Doctrina Social de la Iglesia - 40. El Mercado II

 


P. Ignacio Garro, jesuita †

7. EL MERCADO

Continúa...

7.2.- Modelos ideales y reales del sistema de precios en el mercado.

Los economistas estudian diversos “modelos” de mercado o situaciones ideales de mercado. Uno de estos modelos es el denominado mercado de “competencia perfecta”, que da lugar a un precio de equilibrio, independiente de las voluntades de los compradores o vendedores. Está el modelo ideal de la libre competencia. En el lado opuesto el monopolio.

El mercado se mueve en unas condiciones o modelos distintos que varían según que los precios sean más o menos dirigidos y protegidos. Por ejemplo:

  • Un solo vendedor:        Monopolio
  • Pocos vendedores:        Oligopolio
  • Muchos vendedores:    Competencia imperfecta
  • Muchos compradores y vendedores:    Competencia perfecta


7.2.1.- Modelos ideales del sistema de precios

A.- Competencia perfecta: Para que se dé la competencia perfecta hacen faltas ciertas condiciones que se pueden resumir de la siguiente manera:

  • Hay un gran número de compradores y vendedores de tal modo que nadie tiene poder suficiente para influir sobre el precio
  • Compradores y vendedores pueden entrar y salir libremente del mercado, lo cual implica que el intercambio sea completamente voluntario
  • Los productos de cada vendedor están indiferenciados, es decir, se compran y se venden por sus caracteres genéricos (trigo, petróleo), de modo que ningún producto es reconocido como mejor o distinto que el otro.
  • Hay plena información de lo que ocurre en el mercado, nadie puede manipular precios o condiciones de venta sin que los demás se enteren inmediatamente
  • Los poderes públicos no intervienen en absoluto en la fijación de precios, ni de ningún otro modo, por ejemplo, otorgando subvenciones, liberando impuestos, etc.





B.- Monopolio: Un mercado comercial en régimen de monopolio presenta las siguientes características:

  • Hay un solo vendedor de un determinado producto
  • El producto que se vende no puede ser fácilmente sustituido por otros productos equivalentes.
  • Puede vender a todo el mercado
  • Ningún otro vendedor puede entrar libremente en el mercado
  • Los poderes públicos intervienen directamente en el precio de venta al público

 

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Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


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Domingo XXIV del Tiempo Ordinario. Ciclo C. “El hijo pródigo”



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P. Adolfo Franco, jesuita

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15, 1-32):

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:

«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola:

«¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice:

“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”.

Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice:

“Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”.

Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

También les dijo:

«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:

“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.

Recapacitando entonces, se dijo:

«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.

Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.

Su hijo le dijo:

“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero el padre dijo a sus criados:

“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.

Y empezaron a celebrar el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.

Este le contestó:

“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.

Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Entonces él respondió a su padre:

“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.

El padre le dijo:

“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Palabra del Señor.

 

Jesús nos descubre la inmensidad de la misericordia del Padre.

El Evangelista San Lucas agrupa en estos versículos tres parábolas sobre la misericordia. Quiere dejar bien establecido que Jesús ha venido a salvar, que su deseo es tener una fiesta por la salvación de sus hijos. Sobre todo quiere poner al descubierto el corazón tierno y amoroso de Dios. Estas tres parábolas tienen detalles hermosos, que pretenden subrayar la voluntad de misericordia, el deseo incontenible que tiene Dios de salvarnos. El pastor carga sobre sus hombros la oveja perdida, no la empuja golpeándola con la punta de su cayado. La mujer que enciende la lámpara, y que se afana incansablemente en buscar la moneda perdida, y que explota de alegría cuando termina su búsqueda. ¿Será verdad, Dios mío, que explotas de alegría cuando nos encuentras? ¿Será verdad que encendiste todas las luces para buscarnos? ¿Mi Dios, tú nos cargas sobre tus hombros? Señor, hazme entender que por mí haces fiesta.

Pero la que más se ha destacado siempre de las tres parábolas es la del hijo pródigo, y con razón, por la transparencia del amor, por la fuerza del dramatismo, y por la emoción dolida que surge en un padre que ve alejarse al hijo, y de un hijo que llega al extremo del fracaso. Y sobre todo destaca por el amor incondicional del Padre cuando vuelve a abrazar al hijo que se fue.

Lo primero que el Señor quiere inculcarnos es que alejarse de la casa del padre es caminar al fracaso. Una afirmación contundente, pero que es esencial: alejarse de Dios es arruinar la vida. La dignidad del hombre, sólo se salvaguarda en la casa del Padre. La felicidad que se pretende obtener lejos de Dios, termina siendo amargura y fracaso. El ser humano se realiza al calor de Dios, y se destruye cuando camina lejos de Dios. Con frecuencia se tiene (inconscientemente) la idea de que Dios hace la vida aburrida, y que para buscar la felicidad hay que liberarse de cada uno de los diez mandamientos. Se piensa que la felicidad se puede obtener cuando se borran de nuestro pensamiento las ideas religiosas. Se piensa que las orientaciones y las prácticas religiosas hacen la vida reprimida. Y que en la aventura del placer, en que uno rompe todos los esquemas de los “niños buenos”, es donde se encuentra la chispa de la vida, lo emocionante.

Y por eso la parábola nos presenta al hijo, cuando ya ha gastado todo; despierta de su sueño de felicidad equivocada; y se ve rodeado de animales inmundos, sucio, con hambre y sin dignidad. Pelea por quitarle su comida a los animales. Ese es el despertar del que ha equivocado el camino.

La segunda gran enseñanza y la más central que nos la da la parábola, es que Dios es Padre. Esto lo hemos dicho tantas veces todos, que parecen tópicos vacíos de significación; palabras que no se sienten y que se repiten por rutina. Decimos que Dios es nuestro Padre, y no nos llenamos de emoción. ¿Es verdad que Dios nos trae a la vida, y se llena de ternura con nosotros, y nos echa de menos cuando nos alejamos? ¿Es verdad que suspira por encontrarnos, que todos los días sale al camino para ver si en el horizonte al fin me ve a mí acercarme a su casa? ¿Es verdad que me llena de besos, que me pone su anillo, que me viste, y que prepara para mí un banquete? ¿Será verdad? ¿Será verdad que le gusta que le diga el Padre Nuestro? ¿Será verdad que mira a ver si este domingo he ido a verlo, a estar con El a solas, al menos un rato? ¿Es vedad que me amas así, Dios querido?

Otra enseñanza es que Dios vive impreso en nuestro corazón, su huella es imborrable (una chispa de su vida nos hizo vivir) y que no descansamos hasta que nos volvamos a El de todo corazón. San Agustín decía: “nos hiciste, Señor, para Ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que no descanse en Ti”. Esto es lo que siente el hijo pródigo: una irresistible añoranza de Dios, de su Padre. Cuando ha pasado el torbellino de las aventuras que lo han tenido aturdido, cuando se ha disipado la niebla del placer, se siente sólo, tristemente sólo, necesitando el abrazo de su padre, su voz tranquilizadora. Cuando se sienta a pensar, en esa pocilga que es la descripción de su propia suciedad, siente una honda necesidad de llamar por su nombre a su Padre. Y este fuego interior lo va preparando para verse de nuevo con su Padre ¿cómo imaginaría este muchacho que sería ese encuentro? ¿Cómo soñaría con su padre, la última noche en la pocilga?

Dice San Agustín, ese hijo pródigo, salvado por las lágrimas de su madre: “Y Tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que Tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo”. 



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Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

 




Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de SEPTIEMBRE 2022: Por la abolición de la pena de muerte

  


 



RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA
APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES DEL PAPA PARA EL MES DE SEPTIEMBRE




OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo me haga su amigo y apóstol, 
disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos, todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Recemos para que la pena de muerte, que atenta a la inviolabilidad y dignidad de la persona, sea abolida en las leyes de todos los países del mundo.»
AMÉN




ORACIÓN

Padre Bueno, que nos dejaste en Jesucristo

la fuente del perdón y la misericordia

ante toda miseria humana;

danos el valor para oponernos con determinación

a la pena de muerte como castigo.

Ningún delito por aberrante que fuera

escapa al poder de la conversión y de tu infinita misericordia.

Confiados en ella te pedimos que

tu Espíritu Santo nos inspire su sabiduría

para que en todo el mundo eliminemos este flagelo,

encontrando modos alternativos de reparar el daño

y rescatar de la muerte a los agresores que lo provocan.

Amén.


Padre Nuestro…

Ave María...

Gloria...

Amén




LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE


ENLACES AQUÍ

DESCARGUE EN PDF LAS ORACIONES
Revista virtual RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA, SEPTIEMBRE 2022, Nº70.
AQUÍ.



INTENCIÓN DEL MES

El Papa: Que la pena de muerte sea abolida en todos los países del mundo

En el Video del Papa con la intención de oración de septiembre, Francisco invita a rezar por la abolición de la pena de muerte en el mundo entero. Una práctica que se sigue aplicando en 55 países en varios continentes y que “destruye el don más importante que hemos recibido: la vida". “Inadmisible” a la luz del Evangelio, “no ofrece justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza”, advierte el Pontífice

Vatican News

“Cada día crece más en todo el mundo el NO a la pena de muerte. Para la Iglesia esto es un signo de esperanza”. Con esta afirmación inicia el Video del Papa para el mes de septiembre, con la intención de oración por la abolición de la pena de muerte en el mundo, que el Santo Padre confía a la Iglesia Católica a través de la Red Mundial de Oración del Papa.

De hecho, según datos de las Naciones Unidas, unos 170 estados han abolido la pena de muerte, han impuesto una moratoria en su utilización en la legislación o en la práctica, o han suspendido las ejecuciones por más de 10 años. Sin embargo, la pena capital se sigue aplicando en 55 países en varios continentes.

Jurídicamente no necesaria y moralmente inadecuada

Los pontífices, desde Juan Pablo II hasta Benedicto XVI, se han pronunciado con firmeza contra el uso de la pena capital por parte de los gobiernos en las últimas décadas. Y el Papa Francisco dio un paso más al aprobar en 2018 un nuevo párrafo del catecismo en el que se condena claramente la pena capital y en el que se expresa el compromiso de la Iglesia con su abolición total. Así, en el Video del Papa de septiembre, el Pontífice recuerda que “desde un punto de vista jurídico”, la pena de muerte “no es necesaria”.

La sociedad puede reprimir eficazmente el crimen sin quitar definitivamente a quien lo cometió la posibilidad de redimirse. Siempre, en toda condena, debe haber una ventana de esperanza.  La pena capital no ofrece justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza. Y evita toda posibilidad de deshacer un posible error judicial. Por otro lado, moralmente la pena de muerte es inadecuada, destruye el don más importante que hemos recibido: la vida.

La pena de muerte es “inadmisible” a la luz del Evangelio

En un momento marcado por las noticias de condenas a muerte y ejecuciones en diversas partes del mundo, el Santo Padre hace un llamamiento no solo a los cristianos, sino a todas las personas de buena voluntad para que se comprometan en lograr la abolición de la pena de muerte:

No olvidemos que, hasta el último momento, una persona puede convertirse y puede cambiar. Y a la luz del Evangelio, la pena de muerte es inadmisible. El mandamiento «no matarás» se refiere tanto al inocente como al culpable. Por eso, pido a todas las personas de buena voluntad que se movilicen para lograr la abolición de la pena de muerte en todo el mundo.

“Recemos para que la pena de muerte, que atenta contra la inviolabilidad y dignidad de la persona, sea abolida en las leyes de todos los países del mundo”

A propósito de la esta intención de oración del Papa para el mes de septiembre, el P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, afirmó:

“Este mes Francisco nos invita a rezar por la abolición de la pena de muerte, reiterando lo que dijo en Fratelli tutti y especificado en el Catecismo de la Iglesia Católica: ‘La Iglesia está decidida a proponer su abolición en todo el mundo’. ¿Por qué? Porque hasta en el último momento una persona puede convertirse, reconocer sus crímenes y cambiar. En cambio, la pena capital es como ponerse en lugar de Dios. Con la condena, se determina que una persona ya nunca podrá cambiar, cosa que no sabemos. Este mes de septiembre el Papa nos invita a rezar y a movilizarnos para apoyar concretamente las asociaciones y organismos que luchan por la abolición de la pena de muerte”.

Acerca del Video del Papa
El Video del Papa es una iniciativa oficial de alcance global que tiene como objetivo difundir las intenciones de oración mensuales del Santo Padre. Es desarrollada por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración). Desde el año 2016, el Video del Papa lleva más de 180 millones de visualizaciones en todas las redes sociales vaticanas, es traducido a más de 23 lenguas y tiene una cobertura de prensa en 114 países.

(Por la Red Mundial de Oración del Papa).



ACTITUDES PARA LA VIDA COTIDIANA

Dignidad humana.

“El firme rechazo de la pena de muerte muestra hasta qué punto es posible reconocer la inalienable dignidad de todo ser humano y aceptar que tenga un lugar en este universo. Ya que, si no se lo niego al peor de los criminales, no se lo negaré a nadie, daré a todos la posibilidad de compartir conmigo este planeta a pesar de lo que pueda separarnos.” (Papa Francisco) (FT 269).

¿Cómo piensas y actúas en relación con quienes te han dañado gravemente a ti o a los que amas?


Acompañar.

“Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio, y la personalidad humana puede desplegar sus múltiples iniciativas en favor del bien común” (Papa Francisco) (FT 22).

¿Sabes acompañar las situaciones de dolor y daño considerando tanto a la víctima como al agresor injusto?


Reparar el daño.

“Si un delincuente me ha hecho daño a mí o a un ser querido, nadie me prohíbe que exija justicia y que me preocupe para que esa persona —o cualquier otra— no vuelva a dañarme ni haga el mismo daño a otros. Corresponde que lo haga, y el perdón no sólo no anula esa necesidad, sino que la reclama” (Papa Francisco) (FT 241).

En la medida de tus posibilidades, repara el daño por la oración y la acción en las situaciones de conflicto aún cuando no hayas sido tú el autor del mismo.


Pedir perdón y perdonar.

“Vivamos y enseñemos nosotros el valor del respeto, el amor capaz de asumir toda diferencia, la prioridad de la dignidad de todo ser humano sobre cualesquiera fuesen sus ideas, sentimientos, prácticas y aun sus pecados” (Papa Francisco) (FT 191).

¿Quiénes necesitan que te acerques para dar o recibir el perdón?


Humanizar.

“Todos los cristianos y los hombres de buena voluntad están llamados, por lo tanto, a luchar no sólo por la abolición de la pena de muerte, legal o ilegal que sea, y en todas sus formas, sino también con el fin de mejorar las condiciones carcelarias, en el respeto de la dignidad humana de las personas privadas de libertad.” (Papa Francisco) (FT 268).

Procura con tus gestos y palabras que toda situación de vulnerabilidad y daño en tus ambientes, se haga más suave, más llevadera y más humana.

Fuente: ClickToPray




RECURSOS EN LA RED

A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray [App Store] [Google Play]

C. Para comunicarnos:
apostolado.oración.peru@gmail.com



EJERCICIOS ESPIRITUALES en la vida cotidiana. Programa DESAFÍO - 4


 Programa del P. Mark Link jesuita, sobre Ejercicios Espirituales para desarrollarlos en la vida diaria, en esta cuarta entrega, se comparte la sexta semana de ejercicios espirituales.

Acceda AQUÍ.  




Meditaciones: Vida, Muerte y Resurrección de Jesucristo 19


 P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, jesuita


Continuamos con la publicación de las meditaciones diarias por el P. Fernando Basabe Manso de Zúñiga, jesuita, en esta décima novena entrega finalizamos los de la quinta etapa e iniciamos los de la sexta etapa, las meditaciones corresponden a los siguientes temas:

V. JESÚS EN JERUSALÉN

(Fines de Septiembre - comienzos de Octubre, año 29)

CURACIÓN DE UN CIEGO DE NACIMIENTO

Meditaciones de la 144 a la 147

VI. DESPUÉS DE LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS, HASTA LA FIESTA DE LA DEDICACIÓN

ACTIVIDAD DE JESÚS EN JUDEA Y PEREA

Meditaciones de la 148 a la 150

Asimismo, se acompaña con enlaces a la Introducción y Breves indicaciones para hacer con fruto las meditaciones presentadas por el autor, con la finalidad de dar orientaciones básicas a los ejercitantes, y se complementa con orientaciones para realizar el examen de la meditación.

Esperamos que estas publicaciones sean de provecho espiritual, con la gracia de Dios.

ACCEDA A LAS MEDITACIONES AQUÍ






San Pedro Claver S.J.: Apóstol de los Negros


Fiesta 9 de septiembre

Para conocer más sobre su vida, acceda a nuestra publicación AQUÍ

 

Domingo XXIII del Tiempo Ordinario. Ciclo C. “El amor a Dios es primero”

 


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P. Adolfo Franco, jesuita

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14, 25 - 33):

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:

“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?

Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».

Palabra del Señor

 

El amor de Dios por encima de todo otro amor, es lo que nos enseña Jesús.

Jesucristo propone a un grupo de seguidores una meta que suena a absurda: “Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío”. Es necesario apuntar, para comprender debidamente este mensaje, que en la Biblia de Jerusalén hay una nota oportuna que dice: “odiar” es un hebraísmo y quiere decir en realidad “amar menos”; lo que Jesús pide es desprendimiento completo, que no haya ningún amor por encima del amor a Jesús.

En el resto del párrafo que hoy se lee Jesús continúa el desafío poniendo dos ejemplos: el del constructor que primero necesita calcular si podrá costear la torre que va a empezar a construir, y el segundo, el que se lanza a la guerra y debe medir la capacidad de sus fuerzas.

Ya la aclaración lingüística que nos hace la Biblia de Jerusalén nos quita la imagen de que para seguir a Jesús haya que odiar a toda la familia, explicación fundamental. Si no, tendríamos una propuesta absurda e impropia de Dios: Dios no puede mandar odiar a nadie y menos a la familia. Lo que nos está mandando es que hay que poner el amor a Dios (el seguimiento a Jesús es amor) por encima de todas las cosas. Y el Señor quiere recalcar que esto no es tan obvio, y no es tan sencillo. Que este amor a Jesucristo, muchas veces nos va a poner en situaciones de conflicto, incluso conflicto familiar. Por eso habla también de “cruz” y de renuncia.

¿Qué se plantea en todo esto? Que el seguimiento de Jesús es muy exigente, y que a veces puede traer conflictos, incluso con el amor a la propia familia, y por supuesto puede entrar en conflicto con otros intereses personales. Por eso al final de esta lección se nos indica que hay que saber renunciar a todo para poder seguir a Jesucristo.

Al proponerles esta meta en forma tan áspera, podría parecer que Jesucristo mismo está disuadiendo a los que pretenden seguirle, diciéndoles que lo piensen “dos veces”. Jesús quiere, por el contrario, que le sigamos, quiere atraernos a todos hacia El; en otros momentos dice: “venid a mí todos”. Nuestra salvación está en seguir a Jesús, y Dios quiere que todos se salven, por tanto, es voluntad de Dios que sigamos a Jesús. El amor a Jesús es una fuerza tan grande, y llena tanto, que cuando se llega a tener por la gracia de Dios, todo esto que ahora manda, resulta factible.

Estaremos defendidos de todos los peligros si cargamos con nuestra cruz. Con la cruz quedan conjurados y neutralizados todos los enemigos. La cruz que hay que cargar es la nuestra, la cruz es nuestra vida. Y aquí hay otra lección hermosa: la vida hay que cargarla, pero no como quien carga una condena, sino como quien carga el propio instrumento de salvación. La vida entendida como cruz, y no necesariamente como dolor y tragedia, sino como puerta de salvación, si es que la cargamos siguiendo a Jesús. Si intentamos hacer nuestra vida semejante a la de Jesús, entonces nuestra vida será una cruz, semejante a la del Señor; y entonces la fuerza salvadora de la Cruz del Redentor vitalizará nuestra propia cruz, y la convertirá en una vida llena de sentido: las dificultades y dolores se convertirán en escalones de ascensión.

Claro que esto es difícil y por eso el Señor nos advierte que antes de construir calculemos los costos, a ver si el dinero nos alcanza; y que antes de entrar en esta batalla calculemos nuestras fuerzas, a ver si podemos lograr el éxito.

Pero qué nos quieren decir estas advertencias ¿solamente que seamos prudentes? ¿Quiere decirnos el Señor que no nos aventuremos? Más bien quiere decirnos que no confiemos en nuestras fuerzas o en nuestro caudal. Con nuestras solas fuerzas no podríamos vencer las dificultades de este camino; con nuestras propias riquezas no podríamos terminar de construir nuestro edificio y no podríamos ganar la batalla; pero El está dispuesto a apoyar nuestros esfuerzos y si Dios está con nosotros, ¿quién podrá vencernos en la batalla? Y si Dios nos presta sus riquezas ¿qué nos faltará para construir? Esa es la advertencia que nos da el Señor: no quiere que nos paralicemos ante la dificultad, sino que acudamos a El, para que nos sea posible seguirlo; y para que nos sea posible tomar nuestra vida con alegría, porque la vida se convierte en una cruz salvadora.



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Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

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Doctrina Social de la Iglesia - 39. El Mercado I


 

P. Ignacio Garro, jesuita †

7. EL MERCADO


Mercado, del latín: “mercatus” = mercado, feria, comercio, tráfico de mercancías, negocios, lugar donde se hacen las transacciones de compra y venta. Hoy al hablar de mercado, no nos referimos necesariamente a un lugar físico, sino a un ámbito de actuación comercial donde concurren sujetos para comprar y vender cosas o servicios. Así se habla del mercado nacional de automóviles, del mercado mundial del cobre, mercado de capitales financieros, etc.

Los tipos de  mercado son muy variados: además de los anteriormente citados están los mercados de créditos, donde se venden o compran acciones, préstamos o cesiones de dinero a cambio del derecho de recuperarlo. Mercado de la vivienda. Mercado de bienes industriales, maquinaria industrial, agraria, o mercado de bienes y servicios, como servicios o asesorías legales, laborales, servicios de dirección y organización de empresas, etc.

Conviene distinguir entre mercado en sí mismo y economía de mercado. El mercado se configura como una realidad básica de la actividad económica en la que se intercambian todo tipo de bienes y servicios. Su existencia se remonta a muchos siglos atrás. Para nosotros el interés estará centrado sobre todo, en la economía de mercado, cuyos componentes se fundamentan en el mercado, pero exige que funcione en condiciones de libertad empresarial, de precios, y con la adecuada libertad de iniciativa corporativa, gremial y privada.

 

7.1.- La actividad económica y mercado

En el origen de toda actividad económica encontramos a alguna persona emprendedora, o empresario que descubre la posibilidad de ofrecer un producto que puede satisfacer los deseos o necesidades de un grupo de personas y que éstas tienen posibilidad de comprarlo.

También se originan actividades económicas productivas por las demandas de un bien, o un servicio que existe en la sociedad concreta. Para ofrecer este producto, el empresario deberá de obtenerlo en el mercado (comercio mayorista) o producirlo él mismo, aplicando para ello ciertos recursos (industria). El empresario emprendedor puede realizar estas actividades por sí mismo o contando con la colaboración de otras personas que aporten su trabajo, su colaboración o su capital de inversión, creando así una empresa.

Cuando se llega a un acuerdo entre potenciales vendedores y compradores, se formaliza un “contrato”, verbal o escrito, y posteriormente se realiza el intercambio entre lo ofrecido y lo demandado por un determinado precio.

La venta de una cantidad determinada de un producto al precio convenido da lugar a unos ingresos. La diferencia entre los ingresos obtenidos y los costoso originados (materia prima, mano de obra, producción, comercialización, costos financieros, etc) para poder suministrar el producto, genera un excedente de ganancia llamado “beneficio”

Si el precio y el beneficio que se pueden obtener son suficientemente atractivos, otras personas emprendedoras también se animarán a ofrecer el mismo producto. Y para lograr ser elegidos por los compradores, tenderán a rebajar el precio, u ofrecer mejor calidad, o procurarán por medio de la propaganda convencer el comprador de que su producto por el mismo precio que el competidor tiene más ventajas o mejor calidad. De este modo se establece la libre competencia de mercado o competencia comercial.


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Catequesis del Papa sobre el discernimiento: 1. ¿Qué significa discernir?



PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 31 de agosto de 2022

[Multimedia]

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¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Hoy comenzamos un nuevo ciclo de catequesis: hemos terminado la catequesis sobre la vejez, ahora iniciamos un nuevo clico sobre el tema del discernimiento. El discernimiento es un acto importante que concierne a todos, porque las elecciones son una parte esencial de la vida. Discernir las decisiones. Uno elige la comida, la ropa, un curso de estudio, un trabajo, una relación. En todos ellos se realiza un proyecto de vida, y también se concreta nuestra relación con Dios.

En el Evangelio, Jesús habla del discernimiento con imágenes tomadas de la vida ordinaria; por ejemplo, describe al pescador que selecciona los peces buenos y descarta los malos; o al mercader que sabe identificar, entre muchas perlas, la de mayor valor. O el que, arando un campo, encuentra algo que resulta ser un tesoro (cf. Mt 13,44-48).

A la luz de estos ejemplos, el discernimiento se presenta como un ejercicio de inteligencia, y también de habilidad y también de voluntad, para aprovechar el momento favorable: son condiciones para hacer una buena elección. Es necesario inteligencia, habilidad y también voluntad para hacer una buena elección. Y también hay un coste necesario para que el discernimiento sea operativo. Para desempeñar su oficio lo mejor posible, el pescador tiene en cuenta la fatiga, las largas noches en el mar y el descarte de una parte de las capturas, aceptando una pérdida de ganancias por el bien de los destinatarios. El comerciante de perlas no duda en gastar todo para comprar esa perla; y lo mismo hace el hombre que ha tropezado con un tesoro. Situaciones inesperadas e imprevistas en las que es imprescindible reconocer la importancia y la urgencia de una decisión que hay que tomar. Cada uno debe tomar sus decisiones; no hay nadie que las tome por nosotros. En un momento determinado los adultos, libres, pueden pedir consejo, pensar, pero la decisión es propia; no se puede decir: “He perdido esto, porque lo ha decidido mi marido, mi mujer, mi hermano”: ¡no! Tienes que decidir tú, todo el mundo tiene que decidir, y por eso es importante saber discernir: para decidir bien, hay que saber discernir.

El Evangelio sugiere otro aspecto importante del discernimiento: implica los afectos. El que ha encontrado el tesoro no siente ninguna dificultad en venderlo todo, tan grande es su alegría (cf. Mt 13,44). El término utilizado por el evangelista Mateo indica una alegría muy especial, que ninguna realidad humana puede dar; y de hecho vuelve a aparecer en muy pocos otros pasajes del Evangelio, todos ellos referidos al encuentro con Dios. Es la alegría de los Magos cuando, tras un largo y penoso viaje, vuelven a ver la estrella (cf. Mt 2,10); es la alegría de las mujeres que regresan del sepulcro vacío tras escuchar el anuncio de la resurrección por parte del ángel (cf. Mt 28,8). Es la alegría de los que han encontrado al Señor. Tomar una bella decisión, una decisión correcta, siempre te lleva a esa alegría final; quizás en el camino tengas que sufrir un poco de incertidumbre, pensar, buscar, pero al final la decisión correcta te beneficia con la alegría.

En el Juicio Final, Dios obrará el discernimiento —el gran discernimiento—hacia nosotros. Las imágenes del agricultor, el pescador y el mercader son ejemplos de lo que ocurre en el Reino de los Cielos, un Reino que se manifiesta en las acciones ordinarias de la vida, que nos exigen tomar posición. Por eso es tan importante saber discernir: las grandes elecciones pueden surgir de circunstancias que a primera vista parecen secundarias, pero que resultan ser decisivas. Por ejemplo, pensemos en el primer encuentro de Andrés y Juan con Jesús, un encuentro que nace de una simple pregunta: "Rabí, ¿dónde vives?" — "Venid y veréis" (cf. Jn 1,38-39), dice Jesús. Un intercambio muy breve, pero es el comienzo de un cambio que, paso a paso, marcará toda una vida. Años después, el evangelista seguirá recordando aquel encuentro que le cambió para siempre, también recordará la hora: "Eran como las cuatro de la tarde" (v. 39). Es la hora en que el tiempo y lo eterno se encontraron en su vida. Y en una decisión buena, correcta, se encuentra la voluntad de Dios con nuestra voluntad; se encuentra el camino presente con el eterno. Tomar una decisión correcta, después de un camino de discernimiento, es hacer este encuentro: el tiempo con lo eterno.

Por lo tanto: el conocimiento, la experiencia, el afecto, la voluntad: son algunos elementos indispensables del discernimiento. A lo largo de estas catequesis veremos otras, igualmente importantes.

El discernimiento —como he dicho— implica un esfuerzo. Según la Biblia, no encontramos ante nosotros, ya empaquetada, la vida que hemos de vivir: ¡No! Tenemos que decidirlo todo el tiempo, según las realidades que se presenten. Dios nos invita a evaluar y elegir: nos ha creado libres y quiere que ejerzamos nuestra libertad. Por lo tanto, discernir es arduo.

A menudo hemos tenido esta experiencia: elegir algo que nos parecía bueno y en cambio no lo era. O saber cuál era nuestro verdadero bien y no elegirlo. El hombre, a diferencia de los animales, puede equivocarse, puede no querer elegir correctamente. La Biblia lo demuestra desde sus primeras páginas. Dios da al hombre una instrucción precisa: si quieres vivir, si quieres disfrutar de la vida, recuerda que eres una criatura, que no eres el criterio del bien y del mal, y que las elecciones que hagas tendrán una consecuencia, para ti, para los demás y para el mundo (cf. Gn 2,16-17); puedes hacer de la tierra un magnífico jardín o puedes convertirla en un desierto de muerte. Una enseñanza fundamental: no es casualidad que sea el primer diálogo entre Dios y el hombre. El diálogo es: el Señor da la misión, tú debes hacer esto y esto; y el hombre a cada paso que da debe discernir qué decisión tomar. El discernimiento es esa reflexión de la mente, del corazón que debemos hacer antes de tomar una decisión.

El discernimiento es agotador pero indispensable para vivir. Requiere que me conozca a mí mismo, que sepa lo que es bueno para mí aquí y ahora. Sobre todo, requiere una relación filial con Dios. Dios es Padre y no nos deja solos, siempre está dispuesto a aconsejarnos, a animarnos, a acogernos. Pero nunca impone su voluntad. ¿Por qué? Porque quiere ser amado y no temido. Y Dios también quiere que seamos hijos y no esclavos: hijos libres. Y el amor sólo puede vivirse en libertad. Para aprender a vivir hay que aprender a amar, y para ello es necesario discernir: ¿Qué puedo hacer ahora, ante esta alternativa? Que sea un signo de más amor, de más madurez en el amor. ¡Pidamos, que el Espíritu Santo nos guíe! Invoquémosle cada día, especialmente cuando tengamos que tomar decisiones. Gracias. 


Tomado de:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20220831-udienza-generale.html

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Catequesis del Papa sobre la vejez: 18. Los dolores de parto de la creación. La historia de la criatura como misterio de gestación


 PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 24 de agosto de 2022

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hace unos días celebramos la Asunción al cielo de la Madre de Jesús. Este misterio ilumina el cumplimiento de la gracia que configuró el destino de María, y también ilumina nuestro destino. El destino es el cielo. Con esta imagen de la Virgen asunta al cielo, quisiera concluir el ciclo de catequesis sobre la vejez. En Occidente la contemplamos elevada hacia lo alto envuelta en una luz gloriosa; en Oriente se la representa tendida, durmiente, rodeada de los Apóstoles en oración, mientras el Señor Resucitado la sostiene en sus manos como a una niña.

La teología siempre ha reflexionado sobre la relación de esta singular “asunción” con la muerte, que el dogma no define. Creo que sería aún más importante explicitar la relación de este misterio con la resurrección del Hijo, que abre el camino a la generación de la vida para todos nosotros. En el acto divino del reencuentro de María con Cristo resucitado, no sólo se supera la corrupción corporal normal de la muerte humana, no solo esto, se anticipa la asunción corporal de la vida de Dios. De hecho, el destino de la resurrección que nos ocupa es anticipado: porque, según la fe cristiana, el Resucitado es el primogénito de muchos hermanos y hermanas. El Señor resucitado es el que fue primero, el que resucitó primero, luego iremos nosotros: este es nuestro destino: resucitar.

Podríamos decir —siguiendo las palabras de Jesús a Nicodemo— que es un poco como un segundo nacimiento (cf. Jn  3,3-8). Si el primero fue un nacimiento en la tierra, este segundo es el nacimiento en el cielo. No es casualidad que el apóstol Pablo, en el texto leído al principio, hable de los dolores de parto (cf. Rm  8,22). Así como, en cuanto salimos del vientre de nuestra madre, seguimos siendo nosotros, el mismo ser humano que estaba en el vientre, así, después de la muerte, nacemos al cielo, al espacio de Dios, y seguimos siendo nosotros los que hemos caminado por esta tierra. De la misma manera que le ocurrió a Jesús: el Resucitado sigue siendo Jesús: no pierde su humanidad, su experiencia vivida, ni siquiera su corporeidad, no, porque sin ella ya no sería Él, no sería Jesús: es decir, con su humanidad, con su experiencia vivida.

La experiencia de los discípulos, a los que se les aparece durante cuarenta días después de su resurrección, nos lo dice. El Señor les muestra las heridas que sellaron su sacrificio; pero ya no son la fealdad del desaliento dolorosamente sufrido, ahora son la prueba indeleble de su amor fiel hasta el final. ¡Jesús resucitado con su cuerpo vive en la intimidad trinitaria de Dios! Y en ella no pierde su memoria, no abandona su historia, no disuelve las relaciones en las que vivió en la tierra. Prometió a sus amigos: «Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros»  (Jn 14,3). Él se fue para preparar un lugar para todos nosotros, y habiendo preparado un lugar vendrá. No sólo vendrá al final por todos, sino que vendrá cada vez por cada uno de nosotros. Vendrá a buscarnos para llevarnos a Él. En este sentido, la muerte es un poco un peldaño hacia el encuentro con Jesús que me está esperando para llevarme a Él.

El Resucitado vive en el mundo de Dios, donde hay un lugar para todos, donde se está formando una nueva tierra y se está construyendo la ciudad celestial, la morada definitiva del hombre. No podemos imaginar esta transfiguración de nuestra corporeidad mortal, pero estamos seguros de que mantendrá nuestros rostros reconocibles y nos permitirá seguir siendo humanos en el cielo de Dios. Nos permitirá participar, con sublime emoción, en la infinita y dichosa exuberancia del acto creador de Dios, cuyas interminables aventuras viviremos en primera persona.

Cuando Jesús habla del Reino de Dios, lo describe como una comida de bodas, como una fiesta con amigos, como el trabajo que hace que la casa esté perfecta: es las sorpresa que hace que la cosecha sea más rica que la siembra. Tomar en serio las palabras evangélicas sobre el Reino permite que nuestra sensibilidad disfrute del amor activo y creador de Dios, y nos pone en sintonía con el destino inédito de la vida que sembramos. En nuestra vejez, queridos amigos, y me dirijo a los “viejos” y a las “viejitas”, en nuestra vejez se agudiza la importancia de tantos “detalles” de los que se compone la vida: una caricia, una sonrisa, un gesto, un trabajo apreciado, una sorpresa inesperada, una alegría hospitalaria, un vínculo fiel. Lo esencial de la vida, lo que más apreciamos al acercarnos a la despedida, se nos hace definitivamente claro. Pues bien, esta sabiduría de la vejez es el lugar de nuestra gestación, que ilumina la vida de los niños, los jóvenes, los adultos y de toda la comunidad. Los “viejos” debemos ser esto para los demás: luz para los demás. Toda nuestra vida es como una semilla que tendrá que ser enterrada para que nazca su flor y su fruto. Nacerá, junto con todo lo demás en el mundo. No sin dolores de parto, no sin dolor, pero nacerá (cf. Jn  16,21-23). Y la vida del cuerpo resucitado será ciento y mil veces más viva que la que hemos probado en esta tierra (cf. Mc  10,28-31).

El Señor Resucitado, no por casualidad, mientras espera a los Apóstoles junto al lago, asa un poco de pescado (cf. Jn  21,9) y luego se lo ofrece. Este gesto de amor solidario nos permite vislumbrar lo que nos espera al cruzar a la otra orilla. Sí, queridos hermanos y hermanas, sobre todo vosotros, los ancianos, lo mejor de la vida aún lo tenemos que ver; “Pero somos viejos, ¿qué más tenemos que ver?”. Lo mejor, porque lo mejor de la vida está aún por llegar. Esperamos esta plenitud de vida que nos espera a todos, cuando el Señor nos llame. Que la Madre del Señor y nuestra Madre, que nos ha precedido al cielo, nos devuelva el estremecimiento de la espera, porque no es una espera anestesiada, no es una espera aburrida, no, es una espera con estremecimiento: “¿Cuándo vendrá mi Señor? ¿Cuándo podré ir allá?” Un poco de miedo, porque este pasaje no sé lo que significa y pasar por esa puerta da un poco de miedo, pero siempre está la mano del Señor que te hace avanzar y una vez atravesada la puerta hay fiesta. Tengamos cuidado, queridos “viejos” y queridas “viejitas”, tengamos cuidado, Él nos espera, sólo un paso y luego la fiesta.


Tomado de:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20220824-udienza-generale.html

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