P. Francisco Del Castillo, jesuita - Vocación y la experiencia del noviciado

 


VOCACIÓN

El P. Francisco del Castillo en su biografía hace referencia de su primera experiencia que lo hace pensar en su vocación religiosa de manera seria. Sobre ello nos manifiesta:

“Estoy determinado a dejar el século (el mundo), y ha más de cuatro años que he determinado aquesto (esto)”.

Una de las situaciones que ayudó a reflexionar sobre su vocación al P. Francisco Del Castillo fue la muerte del franciscano fray Juan Gómez, quien era el enfermero del Convento Grande de Jesús, él tenía fama de santidad en la ciudad de Lima y era muy devoto del Niño Jesús, esto último había impresionado al P. Francisco. En su autobiografía recuerda que estando en las exequias de fray Juan Gómez, experimentó un consuelo muy intenso y deseos de ser muy santo.

También el P. Francisco atribuyó su vocación a la Virgen María, él acudía con frecuencia a la Capilla de Nuestra Señora de Loreto de su colegio San Martín, y es allí en sus momentos de oración, donde sintió con fuerza el llamado a la vida religiosa en la Compañía de Jesús.

Recordemos que desde su infancia mostró inclinación sobre las cosas religiosas, y el tiempo que vivió hasta esta experiencia le permitieron ir madurando suficientemente su vocación religiosa y la decisión de vivir este estilo de vida.

Desde su colegio venía siendo alentado para que hiciera su discernimiento vocacional, quienes lo ayudaron a ello fueron sus maestros como los padres Pedro Ignacio, Francisco González y Lázaro del Águila.


NOVICIADO

El P. Francisco Del Castillo ingresa al noviciado de la Compañía de Jesús, que fue fundado en agosto de 1606 y llevaba el nombre de San Antonio Abad, por ser el patrono del generoso benefactor del noviciado, don Antonio Correa, él sustentaba los gastos para su establecimiento y sustentación.

Cuando el P. Francisco Del Castillo ingresa al noviciado de la Compañía de Jesús, la provincia peruana vivía una época de florecimiento y expansión. El número de jesuitas era de 476, habían 21 domicilios: 11 colegios, una casa para el noviciado, 4 residencias, 3 seminarios de estudiantes seglares y 2 convictorios de indios. La casa de la Compañía que tenía la mayor cantidad de jesuitas era el Colegio de San Pablo en Lima, parte de este colegio es el actual Santuario Arquidiocesano del Corazón de Jesús Iglesia de San Pedro, y estaba ubicado en lo que es ahora la Iglesia, la Biblioteca Nacional y el Banco Central de Reserva del Perú. Esta Casa acogía a 163 profesores y estudiantes de Humanidades, Filosofía y Teología. De allí también había jesuitas que salía a las misiones de Chavín de Pariarca, entre los indios panataguas y carapachos, y la de los chiriguanas, en la selva de la actual Bolivia. También trabajaban en las primeras reducciones de Juli, que fueron anteriores a las famosas del Paraguay.

El P. Francisco Del Castillo fue registrado en el Libro de Ingresos del Noviciado el 31 de diciembre de 1632, cuando tenía 17 años de edad.

Lo recibió el P. Diego de Torres Vázquez quien era el Provincial de la Compañía. El Maestro de Novicios era el P. Francisco Antonio Jorge, bajo cuya dirección los novicios viviría la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

El 8 de agosto de 1633 suscribió dos hojas informativas en donde, especialmente, cuenta sus prácticas religiosas que acostumbraba realizar antes de ingresar en la Compañía (oración, meditación, rezo del Rosario, Misa, comunión confesión, etc.) y su firme intensión de perseverar en la vida religiosa.

Durante el tiempo en el noviciado, el P. Francisco Del Castillo pudo adaptarse a este estilo de vida y de exigencia en su formación, cumpliendo con exactitud las normas de esta etapa de noviciado. A través de esta etapa se busca que el novicio afiance un intenso amor a Jesucristo, la abnegación y mortificación en todas las cosas posibles, mediante una ascesis enérgica pero humana. 

Sus compañeros Juan José de Salazar y Juan de Jibaja testimoniaron que el P. Francisco vivió ejemplarmente estos dos años de novicio y manifestó que aspiraba a la perfección de la santidad. También el P. Tomás Romero, quien fue su confesor por un tiempo, declaró que el P. Francisco conservó siempre la gracia bautismal.

El P. Francisco Del Castillo vivó su época de novicio, una etapa de fuerte formación y sus variados recursos y actividades del quehacer diario, que buscaba fomentar los hábitos de autodisciplina, abnegación, obediencia, unión con Dios y armonía de pareceres.

La meta se puede decir que es conocer más a Jesús y vivir según su estilo de vida, y para ello es fundamental vivir la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, de un mes de duración que preparan al futuro apóstol. Durante esta experiencia los ejemplos de vida de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, que había sido canonizados dos años antes, estuvieron presentes durante este período de intensa oración.

Según el esquema de la formación en el noviciado de aquellos tiempos, los días jueves tenía el día libre para descansar. Las grandes huertas interiores del noviciado, invitaban a los novicios a pasear y tener contacto con la naturaleza, sin necesidad de salir de la ciudad. Entre la variada vegetación que los novicios cultivaban y cuidaban, había ermitas y capillas dispersas. La principal capilla y más frecuente visitada era la de Estanislao de Kostka (1550-1568), patrono de los novicios, cuya vida era propuesta como ejemplo para los novicios. El P. Francisco acostumbraba visitar esta capilla para su oración, en especial las dirigidas a la Virgen.


Para acceder al Especial sobre el P. Francisco Del Castillo, jesuita



...

Referencia bibliográfica: Francisco Del Castillo, El Apóstol de Lima. P. Armando Nieto Vélez S.J. Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial 1992. 





No hay comentarios: