Afiche y Hoja de Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de JUNIO 2017


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Afiche en PDF formato A3
Orando con el Papa Francisco en el mes de Mayo - 2017





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Hoja en PDF - Formato A4




Nuevo libro del P. Adolfo Franco S.J.: DIOS es mi VIDA




Con mucha alegría anunciamos el lanzamiento de este nuevo libro del P. Adolfo Franco, S.J., quien es parte del equipo de nuestro blog y nos comparte cada semana sus reflexiones sobre el Evangelio dominical.

En este nuevo libro "Dios es mi Vida" el autor busca responder a una de las preguntas más esenciales que muchas veces nos planteamos: ¿cuál es el sentido de nuestra vida?

"El título de este libro no es una simple expresión afectiva, sino que en realidad expresa en síntesis lo que en él desarrolla. Y es que Dios en verdad es la razón de ser del ser humano; es Él quien da sentido a la vida, por eso se dice Dios es mi vida".

Por ello "el libro empieza por la búsqueda del sentido de la vida y a continuación deduce tres tareas importantes para la vida: la búsqueda incesante de Dios por todos los medios posibles; en segundo lugar la necesidad de darse totalmente a Dios, es decir, que nuestra vida sea en verdad entregada a Dios y finalmente, la necesidad de colaborar con Dios en la tarea que Él realiza en nuestro mundo", como nos menciona el autor en su prólogo.

Damos gracias a Dios por este regalo, asimismo felicitamos y agradecemos el gran esfuerzo realizado por el P. Adolfo al ofrecernos este nuevo libro, una ayuda espiritual para nuestra vida cristiana muy necesaria para el contexto actual en que vivimos.

El libro se presenta en una impecable edición de pasta blanda, hojas cocidas y de 142 páginas, el costo actual es de S/. 15,00 precio muy accesible considerando las características de la edición y mucho más por su contenido. El libro lo podemos adquirir no sólo para nuestro provecho espiritual, sino que puede ser un obsequio ideal para nuestras amistades, que verán en él una invalorable ayuda espiritual.

Este libro se suma a otros ya publicados por el P. Adolfo, como son El Buzo; Hijo mío, ven; La llamada de Dios y Enamorarse de Dios.

Se puede adquirir en las oficinas de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, en Miraflores, Lima - Perú. Dirección: Armendariz 350, Teléfono: (01) 4463119, horario de atención de lunes a viernes de 9:00AM a 12:00M y de 4:00PM a 7:00PM o comunicarse directamente con el autor a través del teléfono de la Residencia de padres jesuitas (01) 4473353 / (01) 4472279.

AMDG

Afiche del Blog ESPECIALES CORPUS CHRISTI y SAGRADO CORAZÓN - Junio 2017


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Pentecostés

El P. Adolfo Franco S.J. nos comparte su reflexión sobre el evangelio de la fiesta de Pentecostés: "celebramos el domingo de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, el nacimiento de la Iglesia." Escuche el audio o descargue en MP3. Acceda AQUÍ.

El Espíritu Santo nos hace rebosar de esperanza

El Papa Francisco centra su catequesis en la figura del Espíritu Santo "El Espíritu es el viento que nos empuja hacia adelante, que nos mantiene en camino, nos hace sentir peregrinos y forasteros, y no nos permite acomodarnos y convertirnos en un pueblo «sedentario». Acceda AQUÍ.

Santísima Trinidad: 10° Parte - Cómo obra Dios, La Vida de Dios y Operaciones Inmanentes - Soberanía, Justicia y Misericordia

El P. Ignacio Garro, S.J., continuando con esta serie, nos presenta las operaciones inmanente de Dios como la soberanía ("Dios es el Señor de cielos y tierra"), justicia "Dios es infinitamente justo") y misericordia ("Dios es infinitamente misericordioso"). Acceda AQUÍ.

Libros Históricos del Antiguo Testamento: 2° Libro de los Reyes

El P. Fernando Martínez S.J., nos comparte su estudio sobre este Libro, donde se nos narra el fin de la unidad del Reino, luego de la muerte del rey Salomón, según la visión del autor deuteronomista el cisma era el castigo a las muchas infidelidades del rey Salomón. Acceda AQUÍ.

La Santísima Trinidad



P. Adolfo Franco, S.J.

Juan 3, 16-18

Porque tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Hijo unigénito,
para que todo el que crea en él
no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no ha enviado
a su Hijo al mundo
para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no es juzgado;
pero el que no cree ya está juzgado,
porque no ha creído en el nombre
del Hijo unigénito de Dios.

Palabra de Dios.


El Señor nos descubre su más profundo misterio: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Como continuando la contemplación admirada de los misterios de nuestra fe, y con el afán de mantenernos en un clima de alegría de Pascua, la liturgia nos trae este domingo la celebración de la Santísima Trinidad. Es la plenitud de la revelación de Dios. Esta revelación de Dios tiene su comienzo al abrirse las primeras páginas de la Sagrada Escritura; allí ya se nos manifestaba Dios en todo su esplendor creador; y se iba mostrando progresivamente como libertador, como amigo. La revelación continuaba y llegó a su culminación con esta magnífica e insondable manifestación: Dios es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo. Es el cariño de Dios que quiere decirles a sus hijos cómo es El, para que lo conozcamos y lo amemos más. La Biblia es el libro en que Dios nos cuenta cómo es. Y en la revelación de su Misterio Trinitario llega a descubrir lo más íntimo de su ser.  Son todo un conjunto de textos del Nuevo Testamento los que contienen esta afirmación (cf. Mt 28, 19, entre otros).

Y nosotros, somos buscadores inquietos de la verdad, y para lograr asir las verdades con nuestra mente nos valemos de conceptos y de palabras; y la Verdad más elevada se nos oculta misteriosamente detrás de las palabras con que el Señor nos la revela. La misma ciencia de la teología, en su intento por llegar a entender esta realidad (¡qué pretensión!), no llega tampoco muy lejos y queda fatigada por conceptos abstractos en la búsqueda.

La Teología llega a fórmulas útiles, pero insuficientes y oscuras. Decimos que Dios es una esencia única e indivisible, y que es a la vez tres Personas. Pero no podemos entender cómo una misma esencia es participada por igual por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y se nos ocurre pensar en un ser humano que fuera a la vez tres personas, y eso nos parece una afirmación disparatada. Y decimos que el Padre engendra al Hijo, pero el Hijo no es posterior al Padre, sino tan eterno como El. Y hay un Padre que engendra, sin una madre. Y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, y no es posterior a ellos.

Qué pobres nos resultan nuestras palabras. Parecen instrumentos rígidos, esquemáticos y sin color, cuando con ellas queremos acceder al conocimiento del Ser Fundamental. Nuestras palabras son tan torpes. Pero por la fe intuimos que detrás de la frontera de esas palabras se abre el Abismo de lo más elevado y de lo más sublime. Las palabras persona, esencia, padre, hijo, espíritu, y todas las otras con que nos acercamos a la Sublime Revelación, son como señales que nos piden que sobrepasemos lo inteligible, para que nos acerquemos desnudos de conceptos al Abismo de Dios. Y entonces le damos al corazón el puesto de la inteligencia para que nos adentre en el conocimiento de Dios; hacemos que el corazón con su capacidad intuitiva dirija a la inteligencia en esta nueva forma de conocer.

Sabemos, y tenemos certeza por la Revelación de que esas palabras tan torpes nos han acercado al centro de la realidad y detrás de ellas aparece el abismo inacabable, sin fronteras, de todo lo que es Realidad y Belleza, y Verdad. Y ahí nos embarcamos en el riesgo de la fe, que se deja llevar, que se aventura en sintonizar con lo totalmente nuevo y diferente. El corazón puede palpitar al unísono con esta realidad envolvente y gozosa, de la cual las palabras sólo son gemidos sin articular, como los sonidos sin articular de un infante.

Realidad sublime y maravillosa. Trinidad de Dios deslumbradora y bella. Y qué bueno es encontrar que nuestro entendimiento humano no queda prisionero en su aventura del conocer por el horizonte pequeño de nuestras palabras y de nuestros razonamientos. Dios mismo nos abre la gran ventana de su intimidad. La Verdad en su plenitud nos pone al descubierto como indigentes, con palabras que resultan completamente torpes, para conducirnos al Misterio de lo Sublime, pero que nos sirven de punto de partida para dar un salto al conocimiento que excede todo entendimiento. Teníamos nuestras palabras, nuestras razones, nuestra lógica, y quedamos desnudos, sin palabras, sin razones, sin lógica, cuando la Realidad más plena se nos presenta y Dios nos dice cómo es El. Y la mejor manera de celebrar el misterio es quedarnos atónitos, asombrados y con el corazón abierto de par en par, para recibir la Luminosidad, y gozar con aquello que no alcanzamos ni a sospechar.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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Pentecostés



P. Adolfo Franco, S.J.

Juan 20, 19-23

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: 
«¡La paz esté con ustedes!».
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: 
«¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes»
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió 
«Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

Palabra de Dios.


Hoy celebramos el domingo de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, el nacimiento de la Iglesia.

Hoy celebramos una fiesta importante, la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, y el origen de la Iglesia. Es el Espíritu Santo anunciado por Jesús, el que guiará los pasos de esos Apóstoles en la vida de la Iglesia naciente, y los hará fuertes en las enormes dificultades iniciales. Y es una cosa penosa que para muchos cristianos este Espíritu Santo sea casi un desconocido. Todos sabemos que es una de las tres Divinas Personas y sin embargo no nos es fácil tenerlo presente en nuestra vida espiritual; nos es más fácil tener presentes al Padre y a Jesucristo.

Y es tan importante el Espíritu Santo; tan importante, como que es Dios. Pero además Él está continuamente presente y actuante en la misma vida de Cristo. Toda la vida de Jesús está llena de la presencia del Espíritu Santo. Ya la misma concepción virginal de Jesús en el vientre de María, se hace por obra del Espíritu Santo. Es el mismo Espíritu el que desciende sobre Jesús cuando es bautizado en el Jordán, para anunciar que Jesús es el Hijo amado de Dios.

Es notable la presencia del Espíritu en la vida y la actuación de Jesús. Por eso se dice en el Evangelio que el Espíritu Santo es el que lo lleva al desierto, y después de las tentaciones de Jesús, también es el Espíritu el que lo lleva a Galilea para empezar ya la predicación. Y por eso mismo en su primera predicación en la sinagoga de Nazaret, el párrafo que Jesús escoge para su predicación es el que dice: “El Espíritu está sobre mí”. Toda la vida de Jesús está animada por esta presencia continua del Espíritu Santo.

Y no sólo es con Jesús y con la Iglesia naciente, en realidad deberíamos saber que el Espíritu Santo es el origen de todo lo mejor de nuestra propia vida interior. Si nos diéramos cuenta de su actuación real en nosotros, entonces disiparíamos esa niebla con que rodeamos el concepto del Espíritu Santo.

Por poner un ejemplo: el mismo San Pablo dice que el Espíritu Santo ora en nosotros, que gime con gemidos inenarrables. Podríamos decir que todos los impulsos hermosos que brotan en nuestro corazón, cuando superamos un rencor, o cuando nos brota el deseo de extremar nuestra generosidad, son acciones que brotan por influjo del Espíritu Santo. Los deseos insaciables de verdad, de buscar la luz con todas sus consecuencias. Todos esos deseos brotan de la acción del Espíritu en nosotros. La generosidad con que las personas son capaces de desprenderse de sus gustos, para socorrer a otros. La tranquila acogida que una madre de pueblo joven da a los hijos de su vecina, que ha muerto prematuramente. Todos esos y muchos más de los actos e impulsos generosos de nuestros corazones, son simplemente destellos del Espíritu Santo. ¡Qué maravilloso debe ser el Espíritu Santo que produce tales destellos!

Pero además en esta fiesta del Espíritu Santo debemos meditar en la importancia superior de nuestro espíritu, por encima de todo lo material que nos rodea, y no sólo nos rodea, sino que a veces nos aprisiona. El mundo material, los objetos, todo lo que tiene una relación especial con nuestros sentidos, tienden a imponerse a todo lo demás. Y es el interior, nuestro espíritu, lo que más importa en nosotros. Porque nuestro espíritu es nada menos que un Templo vivo del Espíritu Santo.

Pero en general el mundo tiende a deslizarse demasiado a la materia, a lo que se puede medir y se puede contar. Así es nuestra civilización tecnificada. Nuestra civilización se siente orgullosa de sus avances técnicos, y realmente esos adelantos son impresionantes e importantes. Nuestra civilización ha llegado a dominar la materia midiéndola de una forma antes insospechada. Y la medida ciertamente es un instrumento fundamental del progreso. Todo esto es importante y está muy bien. Pero este progreso tecnológico muchas veces nos ha desviado la atención. Y dirigimos más nuestro corazón y nuestra mente a los instrumentos, a los cuadros estadísticos, a la informática.

Por eso es necesario también que en esta fiesta del Espíritu Santo, hagamos resaltar la suprema importancia de nuestro espíritu y de todo lo que es espiritual en el hombre. Cualquier chispa del espíritu humano es más importante y más valiosa que todos los progresos tecnológicos, que todos los chips y todos los procesadores. El amor del corazón, sus deseos, sus nostalgias, sus alegrías, no caben dentro de ninguna estadística y son más trascendentales que todas las mediciones.

El hombre vale por su espíritu, y el cristiano vale por su espíritu transformado por la gracia. Y es importante que esto lo subrayemos con nuestro comportamiento, con nuestras preferencias, con nuestras metas.

Incluso las realizaciones puramente naturales de nuestras potencias espirituales (imaginación, inteligencia, poesía), también es necesario que las valoremos debidamente; que valoremos esas producciones geniales del espíritu humano, como el pensamiento filosófico, la poesía, la música, la obra artística. Todo eso contribuye más a la calidad humana, que todas las comodidades que nos brinda el progreso. Y mucho más si añadimos además las producciones sobrenaturales de la gracia en nuestro espíritu: una oración nos enriquece más, es más cultura que todos los aparatos, una obra de caridad cristiana es más progreso que los cohetes espaciales.

Por eso hoy decimos con vehemencia: “ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles e infunde en ellos el fuego de tu amor”.




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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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Santísima Trinidad: 10° Parte - Cómo obra Dios, La Vida de Dios y Operaciones Inmanentes - Soberanía, Justicia y Misericordia




Por el P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

Continuación

4.B.3. SOBERANIA

TESIS 20. "Dios es el Señor de cielos y tierra" 

1. Explicación

De la omnipotencia divina se deriva el señorío universal de Dios sobre toda la creación. Dios tiene, con respecto a todas las cosas creadas, un pleno y absoluto dominio tanto de jurisdicción como de propiedad

2. Magisterio de la Iglesia

Concilio Vaticano I: “La Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana cree y confiesa que hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección; el cual siendo una sola sustancia espiritual, singular, absolutamente simple e incomunicable, debe ser predicado como distinto del mundo, real y esencialmente, felicísimo en sí y de sí, e inefablemente excelso por encima de todo lo que puede ser concebido”. Denz 3001

3. Sagrada Escritura
  • Salm  23,1,s.s.: "Del Señor es la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y los que en él habitan..."
  • Sal  88,12: "Tuyo es el cielo, tuya también la tierra, el orbe y cuanto encierra".
  • Salm 144, 13: “”Tu reino, es un reino por los siglos, tu dominio por todas las edades”
  • 1 Cor 6, 10: “Habéis sido comprados a buen precio, glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo”
  • 1 Tim 6, 15: “Manifestación (de nuestro Señor Jesucristo) que a su debido tiempo hará ostensible el bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los Señores”.
4. Argumento teológico

Dios tiene sobre toda criatura dominio de propiedad o derecho a disponer de ellas como propias, pudiendo, sin ofender a nadie, conservarlas o destruirlas. Y esto, porque a todas las ha sacado de la nada, las conserva en su ser y las dirige hacia El como fin último; las criaturas, por su parte, dependen de Dios también en su obrar. La dependencia de toda criatura respecto a Dios es algo tan esencial a la criatura, que ni el mismo Dios puede hacerla desaparecer, ni la criatura puede rehusarla.

De ahí que la criatura no sea dueña de sí misma y que, cuando es una criatura libre, no puede actuar moralmente sino es acomodándose a la voluntad de Dios, su Señor, manifestada en sus leyes. Mucho menos es dueña de las otras criaturas, y, por eso no puede disponer de las cosas que posee a su gusto, sino de acuerdo con la ley divina.

Del dominio de propiedad se deriva el dominio de jurisdicción. En efecto, quien ejerce un dominio tan absoluto de propiedad respecto de todas las criaturas, puede disponer también de ellas, regirlas y gobernarlas. La soberanía de Dios sobre las criaturas racionales exige de ellas una sumisión sin condiciones, que se manifiesta prácticamente en:
  • Obediencia a la ley natural que Dios inscribe en el corazón de los hombres
  • En la aceptación de las verdades reveladas
  • En el cumplimiento de los preceptos divinamente revelados
  • En el culto de adoración tributado a Dios.



4.B.4. JUSTICIA

TESIS 21. "Dios es infinitamente justo"

1. Explicación

La justicia puede entenderse en sentido amplio, equivalente a rectitud moral o conjunto de todas las virtudes y que Santo Tomás define como: "cierta rectitud del orden en la disposición interior de la persona, en virtud de la cual el alma se somete a Dios, y las fuerzas inferiores se someten a lo más noble del alma, que es la razón". Esta es la santidad subjetiva. Se puede entender también en sentido más propio y estricto, significando: "la voluntad constante y permanente de dar a cada uno lo que le corresponde". Así entendida, la justicia hace relación esencialmente a los demás.

La justicia en sentido estricto puede dividirse en general y particular. La justicia general, o también llamada  justicia legal, es la que regula las relaciones jurídicas del individuo con la comunidad en vistas al bien común.

La justicia particular, es la que regula la relación de un hombre con otro como persona singular. La justicia particular puede subdividirse en justicia conmutativa y distributiva.

Justicia conmutativa es la que regula las relaciones de unos hombres con otros en materia de contratos, por ejemplo, el patrono y el obrero quienes por justicia conmutativa se deben respectivamente el sueldo uno (patrono) el trabajo el otro (obrero).

Justicia distributiva, es la que regula las relaciones de la autoridad con los súbditos, y consiste en la distribución justa de los bienes y cargas generales de la sociedad por medio de la autoridad.

La justicia vindicativa, es la que inflige penas justas por los delitos o faltas con la autoridad de la potestad pública, bajo distintos aspectos puede reducirse a una de las tres anteriores: Legal, conmutativa y distributiva.

Todo lo que hemos explicado pertenece a la justicia humana. ¿Cuál de ellas corresponde a Dios? Teniendo en cuenta que en Dios la justicia no es propiamente una virtud - hábito, sino un atributo que se identifica totalmente con su esencia, en el argumento teológico se explicará en qué sentido hay que atribuir a Dios en grado supremo e infinito la justicia, arriba descrita, despojada de todas sus imperfecciones.

2. Magisterio de la Iglesia

Vaticano I: "Esta ley natural estriba, como en su fundamento, en   Dios, omnipotente, creador y padre de todos, y juntamente supremo y perfectísimo legislador y juez sapientísimo y justísimo de las acciones humanas”. Denz 3781

3. Sagrada Escritura
  • Salm 10,8: "Porque justo es el Señor y ama lo justo".
  • Salm 118,137: " Justo eres Señor y justos son tus juicios".
  • Rom  2,2: "Pues sabemos que el juicio es conforme a la verdad".
  • Rom 12, 19: “ No os toméis la justicia por vosotros mismos, amadísimos, antes dad lugar a la justicia de Dios, pues escrito está.: a Mí la venganza; Yo haré justicia, dice el Señor”.
4. Argumento teológico

La justicia legal, es la que regula las relaciones jurídicas del súbdito con la comunidad en vistas al bien común. Aunque evidentemente Dios no es ni puede ser súbdito de nadie, esta justicia legal se encuentra en Dios en grado eminente, ya que gobierna soberanamente todo cuanto existe. En efecto, Dios, mediante la ley natural, orienta a todas las criaturas al bien común y al fin supremo del universo que es el propio Dios.

La justicia conmutativa, en cuanto que regula las relaciones de unos hombres con otros en el ámbito contractual, no se encuentra en Dios. El no debe nada a nadie y, por tanto, nadie le puede exigir nada en virtud de la justicia estrictamente conmutativa, pues los dones de Dios son todos gratuitos. S. Pablo dice : "¿quién le dio algo a El para tener derecho de retribución?"  Rom. 11,35.

La justicia distributiva, en cuanto que regula las relaciones del superior con el súbdito, se encuentra en Dios. Porque, si bien Dios no debe estrictamente nada a las criaturas, supuesto ya el decreto  de crear un mundo determinado, otorga a cada ser lo que le corresponde  a su naturaleza y, por tanto, puede decirse que Dios distribuye con justicia a sus criaturas lo que les corresponde de acuerdo con la naturaleza que Dios mismo les da.

Finalmente, la justicia de Dios se manifiesta en que El, "en quien no hay acepción de personas", Rom. 2,11, juzga con equidad recompensando a los buenos con  justicia remunerativa y castigando a los malos con la justicia vindicativa. El castigo que impone al pecador puede tener carácter correctivo y también, sobre todo, carácter expiatorio de la ofensa hecha a Dios, restaurando así el orden moral afectado por el pecado. El castigo eterno del infierno sólo tiene carácter vindicativo, puesto que, al ser eterno, excluye la posibilidad de corrección y de expiación o restauración.


4.B.5. MISERICORDIA

TESIS 22.  "Dios es infinitamente misericordioso" 

1. Explicación

Misericordia, es la virtud con la que el hombre se compadece de los trabajos y miserias ajenas. Santo Tomás la considera como la mayor de las virtudes, porque imita las efusiones de la bondad divina. Como es lógico, en Dios no tiene lugar el afecto de la compasión en lo que (la compasión) tiene de padecer con participar en los padecimientos de otra persona, pero sí el efecto de la misericordia que es apartar de las criaturas la miseria; y, por eso, "la misericordia hay que atribuirla sobre todo, a Dios, no por el afecto de la pasión sino por el efecto de la misma".

2. Magisterio de la Iglesia

Declaración “Nostra aetate” (1965), del papa Paulo VI : "La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios vivo y subsistente, misericordioso y omnipotente, creador del cielo y de la tierra ...” Denz 4197

3. Sagrada Escritura

  • Neh. 9,17: "Pero Tú eres Dios de perdones, clemente y piadoso, tardo a la ira y de mucha misericordia"
  • Is 54, 10: “Que se muevan los montes, que tiemblen los collados, no se  apartará jamás de ti mi misericordia, y mi alianza de paz será inquebrantable, dice el Señor, que te ama”
  • Miq 7, 18: “¿Qué Dios como Tú, que perdonas la maldad y olvidas el pecado del resto de tu heredad? No persiste por siempre en su enojo, porque ama la misericordia...”
  • Salm 85,5: "Pues Tú, Señor, eres indulgente y piadoso, y de gran misericordia para los que te invocan"
  • Salm 108, 8,ss: “El Señor es piadoso y benigno, tardo a la ira; es clementísimo ... cuanto sobre la tierra se alzan los cielos, tanto se eleva su misericordia sobre los que le temen”.
  • Eccl 2,23: “Tanta es su grandeza, cuanta es su misericordia”
  • Lc 1,50: "Y su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen".
  • Lc 6, 36: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso”
  • Efes 2, 4: “Pero Dios, que es rico en misericordia por el gran amor con que nos amó, estando muertos por nuestros delitos, nos dio vida por Cristo”


En una palabra, la misericordia de Dios es la verdad más insistentemente afirmada en toda la Escritura. La Iglesia se sabe depositaria de esta verdad y exclama en la liturgia: “¡Oh Dios, cuya misericordia no tiene límites y cuya bondad es un tesoro infinito!.

4. Argumento teológico

Santo Tomás, reasumiendo los argumentos de la tradición,  enseña que en Dios se da en grado máximo la misericordia, no solamente en el sentido de dolor compasivo, sino sobre todo en el remedio y socorro de las mismas. Santo Tomás dice: "Se debe atribuir a Dios la misericordia en grado máximo, aunque no por lo que tiene de afecto pasional sino por lo que tiene de eficiente. Para entender esto, téngase en cuenta que decir de alguien que es misericordioso es como decir que da su corazón al miserable, o sea que ante la miseria de otro experimenta la misma sensación de tristeza que experimentaría si fuese suya; y de ahí resulta que se esfuerza en remediar la tristeza ajena como si se tratara de la propia, y éste es el efecto de su misericordia"

"Según esto, a Dios no le compete entristecerse por la miseria de otro; pero sí le compete a Dios en grado máximo remediar las miserias, pues los efectos (de la miseria) no se quitan sino al recibir algún bien o perfección opuesto a ella (la miseria), y el primer origen de todo bien y perfección es Dios, como ya hemos visto". "Téngase en cuenta, sin embargo, que otorgar bienes y perfecciones a las criaturas pertenece, a un mismo tiempo, a la bondad divina, a su justicia, a su liberalidad y a su misericordia, aunque por diversos conceptos. La comunicación de bienes o perfecciones, considerada en absoluto, pertenece a la bondad de Dios, como ya dijimos.  Concederlas en proporción a lo que corresponde a cada ser, pertenece a la justicia, como acabamos de decir. En cuanto las otorga, no para utilidad suya, sino por su infinita bondad, corresponde a la liberalidad. Y en cuanto a que los bienes o perfecciones que confiere remedian las miserias o defectos ajenos, pertenece a su infinita misericordia".

NOTA: Misericordia y Justicia divinas

La razón teológica de la Misericordia y Justicia de Dios muestran que es necesario que vayan siempre juntas en las obras de Dios. Santo Tomás dice que, en todas las obras resplandece la justicia porque Dios distribuye justísimamente a todas sus criaturas lo que les corresponde según la naturaleza que el mismo Dios les ha dado; y la misericordia, por cuanto la obra de la justicia divina presupone siempre la obra de la misericordia, pues nada se debe a una criatura sino a partir de la bondad y de la misericordia de Dios. Más aún, en la raíz de toda obra divina aparece la misericordia.


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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.
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Libros Históricos del Antiguo Testamento: 2° Libro de los Reyes




P. Fernando Martínez Galdeano, S.J.

Cisma entre Israel y Judá

Al morir Salomón (930 a.C.) fue imposible ya mantener la unidad del reino. Según la visión del autor deuteronomista el cisma era el castigo a las muchas infidelidades del rey Salomón. Este habría sido arrastrado al pecado de idolatría movido por sus esposas extranjeras. Si el pueblo y sus representantes volvían al Dios único, entonces se restablecería la unidad.

Bajo un punto de vista más ajustado a los acontecimientos históricos, la sublevación de Jeroboam estaría indicando que las tribus del Norte estimaban como injustos los impuestos y trabajos que ellas tenían que soportar y aguantar. Además, su concepción monárquica era diferente a la del reino de Judá. Esta parecía haber adoptado en definitiva la forma estricta de una monarquía dinástica. El deuteronomista, partidario de la dinastía davídica, ha cuidado el resaltar que ella se fundamenta en las promesas directas del profeta Natán a David: “Tu dinastía y tu reino subsistirán para siempre ante mí, y tu trono se afirmará para siempre” (2Sm 7,16). Muy al contrario, Israel seguía estimando que el rey debía ser aceptado por el consejo de los ancianos representantes de las tribus.

Con el fin de evitar la dependencia del templo de Jerusalén, donde se conservaba aún el Arca de la Alianza, Jeroboam rehabilitó los santuarios de Betel y Dan. En ésta su tentativa por hacer más sensible la presencia de Dios con algo que fuera parecido al Arca de la Alianza, Jeroboam levantó una especie de tronos (becerros) en honor y gloria de Yahvéh. Este hecho fue calificado por los del Sur como una forma de culto inadmisible e idolátrico, como un cisma religioso doloroso e imperdonable.

DESPUÉS DE ACONSEJARSE, EL REY HIZO DOS BECERROS DE ORO Y DIJO A LA GENTE: ¡YA ESTÁ BIEN DE SUBIR A JERUSALÉN! ¡ESTE ES TU DIOS, ISRAEL, EL QUE TE SACÓ DE EGIPTO! LUEGO COLOCÓ UN BECERRO EN BETEL Y EL OTRO EN DAN. ÉSTO INCITÓ A PECAR A ISRAEL, PORQUE UNOS IBAN A BETEL Y OTROS A DAN. (1Re 12,28-29)



Guía del Libro 2° de los Reyes

(1,1-13,25) • Actividades de Elíseo. (Véase en el cap. 7o del libro, la guía correspondiente).
(14,1-17,4) • Los reinos de Israel (N) y Judá (S) hasta la caída de Samaría: Amasias (S), Jeroboam II (N), Ozías (S), Zacarías (N), Salún (N), Menajén (N), Pecajías (N), Pecaj (N), Jotán (S), Ajaz (S) y Oseas (N).
(17,5-41) • Destrucción de Samaría. • Reflexión acerca de la ruina del reino del Norte. • Los samaritanos.
(18,1-20,21) • Reinado de Ezequías en Judá: reformas; misión de Senaquerib; consulta al profeta Isaías; su respuesta; fracaso y muerte de Senaquerib; enfermedad y curación de Ezequías; embajada de Merodac y fin del reinado.
(21,1-26) • Dos reyes impíos en Judá: Manases y Amón.
(22,1-23,30) • Reinado de Josías: hallazgo del libro de la ley; su lectura solemne; reforma religiosa; celebración de la Pascua y final del reinado.
(23,31-24,20) • Últimos reyes de Judá: Joacaz (609), Joaquín (609-598), Jeconías (598-597) y Sedecías (597-587). • Primera deportación.
(25,1-30) • Asedio y saqueo de Jerusalén. • Segunda deportación. • Godolías, gobernador. Indulto de Jeconías.


Un reino dividido

La lectura de los escritos de los Reyes puede dejar la impresión de que Judá fue de entre los dos, el reino más importante. En cuanto a su peso religioso no hay duda que lo fue, pero Israel era el más poblado, el más feraz y fértil, el más codiciado por su mejor situación comercial estratégica. Y por tanto el menos seguro, y en la disputa por el dominio de las rutas comerciales, a los 200 años de la división fue literalmente arrasado y su gente más destacada e influyente, deportada a tierras asirías.
La posición de Jerusalén, cercana a la frontera con el reino del Norte, es motivo de bastantes tensiones, disputas y guerras fratricidas. Son frecuentes las intrigas por el poder en el reino del Norte hasta que Omrí (885-874 a.C.) logra al fin hacerse rey de Israel, funda su capital en Samaría y elimina la inestabilidad política imponiendo su férrea monarquía con un carácter dinástico. Su descendencia reinó cerca de 50 años. El país alcanzó una gran prosperidad y los países vecinos le tenían un gran respeto. Su hijo Ajab (874-853 a.C.) se casó con una princesa fenicia, Jezabel. Esta alianza le permitió aumentar su influjo hacia Damasco y Transjordania, y también extender su lucrativa capacidad comercial. A Jezabel le parecía que su religión era la más apropiada a un pueblo más civilizado. Su influencia, por tanto, arrastró a bastantes israelitas hacia la idolatría. Es entonces cuando aparece un hombre de un carácter apasionado, llamado Elías, defensor de la religión judía, la de la alianza con Yahvéh. (El ciclo del profeta Elías se encuentra en 1Re 17-22; véase el capítulo 7o).


ACAZ ENVIÓ MENSAJEROS A TECLATFALASAR, REY DE ASIRIA, DICIENDO: SOY TU SIERVO Y TU HIJO. SUBE, PUES, Y SÁLVAME DE MANOS DEL REY DE ARAM Y DE MANOS DEL REY DE ISRAEL QUE SE HAN LEVANTADO CONTRA Mí. Y TOMÓ ACAZ LA PLATA Y EL ORO QUE HABÍA EN LA CASA DE YAHVÉH Y EN LOS TESOROS DE LA CASA DEL REY Y LO ENVIÓ AL REY DE ASIRIA COMO PRESENTE, (2Re 16,7-8)

Junto a la quizá inevitable desintegración social y religiosa en el reino del Norte, se une el descontento popular. Uno de sus oficiales, un tal Jehú (842-815 a.C.) se hace con el poder real, tras acabar de forma sangrienta con la dinastía Omrí. (El ciclo del profeta Elíseo, contemporáneo de Jehú se encuentra en 2Re 1-13). Por estas fechas, el poderío asirio proveniente del norte de Mesopotamia empezó a sentirse ya en Palestina. En el año 841 a.C. Israel se vió obligada a pagar tributo de vasallaje a su poderoso rey Salmanasar.

En los tranquilos tiempos de Jeroboam II (786-746 a.C.) como rey de Israel y de Ozías (781-740 a.C.) como rey de Judá, se produce una época de una gran prosperidad y riqueza en ambos reinos. Muchos comenzaron a preguntarse sobre todo en el Norte si este alto nivel de vida era ya compatible con la fe de la Alianza. A fines del reinado de Jeroboam II aparece la figura del profeta Amos como gran censor de aquella sociedad hipócrita que gozaba de tanta prosperidad y bienestar, y de tanta injusticia.

Pero, el poder asirio se hace presente de forma conquistadora tanto en la historia de Israel como en la de Judá. Sus ejércitos van incorporando a su vasto imperio las tierras de los pueblos vecinos. El reino del Norte se unió a Damasco para combatirles, e instó al reino del Sur (Judá) para que sumara sus fuerzas a las suyas. Ante su temerosa negativa, Israel entró en guerra con Judá. Es cuando emerge Isaías en Judá y profetiza que Israel y Siria (Damasco) verán su ocaso. Entonces, Acaz rey de Judá, en contra de Isaías quien exhortaba a confiar en Yahvéh, pidió a los ejércitos asirios que le ayudaran y se sometió a ser su reino vasallo a cambio de su ayuda.

Israel por su lado solicitó la protección de Egipto, pero no pudo impedir que Salmanasar (asirio) ocupara su territorio. Con la caída de su capital, Samaría (721 a.C.), Israel dejó de existir como reino.
Con los asirios como vecinos conquistadores, la vida en el reino de Judá se volvió muy insegura y vulnerable. Su mismo rey Acaz (736-716 a.C.) llegó a promover el culto de los dioses asirios, incluso dentro del área santa del templo. Además, con la llegada de refugiados del Norte, también toleró la práctica de los ritos cananeos.

Al rey Acaz le sucedió su hijo Ezequías (716-687 a.C.) Y como los asirios tenían problemas en el Norte y Este de su imperio, este rey de Judá no quiso desaprovechar la situación favorable para implantar una reforma religiosa en favor de Yahvéh. Pero el rey asirio Senaquerib no se mostró estar dispuesto a tolerar esta clara rebeldía oportunista de Ezequías. Se encaminó con gran furia a Jerusalén, y la rodeó y asedió. Pero Dios vino en su ayuda. A consecuencia de una peste, el ejército asirio tuvo que retirarse de sus posiciones de asedio.

Con Asurbanipal a la cabeza del imperio asirio, éste alcanzó a dominar incluso las tierras de Egipto. Siendo rey de Judá el censurado Manasés (687-642 a.C.), éste se sometió de cuerpo y alma a los asirios. Fomentó toda clase de ceremonias paganas con el fin de congraciarse con ellos y así poder sobrevivir con cierta autonomía y no sucumbir a su dominio imperial.

Al cabo de un tiempo, se presentó una nueva oportunidad de sacudirse el yugo asirio, cuando los egipcios retornaron a la independencia, y el propio imperio asirio se iba deteriorando en marcada decadencia. Josías, rey de Judá (640-609 a.C.), se propuso establecer un reino tan grande como lo fue en los tiempos gloriosos de David y Salomón. Aprovechándose de las circunstancias, consiguió extender su territorio e hizo desaparecer los símbolos de la dominación asiría. Fue poco después, cuando se descubrió en el templo de Jerusalén, un libro muy antiguo (el “Deuteronomio”) que venía a respaldar la reforma religiosa iniciada por el piadoso rey Ezequías.

Mientras ésto sucedía en Judá, los babilonios se estaban haciendo muy poderosos. Su ejército derrotó a los egipcios que habían venido en ayuda de los debilitados asirios en Cárquemis (605 a.C.) Y pocos años más tarde, los mismos egipcios vencieron a los babilonios, y Judá se puso de su parte. Pero la historia corría en favor de los babilonios y su general Nabucodonosor avanzó victorioso a través de Palestina, y Jerusalén cayó en sus manos en el año 598 a.C. y luego de forma definitiva el 587 a.C. Era el fin del reino de Judá. Sus dirigentes junto con muchos otros fueron deportados a Babilonia en ambas fechas.

EL SUMO SACERDOTE HELCÍAS DIJO AL CRONISTA SAFÁN: HE ENCONTRADO EN EL TEMPLO EL LIBRO DE LA LEY. ENTRECÓ EL LIBRO A SAFAN Y ÉSTE LO LEYÓ. LUEQO FUE A DAR CUENTA AL REY (...) Y LE COMUNICÓ LA NOTICIA: EL SACERDOTE HELCÍAS ME HA DADO UN LIBRO. SAFÁN LO LEYÓ ANTE EL REY; Y CUANDO EL REY OYÓ EL CONTENIDO DEL LIBRO DE LA LEY, SE RASGÓ LAS VESTIDURAS Y ORDENÓ (...): ID A CONSULTAR AL SEÑOR POR MÍ, Y POR EL PUEBLO Y TODO JUDÁ, A APROPÓSITO DE ESTE LIBRO QUE HAN ENCONTRADO, PORQUE EL SEÑOR ESTARÁ ENFURECIDO CONTRA NOSOTROS, PORQUE NUESTROS PADRES NO OBEDECIERON LOS MANDATOS DE ESTE LIBRO (...) (2Re 22,8-13)


EL IMPERIO ASIRIO E ISRAEL

En los valles del río Tigris, al norte de Mesopotamia, las tribus asirías unidas bajo Asurnasirpal II (883-859 a.C.), empezaron a extender su dominio. Esta expansión continuó con Salmanasar III (854-824 a.C.) e Israel (reino del Norte), en tiempos de su rey Jehú (841-814 a.C.) acaba pagando el tributo de vasallaje para evitar la invasión asiria. Sin embargo, Tiglatpíleser III (745-727 a.C,) invade los reinos de Tiro, Damasco e incluso de Israel, pero no llega hasta el reino de Judá, al Sur. Es más, su rey Acaz (735-726 ó 716 a.C.) se alía con los invasores asirios. Salmanasar V (727-722 a.C.) ocupa de forma definitiva el reino del Norte (Israel) y pone sitio a la ciudad de Samaría que es tomada y devastada por su hermano Sargón II (722-705 a.C.) Con una crueldad inexpresable, los asirios eliminaron a los defensores y deportaron de Israel a miles de sus habitantes, pertenecientes a sus clases dirigentes. Además fueron traídos al país conquistado nuevos grupos étnicos con sus costumbres diferentes y sus dioses propios.

Gracias a la alianza de Acaz con los asirios, Judá se vió libre de ser invadida. Con Sargón II la capital del imperio se instaló en Níníve. Su sucesor Senaquerib (704-681 a.C.) acaba invadiendo Judá ya que su rey Ezequías (726 ó 716-687 a.C.) al tratar de aprovecharse de las intrigas en la sucesión del rey asirio, había roto el pacto de vasallaje. Senaquerib pone sitio a Jerusalén (701 a.C.) pero tuvo que levantarlo. El historiador Herodoto cuenta que la causa fue la peste.

Senaquerib murió asesinado y su sucesor Asaradón (681-669 a.C.) llegó en su campaña contra Egipto hasta Menphis. Asurbanipal (669-630 a.C.) era culto y dedicó dinero, tiempo y poder para embellecer la capital Niníve. De su famosa biblioteca se han encontrado más de 20.000 tabletas inscritas. Pero ya la fuerza de Asiría se encontraba debilitada e incapaz de sostener sus conquistas. El imperio se hundió a los pocos años de morir Asurbanipal. En el año 612 a.C. cayó Nínive bajo el poder emergente babilonio.




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Agradecemos al P. Fernando Martínez, S.J. por su colaboración.
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