Especial de ADVIENTO

De nuevo llega la Navidad. Es Dios, hecho hombre, que llama al corazón de cada uno. Despertemos.



"Se acerca la liberación" 
(Evang. de la Misa)


Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor Tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esta vida que puede salvarlo.

Jesucristo, Palabra del Padre,
Luz eterna de todo creyente:
Ven y escucha la súplica ardiente,
ven, Señor, porque ya se hace tarde.

(Del himno litúrgico de Vísperas)



La predicación de San Juan Bautista

La Anunciación del Ángel a María

P. Adolfo Franco, S.J.

ADVIENTO
4º Domingo

Lc 1, 26-38

El Adviento primero de la historia comenzó justamente con el anuncio del ángel Gabriel a la Virgen María.


El Adviento se nos termina: ya está para llegar la Promesa que han esperado los hombres en tantas generaciones. El párrafo del evangelio de hoy es la primera página de los Nuevos Tiempos. Tres son los personajes que componen esta escena delicada y llena de una fuerza incontenible.

El primer personaje es el Arcángel Gabriel. Se presenta trayendo palabras nuevas, dirigidas a una persona excepcional (su nombre era María). Pero al dirigírselas a ella que es el prototipo de la humanidad nueva que la salvación va a establecer, también son dirigidas a todos nosotros. ALEGRATE, es la primera palabra que dice el Arcángel en su mensaje. Es mucho más que un deseo, es también un programa de vida: ese debe ser nuestro vivir, una alegría que tiene sus raíces en la Salvación que se nos va a dar. Y añade: LLENA DE GRACIA. En este calificativo de María,  ha descubierto la riqueza de privilegios de esta mujer excepcional. Pero también el mensaje se derrama hacia nosotros: Dios nos va a invadir de plenitud, El quiere que también nos llenemos de su vida. El Ángel además insiste: NO TEMAS. Con esta venida del Señor se terminan los temores, porque el Enemigo va a ser derrotado definitivamente, y si no hay peligro ni enemigo, no tiene por qué haber temor.

El segundo personaje de la escena es María. Es una personalidad de una grandeza sin límites ni dimensiones: es siempre más que lo se puede pensar. Es la PUERTA de Dios: Él va a entrar en el mundo para hacerse hombre, y va a entrar por esa PUERTA; en Ella se hace el misterio del Dios-Hombre; y por Ella, como por arco triunfal va a entrar el Esperado de las naciones. Es además, como decía el Ángel la LLENA DE GRACIA. Aquí culmina al fin la batalla que se empezó en el primer Paraíso: Ella es llena de gracia, porque es el símbolo del triunfo total sobre la antigua serpiente ("Pongo enemistad entre ti y la serpiente, entre tu descendencia y la suya" Gen. 3, 15). María es la Virgen que es a la vez Madre: Dios se hace hombre,  no por simple voluntad de hombres, sino por puro don de Dios. Comienza en María una nueva relación de Dios con nosotros: relación de gratuidad total de sus dones, y la superación de todos los cálculos, y de lo simplemente racional. La Encarnación nunca será la simple consecuencia de un deseo humano. El ESPIRITU SANTO estará sobre ti: y desde este momento, ese Espíritu será la gran riqueza que Dios comunica a todos sus hijos; el Espíritu nos enseñará todo, podremos decir a Dios PADRE, porque el Espíritu nos lo hace decir, y seremos bautizados por Jesús en Espíritu Santo. Esta Mujer así bendecida por Dios, es simplemente la ESCLAVA DEL SEÑOR, la que cumple su PALABRA.

Y el Personaje Central: el Verbo hecho carne. De Él hace el ángel una sintética descripción, una especie de identikit: es HIJO DE MUJER, Hijo de María, es JESUS, es GRANDE, HIJO DEL ALTISIMO, tendrá el TRONO DE DAVID su padre, y su Reino NO TENDRA FIN. Es una lección de la más maravillosa Cristología. Su realidad humana queda totalmente fuera de dudas: hijo de mujer; así que es un hombre realmente. Pero además es Grande e Hijo del Altísimo: tan grande como la Infinitud de Dios, y Dios, como su propio Padre. Es toda una persona que simultáneamente se iguala a Dios, porque lo es, y se iguala al hombre porque también lo es. En El se junta el cielo con la tierra: el hombre puede escalar las más elevadas alturas, porque El conecta el cielo con la tierra. Y se llama JESUS, que significa salvación: El dirá que no ha venido a juzgar, sino que toda su vocación desde su entraña, es salvar. Y se completa esta descripción densa y apretada que hace el Ángel con la afirmación del TRONO: el de David, porque viene a ser el Conductor del pueblo depositario de las Promesas; pero se añade, que su REINO no tendrá fin: ni límite temporal, ni límite geográfico, y por eso mandará a sus discípulos (cuando llegue el momento), como mensajeros a TODOS LOS PUEBLOS.


La Anunciación es realmente la aurora de este nuevo esplendoroso día. El Adviento se nos acaba, amanece la Navidad.





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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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Nacimiento de Jesús: imágenes y citas bíblicas


Al principio existía la Palabra, 
y la Palabra estaba junto a Dios, 
y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra 
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

En ella estaba la vida, 
y la vida era la luz de los hombres.

Y la Palabra se hizo carne 
y habitó entre nosotros. 
Y nosotros hemos visto su gloria, 
la gloria que recibe del Padre como Hijo único, 
lleno de gracia y de verdad.

Jn. 1, 1-4,14




En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».
María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».
El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios».
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho».Y el Angel se alejó.
Lc. 1, 26-38









Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
"La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel", que traducido significa: «Dios con nosotros».
Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa,
y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús.
Mt. 1, 18-25









En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,
porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.
Lc. 1, 39-56






En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo.
Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria.
Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.
José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David,
para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.
Lc. 2,1-5







Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre;
y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.
Lc. 1,4-7

El pueblo que andaba a oscuras vio una luz intensa.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado.
Y se llamará Admirable-Consejero, Dios-Poderoso,
Siempre Padre. Príncipe de Paz.
Grande es su Señorío y la paz no tendrá fin.
Is. 9,1.5-6





En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.
De pronto, se les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor,
pero el Angel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo:
Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.
Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre».
Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!».
Lc. 1,8-14










Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado».
Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño,
y todos los que los escuchaban quedaron admirados de que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Lc. 1,15-20









Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se el puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Angel antes de su concepción.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor".
También debían ofrecer un sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casa en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
Lc. 2,21-39










Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén
y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo».
Mt. 2, 1-2.









Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.
Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías.
«En Belén de Judea, –le respondieron–, porque así está escrito por el Profeta:
"Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel"».
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella,
los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje».
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño.
Mt. 2,3-9








...y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra.
Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.
Mt. 2,11-12










Después de la partida de los magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
Mt. 2,13








José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: "Desde Egipto llamé a mi hijo".
Mt. 2,14-15



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La voz que grita en el desierto

P. Adolfo Franco, S.J.

ADVIENTO
3er Domingo

Jn. 1, 6-8. 19-28

La misión de Juan Bautista es dar testimonio de la luz; una buena misión para nosotros y especialmente en esta preparación de la Navidad.



En este domingo de adviento el evangelio nos presenta a Juan Bautista, el precursor del Mesías. Así pues es necesario que en la preparación del Nacimiento de Jesús reflexionemos también sobre aquel que tenía que “preparar los caminos del Señor”.

Y hay básicamente tres afirmaciones sobre la figura de este hombre extraordinario, a quien Dios le confió una de las misiones más asombrosas en el plan de salvación. Estas tres afirmaciones son: “él no era la luz, sino testigo de la luz”. La segunda: “Yo no soy el Mesías..., sino la voz que grita en el desierto”. Y la tercera igualmente sorprendente: “No soy digno de desatar sus sandalias”.

En esta presentación que nos hace el evangelio de San Juan sobre este otro Juan, se subraya el papel del Bautista en relación al Mesías. La razón de ser de Juan el Bautista es el Mesías, ser su precursor, el que lo anuncia, el que prepara sus caminos. Es una especie de señal del camino, que señala a Jesús. Y siempre mantiene su lugar sin salirse de él, sin pretender apoderarse de un nombre y una función que no son los suyos; a pesar de que algunos pensaban que Juan era el Mesías. Y en el momento en que los enviados de los sumos sacerdotes le preguntan sobre esto, él no se apropia el nombre ni la misión del Mesías. Una lección que deberían también aplicarse todos aquellos que se apropian  en algún campo una función de Mesías: ¡tantos falsos Mesías han surgido!!! Y de paso también nos podemos aplicar esta lección, todos: sólo Jesús es el Mesías.

A Juan Bautista le basta ser testigo de la luz. Qué papel tan hermoso y qué bien lo cumplió. Y nos invita a nosotros a ser también testigos de la luz. También nosotros estamos destinados ante nuestros hermanos a ser precursores del Señor, a prepararle los caminos por donde El pueda llegar a los demás. Y para eso, para cumplir bien esta función, debemos ser testigos de la luz, ser TESTIGOS. Una luz que se nos ha descubierto algún día y de la cual nosotros hablamos, porque aún conservamos en el corazón su resplandor. Qué maravilla tener en el corazón el resplandor de esa luz, de la cual queremos ser testigos. Una buena tarea para la vida: Ser testigos de la LUZ. Esto nos hace recordar que Juan el Bautista fue “iluminado” por la Luz, cuando aún era un bebito en el vientre de su madre, cuando el saludo de María llevó hasta este ser en gestación los rayos del que era la LUZ.

Nosotros un día fuimos iluminados, era cuando empezábamos nuestra existencia cristiana, y se nos entregó una lámpara encendida, y se nos dijo: “recibe esta luz, para que aumente”. Seamos siempre testigos de la luz.

La voz que grita en el desierto. El mensajero vive en el desierto y desde esa experiencia de la soledad y de la austeridad tiene autoridad moral para gritar la conversión. Gritar la conversión, es algo similar a ser testigos de la luz. Pero el mensaje debe ser gritado: debe hacerse oír en un mundo de sordos y de indiferentes. En un mundo donde hay tantos ruidos que apagan la voz del mensajero. Hay que anunciar el mensaje en un mundo aturdido por los ruidos falaces de tanta propaganda. Si el testimonio no es fuerte, nuestra voz queda apagada por otros sonidos. Y a veces es necesario experimentar el desierto para poder gritar el mensaje. Como Juan el Bautista que no teme lanzar su voz poderosa, proclamar en voz alta la verdad, aunque esta verdad le llevará un día al martirio en manos de Herodes.


Y él no se considera ni digno de desatar las correas de las sandalias del Mesías. Es una actitud de admiración y respeto por el Mesías. Reconocer la grandeza de Dios, adorarlo, reconocerlo en Jesucristo. Juan Bautista así empieza a plantear la fe en Cristo como hombre y como Dios. Una fe que era tan importante, que Cristo mismo dijo que en eso consistía lo que Dios quería, que se reconociese a Jesús, como el Hijo. Y una fe que resultó tan difícil. Esta afirmación de Juan Bautista la podemos considerar como el modelo para la fe de todos los creyentes: yo me postro ante Jesús, que es mi Dios, aunque tampoco soy digno ni de besarle los pies.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
Para acceder a otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

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Primera Comunión y Confirmación 2014 en San Pedro, palabras del Párroco

Con ocasión de las ceremonias de Primera Comunión y Confirmación en nuestra Parroquia, el P. Enrique Rodríguez S.J. nos comparte sus impresiones. Acceda AQUÍ.

Primera Comunión 2014 en San Pedro, Lima

En la Solemnidad de Cristo Rey, domingo 23 de noviembre, se celebró la Misa donde más de 90 niños y niñas preparadas en nuestra Parroquia recibieron por primera vez el Cuerpo de Cristo, compartimos una nota, impresiones de algunos catequistas e imágenes de la ceremonia. Acceda AQUÍ.

Confirmación 2014 en San Pedro, Lima

El domingo 16 de noviembre se celebró la Misa donde jóvenes y adultos preparados en nuestra Parroquia recibieron el sacramento de la Confirmación. Acceda AQUÍ.

Homilía - Solemnidad de la Inmaculada Concepción

Compartimos la homilía de nuestro Director el P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J. con motivo de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Acceda AQUÍ.

Todos estamos llamados a la santidad

El Papa Francisco nos comparte en su catequesis semanal de las audiencias el mensaje de la santidad, y nos recuerda que todos estamos llamados a alcanzarla. Acceda AQUÍ.

San Francisco Javier, S.J.

San Francisco Javier fue uno de los misioneros más notables de la historia. La Compañía de Jesús lo considera como a una de sus dos importantes columnas y coloca a San Francisco Javier siempre junto a San Ignacio de Loyola. Compartimos su biografía con motivo de su fiesta que se celebra el 3 de diciembre, acceda AQUÍ.

Inmaculada Concepción de María

Con motivo de celebrar la fiesta litúrgica de este dogma de fe, compartimos esta publicación que trata de explicar qué significa la Inmaculada Concepción. Acceda AQUÍ.