Homilía del Domingo de Epifanía, 06 de Enero del 2013

"Levántate, ha llegado tu luz"

P, José Ramón Martínez Galdeano. S.J.

Lecturas: Is 60,1-6; S 71; Ef 3,2-6; Mt 2,1-12



Los Magos eran los sabios de su tiempo. En todas las antiguas culturas conocidas el curso de los astros y los sueños eran modos normales de intentar conocer el futuro para tomar decisiones. En Roma basta consultar una historia para conocer, por ejemplo, cómo ningún general afrontaba una batalla sin consultar a los astros y de forma parecida se actuaba en decisiones políticas. Además la esperanza mesiánica de los judíos del nacimiento de un niño maravilloso que establecería una gran paz en el mundo estaba muy difundida. El mismo poeta latino Virgilio, expresando su esperanza en su Égloga 4ª, es Testigo. En la región de los magos los judíos llevaban tiempo y habían logrado gran influjo. No es extraño que unos sabios, interesados por todos los saberes, supieran de las promesas mesiánicas judías. Es, pues, probable que en un fenómeno estelar no común y ayudados de la divina gracia dedujeran que había nacido el Mesías del que los judíos y sus escrituras hablaban. Nosotros lo que sabemos del hecho es lo que San Mateo nos cuenta en la perícopa de hoy.
Es un hecho y también un misterio. Por él nos revela Dios que Jesús no viene para salvar sólo a los judíos, sino a todos los hombres, también a los pueblos paganos. Esta verdad ya se profetizó antes de Jesús, como se nos dice en la primera lectura, y se abre paso definitivo con Jesús. Pertenece a las verdades esenciales cristianas desde el principio: Cristo ha venido a salvar a los hombres todos de sus pecados. Todo el que crea en Jesús se salvará, el que no crea será condenado (Mc 16,16).
Es verdad muy viva en la conciencia de la Iglesia. La Iglesia es la Jerusalén a la que ha llegado la luz que es Cristo; vienen a ella sus hijos desde lejos; vienen a ella en camellos y dromedarios, trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor. El título de la fiesta de hoy viene de una palabra griega que significa “manifestación”, La salvación, el Salvador, Jesús se manifestó como tal. Nada más nacer, el Salvador se manifestó a los pastores, se manifestó al anciano Simeón, a la anciana Ana, y también a los magos de una región remotísima. Los pastores representan a los pobres y sin cultura, Simeón y Ana a los ancianos y desvalidos, en los magos podemos ver a los paganos. El misterio de los magos que llegan a Jerusalén del otro lado del desierto, que no son judíos ni descienden del patriarca Abrahán, pero a los que llega la noticia de modo maravilloso y se ponen en marcha hasta encontrar al “Rey de los judíos” que acaba de nacer, nos dice que Cristo ha venido a salvar a todos los hombres y que Dios llama a todos al conocimiento de la Verdad para que, creyendo, sean salvos.
Para esto ha fundado Cristo a la Iglesia. Y esta es la misión de la Iglesia. Dios quiere de veras que todos los hombres se salven y, por tanto, de una manera, maravillosa muchas veces pero siempre eficaz, llegará su acción salvadora a cada hombre. Por eso la oración y los sacrificios por la salvación de todos los hombres y de los pecadores nunca dejan de ser escuchados por Dios.
Háganlo así todos los días y eduquen a sus hijos a hacerlo desde que den sus primeros pasos en la fe. Que no falte en ninguna familia cristiana la oración por la conversión de los no católicos y de los pecadores.
 Recuerdo el caso de una santa mujer anciana, muy consciente de vivir ya los últimos años de su vida, inútil para todo lo que los hombres consideramos como útil, me manifestaba que ofrecía todo y oraba de continuo por el Papa y la Iglesia y pensaba que para eso le mantenía Dios en vida, porque “es muy necesario orar por el Papa y por la Iglesia”. Esto, desde la fe, sí que es calidad de vida. Esto es lo que la Iglesia –decía el Papa Pablo VI– no puede dejar nunca de hacer: llevar la noticia de Jesús y de su perdón. Es una cualidad, una dimensión, una forma de vida que todo cristiano tiene que incluir.
No se conformen Ustedes con creer y hacer unas cuantas obras buenas. Hay muchos a su alrededor que necesitan que se les diga que Jesús ha nacido para su salvación. San Pablo, cuando se despide de la vida y de su discípulo querido Timoteo, le pide que lo diga con oportunidad y sin ella. Este mes, hacia la mitad, del 18 al 25, seremos convocados a orar y ofrecer sacrificios por la unión de los protestantes que creen en Cristo pero están separados de la Iglesia. De alguna manera todos somos responsables de que todos los hombres vean la estrella de Jesús.
De alguna manera todos podemos ver la estrella de Jesús. Dando con frecuencia gracias a Dios porque nos ha ayudado en un problema grande o pequeño, hemos tenido una buena inspiración, algo ha sucedido que nos recuerda la bondad del Señor, o la conciencia nos hace caer en la cuenta de que en algo o con alguno no hemos procedido bien y pedimos perdón…son muchas las luces que nos dirigen en el camino hacia Jesús. Como ven, no es tan difícil, con la gracia de Dios, llevar una vida de alta calidad cristiana.
Porque además nosotros contamos con la estrella de la fe y del Magisterio de la Iglesia. La memoria no sólo recuerda sino que también olvida. Aunque el fiel normal debe tener cuidado y consultar oportunamente, para mantener fresca y operativa la fe, es importante leer buenos libros. Ayudan a hacer lo de María: meditaba en su corazón lo que veía y oía a Jesús.


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