Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de FEBRERO 2025: Por las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa

 

 



RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA
APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES DEL PAPA PARA EL MES DE FEBRERO






OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo me haga su amigo y apóstol, 
disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos, todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Oremos para que la comunidad eclesial acoja los deseos y las dudas de los jóvenes que sienten la llamada a servir la misión de Cristo en la vida sacerdotal y religiosa.»

AMÉN






ORACIÓN

Padre bueno, que sigues llamando jóvenes a servir la misión de Cristo en la vida sacerdotal y religiosa, enséñanos a acoger sus dudas y deseos. Te pedimos que nos concedas mayor apertura y cercanía a sus preguntas, desde una escucha atenta y gratuita, para acompañar mejor sus discernimientos con una libertad y entusiasmo renovados. Que como comunidad eclesial cultivemos una pastoral vocacional alegre, valiente, auténtica y movilizadora. Que, centrándonos en Jesús y su reino, animados por la fuerza del Espíritu Santo, generemos condiciones favorables para que el ‘evangelio de la vocación’ encienda el corazón de quienes se abren a tu llamada. 
 Amén.

Padre Nuestro…

Ave María...

Gloria...

Amén






VIDEO DEL PAPA









LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE


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Revista virtual RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA, FEBRERO 2025, Nº100.
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INTENCIÓN DEL MES

Papa Francisco: Dios sigue llamando a los jóvenes hoy

En el vídeo que ilustra su intención de oración para el mes de febrero, el Pontífice recuerda su vocación de joven y afirma que, escuchando a los jóvenes, se podrá acoger la llamada de Dios “en modos que sirvan mejor a la Iglesia y al mundo de hoy”.

“Por las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa” es el tema de la intención de oración del Papa para el mes de febrero de 2025: una cuestión que le lleva a hablar de los jóvenes y de la necesidad de acompañarlos en sus sueños e inquietudes, pero que al mismo tiempo le recuerda un momento crucial de su vida.


El joven Jorge y los jóvenes de hoy

“Cuando tenía 17 años -confía el Papa Francisco en el video mensaje realizado por la Red Mundial de Oración del Papa en colaboración con la Arquidiócesis de Los Ángeles- era estudiante y trabajaba, tenía mis proyectos. No pensaba para nada en ser sacerdote. Pero un día entré en la parroquia… ¡y allí estaba Dios, esperándome!”. Abren El Video del Papa precisamente sus fotos de joven -en la escuela, en familia, en la iglesia- para luego ceder el paso a escenas de la vida cotidiana de los jóvenes de hoy: cambian los tiempos, pero no cambia la capacidad del Señor de hablar al corazón de quien lo busca.

En efecto, el Pontífice afirma que “Dios sigue llamando a los jóvenes también hoy, en ocasiones de maneras que no imaginamos”, y hace “cosas nuevas con ellos”. De ahí la importancia de crear un ambiente de escucha en el que puedan manifestar sus inquietudes y sentirse “amados como son y por lo que son”, un ambiente en el que puedan oír y responder libremente a la llamada del Señor, acompañados por una comunidad acogedora. En palabras del Papa Francisco, “es necesario caminar con ellos, escucharlos… llevarlos a Jesús, y siempre favoreciendo la libertad”.

El Papa Francisco invita, por tanto, a escuchar al Espíritu Santo cuando “habla a través de las inquietudes que los jóvenes sienten”; así será posible acoger la llamada de Dios “en modos que sirvan mejor a la Iglesia y al mundo de hoy”. Por ello, nos exhorta a rezar para que “la comunidad eclesial acoja los deseos y las dudas de los jóvenes que sienten la llamada a servir la misión de Cristo en la vida sacerdotal y religiosa”.


El desafío de la confianza

El desafío es, entonces, el de la confianza en los jóvenes, en su capacidad para contribuir significativamente a la Iglesia y al mundo. De hecho, en el vídeo de febrero, el Papa Francisco invita a esperar en los jóvenes y, principalmente, en Dios, “porque Él llama a cada uno”.

“Nuestro Dios es un Dios que se toma en serio las vidas y los dones de los jóvenes”, comenta Mons. José H. Gómez, arzobispo de Los Ángeles. “La misión de la Iglesia -prosigue el obispo de la mayor diócesis estadounidense, que ha contribuido a la producción de este vídeo con los profesionales de su equipo digital – es caminar con los jóvenes para ayudarlos a crecer en su fe y trabajar para transformar este mundo en el Reino que Dios quiere para su pueblo”.

El Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, P. Cristóbal Fones, S.J., recuerda que “la confianza en los jóvenes es esencial para animarlos a examinar con libertad su propia vocación y a responder a ella con valentía. Un enfoque en la pastoral vocacional que realmente valora el diálogo y el acompañamiento también acepta y acoge las inquietudes, interrogantes y aspiraciones concretas del joven como un componente importante del proceso vocacional. Además, el Papa nos dice que, mediante la palabra de los jóvenes -a veces hasta desafiante o cuestionadora-, Dios también puede indicar caminos nuevos para la Iglesia de hoy, e incluso ofrecernos una ocasión para nuestra propia conversión”.

“En la vida cotidiana -continúa el P. Fones- todos podemos acompañar el discernimiento con cuatro actitudes fundamentales: la apertura, la escucha gratuita, la cercanía y el interés. En primer lugar, hemos de abrirnos a la misión de animar las vocaciones, y no cerrar los caminos que el mismo Dios abre. Esto es particularmente importante en el interior de las familias. Después, es importante crear en la comunidad un ambiente de escucha de la voz de Dios, de acogida, de respeto a quienes sienten deseos de seguir a Cristo en la vida consagrada o sacerdotal. Asimismo, hemos de estar cerca, con discreción y coherencia, aportando nuestro testimonio. Por último, interesarse sinceramente por cada uno ayuda a abrir el corazón. En definitiva, nuestras actitudes pueden ser decisivas para los jóvenes que quieren responder al Señor en este camino y no saben cómo hacerlo”.

Finalmente, cabe recordar que una de las condiciones necesarias para ganar las indulgencias concedidas con motivo del Jubileo del 2025 es orar por las intenciones del Sumo Pontífice; el Vídeo del Papa ofrece a todos una ocasión para ello, así como la plataforma digital de oración ClickToPray.

Con información de la Red Mundial de Oración del Papa

Tomado de:
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-02/papa-francisco-dios-sigue-llamando-a-los-jovenes-hoy.html



ACTITUDES PARA LA VIDA COTIDIANA


Acompañar el discernimiento

“Es necesario acompañar a los jóvenes, caminar con ellos, escucharlos, provocarles, moverles para que vayan más allá de las comodidades en las que descansan, despertar el deseo, interpretarles lo que están viviendo, llevarlos a Jesús y siempre favoreciendo la libertad para que respondan a la llamada del Señor libre y responsablemente.” (Papa Francisco).

¿Haces camino con el otro, o caminas por el otro? ¿Respetas su libertad al decidir? Mira el ejemplo de Jesús con los discípulos de Emaús, para inspirarte en su estilo cuando tengas que acompañar a alguien en su discernimiento vocacional.


Apertura

“Muchas veces los jóvenes esperan de nosotros un anuncio explícito del «evangelio de la vocación», una propuesta valiente, evangélicamente exigente y a la vez profundamente humana, sin rebajas y sin rigideces.” (Papa Francisco).

Ábrete a la misión de animar las vocaciones cuando surgen, incluso de personas cercanas. No cierres los caminos que Dios abre. Libérate de tus bloqueos y rigideces, para dejar libre al otro.


Cercanía

“Los consagrados tenemos un papel importante: permanecer despiertos para despertar a los jóvenes, estar centrados en el Señor para poder ayudar al joven a que se centre en él.” (Papa Francisco).

Manifiesta tu cercanía a quienes buscan el camino a seguir. Tu testimonio puede ser para el hermano, un referente importante a la hora de decidir. Cercana discreción y coherencia… ¿Las cultivas en tu vida y en tu comunidad?


Manifestar interés

“Es necesario crear ambiente de confianza, hacer sentir a los jóvenes que son amados como son y por lo que son. El texto de los discípulos de Emaús puede ser un buen ejemplo de acompañamiento.” (Papa Francisco).

Interesarse por el otro, sinceramente y sin egoísmos, ayuda a abrir el corazón. Que tu estilo sea el de Jesús, que se interesa por cada uno, hasta de las cosas más triviales. Tu actitud puede hacer la diferencia para el joven que quiere responder al Señor, y no sabe cómo.


Escucha gratuita

“Orar por las vocaciones supone, en primer lugar, orar y trabajar por la fidelidad a la propia vocación; crear ambientes donde sea posible escuchar la llamada del Señor; ponernos en camino para anunciar el «evangelio de la vocación», promoverlas y provocarlas.” (Papa Francisco).

Si respetas tu vocación personal y te escuchas en profundidad, podrás escuchar gratuitamente a otros… ¿Cómo puedes colaborar para que en tu comunidad haya un ambiente de escucha de la voz de Dios, de acogida, de silencio receptivo, de profundo respeto frente al misterio del que busca seguir a Cristo?






RECURSOS EN LA RED

A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray [App Store] [Google Play]






 





Teología Litúrgica - El Misterio Litúrgico de la Iglesia - Parte 4


Rodrigo Sánchez-Arjona Halcón, S.J.


Continuación del Capítulo 1


El misterio litúrgico de la Iglesia y la experiencia religiosa cristiana.

A pesar de todas las dificultades del racionalismo multiforme, es de suma importancia buscar por todos los medios posibles una sintonía profundamente humana con el misterio religioso cristiano. Porque el cristianismo no es ciertamente una religión cósmica, pero tampoco es un sistema de verdades formuladas dogmáticamente, que se aceptan y se profesan, ni una suma de preceptos morales, que se desea practicar. El cristianismo es ante todo algo sacramental y mistérico, porque mana todo él de un sacramento fontal, de un misterio cumbre y de una hierofanía irrepetible.

Agustín ha escrito: "No es otro el misterio de Dios sino Cristo" (17). A Jesús se le puede aplicar con toda exactitud la definición del sacramento dada por el concilio de Trento: Invisibilis gratiae forma visibilis (D. 876). Este hombre Jesús, que muere y resucita, es la presencia sensible irrefutable del Dios de la gracia en esta tierra nuestra.

El P. Rahner ha desarrollado esta idea con gran nitidez. Él dice: "Cristo es la presencia real e histórica del triunfo escatológico de la misericordia de Dios en el mundo. Ahora se puede indicar ya en el mundo mismo una realidad visible, históricamente captable, fijada en el espacio y en el tiempo y decir: Porque existe esto, está Dios reconciliado con el mundo; aquí "aparece" la gracia de Dios en nuestra espacialidad y en nuestra temporalidad; en ella tiene su signo espacial y temporal, que lleva consigo eso mismo que indica: Cristo, en su existencia histórica, es a un tiempo la cosa y su signo, sacramentum et res sacramenti de la gracia redentora de Dios ... " (18).

La fe cristiana, pues, ve en Cristo la meta de los anhelos religiosos de toda la humanidad. Lo sagrado en su invasión incesante de lo profano, lo ha trasfigurado todo, lo ha transformado todo con sus reflejos y fulgurantes destellos ante los ojos extasiados, pero en Cristo el cristiano admira la culminación definitiva de todas esas hierofanías y la máxima patencia en lo profano de la realidad divina.

Cristo es esta hierofanía única e irrepetible, porque en Él lo divino se hace presente en el mundo con una nueva y singular presencia, la de la Encarnación del Verbo (Jn. 1, 14; Fil. 2, 5-11; Heb 1 1-4). Esta nueva manifestación divina desarrolló toda su dinámica hierofánica en la pascua de Jesús (Hechos, 2, 32-36).

En el Verbo encarnado y glorificado el rostro de Dios es visto por los hombres de una manera nueva y singular también. Así lo canta la liturgia: "Gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que conociendo a Dios visiblemente, él nos lleve al amor de lo invisible" (19). Esta nueva manera de conocer al mundo divino es precisamente la fe cristiana. Esta fe, que es don de lo alto, vivencia de encuentro y por lo tanto luz y amor a la vez, introduce al hombre a la intimidad interpersonal con el Padre por el Hijo en el Espíritu. El gran mensajero de este nuevo conocimiento religioso es Juan, que pone como vía obligada de acceso a la fe cristiana el conocimiento simbólico. En efecto, sólo a través de Jesús oído, visto, contemplado y palpado, puede. el hombre ponerse camino hasta la experiencia religiosa propia del cristianismo (1 Jn. 1, 1-2; Jn. 14,6-7).

El intento de Juan al escribir su evangelio es despertar la fe cristiana en sus lectores. Juan anhela que el lector de su evangelio llegue a captar en el Jesús histórico esa hierofanía única y definitiva de Dios en el mundo 'Jn: 20,.31). Para ello el evangelista busca descorrer el velo misterioso que envuelve la vida terrena de Jesús, por esto tras la significación inmediata de las palabras de Jesús y de las obras corrientes y extraordinarias de su existencia terrena, Juan intuye, adivina y descubre otro plano de significación lleno de profundidad escatológica y de sentido religioso:

Para él todos los acontecimientos históricos de Jesús tienen un carácter simbólico y figurativo de su misión salvadora. Por ejemplo, el golpe de la lanza, que abrió el, costado del Señor es un hecho corriente. Un soldado con su lanza da el golpe de gracia a un ajusticiado de cuyo corazón roto brota sangre y agua. EI hombre sin la fe se queda en la superficie, en cambio el evangelista iluminado por el Espíritu descubre un misterio religioso en la trasparencia simbólica del agua y de la sangre (Jn. 19, 35-37).

La fe cristiana según Juan sería el fruto del encuentro del hombre con Jesús y de una iluminación, que le viene de lo alto a ese mismo hombre. Es iluminado de lo alto (Jn.6,33 ss., 44,65; 14,26; 16,12) para llegar a la fe cristiana.

Cuando para una persona humana el Jesús histórico se ha hecho símbolo diáfano del Unigénito (Jn. 1,14; 6,40; 14,19) la fe cristiana ha iluminado a esa misma persona (Jn. 6,68-68).

Pero, ¿Cómo podrán ver a Jesús los que jamás lo vieron físicamente? Más aún el mismo Jesús al hablar con Tomás parece asegurar, que se puede llegar a la fe cristiana sin "verlo" (Jn. 20,29).

Después de la Ascensión, el Señor sigue presente con una presencia sacramental en la Iglesia, y se deja ver mistéricamente en el anuncio de la palabra apostólica. Y por esta razón Juan escribió su Evangelio, y su testimonio llevó la luz de la fe a sus discípulos (Jn. 21,24).

La historia de la salvación llega hasta nuestros días, por esto el hombre Jesús resucitado y sentado a la diestra de Dios, hierofanía escatológica, se deja ver, oír y palpar, pero de forma sacramental en el misterio litúrgico de la Iglesia, expresión tomada por la misma Iglesia cuando comunica sensiblemente la gracia de su Señor a un individuo determinado.

Al comentar León Magno las palabras dirigidas por Cristo a Tomás, "Bienaventurados los que no ven, y sin embargo creen" (Jn. 20,29) escribe: "Para poder hacernos partícipes de esta bienaventuranza dio término el Señor a su presencia física. Primero consumó todo cuanto era necesario para el' anuncio del Evangelio y para los misterios de la Nueva Alianza. Una vez hecho esto subió cuarenta días después de su resurrección a los cielos a la vista de sus discípulos. Allí permanecerá a la diestra del Padre, hasta que se haya pasado el tiempo fijado para la multiplicación de los hijos de la Iglesia y vuelva con la misma carne, con que se elevó a juzgar a los vivos y a los muertos. A los misterios be pasado lo que había de visible en el Señor. La fe con esto se torna más preciosa y firme, porque a la visión física siguió la doctrina cuya autoridad debían reconocer los corazones de los fieles, iluminados por los rayos celestiales (20).

Para León los dos elementos exigidos por Juan para llegar a la fe cristiana siguen siendo necesarios, por una parte la visión de Jesús ahora presente de modo sacramental en el misterio litúrgico actualizador de la doctrina apostólica y por otra la iluminación venida de lo alto.

Oscar Cullman en su obra titulada "Los sacramentos en el evangelio de Juan" dice: "Partiendo de los hechos de la vida de Jesús, intenta (el evangelista) demostrar la completa identidad del Señor presente en la comunidad cristiana primitiva y del Jesús histórico; con ello traza la línea que une al Cristo de la historia y al Cristo Señor de la Iglesia, en cuyo seno se prosigue la encarnación del Verbo... En el culto es donde se manifiesta concretamente la presencia de Cristo en su Iglesia" (21).

Para Cullmann la curación del paralítico (Jn. 5, 1 - 9), la iluminación del ciego (Jn. 9, 1 - 4) y la resurrección de Lázaro (Jn. 11, 1 - 54), por ejemplo, son símbolos tipológicos de la presencia de Cristo en el bautismo de la Iglesia, en donde el catecúmeno es sanado, iluminado y vuelto a la vida religiosa más honda por Jesús resucitado visto, oído y palpado mistéricamente en el rito litúrgico.

En todas y en cada una de las acciones cultuales de la Iglesia y sobre todo en .la celebración eucarística, es en donde se cumple de modo señero la promesa del Señor: "Al que me ama, mi Padre lo amará y también yo lo amaré, y me manifestaré a él" (Jn. 14t 21)

La expresión usada aquí por el evangelista nos hace pensar en la experiencia religiosa hierofánica en la cual el espíritu humano es sorprendido por la presencia fulgurante de lo sagrado que aterra y fascina, conmueve y asegura, que lo divino está presente objetivamente y que no se trata en modo alguno de una creación patológica de la psicología humana. Se trataría de una experiencia religiosa semejante a la narrada en el Apocalipsis. Allí Juan es sorprendido un domingo (1, 10), día destinado al culto de la comunidad cristiana, por un encuentro con Jesús muerto y de nuevo vivo definitivamente (1,19) visto en medio de las comunidades de los fieles, simbolizadas por los candelabros de oro (1,13.21). Cuando vio esta manifestación, el vidente cayó espantado en tierra, pero el Señor le puso la diestra encima y le dijo: No temas (1,17). Después Juan es largamente iluminado por el Resucitado sobre la misteriosa presencia directiva de Dios y de su Cristo en la historia de los hombres.

Usando una simbología más cercana a la vida cotidiana, Lucas nos presenta una catequesis mistagógica de la presencia sacramental de Jesús resucitado en el misterio litúrgico de la Iglesia.

Dos discípulos desesperanzados caminan hacia Emaús. Jesús se les acerca, conversa con ellos, pero ellos no se dieron cuenta de que era Jesús (Luc. 24, 13 - 16). De esta manera Lucas enseña la nueva presencia del Resucitado entre los suyos. Él está siempre en medio de·la Iglesia, aunque no de una forma física-sensible. Por el camino Jesús les explica las Escrituras con un sentido cristológico, esta proclamación de la Palabra despierta en ellos la fe (Luc. 24, 25 - 27 Y 32). Cuando en la asamblea litúrgica se anuncia la Palabra, es Cristo el que habla a los suyos y el que con sus palabras enciende más y más la fe en ellos.

Finalmente, Jesús recita la bendición ante el pan y en ese momento los discípulos captan la presencia del Resucitado (Le. 24, 30 - 31). Con esto el evangelista indica, que la manifestación del Señor a los suyos llega a su cumbre cuando el símbolo sacramental se hace trasparente al espíritu iluminado por la fe avivada por la Palabra proclamada en el rito litúrgico.

Estas enseñanz.as de la Escritura nos muestran, que en el misterio litúrgico de la Iglesia la comunidad y cada uno de los fieles tienen la experiencia en la fe, de que el Señor Resucitado se les manifiesta en el aquí y en el ahora concretos, para iluminarlos, sanarlos y arrastrarlos en su paso de este mundo al Padre (Jn. 13, 1). De ahí que la acción cultual cristiana sea un misterio y un memorial litúrgico en el sentido explicado.

Por el mero hecho de hacerse trasparente el símbolo litúrgico se hace presente a la comunidad el ser simbolizado, es decir, el Señor Jesús, fuente de la gracia increada, el Espíritu de Dios (Jn. 19,34 Cfr. 7, 37 - 39), que se vuelve en el coraz6n humano luz, intimidad, unción. paz, bondad, energía y reconciliación con Dios y con los hombres.

De esta manera los símbolos litúrgicos cristianos vienen a ser los puntos de intersecci6n sensibles y fenoménicos entre la eternidad de Dios y la historia de los hombres, porque en el misterio litúrgico de la Iglesia es experimentado el Señor sentado a la diestra del Padre, como el que se acerca a los peregrinos de la historia para descubrirles los horizontes trascendentes, tan anhelados por el hombre de todos los tiempos.

Insistamos al finalizar este capítulo que lo característico del encuentro en la acción litúrgica entre el cristiano y Cristo, es que se realiza a través de elementos físicos como el agua, el crisma, el incienso, la luz y las tinieblas convertidos en símbolos de la presencia del Resucitado, y a través también de las palabras, de los gestos y de las personas mismas de los hombres trasformados también en símbolos de la presencia del Señor.

Porque todas estas cosas, que han servido a lo largo de los siglos como objetos hierofánicos en las religiones, han sido asumidas por Jesucristo en los "sacramentos" y por la Iglesia en los "sacramentales" para que sirvan de símbolos de la perenne presencia de la Pascua del Señor a los cristianos, mientras peregrinan por este mundo hacia la ciudad eterna (Vat. II, SC. 61).

 

Notas al Capítulo 1

(1) ELIADE, MIRCEA: Images et Symboles, Paris, 1963, pp. 13 - 14.

(2) Ibidem, pp. 234- 35

(3) ELIADE, MIRCEA: Tratado de las Religiones, Madrid, 1970, t. 1, pp. 23-59.

(4) Citado por HOSTIE, RAYMOND: El Mito y la Religión, Madrid, 1961, p. 77.

(5) Ibidem p. 78.

(6) SOFOCLES, ANTIGONA: Tragedias completas, Madrid, 1955, p. 197.

(7) CASEL, ODO: E/ Misterio del culto cristiano, San Sebestián, 1953, pp. 136-137.

(8) LECLERQ, JEAN: ¿Cómo se habla hoy de los sacramentos? , en Phase, 85, Barcelona, 1975, pp. 35-53.

(9) PEDRO DAMIANO: PL. 144, 897.

(10) LIBER SACRAMENTORUM ROMANAE ECLESIAE ORDINIS ANNI CIRCULI, Roma, 1960, n. 432.

(11) Ibidem, n. 91,

(12) Ibidem, n. 437.

(13) SCHEMA CONSTITUTIONIS DE ECCLESIA 1964, Re/atio n. 1, p. 18. '

(14) EL CARDENAL HUMBERTO: PL. 143, 1.126.

(15) AMBROSIO: PL. 3,875. 31

(16) SCHEMA CONSTITUTIONIS DE ECCLESIA, 1964, Re/ario n. 1, p. 18.

(17) AGUSTIN, PL. 33,845.

(18) RAHNER, KARL: La Iglesia y los sacra'n'lentos,Barcelona, 7964, p. 16.

(79) MISAL ROMANO: Prefacio de Navidad, 7 .

(20) LEON MAGNO, PL. 54. 398.

(21) CULLM~NN, OSCAR: La fe y el culto eN la Iglesia primitiva, Madrid, 1971, pp. 184 Y 207.


 


Referencia:
“TEOLOGÍA LITÚRGICA para agentes de pastoral” -  P. Rodrigo Sánchez-Arjona Halcón, S.J.


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Homilía del Domingo 4° T.O. (C), Enseñanzas de una visita

 


"Un profeta no es bien recibido en su tierra"

Compartimos la homilía de nuestro Director fundador P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.†
para el Domingo IV del Tiempo Ordinario.

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Homilía del 3º Domingo de TO (C), Jesús inicia su ministerio público

 


"El Espíritu Santo en Cristo,
el Espíritu Santo en nosotros"

Compartimos la homilía de nuestro Director fundador P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.†
para el Domingo III del Tiempo Ordinario donde Jesús inicia su ministerio púbico.

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Teología Litúrgica - El Misterio Litúrgico de la Iglesia - Parte 3


 

Rodrigo Sánchez-Arjona Halcón, S.J.


Continuación del Capítulo 1


Dificultad actual frente al misterio litúrgico de la Iglesia

En un artículo de Jean-Pierre Leclercq, aparecido en la revista Phase (febrero 1975) leemos que la palabra sacramento experimenta una doble reducción: "Por-una parte, y de hecho, designa sólo-los siete sacramentos. Por otra parte, los sacramentos siguen siendo entes físicos, entidad que contienen en sí la gracia y la dan en cuanto son realizados correctamente" (8).

Pero baste recordar que esta doble reducción de la palabra "sacramento" es relativamente tardía en la teología católica.

Así para Pedro Damiano la palabra “sacramento”, designaba, además de los siete ritos llamados sacramentos por los concilios de Florencia y de Trento (D. 69~; 844),.la coronación de los reyes, la dedicación de las iglesias, la  investidura de los canónigos, las consagraciones de los monjes, ermitaños y monjas (9), y en los libros litúrgicos más antiguos de la iglesia romana, la palabra "sacramento" se aplica a la Iglesia, ecclesiae tuae mirabile sacramentum (10) al tiempo cuaresmal, por eso al miércoles de cenizas es presentado como venerabilis sacramenti exordium (11), a toda la celebración litúrgica de la noche pascual, Deus qui nos ad celebrandum paschale secramentum utriusque testamenti paginis instruis... (12).

Todo esto nos indica que la palabra "sacramento" en otros tiempos tenía una riqueza de sentido teológico mayor de la que le concedió la escolástica y por supuesto, desbordaba los límites de los "siete sacramentos".

Cuando hoy el concilio Vaticano II nos ha enseñado, que la Iglesia es un "sacramento" (LG 1, 48; SC 5; GS 45), quiso devolver a esta palabra toda su riqueza teológica, como se puede ver por la relación sobre el n. 1 de la LG. Allí se dice, que por misterio no se entiende algo incomprensible, sino una realidad divina que se manifiesta de modo visible.

Es, pues, teológicamente verdadera la expresión "misterio" o "sacramento" aplicada a la Iglesia. Más aún la expresión es patrística y se presta por su anchura de sentido para elaborar una doctrina acertada y rica (13).

Por otra parte, al definir el sacramento como un signo sensible que significa y produce la gracia, empobrece el sacramento al presentarlo como "una cosa" y no como "símbolo" de la presencia viva del Señor Resucitado.

Si queremos realizar una pastoral litúrgica como la que recomienda el Vaticano II, debemos volver a la inteligencia de la causa simbólica. Esta causa simbólica esta enraizada en la experiencia religiosa de la humanidad, que ha sentido vivencialmente la presencia de las acciones salvadoras de la divinidad en la trasparencia hierofánica del rito religioso.

Esta misma experiencia nos la dio la teología católica hasta los siglos XI - XII. Por ejemplo, el cardenal Humberto escribe: "a través de ellos (sacramentos) está con nosotros Cristo desde su primera venida hasta la segunda, el mismo que estará con nosotros al final de los siglos. Estos sacramentos de tal manera son signos, que son la realidad significada"(14).

No se puede explicar con más claridad la causa simbólica, pues por el mero hecho de venir a ser una cosa determinada por un símbolo, la realidad simbolizada se hace presente en la trasparencia del objeto simbólico de tal manera, que el sujeto que contempla no capta dos entidades distintas, sino solo la realidad simbolizada manifestada por el símbolo.

El sacramento cristiano es causa de la gracia en cuanto la acción litúrgica de la Iglesia nos hace presente simbólicamente al mismo Jesús Resucitado, manifestación fontal de la gracia victoriosa de Dios. Esta presencia simbólica del Señor en los sacramentos es la que experimentaba Ambrosio cuando escribía: "Te hallo y te siento vivo en tus sacramentos" (15).

A esta vivencia religiosa cristiana quiere conducir a los fieles el Concilio Vaticano II, por eso en su definición de Liturgia ha empleado la noción del misterio cultual. Examinemos con alguna detención esta definición de liturgia.

El Concilio no ha pretendido darnos una definición rigurosa y técnica de la liturgia, más bien nos hace una descripción de ella. Lo primero que advertimos es que para el Vaticano II, Cristo, la Iglesia y la Liturgia tienen una estructura esencial idéntica. Esta estructura es la de Sacramentum o mysterium, entendidos, como una "realidad divina trascendente y salvífica, que se revela y manifiesta de cierta manera sensible" (16).

Así está estructurado Cristo (SC.5), así lo está también la Iglesia, (SC. 2.6), y de esta misma forma está estructurada la liturgia. (SC. 7) Cristo es, pues, el sacramento primordial y fontal, de donde mana la Iglesia como sacramento general, '''del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera" (SC.5). El ser sacramental de la Iglesia se manifiesta en forma cumbre en el sacramento particular y concreto, que es toda la liturgia cristiana (SC. 6).

Sobre este fondo sacramental o mistérico se pasa a describir más de cerca la naturaleza de la liturgia (SC. 7). Veamos las diversas notas de esta descripción:

- Si la 'Iglesia tiene eficacia para actualizar en cada hombre la salvación realizada por Cristo, es sólo porque Cristo está presente en ella. Pero esta presencia salvadora de Cristo en la Iglesia tiene su máxima eficacia en la acción litúrgica.

- La presencia del Señor se concretiza y aparece simbólicamente en la diafanía, de la comunidad cultual, del ministro que preside, de la palabra proclamada en la asamblea, de los ritos sacramentales, y de modo cumbre en el pan y en el vino eucaristizados.

- La presencia de Cristo ejerciendo su sacerdocio eterno santificador del hombre y glorificador del Padre es captada a través de los símbolos litúrgicos, por tanto, el Concilio pone a la liturgia en el plano del sacramento o misterio.

De ahí que se nos presente la liturgia como un conjunto de signos sensibles manifestadores de la presencia santificadora y glorificadora de Cristo en medio de la Iglesia local concreta, y por lo tanto histórica.

- Este conjunto de símbolos litúrgicos simbolizan a la vez el culto al Padre y la santificación del hombre. De esta manera el doble movimiento de la liturgia, el que baja de Dios al hombre para santificarlo y el que sube del hombre a Dios para alabarlo, ha quedado perfectamente descrito por el concilio.

Para el Vaticano II los siete sacramentos en tanto tienen valor sacramental profundo, en cuanto son símbolos trasparentes para el fiel de la presencia del Señor Jesús sentado a la derecha del Padre, el cual se manifiesta a la fe de los suyos en el aquí y en el ahora por medio de cualquiera acción cultual de la Iglesia.

Porque hemos de anotar también que para la Constitución Sacrosanctum Concilium los siete ritos mayores, es decir, "los siete sacramentos'" no son los únicos ritos capaces de poner al creyente en un contacto mistérico-sacramental con el misterio pascual de Cristo. Todas las demás acciones litúrgicas de la Iglesia, llamadas "sacramentales", tienen la posibilidad de ser para los fieles símbolos diáfanos de la Pascua del Señor (SC. 61).

Con lo cual el Vaticano II nos da a entender, que desde el punto de vista objetivo los "siete sacramentos" (SC~6) y sobre todo la Eucaristía (SC. 10) son el núcleo más auténtico de la liturgia católica, pero que a la vez se ha de mirar con infinito respeto los caminos de la gracia, la cual se acomoda a la cultura de los pueblos y a la idiosincrasia de los individuos con el fin de llevarlos al encuentro interpersonal y mistérico con el Señor resucitado.

Esta visión del Vaticano II de los sacramentos y de los sacramentales nos invita a adentrarnos en el estudio de la experiencia religiosa cristiana suscitada por el misterio litúrgico de la Iglesia.







Referencia:
“TEOLOGÍA LITÚRGICA para agentes de pastoral” -  P. Rodrigo Sánchez-Arjona Halcón, S.J.


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