Conferencia en San Pedro


Laicos: Formación para su apostolado

Tema
La Iglesia peruana en el siglo XX
Expositor:
P. José Ramón Martínez Galdeano SJ

Martes 26 de mayo de 7:00 a 8:00PM

Parroquia San Pedro de Lima
Esquina de Jr. Azángaro y Jr. Ucayali a espalda de la Biblioteca Nacional de la Av. Abancay.
Donativo S/. 2,00

Homilías: La Ascensión del Señor - (B)






P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

Lecturas: Hch 1,1-11; S. 46; Ef 4,1-13; Mc 16,15-20

Celebramos hoy con el grado de “solemnidad”, que es el máximo en la liturgia, el misterio de la Ascensión de Jesús en cuerpo y alma al Cielo. Si sin ninguna explicación previa se nos hubiera preguntado, creo que hubiéramos opinado en general, como los apóstoles, que preferíamos a Jesús en este mundo mejor que en el Cielo. Sería y es una opinión discordante con la fe.

Jesús visiblemente desaparece de este mundo, pero esta marcha es providencial. Nos conviene, es mejor así, que se haya ido. ¿Por qué?

En primer ya les dijo Jesús a los once que era mejor, pues así les enviaría el Espíritu Santo (Jn 16,7). El relato evangélico de hoy constata una vez más que Jesús, antes de ascender, les mandó divulgar el Evangelio y, como signos para estimular la fe de los oyentes, les prometió poder contra los demonios, hablar lenguas nuevas y curar enfermos. El evangelista observa que esto se realizó de hecho.

La primera lectura es justo el comienzo del libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por S. Lucas como continuación de su evangelio. Comienza con la última aparición de Jesús en Jerusalén el día de la Ascensión, engarzando y repitiendo en parte datos ya reseñados al final de su evangelio. Jesús vuelve a repetir que van a recibir el Espíritu Santo y que así recibirán fuerza para cumplir con el mandato de ser sus testigos ante todos los hombres. Luego asciende al Cielo ante sus ojos.

La segunda lectura, tomada de la carta a los Efesios (la comunidad cristiana de la ciudad de Éfeso), explica algo más lo que nos da el Espíritu Santo. Voy a centrarme sobre todo en ella, desarrollando así la doctrina enseñada el domingo anterior.

Vimos entonces que en el bautismo, además de perdonársenos los pecados, se nos unía como sarmientos a la vid, de modo que veníamos a participar de la vida de Cristo resucitado. Así somos hechos hijos de Dios. Esa vida divina transforma nuestras almas y nos da capacidades nuevas para actos nuevos, que son los que realizamos con las virtudes divinas de la fe, la esperanza y la caridad y también otras virtudes, llamadas infusas, además de otros posibles dones y carismas.

San Pablo en la carta a los Efesios aclara bien que esa vida de Jesús la participamos porque se nos ha dado, también en el bautismo, el don del Espíritu Santo. En realidad es el don más importante. El mismo Espíritu Santo, la tercera persona de la Santísima Trinidad, ha venido a habitar en nosotros. Por eso, recuerden, San Pablo dice que somos templo del Espíritu Santo y que Dios habita en nosotros. Igualmente San Pedro escribe que formamos como un templo habitado por Dios y que somos piedras vivas, porque cada uno está también habitado por Dios.

Hoy San Pablo argumenta, en el fragmento leído, a favor del amor mutuo porque todos los creyentes, toda la Iglesia, somos como un solo cuerpo y cada miembro del cuerpo obra a favor del conjunto. Eso lo hace el Espíritu Santo. Es como el alma, que es una y junta y da vida a todos los miembros del cuerpo. En otro sitio llama a Cristo cabeza de la Iglesia, porque de Cristo viene la vida a cada uno de los miembros. Cristo nos da su Espíritu a cada uno y entonces cada miembro tiene vida y puede obrar. Como los miembros del cuerpo, cada uno es distinto del otro y tiene funciones diversas, pero todos forman un solo cuerpo, así en la Iglesia participamos todos del mismo Espíritu, estando unidos todos a la misma cabeza, Cristo, pero somos distintos y tenemos distintas funciones en la Iglesia. “Él ha constituido a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelizadores, a otros pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio y para la edificación del cuerpo de Cristo”, es decir para que todos seamos cada vez más santos y en la Iglesia entren todos los hombres. “Hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud”, es decir que, como he recalcado otras veces, ese crecimiento hasta la plenitud se hace viviendo más y más de la fe, conociendo más y más a Cristo y asemejando cada vez mejor su vida, sentimientos y pensamientos.

Una vez más llegamos a descubrir maravillas. Somos portadores de Dios. Cristo no nos aporta meramente un código de conducta, una serie de obligaciones morales, que por lo demás todo el mundo reconoce que debe de cumplir: el menos religioso sabe muy bien que no puede matar, ni robar, ni violar. Claro que continuamos con esos deberes morales; incluso podemos aceptar que son mayores porque aumenta nuestra conciencia de su obligación. Pero más allá de la ley moral, Jesús resucitado nos da la participación de su vida, la presencia del Espíritu Santo en nuestras almas, y nos ofrece los dones y virtudes necesarios para realizar muy bien nuestras misiones en la Iglesia y en el mundo. Cada uno de ustedes tiene responsabilidades especiales por ser padre, madre, hijo, por tener que trabajar y estar bajo responsabilidades especiales. Ahí pueden y deben hacerse santos y ejercitar carismas, dones y virtudes. Todos ustedes pueden orar cada vez mejor, ser mejores padres y padres, mejores hijos, mejores trabajadores, etc. ¿Cómo hacerlo? Pidan lo que necesitan de todo ello cada día y luego esfuércense en obrar según la inspiración del Espíritu. Verán que en su interior va surgiendo una fuente de agua viva (Jn 7,38). Con la ayuda de María, háganlo. Y que así sea.





Voz de audio: Guillermo Eduardo Mendoza Hernández.
Legión de María - Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a Guillermo por su colaboración.

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P. José Ramón Martínez Galdeano, jesuita
Director fundador del blog





La Ascensión del Señor


P. Adolfo Franco SJ
Comentario sobre el Evangelio Mc, 16, 15-20

La narración más detallada de este misterio la encontramos en los Hechos de los Apóstoles (Hech 1, 9): "Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube lo ocultó a su vista". Palabras muy sobrias, que nos trasmiten, más que un "fenómeno espacial", un misterio del plan salvador de Dios. Aunque hay indicaciones de espacio, de movimiento y dirección, pero lo central es el mensaje. Y además es el final de una etapa, la nube que lo oculta pone como un punto final a esta etapa de la vida de Cristo entre nosotros.

Puede no ser fácil acceder al significado de este momento de la vida de Cristo. No se trata del espectáculo, del que sube sin parar, sin motores, ¿y hacia qué lugar? ¿Hacia qué galaxia?. Sin embargo hay referencias en varios libros del Nuevo Testamento, y especialmente en el Evangelio de San Juan, que expresan lo que este misterio significa.

Cristo en su ascensión culmina un ciclo (un círculo): había bajado de junto al Padre, y ahora vuelve a El ("Pasar de este mundo al Padre" Jn, 13, 1): Había habido una separación, Jesús había bajado en su encarnación para estar entre los hombres, incrustarse en su realidad, encarnarse y ahora llega el momento del retorno. Y en este retorno recibirá la GLORIA, que es manifestación de la plenitud brillante del ser ("Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo... con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese" Jn. 17, 1 y 5). La Ascensión no es la subida a un lugar del cosmos, sino a la entrada incomprensible en la nueva dimensión, la del cielo ("Pues no penetró Cristo en un santuario hecho por mano de hombre... sino en el mismo cielo" Heb 9, 24).

La Gloria es una realidad que quizá alguna vez soñamos, la imaginamos en forma indefinida, pero es la existencia más plena: el final de la transformación. Cristo no sufrió nuestra transformación de la misma manera, porque El era Dios siempre y en pleno sentido, pero en cuanto hombre pasó de la situación terrena, a la plenitud del Ser que Dios ha preparado para los que le aman. El cuerpo, la vida humana entera es frágil, tiene sombras, dificultades. La Gloria es la vida en la Luz, cuando todo lo terreno se convierte en Luz, y esa luz es brillo y amor, todo sin cambio. El ser en esta Gloria siente que vive plenamente, se puede dar en totalidad a su Dios y lo recibe a El en plenitud.

Así puede ver ahora, de forma instantánea, todo lo que antes se le explicaba con palabras y por partes; la ciencia sobre Dios y sobre el mundo tenía capítulos, y poco a poco se obtenía un conocimiento laborioso. El conocimiento en una camino tan fatigoso a veces se extraviaba en los errores. Ahora que todo el ser ya es luz (por haber sido introducido en la Gloria), todo se conoce en un acto simple de luz total: se recibe el conocimiento de Dios y de todos sus planes, al recibir al mismo Dios, como una luz ardiente, hermosa y llena de amor. Se ama cuando se conoce y se conoce cuando se ama. A esa Gloria he llegado Cristo en esta Ascensión.

Esto es lo que recogemos de la Revelación respecto al misterio de la ascensión, en lo que toca a Cristo. Pero este misterio tiene también una referencia a nosotros. La Ascensión de Jesús es su paso a la gloria. Y también es para nosotros un adelanto de lo que nosotros mismos tendremos algún día. No de la misma forma, pero también nosotros tendremos nuestra ascensión. También nosotros salimos de Dios y volveremos a El, y El Nos hará participar de su Gloria.

También para la Historia de la Salvación de Dios la Ascensión de Cristo tiene un nuevo mensaje. El ya desaparece de la vista de los apóstoles y de todos los hombres. La nube nos lo ha tapado para siempre, mientras estemos en este mundo. Y ahora nos toca “verlo” sólo con la fe. Pasamos necesariamente de la presencia física de Cristo en nuestro mundo, a la certeza de la fe. Ya no somos testigos oculares de su realidad corpórea, pero sabemos ciertamente de su realidad por la fe. Y la Ascensión es así el misterio que nos obliga a la fe ("Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis" Jn 14, 19). Sabemos además que su presencia en el mundo continúa, aunque sea otro tipo de presencia, pero presencia real ("Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" Mt 28, 20).
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Agradecemos al P. Franco S.J. por su colaboración.

Fátima: La Consagración a su Inmaculado Corazón



La Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María

El 13 de julio de 1917 Nuestra Señora dice a los pastorcitos: “Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz.” (1)
Nuestra Señora nos presenta el pedido de la Consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón como un pedido del mismo Dios. El 13 de junio de 1929, en Tuy, España, en una visión, después de recibir luces sobre el misterio de la Santísima Trinidad, Nuestra Señora le dijo a la Hna. Lucía:
“Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los obispos del Mundo, la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón; prometiendo salvarla por este medio.” (2)
En este texto del pedido de la Consagración de Rusia se ve con claridad que son dos los requisitos que pide Dios: primero, que la haga el Santo Padre en unión con todos los obispos del mundo; segundo, la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María.
Queda también muy claro que esta consagración salvará a Rusia. A la Hna. Lucía le pide sacrificarse por esa intención y rezar.
La Hna. Lucía continúa diciéndonos:
Más tarde (…), Nuestra Señora, me dijo, quejándose:
“No han querido atender mi petición (…) al igual que el rey de Francia se arrepentirán, y la harán, pero será tarde. Rusia habrá ya esparcido sus errores por todo el mundo, provocando guerras, persecuciones a la Iglesia: el Santo Padre tendrá que sufrir mucho.” (3)
Nuestra Señora nos dice en este texto que por no haber atendido su petición en el momento oportuno, Rusia atraerá grandes males sobre el mundo y la Iglesia.
Este texto fue escrito en mayo de 1936, cuando el P. Gonçalves S.J., su director espiritual, le manda escribir unas notas biográficas a la Hna. Lucía. El mismo P. Gonçalves S.J., en una visita que hace a la Hna. Lucía, en abril de 1941, lo copia literalmente de esas notas. De él hemos recibido el texto. Estas notas biográficas fueron destruidas más tarde por la misma Hna. Lucía. Pero no es la primera referencia escrita que la Hna. Lucía hace del pedido de Nuestra Señora. Ella, en una carta al P. Gonçalves S.J., el 29 de mayo de 1930, se refiere a la visión de Tuy: “Si no me engaño, el buen Dios promete terminar la persecución de Rusia, si el Santo Padre se digna hacer, mandar que lo hagan igualmente los obispos del mundo católico, un solemne y público acto de reparación y consagración de Rusia a los Santísimos Corazones de Jesús y María,”
Precisamente ese año 1930, el 13 de octubre, el obispo de Leiría publica su carta pastoral “La Providencia Divina” aprobando las apariciones de Fátima. El 13 de mayo de 1931, los obispos de Portugal, reunidos en Fátima, hacen por primera vez la consagración de Portugal al Inmaculado Corazón de María, para obtener de Dios la gracia de librar a Portugal del peligro comunista. Hoy todos reconocen que esta consagración, hecha a insistencia de la Hna. Lucía, y a través de la influencia del obispo Don José Alves Correia Da Silva, salvó a Portugal.
En 1937, el obispo de Leiría escribe a Pío XI dándole cuenta del pedido de Nuestra Señora, acerca de la consagración de Rusia. No se conoce ninguna reacción de Pío XI a esa carta. En 1938, los obispos portugueses renuevan la consagración de Portugal al Inmaculado corazón de María y escriben a Pío XII pidiéndole que haga la consagración del mundo al inmaculado corazón de María, “para que se vea libre, de una vez, de tantos peligros que de todas partes lo amenazan y reine la paz de Cristo, en el Reino de Cristo, por la mediación de la Madre de Dios.”
En Portugal, a pesar de las conspiraciones y atentados, a pesar de la guerra civil en el país vecino, a pesar de todos los esfuerzos ocultos y manifiestos del poder de las tinieblas, se vieron libres del flagelo del comunismo y reino la paz y el orden.
La Hna. Lucía escribe a Pio XII en 1940 pidiéndole en esa carta su aprobación a la devoción de los Primeros Sábados, la consagración del mundo con mención especial de Rusia y que la hagan al mismo tiempo que él, todos los obispos del mundo, y la extensión a la Iglesia Universal de la fiesta del Inmaculado Corazón de María.
El 31 de octubre de 1942, en la clausura del año jubilar Pio XII hace la consagración del mundo al Sagrado Corazón de María, y repite solemnemente esta consagración, en la Basílica de San Pedro el 8 de diciembre del mismo año. La Hna. Lucía, en carta al P. Gonçalves S.J., el 4 de mayo de 1943 le dice: “el Señor promete el próximo fin de la guerra en atención al acto que se dignó hacer Su Santidad. Pero como fue incompleto, queda la conversión de Rusia para más tarde”. Luego, en 1952, en su Encíclica “Sacro Vergente Anno” Pío XII va más lejos y consagra a todos los pueblos rusos al Inmaculado Corazón d María. Sin embargo ninguna de estas consagraciones de Pio XII junto con la participación de todos los obispos del mundo.
La consagración de Rusia que la Santísima Virgen pidió, pasó después a ser una consagración del mundo con mención velada de Rusia. La Hna. Lucía no parecía preocuparse por eso, su preocupación fue siempre que participaran en la consagración todos los obispos del mundo.
Pablo VI el 21 de noviembre de 1964, en el discurso de clausura de la sesión tercera del concilio Vaticano II, renueva la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María. Luego el Papa Juan Pablo II después del atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981, durante su convalecencia en el policlínico Gemelli, lee los textos de Fátima con especial interés en la consagración de Rusia y el sufrimiento del Santo Padre. Envía al Nuncio en Lisboa a hablar con la Hna. Lucía y va a Fátima el 13 de mayo de 1982, al año siguiente de su atentado, a agradecer a la Santísima Virgen su protección en el momento del atentado y consagra al mundo al Inmaculado Corazón de María. Después en 1983 durante el sínodo de los obispos repite esta consagración delante de los obispos asistentes. Pero todavía no eran todos los obispos del mundo. Por eso el 8 de noviembre de 1983, el Papa envía una carta a todos los obispos católicos del mundo y les pide unirse a él en el acto de consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María que el celebrará en San Pedro, el 25 de marzo de 1984, delante de la imagen de la Virgen de Fátima que sería llevad a Roma desde el Santuario de Fátima, para ese fin. La Hna. Lucía confirmó después que esta consagración satisfacía las condiciones pedidas por Nuestra Señora y comenzaron los cambios milagrosos del Este.
En 1985, Gorbachov, un hombre providencial, se hace jefe de Rusia. En 1989, declara la libertad religiosa y civil. Era ya tarde, habían pasado 55 años desde que Nuestra Señora hizo su pedido, Rusia había esparcido sus errores en el mundo, participando en la segunda guerra mundial y provocando otras guerras, persecuciones a la Iglesia.
En el año 2000 el 8 de octubre, el Santo Padre Juan Pablo II, en unión con los obispos que en esa ocasión celebraban el jubileo en Roma, consagra el tercer milenio al Inmaculado Corazón de María delante de la imagen de Nuestra Señora llevada desde Fátima al Vaticano con ese fin.
Oremos para que el Santo Padre Benedicto XVI en unión con todos los obispos del mundo renueve la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María que hiciera el Papa Juan Pablo II el 25 de marzo de 1984.
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Memorias de la Hermana Lucía, vol. 1, 8ª ed.: (1) p. 176; (2) p. 195, (3) p. 196.

Saber Dialogar



P. Vicente Gallo S.J.



Nadie dialoga solo, se dialoga entre dos: uno habla, y escucha el otro. Pero desde la confianza y el amor con que se dialoga. Pretendiendo aumentar ese amor hasta llegar a la intimidad como verdadero fruto del diálogo, en base a manifestarse los sentimientos y escucharse con el corazón. Debe hacerse con esa profunda reverencia que merece lo sagrado que se manifiesta y que se escucha; acogiéndose con el amor que se merece el otro en su confianza de expresarse y también de escuchar. Un diálogo de ese tipo debe ser no sólo el camino para amarse, sino la sincera expresión del amor y confianza que ambos ya se tienen; por eso dialogan.

Por esta razón, un modo excelente de entablar ese diálogo es escribiéndose los dos una «carta de amor» como cuando eran enamorados, como enamorados han de estarlo durante toda su vida. Cada uno escribe al otro con ese amor, y le cuenta sus sentimientos, los que no se cuentan a cualquiera sino a quien se considera íntimo y se tiene con él tanta confianza. Cada uno, después, lee con el mismo amor la carta del otro; a lo que seguirá la escucha, al volver a leer una vez más lo que el otro quiere comunicar sobre sí mismo, haciendo el esfuerzo de alcanzarlo y asumirlo como propio. Ya eso es diálogo, aunque no se hablen todavía.

Después de ello, se pondrán a hablar, pidiendo uno al otro que le aclare más el sentimiento que le comunica, porque quiere alcanzarlo más plenamente y hacerlo suyo más de veras. Y si lo ve conveniente, ayudará al otro a descubrir cómo está afectada una de sus necesidades de relación que más arriba hemos enumerado; a fin de encontrar juntos qué se ha de hacer que valga para satisfacer esa necesidad afectada, y no quedarse en divagar, ni en compensarse con otras cosas, o en querer recuperar lo que falta en la relación buscándolo en otra persona o en otro lado.

Este modo de dialogar comunicando lo que se siente, ha de ser acerca de esos sentimientos que a uno le embargan sin saber por qué causa. Comunicarlos es ya tener confianza de intimidad con su pareja; intimidad que se alimenta al recibir el otro ese signo de confianza que, si muy raras veces se muestra, es porque apenas se trabaja en tenerla, o se deja que poco a poco se desvanezca. Pero principalmente deberá hacerse cuando se trata de los sentimientos que se tienen, derivados de los problemas que están afectando a la vida de pareja: el dinero, el trabajo en peligro, el poco tiempo que ambos se dedican, la marcha quizás mala que llevan los hijos, los familiares políticos, etc. Problemas que pueden estar socavando la buena relación, y que se necesita saber convertirlos en motivo para la mutua ayuda que se prometieron al casarse; reafirmando la relación de intimidad, que sólo se logrará con el diálogo que aquí planteamos sobre los sentimientos.



Pero si al dialogar se debe hablar teniendo confianza en el amor, también se ha de escuchar con el amor de responder fielmente a esa confianza. Si el uno habla desde el corazón, el otro también debe escuchar con el corazón para acoger en él lo que se le comunica. No fingiendo atención, sino atendiendo con todo su ser. Sin escuchar sólo las palabras más o menos mal expresadas, sino lo que quiere comunicar el corazón de quien habla. No tratando de tranquilizar al otro diciéndole que es tonto el sentir eso, sino enterándose de que se siente así y que sus motivos tendrá, no quitándole el derecho de verse afectado por esos sentimientos.

No se debe estar pensando del otro que siempre tiene sentimientos parecidos, y que ya uno se los sabe de memoria; sino tratar de ahondar en las razones por las cuáles los tiene. Ni escuchar por cumplir, sino dando al otro la satisfacción de sentirse escuchado; pero más, no simplemente para darle esa satisfacción, sino para reforzar la intimidad que deben tener como lo primordial en su vida de relación. No estar buscando dar respuestas a lo que el otro dice; sino alargándole la mano en esa ayuda que de él está teniendo y es por eso que le manifiesta lo que siente.

Se ha de escuchar atendiendo de veras: con la inteligencia, con los oídos, con la mirada amorosa, con el tacto, con todo el ser puesto en escucha; para terminar con un espontáneo abrazo, un profundo beso, una auténtica manifestación de amor. Sin dejar defraudado a quien te comunica sus sentimientos. Sin darle la impresión de haberse equivocado al tener en ti esa confianza, y haciendo que piense en otra persona que le acogería mejor.

Convéncete de que, si es a Dios al que escuchas cuando alguien te habla porque necesita hacerlo, es más de veras Dios quien te habla desde tu pareja, cuando te manifiesta sus sentimientos porque te tiene el amor de confiar en ti y porque necesita de ti recibir ese amor de ser escuchado con el corazón. Dios, que es Amor, los hizo a ambos para que se amasen el uno al otro como los ama Él. No le defrauden a Dios, ámense de esa manera. Escucha al otro como le escucharías a Dios, y acógele en tu corazón como a Dios mismo, que ahí te necesita.

Hazte ahora esas preguntas: ¿Comunicas a tu pareja tus sentimientos, o más bien te los guardas? ¿Acaso es a otro por ahí a quien se los comunicas? ¿Dejas a tu pareja que te comunique lo que siente, y también le das el gozo de verse escuchado con el corazón? ¿Por qué tienen ambos tanto reparo en vivir ese grado de confianza mutua? ¿Cómo esperan ser felices en pareja de otra manera?



De las necesidades que se experimentan en la vida de relación de pareja hablamos en la publicación Las Intimidades 1º Parte. Pero digamos ahora, siquiera algo, de los valores o cosas que valgan para satisfacer cualquiera de esas necesidades, y que deben rescatarse con el diálogo. Son, por ejemplo, la fe en ti mismo o la fe en el otro de la pareja; la confianza en ti mismo o la confianza en el otro; la fe en Dios y la confianza en Dios (dado el caso); mantener la esperanza que se puede mantener en ti o en el otro, o en la retribución que recibirás del otro o de Dios como respuesta a tu fidelidad a pesar de todo; la certeza de lo mucho que tú vales o la certeza de lo que vale el otro, así como saber que tú eres bueno y el otro también lo es, aunque a veces lo olvidemos. Igualmente, el aguante y la fortaleza mía, o la del otro, ante lo que nos angustia; la humildad contra toda respuesta de soberbia, que es más que el amor propio; retomar la decisión de amarnos también ahora como lo prometimos al casarnos; así como prometer que en todos los casos dialogaremos. Hay otros valores todavía que pueden hallarse, buscándolos, al salir de un problema que nos afecte en nuestra vida de pareja.
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Homilías: Como el Padre me ha amado - Domingo 6º de Pascua (B)





P. José R. Martínez Galdeano S.J.

Lecturas: Hch 10,25s.34s.44-48;S. 97; 1Jn 4,7-10; Jn 15,9-17


Ya les dije el domingo anterior que este evangelio viene inmediatamente después del domingo anterior. Expliqué cómo el bautismo nos une a Cristo dándonos participación en su vida divina y esto no es mero modo de hablar sino realidad. Siendo nosotros ramas insertas en la vid, que es Cristo, tenemos que dar frutos. Aquí habla Jesús de los frutos.

La lectura se hace algo difícil porque cada frase avanza repitiendo algo de la anterior, pero añadiendo una idea nueva o complementaria. “Como el Padre me ha amado, así los he amado yo”. Como otras muchas del evangelio, ésta tiene un contenido inagotable; yo les recomiendo que lo consideren con frecuencia ante el Señor sacramentado. “Como el Padre me ha amado”; Jesús se ha sentido siempre amado por el Padre y amado infinitamente: ´”Éste es mi Hijo, el amado” se escuchó en el Jordán y en el Tabor. Pues bien, “de esa manera –dice Jesús– les he amado yo”. Son palabras que, si están en el evangelio, no son meramente para aquellos once, sino para todo discípulo, para nosotros también. Léanlas, reléanlas y estremézcanse de emoción agradecida. Igualito que el Padre le ama a él, así me ama a mí Jesús.

“Permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor”. Esto no quiere decir que, si no guardamos sus mandamientos, Cristo nos va a aborrecer. Cierto que el pecador se lo merece, pero sabemos que Cristo ha venido a salvar a los pecadores. Como hemos escuchado en la segunda lectura, el amor de Dios no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó primero y envió a su Hijo para que muriera por nuestros pecados. Dios nos seguirá amando siempre; pero el que nosotros le amemos, el que quitemos de nosotros el pecado, el egoísmo y la maldad innata en nuestro corazón para reconocer su amor, es consecuencia de la ayuda previa de Dios, de que nos cure, de que Dios venga a nuestro encuentro amorosamente. “Dios nos amó primero” (Ro).

“Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor”. Los discípulos ya le aman, nosotros también; pero somos frágiles, podemos pecar, podemos olvidarnos del amor; sin la gracia, sin la ayuda de Dios ninguno puede permanecer por un largo tiempo sin pecar gravemente si carece de la ayuda gratuita de Dios. Judas le había traicionado; Pedro, generoso pero vanidoso, le iba a traicionar bien pronto.

¿Hay alguna garantía de fidelidad? Sí. Es ésta: guardar sus mandamientos. “Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor”.

Y ahora vuelve a lo que ya a dicho a todo el mundo otras veces y a ellos mismos esa noche. Son palabras claras y promesas fantásticas, que ojalá tengamos siempre presentes:

“Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado”. Es clarísimo para un hijo de Israel que hay que amar a Dios. Jesús lo había propuesto como el primer mandamiento. Pero el amor al prójimo, que es el segundo, se entiende más difícilmente. Sin embargo está unido íntimamente con el primero y es un engaño que pueda existir el amor a Dios si no se ama al prójimo. Miente el que dice que ama a Dios y no ama al prójimo (1Jn ). Y la medida es la del amor de Jesús por nosotros: todo lo que se pueda, hasta dar la vida. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos (anoten: “son mis amigos”) si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor. A ustedes los llamo amigos: porque les he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre”. Si amamos a los demás hasta el agotamiento, iremos entrando más y más en la amistad de Jesús; seremos más y más amigos, más confidentes, y él nos irá manifestando más y más sus secretos, el gusto por la palabra, la experiencia de su presencia, la cercanía y alegría en su servicio. Porque “no son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los he elegido y los he destinado para que vayan y den fruto, y su fruto dure”. Y ahora no habla sólo del fruto de buenas obras, sino también de frutos apostólicos, de conversiones de otras personas por el ejemplo, la exhortación, la oración, el consejo, etc.

“De modo que lo que pidan al Padre en mi nombre, Él se lo concederá. Esto les mando: que se amen unos a otros”. Escuchen esposas, escuchen padres y madres, escuchen quienes sufren por el descarrío moral de un ser cercano y muy querido, quienes sufren por la pérdida de fe de un amigo, de una persona buena humanamente hablando pero que perdió la fe. Esto nos pide el Señor: amar a todos como él nos ha amado. Procuren hacerlo con su gracia, pídanselo todos los días, exíjanselo de veras a sí mismos. Entonces todo lo que pidan, esas gracias tan grandes, les serán concedidas. Que con la ayuda de la Virgen María así lo hagamos todos.





Voz de audio: Guillermo Eduardo Mendoza Hernández.
Legión de María - Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a Guillermo por su colaboración.

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P. José Ramón Martínez Galdeano, jesuita
Director fundador del blog

Permanezcan en mi Amor



P. Adolfo Franco S.J.


Comentario sobre el Evangelio del Domingo IV de Pascua
Jn, 15, 9-17




Jesús en el largo discurso que tiene con los discípulos al final de la Última Cena está dando las últimas recomendaciones y enseñanzas. Es la última vez que hablará tan largo con ellos. Y en este contexto se inserta el párrafo que leemos en este domingo.

El mensaje es especialmente hermoso, porque todo él se centra en el amor. Jesús nos dice que nos ama, como el Padre lo ama a El. Y nos pide permanecer en el amor. Nos llama amigos. Nos dice que el amor debe llevarnos a guardar los mandamientos y a dar la vida por los demás. Y añade que somos objeto de su elección; nos ha elegido para amarnos y para que amemos.

Esta es la esencia de nuestra relación con Dios. Si hubiera que hacer una síntesis breve de lo que es ser Cristiano, es ésta, que es la que hace Jesús.

Lo primero y esencial es la relación de amor entre Jesús y el cristiano. Y entre el cristiano y Jesús. La religión cristiana para muchos es un conjunto de reglas de conducta, o un conjunto de cumplimientos rituales, o un conjunto de verdades sobre Dios, el mundo y la vida. Religión cristiana convertida en una moral, o en prácticas rituales o en una ciencia de lo trascendente. Cristo pone el énfasis en otra cosa. No es que haya que descartar de la vida cristiana, ni los mandamientos, ni las prácticas sacramentales, ni el conocimiento que deriva de la fe. Pero la esencia es otra cosa, es la relación de amor entre Cristo y el cristiano, que además es la que da vida auténtica a la moral, a los ritos y al conocimiento de las verdades.

Si no amamos no somos nada, y nuestro cumplimiento de preceptos morales, nos llevará a una mala imitación de lo que Jesús quería. El recto cumplimiento de la moral cristiana es una consecuencia del amor: estar enamorado de Jesús nos conduce a hacer el bien: es una prolongación del amor mismo. El bien buscado siempre y en toda circunstancia, es un impulso que nace del amor que se le tiene a Jesús. Por eso El mismo dice: si me aman guardarán mis mandamientos, y darán la vida por los demás, que es el resumen de toda la moral cristiana: vivir sin egoísmo hasta dar a cada uno de los que me rodean un poco de mi vida. Esa es la moral del mandamiento que se refiere a los padres, a la vida de los demás, a la pureza, a los bienes. Quien quebranta alguno de estos mandamientos, no da vida, sino quita vida. Y Jesús está hablando de dar la vida.

Además nos dice que no le hemos elegido nosotros, sino que El nos ha elegido. El es el que tiene la iniciativa siempre, El es el que hace la Salvación, el que nos la ofrece, el que nos llama a participar con El; El es quien nos elige para ser sus amigos, para depositar en nosotros su amor. El que ama hace una elección. Y eso hace Jesús al amarnos, nos elige. Ese Jesús que vivió, murió y resucito ¿me ama a mí? ¿está hoy presente a mi lado? A veces estas palabras nos pueden parecer palabras hermosas inventadas, pero que no corresponden a nada real. Y sin embargo aunque no se conviertan en algo corporal y material, son tan reales o más que el suelo que pisamos y el aire que respiramos. Algo parecido les pasó a los apóstoles cuando lo vieron resucitado: pensaron que era un fantasma, también nosotros pensamos que su amor es un fantasma. Y Jesús tiene que demostrarles y demostrarnos que no es un fantasma. Nosotros no tenemos normalmente la posibilidad de la constatación palpable de su presencia. Pero estamos rodeados de símbolos que nos llevan a conocer esta realidad: a veces se nos comunican por experiencias íntimas, y, cuando estas experiencias íntimas no se dan, siempre tenemos la luz de la fe (que es la forma más certera de conocer la realidad), y todo eso converge en la misma verdad: Jesús me ama. Y me ama porque ha elegido libremente amarme; y de ahí deriva que yo cumpla sus mandamientos, y que dé también la vida, como El ha dado la vida por los amigos. Y así daremos fruto, o sea nuestra vida no habrá sido estéril, sino de verdad fructuosa. Esa es la forma en que Jesús quiere que entendamos nuestra propia existencia, la existencia cristiana.


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Agradecemos al P. Franco S.J. por su colaboración.

Fátima: Los pedidos de la Virgen


La Devoción al Inmaculado Corazón de María


Al Mensaje de Fátima pertenecen las apariciones del Ángel de la Paz (1916) y las de Nuestra Señora (1917) en Cova da Iría; luego las de Pontevedra (1925 y 1926) y de Tuy (1929) en España; así como el ejemplo heroico de las vidas de Jacinta (1910-1920) y Francisco (1908-1919), hoy ambos en los altares, y la de Lucía que se hizo religiosa carmelita (1907-2005).

El Inmaculado Corazón de María está presente en el Mensaje de Fátima desde el primer momento en las apariciones del Ángel. Pero es a partir de la segunda aparición de Junio de 1917 que Nuestra Señora le confía a Lucía el proyecto de Dios: “(…) tú te quedarás aquí un tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón. A quien la abrace le prometo la salvación; y estas almas serán amadas por Dios, como flores puestas por mí para adornar su trono.

- ¿Me quedo aquí sola? – pregunté, con pena.
- No, hija. ¿Y sufres mucho? No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios.” (1)

En esta aparición como después en las de Pontevedra y de Tuy, Ella se aparece mostrando su Corazón en la mano, rodeado de espinas, en actitud de entrega.

En la tercera aparición del 13 de Julio de 1917 Nuestra Señora confía a los niños el designio secreto de Dios sobre el mundo, el secreto oculto en el Inmaculado Corazón de María, llamado el SECRETO DE FÁTIMA. Las dos primeras partes fueron escritas por mandato del obispo en 1941, La tercera parte del SECRETO fue escrita en Tuy el 3 de Enero de 1944 y conservada en el Vaticano desde 1957. El Papa Juan Pablo II la hizo pública en el año 2000.

El 13 de Julio, después de haberles mostrado el infierno, Nuestra Señora les dice:

“Habéis visto el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar (la Primera Guerra Mundial). Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra (guerra) peor (…) Para impedirla (la Segunda Guerra Mundial), vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y la comunión reparardora de los primeros sábados. Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz (…)” (2)

La devoción al inmaculado Corazón de María es el alma, es la más grande revelación y la razón de ser del Mensaje, lo que le da unidad a todos los demás temas. No se trata de una devoción más a María a la que se pueden añadir “otras” devociones, sino del aspecto más formal de la persona que manifiesta Su amor bajo el símbolo de Su Corazón.

Los pedidos de Nuestra Señora

En la aparición del 13 de Julio de 1917 Nuestra Señora prometió a los pastorcitos: “Para impedir (la guerra), vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado, y la comunión reparadora de los primeros sábados.” (3)

Los pastorcitos Francisco y Jacinta murieron santamente en 1919 y 1920, como Nuestra Señora les había anunciado.

Lucía, la única sobreviviente de los tres pastorcitos, entró al noviciado en el convento de las Hermanas Doroteas en octubre de 1925. El 10 de diciembre de ese mismo año, en Pontevedra, España, en la celda que ocupaba, se le aparecen Nuestra Señora y el Niño Jesús. Nuestra Señora viene a cumplir lo prometido en Cova da Iría, Ella viene a pedirle la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados. El 15 de febrero de 1926 vuelve solo el Niño Jesús, para preguntarle por la propagación de esa devoción.

El 13 de junio de 1929, en Tuy, España, en otra aparición a la Hna. Lucía, Nuestra Señora le revela que Dios por intermedio de Ella le pide al Santo Padre que haga la Consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón en unión con todos los obispos del mundo.

Nuestra Señora vino a pedir en 1925 y en 1929, lo prometido en julio de 1917: la Consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados, como medios para obtener la paz.

Estas dos manifestaciones, la de Pontevedra y la Tuy, constituyen una unidad, son el núcleo central de la devoción al Inmaculado Corazón de María. Más tarde, la Hna. Lucía en carta del 19 de marzo de 1939 al Rvdo. P. Aparicio S.J. le dice: “De la práctica de la Devoción de los Primeros Sábados unida a la Consagración al Inmaculado Corazón de María depende la guerra o la paz del mundo; por eso deseo tanto su propagación y sobre todo por ser esa la voluntad de nuestro Buen Dios y de nuestra querida Madre del Cielo”.

La Comunión Reparadora de los Primeros Sábados

La Hna. Lucía narra esta aparición, ocultándose por humildad, en la tercera persona verbal:

“El día 10 de diciembre de 1925, se le apareció la Santísima Virgen y al lado, suspenso en una nube luminosa, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole una mano en el hombro, le mostró al mismo tiempo un Corazón que tenía en la otra mano, cercado de espinas.
Al mismo tiempo dijo el Niño:
- Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas.
- En seguida dijo la santísima Virgen:
- Mira, hija mía, mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, la menos, procura consolarme y di que todos aquellos que durante cinco meses, en el Primer Sábado se confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los 15 misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas.” (4)

Sabemos que esta devoción ha pasado por muchas dificultades hasta ser aprobada y que luego no se le ha dado la importancia debida. El obispo de Leiría la aprobó 14 años después, el 13 de septiembre de 1939.

Se trata de una devoción muy simple que ha desconcertado y desconcierta a muchos. ¿Cómo de una manera tan fácil podemos tener la certeza de ir al cielo? Y no sólo eso, la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados es núcleo importantísimo de la devoción al Inmaculado Corazón de María y un medio segurísimo para alcanzar la paz del mundo y consolidar el triunfo del Inmaculado Corazón de María. ¿Cómo puede una devoción tan simple estar “calibrada” para impedir una guerra mundial? ¿Cómo puede tener tanta fuerza y poder? ¿Cómo se pueden resolver problemas tan graves y complicados con algo tan fácil? Preguntémonos también, ¿cómo pudo María traer al Hijo de Dios al mundo? ¿Cómo pudo nacer el redentor del mundo en la cueva de Belén? ¿Y no vino para redimirnos y llevarnos a todos al cielo? ¿No fue Dios que así lo dispuso y la fe y la obediencia de María la que lo hizo posible?

El 20 de junio de 1939 la Hna. Lucía, refiriéndose a la devoción de los Primeros Sábados escribía al Rvdo. P. Aparicio S.J. diciéndole:

“Nuestra Señora prometió atrasar el flagelo de la guerra si es propagada esta devoción. Se ve que Ella está atrasando ese castigo de acuerdo con los esfuerzos que se hagan para divulgarla; sin embargo, tengo miedo de que no podamos hacer más, y que Dios, poco contento, levante el brazo de Su Misericordia y quede el mundo destruido con este castigo, que será, como nuca ha sido, horrible, horrible.”

El 1º de septiembre de 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), guerra espantosa, con un saldo de más de 50 millones de muertos.

En los momentos actuales en que la guerra continúa azotando diversas partes del mundo, que los países viven angustiados y sufren los ataques del terrorismo, que hay armamentos químicos y nucleares que pueden ser utilizados para destruir gran parte de la humanidad, podemos examinarnos: ¿Cuántas parroquias atienden el pedido de Nuestra Señora?, ¿cuántas parroquias reunidas “en oración con María, Madre de Jesús” aguardan un nuevo Pentecostés para la renovación de la Iglesia y del Mundo? Sabemos que en Portugal y en Polonia se viven los Primeros Sábados y que en la catedral de Moscú se celebran todos los meses, ¡quién lo diría unos años atrás!

CUATRO son los requisitos que Nuestra Señora nos pide para cumplir con la devoción de los Primeros Sábados: CONFESIÓN, ésta se puede hacer cualquier día, antes o después del Primer Sábado del mes. Lo esencial es que se comulgue en estado de gracias y se haga una confesión por cada Primer Sábado; COMUNIÓN, se debe hacer en estado de gracias; ROSARIO, cinco misterios y MEDITACIÓN, la Santísima Virgen pide 15 minutos de compañía, contemplando los Misterios del Rosario. Estos 15 minutos de oración pueden juntarse a la recitación del Rosario, meditando 3 minutos en cada misterio. La Comunión, el Rosario y la Meditación se deben hacer cinco meses seguidos, el primer sábado de cada mes. La Hna. Lucía nos dice en una carta que los Primeros Sábados son para toda la vida. Los cinco primeros sábados son para nuestra conversión y todos los demás para la conversión del mundo.


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(1) Memorias de la Hermana Lucía, 2ª ed., 1985, p. 160:
Memorias de la Hermana Lucía, vol. 1, 8ª ed.: (2) p. 176, (3) p. 177, (4) p. 192.

Información tomada del Calendario “Fátima y la Paz”, publicado por NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA S.R.L., San Hermenegildo 280. Lima 09, Perú, 2005.

Las intimidades – 2º Parte


P. Vicente Gallo S.J.


Vamos a dejar más claras estas «teorías» aplicándolas a situaciones concretas en la vida del matrimonio. Veamos, para comenzar, el caso de un hijo ya adolescente que está teniendo un comportamiento difícil e irresponsable. La mamá, no sabe qué hacer. Quiere culpar a su esposo. Un día le pide «dialogar». Si se ponen a hablar y la esposa lo plantea diciendo: «Mira, tenemos que hablar de los hijos, porque no estamos hablando nunca de ellos. Ese chico está muy rebelde. ¿No será que tú tendrías que asumir más en serio tu papel como papá? Muchas veces tú me contradices cuando le corrijo, y eso me duele. Pero el chico se nos está perdiendo». Diciéndolo así, es seguro que el esposo se defenderá y le echará más bien a ella la culpa. Se pelearán ambos culpándose e hiriéndose mutuamente. Y si al final, ojalá lo lograsen, terminan reconociéndose los dos culpables de la cosa, llegarán a una paz ficticia, pero no más. Porque ambos quedan heridos al verse culpados.

Si el diálogo fuese diciendo: «No vamos a pelear, ni ver quién tiene la culpa, pues seguramente la tenemos los dos; pero ese chico se nos pierde, está teniendo un comportamiento muy irresponsable, y tenemos que ver juntos qué medidas adecuadas tomamos en ese problema». Entonces, es posible que saquen como fruto una mayor claridad y una mejor actuación de ambos frente al problema. Su amor quedará reafirmado por el diálogo tenido, y seguirán en una relación de pareja con mejor amistad. Pero todavía no llegarán a gozar juntos «la intimidad».

Será distinto si, puestos a dialogar, ella comienza expresando que siente tristeza y fuerte temor por el proceder de ese hijo. Si le dice al esposo, que seguramente él siente lo mismo. Si ambos se ponen a decirse cuánto y cómo es el temor y tristeza que sienten por el hijo que se les pierde si no ponen remedio a tiempo, recordando casos en los que se vieron afectados por sentimientos parecidos. Entonces, los dos buscarán con calor y cordura los medios más adecuados para ganarse al hijo con el mismo amor que ellos se tienen, y actuarán a una para salvarlo, no «a mi hijo» (que diría cada uno), sino «a nuestro hijo». Y se abrazarán creando una verdadera relación de intimidad. La misma que deben mantener firmes en todos los casos, vayan bien o mal los acontecimientos y los días de su vida en común.

No será verdadero «Diálogo» en la vida de pareja si, al hacerlo, mantienen recelos abiertos u ocultos el uno hacia el otro; si no tienen una mutua confianza verdadera entre ellos, confiando a la vez en el diálogo que van a tener y en el resultado positivo que lograrán dialogando. Y si, al final, no terminan con un beso, un abrazo, un momento de profunda intimidad, expresado al decir: « ¡qué feliz me siento de haberme casado contigo!».
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La buena relación de pareja se puede dar a varios niveles. Uno primero y elemental es el nivel de cercanía, el de no vivir alejados el uno del otro aun compartiendo el techo y la mesa, el de llevarse sin fricciones, como buenos compañeros. La cercanía es buena, pero todavía es un nivel insuficiente para un buen matrimonio, aunque ojalá nunca faltase.

Hay otro nivel posible de relación y de amor: el nivel de verdadera amistad, en el cuál se convive estando generalmente de acuerdo en la mente y en el corazón: se piensa juntos, se decide juntos, se comparte lo que cada uno tiene, y se actúa en la mayor posible armonía. Es un nivel que parecería el deseable, y que muchas veces es el mayor al que se aspira en la vida de pareja.

Sin embargo no es un matrimonio según el plan de Dios el que se queda en ese nivel. En el verdadero matrimonio debe llegarse siempre a un nivel más allá de los dos mencionados: el nivel de intimidad. Como, al tener amigos en la vida, se dan los grados de «llevarse bien», o de tener verdadera «sintonía»; pero hay otro grado de amistad, que generalmente se tiene sólo con uno entre todos, y es el de sentir como una identidad entre los dos, de manera que entre ellos no hay secretos, el uno al otro se cuentan y se confían todo, también lo que no se le dice a nadie sino a él.

Algo semejante es la intimidad que se deben tener los esposos en su relación óptima de pareja. Cuando al uno le ha ocurrido algún incidente desagradable o grato, cuando uno está afectado por un sentimiento profundo de tristeza, de temor, de rabia y enojo, o de felicidad y alegría; se necesita tener a quién contárselo, pero no se lo quiere contar uno a cualquiera, ni aun a sus papás, sus hermanos o sus otros amigos, porque se tiene al lado a su cónyuge y se va a él para decirle: «si no es a ti, a quién se lo voy a contar». Solamente con él se tiene tanta confianza.

Si entonces el otro actúa con oídos abiertos para escucharle, un corazón abierto para acoger en él la confidencia, unas manos para agarrar las del otro o acariciarle, con unos labios para besarle y decirle un «sabes que siempre podrás contar conmigo». El abrazo subsiguiente expresa la verdadera INTIMIDAD de la que estamos hablando. Es la intimidad que hay que cultivar cada día del vivir en matrimonio. La que se pretende lograr y mantener viva en el modo de dialogar que aquí planteamos para la buena relación de pareja. La que Dios desea hallar en quienes unió para que en el amor fuesen su imagen y semejanza.
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Se suele llamar «vivir intimidad» al acto coital de la relación sexual, y debería serlo siempre. Pero muchas veces se queda en simple satisfacción egoísta de los dos, buscada por ambos desde la apetencia de ese placer. Cuando no es la agresión pasional de uno, en la que el otro se siente víctima pasiva, acaso sin haber sentido amor. Es verdadera «intimidad» cuando, al hacerlo, el uno le dice de corazón al otro: «qué feliz me siento de estar casado contigo para siempre».

En la actividad física de la «intimidad sexual» no siempre se produce una más profunda unidad de la pareja, ni es vivir intimidad verdadera. A veces se realiza ya con profundo rechazo de parte del otro, sintiéndose forzado u obligado para evitar males más dolorosos. Después de ese acto de «intimidad», quedan más distanciados que antes, acaso odiándose, y sintiendo un mayor deseo de no volver a tener juntos el acto sexual. Podrán llegar a la decisión de no compartir el lecho ni aun el cuarto, aunque sigan viviendo en la misma casa. Y sin llegar a ello, uno puede cerrarse sistemáticamente al «no» cuando el otro le pide su entrega; hasta llegar, acaso, a la situación de no poder ya ni vivir juntos cuando se haya pasado mucho tiempo permaneciendo uno tercamente cerrado en ese «no» sistemático por dicha causa.

En nuestros tiempos se ha llegado a tener relación sexual no ya sólo antes del matrimonio, sino cuando aún faltan normalmente diez o más años para casarse; si es que llegan a casarse juntos alguna vez, porque, en tantos años, ocurre que eso que llamaban «amor» descubren que no lo era; o porque, siendo libres, y cambiando uno de ellos hasta del lugar donde vivía, es de otra persona de la que se enamorará y con la que terminará casándose. ¿Por qué no? No dejaron de ser personas libres.

Pensar que el unirse sexualmente es el modo de cultivar el enamoramiento, es una temeridad, por decir lo menos. Es no respetarse mutuamente en la libertad de la que no debe abdicarse. Es no respetar al otro, por el sólo deseo de satisfacer su apetito sexual; y ello no es la mejor garantía del respeto que habrán de mantenerse como personas si llegan a estar casados. Ese respeto, que es parte indispensable del amor; no sólo de la amistad, sino también del amor de intimidad, el que han de tenerse la pareja en matrimonio. Decir «te quiero mucho» puede significar «te amo mucho»; pero igualmente puede significar «te deseo mucho», sin que haya amor, sino lo contrario al amor que es el egoísmo, querer satisfacer su apetito sexual utilizando al otro para su propio intento.

Malo es casarse porque en ese juego se ha llegado a tener un hijo antes de tiempo. Pero el permanecer en el juego evitando sistemáticamente la posibilidad de procrear, es quitar de la sexualidad lo que es un fin primordial para lo que se tiene. Es como profanarla. Es rebajarla al craso nivel de lo animal, despojándola de lo sagrado que tiene el sexo del hombre al ser este responsable de sus actos, libre como lo es Dios, y como no lo son los animales.

El amor de las personas humanas es «semejanza» del Amor de Dios, y debe ser santo como es santo el Amor que Dios tiene. Entendamos, pues, que Dios tiene que reprobar cualquier acto de amor humano en el cuál no pueda Él verse como en su propia imagen. Porque «imagen y semejanza de Dios» nos pensó Él y nos hizo. No nos rebajemos a ser menos de cómo nos quiso Dios amándonos tanto. No se trata de «que lo prohíbe la Iglesia»; es algo que fue hecho así por Dios.
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San Andrés Bobola S.J.


Sacerdote y mártir

(16 de mayo)

Un 16 de mayo de 1657, caminaba por la fértil llanura de Janov el padre Andrzej (Andrés) Bobola, un jesuita de 66 años.
MISIONERO POPULAR
Llevaba 21 años caminando los caminos de su patria, Polonia, predicador popular, misionero ambulante de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad. Sobre todo recorrió centenares de kilómetros en los arenales y marismas del valle del Pripet, río de los límites de Ucrania y Bielorrusia (Rusia Blanca), al este de la actual Polonia, afluente del Dnieper, que, a su vez, desembocará en el mar Negro. Se trata de una zona muy pantanosa, que se inunda en las épocas de crecida del río, por lo que sus poblados están situados en las colinas.
El apostolado de Andrés por los pueblos ya había tenido resistencias: "el seductor de almas" lo apodaban sus enemigos, (Los católicos lo llamaban más bien "el apóstol de Pinsk", la ciudad más importante del Pripet, hoy en Bielorrusia.) Los adversarios excitaban contra Andrés a bandas de muchachos que lo perseguían a pedradas.
No eran esas las únicas tempestades en medio de las cuales tuvo que realizar su apostolado.
AÑOS TEMPESTUOSOS DE POLONIA
Le habían tocado a Andrés tiempos duros en lo político y en lo religioso.
Cuando nació, Segismundo III era rey de Polonia. Era también hijo del rey de Suecia, lo que hizo concebir la esperanza de unir Suecia a Polonia. Pero, a la muerte de su padre, Segismundo es excluido del trono. Y más tarde fracasa en su intento por hacer valer sus derechos.
En 1632, cuando Andrés Bobola tiene unos 40 años y aún ejerce su apostolado urbano, muere Segismundo III y, tras un borrascoso interregno, sube al trono su hijo Wladislao IV. Este reina durante 16 años relativamente tranquilos. Incluso a los tres años de reinado logra la parte de Prusia a que había renunciado su padre.
A la muerte de Wladislao, en 1648 y tras violenta lucha, obtiene el trono su hermano Juan Casimiro. Y sobrevienen los desastres.
Ese mismo año, cuando Andrés Bobola lleva ya 12 años de apostolado rural, tiene lugar la revolución de los cosacos de Ucrania y de los tártaros, que venían siendo oprimidos por la nobleza y el clero. (Los cosacos son pueblos rusos que aparecieron en el siglo XIV como hordas errantes que se habían convertido en guerreras. Los tártaros son un pueblo cuyo origen estuvo en Mongolia.)
La revuelta, que durará seis años, convierte Polonia en un infierno. El mismo año en que había estallado los cosacos incendiaron Pinsk (recordemos que a Andrés le llamaban "el apóstol de Pinsk"). Los cosacos se someten a Rusia y la revolución degenera en guerra entre Polonia y Moscovia (nombre que tenía el principado ruso) y da pretexto para la intervención de los rusos en los asuntos de Polonia. Pinsk es de nuevo incendiada, ahora por los rusos, seis años después que lo había sido por los cosacos.
La guerra se tiñe de fanatismo religioso. Los cosacos, ortodoxos. (Los "ortodoxos" son los miembros de las Iglesias cristianas de Oriente separadas de Roma por no reconocer la autoridad plena del Papa. La separación comenzó en el siglo IX con Focio, patriarca de Constantinopla, y se consumó en 1054 con el patriarca Miguel Cerulario.) Los cosacos matan a miles de fieles y decenas de sacerdotes católicos. En siete años, 30 conventos dominicos son arrasados y 95 frailes, asesinados. La misma suerte siguen siete casas de los jesuitas. Terminada la guerra, los ortodoxos cosacos seguirán queriendo imponer su fe a los católicos romanos y organizarán incursiones en los distintos fronterizos.
No se redujeron las tragedias polacas al problema polaco y ruso. Suecia declaró la guerra a Polonia, la invadió y conquistó parte importante de su territorio: la "gran Polonia" con Varsovia, en el centro, y la "pequeña Polonia" con Cracovia, en el sur. Los asedios de Varsovia y de Czestochowa (en el centro sur) ilustran esta invasión a la que los polacos llaman "el diluvio". Sólo hacía un año que había terminado la rebelión de los cosacos.
Las condiciones están creadas para que Polonia pierda partes importantes de su territorio, que en el momento de máximo apogeo había llegado a 940.000 kilómetros cuadrados (hoy tiene 313.000, la tercera parte). En 1660, tres años después de la muerte de Andrés, Polonia perderá parte de Prusia (en el norte) y parte de Letonia y Estonia (en el nordeste). Y, seis años después, una ancha franja, de norte a sur, del este, territorios de las actuales Bielorrusia y Ucrania: allí habían estado los escenarios de la predicación rural de Andrés).
Todos estos hechos debilitaron la autoridad real de Juan Casimiro, que terminará su vida en los claustros del monasterio de Saint Germain del Prés, en París.
Mientras tanto, el padre Andrés misionaba distrito tras distrito para despertar o mantener la fe romana.
PRIMEROS APOSTOLADOS Y PREPARACIÓN
Habían quedado muy atrás sus doce años de sacerdote joven, sencillo apóstol urbano, desde 1622 (año en que se ordena sacerdote, cuando tiene 31 anos) hasta 1634. Entonces en Vilna (hoy capital de Lituania) es predicador y consejero de Congregaciones Marianas (las llamadas hoy CVX). Los testimonios nos lo presentan como un compañero agradable, que gusta de vivir bien, si llega la ocasión, pero que está dispuesto a entrega toda su persona. Dará prueba de ello en las pestes de los años 25 y 29, y en la que, cuando fue superior en Bobruisk (en el sureste de Bielorrusia), fue causada por la miseria producida por la segunda guerra con Moscú (1632 a 1634). Entonces debe gastar días y noches atendiendo a los apestados.
Esta disposición a la entrega le hará, sensible a la miseria moral de las poblaciones abandonadas del Pripet, dedicarles los mejores años de su madurez (1636 a 1657).
Y más atrás todavía habían quedado los años de estudios en el colegio de los jesuitas de aquel muchacho nacido el 1591 en Sandorín, zona a orillas del Vístula, en el centro de Polonia, algo al sur de Varsovia, cuya ciudad central se llama también Sandorín. (Esta ciudad sería destruida por los suecos en 1655, cuando llevaba Andrés 19 años como predicador rural.) Y atrás había quedado, su entrada al noviciado de Vilna a los 19 años y su formación como jesuita, durante la cual, cuando tiene unos 25, su dedicación a la enseñanza de gramática.
PESADILLA
Aquel 16 de mayo de 1657, en la llanura de Janov, aún más lejos que "su" valle de Pripet, caminaba el misionero rural Andrés Bobola.
A pesar de las dificultades que habitualmente había encontrado en su apostolado, nada hacía prever lo que iba a suceder aquel día.
A media hora de Janov, en un lugar llamado Peredil, cae el padre Andrés en manos de los cosacos. Primero, hay amabilidad y promesas para que abrace la ortodoxia. La negativa es rotunda.
Y empieza la pesadilla.
Lo desnudan, lo amarran a un árbol y lo azotan. Le presionan la cabeza con un capacete de ramas de encina retorcidas. Le ponen una soga al cuello y la atan a las sillas de dos caballos. Así tiran de él -mientras le punzan la espalda con las espadas- hasta Janov.
Allí lo llevan, entre los gritos del pueblo, al jefe de la brigada. Nueva propuesta de que se pase a la ortodoxia. "Yo soy sacerdote católico, nacido y criado en la fe católica, y en ella quiero morir". El jefe quiere darle un tajo con la espada en la cabeza, pero Andrés desvía el golpe con la mano derecha, perdiendo tres dedos. Cae al suelo y un soldado le clava un puñal en el ojo derecho. Le pasan fuego por el pecho y por la espalda. Entre nuevas propuestas para que abjure de su religión y nuevas profesiones de fe católica, le desuellan la parte de la cabeza donde está la tonsura que llevaban entonces los clérigos y le cortan y raspan las palmas de sus manos ungidas de sacerdote. Le introducen astillas bajo las uñas de los pies y de las manos. Le cortan las orejas y la nariz. Le arrancan la piel de la espalda y le restregan la carne viva con pajas y ramas. Le abren una herida en el cuello y por ella le arrancan la lengua. Un fierro que le meten por el costado izquierdo le destroza el corazón.
Acabó la pesadilla.


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(De la página web de Asesoría Religiosa de la Universidad del Pacífico)


Finalizó el viaje del Papa a Tierra Santa

La misa más grande del viaje del Papa fue en una ciudad árabe

(Varias agencias) A las 8.30 de la mañana del jueves, Benedicto XVI se desplazó en helicóptero a Nazaret, la ciudad de la Anunciación y de la Sagrada Familia, a unos 110 km. de Jerusalén. Una vez llegado al helipuerto de esa ciudad se trasladó en coche al Monte del Precipicio para celebrar una Misa. El llamado “Monte del Precipicio” es el lugar donde, según la tradición y de acuerdo al Evangelio de Lucas, una muchedumbre intentó arrojar a Jesús por el contenido de su prédica en la Sinagoga de Nazaret. El pasaje corresponde exactamente a Lucas 4, 29-30:
“Todos en la sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino”
Nazaret es la ciudad mayoritariamente árabe más grande dentro de Israel y la capital administrativa de Galilea. Tiene unos 70 mil habitantes, de los cuales el 17% son cristianos. Se calcula que cuarenta mil personas llegaron a la misa con el “Monte del Precipicio” como escenario.
Transcribimos partes del discurso de Benedicto XVI con tres temas que mencionó: la mujer (tema controversial en territorio árabe), la familia y la paz.
"Nazaret nos recuerda el deber de reconocer y respetar la dignidad y la misión que Dios concedió a las mujeres, al igual que sus carismas y talentos particulares. Tanto como madres de familia, como vital presencia en la fuerza de trabajo y en las instituciones de la sociedad, (…) en la llamada particular a seguir al Señor a través de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, las mujeres tienen un papel indispensable para crear esa ecología humana que el mundo, y esta tierra, necesitan con urgencia…
“Este Monte del Precipicio nos recuerda (...) que el mensaje del Señor a veces fue fuente de contradicción y de conflicto con los que lo escuchaban. Desgraciadamente, como sabe todo el mundo, Nazaret ha experimentado en los últimos años tensiones que han perjudicado las relaciones entre la comunidad cristiana y la musulmana. Invito a las personas de buena voluntad de ambas comunidades a reparar esos daños y, en fidelidad al credo común en un único Dios, Padre de la familia humana, a trabajar para construir puentes y encontrar formas de coexistencia pacífica. Que todos rechacen el poder destructor del odio y el prejuicio que matan el alma antes que el cuerpo!"
El encuentro más significativo del viaje
(Foto: Reuters) (Zenit) Benedicto XVI y los líderes religiosos de Galilea se tomaron de la mano este jueves por la tarde pidiendo a Dios el don más precioso para Tierra Santa, la paz. El encuentro, uno de los más emotivos del viaje papal, se celebró en el auditorio del Santuario de la Anunciación de Nazaret. El Papa mencionó en su discurso:
"Nuestras diferentes tradiciones religiosas tienen en sí un potencial notable para promover una cultura de la paz, especialmente a través la enseñanza y la predicación de los valores espirituales más profundos de nuestra común humanidad. Moldeando los corazones de los jóvenes, moldeamos el futuro de la humanidad. De buen ánimo los cristianos se unen a los judíos, musulmanes, drusos y personas de otras religiones con el deseo de salvaguardar a los niños del fanatismo y de la violencia, mientras los preparamos a ser los constructores de un mundo mejor".
Al final de su discurso, Benedicto XVI recibió como regalo una escultura de madera que representaba una paloma, símbolo de la paz. La ceremonia vivió el momento más impactante cuando, al final, el Papa y los demás líderes religiosos presentes en el palco se levantaron y se tomaron de la mano, uniéndose al canto. El pontífice, mostrando un rostro radiante, tenía a su izquierda el representante druso y a la derecha un rabino.
Delicada reunión con el Primer Ministro Netanyahu
(Varias agencias). El Papa y el Primer Ministro Israelí, Benjamin Netanyahu, hablaron a solas por aproximadamente quince minutos, en el convento de los franciscanos de Nazaret, tiempo en que "se analizó, especialmente, los temas del proceso de paz en Medio Oriente y los modos para hacerlo avanzar", informó el portavoz vaticano, Federico Lombardi SJ. La reunión entre el sumo Pontífice y Netanyahu se produjo horas después que Benedicto XVI apoyó la creación de un Estado palestino, punto de vista que no es aceptado por el primer ministro y líder del partido israelí “Likud”.
Se informó que el premier israelí, por su parte, pidió a Benedicto XVI que utilice su autoridad para condenar los encendidos discursos anti israelíes del líder iraní Mahmud Ahmadinejad. Ambos líderes se reunieron luego de la misa celebrada en Nazaret ante unas 40.000 personas, ceremonia en la que el Papa urgió a los residentes cristianos y musulmanes a superar recientes conflictos y rechazar "el poder destructivo del odio y el prejuicio".
Hoy viernes, despedida a manera de resumen del viaje a Tierra Santa
(Radio Vaticana) Hoy, a la una y treinta de la tarde (hora de Tel Aviv), en la ceremonia de despedida realizada en el aeropuerto Ben Gurión, ante un nutrido grupo de autoridades civiles y personalidades religiosas, el Papa se dirigió al presidente de Israel, Shimon Peres, con palabras de agradecimiento por la hospitalidad y el calor que recibió en su visita. El Pontífice dijo que, precisamente como amigo, ha sido inevitable su aflicción por la continua tensión, su tristeza por los sufrimientos y las pérdidas de vidas humanas de los pueblos judíos y palestinos en los últimos seis decenios. Por ello su fuerte llamamiento por la paz.
“¡No más derramamiento de sangre! ¡No más conflicto! ¡No más terrorismo! ¡No más guerra! Rompamos el círculo vicioso de la violencia. Que pueda establecerse una paz duradera basada en la justicia, que haya una verdadera reconciliación y curación. Que sea universalmente reconocido que el Estado de Israel tiene derecho a existir y a gozar de paz y seguridad en el interior de sus fronteras internacionalmente reconocidas. Que sea igualmente reconocido que el pueblo palestino tiene el derecho a una patria independiente, soberana, a vivir con dignidad y viajar libremente.
El Santo Padre al abrir su discurso habló de las fuertes impresiones que le ha dejado esta peregrinación a Tierra Santa, en la que pudo constatar -en sus reuniones con las autoridades civiles, tanto en Israel como en los territorios Palestinos-, los grandes esfuerzos que ambos gobiernos realizan para asegurar el bienestar de las personas. Y sin embargo, Benedicto XVI concluyó su discurso con lo que calificó la más triste de las visiones: el muro.
“Una de las visiones más tristes para mí durante mi visita a estas tierras ha sido el muro. Mientras caminaba junto él, he rezado por un futuro en el que los pueblos de la Tierra Santa puedan vivir juntos en paz y armonía sin necesidad de semejantes instrumentos de seguridad y separación, sino respetándose y confiando el uno en el otro, en la renuncia de toda forma de violencia y de agresión”. (Foto: agencia Getty Image, tomada ayer a las dos de la tarde, hora Tel Aviv)
Las tres impresiones de Benedicto XVI sobre su propio viaje
(VIS). Benedicto XVI mantuvo un breve y espontáneo encuentro con los periodistas que desde el 8 de mayo le han seguido por Jordania, Israel y los Territorios Palestinos, para reconocer que en los diferentes interlocutores que ha encontrado ha visto voluntad de paz.
Al recoger las tres "impresiones fundamentales" que se lleva de Tierra Santa, en primer lugar, reveló, se encuentra "una voluntad decidida de diálogo interreligioso, de encuentro, de colaboración entre las tres religiones", judaísmo, cristianismo e islam.
En segundo lugar, Benedicto XVI ha constatado voluntad de diálogo ecuménico, entre los cristianos de las diferentes confesiones con los que se ha reunido, ortodoxos, armenios, anglicanos, luteranos... "Se ve que este clima de Tierra Santa alienta también el ecumenismo", subrayó.
En tercer lugar, el Papa ha visto a pesar de las grandes dificultades, "un profundo deseo de paz por parte de todos".
Prensa árabe e israelí evalúan de manera opuesta el viaje que finalizó
(Extractos del artículo escrito por María Fernanda Bernasconi -desde Jersusalén- para Radio Vaticana) En el día en que Benedicto XVI se despidió de Israel, la prensa árabe amaneció sin dar gran relieve a su peregrinación, si bien todos los artículos son favorables a la visita del Papa y se detienen en la Misa masiva que celebró en Nazaret.
La agencia oficial “Wafa”, propone una entrevista al alcalde, quien dice que la visita a la ciudad natal de Jesús deja un mensaje de diálogo entre pueblos y etnias, entre civilizaciones, culturas y religiones. Y manifiesta su esperanza de que entre los frutos traiga a Tierra Santa, un mensaje de paz, justicia e igualdad; una paz –añade– basada en la igualdad y en el derecho de dos Estados soberanos, uno palestino y otro israelí”.
El periódico “Alayyam” titula “Benedicto XVI anima la convivencia pacífica islamo-cristiana en Tierra Santa y cita amplios pasajes de su alocución, sobre todo cuando anima a ser valerosos y fieles a Cristo, a permanecer en esta tierra santificada con la presencia de Jesús.
El sitio “Juthouruna” titula “El Papa anima a los cristianos palestinos a no emigrar”.
“Al Quds” titula “El Papa concluye su visita yendo al Santo Sepulcro”, mientras añade que “seguramente el Papa concluirá su viaje con llamamientos a la paz y a la convivencia a los pueblos y a las religiones y con la condena del antisemitismo desde este lugar sagrado”.
En cambio la prensa israelí traza un balance moderado y negativo de la peregrinación papal. “Haaretz”, por ejemplo, da espacio al comentario de un rabino que agradece irónicamente al Papa por haber reforzado sus convicciones sionistas. “¡Qué contraste increíble entre estas imágenes del viaje del Papa y el modo con el cual los judíos debían inclinarse ante el Papa en los siglos pasados!
“The Jerusalem Post” titula “Fin de la peregrinación”. Y en el artículo se publica una foto de Benedicto XVI y otra de Juan Pablo II. También cita al rabino David Rosen, según el cual el “análisis negativo del discurso del Papa en el memorial del holocausto viene sobre todo del hecho que este hombre no es una persona emotiva”. En otro artículo se analizan las razones por las cuales a pesar de que tantos rabinos son difidentes con respecto al Vaticano, siguen aún participando en el diálogo. Una parte de ellos, como Meir Lau, dice que “lo harían por una razón pragmática; porque quieren ayudar así a los judíos en los países de mayoría cristiana. (Foto AP. Se observa al Papa despidiéndose de un sheik beduino israelí y a un sacerdote griego ortodoxo al fondo, antes de partir de regreso a Roma)
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Agradecemos al P. Franco S.J. por compartir esta publicación.