San Luis Gonzaga, S.J.




Fiesta: 21 de junio.

Es el Patrono de la Juventud. Supo dar preferencia a los valores verdaderamente importantes de la vida, dejando a un lado el poder, el honor y el dinero.

El P. Pedro Arrupe, en ese entonces general de la Compañía de Jesús, en el IV centenario del nacimiento de San Luis Gonzaga dijo: "Luis no negoció. No aceptó compromisos. No pudo aceptar las deformaciones hechas a Cristo por el mundo y la sociedad. Si el mundo negó a Cristo, él lo aceptó y lo siguió íntegramente".


Nacimiento

San Luis Gonzaga nace en Castiglione, el 9 de marzo de 1568. Su padre, don Ferrante, fue el Marqués de Castiglione y su madre, doña Marta, la hija de los Barones de Santena de Chieri (cerca de Turín). El padre, muy orgulloso y altanero. La madre, más bien suave y y piadosa.

Luis es el primogénito y, por lo tanto, el heredero del marquesado. Su nacimiento fue muy difícil y puso en serio peligro la vida de sua madre. Tanto, que debió ser bautizado en el seno materno, antes de haber terminado de nacer.

Después, los marqueses de Castiglione tuvieron otros siete hijos. Solamente dos llegaron a la edad madura. Tres murieron muy niños y dos tuvieron trágica muerte.



Niñez y juventud.

La niñez de Luis fue la propia de todo niño noble de la época feudal. El padre lo miró con orgullo y con esperanzas, por ser su heredero. La madre lo cuidó con esmero y le enseñó a rezar. Los servidores y súbditos lo respetaron y adularon.

Al cumplir Luis los cuatro años de edad, es llevado por su padre al campamento militar de Casatelmaggiore. Allí, a la orilla derecha del río Po, no lejos del bosque de encinas que suministra la madera para las naves, se entrenan 3.000 soldados. Han sido solicitados por Felipe II, para la campaña de Túnez.

El marqués no cabe en sí de orgullo y pasea a su heredero, entre los soldados. Luis viste una pequeña armadura y lleva un arcabuz hecho a su medida. El padre goza al ver al hijo que disfrutando con su papel de caballero.

Luis, efectivamente, siente gusto, hasta llegar a cometer algunas imprudencias. Aprende a decir las palabras soeces de los soldados, sin entender el significado. Nadie, ni su padre, le da importancia. Todos sonríen, complacidos, porque ven en Luis al futuro buen soldado.

Un día, Luis, en el campamento, dispara su pequeño arcabuz y se quema la cara. Otra vez, se fue más atrevido. Cuando duermen los soldados por el calor de la siesta, roba un poco de pólvora y hace explotar un pesado cañón. El artefacto, al retroceder, por poco lo atrapa bajo las ruedas. Su padre se enfurece al oír el estallido, pero al enterarse de quién ha sido el culpable, se apacigua y se limita a reprenderlo sin violencia. En el fondo se siente orgulloso de su hijo Luis.

Pero Luis, menos indulgente que su padre, más tarde se echará en cara estas faltas infantiles. Las palabras soeces y el robo de la pólvora serán un día materia de arrepentimiento.


Educación.

Entre 1573 y 1576, don Ferrante se ausenta de Castiglione. En Mesina debe embarcarse con Don Juan de Austria para la campaña de Túnez. Después de la victoria, se dirige a Madrid para participar en la recompensa generosa.

Entretanto, los hijos quedaron al cuidado de doña Marta y del ayo florentino, el fiel Pedro Francisco del Turco. Este hombre recto tuvo un influjo notable en Luis. Cuando le oye decir palabras vulgares le pregunta: "¿Quién te las ha enseñado?". Sin titubear, Luis contesta: "Los soldados de Casalmaggiore". El ayo, entonces, le explica que una persona de condición no debe emplear, jamás, palabras soeces. Sumiso, Luis pregunta: "¿Un señor no debe decir estas cosas?". Pedro Francisco dijo: "No, de ninguna manera". Luis termina el diálogo: "Está bien. No las diré más". Y mantuvo su promesa.


Cambios notables.

Cuando don Ferrante regresó, en 1576, a Castiglione, por cierto que, encuentra a su hijo primogénito muy cambiado. A Luis, es claro, ya no le interesan los juegos militares. Y el todavía niño parecía mostrar ahora una personalidad, en los hechos y en las palabras, superior a la de un jovencito delos ocho años de edad.

Luis, a los ojos paternos, aparece más serio, estudioso, reflexivo y, tal vez, algo más piadoso. En los primeros estudios de latín y en los inicios del castellano, ha aprovechado. La primera impresión de don Ferrante es desilusión, porque le hubiera gustado ver en él las condiciones de un hombre de guerra. Después, el marqués la cambia por una más benigna. No será, tal vez, un gran soldado, pero sí, un excelente gobernante. Queda satisfecho y decide dar al hijo la mejor educación que sea posible. Jamás supo que Luis ha dicho a doña Marta que él podría ser el hijo religioso que ella había confesado dicho desear.



Por las cortes feudales de Italia.

Don Ferrante decideió llevar, al año siguiente, a Luis y a su hermano Rodolfo a la corte de Florencia. Francisco de Médicis es el gran duque, y, su esposa, la archiduquesa Juana de Austria, es hija del emperador. En esa corte, los dos niños Gonzaga aprenderán el idioma toscano, se rozarán con los "grandes" y progresarán en cultura general. Florencia es la capital del arte.
En el viaje visitaron la célebre catedral de Lucca y veneraron las reliquias de la Santa Faz. Poco más de un mes estuvieron en Fiésole.



Florencia.

En Florencia, los Gonzaga establecen, el l de noviembre de 1577, una pequeña corte. Pedro Francisco del Turco es el ayo y el director. Hubo, además, un capellán y varios servidores. Don Ferrante vuelve pronto a Castiglione.

Luis aprovechó mucho en Florencia. Pedro Francisco del Turco, como florentino, le hace conocer toda la ciudad. Con él recorrió todo, pero en especial las iglesias de Santa María del Fiore, la Santísima Anunciata y San Giovannino. La facilidad de Luis en sus estudios del toscano y del arte le deja mucho tiempo libre. Asiste a las carreras de caballos, y recibe clases de esgrima y de baile.

En el gran palacio Pitti, sede de la corte de los Médicis, sus compañeras de juego son Ana, María y Eleonora de Médicis. La primera morirá antes de casarse. La segunda será reina de Francia y abuela de Luis XIV, el rey Sol. La tercera será duquesa de Mantua. El mayor del grupo es don Juan de Médicis, de trece años, hijo natural de Cosme y hermanastro del gran duque Francisco. El gran duque tiene, además, una amante y los cortesanos murmuran.
Una primera reflexión.

Poco a poco, Luis comienza a mostrarse en oposición al ambiente de lujo y ostentación de la corte.
Cuando iba al palacio Pitti, vestido con sus mejores galas, muchas veces se decía: "Encima de los marqueses está el gran duque, sobre el gran duque está el rey, y sobre el rey está el emperador. Pero sobre todos ellos está Dios ante quien todas las grandezas son polvo".

Luis desea elegir un confesor estable y, por consejos de su ayo Pedro Francisco del Turco, escoge al Rector del Colegio de los jesuitas, el P. Francisco de la Torre. Este fue el primer contacto de Luis Gonzaga con la Compañía de Jesús.



El voto de perpetua virginidad.

Su padre espiritual le da el librito del P. Loarte, jesuita, "Misterios del Rosario". Luis lo lee y lo relee, meditándolo. Y muy pronto se mueve a imitar la pureza de la Santísima Virgen.
Un día, orando de rodillas, en la iglesia de la Santísima Anunciata, decide hacer una ofrenda heroica.



El P. Virgilio Cepari, confesor de San Luis y su primer biógrafo, nos cuenta así el hecho: "Le vino al pensamiento que sería servicio muy acepto a la Virgen Santísima, si él, por imitar cuanto le fuese posible su pureza, le consagrase desde luego con particular voto su virginidad. Con este pensamiento, estando un día en oración delante de la imagen que llamamos de la Anunciata, a honra de la Virgen, hizo voto a Dios nuestro Señor de perpetua virginidad".


Mantua.

Por el verano de 1579, don Ferrante llamó a sus hijos de regreso. El había obtenido del emperador, por fin, el ansiado título de príncipe del Sacro Imperio Romano. Y quería que sus hijos estuvieran presentes el día de la investidura del "príncipe de Castiglione". Por otra parte, el duque de Mantua, su pariente, le encargaba la defensa de sus estados. Y además, la corte de Florencia no era la misma al ser elevada a gran duquesa la antigua amante de Francisco de Médicis.

En noviembre de 1579, Luis y Rodolfo se incorporan a la corte del duque de Mantua. Fueron seis meses. El duque Guillermo, el jorobado, y su esposa Leonor, hija del emperador Fernando, han hecho de Mantua una corte floreciente. La duquesa es una mujer piadosa y muy pronto se interesa por Luis. Pero éste no frecuenta mucho el palacio.

La salud de Luis, en Mantua, se resiente. Increíble:, a los 11 años, tuvo cálculos renales. Los escasos conocimientos de los médicos de la época aconsejaron la disminución de los alimentos y beber muy poco líquido. Luis sigue los consejos médicos y prácticamente ayuna durante toda su estadía en Mantua. A los seis meses debe regresar a Castiglione.



Regreso a Castiglione.

El regreso a la casa y la cercanía de doña Marta lo alegraron en gran manera. Recupera la salud y tiene en su madre una confidente de sus luchas y anhelos.

Comienza a enseñar catecismo a los niños de la ciudad, guiado por el texto de San Pedro Canisio, y un día dice a su madre que quiría ser misionero como Francisco Javier.

En su habitación, pequeña y con la puerta siempre cerrada la puerta, Luis pasa horas leyendo salmos y diciendo sus oraciones acostumbradas. La Biblia, el Catecismo de San Pedro Canisio, las Cartas de San Francisco Javier y las Cartas edificantes de los misioneros jesuitas de la India son su lectura espiritual. Y poco a poco, de la oración vocal va pasando a la meditación y a la contemplación afectiva. Luis es dócil a la gracia de la consolación y, entonces, con mayor afán se da a mayores prácticas espirituales.



San Carlos Borromeo y la Primera Comunión.

Pero lo más importante para él es la Primera Comunión. San Carlos Borromeo, cardenal arzobispo de Milán, hace la visita pastoral a Castiglione en julio de 1580.

Los marqueses desearon alojar al cardenal en su palacio. Pero San Carlos decide alojar en la casa parroquial. Los dos santos se entendieron muy bien, el uno de 42 años y el otro de 12. La primera entrevista dura dos horas. Luis aprovecha la ocasión para proponer a San Carlos las dificultades que tiene para poder seguir la voluntad de Dios. En cierto momento, el cardenal le habla de la Eucaristía. San Luis le pide entonces hacer su primera Comunión.

El 22 de julio de 1580, el cardenal en solemne Misa pontifical, en presencia de todo el pueblo, le da a Luis la Eucaristía. A partir de entonces, alentado por San Carlos Borromeo, la vida espiritual del futuro Santo empieza a girar en torno a este Sacramento.

En Casal, con su padre.

Desde octubre de 1580 hasta mayo de 1581, Luis debe vivir en Casal, junto a su padre.

Don Ferrante decide distraer al hijo y forzarlo a llevar una vida de mayor contacto social. Luis se resiste y no quiere participar. El marqués se irrita. Luis permanece inconmovible. El muchacho no da argumentos. No discute. Pero permanece firme en su negativa.

En Casal, Luis toma la decisión de hacerse religioso. El tiene, ahora, algo más de trece años, y está en plena adolescencia.

Viaje a España.

En 1581, la emperatriz María, viuda de Maximiliano II y hermana de Felipe II, determinó viajar desde Praga a Madrid. Para rendirle honores el rey Felipe invita a muchos señores distinguidos a incorporarse a la comitiva. Don Ferrante en la invitación ve una excelente oportunidad para su ambición y futuro. Hay más horizontes en la corte de España que en su pequeño estado. Con rapidez, el marqués y toda su familia se incorporan en Vicenza al cortejo, en el mes de septiembre.

Luis tuvo una agradable sorpresa al conocer al capellán de la emperatriz. Era el jesuita portugués P. Francisco Antonio, quien fuera confesor del mártir jesuita inglés San Edmundo Campion. Ese mismo Padre había aconsejado al joven polaco San Estanislao de Kostka en Viena. Le había dado una carta de recomendación para que fuera admitido en la Compañía.

Luis emprende un largo viaje, por mar y tierra. Con la comitiva imperial y el P. Francisco Antonio, Luis visita Monserrat, de tantos recuerdos ignacianos.



En la corte española.

En marzo de 1582, Luis Gonzaga ya está instalado en la corte más imponente de Europa. Es todo un adolescente, de 14 años, alto, de buena figura, de ojos negros.

En la corte española, Luis y Rodolfo son nombrados pajes de don Diego, un pequeño de siete años, príncipe de Asturias y heredero del trono. Ser paje del futuro rey de España es un honor, así lo piensa don Ferrante. Pero a Luis, tal honor no lo preocupa mucho.

En Madrid, con profesores particulares, Luis hace buenos progresos intelectuales: en latín, ciencias biológicas, matemáticas, lengua castellana y filosofía. Incluso, en una visita a la Universidad de Alcalá, es invitado a presentar argumentos en una discusión académica. Lo hace en un buen latín y con particular conocimiento.

Su condición de paje lo obliga a quedar sometido, en este caso, a un niño a quien dobla en edad. Pero el carácter de Luis no siempre lo permitía. En una ocasión, el príncipe don Diego, irritado por un viento frío, gritó con indignación: "Viento, te ordeno que te vayas". De inmediato Luis le replicó: "Alteza, Ud. puede mandar a los hombres, pero el viento obedece a Dios, al cual también Ud. debe obedecer". Fue toda una rebeldía. La frase de Luis, circuló en la corte y al mismo Felipe II le gustó cuando llegó a sus oídos.

Y Luis, impertérrito, continúa con sus prácticas espirituales, iniciadas en Castiglione. Pide al P. Fernando Paternó, jesuita, que sea su director espiritual. Y empieza a vivir, en la corte, una vida austera y modesta.

Parecía ser un rebelde, contra la educación impartida a los "grandes", y que era la misma que él estaba recibiendo. Más de alguno lo criticó con dureza, pero también hubo otros que lo admiraron. Algo había en su modo de proceder que mostraba seriedad y un profundo convencimiento. Los más se acostumbraron a respetarlo.

El príncipe don Diego murió de viruelas el 21 de noviembre de 1582. Luis y Rodolfo debieron acompañar su cortejo a la cripta del Escorial.


Ante el rey Felipe II.

Cuando Felipe II regresa a Madrid, victorioso de su campaña portuguesa, Luis es el escogido para pronunciar el discurso de bienvenida.

En un hermoso y perfecto latín admiró a todos, hasta al rey. ¿Escribió Luis el discurso? ¿Lo ayudaron? ¿Por qué fue tan parco y nada dijo sobre las razones del rey para conquistar la corona vacante de Portugal? ¿Quiso mostrar que no le interesaba la riqueza o el poder?

Discernimiento espiritual.

Luis, en su discernir, poco a poco, fue llegando a la decisión que le parecía lógica: renunciaría a todo y se haría religioso.

Pero, ¿dónde? ¿Cómo saber que Dios quiere ese camino? Con oración, cada día más profunda, empieza a suplicar que el Señor le muestre su voluntad santa.

El discernimiento termina el 15 de agosto de 1583. El mismo lo contará más tarde. Ese día, mientras oraba ante el altar de Nuestra Señora del Buen Consejo, en la capilla del Colegio imperial de la Compañía de Jesús, sintió que la Virgen María le pedía que entrara en la Compañía de su Hijo.

Para Luis, entonces, todo queda claro. No duda más.

De inmediato cuenta todo a su confesor y director espiritual, el jesuita Fernando Paternó. Animado por él, lo dice a su madre. Doña Marta le da su apoyo y se encarga de decírselo a don Ferrante. Luis tenía entonces quince años y medio de edad.


Dificultades.

Después de esto, vino la guerra total. Don Ferrante explota en ira. Primero le echa la culpa a doña Marta. Después a los jesuitas. A Luis le reprocha con indignación: "¿Piensas pasar el resto de tu vida en una comunidad religiosa? ¡Sal de aquí! Y si no te vas te mando desnudar y azotar".

Luis con valentía contesta: "Quiera Dios que yo pueda sufrir algo por esto". Inmediatamente da media vuelta y sale de la habitación.

El marqués llama al P. Paternó y le echa en cara el haber empujado a su hijo primogénito hacia la vida religiosa. El P. Paternó le dice: "Hace sólo cuatro días que supe la determinación de su hijo. Es cierto, me imaginé que iba a llegar a esto, pero nunca lo hablamos".

Don Ferrante entonces, menos ofuscado, suplica a Luis: "Hijo, por lo menos, pon los ojos en otra Orden religiosa, porque la Compañía de Jesús no admite dignidades". Luis contesta: "Por eso mismo he escogido a la Compañía. Si yo quisiera dignidades no iba a cambiar la certeza del marquesado por otra muy dudosa".

El marqués pidió después a su pariente, Francisco Gonzaga, General de los franciscanos, de paso por Madrid, que convenciera a Luis de su error. Muy seriamente, tras un largo examen, el franciscano da un apoyo total al joven Luis.

Entonces, don Ferrante, acostumbrado a las batallas peligrosas decide replegarse. Si él llegaba a perder, Luis podría ingresar a la Compañía de Jesús en España, demasiado lejos de Castiglione. Además, Luis podría entusiasmarse, a ejemplos de San Francisco Javier, por las misiones de la India, separada por todo un año de navegación. Las otras Indias, las occidentales, dependientes de la corona española, eran más pavorosas aún y estaban separadas del mundo civilizado por una fosa interminable.

Echa mano, entonces, de toda su autoridad feudal y paterna. Decide regresar con su familia a Castiglione.

El regreso a Italia.

El viaje de regreso se hace por mar. Los Gonzaga viajan en compañía del P. Francisco, el General de los franciscanos. Luis acepta con obediencia filial y se dispone a dar en Italia una batalla sin cuartel.

Llegan a Génova el 28 de julio de 1584 y se trasladan en seguida a Castiglione.
No hubo discusiones, pero Luis con su vida demuestra que su decisión no admite retrocesos.

Por las cortes de Italia.

Unos pocos días después, don Ferrante dispone que Luis y su hermano Rodolfo inicien un viaje por varias cortes de Italia: Mantua, Ferrara, Parma, Pavía, Turín, y a Chieri, la casa de sus tíos maternos. Podría ser éste un buen camino para olvidar la vocación.

En Mantua, Luis vuelve a encontrarse con su tío Guillermo - el duque jorobado - y la duquesa doña Leonor, con quienes había vivido seis meses en 1579. Su primo Vicente, el heredero, se ha casado recientemente con Eleonora de Médicis, la que fuera compañera de Luis en el palacio Pitti. Fueron unas semanas agradables.

En el viaje a Ferrara, la comitiva hace una visita al Noviciado de los jesuitas en Novellara. Un testigo de entonces dijo: "La visita de Luis nos produjo verdadera consolación y nos confirmó fuertemente en nuestra vocación, al saber que el príncipe deseaba entrar en la Compañía, pero que todavía no encontraba ni el camino ni los medios.".

En Ferrara reina el duque Alfonso II de Este, casado con Margarita Gonzaga, hija del duque de Mantua y prima, por lo tanto, de Luis.

En Parma, Luis saluda al viejo duque Octavio Farnesio. El heredero, Alejandro Farnesio, estaba en Flandes con su esposa Margarita, la hija de Carlos V y gobernadora de los Países Bajos. Luis comparte unos días con el primogénito de Alejandro, el joven Ranucio, quien tenía entonces diecinueve años de edad.

En Pavía, Luis encuentra a Federico Borromeo, cuatro años mayor que él. Una profunda amistad se establece casi de inmediato entre los dos jóvenes. Borromeo conservará siempre un gratísimo recuerdo de las largas conversaciones sostenidas. Después, Federico fue arzobispo de Milán y cardenal. Para la beatificación de Luis, se llenó de gozo y ofreció la colaboración de los tribunales de su diócesis para continuar el proceso de canonización.

A Turín la comitiva llega el 10 de agosto de 1585. Los duques de Saboya recibieron a Luis con gran simpatía, pero éste decide ser huésped del arzobispo Jerónimo de la Róvere, primo de su madre.

Desde Turín debieron dirigirse a Chieri. El barón Hércules Santena, tío de Luis, vino a encontrarlos y los invita con insistencia a fin de que conozcieran a todos sus parientes, a quienes nunca habían visto. Con modestia, Luis debió tomar parte en el banquete dispuesto en su honor.

Un día terminó el viaje cortesano. Luis y Rodolfo debieron volver a Castiglione. Llegaron contentos. Luis, dispuesto a seguir su batalla. Rodolfo, maravillado por lo mucho que había visto.
Luchas por la vocación.

Sin embargo, don Ferrante no se dio por vencido. Luis, una vez más, insiste. El marqués nuevamente niega su consentimiento. Tal vez cree que, por cansancio, vencerá a Luis.

La lucha dura seis meses. Al principio, un silencio duro. Después, don Ferrante consigue la intervención del duque de Mantua, quien envía a un prelado de su confianza para dialogar con Luis, en Castiglione. A la propuesta de conseguir para él dignidades eclesiásticas, Luis respetuosamente escribe: "Estoy muy agradecido a su alteza por el amor que siempre me ha dispensado, pero le ruego que crea que mi elección por la Compañía de Jesús va precisamente dirigida a eliminar para siempre las posibles dignidades y los honores."
 
Luego después, le toca el turno a Alfonso Gonzaga, señor de Castelgoffredo y hermano de don Ferrante. Don Alfonso no tenía hijos varones, solamente una hija. El feudo sería herencia para Luis.

Interviene también un tercer Gonzaga. El P. Virgilio Cepari no quiso dar su nombre. Sólo dijo de él que tenía gran autoridad. Este personaje fue muy duro. Los argumentos los dirigió en contra de la Compañía de Jesús. Esa Orden estaba y no estaba fuera del mundo. Prefería estar con él, y por eso hacía amistades con los grandes, con los reyes y señores. Intervenía en todo, aún en lo político. Más valía entrar a una Orden más segura, a los benedictinos o los camaldulenses. El golpe fue hábilmente dirigido. Pero Luis se afirmó en lo que tantas veces había pensado: "Las Ordenes citadas permiten que un monje sea arrancado de la soledad y sea hecho obispo o cardenal, cuando un rey o un príncipe lo proponen. Eso la Compañía de Jesús no lo permite, a no ser que el mismo Papa obligue."

Don Ferrante pide ayuda al arcipreste de Castiglione. Sabe bien que Luis lo quiere y admira. Tal vez, dijo Monseñor Pastorio, el camino escogido no es el de Dios. Luis respetuoso, defendió su causa. El arcipreste le dio la razón. Al salir de la entrevista dijo: "El señor Luis es un santo".

Por último, interviene fray Francisco Panigarola, famosísimo predicador. Más tarde éste dijo: "A mí me obligaron a hacer con este joven el papel del demonio. Y lo hice lo mejor que pude. No logré nada, porque Luis fue más fuerte."

Y como nada se avanza, de nuevo hubo un enfrentamiento con el padre. "Qué piensas hacer? "Entrar en la Compañía de Jesús". Y don Ferrante explota: "Sal del castillo. Apártate de mi vista.".

Con pena, Luis se retira a la casa de campo, junto a la presa del lago artificial. Allí viven unos frailes recoletos. Luis hace que le lleven la cama y los libros y queda en paz. Come con los frailes y con ellos reza.

A los pocos días, don Ferrante, postrado por la gota, pregunta por Luis. Al saber que no estaba en el castillo ordena: "Que venga en seguida.".

"¿Cómo te atreviste a dejar el castillo sin mi permiso? Y Luis contesta: "Ud. lo ordenó y yo le obedecí". Don Ferrante dice ahora: "Retírate a tu aposento."

Y Luis se decide entonces por la penitencia y el ayuno, para vencer la resistencia paterna.
Una batalla ganada por Luis.

Un día, los criados le pidieron al marqués que viniera a ver a su hijo. Conducido en una silla, porque la gota le impedía caminar, don Ferrante vio por el ojo de la cerradura cómo su hijo se estaba azotando.

Entonces el marqués acepta rendirse. Con lágrimas, aprueba que se escriba al P. General Claudio Acquaviva para que Luis sea recibido en la Compañía.

"Hago saber a Vuestra Señoría que le entrego lo que más quiero en este mundo y la mayor esperanza que tenía para la conservación de ésta mi casa. En el futuro tendré gran confianza en las oraciones de mi querido hijo y en las suyas".

El P. Acquaviva respondió que, gozoso, recibiría a Luis en la Compañía y que el noviciado lo haría en Roma y no en Novellaralla.


Estudios en Milán.

Mientras duraron las negociaciones ante el Emperador para renunciar al marquesado, Luis debió ir a Milán, en representación de su padre, a arreglar algunos asuntos pendientes. La misión encomendada duró casi todo el año 1585. Luis, a pesar de sus 17 años, pudo arreglar todo a satisfacción de don Ferrante.

Y al mismo tiempo, como alumno externo, prosiguió los estudios de filosofía en el Colegio de los jesuitas en Santa María de Brera.



La última tentativa.

Apenas don Ferrante recibió los permisos imperiales para traspasar a Rodolfo los derechos del primogénito, se dirigió a Milán. Al verlo llegar de improviso, Luis presintió la tormenta y se armó de valor.

Esta vez, la táctica del marqués fue la del afecto. Ponderó el daño que se haría a la familia Gonzaga, la decepción de los súbditos de Castiglione que lo admiraban, y el temor por la inexperiencia y ligereza de su hermano Rodolfo. En fin, él, por su avanzada edad y enfermedad, lo necesitaba como ayuda en el gobierno. Con cariño, Luis contestó con una sola frase: "Estoy convencido de que mi vocación a la Compañía de Jesús viene de Dios.".

El último recurso de don Ferrante fue acudir a la casa de los jesuitas en San Fedele. Allí consiguió que el muy famoso P. Aquiles Gagliardi examinara a fondo la vocación de Luis. Con honestidad, el P. Gagliardi aceptó el encargo y prometió argumentar muy seriamente y con verdadera imparcialidad. Don Ferrante exigió estar presente y el P. Gagliardi estuvo de acuerdo. Más de una hora duró el examen. Luis, con dientes y uñas, se defendió. Incluso citó pasajes de la Biblia y de doctores de la Iglesia. Citó a Santo Tomás. El P. Gagliardi quedó muy asombrado ante los conocimientos de Luis. No podía creer que un joven de corte pudiera saber tantas cosas de la vida religiosa. Al fin dijo: "Tienes la razón. No hay ninguna duda. Yo quedo convencido y edificado.".



La batalla final.

En el regreso a Castiglione, Luis se detiene en Mantua. Allí hace los Ejercicios espirituales de San Ignacio. En Castiglione, Luis encuentra a don Ferrante nuevamente muy cambiado. Su padre habla de que no será posible entrar en religión sino a los veinticinco años de edad, es decir, hasta la mayoría de edad de Luis. Este no acepta, por supuesto, y ruega al padre con toda el alma. Luis propone esperar dos años, con la condición de ir a vivir a Roma y que don Ferrante dé por escrito el permiso para su ingreso. Don Ferrante se niega rotundamente. El asunto parece estar de nuevo en cero.

Un día, Luis decide encarar a su padre. "Padre, yo dependo de Ud. Yo le digo de veras que Dios me llama a la Compañía. Si Ud. se opone, resiste a la voluntad divina."

Ahí don Ferrante se quebró. Y se puso a llorar amargamente. "Hijo, tú me has atravesado el corazón, porque te quiero. Siempre te he querido como tú lo mereces. En tií tenía puestas todas mis esperanzas, y las de mi casa. Pero si Dios te llama, como tú dices, yo no te puedo estorbar. Anda, hijo mío, adonde quieras. Yo te doy el permiso y te bendigo.". Y de nuevo volvió al llanto.

Luis no esperaba este desenlace tan rápido. Quedó helado y profundamente conmovido. Sólo atinó a decir: "Gracias, padre mío.". Hubiera querido consolar a don Ferrante. Se abstuvo. En su propio cuarto se postró en tierra y lloró. Dio gracias a Dios y pidió por su padre y por todos los suyos. Al fin, había ganado la gran batalla.



La renuncia al marquesado.

Ante la noticia, los habitantes de Castiglione se conmovieron. "¿Por qué nos dejas?. Nosotros te queremos.". Luis, sonriendo, siempre respondía lo mismo: "Porque no se puede servir a dos señores. Yo quiero servir al Señor del cielo. Traten Uds. de hacer lo mismo.".

El 2 de noviembre de 1585, en el palacio de Mantua, en presencia de todos los parientes Gonzaga, Luis firmó el documento de abdicación de todos sus derechos. Al estampar la firma, dice a su hermano: "¿Quién de los dos es más feliz? ¡Estoy seguro que yo!". A lo mejor, Rodolfo pensó de manera diversa.

Al banquete ofrecido a los parientes, por el dolido don Ferrante y la dulce doña Marta, Luis asiste vestido con una túnica negra, muy sencilla.



El viaje a Roma.

El día 4 de ese mes, Luis se despide de sus padres. Con su hermano Rodolfo, su amigo Pedro Francisco del Turco y una pequeña comitiva, da comienzo a su viaje hacia Roma. A las orillas del río Po, los hermanos se separan y el grupo de personas cruza el río, en barcazas.

En Ferrara, Luis se detiene para despedirse de los duques. Pasa por Bolonia y después llega a Loreto. Allí pasa todo un día en recogimiento y acción de gracias.

Luis llega a Roma el 19 de noviembre. La primera visita es al Gesù, al P. Claudio Acquaviva. Después siguieron las audiencias con los cardenales, varios de ellos, sus parientes. Visita las siete iglesias tradicionales.



El Papa Sixto.

Sixto V lo recibe con cariño y lo bendice. El Papa franciscano le habla de la pobreza. Luis le responde que ha reflexionado mucho y que se siente muy tranquilo. El Papa había nacido pobre y ha recorrido, de buena o de mala gana, la enorme distancia entre la pobreza y el trono de San Pedro. Luis iba por el camino inverso, de la riqueza al total abandono. El Señor los hizo entenderse perfectamente.
Ingreso al Noviciado.

El 25 de noviembre de 1585, San Luis ingresa al Noviciado de San Andrés del Quirinal. "Este es el lugar de mi vida, aquí habitaré, porque yo mismo lo elegí".

En la Compañía de Jesús encuentra, desde el primer día, lo que tanto había buscado. Paz y libertad. Ciertamente está en lo suyo. Y por ello da sinceras gracias a Dios.

Las cartas de Luis reflejaron esa felicidad. Las que escribe a su madre son verdaderamente admirables. Ella había sido su gran apoyo y una verdadera confidente. Siempre la amó tiernamente.

Su pobre padre, don Ferrante, falleció a los tres meses del ingreso de Luis a la Compañía. Y Luis sabía muy bien lo mucho que había sufrido. "De hoy en adelante podré dar al querido papá, con toda verdad, el nombre de Padre".



El Noviciado.

En San Andrés del Quirinal, por cierto, el recuerdo del santo novicio Estanislao de Kostka estaba muy presente. Para Luis, la oración junto a su tumba lo llenó siempre de consolación.

Las experiencias propias del noviciado le parecieron excelentes. El mes de Ejercicios fue, sin duda, el mejor tiempo de gracias, extraordinario. El llamado de Dios, confirmado. Sintió gusto, no vergüenza, al pasar por las calles de Roma, con las alforjas al hombro, pidiendo limosna. Sintió consolación al servir a los enfermos - en los hospitales - con trabajos muy humildes. Fue asiduo a los pequeños servicios comunitarios: el aseo de la casa, la atención del comedor y la cocina. En todo procuró ser uno de tantos.

También fue obediente cuando el Maestro de Novicios le prohibió las penitencias y le hizo disminuir el tiempo de oración.

A los tres meses, fue enviado a la Casa del Gesù para ayudar en los oficios sencillos de la comunidad. Allí estuvo dos meses, en la misma casa que habitó San Ignacio.



Nápoles.

Desde el 1 de noviembre de 1586 hasta agosto de 1587, estuvo en Nápoles. Con otros dos novicios fue enviado a cuidar a un Padre enfermo de tuberculosis. En esa ciudad, hizo los cursos de metafísica para completar lo restante de la filosofía. En julio de 1587, sostuvo en público y en presencia de tres cardenales, con verdadero éxito, el examen de toda la Filosofía.
En el Colegio Romano con San Roberto Bellarmino.

De regreso a Roma y terminado el tiempo de noviciado, el 25 de noviembre de 1587, Luis hizo los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia.

Pasa entonces al Colegio Romano, cuna de la Universidad Gregoriana, para los estudios de Teología. Es un alumno sobresaliente. Esto queda demostrado por las repetidas veces que preside actos académicos y defiende en público su tesis de Teología.

La tonsura clerical la recibe, en San Juan de Letrán, el 25 de febrero de 1588. Y en el mes de marzo le son concedidas, allí mismo, las órdenes menores.

En el Colegio Romano, su director espiritual fue otro santo, San Roberto Bellarmino. San Roberto, más que guiarlo, lo acompañó todo el resto de su vida.



Misión ante su familia.

En el tercer año de Teología, Luis debe viajar a Castiglione y a Milán. Doña Marta había suplicado, y obtenido de los Superiores de la Compañía, su presencia. Su hermano Rodolfo tenía problemas. Había un pleito por la herencia del marquesado de Solferino. También un matrimonio secreto.

Ambos asuntos fueron solucionados por Luis con gran prudencia. El duque de Mantua se atuvo a entregar el feudo de Solferino a Rodolfo, después de escuchar al joven jesuita. El joven marqués de Castiglione debió hacer público su matrimonio. Las razones por diferencias sociales no tenían valor para Luis. Así lo expuso y convenció a su hermano. La madre, doña Marta, quedó plenamente satisfecha y la paz volvió a la familia Gonzaga.

Para Luis, el arreglar asuntos políticos y familiares fue un verdadero sacrificio. Pero el mejor fruto, fue haber podido conversar largamente con su madre a quien tanto admiraba. Con el fin de darle gusto, predicó ante todo el pueblo el domingo de quincuagésima. Pasó con ella y sus familiares su cumpleaños. En Castiglione cumplió los veintidós años. A los tres días inició el viaje de regreso.



De nuevo en Roma.

En Milán debió detenerse casi dos meses. En el Colegio de Brera, su oficio fue servir a la mesa y preparar el comedor de la comunidad.

A principios de mayo es llamado a regresar al Colegio Romano. Viaja a caballo con un grupo de unos diez jesuitas. En el camino encuentra a muchos pobres, porque ese año ha sido de malas cosechas. Luis queda ciertamente muy conmovido. Ayuda con lo poco que tiene y atiende a todos con caridad.

De esos días es la famosa frase de Luis. Un jesuita, al ver tanta pobreza, le dijo: "Gran favor nos ha hecho Dios al permitir que no naciéramos con tanta necesidad y pobreza". La respuesta de Luis le salió de lo más profundo: "Es cierto. Pero mayor favor fue el no haber nacido en tierras musulmanas".

Regresar a Roma fue para Luis llegar a la patria. Más de una vez lo había dicho: "Si tenemos una patria en la tierra, yo no conozco otra sino Roma, donde nací para Cristo".
Presentimientos.

En octubre, comenzó Luis el cuarto año de teología. El Sacerdocio estaba muy cerca, ese mismo año. Pero él empezó a hablar, con mayor frecuencia, de la muerte. ¿La esperaba verdaderamente? ¿De veras la creía cercana? ¿Lo había sentido en la oración?

Al cardenal Bellarmino y al P. Virgilio Cepari les dijo: "Yo sepulté ya a mis muertos. Es hora de pensar en la otra vida".



La peste en la Ciudad Eterna.

Al comenzar el año 1591, en Roma se desata la peste. Las grandes muchedumbres habían abandonado los campos. Por las malas cosechas y el hambre, llegaron a la ciudad. Muy pronto los hospitales estuvieron llenos. Roma no estaba preparada. Demasiada pobreza y falta de higiene.
Los jesuitas colaboran con las autoridades. Junto a la curia generalicia, improvisan una pequeña hospedería para un centenar de mendigos. Hay que alimentar a los hambrientos, vestir a los pobres, atender a los enfermos. Los Padres y estudiantes del Colegio Romano, Luis con ellos, todos los días, con alforjas, recorren las calles, solicitando ayuda.

En el hospital de la Consolación, Luis pasa las horas junto a las camas de los más necesitados. El ministro del Colegio, el P. Nicolás Fabrini, atestiguará más tarde:

"Daba horror ver a tantos que se estaban muriendo. Andaban desnudos por el hospital y se caían muertos por los rincones y por las escaleras, con un olor insoportable. Yo vi a Luis servir con alegría a los enfermos, desnudándolos, metiéndolos en la cama, lavándoles los pies, arreglándolos, dándoles de comer, preparándolos para la confesión y animándolos a la esperanza. Luis no se separaba de los más enfermos y de peor aspecto".

Al caer el día, Luis regresa al Colegio cada vez más fatigado. Y cuando su compañero jesuita Tiberio Biondi contrae la peste, Luis dice: "De buen grado me cambiaría por él". Cuando le preguntaron por qué, dijo: "Porque ahora estoy preparado y más tarde no lo sé".



Mártir de la caridad.

Los superiores trataron de alejar a Luis de los enfermos contagiosos. La medida llegó tarde. El 3 de marzo, cuando iba al hospital de la Consolación, encontró a un apestado que, inconsciente, yacía en medio de la calle. Lo abrazó, lo echó a los hombros y a pie lo llevó a la Consolación. Allí lo atendió. Ese mismo día empezó la fiebre y el malestar.

A San Roberto Bellarmino le dijo que iba a morir y le preguntó si era malo desear la muerte. El confesor preguntó: "¿Por qué deseas morir?". Luis contestó: "Para unirme con Dios". Estuvo una semana entre la vida y la muerte. Quiso morir en el suelo, pero el P. Provincial lo prohibió.

Luis, después de la crisis, se recuperó, pero conservó una fiebre constante y dificultades respiratorias. Fueron tres meses de un lento extinguirse. Con amor, escribió a doña Marta una preciosa carta de despedida y, humildemente, le pidió su bendición maternal. Las visitas de sus amigos jesuitas fueron su mayor consuelo. Y muchos lloraron al verlo en ese estado.



La muerte.

En la tarde del día 20, el Papa Gregorio XIV le envía su bendición e indulgencia plenaria. Luis se consuela y se cubre el rostro lleno de confusión. Hacia las diez de la noche pide nuevamente el Viático. Recibida la Eucaristía, se despide de todos y de un modo especial del P. Provincial, del Rector del Colegio Romano, de San Roberto Bellarmino y del P. Virgilio Cepari.

En la madrugada del 21 de junio de 1591, rodeado de sus compañeros jesuitas, expira serenamente. Tiene 23 años y, unos pocos meses.



Glorificación.

Todos tienen conciencia de que han vivido con un santo. San Roberto Bellarmino obtiene del P. General, Claudio Acquaviva, la facultad de sepultar el cuerpo en la iglesia, "atendidos los méritos que tiene para llegar a ser un día canonizado".

La Iglesia autoriza el culto privado, equivalente a la beatificación, para Castiglione y los demás señoríos de los Gonzaga, en 1604, conjuntamente con Estanislao de Kostka para Polonia. La madre de Luis, doña Marta, pudo verlo en los altares.
            
Fue canonizado en 1726 con San Estanislao de Kostka. La Iglesia lo declaró Patrono de la Juventud.


Patrono de los enfermos de Sida.

El P. Peter Hans Kolvenbach, en el IV centenario de la muerte de San Luis Gonzaga, escribió a toda la Compañía de Jesús: "Lo que ha constituido la verdadera grandeza de Luis Gonzaga es que, siendo hijo de una Casa ilustre, emparentado con príncipes, cardenales y papas, rebelde contra su ambiente, al que perteneció por fuerza, fue un auténtico hijo de San Ignacio y discípulo, gozoso y fiel, del Rey verdadero. Luis aceptó todas las consecuencias de esta adhesión, no sólo cambiando su estilo de vida que parecía intocable, sino asumiendo radicalmente una vida de pobre, con Cristo pobre y siempre rodeado de pobres. Y acabó dando su vida por los pobres, ayudando a los apestados, abandonados, en las calles de Roma. No puede extrañnar, por tanto, el que hoy día, en muchos países, las víctimas del Sida hayan reconocido espontáneamente en él a su intercesor y que se propague cada vez más la imagen de Luis Gonzaga llevando en hombros las víctimas de la peste de nuestros tiempos".








...





Tomado de:


http://www.cpalsj.org/





...

El sacerdote es un don para la Iglesia y para el mundo



CIUDAD DEL VATICANO, 13 JUN 2010 (VIS).


El Año Sacerdotal, a cuya solemne clausura asistieron el viernes 11 de junio más de 15.000 sacerdotes y diáconos, fue el tema de la meditación del Santo Padre en el Ángelus del domingo siguiente. "El Año Sacerdotal ha llegado a su conclusión en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que tradicionalmente es la "jornada de santificación sacerdotal" y esta vez lo ha sido de forma especial", dijo el Papa a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.


"El sacerdote -prosiguió- es un don del Corazón de Cristo: un don para la Iglesia y para el mundo. Del Corazón del Hijo de Dios, desbordante de caridad, brotan todos los bienes de la Iglesia y, de forma particular, la vocación de aquellos que conquistados por el Señor Jesús dejan todo para dedicarse completamente al servicio del pueblo cristiano siguiendo el ejemplo del Buen Pastor".


El sacerdote está plasmado "por la misma caridad de Cristo, ese amor que le llevó a dar la vida por sus amigos y a perdonar a sus enemigos. Por eso, los sacerdotes son los primeros obreros de la civilización del amor", explicó Benedicto XVI, recordando a continuación a "tantos sacerdotes, conocidos y menos conocidos, algunos elevados a la gloria de los altares, otros cuyo recuerdo permanece indeleble en los fieles, quizá en una pequeña comunidad parroquial. Como sucedió en Ars, la aldea francesa donde desarrolló su ministerio San Juan María Vianney".


El Papa recordó también al beato Jerzy Popieluszko, sacerdote y mártir, que desempeñó su "generoso y valeroso ministerio al lado de los que se comprometían en la libertad y la defensa y dignidad de la vida. Su obra de servicio del bien y la verdad eran un signo de contradicción para el régimen que entonces gobernaba en Polonia. El amor de Cristo lo llevó a dar su vida y su testimonio fue la semilla de una nueva primavera en la Iglesia y en la sociedad".


"Si contemplamos la historia veremos cuantas páginas de auténtica renovación espiritual y social se han escrito con la aportación decisiva de sacerdotes católicos, llevados solamente de la pasión por el Evangelio y por el ser humano, por su verdadera libertad religiosa y civil. ¡Cuántas iniciativas de promoción humana integral han partido de la intuición de un corazón sacerdotal", concluyó el pontífice.


...


Fuente: VIS 20100614 (400)


...

Oración por los sacerdotes y la Iglesia



Oración


Padre Omnipotente y Misericordioso:


Hoy, que a tu Iglesia le toca ser juzgada por el mundo,
te pedimos perdones el pecado y las debilidades
de tus servidores humanos: sacerdotes y laicos.
cuida que no olvidemos nunca que en tus representantes humanos
aún obras y seguirás obrando por medio de ellos.


Haz que tu Iglesia, inspirada en el ejemplo de tu hijo Jesús,
redimida de sus errores, fortalecida y renovada,
brille como faro de tu Luz, sea levadura de transformación,
testifique, lleve esperanza, sanidad y vida
especialmente a quienes viven bajo la opresión y el sufrimiento,…
de este modo, ella llegará a ser lo que Tú quisiste cuando la fundaste.


Aumenta y fortalece la fe de todos nosotros, los creyentes en Ti,
para que, con tu gracia, podamos resistir con sabiduría y firmeza
todo lo que afecte nuestra fidelidad.


Que en este juzgamiento, previsible, necesario y purificador,
no venza el mal, ni el odio ni la ambición.


Y que María, Madre y Auxiliadora de los cristianos
proteja siempre a tu Iglesia, a tus sacerdotes y a tus fieles.


Amén.

Matrimonios: Remar mar adentro, 3º Parte




Somos el Cuerpo de Cristo

P. Vicente Gallo, S.J.




La Misa de cada día, y principalmente la del “Día del Señor”, el Domingo, nos reúne con Cristo a los creyentes “unidos en la Fracción del Pan” (Hch 2, 42). En torno a esa Mesa que Dios puso entre los hombres y que nos mandó mantenerla “anunciando la muerte de Señor hasta que él venga” (1Co 11, 26), “somos un solo cuerpo alimentado por el mismo pan” (1Co 10, 17). No sólo es “participar del mismo pan”, sino que es el único y mismo pan el que nos alimenta, como, cuando comemos, son todos los miembros del cuerpo los que se nutren. De veras somos el mismo Cuerpo de Cristo, cada uno siendo miembro de ese Cuerpo que Dios hizo suyo para salvar al mundo. Somos alimentados no con un alimento cualquiera, sino por la vida y vigor de Dios que nos da ese “pan del cielo”(Jn 6, 32).

En esa Reunión con el Señor Jesús, hacemos memoria del pasado de la Iglesia, que siempre, en sus veinte siglos, fortaleció el vivir su fe en esta Reunión Dominical. También alimentamos nuestro presente, con el “pan de la vida bajado del cielo” que es la carne del Señor: “Como el Padre vive y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me come vivirá por mí “(Jn 6, 55-58). Y hacemos, igualmente, “profecía “ de nuestro futuro, en el que creemos con Cristo Resucitado; traduciendo nuestra Reunión en firmes propósitos y en líneas de acción concretas, unidos con el Señor. En la Misa nos reunimos los creyentes como un solo Cuerpo, en medio del mundo que se ve disgregado y perdido. Nos apiñamos así los fieles, en medio de la Iglesia vacilante, que hasta en el matrimonio se disuelve más y más cada día, de una manera que, sin esa fe, nos causaría vértigo.

En nosotros ha de estar presente y actuando la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica. Una en la unidad de un mismo Cuerpo. Santa, como santo es el Cuerpo de Cristo, que es el Cuerpo de Dios; siendo santa en cada uno de sus miembros todos: en nosotros será santa o en nosotros será Iglesia pecadora. Católica, enviada al mundo entero, a todos los hombres sin distinción de raza, de cultura, y de mentalidad; hasta hacer con todos ellos el Pueblo de Dios salvado, su Familia con el Hijo: siendo hermanos unos de otros como Cristo se ha hecho nuestro hermano. Apostólica, permaneciendo fiel a lo que los Apóstoles predicaron y establecieron en nombre de Jesús y bajo la guía del mismo Espíritu Santo que, en Pentecostés, la puso en marcha para salvar al mundo.

Nosotros, al comenzar un tercer milenio, somos el Cuerpo de Cristo que, aquí y ahora, sigue marchando por los caminos del mundo “enseñando y haciendo “(Hch 1,1), como pasó por el mundo el Salvador Jesús: “Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus Sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino, y curando toda enfermedad y toda dolencia en el Pueblo”(Mt 4, 23). Marcos, al final de su Evangelio, relata esa misión con la que Jesús envía a los suyos cuando él pasaba ya de este mundo al Padre (Mc 16, 14-19); nos dice cómo ellos iban “por todas parte colaborando el Señor con ellos confirmando su Palabra con los milagros que los acompañaban”(Mc 16, 20). Son la infinidad de verdaderos milagros que Dios ha venido realizando en su Iglesia, a favor de sus santos, los verdaderamente de Cristo, a través de los veinte siglos de toda nuestra historia; milagros que son garantía de la certeza con la que creemos, esperamos y amamos unidos al Señor Jesús. Sólo en los 25 años de Juan Pablo II, más de mil, dado el número de los beatificados y canonizados por él, fueron los milagros dados y rigurosamente documentados.

El reto de la Iglesia y el nuestro, también en nuestros tiempos, es realizar de nuevo el misterio de la Encarnación de Dios el Salvador en nuestro mundo presente. En cada uno, configurando a Cristo en nosotros (Flp 3, 10). En las familias, haciendo de todas ellas una réplica de lo que fue “la familia” que Jesús hizo con los hombres en aquella casita de Nazaret. Aquella Familia de Dios en la tierra viene a ser el mejor ideal de la familia de Dios que deseamos realizar con las gentes del mundo entero, en la que Dios, hecho hombre, se encuentre feliz de haber plantado su tienda entre nosotros (Jn 1, 14).

En nosotros ha de brillar Cristo luciéndose en su Iglesia: con la rica variedad de sus dones y carismas, y en la unidad de su hermoso Cuerpo de Dios. Analizando los momentos de fervor de la historia pasada, recuperemos hoy un nuevo impulso en el compromiso con Cristo para evangelizar y salvar al mundo entero (Mc 16, 15-16). Podemos gozarnos, llenos de esperanza, viendo surgir en la Iglesia tal variedad de nuevos Movimientos de Renovación y de nuevos modos de evangelizar; verdaderamente nuevos, y con una vigencia que salta a la vista.

Centrándonos en nuestro Tema de “La Espiritualidad Matrimonial”, terminamos justamente con esta reflexión. Al examinar la realidad de nuestros matrimonios de cristianos, vemos claramente dos cosas. La primera que, si no es evangelizando a las parejas, unidas por Dios mediante el Sacramento, difícilmente podemos soñar en evangelizar el mundo y salvarlo: en las parejas sacramentadas debe realizarse de manera privilegiada ese ideal de Dios de hacer de todos una Familia, “una sola carne”, un solo cuerpo, en la Unidad semejante a la de Dios en sus tres Personas, por el amor mismo de Dios actuando en nuestros corazones: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Y la segunda es que, “espiritualidad matrimonial”, será el aplicar, en los matrimonios unidos por el Sacramento, todos los modos posibles con los que, haciéndonos de veras Cuerpo de Cristo, se haga realidad la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Para la salvación del mundo por Jesucristo.



Como conclusión, para terminar, nos planteamos una pregunta para revisión en pareja:
¿Qué tan conscientes estamos siendo de que “nosotros somos la Iglesia”, la Iglesia Doméstica, la Iglesia real, haciendo Comunidad semejante a la de Dios Trinidad, que haga visible ante el mundo y realice en él la obra salvadora de Cristo?



...


Agradecemos al P. Vicente Gallos, S.J. por su colaboración.


...

Sectas seudocristianas: Iglesia de la Unificación o secta Moon

Las Sectas en
Latinoamérica


31º Parte


P. Ignacio Garro, S.J.
Profesor del Seminario Arquidiocesano de Arequipa, ex profesor del Seminario de Trujillo.

1º Parte de 2.


2.- IGLESIA DE LA UNIFICACION (SECTA MOON) 11


El fundador de esta secta pseudocristiana es el ciudadano coreano, Young Myung Moon (después, cambiará de nombre: Sun Myung Moon, nombre con el que se le conoce actualmente). Nació en la aldea de Cheong-Ju, en Corea del Norte, el 6 de enero de 1920.


1.- ORIGEN

Es a partir de 1936 cuando comienza a hacerse notar, según las biografías oficiales de la secta, gracias a una experiencia mística que marcará toda su existencia. En la mañana de Pascua, el mismo Jesucristo se le aparece cuando oraba en la ladera de una montaña y le comunica la siguiente revelación:

"Tienes una misión importante que realizar para el cumplimiento de la providencia de Dios. Ya que Jesucristo no pudo revelar todo lo que tenía que decir ni asegurar la salvación total". (Pues la misión de Jesucristo quedó interrumpida por la muerte en cruz).

Desde ese momento quedó marcada la misión de Moon. Durante el período comprendido entre 1936 a 1945, el joven Moon estudió intensamente y trabajó con dureza para prepararse y desempeñar digna y responsablemente la tarea que se la había encomendado. En 1938, deja su pueblo natal y marcha hacia Seúl donde estudia en un Instituto Técnico. En 1941 marcha a Tokio y estudia Ingeniería Electrónica en la Universidad de Waseda.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial (1945), Corea es liberada de la ocupación japonesa. La nueva situación creaba un clima favorable para intentar llevar a cabo la revelación recibida. Meses más tarde, Corea es dividida en dos: Norte y Sur, quedando el Norte bajo dominio comunista. Moon cayó prisionero y el 14 de octubre de 1950 fue liberado de la prisión y pudo escapar a Corea del Sur. En 1951 comienza su predicación en la campo de refugiados de Pusan. Se traslada después a Seúl y el 1 de Mayo de 1954 funda oficialmente la "Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo Mundial", conocida más tarde como "Iglesia de la Unificación".

A partir de este momento y teniendo como plataforma Corea del Sur y más concretamente su capital, Seúl, inicia la secta su expansión. Expande su doctrina en el mundo estudiantil especialmente en la Universidad Femenina de Ewha. En 1955 aparece la primera edición coreana del "Principio Divino". Libro que propone su doctrina y el pensamiento de la nueva secta. En este mismo año de 1955 Moon envía misioneros a diversas ciudades de Corea del Sur. El 16 de junio sale el primer misionero para Japón. El 2 de enero de 1959 parte para Estados Unidos la profesora Young Oon Kim que se inscribe en la Universidad de Oregon con el fin de introducir el "Principio Divino" entre los universitarios americanos.

En 1960 es el año de la reorganización en serio de la secta. Se publica masivamente su "biblia" llamada "El Principio Divino", y se funda en Japón la "Liga - Anticomunista - Mundial" (WACL). Desde mediados de los años 60 envía misioneros a Europa: Alemania, Austria, Francia, España, Italia, Inglaterra.

Para entonces Moon se había casado tres veces. En 1960 tuvo lugar uno de los acontecimientos más relevantes de la vida del fundador y significativos para el movimiento moonista. Este año, después de tres matrimonios, Moon se casa, a los 40 años con una joven estudiante de 18 años, llamada Hak Ja Han. La nueva esposa es denominada como la "nueva Eva", y su boda, son las " bodas del Cordero". Desde ese momento ambos, son considerados en la secta como los "verdaderos padres" de toda la humanidad. A partir de este acontecimiento, toda actividad hacia Dios y hacia el mundo será llevado a cabo no por individuos aislados sino por familias. Teniendo esto en cuenta, se puede comprender el esmero que pone el Rvdo. Moon en celebrar los matrimonios de sus adeptos de forma colectiva.12



2.- ACTIVIDADES ECONÓMICO - POLÍTICAS


El Reverendo Moon (como gusta ser llamado), en 1965 da la vuelta al mundo visitando unos veinte países donde instalar su secta. En Estados Unidos tuvo contacto con el Presidente Eisenhower y más tarde con R. Nixon. Pero a la vez que habla y propaga su secta, prepara los fundamentos de lo que luego va a ser una gran multinacional de negocios.

La secta Moon posee una red internacional de más de 160 Sociedades Mercantiles multinacionales, y ha sido calificada por los expertos en finanzas y en comercio como una poderosa multinacional anticomunista y cristiana. Además posee unas 270 entidades supuestamente no lucrativas, con todo tipo de actividades comerciales y lucrativas. 13

La acción política de Moon está fundada sobre un anticomunismo feroz, siendo objeto primordial la lucha, si es necesario, lucha armada hasta eliminar el comunismo de Corea y del mundo entero. Por eso la Secta Moon ha sido muy apoyada por Estados Unidos y en todo el mundo occidental anticomunista. En 1968 se inicia progresivamente la expansión de la secta a gran escala. Se comienzan a fundar organizaciones - tapadera (como IFVOC, FCI, CARP, FLF, etc) y a legalizar la secta en diversos países europeos.

En 1969 se emprende la segunda gira mundial de Moon, se empiezan a editar periódicos y a organizar congresos de muy diversos temas para iniciar su infiltración en diversos sociales. En 1970 se inicia la actividad política de Moon. Todas sus organizaciones muestran una gran actividad protegidas por los influyentes personajes asociados a Moon, especialmente militares, políticos anticomunistas, etc. El dinero que sus adeptos recaudan vendiendo flores, revistas, etc, por la calle, sirve para financiar las actividades políticas de su "Mesías" coreano.

En 1973 ingresan en los Estados Unidos centenares de adeptos a la secta Moon para reforzar los planes de conquista del país, y de paso ayudar al presidente R. Nixon en el caso de Watergate. En abril de 1977 se inicia una amplia encuesta en Estados Unidos, llamada encuesta Fraser y realizada por miembros del Congreso norteamericano y publicada en octubre del mismo año, que arroja mucha luz sobre las verdaderas actividades de la secta a nivel internacional. En noviembre de 1978, el fiscal general B. Civiletti señala que hay motivos fundados para investigar el "lavado de cerebro" que la secta practica con sus adeptos, pero su informe no prospera. En 1979 Moon intenta establecerse ofiacialmente en Brasil pero no es aceptado. En 198, la secta Moon llega a Uruguay para instalar su base y "moonizar" todo Latinoamérica. Tardó muy poco en convencer a la dictadura anticomunista que gobernaba Uruguay. Se asoció a los más importantes dirigentes militares en lucrativos negocios y Moon tenía las manos libres para actuar en todo lo que quisiera. Al poco tiempo compró el periódico "Ultimas Noticias" y compró el tercer banco comercial de Uruguay en 65 millones de dólares. Invirtió una gran suma en el gran hotel "Victoria Plaza" con 2.500 habitaciones. Debido a las múltiples actividades comerciales y financieras que posee en todo el mundo, el lider de la secta Moon, está situado entre las primeras cincuenta fortunas privadas del mundo.



3.- DOCTRINA


Su misma autodenominación "Nuevo Mesías", continuador de lo que Cristo, según Moon, no pudo realizar debido a que lo crucificaron, conduce a vislumbrar lo que será su doctrina que se halla contenida en la obra maestra de la secta "El Principio Divino", y que es el catecismo de la secta. ¿Qué es el libro "El Principio Divino? Una interpretación sincretista de la historia de la humanidad ilustrada con pasajes bíblicos seleccionados y entendidos de manera antojadiza por el autor y orientado a sus fines sectarios.

La doctrina de este libro se presenta como la revelación de la verdad de Dios para nuestro tiempo. No es una repetición del Nuevo Testamento sino "algo nuevo" comunicado a Moon por Dios para que se lo manifieste al mundo. Sería una especie de "Tercer Testamento", la revelación definitiva de Dios. Según Moon el libro "El Principio Divino" debe desarrollar la función de unificar no sólo el cristianismo sino todas las religiones de la tierra.

Hablando del pecado original de Adán y Eva el libro "El Principio Divino" habla de una doble caída: espiritual y física. ¿Quién hizo caer a nuestro primeros padres en el paraíso? El causante de la caída no fue otro que Lucifer. El motivo fue doble: por una parte, el deseo del arcángel, Lucifer, de dominar a Adán y Eva, no obstante haber sido puesto por Dios precisamente para guiar al hombre y la mujer en su crecimiento. Lucifer tuvo un impulso de amor sexual hacia Eva a quien engañó, y tuvo unión carnal con ella; esta fue la caída espiritual. Por otra parte la unión sexual de Adán y Eva, fue la caída física. Según la doctrina de Moon la carencia de madurez de Adán y Eva impidió la bendición de su matrimonio por parte de Dios. Si hubieran sido unidos por el amor de Dios hubieran engendrado hijos libres de pecado hereditario. Pero en virtud de su unión con Satán introdujeron el mal y por ello sus descendientes son hijos de la caída, hundiendo así al mundo bajo la dominación satánica.

A partir de este momento es necesaria una restauración que sea capaz de levantar de nuevo al hombre y liberarle del gobierno satánico. Pero Dios no abandona su plan original y establece un mediador entre Dios y la humanidad caída. La mediación será el cometido que tiene que realizar el Mesías. Para que esto sea posible se requiere una preparación que deje expedito el camino al Salvador. Esta preparación se lleva a cabo a lo largo de la historia mediante una serie de emisarios especiales enviados por Dios: patriarcas, jueces, reyes, profetas. El último y mayor de todos es Juan el Bautista. Pero éste no dió testimonio ferviente de Jesús por no seguirle ni servirle como Señor; éstas fueron las causas del fracaso del Bautista como precursor encargado de preparar el camino. Este fracaso ocaisonó la lucha de Jesús contra los ataques satánicos, su ayuno y oración en el desierto.

Adán debía de tener un sustituto. En su lugar vino Jesús que debía elegir una novia para ocupar el puesto de Eva. Para esta afirmación apela a Mc 2,19 y Mt 15, 1, indicando que Jesús se refirió a sí msimo en varias ocasiones como novio. Si Jesús se hubiera casado, él y su novia hubieran sido verdaderos padres de la humanidad. Pero, por culpa de la muerte prematura le fue imposible realizar la misión de matrimonio bendecido.

La idea central moonista va encaminada a la formación de una sólida familia en el mundo. El fracaso de los primeros padres trastocó los planes de Dios, pero la voluntad de Dios es absoluta y cumplirá su promesa. A lo largo de la historia ha enviado emisarios que han fracasado pero llegará el "Señor de la nueva era" y culminará los planes de Dios. De tal manera exaltan a ese "Señor" que afirman: "Los hombres, en la era del testamento realizado, no se justificarán a través de las leyes de Moisés o por la fe en Jesús, sino siguiendo al "Señor" del "mundo nuevo". Para lograr la unificación de toda la humanidad tan sólo podrá conseguirse si Jesús y los del paraíso descienden y cooperan con quienes les han sucedido en su trabajo.

La interpretación y explicación que hacen de la larga historia de la restauración de todas las cosas conlleva una serie de etapas y cuya interpretación no ofrece absolutamente ninguna garantía. Veamos la doctrina moonista:

Hasta la aparición de Jesús el instrumento directo de la dispensa divina es el judaismo. Pero la crucifixión de Jesús anuló la dispensa divina de 2.000 años que van de Jacob a Jesús. La realización de la restuaración de todas las cosas sufre un retraso de otros 2.000 años a partir de la resurrección de Jesús, período que puede denominarse propiamente como de restauración. Para esta etapa nueva, los escogidos han sido los cristianos. En esta era del Nuevo Testamento distingue una serie de períodos marcados por personajes y acontecimientos que, según los planes de Moon, se relacionan con hechos de interpretación religiosa. Así la Revolución francesa que puede ser considerada como imagen de Caín y el surgir de la democracia moderna tipo norteamericana sería la imagen del justo Abel.

Estamos pues, en la nueva era y en ella también se suceden acontecimientos importantes, por ejemplo las dos guerras mundiales (1914 y 1941) y el inicio del comunismo. A cada uno de estos eventos Moon le adosa un significado especial. Así, los aliados en la primera guerra mundial, representan las potencias justas, mientras que las potencias centrales simbolizan el poder de Satanás. Japón e Italia, países antidemocráticos en su época, desempeñaron un papel satánico, y fueron derrotados en la segunda guerra mundial. E igualmente fue derrotado el nacional-socialismo de Hitler. Así con la victoria de los aliados, la indemnización y por ello ha sido posible la revelación. El inicio del comunismo es la tercera amenaza universal. La Unión Soviética con su ideología anticristiana es la representante del mundo de Satán opuesto al mundo de la libertad y bondad que el señor de la Segunda Venida establece bajo Dios.



Referencias:


11 Cfr. "La Iglesia de la Unificación" (Secta Moon). de Cándido Martin Estalayo, en "Pluralismo Religioso". Edic. Atenas, 1993. Madrid. Tomo II, Pags: 437 y s.s.
12 En 1977 casó 780 parejas en todo el mundo. En 1979 casó a 1800 parejas. En 1982 a 5800 parejas. Tiene predilección por hacer matrimonios masivos según un rito que él ha inventado y que interpreta como signo de unidad, fraternidad (y también de poder).
13 El conglomerado empresarial se compone de actividades tan variadas como: pesca, maquinaria pesada industrial, comercialización del "ginseng", industrias conserveras alimenticias, red de hoteles, bancos comerciales, prensa, editoriales, etc. En el área de la prensa escrita poseen : El New York City Tribune. Washington Times y Noticias del Mundo en Estados Unidos. Uruguay: Ultimas Noticias. Japón: Sekai Nippo. Inglaterra, Way of the World Magazine, y One World. Italia, Nuova Era. Francia, Nouvel Espoir. España, La Nueva Esperanza y Un Mundo Unido.

En el campo de maquinaria industrial tiene en Corea la Empresa "Tong II", en ella se fabrican armas tales como el fúsil de asalto norteamericano "M-16", el lanzagranadas "M-79" y la ametralladora pesada "M-60". Cfr. Jean. F. Boyer,
"El Imperio de Moon" Edit. Planeta, Barcelona, 1987. Pag. 96.


...

Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

...

Inmaculado Corazón de María



Inmaculado Corazón de María - Virgen de Fátima


Ésta fiesta está íntimamente vinculada con la del Sagrado Corazón de Jesús, la cual se celebra el día anterior, viernes. Ambas fiestas se celebran, viernes y sábado respectivamente, en la semana siguiente al domingo de Corpus Christi. Los Corazones de Jesús y de María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad desde el momento de la Encarnación. La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de María. Por eso nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María.


La fiesta del Corazón Inmaculado de María fue oficialmente establecida en toda la Iglesia por el papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, para obtener por medio de la intercesión de María "la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes". Esta fiesta se celebra en la Iglesia todos los años el sábado siguiente al segundo domingo después Pentecostés.


Después de su entrada a los cielos, el Corazón de María sigue ejerciendo a favor nuestro su amorosa intercesión. El amor de su corazón se dirige primero a Dios y a su Hijo Jesús, pero se extiende también con solicitud maternal sobre todo el género humano que Jesús le confió al morir; y así la alabamos por la santidad de su Inmaculado Corazón y le solicitamos su ayuda maternal en nuestro camino a su Hijo.


Una práctica que hoy en día forma parte integral de la devoción al Corazón de María, es la Devoción a los Cinco Primeros Sábados. En diciembre de 1925, la Virgen se le apareció a Lucía Martos, vidente de Fátima y le dijo: "Yo prometo asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen la tercera parte del Rosario, con intención de darme reparación". Junto con la devoción a los nueve Primeros Viernes de Mes, ésta es una de las devociones más conocidas entre el pueblo creyente.


El Papa Juan Pablo II declaró que la conmemoración del Inmaculado Corazón de María, será de naturaleza "obligatoria" y no "opcional". Es decir, por primera vez en la Iglesia, la liturgia para esta celebración debe de realizarse en todo el mundo Católico.


Entreguémonos al Corazón de María diciéndole: "¡Llévanos a Jesús de tu mano! ¡Llévanos, Reina y Madre, hasta las profundidades de su Corazón adorable! ¡Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros!





...



Tomado de:

http://www.ewtn.com/devotionals/heart/mary_sp.htm



...

Apostolado de la Oración: Culto al Sagrado Corazón de Jesús


3º Parte

P. Rodrigo Sánchez - Arjona, S.J.†







2º El culto al Sagrado Corazón de Jesús


El culto al Corazón de Jesús es otro de los elementos principales de la espiritualidad del Apostolado de la Oración desde sus orígenes.

La Iglesia nos enseña a ver representado en el Corazón Humano de Jesús el Amor de Dios a los hombres. El Papa Juan Pablo II nos decía:


«La Solemnidad del Sacratísimo Corazón de Jesús nos recuerda, sobre todo, los momentos en los cuales este Corazón fue “traspasado por la lanza” y mediante esto, abierto de forma “visible” al hombre y al mundo… Venerado el Corazón Divino aprendemos el misterio de la redención en toda su divina y, al mismo tiempo, humana profundidad. A la vez nos hacemos sensibles a la necesidad de reparación. Cristo abre hacia nosotros su Corazón para que en su reparación nos unamos con Él para la salvación del mundo» (Angelus, 27.6.82)


Juan Pablo II se une con estas palabras a las enseñanzas de tantos otros Papas, que animaron a los fieles a venerar al Corazón de Jesús según el espíritu de Santa Margarita María. Ella vio al Corazón de Cristo rodeado de llamas, abierto por la llaga, coronado de espinas y adornado con una cruz, y oyó decir al Salvador: «He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres… Y en reconocimiento no recibe sino ingratitudes de la mayor parte de ellos».


Los estatutos del Apostolado de la Oración animan a todos los miembros del Apostolado de la Oración a imbuirse de la espiritualidad y a cultivar las prácticas del culto al Sagrado Corazón. Y por esta razón dicen:


«Los socios se consagran a Él en respuesta del amor del Señor, y le ofrecen reparación por sus pecados y los de todo el mundo y practican y fomentan las diversas formas de este culto, aprobadas por la Iglesia» (II, 2)


Consagración quiere decir dedicación total al Señor en respuesta a su amor. El bautismo es nuestra “consagración” fundamental, en la que somos consagrados a la Trinidad y unidos místicamente con Jesús muriendo y resucitando (Mt. 28, 19, Rom 6, 3). En el culto y en la consagración al Corazón de Jesús tomamos conciencia de lo que somos y procuramos vivirlo con el mayor amor posible.


El mejor indicador de una consagración sincera al Corazón de Jesús será siempre el exacto cumplimiento de los mandamientos divinos. Pues el mismo Señor nos dijo: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14, 15)


La Reparación brota de una amarga experiencia nuestra, pues a pesar de haber conocido el amor de Cristo, muchas veces lo hemos traicionado, negado y ofendido como lo hizo San Pedro. Sólo nos queda el arrepentimiento, el deseo de deshacer en lo posible la ofensa a Dios, el rechazo del amor. Nuestro corazón arrepentido nos lleva necesariamente a la reparación.


Y para que sea eficaz nuestra reparación nos unimos a la reparación ofrecida por Cristo al Padre, en la cruz y hecha presente en la celebración Eucarística.


El socio del Apostolado de la Oración se anima a reparar también a Dios por los pecados, olvidos y ultrajes de todos los pecadores. Y de esta manera la reparación, según el Papa Pío XI, se convierte en un acto misterioso de amor al Redentor:


«Si a causa de nuestros pecados futuros, pero previsto se entristeció el alma de Cristo hasta la muerte, sin duda ninguna que ya entonces se consolaría un tanto por nuestra reparación futura, pero prevista también, cuando se le apareció un Ángel del cielo para consolar su Corazón oprimido por el tedio y la angustia» (Miserentissimus Redemptor, 45)


Según el mismo Papa Pío XI las dos principales prácticas reparadoras son la Comunión Reparadora de los Primeros Viernes y la Hora Santa.


El Apostolado de la Oración ha escogido como el gran día de su reunión mensual el Primer Viernes de cada mes. Esta práctica tiene su origen en las revelaciones hechas por el Señor a Santa Margarita María:


«He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres… y en agradecimiento no recibe de la mayor parte sino ingratitudes… Tú al menos dame el gusto de suplir su ingratitud cuando puedas… Te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos los que comulguen nueves primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; mi divino Corazón será su asilo seguro en los últimos momentos»


De estas enseñanzas de Santa Margarita María han brotado en la Iglesia dos prácticas piadosas en los primeros viernes; ellas son la Comunión Reparadora y la Hora Santa.


La Comunión de los Primeros Viernes adquiere su dimensión más honda para los miembros del Apostolado de la Oración, si comulgamos para reparar al amor del Señor por las ofensas nuestras y de otros, uniendo a su sacrificio los nuestros del mes que comienza (aceptar su voluntad en todo, cumplir con nuestras obligaciones, ejercer la caridad fraterna…)


Lo que quiere el Señor es que participemos los primeros viernes con amor agradecido en su sacrificio. Lo que nos promete es la perseverancia final, la salvación eterna. Y lo que nos pide es la comunión hecha con la intención reparadora de ofrecer a Jesús amor y agradecimiento por tantas personas, que le ofenden y lo olvidan.


Que esta reparación sea urgente en nuestros días nos lo hace ver el hecho de que hoy se cometen tantas maldades contra las imágenes vivas de Dios, las personas humanas y de que la oración y el culto a Dios son abandonados por tantos hombres aun católicos.


La Hora Santa tuvo un gran auge en el Perú hace todavía pocos años, pues su gran protagonista fue el sacerdote peruano Mateo Crawely.


El Señor pidió a Santa Margarita María le acompañase en su agonía una hora todas las noches del jueves al viernes de 11 PM a 12 AM. La Hora Santa es un ejercicio destinado a preparar a los devotos del Corazón de Jesús para celebrar con piedad el Primer Viernes del mes, tiene como finalidad el recordarles la Institución de la Eucaristía, la Pasión y la Muerte del Salvador, y se puede hacer en el templo o en la casa. Durante esta Hora Santa está aconsejando hacer el Viacrucis, rezar el Rosario, leer algún libro o meditar en la agonía del Señor en el huerto.


Pío XI, aceptando plenamente el mensaje de Santa Margarita María, escribía allá por el año 1928:


«Al aparecerse Cristo a Margarita María… se quejaba entristecido de tantas y tan grandes injurias como recibe de los hombres ingratos… Para reparar estos ultrajes, recomendó principalmente… el comulgar con intención de reparar – a lo que llaman comunión reparadora – , y a las preces y oraciones de reparación por espacio de una hora – a lo que propiamente se llama Hora Santa – . Ejercicios piadosos que la Iglesia no solamente ha aprobado, sino que los ha enriquecido con abundantes favores espirituales» (miserentissimus Redemtor, 39-40)


Y en 1980 el Papa Juan Pablo II nos habló de su visita a la basílica del Sagrado Corazón de Jesús en París, en donde según él perdura la adoración al Santísimo Sacramento y en donde siempre hay personas, que «con el espíritu de Santa Margarita María ofrecen reparación a ese Corazón, que tanto ha amado al mundo y al hombre en este mundo y que tantos ultrajes y olvidos recibe de él» (Angelus 8, Junio, 1980)


Los socios del Apostolado de la Oración no deberíamos nunca olvidar ese «espíritu de Santa Margarita», tan recomendado por los Papas, pues con él ofrecemos al Señor un obsequio de conversión y reparación.




Procesión de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en Lima, Perú.



El domingo 13 de junio se realizó la procesión de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús por las calles del Cercado de Lima, saliendo de la Parroquia San Pedro, Santuario Arquidiocesano del Sagrado Corazón de Jesús en dirección a la Catedral de Lima. Presidieron la procesión el P. Antonio González Callizo, S.J. Director Nacional del Apostolado de la Oración, el P. Enrique Rodríguez, S.J. Párroco de la Iglesia de San Pedro, el P. Guillermo Villalobos, S.J. y el P. Alfredo Ruska, S.J. Acompañaron la procesión el Apostolado de la Oración y todos los grupos parroquiales, asociaciones y cofradías, además de los fieles en general.


A su retorno al templo de la Iglesia de San Pedro, se celebró la Eucaristía de Acción de Gracias, presidida por el P. Guillermo Villalobos, S.J. y concelebrada por el Párroco P. Enrique Rodríguez, S.J. y el P. Alfredo Ruska, S.J.


La organización estuvo a cargo de los hermanos del Apostolado de la Oración, quienes año tras año se encargan de esta celebración.

...


Fotos: De arriba hacia abajo


1º Procesión por las calles del Cercado de Lima, presiden la procesión de izquierda a derecha: P. Alfredo Ruska S.J.; P. Enrique Rodríguez S.J. Párroco; P. Guillermo Villalobos S.J. y P. Antonio González Callizo S.J. Director Nacional del Apostolado de la Oración.


2º Procesión haciendo su ingreso a la Plaza Mayor de Lima, Perú.


3º Imagen de Nuestra Señora de los Remedios en la Plaza Mayor de Lima, que antecedía a la imagen del Sagrado Corazón.


4º Imagen del Sagrado Corazón de Jesús en la Plaza Mayor de Lima.


5º Recibimiento en la Parroquia del Sagrario, Plaza Mayor de Lima, por parte del párroco P. Martín Arenas. De espaldas de izquierda a derecha P. Enrique Rodríguez S.J., P. Antonio González Callizo S.J. y P. Guillermo Villalobos S.J.


6º Palabras de Monseñor Guillermo Abanto en la Plaza Mayor.


7º y 8º Imagen del Sagrado Corazón en la Plaza Mayor de Lima.


9º Imagen del Sagrado Corazón frente al Palacio de Gobierno.


10º Imagen del Sagrado Corazón luego de la procesión, ingresando al templo de la Iglesia de San Pedro, Santuario Arquidiocesano del Sagrado Corazón de Jesús.


11º Imagen del Sagrado Corazón luego de terminar la Eucaristía de Acción de Gracias, presidida por el P. Guillermo Villalobos S.J. y concelebrada por el Párroco P. Enrique Rodríguez y el P. Alfredo Ruska S.J. En primer plano integrantes del Coro del Apostolado de la Oración.




...



Celebraciones en Honor al Sagrado Corazón de Jesús



Procesión de la Imagen del Sagrado Corazón de Jesús.
Parroquia San Pedro - Lima, Perú.



El domingo 13 de junio se realizó la procesión de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús por las calles del Cercado de Lima. Presidieron la procesión el P. Antonio González Callizo, S.J. Director Nacional del Apostolado de la Oración, el P. Enrique Rodríguez, S.J. Párroco de la Iglesia de San Pedro, el P. Guillermo Villalobos, S.J. y el P. Alfredo Ruska, S.J. Acompañaron la procesión todos los grupos parroquiales, asociaciones y cofradías, además de los fieles en general.

A su retorno al templo de la Iglesia de San Pedro, se celebró la Eucaristía de Acción de Gracias, presidida por el P. Guillermo Villalobos, S.J. y concelebrada por el Párroco P. Enrique Rodríguez, S.J. y el P. Alfredo Ruska, S.J.

La organización estuvo a cargo de los hermanos del Apostolado de la Oración.

...

Foto: Imagen del Sagrado Corazón de Jesús a su llegada a la Catedral de Lima, Plaza Mayor, recibida por el Vicario del Cardenal Juan Luis Cipriani. En primer plano de espaldas el P. Antonio González Callizo, S.J. Director Nacional de Apostolado de la Oración.

...

Oración Diaria de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús



Oración 

Reina del cielo, mi dulce Madre yo aunque débil e indigno, pero animado por la amorosa invitación del Sagrado Corazón de Jesús, deseo consagrarme enteramente a Él. Deseo ofrecerle todo a través de tu Inmaculado Corazón, y con una confianza de niño en tus cuidados, espero me ayudes a cumplir con mi propósito. 

Sacratísimo Corazón de Jesús, Rey de bondad y de amor, libre y con todo el corazón acepto este dulcísimo pacto de cuidar Tú de mi y yo de Ti. 

Deseo que todo lo mío sea tuyo y lo pongo en tus manos: mi alma, mi salvación eterna, mi libertad, mi progreso espiritual, mi vida, mi salud, cualquier obra buena que yo pueda realizar, mi familia, mis posesiones y mi trabajo; para que Tú dispongas de todo según Tu voluntad. 

Haré lo mejor que pueda en estos asuntos pero permaneceré contento con lo que tu amante Corazón decida por mí. 

En cambio, Corazón Amabilísimo, te pido que el tiempo que resta no sea desperdiciado. Deseo hacer algo importante para ayudarte a reinar en el mundo. Por medio de mi oración, mi trabajo diario, mis sufrimientos y actos de mortificación, que, todo lo que haga en cada momento de mi vida pueda ser utilizado para establecer tu Divino Reinado. Que mis últimas palabras sean palabras de amor a tu Sacratísimo Corazón. 

Amén.

Valor de la confesión frecuente a la luz del Corazón misericordioso de Jesús

El Corazón misericordioso de Jesús, el pecado y la confesión

Extractos seleccionados por el
P. Antonio González Callizo, S.J.



El Corazón misericordioso de Jesús, el pecado y la confesión. Tres elementos íntimamente unidos, en los que la comprensión de uno lleva a la de los otros.

Efectivamente, no se puede entender el sentido del pecado, si no se ha entendido el amor infinito con que Dios ama al hombre, amor que ofendemos y rechazamos cuando pecamos. Y no se puede apreciar el valor de la confesión sacramental, sobre todo de la confesión frecuente, si no estamos convencidos del amor eterno, incondicional, paciente y misericordioso de Jesucristo y del abismo de malicia e ingratitud de todo pecado grave hecho con plena conciencia y total deliberación.

“… Dios Padre, que, siendo Principio sin principio, del que es engendrado el Hijo y procede el Espíritu Santo por el Hijo, creándonos libremente por un acto de su excesiva y misericordiosa benignidad y llamándonos, además, graciosamente a participar con Él en la vida y en la gloria, difundió con liberalidad, y no deja de difundir, la bondad divina, de suerte que el que es el creador de todas las cosas ha venido a hacerse ‘todo en todas las cosas’ (1 Cor 15, 28), procurando a la vez su gloria y nuestra felicidad.” (Ad gentes 2)

Con gran amor de predilección Dios nos ha elegido a cada uno de nosotros y nos ama personalmente.

El hombre usó mal del gran don de la libertad: desobedeció a Dios. Dios siguió amando al hombre y a la mujer y vino en su ayuda. Dios se mostró aún más misericordioso al perdonarnos, redimirnos y salvarnos. “Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.” (Gal 4,4s)

El hijo de Dios asumió nuestra naturaleza humana, sufrió la pasión, murió y quiso que su costado fuera traspasado para mostrarnos su amor redentor. Nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte.

Un rechazo radical e irrevocable hasta el final del amor y de la piedad de Dios, que nos ofrece amorosa y gratuitamente la salvación en Cristo y por Cristo, lleva a la eterna condenación. “El sueldo del pecado es la muerte” (Rom 6,23), la muerte espiritual, que se convierte en muerte eterna.

La reconciliación es un encuentro sacramental con Cristo, que nos da el dolor de nuestros pecados, nos ayuda a confesarlos con sinceridad al sacerdote, para tener la alegría de perdonarnos y demostrarnos su amor incondicional cuando el sacerdote ‘en persona de Cristo’ nos dice: Yo te absuelvo.”

El sacramento de la reconciliación restablece nuestra plena amistad con Cristo y con los fieles que forman su Iglesia, nos hace odiar todo aquello que puede ofender al amor de Dios y nos capacita para buscar con perseverancia lo que Dios desea de cada uno de nosotros, y, con el Amor que Él nos infunde, para ponerlo por obra en prueba de verdadero amor, con alegría, serenidad y paz.
La confesión sacramental no obligatoria, cuando no se tiene conciencia de pecado grave actual, la confesión de devoción, produce los mismos frutos y lleva por el camino de la perfecta santidad cristiana. El encuentro con el sacerdote en la celebración de este sacramento puede ser también ocasión de un diálogo pastoral que facilite el progreso espiritual en la vía del amor y servicio de nuestro Dios.

El sacramento de la reconciliación equivale a concelebrar con Cristo en la Cruz el “no” al pecado y el “sí” a la voluntad del Padre.

“La Iglesia parece profesar de manera particular la misericordia de Dios y venerarla, dirigiéndose al Corazón de Cristo… revelación del amor misericordioso del Padre, que ha constituido el núcleo central de la misión del Hijo del Hombre…”


(Juan Pablo II, Dives in misericordia, 13)





...


Agradecemos al P. Antonio González Callizo, S.J. su colaboración.


...

Matrimonios: Remar mar adentro, 2º Parte




2. Jesús es el Pastor de la Ovejas

P. Vicente Gallo, S.J.



Sabemos que somos el Pueblo de Dios que, peregrino por este mundo, no va a la deriva. Porque está guiado por aquel que es “el gran Pastor de las ovejas” (Hb 13, 20). Esta verdad nos rememora a Israel peregrinando por el desierto aparentemente a la deriva, pero guiado por el hombre elegido por Dios que era Moisés. Hoy, nuestro Guía es Dios mismo en Persona, el Hijo hecho hombre y el Espíritu Santo que habita en nosotros para ese fin.

Son multitud los santos que nos precedieron, que lucharon, y que vencieron al mundo a quién dejo vencido Jesús (Jn 16, 33); aunque no nos sacó de este mundo, sino que nos dejó en él para seguir venciéndolo (Jn 17,14-19), el mundo que a Jesús lo crucificó. Jesús, con su muerte, “ha destruido a la muerte y ha hecho irradiar vida e inmortalidad por medio del Evangelio” (2Tm 1,10). Todos sus enemigos están bajo sus pies (1Co 15, 27).

Podríamos recordar al Monje Agustín conquistando a Inglaterra para Cristo; al casi analfabeto Patricio en su tarea de salvar en Cristo a Irlanda, a Bonifacio evangelizando a Alemania, a los hermanos Cirilo y Metodio en los pueblos Eslavos enseñándoles unas letras originales que aún perduran para leer y escribir, además de transmitirles el Evangelio de la Salvación. Y, por supuesto, al gran Francisco Javier recorriendo miles de leguas, en sólo diez años, entre pueblos e idiomas tan distintos, y bautizando a muchos millares de gentes. Igualmente, recordemos toda la epopeya de la evangelización de la descubierta América, de polo a polo. A nosotros nos falta tener tanto celo y santidad como tuvieron ellos.

No tenemos que ser nosotros menos que ellos, si tenemos con nosotros al mismo Cristo y poseemos el mismo Espíritu del Resucitado. Evangelizar en Cristo a nuestro mundo es cosa difícil en cualquier País, incluso en los ya tradicionalmente cristianos, pero que se han pasado a otro Evangelio (Ga 1,6) o han renunciado al único que nos salva. El “mundo moderno” ha descubierto tantos bienes posibles, que ya las gentes no son los “pobres” hombres que sientan necesitar esa Buena Noticia, que es Jesús, y así puedan recibirlo.

Pero solamente Jesús es “el camino”. Sin él, se camina a la perdición inevitable. Sólo él es también “la meta” de nuestra historia humana y de todos nuestros afanes y trabajos. El va atravesando el mar en nuestra barca y cuida de nosotros aunque parezca que está “dormido”, mientras nos deja a nosotros remar hacia delante (Mc 4, 35-41). La Iglesia aún está gobernada por el Espíritu Santo, que es Dios. Somos nosotros quienes nos permitimos criticar, con nuestra inteligencia, a esa Iglesia; en vez de pensar que las infidelidades de la Iglesia de Cristo son nuestras infidelidades con las que la dejamos tan mal parada.

Conocemos muchas verdades antes desconocidas; pero que definitivamente no le sirven al hombre para nada serio. Solamente Cristo es “la verdad” que necesitamos conocer, sólo Cristo crucificado (Ga 6, 15). El es la verdad, de lo que nos ama Dios, y que en él nos ha salvado. Todas las otras verdades tienen algún valor y vigencia si están fundamentadas en esta fe en Jesucristo (Col 1, 15-17). Nunca nos desalentemos al anunciar esa Buena Noticia. El Reino de Dios que anunciamos no puede ir al fracaso.

Anunciamos que solamente Jesucristo es “la vida”. Todo lo demás es morir poco a poco para terminar muriendo del todo. “Yo soy el pan que ha bajado del cielo, para que los que coman de él no mueran, sino que tengan vida eterna”; “Como el Padre vive, así vivo yo por el Padre, y del mismo modo el que me come vivirá por mí”, dijo Jesús (Jn 6, 51 y 57). Desde esa fe, clamamos hacia él siempre que celebramos la Eucaristía: “Ven, Señor, Jesús” (Ap 22, 17). Porque quien creyó en él nunca quedó defraudado, la Iglesia siempre salió victoriosa de sus crisis, muchas veces peores que la de ahora.

El Libro del Apocalipsis, después de narrar las tremendas dificultades por las que ha de pasar la Iglesia como Obra de Cristo, termina con esta visión de esperanza: “Me mostró el río de las aguas de la Vida, brillante como el cristal, que brotaban del trono de Dios y del Cordero” (Ap 22, 1). Se refiere al triunfo esplendoroso de la Iglesia después de los avatares por los que pasará. Pero ahora podemos entenderlo a la luz de ese cuadro del “Señor de la Misericordia”, manando del Corazón de Cristo un río del Amor Misericordioso de Padre, que se nos ha hecho visible en Jesucristo. En él “Hemos conocido el Amor que Dios nos tiene y hemos creído” (1Jn 4, 16).

Desde esa fe, renovada en este último tiempo con las mencionadas apariciones a Santa Josefa, que han prendido tan fuertemente en la devoción del Pueblo cristiano, nuestra vida de creyentes y nuestros trabajos por el Reino de Dios han de ser un himno a esa “Misericordia” divina, según el Salmo: “Cantad al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal 118, 1). No se nos caiga de los labios esa expresión de fe de San Pablo: “Si Dios está con nosotros, ¿quién podrá contra nosotros?... ¿Quién nos separará del amor de Cristo?” (Rm 8, 31-37).


...


Agradecemos al P. Vicente Gallos, S.J. por su colaboración.


...