Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de NOVIEMBRE 2021: Las personas que sufren de depresión

 


 



RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA
APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES DEL PAPA PARA EL MES DE NOVIEMBRE




OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo me haga su amigo y apóstol, 
disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos, todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Recemos para que las personas, que sufren de depresión o agotamiento extremo, reciban apoyo de todos y una luz que les abra a la vida.»

AMÉN




ORACIÓN

Padre bueno, que miras con amor a tus hijos e hijas,

sabemos que te compadeces hasta las entrañas

por los que más sufren. Tu Hijo Jesús curó a tantos

devolviendo la vista a los ciegos, la escucha a los sordos,

la palabra a los mudos y el caminar a los inválidos.

Hoy, te pedimos por quienes tienen el corazón oscurecido

por la tristeza y el dolor; hermanos y hermanas

sumidos en la depresión y el agotamiento extremo.

Envía tu Espíritu sobre ellos para que encuentren

descanso y consuelo. Y a nosotros danos un corazón

grande para amarlos y apoyarlos, abriéndoles

caminos de esperanza y de vida nueva.


Amén.


Padre Nuestro…

Ave María...

Gloria...

Amén




LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE


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DESCARGUE EN PDF LAS ORACIONES
Revista virtual RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA, NOVIEMBRE 2021, Nº61.
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INTENCIÓN DEL MES


El Santo Padre pide rezar en noviembre por las personas con depresión

Hoy se publicó el Video del Papa correspondiente al mes de noviembre, en el que el Papa Francisco manifiesta su cercanía con todas las personas que se sienten desbordadas en su día a día, sobre todo en los casos de estrés y depresión, y pide rezar para que reciban el acompañamiento necesario.

Ciudad del Vaticano

En el nuevo Video del Papa, Francisco confía a toda la Iglesia Católica a través de la "Red Mundial de Oración del Papa" la intención de oración correspondiente al mes de noviembre. En esta ocasión, el Santo Padre hace un llamado de atención sobre el estrés y la depresión que afectan a muchas personas.

Consciente de que personas de todo el mundo atraviesan períodos de fuerte agotamiento mental, emocional y afectivo (en diversas formas y grados), el Papa pide rezar para que estén adecuadamente acompañadas y no olviden la cercanía de Jesús:
“La sobrecarga de trabajo, el estrés laboral hacen que muchas personas experimenten un agotamiento extremo, un agotamiento mental, emocional, afectivo y físico. Procuremos estar cerca de los que están agotados, de los que están desesperados, sin esperanza, muchas veces escuchando simplemente en silencio porque no podemos ir a decirle a una persona: «No, la vida no es así. Escúchame, yo te doy la receta. No hay receta»”

Depresión y ansiedad: los trastornos de salud mental que más prevalecen

Asimismo, el mensaje de la intención de oración del Papa Francisco aborda un tema central en la vida de millones de personas: la salud mental. Por ello, el video explica que en muchos casos, “la tristeza, la apatía, el cansancio espiritual terminan por dominar la vida de las personas que se ven desbordadas por el ritmo de la vida actual”.


El Papa a los cristianos: dar un testimonio de vida que atraiga

De hecho, un estudio publicado este año estima que una de cada diez personas a nivel mundial vive con un trastorno de salud mental, es decir unas 792 millones de personas que representan el 11% de la población. De los distintos trastornos que existen, el estudio sitúa a la depresión (264 millones, 3%) y a la ansiedad (284 millones, 4%) como los que más prevalecen en la vida de las personas.


Salud mental en tiempos de COVID-19

La pandemia mundial del COVID-19 que ha provocado la muerte de millones, también ha puesto a prueba la resistencia mental y emocional de innumerables personas y ha afectado su equilibrio psicológico. En ocasiones, esto ha generado verdaderas situaciones de angustia y desesperación. En línea con esta realidad el Santo Padre pide “estar cerca de los que están agotados, de los que están desesperados, sin esperanza, muchas veces escuchando simplemente en silencio”. 


Las palabras de Jesús: “Venid a mí los que estáis fatigados”

En este contexto, el padre Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, comenta el sentido de la intención de oración del Papa para este mes:
«Nuestras sociedades, su ritmo de vida, sus tecnologías cada vez más veloces, favorecen la depresión y el síndrome de agotamiento y estrés llamado ‘burnout’. La pandemia ha agravado el sufrimiento de muchos. Francisco nos pide rezar y estar cerca de los que sufren agotamiento extremo, mental, emocional y físico. Un acompañamiento psicológico es necesario, sin embargo el Santo Padre nos recuerda que las palabras de Jesús también ayudan, ofrecen consuelo y cuidado: ‘Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso».

Cabe destacar que esta edición de El Video del Papa contó con el apoyo de la Association of Catholic Mental Health Ministers (Asociación de Ministros Católicos de Salud Mental), una asociación que brinda apoyo espiritual a personas que padecen alguna enfermedad mental y fomenta acciones para prevenir cualquier tipo de discriminación que les impida participar plenamente de la vida de la Iglesia.


Tomado de:
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2021-11/papa-francisco-video-noviembre-2021-rezar-personas-con-depresion.html


ACTITUDES

Ordenar la vida.
"Los seres humanos son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad” (Papa Francisco). Cada día tomaré una pausa para tomar consciencia de lo que vivo y agradecer al Señor.

Dar sentido.
"Estamos hablando de una actitud del corazón, que vive todo con serena atención, que sabe estar plenamente presente ante alguien sin estar pensando en lo que viene después, que se entrega a cada momento como don divino que debe ser plenamente vivido” (Papa Francisco). Procuraré preguntarme por las motivaciones interiores de lo que hago ¿Para qué hago esto? ¿Qué sentido tiene en mi vida?

Cultivar el silencio para el encuentro con el Señor.
"La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharlas en medio del ruido constante, de la distracción permanente y ansiosa, o del culto a la apariencia?" (Papa Francisco). Tomaré cada día unos minutos para hablar con el Señor de lo que vivo, como un amigo le habla a otro.

Pausar los ritmos cotidianos.
"El hacerse presente serenamente ante cada realidad, por pequeña que sea, nos abre muchas más posibilidades de comprensión y de realización personal” (Papa Francisco). Tomaré momentos esta semana para detenerme contemplar la belleza que me rodea y agradecer.

Dar apoyo y ayudar a los que sufren.
“Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos” (Papa Francisco). Tomaré tiempos gratuitos para compartir con las personas cercanas.

Fuente: ClickToPray




RECURSOS EN LA RED

A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray [App Store] [Google Play]

C. Para comunicarnos:
apostolado.oración.peru@gmail.com



Domingo XXXII Tiempo Ordinario. Ciclo B – "La ofrenda de la viuda"


Escuchar AUDIO o descargar en MP3

P. Adolfo Franco, jesuita.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,38-44)

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.

Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor


Jesús destaca a la viuda que da para el templo (para Dios) todo lo que tenía para vivir; es lo que hizo Él con nosotros en grado máximo: darnos todo lo que tenía para vivir, darnos toda su vida.

Jesús está a la puerta del templo, donde estaba el lugar en que los israelitas depositaban sus ofrendas a Dios, sus ofrendas para el Templo, y para los sacerdotes. Jesús observa no sólo la cantidad sino la calidad de las limosnas: observaba la mano que depositaba la limosna y el corazón de donde salía esa misma limosna. En un momento ve a una pobre viuda que busca y rebusca en sus pobres bolsillos, y decide echar todo lo que ha encontrado para Dios. Jesús queda admirado de la generosidad de la pobre. En cambio, no le sorprende la abundancia de la limosna que depositan algunos ricos.

El diezmo era una norma establecida por Dios desde el Antiguo Testamento y que quería significar que todos los bienes de la tierra pertenecen a Dios; y que por eso el buen israelita debía reconocerlo, dándole a Dios el diezmo de todo lo que cosechara. Y los israelitas en general lo practicaban con bastante cuidado.

«El diezmo entero de la tierra, tanto de las semillas de la tierra como de los frutos de los árboles, es de Yahvé; es cosa sagrada que pertenece a Yahvé.  Si alguno quiere rescatar parte de su diezmo, añadirá un quinto de su valor. Todo diezmo de ganado mayor o menor, es decir, una de cada diez cabezas que pasan bajo el cayado, será cosa sagrada de Yahvé.  No se escogerá entre animal bueno o malo, ni se le podrá sustituir; y si se hace cambio, tanto el animal permutado como su sustituto serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados.» (Lev 27, 30-33).

Así que el diezmo, lo que llamaríamos ahora la limosna en la Iglesia, tiene un carácter sagrado. Es la toma de conciencia de que los bienes materiales, aunque también provengan de nuestro esfuerzo, de nuestro trabajo y de nuestro ingenio, son cosa de Dios, y lo reconocemos dando a Dios una parte de eso que recibimos de El.

Naturalmente que también consideramos como dado a Dios cualquier donación que hacemos a favor de nuestros hermanos, cualquier obra de bien; porque el Señor mismo nos dice que “cuanto hicimos por un hermano necesitado, lo hicimos con El”. Y de hecho se interpretaba así igualmente en muchos casos en el Antiguo Testamento. Pero de todas formas había un especial cuidado en hacer donación al Templo, para el servicio de Dios mismo. 

¿Tenemos conciencia de que la donación de parte de nuestros bienes es una obligación religiosa? Tampoco tenemos un concepto claro de lo que significa la propiedad individual de los bienes. De hecho, la propiedad individual está normada por la Ley de Dios: hay un buen uso de los bienes y un mal uso; lo cual quiere decir que no podemos usar de nuestra propiedad al propio capricho, o sea que no somos dueños tan absolutos de nuestros bienes, como podríamos pensar.

Es necesario volver a subrayar esto: que los bienes que tenemos, que en última instancia vienen de Dios, debemos utilizarlos de acuerdo a la voluntad de Dios; y que una parte de esos bienes deben ser dados a Dios, o en ayuda al prójimo, o en ayuda al sostenimiento de la obra de Dios, la Iglesia.

Así que una parte de los bienes que tenemos deberíamos dárselos a Dios: en el templo o en el necesitado. Las donaciones al templo deben ser una manifestación de nuestro agradecimiento a Dios. Tienen en primer lugar un carácter sagrado. Y por eso la “colecta” en la Misa se hace en el momento en que el sacerdote ofrece el pan y el vino, que serán después consagrados. Muchas veces las personas han reducido su aporte en el templo al carácter de limosna; limosna, o sea algo que no es propiamente debido, sino algo de lo que me desprendo, simplemente porque quiero; no tenemos el sentido de deuda con Dios. Y por eso nuestras “limosnas” a la hora de la colecta en el templo son tan exiguas.

Si pintásemos la escena que narra el Evangelio de hoy, pero situada en alguna de nuestras Iglesias, esta escena estaría narrada así: Jesús desde el altar estaba viendo lo que echaban cada uno de los fieles en el momento de la colecta; y veía a uno elegantemente vestido que rebuscaba en su bolsillo, y si le salía una moneda grande, la volvía a guardar, para buscar una más pequeña; vería a otro que miraba al techo en el momento en que le ponían la bolsa de la colecta delante de su vista, para que pasasen de largo. Otros que generosamente ponían algo más grande para el Señor; vería a otros que le daban a su hijito pequeño unas moneditas, para que él las echara, porque a ellos mismos les daba vergüenza echar tan poca cosa. Y ¿qué comentario haría el Señor al ver estas escenas? Cada uno lo puede imaginar. Quizá el Señor podría decirnos en ese momento: “con la misma medida (o con la misma moneda) que midiereis seréis medidos; dad y se os dará”


Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.




Textos claves del Nuevo Testamento - 31. "…son espíritu y vida."

 


P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita.

Jesús en cuanto Hijo de Dios (no en cuanto hombre) es engendrado desde siempre. En el evangelio de Juan recibe el críptico nombre de Verbo (Palabra): “Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios” (1,1). Jesús, por tanto, el Verbo hecho carne (persona humana) es la revelación del Dios, el único y el verdadero, es la “verdad” para los hombres. Jesús habla con autoridad (Mt 1,22), dice las palabras de Dios (Jn 3,34), lo que el Padre le ha enseñado (Jn 8,28). Por eso, “sus palabras son espíritu y vida” (Jn 6,63). Lo que comunica este Jesús a quienes le siguen no es sólo un mensaje y unas obras (dichos y hechos), sino un regalo, un don, una gracia, un Espíritu, una gran luz: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, os iluminará para que poda is en tender la verdad completa ” (Jn 16,13).


Agradecemos al P. Fernando Martínez SJ por su colaboración.

Para acceder a los otros temas AQUÍ.



Doctrina Social de la Iglesia - 15. El Trabajo II

 


P. Ignacio Garro, jesuita †


4. EL TRABAJO

Continuación...


4.2. LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Y EL TRABAJO  [1]

La encíclica "Laborem Exercens" de J. Pablo II del 15 de mayo 1981, constituye la "Carta Magna del Trabajo", concebido éste como la clave esencial de toda la cuestión social. Esta encíclica es un verdadero tratado, denso y profundo, de antropología cristiana del trabajo, entendido éste sin sentido reduccionista, como "toda actividad humana en el mundo", desde la actividad manual a las actividades intelectuales, en sus múltiples facetas, y a las actividades de organización y de dirección, sin excluir las funciones insustituibles del trabajo de la madre en la familia.

La encíclica parte del hombre como sujeto activo y responsable del trabajo "actus personae", lo llama, constituyendo este principio de la "subjetividad del trabajo" el hilo conductor de todo el desarrollo de la encíclica. Este hombre, sujeto del trabajo, no está considerado en abstracto, como ser genérico, o un ente colectivo, ni tampoco como ser autónomo, autárquico, autosuficiente, individualista e insolidario, sino como "persona", en su única e irrepetible individualidad existente, como ser histórico, social y solidario, creado por Dios, pero también herido por el pecado (pecado original y pecados personales), y redimido por Jesucristo. A este hombre real, histórico, se dirigen las preocupaciones, los afanes y el amor de la Iglesia.

Así la encíclica L.E., desde esta perspectiva antropológica, con visión global y realista, adopta una postura de radicalidad lúcidamente crítica frente a las ideologías sociales dominantes de nuestro tiempo, a saber: el liberalismo capitalista, y el socialismo marxista. La encíclica L.E. constituye una respuesta profunda de la Iglesia a los interrogantes y desafíos de las ideologías sociales.

Esta encíclica es un documento de síntesis, que integra experiencias sociales y económicas del Occidente (como cultura dominante), desde cuya óptica habían sido escritas fundamentalmente las encíclicas sociales anteriores, en este caso se incluyen la experiencias de los Países de la Europa del Este, y también las del Tercer Mundo, y que se refleja en posiciones muy realistas y matizadas ante ciertas formas de propiedad colectiva de los bienes de producción, pero sin dejar de tener en cuenta los avances sociales introducidos en las empresas capitalistas de los Estado más evolucionados de Occidente, tales como las fórmulas de copropiedad, participación en la gestión y beneficios de la empresa, accionariado de trabajo, etc; y señalando al mismo tiempo, que la Iglesia "se aparta radicalmente del programa del "colectivismo", proclamado por el "marxismo", sin dejar de aceptar explícitamente sus críticas positivas y justas sobre los abusos del sistema capitalista liberal". En el fondo, la encíclica no trata de defender ni de condenar sistema e ideologías, sino de afirmar y defender la plena "verdad acerca del hombre", en su existencia personal, y a la vez, su dimensión comunitaria y social que le es inherente, comenzando desde el núcleo natural de la familia, pasando por las sociedades intermedias, la nación.

La L.E. con sentido realista, pone de relieve los condicionamientos para la estipulación del contrato de trabajo que derivan de las instancias externas y superiores a la empresa, como son: El Estado, los sindicatos, las organizaciones empresariales, las empresa multinacionales y transnacionales, y las llama "el empresario indirecto".

La L.E. aborda, también, problemas de actualidad laboral, siguiendo la línea argumental trazada del "trabajador como sujeto activo del trabajo": el desempleo; el salario justo; las prestaciones de seguridad social; la función de los sindicatos; el trabajo agrícola; los minusválidos y el trabajo; los trabajadores emigrantes; trabajo y familia; trabajo y sociedad.

En resumen, la encíclica "Laborem Exercens", es el "evangelio del trabajo", la "Buena Nueva" del trabajo, un mensaje liberador para los hombres y mujeres del trabajo, para toda la humanidad trabajadora.[2]

Hasta ahora hemos hablado sobre el trabajo humano. Hemos destacado cómo, a lo largo de la historia contemporánea, el trabajo se ha hecho cada más productivo, más tecnificado y también más despersonalizado e inhumano. Con estas características  tan contrastantes, el trabajo ha llegado a ocupar un puesto central en la cultura de todos los países modernos. Por eso, la DSI, nacida como doctrina a la respuesta de los problemas de la sociedad industrial, se ha ocupado ampliamente sobre el trabajo. Veamos cuáles son sus puntos de vista y su enseñanza:

 

4.2.1. LA PERSONA HUMANA EN EL TRABAJO, PREOCUPACIÓN CENTRAL  [3] 

La gran preocupación de la DSI en sus comienzos, a fines del siglo pasado es precisamente la situación del obrero proletario de aquella época. No sólo se describe esta situación con trazos alarmantes por la miseria en que vivían, sino que también se denuncia la indefensión en que quedaron tras la supresión de los antiguos gremios de artesanos, típicos de la Edad Media, agravado todo esto por la sed insaciable de dinero de los propietarios del capital. León XIII en la encíclica "Rerum Novarum", denuncia al comienzo de la encíclica esta situación de verdadera injusticia social. Desde entonces se denunció que el trabajo humano no puede ser considerado como una mercancía más dentro de la cadena de producción, sino que dicho trabajo debía de ser considerado como la actividad propia de una persona y que por lo tanto debía ser valorado como realizado por una persona, y ésta tiene unas necesidades básicas, él y su familia y todo debe ser cubierto con un salario justo. Si podemos hablar de avances en DSI sobre el trabajo y el salario justo, estos dos temas son los que más ha avanzado, y se han conseguido verdaderos logros. Y no solamente la cuestión de un salario justo, bien remunerado, sino también los derechos del obrero y sus deberes.[4]

Juan Pablo II en la encíclica "Laborem Exercens" ha llegado a las mejores formulaciones doctrinales sobre el tema del trabajo humano. Se pueden resumir diciendo que el fruto del trabajo humano tiene que estar subordinado a las exigencias de la persona que realiza el trabajo, porque la persona siempre ha de estar considerada sobre las cosas materiales. Sale al paso, así, de esa tendencia, tan propia de las sociedad industrial, de sacrificar al obrero y sus derechos a las exigencias del trabajo y de su eficacia productiva.

No cabe duda que este principio que propone J. Pablo II es un gran ideal, un principio difícil de cumplir en la actividad concreta diaria. Parece tan abstracto que puede quedar en el vacío de contenido en la práctica laboral. La única manera de evitar este peligro es ahondar en las exigencias que implica.

               

4.2.2. LAS CONDICIONES FÍSICAS DEL TRABAJO

En los tiempos del capitalismo liberal (salvaje) el proletariado había llegado a un profundo nivel de degradación. Los empresarios, en su afán de hacer rentable el "salario de hambre" que pagaban al obrero, explotaban a éste obligándole a jornadas de trabajo de 16 y 18 horas diarias, sin descanso, en un ambiente de trabajo insalubre, etc. Los datos que han llegado a nosotros son escalofriantes, de verdadera esclavitud humana. En un mercado donde la mano de obra desocupada era excesiva, los obreros industriales, presionados por la necesidad de obtener un salario para sobrevivir, no tenían otro remedio que plegarse a las condiciones impuestas por los patrones, de lo contrario se quedaban sin trabajo y la tragedia que eso lleva consigo.

Por eso, se comprende que las reivindicaciones formuladas desde una óptica moral se encaminaban a garantizar unas condiciones físicas de trabajo que no fueran un atentado permanente contra el trabajador. En concreto se pide un horario limitado de horas de trabajo (8 horas diarias), una jornada de descanso semanal (primero sábado por la tarde y domingo sin trabajar, después todo el sábado y el domingo). Se pide un ambiente de trabajo digno y tolerable para el organismo humano, sobre todo en el caso de la mujeres trabajadoras.



    [1] Concepción cristiana del trabajo: Cfr.-  "Laborem Exercens" de J. Pablo II. La encíclica del trabajo por excelencia. Cfr.-   León XIII R.N. nº 3,6,13,14,17,25,32. Conc. Vat.II G. et S. nº67. Pablo VI O.A. nº 15, 18. J. Pablo II L.E. nº 11,12.

    [2] Cfr.- : Intr. Gral. a la Encíclica L.E.  en "Magisterio Pontificio Contemporáneo" Tomo II, Pgs, 841-842. Bac (Maior) 39.

    [3] Condiciones de trabajo. Cfr.-  León XIII R.N. nº31. Juan XXIII M. et M. nº 82,83.

    [4] Cfr.- Derechos del trabajador: León XIII R.N. nº 25,26,30,31,40. Juan Pablo II, L.E. nº 8,15,16,18,19. Deberes del Trabajador:  Pío XI Q.A. nº 7. Salario justo: León XIII R.N. nº 14,32,33. Pablo VI. O.A. nº 14. J. Pablo II L.E. nº 19. Conc. Vat.II G. et S. nº 67. Juan XXIII M. et M. nº 18,33. Juan XXIII P. in T. nº 20.



Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


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Catequesis del Papa sobre la Carta a los Gálatas: 14, «Caminar según el Espíritu»


PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 3 de noviembre de 2021

[Multimedia]


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el pasaje de la Carta a los Gálatas que acabamos de escuchar, san Pablo exhorta a los cristianos a caminar según el Espíritu Santo (cfr. 5,16.25). Hay un estilo: caminar según el Espíritu Santo. De hecho, creer en Jesús significa seguirlo, ir detrás de Él en su camino, como hicieron los primeros discípulos. Y significa al mismo tiempo evitar el camino opuesto, el del egoísmo, el de buscar el propio interés, que el Apóstol llama «apetencias de la carne» (v. 16). El Espíritu es la guía de este camino sobre la vía de Cristo, un camino maravilloso pero también fatigoso, que empieza en el Bautismo y dura toda la vida. Pensemos en una larga excursión a la alta montaña: es fascinante, la meta nos atrae, pero requiere mucho esfuerzo y tenacidad.

Esta imagen puede ser útil para analizar las palabras del Apóstol: “caminar según el Espíritu”, “dejarse guiar” por Él. Son expresiones que indican una acción, un movimiento, un dinamismo que impide detenerse en las primeras dificultades, pero que estimula a confiar en la «fuerza que viene del alto» (Pastor de Hermas, 43, 21). Recorriendo este camino, el cristiano adquiere una visión positiva de la vida. Esto no significa que el mal presente en el mundo haya desaparecido, o que hayan desaparecido los impulsos negativos del egoísmo y el orgullo; más bien quiere decir que creer en Dios es siempre más fuerte que nuestras resistencias y más grande que nuestros pecados. ¡Y esto es importante!

Mientras exhorta a los Gálatas a recorrer este camino, el Apóstol se pone a su nivel. Abandona el verbo imperativo —«caminad» (v. 16)— y usa el “nosotros” del indicativo: «obremos también según el Espíritu» (v. 25). Como diciendo: pongámonos a lo largo de la misma línea y dejémonos guiar por el Espíritu Santo. Es una exhortación, una forma exhortativa. Esta exhortación san Pablo la siente necesaria también para sí mismo. Incluso sabiendo que Cristo vive en él (cfr. 2,20), también está convencido de no haber alcanzado todavía la meta, la cima de la montaña (cfr. Fil 3,12). El Apóstol no se pone por encima de su comunidad, no dice: “Yo soy el jefe, vosotros sois los otros; y he llegado a lo alto de la montaña y vosotros estáis en camino” —no dice esto—, sino que se coloca en medio del camino de todos, para dar ejemplo concreto de lo necesario que es obedecer a Dios, correspondiendo cada vez más y siempre mejor a la guía del Espíritu. Y qué bonito cuando nosotros encontramos pastores que caminan con su pueblo y que no se separan de él. Es muy bonito esto, hace bien al alma.

Este “caminar según el Espíritu” no es solo una acción individual: también afecta a la comunidad en su conjunto. De hecho, construir la comunidad siguiendo el camino indicado por el Apóstol es emocionante, pero arduo. Las “apetencias de la carne”, “las tentaciones” —digamos así—, que todos nosotros tenemos, es decir las envidias, los prejuicios, las hipocresías, los rencores, se siguen sintiendo, y recurrir a una rigidez preceptiva puede ser una tentación fácil, pero al hacerlo uno se saldría del camino de la libertad y, en lugar de subir a la cima, volvería hacia abajo. Recorrer el camino del Espíritu requiere en primer lugar dar espacio a la gracia y a la caridad. Hacer espacio a la gracia de Dios, no tener miedo. Pablo, después de haber hecho sentir de forma severa su voz, invita a los Gálatas a hacerse cargo cada uno de las dificultades del otro, y si alguno se equivoca, usar la mansedumbre (cfr. 5,22). Escuchemos sus palabras: «Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate a ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas» (6,1-2). Una actitud muy diferente a la del chismorreo; no, esto no es según el Espíritu. Según el Espíritu es tener esta dulzura con el hermano al corregirlo y vigilar sobre nosotros mismos con humildad para no caer nosotros en esos pecados.

De hecho, cuando tenemos la tentación de juzgar mal a los otros, como sucede a menudo, debemos sobre todo reflexionar sobre nuestra fragilidad. ¡Qué fácil es criticar a los otros! Pero hay gente que parece tener una licenciatura en chismorreo. Todos los días critican a los demás. ¡Pero mírate a ti mismo!  Está bien preguntarnos qué nos impulsa a corregir a un hermano o a una hermana, y si no somos de alguna manera corresponsables de su error. El Espíritu Santo, además de donarnos la mansedumbre, nos invita a la solidaridad, a llevar los pesos de los otros. ¡Cuántos pesos están presentes en la vida de una persona: la enfermedad, la falta de trabajo, la soledad, el dolor…! ¡Y cuántas otras pruebas que requieren la cercanía y el amor de los hermanos! Nos pueden ayudar también las palabras de san Agustín cuando comenta este mismo pasaje: «Por lo tanto, hermanos, si un hombre está implicado en alguna falta, […], instruidle con espíritu de mansedumbre. Y si levantas la voz, haya amor interiormente. Si exhortas, si acaricias, si corriges, si te muestras duro: ama y haz lo que quieres» (Sermones 163/B 3). Ama siempre. La regla suprema de la corrección fraterna es el amor: querer el bien de nuestros hermanos y de nuestras hermanas. Se trata de tolerar los problemas de los otros, los defectos de los otros en silencio en la oración, para después encontrar el camino adecuado para ayudarlo a corregirse. Y esto no es fácil. El camino más fácil es el del chismorreo. Despellejar al otro como si yo fuera perfecto. Y esto no se debe hacer. Mansedumbre. Paciencia. Oración. Cercanía.

Caminemos con alegría y con paciencia en este camino, dejándonos guiar por el Espíritu Santo.




Tomado de:


https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20211103_udienza-generale.html


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Homilía - ¡La salvación es de nuestro Dios y del Cordero! - Solemnidad de Todos los Santos - T.O. (B)


Homilía del P. José Ramón Martínez Galdeano, jesuita †

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San Martín de Porras

 


Fiesta 03 de noviembre.

San Martín de Porras, o Porres como se le conoce, fue el primer Santo negro de América y es el Patrón Universal de la Paz. Se le conoce también como "el Santo de la Escoba" por ser representado con una escoba en la mano como símbolo de su humildad y llamado por Juan XXIII como Martín de la caridad, por el gran amor que ponía en cada una de las cosas que hacía.

Acceda AQUÍ para conocer más sobre su vida.




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Domingo XXXI Tiempo Ordinario. Ciclo B – "El primer mandamiento"


Escuchar AUDIO o descargar en MP3


P. Adolfo Franco, jesuita

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12, 28b - 34):

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús: «El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos.»

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor


Jesús nos enseña qué es lo fundamental en nuestro comportamiento.

En esta pregunta que un maestro de la Ley le hace a Jesús, hay muchas cosas importantes que merecen una reflexión. En primer lugar, le preguntan a Jesús por los mandamientos de Dios.

¿Qué son estos mandamientos? En realidad ¿Dios ha venido a la tierra para proclamar leyes? O lo que es lo mismo ¿tiene Dios una voluntad manifestada por leyes y mandamientos para guiar la vida de los hombres? Entonces debemos plantearnos nuestra vida así: ¿cómo debo actuar para cumplir la voluntad de Dios? ¿Y es tan importante esto? ¿no basta guiar la vida por la propia voluntad?

Ahí se plantea algo fundamental: la vida humana ¿debe regirse por la voluntad de Dios, para ser “exitosa”? O sea una vida que no realiza el plan de Dios ¿se puede decir que se ha frustrado? Claro que aquí entramos en muchas complicaciones al plantear la vida en términos de éxito y de fracaso. Pero de todas maneras, si Dios es quien nos ha criado, y El se preocupa por nuestro bien, El escoge lo mejor para cada uno. Si El manifiesta su voluntad para cada uno, entonces tendremos que reconocer que es fundamental conocer la voluntad de Dios para cumplirla. Y esto para que nuestra propia vida llegue a la plenitud a la que puede llegar.

Y ahora viene otro asunto ¿cómo conocer la voluntad de Dios? En el Evangelio tenemos una respuesta; la principal respuesta nos ha de venir por toda la Revelación, en que Dios nos habla. La Palabra de Dios es la fuente para conocer lo que Dios nos pide; y ahí están los mandamientos de Dios. Pero hay muchas situaciones de nuestra vida que no están directamente declaradas en la Biblia. Y la voluntad de Dios debe ser buscada ¿cómo buscarla? Hay una reflexión espiritual llamada “discernimiento espiritual” y otra práctica también, la “dirección espiritual”, que nos ayudarán a salir de las tantas dudas que nos pueden venir al buscar la voluntad de Dios. Son ayudas para encontrar la voluntad de Dios en situaciones muy personales. Pero lo central es determinar que buscar la voluntad de Dios y cumplirla, es la tarea central de una existencia cristiana.

Todo esto puede ser complicado o puede aparecer como complicado. Por eso la respuesta de Jesús en este Evangelio simplifica todo: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Este es el resumen luminoso de la voluntad de Dios, de su plan sobre el hombre, de toda su búsqueda. Y esa es la tarea de la vida, la fundamental; la que pone al descubierto si “nos realizamos” o si vivimos una vida equivocada.

Esto tiene una lógica contundente. Y por otra parte en nuestras entrañas llevamos grabado el mandamiento de Dios: hemos sido criados para amar a Dios y al prójimo; y nuestro ser se frustra cuando no amamos de verdad.

Buena tarea para una vida: plantearse en serio ¿cómo voy a amar a Dios de esa forma que me plantea Jesús? Con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente, con todas mis fuerzas. Es decir que mi ser esencialmente, totalmente, con todo lo que soy por dentro y por fuera, tiene que ser un continuo ejercicio de amor. Plantearse como tarea de la vida el amor a Dios, de forma que todo lo demás pase a segundo plano, que quede en la penumbra, y que solo valga en la medida en que se dirige o deriva de ese amor, apasionado, auténtico y total. Vivir amando y vivir para amar a Dios: con todo el corazón, el alma, las fuerzas. Esa forma tan explicita de declarar el mandamiento del amor nos indica la totalidad y la determinación firme de vivir así y para este fin.

Y al prójimo como a nosotros mismos. Buena meta también de la existencia humana en nuestras relaciones con nuestros semejantes: que cada hombre sea visto por mí como un objeto de amor: decidirse a no hacer nada contra el amor, ni de pensamiento, ni de palabra, ni de obra. Y esto en cualquier circunstancia; con el ser que me es simpático y con el que me fastidia, incluso con el que me es hostil. Y esto además es lo que finalmente me dirá si mi amor a Dios mismo es auténtico o no.

Hemos sido hechos por Dios para el amor; eso en el fondo significa el mandamiento. El mandamiento significa cuál es el sentido de la vida humana y en qué consiste la esencia del ser hombre.



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Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.




Doctrina Social de la Iglesia - 14. El Trabajo I

 


P. Ignacio Garro, jesuita †

Continuación...


4. EL TRABAJO  [1]


El trabajo es una de las actividades principales de la persona humana. En último término, esta actividad, como otra cualquiera de un ser contingente, es el despliegue de su ser humano es decir, ser persona. Todos los seres realizan algún tipo de actividad según su grado de perfección y de ser. La persona humana posee en sí una actividad propia consciente, con inteligencia y voluntad, la realiza en libertad y creatividad propia. En tres notas se pueden resumir la naturaleza del trabajo

a. Es un despliegue o proyección que procede del ser humano

b. Envuelve una actuación o una perfección de su personalidad

c. Significa una real o eventual perfección de sí mismo o del mundo que le rodea.

Vamos a estudiar el tema del trabajo como actividad productiva en la que la persona humana realiza su misión de colaborador con Dios en la obra de la creación. Nuestro objetivo al estudiar este tema consiste en:

  • Considerar hoy día el trabajo como un bien muy fundamental y ello por varias razones. Porque con el trabajo la persona humana contribuye al desarrollo como persona, en el ámbito personal o familiar. Porque con el trabajo se contribuye al bien de la sociedad y al desarrollo de los pueblos.
  • Hoy día casi todas las Constituciones del Estado moderno consideran que todo ciudadano mayor de edad tiene el derecho a tener un trabajo como algo fundamental en el desarrollo de su vida. Una sociedad de personas humanas en la que no hay trabajo para todos se distorsiona seriamente el desarrollo de la persona, el bien de la familia y el desarrollo y progreso de la sociedad. Hoy día tener un puesto de trabajo es lo mínimo que se puede pedir, y sin embargo tener un trabajo estable, bien remunerado, es un bien muy escaso; muchas personas no tienen trabajo y esto es una verdadera tragedia para la persona humana y para la sociedad. El derecho a tener un trabajo bien remunerado en el que se permita vivir a la persona humana con dignidad y con capacidad de alimentar a su propia familia, está exigido por la misma dignidad de la persona humana.
  • Descubrir el sentido del trabajo productivo como una forma de actividad humana.
  • Profundizar en el sentido humano y cristiano del trabajo y en las exigencias derivadas de ahí.
  • Comprender las consecuencias que se siguen de la crisis actual para el trabajo y en la sociedad del futuro.

Para esto desarrollaremos el tema en dos puntos:

  • El trabajo en la sociedad industrial
  • La doctrina de la Iglesia sobre el trabajo

 

4.1. EL TRABAJO EN LA SOCIEDAD INDUSTRIAL

El trabajo en la sociedad industrial vino a sustituir históricamente a los antiguos oficios artesanales. Para comprender la novedad del trabajo artesanal detengámonos un momento en describir lo que eran los oficios en la época preindustrial.

               

4.1.1. EL OFICIO ARTESANAL

La primera característica de la labor artesanal es que en ella la herramienta de trabajo es utilizada directamente por la fuerza humana. En el trabajo industrial la fuente de energía cambia: el trabajador utiliza una energía que es exterior a él, y que él sólo tiene que controlar o dirigir por medio de sistemas mecánicos o eléctricos, o electrónicos. Pero quizá el rasgo más propio del oficio es que éste solía designar una habilidad completa, mediante la cual la persona se afirmaba como autor total de una obra. Lo que salía de sus manos era realmente su "obra". En la vida social el "oficio" era fuente de identidad y vía de realización personal. El artesano iba perfeccionando su habilidad, así como los instrumentos empleados. La revolución industrial va a provocar cambios en todo este sistema de producción y la labor manual del trabajador.

               

4.1.2. LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

La relación entre capital y trabajo cambia. La revolución tecnológica supone un incremento espectacular en la productividad del trabajo, gracias al empleo no sólo de nuevas fuentes de energía (máquina de vapor, electricidad, etc.), sino también a la mecanización creciente incorporada a la productividad. Pero este progreso en la eficacia del trabajo tiene un precio: la división en partes del trabajo, es decir, la "especialización", en la que el obrero realiza sólo una parte del total del trabajo, ya que este se realiza en cadena, es decir, en serie; él simplemente colabora en una fase de producción (con su especialización). Por eso nunca llega a sentirse "autor" de un producto industrial ya terminado que sale a la venta del público. El obrero, a lo máximo, puede afirmar que él ha colaborado en la cadena de producción, pero él no es el autor de ese producto. Todo esto origina que en la sociedad industrial el obrero, sea una parte más de la cadena de producción, es verdad que es persona, no máquina, pero es una "parte" más. Así el obrero ha perdido la vinculación directa y satisfactoria que tenía el artesano con la realización completa de sus obras. El obrero recibe como recompensa de su trabajo en la cadena de producción un "salario"[2].

Además, en el sistema capitalista, el trabajo se reduce a una mercancía más. Una "mercancía" es un objeto que puede ser vendido, un objeto cuya razón de ser es la posibilidad de ser vendido. De él no interesa su cualidad, sino su dimensión cuantitativa, es decir, su "precio". Dicho de otra manera: interesa, más que el "valor de su uso", (utilidad real de una cosa), su "valor de cambio" (la posibilidad de ser vendido en el mercado). El trabajo como mercancía queda reducido a un objeto de intercambio mercantil, algo que se vende a cambio de un precio. Lo que el obrero vende al capitalista no es el producto de su trabajo, sino su capacidad de trabajar: el producto pertenece, por principio, al que le contrata (al capitalista).


4.1.3. CARACTERÍSTICAS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

A la luz de lo que acabamos de describir, podemos caracterizar al trabajo industrial con los siguientes rasgos: es un trabajo que se realiza:

  • Por cuenta ajena: en la medida en que el obrero carece de medios para producir eficazmente su producto, tiene que recurrir a quien posee los medios y ponerse a su servicio, por medio de un salario.
  • Dependiente de la máquina: si en algún sentido la máquina libera al hombre, sobre todo del esfuerzo físico, también le impone, la máquina, su ritmo de trabajo, y le obliga a que se someta a sus reglas de funcionamiento, con lo cual el obrero depende de la máquina.
  • Colectivo ( o en cadena), no hay obra personal, sino que el trabajo del obrero es el resultado final de muchas aportaciones en serie, o en cadena, de otros obreros. El producto final del trabajo no es obra de uno solo, sino de muchos.
  • Rutinario: es un trabajo, por lo general, carente de creatividad, ya que se limita a la repetición de una secuencia que siempre suele ser la misma.
  • Fuertemente especializado: cada eslabón de la cadena de producción realiza una tarea concreta, según la programación del trabajo, así cada obrero se especializa de una parte del trabajo total, pero ninguno domina todas las fases. El obrero es especialista en una parte del trabajo, no sabe más de otras tareas.
  • Puntual: en el marco de una cadena de producción y sin ningún control sobre el producto final. Esto significa que su trabajo personal, se diluye por completo, su responsabilidad se limita a su trabajo especializado en concreto, ignora todo lo que ocurre en el proceso total.[3]

Esta forma tan peculiar de actividad es lo que llamamos modernamente "trabajo", pero este concepto que emplea la sociedad industrial es enormemente restringido. Cabría sintetizarlo diciendo que es una "actividad productiva  remunerada". Cualquier otra forma de actividad, aunque sea útil a la persona o a la sociedad, no es considerada como trabajo.

 

4.1.4. EL TRABAJO EN LA SOCIEDAD INDUSTRIAL Y EL ESTADO DE BIENESTAR SOCIAL

De los rasgos que acabamos de enumerar se sigue además que para la "sociedad industrial" el trabajo es, ante todo, un "factor de producción". Por eso, el "criterio clave" para su valorización es la productividad económica. Pero, por esta misma razón, el trabajo tiende a ser deshumanizador, ya que desarrolla las dimensiones menos humanas del obrero.

Sin embargo, esa forma de actividad productiva y remunerada que llamamos "trabajo", ha terminado siendo la pieza clave de la cultura moderna industrial. En esta vida todos aspiramos a tener un trabajo, que esté bien remunerado y que  permita vivir con holgura y felicidad. Y la sociedad industrial, desde sus orígenes, alentó la esperanza de que, efectivamente, todo el que quiera trabajar tendrá un puesto de trabajo. En la primera época del capitalismo liberal, ese objetivo de pleno empleo, es decir, la posibilidad de que haya trabajo para todos, era confiado al mercado libre (es decir, a la ley de la oferta y de la demanda). Sin embargo, las crisis finales del siglo pasado y comienzos de este siglo pusieron en duda en la capacidad del sistema capitalista para dar trabajo a todo el que quisiera, en definitiva había más trabajadores, que puestos de trabajo. Después de estas crisis fue el Estado el encargado de encontrar trabajo para todos.

En efecto, como vimos en el capítulo 3º 7.16 entre las competencias del Estado del Bienestar Social, una de las más decisivas era la de crear condiciones socio-político-económicas para que todos los ciudadanos tengan trabajo, y un salario bien remunerado. Y durante un tiempo, este fue uno de  los éxitos que obtuvo en sus experiencias en los países de Europa Occidental. Pero esta experiencia está  llegando a su fin, pues la crisis reciente de los años 90 ha demostrado que uno de los problemas más graves que experimentan todos los Estados del Mundo de Occidente con su diversidad de Gobiernos es la crisis de trabajo.[4] Las consecuencias importantes del factor trabajo las podemos resumir diciendo que para el hombre de nuestro tiempo el trabajo como "actividad productiva remunerada" es un constitutivo esencial de la existencia humana. El trabajo desempeña tres funciones fundamentales:

  • Ante todo es fuente de realización personal. Si la persona humana manifiesta lo que "es" por lo que "hace", el trabajo es la forma más fundamental del "hacer", es la forma que ocupa la parte más extensa e importante de la vida humana.
  • El trabajo, además, es instrumento de integración social. El que está sin trabajo piensa que no tiene un sitio reconocido dentro de la sociedad, y que ésta no le reconoce su valer personal. Por eso al obrero no le basta que le garanticen unos ingresos sin trabajar, como ocurre en aquellos Estados en que se les paga una pensión a los que no tienen trabajo.
  • El trabajo es vía de acceso a la renta. Nuestra sociedad está organizada de forma que el que no trabaja no puede participar de la renta producida entre todos los ciudadanos con trabajo. Ya sabemos que la renta tiene dos canales de distribución:

                a.- El capital

                b.- El trabajo

Al estar el capital concentrado en pocas manos, la vía normal de participar del producto social no puede ser otro que el trabajo.

Ante funciones tan decisivas, se explica que todo ciudadano aspire a tener un trabajo bien remunerado. Otras actividades no son capaces de sustituirlo. Es una de las razones que probablemente explican la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, trabajo, por supuesto además del de su casa. En efecto, las tareas del hogar han dejado de desempeñar en la cultura industrial las funciones que hemos reconocido al trabajo en el sentido antes expuesto.

 



[1] El Trabajo (generalidades) Ver León XIII R.N. nº 32. Pablo VI P.P. nº 27. J. Pablo II L.E. nº 4,5,68,12,16.

[2] Salario: Es la remuneración justa que debe el patrón, dueño, o administrador del capital, al obrero que ha cumplido la tarea pactada. Se supone que todo salario, de suyo, ha de ser justo y proporcionado, es decir, que no se limita solamente a recompensar de una manera mínima al obrero, sino que ha de ser un salario que sirva para cumplir todas las necesidades personales y familiares del obrero.

[3] Veamos por ejemplo, qué ocurre en la fabricación de un automóvil. Desde el capital necesario para instalar la fábrica, personal directivo de administración, equipo de ingenieros y técnicos que diseñan y proyectan el tipo de automóvil que quieren lanzar al mercado, los diversos tipos de obreros especializados cada uno en su tarea, en definitiva, todo el proceso en cadena o en serie que se ha llevado a cabo para que al final se produzca  un automóvil puesto a la venta del público. Después viene todo la fase de distribución del producto, publicidad, vendedor, representantes de la marca comercial, etc, etc. Hasta que finalmente llega al consumidor. En todo este proceso cada uno conoce su área de trabajo pero no domina las demás áreas, así es el trabajo industrial.

[4] En Europa en el año 1993, de una población de más de 350 millones había 15 millones de obreros sin trabajo. En Estados unidos de una población de 260 millones, son más de 10 millones sin trabajo. Y no digamos nada en el Tercer Mundo donde ya más del 50% de la población adulta activa está sin trabajo. El problema más grave de finales del S.XX es la carencia de puestos de trabajo.


Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


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