EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - 2da Parte DECISIÓN - Examina y comparte la Semana 1

P. Mark Link, jesuita.


Semana 1.   ¿Cómo era todo antes de Jesús?

Lectura de la Biblia: Salmo 31,9-15


1. ¿Cómo entiendes la expresión “plena venida de Cristo?

2. ¿Pides intensamente esa “plena venida de Cristo”?

3. ¿A qué quiere llegar la historia del anciano rabí?

4. ¿Quién que conoces, parece estar esperando a que Jesús entre en su vida? Explica

5. ¿Cómo explicas la parábola hindú de la torta de barro y la hoja seca?

6. ¿Tienes dificultad en encontrar la voluntad de Dios? ¿Cómo podrías resolver la dificultad?

7. ¿Cómo permitir a Jesús que entre más al fondo en tu vida?



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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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Programa DESAFÍO

Introducción

¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 1





EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - 2da Parte DECISIÓN - SEMANA 1 - DÍA SIETE

P. Mark Link, jesuita


Día siete
 
“Ven, Señor Jesús”  
Apocalipsis 22,20

 
“El Principito” de Saint Exupery, es una historia encantadora. Puede ser disfrutada por los niños y profundamente apreciada por los adultos.

El Principito es un extraterrestre. Un día se encuentra abandonado en la tierra y naturalmente, está confundido y perdido.

Un zorro lo ayuda y una profunda amistad se desarrolla entre los dos. Pasado el tiempo, el zorro y el pequeño príncipe deben separarse. Antes de que lo hagan, el zorro insiste en fijar una hora para su próximo encuentro. Se ponen de acuerdo en reunirse a las cuatro de la tarde de un día específico. Cuando el Principito pregunta al zorro por qué quiere fijar una hora exacta, el zorro dice: “Si sé que vas a llegar a las cuatro, empezaré a estar feliz desde las tres”.
 
El Antiguo Testamento muestra un pueblo que anhela saber la hora precisa en que el Mesías llegaría. Querían anticiparse con alegría a la llegada del otro “príncipe”, el Príncipe de la paz, como le llama el profeta Isaías (9,5). Pero Dios no les señaló la hora precisa.
 
¿Tienes la paciencia de esperar a Jesús para que llegue a tu vida, sin saber exactamente cuál es “la hora” en que vendrá? ¿Estás preparado para hacer cualquier cosa para permitir que el Príncipe de la paz llegue a tu vida ahora mismo? 

Habla con Jesús sobre tu grado de preparación

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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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Introducción

¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 1





EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - 2da Parte DECISIÓN - SEMANA 1 - DÍA SEIS

P. Mark Link, jesuita.


Día seis

 

“Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”  

Mateo 6,9s

 

En 1911 el capitán Robert Scout junto con cuatro exploradores británicos emprendió una caminata hacia el Polo Sur. Viajaron 800 millas en medio de la nieve y vientos helados. Un año después llegaron a su destino. Pero durante el viaje, el éxito se transformó en amarga pérdida. Dos de los expedicionarios murieron en el camino y los otros tres estuvieron cerca de la muerte. Cuando los cuerpos de los fallecidos fueron encontrados, se pudo leer las últimas palabras que cada uno de ellos había escrito antes de morir. Uno de esos hombres era Hill Wilson, médico de la expedición, que en sus últimas horas escribió:

Por ahora sigo vivo y sé que estoy en manos de Dios para llevar a otros hacia él. Si es su voluntad que tenga una vida larga o que muera mañana, debo hacer lo que esté en mis manos y dejarle el resto. Mi confianza está en Dios, así que no es lo más importante qué es lo que yo haga o a dónde me dirija.

Así como Hill Wilson decidió aceptar lo que Dios quisiese para él, el pueblo judío debía abandonarse a la voluntad de Dios y aceptar la hora en que había de cumplirse la promesa de la llegada del Mesías, salvador.

¿Qué hace que decidas aceptar la voluntad de Dios y vivir tu hora como lo hizo Hill Wilson y como el pueblo judío a la espera de un salvador? 

Habla con Jesús sobre esto



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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 1



 




EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - 2da Parte DECISIÓN - SEMANA 1 - DÍA CINCO

P. Mark Link, jesuita


Día cinco

 

“Jesús dijo: Sin mí, ustedes nada pueden hacer”    

Juan 15,5

 

Hay una parábola hindú que cuenta lo siguiente: había una vez una torta de barro y una hoja seca que se habían hecho íntimos amigos. Pasó el tiempo y se hicieron viejos. Decidieron entonces peregrinar a Benarés, la ciudad santa, para bañarse en el río Ganges. Su fe les enseñaba que al hacerlo limpiarían todos sus pecados. Los dos amigos discutieron sobre la gran distancia que tenían que recorrer y las peripecias que habían de pasar. Estaban preocupados por las tormentas y los vendavales, así que idearon una estrategia inteligente: durante las tormentas, la hoja seca cubriría a la torta de barro, para impedir que tanta agua la deshiciera. Durante los vendavales, en cambio, la torta de barro cubriría a la hoja seca para que no saliera volando.

Las primeras dos semanas de viaje transcurrieron sin novedad. La hoja seca hacía de paraguas a la torta de barro y a la inversa, la torta de barro hacía de ancla para la hoja seca. Pero algo terrible ocurrió: el viento y la tormenta se manifestaron al mismo tiempo.

¿En qué te ayuda esta parábola a entender al mundo, la vida, la historia de la humanidad sin un salvador, sin Jesús? 

Habla con Jesús sobre la necesidad que tienes ahora de que él esté presente en tu vida.



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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 1


EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - 2da Parte DECISIÓN - SEMANA 1 - DÍA CUATRO

P. Mark Link, jesuita.


Día cuatro

 

“Vivía entonces en Jerusalén un cierto Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; el Espíritu Santo estaba con él y le había avisado que no moriría sin ver el consuelo del Señor”    

Lucas 2,25

 

Nathaniel Hawthorne fue un brillante escritor. Cuando murió, en 1864, dejó sobre su escritorio una obra que no pudo terminar. Esta se centraba en un personaje principal que nunca aparecía en el escenario. Todos hablaban sobre él, todos soñaban con él, todos lo aguardaban... pero el personaje desconocido nunca llega a aparecer.

El Antiguo Testamento es algo así como la obra de este autor. El Antiguo Testamento se centra en el Mesías. Todos aguardaban su llegada. Pero el Mesías no llegaba. Hoy ocurre como en el Antiguo Testamento y como los personajes de la obra de Hawthorne. Están esperando que un Salvador (este es el significado de la palabra Jesús) llegue a sus vidas. Pero esto todavía no ha ocurrido para ellos, y de alguna manera empiezan a perder las esperanzas.

¿Entre las personas que conoces encuentras quien parece estar esperando a alguien que la salve -en definitiva a Jesús-, ya sea por primera vez o de una manera plena? 

Habla con Dios sobre esa persona y cómo podrías ayudarla.



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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 1






EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - 2da Parte DECISIÓN - SEMANA 1 - DÍA TRES

P. Mark Link, jesuita.


Día tres

 

“Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío; sigue dando luz a mis ojos, líbrame del sueño de la muerte; para que no diga mi enemigo: ‘lo he vencido’, ni se alegre mi adversario de mi fracaso”   

Salmo 13,4s

 

La situación de Israel antes del nacimiento de Jesús está bellamente descrita en la novela de James Michener “El Nacimiento”. Una secuencia describe al anciano rabí Asher caminando a través de un huerto de nudosos árboles de olivo. De pronto, se fija en un árbol muy viejo:

Su interior aparece podrido, pero tras la corteza rota uno puede ver que de alguna manera hay partes del árbol que están en contacto con las raíces, y el viejo árbol todavía sigue vivo, con ramas que ofrecen buenos frutos.  Asher piensa que es una buena imagen de la situación de su pueblo: una antigua sociedad que aparece desgastada, pero que en su interior conserva el contacto con las raíces de Dios, y es a través de estas raíces de la Ley que Jesús pudo develar la voluntad de Dios y producir el buen fruto.

¿Cómo es la situación de la sociedad moderna?  ¿Es similar a la sociedad judía antes del nacimiento de Jesús? 

Habla con Dios sobre la voluntad que Él tiene para ti y tu deseo de seguirla.


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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 1

EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - 2da Parte DECISIÓN - SEMANA 1 - DÍA DOS

P. Mark Link, jesuita.


Día dos

 

“Digan a los cobardes: “sean fuertes, no teman’” miren a su Dios que trae el desquite, viene en persona, los resarcirá, los salvará”  

Isaías 35,4

 

Víctor Frankl, famoso psiquiatra judío, en tiempos del dominio de los nazis en Alemania fue arrestado y enviado a un campo de concentración. En su libro “La búsqueda del significado”, describe los sufrimientos que tuvieron que pasar los judíos en esos campos. Uno de los más atroces era la espera por saber qué había pasado con los seres queridos, indagar por el destino de cada uno, aguardar a ser ejecutados, soñar con ser rescatados. Esta espera afectó a los prisioneros de muchas maneras. Algunos perdieron la esperanza y otros la fe; pero hubo quienes continuaron rezando y esperando. Estos nunca desesperaron. Nunca perdieron la fe.

Lo que era verdad para los judíos en la Alemania nazi también lo fue para los judíos en el antiguo Israel. Ellos también sufrieron opresiones políticas. También sufrieron el dolor de esperar, esperar al Mesías. Algunos perdieron fe y la esperanza. Otros continuaron rezando y esperando. 

Esto nos lleva a preguntarnos acerca de la llegada de Dios a nuestras vidas. ¿Por qué algunos cristianos son capaces de esperar y de rezar mientras que otros no? ¿Cómo responderías esta pregunta? 

Habla con Jesús sobre la “espera” de su llegada a tu vida personal.



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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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Programa DESAFÍO

Introducción

¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 1



EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - 2da Parte DECISIÓN - SEMANA 1 - DÍA UNO

 P. Mark Link, jesuita.


Día uno

“Como busca la cierva las corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?”

Salmo 42,1s

 

Jim Bishop escribió un libro llamado “El día que Cristo murió”. Contiene un hermoso pasaje describiendo cómo los judíos tenían un enorme anhelo por conocer al Mesías que estaba por llegar. El pasaje dice así:

La llegada del Mesías era una grata obsesión nacional, una intensa alegría más allá de la imaginación, más allá de la creencia. Era un dulce sueño para los jóvenes y los viejos, una esperanza que se extendía por Judea entera.

Imagina que tú eres un judío viviendo en Israel justo antes del nacimiento de Jesús. Imagina que tu hija adolescente está empezando a perder la fe en el Mesías y viene hacia ti y te pregunta por qué continúas creyendo y esperando la llegada del Salvador, cuando otros judíos no lo hacen.

¿Cómo se parece esta situación imaginaria a la de muchos jóvenes y adultos cristianos que se encuentran preocupados y quieren que Jesús llegue a sus vidas? Habla con Dios sobre tu deseo de conocerlo mejor y seguirlo más de cerca

 

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Referencia bibliográfica: Desafío. P. Mark Link, jesuita. Ejercicios Espirituales de San Ignacio


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Programa DESAFÍO

Introducción

¿Cómo realizar la oración?

SEMANA 1


EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - 2DA PARTE DECISIÓN - SEMANA 1

 



P. Mark Link, jesuita. 

Semana 1

ESPERA

¿Cómo era todo antes de Jesús?

“Miren que llegan días –oráculo del Señor- en que daré a David un vástago legítimo. Reinará como rey prudente, y administrará la justicia y el derecho en el país”

Jeremías 23,5s

Todo empezó como un viaje de cuatro días para escalar el monte Hood. Alrededor de los nueve mil pies, una terrible ventisca atascó al grupo de montañistas. Gary Schneider de dieciséis años y dos amigos se guarecieron en un túnel de nieve hasta que amainara la tormenta.

Por once días la ventisca bramó sin parar. Las bolsas de dormir de los muchachos se deterioraron; su comida disminuyó a una ración diaria de dos cucharadas de masa de panqueque.

La única distracción que tenían era conmovedora: un chico sentado en su bolsa de dormir leyendo, los otros dos escuchando. De rato en rato hacían un alto para rezar, a veces juntos, a veces solos y en silencio. La espera se volvía insoportable. Los tres perdían aceleradamente fuerza, esperanza y fe. A los dieciséis días el clima empeoró. Los chicos se arrastraban en el túnel, sin casi poder ponerse de pie. De pronto miraron a ras de la montaña y vieron un equipo de rescate que venía a salvarlos.

La peripecia de los tres muchachos nos da una idea de cómo era la situación de los creyentes en tiempos del nacimiento de Jesús. Si bien el pueblo esperaba al Mesías anunciado por los profetas, también había algunos grupos que estaban empezando a perder la fe.

Es la situación de esperar y anhelar la venida del Mesías, en lo que nos concentraremos esta semana de meditaciones.  Lo que pedirás será:

Señor, haz crecer este anhelo que tengo de ti.

Llega, Señor, a mi vida, para poder conocerte;
que conociéndote te ame, y amándote te siga.

Al terminar las meditaciones de esta etapa, se presenta unos versículos del libro de los Salmos que sirven para recitar a manera de oración. Con ellos se expresa de manera poética, igual que en los tiempos de Jesús, el anhelo del tiempo del nacimiento del Mesías.

 

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? 

Salmo 42,1s

 


Meditaciones de la semana:

Día uno

Día dos

Día tres

Día cuatro

Día cinco

Día seis

Día siete

Examina y comparte la Semana 1


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Programa DESAFÍO

Introducción

¿Cómo realizar la oración?





207. Meditaciones: Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - El óbolo de la viuda


 

P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, jesuita

Introducción

Breves indicaciones para hacer con fruto las meditaciones

Acto de fe, esperanza y amor a Jesucristo


IX. JESÚS SUBE A JERUSALÉN PARA LA FIESTA DE LA PASCUA

DESDE LA ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS EN JERUSALÉN HASTA LA ÚLTIMA CENA 

(Fines de Marzo - Primeros de Abril, año 30)


JESÚS ENTRA EN EL TEMPLO DE JERUSALÉN

207.- EL ÓBOLO DE LA VIUDA

TEXTOS

Marcos 12,41-44

Jesús se sentó frente al arca del tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: Muchos ricos echaban mucho.
Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: "Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba; ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir."

Lucas 21,1-4

Alzando la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una pobre viuda que echaba allí dos monedi­tas, y dijo: "De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobra­ba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir."


INTRODUCCIÓN

Terminaba ya la actividad apostólica de Jesús el Martes Santo. Había sido un día de muchos encuentros con los escribas, fariseos, saduceos y herodanos, todos ellos adversarios suyos. Al final de ese día, Jesús pro­nunciaba su discurso de anatema contra los escribas y fariseos y, con do­lor de su corazón, profetizaba el castigo que vendría sobre Jerusalén y todo el pueblo judío. Antes de retirarse del Templo, Lucas y Marcos nos narran que presenció la escena de la viuda pobre que echando su limosna en el arca del Tesoro. Es muy probable que saliendo, Jesús pasase por el atrio de mujeres donde se encontraba el "gazofilacio", lugar destinado para recibir las ofrendas y limosnas de la gente. Al pasar por allí, Jesús se detuvo contemplando cómo algunos ricos echaban sus limosnas, que eran recibidas por los sacerdotes y levitas del Templo. Había la costum­bre de proclamar la cantidad que se había donado, cuando ésta era una suma apreciable. Con frecuencia hacían estas donaciones los ricos con espíritu de ostentación, buscando la alabanza humana.

Conocemos que ésta era también la costumbre de los escribas y fariseos costumbre que el Señor reprende en el Sermón del Monte. (Cfr. Mt 6, 1­4). Jesús, al contemplar la limosna que echaba una pobre viuda, se emo­cionó por la generosidad de esa mujer y quiso dar a sus discípulos, y en ellos a todos nosotros, una lección sobre el espíritu con que se ha de dar la limosna.

MEDITACIÓN

Jesús condenó siempre la limosna dada con espíritu de vanidad y osten­tación y deseando la alabanza de los hombres. Esa limosna no es del agrado del Señor y no recibirán los donantes ninguna recompensa, pues "ya recibieron su recompensa" aquí en la tierra (Mt 6,1).

Pero hay algo mucho más profundo en la enseñanza de Cristo. El Señor tampoco considera meritoria la limosna que se da de lo que a uno le so­bra. Aquellos ricos que depositaban sus buenas sumas de dinero en las arcas del Templo, daban de lo que les sobraba, lo que no suponía sacrifi­cio para ellos. El Señor, al comparar la conducta de aquellos ricos y la de la viuda pobre exclamó:

"En verdad, os digo que esa pobre mujer echó más que todos los que han echado en el gazofilacio: Porque todos echaron de lo que les sobraba, pero ésta de su pobreza echó cuanto tenía, todo el sustento de su vida."

La lección es clara: Lo que vale a los ojos de Dios no es lo que se da, sino el espíritu y sacrificio con que se da. Esa mujer ha conmovido el co­razón de Cristo, porque Cristo conoce que ha dado todo lo que tenía para su sustento de aquel día. La verdadera caridad y la verdadera limosna no es dar de lo que a nosotros nos sobre, sino dar aun aquello que necesita­mos, pero hay otras personas necesitan más. La Madre Teresa de Calcuta, premio Nobel de Paz, resume esta enseñanza diciendo: "Tene­mos que dar hasta que nos duela". Frase que en alguna ocasión ha repeti­do el Papa Juan Pablo II. La limosna hecha con este sacrificio y genero­sidad conmueve siempre el corazón de Cristo.



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Examen de la oración


Referencia: Meditaciones Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, SJ.


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Siéntete en libertad de compartir en los comentarios el fruto o la gracia que el Señor te ha regalado en esta meditación.



206. Meditaciones: Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - Apóstrofe a Jerusalén


 P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, jesuita

Introducción

Breves indicaciones para hacer con fruto las meditaciones

Acto de fe, esperanza y amor a Jesucristo


IX. JESÚS SUBE A JERUSALÉN PARA LA FIESTA DE LA PASCUA

DESDE LA ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS EN JERUSALÉN HASTA LA ÚLTIMA CENA 

(Fines de Marzo - Primeros de Abril, año 30)


JESÚS ENTRA EN EL TEMPLO DE JERUSALÉN

206.- APÓSTROFE A JERUSALÉN

TEXTOS

Mateo 23, 37-39

"¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una ga­llina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa. Pues os digo que ya no me volveréis a ver hasta que digáis:
¡Bendito el Que viene en nombre del Señor!"

Lucas 13, 34-35

"¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una ga­llina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar vuestra casa. Os digo que ya no me volveréis a ver hasta que di­gáis:
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"

INTRODUCCIÓN

En otro pasaje meditamos las lágrimas de Cristo sobre Jerusalén, al pre­ver su destrucción (Cfr. medit. 194). Ahora, al final de su discurso contra los escribas y fariseos y de haberles anunciado el castigo para ellos y para todo el pueblo judío, el Señor vuelve a manifestar el profundo amor que tiene a todo su pueblo y lo que le duele el castigo que va a caer sobre él.


MEDITACIÓN

1) Apóstrofe a Jerusalén

El Señor, con profunda emoción y con palabras patéticas, apostrofa a la ciudad de Jerusalén, que representaba a toda la nación judía.

Muchas veces había acudido el Señor a la ciudad Santa, y en su Templo donde había dado los principales discursos de revelación de su persona y de su misión. Y en sus cercanías había obrado el mayor milagro de to­dos, la resurrección de Lázaro. Cristo había hecho todo lo posible por convertir al pueblo judío, por que le aceptase como el Hijo de Dios, el Enviado del Padre para traer la salvación al pueblo escogido. Y con la comparación de la gallina, que cobija a sus polluelos bajo sus alas, quie­re manifestar el amor y ternura con que quiso atraer hacia sí a todos los judíos. Pero Cristo fracasa en su intento, su amor y ternura son despre­ciados, su llamado es rechazado de tal manera que llegarán a crucificar­le. Podemos imaginar su profundo sentimiento de dolor y pena al experi­mentar este rechazo y prever el castigo que se cierne sobre toda la nación judía. Jerusalén será destruida, toda Judea será asolada, los judíos deja­rán de existir como pueblo y nación y quedarán dispersos en muchas otras naciones. Dios abandona a su pueblo, a su Ciudad Santa, a su Tem­plo. Sólo ruina y destrucción es lo que espera al pueblo judío.

Y no es pura imaginación pensar que Cristo, con la misma ternura y el mismo amor que sentía por el pueblo judío, ama ahora a toda alma redimi­da por él. Qué mayor amor y qué mayor ternura que Cristo en la Cruz ofre­ciendo su sacrificio por todos y cada uno de los hombres. Desgraciados nosotros si un día tenemos que oír las mismas palabras de reprobación que el Señor dirigió al pueblo judío.

2) Palabras de esperanza

Al final de su apóstrofe a Jerusalén, el Señor tiene palabras que se inter­pretan como palabras de esperanza sobre el destino definitivo del pueblo judío.

Dice a los judíos:" No me volveréis a ver hasta que digáis: "¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"

¿A qué tiempo se refiere este hecho que profetiza Cristo, de que llegará un día en que los judíos se conviertan a él, le acepten y le aclamen como el verdadero Mesías? La gran mayoría de los comentaristas cree que Cristo se refiere a la conversión de los judíos al final de los tiempos. Lle­gará el día en que el pueblo judío arrepentido de su rechazo a Cristo, se convierta al Señor y entre en el redil. Esta interpretación está de acuerdo con lo que nos enseña también San Pablo: "No quiero que ignoréis, her­manos, este misterio...; el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel, durará hasta que entre la totalidad de los gentiles, y, así, todo Israel será salvo." (Rom 11,25-26)

Son palabras de Cristo que abren la esperanza al pueblo judío.

La misericordia de Dios no ha terminado para ellos. Dios seguirá llaman­do a los judíos a la conversión. Llegará el día en que ese llamado sea efi­caz y los judíos correspondan al amor misericordioso de Dios, y ellos también puedan recibir los frutos de la Redención de su Hijo.

Esta profecía aliviaría en algo el profundo dolor que sentía Cristo por su pueblo. Cristo en el cielo sigue intercediendo por su pueblo. Infinita la misericordia y el amor de Cristo, que llega a superar todas las maldades y pecados de los hombres.


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Examen de la oración


Referencia: Meditaciones Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, SJ.


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205. Meditaciones: Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - Siete maldiciones sobre los escribas y fariseos. El castigo de la condenación


 

P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, jesuita

Introducción

Breves indicaciones para hacer con fruto las meditaciones

Acto de fe, esperanza y amor a Jesucristo


IX. JESÚS SUBE A JERUSALÉN PARA LA FIESTA DE LA PASCUA

DESDE LA ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS EN JERUSALÉN HASTA LA ÚLTIMA CENA 

(Fines de Marzo - Primeros de Abril, año 30)


JESÚS ENTRA EN EL TEMPLO DE JERUSALÉN

205.- SIETE MALDICIONES SOBRE LOS ESCRIBAS Y FARISEOS. EL CASTIGO DE LA CONDENACION

TEXTOS

Mateo 23,13-36

"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hom­bres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de conde­nación, el doble más que vosotros!
¡Ay de vosotros!, guías ciegos, que decís: 'si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado' ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: 'si uno jura por el altar, eso no es nada; más si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado' ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofren­da? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario jura por él y por Aquél que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquél que está sentado en él.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: La justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había de practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y tragáis el camello!
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña e intemperan­cia! ¡Fariseo ciego, limpia primero por dentro la copa, para que también por fuera quede limpia!
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que sois semejantes a se­pulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro es­tán llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también voso­tros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis los sepul­cros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘si nosotros hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas’! Con lo cual atesti­guáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!"
"¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna? Por eso, mirad: os voy a enviar a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad, para que recaiga sobre vosotros toda la sangre de los justos derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el Santuario y el altar. Yo os aseguro: todo esto recaerá sobre esta generación."

Lucas 11,37-54

En acabando de hablar, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; en­trando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado vien­do que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor les dijo:
"¡Bien! Vosotros los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! El que hizo el exterior, ¿no hizo el interior? Dad más bien en limosna lo que te­néis, y así todas las cosas serán puras para vosotros. Pero, ¡ay de voso­tros, los fariseos, que pagáis el dinero de la menta, de la ruda y de toda legumbre, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar, aunque sin omitir aquello.
¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinago­gas y que se os salude en las plazas!
¡Ay de vosotros, que sois como sepulcros blanqueados que no se ven, so­bre los que andan los hombres sin saberlo!"
Uno de los legistas le respondió: "Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros" Pero él dijo:
¡Ay de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas insopor­tables, pero vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos! ¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres, porque ellos los mataron y vosotros edificáis. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mun­do, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación.
¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que querían entrar se lo habéis negado."
Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle im­placablemente y hacerle hablar muchas cosas buscando, con insidias, ca­zar alguna palabra de su boca.

INTRODUCCIÓN

Mateo, después de la exhortación que hace el Señor a sus discípulos so­bre la humildad, continúa transmitiéndonos las famosas siete maldicio­nes o anatemas que el Señor pronunció contra los escribas y fariseos. Lucas pone estas imprecaciones del Señor en otro contexto: El Señor es invitado a casa de un fariseo que se escandaliza de que su invitado no se haya lavado las manos antes de ponerse a la mesa. El Señor toma oca­sión de este escándalo hipócrita para desenmascarar sus hipocresías y sus vicios.

Pero el contenido de las imprecaciones en Lucas y Mateo es muy pareci­do. Algunas de las acusaciones que trae Lucas en este discurso las hemos considerado en la meditación anterior. Las demás acusaciones las encon­tramos también en Mateo. En la meditación seguiremos el texto de Mateo.

Debemos interpretar las palabras del Señor no sólo como una recrimina­ción muy dura a sus adversarios, sino también como un último llamado que les hace a la conversión. Y todas estas acusaciones que Jesús pro­nuncia deben ser motivo de reflexión para todos los hombres. La hipo­cresía es pecado muy común; todos nos inclinamos a aparentar por fuera lo que no somos por dentro. No temas el juicio de los hombres, sino sólo el de Dios que nos juzgará por lo que haya en nuestro interior.


MEDITACIÓN

1) Las siete maldiciones contra los escribas y fariseos

Cada una de estas maldiciones nos descubre aspectos diversos de la hi­pocresía y maldad de los escribas y fariseos.

a) Uno de los mayores pecados que cometían era el de impedir al pueblo judío que aceptase al enviado del Padre, al Mesías, y, por tanto, le impedía entrar en el Reino de Dios que Cristo había venido a instaurar. No se con­tentaban con rechazar ellos a Cristo, sino que, por medio de calumnias al mismo Cristo y de amenazas al pueblo, hacían todo lo posible para que la gente no siguiese al Señor.

Y el pecado en ellos era especialmente grave, ya que eran los guías espi­rituales del pueblo; y, en vez de facilitarle la entrada en el Reino de Dios, le impedían entrar en él.

Se trata de un gravísimo pecado de escándalo, que el Señor condena con tanta energía; al que comete escándalo "más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar" (Mt 18,6).

b) Es conocido que los fariseos y escribas procuraban atraer a paganos a la religión judía; en las comunidades de la diáspora judía, en muchas ciudades del Imperio Romano, encontramos siempre a estos fariseos y escribas dirigiendo esas comunidades y procurando hacer prosélitos en­tre los gentiles. El Señor les acusa no por su afán proselitista, sino por­que, una vez convertido el pagano a la religión judía, no se preocupaban de llevarle por el camino de una recta moral; se contentaban con gloriar­se de haber hecho un nuevo prosélito. Parece que muchos de estos prosélitos seguían con sus costumbres paganas en su conducta moral, y añadían a sus propios vicios los pecados de soberbia y desprecio a los demás que habían aprendido de los fariseos, y su hipocresía.

c) El Señor a continuación condena la manera como interpretaban los es­cribas y fariseos el precepto de no hacer juramentos, y qué juramentos obligaban y cuáles no. Con toda facilidad dispensaban de promesas y vo­tos hechos con juramento, y es probable que por estas dispensas recibie­sen alguna remuneración económica. Es un caso más del legalismo de los fariseos y escribas, que, olvidando o prescindiendo del espíritu de la Ley, interpretaban sus preceptos con multitud de distinciones y de nor­mas, con frecuencia favorables a ellos, que desvirtuaban su verdadero contenido moral.

El precepto de no jurar, salvo por motivos muy especiales, y con la obli­gación de cumplir el juramento que se ha hecho, radica en la dignidad de Dios y el respeto que debemos a su Nombre. Y lo que el Señor nos ense­ña es que, no solamente cuando se nombra explícitamente a Dios, sino siempre que se jure por algo que tenga alguna relación con Dios, el jura­mento obliga igualmente. Las distinciones que hacían los fariseos y es­cribas no tenían ningún fundamento. Era no captar la transcendencia de Dios y su presencia en las criaturas.

El Señor había expuesto anteriormente en el Sermón del Monte su doc­trina sobre los juramentos y aconsejaba a sus discípulos evitar, a poder ser, los juramentos, y contentarse con la mera aserción o negación en to­das las relaciones humanas. (Cfr. Med.34)

La cuarta acusación que hace el Señor pone especialmente de mani­fiesto una de las mayores hipocresías de los fariseos y escribas. La Ley de Moisés contenía la obligación de pagar los diezmos de los bienes ma­teriales que se poseían, tanto en ganado como en frutos del campo. Ellos habían extendido esta ley hasta los frutos más mínimos; así pretendían mostrarse ante el pueblo como celosos cumplidores de la Ley. Pero lo contradictorio y absurdo de su conducta es que, mostrando esa preocupa­ción excesiva en el cumplimiento de cosas mínimas y sin gran transcendencia, olvidaban los grandes preceptos de la Ley de Dios, que el Señor resume en la justicia, la misericordia y la fe.

Se entienden aquí por justicia, misericordia y fe, los preceptos que regu­lan las relaciones humanas. Los profetas del Antiguo Testamento siem­pre habían echado en cara a los jefes del pueblo judío sus graves peca­dos, las muchas injusticias que cometían contra los más pobres y desvali­dos, la gran falta de misericordia y obras de caridad para con los necesi­tados, la falta de fidelidad en cumplir sus promesas y obligaciones con­traídas. Los fariseos no respetaban la justicia, eran inmisericordes con el pueblo y sólo se preocupaban de sus propios y egoístas intereses.

Y para que de una manera gráfica se entienda mejor el comportamiento tan hipócrita de los escribas y fariseos, pone el ejemplo absurdo de aquel que se preocupa de no tragarse un mosquito, pero es capaz de tragarse un camello. Los fariseos y escribas tienen escrúpulos en quebrantar normas pequeñas, que ni siquiera están en la Ley, y, sin embargo, con toda facili­dad quebrantan los más graves e importantes mandamientos. El Señor no condena que se cumpla con esas normas, con pagar incluso el diezmo de los frutos más insignificantes; si se hace con buen espíritu y como verda­dero acto de culto a Dios, Creador y dador de todos los bienes, es una obra elogiable. Lo que recrimina el Señor es la hipocresía con que se pone celo en observar esas menudencias mientras es pisoteada la obser­vancia de los grandes mandamientos.

d) El Señor contrapone, en la quinta acusación que hace a los fariseos y escribas, la pureza interior del corazón a las abluciones de pureza legal externa, a que ellos daban tanta importancia. El Señor descubre el cora­zón de sus adversarios y les dice con toda claridad que es un corazón im­puro "lleno de rapiña y de intemperancia." Por "rapiña" hay que enten­der la gran avaricia y codicia de bienes materiales que ellos mostraban, y por "intemperancia" todos los sentimientos de soberbia, de prepotencia, de desprecio que manifestaban con respecto al pueblo.

Lo más importante no es la apariencia externa de limpieza, sino la verda­dera limpieza del corazón. Y la pureza de corazón significa pureza de in­tención, estar siempre movido por el amor a Dios y al prójimo, mante­ner una actitud de sincera humildad y sumisión a la voluntad de Dios.

¿A qué se refiere el Señor cuando dice: "Limpia primero por dentro la copa, para que también por fuera quede limpia."? El Señor no quiere sino repetir la lección que dio a sus discípulos cuando les habló de la limpieza del corazón. Del corazón salen las malas obras; primero nacen en el corazón como deseos, intenciones; y después esos deseos e inten­ciones son los que se ponen por obra. "De dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos tes­timonios, injurias. Eso es lo que hace impuro al hombre." (Mt 15, 19) Por el contrario, de un corazón puro se manifestarán al exterior obras buenas. Las obras externas del hombre sólo pueden ser limpias y buenas si nacen de un corazón puro. El exterior del hombre será puro si su inte­rior es puro.

e) El Señor repite la misma acusación de la falta de pureza interior en el corazón de los fariseos y escribas; pero ahora lo hace tomando la imagen de los sepulcros blanqueados. Los judíos tenían la costumbre de revestir las sepulturas con pintura blanca y adornarlas. Así se hacían visibles a to­dos, para que no pisasen sobre ellas, pues contraían al pisarlas una impure­za legal. Y las sepulturas así blanqueadas se hacían agradables a los ojos.

Y esta es la dura acusación que hace el Señor: Esos sepulcros por fuera parecían algo hermoso y bonito; pero por dentro no eran más que un conjunto de huesos mezclados con toda clase de podredumbre. Por dentro, todo era repulsivo y putrefacción. Así eran los fariseos y es­cribas en el interior de su corazón, aunque por fuera parecieran hombres espirituales y observantes de la Ley. Por dentro estaban llenos de corrup­ción moral. Las palabras del Señor enfatizan, pues, la acusación anterior.

Los fariseos cometían el gravísimo error de dar importancia a lo que la gente podía pensar de ellos, sin preocuparse de lo que Dios, que ve el interior del hombre, juzgase de sus verdaderas intenciones y actitudes y de sus obras de pecado.

f) La séptima acusación es una acusación profética. El Señor les recuer­da lo que con tanta frecuencia sucedió en la historia del pueblo de Israel: El hecho de la persecución y muerte de los verdaderos profetas que les enviaba Dios. Y ellos, ahora, los de la presente generación, les levantan monumentos sepulcrales. Parece como si comprendiesen el pecado que habían cometido sus antepasados y quisieran reparar su pecado. Pero el Señor les dice que es también hipocresía lo que están haciendo; que ellos son hijos de aquellos que mataron a los profetas y que están dispuestos a obrar del mismo modo. El Señor se refiere a su maquinación para darle muerte a él. Su pecado va a ser mucho más grave, pues van a matar al mismo Hijo de Dios: éste será el pecado que supere todos los pecados de sus antepasados, el pecado más grande que se pueda cometer, será el col­mo de la maldad de los hombres. Ellos colmarán la medida de la maldad de sus padres.

Las palabras de Cristo son, pues, una profecía de su muerte a manos de los judíos, instigados por sus jefes. Pero este pecado colmará también la capacidad de la paciencia de Dios, y vendrá sobre ellos el castigo impla­cable de la condenación. De este castigo es del que habla el Señor a con­tinuación.

2) El castigo de la condenación

Los calificativos con que amenaza Jesús a los escribas y fariseos indican su perversa astucia y maldad. Juan Bautista había usado estas mismas palabras cuando en el Jordán se le acercaron los escribas y fariseos. (Cfr. Mt 3,7)

Su espíritu de odio, persecución y asesinato a los enviados de Dios no terminará con la muerte de Cristo; después de cometer el crimen más ho­rrendo de toda la historia de la humanidad, de crucificar al Hijo de Dios, seguirán persiguiendo y matando a los enviados por Cristo a propagar su Reino en toda la tierra. A esto se refieren las palabras de Cristo: "Les en­viaré apóstoles, profetas, y a algunos los perseguirán y matarán" (Lc), "Os voy a enviar a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los mata­réis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad" (Mt). La historia de la Iglesia es testigo del cumplimiento de esta nueva profecía del Señor, pues fueron los ju­díos de Jerusalén y los judíos de la diáspora, esparcidos por todo el Imperio, los primeros que persiguieron a los apóstoles y discípulos de Cristo.

El crimen de la muerte de los enviados de Dios había sido una conducta constante de la nación judía a través de toda su historia. Y la generación actual llegará a crucificar al Hijo de Dios, al Mesías prometido desde las primeras páginas de la Escritura. El Señor considera, pues, como una unidad moral a todo el pueblo judío y le hace responsable de todos los crímenes que ha cometido contra los profetas, sacerdotes y demás justos, "desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías."

Puede interpretarse que la mención de la sangre de Abel quiere indicar que los judíos imitarán la conducta de Caín en su odio a Cristo y en darle muerte. La muerte de Zacarías sacerdote, distinto del Zacarías profeta, es el último crimen narrado en el último libro de la biblia hebrea (2 Re 24,20-22).

"Todo esto recaerá sobre esta generación." La presente generación, re­presentada en sus jefes, colma ya la medida de sus crímenes con la muer­te de Cristo; sobre ella recaerá el castigo de Dios. El castigo será la des­trucción de Jerusalén y su Templo y la desaparición del pueblo judío como nación.

"¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?" A los escribas y fariseos les amenaza con la condenación eterna. La "Gehenna" era el nombre de un valle de Jerusalén, considerado maldito, porque que en él se había dado culto a dioses falsos y se había cometido el horrendo cri­men de sacrificar niños. Pasó a ser el símbolo del lugar maldito a donde iban los condenados, símbolo del infierno. Destino trágico para los escri­bas y fariseos y para todos aquellos que se oponen y luchan contra Cristo.

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Examen de la oración


Referencia: Meditaciones Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo - P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, SJ.


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