San José no falla



Extranjero, ¿podrías responderme?

Publicado 2010/03/19
Autor: Gaudium Press
Sección: Espiritualidad


Nota de redacción (Viernes, 19-03-2010, Gaudium Press): Un texto del libro "San José no falla", de autoría de A. M. Weigl, narra un impresionante acontecimiento ocurrido en la China, que nos habla de las misteriosas vias por las cuales se difunde la fe:


Los misioneros del Verbo Divino, P. Goetz y el Hermano Gervásio tuvieron un acontecimiento en China, que escapa a la comprensión humana. Hermano Gervásio había sido acompañante del científico Dr. Filchner a través del Tibet hacia la India.

Cierto día acompañó el padre de Kaotai para atender una enferma en las montañas del sur, llamadas Montañas del Tribunal. Fueron tres días a caballo. Recorridos más de 200 km, estaban finalmente en el lugar. La enferma ya había muerto.

Aborrecidos y deprimidos, los misioneros trataron de volver. Habían descendido la mitad de la región montañosa, cuando, al costado del camino, un joven los esperaba y pidió que vieran a su madre. El joven los condujo unos 10 a 15 km fuera del camino principal, a un lugarejo. En una casa de estacas de madera, se encontraba una ancianita enferma. Ésta luego los fue abordando con preguntas excepcionales.

"Extranjero, ¿podrías responder de verdad mis preguntas?"

"¡Sin duda, madrecita! ¿Qué preguntas tiene?"

"¿Existe un Dios en tres figuras? ¿Existe en otra vida un lugar de alegría para los buenos, y un lugar de horror para los malos? ¿Es cierto que Dios vino a esta tierra, para morir por los hombres y abrirles el lugar de la felicidad? Extranjero, ¿todo esto es verdad?"

El padre confirmó todo lleno de admiración, preguntándose a sí mismo, ¿dónde la enferma tenía estos conocimientos?

"Bien, ¿usted trae agua consigo? - continuó la anciana. ¡Láveme para que yo pueda entrar al lugar de la felicidad!"

¿Cómo sabía que el padre traía agua bautismal?

La forma decidida de la enferma tenía algo de infantil, al mismo tiempo de muy bien pensado.

El P. Goetz le dio unas instrucciones más y la bautizó. Fue ahí que la enferma llena de alegría, exclamó aún: "Usted trae consigo también el pan. No el pan común, sino es el propio Dios. ¡Deme del pan!"

El misionero efectivamente traía al Santísimo sobre su pecho. La enferma sabía también eso. Le dio la santa comunión y la ungió con el óleo de los enfermos: Después de todo eso, le dijo:

"Hasta ahora usted me hizo preguntas, ahora yo voy a preguntar. ¿Dónde aprendió las verdades de la fe? ¿Convivió tiempos atrás con cristianos católicos o evangélicos?

"No, extranjero"

"¿Leyó entonces en libros cristianos?"

"Ni sé leer extranjero, ni yo sabía que pueden existir libros así".


"¿Y de dónde tiene esos conocimientos de la fe?"

"Yo solo pensé que así debía ser, y hace unos 10 años viví siempre de acuerdo con esto. También enseñé a todos mis hijos, esta convicción, así puede 'lavarlos' a todos".

"¿Y sabía que hoy nosotros pasaríamos por aquí?"

"Sí, con plena seguridad. Tuve un sueño y vi un señor más viejo. Él me dijo que mande a mi hijo hasta la ruta para llamar a los dos extranjeros. Ellos me llevarían a un buen lugar después de la muerte".

Los misioneros estaban perplejos y emocionados. La disposición llena de candor de la anciana enferma de cara a la muerte era tan simple que no dejaba ningún margen de duda. Como despedida, le dieron una estampa de San José, el patrono de los agonizantes. Fue ahí que la anciana irradió de alegría deslumbrante: "A este lo conozco. Él me visitó. Estuvo varias veces aquí. Fue él que me mandó llamarlos en la ruta".

¿Lo que la anciana china tuvo, fue sueño o visión? Ella misma no sabía hacer la distinción, y para ella eso no tenía la mínima importancia. Lo importante era cuánto de él aprendiera.

Los misioneros tuvieron mucho, mucho para pensar con este caso. Más tarde supieron que dicha mujer falleciera en la noche después del bautismo.

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Fuente: San José no falla
Autor: A. M. Weigl
Ediciones Rosario - 1992 - Curitiba - PR - Brasil

¡ALELUYA! ¡CRISTO HA RESUCITADO!


¡FELIZ PASCUA!

Resurreción del Señor



P. Adolfo Franco, S.J.


Juan 20, 1-9




La Resurrección de Jesús que celebramos hoy es un hecho de fe extraordinario, que nos resulta prácticamente imposible de captar. Podemos definir la palabra Resurrección, pero no cabe en nuestra comprensión toda le esencia del misterio. Es la manifestación plena del poder salvador de Dios. Hablar de gloria es poco decir, porque la gloria la imaginamos al modo humano: la gloria de los campeones, la gloria de los triunfadores. Esa gloria que damos a los que se distinguen brillantemente en algo, es algo que se les comunica desde fuera: los espectadores de la hazaña aplaudimos, se les hace un homenaje: una fiesta de celebración. El interesado escucha la música del triunfo y la saborea en su corazón. Esto dura una noche de fiesta, quizá algunos días. Y después las velas de la celebración se apagan y solo queda el rastro del humo de lo que fue luz.

Y la Resurrección de Jesús no es un premio que se le concede por haber “sido bueno”, por haber cumplido la voluntad de su Padre. Decimos que es la vuelta a la vida en cuerpo y alma; pero eso es poco. Es la manifestación de la “vida” que Dios quiere darnos a cada uno de nosotros. Y Jesús es el primero en manifestar en sí mismo, lo que por participación nos tocará a todos nosotros. La vida que Dios nos quiere dar, es mucho más que lo que ahora vivimos. La vida en su estado puro, llena de luminosidad, de alegría, expansión plena, gozo inacabable, plenitud del ser, totalidad. Esa vida es nuestro destino. Por ahora tenemos una vida pálida, porque aún no ha florecido dentro de nosotros la resurrección. Estamos construyendo, con la gracia de Dios ese futuro que se nos ofrece.

Jesús resucita para que sepamos cuál es la explicación de todo. Es una Luz, desde la cual se aclaran todos los misterios. Además de Gloria y Vida, la Resurrección es Luz. Una luz también esencial, que no depende de ninguna luminaria, sino que es luz en sí misma. Esto también nos resulta poco comprensible: una luz que es en sí, y que no necesita que provenga de ninguna lámpara; ya el mismo Apocalipsis habla de esta luz, que es el Cordero, o sea Jesús. Y esta luz lleva en sí todas las explicaciones. Ya no hay misterios; porque el misterio es el balbuceo imperfecto, que hace una mente humana, de las realidades de Dios. Pero entonces conoceremos como Dios nos conoce, con su luz; y entonces todo será patente; y sin necesidad de hacer el recorrido tortuoso de nuestros razonamientos, que a veces se pierden en el desierto del error. Por eso, porque la Resurrección es luz, es por lo que San Pablo dice, que si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana; todo sería simplemente falso y oscuro. Pero con la Resurrección todo adquiere sentido.

La Resurrección es la que da sentido a todo; todas las contradicciones que sentimos, las situaciones que nos resultan incomprensibles; esas paradojas del dolor de los inocentes y del mal. El problema de la frustración de tantos buenos, del triunfo (al menos aparente) de tantos malvados. Todo adquirirá sentido con el hecho de la Resurrección. Ahí todo adquiere una lógica, que antes no encontrábamos.

Y sobre todo la Resurrección de Cristo es la manifestación de la presencia real de Jesús entre nosotros. Porque Cristo ha resucitado es verdad ese hecho que nos sobrepasa, que Dios ha vivido en nuestra tierra una vida plenamente humana. Así podemos decir que la Resurrección de Cristo nos hace afirmar con total fuerza la realidad de su Encarnación. El ha vivido en nuestro mundo; y eso es verdad. Y la Resurrección aclara todo el misterio de su realidad humana, de su pobreza, de su finalidad, de su sufrimiento. Todo queda iluminado por la Resurrección. Ahora podemos tener una mayor comprensión de sus bienaventuranzas, los milagros adquieren su verdadero valor; se entiende todo de forma nueva. Por eso todos los Evangelios han sido escritos y bien escritos, con la luz de Jesús resucitado. Si los hubieran escritos cronistas, que acompañasen a Cristo durante su vida, habrían escrito crónicas, quizá detalladas, pero sin la hondura de mensaje, que tienen ahora. La Iglesia primitiva, y los Evangelistas con ella, pudieron escribir de verdad sobre Jesús, iluminados con la luz de la resurrección que hacía captar de verdad las enseñanzas y las actividades de Jesús.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco S.J. por su colaboración


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Jubileo de las 40 Horas



Sobre el Jubileo de las 40 Horas

Extensión de la devoción


En el siglo XVIII, esta devoción se fortaleció nuevamente, cuando la Sede de Pedro estaba sufriendo las humillaciones de la época napoleónica. La Iglesia rogó mucho ante el Santísimo Sacramento por el feliz regreso del Papa a Roma. A partir de este momento la devoción se afianzó en Roma y se fue extendiendo por el mundo católico.





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Fuente: Arzobispado de Lima.

Para enterarnos más sobre el Jubileo, visitemos nuestras publicaciones:
Raíces bíblicas y de la Tradición.
Tiempos difíciles.
La devoción en nuestra patria.

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Semana Santa



“Habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo”. Así empieza Juan la redacción de sus recuerdos de las últimas horas de Jesús en este mundo. Y sus fieles lo seguimos recordando. Porque sabemos que en esas palabras también nosotros estamos incluidos. “Me amó y se entregó a la muerte por mí” (Gal 2,20).

Son esas horas las pruebas más irrefutables de su amor. Puedo estar seguro de él totalmente. Puedo estar seguro de su perdón total. Puedo estar seguro de que en el futuro no me abandonará, si yo no me suelto de su mano.

De la mano de María y en su compañía quiero vivir todos los pasos de la pasión, no perder un detalle, meditar cada palabra, dejar que mi corazón sea herido por su dolor, unir mi vida, sufrir y un día unir mi muerte a la suya.

Pide, Madre, para todos nosotros la gracia del Espíritu para seguir a tu hijo con nuestra cruz, para creer en su valor salvador, para estar al pie de la de Jesús hasta el final, para darle hasta el último aliento, para ser llevados a nuestro último destino junto a Él.




P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.



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Semana Santa en Imágenes y citas bíblicas


Contemplemos cada imagen y dejémonos impactar por cada una de ellas, en silencio meditemos qué nos dice y qué sentimientos despierta en nosotros...


DOMINGO DE RAMOS

JUEVES SANTO: JESÚS LAVA LOS PIES

JUEVES SANTO: ÚLTIMA CENA

JUEVES SANTO: EN EL HUERTO

JUEVES SANTO: APREHENSIÓN

JUEVES SANTO: JESÚS ANTE CAIFÁS

VIERNES SANTO: JESÚS ANTE PILATOS

VIERNES SANTO: PILATOS INTERROGA A JESÚS

VIERNES SANTO: HERODES INTERROGA A JESÚS

VIERNES SANTO: FLAGELACIÓN

VIERNES SANTO: CORONACIÓN DE ESPINAS

VIERNES SANTO: "AQUÍ TENEÍS AL HOMBRE"

VIERNES SANTO: CAMINO AL CALVARIO

VIERNES SANTO: JESÚS Y LAS MUJERES DE JERUSALÉN

VIERNES SANTO: JESÚS ES CRUCIFICADO

VIERNES SANTO: AGONÍA EN LA CRUZ

VIERNES SANTO: MUERTE EN LA CRUZ

VIERNES SANTO: EXCLAMACIÓN DEL CENTURIÓN

VIERNES SANTO: JESÚS EN BRAZOS DE SU MADRE MARÍA

VIERNES SANTO: SEPULTURA

VIERNES SANTO: EN LOS BRAZOS DEL PADRE





Publicaciones para profundizar sobre Semana Santa:

El por qué y para qué de la pasión y muerte de Cristo

Algunos textos de la Escritura que revelan verdades importantes sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo


ESPECIAL DE SEMANA SANTA 2016

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Semana Santa: Cristo nuestro



Cristo nuestro que viviste en la tierra; y los hombres, vestidos con toga de farsa y teatro, te enviamos a la muerte.

Tu nombre, repetido como un eco sin final, anida en la arboleda de gargantas que hacen colas en su noche, pidiendo que amanezcas en su vida.

Venga a nosotros tu mensaje donde el perdón se hace abrazo y el AMOR que clavamos en la cruz quedó entre nosotros sin fecha de entierro, mientras haya un solo hombre que tenga el coraje de vendar en tu nombre el dolor de los demás.

Hágase tu camino en las dudas y las sombras de quienes apoyamos nuestras manos en los muros que se caen.

Danos hoy el hambre de esperarte en cada esquina y aunque andes disfrazado en nuestras calles, veamos tu cara en todos los que andamos ensayando el viejo oficio de ser hombre.

Perdona la risa artificial de nuestras fiestas. Perdona nuestras frases de cumplido. Están hechas de léxico barato sin rozar siquiera la verdad.
Perdona nuestros brazos abrazando el rencor y la venganza.
Perdona los clavos que ponemos a aquellos que se niegan a decir “amén” a nuestra ficticia autoridad. “No sabemos lo que hacemos”.
Perdona nuestro corazón en arritmia grave porque no late al compás de nadie.
Perdónanos por haber arrancado en tu Evangelio la página que no nos interesa o nos resulta difícil de cumplir…

Déjanos caer en la tentación de sentir tanta alegría con los alegres y tristeza con los tristes que lleguen a sorprenderse hasta preguntar ¡¿por qué?!

Déjanos caer en la tentación de dejar a los pies de tu mirada un ramo de flores por todo lo que nos diste, y otro ramo de perdón por todo lo que te negamos.

Líbranos de los harapos con que vestimos nuestra alma: la hipocresía y la fatuidad.
Líbranos de todas las admiraciones que ponemos a nuestro “yo” y de todas las interrogantes que ponemos a los demás.

¡Sólo así podremos decir AMÉN!


P. José Mtz. O. Cap.












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Getsemaní




“Aquí, donde Tú, Señor Jesús inocente, fuiste acusado.

El Justo, fuiste acusado y ajusticiado.


El Santo, fuiste condenado.
El Hijo del Hombre, fuiste torturado, muerto y crucificado.
El Hijo de Dios, fuiste blasfemado, insultado y renegado.
Tú, la Luz, conociste las tinieblas.
Tú, el Rey, fuiste entregado en la cruz.
Tú, la vida, padeciste la muerte.
Aquí queremos recordarte, Señor Jesús.
Aquí queremos adorate, Señor Jesús.
Aquí queremos invocarte, Señor Jesús.
Aquí tu pasión fue ofrenda prevista, aceptada, querida.
Fue sacrificio del que fuiste la Víctima y el Sacerdote.
Aquí tu muerte fue expresión y medida del pecado humano.
Fue el holocausto del mayor heroismo. Fue el precio del Dios Justo.

Fue la prueba del Amor supremo.
Aquí combatieron la vida y la muerte, aquí conseguirás la victoria.
Cristo, muerto y resucitado por nosotros.
Míranos aquí Señor Jesús, hemos vuelto como culpables que regresan al lugar del crimen.
Pero también como el que te traicionó. Hemos sido fieles e infieles muchas veces.
Hemos venido para confesar la misteriosa relación entre tu muerte y nuestros pecados, nuestra obra y tu Obra.
Hemos venido a golpearnos el pecho pidiendo perdón, implorando tu misericordia. Hemos venido porque sabemos que puedes y quieres perdonarnos. Pues ya que expías por nosotros, ¡Tú eres nuestra Redención, Tú eres nuestra esperanza!
Señor Jesús, Redentor nuestro, reaviva en nosotros el deseo y la confianza de tu perdón. Haz seria nuestra voluntad de conversión y de fidelidad.
Haznos gustar la certeza y la dulzura de tu misericordia.


(Pablo VI en su viaje a Tierra Santa)

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Las siete palabras de Jesús en la cruz





1. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen (Lc. 23, 34)

Aunque he sido tu enemigo,
mi Jesús: como confieso,
ruega por mí: que, con eso,
seguro el perdón consigo.

Cuando loco te ofendí,
no supe lo que yo hacía:
sé, Jesús, del alma mía
y ruega al Padre por mí

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la cruz para pagar con tu sacrificio la deuda de mis pecados, y abriste tus divinos labios para alcanzarme el perdón de la divina justicia: ten misericordia de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando me halle en igual caso: y por los méritos de tu preciosísima Sangre derramada para mi salvación, dame un dolor tan intenso de mis pecados, que expire con él en el regazo de tu infinita misericordia.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.


2. Esta tarde estarás conmigo en el paraiso (Lc. 23, 43)

Vuelto hacia Ti el Buen Ladrón
con fe te implora tu piedad:
yo también de mi maldad
te pido, Señor, perdón.

Si al ladrón arrepentido
das un lugar en el Cielo,
yo también, ya sin recelo
la salvación hoy te pido.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y con tanta generosidad correspondiste a la fe del buen ladrón, cuando en medio de tu humillación redentora te reconoció por Hijo de Dios, hasta llegar a asegurarle que aquel mismo día estaría contigo en el Paraíso: ten piedad de todos los hombres que están para morir, y de mí cuando me encuentre en el mismo trance: y por los méritos de tu sangre preciosísima, aviva en mí un espíritu de fe tan firme y tan constante que no vacile ante las sugestiones del enemigo, me entregue a tu empresa redentora del mundo y pueda alcanzar lleno de méritos el premio de tu eterna compañía.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.


3. Mujer, he ahí a tu hijo… he ahí a tu madre (Jn. 19, 26-27)

Jesús en su testamento
a su Madre Virgen da:
¿y comprender quién podrá
de María el sentimiento?


Hijo tuyo quiero ser,
sé Tu mi Madre Señora:
que mi alma desde a ahora
con tu amor va a florecer.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y , olvidándome de tus tormentos, me dejaste con amor y comprensión a tu Madre dolorosa, para que en su compañía acudiera yo siempre a Ti con mayor confianza: ten misericordia de todos los hombres que luchan con las agonías y congojas de la muerte, y de mí cuando me vea en igual momento; y por el eterno martirio de tu madre amantísima, aviva en mi corazón una firme esperanza en los méritos infinitos de tu preciosísima sangre, hasta superar así los riesgos de la eterna condenación, tantas veces merecida por mis pecados.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.


4. Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? (Mt. 27, 46 ║ Mc. 15, 34)

Desamparado se ve
de su Padre el Hijo amado,
maldito siempre el pecado
que de esto la causa fue.

Quién quisiera consolar
a Jesús en su dolor,
diga en el alma: Señor,
me pesa: no mas pecar.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y tormento tras tormento, además de tantos dolores en el cuerpo, sufriste con invencible paciencia la mas profunda aflicción interior, el abandono de tu eterno Padre; ten piedad de todos los hombres que están agonizando, y de mí cuando me haye también el la agonía; y por los méritos de tu preciosísima sangre, concédeme que sufra con paciencia todos los sufrimientos, soledades y contradicciones de una vida en tu servicio, entre mis hermanos de todo el mundo, para que siempre unido a Ti en mi combate hasta el fin, comparta contigo lo mas cerca de Ti tu triunfo eterno.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.



5. Tengo sed (Jn. 19, 28)

Sed, dice el Señor, que tiene;
para poder mitigar la sed
que así le hace hablar,
darle lágrimas conviene.

Hiel darle, ya se le ha visto:
la prueba, mas no la bebe:
¿Cómo quiero yo que pruebe
la hiel de mis culpas Cristo?

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y no contento con tantos oprobios y tormentos, deseaste padecer más para que todos los hombres se salven, ya que sólo así quedará saciada en tu divino Corazón la sed de almas; ten piedad de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando llegue a esa misma hora; y por los méritos de tu preciosísima sangre, concédeme tal fuego de caridad para contigo y para con tu obra redentora universal, que sólo llegue a desfallecer con el deseo de unirme a Ti por toda la eternidad.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.


6. Todo está consumado (Jn. 19, 30)

Con firme voz anunció Jesús,
ensangrentado,
que del hombre y del pecado
la redención consumó.

Y cumplida su misión,
ya puede Cristo morir,
y abrirme su corazón
para en su pecho vivir.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y desde su altura de amor y de verdad proclamaste que ya estaba concluida la obra de la redención, para que el hombre, hijo de ira y perdición, venga a ser hijo y heredero de Dios; ten piedad de todos los hombres que están agonizando, y de mí cuando me halle en esos instantes; y por los méritos de tu preciosísima sangre, haz que en mi entrega a la obra salvadora de Dios en el mundo, cumpla mi misión sobre la tierra, y al final de mi vida, pueda hacer realidad en mí el diálogo de esta correspondencia amorosa: Tú no pudiste haber hecho más por mí; yo, aunque a distancia infinita, tampoco puede haber hecho más por Ti.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.


7. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc. 23, 46)


A su eterno Padre,
ya el espíritu encomienda;
si mi vida no se enmienda,
¿en qué manos parará?

En las tuyas desde ahora
mi alma pongo, Jesús mío;
guardaría allí yo confío
para mi última hora.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y aceptaste la voluntad de tu eterno Padre, resignando en sus manos tu espíritu, para inclinar después la cabeza y morir ; ten piedad de todos los hombres que sufren los dolores de la agonía, y de mí cuando llegue esa tu llamada; y por los méritos de tu preciosísima sangre concédeme que te ofrezca con amor el sacrificio de mi vida en reparación de mis pecados y faltas y una perfecta conformidad con tu divina voluntad para vivir y morir como mejor te agrade, siempre mi alma en tus manos.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.


Fuente: Churchforum.org

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Al hacernos presentes a su dolor queremos dejarnos revelar el misterio insondable de su solidaridad con todo lo nuestro, de su compartir todo el dolor del mundo (Is. 53, 1-12)


Al pie de la cruz contemplamos la revelación definitiva del amor. Cristo, entregando su vida en la cruz, no significa la exaltación del dolor sino de un amor más fuerte que la muerte y que el pecado del mundo.





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Semana Santa: Textos bíblicos


Textos del Antiguo Testamento





Is 50,6: “Yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos”.



Is 52,14-53,3: “Era algo espantoso. Porque desfigurado ni parecía hombre ni tenía aspecto humano; algo inenarrable, algo inaudito. Como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado, como un hombre de dolores, molido a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciable y sin nada estimable”.









S. 22,6-8: “En ti confiaban nuestros padres y no los defraudaste. Pero yo soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo. Al verme, se burlan de mí”.













S. 31,11-13: “Mi vigor decae con las penas, mis huesos se consumen. Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos. Me ven por la calle y escapan de mí, me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a chatarra inútil”.















S. 22,17-18: “Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores, me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos”














S. 22,18-19: “Ellos me miran triunfantes, se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica”.


S. 22,16: “Mi garganta está seca como una teja, la lengua se me pega al paladar, me aprietas contra el polvo de la muerte”.


S. 69,8.21-22: “Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. La afrenta me destroza el corazón y desfallezco. Espero compasión y no la hay, consoladores y no los encuentro. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre”.









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Imágenes de la película La pasión de Cristo, dirigida por Mel Gibson.

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Semana Santa: Vigilia Pascual




Sábado santo hacia el anochecer.


Para mejor gustar la Liturgia de la Vigilia Pascual.





La Resurrección del Señor es la cumbre de la obra de Cristo y del año litúrgico. La hora del comienzo sugiere que con la muerte de Cristo “algo” acaba (la victoria del mal) y con su resurrección “otra cosa” (el reino de Cristo) ha comenzado.




1. Liturgia de la luz. Bendición del fuego. El cirio pascual.

Cristo es la luz del mundo. Las tinieblas del momento simbolizan la oscuridad del mundo sin Cristo. El fuego nuevo, que es bendecido, recuerda la nueva vida que el cuerpo de Cristo recibe con la resurrección.

El cirio se prepara. El cirio encendido va a simbolizar a Cristo resucitado. Con un punzón el sacerdote marca en él la cruz, las letras alga y omega (que son la primera y la última del alfabeto griego) y la cifra del año actual. Al mismo tiempo dice: “Cristo ayer y hoy —principio y fin —alfa —y omega.—Suyo es el tiempo —y la eternidad—. A él la gloria y el poder —por los siglos de los siglos. Amén.”

Son palabras que declaran a Cristo rey y culmen de la historia humana.

Los cinco granos de incienso, que pueden ponerse en los extremos y centro de la cruz, expresan la dignidad divina del que fue crucificado, y el valor infinito de su sacrificio por los pecados.

El cirio encendido representa a Cristo resucitado. La iglesia, los cirios de cada fiel, todo está a oscuras; sólo el cirio, Cristo, brilla. De él solo nos viene la luz. Lo canta el sacerdote y todos se arrodillan.

Se abren las puertas de la iglesia, que representa la Iglesia universal, entra sólo el sacerdote con el cirio encendido, se vuelve a vitorear a Cristo nuestra luz. Todo el mundo se postra y al levantarse los fieles encienden sus velas. En cuanto su número lo permita, es más simbólico que las velas de cada fiel se prendan directamente del cirio, porque simboliza mejor que nuestra fe, participación de la vida de Cristo resucitado, se ha realizado por la unión inmediata de cada uno con Cristo en el bautismo. Los fieles avanzan suprimiendo las tinieblas de la iglesia; simboliza que todos y cada uno coopera a que la Iglesia sea más luminosa y al mundo le llegue luz de Cristo.

Cuando todos han entrado, las luces de la iglesia se encienden: la Iglesia y el mundo está siendo iluminado.



2.- Pregón pascual.

Todo culmina con el canto lleno de entusiasmo. Se coloca el cirio encendido en lugar relevante. Se inciensa. Todos tienen sus velas encendidas. El texto ensalza la victoria sobre el pecado y los inmensos bienes que por la muerte y resurrección de Cristo nos han llegado a los hombres.


3.- Liturgia de la Palabra.

Especialmente importante hoy. Se prevén siete lecturas del Antiguo Testamento, aunque puedan ser menos para evitar el excesivo cansancio de los fieles. Los fieles escuchan sentados, apagadas las velas para evitar distracciones. En todas la Iglesia ve la acción o la palabra que preanuncia las gracias inmensas de la redención de Cristo: la liberación del pecado y la comunicación de la vida de Cristo resucitado, que comienzan en el bautismo. Tras cada lectura hay un canto responsorio meditativo para ayudar a la interiorización de la lectura. Luego todos parados piden aquel don.


Lectura 1ª: La redención de Cristo, segunda creación, es obra más grande que la primera creación.

Lect. 2ª: El sacrificio de Abrahán, que le ganó la promesa de una descendencia numerosa, simboliza el sacrificio de Cristo.

Lect. 3ª: El paso y las aguas del mar Rojo simbolizan el bautismo, que libera a los esclavos del pecado y forma un nuevo pueblo.

Lect. 4ª: Profecía de Isaías garantizando el amor de Dios que ama y perdona a la esposa, el pueblo de Israel, que simboliza a la Iglesia.

Lect. 5ª: Otra profecía de Isaías que asegura a la Iglesia un futuro maravilloso de gracia.

Lect. 6ª: Profecía de Baruc, que asegura al nuevo Israel la luz de la sabiduría de los secretos de Dios.

Lect. 7ª: Profecía de Ezequiel que promete un agua pura (la del bautismo y la eucaristía) para un corazón nuevo transformado por el Espíritu.



4. Explosión final.

Todas las velas del altar se encienden. Se canta el Gloria con el máximo entusiasmo. Resuenan mientras tanto todas las campanillas. Comienza la misa con el entusiasmo, fe y agradecimiento de un pueblo que celebra el triunfo de Cristo, que es también el suyo.


5. Lect. de Carta a Romanos.

Pablo desarrolla los efectos del bautismo, con el que hemos muerto y resucitado con Cristo.

Evangelio ¿Creemos o no creemos? ¿Buscamos a Jesús entre los muertos o entre los vivos?



6. Liturgia bautismal.

Con los siete sacramentos Cristo nos comunica los bienes que ha conseguido para nosotros con su vida, muerte y resurrección. El primero es el bautismo, puerta para todos los demás. El Bautismo nos une a Cristo en su muerte y resurrección, y se muere al pecado y se resucita participando de la vida de Cristo. Por eso hoy la misa se detiene un momento para que cada fiel reviva la grandeza de su bautismo y se haga alegre responsable de su condición de bautizado.


6.1. Camino de la pila bautismal si está situada aparte, si van a haber bautismos se cantan las letanías de los santos. La Iglesia militante se hace presente a la triunfante, que va a recibir nuevos hijos para que sean santos.

6.2. Se bendice el agua del bautismo, recordando el simbolismo salvador que el agua tiene en la Escritura. Al final de la oración el sacerdote mete y saca en el agua por tres veces el cirio encendido, símbolo de Cristo resucitado, pidiendo que el poder del Espíritu baje a ella.

6.3. Renuncia a Satanás y profesión de fe de los catecúmenos. Bautismos y confirmación.

6.4. Bendición del agua común, que nos recuerda nuestro bautismo.

6.5. Los fieles renuevan las promesas de su bautismo y su profesión de fe. La gracia del bautismo hay que mantenerla viva. El celebrante lo recuerda mediante la aspersión a los fieles del agua bendecida.


7. La bendición final

Tiene una solemnidad especial con doble aleluya y es mejor cantarla con entusiasmo. Toda la semana continúa celebrándose este domingo, no basta un día.



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