Las otras cartas de Pablo: a Filemón

P. Fernando Martínez S.J.


Las otras cartas


Hay además de las vistas en las anteriores entregas, dos cartas, que sin duda alguna fueron escritas por san Pablo, la dirigida a su buen amigo Filemón y la enviada a sus queridos Filipenses. Ambas fueron redactadas cuando Pablo estaba en prisión. Es tema de discusión si su redacción última se sitúa en el tiempo de la primera cautividad en Roma (a 61-63) o más bien cuando en otras circunstancias estuvo encarcelado en la ciudad de Efeso hacia los años 56-57.

Respecto de las cartas a los Colosenses, a los Efesios, a las calificadas como “pastorales” (enviadas a Timoteo y Tito), parece oportuno indicar que hay serias dudas de que hubieran sido dictadas en su totalidad por el apóstol. Pero es claro que sus autores son discípulos cercanos suyos, conocedores de sus escritos y de su doctrina. Con razón, por tanto, estas cartas forman parte de los textos y escritos de inspiración paulina (“corpus paulinum”)

La que se presenta como “Carta a los Hebreos” ciertamente no fue escrita por san Pablo. Está pensada y redactada como un sermón para ser leído en las reuniones litúrgicas cristianas. Pero, aún así, en no pocos de sus argumentos e ideas alienta y se translucen las enseñanzas del apóstol.


Única carta privada

Entre las diferentes cartas de Pablo tal como hoy las conocemos, la única que se conserva como “privada” es la enviada a su amigo Filemón. No caben dudas que el apóstol mantuvo correspondencia privada bastante intensa, y esta carta breve es la única que nos queda de toda esa correspondencia. Este hecho singular confiere al escrito un interés muy especial. Es propia de un amigo muy querido en Cristo.

El Onésimo de la carta era un esclavo fugitivo, y lo más probable es que hubiera cometido algún hurto en la casa de su amo Filemón. “Y si en algo te perjudicó o tiene alguna deuda contigo, ponlo en mi cuenta. Yo, Pablo, te la devolveré” (v 18s). Su señor, Filemón residía de ordinario en Colosas, ciudad al parecer no misionada por Pablo. Filemón se habría convertido a la fe cristiana en alguno de sus viajes a Efeso.

Estando Pablo prisionero en la cárcel de esta ciudad (según la hipótesis más probable), acude buscando ayuda y protección el esclavo Onésimo, que era también cristiano. En tales circunstancias tan penosas, el apóstol sintió un gran afecto por Onésimo e incluso llegó a manifestar su claro deseo de mantenerlo junto a sí. Sin embargo, no lo hace pues le parece que lo más justo es devolverle a su amo y señor, acompañado de una carta, que es preciosa por su delicadeza. Le pide a su amigo Filemón que perdone a Onésimo y que le acoja con afecto como a un hermano suyo en Cristo.

Cincuenta años más tarde, san Ignacio de Antioquía, uno de los grandes mártires cristianos, es conducido a Roma. Y durante su viaje escribe bastantes cartas y no pocas de ellas se conservan. En una dirigida a la iglesia de Efeso habla mucho acerca de su obispo tan querido. No faltan quienes opinan que este fiel Onésimo sería el esclavo fugitivo de Filemón; y subrayan que ésta es la razón de que este escrito particular no se haya extraviado como habría sucedido con el resto. Se supone numerosas las cartas privadas del afectivo apóstol Pablo.


Guía de la Carta a Filemón

1-3 Saludo

4-7 En mis oraciones me acuerdo siempre de ti y doy gracias a Dios por tu fe viva.

8-22 Te hago una recomendación a favor de Onésimo – Te lo mando de nuevo como si te enviase mi propio corazón – Te pido que este favor me lo hagas de buen grado – Onésimo es para mí como un hermano muy querido. Si algo te debe cárgalo a mi cuenta – Estoy seguro que harás más de lo que te pido – Espero visitaros.

23-25 Saludos finales.



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Agradecemos al P. Fernando Martínez, S.J. por su colaboración.

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San Juan Ogilvie, S.J.


Fiesta: 14 de Octubre




San Juan Ogilvie es un patrono de la unidad cristiana. Tuvo un apasionado amor por su patria y murió intentando traerla a una plena comunión con la Iglesia católica.

Niñez y juventud

Juan Ogilvie nace en 1580 en Drum-na-Keith, condado de Banffshire, en Escocia. Es el hijo primogénito de Sir Walter Olgivie, jefe de una importante familia escocesa. Su madre es católica y permanece siempre fiel a su fe. Su padre ha pasado a la iglesia calvinista.

Juan tiene 6 años cuando María Estuardo, Reina de Escocia, muere en el patíbulo.

La infancia de Juan es semejante a la de todos los niños nobles de su tiempo. Aprende a montar a caballo, a jugar con los perros, a ir de caza con los mayores y a adiestrarse en el uso de las armas.


Estudios en el continente

A los trece años es enviado al continente a completar su formación. Sir Walter teme la influencia materna que puede llevar a Juan al catolicismo. Además Juan puede ampliar sus horizontes y adquirir una educación más vasta, rica y profunda.

A Juan no le es fácil la vida en el extranjero. Extraña, especialmente en los primeros años, a su familia, el idioma, y las costumbres de su tierra. Sin embargo, Juan no sucumbe a la nostalgia, llevado por su sed insaciable de superación. Demasiadas veces ha oído en su vida que Escocia espera grandes cosas de un Ogilvie.


Discernimiento religioso

Cuando supera su tristeza, lo relacionado con el aprendizaje empieza a marchar bien. Sin embargo le preocupan los asuntos religiosos. ¿Por qué la religión aparece en su patria tan mezclada con la política, el poder y la ambición de los grandes?.

Juan no está hecho como para dejar cosas sin resolver. Siente que no debe postergar un discernimiento serio. Con firmeza y muy urgido empieza la dura reflexión. El mismo, más tarde, dará detalles de este proceso.

"Yo había sido educado en la creencia de que el Calvinismo era la verdadera religión. Pero conducido por Dios a dejar por un tiempo el país natal para ir al extranjero, tuve ocasión de consultar a varias personas doctas, italianas, francesas y alemanas, sobre la verdadera fe y religión. A causa de esto mi espíritu se consuma en la ansiedad y las dudas interiores, porque no me era posible asegurar cuál era la verdadera, entre las varias confesiones religiosas que encontraba en Europa. Finalmente resolví dejar en manos de Dios todo este asunto, ya que las discusiones me hacían cada vez más confusa y complicada la cuestión. Para dar este paso, me apoyé en los textos de la Sagrada Escritura que dicen: Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, también en el texto: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo los aliviaré".

"Después de prolongada reflexión, conseguí ver que todas las probabilidades y motivos racionales me llevaban a aceptar a la religión católica, a la que apellidaban Papismo. A ella pertenecían muchas personas de toda categoría, emperadores, reyes, príncipes y de la nobleza. Allí se mantenía la unidad de la fe, característica de la Iglesia romana. Allí la antigüedad, la sucesión no interrumpida. La virtud sincera y perfecta, manifestada en el desprecio del mundo y demostrada por sus miembros de toda condición social. También estaba el número de milagros, obrados en confirmación de la fe romana. Una multitud de personas doctas han defendido y siguen defendiendo esa misma fe. Y en los últimos tiempos una pléyade de mártires han dado la vida por ella".

"Por el contrario, advertí que los ministros protestantes escoceses no podían aducir en favor de sus creencias, ni antigüedad, ni sucesión apostólica, ni unidad, ni siquiera razones convincentes para un hombre instruido, y mucho menos textos de una Biblia, adulterada por ellos en tantos pasajes".

¿Quién lo guía en este discernimiento?. No lo sabemos. El orden y el plan de la reflexión parecen ser los señalados por San Roberto Belarmino en sus célebres Controversias. Los escritos son muy conocidos en Lovaina y en el resto de Europa. Est n en las manos de todos los que estudian. Juan debió conocerlos o por lo menos cotejó las dudas con personas muy cercanas al pensamiento de ese gran teólogo. Años m s tarde, este libro de las Controversias le es quitado en la ciudad de Glasgow.

Después de la agónica indecisión y su serio discernimiento Juan descubre que su verdadero hogar est dentro de la Iglesia Católica.

Él es joven, y puede prestar algún servicio a su amada Escocia. La religión es tremendamente importante.

"Movido por estas razones, resolví abrazar la fe católica romana y estar pronto, con la ayuda de Dios, a defenderla no sólo con mi palabra sino también con mi sangre, estimando que no hay en el mundo un honor que pueda compararse al de sufrir y morir en defensa de la Iglesia Romana".


En el Colegio de Douai

Terminado el discernimiento, Juan decide ejecutarlo de inmediato. Viaja a Lovaina para integrarse al Colegio escocés de Douai.

Allí encuentra al joven jesuita Cornelio a Lápide, quien va a alcanzar más adelante fama de gran exegeta y que va a recordar conmovido y afectuosamente a su "joven catecúmeno" en el célebre "Comentario al Libro del Profeta Isaías". Guiado por Cornelio a L pide se integra a la Iglesia católica.


En Alemania

Las dificultades económicas del Colegio de Douai en Lovaina, obligan a su Rector a mandar a gran parte de sus estudiantes a otros Colegios.

Juan Ogilvie es enviado al Colegio que depende del Monasterio de benedictinos escoceses de Regensburg. Muy pronto pasa a Olmütz beneficiado por una beca fundada por Gregorio XI para un estudiante extranjero.

En Olmütz, a través del contacto con los jesuitas, profesores de filosofía y teología, Juan se da cuenta que el Señor lo llama claramente a la Compañía de Jesús. Ha llegado al final de su generoso discernimiento.


El noviciado en Austria

Con su habitual lógica y consecuencia decide pedir la admisión. Y emprende la marcha a pie, hasta Viena, para ver al P. Provincial a quien corresponde resolver. El parecer del Provincial es favorable.

El 5 de noviembre de 1599, a los 20 años de edad, entra en el Noviciado de la Provincia austríaca, en Brno. En ese mismo Noviciado, muy pocos años antes, había entrado San Edmundo Campion, de cuyo martirio en Inglaterra se leen las relaciones y se habla de él con veneración.


La formación jesuita

Juan sigue, una tras otra, sin prisa, las distintas etapas de la formación de la Compañía de Jesús.

Después del noviciado hace los votos perpetuos de castidad, pobreza y obediencia que pronuncia el 26 de diciembre de 1601.

Los estudios de filosofía los realiza en Graz. El magisterio, en el colegio de Viena, donde trabaja además con gran éxito en la Congregación Mariana de jóvenes (hoy, Comunidades de Vida Cristiana, CVX). La teología, en Olmütz.


En Francia

Una orden del Padre General, Claudio Acquaviva, lo destina, en 1610 a París. Allí, ese mismo año, recibe la ordenación sacerdotal. Una vez más renueva ante el Señor y los Superiores su repetida petición de que se le permita trabajar como sacerdote en su querida Escocia.

La respuesta de la Compañía es muy semejante a las anteriores: deber tener paciencia y dejar a los superiores la disposición de su destino.

Tres años enteros permanece Juan en Francia, en la ciudad de Rouen, conforme a lo dispuesto por el General de los jesuitas. Estos tres años le son extraordinariamente provechosos.

En repetidas ocasiones se encuentra con misioneros procedentes de Escocia y adquiere noticias de su patria. Conoce con detalle las necesidades religiosas de sus compatriotas católicos perseguidos y se prepara con la oración al apostolado que más anhela. Y lo más importante, adquiere una experiencia pastoral muy completa.


El destino a la patria

A mediados de 1613 recibe del P. Claudio Acquaviva la "misión" de regresar a Escocia.

Los preparativos son muy rápidos. En octubre de 1613 se embarca. Sonriente piensa que este viaje, en sentido inverso, es muy diferente al de hace veinte años atrás. Entonces era un muchacho de importante familia que sueña con glorias terrenas. Ahora es un hombre maduro que, de regreso, no viste el traje correspondiente a su rango, ni tampoco el de sacerdote.

Para cualquiera, es un oficial que regresa de las campañas de Europa y al presente, dedicado al comercio de los caballos.


Escocia

Las condiciones religiosas de Escocia no pueden ser peores, más deplorables aún que en Inglaterra. La alta nobleza, casi toda, ha capitulado a las ideas calvinistas y aún los católicos se muestran tibios y muy temerosos.

Nadie se atreve a arriesgar bienes o vida amparando a sacerdotes católicos proscritos. Alquilar una casa a alguien sospechoso de catolicismo es castigado con severísimas penas. Oír Misa es delito. Nadie puede salir del país si no promete antes que no se hará católico en el extranjero. Y aún, en este caso, no puede llevar consigo m s que una parte de sus bienes, debiendo dejar la otra a la familia y a los hijos, que est n obligados a educarse en el protestantismo. El que oye Misa, en el extranjero, pierde para sí y para sus herederos todos sus bienes. Estos pasan a poder de la Corona.


Ministerios

Juan Ogilvie desembarca en Leith, vestido de oficial escocés y bajo el nombre de capitán Watson. De inmediato se dirige al norte del país.

Allí, incansable, protegido por su disfraz de comerciante de caballos recorre prácticamente gran parte de Escocia. Con suma cautela confirma la fe de los católicos y hace volver a ella a algunos de los que la han abandonado. Para él éste es el tiempo más feliz de su vida.

Después de esos meses de vida errante se detiene por fin en Edinburgo en la casa de un abogado del Parlamento, Guillermo Sinclair, persona bien conocida por todos los sacerdotes, que siempre encuentran hospitalidad en su morada.


Viajes al extranjero

En febrero de 1614 viaja a Londres, unido a una delegación para tratar de obtener de Jacobo I o del ministro correspondiente la aprobación de un proyecto de tregua política o semipolítica en favor de la religión. Todo sin éxito.

Dos meses después, pasa al continente para tratar con su superior P. Gordon, en París. Con suma habilidad se mueve con su disfraz de comerciante de ganado.


Edimburgo

En julio de 1614 regresa a Edimburgo, a la casa de Guillermo Sinclair. Y el fruto apostólico empieza a madurar.

El mismo Sinclair lo declaro después: "El Padre no cesaba de atraer a los católicos al cumplimiento del deber. Alentaba y reavivaba el fuego de la fe. Exhortaba a perseverar con valentía. Tan grande era su diligencia y la perspicacia con que hacia estas cosas que me convencí de que su corazón ardía en el más noble deseo de difundir la fe. Y todos pensaban lo mismo que yo. Sus Misas eran muy frecuentadas y su palabra escuchada con amor y gratitud. Pero esto no le bastaba, iba a buscar a los católicos a sus casas para confirmarlos en la fe. Disfrazado, logró entrar hasta en las prisiones".


Glasgow

A fines de agosto de 1614 hace un viaje hasta Glasgow, a casa de Marion Walker, en cuya morada, convertida en refugio de misioneros, los sacerdotes oyen confesiones y distribuyen la Comunión.

Allí traba amistad con John Cleveland y la señora Maxwell, que son católicos en secreto, y con Roberto Heygate, el cual lo pone en contacto con muchos otros que necesitan ser instruidos y animados para abandonar el calvinismo y reconciliarse con la Iglesia Católica.

Trabaja con éxito y gran consuelo. Después regresa a Edimburgo.


La traición

El 1 de octubre, le avisan que en Glasgow hay otras cinco personas que desean reconciliarse con la Iglesia.

San Juan Ogilvie acude presuroso al llamamiento. Se aloja en la casa de Roberto Heygate. El día 4 de octubre celebra Misa ante numerosas personas. Entre los presentes se encuentra Adam Boyd que es una de las cinco personas que lo han llamado.

Después de la Misa el joven Boyd le pide al P. Ogilvie ampliar su instrucción religiosa. Convienen en que a las cuatro de la tarde un criado de Boyd lo iría a buscar a la plaza para llevarlo a su casa.

Adam Boyd se dirige, entonces, a casa del arzobispo protestante Jacobo Spottiswood para concertar el precio de su traición.

En esa misma tarde, el P. Juan Ogilvie, sin sospechar absolutamente nada, est en la plaza. Se pasea con su amigo James Stewart. Los dos amigos ven venir a Adam Boyd con una persona a quien no conocen. Boyd no se acerca. La otra persona invita a Juan a que lo acompañe. Pero James Stewart reconoce en esa persona a un criado del arzobispo y trata de impedirlo. Se produce, entonces, un altercado entre el criado y James Stewart. Este no quiere que su amigo caiga en la trampa, pero no se atreve allí, en público, a explicarle el peligro. Se junta mucha gente.

Juan escribe más tarde, en la prisión: "Mientras trataba de calmar el altercado, el populacho se me echó encima, me arrancaron la espada, y me empujaron violentamente de un lado al otro. Pregunté de qué se trataba. Les dije que estaban equivocados, que yo no peleaba con nadie. Los que peleaban eran los otros dos. Pero la multitud se lanzó sobre mí y casi en vilo me llevaron a la casa del preboste".


La prisión

Entretanto el arzobispo es informado. Reúne a su propia policía. Se dirige a donde está Juan y ordena que sea llevado a su presencia.

"Obedecí y él me dio un bofetón, gritando: Tú tienes la audacia de decir Misa en esta ciudad reformada. Yo le dije: Golpeándome, no obráis como un Obispo, sino como un verdugo. A estas palabras, como a una señal, se lanzaron contra mí, me golpearon, me tiraron y arrancaron el cabello de la barba y la cabeza. Me arañaron. Hasta que Lord Flemming, reprobando los desmanes, ordenó que terminaran".

Entonces el arzobispo ordena que Juan Ogilvie sea llevado a prisión. Le rompen la ropa. Le roban la bolsa con monedas, un sello, unas medicinas, el breviario y un compendio de las Controversias del cardenal Belarmino.


Los interrogatorios

Al día siguiente, 5 de octubre de 1614, tiene lugar el primer interrogatorio. "¿Has dicho Misa en el territorio del Reino?", le pregunta el arzobispo Spottiswood.

San Juan Ogilvie contesta: "Si es delito decir Misa, ello debe investigarse y probarse, no por mi palabra, sino por el testimonio de testigos".

El arzobispo se molesta: "Lo probaremos con testigos de vista". "¿Eres sacerdote?".

San Juan contesta tranquilo: "Si probáis que he dicho Misa, con lo mismo habréis probado que soy sacerdote".

"Jura", dice el arzobispo.

"¿Por qué tengo que jurar?", contesta Juan.

El arzobispo está furioso: "Para que los aquí presentes, en nombre y autoridad del Rey, puedan saber si has conjurado contra el Estado. Jura que no lo has hecho. De lo contrario te tendremos por culpable".

Juan con calma dice: "El juramento en vano es un pecado y va contra el mandamiento que dice: No jurarás el nombre de Dios en vano. Si yo llamara a Dios como testigo de mi inocencia, sería invocarlo en vano, porque yo sé que de nada me va a servir. Uds. deben probar la acusación con testimonios. Si no lo pueden hacer, ¿para qué atormentar sin razón a un inocente?".

El arzobispo dice: "¿Rehusas, entonces jurar, en nombre del Rey?".

"¿Qué tengo que jurar?", contesta Juan.

"Jura que vas a responder a todas nuestras preguntas sin equívocos y reservas mentales", dice el arzobispo.

“Como ninguna ley me obliga, juraré contestar lo que me parezca mejor", concluye San Juan Ogilvie.

Las preguntas y las respuestas van y vienen.

¨¿A qué has venido a Escocia?".

"A sacarla de la herejía".

"¿Y quién te ha dado jurisdicción, el Rey o algún Obispo?".

"La jurisdicción viene de la Sede Apostólica, en todo el mundo, para todo el que quiera apacentar a la grey".

"En Escocia es traición decir que el Papa tiene jurisdicción espiritual".

"Y, sin embargo, es de fe que la tiene".

"¿Tendrías valor de suscribir esta declaración?".

"Sí, y con mi propia sangre, si es necesario".

Terminado el interrogatorio Juan Ogilvie es llevado nuevamente a la cárcel. Lo atan con grillos a una pesada barra de hierro.


En la cárcel de Edimburgo.

En diciembre es trasladado a Edimburgo. En la cárcel es visitado por muchas personas las cuales ensayan diversos medios con el fin de arrancarle los nombres de los católicos que han tratado con ‚l en la ciudad.

Nada dice. Lo someten a la tortura llamada "perneras". Una cuña de hierro es introducida entre el anillo y la pierna y con golpes del martillo se produce un horrendo dolor.

Pero no pronuncia palabra que pueda comprometer a los católicos y a su conciencia. Tampoco faltan promesas de libertad y de bienestar, si da las informaciones pedidas. Juan Ogilvie no se quiebra.

Al décimo día, el 22 de diciembre, es sometido a un nuevo interrogatorio. En la víspera le aplican feroz tormento. Lleva nueve noches y ocho días sin dormir un instante.

"Me sentía débil, porque la falta de sueño me tenía abatido. A duras penas sabía lo que decía o hacia. Ni siquiera sabía dónde me encontraba. No recordaba el nombre de la ciudad donde me hallaba".


En la cárcel de Glasgow

El arzobispo Spottiswood lo hace trasladar a Glasgow, porque ‚l desea estar en su ciudad para Navidad.

En la cárcel lo hace vigilar muy estrechamente por temor a que pueda escapar. No le permite visitas y prohibe que le den papel y elementos para escribir.

Sin embargo San Juan Ogilvie puede escribir. Uno de sus fieles, también encarcelado, pero más libre, le pasa por debajo de la puerta de la celda, las hojas de papel y el lápiz, y recibe después de vuelta los pliegos escritos. Así es como conservamos la relación de su arresto, las condiciones de las prisiones y las torturas. Todo escrito de su puño y letra.


El interrogatorio real

El Rey Jacobo I se constituye en juez instructor. Manda al presidente del tribunal cinco preguntas para Juan Ogilvie.

El 1 de enero de 1615, el Padre contesta con franqueza. Declara que en los asuntos espirituales el Papa es el juez, aún del mismo Rey. Que el Rey no tiene jurisdicción alguna eclesiástica sobre sus súbditos.

Eso es suficiente para declararlo reo de la pena capital. El arzobispo Spottiswood se encamina a Edimburgo con las respuestas y las entrega al Rey.


La pena de muerte

La ejecución queda fijada para el 10 de marzo de 1615. Juan da las gracias al juez que pronuncia la sentencia. Lo abraza. Agradece a todos los demás, incluso al arzobispo. Les estrecha las manos y les asegura que los perdona a todos de corazón. Les dice que él espera el perdón de Dios.

"Que sea conducido al patíbulo, levantado para él en la plaza del mercado. Allí debe ser ahorcado y decapitado. Su cuerpo será descuartizado y expuesto en cuatro puntos diversos de la ciudad, a la vista del pueblo".


Una fuga posible

La noche del 9 de marzo es visitado por John Browne de Longhill el cual le da a conocer una posibilidad de fuga preparada por él.

Juan Ogilvie le sonríe con amabilidad, lo abraza y le responde que le agradece muchísimo. Pero le dice que prefiere la muerte por esta causa tan noble y que en realidad teme el verse privado de ella.

John Browne queda conmovido y llorando le promete estar junto a él, en el patíbulo, hasta el último instante.


La muerte

Cuando lo van a buscar, Juan está de rodillas y absorto en oración. Al llegar los guardias, se pone de pie y besa al verdugo, infundiéndole ánimo. A todos les promete perdón y se deja atar las manos.

En silencio se encamina al patíbulo. Sube al cadalso, besa la horca y se arrodilla.

El juez proclama que la ejecución no se debe a cuestiones religiosas, sino a la traición hecha contra el Rey.

Entonces Juan pide al ministro Roberto Scott que se digne repetirle en voz alta los ofrecimientos que le ha hecho en el camino al cadalso.

"Yo he prometido al señor Ogilvie la mano de la hija del Arzobispo y una riquísima prebenda si abjura de su religión", dice el ministro.

Juan insiste: "¿Querríais repetir esto, de modo que la gente pueda oírlo?"

“Cierto que sí", le asegura el ministro. Y volviéndose hacia el gentío, grita: "Prometo al Señor Juan Ogilvie la vida, la hija del Arzobispo, y una rica prebenda, con tal de que se pase a nosotros".

"¿Lo oyen?", pregunta Juan. ¿Lo atestiguarán cuando se presente la ocasión?".

"Lo oímos", grita la gente. "Atestiguaremos. Bajad, señor Ogilvie, bajad".

John Browne y los católicos quedan consternados, pensando que el P. John Ogilvie está cediendo.

"Los católicos empezamos a temblar y los herejes se regocijaron".

"¿No habrá peligro que más tarde yo sea considerado como un reo de alta traición?", grita Ogilvie.

"Ninguno", clama a su vez, el gentío congregado en la plaza del mercado.

"Entonces, ¿sólo por causa de la religión se me ha traído aquí como a un criminal?, dice nuevamente Juan.

"Sólo por eso", es el grito de respuesta.

"Muy bien", dice Juan triunfante. "Queda, pues, claro que se me condena sólo por causa de la religión. Y por ella, estoy dispuesto a dar cien vidas, y a darlas libremente, lleno de alegría. Jamás me arrancarán de mi religión".

Un grito de alegría se escapa de todos los labios de los católicos, que es casi ahogado por los alaridos de los protestantes.

El juez da la orden de ejecución. Juan sube por la escalera de la horca. Le ponen la cuerda al cuello.

Entonces se vuelve a la multitud y pide a los católicos que rueguen por él. Por último, todavía de pie, dice: "María, madre de la gracia, ruega por mí". "Todos los ángeles, rueguen por mí". "Todos los santos y santas de Dios, rueguen por mí".

De inmediato el verdugo retira la escalera y lo deja pendiente en el vacío. Es el 10 de marzo de 1615.

Algo ocurre en la plaza. La multitud está ahora en silencio. Hace un momento gritaban hasta el cansancio. Pero ahora todos están avergonzados.

Cuando el verdugo quiere continuar con la sentencia, el griterío de protesta es ahora enorme. No se puede seguir. Las autoridades suspenden todo el resto.

Entero, sin decapitarlo o partirlo en pedazos, el cuerpo es echado a la fosa común.


La glorificación

San John Ogilvie es canonizado el 17 de octubre de 1976. Es el Mártir del Primado Romano.






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Tomado de:
http://www.cpalsj.org/

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P. Felipe Mac Gregor, S.J. al cumplirse un año más de su partida


RECUERDO DEL P. FELIPE MAC GREGOR
(1914-2004)


P. Armando Nieto Vélez, S.J.




Entre los sacerdotes empeñados en la tarea educativa en el Perú destaca nítidamente -en la segunda mitad del siglo XX- el padre Felipe Estanislao MacGregor Rolino S.J. Maestro universitario en el campo de la Filosofía, Rector del Colegio de la Inmaculada y -por largos años- de la Pontificia Uni
­versidad Católica del Perú, el padre MacGregor se señaló por su espíritu de trabajo, la claridad de ideas, el sentido de responsabilidad y de generoso ser­vicio en la formación de una sociedad más noble y justa.

Nació en el Callao el 20 de setiembre de 1914. Fue alumno del colegio Saint Joseph's (Maristas del Callao) y de los planteles de Vicentinos y Jesui
­tas. El 26 de marzo de 1931 ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en Córdoba (Argentina). Hizo los estudios de Filosofía y Teología en San Mi­guel (Argentina), con un paréntesis de enseñanza escolar en los colegios je­suitas de San Calixto de La Paz (Bolivia) y la Inmaculada de Lima.

Ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1944 en Buenos Aires, hizo la Tercera Probación en Salamanca y volvió a la patria para ejercer la tarea docente en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Por varios años dictó los cursos de Lógica y de Ética en la Facultad de Letras. Simultáneamente daba también cursos de Matemáticas a los alumnos mayores del colegio de la Inmaculada.


Durante varios veranos acudió a la universidad de Fordham (N. Y.) para obtener el grado de doctor en Filosofía con una tesis sobre la Filosofía de la religión en las obras de Augusto Sabatier.


En el año 1963 fue elegido Rector de la Universidad Católica luego del período rectoral de Mons. Fidel Tubino Mongilardi. Durante su gestión, se hizo realidad la construcción de la Ciudad Universitaria en el fundo Pando, cuando la Universidad empezó a disponer plenamente de la herencia de José
de la Riva Agüero y Osma. Fue el padre MacGregor el resuelto ejecutor de un plan de expansión, no sólo material -con los nuevos edificios de Pando- sino también con la apertura de la Universidad a nuevas carreras, especialidades y servicios. De esa labor, tenaz y constante, ha dicho el ingeniero Luis Guzmán Barrón Sobrevilla, ex Rector de la PUCP: "Cuando el padre MacGregor dejó el Rectorado, en 1977, la Universidad había desarrollado cualitativa y cuantitativamente y estaba preparada para dar el gran salto que la llevó de ser una comunidad de prácticamente cuatro mil alumnos, a su actual dimen­sión de más de diecisiete mil. Esto hace ver que, como Rector, el padre Mac Gregor no sólo fue un visionario de la Universidad de hoy, sino también di­rector de una eficiente administración".

Justamente su preocupación por una sólida formación ética y profesio­nal de la juventud en el campo de la Economía y la Administración lo llevó -hallando eficientes colaboradores del país y del extranjero- a la creación de la Universidad del Pacífico (1962).


El nombre del padre MacGregor como varón de pensamiento y acción lo hizo muy conocido y apreciado en los ámbitos internacionales. Colaboró con la UNESCO en París en el Seminario de Planificación de la Educación Supe­rior en América Latina (1963). Le eligieron Vicepresidente y luego Presiden­te de la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL). También fue Vicepresidente del Consejo de la Universidad de las Naciones Unidas por tres períodos; fundador de la Asociación Peruana de Estudios e Investigación para la Paz.


Comprendiendo la importancia de una buena formación -la cual busca siempre la excelencia académica-, el rectorado del padre MacGregor im­pulsó y estimuló la capacitación en el extranjero de los jóvenes talentos. Envió a más de doscientos profesores para cumplir estudios de maestría y doctorado en centros de prestigio. Inició el nombramiento de profesores a tiempo completo, como es lo propio de una buena universidad. Sobre la ta­rea específicamente universitaria tenemos el testimonio preciso de un cola­borador suyo, Alberto Varillas Montenegro, que fue por nueve años Secre­tario General de la Universidad Católica: "MacGregor fue un hombre in­cansable. Cada vez que regresaba de uno de sus frecuentes viajes al extran­jero, traía consigo un buen número de proyectos a medio avanzar que era necesario completar casi de inmediato para asegurar su financiamiento. Sin embargo, nunca presionó al personal y logró que quienes trabajaban junto a él lo hicieran compartiendo la misma mística y vocación por el tra­bajo serio que solía inculcar".


Como profesor y como rector buscaba siempre la correcta y pronta reali­zación de los trabajos de alumnos y subordinados. Era enemigo del facilismo, de la superficialidad y de la demagogia. En el ámbito académico perfiló el sistema de pensiones escalonadas y de becas para estudiantes de escasos recursos económicos. Su vocación de maestro y de humanista lo condujo a crear y mantener los semestres obligatorios de Estudios Generales (tanto en Letras como en Ciencias), a pesar de que la ley universitaria los dejó de lado. Estaba persuadido de que el Perú necesitaba avanzar no sólo en el plano de la instrucción, sino más aún en el de la educación; la cual, según el Concilio Vaticano II, debe promover el sentido de los valores y el cultivo de los princi­pios cívicos, morales y religiosos. Acerca de su exigencia como profesor se cuentan muchas anécdotas del padre MacGregor cuando enseñaba los cursos de Lógica y de Ética. Los alumnos suspendidos en los exámenes de aplazados de la Facultad de Letras no podían continuar en la Católica. Como eran va­rios los que se hallaban en tal condición, reanudaban sus estudios en San Marcos e integraron la autollamada "Promoción MacGregor".


En los últimos años de su Rectorado, y más aún como Rector emérito, el padre MacGregor insistió en fomentar los estudios en tomo a la justicia y la paz. En los aciagos tiempos del terrorismo, afirmaba que la paz no consiste únicamente en el cese de la violencia homicida, sino que había que lanzar una cultura de paz. Sólo así se conseguiría un país con armonía social, com­batiendo la inequidad, las desigualdades irritantes y la corriente funesta de la "criollada", basada en la viveza y la búsqueda afanosa del provecho fácil y egoísta.


Como ya hemos dicho, el padre MacGregor fue el fundador y animador de la APEP, Asociación Peruana de Estudios e Investigación par la Paz, de la cual también fue presidente hasta su fallecimiento. Organizaba tenazmente cursos, seminarios, publicaciones, con la finalidad de crear conciencia en pro de un mundo más justo y pacífico. En 1996 le fue otorgada la Medalla de los Derechos Humanos de la UNESCO, "por su contribución permanente al de­sarrollo de una Cultura de Paz". Abogaba por una sociedad liberada de esas violencias diarias y humillantes que degradan la capacidad de realización personal; no sólo la violencia delictiva sino aquella más sutil por ser estruc­tural y anónima. Es decir, más allá de la "paz negativa", anhelaba una "paz positiva".


Una personalidad de la vida peruana que conoció muy bien al padre MacGregor fue el general Francisco Morales-Bermúdez, expresidente de la República (1975-1980). Recuerda la persistencia y energía con que el padre
Felipe desempeñaba su tarea de propulsor de la paz. " ... Creía y esperaba en el Perú. Imaginaba un país en que hubiese comunión de identidades, afán de servicio y no de explotación, participación en las decisiones colectivas". Como religioso, el padre MacGregor fue ejemplar en el cumplimiento de la parábola evangélica de los talentos. A su fe en la Providencia, añadía el perseverante esfuerzo personal para hacer más productivas y multiplicadas las cualidades personales y profesionales. Antes de ejercer el rectorado de la Universidad Católica, ya había sido rector del colegio de la Inmaculada y Provincial de la Compañía de Jesús en el Perú (1958-63). Es interesante mencionar que el padre MacGregor, fue el primer jesuita peruano, después de 191 años, que llegaba a ese cargo; ya que cuando Carlos III decretó la expulsión de la Compañía (1767), el provincial de entonces era el limeño pa­dre José Pérez de Vargas, muerto en el destierro de Massacarrara en 1786.

El 20 de setiembre de 2004 el padre Felipe había cumplido 90 años de edad. Su organismo se hallaba bastante debilitado y los médicos recomenda­ron que se le condujese a la Enfermería de la residencia jesuita de Fátima en Miraflores. Allí falleció el 3 de octubre. Tanto el velatorio como el funeral congregaron a centenares de personas que testimoniaban la gratitud y el afecto hacia el sabio sacerdote, el consejero prudente y discreto, el Amauta de las Palmas Magisteriales, el portador de la paz en foros internacionales, el servidor leal de la Iglesia.


El exdirector General de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, expre­só su condolencia: "Lo he admirado por su magisterio, su visión, su fe, su desprendimiento. Ha pasado del misterio de la vida al de la muerte; pero su esclarecida estela permanece". Y, en nombre de los jesuitas, el P. Carlos Car­dó manifestó: "Sigo teniendo en mis pupilas la imagen de Felipe que, por haber construido la paz entre nosotros, recibe la bendición eterna del buen Padre Dios y es llamado por Él: hijo mío".



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Tomado de la Revista Peruana de Historia Eclesiástica - Academia Peruana de Historia Eclesiástica, 2010.

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Jubileo de las 40 Horas - Octubre 2011


V. Sea por siempre bendito y alabado.
R. Mi Jesús Sacramentado.

Padre nuestro, Ave María y Gracia.




ACTO DE ADORACIÓN

Señor mío, Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre: Te adoro realmente presente en el augusto Sacramento del Altar. Mi Señor y mi Dios: En esta Hostia santa, confieso y de ninguna manera dudo, de la verdad de la presencia de tu Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad. Que todas las criaturas del cielo y de la tierra te alaben y te rindan infinitas acciones de gracias por el gran amor con que bajaste del cielo hasta nosotros, y por habernos dejado en prenda de ese amor tu mismo Cuerpo vivo e inmortal. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros. Danos tu paz y alimenta nuestras almas con esa comida espiritual, para que, ni en la vida ni en la muerte, nos separemos jamás de Ti. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


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TURNOS DE ADORACIÓN - OCTUBRE 2011


1 - 2 - 3
Santuario de San José el Justo. Nicolás Ayllón cdra. 4. La Victoria.

4 - 5 - 6
Virgen Peregrina. Bellas Artes c/3. Torres de San Borja.
San Miguel Arcángel. Los Precursores 501, Maranga, San Miguel.

7 - 8 - 9
Monasterio de Santa Catalina. Jr. Andahuaylas 1183, Lima.

10 - 11 - 12
Santa Teresita del Niño Jesús. Jr. Madre de Dios 333, Lima.
Jesús Redentor. Los Canamelares 225, Maranga, San Miguel.

13 - 14 - 15
Cristo Rey. Enrique Villar 605, Santa Beatriz.
Cristo Sacerdote. Jr. Choquehuanca 239, Maranga, San Miguel.

16 - 17 - 18
Santísima Trinidad. (Mis Santos Apóstoles) Jr. Junín 891, Lima.

19 - 20 - 21
Santa Beatriz. Av. Militar 1812, Lince.
San Judas Tadeo. Calle B, C/2 Pque. Bartolomé Herrera, San Miguel.

22 - 23 - 24
Monasterio de Santa Clara. Jr. Ancash cdra. 8, Lima.

25 - 26 - 27
Ntra. Sra. del Sagrado Corazón. Mama Ocllo 1880, Lince.
Ntra. Sra. del Carmen. Av. Arica 505, San Miguel.

28 - 29 - 30
Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Av. Brasil 496, Breña.

31
Santa Rosa de Lima. Almt. Guisse 2150, Lince.
María Madre de Dios. Av. La Paz 600, Miramar, San Miguel.


Fuente: "Jubileo de las 40 Horas, Año 2011". Arzobispado de Lima.

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Para enterarnos más sobre el Jubileo, visitemos las anteriores publicaciones:









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Ofrecimiento Diario - Intenciones para el mes de Octubre


APOSTOLADO
DE LA
ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE
OCTUBRE



Ofrecimiento Diario

Ven Espíritu Santo, inflama nuestro corazón en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con él, por la redención del mundo.
Señor mío y Dios mío Jesucristo:
Por el Corazón Inmaculado de María me consagro a tu Corazón y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar; con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros tu reino.
Te pido en especial por las intenciones encomendadas al Apostolado de la Oración.






Por las Intenciones del Papa

Intención General:

Por los enfermos terminales, para que en sus sufrimientos sean sostenidos por la fe en Dios y por el amor de los hombres.






Intención Misional:

Para que la celebración de la Jornada Misionera Mundial acreciente en el Pueblo de Dios la pasión por la evangelización y el apoyo a la actividad misionera con la oración y la ayuda económica a las Iglesias más pobres.




Por las Intenciones de la Conferencia
Episcopal Peruana


Relanzar el espíritu misionero, no por el temor al futuro, sino porque la Iglesia es una realidad dinámica, como verdaderos discípulos de Jesucristo, que gozan transmitiendo a otros su divina palabra y compartiendo con ellos el amor que brota de su costado abierto en la cruz.






Los sufrimientos de los enfermos terminales

“...La Iglesia desea apoyar a los enfermos incurables y en fase terminal...
Es necesario promover políticas que crean condiciones que permitan a las personas sobrellevar las enfermedades incurables y afrontar la muerte de una manera digna... aumentar el número de centros de cuidados paliativos que proporcionen una atención integral, ofreciendo a los enfermos la asistencia humana y el acompañamiento espiritual que necesitan. Se trata de un derecho que pertenece a todo ser humano...” (Benedicto XVI. Jornada Mundial del enfermo. 8.12.2006. Extracto)

Eucaristía y Misión de la Iglesia

“... La Eucaristía no sólo es fuente y culmen de la vida de la Iglesia, sino también de su misión. Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera, capaz de llevar a todos a la comunión con Dios, anunciando con convicción: «Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros.» (1 Juan 1,3)”

Aparecida - Misión Continental

“... Como discípulos de Jesús y misioneros, queremos y debemos proclamar el Evangelio, que es Cristo mismo...” (29).


Eucaristía

Misa por la evangelización de los pueblos (Misal romano)
Palabra de Dios
Santiago 5, 15-16. Oración por los enfermos
Hechos 28, 7-10. Pablo visita y sana enfermos.
1 Corintios 15,1-58. La resurrección de Cristo y nuestra resurrección.
Juan 14, 1-14. Jesús nos llevará consigo a la vida eterna.

Reflexionemos

¿Cómo ayudaba Jesús a los enfermos?
¿Cómo ayudar nosotros a los enfermos?
¿Cuáles nuestra actitud ante los enfermos terminales?
¿Cómo ayudarles a prepararse para la muerte y a su encuentro gozoso con el Señor?

P. Antonio González Callizo, S.J. Director Nacional del Apostolado de la Oración



Invitación

A participar de la Misa dominical de 11:00 AM en la Parroquia de San Pedro y a acompañarnos en las reuniones semanales a las 12:00 M en el claustro de la parroquia, todos los domingos.
Asimismo, invitamos a la Misa de los primeros viernes de cada mes en Honor al Sagrado Corazón de Jesús, a las 7:30 PM en San Pedro.

Visítenos también en:

http://www.apostlesshipofprayer.net Elegir idioma ESPAÑOL, hacer clic en ventana “Oración y Servicio”
http://www.jesuitasperu.org Apostolado parroquial
http://www.sanpedrodelima.org


¡ADVENIAT REGNUM TUUM! ¡Venga a nosotros tu reino!

Apostolado de la Oración
Azángaro 451, Lima