P. Miguel Girón, S.J.
El P. Miguel nos comparte su experiencia vivida en el viaje que realizó en 1990 a las ruinas de Reducciones Jesuíticas del Brasil, Argentina y Paraguay. Deseamos que el ejemplo de los misioneros jesuitas que hicieron esta obra para la mayor gloria de Dios, nos haga reflexionar, en este Año Sacerdotal, qué tan lejos puede llegar nuestra entrega a Dios en el servicio de la evangelización.

Nueve horas transcurrieron hasta llegar a San Borja, ciudad brasileña, situada en el límite con Argentina, que fue fundada por el P. Francisco García del Prado en 1690, hoy con 45,000 habitantes, uno de los pueblos de las Reducciones que llegó a tener 4,000

Las Religiosas del Verbo Divino nos acogieron generosamente, y nos dieron un reconfortante desayuno a la salida del sol de aquella mañana fría. Atravesamos en balsa el río Uruguay de 1 Km de ancho para entrar en territorio argentino por Santo Tomé, que llegó a ser también una floreciente reducción. Muy buena carretera a través de la inmensa llanura argentina en un recorrido de 150 Km hasta llegar a Posadas (150,000 habitantes), capital de la provincia de Misiones, zona extensa en la que los jesuitas fundaron hasta 48 pueblos, de los cuales permanecieron sólo 30 por causa de los ataques de los

Por entonces el P. Ruíz de Montoya, peruano, organizó una expedición hacia el sur por el río Paraná con 900 canoas y 12,000 indios que salieron huyendo para poderse librar de los cazadores de esclavos.
Hay que tener en cuenta que los

Se establecieron por fin los indios en territorio argentino y fundaron varios pueblos, entre ellos SAN IGNACIO MINI, cuyas ruinas visitamos. Dista sólo 30 Km de Posadas.
Es algo impresionante ver la obra que realizaron

El mérito de los jesuitas está en haber logrado que estos miles de indios dispersos durante siglos, que vivían

Los jesuitas eran los administradores, los formadores, padres y maestros de los pueblos. No eran los dueños de las riquezas que poseían las reducciones.
Viendo los inventarios que se conservan del momento de la expulsión de los jesuitas por Carlos III impresionan las riquezas de estos pueblos. Por ejemplo SAN COSME, para 3346 habitantes, tenían 25 mil cabezas de ganado vacuno; 2945 caballos salvajes; 638 caballos domados, 1792 vacas y 8 mil ovejas; varias plantaciones de caña de azúcar, algodón y plantas medicinales que

Durante 150 años (1608 a 1768), trabajaron en las reducciones 1500 sacerdotes y hermanos jesuitas, de los cuales 550 eran españoles, 309 argentinos, 159 italianos, 112 sajones, 83 paraguayos, 52 portugueses, 41 franceses, 8 irlandeses, 22 bolivianos, 20 peruanos, 92 chilenos y algunos de otros países.
De todos estos misioneros 26 fueron martirizados y más de 500 mil indios

En los 150 años que permanecieron los jesuitas en estas tierras progresó extraordinariamente la agricultura, la artesanía, la música, la escultura y la arquitectura. Había fundiciones de hierro y bronce, fabricaban campanas, imprimían libros y hacían observaciones de los astros en diversos observatorios de las misiones.
Toda esta obra de evangelización, de civilización y de cultura se destruyó cuando en 1768 Carlos III firmó el decreto de expulsión de los jesuitas de España y de todas sus colonias. Muchos misioneros murieron por los malos tratos en las prisiones y en los barcos camino del destierro. Al puerto de Santa María, junto a Cádiz, fueron llegando, procedentes de las colonias españolas los barcos con 2,267 misioneros sobrevivientes. Y con este decreto de expulsión, fruto de la debilidad y cobardía de un rey, se derrumbó para siempre una de las obras más grandiosas realizada por los jesuitas a favor de los indios del Brasil, Argentina y Paraguay en los siglos XVII y XVIII.
Años más tarde, ante la ausencia de los jesuitas,

Después de tres días intensos viajando de pueblo en pueblo por esta extensa zona viendo museos y ruinas de las misiones regresé a San Leopoldo con el alma llena de asombro y de gratitud al Señor ante esta obra gigante. Yo mismo me preguntaba sin entender este terrible fracaso: ¿es posible todo esto? Y recordé en un instante el 3er. Punto que pone San Ignacio en la meditación del Nacimiento de Jesús: “Caminar y trabajar para que el Señor sea nacido en suma pobreza, y al cabo

Abrí un folleto que tenía en mi mesa sobre la canonización de los tres mártires de las reducciones y leí en él estas palabras del Papa Juan Pablo II y del Padre General que venían a reafirmar que el misterio de a Cruz, para lo que no creen, es el mayor escándalo y necedad, pero para los que tienen fe, es fuerza y sabiduría de Dios.
El 16 de mayo de 1988 Juan Pablo II

La inquebrantable fe de estos

El P. General en su carta a la Compañía (22.IV.88) dice que: “el P. Roque González pertenece a la primera generación que en América Latina formó parte de la Compañía y trabajó por la promoción humana y cristiana de los indígenas. Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, forman parte de aquella multitud de jóvenes jesuitas que desde el siglo XVII, movidos por un

Estos mártires, auténticos cristianos, quisieron y consiguieron participar de la vida de Cristo resucitado viviendo radicalmente la fe y llevando su Bautismo hasta la santidad. Fueron los pioneros de una de las obras religiosas y sociales de mayor alcance y clarividencia de la historia de la Compañía de Jesús en las misiones”.
Que en este año ignaciano estimule y renueve nuestro espíritu, la vida y la

San Leopoldo, Brasil
31/05/1990
(*) Reducciones: Método de evangelización integral que valorizando las cualidades y derechos de los indios, insertándose en su cultura originaria, les abría nuevos horizontes comunitarios y les conducía

Juan Pablo II a los Jesuitas
“A los sentimiento de sincera alegría por vuestra presencia, se añade el obligado sentimiento de Reconocimiento y gratitud, que – siguiendo la huella de mis Predecesores – deseo expresar a toda la Compañía de Jesús y a cada uno de sus miembros, por la contribución histórica de apostolado, servicio y fidelidad a Cristo, a la Iglesia y al Papa, prestada desde hace siglos, con una generosidad incansable y una entrega ejemplar en todos los campos del apostolado, en los ministerios y en las misiones. Es un reconocimiento, que hoy, en nombre de toda la Iglesia, os expreso a vosotros, dignos herederos de tales Religiosos, que desde hace cuatro siglos y medio han hecho de la mayor gloria de Dios su lema y su ideal”.
27 de Febrero, 1982.
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Agradecemos al P. Miguel Girón S.J. por su colaboración.
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