Cuáqueros o Sociedad Religiosa de los Amigos





Las Sectas en
Latinoamérica


27º Parte


P. Ignacio Garro, S.J.


Profesor del Seminario Arquidiocesano de Arequipa, ex profesor del Seminario de Trujillo.





El nombre de Cuáquero, (del inglés "Quaker"), según unos autores proviene del apodo que las gentes del S. XVI dieron a un grupo de hombres que "temblaban" al oir en los tribunales el nombre de Dios, según otros es debido a los "temblores" y "desmayos" que experimentaban los fieles en las funciones relgiosas. Su fundador, George Fox (1624-1691), dijo a uno de los jueces que le perseguían: "Tiembla, oh juez, ante la palabra de Dios" ("Quake at the Word of God"). Eran conocidos por los "tembladores" o los "que temblaban".

La secta de los cuáqueros comienza en Inglaterra en el S. XVI y forma un eslabón bien definido en la gran cadena de reacciones que hubo contra la Iglesia Anglicana. Iglesia oficial en las Islas Británicas. En aquel entonces sectas del más variado matiz pululaban por todas las partes: anabaptistas, familistas, hermanos del libre espíritu, bohemistas, mennonitas etc, todas ellas rechazaban el ritualismo frío del anglicanismo, y abogaban por una religión del espíritu verdadera y "libre de toda traba". Unos acometían contra el anglicanismo por no ser lo suficiente protestante, otros se rebelaban contra los puritanos por no haber llevado la reforma "hasta sus últimas consecuencias", el punto capital era la Biblia y la interpretación de la Biblia. Thomas Edwards, en 1646 enumeraba hasta 199 grupos heréticos de esta clase. Por extraño que parezca, en el protestantismo el recurso constante a la autoridad de la Biblia como último recurso para todo, y que había sido uno de los triunfos de la reforma en contra de la Iglesia Católica, se convertía para los mismos protestantes en motivo de verdadero disgusto:

"El dogma de la infalibilidad bíblica, señaló el fracaso rotundo de la misma Reforma protestante. Esta, surgida, dice que para restablecer el cristianismo como religión del espíritu, terminó por hacerse esclava de la letra de las Escrituras como guía para llevarnos a Dios y a Cristo. Una vez más en la historia, aquella Iglesia que lo había arriegado todo por su seguridad, quedaba de nuevo arrastrada hacia su perdición".
121


Entre los muchos grupos de espirituales estaban los "buscadores" que confiaban que el cielo les enviase al hombre "revestido de gloria y de espíritu" capaz de probar a todos las señales que le acreditasen como "el gran reformador de los nuevos tiempos". Esto apreció en la persona de George Fox (1624-1691) nacido en Laicestershire, Inglaterra. Fox, durante los años de su juventud se había dedicado principalmente a los oficios de tejedor de telas, y a zapatero. Dotado de fuerzas físicas extraordinarias, y muy dado a la introspección, Fox, sentía en toda su magnitud el problema de la religión, la necesidad de llegarnos hacia Dios, de entablar un íntimo contacto con El y de hacer de esta "experiencia sentida" la base de nuestra vida relgiosa. A los 19 años G. Fox pasó por una fuerte crisis de depresión causada en parte por la vida poco edificante del clero puritano, en parte tambien por las crueldades de la guerra civil inglesa (1645-1660). Esta tristeza quedaba agravada en él por el pesimismo de la teología calvinistas en que había crecido. En 1643 se sintió llamado a abandonar los lazos de la familia para dedicarse a recorrer a pie el país en busca de la verdad. La búsqueda duró 3 años pero terminó con el hallazgo de la luz. Fox, escribía en su diario:


"Cuando vinieron a desfallecer todas las esperanzas puestas en los hombres hasta el punto de no contar ya con ayuda externa alguna, sentí dentro de mí una voz que me decía: "Hay uno solo que puede hablar a tu espíritu, y ese es Cristo". A aquellas palabras, mi corazón saltó de alegría". 122.


Confortado por la "iluminación divina", Fox creyó solucionado uno de los problemas que más atormatenba su alma. El "contacto directo con Dios" era ya una realidad en su vida. Y este contacto con Dios se había conseguido sin necesidad de leer la Biblia, ni recurrir a los libros sagrados ni a la liturgia, como lo proclamaban los anglicanos y los puritanos. Y declaró públicamente:


"Declaro a todos los hombres que no llegué al conocimiento de la Vida Eterna ni por medio de la lectura de la Sagrada Escritura, ni oyendo a algún hombre hablarme en nombre de Dios. Al contrario, vine a conocer las Escrituras y la Paz Eterna por inspiración del Espíritu de Jesucristo".


Aquella experiencia religiosa profunda le bastó para separarse de la iglesia anglicana. En 1648 salió a predicar a los mercados, en los campos y hasta en los pórticos de las iglesias protestantes. Su tema era la conversión profunda a Dios y vivir la vida en Cristo. Poco a poco fueron adhiriéndose a su doctrina gentes y más gentes, tuvo muchas calumnias y persecuciones.


Al igual que otras sectas protestantes, el cuaquerismo brotó en Inglaterra, pero echó sus raíces y se desarrolló fuertemente en las nuevas tierras recién descubiertas: Estados Unidos. Y es allí donde su obra y sus ideales alcanzaron mayor popularidad. Se puede decir que el cuáquero lleva consigo todo lo que puede gustar al americano medio: un gran amor a la libertad individual, y la buena fama de haber sufrido por haberla defendido; poco apego a los dogmas y un gran sentido de fraternidad y la beneficiencia hacia los más necesitados.


A la muerte de G. Fox había en todo el mundo unos 60.000 cuáqueros. En la actualidad serán unos 300.000. Su expansión ha sido débil comparada con otras sectas protestantes. Unos lo atribuyen a su excesiva severidad, a la expulsión de sus miembros, y a las continuas divisiones que sufrieron. La primera de ellas fue en 1827 por Elías Hicks, que acusaba a sus correligionarios de haberse vuelto a la ortodoxia protestante. Fundó su propia iglesia llamada "La Sociedad Religiosa de los Amigos". A los pocos decenios ocurrió una segunda ruptura en protesta contra el predicador inglés J. Gurney, que vino a introducir entre los cuáqueros el ministerio pastoral, una mayor afección a las Sagradas Escrituras y la adopción de un Credo Universal y la prática del Bautismo. Muchos norteamericanos se rebelaron contra aquella "imposición" y dirigidos por John Wilbur fundaron el grupo de los "Amigos Conservadores", en 1861 surgieron los "Amigos primitivos", en 1887 los "Amigos de Iowa" y en 1904 los "Amigos de Virginia". Se dice que los cuáqueros han llevado el radicalismo protestante a sus últimas consecuencias.


Referencias

121 Knox, Op. Cit. Pag. 32
122 George Fox. "Journal", Pag. 11.


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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.


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Matrimonios: Hacia el Tercer Milenio, 2º Parte





P. Vicente Gallo, S.J.


Ir de la mano de Cristo


Nuestra tarea cristiana ha de comenzar haciendo memoria del pasado, para “pedir perdón” de ello debidamente y “convertirnos”. Cada uno debe hacerlo examinando la propia vida, para implorar la misericordia que tenemos ya ganada por Cristo. También las parejas, unidas por el matrimonio como Sacramento, examinando su pasada vida de relación, en el amor que se prometieron ante Dios al casarse. Y la Iglesia entera como Esposa de Cristo.

Toda la Iglesia debe ser “santa” y tiene siempre necesidad de purificación, viendo las infidelidades que ensombrecen su rostro de Esposa de Cristo. Pero deberá purificarse en cada uno de sus miembros, cada bautizado y cada pareja unida por Dios en una sola carne por el Matrimonio. Esa purificación del pasado reforzará nuestros pasos hacia el futuro, haciéndonos estar atentos a nuestra adhesión a la “Buena Noticia”, en la que creímos y en la que nos mantenemos, pues, de lo contrario, nuestra fe sería vana e inoperante en nuestra vidas: no nos salvaríamos por ella (1Cor 15, 2).


Este “pedir perdón”, como Juan Pablo II lo hizo en el Año Santo, aunque veamos malo nuestro pasado, no nos quita el ánimo para emprender nuestra tarea al enfrentar un nuevo milenio; es una necesaria “conversión”, que nos reafirma en la decisión de ser cada día más fieles en nuestra pertenencia a Cristo, como miembros de su Cuerpo de los que él tiene que valerse para seguir haciendo verdadera su obra de la Salvación del mundo. En la Iglesia de Cristo, las personas, las Instituciones que la forman, y particularmente los matrimonios, deben ser “testigos de la fe” de aquellos que nos precedieron en ella: como lo fueron por los Apóstoles que nos la transmitieron (la Iglesia de Cristo debe ser así, Apostólica), y lo continuaron los Santos que a lo largo de los dos milenios han brillado preclaramente, acompañándoles el Señor con los milagros (Mc 16, 20).


Mirando los ejemplos del pasado, hallamos una herencia que no se debe perder. Sería un pecado de ingratitud el no vernos urgidos en el propósito de imitarlos. Al verlos a ellos, sabemos lo que se puede, aun siendo hombres de naturaleza pecadora. Es el testimonio que precisamente debemos dar nosotros desde nuestra fe: que “Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores” (1Tm 1, 15). Lo que hemos recibido, como historia, de quienes nos precedieron en la Iglesia de Cristo, es lo que debemos transmitir, igualmente luminoso, a quienes vengan detrás a lo largo del nuevo milenio que comenzamos ahora con ilusión y temor.


Ese Año Santo que hemos vivido no es para que se quede en un recuerdo de lo que fue; ha de ser un verdadero reto para ir por el camino que aquellos actos nos abrieron y la ruta que nos marcaron en nuestro ir de la mano de Cristo un milenio más. Aquella afluencia tan multitudinaria, no sólo yendo a Roma, sino acudiendo en cada Diócesis a los Templos señalados para ganar la Indulgencia; la petición del perdón por los méritos de Jesucristo en la Iglesia que nos precedió; los actos especiales que en toda la Iglesia y en cada Diócesis se tuvieron para reavivar la fe. Fueron la expresión renovada y renovadora de “la Iglesia peregrina” hacia la Casa del Padre. Fueron signo de la historia humana llena de alegrías, de ansias y de dolores, reemprendiendo el camino de la esperanza.


¿Quién podrá medir las maravillas de la gracia que se dieron en los corazones de los creyentes? Nunca se nos borre de la memoria aquella cita en Tor Vergata: cientos de miles de jóvenes, con sus problemas y fragilidades, inmersos en la sociedad contemporánea, pero reunidos con el Papa ya anciano, buscando en Cristo su plenitud, marcando el camino de la Cruz: como “centinelas del amanecer” (Is 21, 11-12). No olvidemos aquellos niños, ancianos, enfermos, minusválidos, deportistas y artistas, profesores universitarios, políticos y periodistas acudiendo a reunirse con el Papa para, junto con él, ir buscando cómo servir a la paz.


Especialmente significativos fueron aquellos millares de trabajadores en el encuentro del 1 de mayo. El Jubileo de las Familias. El de los presos de la cárcel “Regina Coeli” de Roma. El gran Congreso Eucarístico Internacional, en Roma también. Los encuentro ecuménicos del Papa con el Primado Anglicano, con el Patriarca de Constantinopla, y con dirigentes de otras Religiones. La peregrinación del Papa a los lugares que fueron la cuna de nuestra fe; la intentada y no permitida a Ur de los Caldeos, la sí lograda al Sianí, a Belén, a Nazaret, a Jerusalén, y su oración ante el Muro de las Lamentaciones. La intervención del Papa en la ONU frente al problema de la deuda internacional de los Países pobres. Sobre todo, la pública petición de perdón en nombre de la Iglesia por sus errores del pasado.


Olvidar todos aquellos acontecimientos sería caer en la falta de la memoria necesaria para construir un futuro desde las bases que quedan puestas. No sería pecado del Papa que tuvo que presidir a la Iglesia en la celebración de ese comenzar un nuevo milenio. Sería, una vez más, tener nosotros el atrevimiento de acusar con frecuencia a la Iglesia por sus errores o sus deficiencias, olvidando que esa Iglesia a la que acusamos somos nosotros, de manera especial las familias cristianas.



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Agradecemos al P. Vicente Gallo, S.J. por su colaboración.


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Importancia del Sacramento de la reconciliación



Extractos seleccionados por el P. Antonio Gonzalez Callizo, S.J.




Principales dimensiones de este gran Sacramento




“El primer dato fundamental se nos ofrece en los Libros Santos del Antiguo y Nuevo Testamento sobre la misericordia del Señor y su perdón”.


“En la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios, vinivendo como el Cordero que quita y carga sobre sí el pecado del mundo, aparece como el que tiene el poder tanto de juzgar como el de perdonar los pecados, y que ha venido no para condenar, sino para perdonar y salvar”.


“Ahora bien, este poder de perdonar los pecados Jesús lo confiere, mediante el Espíritu Santo, a simples hombres, sujetos ellos mismos a la insidia del pecado, es decir a sus Apóstoles: Recibid del Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecadosles quedan perdonados y a quienes se los retuviereis, les serán retenidos”. Jesús confirió tal poder a los Apóstoles incluso como transmisible –así lo ha entendido la Iglesia desde sus comienzos– a sus sucesores, investidos por los mimos Apóstoles de la misión y la responsabilidad de continuar su obra de anunciadores del Evangelio y ministros de la obra redentora de Cristo”.


“Aquí se revela en toda su grandeza la figura del ministro del sacramento de la Penitencia, llamado por costumbre antiquísima, el confesor”.


“Como en el altar donde celebra la Eucaristía y como en cada uno de los Sacramentos, el Sacerdote, ministro de la Penitencia, actúa in persona Christi (como Cristo en persona). Cristo, a quién él hace presente, y por su medio realiza el misterio de la remisión de los pecados, es el que aparece como hermano del hombre, pontífice misericordioso, fiel y compasivo, pastor decidido a buscar la oveja perdida, médico que cura y conforta, maestro único que enseña la verdad e indica los caminos de Dios, juez de los vivos y de los muertos, que juzga según la verdad y no según las apariencias” (Juan Pablo II, Reconciliatio et paenitentia, n. 29)


“El Beato Isaac de Estrella subraya en un discurso la plena comunión de Cristo con su Iglesia en la remisión de los pecados. “Nada puede perdonar la Iglesia sin Cristo y Cristo no quiere perdonar nada sin la Iglesia. Nada puede perdonar la Iglesia sino a quien es penitente, es decir a quien Cristo ha tocado con su gracia; Cristo nada quiere considerar como perdonado a quien desprecia a la Iglesia” (Nota 162, del mismo n. 29)


“… sobre la esencia del Sacramento ha quedado siempre sólida e inmutable en la conciencia de la Iglesia la certeza de que, por voluntad de Cristo, el perdón es ofrecido a cada uno por medio de la absolución sacramental, dada por los ministros de la Penitencia; es una certeza reafirmada con particular vigor tanto por el Concilio de Trento, como por el Concilio Vaticano II: “Quienes se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de la ofensa hecha a Él y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron pecando, y que colabora a su conversión con la caridad, con el ejemplo y las oraciones”. (Lumen gentium, 11). Y como dato esencial de fe sobre el valor y la finalidad de la Penitencia se debe afirmar que Nuestro Salvador Jesucristo instituyó en su Iglesia el Sacramento de la Penitencia, para que los fieles caídos en pecado después del Bautismo recibieran la gracia y la reconciliación con Dios”. (Juan Pablo II, Reconciliatio et paenitentia, n. 30)



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Agradecemos al P. Antonio Gonzalez Callizo, S.J. por su colaboración.


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Cursos y Experiencias de Formación


Parroquia Nuestra Señora de Fátima


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Cursos que se inician en Mayo:

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El Ángel de los niños

Autor : Desconocido.


Cuenta una antigua leyenda que un niño que estaba por nacer le dijo un día a Dios:

- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy?

- Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te esta esperando y que te cuidara.

- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.

- Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tu sentirás su amor y serás feliz.

-¿Y como entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?

- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.

-¿Y que haré cuando quiera hablar contigo?

- Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme.

-He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?

- Tu ángel te defenderá más aún a costa de su propia vida.

- Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.

- Tu ángel te hablará siempre de Mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.

En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando...

-¡¡Dios mío, si ya me voy dime su nombre!!. ¿Cómo se llama mi ángel?

- Su nombre no importa, tu le dirás:
MAMÁ .

Fin.



¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!



Que en este día muy especial, Dios colme de bendiciones a todas las Madres, a aquellas que son las únicas en este mundo, a imagen de María Santísima, de reflejar el Amor de Dios: amor de Madre. A todas las Madres:

¡Feliz Día!

Son los sinceros deseos del Equipo Editor.

Homilía: Domingo 5º de Pascua (C): La Gloria de Dios




Lecturas: Hch 14,20-26; S.144; Ap 21,1-5; Jn 13,31-35.

P. José R. Martínez Galdeano, S.J.



Estamos en la última cena. Jesús ha lavado los pies de los discípulos y explicado su sentido: Ha descubierto al traidor y ha hecho que se marche. Jesús se siente libre para hablar con el corazón abierto: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él”. Por todo el contexto que sigue, ese “ahora” y esa “gloria” suya y de Dios Padre se refieren a su pasión, muerte, resurrección, ascensión al Cielo y envío del Espíritu Santo. La sucesión en cadena de los dramáticos, terribles y maravillosos acontecimientos y misterios de la redención han comenzado ya. Judas va camino del Sanedrín a organizar a su gente y cobrar sus treinta monedas, Jesús trata de preparar a sus discípulos y aceptará en la oración el cáliz que el Padre quiere que beba. A todo ello Jesús lo llama su glorificación y la glorificación del Padre.

Varios siglos antes el profeta Isaías se expresa así vaticinando tales acontecimientos: “No parecía un ser humano; despreciable y desecho de hombres; herido de Dios y humillado; Dios cargó sobre él la culpa de todos nosotros; y él se humilló y no abrió la boca” (v. Is 52,14-53,18). Va a morir con el suplicio de los esclavos, como un maldito, “maldito el que cuelga del madero” (Ga 3,13); siendo el Hijo de Dios va a ser condenado por blasfemo; le condenan a muerte los sacerdotes, las autoridades religiosas y civiles, tanto Herodes como Pilatos, el pueblo entero que le rechaza y pide su muerte degradándole por bajo de un asesino; escupido, insultado, burlado no habiendo hecho daño a nadie; ajusticiado con el suplicio que sólo puede darse a esclavos; hasta abandonado de Dios (v. S. 22).

Pero a los tres días resucitará. Tras la cruz y a los tres días Jesucristo resucita. La resurrección está naturalmente incluida en la glorificación del Hijo y del Padre y eso Dios “lo hará muy pronto”, es decir en su misma resurrección y también en su ascensión a los cielos, que será también pronto, a los cuarenta días; y además en el envío del Espíritu Santo y nacimiento de la Iglesia, que prolonga y es parte de la glorificación de Jesús. “Obediente hasta la muerte y muerte de cruz, Dios lo exaltó y le dio una dignidad por encima de todo otro para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre” (Flp 2,8-11).

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se dice mucho sobre la Gloria de Dios. La Gloria de Dios es el mismo Dios en cuanto revelando su majestad, su poder, su sabiduría, su santidad, su belleza, su bondad, su misericordia salvadora; es el dinamismo de su ser que se manifiesta y alcanza a sus criaturas y, siendo reconocido, las inunda con su plenitud y grandeza. Entrar en la Gloria y participar de la Gloria de Dios es el fin último para el que los hombres todos hemos sido criados.

Siendo Jesús la persona del Verbo de Dios que ha tomado carne humana en el seno de María, la gloria de Dios está totalmente presente en él. Por eso él es “el resplandor de la gloria del Padre e imagen de su substancia” (Hb 1,3) y “de él irradia a los hombres” (1Cor 3,18). “Él es el Señor de la gloria” (1Cor 2,8).

Esa gloria divina de Jesús se manifiesta como a gotas con sus palabras y milagros: “Nadie habla como este hombre ni hace las obras que él hace” (v. Jn 7,47; 9,32) y en ciertos momentos puntuales como los del bautismo y transfiguración.

Pero es en su pasión y muerte, en su resurrección y ascensión a los cielos y en la venida del Espíritu Santo y en la marcha de la Iglesia donde aparece con más claridad.

Porque con la claudicación de Adán ante la tentación y los innumerables pecados añadidos a lo largo de la historia humana, la creación de Dios, que culmina en la creación en gracia de Adán y Eva con la intención de que todo el género humano tras un período de prueba en la tierra pasase a la felicidad eterna con Dios, corría el peligro de fracasar. La forma elegida por Dios como remedio fue que la segunda persona de la Trinidad, el Hijo, se hiciese parte del género humano. Así podría representar a todos los hombres y pagar en su nombre toda la deuda de sus pecados con una satisfacción justa y más que suficiente, dada la dignidad divina de la persona que la ofrecía. En compensación, pues, de tanta rebeldía de la humanidad a lo largo de los siglos, el Hijo carga con su pecado y se ofrece en sacrificio con el sufrimiento más doloroso, humillante y cruel que la historia ha conocido: “No fueron suficientes los sacrificios de la Antigua Alianza ni ningún otro; por eso me has dado un cuerpo. Aquí vengo para cumplir tu voluntad” (Hb 10,7).

De esta manera fue glorificado el Hijo y Dios Padre fue glorificado en Él, y lo hace en el sacrificio de la cruz. En la cruz se manifiestan gloriosamente el perdón y la misericordia del Padre y su justicia infinita. Porque murió por nuestros pecados y donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (Ro 5,8.20). Por eso subraya Juan: “mirarán al que traspasaron” (19,37). Y también subraya que Pilatos no cedió a la protesta de retirar el letrero: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos” (19,22). Fue lo único en que no cedió; porque es así; porque desde la cruz Jesús reina.

No separemos la resurrección de la cruz ni la cruz de la resurrección. Mirando al Corazón de Cristo traspasado recibiremos el Espíritu Santo, el Espíritu de amor que nos une al Padre y al Hijo y nos hace partícipes de su gloria, el Espíritu que da fuerza a la Iglesia para amar y buscar la salvación de todos los hombres, hasta de sus enemigos. Señal de ello es el amor a los demás con que procedemos en la vida. Porque brota desde el Espíritu y solo el Espíritu, que brota del Corazón de Cristo, nos hace reflejar la gloria de Dios y ser reconocidos como discípulos. Ese amor que nos tengamos en el seno de las comunidades cristianas, de las familias, de las parroquias, es señal de que seguimos a Jesús. Ese amor debe ser nuestra gloria y nuestra forma de dar gloria a Dios.


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Aquí para otras homilías del P. José Ramón Martínez Galdeano.






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El mandamiento del amor




P. Adolfo Franco, S.J.


Reflexión del Evangelio del V Domingo de Pascua

Juan 13, 31-35



Jesús en la Ultima Cena se está despidiendo de sus apóstoles y les está dando sus últimas recomendaciones para que cuando El suba al cielo, ellos puedan seguir realizando su misma obra. Y una de estas últimas enseñanzas y muy importante es el Mandamiento Nuevo: les doy un mandamiento nuevo que se amen unos a otros como yo les he amado.

En esto se conocen los discípulos de Jesús, es su marca, el amor. Y esta es la única norma de conducta que El nos quiere dejar. El amor es la motivación que debemos tener en todas nuestras acciones, es la guía de toda nuestra conducta. Pero para que no queden ambigüedades Jesús habla de qué forma hay que amar: amar como El mismo nos ha amado. Ese es el verdadero amor y esa es la medida: nos debemos amar como El nos ha amado. Y es muy necesaria esta referencia porque a veces se llama amor a muchas actitudes que en realidad no lo son; la verdad del amor brota de la llaga abierta de su Corazón.

Para saber cómo es el amor de Cristo, podemos abrir el Evangelio y descubrir este amor en cada una de sus páginas. Pero también cada uno de nosotros podría abrir las páginas de su propia vida; y así al descubrir cómo nos ha amado Cristo aprenderíamos cómo debemos amar.

Hay algún paralelo entre esta enseñanza, y la que el mismo Jesús nos dio cuando nos explicaba la conducta del cristiano en el Sermón del Monte: sean perfectos, como el Padre Celestial es perfecto. Nuestro modelo de perfección es Dios mismo; y de la misma manera la meta de un cristiano es imitar a Cristo en el amor, amar como Cristo. Son dos enseñanzas similares: ser perfectos como el Padre Celestial, amar como ama Cristo. Y es que en las entrañas de nuestro ser llevamos el sello de Dios mismo: el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, por eso, hay que hacer todo de la manera que Dios lo haría, para no frustrar nuestra semejanza con Dios, nuestra íntima esencia.

En todo lo que hacemos debemos intentar parecernos a Dios. Y más aún sabiendo por la revelación de Jesús, que Dios mismo, Padre, Hijo y Espíritu Santo, habitan en nuestros corazones.

Hay otra referencia parecida en San Pablo, cuando habla del matrimonio cristiano y dice a los esposos, que amen a sus esposas como Cristo ama a su Iglesia. De nuevo el amor de Cristo como modelo del amor de un cristiano, en esa situación particular del matrimonio.

¿Y cómo ama Cristo? Volvemos a preguntarnos. Habría que recorrer cada uno de los momentos de la vida de Cristo, para descubrir el gran amor con que vivió cada situación de su vida y cada acción que realizó. Su entrega en la Encarnación, ese lanzarse al abismo del anonadamiento, para hacerse semejante a nosotros, y poder así realizar nuestra salvación: y su voluntad de no ahorrarse las etapas de la infancia desvalida, y de la niñez insignificante. ¿Qué necesidad tenía de hacerlo? Tenía un amor infinito que le impulsaba a cada momento. Un amor que se manifiesta en cada milagro, en cada persona que cura. Cuando detiene el cortejo fúnebre del hijo de la viuda de Naím, cuando llora ante la tumba de Lázaro, cuando multiplica los panes, porque le da lástima de esa multitud hambrienta. Todo lo fue desarrollando impulsado por su Corazón. Y no es necesario detenerse excesivamente en el amor que derrocha en los últimos momentos de su vida, porque en cada escena surge la llama de su amor.

Cuando hace el milagro de la Eucaristía, y afirma su voluntad de perpetuarse entre nosotros, de nuevo lo que le mueve es el amor. Cuando está en el Huerto abrumado por una tremenda responsabilidad por haber asumido los pecados del mundo; y sufriendo una angustia mortal. Y todo esto por el amor que me tiene. Así voy poco a poco entendiendo lo que significa: les doy un Mandamiento Nuevo, que se amen unos a otros como yo les he amado. Cuando muere en la Cruz, cuando incluso pasa por la oscuridad del sepulcro. Pero incluso cuando resucita, lo que manifiesta es su gran amor. En cada una de las apariciones a sus apóstoles está manifestando ese amor, que lo impulsó siempre. Y que quiere que sea nuestra motivación para actuar en la vida. Y nos hace ver que todo se reduce a eso: sólo nos da un mandamiento, que es Nuevo, porque es su amor convertido en ideal de vida y de conducta, para todo el que quiera seguirle.

Mucho podría cada uno añadir de las muestras personales de amor que nos ha dado Jesús. Meditando en todo eso podremos desentrañar este mandamiento nuevo: ámense unos a otros como yo les he amado.




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Agradecemos al P. Adolfo Franco S.J. por su colaboración.

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Matrimonios: Hacia el Tercer Milenio, 1º Parte





P. Vicente Gallo, S.J.


“Cristo es el Alfa y la Omega”


( Ap 22, 13)



Nosotros creemos en Jesucristo. Creemos que, en Cristo, Dios se hizo hombre y se puso a peregrinar con nosotros. Por eso, nuestra fe nos hace ir caminando por la vida agarrados a la mano de Dios misericordioso, presente en este caminar en el cuál El mismo nos puso, y al que ha venido en su Hijo para ser “el guía y consumador de nuestra fe” (Hb 12,2). Por ello, vivir nuestra fe en ese misterio ha de ser un continuo canto de alabanza a la Trinidad de Dios. Celebrando que “el Padre nos amó tanto que nos ha enviado a su Hijo Unigénito para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). El Hijo, obedeciendo al envío del Padre (Jn 3, 17; etc), realizó la Obra de nuestra Redención. El Espíritu Santo, que encarnó al Verbo de Dios, el Hijo, en María, hace realidad nuestra la Salvación, encarnando a Cristo en nosotros.


Por nuestra fe, y mediante el Bautismo, nos hemos hecho de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; Dios, que es Amor, nos ha hecho suyos como suya es la humanidad de Jesucristo. Vivir, pues, nuestro Bautismo, será vivir, con la fidelidad de Jesús, nuestra entrega a ese Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Lo haremos convirtiéndonos permanentemente, desde nuestra general condición de pecadores, a una verdadera reconciliación con Dios y entre nosotros mismos: con la fe puesta en el Amor de Dios, manteniendo firme nuestra esperanza; siendo de Cristo en su Iglesia, nosotros, los cristianos, esperamos y amamos cuando el mundo no tiene motivos para seguir amando y esperando.

La Buena Noticia que hemos conocido y que debemos transmitirla al mundo entero (Mc 16, 15), desde nuestra fe en ella, es la misma que ya los ángeles anunciaron a aquellos pastores de las cercanías de Belén: “En la Ciudad de David os ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor” (Lc 2, 11). Jesucristo es la gran dádiva, el don más perfecto, que nos ha dado Dios a los hombres (ver Rm 8, 28-32). Jesucristo es “el Salvador”, el que, dando su vida por nosotros, nos ha salvado del pecado, del dolor y de la muerte, a lo que estábamos condenados; nos ha salvado por la misma salvación con la que Dios salvó a Jesús. El es “el Mesías”, el descendiente de Abraham, mayor guía y Profeta que Moisés, mejor Rey que David, con un reinado que no tendrá fin. Es el anunciado por los Profetas, el esperado por el Pueblo de Dios, “ el que tenía que venir” (Jn 11, 27). Es el Señor, al que se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 18, 28, Flp 2, 11). “Se le llamará Emmanuel, que significa Dios con nosotros”, nos dice el Evangelio (Mt 1, 23).


Pero ese venir Dios al mundo haciéndose hombre no es algo que “sucedió un día”; ha permanecido con nosotros (Mt 28,20) ya veinte siglos. Y comenzamos el siglo veintiuno, el tercer milenio, haciendo ahora nosotros a Cristo el gran consuelo (Lc 2,25) para los necesitados de su misericordia en este milenio nuevo que comenzamos. Así lo será para todos los pobres hombres hasta el final del mundo.


El momento en que Jesús desde la Cruz dijo “hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43), abrió las puertas de su Reino de los Cielos a aquel delincuente; y sigue siendo el momento, el “hoy”, de la esperanza para todos los convertidos a él aunque sean criminales (Mc 1, 15). Nuestro vivir de cristianos, repito, debe ser un continuo himno de alabanza y de dar gracias a Dios correspondiéndole; debemos ser una carta escrita por Dios para todos los que, viéndonos, puedan leerla (2Co 3, 2-3; 1Ts 1, 7-10). Los creyentes seremos así la Buena Noticia para toda la Humanidad.


En la “Novo Millennio Ineunte” se nos dice en el Nº 4: “El cristianismo es gracia, es la sorpresa de Dios que, satisfecho no sólo con la creación del mundo y de los hombres, se ha puesto del lado de su creatura. Después de haberle hablado muchas veces y de diversos modos, ‘al llegar la plenitud de los tiempos’ (Gál 4, 4), ‘en nuestros días nos ha hablado por medio de su Hijo’ (Hbr 1, 1-2). “La plenitud de los tiempos” significa ese día esperado en el que se ha colmado la medida de las Promesas de Dios (Mc 1, 15; 1Co 10, 11; 1P 1, 20).


Sin fantasías milenaristas, el misterio de Cristo Salvador es el gran horizonte para toda la humanidad; que, además, no tiene otro sino el ser de Cristo, pero vivido de veras. Con Jesucristo, Dios ha entrado en nuestra historia. Ya mucho antes había establecido una Alianza con Abraham y su descendencia. Pero todo alcanzó su plenitud, y también los tiempos de la historia humana, al encarnarse Dios Hijo en María. Pasando por el mundo, desde Belén hasta la Cruz, y hasta el Cielo ya resucitado, enviando desde allí al Espíritu Santo para que nos vaya llevando a donde está él (Jn 14, 16-20), Jesucristo realizó el misterio de su Pascua, su paso desde el Padre al mundo y desde el mundo a su Padre (Jn 16, 28). Y desde entonces, Cristo es de veras el sentido último de todo, la meta del quehacer humano y del universo entero.


En Jesucristo, la historia humana se ha convertido en “Reino de Dios”. La tarea de los creyentes en Cristo no ha de ser otra que hacer del vivir humano ese Reino. De una manera muy especial, los matrimonios cristianos, amándose uno al otro como Dios los ama, y así haciendo un hogar, una familia que sea ya aquí ese Reino de Dios. Es el reto que la Iglesia, mediante el Papa, nos plantea al comenzar nuestro milenio en un mundo, más que nunca marcado por la globalización: lograr que se haga de todos una familia, la familia de Dios.



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Agradecemos al P. Vicente Gallo, S.J. por su colaboración.



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Mennonitas


Las Sectas en
Latinoamérica

26º Parte


P. Ignacio Garro, S.J.

Profesor del Seminario Arquidiocesano de Arequipa, ex profesor del Seminario de Trujillo.



1.- ORIGENES


Los mennonitas son los anabaptistas alemanes o suizos profundamente modificados por un ex-sacerdote holandés llamado Simón Menno (1496- 1561), el cual habiéndose persuadido de la invalidez del bautismo de los recién nacidos había que volverlos a bautizar de adultos. En los mismos años de la revuelta religiosa de Martín Lutero, apareció en Zurich un movimiento religioso llamado "anabaptista" que preconiza la vuelta radical al evangelio. Con el tiempo el anabaptismo fue el ala radical de la Reforma protestante, fue muy perseguida por los mismos reformadores: Lutero y Calvino y sus seguidores. Un grupo radical de anabaptistas llegó a establecer en la ciudad de Münster (Alemania), y más tarde fue totalmente abatido. Después del exterminio de los anabaptistas (1535) muchos de estos fieles se refugiaron en Holanda y fueron acogidos por S. Menno, que supo mitigar las doctrinas extremistas que tenían y les hizo comprender que debían de estar sujetos a la autoridad civil dejando de lado aquellas pretendidas inspiraciones que los habían hecho ridículos y los organiza en comunidades de marcada tendencia pacífica y laboriosa que los ha hecho característicos hasta nuestros días. En la actualidad viven en grupos muy cerrados y separados de la marcha normal de la sociedad que les rodea, viven en zonas rurales y agrícolas. Los mennonitas conservan de los anabaptistas la tradición del bautismo de adultos.

Hacia 1663, los mennonitas alemanes y suizos emigraron a la colonia de Pennsylvania (Germantown). La primera gran escisión menonita ocurre cuando una parte de ellos conducidos por Jakob Amman, se separa del resto por su intransigencia en puntos doctrinales y en cuestiones de costumbres morales.

Las emigraciones de mennonitas al continente Latinoamericano provienen de los Estados Unidos. La primera nación en atraer grupos considerables de mennonitas fue México. El hecho ocurrió en el año 1921 cuando los grupos de mennonitas instalados en Canadá, empezaron a tener dificultades por parte de las autoridades canadienses. En México el presidente Obregón les prometió protección por parte del Gobierno nacional en lo tocante a la libertad religiosa, a la independencia de sus escuelas, a la excepción del servicio militar y otras cosas más. Les asignó igualmente vastos terrenos semidesérticos en el este del Estado de Chihuahua y otra parte más pequeña en el estado de Durango. Estos emigrantes mennonitas a México fueron unos 7.000. Más tarde llegaron también otos grupos de mennonitas rusos al Estado de Veracruz, y en el Estado de Guanajato. Son agricultores muy buenos, de gran rendimiento. Son personas muy pacíficas y muy amantes de sus costumbres religiosas, morales y rurales, en la actualidad son más de 40.000. Durante mucho tiempo, los mennonitas han formado en el país colonias cerradas herméticamente al exterior de su sociedad, con sus lenguas, tradiciones etc, separados totalmente del resto de la población.

Al mismo tiempo, en 1928 Paraguay buscaba también la ayuda de los mennonitas residentes en Canadá. Se les asignó la región del Gran Chaco paraguayo, al Oeste del río Paraguay. Ha realizado un gran trabajo agrícola en esas regiones, hoy día las grandes colonias mennonitas Menno y Fernheim, son conocidas en todo el país por el intenso trabajo agrícola que en ella se realiza. El Gobierno paraguayo les concedió grandes extenciones para respetar su idiosincrasia, religión y costumbres. En la actualidad se considera que hay unos 15.000 mennonitas.

En Brasil, la comunidad mennonita arribó en los años 1930, se les asignó un gran territorio cerca de la ciudad de Blummenau. Es una colonia no muy floreciente. También hay colonias de mennonitas en Argentina, Uruguay, Bolivia, Venezuela, Colombia. En el Perú no hay ninguna colonia de mennonitas.


2.- DOCTRINA


Como cristianos tienen su fundamento doctrinal en la revelación bíblica. Profesan la fe Trinitaria y Cristológica. Consideran que el bautismo es un compromiso personal y consciente, reservado sólo a los adultos. No tienen sacerdocio jerárquico, y la presidencia en las reuniones litúrgicas, siempre son muy sobrias, y se centra en la lectura de la Biblia. Rechazan el término de sacramento cuando se refieren al bautismo y a la Cena del Señor, que consideran exclusivamente como "ordenanzas del Señor". El lavatorio de los pies, antes de la celebración de la cena del Señor, es parte de la ceremonia.

S. Menno escribió varios trabajos y opúsculos pero propiamente hablando no compuso una Confesión de fe para sus fieles seguidores. De sus escritos, dos de sus discípulos Hans de Rys, y Luberto Gerritz en 1580 compilaron unos escritos llamados "Confesión de Waterland", contiene 40 artículos. En ellos contra la doctrina de Calvino, se profesa la elección condicional y la universalidad de la Redención universal de Cristo. Se condena el juramento aún en los casos prescritos por la ley. Se recomienda la obediencia a las autoridades civiles con tal que no manden cosas contrarias a la Palabra de Dios. Sólo se reconoce como válido el bautismo de los adultos que se realiza por aspersión del agua. Por esto los bautistas no quieren considerarlos como secta de ellos. Los mennonitas de Estados Unidos observan más bien la "Fe de Dort" (1632) que contiene sólo 18 artículos, pero en lo sustancial es igual a la de Waterland.


3.- ESTRUCTURA ECLESIASTICA 120


Su estructura eclesiástica es de tipo congregacionalista. Las células locales son prácticamente independientes, aunque ello no quita que se ayuden mutuamente. Las autoridades eclesiásticas reciben el nombre de Obispos (o también ancianos), ministros, y diáconos (o limosneros). Muchos de los ministros se ganan la vida en trabajos manuales o en distintos oficios. Otros viven a costa de la comunidad, sobre todo si están al frente de las escuelas dominicales, de las organizaciones juveniles, de las comisiones de ayuda a los damnificados o refugiados, etc. Varias unidades locales forman un "distrito" con su correpondiente oficial o superintendente. En estos puntos suelen celebrarse las conferencias regionales y a cargo de esos oficiales corre una buena parte de las prescripciones legales que se transmiten después a los interesados. Los "distritos" dan lugar a una "conferencia general" que se reúne cada dos años con asistencia de una buena parte de las autoridades.

Las comunidades mennonitas rechazan la organización y burocracia eclesiásticas, son entre ellos muy autónomos y muy poco estructurados. Existe, a nivel mundial, una "Conferencia Mennonita Mundial", que reagrupa a la mayor parte de las comunidades del mundo. Tradicionalmente han manifestado un rechazo del "mundo", cuyos signos más obvios son la objección de conciencia ante las leyes civiles y militares, el pacifismo, el rechazo de los juramentos, la separación de la Iglesia del estado, y la exclusión de la comunidad de los miembros mundanos o pecadores.

Su número total en todo el mundo se calcula en unos 500.000 mil. Principalmente residen en Estado Unidos, Canadá, México, Holanda, México, Suiza, Paraguay.

Dadas sus costumbres muy cerradas y tradicionales, tienen pocos puestos de misión. Cuando abren un puesto de misión va un grupo grande a una zona rural muy apartada y allí trabajan la tierra de manera muy laboriosa. Son conocidos por su amor a la tierra, y al cultivo de ella.


Referencia:


120 P. Damboriena, SJ: Op. Cit. Pags: 910 y s.s.



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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.


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San José María Rubio, S.J.




Fiesta: 4 de Mayo





San José María Rubio y Peralta es el primer jesuita no mártir canonizado, perteneciente a la Compañía de Jesús después de su restauración.

Nacimiento y familia.

Nació en Dalías, cerca de Almería, en Andalucía, España, el 22 de julio de 1864. Fue el hijo mayor del matrimonio de Francisco Rubio y de Mercedes Peralta. Después vinieron otros 12 hijos. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento en la iglesia parroquial de Santa María de Ambrox. Sus padres y abuelos eran cristianos ejemplares y como agricultores tenían una de las mejores fincas de la zona.

Poco tiempo estuvo José María en la ciudad de Dalías, porque su padre, al ver que el muchacho era aplicado e inteligente, pensó que podría dedicarse a los estudios. En este caso, como en otros semejantes, no faltó el tío y padrino que se ofreció a patrocinarlo. Ese tío fue José María Rubio Cuenca, canónigo de Almería.

José María tendría unos diez años cuando fue a vivir a la casa de su padrino quien le hizo estudiar en el Instituto. Al año siguiente, al ver las buenas inclinaciones del muchacho el tío lo invitó a ingresar en el Seminario de Almería. Intervino también en esta invitación otro tío, el párroco de Marías, don Serafín Rubio Maldonado. Allí José María terminó los estudios secundarios en 1879, a los quince años de edad.

Seminarista en Granada y en Madrid.

De Almería, y por obra de sus protectores, fue enviado al Seminario de San Cecilio, en la ciudad de Granada. Fue “un seminarista inteligente, aplicado, y ejemplar por su obediencia y humildad”. Allí hizo en los años 1879 y 1885 los estudios de Filosofía y casi toda la Teología. Uno de sus profesores, el de Teología Fundamental, don Joaquín Torres Asensio, canónigo y chantre de la Catedral de Granada, descubrió las cualidades del seminarista y se constituyó en especial protector suyo. Incluso lo llevó a su casa con ocasión de una enfermedad. Don Joaquín resultó una figura dominante en la vida de José María. Dominante, incluso en el aspecto psicológico. Y José María no salió de su convivencia hasta pasados veinticinco años desde entonces.

Don Joaquín tenía un carácter impetuoso e incluso tuvo roces con el nuevo arzobispo de Granada. Pero José María nunca hizo el menor comentario menos favorable sobre la persona de su protector. Por las diferencias con el arzobispo, don Joaquín dejó sus cargos en Granada y ganó por oposición una canongía en Madrid, la de lectoral, en 1886, y se llevó consigo a José María, a quien hizo matricularse en el Seminario de Madrid. Y en Madrid terminó la Teología.

Sacerdote y primeros ministerios.

Fue ordenado el 24 de septiembre de 1887. Pero la primera misa no la celebró hasta el 12 de octubre por decisión de don Joaquín quien escogió la festividad de la Virgen del Pilar. Esa misa se celebró en el templo que entonces era la catedral de Madrid y que antes había pertenecido al Colegio Imperial de la Compañía de Jesús. José María escogió el altar de la Virgen del Buen Consejo, el mismo donde a san Luis Gonzaga, siendo paje del rey Felipe II, le pareció escuchar que la Virgen María le pedía que entrara en la Compañía de su Hijo.

Don Joaquín Torres Asensio, siguiendo su patronazgo, buscó para José María el cargo de coadjutor en la parroquia de Chinchón, adonde se dirigió éste dos semanas después de su primera misa. Chinchón era entonces una villa de unos 5.000 habitantes y estaba muy cerca de Madrid.

Durante su permanencia en Chinchón fue capellán de las Clarisas a las que dio sus primeros Ejercicios dirigidos a las monjas, las cuales siempre guardaron un buen recuerdo, de la claridad y sinceridad con que les habló. En Chinchón estuvo dos años con fama de sacerdote ejemplar. Por lo menos, eso dicen los testimonios del Proceso.

Tras este estreno prometedor, una nueva intervención de don Joaquín, lo hizo cambiar en 1889 a Estremera, otra parroquia de Madrid donde será Ecónomo parroquial. Para los arreglos de la iglesia, bastante deteriorada, hubo de venir en su ayuda el todopoderoso y eficaz don Joaquín. En Estremera estuvo algo más de un año. Don Joaquín quería llevarlo a Madrid y para acercarlo le buscó una cátedra en el Seminario.

Primeramente, una de Metafísica, y después otra de perfeccionamiento en Latín. Este Seminario de San Dámaso estaba, entonces, situado en el piso alto del Palacio Episcopal madrileño. Don Joaquín con su ahijado alquilaron un Departamento en una calle cercana.

Enfermedad y nuevos cargos.

Pero José María se encontraba débil y se fatigaba con su trabajo de cátedra. Don Joaquín lo llevó entonces a la huerta que poseía en Segovia, muy cerca del Viaducto. José María no mejoró y don Joaquín lo llevó a Cercedilla, lugar para enfermos en recuperación. Tampoco sirvió. Entonces se fueron a Modariz a las termas de Gándara y Troncoso. Pero había demasiada humedad. Se fueron a las playas de Portugal, que quedaban cerca. Después visitaron Lourdes, buscando tal vez un remedio. Volvieron a la costa atlántica. Y en todas estas idas y venidas el P. Rubio se dejó llevar y querer.

Tras esta larga ausencia regresan a Madrid donde don Joaquín continua dirigiendo a su protegido hasta en mínimos detalles. Buen aprendizaje para obedecer en la Compañía.

Don Joaquín logró que José María fuera nombrado Notario en el Arzobispado y, además, Capellán Mayor del Convento de las Reales Bernardas ubicado en la calle Mayor. En estos cargos estuvo más de 15 años. En la casa del capellán vivieron los dos, Don Joaquín y el P. Rubio. En ese tiempo estuvieron también en Madrid algunas hermanas de José María quienes vinieron como asistentes en el servicio de la casa.

Tenemos el testimonio del sacristán del convento. “El se levantaba habitualmente a las cinco de la mañana y a aquella hora daba la comunión a una monja enferma. Después de haber dado la comunión, subía a su casa, porque don Joaquín no quería que se enfriase, y volvía a bajar a la hora de la misa con mucho respeto y devoción. Después de la misa daba gracias y, apenas terminado, se venía al confesionario donde a veces permanecía hasta las nueve o diez de la mañana. Había muchas personas que se confesaban con él y algunas veces don Joaquín bajaba sobre las diez de la mañana, para hacerlo subir a desayunar. Por la casa desfilaban muchos, y ninguno se iba sin su limosna. Mientras fue capellán atraía a mucho público y venían muchas personas a escucharlo. Todos los que lo conocían y trataban, decían que era bueno y virtuoso, un santo”

Peregrinación a Tierra Santa y a Roma.

Hacia el final de esta época en Madrid hay que insertar la peregrinación que hizo a Tierra Santa, de la cual escribió un minucioso diario. Éste, después de su muerte, fue publicado por La Semana Católica en 34 capítulos con el nombre de “Notas de un peregrino en Tierra Santa”.

La peregrinación tuvo lugar durante la Semana Santa del año 1904, y los peregrinos españoles eran 250 y entre ellos 70 sacerdotes, don Joaquín y él. Comienza con la observación de que emprenden el viaje acompañados por la Virgen María y teniendo a bordo de la nave de los Padres Asuncionistas Franceses el Santísimo Sacramento. En todas las visitas a los Santos Lugares José María manifiesta su entusiasmo y da desahogo a su piedad. Nazaret y la casa de la Anunciación, Jerusalén con el Cenáculo y el Santo Sepulcro, Belén donde “adoré con profunda reverencia, toqué la tierra con mi frente, besé la estrella, oré por unos momentos, y mi alma y mi corazón se sintieron satisfechos”

Esa peregrinación terminó en Roma con una visita al Vaticano y al Papa Pío X.

Vocación a la Compañía de Jesús.

Según los testimonios recibidos en los Procesos esta vocación fue muy temprana. Los comienzos parece que hay colocarlos en los inicios de sus estudios sacerdotales. Un testigo dice que “le oyó contar al mismo P. Rubio que cuando era seminarista en Granada, con ocasión de una visita que hizo a Cartuja (el noviciado de los Jesuitas) había sentido la llamada de Dios para una vida más perfecta”. También esa misma confidencia la hizo a uno de sus compañeros del Seminario de Granada quien después también entró en la Compañía.

Y su hermano Serafín dijo:

“Desde la época en que se encontraba en el Seminario, mi hermano decía que quería ser jesuita, y escribió a mis padres pidiéndoles su consentimiento. Mis padres se opusieron, diciendo que si se hacía jesuita no volvería nunca más a verlos y que perdería por eso el cariño que les tenía. Pero él insistía, observando que le parecía extraño que no lo quisieran dejar ir por el camino que ya habían recorrido muchos santos. El nunca habló de ningún otro instituto religioso. Habló siempre que quería ser jesuita. Y poco después de la muerte de don Joaquín, mi hermano entró al fin en el Noviciado de la Compañía de Granada. No se aconsejó de nadie.”

El sacristán del Convento de las Bernardas atestiguó: “Don José María quería ser jesuita, pero no le agradaba a don Joaquín.”

Y el sacerdote José Herrera, amigo de la familia Rubio: “Por mis relaciones con la familia, sé que desde niño tenía inclinación a entrar en la Compañía de Jesús, y que don Joaquín se opuso una o dos veces a que lo realizase. Si no lo había hecho antes era por respeto, veneración y deseo de acompañar a don Joaquín.”

Está claro: José María lo deseaba y don Joaquín no. Cada cual tenía sus razones. Incluso en una ocasión en la que José María fue a Granada y comenzó unos Ejercicios Espirituales con intención de entrar en el Noviciado, don Joaquín escribió una carta al Provincial insistiendo en que “no lo dejasen sus últimos años sin la compañía de aquel santo”; y por lo tanto el Provincial le ordenó que volviese con su protector. De esta forma triunfó la voluntad férrea del protector y José María accedió hasta que Dios se llevó don Joaquín a su santa gloria el día 16 de enero de 1906.

La muerte de don Joaquín fue para José María una liberación dolorosa: no en vano habían transcurrido veinticinco años de convivencia. Don Joaquín, como último gesto, constituyó a José María heredero de todos sus bienes. Pero éste se apresuró a renunciar toda la herencia en favor del Seminario de Teruel al que dotó de becas para seminaristas, ya que aquélla era la ciudad natal de don Joaquín..

El ingreso a la Compañía.

José María se tomó algún tiempo. Notificó a su familia lo que pensaba hacer y decidió hacer Ejercicios y pasar unos días fuera de Madrid.

José María dijo su última misa en la Catedral de Madrid, ante el altar de la Virgen del Buen Consejo, donde había dicho la primera, y se encaminó al Noviciado de Granada con una resolución bien clara y firme. Fue aceptado como novicio el 12 de octubre de 1906. Llevaba casi veinte años de retraso en el cumplimiento de sus deseos.

En el Noviciado, encontró a un hombre verdaderamente providencial para él, que no sólo lo comprendería desde un comienzo, sino que lo dirigiría espiritualmente a lo largo de muchos años: el entonces Maestro de Novicios, y después Provincial, José María Valera.

Su compañero, el P. Luis Maestre recuerda: “Durante el Noviciado se comportó espléndidamente, como nadie. Recuerdo que hicimos un viaje a Alhama donde dio Ejercicios a las Clarisas con un gran fruto. Y otro viaje a Berja donde predicó una novena dejando fama de santidad. Fuimos dos o tres días a Dalías, donde predicó, acudiendo el pueblo entero. Y también en Montefrío. El P. Valera, su Maestro de Novicios, hacía grandes alabanzas de él sobre todo hablando conmigo.”

Terminado el Noviciado y hechos los votos del bienio, el 12 de octubre de 1908, todavía permaneció en Granada durante un año, que dedicó, como suele hacerse en casos semejantes, al repaso de la Teología y a ejercitarse en algunos ministerios más propios de la Compañía de Jesús: Ejercicios y Misiones populares.


En la Residencia de Jesús del Gran Poder, en Sevilla.

Terminada esta fase de su vida, su primer destino en la Compañía fue la Residencia de Sevilla, en el otoño de 1909.

Escasea la información sobre este período de su vida. En el Proceso Rogatorial hecho en Sevilla, en los años 1945 a 1947, no figura la declaración de ninguno de los jesuitas que vivieron con él en la Residencia. Tuvo como compañeros al Venerable Siervo de Dios P. Francisco de Paula Tarín s.j. quien murió en 1910 y al célebre jesuita P. Tiburcio Arnaiz, también fallecido antes del proceso.

Don José Sebastián Bandarán, laico, que trabajaba en la Residencia, recuerda: “Conocí personalmente al Siervo de Dios en la Casa de los Jesuitas en Sevilla, donde yo también residía por circunstancias especiales. Tuve relaciones continuas con él, porque además yo le ayudaba en algunos ministerios. Llegó a Sevilla el verano del año 1909 y ejerció los siguientes ministerios: Director diocesano y local del Apostolado de la Oración, Director de la Congregación Militar Reparadora, Director de la Congregación Mariana de San Luis y San Juan Berchmans y Director de la Obra de los Ejercicios Espirituales. Su tenor de vida era el siguiente: a las cinco, habiendo ya terminado su oración, bajaba a la iglesia, y se sentaba en el confesionario que abandonaba a las seis para celebrar, e inmediatamente volvía de nuevo al confesionario donde permanecía hasta las 11 cuando subía a desayunar. Después de haber cumplido los actos de comunidad, empleaba el resto del día en diversos ministerios: confesando a los enfermos, dando pláticas a las comunidades religiosas, así como tandas de ejercicios espirituales. En la Residencia estaba establecida la Adoración Nocturna, y el Siervo de Dios, que era muy devoto del Santísimo Sacramento, bajaba de noche para confesar a los adoradores y atenderlos. Durante el año que conviví con él pude observar que, mientras los otros religiosos, sus hermanos, practicaban la virtud en grado ordinario, el Siervo de Dios sobresalía sobre todos ellos, de suerte que los mismos fieles, acostumbrados a tratar con los otros religiosos, advirtieron rápidamente su virtud eximia. Insisto, sobre esta idea, porque he crecido entre los Padres de la Compañía y he convivido con ellos durante muchos años y puedo establecer así una comparación entre unos y otros.”

El P. Rubio dejó la Residencia de Sevilla porque insistió ante los Superiores en que le permitieran hacer la Tercera Probación, o sea esa especie de tercer año de noviciado, dedicado a los Ejercicios Espirituales, estudio del Instituto y otras prácticas pastorales que los jesuitas hacen al final de los estudios. Al P. Rubio no le obligaba esa Probación, pero él insistió que se la concediesen. Por ello fue enviado a Manresa. Su Instructor de la Tercera Probación, el P. Puiggrós, escribió de él: “Se distinguió por su sencillez y si discreta humildad. Era siempre uno de tantos, y solamente los que por otra vía conocían la influencia de que ya gozaba en Madrid, sabían quién era el P. Rubio.”

En la Casa Profesa de Madrid.

El P. José María Valera, su antiguo Maestro de novicios y ahora Provincial, lo llamó a Madrid y lo destinó a la Casa Profesa. Él lo conocía bien y sabía a quién llamaba.

El primer trabajo que le encomendaron fue encargarse de la dirección de la Guardia de Honor. Ese nombre, muy del gusto de entonces, evocaba una actitud espiritual casi castrense en el velar y honrar la gloria y el culto del Corazón de Jesús. La Obra tenía por finalidad lanzar y propagar esa devoción. Dirigida por los jesuitas tenía tres sedes o centros: en la Casa Profesa de la Compañía, y en el primer y tercer monasterio de las Salesas Reales. Con la dirección del P. Rubio muy pronto crecieron las cuatro ramas: caballeros, señoras, niveles populares y niños. Llegó a tener más de 300 celadoras, 550 celadores y un grupo infantil de unos 3.400 entre los cuales se encontraban los mismos Infantes de la Casa Real. La Guardia de Honor tenía celebraciones todos los Primeros Viernes y el Primer Domingo de cada mes. Y en la víspera del Primer Viernes se tenía una Hora Santa con predicación del P. Rubio, y además un Retiro mensual en la Casa de Ejercicios de Chamartín. En estos cultos, la iglesia siempre estaba llena, particularmente en todo el mes junio, y más aún durante la novena de la fiesta del Sagrado Corazón. Además los socios de la Guardia de Honor trabajaban en el legalizar matrimonios y en establecer escuelas dominicales en los barrios más apartados. Asimismo se promovía la entronización del Sagrado Corazón, especialmente en casa de los pobres. Para coordinar todo esto la Guardia de Honor publicaba un Boletín propio, que escribía casi totalmente el P. Rubio. Este es el testimonio de uno que lo conoció bien: “Yo era el sacristán de la iglesia donde se celebraban con gran solemnidad las funciones de la Guardia de Honor. El día de la fiesta del Sagrado Corazón las comuniones en nuestra iglesia llegaban a 4.000, y era tal la muchedumbre que a veces el Siervo de Dios se subía al púlpito y suplicaba que los que habían ya comulgado, después de una breve acción de gracias, se saliesen para dar lugar a otros que querían entrar”.

Y al lado de Jesús, el P. Rubio sabía que debía estar la Virgen María. Y por eso su preocupación por la Obra de “Marías de los Sagrarios”. Esta obra no fue fundada por él, pero el P. Rubio intuyó la capacidad apostólica de ella. Al comienzo, las Marías celebraban sus actos litúrgicos en la capilla del tercer monasterio de las Salesas, pero más adelante fundaron una capilla propia, Betania. Allí iba casi todos los días el P. Rubio para rezar con ellas el Rosario y hacerles una exhortación. Bien pronto la asociación llegó a contar con 6.000 Marías que se dedicaban a ayudar espiritual y económicamente a los pueblos y aldeas. En cada uno de ellos las Marías se ocupaban de enseñar el catecismo y en casi todos se hacía la consagración del pueblo al Corazón de Jesús. Cuando el Siervo de Dios murió, la información recogida para los Procesos constató que había más de 230 pueblos que recibían esa ayuda.

Como la asociación de las Marías, con su dedicación a la Eucaristía, estaba integrada exclusivamente por señoras, el P. Rubio decidió fundar en Madrid, en 1917, la Obra de los Discípulos de San Juan, con actividades paralelas a las Marías, con la aprobación entusiasta del obispo de Madrid. La Obra tuvo un éxito inicial extraordinario, pero los enemigos de la Iglesia, especialmente masones y librepensadores, hicieron una campaña virulenta en su contra, tanto que la autoridad eclesiástica consideró más acertado suspender temporalmente las actividades.

No fue esta trilogía de obras, la guardia de Honor, las Marías de los Sagrarios y los Discípulos de San Juan, las únicas que crecieron bajo la dirección del P. Rubio. También las Conferencias de San Vicente, las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón, las Catequesis de los suburbios como Las Ventillas y Tetuán de las Victorias.


Muchos se preguntaron cuál era el secreto del P. José María Rubio para alcanzar ese éxito en los ministerios. Todos los testimonios en los Procesos señalaron que el secreto del éxito estaba en la oración, primeramente. El P. Rubio era un hombre que oraba mucho y de verdad. Señalaron también, su manera de predicar. El P. José María ciertamente no era un orador, pero hablaba con extraordinaria simplicidad, subyugaba, y sus palabras llegaban al fondo del alma. E indicaron que además de las predicaciones desde el púlpito, el Padre tenía otra palabra de Dios, la del consejo y el perdón, que comunicaba en el confesionario. Él dedicaba una larga porción de su tiempo a administrar este sacramento, y no sólo como remisión de pecados, sino como ayuda y progreso en la vida espiritual. Ante todo sabía escuchar. Y creía verdaderamente que para dialogar era necesario primero escuchar, y así lo hacía siempre, sin urgencia, dando todo el tiempo. Y esto requiere paciencia, humildad, tiempo, apertura, porque cada persona tiene un ritmo distinto. Algunos compañeros de su comunidad, ante este modo de ser, consideraban que el Padre Rubio tal vez era demasiado crédulo y bonachón, y que confundía los buenos propósitos con las realidades.

La dirección espiritual la ejerció también fuera del confesionario, y varias personas no sólo se consagraron a Dios, sino que también fundaron y dirigieron en la Iglesia Institutos de Perfección y vida religiosa que aún existen.

Últimos días y muerte.

Los que lo conocían y trataron decían que el Padre Rubio jamás se cansaba, Y de hecho no existe una “historia clínica” de sus enfermedades. Solamente conocemos esa preocupación que tuvo don Joaquín Torres Asensio. De su vida en la Compañía sabemos que él nunca se dedicó a cuidar de su salud. Para él la salud era un instrumento al servicio de su sacerdocio. Él nunca decía nada, aunque a los ojos de otros apareciere como agotado.

En relación a su última enfermedad, el P. Puyal recuerda: “Estando yo a su lado, cooperando en sus Obras, observé que estaba mal, hasta el punto que los Superiores debieron ver algo grave, ya que decidieron enviarlo a Aranjuez, para que descansara y se repusiera. A mí me dijo: Voy a preparar todas mis cosas, porque me voy a Aranjuez y ya no vuelvo. Él presentía su muerte, y lo decía tranquilo, resignado y conforme.”

Esto sucedió tres días antes de su muerte. Aranjuez era la Casa de Noviciado de la Provincia de Toledo. El H. Enfermero declaró dos veces en el Proceso y dio detalles de un ataque repetido al corazón, de cómo rezó largamente en la Capilla antes de ir a su pieza y morir. Recibió la Unción con pleno conocimiento. Fue el 2 de mayo de 1929.

Apenas se supo la noticia mucha gente se trasladó de Madrid a Aranjuez. El funeral se hizo en el Salón de Actos, por no caber la gente en la Capilla del Noviciado. El entierro, en el cementerio propio del Noviciado.

Tras este sepelio en Aranjuez se realizaron en Madrid unos solemnes funerales en la iglesia de la Casa Profesa.

El Proceso de canonización.

La Investigación diocesana sobre la vida, virtudes y fama de santidad del Siervo de Dios comenzó en Madrid el 30 de abril de 1945. El 2 de mayo de 1960 se trasladaron sus restos a la nueva iglesia de la Casa Profesa.

El 6 de marzo de 1965 se inició un Proceso Apostólico que terminó, después de 62 sesiones el 11 de julio de 1968.

Fue beatificado en Roma por el Papa Juan Pablo II el 6 de octubre de 1985.

El mismo Juan Pablo II lo canonizó en Madrid, España, el 4 de mayo del 2003.




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Tomado de:

http://www.cpalsj.org/



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Ofrecimiento Diario - Intenciones para el mes de Mayo


APOSTOLADO

DE LA

ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE
MAYO



Ofrecimiento Diario

Ven Espíritu Santo, inflama nuestro corazón en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con él, por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:

Por el Corazón Inmaculado de María me consagro a tu Corazón y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar; con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial por las intenciones encomendadas al Apostolado de la Oración.


Por las Intenciones del Papa:

Intención General:

Para que se ponga fin al vergonzoso e inicuo comercio de seres humanos, que tristemente involucran a millones de mujeres y niños.



Intención Misional:

Para que los ministros ordenados, las religiosas, religiosos y laicos comprometidos en el apostolado, sepan infundir entusiasmo misionero a las comunidades confiadas a sus cuidados.




Por las intenciones de la Conferencia Episcopal Peruana:


Para que después de la catequesis de primera comunióny de la confirmación, nuestros jóvenes, debidamente ayudados, sigan asimilando y crezcan en el conocimiento y en la práctica de la doctrina de los sacramentos y de la vida cristiana.





Comercio de seres humanos

“...El tráfico de seres humanos, sobre todo mujeres, que prospera donde son escasas las oportunidades de mejorar la propia condición de vida o, simplemente, de sobrevivir... Las víctimas con frecuencia no albergan la más mínima sospecha de lo que deberán afrontar luego... Hay mujeres y muchachas que son destinadas a ser explotadas en el trabajo caso como esclavas y a veces, incluso en la industria del sexo... Hago mía la condena que expresó Juan Pablo II contra “la difundida cultura hedonista y comercial que promueve la explotación sistemática de la sexualidad” (Carta a las mujeres, 29.6.1995, n. 5) Aquí se halla todo un programa de redención y de liberación, del que los cristianos no pueden desentenderse...” (Benedicto XVI a la XCII Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, 18.12.2005, Extracto).


Entusiasmo Misionero en las comunidades

Las Obras Misionales Pontificias tienen el carisma de promover entre los cristianos el celo por el Reino de Dios... a través del anuncio del Evangelio... “pues son medios para infundir en los católicos, ya desde la infancia, el sentido verdaderamente universal y misionero... (Ad gentes, 38). El Concilio profundizó en la naturaleza y misión de la Iglesia particular, reconociendo su plena dignidad y su responsabilidad misionera. ...Las palabras de Jesús: “vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes... (Mateo 28,19-20), constituyen aún un mandato obligatorio para toda la Iglesia y para cada uno de los fieles de Cristo... (Benedicto XVI a la Plenaria de la OMP, 17.5.2008. Extractos)”


Aparecida - Misión Continental

“... el camino del discipulado misionero es fuente de renovación de nuestra pastoral en el Continente y nuevo punto de partida para la Nueva Evangelización de nuestros pueblos...” (Mensaje final. 3)


Eucaristía

Misa por cualquier necesidad. (Misal romano)


Palabra de Dios

Amós 2,6-7 ¡Ay de los que oprimen a los pobres!
Santiago 2, 5-9. Dios elige a los pobres.
Juan 8, 1-12. Jesús defiende la dignidad de la mujer.


Reflexionemos

¿Conozco algo de la trata de personas entre nosotros?
¿Qué hacer para evitar los males del comercio de seres humanos?
¿Cómo ayudar a sus víctimas?



P. Antonio Gonzalez Callizo S.J.

Director Nacional del Apostolado de la Oración (AO)
Parroquia San Pedro




Invitación


A participar de la Misa dominical de 11:00 AM en la Parroquia de San Pedro y a acompañarnos en las reuniones semanales a las 12:00 M en el claustro de la parroquia, todos los domingos. Asimismo, invitamos a la Misa de los primeros viernes de cada mes en Honor al Sagrado Corazón de Jesús, a las 7:30 PM en San Pedro.



Visítenos en:


http://formacionpastoralparalaicos.blogspot.com/ Etiqueta del Apostolado de la Oración





¡ADVENIAT REGNUM TUUM!

¡Venga a nosotros tu reino!

Apostolado de la Oración


Azángaro 451, Lima


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