Catequesis sobre los mandamientos, 14-A: No desees al cónyuge de otros; No desees los bienes de los demás.



PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles, 21 de noviembre de 2018


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Nuestros encuentros sobre el Decálogo nos llevan hoy al último mandamiento. Lo escuchamos al principio. Estas no son solo las últimas palabras del texto, sino mucho más: son el cumplimiento del viaje a través del Decálogo, que llegan al fondo de todo lo que encierra. En efecto, a simple vista, no agregan un nuevo contenido: las palabras «no codiciarás la mujer de tu prójimo [...], ni los bienes de tu prójimo» están al menos latentes en los mandamientos sobre el adulterio y el robo. ¿Cuál es entonces la función de estas palabras? ¿Es un resumen? ¿Es algo más?

Tengamos muy en cuenta que todos los mandamientos tienen la tarea de indicar el límite de la vida, el límite más allá del cual el hombre se destruye y destruye a su prójimo, estropeando su relación con Dios. Si vas más allá, te destruyes, también destruyes la relación con Dios y la relación con los demás. Los mandamientos señalan esto. Con esta última palabra, se destaca el hecho de que todas las transgresiones surgen de una raíz interna común: los deseos malvados. Todos los pecados nacen de un deseo malvado. Todos. Allí empieza a moverse el corazón, y uno entra en esa onda, y acaba en una transgresión. Pero no en una transgresión formal, legal: en una transgresión que hiere a uno mismo y a los demás.

En el Evangelio, el Señor Jesús dice explícitamente: «Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre» (Mc 7, 21-23).

Entendemos así que todo el itinerario del Decálogo no tendría ninguna utilidad si no llegase a tocar este nivel, el corazón del hombre. ¿De dónde nacen todas estas cosas feas? El Decálogo se muestra lúcido y profundo en este aspecto: el punto de llegada –el último mandamiento– de este viaje es el corazón, y si éste, si el corazón, no se libera, el resto sirve de poco. Este es el reto: liberar el corazón de todas estas cosas malvadas y feas. Los preceptos de Dios pueden reducirse a ser solo la hermosa fachada de una vida que sigue siendo una existencia de esclavos y no de hijos. A menudo, detrás de la máscara farisaica de la sofocante corrección, se esconde algo feo y sin resolver.

En cambio, debemos dejarnos desenmascarar por estos mandatos sobre el deseo, porque nos muestran nuestra pobreza, para llevarnos a una santa humillación. Cada uno de nosotros puede preguntarse: Pero ¿qué deseos feos siento a menudo? ¿La envidia, la codicia, el chismorreo? Todas estas cosas vienen desde dentro. Cada uno puede preguntárselo y le sentará bien. El hombre necesita esta bendita humillación, esa por la que descubre que no puede liberarse por sí mismo, esa por la que clama a Dios para que lo salve. San Pablo lo explica de una manera insuperable, refiriéndose al mandamiento de no desear (cf. Rom 7, 7-24).

Es vano pensar en poder corregirse sin el don del Espíritu Santo. Es vano pensar en purificar nuestro corazón solo con un esfuerzo titánico de nuestra voluntad: eso no es posible. Debemos abrirnos a la relación con Dios, en verdad y en libertad: solo de esta manera nuestras fatigas pueden dar frutos, porque es el Espíritu Santo el que nos lleva adelante.

La tarea de la Ley Bíblica no es la de engañar al hombre con que una obediencia literal lo lleve a una salvación amañada y, además, inalcanzable. La tarea de la Ley es llevar al hombre a su verdad, es decir, a su pobreza, que se convierte en apertura auténtica, en apertura personal a la misericordia de Dios, que nos transforma y nos renueva. Dios es el único capaz de renovar nuestro corazón, a condición de que le abramos el corazón: es la única condición; Él lo hace todo; pero tenemos que abrirle el corazón.

Las últimas palabras del Decálogo educan a todos a reconocerse como mendigos; nos ayudan a enfrentar el desorden de nuestro corazón, para dejar de vivir egoístamente y volvernos pobres de espíritu, auténticos ante la presencia del Padre, dejándonos redimir por el Hijo y enseñar por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el maestro que nos enseña. Somos mendigos, pidamos esta gracia.

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5, 3). Sí, benditos aquellos que dejan de engañarse creyendo que pueden salvarse de su debilidad sin la misericordia de Dios, que es la sola que puede sanar el corazón. Solo la misericordia del Señor sana el corazón. Bienaventurados los que reconocen sus malos deseos y con un corazón arrepentido y humilde no se presentan ante Dios y ante los hombres como justos, sino como pecadores. Es hermoso lo que Pedro le dijo al Señor: “Aléjate de mí, Señor, que soy un pecador”. Hermosa oración ésta: “Aléjate de mí, Señor, que soy un pecador”.


Estos son los que saben tener compasión, los que saben tener misericordia de los demás, porque la experimentan en ellos mismos.



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Tomado de:

http://w2.vatican.va

Los escritos de San Pablo: Su Teología - El estado del hombre sin Cristo - La carne



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 2° ENTREGA

10.2. LA CARNE

a. Concepto de carne en la antropología bíblica.

En la Biblia existen tres conceptos de la lengua hebrea que expresan su antropología:

  • “Nefesh” = en hebreo, significa = ser persona. La traducción de los 70 (LXX), del hebreo al griego, lo tradujeron por “psyje” = alma, y de ahí provienen muchas confusiones, por ejemplo en hebreo se denomina “nefesh hayyah” = al ser vivo. Y “nefesh met”, = al ser muerto.
  • “Basar” = en hebreo significa = carne. Al griego se tradujo con la palabra "sarx": significa la manifestación sensible del "Nefesh".  Indica todo el hombre en su manifestación externa.
  • “Ruah” = en hebreo significa = espíritu. Traducido al griego por la palabra "pneuma": es lo que da consistencia al “Nefesh-Basar”. Es el aliento vital. Es extrínseco; viene de Dios. Pero no es espiritual según nuestro concepto, ni corresponde a nuestra idea de alma inmortal.

b. La "carne" en Pablo: “Sarx”

En sentido natural: es la materia animada, la parte mas débil del cuerpo humano, por oposición a la parte sólida (los huesos) y a la líquida (la sangre). En este sentido natural identifica a veces "carne" con "cuerpo", 1 Cor 6, 16. 18: “ ¿O no sabéis que quien se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella? ... ¡Huid de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra su propio cuerpo”;  2 Cor  4, 10-11: “Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas  partes la muerte de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos”. En estos casos "sarx" significa el cuerpo físico.

En sentido moral: el ser animado en cuanto que es medio del pecado e instrumento del mismo. Todo el hombre en cuanto esclavo del pecado e inclinado a él, Rom 7, 14-20: “Sabemos, en efecto que la ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del mundo. Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con la Ley en que es buena; en realidad, ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí”... ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que lleva a la muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor!”. Pablo se siente dominado por las tendencias naturales y terrestres.  En este sentido aparece en la antinomia carne - Espíritu. El significado es: el hombre dominado por sus inclinaciones terrenas y a la vez el hombre bajo la acción del Espíritu Santo.

De este término "carne" = “sarx”, se derivan de los adjetivos: "sarkinos” y "sarkikos" = carnal. 1 Cor  3, 1-3: “Yo hermanos no pude hablaros como a hombre espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di ha beber leche y no alimento sólido, pues todavía no lo podíais soportar. Ni aun lo soportáis al presente, pues todavía sois carnales. Porque mientras haya entre vosotros envidia y discordia ¿no es verdad que sois carnales y vivís a lo humano?. Y en  2 Cor 1, 12: “El motivo de nuestro orgullo es el testimonio de nuestra conciencia, de que nos hemos conducido en el mundo, y sobre todo respecto a vosotros, con la sencillez y sinceridad que vienen de Dios, y no con sabiduría carnal, sino con la gracia de Dios”.

c. El alma y el espíritu en Pablo
  • En sentido natural: alma = “psyje”. Y espíritu = “pneuma”,  son casi sinónimos, Filp 1, 27: “Lo que importa es que vosotros llevéis una conducta digna del Evangelio de Cristo, para que tanto si voy a veros como si estoy ausente, oiga de vosotros que os mantenéis firmes en un mismo espíritu y lucháis unánimes por la fe del Evangelio”; e indican el principio de cualquier forma de vida, especialmente de la vida espiritual, intelectiva, 1 Cor 2, 11: “En efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él?. Más en concreto “psyje”, señala al hombre con su conciencia, entendimiento, voluntad, 1 Tes 2,  8: "Tanto os queríamos, que estábamos dispuestos a daros no sólo el Evangelio de Dios, sino nuestras propias vidas. ¡Habéis llegado a sernos tan entrañables!”. Y en Rom 16,4: “Ellos expusieron sus cabezas para salvarme. Y no soy yo solo en agradecérselo, sino también todas las Iglesias de la gentilidad”; Filp 2,30: “Porque, por la obra de Cristo, (Epafrodito) ha estado  a la muerte, arriesgando su vida para compensar vuestra ausencia en servicio mío”.
  • En sentido moral: “pneuma”, es el principio de la vida nueva, mientras “psyje”, es el principio de una vida natural. De “psyje” deriva le adjetivo "psyjikes", para indicar al hombre que vive sin el Espíritu de Dios, 1 Cor 2, 14: “El hombre no acepta naturalmente las cosas del Espíritu de Dios; son locura para él. Y no las puede entender, pues sólo espiritualmente pueden ser juzgadas”; de "pneuma", en cambio, deriva el adjetivo "pneumatikos", para señalar al hombre espiritual, que actúa movido por el Espíritu,1 Cor 2, 15: "En cambio, el hombre de espíritu lo juzga todo; y a él nadie puede juzgarle. Porque ¿quién conoció la mente del Señor para instruirle?. Pero nosotros tenemos la mente de Cristo”. Y en Rom 1, 11: “Pues ansío veros a fin de comunicaros algún don espiritual que os fortalezca”.
d. La carne y sus frutos
  • El pecado se sirve de la carne como instrumento. Por eso es llamada carne de pecado, Rom 8, 3: “Pues lo que era imposible a la ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios, habiendo enviado a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne”, porque toda acción mala tiene su origen en ella. La carne tiene tendencias contrarias al Espíritu y a la razón, Gal 5, 13-17: “Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; pero no toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario, servíos unos a otros por amor,... pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, ¡mirad no vayáis a destruiros mutuamente! Os digo esto: proceded según el Espíritu, y no deis satisfacción a las apetencias de la carne. Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu apetencias contrarias a la carne, como que son entre sí tan opuestos, que no hacéis lo que queréis”; y en Rom 7, 21-23: “Descubro , pues, esta ley: aunque quiera hacer el bien, es el mal el que se me presenta. Pues me complazco en la Ley de Dios según el hombre interior, pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros”.
  • Entre los frutos de la carne también se recuerdan pecados que tienen que ver con el cuerpo, Gal 5, 19-20: “Ahora bien las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras, ambición, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, comilonas y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios, ... no seamos vanidosos provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente”.
  • La carne no es intrínsecamente mala. Existe la posibilidad de librarse de la corrupción de la carne y vivir según el Espíritu, Rom 7, 24-25: “¡Pobre de mí! ¿quién me librará de este cuerpo que me leva a la muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor”.  El hombre puede convertirse en templo del Espíritu, 1 Cor 6, 19: “¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?”; y ofrecer sus miembros como sacrificio agradable a Dios, Rom 12, 1: “Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que os ofrezcáis a vosotros mismos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual”.
  • Pablo pone de relieve dos frutos de la carne:
  • La idolatría, Rom 1, 21-23: “Porque habiendo conocido a Dios no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció, jactándose de sabios se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombres corruptibles, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles”; y en Gal. 5, 20: “Idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras, ambiciones, divisiones, disensiones”.
  • La impureza: la ve como una pena infligida por Dios por la degradación intelectual en la que cayó el hombre por la idolatría, Rom 1, 18-20: “En efecto la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia; pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras; su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables”.

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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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Los Orígenes: Los Números


P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita.

El libro de los Números

Este libro es poco conocido y también poco sugestivo. Su nombre proviene del cálculo con motivo del censo (cap. 1) del pueblo judío que sale de Egipto y también de un segundo censo (cap. 26) sobre ese mismo pueblo que está a punto de entrar en la prometida tierra soñada de Canaán.

Asimismo, destaca a la peculiar tribu de Leví como la responsable del cuidado del santuario donde Dios se hace presente y va con su pueblo en la tienda del encuentro (9,15-23; 11,24s) y en el arca de la alianza (10,35s). Ambas preceden al pueblo en su marcha por el desierto. Los capítulos 3 y 4 presentan la razón de ser de los levitas y su función. Se hace evidente la influencia de la “tradición sacerdotal” (véase AQUÍ) en la redacción de este farragoso y para no pocos, tedioso libro de los Números. Una extensa serie de sus facultades rituales y de sus peculiares normas coactivas se describen en los caps. 5-9,14; 15-19.

En todo caso podemos subrayar que, en la marcha del pueblo, a Israel le acompaña su Señor Yahvéh, y por eso él también es santo, y todos sus miembros han de ser santos, con la ayuda solidaria de los sacerdotes y levitas, elegidos por vocación de Dios para esta tarea. Sin embargo, el libro de los Números no es muy optimista respecto de la respuesta de ese pueblo a su Señor. En definitiva, aunque se trate de un pueblo consagrado a Yahvéh, en realidad es también un pueblo tentado por la idolatría. Los relatos más centrales de este libro (11-14; 20-21) narran una serie de conflictos e incertidumbres que merecen castigo, aunque la reconciliación se hace muy presente en las oraciones y sacrificios. Pecado y reconciliación van unidas.

En los capítulos ya finales, el libro se abre hacia un futuro con la bendición de Balaán (22-24), la sucesión del liderazgo de Moisés (27,12-23), los días dedicados al Señor (28-29), la lucha contra quienes arrastran a Israel hacia el pecado de infidelidad (31), la instalación ordenada de las tribus en la tierra prometida (32), y los últimos mandatos de Moisés a los israelitas desde Moab (33,50-36,13).

LA «GLORIA DEL SEÑOR SE LES APARECIÓ, Y EL SEÑOR DIJO A MOISÉS: COGE EL BASTÓN, REÚNE LA ASAMBLEA TÚ CON TU HERMANO AARÓN, Y EN PRESENCIA DE ELLOS ORDENAD A LA ROCA QUE DE AGUA. SACARÁS AGUA DE LA ROCA PARA DARLES DE BEBER A ELLOS Y A SUS BESTIAS.
MOISÉS RETIRÓ LA VARA DE LA PRESENCIA DEL SEÑOR, COMO SE LO MANDABA; AYUDADO DE AARÓN REUNIÓ LA ASAMBLEA DELANTE DE LA ROCA, Y LES DIJO: ESCUCHAD, REBELDES: ¿CREÉIS QUE PODEMOS SACAROS ACUA DE ESTA ROCA? MOISÉS ALZÓ LA MANO Y GOLPEÓ LA ROCA CON EL BASTÓN DOS VECES, Y BROTÓ AGUA TAN ABUNDANTEMENTE QUE BEBIÓ TODA LA GENTE Y LAS BESTIAS, (Nm 20,7-11)

Guía del Libro de los Números

(1,1-4,49)
• Censo de los que salieron de Egipto. • Estatuto de los levitas. • Disposición de las tribus alrededor de la “rienda”. • Acerca de la tribu de Leví. • Sus funciones y clanes. • Censo de los levitas.

(5,1-8,26)
• Leyes diversas: impureza, restitución, ofrenda de celos, “nazireato” y fórmula de bendición. • Ofrenda de las carretas. • Ofrenda de la Dedicación. • Las lámparas del candelabro. • Consagración de los levitas.

(9,1-10,36)
• Aniversario de la Pascua. • La nube. • Las trompetas de plata. • Orden de marcha a partir del Sinaí.

(11,1-14,45)
• Quejas del pueblo. • Intercesión de Moisés. • Respuesta de Yahvéh. • Los setenta ancianos. • Las codornices. • Quejas de María y Aarón. • Envío de exploradores a Canaán. • Su informe. • Rebelión del pueblo. • La ira de Yahvéh y la intercesión de Moisés. • Perdón y castigo.

(15,1-19,22)
• La ofrenda de la harina, el aceite y el vino. • Sobre las faltas por inadvertencia. • Violación del sábado. • Rebelión de Coré, Datán y Abirón. • Su castigo. • Los incensarios. • Intercesión de Aarón. • La vara de Aarón. • Función expiatoria del sacerdocio. • Derechos de sacerdotes y levitas. • Los diezmos. • La vaca roja y el agua lustral. • Ritos de purificación.

(20,1-21,35)
• Muerte de María. • Agua de la roca (Meribá). • Castigo de Moisés y Aarón. • Negativa de paso por Edom. • Muerte de Aarón. • Victoria sobre Arad. • La serpiente de bronce. • Victorias en Transjordania.

(22,1-24,25)
• El rey de Moab llama a Balaán. • La burra de Balaán. • Encuentro con el rey de Moab. • Balaán bendice al pueblo de Israel y le anuncia un futuro glorioso.

(25,1-30,17)
• Actos de idolatría. • Nuevo censo y repartición de la tierra. • Censo de los levitas. • Derechos de las hijas. • Josué, el sucesor de Moisés. • Sacrificios y fiestas. • Sobre los votos.

(31,1-36,13)
• Guerra santa contra Madián. • Reparto del botín. • Reparto de la Transjordania. • Etapas del “Éxodo”. • Distribución de la tierra prometida. • Límites. • Los encargados. • Ciudades le víricas. • Ciudades de refugio. • La herencia de la mujer casada.



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Agradecemos al P. Fernando Martínez, S.J. por su colaboración.
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Los escritos de San Pablo: Su Teología - El estado del hombre sin Cristo - El pecado y su extensión



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 1° ENTREGA

10. EL ESTADO DEL HOMBRE SIN CRISTO

En la carta a los Romanos Pablo, después del saludo inicial y de la acción de gracias, pasa al tema del motivo de la carta: la Salvación, la Justificación nos viene del Padre por medio de su Hijo Jesucristo. A continuación presenta su tesis de la justificación por la fe. Pero primero tiene que explicar bien la situación del género humano que vive en tinieblas y en sombra de muerte a causa del pecado de Adán y de sus propios pecados.

10.1. EL PECADO Y SU EXTENSIÓN

a. Punto de partida

En el pensamiento de Pablo, el punto de partida es el hombre integral en su situación existencial: hombre irredento; hombre sin Cristo. Pablo considera esta existencia como una existencia bajo el influjo del pecado. Sin Cristo el hombre está condenado irremisiblemente. El pecado lo domina como un tirano y lo conduce a la muerte, Rom 3, 23: “Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios”; y en 1 Cor 15, 56: “El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley”; y en Rom 6, 23: “Pues el salario de la muerte es el pecado, pero el don de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro”; y en Rom 7, 5: “Porque cuando estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas, excitadas por la Ley, actuaban en nuestros miembros, a fin de que produjéramos frutos de muerte”; y en Rom 8, 6: “Pues, las tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu vida y paz”.

b. Todos pecadores

  • Todos los hombres, sin excepción, bajo la ira de Dios a causa de sus pecados, Rom 1, 21-32: “Porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció, jactándose de sabios se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombres corruptibles, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles. Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén”; y también los judíos, aunque recibieron la Ley santa y buena, Rom 2, 9-12: “Tribulación y angustia sobre toda alma humana que obre el mal; del judío primeramente y también del griego”.
  • Los gentiles para Pablo conocían a Dios en la creación y, por eso, no tienen excusa al no haberlo honrado ni haberle dado gracias, Rom 1, 18-20: “En efecto, la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia; pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de manera que son inexcusables”; y en 1Cor 6, 9-10: “¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni impuros, ni idólatras, ni adúlteros, ni afeminados, ni homosexuales, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni ultrajadores, ni explotadores heredarán el Reino de Dios”.
  • Pablo acusa también a los judíos. Ellos tenían en la Ley mosaica una manifestación clara de la voluntad de Dios. Y, sin embargo no la observaron. No tienen, por consiguiente, nada que pueda salvarlos de la ira divina, Rom 2, 1-3: “Por eso no tienes excusa quienquiera que seas, tú que juzgas, pues juzgando a otros, a ti mismo te condenas, ya que obras esas mismas cosas tú que juzgas y sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que obran tales cosas. Y ¿te figuras, tú que juzgas a los que cometen tales cosas y las cometes tú mismo, que escaparás al juicio de Dios?”.
  • Pablo finaliza con esta afirmación en Rom  3, 10: "Ya demostramos que tanto judíos como griegos están todos bajo el pecado"; y en  Rom 3, 23;  "Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios"; Gal 3, 22: “Pero la Escritura encerró todo bajo el pecado, a fin de que la promesa fuera otorgada a los creyentes mediante la fe en Jesucristo”.


c. Origen del pecado

El pecado invade la humanidad con la caída de Adán, Rom 5, 12: “Por tanto, como por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, ya que todos pecaron”;  y ejerce un poder propio de rey, lo cual quería decir: poder absoluto, Rom 5, 21: “así, lo mismo que el pecado reinó por la muerte, así también reinará la gracia en virtud de la justicia para la vida eterna por Jesucristo nuestro Señor”.

Pablo insiste en el paralelismo Adán - Cristo.  El primer Adán dañó a la humanidad con abundancia el "nuevo Adán", Cristo, la repara con sobreabundancia. Sin Cristo, la potencia del pecado introducida en el mundo con Adán produce efectos de muerte eterna a través de los pecados personales que ratifican la primera trasgresión, Rom 5, 15-21: “Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de uno murieron todos ¡cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos!, ... En efecto, si por el delito de uno reinó la muerte por un hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por uno, Jesucristo!”.

d. Vocabulario

Pablo considera el pecado como deuda, Rom 3, 24-25: “ y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente”; Col 1, 14: “ (Cristo) en quien tenemos la redención; el perdón de los pecados”;  Ef 1, 7:  “En Él (Cristo) tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia”.
Por la redención Dios adquiere a su Pueblo, Ef 1, 13-14: “En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es prenda de nuestra herencia, para la redención del pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria”.
También considera el pecado como una fuerza que domina al hombre. Pablo personifica el pecado y lo hace intervenir en la vida y en la historia de la humanidad. Pero el pecado principalmente, como acción del hombre, es infidelidad, desobediencia a la voluntad salvífica de Dios. Tres términos son usados especialmente por el Apóstol para indicar la maldad del pecado:

  • “hamartía” = pecado como un apartarse del camino de Dios, Rom 3, 24-25: “Y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo-Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe para mostrar su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente”. Y en Rom 5, 12 y s.s. dice: “Por tanto, como por un hombre entro el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y así la muerte alcanzó a todo los hombres, ya que todos pecaron”.
  • “paráptoma” = caída, falta moral, Rom 4, 25: “(Jesús nuestro Señor) quien fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación”. Y también en Rom 5, 15: “Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de uno murieron todos, ¡cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos!”. Y en 2 Cor 5, 19: “Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación”.
  • “parábasis” = es la trasgresión de la ley, conociendo la ley:  “Tú que te glorías en la ley, transgrediéndola, deshonras a Dios”. Y en Rom 5, 14: “con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una trasgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir”. Y en Gal 3, 19: “Entonces ¿para qué la ley? Fue añadida en razón de las transgresiones hasta que llegase la descendencia , a quien iba destinada la promesa, promulgada por los ángeles y con la intervención de un mediador”.


e. Lista de pecados

En varias ocasiones Pablo enumera pecados que excluyen de la participación del Reino de Dios, como en 1 Cor 5, 10-11: “No me refería a los impuros de este mundo en general o a los avaros o a los ladrones o idólatras. De ser así, tendríais que salir del mundo. ¡No!, os escribí que no os relacionarais con quien, llamándose hermano, es impuro, avaro, idólatra, difamador, borracho o ladrón. Con esos, ¡ni comer!”.

 Y avisa en 1 Cor 6, 9-10: “¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni impuros, ni idólatras, ni adúlteros, ni afeminados, ni homosexuales, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni ultrajadores, ni explotadores heredarán el Reino de Dios”. Y en 2 Cor 12, 20: “En efecto, temo que a mi llegada no os encuentre como yo querría; ni me encontréis como querríais: que haya discordias, envidias, iras, ambiciones, calumnias, murmuraciones, insolencias, desórdenes”.
Y en Gal 5, 19-21: “Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras, ambición, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, comilonas y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios”.

En Rom 1, 24-31: “Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos, Amén. Por eso los entregó a sus pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso normal de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismo el pago de su extravío. Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, los entregó Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene: llenos de toda injusticia, perversidad, codicia y maldad, henchidos de envidia, de homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad, difamadores, detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres, insensatos, desleales, desamorados, despiadados, los cuales, aunque conocedores del veredicto de Dios que declara dignos de muerte a los que tales cosas practican, no solamente las practican, sino que aprueban a los que las cometen”.

Y en Col 3, 5-9: “Por tanto, mortificad cuanto en vosotros es terreno: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia que es una idolatría, todo lo cual atrae la ira de Dios sobre los rebeldes, y que vosotros en otro tiempo practicasteis, cuando vivíais de ese modo. Mas ahora, desechad también vosotros todo esto: cólera, ira, maldad, maledicencia y obscenidades, lejos de vuestra boca. No os mintáis unos a otros, despojados del hombre viejo con sus obras”.

Pablo avisa a su discípulo Timoteo, 2 Tim 3, 1-5: “Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles, los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados enemigos del bien, traidores, temerarios, infatuos, más amantes de los placeres que de Dios, que teniendo la apariencia de piedad, reniegan de su eficacia. Tú guárdate también de ellos”.

f. Cristo triunfa sobre el pecado

Cristo, nuevo Adán, salva al hombre y lo libera del dominio del pecado, Rom 5, 17-19: “En efecto, si por el delito de uno reinó la muerte por un hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por uno, por Jesucristo!. Así pues, como el delito de uno atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno procura a todos la justificación que da la vida. En efecto, así como por la desobediencia de un hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno todos serán constituidos justos”.

El cristiano justificado por la fe y el bautismo, Gal 3, 26-29: “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis bautizado en Cristo os habéis revestido de Cristo; ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abrahán, herederos según la promesa”.

El cristiano ha muerto al pecado y se convierte en una nueva criatura, Rom 6, 5-6: “Porque si nos hemos injertados en él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos por una resurrección semejante; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido el cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado”. Y en 2 Cor 5, 17 dice: “Por tanto, el que está en Cristo es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo”.

El cristiano vive en el Espíritu, Rom 8, 9: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el espíritu ya que el Espíritu  de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece”. Aunque el que vive en el espíritu puede volver a pecar, Rom 6, 11-12: “Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias”.

g. La vida cristiana

La justificación nuestra es un triunfo de la sabiduría y del amor de Dios hacia nosotros, Rom 8, 32: “El que no perdonó ni a su propio Hijo antes bien lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas?”. Y en Efes 3, 10-11: “Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora manifestada a los principados y potestades en los cielos mediante la Iglesia, conforme al designio eterno realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, quien mediante la fe en él, nos da valor para llegar confiados a Dios”. Y en 1 Cor 1, 21-24: “De hecho como el mundo mediante su sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso salvar a los creyentes mediante la locura de la predicación; así, mientras los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios”.

El amor de Dios se manifiesta en nuestra vida haciendo que todo concurra para nuestro bien, Rom 8, 28: “Por lo demás, sabemos  que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio”.


Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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Los Orígenes: El Éxodo como base de la Ley



P. Fernando Martínez Galdeano, S.J.

EL LIBRO DEL ÉXODO

El Éxodo como base de la Ley

Como ya lo hemos indicado más arriba, la Torá (la Ley) consta de cinco libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Hemos tratado ya el conocido escrito del Génesis que trata sobre los orígenes del pueblo judío. De los cuatro que restan, el Éxodo conforma el núcleo constitutivo de ese pueblo de Israel como nación, que tiene a Dios, el transcendente e inefable, como a su Señor.
En principio, ¿qué significa la palabra “éxodo”? Proviene de la lengua griega y significa “un camino para salir”. El libro consta de cuarenta capítulos y se puede dividir fundamentalmente en tres partes:




1. Salida de Egipto (1-15,21)

Se comienza con una breve descripción de la situación de opresión de los judíos. Enseguida aparece la figura de Moisés como destinado por Dios para liberar al pueblo oprimido. Desde su nacimiento se manifiesta esta vocación. La “palabra de Dios” le interpela y le elige de forma personal y clara (3-4,17). Dios le sugiere que tome a Aarón como acompañante pues éste goza de elocuente palabra. Se presentan ante el faraón a fin de persuadirle que les deje salir de Egipto por las buenas (cap. 5). Con el fin de superar la oposición del faraón se suceden hasta diez plagas (7-11). La cena de pascua y de los panes ázimos (12) es de origen cananeo, pastoril y agrícola, pero los judíos la transformaron en “memorial” (recuerdo viviente) de aquella prodigiosa salida de Egipto, que fue obra de su Señor.

Se comía el cordero acompañado de pan sin levadura (ázimo) y de hierbas amargas del desierto; con un atuendo listo para un largo peregrinar. Era el comienzo del año religioso, en una noche de luna llena, la primera de la primavera, en el primer mes del año que comienza a revivir. Se insiste en que la salida de Egipto fue un acontecimiento prodigioso, fue cosa de una intervención de Yahvéh. Su género literario es más propio de una epopeya. Hasta el mar, signo del mal, es superado para dejar paso abierto y libre a los judíos liberados de la esclavitud egipcia (14,15-15,21).

MOISÉS REPLICÓ A DIOS: MIRA, YO IRÉ A LOS ISRAELITAS Y LES DIRÉ QUE EL DIOS DE VUESTROS PADRES ME HA ENVIADO A VOSOTROS; SI ELLOS ME PREGUNTAN CÓMO SE LLAMA, ¿QUÉ LES RESPONDO? DIOS DIJO A MOISÉS: SOY EL QUE SOY; ÉSTO DIRÁS A LOS ISRAELITAS: YO SOY ME ENVÍA A VOSOTROS. DIOS AÑADIÓ: ESTO DIRÁS A LOS ISRAELITAS: EL SEÑOR DIOS DE VUESTROS PADRES, DIOS DE ABRAHAM, DIOS DE ISAAC, DIOS DE JACOB. ME ENVÍA A VOSOTROS. ESTE ES MI NOMBRE PARA SIEMPRE; ASÍ ME LLAMARÉIS DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN, (Ex 3,13-15)




PASCUA Y ÁZIMOS

La fiesta judía de la Pascua es un memorial (actualización de un I acontecimiento pasado) del día en el que Yahvéh liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto (Ex 12,1-14). Suele llamarse también "fiesta de los ázimos" porque en esos días el pan ha de ser cocido sin levadura. Comienza la primavera y con ella la recolección de la cebada; y todo comienza como de nuevo. La levadura vieja es desechada a la espera de la nueva. Con la Pascua se inicia el año religioso judío, y la celebración se prolonga por siete días.

Aunque en su origen era una celebración familiar, con la reforma de Josías (649-609 a.C.), se transforma en una fiesta de peregrinación nacional al templo de Jerusalén. En éste se sacrificaba el cordero, que luego se comía en las casas. Su sangre derramada quedaba alrededor del altar de los holocaustos. Este sacrificio recuerda al ángel exterminador que pasa de largo ante las jambas marcadas con la sangre del cordero sacrificado sin romperle ningún hueso. Yahvéh había decidido que se respetaran esas casas: "Cuando Yo vea la sangre pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando Yo hiera al país de Egipto" (Ex 12,13).

La palabra "Pascua" proviene de la raíz consonántica "psh" (pasar por alto). Yahvé quiso que la vida fuera preservada en esas casas. La décima plaga eliminaba a los primogénitos de los egipcios. La Pascua era una celebración memorable en honor de Yahvéh. Era una fiesta para siempre. Se transmitía de generación en generación. Daba comienzo la víspera de la primera luna llena después del equinoccio de primavera (20-21 marzo).




2. En el desierto (15,22-18)

Guiados por su líder Moisés, los “salidos” de Egipto caminan hacia el desierto del Sinaí. No es posible el localizar sobre el terreno los elementos geográficos que se señalan en el libro del Éxodo. Lo único seguro que tenemos son los puntos de partida (ciudad de Ramsés) en el amplio delta del Nilo, y el de llegada (oasis de Cadés) al noreste de la accidentada península del Sinaí.

En medio de este penoso peregrinar, se establece con firmeza (en tablas de piedra) la Ley fundamental y constitutiva que ha de regir al pueblo liberado por su Señor. Tampoco tenemos certeza de la montaña en la que Yahvéh se manifestó a Moisés y le dio el espíritu de esa tal ley constitutiva (el decálogo). Tradicionalmente se ha fijado hacia el sur montañoso de la península del Sinaí en la sugestiva y empinada montaña llamada Jebel Musa (2.244 mts.) Durante este paso por el desierto, entre murmuraciones y desfallecimientos, con la ayuda de Dios, el pueblo elegido va caminando con esperanza hacia la tierra (“prometida”)


EL SEÑOR DIJO A MOISÉS: ¿POR QUÉ SIGUES CLAMANDO A MI? DÍ A LOS ISRAELITAS QUE SE PONGAN EN MARCHA. Y TÚ ALZA TU CAYADO, EXTIENDE TU MANO SOBRE EL MAR.
Y DIVÍDELO, PARA QUE LOS ISRAELITAS ENTREN EN MEDIO DEL MAR A PIE ENJUTO. QUE YO VOY A ENDURECER EL CORAZÓN DE LOS EGIPCIOS PARA QUE LOS PERSIGAN, Y ME CUBRIRÉ DE GLORIA A COSTA DEL FARAÓN Y DE TODO SU EJÉRCITO, DE SUS CARROS Y DE LOS GUERREROS, (Ex 14,15-17)

SALIENDO DE RAFIDIM LLEGARON AL DESIERTO DE SINAÍ Y ACAPARON ALLÍ FRENTE AL MONTE. MOISÉS SUBIÓ HACIA DIOS. EL SEÑOR LO LLAMÓ DESDE EL MONTE, DICIENDO: ASÍ DIRÁS A LA CASA DE JACOB Y ÉSTO ANUNCIARÁS A LOS ISRAELITAS: YA HABÉIS VISTO LO QUE HE HECHO CON LOS EGIPCIOS, Y CÓMO A VOSOTROS OS HE LLEVADO SOBRE ALAS DE ÁGUILA Y OS HE TRAÍDO A MÍ, AHORA, PUES, SI DE VERAS ESCUCHÁIS MI VOZ Y GUARDÁIS MI ALIANZA, VOSOTROS SERÉIS MI PROPIEDAD PERSONAL ENTRE LOS PUEBLOS, PORQUE MÍA ES TODA LA TIERRA; SERÉIS PARA MÍ UN REINO DE SACERDOTES Y UNA NACIÓN SANTA. (EX. 19,2-6)



3. En el Sinaí (19-40) 

El término “alianza” es traducción de la palabra hebrea “berit”, pero su sentido normal no es del todo equivalente. Ambos términos se inspiran en buena parte en los tratados internacionales, es decir en los pactos de unos países con otros. Sin embargo, el concepto hebreo tiene el matiz de la iniciativa de una de las partes que espera la respuesta positiva de la otra parte. En el caso, Yahvéh toma la iniciativa de la “alianza”. Es Yahvéh quien elige al pueblo judío como su aliado. Es, por tanto, el pueblo “elegido”. Ello es motivo de orgullo e identidad.

Después de un prolongado, austero y providencial caminar por el árido desierto, llega el tiempo de una libre respuesta del pueblo judío a la iniciativa de Yahvéh. En la montaña santa (Sinaí = Horeb), Moisés recibe del Señor Yahvéh las llamadas “diez palabras” o decálogo, expresadas con gran fuerza (20,1-17). Desde esta perspectiva, la Ley aparece como el gran don del Señor a su pueblo. Y la respuesta de Israel no sólo será de agradecimiento, sino de aceptación y fidelidad. Este espíritu de fidelidad animará a los creyentes en la tarea de buscar y hacer lo que el Señor quiere de ellos. De este espíritu deriva el “código de la alianza” (20,22-23,19). Recoge éste una colección de normas y leyes que pertenecen sobre todo a los tiempos posteriores de los Jueces. Se hace referencia en ellas al culto y vida social de aquel entonces.

A continuación (24,12-31,18) el texto que resta, encuadrado por la mención de las “tablas de piedra” presenta una serie de normas y prescripciones sobre el culto y el sacerdocio. Su significado es que el corazón del “culto” está vinculado al espíritu de las “diez palabras”, al arca de la alianza. Son posteriores al acontecimiento, pero buscan su inspiración en lo esencial, en el núcleo de la Ley, en su corazón.

Desde el cap. 32 al 34, el Éxodo narra el pecado de idolatría (el becerro de oro) que consiste en hacerse un dios amañado, hecho por el hombre, al que es posible manipular según el propio interés y provecho. Moisés intercede ante Yahvéh, y los versículos 34,5-7 expresan que el Señor es “clemente y compasivo, paciente, lleno de amor y fiel”. El rostro de Moisés, luego de su encuentro con Yahvéh, irradiaba la luz y fuerza del espíritu de lo alto (34,29-35).

Se termina el libro del Éxodo (35-40) con una serie de normas acerca del santuario, ese lugar de presencia y compañía, de encuentro con Yahvéh, en un ambiente de ánimo, perdón y reconciliación. También en ésto se manifiesta su gloria y su fuerza más allá de la debilidad (40,34-38).

Con el fin de "habitar entre ellos", Yahvéh en el Sinaí por medio de Moisés, da instrucciones a su pueblo para la fabricación de un santuario transportable. En el interior de la tienda (el tabernáculo) está el arca de la alianza con las tablas de la Ley (éste es el lugar más santo). Separado por una cortina hay otro espacio con un altar para el Incienso, un candelabro de siete luces (menoráh) y una mesa para los panes-ofrenda. Fuera de la tienda se colocaba una vasija grande de bronce, donde los sacerdotes se purificaban, y un altar para los sacrificios ofrecidos como holocausto. El espacio del arca era el lugar del encuentro con Yahvéh. En el arca, además de las tablas de la Ley se conservaban un vaso con maná y la vara de Aarón.



EL DECÁLOGO

Hay textos del Deuteronomio (4,13;10,4) que aluden a "las diez palabras" que recibió Moisés de Yahvéh. Una tradición de muchos siglos señala a los textos del Ex 20,2-17 y Dt 5,6-21 como “el decálogo”. Más que una numeración (diez) es un "nombre" que se da a una serie de normas de vida que provienen de Dios y quedan grabadas de forma perdurable (en piedra). El hecho de dar un nombre a estos textos en el A.T. muestra la importancia y dignidad que se concede al decálogo. Este expresaría la voluntad de Dios a quienes desean conducir su vida por el camino de liberación hacia la tierra de la promesa.

Palabra de partida: "Yo soy Yahvéh, tu Dios, que te ha sacado de Egipto, de la esclavitud".

  1. Primera palabra: "No tendrás otros dioses en mi presencia". Su presencia abarca toda nuestra vida.
  2. Segunda palabra: "No te harás imagen alguna de ídolos o dioses".
  3. Tercera palabra: "No pronunciarás el nombre de Yahvéh, tu Dios, en vano".
  4. Cuarta palabra: “Recuerda y observa el día del sábado para santificarlo”. El precepto sabático ocupa un puesto central. Es un día de descanso y sobre todo un día de encuentro con el Señor, creador y liberador. 
  5. Quinta palabra: “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Los padres son vistos como "imágenes" de Dios. 
  6. Sexta palabra: "No matarás". Aunque por medio de una negación lo que se afirma es una actitud positiva hacia la vida. 
  7. Séptima palabra: "No cometerás adulterio". Su objetivo primordial sería el preservar la fidelidad en el matrimonio. 
  8. Octava palabra: "No robarás". Prohíbe cualquier tipo de robo, incluida la apropiación de otras personas (esclavitud, secuestro, etc.) 
  9. Novena palabra: "No darás falso testimonio contra tu prójimo". Estamos llamados a vivir en el espíritu de la verdad. 
  10. Décima palabra: "No codiciarás lo que tiene tu prójimo". Entre lo que es del prójimo aparece “la mujer”. Se supone que la codicia nace en lo más profundo del corazón y suele relacionarse con la envidia.


En la tradición cristiana "los diez mandamientos" ocupan un puesto sustancial y primario en su moral. Sus variaciones respecto del decálogo son escasas. "Porque el fin de la ley es Cristo, y por él restablece Dios en su amistad a todo creyente" (Rm 10,4).


...

Agradecemos al P. Fernando Martínez, S.J. por su colaboración.
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Novena a la Inmaculada Concepción



NOVENA


Por la señal...
Señor mío Jesucristo...


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida por Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción: así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que por la gracia de Dios has sido elegida para ser Madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.

A ti, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta novena, para rogarte que nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado.

Acordaos, Virgen Santísima, que habéis sido hecha Madre de Dios, no sólo para vuestra dignidad y gloría, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acordaos que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a vuestra protección e implorado vuestro socorro, haya sido desamparado. No me dejéis, pues, a mi tampoco, porque si me dejáis me perderé; que yo tampoco quiero dejaros a vos, antes bien, cada día quiero crecer más en vuestra verdadera devoción.

Y alcanzadme principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un grande aprecio de la virtud cristiana, y la tercera, una buena muerte. Además, dadme la gracia particular que os pido en esta novena (hacer aquí la petición que se desea obtener).

Rezar la oración del día correspondiente.



ORACIONES FINALES

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Rezar tres Avemarías.

Tu Inmaculada Concepción, oh Virgen Madre de Dios, anunció alegría al universo mundo.

ORACIÓN. Oh Dios mío, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen, preparaste digna habitación a tu Hijo: te rogamos que, así como por la previsión de la muerte de tu Hijo libraste a ella de toda mancha, así a nosotros nos concedas por su intercesión llegar a ti limpios de pecado. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo. Amén.



DÍA PRIMERO

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA. Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como preservaste a María del pecado, original en su Inmaculada Concepción, y a nosotros nos hiciste el gran beneficio de libramos de él por medio de tu santo bautismo, así te rogamos humildemente nos concedas la gracia de portarnos siempre como buenos cristianos, regenerados en ti, Padre nuestro Santísimo.

Meditar y rezar la oración final.


DÍA SEGUNDO

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA. Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como preservaste a María de todo pecado mortal en toda su vida y a nosotros nos das gracia para evitarlo y el sacramento de la confesión para remediarlo, así te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas la gracia de no cometer nunca pecado mortal, y si incurrimos en tan terrible desgracia, la de salir de él cuanto antes por medio de una buena confesión.

Meditar y rezar la oración final.


DÍA TERCERO

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA. Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como preservaste a María de todo pecado venial en toda su vida, y a nosotros nos pides que purifiquemos más y más nuestras almas para ser dignos de ti, así te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas la gracia de evitar los pecados veniales y la de procurar y obtener cada día más pureza y delicadeza de conciencia.

Meditar y rezar la oración final.


DÍA CUARTO

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA. Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como libraste a María de la inclinación al pecado y le diste dominio perfecto sobre todas sus pasiones, así te rogamos humildemente, por intercesión de María Inmaculada, nos concedas la gracia de ir domando nuestras pasiones y destruyendo nuestras malas inclinaciones, para que te podamos servir, con verdadera libertad de espíritu, sin imperfección ninguna.

Meditar y rezar la oración final.


DÍA QUINTO

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA. Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como, desde el primer instante de su Concepción, diste a María más gracia que a todos los santos y ángeles del cielo, así te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos inspires un aprecio singular de la divina gracia que tú nos adquiriste con tu sangre, y nos concedas el aumentarla más y más con nuestras buenas obras y con la recepción de tus Santos Sacramentos, especialmente el de la Comunión.

Meditar y rezar la oración final.


DÍA SEXTO 

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA. Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como, desde el primer momento, infundiste en María, con toda plenitud, las virtudes sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo, así te suplicamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas a nosotros la abundancia de estos mismos dones y virtudes, para que podamos vencer todas las tentaciones y hagamos muchos actos de virtud dignos de nuestra profesión de cristianos.

Meditar y rezar la oración final.


DÍA SÉPTIMO

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA. Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como diste a María, entre las demás virtudes, una pureza y castidad eximía, por la cual es llamada Virgen de las vírgenes, así te suplicamos, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas la dificilísima virtud de la castidad, que tantos han conservado mediante la devoción de la Virgen y tu protección.

Meditar y rezar la oración final.


DÍA OCTAVO

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA. Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como diste a María la gracia de una ardentísima caridad y amor de Dios sobre todas las cosas, así te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas un amor sincero de ti, ¡oh Dios Señor nuestro!, nuestro verdadero bien, nuestro bienhechor, nuestro padre, y que antes queramos perder todas las cosas que ofenderte con un solo pecado.

Meditar y rezar la oración final.


DÍA NOVENO

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA. Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como has concedido a María la gracia de ir al cielo y de ser en él colocada en el primer lugar después de Ti, te suplicamos humildemente, por intercesión de María Inmaculada, nos concedas una buena muerte, que recibamos bien los últimos Sacramentos, que expiremos sin mancha ninguna de pecado en la conciencia y vayamos al cielo, para siempre gozar, en tu compañía y la de nuestra Madre, con todos los que se han salvado por ella.

Meditar y rezar la oración final.



Tomado de:
www.devocionario.com

Los escritos de San Pablo: La Carta a los Hebreos




P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


9. CARTA  A  LOS  HEBREOS

9.1. DESTINATARIOS

No tenemos en la carta a los Hebreos la indicación de los destinatarios, cosa común en las demás epístolas paulinas.  La carta a los Hebreos comienza sin ningún exordio: "De una manera fragmentaria y de muchos modos habló Dios...". Hbr 1, 1.  A pesar de esta ausencia de indicación precisa de los destinatarios, ya desde la antigüedad no se dudó de que esta carta estuviese destinada a convertidos del judaísmo. En los manuscritos y en las traducciones antiguas encontramos casi siempre el titulo: "a los hebreos".
Establecido esto, todavía queda por precisar quienes son estos hebreos. Aquí las opiniones se dividen:

  • Son hebreos de Roma
  • Son hebreos de Alejandría
  • Son hebreos de Jerusalén
  • Son hebreos de Jerusalén, probablemente conversos levitas, Hech 6, 7, que, convertidos al cristianismo tuvieron que abandonar la Ciudad Santa y refugiarse en Cesarea o Antioquía.

Esta última opinión parece ser la más probable. Así se explica mejor la insistencia del autor en la superioridad del sacerdocio de Cristo y del Santuario del N.T. También el uso constante de la Escritura para demostrar sus asertos, aunque para esto último bastaría con que los destinatarios fuesen hebreos.


9.2. OCASIÓN Y FINALIDAD

Por la carta aparece que estos cristianos, convertidos del judaísmo, han sufrido persecuciones, Hebr 10, 32-34, y están amenazados en su fe, Hbr 3, 12; 10, 26-31; 12, 25. Por otra parte, parecen suspirar por el esplendor de la liturgia del templo de Jerusalén y tienen la tentación de volver al antiguo culto, Capítulos: 8-10; 13, 9-15.

El autor de la carta les escribe para ponerlos en guardia contra la apostasía y demostrarles que el Nuevo Testamento es superior con mucho al Antiguo Testamento.


9.3. LUGAR Y FECHA DE COMPOSICIÓN

La carta parece haber sido escrita desde Italia, Hbr 13, 24, aunque esa frase: "os saludan los de Italia": podría interpretarse en el sentido de los "oriundos de Italia".

La fecha de su composición hay que colocarla antes del año 70. En este año se destruyó el templo de Jerusalén, lugar del culto judío. Ahora bien, sin la existencia del templo no se explica la añoranza por la liturgia judía que tienen los destinatarios. También la destrucción del templo hubiera ofrecido argumentos al autor para demostrar que la Antigua Alianza y su culto habían sido superados. Mayor precisión cronológica no podemos tener. Para algunos fue escrita hacia los años 63 - 64; para otros, hacia los años  66 - 67.


9.4. EL AUTOR DE LA CARTA A LOS HEBREOS

La cuestión del autor de esta carta es una cuestión discutida desde la antigüedad. La Iglesia oriental afirmó casi unánimemente que Pablo era el autor de esta carta. En cambio, casi toda la Iglesia occidental hasta el S. IV, lo negó.

En la actualidad casi todos los exegetas admiten que la carta no es paulina. A los argumentos que usaban los antiguos para ir contra la autenticidad paulina de la carta se han añadido otros, más bien de tipo doctrinal.  Indicamos los principales:

  • La falta de nombre y de exordio, unida a las pocas noticias personales de Pablo y a lo lacónico de las formulas conclusivas.
  • Vocabulario y estilo especiales. En cuanto al vocabulario existen 168 "hapax legomena" (= palabras dichas una sola vez) y además 292 términos que no se encuentran en las otras cartas. Por otra parte, el estilo es un estilo más puro y elegante que el de los demás escritos paulinos.
  • Las diferencias doctrinales: especialmente el tema central que es la Nueva Alianza, que sustituye a la Antigua Alianza y marca el fin del sacerdocio y del culto antiguos, no aparecen en otras cartas. También aparecería diversa la idea de la fe: en las otras cartas paulinas es más bien algo que pertenece al campo de la voluntad, en cambio en la carta a los Hebreos, más al campo de la inteligencia. Hay que notar, desde luego, que existen también semejanzas doctrinales con otras cartas de Pablo y que la diversidad en estos puntos se puede explicar por la diferente perspectiva en las circunstancias particulares en que se escribe.
  • El modo de citar y utilizar la Biblia. Este aparece diverso del de las otras cartas paulinas. No encontramos en la carta a los Hebreos la formula habitual de San Pablo: "está escrito". En cambio en Hebreos: "dice el Espíritu Santo", Hbr 3, 7; "dice Dios”, Hbr 4, 4; 7, 17. También utiliza la Biblia con una interpretación más alegórica y tipológica.

El autor aparece como alguien que hubiera sido instruido por los Apóstoles, Hebr 2, 3. Esto no va de acuerdo con la insistencia de Pablo en el origen divino de su apostolado, Gal. 1, 1.12.
Frente a estos argumentos en contra de la autenticidad paulina de la carta a los Hebreos, existen algunos que indican una relación con la doctrina de Pablo:

1). Lo que dice acerca de Cristo:

  • Hebr 1, 3 = 2 Cor 4, 4; Col 1, 15.
  • Hebr 2, 9; 5, 7-9; 12, 2 = Filip 2, 6-11; Gal 4, 4.


2). Lo que dice sobre la Ley:

  • Hebr 2, 2 = Gal 3, 19.
  • Hebr 8, 5; 10, 1 = Col 2, 17.


Otro argumento a favor de la relación con los escritos paulinos sería la presencia de muchas citas del A.T. en la carta a los Hebreos, que aparecen en otras cartas paulinas:

  • Habac 2, 4: citado en Hebr 10, 38, aparece también en Rom 1, 17 y  Gal 3, 11
  • Deut 32, 35: citado en Hebr 10, 30, aparece igualmente en Rom 12, 19


CONCLUSIÓN

La tesis que niega que Pablo sea el autor de la carta a los Hebreos es la más común y cierta de la actualidad, tanto que COPPENS escribía en 1956: "La epístola a los Hebreos, prácticamente no se incluye ya entre los escritos paulinos" , (1956) p. 366.

Se piensa, con todo, que el autor de la carta o bien escribió por orden de Pablo o bien siguió su doctrina. Se trataría de un discípulo del Apóstol que habría hecho el oficio de amanuense. Entre los posibles autores de la carta a los Hebreos se han mencionado: Lucas, Bernabé, S. Clemente Romano, el Apóstol Judas, Aquila y, especialmente APOLO, gran perito en las Escrituras, Hech 18, 24-28.


9.5. PLAN Y CONTENIDO

Existen muchas divisiones de la carta a los Hebreos. Esta división sigue el esquema bipartito tradicional, que distingue dos partes en la carta: una dogmática y otra moral.

A. PARTE DOGMÁTICA: SUPERIORIDAD DEL NUEVO TESTAMENTO: 1, 1 - 10, 18.
Introducción: la revelación divina hecha a los Padres por medio de los Profetas y la hecha a nosotros en la persona de su Hijo: 1, 1-3.

1. Cristo, como Hijo, superior a los ángeles: 1, 4 - 2, 18.
  • Cristo es Hijo y los ángeles ministros de Dios: 1, 5-14.
  • Consecuencia práctica: acoger con empeño la revelación de Cristo: 2, 1-4.
  • El mundo futuro está sujeto al Hijo, el cual apareció temporalmente inferior a los ángeles, para hacerse semejante en todo a los hermanos: 2, 5-18.

2. Cristo, porque es Hijo, es superior a Moisés. Consecuencias prácticas: 3, 1 - 4,13.
  • Moisés era siervo, Jesús, Hijo en la casa de Dios: 3, 1-6.
  • Consecuencias prácticas: 3, 7 - 4, 13.

3. Superioridad del sacerdocio y del sacrificio de Cristo en relación con el sacerdocio y los sacrificios levíticos: 4, 14 - 10, 18.
  • Cristo fue constituido sacerdote por vocación divina: 4, 14 - 5, 10.
  • Digresión exhortativa relacionada con el tema del sacerdocio de Cristo: 5, 11 - 6, 20.
  • Cristo, Sumo sacerdote, según el orden de Melquisedec: 7, 1-28.
  • Cristo ministro del Tabernáculo verdadero y mediador de una Alianza mejor: 8, 1-13.
  • Cristo autor de la salvación eterna en virtud del sacrificio de sí mismo: 9, 1 - 10, 18.


B. PARTE EXHORTATIVA: APLICACIÓN DE LAS GRACIAS DEL N.T: 10, 19 - 13, 17.
  1. Hay que mantener fidelidad a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, para gozar de los frutos de su sacrificio y obtener las promesas divinas: 10, 19-39.
  2. Modelos de fe detrás de cuyas huellas debemos caminar: 11, 1-40.
  3. Un estímulo para perseverar: el ejemplo de Cristo y la manera de actuar de Dios: 12, 1-13.
  4. Fidelidad a la gracia del Nuevo Testamento: 12, 14-19.
  5. Recomendaciones prácticas para la vida cristiana: 13, 1-17.


C. EPILOGO: 13, 18-25.




Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.


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Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de NOVIEMBRE 2018



APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE NOVIEMBRE



OFRECIMIENTO DIARIO

Dios, Padre nuestro, yo te ofrezco toda mi jornada: 
mis oraciones, pensamientos, afectos y deseos, palabras, obras, alegrías y sufrimientos en unión con el Corazón de tu Hijo Jesucristo que sigue ofreciéndose a Ti en la Eucaristía para la salvación del mundo.
El Espíritu Santo, que condujo a Jesús, me guíe y sea mi fuerza en este día para que pueda ser testigo de tu amor.
Con María, la Madre del Señor y de la Iglesia, pido especialmente por la intención del Papa para este mes:


Universal:
Al servicio de la paz

«Para que el lenguaje del corazón y del diálogo prevalezca siempre sobre el lenguaje de las armas



VÍDEO DEL PAPA
INTENCIONES DEL MES




PROPUESTA PARA EL MES

Reflexiona… ¿Cuáles son las personas y situaciones que necesitan reconciliación en tu corazón? Ofrece el perdón a tus hermanos que lo esperan de ti, con palabras y gestos concretos.
Cultiva el diálogo, la reconciliación y la comprensión mutua, ante situaciones de conflicto y ruptura en tus ambientes. Construye puentes y favorece paz.
Organiza un momento de oración en tu comunidad para ayudar a que los corazones abandonen la indiferencia y sintonicen compasivamente ante las realidades de guerra, conflicto y violencia que vive el mundo. 

Fuente: Click To Pray




PARA REFLEXIONAR SOBRE LA INTENCIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE NOVIEMBRE

Diversidad de lenguas

P. José Enrique Rodríguez S.J.

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