Invocación a la Trinidad




¡Oh Trinidad Santísima!, origen de todo.
Misterio tan profundo, que me hace exclamar
del fondo de mi corazón ‘Santo, Santo, Santo’.

Te encuentro en el fondo mismo de mi ser
amándome, creándome,
trabajando por mí, para mí, conmigo
en una comunión misteriosa de amor.

Dame, Señor, que yo comience a ver
con otros ojos todas las cosas…

Pedro Arrupe, S.J.

Cristología II - 6° Parte: El Misterio de la Encarnación - De la anunciación a la infancia hasta presentación de Jesús en el templo



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


3.6. EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN 

El motivo de la encarnación siempre se afirmó en los primeros tiempos del cristianismo y de la patrística fue la redención del género humano del poder del pecado y de la muerte eterna.

Estado de la cuestión: de lo que se trata es de averiguar si "en la presente economía de salvación", o sea, presupuesto el pecado de Adán, el "motivo principal" de la encarnación es la redención del género humano, o si hay algún otro motivo independiente de esta finalidad redentora. Efectivamente en virtud del presente decreto salvífico, o sea, el motivo de la encarnación presupone la permisión del pecado y el hecho del pecado mismo y sus consecuencias para todo el género humano.

Nosotros podemos afirmar: En el presente orden de cosas, o sea, en virtud del presente decreto de Dios, la encarnación del Verbo se ordenó de tal modo a la redención del género humano, que, si el hombre no hubiera pecado, el Verbo no se hubiera encarnado. (Sentencia más común y probable).


3.6.1. La Sagrada Escritura 

Ni una sola vez se dice que el Verbo se habría encarnado aunque el hombre no hubiera pecado; y en cambio, se nos dice muchas veces que el Verbo se encarnó para salvarnos del pecado.


  • "El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en redención de muchos".  Mt 20, 28.
  • "El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido". Lc 19, 10.
  • "Tanto amó Dios al mundo, que le dió su Unigénito Hijo para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por ". Jn 3, 16-17.
  • "El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por nosotros, ¿cómo no nos daría con el graciosamente todas las cosas?". Rom 8, 32
  • "Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo, y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque en Cristo estaba reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación". 2 Cor 5, 18-19.


3.6.2. Magisterio de la Iglesia 

Los Símbolos de la fe se nos dice que el Hijo de Dios descendió del cielo por nosotros y por nuestra salvación. Esta enseñanza de los Símbolos la ha repetido la Iglesia continuamente a través de los siglos. Pío XII en la encíclica "Haurietis aquas" dice: "Los documentos legítimos de la fe católica totalmente de acuerdo con las Sagradas Escrituras nos aseguran que el Hijo de Dios tomó una naturaleza humana pasible y mortal "principalísimamente porque anhelaba ofrecer, pendiente de la cruz, un sacrificio cruento para consumar la obra de la salvación de todos los hombres".


3.6.3. Razón teológica 

Sto. Tomás dice: La razón es que porque aquellas cosas que dependen únicamente de la voluntad de Dios y que están por encima de todo cuanto se debe a las criaturas, no podemos conocerlas sino por la Sagrada Escritura, donde se nos revelan. Pero, como en todos los lugares de la Sagrada Escritura se nos dice que la razón de la encarnación es el pecado del primer hombre, es más conveniente decir que la obra de la encarnación fue ordenada por Dios para remedio del pecado, de suerte que, si el pecado no se hubiese producido, tampoco se hubiera encarnado el Verbo. Sin embargo, el poder de Dios no queda limitado por esto, ya que Dios hubiera podido encarnarse aunque el pecado no hubiera existido". Por todo ello podemos decir: "El Verbo se encarnó para redimir todos los pecados de los hombres, pero principalmente el pecado original".

Decimos: "El Verbo se encarnó para redimir todos los pecados de los hombres". Entendido en el sentido de que Cristo murió en la cruz no sólo para redimir a los predestinados, o a los fieles, o a los elegidos, sino para redimir a todos los hombres del mundo sin excepción, esta conclusión teológica es de fe.

Consta claramente en la Sagrada Escritura. Veamos:


  • "Darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de su pecados". Lc 1, 21. 
  • "Al día siguiente vio venir a Jesús y dijo: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo", Jn 1, 29.
  • "El es la propiciación por nuestros pecados. Y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo", 1 Jn 2, 2.


Sto. Tomás opina acerca de la afirmación de que murió principalmente por el pecado original: "Es cierto que Cristo vino al mundo no sólo para borrar el pecado original que heredamos todos por la naturaleza humana, sino también para borrar todos los demás pecados que posteriormente cometemos. No queremos decir con esto que todos se borren de hecho, porque hay hombres que no quieren unirse a Cristo, según dice S. Juan: "La luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz", Jn 3, 19. Sin embargo, Cristo vino "principalmente" para borrar el pecado mayor, el que afectaba a todo el género humano: el pecado original".

En el misterio de la encarnación vamos a destacar la actuación de cada una de las tres divinas personas y también la de la Virgen María.


3.6.4. El Padre es el que envía 

Es el mismo Cristo quien  afirma: "El Padre que me envió da testimonio de mí", Jn 8, 18. "Y ellos... han creído que tú me enviaste", Jn 17, 8.


3.6.5. El Hijo es el "enviado" 

"... dan testimonio de que el Padre me ha enviado", Jn 5, 36. "Para que crean que Tú me has enviado", Jn 11, 42. "Tengo que trabajar en las obras del que me ha enviado", Jn 9, 4.


3.6.6. El Espíritu Santo es el que obra 

Mt 1, 18:  "Se encontró en cinta por "obra" del Espíritu Santo". Lc 1, 35: "El ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra".


3.6.7. La Virgen María acepta y colabora 

Lc 1, 38: "He aquí la esclava del Señor hágase en mí según tu palabra".


3.6.8. La encarnación como misterio de Dios  

S. Pablo es el que habla en estos términos. Para Pablo el "misterio" comprende toda la economía de la salvación, o todo el designio salvífico de Dios. Este misterio se nos ha manifestado en su Hijo Jesucristo, en El todos los hombres, sin diferencias de raza ni de culturas, tenemos acceso al Padre, porque Jesucristo es el único Señor y Cabeza que todo lo unifica y recapitula, Efes 1, 9-10; Col 1, 26-27; Rom 16, 25-26.

Esta economía de la salvación Pablo la califica de "misteriosa y de escondida"; y lo es bajo un doble aspecto.

  • Primero, porque tiene su origen y fuente en la sabiduría y poder de Dios, que sobrepasa todo conocimiento humano. 
  • Segundo, el designio salvífico de Dios es un pensamiento de su corazón y un acto libre de su voluntad; y Dios no se aconseja con nadie, ni hay criatura que pueda sugerirle el modo de proceder, Rom 11, 33-34. Las consecuencias de esto son evidentes: el misterio de Dios sólo es accesible al Espíritu de Dios y a quien éste se lo quiera comunicar. Así el designio de Dios, o su economía de salvación, es doblemente misterioso: Por ser una decisión del corazón de Dios "escondida desde antes de los siglos", hasta el día en que El se dignó revelarla "llegada la plenitud de los tiempos...", Gal 4, 4; y por ser un designio impenetrable. Y un camino incomprensible en sí mismo "de la sabiduría de Dios". Rom  11, 33; 16, 25; Efes 3, 8-11.





3.7. LA ANUNCIACIÓN. VISITA A ISABEL. NACIMIENTO 

Antes de hablar de los misterios de María en la obra de su Hijo Jesucristo vamos a exponer algo acerca de los "Evangelios de la infancia" y su género literario peculiar. El primer problema que plantean los Evangelios de la infancia es su género literario. Como síntesis de los estudios más recientes se pueden señalar tres notas.

  • Los evangelios de la infancia son narraciones sustancialmente históricas. No hay duda de que tanto Mateo como Lucas pretende referir hechos acaecidos en la historia. En Lucas, en concreto, no puede olvidarse que en su prólogo dice que intenta narrar, "ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la palabra... para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido". Lc l, l¬4.
  • Tales narraciones de la infancia está construidas de un modo artístico. Ello implica fundamentalmente un selección de material en función de una construcción literariamente bella.
  • Tales narraciones están influenciadas por un cierto procedimiento literario llamado "midráshico". "Midrash", es un término de uso lingüístico que significa investigar, explicar la Sagrada Escritura. Un midrash es una explicación edificante de la Sagrada Escritura hecha por los rabinos, ya sea en forma de comentario, explicando versículo por versículo, ya en forma de homilía en el que parte de un determinado pasaje y lo explica con argumentaciones y aclaraciones inesperadas para nuestro modo de pensar y con toda clase de aplicaciones prácticas para cualquier situación de la vida humana. Este género literario algunos exegetas consideran que pone en duda la veracidad e historicidad de los evangelios de la infancia y por ello consideran que dichos evangelios no son un midrash. Los midrash judíos, especialmente las narraciones midráshicas de historias de la infancia, contienen una prolongación y embellecimiento literario de textos bíblicos meramente imaginativos y sin base histórica. Sin embargo, tomando la palabra "midrash" en un sentido amplio, en cuanto narraciones llenas de alusiones bíblicas, se puede, por comodidad, seguir usando el término, acotando que estas alusiones no oscurecen en nada el carácter histórico de las narraciones. Por ejemplo, a un hombre imbuido en la lectura del AT como en el caso de nuestros dos evangelistas (Mt y Lc) al narrar hechos reales que son precisamente cumplimiento de lo que el AT había anunciado, no pueden menos de venirle a la pluma espontáneamente alusiones a esos anuncios previos. S. Mateo habrá de descubrir esas alusiones al AT  en concreto, estudiarlas en sus contextos veterotestamentarios y volver después con los resultados de esos estudios evangélicos a sus escritos.

Habitualmente se reconoce como dato cierto, que el evangelio de la infancia de Mateo y de Lucas proceden de dos tradiciones distintas. En Mt,  S. José es la figura central del evangelio, mientras que en  Lucas, el personaje principal es María. Se puede suponer que de una manera u otra, Lucas, ha tenido a María como fuente principal de su evangelio de la infancia. Sin embargo, Mateo podría tener la fuente de "los hermanos del Señor", es decir, de los parientes próximos del Señor, parientes, lo más probablemente por parte de S. José; ello explicaría el relieve que se le da a S. José en la narración.


3.7.1. La Anunciación 

Este relato lo describe solamente Lc 1, 26-38. Poco después de sus desposorios (no boda o matrimonio) con S. José, María recibió una revelación de Dios por medio del Angel Gabriel (que significa: Dios, se ha mostrado fuerte). Este le saluda con estas palabras: "Salve, llena de gracia", esto significa que alguien es objeto de la benevolencia divina, uno que ha sido favorecido por Dios y continúa siéndolo, o alguien a quien se le ha concedido una gracia sobrenatural y la conserva. La palabra griega es "kejaritomene" , y se ha traducido por: "llena de gracia".

La Iglesia expresa su opinión convencida de que María recibió totalmente el favor divino, y que estuvo llena de gracias de orden sobrenatural y de los dones del Espíritu Santo que de ello se desprende. El ángel continuó diciendo : "El Señor está contigo", descubriendo así que María disfrutó de la asistencia divina en todas sus acciones hechas para la gloria de Dios. Y termina el saludo con las palabras: "bendita eres entre las mujeres", indicando así que María ocupaba una posición única entre las mujeres de todas las naciones y de todas las épocas. María queda confusa ante este saludo y se turbó en la humildad de su corazón puro y sencillo. Mientras María reflexionaba sobre las posibles consecuencias del mensaje, el ángel la tranquiliza, llamándola familiarmente por su nombre, diciéndole que no tema y afirmando de nuevo que había encontrado favor ante los ojos de Dios.

A continuación le expone la naturaleza de la gracia que se le va a conceder: "Y he aquí que concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús...", Lc 1, 30-32. Alusión a la profecías de Is 7, 14. María responde al ángel: "cómo se hará esto, pues no conozco varón". El ángel le responde : "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra ...", Lc 1, 35. La concepción del Niño, será debida a una intervención especial de Dios por medio de su Espíritu Santo, siendo éste la expresión del amor divino y procediendo del amor del Padre y del Hijo, así se le atribuye al Espíritu Santo la "obra" de la encarnación. El ángel Gabriel termina con estas palabras: "Por eso el santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios". Es el Hijo de Dios por generación eterna (El Verbo) y es el Hijo de Dios engendrado por obra del Espíritu Santo en el seno virginal de María (Jesús de Nazaret, el Verbo divino encarnado).

A lo largo de esta conversación de María con el ángel podemos ver en María su sencillez, prudencia, sabiduría, en todo ello se pone a prueba su fe, su obediencia y su humildad. Su fe en la revelación del ángel fue completa y sin reservas, y por tanto, su consentimiento, sabiendo que iba a ser Madre de Dios, no fue pasivo, sino activo, libre y sin coacción. Su obediencia fue completa y su humildad profunda.


3.7.2. La Visitación a Isabel 

Después de la anunciación, María se dirigió a visitar a su prima Isabel, que residía en una ciudad llamada Ain Karen de la región de Judá. El motivo de la visita fue al enterarse por medio del ángel que su pariente Isabel estaba encinta. Cuando María entró en la casa de Isabel, ésta sintió una señal extraordinaria: el hijo que esperaba saltó de gozo en su entrañas, Lc 1, 41-44. Isabel se sintió llena del Espíritu santo y exclamó: "Bendita tú eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre", Lc 1, 42. Después se confiesa indigna de recibir la visita de María: "De dónde a mí tanto honor que la madre de mi Señor venga a visitarme", Lc 1,43. Y reconociendo cómo había reconocido el misterio por inspiración del Espíritu Santo, sigue diciendo: "Pues he aquí que, cuando tu saludo llegó a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno", Lc 1, 44. Y acaba Isabel alabando la fe de María, a la cual se debió en parte la encarnación: "Y bendita eres tú porque has creído, porque el mensaje del Señor se cumplirá en ti", Lc 1, 45.

La respuesta de la Virgen fue también inspirada por el Espíritu Santo, es el poema que conocemos con el nombre del "Magnificat" en el que la Virgen María canta con entusiasmo la misericordia, el poder y la santidad de Dios, que la había escogido para tan gran dignidad. En la segunda estrofa demuestra que Dios quiere exaltar al humilde y abatir a los soberbios; en la tercera estrofa se glorifica la fidelidad de Dios, que va a cumplir en su Hijo las promesas hechas a Abrahán y a su descendencia.

3.7.3. Nacimiento 

Cuando estaba próximo a nacer el Hijo de María, la familia tuvo que resolver un nuevo problema. Se acababa de publicar un edicto del emperador Augusto por el cual se mandaba hacer un censo de todos los habitantes del reino de Herodes. Para cumplir las disposiciones del decreto cada ciudadano debía inscribirse en su ciudad de origen. Como José era de la familia de David, él y todos los suyos tenían que inscribirse en Belén. Al llegar a Belén después de penosas jornadas de camino a pie se encuentran que en Belén no hay un lugar para acoger al peregrino José y su familia. Se alojó en una cueva natural del lugar, donde se alojaba ganado. No sabemos cuánto tiempo vivió allí María y José, tampoco sabemos si el Niño nació la misma noche de llegada o si el nacimiento ocurrió algunos días después. Cuando llegó el momento del alumbramiento María se retiró, y allí, en soledad, dió a luz a su Hijo. Es artículo de fe católica que el nacimiento del Hijo de Dios ocurrió sin daño físico para María, de tal manera que permaneció virgen físicamente antes del parto, du-rante el parto y después del parto. A continuación lo envolvió en pañales y lo recostó en el pesebre de los animales.

María y José contemplaban absortos en oración y alabanza al Hijo de Dios y reflexionaban con paz y gozo espiritual todos los acontecimientos. El Hijo de Dios nació en suma pobreza a fin de enriquecernos con su pobreza, 2 Cor 8, 9: "Conocéis bien la generosidad de Jesucristo nuestro Señor, el cual, siendo rico, por vosotros, se hizo pobre a fin de que os enriquezcáis con su pobreza".





3.8. ADORACIÓN DE PASTORES Y MAGOS DE ORIENTE 

Estando los pastores, durante la noche, guardando sus rebaños de ovejas, se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz y se llenaron de temor. El ángel les dijo: "No temáis, pues os anuncio una gran alegría... os ha nacido, hoy en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor... y se oyó una multitud del coro celestial que decía desde el cielo: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace", Lc 2, 8-14. Los pastores fueron a Belén, visitaron al Niño.

Los pastores proclamaban lo que habían visto y todos se maravillaban de lo que les oían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón. Estos pastores representan los pobres y sencillos del pueblo de Israel, eran los preferidos Dios.  Así nos lo mostró Jesús cuando dijo: "Gracias te doy Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado esta cosas  a los sabios y prudentes y se las has revelado a los pequeños", Mt 11, 25.

Los Magos de Oriente visitaron al Niño aproximadamente al año de haber nacido. Dijeron que habían visto una estrella desconocida en el Este, la estrella del Mesías, y que Herodes les había informado de la profecías de Miqueas, por la cual sabían que el salvador nacería en Belén de Judá. Llegaron guiados por dicha estrella a la casa del Niño y vieron a María con el Niño en sus brazos, se postraron ante él y con toda reverencia le ofrecieron regalos que era al mismo tiempo demostración de su fe: oro, incienso y mirra. Los regalos de los magos de Oriente indicaban claramente que en el Mesías no veían solamente la naturaleza humana del mismo, puesto que eran ofrendas que se ofrecían a los dioses. Según una tradición común, el oro era un tributo a la realeza de Jesús; el incienso, a su divinidad, y la mirra, a su humanidad.

María y José recordaron la profecía del anciano Simeón, anunciando que Jesús sería la luz de revelación para los gentiles, Lc 2, 32. Y también el salmo, 71, 10 11: "Los reyes de Tarsis... los reyes de Eheba y de Sabá le traerán regalos. Todos los reyes se postrarán ante el y todas las naciones le servirán".  Los Magos de Oriente representan la universalidad de la salvación traída por Cristo, nadie queda excluido de la gracia de la salvación. Ellos representan la gentilidad del género humano, los que no son del pueblo elegido, Israel.





3.9. CIRCUNCISIÓN E IMPOSICIÓN DEL NOMBRE DE JESÚS

La circuncisión se realiza a los ocho días de haber nacido; es un rito muy antiguo dentro de pueblo judío y consiste en la ablación completa del prepucio que cubre el glande del miembro viril. Desde la antigüedad se la concibió como una señal de la Alianza, como signo de sumisión a Yahvé, Ex 4, 25, y de pertenencia a la comunidad de Israel, Ex 12, 48, y consiguientemente como señal que debía traer a la memoria los deberes impuestos por la Alianza: Deut 10, 1. Junto al rito de la circuncisión va la imposición del nombre. Al Niño se le puso el nombre de Jesús, de acuerdo a lo que el ángel había señalado a María, Lc 1, 31 y a S. José, Mt 1, 21 que significa "Dios salva" o "el que salva". Así con el rito de la circuncisión y la imposición del nombre se cumplió lo que dice S. Pablo en Gal 4. 4: "Nacido de mujer sometido a la Ley".  O el pasaje de Hebr 2, 17: "Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos".


3.9.1. Purificación de María 

Según la Ley de Moisés, toda mujer que daba a luz un hijo varón era declarada impura durante cuarenta días, Lev 12,, 1.s. Esta ley sobre la pureza estipula que, después de cada parto, la mujer debe hacer una ofrenda de purificación. El nacimiento de cada hijo está seguido por siete días de impureza; pero luego la madre tiene que esperar todavía treinta y tres días antes de poder acercarse a un Templo para llevar al sacerdote un cordero de un año como holocausto, y una palomita o tórtola como ofrenda de expiación. Se añade en la Ley que quien no pude pagar un cordero debe de llevar dos tórtolas o dos palomas jóvenes, una para el holocausto, y otra para la ofrenda de expiación. Lev 12, 2 8. Todo esto toca, en primer lugar, a la madre que tiene que purificarse después del parto. Es el rito de la purificación de la madre.


3.9.2. Presentación del Niño en el Templo 

Otra ley levítica estipula que todos los primogénitos de Israel son propiedad exclusiva de Dios. Ex 22,28-¬29: "Me darás el primogénito de tus hijos". Todo primogénito de sexo masculino, de hombre o ganado, pertenece a Dios: los animales tienen que ser sacrificados, y los hombres deben de ser rescatados. Ex 13, 2. Y el precio del rescate es de cinco siclos que se han de pagar a cualquier sacerdote. Lev 27, 3,  a partir del mes del niño.

María y José cumplieron con este rito, cuando dice en Lc 2, 22: "Cuando según la Ley de Moisés, se cumplieron los días de la purificación de ellos, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: "Todo varón primogénito, será consagrado al Señor" y para ofrecer en sacrificio" un par de tórtolas o pichones" conforme a lo que dice la ley del Señor".


3.9.3. Profecías de Simeón y de Ana 

S. Lucas termina el relato de la presentación del Señor con el testimonio de Simeón y de Ana; y dice: "Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, era varón justo y piadoso y esperaba la consolación de Israel, y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor...". ... y lo tomó en brazos (al Niño) y bendijo a Dios diciendo: "Ahora Señor, puedes dejar que tu siervo vaya en paz porque han visto mis ojos tu salvación... luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel". Lc 2, 29 32.

La primera idea de la profecía es que el recién nacido debe ser, en el plan de Dios, caída y resurrección de un gran número en Israel. Poniendo el acento en la caída y sobre la oposición que va a experimentar. Este texto mira exclusivamente al pueblo judío: es precisamente a sus compatriotas, que viven a la espera del Mesías, que éste será causa de su caída, piedra de escándalo o tropiezo, y este escándalo culminará en el Calvario. (l Cor 1, 23: "nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos...").

Pero Jesús no es sólo causa de caída, sino también de Resurrección y de vida; y espontáneamente se piensa en multitud de textos que presentan a Yahvé como autor de la vida y de la muerte. Deut 32, 29. Será pues signo de contradicción y éste es su destino.  Veamos los últimos días de la vida de Jesús y veremos cómo se realizaron a la perfección estas profecías. Dirigiéndose a su Madre, María, le dice: "Y a ti misma una espada te atravesará el alma". Lc 2, 35. Esto significa que María participa del destino de Jesús. Por lo tanto, ella es como su Hijo signo de contra¬dicción. En estas palabras de Simeón en la profecía de Cristo Mesías, Hijo de Dios, queda introducida la figura de la Madre Dolorosa.

El testimonio de Ana queda expresado de la siguiente manera: "Había también una profetisa, Ana... no se apartaba del Templo... como se presentase en aquel preciso momento, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén". Lc 2, 36,

Esta profecía viene a confirmar la de Simeón, Lc 2, 29 35. La Ley exigía que la verdad de un hecho fuera garantizada por el testimonio de dos o tres testigos, Deut 17, 6. De aquí que, en muchas ocasiones los evangelistas se hayan preocupado por asegurar una presencia de dos o tres testigos en los episodios importantes de la vida de Jesús. Mt 18, 16; Jn 8, 17; Lc 9, 28 30. Ana era persona de fiar en su testimonio, era viuda y de edad, "no se apartaba del templo", y por ello fue una particular providencia de Dios que nos gobierna a través de los acontecimientos ordinarios de nuestra vida. Su don profético se pone, con todo, de manifiesto en el hecho de reconocer al Mesías, como tal, alabando a Dios por su aparición y hablando sobre ello a todos, estos es, a los que se encontraban en el Templo y que, igual que ella, "esperaban la redención de Jerusalén".


3.9.4. Jesús, perdido y hallado en el Templo

En Lc 2, 41 50 se nos narra el acontecimiento. Todo judío, mayor de trece años, tenía obligación de ir al Templo de Jerusalén tres veces al año, a saber, durante la Pascua, en la fiesta de Pentecostés, y en la de los Tabernáculos. Las mujeres no estaban obligadas a ir, pero podían hacerlo si este era su deseo. Muchos padres llevaban con ellos, en peregrinación, a sus hijos al Templo, aunque no hubieran cumplido los trece años, seguramente para que se fuera acostumbrando, y así vemos que María y José llevaron a Jesús al templo durante la fiesta de la Pascua, cuando el Niño no había cumplido los trece años. Cuando terminaron las ceremonias religiosas de la fiesta de la Pascua, María y José se unieron a una caravana que regresaba a Galilea. En la primera parada, después de un día de viaje, se dieron cuenta que el Niño no iba con ellos. Con gran alarma regresan a Jerusalén preguntando a todos los grupos del camino si han visto al Niño. Cuando llegaron a Jerusalén, estuvieron buscando por todos los lugares donde hubiera podido entretenerse, y después de tres días lo encontraron en el Templo, escuchando a los doctores de la Ley y haciéndoles preguntas. Todos los presentes estaban admirados y asombrados de la inteligencia de Jesús en sus preguntas y respuestas.

Cuando María vio y oyó a Jesús, le preguntó: "Hijo mío, ¿por qué has hecho esto con nosotros?. Tu padre y yo andábamos buscándote con mucha ansiedad". La respuesta de Jesús implica un conocimiento mutuo de que los temores por su seguridad no tenían fundamento: "¿Por qué me buscabais?". Y después de ello explica el motivo de una conducta que no parecía de acuerdo con su obediencia y amor filial: "No sabíais que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre?"  Lc 2, 49. "Pero no compren¬dieron sus palabras". Lc 2, 50. No es extraño que María no entendiera, de un solo golpe todo el misterio de la vida de Cristo, pero lo mismo que su amor y su gracia iban aumentando, también aumentaría su capacidad de entender todo el misterio poco a poco. Por eso S. Lucas nos dice que María guardaba éste y otros incidentes de la vida oculta: "y su Madre guardaba todas estas cosas en su corazón". Lc 2, 51.

Este período de la vida de la infancia de Jesús culmina con estas breves y bellas palabras: "Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres". Lc 2, 51 52.



Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.
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Domingo de la Santísima Trinidad



P. Adolfo Francos, S.J.

Juan 16, 12-15


Esta fiesta de la Santísima Trinidad nos introduce a la consideración del misterio del mismo Dios. Cuánto amor supone de parte de Dios el querer que sus hijos sepamos su secreto más íntimo, para que lo conozcamos cómo es por dentro. Pero entrar en el misterio de Dios es entrar en un océano en el que nos perdemos porque al entrar ahí vemos cuán imperfecto es nuestro pensamiento, nuestro lenguaje, nuestra lógica, todo.

Y sin embargo nuestro Dios amado es toda la verdad, es toda la realidad, es la esencia total de las esencias, desde la cual todo lo existente se hace posible, y desde el cual hay que entender e interpretar todo. Es que normalmente, para poder entender cualquier cosa, nuestro punto de vista somos nosotros mismos; desde nuestras propias experiencias, desde nuestros propios conceptos previamente elaborados entendemos todo lo demás: ése es el mecanismo que hace posible el conocimiento humano. Y al querer entender a Dios desde nosotros, comenzamos por un error esencial en la perspectiva, en el punto de partida, porque en realidad deberíamos hacer lo contrario: procurar entendernos a nosotros mismos desde Dios: El es el punto de vista, es el origen desde el cual se debe entender correctamente lo que hay de verdad, de belleza, de existencia en cualquiera de los seres, y especialmente en el hombre, que fue creado a imagen y semejanza de Dios. Y muchas veces el hombre piensa al revés, y al intentar conocerlo, desde los parámetros humanos, hace a Dios a su imagen y semejanza. Nosotros vemos las huellas de Dios en el mundo (en las maravillas de la naturaleza y especialmente en lo que es el ser humano), y así intentamos imaginar a Dios. Pero en realidad debería ser al revés, sólo podemos entender el mundo y a nosotros mismos viéndonos desde Dios. Esto es una utopía, y por eso al hablar de Dios solo podemos balbucear.

Este es un punto importante, sobre el que deberíamos pensar. Pensamos a Dios a nuestra imagen y semejanza. Incluso cuando tenemos una “buena imagen” de Dios, lo pensamos desde nuestros esquemas de conocimiento. Pero muchas veces tenemos una “pésima imagen” de Dios. Hay quienes se alejan de Dios por la imagen que ellos mismos se han hecho de Dios; porque han puesto en su pobre imagen de Dios, sus propias frustraciones, sus rencores, sus fracasos, sus decepciones; y así imaginan un dios cruel, lejano, indiferente; respecto del cual lo mejor es mantenerse lejos, y sobre todo, mantenerlo lejos de nuestro corazón.

En cambio el misterio de la Santísima Trinidad nos muestra lo insondable, lo deslumbrante, la infinitud de Dios mismo. Nos debe hacer caer en la cuenta que todas nuestras imágenes de Dios, aún las mejores, son inadecuadas: que Dios es más que todo eso, que es más Padre que todo lo imaginable, que es más Luz, que toda luz, que es más bondad, que es más justo, que es más misericordioso, que es más fuerte, que es mas, y mucho más. Nuestros conceptos, por el hecho de hacerlos, ponen un límite a lo que están conceptuando (nombrar algo es delimitarlo), y este Misterio, corazón de todo misterio, se sale de todas las delimitaciones, desborda todos los nombres y todos los adjetivos.

En El tiene todo centro nuestra Religión revelada por Jesucristo. Todo concluye en El, todo se deriva de El: en El tiene todo su origen y su fin. Por eso nosotros somos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; en la Santísima Trinidad comienza el misterio de la Eucaristía, pues la celebramos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y en la Trinidad concluye también la Eucaristía, y siempre que recibimos una bendición la recibimos también en el nombre de la misma Santísima Trinidad. Dios Debe estar en el principio y en el fin de todo acto religioso, y de todo acto humano, porque de hecho en El estamos sumergidos, en El vivimos; y deberíamos vivir no sólo en El, sino para El.

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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

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La Santísima Trinidad



Santa Juana de Arco llegó a decir en un momento: sí, Dios es tan grande que supera nuestra ciencia. Y qué bien se presta esta frase porque estamos ante un misterio que supera realmente nuestra ciencia y nuestra capacidad de entendimiento humano. El misterio de la Santísima Trinidad, tres personas y un solo Dios. Como aprendimos en el catecismo desde pequeños, el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios. Un Dios y tres personas distintas.

San Patricio, misionero que llevó la palabra de Jesucristo al país de Irlanda solía explicar este misterio de nuestra fe comparándolo con un trébol. Cada hoja del trébol es diversa y sin embargo las tres forman el trébol. No podríamos llegar a decir que es un trébol si faltase una de ellas. Lo mismo con la Trinidad, cada persona de la Trinidad es diversa, cada persona es Dios y sin embargo las tres forman lo que llamamos la Santísima trinidad. Por eso, aunque se juntaran los sabios más grandes que ha habido en todos los tiempos jamás nos lo podrían hacer entender plenamente. También se dice que un día san Agustín caminaba por la playa y al ver a un niño que excavaba un agujero en la arena le preguntó:

-Pero, ¿qué pretendes hacer? El niño le respondió ilusionado:
-Pienso meter toda el agua en este hoyo.
-Pero ¡¿no te das cuenta que es imposible?! Le contestó san Agustín. Entonces el niño, que ya sabía en las elucubraciones de Agustín le contestó:
-Es más posible meter toda el agua del mar en este agujero que intentar meter el misterio de la Trinidad en tu cabeza.




Sin embargo, aunque no entendamos estos misterios no la razón, contamos con la fe que nos ayudará a aceptar esta grandeza de Dios que sobrepasa nuestro entendimiento. Ya decía un santo que a Dios no lo vamos a entender, lo vamos a aceptar. Aceptemos por tanto la grandeza de nuestro creador y que este evangelio nos sirva para reconocernos como criaturas cada vez que digamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

La Santísima Trinidad es el misterio del amor de Dios; del amor más puro y más hermoso del universo. Más aún, es la revelación de un Dios que es el Amor en Persona, según la maravillosa definición que nos hizo san Juan: "Dios es Amor" (I Jn 4, 8). Siempre que nos habla de Sí mismo, se expresa con el lenguaje bello del amor humano. Todo el Antiguo y el Nuevo Testamento son testigos de ello. Dios se compara al amor de un padre bueno y a la ternura de la más dulce de las madres; al amor de un esposo tierno y fiel, de un amigo o de un hermano. Y en el Evangelio, Jesús nos revela a un Padre infinitamente cariñoso y misericordioso: ¡Con qué tonos tan estupendos nos habló siempre de Él! El Buen Pastor que carga en sus hombros a la oveja perdida; el Padre bueno que hace salir su sol sobre justos e injustos, que viste de esplendor a las flores del campo y alimenta a los pajarillos del cielo; el Rey que da a su hijo único y lo entrega a la muerte por salvar a su pueblo; o esa maravillosa parábola del hijo pródigo, que nos revela más bien al Padre de las misericordias, "al padre con corazón de madre" -como ha escrito un autor contemporáneo–, con entrañas de ternura y delicadeza infinita.

Diálogo con Cristo
Señor, éste es el misterio del amor más bello, el misterio de la Santísima Trinidad: las tres Personas divinas que viven en esa unión íntima e infinita de amor; un amor que es comunión y que se difunde hacia nosotros como donación de todo tu Ser. Y porque nos amas, buscas hacernos partícipes de tu misma vida divina: "Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y en él haremos nuestra morada" (Jn 14, 23). Y también porque nos amas, buscas el bien supremo de nuestra alma: la salvación eterna. ¡Éste es el núcleo del misterio trinitario!

Propósito
Ojalá que todas las veces que nos persignemos y digamos: "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo", lo hagamos con más atención, nos acordemos de que Dios es Amor y de que nos ama infinitamente; agradezcamos ese amor y vivamos llenos de confianza, de alegría y de felicidad al sabernos sus hijos muy amados. Y, en consecuencia, tratemos de dar a conocer también a los demás este amor de Dios a través de la caridad hacia nuestros prójimos: "Todo el que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es Amor".


FUENTE: Catholic.net

Historia de la Salvación: 11° Parte - Historia de Salomón




7.3.1. Cronología de las fiestas religiosas israelitas en el Templo



7.3.2. Calendario de las fiestas religiosas israelitas

Las fiestas religiosas israelitas se dividen den dos grupos:

7.3.2.1. Fiestas Preexílicas

El calendario litúrgico y sus cultos respectivos estaban dispersos en las cuatro tradiciones orales del Antiguo Testamento: Elohista, Yahvista, Deuteronomista y Sacerdotal.

a. Código Elohista
Ex 23, 14-17. Ofrece el más simple y sucinto de estos calendarios, prescribe la “peregrinación” tres veces al año a Jerusalén para celebrar las tres fiestas religiosas principales:
- Peregrinación de los Ázimos, fiesta agrícola se realiza a comienzos del mes de abril, inicio de la cosecha del grano, (Fiesta de los Ázimos)
- Peregrinación de las cosechas del grano (trigo, centeno, cebada), a finales de primavera, (Fiesta de Pentecostés)
- Peregrinación al final de las cosechas de todos los frutos, en otoño, (Fiesta de los Tabernáculos, o de las Tiendas)

b. Código Yahvista
Ex 34, 18, 23. Reproduce la legislación Elohista pero con pequeñas variantes: llama a la peregrinación a Jerusalén con motivo de las cosecha del grano, o fiesta de las Semanas y fija la cosecha de los frutos “al final del año”, expresión sinónima de la que emplea la tradición Elohista.

c. Código Deuteronomista
Deut 16, 1-7. Enumera tres fiestas importantes con sus respectivas peregrinaciones.
- Fiesta de la Pascua, fiesta de origen pastoril y nómada se celebra para recordar el acontecimiento de la liberación de Israel de la esclavitud de  las manos de los egipcios y el paso a la libertad de la Tierra Prometida. Se une esta fiesta de la Pascua con la fiesta de los Ázimos de los códigos anteriores.
- Fiesta de las Semanas, (Pentecostés), con la aclaración de que empieza siete semanas después del comienzo de la cosecha del grano, fiesta de los Ázimos.
- Fiesta de los Tabernáculos o de las Tiendas. Correspondiente a la fiesta del final de la cosecha de todos los frutos, en los códigos anteriores.

d. Código Sacerdotal
Lev 23, 1, y s.s. Es más precisa esta tradición en lo referente a las fechas.
Estas fechas corresponderían a la época de la monarquía.
- Fiesta de la Pascua se debe de celebrar el 14 del mes de Nisán (abril); a continuación se celebra la fiesta de los Ázimos del 16 al 21; es de una semana de duración, en la que se comerá pan sin levadura.
- Fiesta de Pentecostés, o de las Semanas, que debe celebrarse cincuenta días después de los Ázimos.
- Fiesta de los Tabernáculos o de las Tiendas que debe de comenzar el día 15 del mes de Tisrí (septiembre – octubre)


7.3.2.2. Fiestas religiosas postexílicas

Después del destierro en Babilonia el pueblo israelita añadió algunas fiestas a las principales de los patriarcas y son las siguientes:
- Día del “Sabatt” = descanso, Sábado, Lev 23, 1-4.
- Día de la Luna nueva, la “Neomenia”, Num 28, 11-15.
- Día del gran Clamor o de la Aclamación, día 1 del mes de Tisrí, Num 29, 1-6.
- Día de la Expiación (Yom Kippur), Num 29, 7-11.


7.3.3. Descripción de las fiestas religiosas israelitas

7.3.3.1. Pascua
Es la fiesta  más popular entre los judíos. La explicación popular que da el libro del Exodo 12, 13. 23. 27, relaciona esta fiesta con el hecho de que el ángel exterminador “pasó de largo en las casa donde estaba marcada la sangre del cordero” durante la décima plaga contra los egipcios y que liberó de la muerte a los primogénitos hebreos. Este paso = “pasha”, del ángel de Dios se toma como protección, bendición de Yahvé y se celebra como la fiesta que el pueblo hebreo había pedido por medio de Moisés al Faraón que les dejara ir al desierto a ofrecer sus sacrificios a Yahvé, Ex, 5, 1. El ritual consistía en sacrificar un cordero macho, de un año, sin defecto físico, y con su sangre se rociaban las cuatro partes del campamento para verse libres de los poderes malignos; después se asaba y se consumía todo él, sin romper ningún hueso. Este es un rito pastoril y nómada de los pastores semitas en Oriente Medio.
Después de le liberación del pueblo hebreo de las manos de los egipcios, celebraron esta fiesta con gran gozo y alegría pero ya en un sentido más salvífico: dar gracias a Yahvé por haberles librado de la esclavitud de Egipto y haberles dado la libertad y la posesión de la Tierra Prometida.
El ritual de la Pascua está prescrito con gran precisión Ex 12, 1 y s.s. la víctima era asada; la carne se comía con panes ázimos y hierbas amargas (éstas recordaban la amargura de la esclavitud en Egipto), los participantes al banquete debían estar vestidos como para una partida inmediata, con sus cayados pastoriles en la mano, debían de comer el animal rápido, no romper ningún hueso del animal, todos estos detalles recuerdan la salida presurosa del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto. Se debía celebrar en los días 14 al 15 del primer mes hebreo (Abib, más tarde Nisán; marzo - abril) que precisamente coincide con la luna llena; viviendo en el desierto es lógico elegir una noche de luna clara y brillante para esta celebración. Todo esto apunta a que la fiesta de la Pascua procede de la época en que los israelitas llevaban una vida seminómada  en el desierto, e incluso en tiempos anteriores al éxodo.

7.3.3.2. Ázimos
En hebreo = “massot”. Fiesta agrícola, señalaba el comienzo de la cosecha del grano: cebada, centeno. Durante los 7 días que duraba la recolección se comía únicamente pan hecho con harina procedente del grano nuevo, cocido y sin levadura. Esta fiesta no se celebró hasta el asentimiento de los israelitas en Canán, Lev 23, 10.
Posteriormente se unieron la Fiesta de la Pascua con la Fiesta de los Ázimos por la proximidad de las fechas del calendario.

7.3.3.3. Pentecostés. Fiesta de las 7 Semanas
“Pentecostés”, en griego significa “penta” = 5; “costés” = una docena de días: 5 por 10 = 50 días, (después de la Resurrección Cristo). Esta fiesta recibe el nombre de Fiesta de la Cosecha, Ex 23, 16; es la fiesta de la siega de los primeros granos de trigo, ex 34, 22. Se le llama también Fiesta de  las 7 Semanas; 7 por 7 = 49 días; se nos dice que esta fiesta debe celebrase “siete semanas después” del comienzo de la recolección de la cebada (la fiesta de los ázimos), Num 28, 26. Como todas las fiestas de la recolección era una fiesta llena de gozo y alegría, agradecimiento a Dios por los bienes recibidos. La ceremonia consistía en ofrecer los panes con levadura, hechos de la nueva harina de trigo. Esta fiesta la comenzaron a celebrar los israelitas una vez establecidos en Canaán, adoptándola de los primeros moradores en ella.
Si bien  la fiesta de Pentecostés o de las 7 semanas fue en su inicio una fiesta agrícola, más tarde adquirió un profundo sentido religioso al quedar referida al hecho histórico del Éxodo. Según Ex 19, 1, los israelitas llegaron al monte Sinaí al tercer mes después de su partida de Egipto. Como ésta tuvo lugar a mediados del primer mes (Nisán) se consideró que la fiesta de las Semanas venía a coincidir con la fecha de la llegada al Sinaí donde Yahvé selló una Alianza con su pueblo por medio de Moisés, entregándole la LEY, los 10 mandamientos, con lo que aumentó su importancia religiosa.

7.3.3.4. Fiesta de “Año Nuevo”
Una de las fiestas más conocidas entre las modernas festividades judías es la de “Ros Hassana”, en hebreo = Cabeza del año, o el “Día del Año Nuevo”. Su fecha es el primero del mes Tisrí (septiembre - Octubre). El Año Nuevo se anunciaba mediante el bronco sonido de un cuerno de carnero, llamado “sopar”, se cantaban himnos de alabanza y de acción de gracias.

7.3.3.5. Fiesta de la Expiación. “Yom Kippur”
Esta fiesta es una de las más importantes y mejor conocidas. El ritual de esta fiesta está descrito en Levítico Cptlo 16, 1 y s.s. Era una fiesta penitencial, en el que se pedía perdón  a Yahvé públicamente. Era día de ayuno y penitencia. En el Templo se tenía una solemne asamblea durante la cual se ofrecían sacrificios especiales como expiación por el santuario, el clero y el pueblo.
El rito de expiación consistía en que el pueblo presentaba dos machos cabríos y se echaban a suertes para determinar cuál había de ser su destino: uno era elegido para Yahveh y el otro era para Azazel, el espíritu maligno del desierto. El que se destinaba a Yahvé era sacrificado por los pecados del pueblo. Luego el sumo sacerdote rociaba la sangre sobre el pueblo. Con el otro macho cabrío imponía las manos, transfiriéndole simbólicamente todos los pecados de la comunidad. Después un hombre llevaba este macho cabrío, llamado de Azazel, al desierto, apartando así los pecados del pueblo y lo arrojaba por un barranco y que allí muriera. Con la muerte del macho cabrío de Azazel morían los pecados del pueblo. El individuo que llevaba este macho cabrío de Azazel quedaba ritualmente impuro y tenía que lavarse y cambiar los vestidos antes de incorporarse de nuevo a la asamblea de los santos.

7.3.3.6. Fiesta de la Tiendas o Tabernáculos
La tercera gran fiesta de peregrinación lleva en hebreo el nombre de: “sukkot” = choza, cabaña, que se traduce por tabernáculos, cabañas, tiendas, chozas. De las tres fiestas anuales de peregrinación, ésta era la más importante y frecuentada por el pueblo. En Lev 23, 29 y Num 29, 12, recibe le nombre de “Fiesta de Yahvé”, y Ez 45, 25, la llama: “la Fiesta”. El historiador judío Flavio Josefo es sus escritos dice que es “la más grande de todas las fiestas hebreas”.
Era una fiesta eminentemente agrícola; marcaba el fin de la época de la recolección, era el final del año agrícola. Llegaba al término de todas las faenas de recolección, cuando se recoger los productos de los campos, Ex 23, 16; de las eras, de los lagares y de las almazaras, Deut 16, 13. Cuando la tierra había dado de sí todas sus riquezas, y éstas habían sido cosechadas y guardadas para vivir todo un año, el pueblo daba gracias a Dios con gran alegría. Había bailes y música y gran alborozo general, Juec 21, 19-21; incluyendo generosas degustaciones del nuevo vino, 1 Sam 1, 14-15. La fiesta debía durar siete días. La fecha era al final del año agrícola hacia comienzos del otoño, septiembre – octubre.

7.3.3.7. Fiesta de la Dedicación
El término hebreo = “hanukka”, que en griego se traduce por: “ta enkrainia”, significa  = “inauguración”, o “renovación”. En castellano se traduce por “Dedicación”. El origen de esta fiesta se encuentra descrita en 1 Mac 4, 36-59. El tirano de Epifanes había profanado el Templo de Jerusalén y su altar sagrado, poniendo en lugar de éste otro altar pagano, en este altar se ofreció por primera vez un sacrificio a Zeus Olímpico. Tres años después, Judas Macabeo, purificó el santuario, erigió un nuevo altar y lo consagró a Yahvé, 2 Mac 10, 5. Se tomó el acuerdo de conmemorar esta fecha todos los años como desagravio a la profanación del altar del templo.

7.3.3.8. Fiesta de los “Purim”
Según Flavio Josefo esta fiesta se celebraba el 14 y el 15 de Adar (febrero – Marzo), recordando la victoria de los judíos contra Amán jefe de Persia que quería exterminarlos. En esta fiesta el día 13 se ayuna; por la tarde se encienden lámparas en todas las casas y el pueblo acudía a la sinagoga para escuchar la lectura del libro de Ester, interrumpida en un momento  dado por las maldiciones de toda la asamblea contra el malvado Amán y los suyos. La reunión terminaba con solemnes bendiciones a Mardoqueo, a Ester y a todos los israelitas en general. Esta fiesta es una oportunidad para intercambiar regalos y repartir limosnas a los más necesitados. Es la fiesta más mundana de las fiestas judías, una especie de carnaval en el que no faltan máscaras, bailes, etc.


7.4. SALOMÓN REY, MODELO DE LOS SABIOS

La Biblia relaciona el florecimiento de la sabiduría en Israel con la persona del rey Salomón. En efecto, a la muerte de su padre David, Salomón sucesor en el trono, pidió a Dios desde el principio de su reinado lo siguiente: “Pues bien, Yahvé mi Dios, tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero yo soy un joven muchacho y no sé por dónde empezar y terminar. Tu siervo está en medio de un pueblo, el que tú elegiste, un pueblo numeroso, que no es posible contar ni calcular. Concede, pues, a tu siervo un corazón atento para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. Cierto ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tuyo tan grande?. Agradó al Señor esta súplica de Salomón. Entonces le dijo Dios: “Por haber pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti ni tampoco la vida de tus enemigos, sino inteligencia para atender a la justicia, obraré según tu palabra: te concedo un corazón sabio e inteligente, como no ha habido antes de ti ni surgirá otro igual después de ti”. 1 Reyes 3, 7-13.
En efecto, la sabiduría de Salomón se manifestó en sus cualidades de juez, en su famoso juicio entre las dos mujeres, 1 Reyes 3, 15-28; en su capacidad de administrador, 1 Reyes 4, 1-5; en la construcción del Templo a Yahvé, 1 Reyes 5, 15 a 8, 66. Organizó la administración pública, 1 Reyes 9, 15-24 y el comercio con el exterior, 1 Reyes 9, 26 a 10, 13. Acumuló una enorme fortuna, 1 Reyes 10, 14-25. En fin, su sabiduría se extendió hasta el extranjero con la visita de la reina de Saba, 1 Reyes 10, 1-13.


7.5. SALOMÓN Y EL CULTO A LOS DIOSES EXTRANJEROS. LA DECADENCIA DEL REY

Salomón con sus éxitos políticos, económicos y culturales, se puso en contacto con varias civilizaciones y religiones de las diversas regiones y pueblos vecinos de Oriente Medio. La construcción del Templo dio origen a un renacimiento religioso, pero es innegable que la política universal de Salomón favoreció un clima cosmopolita y de gran tolerancia, que trajo consecuencias funestas: "Pero el rey Salomón amó, además de la hija del faraón, a muchas mujeres extranjeras: moabitas, ammonitas, edomitas, sidonias y jeteas", 1 Reyes 11, 1. Y así para aproximarse las mujeres extranjeras y también a los soberanos aliados suyos Salomón inauguró una política de tolerancia y de compromiso religioso.

En el Monte de los Olivos, de frente al Templo, se construyeron santuarios dedicados a divinidades extranjeras: "Entonces erigió Salomón en el monte que está enfrente del Templo de Jerusalén un ara a Camós, abominación de Moab y a Moloc, abominación de los ammonitas. Lo mismo hizo en favor de todas sus mujeres extranjeras, quienes en ellos quemaban perfumes y ofrecían sacrificios a sus dioses", 1 Reyes 11, 7-8. El decrépito rey Salomón participó en los sacrificios idolátricos: el escritor sagrado nos dice: "Sus mujeres, en efecto, le pervirtieron el corazón, de modo que a la vejez de Salomón, sus mujeres le inclinaron hacia dioses extraños al corazón, el cual no fue entero para Yahvé, como el corazón de David, su padre. Rindió culto Salomón a Astarté, diosa de los sidonios, y a Moloc, abominación de los ammonitas. Hizo así Salomón, lo que es malo a los ojos de Yahvé, y no le permaneció fiel, como David, su padre",  1 Reyes 11,  3-6.

En este punto se manifiesta el misterio de la elección divina y de la sucesión al trono predispuesta por Dios. El corazón de Salomón está dividido: él, que debía ser un ejemplo de religiosidad, ha venido a ser escándalo de los piadosos israelitas. Pero, ¿Por qué Dios es tan indulgente con Salomón? ¿Por qué Dios no reprueba a Salomón como lo hizo con Saúl? Ciertamente la Sagrada Escritura afirma: "Se irritó pues, Yahvé contra Salomón por haber desviado su corazón de Yahvé, Dios de Israel", l Reyes 11, 9.

Sin embargo, Dios perdona a Salomón que, por amor de su padre David, continúa siendo junto con su casa "una lámpara", 1 Reyes 11, 36. Pero es terrible que Yahvé castigue en Roboam, hijo de Salomón, los pecados del padre: "dijo Yahvé a Salomón: Por haberte portado así y no has guardado mi alianza, ni los preceptos que te había inculcado, te arrancaré el reino y lo daré a uno de tus servidores. Sin embargo, en atención a David, tu padre, no lo haré en tus días; de mano de tu hijo lo arrancaré. Con todo lo le arrebataré el reino entero; le dejaré una tribu, en atención a David, mi siervo, y a Jerusalén, la ciudad que escogí", 1 Reyes 11, 11-13. Así se cierran las vías misteriosas de la divina promesa, que se iluminarán y explicarán claramente solamente en el Nuevo Testamento.


7.6. CAUSAS DE LA DIVISIÓN DEL REINO DE SALOMÓN (932)

Al final del reinado de Salomón fue cundiendo el desencanto y el descontento debido a las injusticias inherentes al centralismo político y religioso que convertía a las tribus provincianas en contribuyentes forzados para alimentar el esplendor de un santuario y el despilfarro para atender los gastos personales y lujosos del rey. Clamaba al cielo ver al rey disfrutando con lujo excesivo y de tener numerosas mujeres, mientras los pobres aldeanos luchaban por subsistir debiendo tributar con altos impuestos, que por otra parte les eran necesarios para su más elemental sustento.

Así el espléndido comienzo del reinado salomónico, lleno de sabiduría y prudencia fue degenerando cada vez más y más hasta provocar la división del reino en dos facciones: la del norte, Israel y la del sur, Judá. Los motivos principales para la escisión del reino son:

  • El iluminismo salomónico: Es decir, la tolerancia religiosa y el culto a dioses extranjeros, como hemos visto anteriormente le llevó a la idolatría.
  • Federalismo de las tribus israelitas: que se opusieron enérgicamente a todas las tentativas de centralización, realizadas por David y Salomón.
  • Las elevadas cargas tributarias: Destinadas a suministrar el dinero necesario, 2 Cron 13, 10, para la vasta actividad constructora, de diversas fortalezas y poder mantener en pie un numeroso ejército y una poderosa flota mercante.



7.7. ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL PROBLEMA TEOLÓGICO DE LA MONARQUÍA

El nuevo orden monárquico traído a Israel tenía cosas buenas y malas. Las opiniones de los mismos israelitas no fueron del todo muy concordantes acerca de este tema. La monarquía desde el principio fue una institución problemática pues unos la consideraban de origen divino y otros la encontraban intolerable. Por eso al hablar de la noción israelita de realeza y Estado, debemos estar sobre aviso para no generalizar fácilmente.

Es fácil comprender por qué para muchos israelitas la cuestión de la monarquía no era un tema de su agrado. En el fondo no olvidemos que el pueblo de Israel siempre se había regido de una manera tribal, patriarcal y estaban muy acostumbrados a vivir de manera federada, (anfictionía) y unidos por el culto a Yahvé, y solamente muy tardíamente y en contra de la voluntad de Dios surgió la monarquía. (Esto ya lo vimos con detalle al tratar el tema en el profeta Samuel). Por todo esto había una parte importante del pueblo elegido que estaba amargo y resentido contra la casa de David. Cada uno hablaba de la monarquía según las ventajas que en ella encontraba. Los que habían obtenido buenos logros y posiciones sociales dentro del reino la defendían; los que habían visto menguada su libertad y sentían el peso del tributo excesivo y el vasallaje, se quejaban.

Durante los reinados de David y Salomón se consiguieron grandes logros, tanto materiales como económicos y sobre todo con relación al culto en el Templo; habían conseguido tomar y poseer con plenitud la Tierra Prometida y habían llegado a tener una tierra rica y poderosa y muchos debieron pensar que con la monarquía la Alianza con Abrahán había sido cumplida con David y Salomón. Estos estuvieron acertados al dar a su gobierno una legitimación teológica que dejó contenta a la mayoría del pueblo, por ejemplo, el traslado del arca de la Alianza a Jerusalén en tiempos de David y la construcción del Templo, sirvieron para unir los sentimientos nacionales con la nueva capital Jerusalén y fortalecer la convicción de que la casa de David era la legítima sucesora de la anfictionía.

Estos hechos señalan que la institución de la realeza, originariamente extraña a Israel, y aceptada por muchos de mala gana, había alcanzado en otras tribus un puesto relevante en la teología yahvista. La realeza de Israel era consideraba como una institución sagrada: estaba dotada de una dimensión cúltica y teológica; el rey desempañaba un papel principal. Sin embargo en pequeños círculos israelitas la naturaleza del culto real y la ideología de la realeza en Israel había provocado inacabables debates y descontentos. En efecto, algunos israelitas afirman que Israel aceptando la institución de la realeza, adoptó también una teoría pagana de la misma y un esquema ritual similar a la de los pueblos vecinos paganos.

Según esta interpretación, el rey, era considerado como una divinidad o semidivinidad, y este punto de vista había de ser enérgicamente rechazado. Hay que afirmar que si bien es verdad que este peligro podía contaminar el sentido de la realeza israelita, este aspecto no aparece en las denuncias proféticas.

Como hemos afirmado anteriormente, la institución monárquica seguía siendo, por tanto, una institución problemática pues las opiniones dentro del mismo Israel estaban divididas. Algunos aceptaron incuestionablemente el Estado davídico como una institución ordenada por Dios, otros, no menos leales a la casa de David, no olvidaron nunca que la monarquía gobernaba con permisión de Dios, del Dios de la Alianza, y recordaban con añoranza el tiempo de la autonomía de las tribus y les pesaba penosamente el sistema monárquico. Especialmente los israelitas del Norte, rehusaban aceptar el principio de la sucesión dinástica y rechazaron las pretensiones de la casa de David de reinar a perpetuidad. Muchos de ellos se endurecieron contra la tiranía de Salomón, a quien consideraban como la encarnación de todo lo que un rey no debía ser, Deut 17, 14-17; 1 Sam 8, 11-19, y lejos de considerar el Estado monárquico como una institución divina, la encontraban intolerable.

La monarquía, por tanto no se libró nunca de esta tensión interna. Ni David, ni Salomón, habían tenido pleno éxito al tratar de resolver el problema fundamental, consistente, en esencia, en salvar el foso entre la independencia tribal y las exigencias de la autoridad central de la monarquía, entre la tradición tribal anfictiónica y las pretensiones del nuevo orden monárquico.

Sabemos por la historia del pueblo judío que al final del reinado de Salomón tuvo que hacer frente a una serie de problemas al Norte del país, hubo un intento de rebelión por parte de los ciudadanos del norte, capitaneados por Jeroboam que era, al parecer, jefe de la leva para las tribus de José.  El complot fue aplastado y Jeroboam tuvo que buscar asilo en Egipto.

Finalmente podemos afirmar que tras un largo período de tiempo, desde el comienzo de la conquista de la Tierra Prometida, pasando por la instauración de la monarquía y la edificación del Templo a Yahvé, el pueblo de Israel disfrutaba de una gran paz y de consolidación terrena: se habían cumplido la promesas hechas a sus padres: habían conquistado la Tierra Prometida, Yahvé les había concedido un rey humano que les guiaba y tenía la bendición de Dios y finalmente el gran rey Salomón, junto con su pueblo, habían construido el gran Templo en Jerusalén como casa de oración y lugar de culto a Yahvé. Estas tres realidades: Tierra, Rey y Templo, daban identidad y razón de ser al pueblo de Israel.



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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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