Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de AGOSTO 2022: Por los pequeños y medianos empresarios

 


 



RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA
APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES DEL PAPA PARA EL MES DE AGOSTO




OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo me haga su amigo y apóstol, 
disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos, todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Recemos para que los pequeños y medianos empresarios, duramente afectados por la crisis económica y social, encuentren los medios necesarios para continuar su actividad al servicio de las comunidades en las que viven.»
AMÉN




ORACIÓN

Señor Jesucristo, soñamos un mundo nuevo

en el que el trabajo sea fuente de dignidad,

de desarrollo y de sostenimiento económico

para todas las personas sin distinción.

Tú conociste el desafío de trabajar bien,

sabes de la dureza, el cansancio y la alegría

del trabajo sencillo.

Ayuda con tu Espíritu a los empresarios,

especialmente a los pequeños

más castigados por la crisis,

para que encuentren los medios para continuar

dando trabajo digno, prestando servicio en sus comunidades

y haciendo crecer una economía sustentable

que ayude a construir el Reino del Padre.

Amén.


Padre Nuestro…

Ave María...

Gloria...

Amén




LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE


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DESCARGUE EN PDF LAS ORACIONES
Revista virtual RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA, AGOSTO 2022, Nº70.
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INTENCIÓN DEL MES

El Video del Papa de agosto: Por los pequeños y medianos empresarios

En su mensaje, el Santo Padre ensalza la responsabilidad social de los pequeños y medianos empresarios. Aquellos que, por ejemplo, tienen un taller o un comercio “invierten en la vida generando bienestar, oportunidades y trabajo”, dice, y subraya el impacto negativo que tienen las crisis en las pequeñas y medianas empresas.

El Video del Papa de agosto acaba de publicarse con la intención de oración que Francisco confía a toda la Iglesia Católica a través de la Red Mundial de Oración del Papa. Este mes, el Santo Padre pide “para que los pequeños y medianos empresarios, duramente afectados por la crisis económica y social, encuentren los medios necesarios para continuar su actividad al servicio de las comunidades en las que viven”.

La crisis que vivimos 
“Como consecuencia de la pandemia y las guerras, el mundo se enfrenta a una grave crisis socioeconómica”, dice el Papa y señala que los pequeños y medianos empresarios son unos de los principales afectados. Según datos del Banco Mundial de 2021, una de cada cuatro empresas perdió la mitad de su volumen de ventas a causa de la pandemia a nivel global. Además, las ayudas públicas son débiles precisamente donde más se necesitan: en los países pobres y para las pequeñas empresas. 

En este sentido, el Papa Francisco elogia a los que “con valor, esfuerzo y sacrificio, invierten en la vida generando bienestar, oportunidades y trabajo”. Entre los pequeños y medianos empresarios están incluidos los que regentan un comercio, un restaurante o un taller. Pero también aquellos que se dedican a tareas de limpieza o transporte, los artesanos, entre tantos otros. Ellos son “los que no salen en las listas de los más ricos y poderosos y, a pesar de las dificultades, crean puestos de trabajo manteniendo su responsabilidad social”. 

El comentario de P. Frédéric Fornos S.J.
El P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, comentó a propósito de esta intención: “Las crisis que estamos viviendo, son -como dice el Papa- un ‘momento Noé’, una oportunidad para construir algo diferente. En este sentido son de gran importancia los pequeños y medianos empresarios, su fuerza creativa, su capacidad de aportar soluciones desde abajo. Sin ellos no hubiera sido posible atravesar la crisis del Covid y siguen siendo necesarios ahora. Por eso es importante rezar por ellos”.

(Por la Red Mundial de Oración del Papa).

ACTITUDES PARA LA VIDA COTIDIANA

SOSTENER LO PEQUEÑO
“Hay una gran variedad de sistemas alimentarios campesinos y de pequeña escala que sigue alimentando a la mayor parte de la población mundial, utilizando una baja proporción del territorio y del agua, y produciendo menos residuos, sea en pequeñas parcelas agrícolas, huertas, caza y recolección silvestre o pesca artesanal” (Papa Francisco) (LS 129).
Adquiere lo que necesitas comprando a pequeños productores y empresarios.

AYUDAR
  “Para que siga siendo posible dar empleo, es imperioso promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial” (Papa Francisco) (LS 129). 
Difunde información y promueve la actividad de pequeños productores y empresarios de tu zona.

TRABAJAR BIEN
 “El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal” (Papa Francisco) (LS 128). 
Haz bien tu trabajo por pequeño que sea y ayuda a los hermanos y hermanas en el suyo.

BUSCAR SOLUCIONES
“Las autoridades tienen el derecho y la responsabilidad de tomar medidas de claro y firme apoyo a los pequeños productores y a la variedad productiva”. (Papa Francisco) (LS 129). 
¿De qué modo puedes ayudar y favorecer a quienes con su pequeña empresa sostuvieron servicios indispensables en tiempos de crisis? Panaderos, farmacéuticos, verduleros…

COLABORAR CON OTROS
“La actividad empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común.” (Papa Francisco) (LS 129). 
Acércate a los pequeños empresarios de tu zona, interiorízate de su situación para acompañarlos y discernir caminos de ayuda.

Fuente: ClickToPray




RECURSOS EN LA RED

A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray [App Store] [Google Play]

C. Para comunicarnos:
apostolado.oración.peru@gmail.com



Catequesis del Papa sobre la vejez: 16. "Voy a prepararos un lugar" (cf. Jn 14, 2). Vejez, tiempo proyectado hasta su culminación.

 


PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 10 de agosto de 2022

[Multimedia]

_________________________

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Estamos ahora en las últimas catequesis dedicadas a la vejez. Hoy entramos en la conmovedora intimidad de la despedida de Jesús a sus seguidores, ampliamente narrada en el Evangelio de Juan. El discurso de despedida comienza con palabras de consuelo y promesa: "No se turbe vuestro corazón" (14,1); "Cuando me haya ido y os haya preparado un lugar, vendré otra vez y os llevaré conmigo, para que también vosotros estéis donde yo estoy" (14, 3). Estas son hermosas palabras del Señor.

Poco antes, Jesús le había dicho a Pedro: tú "me seguirás más tarde" (13,36), recordándole el paso por la fragilidad de su fe. El tiempo de vida que les queda a los discípulos será inevitablemente un paso por la fragilidad del testimonio y por los desafíos de la fraternidad. Pero también será un paso a través de las bendiciones emocionantes de la fe: "El que cree en mí, él también hará las obras que yo hago y hará las mejores" (14:12). ¡Piensa qué promesa es esta! ¡No sé si lo pensamos completamente, si lo creemos completamente! No sé, a veces pienso que no...

La vejez es el tiempo propicio para el testimonio conmovedor y feliz de esta espera. Los ancianos están esperando, esperando una reunión. En la vejez, las obras de fe, que nos acercan a nosotros ya otros al reino de Dios, ahora están más allá del poder de las energías, las palabras, los impulsos de la juventud y la madurez. Pero justamente así hacen aún más transparente la promesa del verdadero destino de la vida. ¿Y cuál es el verdadero destino de la vida? Un lugar en la mesa con Dios, en el mundo de Dios Sería interesante ver si hay alguna referencia específica en las Iglesias locales, destinada a revivir este ministerio especial de esperar al Señor - es un ministerio, el ministerio de la espera del Señor - potenciar los carismas individuales y las cualidades comunitarias del anciano.

Una vejez que se consume en la degradación de las oportunidades perdidas, trae degradación para uno mismo y para todos. En cambio, la vejez vivida con mansedumbre, vivida con respeto por la vida real, disuelve definitivamente la incomprensión de un poder que debe bastarse a sí mismo y a su propio éxito. Disuelve incluso la incomprensión de una Iglesia que se adapta a la condición mundana, pensando así regir definitivamente su perfección y cumplimiento. Cuando nos liberamos de esta presunción, el tiempo de envejecimiento que Dios nos concede es ya en sí mismo una de esas obras "mayores" de las que habla Jesús, es más, es una obra que a Jesús no le fue encomendada: su muerte, su ¡la resurrección y su ascensión al Cielo lo hicieron posible para nosotros! Recordemos que "el tiempo es mayor que el espacio". Es la ley de iniciación. Nuestra vida no está hecha para encerrarse en sí misma, en una imaginaria perfección terrenal: está destinada a ir más allá, por el paso de la muerte, porque la muerte es un paso. De hecho, nuestro lugar estable, nuestro punto de llegada no está aquí, está al lado del Señor, donde Él mora para siempre.

Aquí, en la tierra, comienza el proceso de nuestro "noviciado": somos aprendices de vida, que -entre muchas dificultades- aprendemos a apreciar el don de Dios, honrando la responsabilidad de compartirlo y hacerlo fructificar para todos. El tiempo de vida en la tierra es la gracia de este pasaje. La confianza de detener el tiempo -querer la eterna juventud, el bienestar ilimitado, el poder absoluto- no sólo es imposible, es delirante.

Nuestra existencia en la tierra es el tiempo de la iniciación a la vida: es la vida, pero te lleva adelante a una vida más plena, la iniciación de una vida más plena; una vida que encuentra plenitud sólo en Dios. Somos imperfectos desde el principio y permanecemos imperfectos hasta el final. En el cumplimiento de la promesa de Dios, la relación se invierte: el espacio de Dios, que Jesús nos prepara con todo cuidado, es mayor que el tiempo de nuestra vida mortal. Aquí: la vejez acerca la esperanza de este cumplimiento. A estas alturas, la vejez conoce definitivamente el sentido del tiempo y las limitaciones del lugar donde vivimos nuestra iniciación. La vejez es sabia para esto: los viejos son sabios para esto. Por eso es creíble cuando invita a regocijarse por el paso del tiempo: no es una amenaza, es una promesa. La vejez es noble, no necesita maquillarse para mostrar su nobleza. Quizás el truco viene cuando falta la nobleza. La vejez es creíble cuando invita a regocijarse en el paso del tiempo: pero el tiempo pasa y esto no es una amenaza, es una promesa. ¡La vejez que redescubre la profundidad de la mirada de la fe no es conservadora por naturaleza, como dicen! El mundo de Dios es un espacio infinito, sobre el que ya no pesa el paso del tiempo. Y precisamente en la Última Cena, Jesús se proyectó hacia esta meta, cuando dijo a los discípulos: "De ahora en adelante no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que lo beberé de nuevo con vosotros en el reino de mi Padre" (Mt 26,29). Se pasó. En nuestra predicación, el Paraíso está a menudo lleno de bienaventuranza, de luz, de amor. Quizás echa de menos un poco de vida. Jesús, en las parábolas, hablaba del reino de Dios dándole más vida. ¿No somos más capaces de este nosotros, al hablar de la vida que continúa?

Queridos hermanos y hermanas, la vejez, vivida en la espera del Señor, puede convertirse en la completa "apología" de la fe, que da a cada uno razón de nuestra esperanza para todos (cf. 1 P 3, 15). Porque la vejez hace transparente la promesa de Jesús, proyectándose hacia la Ciudad Santa de la que habla el libro del Apocalipsis (capítulos 21-22). La vejez es la etapa de la vida más adecuada para difundir la buena noticia de que la vida es una iniciación para una realización definitiva. Los viejos son una promesa, un testimonio de promesa. Y lo mejor está por venir. Lo mejor está por venir: es como el mensaje de los viejos y los viejos creyentes, lo mejor está por venir. ¡Dios nos conceda a todos una vejez capaz de esto!



Tomado de:

https://www.vatican.va/content/francesco/it/audiences/2022/documents/20220810-udienza-generale.html (Traducido al español)

Para anteriores catequesis del Papa AQUÍ

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Doctrina Social de la Iglesia - 37. La Empresa V

 


P. Ignacio Garro, jesuita †

6. LA EMPRESA. CONFLUENCIA DE CAPITAL Y TRABAJO

(Continuación)


6.7.3.- RÉGIMEN DE SOCIEDAD EMPRESARIAL

La Iglesia se opuso a la "ley de bronce de los salarios" aduciendo lo siguiente: El trabajador es persona a imagen de Dios, y no puede ser sometido a ese mecanismo simplista del mercado laboral, como si fuera pura materia o un elemento más en el proceso de producción de bienes y servicios.

Citas de documentos: G et S, 67-68; LE, nº 1, 6, 9, 13, 24-25, y 34. Los últimos capítulos de la SRS; CA, nº 22 etc.

Reproducimos el siguiente texto de la CA, nº 34a: "Por encima de la lógica de los intercambios a base de los parámetros y sus formas justas, existe algo que es debido al hombre porque es hombre, en virtud de su eminente dignidad".

Sólo en este horizonte la Iglesia acepta el régimen de salariado, destacando todas las condiciones personales, familiares, etc, para que dicho salario sea justo y permita al trabajador y a su familia vivir satisfactoriamente.

Sin embargo, la Iglesia se aventuró a señalar algunas pistas para superar el salario por el salario apuntando hacia el "contrato de sociedad". "Sociedad" está tomada aquí en la dimensión de "trabajo" que quiere decir aquí "cogestión"[1]. "Cogestión", es un neologismo formado por el prefijo: "co", del latín "cum" + "gestión", es decir, "acción de dirigir, administrar con otro, u otros". La cogestión es, pues, una forma de participación en la dirección de la empresa por parte de aquellos que en ella trabajan y colaboran. La cogestión es una forma de participación que ofrece oportunidades de participar en la elaboración de las decisiones gerenciales. No constituye propiamente un derecho, porque, si fuera un derecho, todas las modalidades de contrato en régimen salarial serían de suyo, injustas, pues por lo general en los contratos salariales casi nunca se contempla la cogestión.

La cogestión es, en verdad, un objetivo deseable, como factor de promoción humana dentro de la empresa, mediante el propio trabajo productivo. La cogestión puede extenderse a diversas áreas, en niveles diferentes de competencia:

a..- Mediante la participación consultiva, cuando lo colaboradores gozan de voz sobre los asuntos sociales de la empresa, como condiciones de trabajo, problemas de salarios y de previsión social.

b.- Mediante la participación deliberativa, cuando sobre los mismos asuntos, gozan de voz y voto y pueden decidir.

Estas dos formas de participación en la cogestión suelen ser aplicables a empresas de pequeño tamaño, o dentro de las grandes empresas, se limitan a determinadas áreas o departamentos concretos, no a la dirección general.

La DSI se ha ocupado de este tema y ha puesto gran interés en que se estudie y generalice como modelo ideal de participación del trabajador en la producción y buena marcha de la empresa. Veamos los siguiente textos.

QA, nº 65: "De todos modos, estimamos que estaría más conforme con las actuales condiciones de la convivencia humana que, en la medida de lo posible, el contrato de trabajo se suavizara algo mediante el contrato de sociedad, como ha comenzado a efectuarse ya de diferentes maneras, con no poco provecho de patronos y obreros. De este modo los obreros y empleados se hacen socios  en el dominio y en la administración o participan, en cierta medida, de los derechos percibidos".

LE, nº 8d: "Con frecuencia, los hombres del trabajo pueden participar, y efectivamente participan, en la gestión y en el control de la productividad de las empresas".

Como vemos por estos criterios, la Iglesia se inclina hacia participación del trabajo en la gestión de la empresa, es decir, la cogestión. Aquí reside un mérito genial de la Iglesia, que supera al marxismo: el haber intuido que el trabajador, sólo por el hecho de serlo, debe ser amo y gestor del capital, por medio del método empresarial de la "cogestión".

Lo vemos innegablemente expresado en el siguiente texto de la LE, nº 14g: "Se puede hablar de socialización únicamente cuando queda asegurada la subjetividad de la sociedad, es decir, cuando toda persona, basándose en su propio trabajo, tenga pleno título a considerarse al mismo tiempo "copropietario" de esa especie de gran taller de trabajo en el que se compromete con todos". Y todo esto ¿Por qué? Porque el trabajador es "persona" (inteligente, libre, imagen de Dios) y, como tal, causa eficiente de la producción; mientras que el capital es "cosa", mero instrumento. El trabajo es lo que el hombre es (el ser), el capital es lo que el hombre tiene (el tener). El trabajo tiene la primacía sobre el capital. El capital debe de estar al servicio del trabajo. Lo vemos a continuación:

G et S, nº 35: "La actividad humana, así como procede del hombre, así también se ordena al hombre. Pues éste con su acción no sólo transforma las cosas y la sociedad, sino que se perfecciona a sí mismo. Aprende mucho, cultiva sus facultades, se supera y trasciende las cosas. Tal superación, rectamente entendida, es más importante que las riquezas exteriores que puedan acumularse. El hombre vale más por lo que "es" que por lo que "tiene".

G et S, nº 67: "El trabajo humano que se ejerce en la producción y en el comercio o en los servicios es muy superior a los restantes elementos  de la vida económica, pues estos últimos no tienen otro papel que el de instrumentos".

LE, nº 12a: "Ante la realidad actual... en la que los medios técnicos - fruto del trabajo humano - juegan un papel primordial, ... se debe ante todo recordar un principio enseñado siempre por la Iglesia. Es el principio de la prioridad del trabajo sobre el capital. Este principio se refiere directamente al proceso mismo de la producción, respecto al cual el trabajo es siempre una causa eficiente primaria, mientras el capital, siendo el conjunto de los medios de producción, es sólo un instrumento o la causa instrumental. Este principio es una verdad evidente que se deduce de toda la experiencia histórica del hombre".

No obstante, como se habrá advertido, no decimos que el "trabajo" sea el amo y gestor, es decir, el gestor exclusivo, al ciento por ciento. Cuando la DSI defiende el derecho de propiedad privada de los medios de producción, afirma naturalmente la facultad del propietario de disponer libremente de esos bienes.

Indicamos algunas referencias: RN, nº 3 al 7; RN, nº 8 al 16; QA, nº 44; MM, nº 108-109; LE, nº 14; CA, nº 24,25,43.

LE, nº 14c: "Como ya se ha recordado, ... la propiedad se adquiere ante todo mediante el trabajo, para que ella sirva al trabajo. Esto se refiere de modo especial a los medios de producción ... estos no pueden ser poseídos contra el trabajo, no pueden ser ni siquiera poseídos para posee, porque el único título legítimo para su posesión, y esto ya sea en la forma de la propiedad privada, ya sea en la propiedad pública o colectiva, es que sirvan para el trabajo".[2]

La LE, nº 14b: dice: "La tradición cristiana no ha sostenido nunca este derecho[3] como absoluto e inviolable. Al contrario, siempre lo ha entendido en el contexto más amplio del derecho común de todos a usar los bienes de la creación entera, es decir, el derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho al uso común, al destino universal de los bienes".



    [1] Cfr.- "Cogestión", en "Pequeña Enciclopedia de la Doctrina Social de la Iglesia". F. Bastos de Avila, SJ. Edic. Paulinas

    [2] Cfr. SRS. nº 29. CA, nº 36. Leer.

    [3] Se trata del derecho a poder usar libre y disponiblemente de los bienes propios.

...


Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


Para acceder a las publicaciones de esta SERIE AQUÍ.

 




Domingo XIX del Tiempo Ordinario. Ciclo C. Estad en vela

 


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P. Adolfo Franco, jesuita.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12, 32 - 48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.

Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Pedro le dijo:

«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».

Y el Señor dijo:

«¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?

Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.

El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.

Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».

Palabra del Señor

 

Jesús nos describe con detalle "el perfil" del cristiano.

Jesús hablando con sus apóstoles les dice que no tengan miedo, aunque sean un grupo tan pequeño (les dice “un pequeño rebaño”), y esto porque el Padre ha decidido nada menos que darles el Reino. Y a este propósito les dice cómo deben ser ellos, cómo debe ser el verdadero discípulo.

Debe ser un hombre que tenga confianza, que no viva en el temor. Que sepa buscar los verdaderos bienes, y que lo demás lo venda y lo entregue en limosna. Jesús imagina a un verdadero discípulo, como alguien que tiene puesto su corazón en el único bien que no se agota, en el bien definitivo, en Dios que es el Bien. Y mientras vive en este mundo Jesús invita al verdadero discípulo a que siempre tenga la lámpara encendida. Siempre creyendo y siempre esperando. Que tenga una vida iluminada por la lámpara que es la luz de Dios mismo. Y en una actitud vigilante, como el que espera la llegada de su Señor. como un gran acontecimiento. Y que mientras llega el Señor espera, está vigilante y trata bien a sus hermanos y que no hace daño a nadie.

Es una hermosa y exigente descripción de lo que debe ser un cristiano. Un hombre alegre y positivo, que de nada depende, que ama a Dios hasta querer darle todo, y dárselo en los hermanos. Un hombre que siempre tiene luz, y está en la luz. Un hombre lleno de esperanza, que comunica esa esperanza, y que es la esperanza de estar caminando hacia Dios, el gran porvenir, donde las riquezas son verdaderas y nada las corroe. Y que vive la vida con verdad, con bondad y como un servicio.

El Señor no quiere menos de cada uno de nosotros, y nos hace en esos términos su propuesta. Este es el “humanismo” del Evangelio.

Y se juntan en él estas dimensiones: la alegría, el desprendimiento y la libertad, el amor y la ilusión por Dios. La fe que le da verdad y autenticidad a toda su vida y sus acciones. Y esa firmeza en el caminar que da la certeza de saber a dónde se encaminan los pasos. Se junta con esto el vivir en fraternidad, con todos los compañeros de este viaje que es la vida.

El centro de todo esto es el amor de Dios, la apertura del corazón a este Dios infinito y cercano, Padre, corazón donde el hombre vive seguro, y donde la vida es un manantial. Y ahí en ese “escondite” del corazón de Dios todas las sombras y los temores se quedan fuera, no pueden entrar. En ese calor el hombre escucha las palabras del que lo ama y que le dice: no tengas miedo.

Y al vivir cerca de la fuente de la vida, el cristiano sabe lo que es el tesoro, y vende todo lo demás, porque nada le puede interesar de verdad, después de haber experimentado y vivido lo que es el Supremo Bien. Todo lo demás son sombras, y son baratijas, que vale la pena darlas, para asegurar ese amor, que se ha descubierto. Fuera de ese Tesoro, nada es tesoro; por eso San Pablo en determinado momento dirá de todo eso que el mundo tanto estima: todo lo juzgo basura, con tal de poseer a Cristo.

Por ese contacto interior con el Dios de la vida, por esa relación de amor hondo que se ha establecido, la vida se ha iluminado, la lámpara se ha encendido. Se ha hecho la claridad hacia dentro y hacia fuera. Y ahora es importante mantener la lámpara encendida, para que guíe nuestros pasos, y nos haga ver con diafanidad los verdaderos valores, la realidad auténtica de las cosas. Tener las lámparas encendidas.

Y nos llena de ilusión saber que nuestro Padre nos ha prometido el Reino, por eso caminamos con esperanza hacia la meta donde lo encontraremos a El, al Dios adorado, ya sin velos y sin sombras, y donde el amor será todo Luz y la luz será todo Amor.

El Señor nos invita a construir este camino y este futuro, estando alerta y sirviendo al Señor en los hermanos, teniendo de verdad a nuestros compañeros de este camino de la vida, de verdad como hermanos a los que queremos hacer todo bien, sirviéndolos como presencias del Señor a quien seguimos y hacia el que caminamos.




Escuchar AUDIO o descargar en MP3

Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

 





Novena al Señor de los Milagros




Fuente: Catholic.net:

Oraciones para cada día de la novena, del 19 al 27 de octubre


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón el haberos ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas ocasiones de ofenderos, confesarme bien, y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amen.

Oración Preparatoria para todos los días

Adorabilísimo Jesús Crucificado, hijo de Dios vivo, que habéis venido del cielo a la tierra, y os habéis sacrificado, muriendo en una Cruz para salvarnos, yo os reconozco por mi verdadero Dios mi Padre, mi Salvador y mi Redentor, mi única esperanza en la vida y en la muerte, y mi única salvación posible en el tiempo y en la eternidad.

Me tengo por indigno, Señor y Dios mío, de presentarme ante vuestra Majestad por mi gran miseria y muchas culpas, pero ya me arrepiento de ellas y confiado en vuestra grande misericordia, acudo a Vos. Dios Todopoderoso y verdadero Señor de los Milagros, suplicando humildemente os dignéis hacer uso de vuestra omnipotencia, obrando milagros de misericordia en mi favor y en el de todos nosotros.

Aplacad Señor Misericordiosísimo vuestra justa indignación provocada por nuestros pecados, calmad las iras de la tierra, del mar, y de los elementos para que no seamos castigados con terremotos, tempestades, pestes, guerras, ni otras calamidades que de continuo nos amenazan, libradnos, Salvador nuestro amorosísimo, de todo mal y peligro en la vida y en la muerte, y obrad el mayor de vuestros milagros en favor nuestro, haciendo que os amemos y sirvamos de tal suerte en este mundo, que merezcamos veros y gozaros en el cielo, donde con el Padre y el Espíritu Santo vivís y reináis Dios, Uno y Trino, en infinita gloria, por los siglos de los siglos. 

Amén.


DÍA PRIMERO

Considera Alma mía, cómo la devoción al Señor de los Milagros, ha sido siempre entre nosotros, y sigue siendo todavía, un medio de que se vale este Divino Señor para conceder especiales favores y gracias a los individuos, a las familias, y aún a todo el pueblo. De las almas que acuden con fe y devoción a este Señor de los Milagros, podemos decir espiritualmente y en verdad, que los ciegos ven, los sordos oyen, los enfermos sanan, los muertos resucitan, y quienes se iban a perder, se salvan.

¿Y quién podrá decir los secretos milagros que hace este mismo Señor en favor de las familias que tienen la suerte de contar en su seno con alguna persona devota que a El acude con fe y confianza? La ciudad misma, tan expuesta a temblores de tierra, tal vez se hubiera arruinado mil veces y hubiéramos sido sepultados todos entre ruinas y escombros, si no fuera por la gran devoción a este Señor de los Milagros. ¿Y no es un verdadero milagro el que después de haber pecado no hayamos perecido para siempre y sin remedio? Sí, Dios mío, grande milagro de vuestra misericordia es el mantenernos vivos, capaces de salvación y penitencia cuando hoy más que nunca, merecemos vuestra justa indignación. Haced Redentor amabilísimo, que me aproveche de esta vuestra misericordia y me salve para siempre. Amén.


DÍA SEGUNDO

Consideración sobre la necesidad de acudir al Señor de los Milagros

Considera, alma mía, cuán grande necesidad hay de que se acuda con fe y confianza a implorar misericordia y perdón por los pecados a fin de que el Señor a quien tanto y tan gravemente ofende, no nos castigue, movido por su justa indignación, antes bien nos perdone y libre de los castigos que nuestros pecados merecen. O haberse hallado en Sodoma y Gomorra diez justos siquiera que rogaran al Señor, como refiere la Sagrada Escritura castigó Dios con terrible destrucción aquellas poblaciones pecadoras. En otra ocasión, debiendo el mismo Señor castigar a Jerusalén por ciertos pecados, sólo exigía del profeta Jeremías las oraciones y méritos de algún justo para usar misericordia. ¡Cuánto valen y de cuánto sirven las almas buenas que ruegan al Señor! Por ellas tiene Dios paciencia con todos nosotros y como dice en el Santo Evangelio: "no arranca la cizaña o arrancar con ella el trigo." Así por algunas personas piadosas que vengan a orar con mérito ante este Señor de los Milagros podrá ser que haya misericordia para todos y seamos libres de muchas y tremendas desgracias que nuestros pecados reclaman. Acude, pues, alma mía a este Divino Señor, llora tus pecados y los pecados de todos, a fin de que libre de todo mal seamos salvos en el tiempo y en la eternidad. Amén.



DÍA TERCERO

Consideración sobre los bienes que tenemos en el Señor de los Milagros

Considera, alma mía, como en Jesucristo Crucificado, verdadero Señor de los Milagros, tenemos todos los bienes que podemos desear y hemos de necesitar, y el mayor de todos los bienes, que es tener como cosa nuestra a este Divino Señor, Hijo de Dios vivo, e igual al Padre, en quién están encerrados todos los tesoros de grandeza, de riqueza y de gloria. El Padre celestial nos lo ha dado y El se ha entregado nosotros y se nos ha dado también haciéndose todo para todos. El es para nosotros cuanto hay de bueno y amable. Es nuestro Padre, nuestro Maestro, nuestro Amigo, nuestro Redentor, nuestro Bienhechor, nuestro Glorificador, nuestro Dios. Se nos dio por hermano y compañero en esta vida en su admirable nacimiento, se nos dio por manjar delicioso en la Sagrada Eucaristía, se nos dio por precio de nuestro rescate y medio de salvación en la muerte de cruz, y se da por premio y eterna gloria en la inmortalidad. ¡Oh si conocieses y comprendieras alma mía la grandeza de este don y los infinitos bienes que en él se encierran! Todo lo tenemos en El: no hay milagro que no nos pueda hacer, ni bien alguno, para nosotros, que no esté dispuesto a concederlo, si se lo pedimos con fe. ¡Oh Dios de mi alma! Haced que yo sea todo vuestro para que Vos, sumo bien, que encerráis todos los bienes, seáis todo mío en el tiempo y en la eternidad. Amén.



DÍA CUARTO
Consideración sobre los consuelos que tenemos en el Señor de los Milagros

Considera, alma mía, cuánta dulzura y consolidación se encuentra siempre en Jesucristo Crucificado. En El encontró la pobre Magdalena consuelo a su pena y satisfacción a su amor. En El halló, el arrepentido ladrón, el perdón de sus crímenes, el remedio de sus tristezas en su agonía y un paraíso de goces eternos por galardón. En El, como fuente inagotable de caridad y de amor, bebió en abundancia su discípulo amado, la vida y la consolidación. ¿Y no hace siempre este amantísimo Redentor, semejantes prodigios de misericordia y de amor hacia los que le invocan con fervor? A los pies de este Dios de consolidación, vienen los desgraciados pecadores a derramar su dolor con lágrimas y encuentran misericordia y compasión. De las manos benditísimas de este Señor Crucificado reciben los justos, con abundancia de gracias y bendiciones, el más poderoso y constante apoyo de su virtud. En el Sacratísimo Corazón de este Divino y amante Redentor podemos hallar todos nosotros raudales infinitos de ternura, compasión, misericordia, luz, gracia y amor. Alma mía, levántate de la postración en que te encuentras, corre a los pies de tu amantísimo Salvador, entre el espíritu por la abertura de su sagrado Corazón, bebe de la fuente de su divino amor en seta vida para que la goces con inefable hartura en la gloria eterna. Amén.



DÍA QUINTO
Consideración sobre la confianza que debemos tener en el Señor de los Milagros

Considera, alma mía, cómo Jesucristo Crucificado, con sus manos llagadas, su pecho herido y su corazón abierto nos declara de la manera más elocuente que no nos abandona, que nos ama siempre, que se sacrifica y muere por nuestra salvación. El nos repite las palabras llenas de ternura que decía a la multitud que le rodeaba: "Venid a mí todos los que estáis afligidos y padecéis trabajos y yo os consolaré." "Tengo sed de vuestro amor y deseo vuestra salvación", "Quiero recibiros en mis brazos y estrecharos sobre mi corazón. ¿Quién desconfiará teniendo un Redentor tan misericordioso? Además es nuestro Abogado delante del Padre Celestial y por eso nos dice el Apóstol San Juan: "Hijos míos, no pequéis, pero si alguno pecare, no desconfíe, porque tenemos por abogado ante el Padre a Jesucristo su Hijo." Y como nos aconseja el Apóstol San Pablo: "Teniendo un Pontífice y Medianero tan grande como Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que penetró en los cielos y está sentado a la diestra del Padre y es igual a El, acudamos con eterna confianza al trono de su misericordia, seguros de alcanzar las gracias que necesitamos". Este trono de misericordia se ofrece a nosotros en la sagrada Imagen del Señor de los Milagros. Entonces pues, alma mía, acude a este divino señor, segurísima de que todo cuanto pidas al Padre Celestial en su nombre se te concederá y El mismo te lo concederá. Si Dios mío, así lo creo porque Vos lo dijisteis, y así lo hago abriendo mi corazón y descubriendo humildemente mis necesidades para que Vos, Salvador del mío las remediéis y me salvéis eternamente. Amén.



DÍA SEXTO
Consideración sobre las virtudes que nos enseña El Señor de los Milagros

Considera, alma mía, cómo Jesucristo Señor Nuestro, nos da ejemplo de todas las virtudes que debemos practicar para conseguir nuestra salvación. El fue humilde con la más profunda e incomprensible humildad en su Encarnación. El fue humilde con la más profunda e incomprensible humildad en su Encarnación, fue pobre con asombrosa pobreza en su Nacimiento, obedecía a María y a José, a la vez que cumplía fielmente toda la Ley. ¡Cuán tierno fue este Divino Señor con los niños, cuán indulgente con los pobres pescadores, cuán Clemente con Magdalena, cuán bueno con Juan y cuán benigno y dulce con el mismo Judas! El permanecía tranquilo ante ultrajes, sufría con paciencia inalterable las contrariedades, amaba, tiernamente a la humanidad, amaba, principalmente en sus últimos instantes, bendecía con su bondadosas miradas, perdonaba a sus enemigos y moría por la salvación de todos los hombres. ¿Cómo quieres alma mía que El te atienda y proteja siendo tu conducta tan opuesta la suya? Aprende, pues, alma mía a ser buena como El, humilde como El, pobre y desprendida como El, obediente y mansa como El, paciente y misericordiosa como El, y si alguna vez fuese necesario sufrir y padecer, acuérdate que El, primero derramó su sangre y dio su vida por ti. ¡Oh Jesús de mi vida! Haced el gran milagro de reproducir en mí vuestras virtudes, de suerte que llegue a ser semejante a Vos en este mundo para que también lo sea eternamente en el Cielo. Amen.



DÍA SÉPTIMO
Consideración sobre la pasión de Jesucristo Señor de los Milagros

Considera, alma mía, lo mucho que padeció el Señor en su sacratísima Pasión. Míralo llegar al Huerto de Getsemaní con sus queridos discípulos y apartándose un poco de ellos, comenzar su oración, angustiarse profundamente, sudar sangre divina por todo su cuerpo y entrar en mortal agonía cayendo en el suelo oprimido por la consideración de nuestros pecados. Obsérvalo luego recibiendo el beso de Judas a la vez que entregado al poder de sus enemigos llevado preso por las calles de Jerusalén a los tribunales de Anás, Caifás, Herodes y Pilatos, despojando de sus vestiduras sagradas y atado a la columna de la flagelación, vertiendo a torrentes su sangre divina por horrible azotamiento. Sentado después en el banco de ajusticiado, fue escupido, abofeteado, burlado y coronado de espinas. Por fin sentenciado a muerte, obligado a llevar sobre sus hombros la Cruz en que ha de ser inmolado, cayendo bajo su peso enorme consolando a las piadosas mujeres que le siguen llorando, y en la cima del Calvario extendiendo sus brazos sobre la Cruz para ser crucificado, sufriendo en su cuerpo y alma lo que ya no se puede concebir y muriendo enclavado en la Cruz con un amor y una bondad jamás vista entre los hombres. ¡Oh Jesús mío Crucificado! No permitáis que sean inútiles para mí los grandes sufrimientos de vuestra Pasión Santísima. Por lo mucho que mi alma os ha costado, salvadla. Redentor amorosísimo, de todo pecado en esta vida y de la muerte eterna en la otra. Amén.



DÍA OCTAVO
Consideración sobre la Muerte de Jesucristo Señor de los Milagros

Considera, alma mía, cómo el milagro de los milagros de Jesucristo fue su muerte preciosísima. Nadie ni nada podía haberle quitado la vida, porque tenía potestad de dejarla y tomarla, era El mismo, la vida y manantial de toda clase de vida, pero se ofreció a la muerte para que nosotros, sin menoscabo de la justicia eterna, pudiéramos vivir eternamente. Murió en efecto por la fuerza de los dolores que padeció en la Cruz, y así sufrió desfallecimiento por la abundancia de sangre, que de sus heridas derramaba y, como sus venas se vaciaban de sangre, comenzó a desnudarse su divino rostro y languideció su sagrado cuerpo, hasta que, faltándole las fuerzas expiró… Las tinieblas se extendieron entonces sobre la tierra, se rompieron las piedras, abriéndose los sepulcros de algunos muertos y el velo del templo se rasgó en dos partes. El Centurión y los soldados, viendo los portentos de tan sangriento como sagrado espectáculo exclamaron: ¡Verdaderamente este era el Hijo de dios…! Y hasta la turba del pueblo, que había asistido a tan tremenda tragedia, se volvió a la ciudad hiriéndose los pechos en señal de dolor y sentimiento por la muerte del Señor Crucificado. ¡Oh Salvador del mundo! ¡No permitáis que sea yo más insensible que la tierra, más duro que los peñascos y más cruel que los verdugos que os sacrificaron! Haced en mi semejantes milagros cubriendo mi alma de tristeza santa por mis pecados, conmoviendo mi corazón con sentimientos de dolor y de amor y haciendo que yo no viva sino para Vos, que habéis muerto por mí, a fin de que llegue a gozaros en la gloria eterna. Amen.


DÍA NOVENO
Consideración sobre la Resurrección del Señor de los Milagros

Considera, alma mía como ese Señor y Dios nuestro, que murió en la Cruz, resucitó saliendo gloriosísimo del sepulcro, se apareció a la Virgen Santísima su divina Madre, a sus apóstoles y discípulos, conversó y trató familiarmente con ellos por espacio de cuarenta días, al fin de los cuales, viéndolo todos, subió a los cielos en admirable y gloriosa ascensión. De allí, del cielo ha de volver otra vez al mundo a juzgar a los vivos y a los muertos. Entonces saldrán de sus sepulcros los hombres de todos los tiempos y de todas las naciones para presentarse ante este Divino Señor que hará ostensible, con gran gloria y majestad, su justicia eterna y universal en la condenación de unos y en la salvación de otros.

Ante este Soberano Jesús comparecerán los judíos deicidas que le blasfemaron y crucificaron, los impíos y sacrílegos de todas las edades que le insultaron, todos los desgraciados pecadores que le despreciaron… También comparecerán los buenos, los Apóstoles, los Mártires, Confesores, Vírgenes y con ellos Ilustres penitentes, cuantos supieron arrepentirse a tiempo de sus pecados, cuantos le sirvieron y amaron. Y volviéndose hacia los buenos dirá: "Venid benditos de mi Padre, venid a poseer el reino de gloria que os está preparado desde el principio del mundo, entrad en la gloria de vuestro Dios y Señor"… ¡A los malos les dirá "Id, malditos de mi Padre, id al fuego eterno del infierno...!" E irán éstos al suplicio eterno y los justos a la eterna gloria. Así terminarán las cosas de este mundo en aquel grande día del juicio universal, en eso pararán todos los asuntos de la vida, tal será también nuestro destino, o gozar eternamente de Dios en el cielo, o padecer eternamente con los demonios en el infierno… ¡Oh Dios mío! Cómo he podido olvidarme de semejante asunto… Haced con vuestra gracia Salvador mío adorabilísimo que siempre os ame y sirva en este mundo, para que llegue a gozar con Vos y con los bienaventurados la eterna gloria del Cielo. Amen.


Oración a la Santísima Virgen María
(Repítase al final de cada Novena)

¡Oh Virgen Santísima, Madre de Dios y Madre nuestra! Por la gran bondad de vuestro maternal corazón oíd benigna los ruegos de todos nosotros que acudimos a vos, no nos abandonéis, dulcísima Virgen María ni consintáis en nuestra ruina y perdición.

Mirad con ojos de misericordia y compasión a nuestra ciudad de Lima y a todos sus moradores. ¿Qué sería de nosotros y qué valdría nuestras súplicas ante el Señor a quien tanto hemos ofendido, si no fuera por vuestra intercesión? Compadécete pues, misericordiosísima Madre nuestra, de estos desgraciados pecadores que, aunque tan ingratos, son hijos vuestros. Conseguidnos, una vez más el que hallemos gracia y misericordia delante del Señor: alcanzadnos los favores que pedimos en esta Novena y cuanto Vos sabéis que necesitamos, principalmente: el perdón de nuestros pecadores, el remedio de nuestras necesidades, la perseverancia en el bien, una santa muerte, y la gloria eterna del Cielo. Amen.




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Tomado de Catholic.net:
https://es.catholic.net/op/articulos/63603/cat/1097/novena-a-senor-de-los-milagros.html#modal
Por: Isabel Gálvez | Fuente: musicaperuana.com