Oraciones diarias Click To Pray en PDF y Videos - AGOSTO 2017




Ofrecimiento diario

Orando con el Papa Francisco en el mes de AGOSTO 2017




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AUDIOS


El Bautismo trae Esperanza



PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 2 de agosto de 2017




Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hubo un tiempo en el cual las iglesias estaban orientadas hacia el este. Se entraba en el edificio sagrado por una puerta abierta hacia occidente y, caminando por la nave central, se dirigía hacia oriente. Era un símbolo importante para el hombre antiguo, una alegoría que a lo largo de la historia ha decaído progresivamente. Nosotros, hombres de la época moderna, mucho menos acostumbrados a percibir los grandes signos del cosmos, casi nunca nos damos cuenta de semejante particular. El occidente es el punto cardinal del ocaso, donde muere la luz. El oriente, en cambio es el lugar donde las tinieblas son vencidas por la primera luz de la aurora y nos recuerda a Cristo, Sol surgido desde lo alto en el horizonte del mundo (cf Lucas 1, 78).

Los antiguos ritos del Bautismo preveían que los catecúmenos emitiesen la primera parte de su profesión de fe teniendo la mirada hacia occidente. Y en aquella pose eran interrogados: «¿Renunciáis a Satanás, a su servicio y a sus obras?» — Y los futuros cristianos repetían en coro: «¡Renuncio!». Luego se dirigía hacia el ábside, en dirección a oriente, donde nace la luz, y los candidatos al Bautismo eran interrogados de nuevo: «¿Creéis en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo?». Y esta vez respondían: «¡Creo!».

En los tiempos modernos se ha perdido en parte la fascinación de este rito: hemos perdido la sensibilidad ante el lenguaje del cosmos. Naturalmente ha permanecido la profesión de fe, hecha según la interrogación bautismal, que es propia de la celebración de algunos sacramentos. La cual permanece intacta en su significado. ¿Qué quiere decir ser cristianos? Quiere decir mirar a la luz, continuar a hacer la profesión de fe en la luz, incluso cuando el mundo está envuelto por la noche y las tinieblas.

Los cristianos no están exentos de las tinieblas, externas e internas. No viven fuera del mundo, pero, por la gracia de Cristo recibida en el Bautismo, son hombres y mujeres «orientados»: no creen en la oscuridad, sino en la claridad del día; no sucumben a la noche, sino que esperan la aurora; no son derrotados por la muerte, sino que anhelan el resurgir; no están plegados por el mal, porque confían siempre en las infinitas posibilidades del bien. Y esta es nuestra esperanza cristiana. La luz de Jesús, la salvación que nos lleva a Jesús con su luz y que nos salva de las tinieblas.

Nosotros somos quienes creen que Dios es Padre: ¡esta es la luz! No somos huérfanos, tenemos un Padre y nuestro Padre es Dios. Creemos que Jesús descendió en medio de nosotros, caminó en nuestra misma vida, haciéndose compañero sobre todo de los más pobres y frágiles: ¡esta es la luz! Creemos que el Espíritu Santo obra sin descanso por el bien de la humanidad y del mundo, e incluso los dolores más grandes de la historia serán superados: ¡esta es la esperanza que nos despierta cada mañana! Creemos que cada ser querido, cada amistad, cada buen deseo, cada amor, incluso los más pequeños y descuidados, un día encontrarán su cumplimiento en Dios: ¡esta es la fuerza que nos empuja a abrazar con entusiasmo nuestra vida de todos los días! Y esta es nuestra esperanza: vivir en la esperanza y vivir en la luz, en la luz de Dios Padre, en la luz de Jesús Salvador, en la luz del Espíritu Santo que nos empuja a seguir adelante en la vida.

Luego hay otro signo muy bonito de la liturgia bautismal que nos recuerda la importancia de la luz. Al finalizar el rito, a los padres —si es un niño— o al mismo bautizado —si es adulto— se le entrega una vela, cuya llama se enciende del cirio pascual. Se trata del gran cirio que en la noche de Pascua entra en la iglesia completamente a oscuras, para manifestar el misterio de la Resurrección de Jesús; de ese cirio todos encienden la propia vela y transmiten la llama a los que están cerca: en ese signo está la lenta propagación de la Resurrección de Jesús en las vidas de todos los cristianos. La vida de la Iglesia — diré una palabra un poco fuerte es contaminación de luz. Cuanta más luz de Jesús tenemos nosotros cristianos, cuanta más luz de Jesús hay en la vida de la Iglesia, más está viva ésta. La vida de la Iglesia es contaminación de luz.

La exhortación más bella que podemos hacernos unos a otros es la de recordarnos nuestro Bautismo. Yo querría preguntaros: ¿cuántos de vosotros se acuerdan de la fecha del propio Bautismo? ¡No respondáis porque alguno sentirá vergüenza! Pensad y si no la recordáis, hoy tenéis deberes para hacer en casa: ve a tu mamá, a tu papá, a tu tía, a tu tío, a tu abuela, abuelo y pregúntales: «¿Cuál es la fecha de mi Bautismo?». ¡Y no la olvidéis nunca más! ¿Está claro? ¿Lo haréis? El compromiso de hoy es aprender o recordar la fecha del Bautismo, que es la fecha del renacimiento, es la fecha de la luz, es la fecha en la cual —me permito una palabra— en la cual hemos sido contaminados por la luz de Cristo. Nosotros hemos nacido dos veces: la primera en la vida natural, la segunda, gracias al encuentro con Cristo en la fuente bautismal. Allí hemos muerto a la muerte, para vivir como hijos de Dios en este mundo. Allí nos hemos vuelto humanos como nunca habríamos imaginado. He aquí por qué todos debemos difundir el perfume del Crisma con el que hemos sido señalados el día de nuestro Bautismo. En nosotros vive y obra el Espíritu de Jesús, primogénito de muchos hermanos, de todos los que se oponen a la ineluctabilidad de la tiniebla y de la muerte.


Qué gracia cuando un cristiano se convierte verdaderamente en un «cristo-foro», es decir ¡«portador de Jesús» por el mundo! Sobre todo por quienes están atravesando situaciones de luto, de desesperación, de tinieblas y de odio. Y esto se entiende a través de muchos pequeños detalles particulares: por la luz que un cristiano custodia en sus ojos, por el fondo de serenidad que no queda mermado ni siquiera en los días más complicados, por las ganas de querer bien incluso cuando se sufren muchas desilusiones. En el futuro, cuando se escriba la historia de nuestros días, ¿qué se dirá de nosotros? ¿Que hemos sido capaces de esperanza, o que hemos ocultado nuestra luz? Si seremos fieles a nuestro Bautismo, difundiremos la luz de la esperanza, el Bautismo es el inicio de la esperanza, la esperanza de Dios y podremos transmitir a las generaciones futuras razones de vida.

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Tomado de:
www.vatican.va

Los Retos de la Familia - 3° Parte: Una mirada a la historia reciente - La crisis de la encíclica “Humanae vitae” y la revolución sexual



LOS RETOS DE LA FAMILIA EN EL CONTEXTO ACTUAL

Mons. Juan Antonio Reig Pla Obispo de Alcalá de Henares Vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia (Sección Española)

Continuación

2. La crisis de la encíclica “Humanae vitae” y la revolución sexual

El entusiasmo provocado por el Concilio pronto se vio turbado por las manifestaciones de la revolución sexual y por el disenso doctrinal que siguió a la encíclica Humanae vitae promulgada en 1968 por el Papa Pablo VI.

La revolución sexual, que venía gestándose desde los albores del siglo pasado, hunde sus raíces en el marxismo y en el existencialismo de corte a la vez marxista y liberal. Ya Engels, en su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, propugnaba la destrucción de la familia considerada como plataforma conservadora en la que se daba la primera lucha de clases: la dialéctica de los sexos; el esposo/padre-patrón esclavizaba a la mujer mediante la maternidad e impedía su liberación.

Desde entonces fue creciendo todo un movimiento que tenía como bandera la promoción de la mujer y el logro de su autonomía económica y radical. El exponente más claro de este movimiento en Europa es Simone de Beauvoir con la publicación del libro El segundo sexo. En el área americana hay que mencionar a Margaret Sanger, fundadora de la Planned Parenthood. Una de las feministas más radicales ha sido Shulamith Firestone, quien hizo de la supresión de la familia su objetivo
prioritario a través de “la eliminación de la distinción sexual en sí misma”.

En el mismo contexto americano, los dos informes del zoólogo Alfred Kinsey sobre el comportamiento sexual del varón (1948) y de la mujer (1953) supusieron el respaldo pseudocientífico para afirmar la ausencia normativa en el campo de la conducta sexual humana y la equiparación de todas las conductas sexuales. El que los informes no fueran elaborados rigurosamente y que los resultados fueran fraudulentos, no fue inconveniente para que en todas las universidades y espacios formativos se divulgase la doctrina Kinsey que suponía el derrumbe de la identidad sexual y la moral tradicional. Para Kinsey, uno de los principales teóricos del pansexualismo hedonista, la sexualidad
considerada por la sociedad como “desviada” era, en realidad, normal.

Con estos antecedentes, los voceros de la revolución sexual fueron Wilhelm Reich y Herbert Marcuse, que inspiraron las revueltas estudiantiles de mayo del ´68 francés y la proliferación de conductas que abrogaban por la destrucción de la ética sexual, considerada como el órgano de represión por el poder. Uno de los instrumentos para la llamada “liberación sexual”, unida a la “liberación de la mujer”, fue el desarrollo de la píldora anticonceptiva, con la que se pretendía, además, “frenar la superpoblación mundial”.

En este contexto de revolución cultural fue promulgada por el Papa Pablo VI la encíclica Humanae vitae (1968). En ella el Santo Padre reivindica la grandeza del amor conyugal, al que caracteriza
con las siguientes notas: es un amor plenamente humano y total, fiel, exclusivo y fecundo (HV 7).

Por su parte, la revolución sexual ya había propuesto como paradigma desvincular la conducta sexual tanto de la procreación como del matrimonio y del amor. La sexualidad, sirviéndose de los instrumentos anticonceptivos, pasaba a ser como un grito de libertad, un juego erótico sin referencias a normas o responsabilidades.

Con este caldo de cultivo se “comprende” el disenso que se organizó en torno a la encíclica Humanae vitae. Algunos la criticaban de irresponsable ante el fenómeno de la superpoblación; otros consideraban que la Iglesia había dado la espalda a la ciencia y a la racionalidad en el control de la natalidad. Los partidarios de las tesis de la revolución sexual se revolvían contra lo que consideraban el “corsé” de la doctrina tradicional que impedía el amor libre, etc. Al interior de la Iglesia también
se producía el disenso doctrinal ante la promulgación de una encíclica en la que se habían rechazado las conclusiones de la Comisión mayoritaria de teólogos y expertos promovida por Pablo VI; se acusaba al Papa de haber cedido ante un planteamiento de la naturaleza humana y de la ley natural
sobrepasados por la Teología moral, etc. Tampoco faltaron las respuestas críticas de algunas conferencias episcopales y de grupos de sacerdotes como el llamado “caso Washington”. Todo esto provocó un malestar y desorientación de los sacerdotes y un bloqueo, cuando no un colapso, de
la Pastoral familiar que quiso promover el Concilio Vaticano II.

Lo cierto es que a partir de ese momento la reflexión moral sobre el amor y el matrimonio se centró sobre las cuestiones éticas en torno a la paternidad responsable y en torno a la validez doctrinal de la
propia encíclica Humanae vitae. Los textos de moral que se estudiaban en los seminarios y facultades eclesiásticas no colaboraban a esclarecer la doctrina católica a los sacerdotes y al pueblo fiel que no contaba todavía con la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica que le sirviera de orientación. Tanto la predicación de los sacerdotes como la práctica de la confesión de los fieles sufrieron una gran dosis de desconcierto que repercutía en la conducta de los matrimonios.

Pasado el tiempo se ha podido comprobar el espíritu profético de Pablo VI, quien apelaba al testimonio de los matrimonios católicos, a la colaboración sincera de los sacerdotes y a la responsabilidad de las autoridades civiles y de los científicos. El no haber oído las propuestas
de Pablo VI ha conducido, particularmente a Europa y Occidente, a vivir un invierno demográfico, a ver banalizada y degradada la conducta sexual, a las rupturas familiares en crecida, a la desorientación de los jóvenes y a dotar a los gobiernos de las naciones de instrumentos que
han propiciado la anticoncepción, la esterilización y el aborto.

Pablo VI, tras el análisis del amor con sus cuatro notas, afirma la norma moral: “cualquier acto matrimonial (quilibet matrimonii usus), debe quedar abierto a la transmisión de la vida” (HV 11). Además apela al concepto de paternidad responsable que requiere, cuando hay motivos justos, el recurso a los días agenésicos del ciclo de la mujer. Para ello se hace necesario fortalecer la virtud de la castidad que capacita tanto para una donación plena de los esposos como para la abstinencia
en los días adecuados. Al mismo tiempo el Papa anima a conocer los métodos de observación de los ritmos naturales de la fertilidad de la mujer que en ese momento son el método Ogino-Knaus y el incipiente llamado método Billings, matrimonio australiano que propone conocer el ciclo de la mujer por el análisis de la mucosidad vaginal. De no seguir la norma moral, el Papa Pablo VI vaticinaba en las conclusiones de su encíclica todos los males que podrían sobrevenir (HV 17).

La incipiente Conferencia Episcopal Española recibió con asentimiento la encíclica Humanae vitae pero sin ofrecer las claves para responder al disenso doctrinal y favorecer una Pastoral familiar
acorde con los tiempos. La verdad es que la situación en España ha resultado especialmente difícil porque todos los temas referidos a la vida humana, al matrimonio y a la familia se han visto influidos por el afán de novedad que suponía el cambio de régimen y por el nuevo espíritu de “libertad” que se respiraba en todos los ambientes, también en la Iglesia.

Lo cierto es que la Conferencia Episcopal Española publicó en 1979 su primer documento titulado Matrimonio y familia en el que se apunta la necesidad de una Pastoral familiar que ayude a los esposos a afrontar sus responsabilidades conyugales fortaleciendo su espiritualidad y siendo
conscientes de lo que reclama la misión de la familia.


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La Transfiguración del Señor



Fiesta de la Transfiguración de Cristo

P. Adolfo Franco, S.J.

Marcos 9, 2-10

Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. Tomó Pedro la palabra y dijo a Jesús: «Rabbí, está bien que nos quedemos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»  —es que no sabía qué responder, pues estaban atemorizados—.
Entonces se formó una nube que los cubrió con su sombra, y llegó una voz desde la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadle.» Al momento miraron en derredor y ya no vieron a nadie más que a Jesús con ellos.
Cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos.»

Palabra de Dios.


Este hecho de la Vida Pública del Señor tiene un significado especial, dentro de todo lo que El hizo en sus tres años de predicación. Es un hecho singular, que se sale de su conducta habitual, porque es el único hecho “glorioso” dentro del comportamiento ordinario de Jesús de pasar desapercibido, de vivir humildemente. Pero, aunque es un hecho singular, no está desconectado de su mensaje, sino quiere darle un sentido especial a su mensaje de la cruz, de la entrega, de la humildad.

El hecho tiene unas características especiales y muy señaladas, y en ellas habrá que buscar el sentido que tiene este hecho singular. En primer lugar ocurre en el comienzo de su último viaje a Jerusalén (un viaje sin retorno); ocurre cuando Jesús ya sabe que se avecina la Cruz y la Muerte. Y su conversación con Moisés y Elías trata precisamente de esto, de su Pasión y su entrega (este tema está más señalado aún en la narración que San Lucas hace de la Transfiguración) y de hecho con sus tres apóstoles escogidos habla de lo mismo; dice el Evangelio que no deben hablar de esto hasta que resucite de entre los muertos.

Otros detalles no menos importantes, para darle el significado que este hecho debe tener en su mensaje, es el que aparezca junto a los dos personajes más importantes del Antiguo Testamento: Moisés y Elías; en ellos se resume toda la Biblia del Antiguo Testamento; son La Ley y los Profetas. Y Jesucristo está en medio de ellos, como la persona principal, como el que da valor y sentido a todo el Antiguo Testamento.

Además sólo se manifiesta a los tres apóstoles a quienes escoge en momentos muy especiales: Pedro, Santiago y Juan. Y a ellos se les comunica un mensaje particular del Padre: “Este es mi Hijo amado. Escuchadlo” Mensaje tan similar al que se oye en el Bautismo de Jesús, que es otro momento especialmente importante de su comienzo apostólico. Los tres apóstoles que verán a Jesús desfigurado en la oración del Huerto, lo ven ahora transfigurado y resplandeciente y tanto que no sabe el Evangelista San Marcos cómo ponderar tanta blancura.

Con todo esto se nos está hablando de que en toda la predicación de Jesús hay un misterio escondido, que en su conducta hay que ver más allá de lo que nuestros ojos perciben. Que en la Pasión hay más que sangre y muerte. Que todo su mensaje es luz, pero que no lo sabemos entender, hasta que El resucite y nos haga resucitar.

Hay que “despertar” para entender el mensaje, para ver lo esencial de sus acciones, para descubrir al Hijo amado de Dios, para saber comprender la Ley y los Profetas; que sin Jesús todo ese Antiguo Testamento no se entiende. Se nos está hablando de que El es todo el mensaje que el Padre quiere darnos, por eso nos dice: escúchenlo. Se nos está hablando que todo lo que dijo e hizo, sólo se entiende cuando El resucite de entre los muertos, porque entonces todo se llenará de luz y de blancura.

Y todo su Evangelio de la pobreza, del último lugar, de la abnegación, de la Cruz, todo ese mensaje es una luz maravillosa, que por ahora está escondida a nuestra vista, que no tiene alcance más que para lo inmediato y lo material; pero detrás de eso está la Vida, la Verdad y el Amor; que esa es la blancura de la verdadera felicidad. La Transfiguración es la confirmación de las Bienaventuranzas.




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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de AGOSTO 2017



APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE AGOSTO




OFRECIMIENTO DIARIO

Dios, Padre nuestro, yo te ofrezco toda mi jornada: 
mis oraciones, pensamientos, afectos y deseos, palabras, obras, alegrías y sufrimientos en unión con el Corazón de tu Hijo Jesucristo que sigue ofreciéndose a Ti en la Eucaristía para la salvación del mundo.
El Espíritu Santo, que condujo a Jesús, me guíe y sea mi fuerza en este día para que pueda ser testigo de tu amor.
Con María, la Madre del Señor y de la Iglesia, pido especialmente por la intención del Papa para este mes:


Universal: 
«Por los artistas de nuestro tiempo, para que, a través de las obras de su creatividad, nos ayuden a todos a descubrir la belleza de la creación.»



ORACIÓN

Dios, Padre nuestro, 
tu creación refleja la bondad, 
el equilibrio y la armonía que deseas para tus hijos. 
Pusiste en su corazón el deseo de encontrarte y descubrirte en la belleza. 
Al crear al género humano, 
nos hiciste co-creadores, 
y es en el arte que el ser humano se aproxima de Ti, 
en la creación de los artistas nos habla de la Belleza suprema que eres Tú. 
En este mes, 
te pedimos por todos los artistas, 
para que sus obras lleven a todos los hombres y mujeres
a experimentar la belleza, 
como lugar de vida y de relación. 
Que su trabajo ayude a todos a respetar más las obras de la creación 
y hacer de sus vidas espacios de encuentro con los demás.




DESAFÍOS PARA EL MES

En este mes, procurar visitar exposiciones y galerías de arte, para reconocer el ingenio humano en la creación del arte. 
Rezar por los artistas, por sus vidas y preocupaciones.
En la propia comunidad, ver cómo podría realizarse una muestra de trabajo de artistas locales y ayudar a las personas a reflexionar sobre la belleza.



VÍDEO DEL PAPA
INTENCIONES DEL MES




RECURSOS EN LA RED

A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray[App Store] [Google Play]

C. Para comunicarnos:
apostolado.oración.peru@gmail.com



EL MISTERIO DEL CREADOR


Es indudable que los artistas nos ayudan a contemplar, por medio de las obras de sus manos, el sonido de su voz, el movimiento de su cuerpo en la danza y la expresión de sus gestos en la actuación, la belleza del misterio insondable de Dios creador. Ellos hacen posible que el alma, atraída por el asombro toque el bien y la verdad. “En lo que nuestros ojos pueden ver, tú, artesano de la belleza, nos muestras al Autor divino que sigue dando color y vida a la creación”.

Hay experiencias difíciles de describir que los artistas logran expresar. Ponen palabra, por medio de la poesía, a lo indecible. Logran que nuestros ojos capten la belleza que, distraídos nosotros, pasamos por alto. Nos ayudan a elevar el alma a los cielos cuando escuchamos el timbre de su voz y la armonía de su canto.

El artista hace emerger de nuestro interior la risa, el canto, la admiración, las lágrimas. Pueden
mover nuestras emociones y hacernos transcender el presente, en ocasiones tedioso.

Ponen el alma «al borde de la locura y del éxtasis»cuando no encontramos palabras para describir tanta belleza. Son capaces de llevar el corazón hasta el límite de su resistencia.
Este mes, queremos rezar por todos los artistas. Por esas personas que en su labor nos hacen contemplar y reconocer al Artífice de la creación. En este tiempo en que la prisa parece habernos despojado de la atención que precede a la contemplación, los artistas logran que nos detengamos un momento, y santifiquemos el tiempo. Hacen posible el suspenso de la agitación para ver, escuchar, contemplar, saborear y disfrutar. Ellos capitalizan nuestros sentidos y nos abren a un mundo de sensaciones que olvidamos que existen. Nos recuerdan que enamorarse es una experiencia sublime y que la belleza, cuando es contemplada desinteresadamente, vuelve más noble el corazón del ser humano.

Pidamos por los artistas, y demos gracias por el «don» maravilloso que han recibido.

Por esa capacidad y talento para mostrar lo que nuestros ojos no ven, por recordarnos los sentimientos que anidan en nuestro corazón. “Gracias por hacernos descubrir a través de la obra de tus manos al Autor de la Creación. ¡Gracias, artesanos de la belleza, por acercarnos al misterio de Dios artífice de lo sublime!”


P. Javier Rojas, S.J.




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Si desea contribuir con la difusión de las Intenciones del Papa Francisco para los desafíos de la humanidad, puede descargar el siguiente archivo:


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Orando con el Papa Francisco en el mes de Agosto - 2017




El yugo y la carga de Dios

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión del Evangelio del Domingo 09 de julio: "hay dos enseñanzas muy marcadas, una sobre la sabiduría de Dios y otra sobre la necesidad de apoyarse en Dios y sobre todo en momentos difíciles." Acceda AQUÍ.

¿Qué es el Año Litúrgico? 23° Parte - Las fiestas de la Virgen María

Estamos cerca de concluir esta serie del P. Rodrigo Sánchez Arjona Halcón, S.J., en esta oportunidad presentamos las dos principales fiestas litúrgicas dedicadas a la Virgen María. Acceda AQUÍ.

Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de JULIO 2017

Compartimos la intención del Papa Francisco para este mes de Julio y las oraciones que nos permitan unirnos a él en oración a través de la Red Mundial. Acompañamos con la reflexión del P. Javier Rojas, S.J. sobre la intención de este mes. Acceda AQUÍ.

El yugo y la carga de Dios



P. Adolfo Franco, S.J.

DOMINGO XIV
del Tiempo Ordinario

Mateo 11, 25-30

Por aquel entonces, tomó Jesús la palabra y dijo: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a gente sencilla. Sí, Padre, pues tal ha sido tu decisión. Mi Padre me ha entregado todo, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre; ni al Padre le conoce nadie, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os proporcionaré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

Palabra de Dios


En este párrafo del Evangelio que nos trae este domingo, hay dos enseñanzas muy marcadas, una sobre la sabiduría de Dios y otra sobre la necesidad de apoyarse en Dios y sobre todo en momentos difíciles. Empieza con una oración de alabanza de Jesús, que se alegra de la forma en que actúa la Providencia de Dios, que comunica su sabiduría a los sencillos; y continúa con una invitación a todos los que sufren y se sienten derrotados a confiar en El, que es nuestro apoyo. Son dos temas, aunque hay una conexión evidente entre los dos.

Jesús alaba a su Padre, en una exclamación que le sale del alma, y le dice que lo alaba, porque ha revelado su sabiduría a los sencillos y la ha ocultado a los sabios. ¿Es que Dios tendrá algo en contra de los sabios, de los que han cultivado la inteligencia? ¿No ha habido hombres muy inteligentes a los que Dios les ha comunicado su sabiduría? San Agustín, Santo Tomás y muchos otros ¿no han recibido la sabiduría que proviene de Dios? Por otra parte, si Dios deja de lado a los sabios y entendidos, ¿será que Jesús está alabando la pereza mental?

Estas preguntas son legítimas, y tienen una fácil respuesta: Dios no alaba la pereza mental, y no tiene nada contra los investigadores que siempre buscan la verdad en todos los campos; más bien esta inquietud por la verdad es un don de Dios. Jesús se está refiriendo a los letrados, contemporáneos suyos, que en general no estuvieron abiertos a aceptar su doctrina; no quisieron abrir su corazón a la novedad del Evangelio. Más bien lo consideraron un rival y quisieron desprestigiarlo con preguntas y situaciones difíciles, de las cuales Jesús salió apelando precisamente a su sabiduría. San Pablo también se dirige a los Corintios y les recuerda que entre ellos no abundan precisamente los sabios (1 Cor 1, 26-30). Pero también se puede aplicar esta frase de rechazo a aquellos “sabios” que llenos de orgullo no tienen capacidad de aceptar el misterio de Dios.

Por de pronto se debe distinguir entre la “sabiduría” que viene de Dios y los conocimientos que provienen de la agudeza mental. Lo uno es un conocimiento de lo esencial y que va al centro de los problemas de la vida humana y de su relación con Dios, lo otro son toda la variedad de conocimientos que se adquieren con la destreza y con la facilidad que diversas personas tienen para el ejercicio de sus facultades mentales, y para la adquisición de cultura.

Pero no hay duda de que hay personas poco cultivadas que tienen una gran sabiduría y que llegan a los conocimientos fundamentales sobre la vida y la virtud, por caminos vitales y sin libros. ¿Por qué muchas manifestaciones sobrenaturales de Dios se han hecho a personas rústicas? Por ejemplo, muchas de las apariciones de la Virgen: la aparición de la Virgen de Guadalupe, la de Lourdes, la de Fátima; todas son comunicaciones de Dios a los “pequeños”, no a los grandes y sabios.

¿Es la inteligencia humana una dificultad para aceptar a Dios? ¿Hay contradicción entre ciencia y fe? La ciencia, la inteligencia, los conocimientos naturales, lejos de ser un obstáculo para recibir la sabiduría de Dios, y para conocer a Dios, más bien podrían ayudar a acercarse a El. Lo que puede impedir la revelación de Dios en una persona es el orgullo que puede brotar como una mala hierba de algunos conocimientos y entonces sí podemos quedar bloqueados para el conocimiento que brota de Dios; pero no podemos decir que un sabio queda imposibilitado de recibir la fe. Aunque puede crearse entre los intelectuales demasiado seguros de su poder intelectual, una sensación de “todo lo puedo”, que les hace cerrar el corazón, y piensan que nadie les puede enseñar nada; esto ha ocurrido en los momentos del desarrollo inicial de las ciencias; y en esos tiempos parecía que era una necesidad que el científico (científico en pañales) negase a Dios. Esa corriente tan pobre, gracias a Dios ya casi se ha secado; aunque todavía puede asomar algún aprendiz de científico que solamente sabe repetir las objeciones del pasado. Y en cambio también hay intelectuales verdaderos, científicos insignes, que tienen suficiente humildad para seguir aprendiendo y que tienen un espíritu profundamente religioso.

A este respecto podemos citar el testimonio de Einstein, un sabio en verdad eminente: “... la experiencia más bella que el hombre puede tener es el sentido de lo misterioso: descubrir que, tras lo que podemos experimentar científicamente, se oculta algo inalcanzable a nuestro espíritu, algo cuya belleza y sublimidad se alcanzan sólo indirectamente y a modo de pálido reflejo; y, en este sentido, yo soy religioso”.

Y en la segunda parte de la enseñanza de Jesús, se dice qué es lo que los sencillos reciben de la sabiduría de Dios: los sencillos pueden descubrir, por la sabiduría de Dios, que Jesús es fuerte para acoger nuestro cansancio; y pueden saber que caminar con la cruz detrás de El es llevar una carga liviana. Esa es la Ciencia que no descubren los orgullosos y que sí inculca Dios en los pequeños.





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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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