Teología fundamental. 11. El Credo. La naturaleza de Dios y su obrar



P. Ignacio Garro, jesuita
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

5. EL CREDO
(Continuación)

5.2. LA NATURALEZA DE DIOS Y SU OBRAR 
(Continuación)

5.2.4 EL ENTENDIMIENTO DIVINO 
Como nosotros observamos que el hombre posee inteligencia, hemos de afirmar esta perfección de Dios, en grado eminente: "Dios es infinito en su entendimiento, en su voluntad y en toda perfección" (Concilio Vaticano 1, Dz. 1782.) 

Dios, pues, posee una inteligencia infinita. 

Las propiedades de la inteligencia divina son: 

a) Prefecta e inmediata
La inteligencia divina no necesita pasar por la trama de los hechos, a través del tejido de relaciones y de la multitud de estratos y entrecruces: no necesita encontrar la solución de un problema para pasar a otro. A los ojos de Dios se halla patente toda la realidad en toda su cognoscibilidad, hasta en sus más profundas complejidades: " Todas las cosas están descubiertas a sus ojos"(Heb. 4, 13). 

b) Comprensiva e inmutable
El conocimiento divino no es pasajero ni superficial; no se detiene en los aspectos pasajeros de las cosas. Tampoco puede aumentarse o enriquecerse, ni se halla sometido al peligro de disminuir o desaparecer. No existen en Dios los oscuros estratos del subconsciente, sino que conoce todo en un estado de conciencia despierta y clarísima. 

c) Universal 
El espíritu humano elige los objetos de su conocimiento, pasando por alto otros o relegándolos a un segundo plano. El conocimiento divino ni selecciona ni queda reducido a una simple vista parcial: es universal y absoluto, lo mismo que su Ser. 


5.2.4.1 Conocimiento divino y Libertad humana 

¿Cómo se concilia el conocimiento divino con la libertad humana? ¿Un acto que Dios ha previsto desde toda eternidad no se realiza necesariamente? Entonces ¿cómo puede ser libre? 

Daremos dos respuestas a esta importante cuestión: 

1°. Nos constan de modo cierto, las dos verdades, a saber, que Dios todo lo sabe, y que el hombre es libre. Si no vemos cómo se concilian entre sí, no tenemos derecho a negar ninguna de las dos; tan sólo debemos reconocer la flaqueza de nuestro entendimiento. 
2°. Las cosas que Dios prevé (o mejor dicho ve) desde toda eternidad, sucederán infaliblemente, pero de acuerdo con la naturaleza de cada criatura; esto es necesariamente en las criaturas irracionales, y libremente en las criaturas libres. 

No fuera Dios Sabio si un suceso que debe ser libre de acuerdo con la naturaleza de la criatura, se tornara fatalmente necesario únicamente porque El lo conoce de antemano. 

Explicación: Las cosas que Dios prevé, sucederán infaliblemente porque la ciencia de Dios no puede fallar; pero sucederán de acuerdo con la naturaleza del ser. Así el sol y la tierra, que no tienen libertad, obedecen necesariamente las previsiones u órdenes de Dios. Pero el hombre como ser libre, debe realizarlas libremente. 

Si un suceso libre de acuerdo con la naturaleza del ser, se tornara necesario únicamente porque Dios lo conoce, tendríamos esta contradicción: Dios al mismo tiempo hizo al hombre y no lo hizo libre. 

Lo hizo libre porque le dio la libertad. No lo hace libre, porque al ver de antemano lo que hará, le quita la libertad. 

Semejante contradicción no puede encontrarse en Dios.


5.2.4.2 La predestinación 
¿Cómo contestar la tan conocida objeción: Si Dios tiene previsto que me he de condenar, me condenaré, sea que obre bien o que obre mal; y si Dios tiene previsto que me he de salvar, me salvaré, sea que obre bien o que obre mal? Luego, ¿es inútil obrar el bien? 

Se puede contestar de tres maneras: indirectamente, retorciendo el argumento; directamente, mostrando que es contradictoria; y por la exposición de la doctrina católica. 
  • 1°. Indirectamente, esto es, volviendo al argumento contra el que me lo hace. El argumento citado prueba tanto como este otro: Si Dios ha previsto que me he de morir de hambre, me moriré de hambre sea que coma o que no coma. Luego no debo comer. ¿Quién no ve que este argumento es falso? 
  • 2°. Directamente, haciendo ver que es contradictoria. Esta objeción se basa en una contradicción evidente: en efecto, si Dios ha previsto que he de salvarme, por lo mismo ha previsto también que obraré bien. Igualmente si previó que habría dé condenarme, por lo Mismo tuvo que prever que obraría mal. Pero es un absurdo suponer que Dios haya previsto que se condene el que obra bien, o que se salve el que obra mal. Esto iría directamente contra su sabiduría y su justicia. 
  • 3°. Exponiendo la doctrina. Dios me ha dado libertad para obrar. Mi salvación o mi condenación dependen del uso bueno o malo que yo haga de mi libertad. Pero este uso no deja de ser libre por ser conocido de Dios. 


5.2.5 LA VOLUNTAD DIVINA 

Al ser la voluntad una de las perfecciones de la naturaleza humana, hemos de afirmarla -por la vía de analogía y eminencia- de la naturaleza divina.

Es de fe que en Dios existe una Voluntad infinitamente perfecta (cfr. Conc. Vat. 1, Dz. 1782). 
La voluntad es la facultad espiritual e inmanente, que sigue al conocer, y con la cual la persona -humana, angélica o divina- adquiere algo o alguien.
En Dios -Ser simplícimo-, su obrar se identifica con su esencia, y Por eso -como hemos dicho- hay una identidad entre su Inteligencia, su Voluntad y su mismo Ser. Es importante no perder de vista esta importante precisión, para evitar el peligro de hablar o pensar de la divinidad antropomórficamente. 

De esta identificación de la Voluntad con el Ser de Dios, brotan sus propiedades fundamentales: simple, inmutable y eterna omnipotente, buena y justa. 
  • Es simple, porque está exenta de todo lazo interno o externo de dependencia, y en ella no hay sucesión de actos: su volición es única, aunque los efectos sean múltiples en la esfera de lo extradivino. De aquí se sigue que no pueda haber contradicción en las consecuencias del querer de Dios. 
  • Es inmutable y eterna, pues se identifica con el Ser divino. No obstante la diversidad de objetos del querer divino que se desarrolla en la sucesión del tiempo, el querer divino que ordena toda esa diversidad está siempre inmutable desde toda la eternidad sin sufrir cambio alguno. Esta inmutabilidad comporta, sin embargo, una diferencia esencial con el fatalismo, que dice estar sometido todo a un destino ciego y necesario, sin tener en cuenta para nada la actividad humana. La doctrina católica no excluye la Providencia divina ni el juego de la libertad humana; no impone a todos los seres la necesidad de obrar, sino que predispone las causas necesarias para la producción de efectos necesarios, y las contingentes o libres para la producción de efectos no necesarios.
  • Es omnipotente. La Omnipotencia de Dios consiste en que con solo su Voluntad puede hacer todo cuanto quiere. 
Dice la Sagrada Escritura: " Todo cuanto quiso el Señor lo hizo en el cielo, en la tierra y en los abismos" (Ps. 134, 6).

La razón nos certifica la Omnipotencia de Dios, porque es Infinito. Si su poder fuera limitado, Dios no sería Infinito, y dejaría de ser Dios. 
Advertencias:
  • La Voluntad de Dios está como la nuestra, dotada de libertad. Pero la Libertad de Dios es infinitamente perfecta, y así no está sometida a las imperfecciones y deficiencias de la libertad humana, la mayor de las cuales es poder pecar, esto es, elegir el mal. Dios, como perfectísimo que es, es impecable. 
  • Dios no puede morir, porque el poder morir, lejos de ser una perfección de la voluntad, es una grave deficiencia y limitación del poder. 
  • Dios no puede hacer un círculo cuadrado, porque esto es una cosa absurda, que envuelve contradicción en sí misma, y que ni siquiera podemos concebir. La Omnipotencia divina debe movernos a poner en Dios toda nuestra confianza. "No confiéis, dice la Escritura, en los hombres, porque vuestra salvación no está en manos de ellos. Dichoso el que pone su esperanza en Dios" (Ps. 117, 9, 145, 2; Jer. 17, 5, 7). 
  • Buena y justa. La Bondad es un atributo que mueve a Dios a amarse a Sí mismo, y en sí a todas las criaturas y a colmarlas de beneficios. 
Todas las páginas de la Sagrada Escritura están llenas de testimonios de la infinita bondad de Dios para con sus criaturas, especialmente con el hombre. Hasta tal punto la bondad existe en Dios, que el mismo Salvador nos la señala como atributo exclusivo de El: "Nadie es bueno sino sólo Dios" (Lc. 18, 19). 

La bondad reviste en Dios de diversas formas, y según ellas, toma nombres diferentes. Se llama: 
a) Amor cuando es un afecto de su voluntad lo inclina a buscar nuestro bien. 
b) Liberalidad cuando se manifiesta por obras y beneficios. 
c) Gracia cuando no dispensa auxilios sobrenaturales.
d) Ternura o compasión cuando se compadece de nuestras necesidades.
e) Paciencia y mansedumbre cuando tolera a los malos y se demora en castigarlos. 
f) Misericordia o clemencia cuando perdona nuestros pecados.

Para corresponder a la infinita bondad de Dios, debemos: 
a) Agradecer sus beneficios y pagarle Amor con amor
b) Pedirle confiadamente las gracias necesarias y el perdón de nuestras culpas. 

Inmensa diferencia existe entre el Dios verdadero y los dioses del paganismo, entre la religión cristiana y las falsas religiones. Estas, aún en los pueblos más civilizados, están llenas de ignominia.

  Los dioses eran mentirosos, crueles, vengativos, lujuriosos y llenos de todos los defectos. Muchas veces llegaron a ser la personificación de los vicios; así entre los griegos y romanos, Venus era la diosa de la impureza, Baco de la embriaguez, Mercurio del hurto, Némesis de la venganza, etc.; y el modo de honrarlos, era imitarlos y entregarse a los más abominables excesos. 

¡Qué distinto se muestra nuestro Dios! El es espejo purísimo de santidad; aborrece todo mal, ya sea el error, que es el mal del entendimiento, ya el vicio, que es el mal de la voluntad . Es modelo de todas las virtudes; y todos deben imitar su Santidad si quieren gozar de El, porque a su cielo nada entra manchado. En fin, ha dejado a su Iglesia numerosos medios de expiación y santificación que todos podemos y debemos aprovechar para nuestro perfeccionamiento. 

De la excelsa bondad divina se sigue que Dios es infinitamente justo. 

La justicia de Dios consiste en que "retribuye a cada cual según sus obras", premiando al bueno y castigando al malo (cfr. Prov. 2, 14). 

Al hablar de la Providencia explicaremos por qué Dios permite en el mundo los males y el pecado.



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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.
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