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Homilía del 3º Domingo de Pascua (B), 22 de Abril del 2012
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Movimiento Eucarístico Juvenil - 3º Parte - Espiritualidad del MEJ
4. EspiritualidadLa espiritualidad del MEJ, como la del AO, también de raíces ignacianas, es una espiritualidad eucarística. Por esto, tiene las siguientes notas características:
- Parte de la vida real de los niños y jóvenes, atentos al momento humano y espiritual en que se encuentran, ofreciendo líneas de formación que tomen en cuenta sus carencias y necesidades y que desarrollen sus talentos y capacidades.
- Invita a vivir en la amistad personal con Jesús, uniéndose a su Corazón, mediante:
- La oración, que enseña a encontrar a Dios en todo
- La escucha de la Palabra
- La celebración de la Eucaristía.
- Desafía a ser apóstol: vivir el servicio como ofrenda de la vida
- A la Iglesia
- Al mundo
- Como María
El MEJ busca conducir al joven al conocimiento interno de Jesús y de su Palabra, educar a la capacidad de encontrar el Señor en todas las dimensiones de su vida diaria, mediante una oración confiada al Padre y la celebracióncomunitaria de la cena del Señor. Comulgar el Cuerpo y Sangre de Cristo alimenta y anima a los miembros del MEJ a vivir su testimonio cristiano al servicio del Reino.
El MEJ es un movimiento esencialmente eclesial, vive en, por y para la Iglesia. Es decir, se habla de la vocación específica del MEJ, el cual no es un movimiento centrado en sí mismo, si no siempre abierto al servicio y en coordinación con las estructuras de la Iglesia local.
Esta pertenencia eclesial se puede desglosar según cuatro ejes:
- Sentido de comunión - miembros de un solo cuerpo,
- Sentido de Universalidad – abertura a las necesidades
- Sentido de Pueblo de Dios – somos elegidos, amados…
- Sentido de Pequeña Iglesia – la vida en comunidad
Es por ello que la tarea específica del MEJ en este ámbito es educar al sentido de pertenencia y permanencia en la Iglesia a niños, adolescentes y jóvenes. Los acoge en una etapa transitoria, la de su infancia y juventud, les inculca hábitos de vida eucarística y los prepara para su compromiso eclesial adulto en una vida cristiana madura. Después que ha pasado por las etapas propuestas por el MEJ, el Apostolado de la Oración les sigue ofreciendo su propuesta espiritual para vivir la entrega cotidiana al servicio del Reino de Dios.
Por lo tanto el MEJ no trabaja para sí mismo, sino al servicio de la Iglesia, en comunión con las estructuras pastorales de la diócesis. Aporta a la Iglesia lo propio de su espiritualidad eucarística, en el conjunto de los diversos carismas, servicios y Movimientos, es decir abierto al mundo, a la sociedad, a las realidades que se viven, y enseña así poder seguir siendo apóstol al servicio del Reino.
María acompaña el camino espiritual del MEJ, como la que mejor ha encarnado los ideales de disponibilidad a la voluntad del Padre y servicio a los hermanos y hermanas.
Enlaces:
Movimiento Eucarístico Juvenil - 5º Parte - Pedagogía del MEJ Fundamentos Educativos
Movimiento Eucarístico Juvenil - 4º Parte - Pedagogía del MEJ Fundamentos Espirituales
Movimiento Eucarístico Juvenil - 3º Parte - Espiritualidad del MEJ
Movimiento Eucarístico Juvenil - 2º Parte - El MEJ y el Apostolado de la Oración
Movimiento Eucarístico Juvenil - 1º Parte - Historia
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Agradecemos al P. Antonio González Callizo, S.J. Director Nacional del A.O. por brindarnos esta información.
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Autobiografía de San Ignacio - Capítulo VII

Texto recogido por el P. Luis Gonçalves da Camara entre 1553 y 1555
Capítulo VII64. Llegado a Salamanca, estando haciendo oración en una iglesia, le conoció una devota que era de la compañía, porque los 4 compañeros ya había días que allí estaban, y le preguntó por su nombre, y así lo llevó a la posada de los compañeros.
Cuando en Alcalá dieron sentencia que se vistiesen como estudiantes, dijo el peregrino: «cuando nos mandastes teñir las vestes lo habemos hecho; mas agora esto no lo podemos hacer, porque no tenemos con qué comprarlas». Y así el mismo vicario les ha proveído de vestiduras y bonetes, y todo lo demás de estudiantes; y desta manera vestidos habían partido de Alcalá.
Confesábase en Salamanca con un fraile de santo Domingo en sant Esteban; y hubiendo 10 ó 12 días que era allegado, le dijo un día el confesor: «los Padres de la casa os querían hablar»; y él dijo: «en nombre de Dios». «Pues, dijo el confesor, será bueno que os vengáis acá a comer el domingo; mas de una cosa os aviso, que ellos querrán saber de vos muchas cosas». Y así el domingo vino con Calixto; y después de comer, el soprior, en absencia del prior, con el confesor, y creo yo que con otro fraile, se fueron con ellos en una capilla, y el soprior con buena afabilidad empezó a decir quán buenas nuevas tenían de su vida y costumbres, que andaban predicando a la apostólica; y que holgarían de saber destas cosas más particularmente. Y así comenzó a preguntar qué es lo que habían estudiado. Y el peregrino respondió: «entre todos nosotros el que más ha estudiado soy yo», y le dió claramente qüenta de lo poco que había estudiado, y con quán poco fundamento.
65. Pues luego ¿qué es lo que predicáis? nosotros, dice el peregrino, no predicamos, sino con algunos familiarmente hablamos cosas de Dios, como después de comer con algunas personas que nos llaman. Mas, dice el fraile, «¿de qué cosas de Dios habláis? que eso es lo que queríamos saber». «Hablamos, dice el peregrino, quándo de una virtud, quándo de otra, y esto alabando; quándo de un vicio, quándo de otro, y reprehendiendo». «Vosotros no sois letrados, dice el fraile, y habláis de virtudes y de vicios; y desto ninguno puede hablar sinoen una de dos maneras: o por letras, o por el Espíritu santo. No por letras; ergo por Espíritu santo». Aquí estuvo el peregrino un poco sobre sí, no le pareciendo bien aquella manera de argumentar; y después de haber callado un poco, dijo que no era menester hablar más destas materias. Instando el fraile: «pues agora que hay tantos errores de Erasmo y de tantos otros, que han engañado al mundo ¿no queréis declarar lo que decís?». Y esto que es del Espíritu santo, es lo que queríamos saber.
66. El peregrino dijo: «Padre, yo no diré más de lo que he dicho, si no fuese delante de mis superiores, que me pueden obligar a ello». Antes desto había demandado por qué venía Calisto así vestido, el cual traía un sayo corto y un grande sombrero en la cabeza, y un bordón en la mano, y unos botines cuasi hasta media pierna; y por ser muy grande, parescía más deforme. El peregrino le contó cómo habían sido presos en Alcalá, y les habían mandado vestir de estudiantes; y aquel su compañero, por las grandes calores, había dado su loba a un pobre clérigo. Aquí dijo el fraile como entre dientes, dando señas que no le placía: «La caridad empieza por sí mismo». Pues tornando a la historia, no pudiendo el soprior sacar otra palabra del peregrino sino aquella, dice: «pues quedaos aquí, que bien haremos con que lo digáis todo». Y así se van todos los frailes con alguna priesa.
Preguntando primero el peregrino si querrían que quedasen en aquella capilla, o adónde querrían que quedase, respondió el soprior, que quedasen en la capilla. Luego los frailes hicieron cerrar todas las puertas, y negociaron, según parece, con los jueces. Todavía los dos estuvieron en el monasterio 3 días sin que nada se les hablase de parte de la justicia, comiendo en el refitorio con los frailes. Y cuasi siempre estaba llena su cámara de frailes, que venían a velles; y el peregrino siempre hablaba de lo que solía; de modo que entre ellos había ya como division, habiendo muchos que se mostraban afectados.
67. Al cabo de los 3 días vino un notario y llevóles a la cárcel. Y no los pusieron con los malhechores en bajo, mas en un aposento alto, adonde, por ser cosa vieja y deshabitada, había mucha suciedad. Y pusiéronlos entrambos en una misma cadena, cada uno por su pie; y la cadena estaba apegada a un poste que estaba en medio de la casa, y sería larga de 10 ó 13 palmos; y cada vez que uno quería hacer alguna cosa, era menester que el otro le acompañase. Y toda aquella noche estuvieron en vigilia. Al otro día, como se supo en la cibdad de su prisión, les mandaron a la cárcel en qué durmiesen, y todo el necesario abundantemente; y siempre venían muchos a visitalles, y el peregrino continuaba sus ejercicios de hablar de Dios etc. El bachiller Frías les vino a examinar a cada uno por sí, y el peregrino le dió todos sus papeles, que eran los Ejercicios, para que los examinasen. Y preguntándolos si tenían compañeros, dijeron que sí y adonde estaban, y luego fueron allí por mandado del bachiller, y trajeron a la cárcel Cáceres y Artiaga, y dejaron a Juanico, el cual después se hizo fraile. Mas no los pusieron arriba con los dos, sino abajo, adonde estaban los presos comunes. Aquí también menos quiso tomar advogado ni procurador.
68. Y algunos días después fue llamado delante de cuatro jueces, los tres doctores, Sanctisidoro, Paravinhas y Frías, y el cuarto el bachiller Frías, que ya todos habían visto los Ejercicios. Y aquí le preguntaron muchas cosas, no sólo de los Ejercicios, mas de teología, verbi gratia, de la Trinidad y del Sacramento, cómo entendía estos artículos. Y él hizo su prefación primero. Y todavía, mandado por los jueces, dijo de tal manera, que no tuvieron qué reprehendelle. El bachiller Frías, que en estas cosas se había mostrado siempre más que los otros, le preguntó también un caso de cánones; y a todo fue obligado a responder, diciendo siempre primero que él no sabía lo que decían los doctores sobre aquellas cosas. Después le mandaron que declarase el primero mandamiento de la manera que solía declarar. El se puso a hacello, y detúvose tanto y dijo tantas cosas sobre el primero mandamiento, que no tuvieron gana de demandalle más. Antes desto, cuando hablaban de los Ejercicios, insistieron mucho en un solo punto, que estaba en ellos al principio; de quándo un pensamiento es pecado venial, y de quándo es mortal. Y la cosa era, porque, sin [ser] él letrado, determinaba aquello. El respondía: «si esto es verdad o no, allá lo determinad; y si no es verdad, condenaldo»; y al fin ellos, sin condenar nada, se partieron.
69. Entre muchos que venían hablalle a la cárcel vino una vez D. Francisco de Mendoza, que agora se dice cardenal de Burgos, y vino con el bachiller Frías. Preguntándole familiarmente cómo se hallaba en la prisión y si le pesaba de estar preso, le respondió: «yo responderé lo que respondí hoy a una señora, que decía palabras de compasión por verme preso». Yo le dije: «en esto mostráis que no deseáis de estar presa por amor de Dios. ¿pues tanto mal os paresce que es la prisión? pues yo os digo que no hay tantos grillos ni cadenas en Salamanca, que yo no deseo más por amor de Dios». Acaesció en este tiempo que los presos de la cárcel huyeron todos, y los dos compañeros, que estaban con ellos, no huyeron.
Y cuando en la mañana fueron hallados con las puertas abiertas, y ellos solos sin ninguno, dió esto mucha edificación a todos, y hizo mucho rumor por la cibdad; y así luego les dieron todo un palacio, que estaba allí junto, por prisión.
70. Y a los 22 días que estaban presos les llamaron a oír la sentencia, la cual era que no se hallaba ningún error ni en vida ni en doctrina; y que así podrían hacer como antes hacían, enseñando la doctrina y hablando de cosas de Dios, con tanto que nunca difiniesen: esto es pecado mortal, o esto es pecado venial, si no fuese pasados 4 años, que huviesen más estudiado. Leída esta sententia, los jueces mostraron mucho amor, como que querían que fuese aceptada. El peregrino dijo que él haría todo lo que la sentencia mandaba, mas que no la aceptaría; pues, sin condenalle en ninguna cosa, le cerraban la boca para que no ayudase los prójimos en lo que pudiese. Y por mucho que instó el doctor Frías, que se demostraba muy afectado, el peregrino no dijo más, sino que, en cuanto estuviese en la jurisdicción de Salamanca haría lo que se le mandaba. Luego fueron sacados de la cárcel, y él empezó a encomendar a Dios y a pensar lo que debía de hacer. Y hallaba dificultad grande de estar en Salamanca; porque para aprovechar las ánimas le parescía tener cerrada la puerta con esta prohibición de no difinir de pecado mortal y de venial.
71. Y ansí se determinó de ir a París a estudiar. Cuando el peregrino en Barcelona consultaba si estudiaría y quánto, toda su cosa era si, después que hubiese estudiado, si entraría en religión, o si andaría ansí por el mundo. Y cuando le venían pensamientos de entrar en religión, luego le venía deseo de entrar en una estragada y poco reformada,habiendo de entrar en religión, para poder más padescer en ella; y también pensando que quizá Dios les ayudaría a ellos; y dábale Dios una grande confianza que sufriría bien todas las afrentas y injurias que le hiciesen. Pues como a este tiempo de la prisión de Salamanca a él no le faltasen los mismos deseos que tenía de aprovechar a las ánimas, y para el efecto estudiar primero y ajuntar algunos del mismo propósito, y conservar los que tenía; determinado de ir para París, concertóse con ellos que ellos esperasen por allí, y que él iría para poder ver si podría hallar modo para que ellos pudiesen estudiar.
72. muchas personas principales le hicieron grandes instanzias que no se fuese, mas nunca lo pudieron acabar con él; antes 15 ó 20 días después de haber salido de la prisión, se partió solo, llevando algunos libros en un asnillo: y llegado a Barcelona, todos los que le conoscían le desuadieron la pasada a Francia por las grandes guerras que había, contándole ejemplos muy particulares, hasta decirle que en asadores metían los españoles; mas nunca tuvo ningún modo de temor.
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
Capítulo XI
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Los dones del Resucitado

P. Adolfo Franco, S.J.
Juan 20, 19-31
Los maravillosos dones del Resucitado:
La Paz, el Espíritu, el Perdón de los pecados.
Feliz Pascua de Resurrección.
El Evangelio de hoy nos narra una de las apariciones de Cristo resucitado a los apóstoles, cuando estaban escondidos en una casa. Tenían miedo de que los enemigos de Jesús los buscasen también a ellos. Estaban muy lejos de pensar en que Cristo hubiera resucitado, y que con su triunfo hubiera disipado los temores y los miedos de ellos y de todos nosotros. Esta actitud de tristeza, miedo o simplemente cerrazón, es la que tienen invariablemente todos los que fueron testigos presenciales de la resurrección; y así providencialmente nos hacen más creíble su testimonio.
En esas circunstancias se les aparece Jesús resucitado y les trae el don de la Paz, el don del Espíritu, y el don del perdón de los pecados. Y es que de la resurrección de Jesús manan en abundancia la plenitud de los dones de Dios; con la muerte y resurrección de Cristo nuestra salvación se ha cumplido. Y esa salvación se nos va otorgando a través de los dones maravillosos de Dios: la Paz, el Espíritu Santo, el perdón de los pecados.
Es importante reflexionar, bajo la luz de la resurrección, en estos dones de Dios, y en particular en el perdón. Pues el perdón de los pecados es especialmente participación en la resurrección: es la renovación de la nueva creación que el triunfo de Cristo viene a operar en los hombres. El perdón de los pecados es resurrección personal; cuando, en el sacramento de la reconciliación se nos perdonan los pecados, pasamos de la muerte a la vida.
Jesús vincula definitivamente su perdón a la potestad de los apóstoles: ellos serán los intermediarios del perdón: "A quienes les perdonen Uds. los pecados, les quedan perdonados" (Jn 20, 23). Queda establecida la condición del perdón que nos otorga Dios; los apóstoles son el camino del perdón de Dios. Y quedan descalificados los que piensan que pueden saltarse el camino para confesarse directamente con Dios. Dios es el que puede perdonar, y el que nos ha manifestado cómo concede su perdón.
En segundo lugar vincula el perdón a la resurrección. Esta vinculación surge porque Jesucristo al morir y resucitar queda convertido en la fuente de la redención. Todo lo que es salvación del hombre nos viene por el misterio pascual; y el perdón de los pecados es elemento esencial de nuestra salvación.
Además ser perdonado es de alguna forma insertarse en la resurrección de Cristo: "Ya que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de allá arriba" (Col 3, 1). El efecto que obra el sacramento de la reconciliación es no sólo purificarnos de las faltas, liberarnos de las consecuencias del pecado, es devolverle a nuestro ser una novedad sin mancha (que resucite lo muerto en nosotros), y hacernos aspirar a los bienes de arriba, como dice San Pablo en su Carta a los Colosenses: tener aspiraciones elevadas. La resurrección debe iluminar el mundo, los sucesos y los valores, y les da a todos un nuevo sentido; Los valores humanos, por la Resurrección de Cristo, tienen una jerarquía diferente de la puramente lógica y racional; y así nos empuja a aspiraciones superiores, a una forma diferente de juzgar nuestro entorno, nuestras aspiraciones y nuestros ideales.
El sacramento de la reconciliación nos va ayudando a una transformación paulatina, a la que nos indica la resurrección, a tener aspiraciones mayores, a superar las metas mediocres: sacar de nosotros las potencialidades más hermosas: intentar llegar a ser, lo que íntimamente soñamos con ser. Es vincularnos a la resurrección como actitud personal. Por eso este sacramento es establecido en el primer día de Pascua. Y así sus frutos van más allá de la simple limpieza de los pecados.
Y si hemos recibido el don del perdón, nuestra transformación debe empujarnos a ser personas que testimonian el perdón y que saben perdonar. Y es que lo que hacemos, al no perdonar, es negar en nosotros el fruto de la resurrección. Así seremos testigos de la resurrección, que nos llega a través del sacramento. Así proclamaremos que Cristo ha resucitado. Si somos testigos de la resurrección por el perdón recibido, debemos transmitir a otros esta experiencia, perdonando de corazón.
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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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Homilía del 2º Domingo de Pascua (B), 15 de Abril del 2012
P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.
Lecturas Hch 4,32-35; S. 117; 1Jn 5,1-6; Jn 20,19-31
Les indiqué el domingo pasado que todas las apariciones de Cristo resucitado nos hablan de la Iglesia. Cristo resucitado viene a nuestro encuentro en la Iglesia. Creo importante insistir en el esfuerzo de hacerles caer en la cuenta del valor y necesidad que tenemos de la Iglesia para encontrarnos, conocer y vivir con y de Cristo.
Es claro que, al hablar de la Iglesia, no nos referimos a los edificios, sino a esta sociedad humana, que llamamos “Iglesia católica, apostólica y romana”, formada por personas, que hoy son millones, que coinciden en creer como verdades un conjunto preciso de afirmaciones de orden religioso y moral, están organizadas socialmente de un modo concreto y especial y tienen como jefe supremo en la tierra al Papa.
Esta Iglesia ha sido fundada por Cristo y ha sido Cristo el que le ha dado la misión que deberá cumplir, los poderes divinos para ello y la asistencia de su Espíritu hasta el fin del mundo.
Esto se ve al leer con atención los evangelios. En ellos aparece clara la intención de Cristo desde el principio de formar un grupo de discípulos, que conviviesen con él al estilo de los grupos de otros rabís o maestros de la ley. Apenas terminados los 40 días de oración y ayuno regresa camino de Galilea, pasa por donde el Bautista bautiza e invita a dos de sus discípulos, Juan y Andrés, que se quedan ya con él. Al día siguiente invita a Simón Pedro, el hermano de Andrés, y a Felipe. Luego a Natanael y con ellos, como “discípulos” va a la boda en Caná. Poco después a los cuatro primeros les repite la llamada y les dice que los hará “pescadores de hombres”. Después de algún tiempo—no parece ser mucho—escoge a doce “para que estén con él”—es decir le acompañen siempre—“y enviarlos a predicar” en su nombre y con su autoridad (Mc 6,6-13; Mt 10,40). A ellos dedica buena parte de su tiempo; les explica el contenido de las parábolas, que para otros no quedan del todo claras; les corrige sus defectos como el de la ambición de ser los primeros; les pide que sigan siempre unidos y pide al Padre esa gracia de su unidad; les pone a Pedro como su cabeza, expresando su propósito de fundar una iglesia, “su Iglesia”, distinta de la que forman los creyentes judíos; a ellos los envía tras su resurrección, dándoles su Espíritu, el poder de perdonar los pecados, encargándoles seguir su obra, haciendo más y más discípulos suyos—es decir de Cristo— bautizando al que crea, dándoles el poder de hacer milagros y garantizando que estará con ellos hasta el fin de los tiempos.
La fe en Cristo resucitado los reúne. Habiendo oído que se ha aparecido a Pedro, creen en el hecho y se juntan en el Cenáculo. Entonces se les aparece a todos Jesús. La experiencia de Cristo resucitado se da preferentemente en la Iglesia. Y, si se da fuera como en el caso de los dos de Emaús y también en San Pablo, la experiencia de Cristo vivo los lleva a Iglesia. Ella es el cuerpo de Cristo, de la que Cristo es la cabeza, que comunica su vida a cada miembro, como la vid a sus sarmientos. Por eso es teológicamente un grave error eso de “Cristo sí, Iglesia no”.
Sin Iglesia no hay Cristo. Lo vemos en Santo Tomás. El domingo de resurrección no estaba con los demás y, pese a ser uno de los doce, de los elegidos, no tuvo la experiencia de Cristo resucitado. Pero, una vez vuelto, pese a la frustración y soberbia que le impedían creer a todos los demás, tuvo la humildad de no marcharse. Y el buen pastor que busca la oveja perdida, se apareció especialmente para él ante todos los demás, dándole la gracia de una fe modelo y estímulo para todas las generaciones; en él ha querido Cristo enseñarnos una gran verdad: que él está en la Iglesia y está vivo, y en la Iglesia lo encontramos; encontramos su presencia, su palabra, su verdad, su perdón, su gracia, sus sacramentos, su vida, su Espíritu. Porque “sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20).
De la Iglesia como la viña predilecta del Señor habla la Sagrada Escritura ya en el Antiguo Testamento. Simboliza al pueblo de Israel, pueblo elegido por Dios entre todos, objeto de las predilecciones de Dios. Pero recuerden que el Antiguo Testamento es una preparación para el Nuevo y que todo lo que en él se dice, se dice de Cristo, que es la palabra definitiva de salvación del Padre. La viña primera no le dio frutos, pero esta sí los dará. El primero de estos frutos es la verdad. Cristo es la verdad y la Iglesia, llevando Cristo a los hombres, también es la verdad. La expresión de Dios en la Escritura “miren que estoy con ustedes” expresa la garantía total de la asistencia de Dios para que su enviado cumpla lo que se le encomienda. Dicha a los discípulos manifiesta el compromiso de Cristo que les garantiza el cumplimiento de su misión. Y su misión es la de llevarles a Cristo, que es la verdad. Todo el que es de la verdad, oye su voz. Por eso la Iglesia, cuando habla en nombre de Cristo, no puede equivocarse; es Cristo mismo quien habla por medio de ella. Los católicos estamos seguros de que, cuando la Iglesia nos dice algo sobre lo que tenemos que creer y obrar para nuestra salvación, con la plena autoridad que ha recibido de Cristo, Cristo la asiste, es infalible y nosotros participamos de su infalibilidad aceptando su doctrina.
Todos debemos fomentar el amor y la confianza en la Iglesia, orar por ella y colaborar en su obra con nuestras limosnas, oraciones, sacrificios y acción personal. Hoy se habla mucho contra la Iglesia; y, hay que decirlo, normalmente con ignorancia y sobre todo sin amor. Procuremos conocer su obra actual, su historia, las figuras de sus santos, que son ejemplo para nosotros, sus enseñanzas. Hoy hay muchos medios para ello. Incluso las páginas tristes y oscuras de su historia nos confirman que es Dios quien la protege y defiende hasta contra ella misma. En la barca de Pedro no naufragaremos nunca.
La misa de cada domingo es el momento cumbre de nuestro encuentro con Cristo en la Iglesia: gran ocasión para dar gracias a Dios, pedirle que la siga asistiendo y fortalecer nuestra fe y amor a ella. Hagámoslo con María, Madre nuestra y de la Iglesia.
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Programa de Confirmación 2012 - San Pedro
P. Guillermo Villalobos Salazar, S.J.Asesor de Catequesis de Confirmación
Durante el año se llevan a cabo en la Parroquia de San Pedro de Lima, diversos programas orientados a la formación Catequética del cristiano, desde la edad temprana hasta le edad madura.
Así se realizan la Catequesis de Primera Comunión, la Catequesis de Confirmación de Jóvenes, la Catequesis de adultos que los prepara para los sacramentos de iniciación (Bautismo, Confirmación, Eucaristía), y también preparación al Matrimonio.
Estos programas ya tienen varios años de experiencia y han sido muchas las promociones que han terminado los programaras, para luego integrarse en sus respectivas parroquias y grupos apostólicos.
Este trabajo, cada año, como es de suponer trae sus sorpresas, no solamente por las “caras nuevas”, sino por la gama de creatividad que cada grupo aporta.
La organización de los programas es el siguiente:
1-Convocatorita, que generalmente se hace en el mes de marzo
2-Inicio de los programas el Domingo de Ramos
3-Clausura del año alrededor de la Fiesta de Cristo Rey al final del año.
Con referencia a la Confirmación se añaden al programa lectivo: 2 visitas de Solidaridad al Centro de “Caritas felices”, y a la “Climática de Ancón”; Un taller de Oración en la casa de las Madres Contemplativas en Chaclacayo, un retiro espiritual al final de año preparatorio a la recepción del Sacramento de la Confirmación con duración de tres días.
El resto del programa se articula en base al Programa de temas que propone el Departamento de Catequesis de la Arquidiócesis de Lima.
La preparación de estos temas supone dos momentos.
a. Los sábados hay una reunión de los Catequistas de 5.30 pm. a 7 pm. para, en primer lugar, hacer una evaluación de la sesión última pasada, y luego preparar la agenda que se va a desarrollar el domingo próximo siguiente, el tema, las dinámicas y la preparación del material.
b. Cada domingo se inician las clases a las 3:00PM con dinámica, oración, desarrollo de la Agenda en sus diversos momentos. A las 6:00PM culmina el día con la Celebración de la Eucaristía en el Templo.
Como complemento al programa se organizan al año 3 encuentros con los padres y madres de familia, puesto que el programa quedaría incompleto si no se integra igualmente a la familia.
Aunque parezca mentira el año se “va volando” y cuando menos lo pensamos ya estamos preparando la clausura del curso y la recepción del sacramento con la intención de que cada confirmando se lleve la mejor preparación cristiana que le sostenga en el proceso que ahora inicia como testigo luego de concluido el programa.
Nos alegra sobremanera comprobar que algunos confirmandos quieran en años posteriores convertirse en catequistas y así “dar de lo que recibieron”.
Finalizados los programas, la Parroquia ofrece a los niños, jóvenes y adultos la posibilidad de integrarse en alguno de los grupos existentes que forman la comunidad parroquial. Así tenemos: los Acólitos o monaguillos que ayudan las misas, el Movimiento Eucarístico Juvenil (MEJ) formado por jóvenes de 15-25 años, y que es la sección Juvenil del Apostolado de la Oración.
La Comunidad de Vida Cristiana (CVX), basada en la espiritualidad de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y que es un apartado de la CVX Nacional que incluye otras comunidades en el Perú, y de la CVX Mundial que engloba a todas las CVX en el Mundo cuyo Secretariado está en Roma. Está pensada para personas de 24 años en adelante. La CVX del Núcleo San Pedro está formada por tres grupos diferentes: ETAYS, FIDELIS y UNUN SINT, asesorados por los PP. Guillermo Villalobos (Asesor eclesiástico del núcleo) y del P. Miguel Girón. Se reúnen semanalmente los sábados o domingos de 7 a 9 de la noche.
También se ofrece como otras alternativas al final de la Confirmación, formar parte del coro de apoyo a la Confirmación. Colaborar en la Liturgia dominical como Lectores.
Agradecemos al P. Guillermo Villalobos, S.J. por su colaboración.
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