Jesús de Nazaret - 5º Parte

P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


2. Jesús llama a sus discípulos. La Vocación


Ser llamado por Cristo significa “seguirle” y esto es la vocación. Una vocación para compartir su vida para poder compartir, después, su misión. Esto es realmente original en Jesucristo. Al iniciar su vida pública apostólica, Cristo reúne a su alrededor un grupo de discípulos. Rodearse de discípulos, vivir con ellos, enseñarles a conocer e interpretar los Libros sagrados, era – en tiempos de Jesús – un procedimiento habitual. Cualquier maestro de Israel tenía un grupo de discípulos que recibían el nombre de “seguidores”. A nadie podía extrañarle demasiado que Jesús hiciera lo mismo.

Sin embargo lo propio, lo característico del seguimiento de Jesús en el radicalismo de su seguimiento, comparándolo con cualquier otro maestro de Israel, es Cristo quien toma la iniciativa en el llamado, o vocación, es Jesús el que elige  y sale  al encuentro de sus discípulos, Mt 4, 18-22; Mc 1, 16-20; Lc 5, 1-11. Jn 1, 35-51. Jesús no espera que vengan sus discípulos a él. El los llama. Esto era inaudito, totalmente, en tiempos de Cristo. Ningún maestro elegía a sus discípulos. Eran los discípulos quienes elegían a su maestro, siguiendo su propia inclinación o sus preferencias personales. En el caso de Jesús es distinto. Es él quien llama. Y tiene especial  interés en que todos lo adviertan sin que quede posible lugar a la duda.

Jesús no admitió entre sus discípulos a ningún espontáneo, más bien les dio evasivas o les puso dificultades, Mt 8, 18; Lc 9, 61. Quizá hacia esto para que nunca tuvieran el secreto convencimiento de que el primer paso lo habrían dado ellos, por su propia iniciativa. Por eso el seguimiento de Cristo antes de ser una respuesta es una llamada, Cristo toma la iniciativa, elige, llama, el discípulo, éste, libremente acepta o rechaza el llamado.

El seguimiento de Cristo antes de ser un quehacer humano, es un don gratuito, una verdadera gracia divina: “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no le atrae”, Jn 6, 44. Y con más claridad les recordará: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros”, Jn 15, 16. En el NT. discípulo es el que, llamado por Jesús, Mt 4,18.s.s, sigue su camino, Lc 9, 57-62; debe de observar la voluntad de Dios Mt 10, 29, e incluso adhiriéndose sin reservas a la persona de Jesús, ir has­ta la muerte y a la entrega total de su vida por amor, Mt 16, 24. En Hechos de los Apóstoles todo creyente bautizado, es considerado "discípulo", Hech  6, 1; 9, 19. Por lo tanto es Jesús quién llama, o admite al seguimiento, porque quieren ser ciudadanos del Reino de Dios.

2.1. El Seguimiento a Cristo

“Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará”, Mt 16, 24-26. Mc 8, 34

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo tome su cruz cada día, y sígame... pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?”, Lc 9, 23-27.
           

2.2. Exigencias del seguimiento

Renuncia total: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará”, Mt 10, 37.

“Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleva su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío”, Lc 14, 26-27.

“Maestro te seguiré a donde quiera que vayas ... las zorras tienen guaridas, las aves tiene  nidos, el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza", Mt 8, 19-20.

“Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. Dícele Jesús: Sígueme, y deja que los muertos entierren a los muertos”, Mt 8 21-22.

“También otro le dijo: “te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa” Jesús le dijo: "Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios”, Lc 9, 61-62.

“El que no está conmigo está contra mí; el que conmigo no recoge desparrama”, Mt 12, 30.
           

2.3.  Recompensas en el seguimiento

“Pedro, tomando la palabra dijo: “ya ves que lo hemos dejado todo y te hemos seguido: ¿qué recibiremos, pues? Jesús dijo: “Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna”, Mt 19, 27-29: Mc 10, 28-31, Lc 18, 28-30   


2.4.  Dinámica del Seguimiento de Jesucristo

a. Llamamiento:
Mt 4, 18-20: “.. vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés .. y les dice: Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres ..”, Mt 4, 18-20.
“...vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan ... y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron”, Mt 4, 21-22.

b. Seguimiento:
Mt 16, 24-26: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará”.

c. Imitación:
Mt 11, 28-30: “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso en vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.
            Filp. 2, 5: “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo”.

d. Identificación:
Gal 2, 19b -20: “...con Cristo estoy crucificado; y ya nos soy yo, sino que Cristo vive en mí. Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí”.
            Filp. 1, 21: “pues para mí la vida es Cristo”.

e. Misión:
Jn 17, 18: “Como tú me has enviado, yo también los he enviado al mundo”.
Lc 9, 1-2: “Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades, y les envió a proclamar el reino de Dios y a curar”.
Mc 3, 13-14: “Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron junto a él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar”.
Mt 10, 1, s.s: “Y llamando a sus doce discípulos, les dio el poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia”.



2.5.  Vocación de los Doce Apóstoles

Uno de los sucesos más importantes y trascendentes de la vida públi­ca de Jesús es el acto de elegir a los Doce Apóstoles. Mc 3, 13-l9; Mt 10, 1-4. En la vocación de los Doce, Jesús continúa lo empezado en el llamado de los primeros discípulos. Parece ser que de 72 discípulos, Mt 10, 1, Jesús eligió los Doce, por lo tanto la elección de los Doce fue iniciativa de Jesús y de la importancia de la elección nos habla cuando subraya el evangelista que Jesús se preparó toda la noche en o­ración con su Padre, Mc 6, 12-16: "Y eligió a los que quiso, y vinie­ron donde El. Instituyó a los Doce, para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar". Mc 3, 13-14. Podemos aclarar esta elección de esta manera:

            1.- “Eligió a los que quiso”,  (iniciativa divina)
            2.- “Vinieron donde él”,  (formaron comunidad apostólica)
            3.- “Instituyó a los Doce”,  (colegio apostólico)
            4.- “Para que estuvieran con él”,  (convivencia fraterna)
            5.- “Para enviarlos a predicar”,  (participación de su misión apostólica y salvífica).

La vocación se hace de acuerdo a la voluntad del Padre y por encargo suyo; era el cumplimiento del decreto de la eterna economía salvífica de Dios. La elección no era capricho o pura casualidad sino disposición de Dios. Este pequeño círculo de discípulos fielmente entregados, que acom­pañan a Jesús continuamente, será iniciado en los misterios del ­Reino de Dios, Mc 4, 10 y educado en la escuela de Jesús para el a­postolado.

Son los verdaderos parientes de Jesús, Mc 3, 34, y junto con un pequeño número de creyentes forman el "resto santo de Israel" que encuentra la salvación, y por ser este resto son también el nú­cleo de la Iglesia posterior y los portadores de su misión salvífi­ca universal. Igualmente las profecías de la Pasión y las enseñan­zas sobre el verdadero concepto del discipulado estuvieron reserva­das a ellos, Mc 8, 31; 9, 30; 10, 32; Mt 10, 5-33. Sólo ellos pudieron ce­lebrar con el Señor la Ultima Cena, Mc 14, 17. Finalmente fue el Espíritu Santo quien les abrió los ojos para ver la obra de Cristo y entender todas sus palabras.

Acerca del número de 12 tiene un simbolismo muy especial. Para los israelitas era especialmente santo por los 12 patriarcas y las 12 tribus que componen el pueblo elegido de Israel. Del tiempo mesiánico se esperaba justamente la restauración de las 12 tribus de Is­rael. Cuando Jesucristo elige a los doce implícitamente está dicien­do que ha llegado el tiempo de nacer un Nuevo Pueblo, no según la carne, sino según el espíritu universal salvífico, el nuevo Israel, la Iglesia. Esto fue profetizado por Isaías y Jeremías. Así el nuevo pueblo nace del antiguo Israel y crece sobre él y lo trasciende; a­sí resulta que en el Reino de Dios, los Doce se sentarán en 12 tronos para juzgar a las 12 tribus de Israel, Mt 19, 28.


2.6. Misión de los Doce Apóstoles

Hemos visto que la elección de los discípulos y la institución del grupo de los Doce Apóstoles son dos grados de creación del nuevo Pueblo de Dios. Apóstoles y discípulos son los seguidores de Cristo, y son en embrión la base de la que surgirá la Iglesia. Un grado más es la misión específica de los Doce por Jesús. Hemos visto en Mc 3, 13-14, que: "los llamó para que estu­vieran con El", aspecto existencial y comunitario y "para enviarlos a predicar", aspecto apostólico de colaboradores directos en la proclamación de la Buena Nueva, Mt 10, 5, s.s. Tienen poderes especiales y específicos. Instrucciones concretas. Actitudes fraternales y apos­tólicas. Los instruye acerca de su comportamiento. Les advierte de los peligros. Les predice peligro y persecuciones. Les exhorta a que hablen en público y sin temor y que serán señal de contradicción,  Mt 10, 5 s.s.

Los Doce Apóstoles fueron elegidos por Cristo para que le acompañaran y para enviarles a predicar la Buena Nueva del Reino. Por lo tanto tenían la misión de representar a Cristo como el enviado del Padre. Cristo por ser el Enviado del Padre, tiene poder para con­fiar a los apóstoles una misión independiente y responsable, sin que por eso dejen de estar unidos a El. Según el principio semita oriental de que el enviado de una persona es como la persona misma a quien re­presenta, Cristo envía a sus discípulos asegurándoles: "El que a voso­tros os recibe, a Mí me recibe, y el que me recibe a Mí, recibe al que me envió", Mt 10, 40. S. Lucas dice en 10, 16: "Al que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros rechaza, a Mí me rechaza, y el que me rechaza a mí rechaza al que me envió". Aquí vemos que la representación concedida a los após­toles está puesta en estrecha relación con la representación de Dios Padre concedida a su Hijo Jesucristo.

A los apóstoles les es concedi­da por las palabras de Cristo una autorización extraordinaria que vie­ne del cielo y se orienta hacia el cielo. Basados en la propia autori­dad del mismo Cristo son a su vez transmisores encargados y autoriza­dos del Padre celestial. Por eso rechazar a un apóstol significa recha­zar a Dios mismo. La relación entre mandante (enviado) y mandatario (el que envía) apa­rece clara, cuando Cristo dice: "No es el siervo mayor que su Señor, ni el enviado mayor que el que envía", Mt 10, 24; Jn 13, 16. Así pues, Cristo transmitió a sus enviados, a sus apóstoles, el poder único y ple­no que El mismo tenía en cuanto enviado del Padre. Esto implicaba la autorización y obligación de proclamar el Reino de Dios y de vencer a los enemigos del Reino (demonios, enfermedades y muerte). Los após­toles obran por autorización del mismo Cristo. Quien no está autori­zado por El no puede pretender representarle.


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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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Jesús de Nazaret - 1º Parte: El Misterio de Cristo

Jesús de Nazaret - 2º Parte: El Misterio de la Encarnación


Jesús de Nazaret - 3º Parte: Nuestra comunión en los Misterios de Jesús

Jesús de Nazarte - 4ºParte: Los Misterios de la Vida Pública de Jesús