Catequesis del Papa sobre la Carta a los Gálatas: 5, «El valor introductorio de la ley»


 PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 18 de agosto de 2021

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Hermanos y hermanas, ¡buenos días!

San Pablo, enamorado de Jesucristo y que había entendido bien qué era la salvación, nos ha enseñado que los «hijos de la Promesa» (Gal 4,28) – es decir todos nosotros, justificados por Jesucristo-, no están bajo el vínculo de la Ley, sino llamados al estilo de vida arduo en la libertad del Evangelio. Pero la Ley existe. Pero existe de otra manera: la misma Ley, los Diez Mandamientos, pero de otra manera, porque por sí sola no puede justificar una vez que vino el Señor Jesús. Y por eso, en la catequesis de hoy yo quisiera explicar esto. Y nos preguntamos: ¿cuál es, según la Carta a los Gálatas, el papel de la Ley? En el pasaje que hemos escuchado, Pablo sostiene que la Ley ha sido como un pedagogo. Es una bonita imagen, la del pedagogo de la que hablamos en la audiencia pasada, una imagen que merece ser comprendida en su auténtico significado.

El apóstol parece sugerir a los cristianos dividir la historia de la salvación en dos, y también su historia personal. Son dos los momentos: antes de haberse hecho creyentes en Jesucristo y después de haber recibido la fe. En el centro se pone el evento de la muerte y resurrección de Jesús, que Pablo predicó para suscitar la fe en el Hijo de Dios, fuente de salvación y en Jesucristo nosotros somos justificados. Somos justificados por la gratuidad de la fe en Cristo Jesús. Por tanto, a partir de la fe en Cristo hay un “antes” y un “después” respecto a la misma Ley, porque la Ley está, los Mandamientos están, pero hay una actitud antes de la venida de Jesús y después. La historia precedente está determinada por el estar “bajo la Ley”. Y quien iba bajo el camino de la Ley se salvaba, era justificado; la sucesiva – después de la venida de Jesús - va vivida siguiendo al Espíritu Santo (cfr Gal 5,25). Es la primera vez que Pablo utiliza esta expresión: estar “bajo la Ley”. El significado subyacente conlleva la idea de un sometimiento negativo, típico de los esclavos: “estar debajo”. El apóstol lo explicita diciendo que cuando uno está “bajo la Ley” se está como “vigilado” o “cerrado”, una especie de custodia preventiva. Este tiempo, dice San Pablo, ha durado mucho – desde Moisés a la venida de Jesús - y se perpetúa hasta que se vive en el pecado.

La relación entre la Ley y el pecado será expuesta de forma más sistemática por el apóstol en su Carta a los Romanos, escrita pocos años después de la de los gálatas. En síntesis, la Ley lleva a definir la trasgresión y hacer a las personas conscientes del propio pecado: “Has hecho esto, por tanto la Ley – los diez mandamientos – dice esto: tú estás en pecado”. Es más, como enseña la experiencia común, el precepto termina por estimular la trasgresión. Escribe así en la carta a los Romanos: «Porque, cuando estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas, excitadas por la Ley, obraban en nuestros miembros, a fin de que produjéramos frutos de muerte. Mas, al presente, hemos quedado emancipados de la ley» (7,5-6). ¿Por qué? Porque ha venido la justificación de Jesucristo. Pablo fija su visión de la Ley: «El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la Ley» (1 Cor 15,56). Un diálogo: tú estás bajo la Ley, y estás ahí con la puerta abierta al pecado.

En este contexto adquiere su sentido pleno la referencia al rol pedagógico desarrollado por la Ley. ¿Pero la Ley es el pedagogo que te lleva dónde? A Jesús. En el sistema escolar de la antigüedad el pedagogo no tenía la función que hoy nosotros le atribuimos, es decir la de sostener la educación de un chico o una chica. En esa época se trataba de un esclavo que tenía el encargo de acompañar al hijo del amo cuando iba donde el maestro y después acompañarlo de nuevo a casa. Así tenía que protegerlo de los peligros, vigilarlo para que no asumiera comportamientos inadecuados. Su función era más bien disciplinaria. Cuando el joven se convertía en adulto, el pedagogo cesaba sus funciones. El pedagogo al que se refiere Pablo, no era el profesor, sino el que acompañaba a la escuela, vigilaba al chico y lo llevaba a casa. 

Referirse a la Ley en estos términos permite a San Pablo aclarar el papel que esta jugó en la historia de Israel. La Torah, es decir la Ley, había sido un acto de magnanimidad por parte de Dios con su pueblo. Después de la elección de Abraham, el otro gran acto fue la Ley: fijar el camino para ir adelante. Ciertamente había tenido funciones restrictivas, pero al mismo tiempo había protegido a su pueblo, lo había educado, disciplinado y sostenido en su debilidad, sobre todo la protección delante del paganismo; había muchas actitudes paganas en esa época. La Torah dice: “Hay un único Dios y nos ha puesto en camino”. Un acto de bondad del Señor. Y ciertamente, como dije, había tenido funciones restrictivas, pero al mismo tiempo había protegido al pueblo, lo había educado, lo había disciplinado, lo había sostenido en su debilidad. Es por esto que el apóstol se detiene sucesivamente al describir la fase de la minoría de edad. Y dice así: «Mientras el heredero es menor de edad, en nada se diferencia de un esclavo, con ser dueño de todo; sino que está bajo tutores y administradores hasta el tiempo fijado por el padre. De igual manera, también nosotros, cuando éramos menores de edad, vivíamos como esclavos bajo los elementos del mundo» (Gal 4,1-3). En resumen, la convicción del apóstol es que la Ley posee ciertamente su propia función positiva – por tanto como pedagogo en el llevar adelante -, pero es una función limitada en el tiempo. No se puede extender su duración más allá de toda medida, porque está unida a la maduración de las personas y a su elección de libertad. Una vez que se alcanza la fe, la Ley agota su valor propedéutico y debe ceder el paso a otra autoridad. ¿Esto qué quiere decir? Que terminada la Ley nosotros podemos decir: “¿Creemos en Jesucristo y hacemos lo que queremos?” ¡No! Los Mandamientos están, pero no nos justifican. Lo que nos justifica es Jesucristo. Los mandamientos se deben observar, pero no nos dan la justicia; está la gratuidad de Jesucristo, el encuentro con Jesucristo que nos justifica gratuitamente. El mérito de la fe es recibir a Jesús. El único mérito: abrir el corazón. ¿Y qué hacemos con los Mandamientos? Debemos observarles, pero como ayuda al encuentro con Jesucristo.

Esta enseñanza sobre el valor de la ley es muy importante y merece ser considerada con atención para no caer en equívocos y realizar pasos en falso. Nos hará bien preguntarnos si aún vivimos en la época en que necesitamos la Ley, o si en cambio somos conscientes de haber recibido la gracia de habernos convertido en hijos de Dios para vivir en el amor. ¿Cómo vivo yo? ¿En el miedo de que si no hago esto iré al infierno? ¿O vivo también con esa esperanza, con esa alegría de la gratuidad de la salvación en Jesucristo? Es una bonita pregunta. Y también la segunda: ¿desprecio los Mandamientos? No. Los observo, pero no como absolutos, porque sé que lo que me justifica es Jesucristo.



Tomado de:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20210818_udienza-generale.html

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Catequesis del Papa sobre la Carta a los Gálatas: 4, «La ley de Moisés»




PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 11 de agosto de 2021

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Hermanos y hermanas, ¡buenos días!

«¿Para qué la ley?» (Gal 3,19). Esta es la pregunta en la que, siguiendo a San Pablo, queremos profundizar hoy, para reconocer la novedad de la vida cristiana animada por el Espíritu Santo. ¿Pero si está el Espíritu Santo, si está Jesús que nos ha redimido, para qué la Ley? Sobre esto debemos reflexionar hoy. El apóstol escribe: «Si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley» (Gal 5,18). Sin embargo, los detractores de Pablo sostenían que los Gálatas tendrían que seguir la Ley para ser salvados. Volvían atrás. Estaban como nostálgicos de otros tiempos, de los tiempos antes de Jesucristo. El apóstol no está en absoluto de acuerdo. No es en estos términos que se había acordado con los otros apóstoles en Jerusalén. Él recuerda bien las palabras de Pedro cuando sostenía: «¿Por qué, pues, ahora tentáis a Dios queriendo poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos sobrellevar?» (Hch 15,10). Las disposiciones que surgieron en ese “primer concilio” - el primer Concilio ecuménico fue el de Jerusalén y las disposiciones surgidas de ese Concilio eran muy claras, y decían: «Que hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que estas indispensables: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza» (Hch 15,28-29). Algunas cosas que tocaban el culto a Dios, la idolatría, y tocaban también la forma de entender la vida de ese tiempo.

Cuando Pablo habla de la Ley, hace referencia normalmente a la Ley mosaica, a la Ley de Moisés, a los Diez Mandamientos. Esta estaba relacionada con la Alianza que Dios había establecido con su pueblo, un camino para preparar esta Alianza. Según varios textos del Antiguo Testamento, la Torah – que es el término hebreo con el que se indica la Ley – es la recopilación de todas esas prescripciones y normas que los israelitas deben observar, en virtud de la Alianza con Dios. Una síntesis eficaz de qué es la Torah se puede encontrar en este texto del Deuteronomio que dice así: «Porque de nuevo se complacerá Yahveh en tu felicidad, como se complacía en la felicidad de tus padres, si tú escuchas la voz de Yahveh tu Dios guardando sus mandamientos y sus preceptos, lo que está escrito en el libro de esta Ley, si te conviertes a Yahveh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma» (30,9-10). La observancia de la Ley garantizaba al pueblo los beneficios de la Alianza y garantizaba el vínculo particular con Dios. Este pueblo, esta gente, estas personas, están vinculadas a Dios y hacen ver esta unión con Dios en el cumplimiento, en la observancia de la Ley. Estrechando la Alianza con Israel, Dios le había ofrecido la Torah, la Ley, para que pudiera comprender su voluntad y vivir en la justicia. Pensemos que en esa época había necesidad de una Ley así, fue un gran regalo que Dios hizo a su pueblo, ¿por qué? Porque en esa época había paganismo por todos lados, la idolatría por todos lados y las conductas humanas que derivan de la idolatría y por esto el gran regalo de Dios a su pueblo es la Ley para ir adelante. En más de una ocasión, sobre todo en los libros de los profetas, se constata que la no observancia de los preceptos de la Ley constituía una verdadera traición a la Alianza, provocando la reacción de la ira de Dios. El vínculo entre Alianza y Ley era tan estrecho que las dos realidades eran inseparables. La Ley es la expresión que una persona, un pueblo está en alianza con Dios.

A la luz de todo esto es fácil entender el buen juego que tendrían esos misioneros que se habían infiltrado entre los Gálatas para sostener que la adhesión a la Alianza conllevaba también la observancia de la Ley mosaica, así como era en esa época. Sin embargo, precisamente sobre esto punto podemos descubrir la inteligencia espiritual de san Pablo y las grandes intuiciones que él ha expresado, sostenido por la gracia recibida para su misión evangelizadora.

El apóstol explica a los Gálatas que, en realidad, la Alianza con Dios y la Ley mosaica no están vinculadas de forma indisoluble. El primer elemento sobre el que se apoya es que la Alianza establecida por Dios con Abraham se basó en la fe en el cumplimiento de la promesa y no en la observancia de la Ley, que todavía no estaba. Abraham empezó a caminar siglos antes que la Ley. Escribe el apóstol: «Y digo yo: Un testamento ya hecho por Dios en debida forma [con Abraham], no puede ser anulado por la ley, que llega cuatrocientos treinta años más tarde [con Moisés], de tal modo que la promesa quede anulada. Pues si la herencia dependiera de la Ley, ya no procedería de la promesa, y sin embargo Dios otorgó a Abraham su favor en forma de promesa» (Gal 3,17-18). La promesa estaba antes que la Ley y la promesa a Abraham, y vino la ley 430 años después. La palabra “promesa” es muy importante: el pueblo de Dios, nosotros cristianos, caminamos en la vida mirando una promesa; la promesa es precisamente lo que nos atrae, nos atrae para ir adelante al encuentro con el Señor.

Con este razonamiento, Pablo alcanza un primer objetivo: la Ley no es la base de la Alianza porque llegó sucesivamente, era necesaria y justa pero primero estaba la promesa, la Alianza.

Un argumento como este pone en evidencia a los que sostienen que la Ley mosaica sea parte constitutiva de la Alianza. No, la alianza está primero, es la llamada a Abraham. La Torah, la ley, de hecho, no está incluida en la promesa hecha a Abraham. Dicho esto, no se debe pensar que san Pablo fuera contrario a la Ley mosaica. No, la observa. Más de una vez, en sus Cartas, defiende su origen divino y sostiene que esta posee un rol bien preciso en la historia de la salvación. Pero la Ley no da la vida, no ofrece el cumplimiento de la promesa, porque no está en la condición de poder realizarla. La Ley es un camino que te lleva adelante hacia el encuentro. Pablo usa una palabra muy importante, la Ley es el “pedagogo” hacia Cristo, el pedagogo hacia la fe en Cristo, es decir el maestro que te lleva de la mano al encuentro. Quien busca la vida necesita mirar a la promesa y a su realización en Cristo.

Queridos, esta primera exposición del apóstol a los Gálatas presenta la novedad radical de la vida cristiana: todos los que tienen fe en Jesucristo están llamados a vivir en el Espíritu Santo, que libera de la Ley y al mismo tiempo la lleva a cumplimiento según el mandamiento del amor. Esto es muy importante, la Ley nos lleva a Jesús. Pero alguno de vosotros puede decirme: “Pero, padre, una cosa: ¿esto quiere decir que si yo rezo el Credo no tengo que cumplir los Mandamientos? No, los Mandamientos tienen actualidad en el sentido de que son los “pedagogos” que te llevan al encuentro con Jesús. Pero si tú dejas de lado el encuentro con Jesús y quieres volver para dar más importancia a los Mandamientos, eso no va bien. Y precisamente este era el problema de estos misioneros fundamentalistas que se mezclaron entre los gálatas para desorientarles. Que el Señor nos ayude a caminar sobre el camino de los Mandamientos, pero mirando al amor a Cristo hacia el encuentro con Cristo, sabiendo que el encuentro con Jesús es más importante que todos los Mandamientos.




Tomado de:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20210811_udienza-generale.html

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Catequesis del Papa sobre la Carta a los Gálatas: 3, «El evangelio es uno»



PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 4 de agosto de 2021

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Cuando se trata del Evangelio y de la misión de evangelizar, Pablo se entusiasma, sale fuera de sí. Parece que no ve otra cosa que esta misión que el Señor le ha encomendado. Todo en él está dedicado a este anuncio, y no posee otro interés que no sea el Evangelio. Es el amor de Pablo, el interés de Pablo, el trabajo de Pablo: anunciar. Llega incluso a decir: «Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio» (1 Cor 1,17). Pablo interpreta toda su existencia como una llamada a evangelizar, a dar a conocer el mensaje de Cristo, a dar a conocer el Evangelio: «¡ay de mí -dice- sino predicara el Evangelio» (1 Cor 9,16). Y escribiendo a los cristianos de Roma, se presenta sencillamente así: «Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios» (Rm 1,1). Esta es su vocación. En resumen, es consciente de haber sido “apartado” para llevar el Evangelio a todos, y no puede hacer otra cosa que dedicarse con todas sus fuerzas a esta misión.

Se comprende por tanto la tristeza, la desilusión e incluso la amarga ironía del apóstol con los Gálatas, que a sus ojos están tomando un camino equivocado, que los llevará a un punto sin retorno: se han equivocado de camino. El eje en torno al cual todo gira es el Evangelio. Pablo no piensa en los “cuatro evangelios”, como es espontáneo para nosotros. De hecho, mientras está enviando esta Carta, ninguno de los cuatro evangelios ha sido escrito todavía. Para él el Evangelio es lo que él predica, esto que se llama el kerygma, es decir el anuncio. Y ¿qué anuncio?  De la muerte y resurrección de Jesús como fuente de salvación. Un Evangelio que se expresa con cuatro verbos: «que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas» (1 Cor 15,3-5). Este es el anuncio de Pablo, el anuncio que nos da vida a todos. Este Evangelio es el cumplimiento de las promesas y es la salvación ofrecida a todos los hombres. Quien lo acoge es reconciliado con Dios, es acogido como un verdadero hijo y obtiene en herencia la vida eterna.

Delante de un don tan grande que se les ha entregado a los Gálatas, el apóstol no logra explicarse por qué están pensando en acoger otro “evangelio”, quizá más sofisticado, más intelectual… otro “evangelio”. Hay que notar, sin embargo, que estos cristianos todavía no han abandonado el Evangelio anunciado por Pablo. El apóstol sabe que están todavía a tiempo para no realizar un paso en falso, pero les advierte con fuerza, con mucha fuerza. Su primer argumento apunta directamente sobre el hecho de que la predicación realizada por los nuevos misioneros - estos que predican la novedad - no puede ser el Evangelio. Es más, es un anuncio que distorsiona el verdadero Evangelio porque impide alcanzar la libertad – una palabra clave - que se adquiere llegando a la fe. Los Gálatas son todavía “principiantes” y su desorientación es comprensible. No conocen todavía la complejidad de la Ley mosaica y el entusiasmo en el abrazar la fe en Cristo les empuja a escuchar a estos nuevos predicadores, bajo la ilusión de que su mensaje sea complementario con el de Pablo. Y no es así.

El Apóstol, sin embargo, no puede arriesgarse a que se creen compromisos en un terreno tan decisivo. El Evangelio es solo uno y es el que él ha anunciado; no puede existir otro. ¡Atención! Pablo no dice que el verdadero Evangelio es el suyo porque lo ha anunciado él, ¡no! Esto no lo dice. Esto sería presuntuoso, sería vanagloria. Afirma más bien, que “su” Evangelio, el mismo que los otros apóstoles iban anunciando en otros lugares, es el único auténtico, porque es el de Jesucristo. Escribe así: «Os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo» (Gal 1,11). Se comprende entonces por qué Pablo utiliza términos muy duros. Usa dos veces la expresión “anatema” que indica la exigencia de tener lejos de la comunidad lo que amenaza sus fundamentos. Y este nuevo “evangelio” amenaza los fundamentos de la comunidad. En resumen, sobre este punto el apóstol no deja espacio a la negociación: no se puede negociar. Con la verdad del Evangelio no se puede negociar. O tú recibes el Evangelio como es, como ha sido anunciado, o recibes otra cosa. Pero no se puede negociar, con el Evangelio. No se puede llegar a acuerdos: la fe en Jesús no es una mercancía a negociar: es salvación, es encuentro, es redención. No se vende a bajo costo.

Esta situación descrita al principio de la Carta parece paradójica, porque todos los sujetos en cuestión parecen animados por buenos sentimientos. Los Gálatas que escuchan a los nuevos misioneros piensan que con la circuncisión podrán estar aún más entregados a la voluntad de Dios y por tanto agradar aún más a Pablo. Los enemigos de Pablo parecen estar animados por la fidelidad a la tradición recibida por los padres y consideran que la fe genuina consista en la observancia de la Ley. Delante de esta suma fidelidad justifican incluso las insinuaciones y las sospechas sobre Pablo, considerado poco ortodoxo en lo relacionado con la tradición. El mismo apóstol es bien consciente de que su misión es de naturaleza divina – ¡ha sido revelada por Cristo, a él! - y por tanto está movido por el total entusiasmo por la novedad del Evangelio, que es una novedad radical, no es una novedad pasajera: no hay evangelios “de moda”, el Evangelio es siempre nuevo, es la novedad. Su inquietud pastoral lo lleva a ser severo, porque ve el gran riesgo que se cierne sobre los jóvenes cristianos. En resumen, en este laberinto de buenas intenciones es necesario desprenderse, para acoger la verdad suprema que se presenta como la más coherente con la Persona y la predicación de Jesús y su revelación del amor del Padre. Esto es importante: saber discernir. Muchas veces hemos visto en la historia, y también lo vemos hoy, algún movimiento que predica el Evangelio con una modalidad propia, a veces con carismas verdaderos, propios; pero después exagera y reduce todo el Evangelio al “movimiento”. Y esto no es el Evangelio de Cristo: esto es el Evangelio del fundador, de la fundadora y esto sí, podrá ayudar al principio, pero al final no da frutos porque no tiene raíces profundas. Por esto, la palabra clara y decidida fue provechosa para los Gálatas y es provechosa también para nosotros. El Evangelio es el don de Cristo para nosotros, es Él mismo quien lo revela. Esto es lo que nos da vida.




Tomado de:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20210804_udienza-generale.html

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Homilía: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

 


Desde el Cielo María nos espera

P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

AQUÍ para acceder a la homilía





Domingo XX Tiempo Ordinario. Ciclo B – Yo soy el pan vivo

 



P. Adolfo Franco, jesuita.


Lectura del santo Evangelio según san Juan (6, 51-58)

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»

Los judíos discutían entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer carne?» Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.

Palabra del Señor


Jesucristo nos enseña que la eucaristía es el alimento que necesitamos para nuestra vida y para nuestra debilidad

Jesús en este párrafo del evangelio, que meditamos este domingo, nos hace afirmaciones maravillosas, que desafían nuestra fe, pero que también nos llenan de ilusión: Yo soy el Pan vivo bajado del cielo. El que coma este pan vivirá eternamente. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. El que me come vivirá por mí. Todo esto se está refiriendo a la Eucaristía, a lo que El daría generosamente a sus Apóstoles en la Ultima Cena, y en ellos nos lo entregaría a todos nosotros al decirles: Hagan esto en conmemoración mía.

¿A dónde nos lleva todo esto? La Eucaristía es Cristo vivo, y está destinada a convertirse en mi alimento. En alimento de mi vida: esa vida total mía, que está necesitada de un alimento especial, y que sólo El me lo puede dar. Mi alma necesita a Jesús mismo como alimento. Decimos algunas veces que nos alimentamos de ilusiones, o que la lectura es un alimento. Pero ahí el alimentar se está tomando como una metáfora. En cambio, en este caso no es una metáfora: Jesús es realmente el alimento de nuestra vida; El mismo se encarga de conectar este alimento con la vida que produce. Sin este alimento no vive nuestra vida.

¿Cómo nos alimenta Jesús? El alimenta nuestra vitalidad interior; nuestra capacidad de amar, se alimenta y crece, cuando Jesús entra en nuestro interior, para ser asimilado. El alimenta nuestra fe, y ésta se hace más viva. Jesús, al entrar como alimento fortalece nuestra conducta: ese espacio donde se toman las decisiones importantes queda nutrido por Jesús como alimento. Todo lo que es vivo en nuestro interior se alimenta con Jesús, cuando lo recibimos con plena conciencia. Nuestras ilusiones, nuestros amores, nuestros ideales, todo queda nutrido por Jesús; un yo alimentado por Jesús, es un yo fuerte y firme, con un gran sentido de la entrega y con una capacidad de amar grande.

Naturalmente si continuamos desarrollando este asunto del alimento, tenemos que detenernos sobre cómo se asimila el alimento. Un alimento para alimentar debe ser asimilado. Que Jesús sea acogido, y se le permita ir por nuestros sistemas vitales para nutrir cada rincón de nuestra vida. Un alimento de verdad nos nutre, si a través de nuestra sangre lleva sus nutrientes a cada rincón de nuestro organismo, a cada célula de nuestro cuerpo. De la misma forma, hay que hacer que Jesús convertido en alimento recorra todos los rincones de nuestro ser total, para nutrirlo. Y como es con su vida con lo que nos alimentamos, El puede decir que el que el que lo come vivirá por El.

Ese es el resultado de esta comida. El que come a Cristo vive por El, y debe llegar a la identificación con su vida; caminar hacia esa meta sublime, de que la vida de Cristo sea la que vive el sujeto que se alimenta de la Eucaristía. Es algo muy elevado lo que nos propone Jesús en este discurso, que vivamos no ya con nuestra vida sino con la suya. Al entrar El en nuestro corazón, termina produciendo esa invasión que quiere ser total, si es que le permitimos obrar y no le ponemos obstáculos. Pero no siempre dejamos que el Alimento-Jesús entre y recorra todo lo que somos por dentro para invadirlo. Hay zonas donde no llega, que parece que se le bloquean: no abrimos todas las compuertas para que El entre y disponga, decida, ocupe todos los espacios, sin dejar ningún átomo de nuestro ser sin recibirlo. Cada átomo de nuestra vida tiene que “comulgar”; y esto no siempre sucede.

Considerar esto debería hacernos exclamar, como decía Pascal: Alegría, alegría, lágrimas de alegría. Jesús entonces se convierte en mi vida de verdad. Con esta perspectiva adquieren sentido cada una de las afirmaciones que Jesús nos dirige en este párrafo del Evangelio de hoy: si no comemos su carne y bebemos su sangre no tenemos vida en nosotros. El que come de este pan vivirá para siempre; y Yo (sigue afirmando Jesús) lo resucitaré en el último día.

Es otro aspecto importante de este mensaje. La Eucaristía está íntimamente ligada a la resurrección, a la vida eterna. Comemos la semilla de la inmortalidad. El Cuerpo de Cristo que recibimos es el Cuerpo de Cristo resucitado. Y va formando en nosotros una vida tan indestructible, como la vida de Jesús es indestructible. Viviremos para siempre. Ya se nos está dando, por así decirlo un certificado de inmortalidad.

Realmente que la Eucaristía es uno de los grandes milagros de Dios. Es su presencia entre nosotros, para hacernos vivir con su propia vida, y regalarnos su propia eternidad.



Escuchar AUDIO o descargar en MP3

Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.


Teología fundamental. 48. La Iglesia y el Estado I


 

P. Ignacio Garro, jesuita †


7. LA IGLESIA Y EL ESTADO

7.1 DOCTRINA SOBRE LAS RELACIONES ENTRE LA IGLESIA Y EL ESTADO 

7.1.1 El orden natural y el orden sobrenatural 

La doctrina sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado, tiene su fundamento en la distinción y unión real entre el orden natural y el orden sobrenatural. 

Estas dos sociedades perfectas (Iglesias y Estado), se diferencian netamente por sus fines: 

a) La Iglesia procura el bien común sobrenatural y la salvación de las almas. 

b) El Estado busca el bien común temporal, el cual no es sólo material sino también espiritual. 

Por derecho divino existen dos poderes diferentes en la tierra: el poder natural, correspondiente a la autoridad civil y el poder sobrenatural de la Iglesia. "Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt. 20, 21 y par.). 

Ambos poderes son originarios e inderivables el uno del otro, y correspondientes al orden natural y sobrenatural. Es doctrina de la Iglesia esta dualidad de poderes con su ámbito propio: las doctrinas monistas son contrarias a la doctrina católica. 


7.1.2 Interdependencia y colaboración 

Las relaciones entre la Iglesia y el Estado han de ser de unión y colaboración, actuando cada uno en su propio orden, y a la vez de mutuo reconocimiento, particularmente en las materias mixtas (porque afectan a los fines de ambas), como son la educación, el matrimonio, etc. 

El Estado, cumpliendo con su fin propio, debe ayudar a la Iglesia y colaborar con ella, disponiendo los asuntos temporales con libertad de modo que puedan ser fácilmente ordenados al fin sobrenatural. El Estado tiene no sólo un fin material sino también ético: debe custodiar la ley natural. De esta manera, coopera, en su orden, a la salvación de las almas. 

La Iglesia no persigue fines temporales puesto que su fin es más alto, y a este fin se ordena todo lo temporal. La Iglesia, cumpliendo su fin sobrenatural, presta un gran servicio a la sociedad civil en lo que se refiere al bien temporal, pues impulsa y facilita a los ciudadanos la práctica de todas las virtudes, con lo cual se asegura el respeto a las leyes, el orden, la paz, la justicia, etc. 


7.1.3 Potestad de la Iglesia en asuntos temporales 

La Iglesia goza de una potestad indirecta en el orden temporal, en cuanto que es de su competencia declarar la ley natural y protegerla, puesto que el fin natural se ordena al sobrenatural. 

Esta potestad la ejerce mediante declaraciones, prohibiciones, sanciones en cuanto a realidades o situaciones que se opongan a la moral natural: por ejemplo a través de la prohibición de votar en favor de partidos políticos que se oponen a la ley natural. 

"La comunidad política v la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su Propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Este servicio lo realizarán con tanta mayor eficiencia, para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas, habida cuenta de las circunstancias de lugar y tiempo. El hombre, en efecto, no se limita al solo horizonte temporal, sino que, sujeto de la historia humana, mantiene íntegramente su vocación eterna. ( ... ) Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y situaciones" (Conc. Vaticano II, Const. Gaudiumet Spes, n. 76).

Por tanto, la Iglesia tiene el derecho y el deber de intervenir, incluso de modo autoritario -dando criterios de acción a los católicos-, en cuestiones de orden temporal, cuando lo amerita una causa justa y grave, esto es, cuando estén en grave peligro los derechos de Dios o de la Iglesia, y la salvación de las almas. 


7.2. DIVERSOS MODOS DE REGULAR LAS RELACIONES JURIDICAS ENTRE LA IGLESIA Y EL ESTADO 

7.2.1 Los Concordatos 

a) Teniendo en cuenta los criterios centrales que se acaban de exponer, la forma práctica de proceder puede variar según los tiempos y circunstancias: no será la misma en aquellos países donde hay mayoría católica, que donde son una minoría. 

b) La Iglesia, en algunos casos, tolera situaciones menos justas atendiendo a la situación del país o del gobierno. Cuando se presentan ciertas anormalidades, es obligación de los católicos conseguir que cesen esas circunstancias, mediante el ejercicio de sus deberes y derechos de ciudadanos. 

c) Actualmente, las relaciones entre la Iglesia y el Estado, suelen regularse mediante pactos que se llaman Concordatos. 


7.3. LEGISLACIÓN CIVIL EN ALGUNOS PAISES 

a) En algunos países no existen relaciones oficiales entre la Iglesia y el Estado. 

b) La legislación en algunos países no reconoce ni otorga ninguna personalidad jurídica a instituciones religiosas, ni a sus ministros. Incluso en naciones donde el gobierno se declara neutro en este terreno, resulta, por su orientación liberal y materialista, injusto y anitirreligioso. 

Por desgracia, en muchos lugares la Iglesia no goza de la plena libertad y respeto que requiere para cumplir con su misión; se ve forzada a actuar mediante "concesiones". 

"La libertad o inmunidad de coacción en materia religiosa que compete a las personas individualmente consideradas, debe serles reconocida también cuando actúan en común. Porque las sociedades religiosas son exigidas por la naturaleza social del hombre y de la misma religión". 

Por consiguiente, a estas sociedades, con tal que no se violen las justas exigencias del orden público, debe reconocérseles el derecho de inmunidad para regirse por sus propias normas, para honrar a la Divinidad con culto público, para ayudar a sus miembros en el ejercicio de la vida religiosa y sostenerles mediante la doctrina, así como para promover instituciones en la que sus seguidores colaboren con el fin de ordenar la propia vida según sus principios refigiosos" (Conc. Vat. II, Decl. Dignitatis Humanae, n. 4). 



Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, S.J. quien nos brindó toda su colaboración. Seguiremos publicando los materiales que nos compartió para dicho fin.

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Doctrina Social de la Iglesia - 3. La Cuestión Social II


P. Ignacio Garro, jesuita †

1. LA CUESTIÓN  SOCIAL

Continuación...

1.5. LA JUSTICIA SOCIAL

Las situaciones provocadas por un nuevo tipo de trabajo y un nuevo tipo de economía (la industrial) originaron una serie de injusticias que provenían de enfrentamientos entre las diferentes categorías de hombres: los que ponen el capital (capitalistas), los técnicos que dirigen la empresa (personal de servicios) y los obreros (trabajo) injustamente pagados. Unos pocos dirigentes y accionistas ganaban grandes sumas de dinero y muchos obreros ganaban muy poco. La distribución de las ganancias estaba injustamente repartida. Este aspecto tocaba un tema siempre antiguo y siempre nuevo:  el de la justicia social.

Sto. Tomás tomando de la tradición cristiana define la justicia como: “Uniquique suum” = "A cada uno los suyo”, o “La voluntad firme y constante de dar a cada uno lo que le es debido". La divide en cuatro partes: 

1.- Justicia conmutativa

2.- Justicia distributiva

3.- Justicia legal

4.- Justicia social

1. Justicia conmutativa: "Es la que manda y regula la igualdad de los contratos entre los individuos". Obliga, pues, a dar al otro lo que le pertenece, "unicuique suum" = "a cada uno lo suyo". Así, el patrón ha de dar al obrero el justo salario, y el obrero ha de realizar lo libremente convenido. En el comerciante, el derecho al justo precio de la mercancía, en el comprador, el derecho de recibir, por el justo precio, la cantidad y calidad correspondiente a la mercancía, etc.

2. Justicia distributiva: "Es la que funda el derecho de la sociedad de exigir de sus miembros lo necesario para su fin, y de tratar a cada uno según sus méritos y necesidades". El Estado distribuye los impuestos y las otras cargas sociales en proporción a la riqueza de cada uno de sus miembros. 

3. Justicia legal: "Es la virtud que inclina y mueve a los miembros del cuerpo social, en cuanto tales, a dar a la sociedad todo aquello que le es debido en orden a procurar el bien común". Es la que regula las relaciones jurídicas del ciudadano con la comunidad en vistas al bien común. Es la justicia por la que los ciudadanos dan a la sociedad lo que le es debido.

4. La justicia social: "Tiene como finalidad procurar el bien de los grupos sociales entre sí, señala las exigencias y reivindicaciones de estos grupos, sobre todo en materia social y económica". A la justicia social corresponde principalmente dictar las reformas con normas jurídicas y sociales que el bien común y las necesidades de las clases trabajadoras reclaman en el campo económico y social, como son la relativas a la función social de la propiedad, la justa distribución de la riqueza según el destino fundamental de las mismas que es el de servir a las necesidades de la persona, etc.

a. Coincide con la justicia general por cuanto promueve el bien común y la paz y seguridad sociales.

b. Comprende las tres especies de justicia, y todo el conjunto de vínculos y relaciones jurídicas ya que toda justicia por naturaleza es social.

c. Coincide con la justicia distributiva ya que su función capital es la distribución de las riquezas entre los necesitados

En particular, los documentos pontificios exigen, en nombre de la justicia social una serie de reformas y mejoras en favor de los más necesitados, como son el salario justo familiar, la participación en los beneficios de la empresa donde el obrero trabaja, los seguros sociales que garantizan al obrero medios de vida estables, dignos y duraderos, y en general todo tipo de reformas que miran al desarrollo y cumplimiento del bien común.

Como se puede observar la "cuestión social" (como situación de injusticia social) trajo consigo la propuesta de teorías económicas y políticas acerca de la "justicia social". También hay otro aspecto de la justicia social que debemos de tener en cuenta. Pablo VI, en "Populorum Progressio", decía: "La cuestión social ha adquirido dimensiones mundiales". Y J. Pablo II en "Sollicitudo rei Socialis", nº 8-9: "la cuestión social se ha convertido en cuestión del subdesarrollo de los pueblos pobres", originado por las injusticias provenientes de las economías internacionales. Países ricos protegen sus productos internacionales, los venden caros, y obligan a los países pobres a vender sus materias primas a precios irrisorios. Esto origina injusticia y desequilibrio en las economías de los países pobres. Es una injusticia de corte internacional con grandes repercusiones en el desarrollo de los pueblos.

La cuestión social (como injusticia social) se plantea en dos niveles: primeramente, en el de la economía en general, como la oposición entre capital y trabajo. (El capital gana desmedidamente y el trabajo es mal remunerado), secundariamente en el de la economía internacional, como oposición entre el Primer Mundo altamente desarrollado y el Tercer Mundo subdesarrollado y pauperizado. Así pues, "cuestión social", "justicia social" y "Doctrina Social de la Iglesia" son términos correlativos, que se implican mutuamente.


1.6. LA DSI ES NECESARIA

En efecto, la DSI es necesaria pues, la enseñanza pontificia en materia social constituye una "doctrina". Esta "doctrina" presenta tres características:

a. Es una síntesis especulativa

b. Tiene un alcance práctico

c. Es moralmente obligatoria

Esto implica una síntesis teórica puesto que contiene y ordena en un todo armonioso, un conjunto de principios que cubren todos los aspectos fundamentales del orden temporal, tanto en lo nacional como en el internacional. Pero esta teoría del recto orden social está destinada a iluminar la acción práctica del cristiano, este alcance práctico lo destaca Juan XXIII en "Mater et Magistra", nº 226: "todo principio relativo a la cuestión social no debe ser solamente expuesto (teóricamente) sino que debe ser realmente puesto en práctica". Por último, la DSI reviste un carácter de obligatoriedad moral, ya que obliga en conciencia a todos los cristianos a vivir y obrar en conformidad con lo que se enuncia y enseña: "Esta doctrina es clara en todas las partes, es obligatoria; nadie puede apartarse de ella sin peligro para la fe y el orden moral", dice Pío XII.

El punto de partida de la DSI tiene una doble vertiente la Ley Natural y la Revelación. Sobre este doble fundamento la Iglesia formula los principios principales del orden social; es decir, de todo ordenamiento social humano. La necesidad de tal formación, sobre todo en el último siglo y medio últimos, resulta manifiesta. La crisis social de la humanidad se ha ido agravando cada vez más y más, abarcando todas las actividades e instituciones humanas y sociales. Crisis de los derechos humanos; crisis de la familia; crisis de las relaciones laborales, de las empresas y de las mismas profesiones liberales; crisis de las comunidades nacionales; finalmente crisis de orden internacional. "Tales son los males que padece el mundo en la actualidad", decía el Papa Pío IX en 1922.


1.7. NATURALEZA DE LA DSI

Esta doctrina siempre perteneció a la enseñanza de la Iglesia, en su concepción del hombre y de su vida social, y especialmente, la moral social elaborada según las necesidades de distintas épocas (5). Por otra parte, no le es lícito al cristiano descuidar los bienes sobrenaturales aun en el orden de las realidades terrenas, al contrario, le incumbe la obligación de encaminarlo todo según las prescripciones de la sabiduría cristiana al Sumo Bien que es Dios, como a su fin último; y sujetar todas sus acciones en cuanto buenas o malas moralmente, es decir, en cuanto conformes o disconformes con el Derecho Natural y Divino, a la potestad y al juicio de la Iglesia.


1.8. FINALIDAD DE LA DSI

El fin de la DSI es ayudar, según la forma propia de la Iglesia, a los pueblos, y a los gobernantes a organizar una sociedad más humana, más acorde con la voluntad de Dios sobre el mundo. La Iglesia: "custodia por voluntad de Dios y por mandato de Cristo, del orden natural y sobrenatural", (Pío XII, Navidad 1942). Educadora de la humanidad, madre que no puede "permanecer sorda al grito de angustia de sus hijos de todas las clases de la humanidad", (Pio XII, Pentecostés 1941), quiere ayudar a sus hijos y a todos los hombres a construir una sociedad más humana, más justa, más fraterna y, desde ese mismo instante, más acorde con el plan de Dios sobre el hombre y la comunidad humana. La Iglesia no sustituye a los Estados y a los interesados, en su terreno propio, el de la construcción y mejoramiento de la humanidad. Ella no deja de proclamar que no es incumbencia suya "fijar reglas sobre el terreno práctico, puramente técnico, digamos, de organización", (Pío XII, Pentecostés 1941), pero indica el camino que se debe seguir. Transmite a todos los pueblos el patrimonio y los valores de la vida cristiana, a fin de que cada uno se inspire según su propio ingenio, sus necesidades particulares, con vistas a "establecer una sociedad humanamente digna, espiritualmente elevada, fuente de verdadero bienestar".


1.9. CARACTERÍSTICAS DE LA DSI.

No es impositiva como otras enseñanzas sociales adoptadas y aplicadas por los distintos gobiernos en los diferentes Estados.

Se trata, en efecto, "de la Doctrina de la Iglesia Católica y Apostólica, madre y maestra de todos los pueblos, cuya luz ilumina, enciende, inflama; cuya voz amonestadora por estar llena de sabiduría, sirve para todos los tiempos; cuya virtud ofrece siempre remedios tan eficaces como adecuados para las crecientes necesidades de la humanidad y para las preocupaciones y ansiedades de la vida presente". "Mater et Magistra", nº 262.

Está íntimamente relacionada con la instauración del Reino de Dios en el mundo y con la salvación definitiva del hombre, por ello hay que distinguir cuidadosamente, progreso temporal y crecimiento del Reino de Dios, sin embargo, "el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al Reino de Dios", (G. et S. nº 39).

La competencia de la Iglesia en esta doctrina no es en materias técnicas, para las cuales no cuenta con los medios adecuados ni es su cometido, sino en todo aquello que se refiere al orden moral.

Las directrices dadas por la DSI son básicas para constituir un sistema social que esté de acuerdo con el orden inmutable que Dios, nuestro Creador y Redentor, nos ha enseñado por medio de la ley natural y la revelación.


1.10. FUENTES DE LA DSI

La Iglesia, de hecho, toma del Evangelio las diversas doctrinas, gracias a las cuales, ciertamente se resolverán los conflictos humanos y sociales. De modo que:

  • Evangelio.
  • Naturaleza del hombre.
  • Derechos y deberes de la persona humana.
  • Intereses públicos en bien de la persona humana.
  • Intereses privados en orden al bien propio y comunitario; todos estos elementos constituyen la fuente de donde manan los principios que orientan a la DSI.
  • En definitiva la Iglesia lo que pretende con sus enseñanzas es iluminar las inteligencias, regir las costumbres, mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y lograr la cooperación de todos los sectores sociales en favor del bien común.


1.11. Principales documentos de la DSI

La doctrina de la DSI está contenida principalmente en las Encíclicas, Constituciones, Decretos, Declaraciones, Mensajes y Alocuciones que el Magisterio de la Iglesia realiza en sus enseñanzas al mundo cristiano y a todos los hombres de buena voluntad. Últimamente este Magisterio se ha concretizado de una manera especial en las Encíclicas. ¿Qué es una encíclica? Son cartas que dirige el Papa a todos los Obispos y fieles del mundo católico y compendian la orientación de la Iglesia sobre algunos puntos determinados de su doctrina, tienen carácter solemne y permanente. Las enseñanzas contenidas en las Encíclicas Sociales, no son definiciones dogmáticas, lo cual suele hacer el Papa sólo en circunstancias excepcionales, como Pastor y Doctor de todos los cristianos en virtud de su suprema autoridad apostólica y definiendo una doctrina oficial de la Iglesia sobre la fe o costumbres (moral) que debe ser acatada por la Iglesia Universal, y su negación a aceptarla, sería herejía. Sin embargo, las enseñanzas de la DSI constituyen la doctrina oficial de la Iglesia en materia social, y que debe ser aceptada por todos los fieles con la obligación de prestarle asentimiento religioso. Todo cristiano debe estar en actitud de aceptar esta enseñanza, asimismo y aplicarla a su vida, descubriendo en ella la noble misión que se le confía de la construcción de un mundo más humano y más conforme con la voluntad de Dios.

Veamos sintéticamente los principales documentos del Magisterio de la Iglesia sobre la DSI.

  1. "Rerum Novarum". León XIII, 15 de mayo 1891. Sobre la situación de los obreros.
  2. "Quadragessimo Anno". Pío XI, 15 mayo 1931 Sobre la restauración del orden social en perfecta conformidad con la ley Evangélica, al celebrar el 40 aniversario de la Rerum Novarum
  3. "Mater et Magistra". Juan XXIII, 16 de mayo 1961. Sobre el reciente desarrollo de la cuestión social a la luz de la DSI.
  4. "Pacem in Terris". Juan XXIII, 11 de abril 1963 La paz entre los pueblos fundada sobre la verdad, la justicia, el amor y la libertad.
  5. "Gaudium et Spes". Concilio Vaticano II. 7 diciembre 1965. Sobre la Iglesia en el mundo moderno.
  6. "Populorum Progressio". Pablo VI. 26 de marzo 1967. El desarrollo integral del hombre y el desarrollo solidario de la humanidad.
  7. "Octogésima Adveniens". Pablo VI. 14 de mayo 1971. Promover el desarrollo de los países pobres y la justicia social internacional.
  8. "Laborem Exercens". Juan Pablo II. 14de septiembre de 1981. Sobre el trabajo humano en el 90 aniversario de la Rerum Novarum.
  9. "Sollicitudo Rei Socialis". Juan Pablo II. 30 diciembre 1987. Sobre la preocupación que la Iglesia siente frente a la cuestión social.
  10. "Centesimus Annus". Juan Pablo II. 1 mayo 1991. Sobre el centenario de la Rerum Novarum. El tema social en nuestros tiempos.

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(5) Cfr.- "El Mensaje social de los Padres de la Iglesia" Bravo Sierra. Edit. Ciudad Nueva. Madrid. Visión de conjunto de la inquietud social de los primeros Padres de la Iglesia.




Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.

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Textos claves del Nuevo Testamento - 19. "...el poder ser hijos..."


 

P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita

Se utiliza por extensión a los miembros de una familia ampliada (sobrinos, primos, etc.), a los pertenecientes a una misma tribu, pueblo, raza, etc. La fraternidad universal parece inalcanzable (leyenda de Caín y Abel). Jesucristo resucitado, al contrario, puede llamar a sus discípulos “hermanos”: “— No me retengas más, porque todavía no he ido n mi Padre; anda, vete y diles a mis hermanos que voy a mi Padre, que es también vuestro Padre; a mi Dios, que es también vuestro Dios” (Jn 20,17).

Y todos aquellos que le reciben también lo serán: “A cuantos le recibieron, a todos aquellos que creen en su nombre, les dió el poder ser hijos de Dios, los cuales no nacen por vía de generación humana, ni porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios” (Jn 1,12-13).

Y sobre todo la Iglesia ha de ser signo de fraternidad, signo del reinado de Dios: “Amaos de corazón e intensamente unos a otros, pues habéis vuelto a nacer no de una semilla mortal, sino de una inmortal, a través de la palabra viva y eterna de Dios” (1Pe 1,22-23).




Agradecemos al P. Fernando Martínez SJ por su colaboración.

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Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de AGOSTO 2021: La Iglesia en camino

 

 



RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA
APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES DEL PAPA PARA EL MES DE AGOSTO




OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo me haga su amigo y apóstol, 
disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos, todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Recemos por la Iglesia, para que reciba del Espíritu Santo la gracia y la fuerza para reformarse a la luz del Evangelio.»

AMÉN






ORACIÓN

Jesucristo, Maestro y cabeza de la Iglesia

que deseas para ella que sea fiel a Ti, a tu estilo,

te pedimos para que sin miedos y sin demoras,

nuestra Iglesia anuncie la alegría del Evangelio.

Envía tu Espíritu sobre ella haciéndola dócil y disponible

para que por su acción y por, la oración y el discernimiento

navegue por caminos de verdadera conversión;

profundizando su vocación itinerante y misionera,

llegando a todos los lugares y a todos tus hijos e hijas,

con la luz de tu Evangelio y el consuelo del amor del Padre.

Amén.


Padre Nuestro…

Ave María...

Gloria...

Amén




VIDEO DEL PAPA





LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE


ENLACES AQUÍ

DESCARGUE EN PDF LAS ORACIONES
Revista virtual RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA, AGOSTO 2021, Nº58.
AQUÍ.





INTENCIÓN DEL MES

El Video del Papa: La Iglesia en camino

El Video del Papa de agosto, habla sobre la propuesta que propone a cada uno de nosotros: oración caridad y servicio. La vocación propia de la Iglesia es evangelizar. El Santo Padre sueña con una “opción más misionera, que salga al encuentro del otro sin proselitismo y que transforme todas sus estructuras para la evangelización del mundo actual”.

Ciudad del Vaticano

El video del Papa habla sobre la vocación propia de la Iglesia, evangelizar, y sobre la necesidad de una reforma que, según Francisco, ha de comenzar en “nosotros mismos” avanzando en una experiencia de oración, caridad y servicio, inspirados por el Espíritu Santo.

El Video con la intención de oración que Francisco confía a toda la Iglesia Católica a través de la Red Mundial de Oración del Papa, en este mes agosto, el Santo Padre hace una reflexión profunda sobre la situación de la Iglesia, su vocación, su identidad y llama a renovarla “desde el discernimiento de la voluntad de Dios en nuestra vida diaria”. Para Francisco, en tiempos de crisis y dificultades, la Iglesia necesita una reforma que tiene que comenzar con la “reforma de nosotros mismos” y “a la luz del Evangelio”.


Evangelizar y el ejemplo de Jesús

La intención del Papa abre con la vocación propia de la Iglesia, que es evangelizar. El Santo Padre sueña con una “opción más misionera, que salga al encuentro del otro sin proselitismo y que transforme todas sus estructuras para la evangelización del mundo actual”. Francisco, subraya que no se trata de proselitismo pues este estilo misionero pasa antes de todo por “la reforma de nosotros mismos”, es el testimonio de una vida con sabor de Evangelio que atrae.

Se recuerda la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”.

El primer paso es avanzar en este sentido, como nos pide el Santo Padre, y para eso necesitamos dejarnos guiar por el Espíritu Santo para que “nos recuerde lo que Jesús enseñó y nos ayude a ponerlo en práctica”.


Remedios para una Iglesia en crisis: oración, caridad y servicio

“La Iglesia siempre tiene dificultades, siempre tiene crisis”, argumenta también El Video del Papa en este mes. Tan solo hace unos meses se hizo pública la carta con la que Francisco rechazó la renuncia ofrecida por el Cardenal Marx. En ella, no solo se mostró de acuerdo con que “toda la Iglesia está en crisis a causa del asunto de los abusos”, sino que lo animó continuar su labor de pastor y enfatizó que “la reforma no consiste en palabras sino en actitudes que tengan el coraje de ponerse en crisis, de asumir la realidad sea cual sea la consecuencia. Y toda reforma comienza por sí misma. La reforma en la Iglesia la han hecho hombres y mujeres que no tuvieron miedo de entrar en crisis y dejarse reformar a sí mismos por el Señor”.

El remedio para afrontar y emprender esta reforma nunca puede estar en las propias ideas, ideologías o prejuicios. Siguiendo el ejemplo de Jesús, del corazón del Evangelio, el camino es aquel que avanza “a partir de una experiencia espiritual, una experiencia de oración, una experiencia de caridad, una experiencia de servicio”. Como también dijo en la carta al Cardenal Marx: este es “el único camino, de lo contrario no seremos más que ‘ideólogos de reformas’ que no ponen en juego la propia carne”.


Rezar por la Iglesia

El P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, comentó:

“Ya al final del año pasado, unos días antes de Navidad, Francisco había querido desarrollar la diferencia entre conflicto y crisis para dejar en claro que estas últimas siempre nos pueden dejar algo positivo. Es un tiempo propicio para el Evangelio y la reforma de la Iglesia. Como dice el Santo Padre: ‘debemos tener la valentía de estar dispuestos a todo; debemos dejar de pensar en la reforma de la Iglesia como un remiendo en un vestido viejo.’ Ante la crisis, lo primero que podemos hacer es aceptarla, como un tiempo propicio para buscar y reconocer la voluntad de Dios. Esto significa no cansarnos de rezar, como tanto insiste el Papa; no cansarnos de seguir el ejemplo de Jesús en el servicio, en la caridad, en el encuentro con el otro, con el que sufre, con más vulnerable y que más lo necesita. ‘El camino siempre tiene que ver con verbos de movimiento. La crisis es movimiento, es parte del camino’, dijo también. Recemos por la Iglesia, para que reciba del Espíritu Santo la gracia y la fuerza para reformarse a la luz del Evangelio”.



Tomado de:
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2021-08/video-del-papa-agosto-la-iglesia-en-camino.html



ACTITUDES

Amar la Iglesia:
“Una Iglesia que es madre va por el camino de la ternura; conoce el lenguaje de tanta sabiduría de las caricias, del silencio, de la mirada que sabe de compasión, que sabe de silencio”. (Papa Francisco). Amaré a la Iglesia en gestos concretos de oración personal con Cristo y servicio a mis hermanos y hermanas.

Dejarnos transformar:
“La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral se entiende en el sentido que todas ellas se vuelvan más misioneras” (Papa Francisco). Dejémonos inspirar maneras creativas de evangelizar en nuestras comunidades, familias y ambientes de trabajo.

Discernir y elegir lo mejor:
“Discernir, entre todas las voces, cuál es la voz del Señor, cuál es la voz de Él que nos conduce a la Resurrección, a la Vida” (Papa Francisco). Procuremos mantener una actitud interior de escucha de las resonancias del corazón para distinguir lo que nos abre al amor y la compasión, y elegirlo.

Vivir en amistad profunda con Jesús:
Toda la vida de Jesús, su forma de tratar a los pobres, sus gestos, su coherencia, su generosidad cotidiana y sencilla, y finalmente su entrega total, todo es precioso y le habla a la propia vida. (Papa Francisco). Toma este mes uno de los cuatro Evangelios y léelo de inicio a fin, lentamente, cada día, entrando en diálogo y amistad con Jesucristo.

Disponibles a la misión de Cristo:
“Tu corazón sabe que no es lo mismo la vida sin Él; entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y que te da una esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a los otros” (Papa Francisco) . Ofrece cada día tu vida al Señor, en favor de tus hermanas y hermanos, haciéndote disponible a servir con amor en tus ambientes.

Fuente: ClickToPray




REFLEXIÓN SOBRE LA INTENCIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE AGOSTO

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