No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno. Absteneos de todo género de mal”.



Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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