El Reino de Dios
El P. Adolfo Franco, jesuita; nos comparte su reflexión sobre el Evangelio del Domingo 17 de junio: "Este párrafo del Evangelio de San Marcos nos relata dos parábolas del Reino de los cielos. Que entre sí tienen una gran afinidad.". Escuche el audio o descárguelo en MP3. Acceda AQUÍ.
Catequesis del Papa Francisco sobre los Mandamientos
Compartimos las primeras catequesis del Papa Francisco sobre los 10 Mandamientos que nos ofrece en cada una de sus audiencias, acceda en los siguientes enlaces:
Catequesis sobre los mandamientos. 1. Introducción: el deseo de una vida plena, Miércoles, 13 de junio de 2018.
Catequesis sobre los mandamientos. 2: "Diez palabras" para vivir el Pacto. Miércoles, 20 de junio de 2018.
Catequesis sobre los mandamientos. 1. Introducción: el deseo de una vida plena, Miércoles, 13 de junio de 2018.
Catequesis sobre los mandamientos. 2: "Diez palabras" para vivir el Pacto. Miércoles, 20 de junio de 2018.
Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de JUNIO 2018
Compartimos la intención del papa Francisco para el mes de Junio, acompañamos con el video del Papa y la reflexión sobre la intención. Acceda AQUÍ.
Nacimiento de San Juan Bautista
P. Adolfo Franco, jesuita.
24 de junio. Fiesta de San Juan Bautista
Lc.1, 57-66.80
Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz y tuvo un hijo. Sus vecinos y parientes, al oír que el Señor le había mostrado tanta misericordia, se congratulaban con ella. Circuncisión de Juan el Bautista. Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías; pero su madre intervino y dijo: «No; se ha de llamar Juan.» La gente le decía: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre», y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Se llama Juan»; y todos quedaron admirados. Al punto se abrió su boca y se desató su lengua, y hablaba alabando a Dios. El temor se apoderó de todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido. Todos cuantos lo oían quedaban impresionados y se decían: «¿Qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.
El niño crecía y su espíritu se fortalecía, y vivió en lugares inhóspitos hasta el día de su manifestación a Israel.
Palabra del Señor.
Fiesta de San Juan Bautista
El evangelio de hoy nos narra el nacimiento, circuncisión e infancia de Juan Bautista, y cómo ya desde sus primeros momentos su figura empieza dar mensajes: “En toda la montaña de Judea se comentaban estas cosas”, o sea los fenómenos especiales que rodearon los primeros años de este niño elegido servían de anuncio de los nuevos tiempos que comienzan con este milagroso nacimiento.
La figura de Juan es un modelo, porque realiza maravillosamente el plan de Dios sobre él. Ese plan de Dios sobre Juan Bautista tiene estos tres rasgos: debe ser un hombre que vive su vida con autenticidad, debe ser un hombre que vive para Jesucristo, y debe ser un hombre que vive para la verdad. Y así él nos enseña a nosotros a vivir con autenticidad, a vivir para Jesús y a no doblegarnos y ser fieles siempre a la verdad, cueste lo que cueste.
Con referencia a su autenticidad se nos dice ya en el versículo de Lc.1, 80, que forma parte de la lectura de este domingo: “El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel”. El desierto lo llevó a Juan a una vida de libertad absoluta, con un desprendimiento asombroso en todas las dimensiones de la vida. (Mateo 3, 4-12)
Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro, y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: «Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: «Tenemos por padre a Abraham». Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible».
Esa vida de tremenda austeridad lo capacitó para “gritar” a todos la necesidad de la conversión; por eso merecía un gran respeto y todos acudían a él para purificarse. Por eso él podía reprochar sus pecados con autoridad moral a cada uno de los que se le acercaban, y ponía al descubierto con palabras como espadas a los fariseos a los que llamaba “raza de víboras”.
Y era un hombre que vivió para Jesucristo. En el hermoso canto que declama su padre Zacarías, dice “Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para preparar sus caminos”. La existencia de Juan Bautista tenía como sentido anunciar la llegada de Jesucristo, el Hijo de Dios. Es hermosa esta relación de Juan Bautista con Jesús: él ante Jesús, no se considera digno ni de desatarle las correas de sus sandalias. Cuando quieren confundirlo con el Mesías, él reacciona claramente, para sacar a sus interrogadores de ese error. Juan afirma que conviene que Jesús crezca y que él (Juan) disminuya. Es hermoso también el forcejeo que tiene con Jesús, para no bautizarlo, y sólo acepta bautizar a Jesús, cuando Jesús le advierte que así lo quiere Dios. Todo su mensaje se puede reducir a esa frase de sus predicaciones: “Hay que preparar el camino a Jesús en nuestras vidas, allanar los senderos”.
Y finalmente es un hombre incondicional de la verdad, aunque la verdad le cueste la vida. Se dice que Herodes, nada menos que Herodes, lo respetaba. Pero Juan se le enfrentó con valentía cuando Herodes cometió públicamente el escándalo de casarse con la mujer de su hermano. Lo reprochó con claridad y sin temor, con lo cual se ganó la cárcel y la sed de venganza de esa mujer, que aprovechó la primera ocasión para vengarse de Juan Bautista y hacerlo decapitar.
Juan nos enseña la autenticidad, el vivir para Jesucristo, y el doblegarnos cuando hay que defender la verdad
...
Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
Para acceder a otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.
Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
Para acceder a otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.
El Reino de Dios
P. Adolfo Franco, jesuita.
DOMINGO XI
del Tiempo Ordinario
Marcos 4, 26-34
También decía: «El Reino de Dios es como el caso de un hombre que siembra el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
Decía también: «¿Con qué podremos comparar el Reino de Dios, o con qué parábola lo explicaremos? Es como un grano de mostaza que, en el momento de sembrarlo, es más pequeño que cualquier semilla que se siembra en la tierra. Pero una vez sembrado, crece y se hace mayor que todas las hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.»
Les anunciaba la palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle. No les hablaba si no era en parábolas, pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.
Palabra del Señor.
Este párrafo del Evangelio de San Marcos nos relata dos parábolas del Reino de los cielos. Que entre sí tienen una gran afinidad.
La parábola de lo oculto.
"La semilla germina y va creciendo, sin que él (el agricultor) sepa cómo". Cristo quiere enseñarnos a caminar por la vida hacia el Reino, con firmeza, aunque muchas veces sea sin conocer el resultado, sin tener evidencias constatables.
Quisiéramos tener constancia del fruto de nuestras acciones. Dios actúa en lo oculto en el individuo, en la Iglesia misma, en la sociedad. Cuando una persona ora ante un problema de un hijo, está realmente echando una semilla. Muchas veces no se ve que la planta aparezca, el pequeño tallo no asoma. No se ve ningún resultado. Y hace falta mucha fuerza, para mantener la esperanza cierta de que la semilla va desarrollándose, y no sabemos ni cómo es.
En el camino cristiano, hay que saber que muchas veces caminamos a oscuras, en el no saber. Parece que todo es inútil, que no hay resultados. Pero la semilla sigue el programa de su propio crecimiento y de su propia fecundidad. Cuando en la Iglesia parece que las cosas no van como uno quisiera. Cuando parece que el cristianismo (como pasa en algunas regiones) disminuye en su fuerza, en su fuerza aparente, tenemos la tentación de hacer un juicio a base de estadísticas, y de resultados tangibles. Pero la semilla actúa con su fuerza incontenible, pero en el silencio de la noche, y en lo oculto de la tierra.
La parábola de lo pequeño.
"Un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña..."
Otra lección importante del Reino de los Cielos, y muy necesaria para que entendamos la forma de actuar de Dios. Este planteamiento choca con nosotros que tendemos a buscar lo grande, lo que destaca por ser importante. Este estilo de lo pequeño es el de todo el Evangelio: lo pequeño que fue la aparición de Dios en el mundo, como un granito de mostaza; lo pequeño que era el núcleo de los primeros seguidores de Cristo ignorantes e insignificantes, como un grano de mostaza. Un niño es el más importante en el Reino de los Cielos. Jesús busca al enfermo más insignificante (el que llevaba treinta años, sin nadie que lo socorriera), es siempre la misma presencia del grano de mostaza.
A veces quisiéramos ver las realizaciones de Dios, y los frutos de nuestras acciones como un espectáculo grandioso, como un "gran triunfo", y todo resulta tan pequeño (aparentemente) como un grano de mostaza. Hasta detalles en toda la historia de la Iglesia, como las apariciones de la Virgen: en Guadalupe al indio Juan Diego (no a uno de los Misioneros), como el grano de mostaza, y lo mismo en Lourdes y en Fátima. Es siempre lo mismo: el Reino de los Cielos parece tan pequeño como un grano de mostaza. Pero en realidad termina haciéndose (si antes ha sido pequeño de verdad) más grande que los demás arbustos, y puede cobijar a las aves del cielo.
AQUÍ para acceder a las publicaciones anteriores.
Tomado de:
http://w2.vatican.va
http://w2.vatican.va
Catequesis sobre los mandamientos. 2: "Diez palabras" para vivir el Pacto
PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles, 20 de junio de 2018
Miércoles, 20 de junio de 2018
¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
Esta audiencia se celebra en dos lugares: nosotros aquí, en la plaza, y en el Aula Pablo vi hay más de 200 enfermos que siguen con la pantalla gigante la audiencia. Todos juntos formamos una comunidad. Con un aplauso saludamos a los que están en el Aula.
El miércoles pasado empezamos un nuevo ciclo de catequesis, sobre los mandamientos. Pero debemos entender mejor esta perspectiva.
En la Biblia los mandamientos no viven por sí mismos, sino que son parte de una relación, una conexión. Hemos visto que el Señor Jesús no ha venido a abolir la Ley sino a darle cumplimiento. Y está esa relación, de la Alianza entre Dios y su Pueblo. Al inicio del capítulo 20 del libro del Éxodo leemos —y esto es importante—: «Pronunció Dios todas estas palabras» (v. 1).
Parece una apertura como otra, pero nada es banal en la Biblia. El texto no dice: «Dios pronunció estos mandamientos» sino «estas palabras». La tradición hebrea llamará siempre al Decálogo «las diez Palabras». Y el término «decálogo» quiere decir precisamente esto. Y también tienen forma de ley, son objetivamente mandamientos. ¿Por qué, por tanto, el Autor sagrado usa, precisamente aquí, el término «diez palabras»? ¿Por qué? ¿Y no dice «diez mandamientos»?
¿Qué diferencia hay entre un mandamiento y una palabra? El mandamiento es una comunicación que no requiere el diálogo. La palabra, sin embargo, es el medio esencial de la relación como diálogo. Dios Padre crea por medio de su palabra, y su Hijo es la Palabra hecha carne. El amor se nutre de palabras, y lo mismo la educación o la colaboración. Dos personas que no se aman, no consiguen comunicar. Cuando uno habla a nuestro corazón, nuestra soledad termina. Recibe una palabra, se da la comunicación y los mandamientos son palabras de Dios: Dios se comunica en estas diez Palabras, y espera nuestra respuesta.
Otra cosa es recibir una orden, otra cosa es percibir que alguno trata de hablar con nosotros. Un diálogo es mucho más que la comunicación de una verdad. Yo puedo deciros: «Hoy es el último día de primavera, cálida primavera, pero hoy es el último día». Esta es una verdad, no es un diálogo. Pero si yo os digo: «¿Qué pensáis de esta primavera?», empiezo un diálogo. Los mandamientos son un diálogo.
La comunicación «se realiza por el gusto de hablar y por el bien concreto que se comunica entre los que se aman por medio de las palabras. Es un bien que no consiste en cosas, sino en las personas mismas que mutuamente se dan en el diálogo» (cf. Exhort. ap.Evangelii gaudium, 142). Pero esta diferencia no es una cosa artificial. Miremos lo que sucedió al inicio. El tentador, el diablo, quiere engañar al hombre y a la mujer sobre este punto: quiere convencerlos de que Dios les ha prohibido comer el fruto del árbol del bien y del mal para tenerlos sometidos. El desafío es precisamente este: ¿la primera norma que Dios dio al hombre es la imposición de un déspota que prohíbe y obliga o es la atención de un padre que está cuidando de sus pequeños y les protege de la autodestrucción? ¿Es una palabra o es una orden? La más trágica, entre las varias mentiras que la serpiente dice a Eva es la instigación de una divinidad envidiosa —«Pero no, Dios siente envidia de vosotros»— de una divinidad posesiva —«Dios no quiere que vosotros tengáis libertad»—. Los hechos demuestran dramáticamente que la serpiente mintió (cf. Génesis 2, 16-17; 3, 4-5), hizo creer que una palabra de amor fuera una orden.
El hombre está frente a esta encrucijada: ¿Dios me impone las cosas o cuida de mí? ¿Sus mandamientos son solo una ley o contienen una palabra para cuidarme? ¿Dios es patrón o padre? Dios es Padre: nunca olvidéis esto. Incluso en las peores situaciones, pensad que tenemos un Padre que nos ama a todos. ¿Somos súbditos o hijos? Esta lucha, tanto dentro como fuera de nosotros, se presenta continuamente: mil veces tenemos que elegir entre una mentalidad de esclavo y una mentalidad de hijos. El mandamiento es del señor, la palabra es del Padre.
El Espíritu Santo es un Espíritu de hijos, es el Espíritu de Jesús. Un espíritu de esclavos no puede hacer otra cosa que acoger la Ley de manera opresiva y puede producir dos resultados opuestos: o una vida hecha de deberes y de obligaciones o una reacción violenta de rechazo. Todo el cristianismo es el paso de la carta de la Ley al Espíritu que da la vida. (Cf. 2 Corintios 3, 6-17). Jesús es la Palabra del Padre, no es la condena del Padre. Jesús vino a salvar, con su palabra, no a condenarnos. Se ve cuando un hombre o una mujer han vivido este paso y cuando no. La gente se da cuenta de si un cristiano razona como hijo o como esclavo. Y nosotros mismos recordamos si nuestros educadores nos han cuidado como padres y madres o si nos han impuesto solo unas reglas. Los mandamientos son el camino hacia la libertad, porque son la palabra del Padre que nos hace libres en este camino.
El mundo no necesita legalismo sino cuidado. Necesita cristianos con el corazón de hijos. Necesita cristianos con el corazón de hijos: no olvidéis esto.
AQUÍ para acceder a las publicaciones anteriores.
Tomado de:
http://w2.vatican.va
http://w2.vatican.va
Catequesis sobre los mandamientos. 1. Introducción: el deseo de una vida plena
PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles, 13 de junio de 2018
Miércoles, 13 de junio de 2018
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy es la fiesta de san Antonio de Padua. ¿Quién de vosotros se llama Antonio? Un aplauso para todos los «Antonios». Empezamos hoy un nuevo itinerario de catequesis sobre el tema de los mandamientos. Los mandamientos de la ley de Dios. Para introducirlo nos inspiramos en el pasaje que acabamos de escuchar: el encuentro entre Jesús y un hombre —es un joven— que, arrodillado, le pregunta cómo poder heredar la vida eterna (cf. Marcos 10, 17-21). Y en aquella pregunta está el desafío de cada existencia, también el nuestro: el deseo de una vida plena, infinita. Pero, ¿cómo hacer para llegar? ¿Qué sendero recorrer? Vivir de verdad, vivir una existencia noble… Cuántos jóvenes buscan «vivir» y después se destruyen yendo tras cosas efímeras.
Algunos piensan que es mejor apagar este impulso —el impulso de vivir— porque es peligroso. Quisiera decir, especialmente a los jóvenes: nuestro peor enemigo no son los problemas concretos, por serios y dramáticos que sean: el peligro más grande de la vida es un mal espíritu de adaptación que no es mansedumbre o humildad, sino mediocridad, algo pusilánime. ¿Un joven mediocre es un joven con futuro o no? ¡No! Permanece allí, no crece, no tendrá éxito. La mediocridad o la pusilanimidad. Aquellos jóvenes que tienen miedo de todo: «No, yo no soy así...». Estos jóvenes no irán adelante. Mansedumbre, fuerza y nada de pusilanimidad. El beato Pier Giorgio Frassati —que era un joven— decía que es necesario vivir, no ir tirando. Los mediocres van tirando. Vivir con la fuerza de la vida. Es necesario pedir al Padre celestial para los jóvenes de hoy el don de la sana inquietud. Pero, en casa, en vuestras casas, en cada familia, cuando se ve un joven que está sentado todo el día, a veces la madre y el padre piensan: «Pero este está enfermo, tiene algo» y lo llevan al médico. La vida del joven es ir adelante, ser inquieto, la sana inquietud, la capacidad de no conformarse con una vida sin belleza, sin color. Si los jóvenes no tienen hambre de una vida auténtica, me pregunto, ¿a dónde irá la humanidad? ¿A dónde irá la humanidad con jóvenes quietos y no inquietos?
La pregunta de aquel hombre del Evangelio que hemos escuchado está dentro de cada uno de nosotros: ¿Cómo se encuentra la vida, la vida en abundancia, la felicidad? Jesús responde: «Ya sabes los mandamientos» (v. 19) y cita una parte del Decálogo. Es un proceso pedagógico, con el que Jesús quiere guiar a un lugar preciso; de hecho, está ya claro, por su pregunta, que aquel hombre no tiene la vida plena, busca más, es inquieto. Por lo tanto, ¿qué debe entender? Dice: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud» (v. 20). ¿Cómo se pasa de la juventud a la madurez? Cuando se empiezan a aceptar los propios límites. Nos convertimos en adultos cuando se relativiza y se toma conciencia de «lo que falta» (cf. v. 21). Este hombre está obligado a reconocer que todo lo que puede «hacer» no supera un «techo», no va más allá de un margen. ¡Qué bonito ser hombres y mujeres! ¡Qué preciosa es nuestra existencia! Y también hay una verdad que en la historia de los últimos siglos el hombre ha rechazado a menudo, con trágicas consecuencias: la verdad de sus límites. Jesús, en el Evangelio, dice algo que nos puede ayudar: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento» (Mateo 5, 17). El Señor Jesús regala el cumplimiento, ha venido para esto. Ese hombre debía llegar al umbral de un salto, donde se abre la posibilidad de dejar de vivir de sí mismos, de las propias obras, de los propios bienes y —precisamente porque falta la vida plena— dejar todo para seguir al Señor. Mirándolo bien, en la invitación final de Jesús —inmenso, maravilloso— no está la propuesta de la pobreza, sino de la riqueza, esa verdadera: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme» (v. 21).
¿Quién, pudiendo elegir entre un original y una copia, elegiría la copia? Este es el desafío: encontrar el original de la vida, no la copia. ¡Jesús no ofrece sustitutos, sino vida verdadera, amor verdadero, riqueza verdadera! ¿Cómo podrán los jóvenes seguirnos en la fe si no nos ven elegir el original, si nos ven adictos a las medias tintas? Es feo encontrar cristianos de medias tintas, cristianos —me permito la palabra— «enanos»; crecen hasta una cierta estatura y después no; cristianos con el corazón encogido, cerrado. Es feo encontrar esto. Es necesario el ejemplo de alguno que me invita a un «más allá», a un «más», a crecer un poco. San Ignacio lo llamaba el «magis», «el fuego, el fervor de la acción, que sacude a los soñolientos». El camino de eso que falta pasa por eso que está. Jesús no ha venido para abolir la Ley o a los Profetas sino para dar cumplimiento. Debemos partir de la realidad para hacer el salto en «eso que falta». Debemos escrutar lo ordinario para abrirnos a lo extraordinario.
En estas catequesis tomaremos las dos tablas de Moisés como cristianos, dando la mano a Jesús, para pasar de las ilusiones de la juventud al tesoro que está en el cielo, caminando detrás de Él. Descubriremos, en cada una de las leyes, antiguas y sabias, la puerta abierta del Padre que está en los cielos para que el Señor Jesús, que la ha atravesado, nos conduzca en la vida verdadera. Su vida. La vida de los hijos de Dios.
AQUÍ para acceder a las publicaciones anteriores.
Tomado de:
http://w2.vatican.va
http://w2.vatican.va
La lucha contra el demonio, la blasfemia contra el Espíritu Santo, y la verdadera familia de Jesús.
El P. Adolfo Franco, jesuita, nos comparte su reflexión sobre el evangelio del domingo 10 de junio. Escuche el audio o descárguelo en MP3. Acceda AQUÍ.
San Antonio de Padua
Con motivo de su fiesta el 13 de junio, compartimos una reseña de su vida. San Antonio nació en Lisboa, en Portugal, en el año 1195. En la pila bautismal de dicha catedral le fue puesto el nombre de Fernando. Acceda AQUÍ.
Catequesis del Papa Francisco
Compartimos las últimas catequesis del papa Francisco, sobre el sacramento del Bautismo y las primeras sobre la catequesis sobre el sacramento de la Confirmación:
La Confirmación: Para el crecimiento de la Iglesia Miércoles, 6 de junio de 2018.
La Confirmación: El sello del Espíritu Miércoles, 30 de mayo de 2018
La Confirmación: Para el crecimiento de la Iglesia Miércoles, 6 de junio de 2018.
La Confirmación: El sello del Espíritu Miércoles, 30 de mayo de 2018
El Bautismo: Regeneración Miércoles, 9 de mayo de 2018
El Bautismo: Fuente de la vida Miércoles, 2 de mayo de 2018
La lucha contra el demonio, la blasfemia contra el Espíritu Santo, y la verdadera familia de Jesús.
P. Adolfo Franco, S.J.
DOMINGO X
TIEMPO ORDINARIO
Marcos 3, 20-35
De vuelta a casa, se aglomeró otra vez la muchedumbre, de modo que no podían comer. Sus parientes, al enterarse, fueron a hacerse cargo de él, pues pensaban que estaba fuera de sí.»
Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el Príncipe de los demonios expulsa los demonios.»
Él, llamándolos junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no podrá subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir; y si Satanás se alza contra sí mismo, quedará dividido y no podrá subsistir; habrá llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de alguien fuerte y saquear su ajuar, si antes no lo maniata. Sólo entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se
perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón nunca; antes bien, será reo de pecado eterno.» (Es que decían que estaba poseído por un espíritu inmundo.)
Llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, mandaron llamarle. Había mucha gente sentada a su alrededor. Le dijeron: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.» Él les respondió:
«¿Quién es mi madre y mis hermanos?» Y, mirando a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos, pues quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»
Palabra del Señor.
En este párrafo del evangelio de San Marcos hay varias enseñanzas; tres muy importantes podemos destacar: la lucha contra el demonio, la blasfemia contra el Espíritu Santo, y la verdadera familia de Jesús.
Los maestros de la ley, para desautorizar a Jesús, lo califican de endemoniado y además dicen que echa los demonios con el poder del príncipe de los demonios y Jesús les responde “que un reino dividido no puede subsistir”. La calumnia de los maestros de la ley se cae sola; y la enseñanza que Jesús les da a ellos en esta oportunidad, es muy necesaria también para nosotros, no sólo para los maestros de la ley. Un reino dividido no puede subsistir. Y podemos hacer una aplicación de esta afirmación de Jesús a nuestro propio corazón. Ya El había afirmado que no podemos servir a dos señores, a Dios y al dinero. Podríamos mirar en nuestro interior y darnos cuenta que nuestro corazón está dividido, que queremos a Dios y al dinero. O que permitimos tener al enemigo dentro de nosotros, y entonces nos sobrevienen las tentaciones: queremos superar el mal, pero admitimos las sugestiones del maligno: aceptamos malos deseos, venganzas, endurecimiento del corazón. Tenemos el corazón dividido entre el deseo de Dios, y la tibieza en buscarlo. Querríamos ser generosos, pero nos paraliza el egoísmo y la mezquindad. Y así en muchas cosas se muestra la duplicidad de nuestro interior. Ya San Pablo reconocía que había en su interior una ley que le inclinaba a lo que no quería; él sentía la batalla en su propio interior. Por eso la lección que debemos sacar de esta lección del Señor es procurar expulsar de nuestro interior al “enemigo” y a todos sus cómplices.
A continuación el Señor enseña sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo. Ciertamente esta enseñanza va unida a la lección que da a los maestros de la ley, porque no querían aceptar la evidencia del poder de Dios manifestado en Jesús; cerraban sus ojos a la luz, y por eso hacían la afirmación tan absurda de que Jesús echaba los demonios por el poder del demonio. Y qué blasfemia tan grande llamar a Jesús endemoniado, o en otras oportunidades llamarlo borracho y glotón. El empeñarse en no creer y en no buscar la verdad, no querer admitir las evidencias que Jesucristo manifestaba para que se le aceptara como el Mesías, constituían blasfemias contra el Espíritu Santo. Es también el caso de los Maestros que examinaron el milagro del ciego de nacimiento, que se empeñaron en no creer, o que ante el milagro de la resurrección de Lázaro, la reacción de los miembros del sanedrín fuera la de acabar con Jesús. El está dirigiéndose en esta ocasión especialmente a la dureza de corazón de los jefes religiosos de Israel. Y también puede dirigirse hoy día a los que cierran su corazón porque no quieren que Dios entre en él. Todavía puede darse lamentablemente esta postura hoy en día.
Finalmente tenemos la enseñanza sobre la familia de Jesús. Jesús dice: mi familia la constituyen los que cumplen la voluntad de mi Padre. Es justamente lo contrario de los que tienen el corazón dividido y aceptan en su interior al enemigo, y lo contrario de los que blasfeman contra el Espíritu Santo. Ahora se trata de sus amigos, de su familia. Se han presentado su madre y sus parientes, y Jesús utiliza esta circunstancia para destacar qué es lo esencial en su relación con El. Precisamente su madre, lo es por la elección que Dios hizo de Ella, pero también es el modelo de los que oyen la palabra de Dios y la cumplen; Ella que respondió a la propuesta de Dios, comunicada por el ángel, “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Se trata entonces de dar la primera importancia al cumplimiento de la voluntad de Dios, para que Jesús nos reconozca como cercanos, como familia. Muchas veces entre nosotros prima el nepotismo, dar preferencias injustas por simples relaciones de parentesco; en Jesús nada de eso vale, lo que vale es la relación que tenemos con Dios mismo, si somos fieles a Dios, entonces Jesús nos reconoce como familia.
...
Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
Para acceder a otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.
Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
Para acceder a otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










