Doctrina Social de la Iglesia - 16. El Trabajo III


P. Ignacio Garro, jesuita †


4. EL TRABAJO

Continuación...


4.2.3. EL SALARIO  [1]

El "salario", en sentido genérico se define como : "La remuneración justa que debe el patrón al obrero que ha cumplido la tarea pactada". El salario es el medio de vida para el trabajador. Defender el derecho al salario es defender su derecho a vivir dignamente como persona. El primer argumento ofrecido por la "Rerum Novarum" para defender la propiedad privada de los medios de producción es que tal derecho se vincula al salario justo del trabajador.

Podemos distinguir dos clases de bienes a los que se accede por el salario:

  • Los bienes de consumo necesarios para la vida personal y familiar.
  • Los bienes de producción.

León XIII advierte que la "opinión de que el salario es poco", nº 29, origina desórdenes, y sugiere prevenir anticipándose con las leyes que desde la justicia fijan el salario en su monto equitativo.

Si el trabajo es del hombre, sujeto y persona, se deduce que la remuneración que llamamos "salario" no es la simple equivalencia del valor de una mercancía, sino que es un derecho personal. Como, por otra parte, el trabajo, además de personal, tiene carácter de "necesidad", el salario debe estar absolutamente a la altura de las necesidades de la persona. No puede renunciarse a este principio ni siquiera mediante libre consentimiento, León XIII dice en "Rerum Novarum", nº 32: "Permítase, pues, que el obrero y patrono estén libremente de acuerdo sobre lo mismo (salario), y concretamente sobre la cuantía del salario; queda, sin embargo, latente siempre algo de justicia natural superior y anterior a la libre voluntad de las partes contratantes, a saber: que el salario no debe ser en manera alguna insuficiente para alimentar a un obrero frugal y morigerado. Por tanto, si el obrero, obligado por la necesidad o acosado por el miedo a un mal mayor, acepta, aun no queriéndola, una condición más dura (más injusta), porque la imponen el patrono o el empresario, esto es ciertamente soportar una violencia, contra la cual clama la justicia".

Pío XI en "Quadragessimo Anno". nº 71 dice: "Ante todo, al trabajador hay que fijarle una remuneración que alcance a cubrir el sustento suyo y el de su familia. Es justo, desde luego, que el resto de la familia contribuya también al sostenimiento común de todos, como puede verse especialmente en las familias de campesinos, así también en la de muchos artesanos y pequeños comerciantes; pero no es justo abusar de la edad infantil y de la debilidad de la mujer. Constituye un horrendo abuso, y debe ser eliminado con todo empeño, que las madres de familia, a causa de la cortedad del sueldo del padre, se vean en la precisión de buscar trabajo remunerado fuera del hogar, teniendo que abandonar sus peculiares deberes, y, sobre todo, la educación de los hijos. Hay que luchar denodadamente, por tanto para que los padres de familia reciban un sueldo lo suficientemente amplio para atender convenientemente a las necesidades domésticas ordinarias".

Juan XXIII en "Mater et Magistra", nº 71 dice: "esto exige que a los trabajadores les corresponda una retribución tal que les permita un nivel de vida verdaderamente humano y hacer frente con dignidad a sus responsabilidades familiares; pero exige, además, que al determinar la retribución se mire a su efectiva aportación en la producción y a las condiciones económicas de la empresa; a las exigencias del bien común de las respectivas comunidades políticas, particularmente por lo que toca a las repercusiones sobre el empleo de la fuerzas laborales de toda la nación...".

Y en el mismo nº 71 dice: "Así como no es lícito abandonar completamente la determinación del salario a la libre competencia del mercado, así tampoco es lícito que su fijación quede al arbitrio de los poderosos, sino que en esta materia deben de guardarse a toda costa las normas de la justicia y de la equidad". 

J. Pablo II, en "Laborem Exercens", nº 19 dice: "No existe en el contexto actual otro modo mejor para cumplir la justicia en las relaciones empresario - trabajador que el constituido precisamente por la remuneración del trabajo. Independientemente del hecho de que este trabajo se lleve a efecto dentro del sistema de la propiedad privada de los medios de producción o en un sistema en que esta producción haya sufrido una especie de "socialización", la relación entre el empresario (principalmente directo) y el trabajador se resuelve sobre la base del salario: es decir, mediante la justa remuneración del trabajo realizado". Más tarde añade, "la justicia de un sistema socioeconómico y, en todo caso, su justo funcionamiento, merecen en definitiva ser valorados según el modo como se remunera justamente el trabajo humano dentro de tal sistema... porque la remuneración del trabajo sigue siendo una vía concreta, a través de la cual la gran mayoría de los hombres pueden acceder a los medios que están destinados al uso común: tanto los bienes de la naturaleza como los que son fruto de la producción. Los unos y los otros se hacen accesibles al hombre del trabajo gracias al salario que recibe como remuneración de su trabajo... el salario justo se convierte en todo caso en la verificación concreta de la justicia de todo el sistema socioeconómico, en su justo funcionamiento. No es la única verificación, pero es particularmente importante y es, en cierto sentido, la verificación clave".

Históricamente hemos visto cómo en la primera época industrial, la del capitalismo liberal (salvaje), los salarios eran tan bajos que apenas bastaban para la supervivencia del trabajador. Pronto se exigirá que el salario sea justo y digno y que no quede en manos del libre juego de la "oferta y la demanda", donde los trabajadores siempre salían perdiendo. Se propugna un salario que alcance para un nivel de vida digno para el obrero y su familia, se le añade la seguridad social, seguro de enfermedad, derecho a pensión para la vejez, asistencia médica, etc. Todos estos aspectos los va regulando el Estado que con leyes sociales equitativas van matizando los perfiles reales del asalariado, ya que los particulares, por su propia iniciativa no lo hacían.

¿Por qué merece tanta importancia el tema del salario? "Laborem Exercens", nº 19 dice: "Porque es una vía concreta a través de la cual la gran mayoría de los hombres pueden acceder  a los bienes que están destinados al uso común: tanto los bienes de la naturaleza como los que son fruto de la producción" L. E. nº 19. En efecto, el acceso a los bienes de uso común ha sido definido como un derecho fundamental, que exige no sólo pagar un salario justo y digno al que trabaja, sino dar subsistencia a los trabajadores desocupados y sus familias, porque "es una obligación que brota del principio fundamental del orden moral en este campo, esto es, del principio del uso común de los bienes, o, para hablar de manera más sencilla, del derecho a la vida y a la subsistencia".

El "salario justo" es reclamado sencillamente por el "derecho a la vida", que nace de Dios y quien "ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de los hombres y pueblos" , G. et S. nº 69. 

A lo largo de este siglo XX se han ido concretando y perfeccionando los criterios a tener en cuenta en la determinación de los salarios mínimo. Ya no se trata sólo de garantizar el mantenimiento del obrero y de su familia. Hoy, en algunos países, el trabajo es tan productivo y rentable, que da posibilidades al obrero para elevar su nivel de bienestar social y acumular, a través del ahorro, un patrimonio que le permita mirar al futuro con seguridad.

Un aspecto importante del salario es el "contrato de trabajo". ¿Cómo ha de ser el contrato de  trabajo? Ha de ser pactado sobre la base del doble carácter del trabajo:

  • Que es un trabajo personal (realizado por una persona). Es decir, que demanda en el contrato que éste sea hecho en libre consentimiento de ambas partes: del patrón y del obrero
  • Que el trabajo es necesario. Es decir, que demanda que el contrato sea, en cuanto al salario, una cuantía suficiente para mantener la vida individual y familiar honestamente.

Esta forma de contrato tiene sus ventajas y desventajas. Veamos:

               

A. Ventajas

Es uno de los medios para que el obrero gane su vida, poniendo en acción lo que pertenece a otro; capital y trabajo se complementan mutuamente. El patrón pone el capital, el obrero la mano de obra.

El obrero obtendrá su salario con seguridad y a plazo fijo, sean cuales fueren las condiciones de la empresa, por lo menos mientras dura el contrato del trabajo y así se libra de la responsabilidad del riesgo.

Da al obrero gran facilidad de cambiar de lugar de trabajo y aun de ocupación.

Para la empresa el sistema del salario simplifica la administración y facilita el ejercicio y el arbitrio de la autoridad legal y laboral.

 

B. Desventajas

Los obreros se convierten en simples silenciosos ejecutores y hay poca posibilidad para que ellos hagan valer su experiencia; enteramente pasivos respecto a las decisiones que rigen su actividad, el resultado es que el obrero se interesa poco por aquello que no es suyo.

El contrato de salario es muy estrecho para que responda, según su estructura, a las aspiraciones de los trabajadores y a las exigencias reales de la justicia social.

Los principios del salario para que sea justo dependen de cuatro elementos:

  • La remuneración debe corresponder al valor humano del trabajo. Este valor se establece en función de las necesidades del trabajador y de su familia.
  • La remuneración debe de tener en cuenta la efectiva aportación en la producción por parte del trabajador, lo cual depende de su capacidad y destreza, de la mayor o menor dificultad del trabajo que realiza y de su rendimiento económico.
  • Se deben de tener en cuenta las condiciones de la empresa.
  • Se deben de tener en cuenta las necesidades de la economía en general y evitar que se perjudique el bien común con salarios o muy altos o muy bajos. Lo primero (salarios altos), puede producir inflación, impedir la capitalización necesaria para el desarrollo económico y conducir al desempleo por falta de nuevas fuentes de trabajo. Lo segundo (sueldos bajos) es claro que trae graves perjuicios no sólo al obrero y a su familia, sino también a toda la economía por la incapacidad de adquisición en el sector más numeroso de la población.



    [1] Cfr.-   "Rerum Novarum". León XIII. nº 32. "Quadragessimo Anno" Pío XI, 15 - 5- 1931. Nº: 63 - 75. "Laborens exercens" nº 19. "Centesimus annus" nº 8.




Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


Para acceder a las publicaciones de esta SERIE AQUÍ.




 



Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de NOVIEMBRE 2021: Las personas que sufren de depresión

 


 



RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA
APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES DEL PAPA PARA EL MES DE NOVIEMBRE




OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo me haga su amigo y apóstol, 
disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos, todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Recemos para que las personas, que sufren de depresión o agotamiento extremo, reciban apoyo de todos y una luz que les abra a la vida.»

AMÉN




ORACIÓN

Padre bueno, que miras con amor a tus hijos e hijas,

sabemos que te compadeces hasta las entrañas

por los que más sufren. Tu Hijo Jesús curó a tantos

devolviendo la vista a los ciegos, la escucha a los sordos,

la palabra a los mudos y el caminar a los inválidos.

Hoy, te pedimos por quienes tienen el corazón oscurecido

por la tristeza y el dolor; hermanos y hermanas

sumidos en la depresión y el agotamiento extremo.

Envía tu Espíritu sobre ellos para que encuentren

descanso y consuelo. Y a nosotros danos un corazón

grande para amarlos y apoyarlos, abriéndoles

caminos de esperanza y de vida nueva.


Amén.


Padre Nuestro…

Ave María...

Gloria...

Amén




LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE


ENLACES AQUÍ

DESCARGUE EN PDF LAS ORACIONES
Revista virtual RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA, NOVIEMBRE 2021, Nº61.
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INTENCIÓN DEL MES


El Santo Padre pide rezar en noviembre por las personas con depresión

Hoy se publicó el Video del Papa correspondiente al mes de noviembre, en el que el Papa Francisco manifiesta su cercanía con todas las personas que se sienten desbordadas en su día a día, sobre todo en los casos de estrés y depresión, y pide rezar para que reciban el acompañamiento necesario.

Ciudad del Vaticano

En el nuevo Video del Papa, Francisco confía a toda la Iglesia Católica a través de la "Red Mundial de Oración del Papa" la intención de oración correspondiente al mes de noviembre. En esta ocasión, el Santo Padre hace un llamado de atención sobre el estrés y la depresión que afectan a muchas personas.

Consciente de que personas de todo el mundo atraviesan períodos de fuerte agotamiento mental, emocional y afectivo (en diversas formas y grados), el Papa pide rezar para que estén adecuadamente acompañadas y no olviden la cercanía de Jesús:
“La sobrecarga de trabajo, el estrés laboral hacen que muchas personas experimenten un agotamiento extremo, un agotamiento mental, emocional, afectivo y físico. Procuremos estar cerca de los que están agotados, de los que están desesperados, sin esperanza, muchas veces escuchando simplemente en silencio porque no podemos ir a decirle a una persona: «No, la vida no es así. Escúchame, yo te doy la receta. No hay receta»”

Depresión y ansiedad: los trastornos de salud mental que más prevalecen

Asimismo, el mensaje de la intención de oración del Papa Francisco aborda un tema central en la vida de millones de personas: la salud mental. Por ello, el video explica que en muchos casos, “la tristeza, la apatía, el cansancio espiritual terminan por dominar la vida de las personas que se ven desbordadas por el ritmo de la vida actual”.


El Papa a los cristianos: dar un testimonio de vida que atraiga

De hecho, un estudio publicado este año estima que una de cada diez personas a nivel mundial vive con un trastorno de salud mental, es decir unas 792 millones de personas que representan el 11% de la población. De los distintos trastornos que existen, el estudio sitúa a la depresión (264 millones, 3%) y a la ansiedad (284 millones, 4%) como los que más prevalecen en la vida de las personas.


Salud mental en tiempos de COVID-19

La pandemia mundial del COVID-19 que ha provocado la muerte de millones, también ha puesto a prueba la resistencia mental y emocional de innumerables personas y ha afectado su equilibrio psicológico. En ocasiones, esto ha generado verdaderas situaciones de angustia y desesperación. En línea con esta realidad el Santo Padre pide “estar cerca de los que están agotados, de los que están desesperados, sin esperanza, muchas veces escuchando simplemente en silencio”. 


Las palabras de Jesús: “Venid a mí los que estáis fatigados”

En este contexto, el padre Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, comenta el sentido de la intención de oración del Papa para este mes:
«Nuestras sociedades, su ritmo de vida, sus tecnologías cada vez más veloces, favorecen la depresión y el síndrome de agotamiento y estrés llamado ‘burnout’. La pandemia ha agravado el sufrimiento de muchos. Francisco nos pide rezar y estar cerca de los que sufren agotamiento extremo, mental, emocional y físico. Un acompañamiento psicológico es necesario, sin embargo el Santo Padre nos recuerda que las palabras de Jesús también ayudan, ofrecen consuelo y cuidado: ‘Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso».

Cabe destacar que esta edición de El Video del Papa contó con el apoyo de la Association of Catholic Mental Health Ministers (Asociación de Ministros Católicos de Salud Mental), una asociación que brinda apoyo espiritual a personas que padecen alguna enfermedad mental y fomenta acciones para prevenir cualquier tipo de discriminación que les impida participar plenamente de la vida de la Iglesia.


Tomado de:
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2021-11/papa-francisco-video-noviembre-2021-rezar-personas-con-depresion.html


ACTITUDES

Ordenar la vida.
"Los seres humanos son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad” (Papa Francisco). Cada día tomaré una pausa para tomar consciencia de lo que vivo y agradecer al Señor.

Dar sentido.
"Estamos hablando de una actitud del corazón, que vive todo con serena atención, que sabe estar plenamente presente ante alguien sin estar pensando en lo que viene después, que se entrega a cada momento como don divino que debe ser plenamente vivido” (Papa Francisco). Procuraré preguntarme por las motivaciones interiores de lo que hago ¿Para qué hago esto? ¿Qué sentido tiene en mi vida?

Cultivar el silencio para el encuentro con el Señor.
"La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharlas en medio del ruido constante, de la distracción permanente y ansiosa, o del culto a la apariencia?" (Papa Francisco). Tomaré cada día unos minutos para hablar con el Señor de lo que vivo, como un amigo le habla a otro.

Pausar los ritmos cotidianos.
"El hacerse presente serenamente ante cada realidad, por pequeña que sea, nos abre muchas más posibilidades de comprensión y de realización personal” (Papa Francisco). Tomaré momentos esta semana para detenerme contemplar la belleza que me rodea y agradecer.

Dar apoyo y ayudar a los que sufren.
“Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos” (Papa Francisco). Tomaré tiempos gratuitos para compartir con las personas cercanas.

Fuente: ClickToPray




RECURSOS EN LA RED

A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray [App Store] [Google Play]

C. Para comunicarnos:
apostolado.oración.peru@gmail.com



Domingo XXXII Tiempo Ordinario. Ciclo B – "La ofrenda de la viuda"


Escuchar AUDIO o descargar en MP3

P. Adolfo Franco, jesuita.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,38-44)

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.

Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor


Jesús destaca a la viuda que da para el templo (para Dios) todo lo que tenía para vivir; es lo que hizo Él con nosotros en grado máximo: darnos todo lo que tenía para vivir, darnos toda su vida.

Jesús está a la puerta del templo, donde estaba el lugar en que los israelitas depositaban sus ofrendas a Dios, sus ofrendas para el Templo, y para los sacerdotes. Jesús observa no sólo la cantidad sino la calidad de las limosnas: observaba la mano que depositaba la limosna y el corazón de donde salía esa misma limosna. En un momento ve a una pobre viuda que busca y rebusca en sus pobres bolsillos, y decide echar todo lo que ha encontrado para Dios. Jesús queda admirado de la generosidad de la pobre. En cambio, no le sorprende la abundancia de la limosna que depositan algunos ricos.

El diezmo era una norma establecida por Dios desde el Antiguo Testamento y que quería significar que todos los bienes de la tierra pertenecen a Dios; y que por eso el buen israelita debía reconocerlo, dándole a Dios el diezmo de todo lo que cosechara. Y los israelitas en general lo practicaban con bastante cuidado.

«El diezmo entero de la tierra, tanto de las semillas de la tierra como de los frutos de los árboles, es de Yahvé; es cosa sagrada que pertenece a Yahvé.  Si alguno quiere rescatar parte de su diezmo, añadirá un quinto de su valor. Todo diezmo de ganado mayor o menor, es decir, una de cada diez cabezas que pasan bajo el cayado, será cosa sagrada de Yahvé.  No se escogerá entre animal bueno o malo, ni se le podrá sustituir; y si se hace cambio, tanto el animal permutado como su sustituto serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados.» (Lev 27, 30-33).

Así que el diezmo, lo que llamaríamos ahora la limosna en la Iglesia, tiene un carácter sagrado. Es la toma de conciencia de que los bienes materiales, aunque también provengan de nuestro esfuerzo, de nuestro trabajo y de nuestro ingenio, son cosa de Dios, y lo reconocemos dando a Dios una parte de eso que recibimos de El.

Naturalmente que también consideramos como dado a Dios cualquier donación que hacemos a favor de nuestros hermanos, cualquier obra de bien; porque el Señor mismo nos dice que “cuanto hicimos por un hermano necesitado, lo hicimos con El”. Y de hecho se interpretaba así igualmente en muchos casos en el Antiguo Testamento. Pero de todas formas había un especial cuidado en hacer donación al Templo, para el servicio de Dios mismo. 

¿Tenemos conciencia de que la donación de parte de nuestros bienes es una obligación religiosa? Tampoco tenemos un concepto claro de lo que significa la propiedad individual de los bienes. De hecho, la propiedad individual está normada por la Ley de Dios: hay un buen uso de los bienes y un mal uso; lo cual quiere decir que no podemos usar de nuestra propiedad al propio capricho, o sea que no somos dueños tan absolutos de nuestros bienes, como podríamos pensar.

Es necesario volver a subrayar esto: que los bienes que tenemos, que en última instancia vienen de Dios, debemos utilizarlos de acuerdo a la voluntad de Dios; y que una parte de esos bienes deben ser dados a Dios, o en ayuda al prójimo, o en ayuda al sostenimiento de la obra de Dios, la Iglesia.

Así que una parte de los bienes que tenemos deberíamos dárselos a Dios: en el templo o en el necesitado. Las donaciones al templo deben ser una manifestación de nuestro agradecimiento a Dios. Tienen en primer lugar un carácter sagrado. Y por eso la “colecta” en la Misa se hace en el momento en que el sacerdote ofrece el pan y el vino, que serán después consagrados. Muchas veces las personas han reducido su aporte en el templo al carácter de limosna; limosna, o sea algo que no es propiamente debido, sino algo de lo que me desprendo, simplemente porque quiero; no tenemos el sentido de deuda con Dios. Y por eso nuestras “limosnas” a la hora de la colecta en el templo son tan exiguas.

Si pintásemos la escena que narra el Evangelio de hoy, pero situada en alguna de nuestras Iglesias, esta escena estaría narrada así: Jesús desde el altar estaba viendo lo que echaban cada uno de los fieles en el momento de la colecta; y veía a uno elegantemente vestido que rebuscaba en su bolsillo, y si le salía una moneda grande, la volvía a guardar, para buscar una más pequeña; vería a otro que miraba al techo en el momento en que le ponían la bolsa de la colecta delante de su vista, para que pasasen de largo. Otros que generosamente ponían algo más grande para el Señor; vería a otros que le daban a su hijito pequeño unas moneditas, para que él las echara, porque a ellos mismos les daba vergüenza echar tan poca cosa. Y ¿qué comentario haría el Señor al ver estas escenas? Cada uno lo puede imaginar. Quizá el Señor podría decirnos en ese momento: “con la misma medida (o con la misma moneda) que midiereis seréis medidos; dad y se os dará”


Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.




Textos claves del Nuevo Testamento - 31. "…son espíritu y vida."

 


P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita.

Jesús en cuanto Hijo de Dios (no en cuanto hombre) es engendrado desde siempre. En el evangelio de Juan recibe el críptico nombre de Verbo (Palabra): “Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios” (1,1). Jesús, por tanto, el Verbo hecho carne (persona humana) es la revelación del Dios, el único y el verdadero, es la “verdad” para los hombres. Jesús habla con autoridad (Mt 1,22), dice las palabras de Dios (Jn 3,34), lo que el Padre le ha enseñado (Jn 8,28). Por eso, “sus palabras son espíritu y vida” (Jn 6,63). Lo que comunica este Jesús a quienes le siguen no es sólo un mensaje y unas obras (dichos y hechos), sino un regalo, un don, una gracia, un Espíritu, una gran luz: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, os iluminará para que poda is en tender la verdad completa ” (Jn 16,13).


Agradecemos al P. Fernando Martínez SJ por su colaboración.

Para acceder a los otros temas AQUÍ.



Doctrina Social de la Iglesia - 15. El Trabajo II

 


P. Ignacio Garro, jesuita †


4. EL TRABAJO

Continuación...


4.2. LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Y EL TRABAJO  [1]

La encíclica "Laborem Exercens" de J. Pablo II del 15 de mayo 1981, constituye la "Carta Magna del Trabajo", concebido éste como la clave esencial de toda la cuestión social. Esta encíclica es un verdadero tratado, denso y profundo, de antropología cristiana del trabajo, entendido éste sin sentido reduccionista, como "toda actividad humana en el mundo", desde la actividad manual a las actividades intelectuales, en sus múltiples facetas, y a las actividades de organización y de dirección, sin excluir las funciones insustituibles del trabajo de la madre en la familia.

La encíclica parte del hombre como sujeto activo y responsable del trabajo "actus personae", lo llama, constituyendo este principio de la "subjetividad del trabajo" el hilo conductor de todo el desarrollo de la encíclica. Este hombre, sujeto del trabajo, no está considerado en abstracto, como ser genérico, o un ente colectivo, ni tampoco como ser autónomo, autárquico, autosuficiente, individualista e insolidario, sino como "persona", en su única e irrepetible individualidad existente, como ser histórico, social y solidario, creado por Dios, pero también herido por el pecado (pecado original y pecados personales), y redimido por Jesucristo. A este hombre real, histórico, se dirigen las preocupaciones, los afanes y el amor de la Iglesia.

Así la encíclica L.E., desde esta perspectiva antropológica, con visión global y realista, adopta una postura de radicalidad lúcidamente crítica frente a las ideologías sociales dominantes de nuestro tiempo, a saber: el liberalismo capitalista, y el socialismo marxista. La encíclica L.E. constituye una respuesta profunda de la Iglesia a los interrogantes y desafíos de las ideologías sociales.

Esta encíclica es un documento de síntesis, que integra experiencias sociales y económicas del Occidente (como cultura dominante), desde cuya óptica habían sido escritas fundamentalmente las encíclicas sociales anteriores, en este caso se incluyen la experiencias de los Países de la Europa del Este, y también las del Tercer Mundo, y que se refleja en posiciones muy realistas y matizadas ante ciertas formas de propiedad colectiva de los bienes de producción, pero sin dejar de tener en cuenta los avances sociales introducidos en las empresas capitalistas de los Estado más evolucionados de Occidente, tales como las fórmulas de copropiedad, participación en la gestión y beneficios de la empresa, accionariado de trabajo, etc; y señalando al mismo tiempo, que la Iglesia "se aparta radicalmente del programa del "colectivismo", proclamado por el "marxismo", sin dejar de aceptar explícitamente sus críticas positivas y justas sobre los abusos del sistema capitalista liberal". En el fondo, la encíclica no trata de defender ni de condenar sistema e ideologías, sino de afirmar y defender la plena "verdad acerca del hombre", en su existencia personal, y a la vez, su dimensión comunitaria y social que le es inherente, comenzando desde el núcleo natural de la familia, pasando por las sociedades intermedias, la nación.

La L.E. con sentido realista, pone de relieve los condicionamientos para la estipulación del contrato de trabajo que derivan de las instancias externas y superiores a la empresa, como son: El Estado, los sindicatos, las organizaciones empresariales, las empresa multinacionales y transnacionales, y las llama "el empresario indirecto".

La L.E. aborda, también, problemas de actualidad laboral, siguiendo la línea argumental trazada del "trabajador como sujeto activo del trabajo": el desempleo; el salario justo; las prestaciones de seguridad social; la función de los sindicatos; el trabajo agrícola; los minusválidos y el trabajo; los trabajadores emigrantes; trabajo y familia; trabajo y sociedad.

En resumen, la encíclica "Laborem Exercens", es el "evangelio del trabajo", la "Buena Nueva" del trabajo, un mensaje liberador para los hombres y mujeres del trabajo, para toda la humanidad trabajadora.[2]

Hasta ahora hemos hablado sobre el trabajo humano. Hemos destacado cómo, a lo largo de la historia contemporánea, el trabajo se ha hecho cada más productivo, más tecnificado y también más despersonalizado e inhumano. Con estas características  tan contrastantes, el trabajo ha llegado a ocupar un puesto central en la cultura de todos los países modernos. Por eso, la DSI, nacida como doctrina a la respuesta de los problemas de la sociedad industrial, se ha ocupado ampliamente sobre el trabajo. Veamos cuáles son sus puntos de vista y su enseñanza:

 

4.2.1. LA PERSONA HUMANA EN EL TRABAJO, PREOCUPACIÓN CENTRAL  [3] 

La gran preocupación de la DSI en sus comienzos, a fines del siglo pasado es precisamente la situación del obrero proletario de aquella época. No sólo se describe esta situación con trazos alarmantes por la miseria en que vivían, sino que también se denuncia la indefensión en que quedaron tras la supresión de los antiguos gremios de artesanos, típicos de la Edad Media, agravado todo esto por la sed insaciable de dinero de los propietarios del capital. León XIII en la encíclica "Rerum Novarum", denuncia al comienzo de la encíclica esta situación de verdadera injusticia social. Desde entonces se denunció que el trabajo humano no puede ser considerado como una mercancía más dentro de la cadena de producción, sino que dicho trabajo debía de ser considerado como la actividad propia de una persona y que por lo tanto debía ser valorado como realizado por una persona, y ésta tiene unas necesidades básicas, él y su familia y todo debe ser cubierto con un salario justo. Si podemos hablar de avances en DSI sobre el trabajo y el salario justo, estos dos temas son los que más ha avanzado, y se han conseguido verdaderos logros. Y no solamente la cuestión de un salario justo, bien remunerado, sino también los derechos del obrero y sus deberes.[4]

Juan Pablo II en la encíclica "Laborem Exercens" ha llegado a las mejores formulaciones doctrinales sobre el tema del trabajo humano. Se pueden resumir diciendo que el fruto del trabajo humano tiene que estar subordinado a las exigencias de la persona que realiza el trabajo, porque la persona siempre ha de estar considerada sobre las cosas materiales. Sale al paso, así, de esa tendencia, tan propia de las sociedad industrial, de sacrificar al obrero y sus derechos a las exigencias del trabajo y de su eficacia productiva.

No cabe duda que este principio que propone J. Pablo II es un gran ideal, un principio difícil de cumplir en la actividad concreta diaria. Parece tan abstracto que puede quedar en el vacío de contenido en la práctica laboral. La única manera de evitar este peligro es ahondar en las exigencias que implica.

               

4.2.2. LAS CONDICIONES FÍSICAS DEL TRABAJO

En los tiempos del capitalismo liberal (salvaje) el proletariado había llegado a un profundo nivel de degradación. Los empresarios, en su afán de hacer rentable el "salario de hambre" que pagaban al obrero, explotaban a éste obligándole a jornadas de trabajo de 16 y 18 horas diarias, sin descanso, en un ambiente de trabajo insalubre, etc. Los datos que han llegado a nosotros son escalofriantes, de verdadera esclavitud humana. En un mercado donde la mano de obra desocupada era excesiva, los obreros industriales, presionados por la necesidad de obtener un salario para sobrevivir, no tenían otro remedio que plegarse a las condiciones impuestas por los patrones, de lo contrario se quedaban sin trabajo y la tragedia que eso lleva consigo.

Por eso, se comprende que las reivindicaciones formuladas desde una óptica moral se encaminaban a garantizar unas condiciones físicas de trabajo que no fueran un atentado permanente contra el trabajador. En concreto se pide un horario limitado de horas de trabajo (8 horas diarias), una jornada de descanso semanal (primero sábado por la tarde y domingo sin trabajar, después todo el sábado y el domingo). Se pide un ambiente de trabajo digno y tolerable para el organismo humano, sobre todo en el caso de la mujeres trabajadoras.



    [1] Concepción cristiana del trabajo: Cfr.-  "Laborem Exercens" de J. Pablo II. La encíclica del trabajo por excelencia. Cfr.-   León XIII R.N. nº 3,6,13,14,17,25,32. Conc. Vat.II G. et S. nº67. Pablo VI O.A. nº 15, 18. J. Pablo II L.E. nº 11,12.

    [2] Cfr.- : Intr. Gral. a la Encíclica L.E.  en "Magisterio Pontificio Contemporáneo" Tomo II, Pgs, 841-842. Bac (Maior) 39.

    [3] Condiciones de trabajo. Cfr.-  León XIII R.N. nº31. Juan XXIII M. et M. nº 82,83.

    [4] Cfr.- Derechos del trabajador: León XIII R.N. nº 25,26,30,31,40. Juan Pablo II, L.E. nº 8,15,16,18,19. Deberes del Trabajador:  Pío XI Q.A. nº 7. Salario justo: León XIII R.N. nº 14,32,33. Pablo VI. O.A. nº 14. J. Pablo II L.E. nº 19. Conc. Vat.II G. et S. nº 67. Juan XXIII M. et M. nº 18,33. Juan XXIII P. in T. nº 20.



Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


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Catequesis del Papa sobre la Carta a los Gálatas: 14, «Caminar según el Espíritu»


PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 3 de noviembre de 2021

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el pasaje de la Carta a los Gálatas que acabamos de escuchar, san Pablo exhorta a los cristianos a caminar según el Espíritu Santo (cfr. 5,16.25). Hay un estilo: caminar según el Espíritu Santo. De hecho, creer en Jesús significa seguirlo, ir detrás de Él en su camino, como hicieron los primeros discípulos. Y significa al mismo tiempo evitar el camino opuesto, el del egoísmo, el de buscar el propio interés, que el Apóstol llama «apetencias de la carne» (v. 16). El Espíritu es la guía de este camino sobre la vía de Cristo, un camino maravilloso pero también fatigoso, que empieza en el Bautismo y dura toda la vida. Pensemos en una larga excursión a la alta montaña: es fascinante, la meta nos atrae, pero requiere mucho esfuerzo y tenacidad.

Esta imagen puede ser útil para analizar las palabras del Apóstol: “caminar según el Espíritu”, “dejarse guiar” por Él. Son expresiones que indican una acción, un movimiento, un dinamismo que impide detenerse en las primeras dificultades, pero que estimula a confiar en la «fuerza que viene del alto» (Pastor de Hermas, 43, 21). Recorriendo este camino, el cristiano adquiere una visión positiva de la vida. Esto no significa que el mal presente en el mundo haya desaparecido, o que hayan desaparecido los impulsos negativos del egoísmo y el orgullo; más bien quiere decir que creer en Dios es siempre más fuerte que nuestras resistencias y más grande que nuestros pecados. ¡Y esto es importante!

Mientras exhorta a los Gálatas a recorrer este camino, el Apóstol se pone a su nivel. Abandona el verbo imperativo —«caminad» (v. 16)— y usa el “nosotros” del indicativo: «obremos también según el Espíritu» (v. 25). Como diciendo: pongámonos a lo largo de la misma línea y dejémonos guiar por el Espíritu Santo. Es una exhortación, una forma exhortativa. Esta exhortación san Pablo la siente necesaria también para sí mismo. Incluso sabiendo que Cristo vive en él (cfr. 2,20), también está convencido de no haber alcanzado todavía la meta, la cima de la montaña (cfr. Fil 3,12). El Apóstol no se pone por encima de su comunidad, no dice: “Yo soy el jefe, vosotros sois los otros; y he llegado a lo alto de la montaña y vosotros estáis en camino” —no dice esto—, sino que se coloca en medio del camino de todos, para dar ejemplo concreto de lo necesario que es obedecer a Dios, correspondiendo cada vez más y siempre mejor a la guía del Espíritu. Y qué bonito cuando nosotros encontramos pastores que caminan con su pueblo y que no se separan de él. Es muy bonito esto, hace bien al alma.

Este “caminar según el Espíritu” no es solo una acción individual: también afecta a la comunidad en su conjunto. De hecho, construir la comunidad siguiendo el camino indicado por el Apóstol es emocionante, pero arduo. Las “apetencias de la carne”, “las tentaciones” —digamos así—, que todos nosotros tenemos, es decir las envidias, los prejuicios, las hipocresías, los rencores, se siguen sintiendo, y recurrir a una rigidez preceptiva puede ser una tentación fácil, pero al hacerlo uno se saldría del camino de la libertad y, en lugar de subir a la cima, volvería hacia abajo. Recorrer el camino del Espíritu requiere en primer lugar dar espacio a la gracia y a la caridad. Hacer espacio a la gracia de Dios, no tener miedo. Pablo, después de haber hecho sentir de forma severa su voz, invita a los Gálatas a hacerse cargo cada uno de las dificultades del otro, y si alguno se equivoca, usar la mansedumbre (cfr. 5,22). Escuchemos sus palabras: «Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate a ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas» (6,1-2). Una actitud muy diferente a la del chismorreo; no, esto no es según el Espíritu. Según el Espíritu es tener esta dulzura con el hermano al corregirlo y vigilar sobre nosotros mismos con humildad para no caer nosotros en esos pecados.

De hecho, cuando tenemos la tentación de juzgar mal a los otros, como sucede a menudo, debemos sobre todo reflexionar sobre nuestra fragilidad. ¡Qué fácil es criticar a los otros! Pero hay gente que parece tener una licenciatura en chismorreo. Todos los días critican a los demás. ¡Pero mírate a ti mismo!  Está bien preguntarnos qué nos impulsa a corregir a un hermano o a una hermana, y si no somos de alguna manera corresponsables de su error. El Espíritu Santo, además de donarnos la mansedumbre, nos invita a la solidaridad, a llevar los pesos de los otros. ¡Cuántos pesos están presentes en la vida de una persona: la enfermedad, la falta de trabajo, la soledad, el dolor…! ¡Y cuántas otras pruebas que requieren la cercanía y el amor de los hermanos! Nos pueden ayudar también las palabras de san Agustín cuando comenta este mismo pasaje: «Por lo tanto, hermanos, si un hombre está implicado en alguna falta, […], instruidle con espíritu de mansedumbre. Y si levantas la voz, haya amor interiormente. Si exhortas, si acaricias, si corriges, si te muestras duro: ama y haz lo que quieres» (Sermones 163/B 3). Ama siempre. La regla suprema de la corrección fraterna es el amor: querer el bien de nuestros hermanos y de nuestras hermanas. Se trata de tolerar los problemas de los otros, los defectos de los otros en silencio en la oración, para después encontrar el camino adecuado para ayudarlo a corregirse. Y esto no es fácil. El camino más fácil es el del chismorreo. Despellejar al otro como si yo fuera perfecto. Y esto no se debe hacer. Mansedumbre. Paciencia. Oración. Cercanía.

Caminemos con alegría y con paciencia en este camino, dejándonos guiar por el Espíritu Santo.




Tomado de:


https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20211103_udienza-generale.html


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Homilía - ¡La salvación es de nuestro Dios y del Cordero! - Solemnidad de Todos los Santos - T.O. (B)


Homilía del P. José Ramón Martínez Galdeano, jesuita †

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San Martín de Porras

 


Fiesta 03 de noviembre.

San Martín de Porras, o Porres como se le conoce, fue el primer Santo negro de América y es el Patrón Universal de la Paz. Se le conoce también como "el Santo de la Escoba" por ser representado con una escoba en la mano como símbolo de su humildad y llamado por Juan XXIII como Martín de la caridad, por el gran amor que ponía en cada una de las cosas que hacía.

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