Curso Bíblico en la Parroquia de San Pedro - Lima


SECRETARIADO NACIONAL DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

PARA LEER MEJOR

"CURSO BÍBLICO"

PONENTE: P. JESÚS VALVERDE S.J.


TODOS LOS SÁBADOS
A PARTIR DEL 23 DE AGOSTO,
DE 10 DE LA MAÑANA A 11:30

INFORMES Y MATRÍCULA: OFICINAS DE LA PARROQUIA SAN PEDRO - LIMA
JR. AZÁNGARO 451
TELÉFONO 427-0266

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Papa Francisco en visita apostólica a Corea del Sur

Acceda a las publicaciones de los mensajes, homilías y discursos del papa Francisco en su visita apostólica a Corea del Sur, visitando a través de este enlace a la web de la Santa Sede y de ACIPRENSA.
Acceda AQUÍ.

La curación de la hija de una cananea

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión sobre el evangelio del Domingo XX TO. "Un milagro diferente: Jesús no quería hacerlo, se resistía, pero la fe de una mujer lo consiguió. ¿Tenemos tanta fe como para superar un aparente rechazo de Dios?. Acceda AQUÍ.

Homilía del papa Francisco en beatificación de Paul Yun Ji-Chung y 123 compañeros mártires en Corea

En la principal celebración religiosa del papa Francisco durante su visita apostólica a Corea del Sur, se beatificó a Paul Yun Ji-Chung y 123 compañeros mártires. El Papa nos recuerda que "los mártires nos invitan a poner a Cristo por encima de todo y a ver todo lo demás en relación con él y con su Reino eterno. Nos hacen preguntarnos si hay algo por lo que estaríamos dispuestos a morir." Acceda AQUÍ.

La Iglesia - 28º Parte: Estructura Jerárquica de la Iglesia

El P. Ignacio Garro, S.J. inicia un nuevo apartado en su estudio de la Iglesia, en esta oportunidad nos presenta la estructura jerárquica - Sacramento del Orden; en este aspecto la Iglesia es una sociedad orgánica y jerárquica, animada y vivificada por el Espíritu Santo y gobernada por los Obispos, sucesores de los Apóstoles, en comunión con el sucesor de Pedro, vicario de Cristo y cabeza visible de toda la Iglesia. Acceda AQUÍ.

Historia de la Devoción al Corazón de Jesús en el Perú - 5° Parte: Su expansión

Continuamos compartiendo los escritos del +P. Rubén Vargas Ugarte, S.J. sobre la expansión de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús, en esta entrega nos presenta a la Congregación del Purísimo Corazón de María como un espacio donde se vivió la devoción al Corazón de Jesús y contribuyó a su extensión en el Perú. Acceda AQUÍ

Adoración Eucarística para la Santificación de los Sacerdotes y la maternidad espiritual - Cardenal Nicola Cusano

Compartimos el testimonio del Cardenal Nicola Cusano, sobre su experiencia sobre el poder la oración de las hermanas de convento para la santificación de los sacerdotes. Acceda AQUÍ.

Jesús camina sobre las aguas

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión del evangelio del Domingo XIX. "El Señor nos invita a salir de la seguridad de la barca y que arriesguemos aunque nos parezca que caminamos sobre las aguas". Acceda AQUÍ.



Adoración Eucarística para la Santificación de los Sacerdotes y la maternidad espiritual - Cardenal Nicola Cusano

EL SUEÑO DE UN CARDENAL

El cardenal Nicola Cusano (1401-1464), obispo de Bressanone (Brixen)no fue sólo un gran político de la Iglesia, famoso legado papal y reformador de la vida espiritual del clero y del pueblo del siglo XV,
sino también un hombre de silencio y contemplación.
En un “sueño” le fue mostrada aquella realidad espiritual, que todavía vale hoy para todos los sacerdotes y para todos los hombres:
el poder del abandono, de la oración y del sacrificio
de las madres espirituales en el secreto de los conventos.


MANOS Y CORAZONES QUE SE SACRIFICAN


“... Entrando en una iglesia pequeña y muy antigua, adornada con mosaicos y frescos de los primeros siglos, al cardenal se le manifestó una visión desmesurada. Millares de religiosas rezaban en la pequeña iglesia. Ellas eran tan delgadas y unidas que todas cabían allí, a pesar que la comunidad era numerosa. Las religiosas rezaban y el cardenal nunca había visto rezar tan intensamente. Ellas no estaban arrodilladas, sino derechas de pie, la mirada fija no lejana, sobre un punto cercano a él, pero no visible a sus ojos. Sus brazos estaban abiertos y las manos dirigidas hacia lo alto, en una posición de ofrenda”. 

Lo increíble de esta visión es el hecho que estas religiosas en sus pobres y sutiles manos tenían hombres y mujeres, emperadores y reyes, ciudades y naciones. A veces las manos se estrechaban alrededor de una ciudad; otras veces una nación, reconocible por las banderas nacionales, se extendía sobre un muro de brazos que la sostenía. También en estos casos, alrededor de cada persona orante se extendía un halo de silencio y de discreción. Pero la mayor parte de las religiosas sostenían en la mano sólo un hermano o hermana. 

En las manos de una joven y delgada religiosa, casi una niña, el cardenal Nicola vio al Papa. Se comprendía cuánto la carga pesaba sobre ella, pero su rostro brillaba de alegría. En las manos de una anciana religiosa estaba él mismo, Nicola Cusano, obispo de Bressanone y cardenal de la Iglesia romana. Él se reconoció claramente con sus arrugas y con los defectos de su alma y su vida. Observaba todo con ojos muy abiertos y asustados, pero  enseguida el susto fue sustituido por una indescriptible beatitud. 

La guía, que se encontraba a su lado, les susurró: “¡Ven cómo, a pesar de sus pecados, los pecadores que no han dejado de amar a Dios son sostenidos!”. El cardenal preguntó: “¿Entonces qué sucede a los que no aman más?”. Al improviso, siempre junto a su guía, se encontró en la cripta de la iglesia, donde rezaban otras millares de religiosas.

Mientras aquellas que había visto antes sostenían a las personas con sus manos, éstas en la cripta las sostenían con los corazones. Estaban profundamente involucradas, porque se trataba del destino eterno de las almas. “Vea, Eminencia”, dijo la guía: “así son sostenidos los que han dejado de amar. A veces sucede que se calientan con el calor de los corazones que se consuman por ellos, pero no siempre. A veces, en la hora de la muerte, pasan de las manos de quienes todavía los quieren salvar a aquellas del Juez divino, con quien luego deben justificarse también por el sacrificio ofrecido por ellos. Ningún sacrificio queda sin fruto, pero quien no acoge el fruto que se le ha ofrecido, madura el fruto de la ruina”. 

El cardenal miró fijamente a las mujeres víctimas voluntarias. Él había siempre sabido de su existencia. Pero nunca le había sido tan claro qué significaban ellas para la Iglesia, para el mundo, para los pueblos y para cada persona; sólo ahora lo comprendía con consternación. Él se inclinó profundamente delante de las mártires del amor.


Foto: Desde 550 Säben fue durante 500 años la sede episcopal de la diócesis de Bressanone. Desde 1685, es decir desde hace más que 300 años, el castillo episcopal se ha convertido en un monasterio, en donde hasta hoy, una comunidad de Religiosas Benedictinas vive la maternidad espiritual, rezando y consagrándose a Dios, precisamente como el cardenal Nicola Cusano había visto en su sueño.


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Tomado de:
http://www.clerus.org/

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Homilía del papa Francisco en beatificación de Paul Yun Ji-Chung y 123 compañeros mártires en Corea



(13-18 DE AGOSTO DE 2014)
SANTA MISA DE BEATIFICACIÓN DE
PAUL YUN JI-CHUNG Y 123 COMPAÑEROS MÁRTIRES

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Puerta de Gwanghwamun, Seúl
Sábado 16 de agosto de 2014



«¿Quién nos separará del amor de Cristo?» (Rm 8,35). Con estas palabras, san Pablo nos habla de la gloria de nuestra fe en Jesús: no sólo resucitó de entre los muertos y ascendió al cielo, sino que nos ha unido a él y nos ha hecho partícipes de su vida eterna. Cristo ha vencido y su victoria es la nuestra.

Hoy celebramos esta victoria en Pablo Yun Ji-chung y sus 123 compañeros. Sus nombres quedan unidos ahora a los de los santos mártires Andrés Kim Teagon, Pablo Chong Hasang y compañeros, a los que he venerado hace unos momentos. Vivieron y murieron por Cristo, y ahora reinan con él en la alegría y en la gloria. Con san Pablo, nos dicen que, en la muerte y resurrección de su Hijo, Dios nos ha concedido la victoria más grande de todas. En efecto, «ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor» (Rm 8,38-39).
La victoria de los mártires, su testimonio del poder del amor de Dios, sigue dando frutos hoy en Corea, en la Iglesia que sigue creciendo gracias a su sacrificio. La celebración del beato Pablo y compañeros nos ofrece la oportunidad de volver a los primeros momentos, a la infancia –por decirlo así– de la Iglesia en Corea. Los invita a ustedes, católicos de Corea, a recordar las grandezas que Dios ha hecho en esta tierra, y a custodiar como un tesoro el legado de fe y caridad confiado a ustedes por sus antepasados.

En la misteriosa providencia de Dios, la fe cristiana no llegó a las costas de Corea a través de los misioneros; sino que entró por el corazón y la mente de los propios coreanos. En efecto, fue suscitada por la curiosidad intelectual, por la búsqueda de la verdad religiosa. Tras un encuentro inicial con el Evangelio, los primeros cristianos coreanos abrieron su mente a Jesús. Querían saber más acerca de este Cristo que sufrió, murió y resucitó de entre los muertos. El conocimiento de Jesús pronto dio lugar a un encuentro con el Señor mismo, a los primeros bautismos, al deseo de una vida sacramental y eclesial plena y al comienzo de un compromiso misionero. También dio como fruto comunidades que se inspiraban en la Iglesia primitiva, en la que los creyentes eran verdaderamente un solo corazón y una sola mente, sin dejarse llevar por las diferencias sociales tradicionales, y teniendo todo en común (cf. Hch 4,32).

Esta historia nos habla de la importancia, la dignidad y la belleza de la vocación de los laicos. Saludo a los numerosos fieles laicos aquí presentes, y en particular a las familias cristianas, que día a día, con su ejemplo, educan a los jóvenes en la fe y en el amor reconciliador de Cristo. También saludo de manera especial a los numerosos sacerdotes que hoy están con nosotros; con su generoso ministerio transmiten el rico patrimonio de fe cultivado por las pasadas generaciones de católicos coreanos.

El Evangelio de hoy contiene un mensaje importante para todos nosotros. Jesús pide al Padre que nos consagre en la verdad y nos proteja del mundo.

Es significativo, ante todo, que Jesús pida al Padre que nos consagre y proteja, pero no que nos aparte del mundo. Sabemos que él envía a sus discípulos para que sean fermento de santidad y verdad en el mundo: la sal de la tierra, la luz del mundo. En esto, los mártires nos muestran el camino.

Poco después de que las primeras semillas de la fe fueran plantadas en esta tierra, los mártires y la comunidad cristiana tuvieron que elegir entre seguir a Jesús o al mundo. Habían escuchado la advertencia del Señor de que el mundo los odiaría por su causa (cf. Jn 17,14); sabían el precio de ser discípulos. Para muchos, esto significó persecución y, más tarde, la fuga a las montañas, donde formaron aldeas católicas. Estaban dispuestos a grandes sacrificios y a despojarse de todo lo que pudiera apartarles de Cristo –pertenencias y tierras, prestigio y honor–, porque sabían que sólo Cristo era su verdadero tesoro.

En nuestros días, muchas veces vemos cómo el mundo cuestiona nuestra fe, y de múltiples maneras se nos pide entrar en componendas con la fe, diluir las exigencias radicales del Evangelio y acomodarnos al espíritu de nuestro tiempo. Sin embargo, los mártires nos invitan a poner a Cristo por encima de todo y a ver todo lo demás en relación con él y con su Reino eterno. Nos hacen preguntarnos si hay algo por lo que estaríamos dispuestos a morir.

Además, el ejemplo de los mártires nos enseña también la importancia de la caridad en la vida de fe. La autenticidad de su testimonio de Cristo, expresada en la aceptación de la igual dignidad de todos los bautizados, fue lo que les llevó a una forma de vida fraterna que cuestionaba las rígidas estructuras sociales de su época. Fue su negativa a separar el doble mandamiento del amor a Dios y amor al prójimo lo que les llevó a una solicitud tan fuerte por las necesidades de los hermanos. Su ejemplo tiene mucho que decirnos a nosotros, que vivimos en sociedades en las que, junto a inmensas riquezas, prospera silenciosamente la más denigrante pobreza; donde rara vez se escucha el grito de los pobres; y donde Cristo nos sigue llamando, pidiéndonos que le amemos y sirvamos tendiendo la mano a nuestros hermanos necesitados.

Si seguimos el ejemplo de los mártires y creemos en la palabra del Señor, entonces comprenderemos la libertad sublime y la alegría con la que afrontaron su muerte. Veremos, además, cómo la celebración de hoy incluye también a los innumerables mártires anónimos, en este país y en todo el mundo, que, especialmente en el siglo pasado, han dado su vida por Cristo o han sufrido lacerantes persecuciones por su nombre.

Hoy es un día de gran regocijo para todos los coreanos. El legado del beato Pablo Yun Ji-chung y compañeros –su rectitud en la búsqueda de la verdad, su fidelidad a los más altos principios de la religión que abrazaron, así como su testimonio de caridad y solidaridad para con todos– es parte de la rica historia del pueblo coreano. La herencia de los mártires puede inspirar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a trabajar en armonía por una sociedad más justa, libre y reconciliada, contribuyendo así a la paz y a la defensa de los valores auténticamente humanos en este país y en el mundo entero.


Que la intercesión de los mártires coreanos, en unión con la de Nuestra Señora, Madre de la Iglesia, nos alcance la gracia de la perseverancia en la fe y en toda obra buena, en la santidad y la pureza de corazón, y en el celo apostólico de dar testimonio de Jesús en este querido país, en toda Asia, y hasta los confines de la tierra. Amén.



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Tomado de 
www.vatican.va

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La curación de la hija de una cananea

P. Adolfo Franco, S.J.


DOMINGO XX
DEL TIEMPO ORDINARIO

Mt. 15, 21-28


Un milagro diferente: Jesús no quería hacerlo, se resistía, pero la fe de una mujer lo consiguió. ¿Tenemos tanta fe como para superar un aparente rechazo de Dios?



Se trata en este párrafo del evangelio de la curación de la hija de una cananea. Y es un milagro muy especial, porque tiene tres peculiaridades muy particulares, que no aparecen en otros milagros: lo primero es que es una curación fuera del territorio de Israel; Jesús salió muy poco de ese territorio y no hizo milagros sino en la tierra de Israel. En segundo lugar es el único milagro al que se resiste, parecería que no lo quiere realizar (es diferente a la resistencia que aparenta en el milagro de las bodas de Caná); aquí la misma mujer cananea le va a forzar a que lo haga. En otras situaciones Jesús incluso se adelanta a hacer los milagros la mayor parte de las veces, o al menos no pone resistencia. Y en tercer lugar entra en un intercambio de palabras con la mujer cananea y aparentemente la mujer queda con la última palabra a la que el Señor ya no puede replicar, ya no dice nada más que una alabanza de la fe de esta mujer. Se podría decir que es la única vez que  Jesús pierde en una polémica; El que tuvo tantas con los personajes notables de los judíos.

Se nos enseña en este milagro la universalidad de la misión de Jesús; aunque Jesús, por sí mismo, en su propia vida, se movió casi únicamente dentro del territorio de Israel, y allí predicó, allí gastó su vida; pero ya aquí asoma la universalidad de su mensaje, de su Reino, de su salvación y redención. Y ya este milagro es un adelanto de la predicación de los apóstoles, que se extenderán por todas las regiones de la tierra. Este milagro es una primicia de la salvación universal. Después será San Pablo el que se esfuerce para hacer caer en la cuenta que la salvación de Jesús es para todos los pueblos; universalidad que Jesús señala a sus apóstoles cuando les deja su misión y les dice que vayan a predicar a todos los pueblos.

Además otro mensaje que nos deja este milagro es el de la perseverancia en la oración. A esta mujer Jesús no le hace caso, su oración parece rechazada. Incluso los apóstoles apoyan la petición de esta mujer; ellos lo hacen por cierta comodidad: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Y El entonces replica a los apóstoles y les dice: -«Sólo me han enviadlo a las ovejas descarriadas de Israel.» Parecería que la oración de esta mujer se estrella contra una pared. Pero al final la oración es la que triunfa. Pero la oración ha pasado por aparente silencio primero, y por rechazo después. La mujer ha sido puesta a prueba, y ella ha perseverado hasta el fin. Hay otras enseñanzas similares de Jesús sobre la oración: en la parábola del amigo que a hora inoportuna va a pedir unos panes a su amigo, y que si insiste en la oración, será escuchado, si no como amigo, al menos como importuno. Y lo mismo enseña en la parábola del juez injusto que no quiere hacer justicia a una pobre viuda; si el juez no le hace justicia por derecho, al menos se la hará para que le dejen en paz. Ocurre tantas veces en nuestras peticiones que nos parece que no son oídas e incluso a veces nos parecen rechazadas, como que a Dios no le interesara escucharnos. Y nunca es así.

Y muy importante lección en este milagro es la humildad de esta mujer, que acepta que la comparen con los perrillos que merodean alrededor de la mesa de sus amos. Ciertamente que suena muy dura esta respuesta de Jesús, por el calificativo que da a la mujer cananea y porque parece despreciativa de todos los que non judíos. Parecería una respuesta discriminatoria. La mujer tiene respuestas todavía por su gran humildad; acepta que la comparen con los perrillos que andan buscando migajas; está tan concentrada en la necesidad que tiene su hija, que tolera lo que parece un insulto. Lo que ella quiere es que le curen a su hija, y por eso acepta todo. Un gran amor de madre, que le hace humillarse hasta seguir insistiendo con firmeza, con fe y con humildad. Por eso al final lo que queda es un elogio a la misma mujer a la que Jesús aparentemente había rechazado.

Y ¿cómo se manifiesta la fe grande de esta mujer? En primer lugar porque acude a Jesús, siendo una extranjera. A la samaritana fue Jesús quien la buscó; ésta en cambio es la que tiene la iniciativa de buscar. Además se manifiesta la fe de la cananea porque confía en la oración, sabe que su oración al final será escuchada, a pesar de que tiene que perseverar en la petición que parecería caer en el vacío. Y finalmente porque sabe aceptar con humildad la palabra dura que le dirige el Señor. Y es notable cómo el Señor al final alaba la fe de esta mujer, y en qué forma se lo expresa: que se haga como has creído; y ella había creído firmemente y por eso su hija quedó realmente curada. Parecería que Jesús atribuye su propio milagro a la fe de esta mujer más que a su 
poder milagroso.

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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
Para acceder a otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

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