San Roque González de Santa Cruz S.J. y San Alfonso Rodríguez S.J.



San Roque González de Santa Cruz S.J.



Fiesta: 16 de noviembre



Es el santo de las Reducciones guaraníes del Paraguay, una de las mayores glorias de la Compañía de Jesús.

Niñez y familia

Roque nace en Asunción del Paraguay en 1576. Son los albores de la conquista española en el continente americano. No sabemos el día exacto, pero sí el año.

Es el hijo menor, o tal vez el penúltimo, entre 10 hermanos.

Su padre es hombre maduro, Bartolomé González de Villaverde, natural de la ciudad de León en España. Bartolomé ha llegado a la cuenca del río de la Plata, en 1538, con la armada del adelantado Pedro de Mendoza. Luego ha ido a España y ha regresado. Su cargo es el de escribano real. Es el único escribano en la ciudad recién fundada de Asunción.

La madre es doña María de Santa Cruz, emparentada también con los primeros conquistadores.

De este matrimonio nace una familia, conocida e importante, conectada a los principales hechos del nuevo país del Paraguay.

El primogénito, Francisco, toma parte en la conquista del territorio de los guaycurúes. Es uno de los primeros habitantes de la nueva ciudad San Juan de Vera de las siete Corrientes (hoy Corrientes, en Argentina). Es encomendero, contador real y alcalde. Con sus hombres llega a Concepción, va a Santiago del Estero y al mismo Buenos Aires. Al final de sus días es teniente de gobernador en Asunción, justicia mayor y capitán de guerra.

Don Diego es el que sucede al viejo Bartolomé en el cargo de escribano real. Es militar. Como general de tropas participa también en varias expediciones militares.

Don Pedro es un buen sacerdote. Canónigo de la catedral de Asunción, es conocido como "hombre de buen ejemplo".

Don Juan es el que tiene a su cargo la dehesa y los caballos de la ciudad. Don Gabriel es el que viaja a Lima para hacer allí sus estudios eclesiásticos. Don Mateo es después el tesorero de la catedral de Chuquisaca.

Las hermanas - doña Francisca, doña María y doña Mariana - casadas todas ellas con conquistadores, son los troncos de las principales familias del Paraguay y de las diversas ciudades argentinas.

La educación primera

Roque recibe la educación primera en su propia casa. Esa es la costumbre y no hay otra alternativa.


Es muy probable que haya asistido también, durante el obispado de Fray Alonso de Guerra, a las clases dictadas por el mismo obispo a jóvenes escogidos de Asunción, "con mucha solicitud para ordenarlos y haya quien sirva a la iglesia".

Así se inicia el estudio de las letras, aprende algo de latín y las primeras nociones de la vida espiritual y de oración.

En el Colegio de los jesuitas

Roque tiene doce años de edad cuando llegan los padres de la Compañía de Jesús a la ciudad de Asunción. Vienen desde el Brasil y es el año 1588.

Desde 1556 San Ignacio piensa en la misión. "De las Indias del Brasil tenemos noticias. Han comenzado a comunicarse los de la Compañía que están en la Capitanía de San Vicente (hoy Sao Paulo) con una región de españoles que se llama Paraguay en el Río de la Plata. Estará a una distancia de 150 leguas de la residencia de los dichos compañeros. Del Paraguay hacen gran instancia al P. Nóbrega para que vaya allá. Le prometen hacer cuanto les mandare. Parece que tienen gran falta de quien enseñe, no sólo los indios, sino también los españoles".

De inmediato los padres de Roque lo matriculan en el Colegio de los jesuitas. El primer Superior es el P. Juan Saloni. Con él, Roque trata las cosas de su espíritu.

El ejemplo de un santo

Cuando Roque tiene trece años, una experiencia espiritual marca su vida. Conoce a San Francisco Solano, el santo franciscano que recorre América y, está ahora en Asunción.

El jueves santo de 1589, es testigo de la salvación de Asunción ante la confederación de millares de indios que se aprestan a destruirla. Lo oye hablar en guaraní, lo ve apaciguar a los indios y asiste a muchos bautismos de ellos.

Roque parece tener pasta de jefe. Se sabe, por muchos testimonios, que a la edad de 14 años, motivado por la lectura de la vida de los santos, convence a un grupo de jóvenes para vivir a doce leguas de la ciudad en oración y penitencia. Por cierto, los padres y los parientes de los muchachos los obligan a regresar y a renunciar a estos planes peligrosos e infantiles.

Un alumno distinguido

De nuevo en clases, Roque se distingue. Llama la atención por su recogimiento y por su honestidad de vida.

En el Colegio incipiente de los jesuitas, es tenido como ejemplar, por su dedicación a los estudios y frecuencia asidua a los sacramentos de la confesión y comunión. Así lo dicen los testimonios conservados en el proceso que lo llevará a los altares.

Desde pequeño trata con el indio. Los españoles de la época no tienen en Asunción, en sus casas y en sus chacras, sino a indios sujetos al servicio personal, asalariados según las disposiciones reales.


Roque está bien formado por sus padres, por la educación recibida en el Colegio y su natural inclinación. Trata a los indios con respeto, con cariño. Los instruye en la fe y en la cultura. Ellos a su vez le entregan los secretos de la lengua guaraní. Se comprenden. Son amigos.

La ordenación sacerdotal

En diciembre de 1598, cuando Roque alcanza los 22 años de edad, la ciudad de Asunción recibe la visita de un obispo. Es un acontecimiento importante para esos cristianos tan abandonados. La diócesis, creada en 1547, no ha tenido obispos residentes sino en contadas excepciones, y por muy corto tiempo.

El Gobernador de Asunción, el célebre Hernandarias de Saavedra, invita a venir desde Córdoba del Tucumán a su hermano obispo Hernando de Trejo y Sanabria.

El obispo aprovecha su visita y ordena de sacerdotes a 23 jóvenes de la ciudad, entre ellos a Roque González y a su hermano Pedro. Hay gozo en la iglesia y en todas las familias cristianas. Es la primera ordenación sacerdotal celebrada en la ciudad.

Ministerio en los yerbales

Inmediatamente después de la ordenación sacerdotal, Roque va a ejercer sus ministerios a la región del Jejuí, llamada entonces de Mbaracayú. Es una zona cubierta por yerbales y tiene mucha población de indios. Esos hombres forman parte de la encomienda entregada al general Irala, desde los inicios de la conquista.

Su ministerio en guaraní es aceptado con agrado y no sólo por el idioma. En verdad tiene un carácter suave, fervoroso y quiere a sus compatriotas. Las injusticias del sistema de encomiendas, que constata, le son intolerables. Los campesinos captan de inmediato esta amargura de Roque.

La región del Mbaracayú produce mucha yerba. Pero se debe al trabajo forzado de los campesinos de la encomienda y a los indios yanaconas de servicio. Roque sufre ante la situación de injusticia.

En la parroquia de Asunción

Roque González vuelve a la ciudad de Asunción. Su cargo ahora es el de párroco en la Catedral. El trabajo es inmenso, porque no hay una parroquia mayor en el país. Se entrega. No parece tener descanso. Por su familia tiene influencia entre los grandes. Por su natural disposición está con los pequeños. No todos ven con buenos ojos esta preferencia hacia los pobres. Se le achaca "inclinación a criollos y mestizos en perjuicio de los peninsulares". Otro da una razón odiosa: "para los españoles le falta opinión de letras."

A mediados de enero de 1603 llega a Asunción el nuevo obispo, el franciscano Martín Ignacio de Loyola. Es sobrino nieto del fundador de la Compañía de Jesús. Viene con veinte franciscanos. La ciudad se ha preparado como para una visita de Cristo. Conoce el nombramiento desde el 9 de octubre de 1601. Se une con la oración a la consagración episcopal celebrada en la lejana ciudad de Valladolid. Una delegación ha ido a Buenos Aires para recibirlo el primer día del año.

No es de extrañar, el recibimiento asunceno es apoteósico. Roque González de Santa Cruz como cura párroco de la Catedral es el encargado de dar la bienvenida.

El primer Sínodo diocesano

El nuevo obispo es un hombre ejecutivo. Para organizar su pastoral convoca de inmediato al clero a participar en un sínodo. Es el primero en la historia paraguaya. Es necesario ratificar las directrices del Concilio celebrado en Lima en 1583.

Roque organiza. El obispo sabe que es el hombre adecuado. El sínodo se realiza ese mismo año, desde el 6 de octubre hasta el 2 de noviembre de 1603. En él, gracias a la intervención de Roque, se insiste en la obligación de los curas y catequistas de aprender la lengua guaraní, "pues en ella podrán ser más bien enseñados y entenderán mejor la doctrina cristiana, y por ese camino les oirán con mayor gusto y amor".

También el sínodo establece la "Reducción de indios", para formarlos mejor y para liberarlos del abuso de los encomenderos. Estos los tienen muy repartidos y divididos porque "con eso pretenden sus intereses particulares".

Igualmente, el sínodo dicta una instrucción para los confesores. En ella se exige la defensa del indio, contra las "conquistas". Estas no lo respetan como a persona libre. Abusan y fomentan el reclutamiento de los indios para servicios personales. Estos son explotados en el trabajo.

La instrucción del sínodo exige el pago del salario, el respeto de las costumbres, la observancia fiel de los horarios de labor. A la servidumbre se la debe tratar como a gente libre. Todos tienen el derecho a contraer matrimonio libremente y a tener consigo a la mujer y a los hijos. Cada cual es libre para volver a su tierra y a su cacique.

Ese es un Sínodo notable. Y la mano de Roque González de Santa Cruz está en todos sus decretos.

Vicario General de la diócesis

El obispo franciscano Martín Ignacio de Loyola muere el 9 de junio de 1606. Es llorado por todos, especialmente por Roque y sus queridos guaraníes.

El sucesor, el dominico Reinaldo de Lizárraga, viene de Chile. Es el obispo de La Imperial. De inmediato se da cuenta del valor e importancia de Roque. Decide nombrarlo Provisor y Vicario General de la diócesis.

El ingreso a la Compañía de Jesús

Roque no desea cargos. Hace tiempo que está en discernimiento. Lo acompaña el superior de los jesuitas. En oración, muy urgido esta vez, decide, "con humildad y santidad" no aceptar esas dignidades que él no ha buscado y que lo alejan definitivamente de su vocación hacia los pobres y los indios.

De inmediato habla con el P. Marciel de Lorenzana, Rector del Colegio de Asunción, y le insiste en la respuesta "que después de muchas largas" le está debiendo desde hace tanto tiempo.

El P. Lorenzana escucha. Vuelven a repasar juntos los puntos del discernimiento, los pro y los contra. Roque hace los Ejercicios de San Ignacio. Como siempre se muestra decidido. Al fin el P. Rector, consultado el Provincial, lo admite en la Compañía de Jesús.

El noviciado de Córdoba

Ingresa el 9 de marzo de 1609. El noviciado lo hace en Córdoba del Tucumán.

Desde el año anterior, el de 1608, existe la nueva Provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús. Su jurisdicción abarca desde Chile hasta la cuenca del Río de la Plata.

Poco sabemos de la vida del novicio en la ciudad de Córdoba. Hace el mes de Ejercicios, se ejercita en humildad, cuida a los enfermos y catequiza a los humildes. Hace renuncia de sus bienes a la Compañía: la chacra de Tacumbú, de dos hectáreas, en las cercanías de Asunción.

La primera misión del novicio

A fines de 1609, todavía novicio, Roque es escogido, por el Padre provincial Diego de Torres Bollo, para una misión entre los indios guaycurúes. Se trata de una tribu nómade y muy guerrera. Un guaycurú equivale, en la guerra a veinte indios de otras tribus. Ese es el parecer de los españoles.

Los dos jesuitas designados son los PP. Vicente Griffi, italiano, y Roque González, más joven y conocedor de la lengua. La expedición cruza el Río Paraguay y entra en el Chaco. Tienen solamente dos acólitos jóvenes y un indio guaraní que sabe el idioma de los guaycurúes. No quieren ningún soldado ni otra defensa. El plan de la misión está discernido: o es una "conquista espiritual", o un desastre.

Desembarcan en el Chaco, y caminan tierra adentro en busca de las tolderías de los guaycurúes.

Después de tres días, cruzando ríos y atravesando pantanos, entran en contacto con algunos centinelas. Con dificultad se acercan al toldo del cacique. Son recibidos con gran desconfianza. Sospechan los indios la traición acostumbrada.

Pero al convencerse de las intenciones pacíficas de Roque y sus compañeros, les permiten vivir en las cercanías, en una choza de esteras. Los Padres se dan a entender por medio del intérprete y tratan de aprender esa lengua tan dura, también para el Padre Roque. Poco a poco, el cacique empieza a fiarse y promete encontrar el lugar adecuado para empezar la "reducción".

Una carta del P. Provincial al General de la Compañía de Jesús cuenta los detalles de esa primera misión.

"Después que los Padres entraron allá, muchos vienen en paz a la ciudad de Asunción, a vender pescado y otras cosas. Siempre vienen a nuestra casa, y a todos los regalamos con nuestra pobreza, cuanto es posible. Y se van domesticando notablemente, con gran admiración de los españoles. Mayor la tuvieron cuando vieron venir al cacique principal hasta la orilla de la otra parte del río, con muchos indios, para llevarme a su tierra. Los dos escogeremos el sitio para el pueblo y la iglesia. No quise llevar conmigo a nadie, sino a dos de mis compañeros, aunque fue contra el parecer de los españoles.

Ellos juzgaban que iba yo con mucho riesgo, pero nunca me pareció tal cosa. Nos llevaron con alegría. Pasamos a hombros algunos pantanos muy profundos, donde los caballos no podían hacer pie. Me regalaron con su pobreza, un día y una noche.

Allí estuve. Habiendo escogido el mejor sitio que nos pareció y habiendo repartido entre el cacique y los indios algunas cosas, me devolvieron hasta el río. Me dijo el cacique con gran ponderación que se estimaba honrado por haber yo llegado hasta su tierra. En agradecimiento me dio la palabra en nombre de sus indios y suyo, de obedecerme en todo lo que les mandásemos. Me recomendó darme prisa para volver a Asunción".

Tenemos otra carta, del P. Marciel Lorenzana, del 19 de octubre de 1610.

"Anteayer pasó el P. Roque González a la otra banda, y fuimos con él, el capitán Alonso Cabrera, Miguel Méndez y yo. Nos recibió Don Martín, el cacique, muy bien. Tenían hecha una razonable chozuela para los Padres en que nos aposentaron. Acerté al llevar conmigo a cinco indios y a dos niños que traje del Paraná. Fue providencia de Dios, porque en la noche hice juntar al cacique con sus guaycurúes a un lado, y puse a los calchines y paranáes al otro. Puse a los niños al medio. Yo dije: Vengo del Paraná y traigo conmigo a éstos mis hijos y quiero que estos niños les enseñen la palabra de Dios. Escuchen con gran atención e hinquémonos de rodillas. No se deben levantar hasta que yo lo mande. Lo hicieron así. Rezaron las oraciones y catecismo y cantaron sus coplitas, oyendo y rezando los guaycurúes con gran devoción y atención. Luego les dije: Ya sabéis que los indios paranáes son muy valientes y hasta ahora han sido malos, porque no habían oído la palabra de Dios. Pero después que Dios me envió a su tierra y la oyeron, son buenos y a mí me quieren mucho. Todos los caciques querían venir conmigo, pero yo no quise para que acudieran a sus chacras. Sólo traje a estos a vuestras tierras para que veáis lo que os he dicho, y entendáis que vuestros hijos han de saber las cosas de Dios como estos niños, y después han de ser vuestros maestros.

Oyeron esto con mucho gusto y aplauso. Les dije que quisieran mucho a los Padres y les obedecieran y se fiaran de ellos, pues no buscaban sus haciendas, sino sus almas para Dios. Respondió el cacique que él los amaba entrañablemente y que se fiaba de ellos, y les obedecerían.

Entonces dije: Por la mañana comencemos a cortar madera para la iglesia y para una cruz. A la mañana siguiente la comenzaron a cortar con mucho gusto, ayudándoles mis paranáes. Los dos españoles estaban admirados al ver su obediencia.

Yo me volví muy satisfecho, pues advertí en los guaycurúes una admiración grande al ver a los paranáes tan domésticos, y a sus hijos que sabían tan bien la doctrina. Parece que los niños guaycurúes tenían envidia".

Los votos religiosos

El 10 de mayo de 1611, Roque pronuncia en la capilla del Colegio de Asunción los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia en la Compañía de Jesús.

Es su entrega plena. La ha confirmado en esos dos años de noviciado, en el mes de Ejercicios y en las misiones. Se siente muy feliz. El padre provincial Diego de Torres Bollo se da cuenta de su valiosa vocación orientada a los pobres.

La aventura de las Reducciones

Inmediatamente después comienza para Roque la increíble aventura de las Reducciones.

Las dos primeras están fundadas. Los jesuitas las han dedicado al fundador de la Compañía. San Ignacio no está todavía canonizado, pero sí en los altares. San Ignacio Guazú (guazú significa grande), en el actual Paraguay, y San Ignacio Miní (miní significa pequeño), en la actual Argentina. El gobernador Hernandarias las ha pedido. En 1609 y en 1610 los padres de la Compañía están ya con los indios.

San Ignacio Guazú

El 20 de mayo de 1612, Roque queda a cargo de San Ignacio guazú. Su capacidad organizadora se manifiesta desde el primer momento.

Aprende a utilizar, con gran esmero, el gusto de los guaraníes por la música. En el canto y las demás artes, especialmente la escultura, encuentra el modo para hacer vivir la fe. Con sus guaraníes se siente doblemente feliz.

Roque describe así sus trabajos, en carta a su Provincial:

"El paisaje correspondiente a este pueblecito es muy gracioso, el clima excelente. Los terrenos son fértiles, dilatados y suficientes para ocupar a unos 400 agricultores. Agua y leña no faltan. Hay selvas para la caza.

El año pasado ya había algo de cosecha. Este año hay abundancia, por lo cual todos están muy contentos. Se cuentan en este pueblo unas trescientas cabezas de ganado.

Fue necesario construir este pueblo desde sus fundamentos. Lo construí a la manera de los pueblos españoles, para que cada uno tenga su casa con sus límites determinados y su correspondiente cerca. Para servir construimos nuestra habitación y el templo. Todo muy cómodo, cerrado con tapia, los edificios con viguería de cedro, muy abundante en esta zona. Hemos trabajado mucho en el arreglo de todo esto.


Los domingos y en las fiestas predicamos durante la santa misa, precediendo a ella la explicación del catecismo. Nos preocupamos, con igual solicitud, de los muchachos y muchachas. A los adultos los introducimos, hombres y mujeres separadamente, ciento cincuenta de cada sexo.

No mucho después del almuerzo les enseñamos por espacio de dos horas a leer y escribir. Entre los bautizados este año, hay unos ciento veinte adultos.

Está el pueblo en nueve cuadras. Una sirve de plaza. Cada cuadra tiene seis casas. Junto a la plaza está el sitio de la iglesia y junto a ella nuestras habitaciones. Todo esto he procurado hacer, con el menor costo y trabajo de los indios, a los que he pagado con buenos rescates el trabajo, de suerte que ellos están contentos y pagados, y yo mucho más".

La carta de su compañero, el P. Francisco del Valle es muy explícita:

"Todo esto se ha levantado mediante los increíbles trabajos del Padre Roque González. El mismo, en persona, es carpintero, arquitecto y albañil. Maneja el hacha y labra la madera, y la acarrea al sitio de construcción, enganchando él mismo, por falta de alguien más capaz, la yunta de bueyes. Él hace todo solo".

Una carta memorable

Tenemos la suerte de poseer una carta escrita por el P. Roque González durante su estadía en San Ignacio Guazú. Es del 13 de diciembre de 1614.

La carta es de queja y de defensa. Está dirigida a su hermano mayor Francisco, el Teniente General de Asunción. Las ideas pueden parecer audaces para la época, pero es la eterna defensa de los derechos humanos que la Iglesia debe, por misión, proteger. El estilo es como las cataratas de Yguazú.

"Recibí su carta y por ella me di cuenta del gran sentimiento y de las quejas de los encomenderos contra los indios y especialmente contra nosotros. Esto no es novedad, porque seé que no es de ayer, sino de muy antiguo. A esos señores encomenderos y soldados les es propio el quejarse. Han pasado exagerado en esto y han levantado grandes contradicciones a la Compañía, con mucha honra y gloria de los que las han sufrido.

Es causa verdaderamente justa, el hacer que los indios, por el derecho que tenían y tienen, vuelvan a ser libres de la dura esclavitud y servidumbre del servicio personal. Pertenece a la ley natural y divina, y también a la humana, el que estén exentos.

Los de la Compañía, como es su obligación, apoyan lo que muy justamente ha ordenado Su Majestad por medio de su visitador. Los indios son libres de la servidumbre y esto lo ha confirmado la real Audiencia. Los encomenderos temen que con esto hacemos grave daño. Dicen que nosotros vivimos en estos pueblos engasando e impidiendo a los indios a servir como antes. Para evitarlo han pedido el sacarnos de aquí. En virtud de esta petición a las autoridades algunos vinieron, con violencia, nos echaron de la iglesia y nos impidieron decir misa. No bastó para apagar ese fuego ni el derecho de la Compañía, ni los medios pacíficos que tomamos, ni la autoridad del P. Diego de Torres.

Los indios quieren pagar tributo, como Su Majestad les ha mandado. Los encomenderos desean el servicio personal. Nos echan la culpa de que las cosas no resulten como ellos quieren. Pero ni nosotros, ni los indios, tenemos culpa. Más bien tenemos mérito ante Dios y Su Majestad. El Rey holgará mucho al saber que los indios conocen y usan sus derechos. Los encomenderos dicen, me consta claramente, que si nosotros cambiáramos de opinión, ellos nos apoyarían, permitiéndonos estar con los indios.

Por lo demás los indios, que fueron obligados a salir de aquí, han regresado casi todos. Ellos no pueden ser forzados a salir de sus tierras. Ese es su derecho, según lo ordenó Su Majestad por medio de su visitador. El mismo gobernador Hernandarias vino hasta aquí en persona. Se declaró protector de los indios y declaró que no estaban obligados a dejar sus tierras.

Ud. mismo dijo, claramente, que los feudatarios no tenían ninguna otra obligación sino pagar el tributo estipulado de cinco pesos. Afirmó Ud. que ellos no tenían por qué dejar a sus mujeres y a los hijos para ir a servir a tan lejanas tierras, y por tanto tiempo. Ud. nos pidió, para evitar mayores inconvenientes, que fueran unos treinta. A nuestra solicitud, fueron casi todos.

Regresaron, y la causa la dan los mismos indios: el mucho trabajo, el mal tratamiento y la falta de comida. Decir que nosotros somos la causa, muestra la pasión de los encomenderos y el mucho deseo de hablar mal de la Compañía. Los encomenderos dicen que los indios han huido porque nosotros vivimos aquí. A mí me parece que Ud. se inclina a creerles. Pero nosotros, señor General, no tenemos más que una cara.

Los encomenderos afirman que nosotros impedimos el servicio de Dios y del Rey. Nuestro Señor no manda que la predicación del Evangelio deba hacerse con ruido de armas y de malocas, sino con ejemplo de buena vida y santa doctrina.

Así lo hicieron siempre los Apóstoles y todos los varones apostólicos, aunque sea derramando su sangre. Así lo hicieron, hace muy poco, tres santos varones de nuestra Compañía en Chile. A Su Majestad no pueden agradarle intentos de reducción a la sombra de sus armas.

Conforme a esto, señor General, nadie tiene potestad para que estos indios trabajen a la fuerza. Nadie puede castigarlos por desobedientes. Los indios no están procediendo contra un mandamiento ni contra orden alguna del Rey Nuestro Señor. Más bien, actúan conforme a las ordenanzas reales. Mientras no conste lo contrario, nadie los puede castigar.

Para evitar males mayores, nosotros hemos aconsejado que algunos vayan a las encomiendas. Otros han querido usar sus derechos, tal como yo lo veo.

Nuestro Señor, que ve y sabe todas las cosas, enviará el remedio. No está lejos el día en que Él premiará las buenas obras y castigará los agravios hechos especialmente a los pobres.

Espero que Vuestra Merced vea claramente cómo le han informado mal los encomenderos, quizás engañados por la pasión. Ellos dicen que los indios no tienen con qué pagarles, los muchos años de tributos que les deben. Esto me ha causado gran admiración. Sí de cierto que lo que los encomenderos tienen, aunque se queden en camisa, no podría satisfacer ni pagar lo mucho que ellos deben a los indios. El estar los encomenderos en esta ceguera tan grande, es la causa de que no se los quiera confesar por gente que sabe y es temerosa de Dios.

Y de mí digo, que no confesaré a ninguno, por nada del mundo, porque han hecho mal y no quieren reconocerlo. No desean restituir ni enmendarse".

La labor continúa

No sabemos si Francisco, el hermano y gobernador, contestó esa carta. Hay algún indicio de que queda impresionado por la sinceridad y la fuerza de su hermano menor. De hecho al año siguiente, le da licencia para que establezca tres o cuatro reducciones en la región de Itapuá.

Durante los años en San Ignacio Guazú, Roque halla tiempo para hacer un trabajo que seguir siendo útil todavía después de su muerte: la traducción al guaraní del tercer catecismo de Lima. Es el del Concilio de Santo Toribio de Mongrovejo. El catecismo de Roque incluye también sermones y oraciones.

El organizador de Reducciones

Con la bendición del nuevo provincial, el P. Pedro de Oñate, a fines del año 1614, Roque González se despide de su compañero el P. Francisco del Valle y decide avanzar en la búsqueda de otros indios del río Paraná.

Navega río arriba. Visita tolderíos, sin ningún miedo. "¿Cómo te has atrevido a entrar hasta aquí, donde no ha puesto sus pies ningún español?", le dicen los caciques. Roque explica en su lengua guaraní que ha venido a enseñar el camino del cielo. Y en varias partes recibe de los caciques las promesas para las nuevas reducciones.

Interrumpe el viaje. Vuelve a Asunción a pedir los nuevos compañeros jesuitas que le son necesarios. También debe obtener de su hermano Francisco, el teniente general, las debidas licencias.

A pesar de la dura carta escrita hace dos meses, obtiene los permisos requeridos, y en las condiciones impuestas por Roque. El documento lleva la fecha del 23 de febrero de 1615 y la firma es de su hermano Francisco:

"Los Padres de la Compañía de Jesús con mucha caridad y celo de Dios y de Su Majestad tienen comprometidos a muchos indios infieles para reducirlos en poblados, donde serán instruidos en las cosas de nuestra santa fe católica.

Yo, en nombre de Su Majestad y en virtud de los poderes que tengo para ello, doy licencia y facultad al Padre Roque González de Santa Cruz, para que pueble y haga tres o cuatro reducciones en los lugares que mejor le pareciere.

Mando, so pena de doscientos pesos, que ninguna persona, de cualquier estado o condición que sea, de ninguna manera se atreva a estorbar o impedir las dichas reducciones. Aquel que impidiere o hiciere impedir será castigado rigurosamente, como persona que procura impedir una cosa tan santa y de tanto servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad".

Reducciones del alto Paraná

Roque regresa solo a los puestos del alto Paraná. Esos indios son difíciles, pero con suavidad pueden ganarse.

A los dos meses llega su compañero, el P. Diego de Boroa. Roque lo recibe con profunda alegría en su pequeña chocita de caña y paja. Al lado ha construido una capillita, un poco más ancha que el altar. La necesidad es grande, el frío no deja siempre dormir, la comida es un poco de maíz cocido y a veces pan de mandioca del que comen los indios.

Ambos jesuitas trabajan con los indios en la construcción, primero, de una pequeña Iglesia, baja y cubierta de paja, que a los indios parece un palacio real. La terminan el día31 de julio de 1615, el día de la fiesta del Bienaventurado Padre Ignacio.

"Este es un lugar ameno deleitable y parece que con pincel no se puede pintar mejor. Tiene bosques y prados frescos. Está en un alto sobre el Paraná que tiene como media legua de ancho. Allí el río forma una ensenada que parece mar. Vemos desde nuestros mismos aposentos el ir y venir de todas las canoas de nuestros indios".

El P. Boroa agrega: "Pusimos una campana en un campanario de madera, con gran admiración, como cosa nunca vista y oída en esa tierra".

Junto a la cruz levantada por los indios dicen la misa y renuevan sus votos religiosos. Esos son los comienzos de la Reducción de Itapuá (la actual ciudad de Encarnación).


En el año 1616 Roque se empeña en la fundación de la Reducción de Yaguapo (la actual ciudad de Posadas).

Destinado al río Uruguay

En Yaguapoá, Roque González recibe el nuevo encargo del P. Pedro de Oñate, el provincial. Debe volver a Itapuá de Encarnación y prepararse para pasar al río Uruguay y fundar, también allí, otras reducciones. Antes debe hacer la profesión solemne de sus votos.

El P. Oñate dice en una carta a Roma:

"El río Uruguay es un río caudaloso, casi tan grande como el Paraná. Corre paralelo a éste. No se conocen sus fuentes. Creemos que están en el Brasil.

Allí, en el río Uruguay, viven muchos indios, más de sesenta mil, buenos y mansos. El Padre Roque González, dominador de la lengua, experimentado operario y muy fervoroso, ha entrado algunas veces a los primeros pueblos y ha hallado una buena disposición.

Dejando a dos padres en cada una de las tres residencias del Paraná, he determinado que el Padre Roque González entre a romper este nuevo campo del Señor".

Los últimos votos

En su querida misión de Itapuá de Encarnación, Roque hace diez días de Ejercicios Espirituales y pronuncia su profesión el día 20 de octubre de 1619. Su compañero de últimos votos es el futuro mártir, P. Pedro Romero.

El P. Diego de Boroa describe la ceremonia de sus dos amigos:

"Fue un grandísimo consuelo y también confusión mía el tener a estos dos ejemplos de virtud ante mis ojos. Hicieron los votos con fiesta mayor y el regocijo que nos fue posible, con gran concurso de indios de diversas reducciones".

La Reducción de Concepción

Al día siguiente el P. Pedro Romero vuelve a su puesto en Yaguapoá. Roque se dispone a partir el día 25.

El P. Boroa escribe:

"Por la mañana, estando el altar y la iglesia adornados para fiesta principal, repicamos las campanas. Junto a todo el pueblo dijo la misa cantada el Padre Roque.

Después de quitarse los ornamentos nos acercamos, uno tras otro, a besar la mano al Padre y a despedirnos de él. Después lo abrazamos con mucha ternura y afecto, prometiéndonos todos una misión alegre y feliz. Fui acompañando al Padre Roque hasta un riachuelo que hay lejos. Ahí nos volvimos a despedir con mucho afecto".

Roque lleva en sus brazos la imagen de la Inmaculada que le ha donado el P. Diego de Torres. El la llama cariñosamente la Conquistadora.

La entrada en el río Uruguay es tranquila. Roque escribe: "Todos los caciques vienen a darme la bienvenida y a decir que se alegran de mi llegada".

Su amigo, el P. Diego de Boroa agrega desde Itapuá:

"Con gusto los caciques han salido a hablar al Padre Roque. Anteayer recibí una carta suya en que me dice que ya ha encontrado un excelente sitio para la reducción. Tiene monte airoso y buena vista. Está a una legua pequeña del río Uruguay. Los caciques quieren que haga allí una capilla con campana".

El P. Boroa, para ayudar en la construcción, envía carpinteros. El 8 de diciembre está ya levantada la cruz, la pequeña iglesia y el campanario. Por ser la fiesta de la Inmaculada la nueva reducción recibe el nombre de Concepción. La Conquistadora tiene su templo.

La canonización de Ignacio y Francisco Javier

Para esta fecha solemne, el 12 de marzo de 1622, Roque González es llamado a la ciudad de Asunción. Hasta allí viaja con el célebre cacique Guarecipú, sus cristianos y catecúmenos.

Roque organiza a los niños para la fiesta de sus Padres fundadores. Los distribuye en dos bandos. Uno de cristianos y otro de paganos. Los dos grupos simulan una batalla. Los infieles van vestidos con ricos plumajes y armados con arcos y macana. Los cristianos pelean con una cruz. La música de las flautas, violines y tambores regula los movimientos de los niños. Se juntan, se separan, avanzan, retroceden. Al fin la victoria es de los cristianos. Los vencidos son llevados entonces ante las autoridades que están presentes, pero ellos corren al altar de San Ignacio y de San Francisco Javier donde dan gracias porque son sus hijos los que han introducido el cristianismo en sus tierras. La fiesta termina con el bautismo solemne de veintitrés catecúmenos.

La Reducción de San Nicolás

Roque es incansable. En algunos meses comprende que la reducción de Concepción está ya muy sólida. Es importante, entonces, seguir en pos de los indios.

Sobre el río Piratiní, un afluente del Uruguay, descubre un sitio excelente. Es el día de la Invención de la Santa Cruz, el 3 de mayo de 1626.

Celebra la primera misa y dedica la nueva fundación a San Nicolás. Es una delicadeza, en honor al nuevo provincial, el P. Nicolás Mastrilli.

Este es el informe del P. Mastrilli a Roma:

"Esta es la segunda Reducción que el Padre Roque González funda en el Uruguay. Dista siete leguas de Concepción. Está en el río Piratiní, que deja sus aguas en el Uruguay. En el día de hoy tiene quinientas familias. La tierra es fértil y apta para un gran pueblo. El cacique principal ha dado muestras de constancia y gran diligencia".

La visita que hace el Provincial a la nueva reducción es todo un acontecimiento.

"Fue tal la alegría de todos los indios, que obligado yo a pasar la noche algo lejos del pueblo, ellos la gastaron toda entera en hacer fiestas y regocijos. Atronaban los campos con el estruendo de sus instrumentos. Por la mañana vinieron a recibirme y acudieron tantos a besarme la mano, que me vi en peligro de ser ahogado en el tumulto. Los dos Padres que iban a mi lado los moderaron".

En Buenos Aires

En 1617, el rey divide la antigua región del Río de la Plata en dos provincias. Una tiene por capital a la ciudad de Asunción y recibe el nombre de Guairá. La otra conserva el nombre antiguo y tiene por capital a Buenos Aires. El río Uruguay pertenece a la segunda.

En septiembre de 1623, don Francisco de Céspedes gobernador de Buenos Aires pide hablar con el Padre Roque, pues desea favorecer sus planes.

Roque viaja, con gran esperanza. El P. Provincial informa a Roma: "No se puede decir el regocijo de todos los Padres y en particular del Padre Roque González, viendo que Dios lo convidaba por donde jamás imaginó. Se abre una puerta que él no había, hasta ahora, de romper con tantos trabajos".

El P. Roque llega a Buenos Aires el 24 de junio de 1624 con algunos indios que trae de su Reducción, "como muestras y primicias del Uruguay". El gobernador lo recibe amablemente. Le da en nombre del rey amplia facilidad y poder, sin limitación y restricción alguna, para que haga fundaciones y funde todas las reducciones posibles pudiendo poner en ellas las autoridades que desee. En realidad, es una entrega formal a la Compañía de Jesús de toda la provincia del Uruguay.

El gobernador solicita al rector del Colegio de Buenos Aires que envíe a otros jesuitas para las nuevas reducciones del Uruguay.

Las Reducciones de Yapeyú y San Francisco Javier

A su regreso al río Uruguay, Roque se entrega por entero a la fundación de dos reducciones: San Francisco Javier y Yapeyú.

La Reducción de San Francisco Javier tiene un desarrollo modesto. Algunos altercados con los españoles entorpecen los ánimos de los indios. Después la tensión disminuye al intervenir el gobernador. Esta es la tercera Reducción del Uruguay. Su nombre recuerda al gran apóstol de la Compañía de Jesús y no menos al gobernador de Buenos Aires, don Francisco Javier de Céspedes.

En 1627, el día 6 de enero, queda iniciada la Reducción de Yapeyú de los Reyes. Años más tarde pasa a ser el centro musical de las reducciones: escuela de música para los indígenas y fábrica de instrumentos musicales. Al poco tiempo en Yapeyú existe la mejor orquesta entre las colonias de España. El jesuita Antonio Sepp introduce el órgano con pedales, y lo construye en serie. También el arpa que es el instrumento nacional del Paraguay.

Superior de las Misiones del Uruguay

A fines de febrero de 1627, el provincial Nicolás Mastrilli designa a Roque González como Superior de todas las Misiones junto al río Uruguay. Además le encarga extenderse a los indios ubicados en las riberas del río Ibicuití.

Como preparación, funda la Reducción de la Candelaria, el 2 de febrero de 1628. Esta reducción es difícil. Pronto queda destruida al ser atacada por los indios tapies.

"Hice lo que pude. Arriesgué mi vida dos veces para no desamparar a esas pobres almas. Todo lo que yo trazaba, se deshacía. Se armó todo el infierno en contra mía. Bien puedo decir, con verdad, que mis trabajos y peregrinaciones nunca han sido tan duros como en esta reducción del Ibicuití y del Tapé".

Pero no ceja, la vuelve a refundar tierra adentro, partiendo de San Nicolás.

Un buen Superior


Roque González es un buen Superior. Tiene gran prestigio entre los misioneros a su cargo. Con cariño y sentido paternal decide organiza mejor todo su territorio.

Coloca al P. Pedro Romero, su compañero de últimos votos, a cargo de la Reducción de Candelaria. El P. Andrés de la Rúa, un español joven, quien recién ha terminado sus estudios, queda en la de Yapeyú de los Reyes. El P. Miguel de Ampuero, un peruano generoso, va a la de San Francisco Javier. Los sacerdotes Diego de Alfaro, panameño, y Tomás de Ureña, español, quedan en Concepción. Los Padres Juan del Castillo, que ha vivido en Chile, y Alfonso de Aragona son destinados a San Nicolás de Piratiní.

La actividad del P. Roque parece salirse de su cauce siempre correntoso.

En el Caaró

A fines de octubre de 1628, Roque sale de Candelaria, con el P. Alfonso Rodríguez al nuevo puesto del Caaró. En el mes de agosto ha decidido el traslado del P. Juan del Castillo a un sitio cercano a Yjuhí para establecer allí la Reducción de la Asunción.

El 1 de noviembre, en el Caaró, Roque levanta la cruz y bautiza a tres infantes. Consagra la Reducción a "Todos los Santos".

Desde ese día, hasta el quince, una gran parte de los caciques comarcanos visita a los padres. Los caciques vienen a tratar los medios para establecerse en la Reducción. Todo parece marchar muy bien.

Sin embargo el cacique principal de Yjuhí, llamado ¥ezú, se opone. Es una oposición tenaz al plan del P. Roque. No tolera abandonar la hechicería, la poligamia y aceptar el cristianismo.

¥ezú hace junta con los suyos en su poblado de Yjuhí y los persuade para eliminar a los Padres. Así podrán todos dejar la fe cristiana. Finge acatamiento. Envía al cacique Caarupé y a otros dos indios al Caaró. La orden es matar a los Padres Roque González y Alfonso Rodríguez.

El martirio

El cacique Caarupé y su gente asisten, el 15 de noviembre de 1628, a la misa y a la ceremonia solemne de instalación de la campana.

El Padre Roque termina la santa misa. De rodillas da la acción de gracias. Un muchacho paraná, entretanto, hace los agujeros en el mástil.

El Padre Roque sale de la capilla, sonríe y se inclina para dejar bien atado el badajo. Al verlo en esa posición, Caarupé hace una señal al indio Maranguá. Este descarga sobre la cabeza del padre un golpe con el itaizá, o hacha de piedra. La muerte es instantánea.

El joven paraná, horrorizado, corre a donde está el P. Alfonso Rodríguez que se prepara a su vez para la misa. Al ruido y alboroto, ya está en la puerta de la iglesia. Sólo alcanza a decir: "¿Qué han hecho, hijos, qué hacen?". A golpes de itaizá le deshacen el cráneo. Cae muerto en la misma puerta de su querida capilla. El muchacho paraná monta en su caballo veloz y huye a Candelaria.

Caarupé vuelve hacia el cadáver de Roque. A golpes de itaizá le destruye la cara. Los dos cuerpos son introducidos en la iglesia. Entonces, destruyen y roban.

La Conquistadora queda en jirones, el cáliz en pedazos, el misal destruido y el crucifijo roto. Después Caarupé pone fuego a la casa y a la iglesia.


Un cacique, amigo de los padres, protesta. También él cae muerto a golpes de itaizá. Todo es quemado.

Después, dos emisarios, en veloz carrera, se dirigen a Yhují a dar la noticia al gran jefe ¥ezú. Caarupé y sus indios se dirigen hacia la Reducción Candelaria para matar a los otros jesuitas.

El día17 de noviembre, en la Reducción de la Asunción, ¥ezú ordena la muerte del P. Juan del Castillo.

La glorificación

Avisado por el muchacho paraná, el P. Pedro Romero, en Candelaria no tiene miedo. Envía emisarios a los demás jesuitas y él pone en camino a sus indios hacia el Caaró. Los guaraníes sólo encuentran cenizas. Recogen los restos quemados del Padre Roque. El corazón está intacto. Reúnen las reliquias del P. Alfonso Rodríguez en otra sábana.

En Asunción, la ciudad natural de Roque, la conmoción es enorme. La población llena la catedral. Los asuncenos no tienen dudas. Desde el primer momento, a los tres, los llaman los "santos mártires". Don Pedro González de Santa Cruz, el hermano sacerdote, preside las honras fúnebres.


Los procesos canónicos comienzan casi de inmediato, en Asunción, Buenos Aires y en Corrientes con rogatorias a Santa Fe y las Reducciones.

Los decretos del Papa Urbano VIII postergan las decisiones. La supresión de la Compañía de Jesús los deja casi en el olvido. Pero los fieles siempre recuerdan a los que consideran santos.

Roque González de Santa Cruz fue beatificado en Roma por el papa Pío XI el día28 de enero de 1934 junto a sus compañeros Alfonso Rodríguez y Juan del Castillo.

La canonización de los "tres santos mártires", el Papa Juan Pablo II decidió efectuarla solemnemente en Asunción del Paraguay, cuna de las Reducciones jesuitas. La ceremonia con inmenso gentío tuvo lugar el día16 de mayo de 1988.

San Alfonso Rodríguez

Fiesta: 16 de noviembre

Nacimiento y patria

Nace en la ciudad de Zamora, España, el día 10 de marzo de 1598. Sus padres son Gonzalo Rodríguez y María Obnel, cristianos fervorosos que traspasan la fe a los hijos.

En la Compañía de Jesús

Entra a la Compañía de Jesús, en el Noviciado de Villagarcía, el 25 de marzo de 1614. Ya está destinado a los estudios de filosofía de Pamplona cuando recibe la misión de partir a América.

En Buenos Aires y Córdoba

Llega a Buenos Aires en febrero de 1617, en la expedición del P. Juan Viana, procurador de Chile y Paraguay, que trae misioneros para la zona austral de América. Es destinado al Colegio Máximo de Córdoba, Argentina, a continuar sus estudios filosóficos. Hace el magisterio en la misma ciudad de Córdoba. En 1620 inicia ya la teología.

Es un buen alumno en teología. Los superiores y profesores resaltan siempre en sus informes sus dotes de inteligencia y prudencia. Incluso le confían para los actos públicos la "solemne defensa" de las tesis de teología, distinción que se reserva a los mejores estudiantes.

La ordenación sacerdotal

Alfonso Rodríguez recibe la ordenación sacerdotal a fines del año de 1623, en la ciudad de Córdoba.

El P. Juan Bautista Ferrufino, su superior y director espiritual y quien después es Provincial en Chile, afirma en los procesos: "Yo soy testigo, que dándome cuenta de su conciencia como a superior y con la verdad que se acostumbra en la Compañía, me afirmó que la debilidad de su vista nacía de sus continuas lágrimas al considerar él la Pasión y Muerte de Nuestro Salvador. Esa era la materia constante de su meditación".

También afirma el mismo P. Ferrufino algo que hoy no podría decirse. En ese tiempo estaba permitido. "Soy testigo como confesor. Le oí la confesión general de toda su vida. Conservó, hasta que yo lo confesé, la pureza de la gracia que recibió en el bautismo".

Tercera probación

En 1626 el P. Alfonso Rodríguez empieza la Tercera Probación en la casa del Noviciado de Córdoba donde hace, por segunda vez, el mes de Ejercicios Espirituales. Son dos meses de permanencia. Por disposición del provincial, P. Nicolás Mastrilli, la termina en la Misión de los guaycurúes.

Destino al Paraguay

"Fue a acabar la Tercera Probación entre los guaycurúes, que es la más trabajosa reducción. Ha comenzado a predicar en aquella lengua. Es el primer Padre que ha comenzado a vencer esta dificultad, porque es el idioma más difícil de la tierra".

En la Reducción de Itapuá

En 1628, San Roque lo encuentra en la Reducción de Itapuá de los Reyes. Esa es una misión que marcha por los caminos de la prosperidad.

Los deseos del P. Alfonso Rodríguez van en la línea de la Pasión del Señor. Por ello pide, con empeño, acompañar al P. Roque para las empresas en el río Uruguay.

El martirio en el Caaró

En la Reducción de Todos los Santos en el Caaró, a golpes de itaizá, hacha de piedra, muere con el cráneo destrozado el 15 de noviembre de 1628. Sólo unos pocos minutos lo separan del martirio de su amigo San Roque González. Tiene treinta años. El cadáver del P. Alfonso es quemado, junto al de su compañero.

Glorificación

San Alfonso Rodríguez fue canonizado en Asunción por el papa Juan Pablo II el día16 de mayo de 1988 junto a sus compañeros Roque González y Juan del Castillo.


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Tomado de:
http://www.cpalsj.org/

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Para conocer un poco más sobre las Reducciones jesuíticas, los invitamos a visitar el artículo del P. Miguel Girón, S.J. : AQUÍ


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Liturgia de la Palabra: Sábado 14 de Noviembre

Santoral


Lecturas de la liturgia
  • Primera Lectura: Sabiduría 18,14-16;19,6-9
    "Se vio el mar Rojo convertido en camino practicable, y triscaban como corderos"

    Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu palabra todopoderosa se abalanzó, como paladín inexorable, desde el trono real de los cielos al país condenado; llevaba la espada afilada tu orden terminante; se detuvo y lo llenó todo de muerte; pisaba la tierra y tocaba el cielo. Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes, cambió radicalmente de naturaleza, para guardar incólumes a tus hijos. Se vio la nube dando sombra al campamento, la tierra firme emergiendo donde había antes agua, el mar Rojo convertido en camino practicable y el violento oleaje hecho una vega verde; por allí pasaron, en formación compacta, los que iban protegidos por tu mano, presenciando prodigios asombrosos. Retozaban como potros y triscaban como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador.

  • Salmo Responsorial: 104
    "Recordad las maravillas que hizo el Señor."

    Cantadle al son de instrumentos,
    hablad de sus maravillas;
    gloriaos de su nombre santo,
    que se alegren los que buscan al Señor. R.

    Hirió de muerte a los primogénitos del país,
    primicias de su virilidad.
    Sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
    y entre sus tribus nadie tropezaba. R.

    Porque se acordaba de la palabra sagrada
    que había dado a su siervo Abrahán,
    sacó a su pueblo con alegría,
    a sus escogidos con gritos de triunfo. R.

  • Evangelio: Lucas 18,1-8
    "Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan"

    En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: "Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario." Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara."" Y el Señor añadió: "Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?"


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Homilía: Domingo 32 TO (B) - Atendiendo la necesidad de los más pobres


Lecturas: 1R 17,10-16; S 145; Hb 9,24-28; Mc 12,38-44

El Señor ama a los justos
y sustenta al huérfano y a la viuda (S. 145)
P. José R. Martínez Galdeano, S.J.


San Pedro da la impresión de querer acabar ya su catequesis. Lo hará en seguida con el fin de Jerusalén y Juicio final, y la Pasión de Cristo y la resurrección. Pero antes no quiere omitir algo que tiene especial valor en la conducta de todo bautizado. Una vez más les recuerdo que el Evangelio de Marcos está destinado a catecúmenos y trata de lo más básico de la fe. De asuntos de conducta moral habla poco y en general brevemente. Se limita a los que considera más fundamentales. En la perícopa de hoy se habla de dos: de la soberbia y de la limosna. Los trata casi telegráficamente.

Estamos en Jerusalén unos tres días antes de la muerte de Jesús. Viene teniendo una serie de diálogos tensos con grupos de sus adversarios, escribas, fariseos, saduceos y herodianos, todos mancomunados contra él. En Jerusalén hay mucha gente, que ha venido, como es normal, a celebrar la Pascua. Jesús es muy conocido. El primer día de la semana, aquel Domingo de los Ramos, la gente había respondido y Jesús tuvo un triunfo sonoro. Tenía autoridad. El pueblo le aclamó como al Mesías, al “Hijo de David”. Ha llegado el momento de manifestar claramente quién es y de establecer la nueva Iglesia, el nuevo y eterno Pueblo de Dios, el que se reúne por la fe en Él, el de los verdaderos adoradores en espíritu y verdad (Jn 4,23), de cuyo templo Él es la piedra angular que sostiene todo el edificio y da vida a todo, pues sus fieles serán piedras (1Pe 2,4-6).

Jesús condena muy duramente la soberbia de los escribas y su avaricia. Hasta se permite criticar con acritud las oraciones de los escribas, porque lo hacen a cambio de plata. El texto es tan claro que ahorra todo comentario. Les discute la autoridad doctrinal religiosa, por muy rabinos y doctores que sean.: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza; buscan asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos». Ironía, concreción, colorido expresivo, claridad. Jesús es un gran orador.

«Éstos recibirán una sentencia más rigurosa». El mayor conocimiento religioso es una gracia y hay que hacerla fecunda, como el campo hace a la semilla, y se logra con obras de caridad y servicio.

Pedro está queriendo enseñar a aquellos recién convertidos de Roma que no se dejen atraer por teorías religiosas de corte puramente humano, que sólo satisfacen la vanidad y ambición de los “maestros” que las promueven. Una doctrina que no conduce a Jesucristo, abrazando el camino de la cruz, de la humildad y del desprecio del dinero, no salva a nadie.

Pero además Pedro está amonestando a sus oyentes para que no caigan en el pecado de los escribas. La insistencia de los evangelistas en destacar el durísimo conflicto de Jesús con los escribas y fariseos y el mundo religioso de su tiempo se explica porque así fue la realidad; pero también porque es un peligro para el creyente cristiano fuertemente comprometido con su fe caer en la soberbia de creerse mejor que los hermanos pródigos, ignorantes, poco observantes y alejados de la casa del Padre: “yo no soy como los demás hombres. Como ese publicano” (Lc 18,11). Nunca se presenten en la confesión ni en la Iglesia como “muy cristianos”. Si algo bueno hemos hecho y hacemos es por la gracia de Dios (v. Lc 17,10). Como dice San Pablo de los israelitas que pecaron en el desierto, y que podemos aplicar a aquellos escribas: “Todo esto sucedió y es un ejemplo, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos (o realización plena de la obra salvadora de Jesús). Así el que crea estar en pie, mire no caiga” (1Co 10,11).

Además de la oración, para conseguir esta humildad, procuremos refrenar todo juicio temerario sobre los demás, aceptar nuestros errores involuntarios, reconocer nuestras faltas y equivocaciones, tomar conciencia de los pecados de omisión, de las oportunidades de obrar bien desperdiciadas. La mentira, tan frecuente, tiene a veces su causa en evitar la vergüenza de reconocer algún error o defecto propio.

Es posible que Jesús se sentase luego delante del gazofilacio, el tesoro del templo, que tenía una especie de trompas o cuernos de bronce para las limosnas, esperando ver una escena como la del evangelio, que no sería nada rara: siempre hay gente rica vanidosa y gente modesta y humilde. En efecto muchos ricos hacían ostentación de generosidad, de riqueza, de poder y, cómo no, de religiosidad. Otros lo hacían normalmente. Pero sobre todo aquella pobre viuda, pobre como se veía por su vestir y su aspecto corporal, probablemente anciana, de andar torpe y vacilante, sin poder social ninguno, sola, se acerca y hecha dos “leptones”. (No me gusta la traducción litúrgica. El leptón era la moneda más pequeña de las que circulaban por Palestina; era moneda griega y en Roma no se usaba; por eso Marcos, en su original griego, pone el equivalente romano de los dos leptones: “un cuadrante”; lo que otra vez confirma el origen romano del evangelio de San Marcos).

Jesús no condenó a aquellos ricos. Aunque en la narración de Marcos sí asoma cierto acento de crítica a su vanidad (“la gente iba echando dinero, muchos ricos echaban en cantidad”). Jesús no los critica; pero sí alaba mucho a la mujer: “Les aseguro que esa pobre viuda ha puesto en el arca de las ofrendas más que nadie”. Una vez más encuentro que la versión litúrgica no expresa toda la fuerza de la afirmación de Jesús. Cierto que la traducción no es fácil. Jesús usa el término hebreo “amén”, que reafirma las verdades más indiscutibles y seguras. Aquí podría traducirse: “Con toda verdad y seguridad les digo que esa pobre viuda ha ofrecido más que nadie”. Para Él (y para Dios Padre) la limosna de aquella pobre viuda valía mucho más que las limosnas de los demás, incluidas las grandes ofrendas en oro de los ricos. Valía más no porque sirviera para adquirir más cosas, sino porque demostraba más generosidad, suponía más sacrificio y en definitiva exigía y mostraba más amor.

Cierto que los deberes de justicia son los primeros. Pero la limosna nos enseña el Evangelio que es también una de las obligaciones, y graves, del cristiano. Hablando del infierno el Catecismo nos dice que “nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños, que son sus hermanos (v. Mt 25,31)” (CIC 1033). La preocupación de si damos limosna suficiente a los pobres y a las obras de la Iglesia es muestra de que tomamos en serio la fe. Terminemos con esta consideración del Catecismo: “Frente a Cristo, que es la Verdad, será puesta al desnudo definitivamente la verdad de la relación de cada hombre con Dios”. Y lo confirma con la cita de San Agustín: “Cuando coloque a mis pequeñuelos en la tierra, los constituí comisionados vuestros para llevar vuestras buenas obras a mi tesoro: como no habéis depositado nada en sus manos, no poseéis nada en Mí” (San Agustín, serm. 18,4,4; CIC 1039). Es decir que nuestras buenas obras serán consideradas meritorias si han sido acompañadas por la limosna.

Junto con la oración y el ayuno, la limosna y las obras de misericordia son el medio para obtener el perdón de los pecados, es decir las gracias para crecer en las virtudes que nos son necesarias y corregirnos en los vicios que nos impiden más la caridad con Dios.

Que la Virgen María nos ayude a creerlo y practicarlo.
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Examinemos nuestra generosidad


P. Adolfo Franco, S.J.

Comentario del Evangelio del Domingo 32 del Tiempo Ordinario
Marcos 12, 38-44


Jesús está a la puerta del templo, donde estaba el lugar en que los israelitas depositaban sus ofrendas a Dios, sus ofrendas para el Templo, y para los sacerdotes. Jesús observa no sólo la cantidad sino la calidad de las limosnas: observaba la mano que depositaba la limosna y el corazón de donde salía esa misma limosna. En un momento ve a una pobre viuda que busca y rebusca en sus pobres bolsillos, y decide echar todo lo que ha encontrado para Dios. Jesús queda admirado de la generosidad de la pobre. En cambio no le sorprende la abundancia de la limosna que depositan algunos ricos.

El diezmo era una norma establecida por Dios desde el Antiguo Testamento y que quería significar que todos los bienes de la tierra pertenecen a Dios; y que por eso el buen israelita debía reconocerlo, dándole a Dios el diezmo de todo lo que cosechara. Y los israelitas en general lo practicaban con bastante cuidado.

«El diezmo entero de la tierra, tanto de las semillas de la tierra como de los frutos de los árboles, es de Yahvé; es cosa sagrada que pertenece a Yahvé. Si alguno quiere rescatar parte de su diezmo, añadirá un quinto de su valor. Todo diezmo de ganado mayor o menor, es decir, una de cada diez cabezas que pasan bajo el cayado, será cosa sagrada de Yahvé. No se escogerá entre animal bueno o malo, ni se le podrá sustituir; y si se hace cambio, tanto el animal permutado como su sustituto serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados.» (Lev 27, 30-33).

Así que el diezmo, lo que llamaríamos ahora la limosna en la Iglesia, tiene un carácter sagrado. Es la toma de conciencia de que los bienes materiales, aunque también provengan de nuestro esfuerzo, de nuestro trabajo y de nuestro ingenio, son cosa de Dios, y lo reconocemos dando a Dios una parte de eso que recibimos de El.

Naturalmente que también consideramos como dado a Dios cualquier donación que hacemos a favor de nuestros hermanos, cualquier obra de bien; porque el Señor mismo nos dice que “cuanto hicimos por un hermano necesitado, lo hicimos con El”. Y de hecho se interpretaba así igualmente en muchos casos en el Antiguo Testamento. Pero de todas formas había un especial cuidado en hacer donación al Templo, para el servicio de Dios mismo.

¿Tenemos conciencia de que la donación de parte de nuestros bienes es una obligación religiosa? Tampoco tenemos un concepto claro de lo que significa la propiedad individual de los bienes. De hecho la propiedad individual está normada por la Ley de Dios: hay un buen uso de los bienes y un mal uso; lo cual quiere decir que no podemos usar de nuestra propiedad al propio capricho, o sea que no somos dueños tan absolutos de nuestros bienes, como podríamos pensar.

Es necesario volver a subrayar esto: que los bienes que tenemos, que en última instancia vienen de Dios, debemos utilizarlos de acuerdo a la voluntad de Dios; y que una parte de esos bienes deben ser dados a Dios, o en ayuda al prójimo, o en ayuda al sostenimiento de la obra de Dios, la Iglesia.

Así que una parte de los bienes que tenemos deberíamos dárselos a Dios: en el templo o en el necesitado. Las donaciones al templo deben ser una manifestación de nuestro agradecimiento a Dios. Tienen en primer lugar un carácter sagrado. Y por eso la “colecta” en la Misa se hace en el momento en que el sacerdote ofrece el pan y el vino, que serán después consagrados. Muchas veces las personas han reducido su aporte en el templo al carácter de limosna; limosna, o sea algo que no es propiamente debido, sino algo de lo que me desprendo, simplemente porque quiero; no tenemos el sentido de deuda con Dios. Y por eso nuestras “limosnas” a la hora de la colecta en el templo son tan exiguas.

Si pintásemos la escena que narra el Evangelio de hoy, pero situada en alguna de nuestras Iglesias, esta escena estaría narrada así: Jesús desde el altar estaba viendo lo que echaban cada uno de los fieles en el momento de la colecta; y veía a uno elegantemente vestido que rebuscaba en su bolsillo, y si le salía una moneda grande, la volvía a guardar, para buscar una más pequeña; vería a otro que miraba al techo en el momento en que le ponían la bolsa de la colecta delante de su vista, para que pasasen de largo. Otros que generosamente ponían algo más grande para el Señor; vería a otros que le daban a su hijito pequeño unas moneditas, para que él las eche, porque a ellos mismos les daba vergüenza echar tan poca cosa. Y ¿qué comentario haría el Señor al ver estas escenas? Cada uno lo puede imaginar. Quizá el Señor podría decirnos en ese momento: “con la misma medida que midiereis seréis medidos; dad y se os dará”
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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración
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Problemas en el matrimonio ocasionados por la jubilación


P. Vicente Gallo, S.J.

Otros temas difíciles, 2º Parte



Otra situación que ocasiona problemas en la vida de relación de pareja es la de la jubilación. Anteriormente hemos visto los problemas que surgen a propósito del trabajo, y también llegado el caso de perderlo por un despido que no se deseaba. Pero lo de la jubilación es distinto. Es asunto de la edad y de leyes laborales razonables. Es algo que tiene que ser así; pero que le dejará a uno en una desocupación difícil de digerir y de no saber qué hacer en adelante con la vida, cuando uno se siente aún con fuerzas y valioso. Después de un montón de años acostumbrado a estar ocupado trabajando, para muchos se hace harto dura esa ociosidad obligada.

En los países que gozan de alto progreso social, la cosa se atenúa, se hace más llevadera, porque se percibe una pensión económica satisfactoria como recompensa por los años trabajados; y porque la sociedad misma tiene en cuenta el problema de la desocupación, proporcionándoles unos centros de esparcimiento adecuados y de convivencia feliz con los otros jubilados. Pero en países en vías de desarrollo, la pensión que dan es con frecuencia como para pasar hambre y penurias de toda clase, miserable recompensa por toda una vida sirviendo con el trabajo; y no hay para los jubilados mucho espacio organizado donde puedan atenuar el vacío de su desocupación, con los problemas que ocasiona a su persona y a la relación de pareja.

Ocurre que no sabe uno a dónde ir para “matar el tiempo”. Si se queda en casa, se le dice que está estorbando; y si va a la calle, se le reprocha que “a dónde irá”. Si lo aprovecha, ahora que puede, para dormir más tiempo que antes, se le hecha en cara llamándole ocioso; y si no lo hace así, le dirán que para qué se levanta tan temprano. Haga lo que hiciere, se le critica. Si no sucede que se le echa en cara esa mísera pensión que percibe. Y así años y años que puede durar tal situación hasta, al final, morir.

Los sentimientos que van minando el ánimo de quien se ve desocupado, son muchos y muy negativos. Generalmente optará por callárselos, porque se vería censurado con el reproche de no ser capaz de admitir que la jubilación es cosa obligada, y que así tiene que ser ahora su vida. Cuando el trabajo le impedía poder gozar de la compañía de su pareja, no podía gozar de veras de su matrimonio. Ahora, cuando ya no trabaja y podría gozarlo, se lo prohíben de cualquier modo. Sólo le queda aguantarlo sin saber cuántos años tendrá que sufrir esa situación, ni tampoco cómo atenuarla. Sus sentimientos negativos son, a veces, muy fuertes. Al verse no comprendido por nadie, le resulta muy difícil desahogarse comunicándolos como son a quienes le rodean, a no ser a los amigos fuera de casa.

Ojalá suceda que su pareja sea consciente de lo penoso que le resulta verse desocupado e incomprendido. Pero que no le diga “mira, vamos a conversar sobre ello para aclararnos”; no ganarían nada sino hacerle gustar más su amargura. Desahogarse reprochándole su comportamiento por no aceptar estar jubilado, sería una pelea, de peores efectos aún. Lo único que procede es decidirse a sentarse un día juntos, y pedirle, al que está afectado por sentimientos tan dolorosos, que se los cuente confiado, en auténtico diálogo. Dejándole hablar y explayarse a satisfacción; siendo todo oídos y corazón para escucharle, con el fin de darle el apoyo grato de su compañía que no le falla. Solamente su pareja debe ser su apoyo en las penas. Ojalá sea en su pareja donde halle la comprensión y el verdadero amor que necesita igual que cuando se casó, y no tenga que ir a mendigarlo a otra parte fuera de su propia familia.
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Agradecemos al P. Vicente Gallo, S.J. por su colaboración.
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Mensaje del Papa por el Día Mundial de la Alimentación


MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
CON MOTIVO DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN 2009


Al señor Jacques Diouf
Director General de la FAO

Si la celebración de la Jornada mundial de la alimentación recuerda la fundación de la FAO y su acción para combatir el hambre y la malnutrición en el mundo, subraya sobre todo la urgencia y la necesidad de intervenir en favor de todos aquellos que están privados del pan de cada día en numerosos países a causa de la falta de condiciones de seguridad alimentaria adecuadas.

La crisis actual, que golpea indistintamente a todos los sectores de la economía, afecta de modo especial y fuertemente al mundo agrícola, cuya situación resulta dramática. Esta crisis exige que los Gobiernos y los distintos componentes de la comunidad internacional tomen medidas determinantes y eficaces.

Garantizar a personas y a los pueblos la posibilidad de derrotar la plaga del hambre significa asegurarles un acceso concreto a una alimentación adecuada y sana. De hecho, se trata de una manifestación concreta del derecho a la vida, que, aunque sea proclamado solemnemente, sigue estando a menudo demasiado lejos de su plena realización.

El tema elegido este año por la FAO para la Jornada Mundial de la alimentación es: "Conseguir la seguridad alimentaria en tiempos de crisis". Este tema invita a considerar el trabajo agrícola como elemento fundamental de la seguridad alimentaria y, por tanto, como un componente integral de la actividad económica. Por este motivo, la agricultura debe poder disponer de inversiones y recursos suficientes. Este tema interpela y hace comprender que los bienes de la creación son limitados por naturaleza, y por tanto requieren comportamientos responsables y capaces de favorecer la seguridad que se busca, pensando también en la de las futuras generaciones. Así pues, hacen falta una profunda solidaridad y una fraternidad clarividente.

El logro de estos objetivos requiere una necesaria modificación de los estilos de vida y de las formas de pensar. Obliga a la comunidad internacional y a sus instituciones a intervenir de forma más adecuada y más fuerte. Espero que esa intervención favorezca una cooperación que proteja los métodos de cultivo de la tierra propios de cada región y evite un uso desconsiderado de los recursos naturales. Espero, además, que esta cooperación salvaguarde los valores propios del mundo rural y los derechos fundamentales de los trabajadores de la tierra. Dejando aparte privilegios, beneficios y comodidades, estos objetivos podrán lograrse para bien de los hombres, mujeres, niños, familias y comunidades que viven en las regiones más pobres del planeta y que son los más vulnerables. La experiencia demuestra que las soluciones técnicas, aun avanzadas, no son eficaces si no se refieren ante todo a la persona, que es lo primero y que, en su dimensión espiritual y material, es el origen y el fin de toda actividad.

El acceso al alimento, más que una necesidad elemental, es un derecho fundamental de las personas y de los pueblos. Podrá ser realidad, y por tanto una seguridad, si se garantiza un desarrollo adecuado en todas las distintas regiones. En particular, el drama del hambre sólo se podrá superar "eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socioeconómicos, que se puedan obtener preferiblemente en el propio lugar" (Caritas in veritate, 27).

La Iglesia Católica, fiel a su vocación de estar cercana a los más indefensos, promueve, apoya y participa en los esfuerzos realizados para permitir que cada pueblo y cada comunidad disponga de los medios necesarios para garantizar un nivel adecuado de seguridad alimentaria.

Con estos deseos, le renuevo, señor director general, la expresión de mi más alta consideración, e invoco sobre la FAO, sobre sus Estados miembros y sobre todo su personal abundantes bendiciones divinas.

Vaticano, 16 de octubre de 2009
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Tomado de:
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Los Testigos de Jehová - 3º Parte: Aspectos de evangelización


Las Sectas en Latinoamérica
8º Parte


P. Ignacio Garro, S.J.
Profesor del Seminario Arquidiocesano de Arequipa, ex profesor del Seminario de Trujillo.

Descripción de Sectas Protestantes Fundamentalistas en América Latina

Continuación



a.- Iglesia y sacerdocio
Los testigos rechazan todo carácter mediador de la Iglesia fundada por Cristo. Empiezan por no admitir la fundación y evolución histórica de una Iglesia Jerárquica querida por el mismo Cristo. Entre las sectas protestantes, los jehovistas, son los más radicales opositores de la Iglesia Católica. Ni siquiera (como argumento histórico) acuden a la Iglesia primitiva para ver en ella virtudes o ejemplos que imitar (Hechos de los Apóstoles).
Según ellos la Iglesia no sólo es inútil, sino que es un estorbo para la salvación de los hombres. Por este motivo es considerada la Iglesia como cosa del Diablo y tratada como una Iglesia perdida y podrida. De ahí se deduce su verdadero odio a los sacerdotes y las calumnias y expresiones feas contra los Obispos, verdaderos pastores de la Iglesia de Cristo.

b.- Bautismo
Rechazan el valor de los sacramentos, por considerarlos inútiles. Para ellos, los sacramentos, no tienen razón de ser, ya que confían más bien en el esfuerzo personal para conseguir introducirse en el número de los elegidos (144.000). Conservan el nombre de Bautismo y Eucaristía, pero con un sentido muy distinto al resto de todos los cristianos. Sin embargo, ellos celebran con gran propaganda sus Bautismos. Esta celebración es efectuada con verdaderos fines propagandísticos y por eso le dan al bautismo un carácter solemne como ingreso sagrado a la Sociedad jehovista: Los Testigos de Jehová. Bautizan en los ríos o en las playas dando al rito bautismal un carácter espectacular. En ocasiones utilizan la fórmula trinitaria, pero su bautismo está vaciado de contenido y de significado sacramental, pues, es un bautismo que no perdona los pecados. No confiere la gracia de justificación. No convierte al bautizado en una nueva criatura. El Bautismo de ellos no imprime carácter alguno en el alma del bautizado. No aceptan los efectos verdaderamente maravillosos que se dan en el alma del bautizado debido a la comunicación de la gracia de justificación. Dentro de su teología es una ceremonia externa, testificante de que el bautizado queda exteriormente adherido a los Testigos de Jehová a los que ya estaba vinculado anteriormente por la fe.

c.- Eucaristía
Su fe y sus creencias respecto a la Eucaristía son todavía más endebles que las referentes al Bautismo. El jehovismo profesa odio al Santo Sacrificio de la Misa, niega la presencia real de Cristo en las especies eucarísticas y sólo admiten la eucaristía como un símbolo vago del "memorial de la última Cena". Ellos llaman a memorial del pan y del vino que una vez al año reparten entre sus miembros de la comunidad jehovista. La ceremonia anual tiene que coincidir con la puesta del sol del día 14 del mes de Nisán (calendario judío), fecha de la muerte de Jesús. Estrictamente hablando la Eucaristía sólo se autoriza a los 144.000 elegidos. Los demás jehovistas no tienen obligación de comulgar ni siquiera una vez al año.

d.- El Matrimonio
Tampoco tiene carácter de sacramento para los jehovistas. Es un contrato entre marido y mujer. Es matrimonio indisoluble; por lo tanto, rechazan el divorcio, excepto en el caso de adulterio. Por eso rechazan los tribunales que tengan legalmente establecido el divorcio. Cuando la vida común entre marido y mujer se hace imposible para ellos, se pueden separar, pero no pueden contraer nuevo matrimonio. Rechazan asimismo la poligamia.
El marido es el jefe de la familia y así debe de reconocerlo la esposa. No tienen ceremonial especial para contraer matrimonio. Basta con que manifiesten públicamente su deseo de mutua entrega para quedar unidos con el vínculo matrimonial. No obstante suelen atenerse a las leyes vigentes en la nación donde se haya para evitar conflictos en lo referente a los hijos. Son amplios en lo concerniente al control de natalidad. Son estrictamente rigurosos en lo referente a los matrimonios mixtos, ya que, dado el proselitismo jehovista, difícilmente admiten que se case alguien de su secta con un católico pues, según ellos, no podrían cumplir con el deber de educar a los hijos según las exigencias de la secta.

e.- La Liturgia y el Culto
Para los jehovistas no hay propiamente oración litúrgica como tal. Tienen alguna oración en común, pero ponen énfasis en la oración privada, apoyándose en los textos en que Jesús reprueba la oración ostentosa y vana de los fariseos, Mt 6, 5-6. Para ellos la oración es una petición a Dios que a veces hacen por mediación de Jesucristo. A Jesús nunca le rezan, ya que no le consideran como Dios; por eso se apoyan en la oración del Padrenuestro como oración de Jesucristo al Padre: y también porque en esta oración se invoca la venida del Reino, tema preferido para ellos.

f.- La moral jehovista y sus principios
En algunas cosas son más amplios que otras sectas protestantes como los metodistas, adventistas, y pentecostales, que son mucho más puritanos y exigentes. La moral jehovista está catalogada como de un rigorismo ético más que como una respuesta a la gracia de Dios. En la actualidad los jehovistas no hacen demasiado problema en la cuestión de dejar de fumar, dejar de beber, dejar los juegos de azar, para pertenecer a la secta.
Tienen un principio general que es el módulo de la mayor parte de sus acciones. Los Testigos de Jehová deben de dedicar su tiempo y su dinero a la difusión del reino de Dios. Por tanto, deben de usar con suma parsimonia de todo aquello que lo entorpece u obstaculiza. Ir al cine, a teatros, o cualquier otra actividad sana, distractiva, está muy mal visto, es tiempo perdido, todo es para el reino de Dios, no hay tiempo para otras cosas. Este criterio que es una exageración, explica en cierta manera la eficacia de su proselitismo, ellos dedican todo su tiempo a la causa de la secta, con todos los medios y mística que vamos describiendo.

g.- Proselitismo jehovista
Nos podemos preguntar ¿Por qué se extienden los Testigos de Jehová? ¿Cómo se explica este fenómeno si se tiene en cuenta la pobreza doctrinal de la secta y por una y otra parte, los descalabros de su innato profetismo o el infantilismo de algunas de sus actitudes? Veamos algunos factores que intervienen en este dinamismo proselitista.
Los métodos que emplean los jehovistas para la captación de adeptos se hallan minuciosamente detallados en su libro "Mira, que yo hago nuevas todas las cosas", manual especial de sus predicadores oficiales. Vamos a mostrar brevemente las etapas por las que podemos descubrir el proceso proselitista.

1.- Para entrar en contacto con la gente: llaman a las puertas de los hogares para entregar gratis sus revistas. La reacción inicial del que es visitado es sumamente importante. Si el visitado rechaza enérgicamente al visitante jehovista, es posible que ya no vuelva más (aunque a veces insisten). Pero si el visitado le da entrada, comienza el diálogo sereno, tranquilo, educado, entonces el jehovista está ante un posible prosélito. Entonces el Testigo de Jehová ofrece uno de sus libros, interesa al visitado sobre algunos de los temas contenidos en él, ya sea de interés local o particular, sobre las injusticias del mundo, etc. Los Testigos de Jehová está convencidos de que esta insistencia, constancia, produce sus frutos. Observan y anotan muy bien las reacciones del interlocutor y si son medianamente aceptados pronto realizarán la segunda visita.

2.- A los Testigos de Jehová se recomienda en esta segunda entrevista un gran tacto, no hay que precipitarse, no hay que ser "cargoso", pues esta segunda entrevista se considera crucial para obtener un auténtico prosélito. Es menester tener un poco de psicología y reconocer los puntos flacos del interlocutor y así captar su interés por la obra jehovista. Se puede tocar despacio el tema de las injusticias sociales o los grandes problemas que aquejan actualmente a la humanidad. Para ello se aducen textos bíblicos (a ser posible que sean escatológicos) y que puedan encajar en el tema que se trata. A los enfermos o a los que sufren, se les hablará de la pronta desaparición de sus males por la inminente llegada del Reino. Debe de prestar cuidadosa atención a las reacciones del visitado. Si son negativas no es conveniente que insista en su predicación, sino que se despida amablemente y prometa volver otro día para explanar detalladamente los puntos obscuros.

3.- En la tercera visita hará ver al visitado que para el mejor conocimiento de los puntos que quedaron sin aclarar en la visita anterior se pueden utilizar dos sistemas:
a.- estudiar la literatura que habla de esos temas
b.- asistir a las sesiones de Biblia en los Salones del Reino, allí será orientado y le darán argumentos para su problema.
Esta propuesta de la tercera visita es verdaderamente arriesgada, pues exigirá que el posible prosélito (supongamos que es un católico) tenga que hacer un verdadero esfuerzo y sacrificio, ya que supone prácticamente el inicio de la ruptura con la Iglesia (Católica) a la que pertenece y también la provocación de sospechas en las personas con las que el visitado tiene que convivir. Si se da este paso, las ataduras con la Iglesia Católica se rompen.

4.- Todo está convenientemente estudiado para que el primer contacto serio (por la visita al Salón del Reino) del visitante con la organización le marque profundamente en el futuro. Al comienzo se da el trato fraterno y sencillo, el hecho de llamarle con cariño "hermano" y hacérselo sentir con gran afecto y simpatía, junto a la presentación de múltiples actividades, todo esto debe de impactar profundamente al nuevo candidato.

5.- Una vez dado este paso, le va a resultar muy difícil desandar lo andado. Una vez ingresado en la Sociedad de Testigos de Jehová, se le prepara convenientemente con instrucciones metódicas que debe cumplir con exactitud y se le va enseñando, al mismo tiempo, no sólo en la teoría sino en la práctica, las técnicas depuradas del proselitismo jehovista. Ellos hacen descubrir a los seglares su gran vocación misionera. Se le equipara con todos y desde el primer momento con los predicadores más experimentados. Se le dan a conocer sus derechos, privilegios y exenciones (de orden civil y político, diciéndole que no tiene porqué prestar servicio militar obligatorio, etc.). De esta manera el iniciado comienza a palpar la excelencia de su ministerio de predicador y testificador del mensaje y sobre todo de la venida inminente de Jesucristo.

6.- Esta etapa comprende un período de profundización en la doctrina jehovista y en la propia concientización de su quehacer apostólico. Estudia seriamente los textos bíblicos previamente seleccionados que le han de servir en su trato proselitista, así como las respuestas que se deben dar a quienes le objeten en su predicación y testimonio. El candidato es vigilado por otro miembro jehovista ya que en este momento puede ser atacado por sus parientes y familiares. Para contrapesar esta dificultad psicológica lo lanzan a la acción apostólica donde saboreará el sentirse capaz de realizar algo importante en su vida.

7.- El tiempo de prueba puede alargarse según las circunstancias personales de cada candidato. Pasado este tiempo se le administra el bautismo, generalmente en grupos, por inmersión, en un río, en algún lago, con gran aparato escénico y propagandístico. Los obstáculos que en estos casos suelen aparecer en su ambiente, como antiguos amigos o familiares, por lo general contribuyen a radicalizar más su postura de neo-converso ya que en la mayoría de las veces ha encontrado en este nuevo grupo el calor afectivo, la estima, que quizá nunca tuvo entre sus familiares y amigos.
Por lo tanto lo que podemos decir de todo esto es lo siguiente: La primera característica es que estamos ante una secta eminentemente proselitista. Los Testigos de Jehová están formados y tienen una verdadera mística de la acción apostólica, igualmente sienten pasión por las estadísticas de cuántos libros venden, cuántas revistas editan, cuántos números de revistas han difundido, cuántos conversos han conseguido, todo gira alrededor de la eficacia externa, cuantitativa de sus obras, cayendo así en el más riguroso pelagianismo y fariseísmo (decimos fariseísmo porque sólo confían en sus obras), todo lo llevan contabilizado, para el día de la salvación y venida del reino, y ésto depende ... de lo que ellos trabajen eficazmente; si no se venden libros, si no se difunden revistas, si no hay prosélitos ... el reino de Dios se retrasa, por su culpa, por su flojera. Aquí esta la causa de su activismo-proselitismo, de ese nerviosismo, que se apodera de ellos, y es la razón por la que su labor principal se constituye en conseguir un nuevo prosélito. Esto para ellos es una verdadera satisfacción.
Como se puede ver no se trata de un apostolado digno, al que todo creyente tiene derecho, como declara el Concilio Vat. II en el Documento "Dignitatis Humanae". Este proselitismo es calificado por el "Secretariado Romano para la Unión de los Cristianos" y por el "Consejo Ecuménico de las Iglesias" como un proselitismo "de mala ley". Consiste en la utilización de métodos de difusión poco cristianos o de presiones indebidas para conseguir la captación de nuevos adeptos y que en muchos países ni siquiera está permitido por ley.

h.- Su férrea disciplina
A pesar de que atacan a toda institución, los jehovistas están muy bien organizados. Es casi obsesiva esta actitud de disciplina hasta el punto de incidir en actitudes de sometimiento total y de verdadera dictadura una vez que se hallan perfectamente enrolados. La imposición que la Sociedad Jehovista ejerce sobre sus miembros bien puede calificarse de "posesión", que les priva de la libertad individual en muchos casos; lo que constituye un auténtico problema que psicólogos y especialistas en el tema de la Historia de las Religiones tratan de descifrar. Se puede decir que están sometidos al "lavado de cerebro", pues la organización priva a sus seguidores de la habilidad y libertad crítica, es decir, de pensar por sí mismos críticamente, es decir, libremente, de tener sus puntos de vista personales, y todo esto porque precisamente se les exige someterse a todo lo que la máxima dirección de la Sociedad manda obligatoriamente o está definido por los escritos y es difundido masivamente.

i.- Su fácil teología
Los Testigos de Jehová al eliminar sin ningún escrúpulo el Misterio de Dios Trino, la divinidad de Jesús y su obra de redención, hace que las gentes caigan en un simplismo enorme, se presenta una religión fácil y sencilla, y esto es un recurso tentador para las gentes sencillas. También al negar la existencia del infierno, como castigo eterno, se anotan un tanto fabuloso, ya que negando la existencia del infierno se evita una de las creencias más claras, preocupantes y a la vez exigentes de los evangelios.
Así la predicación de un paraíso aquí en la tierra, lugar de placeres cercanos y terrenos, al alcance la mano, algo parecido al relato del primer paraíso, con goces sensibles ya pregustados y para cuya posesión no son menester excesivos cuidados y desvelos, es un atractivo muy tentador.
En el libro de los jehovistas "Usted puede sobrevivir al Armagedón" 51 dice: "del nuevo paraíso el jardín paradisíaco habrá sido solamente una muestra..." "que en la nueva tierra: se harán los arreglos para muchos matrimonios de los sobrevivientes de la guerra. Ahora para poder ser ciudadano de esta nueva tierra es preciso dar el nombre a la sociedad de Testigos de Jehová".
Como se puede apreciar los Testigos de Jehová, elaboran una teología a la luz de la revelación que nada o muy poco tiene que ver con lo verdaderamente dicho y prometido por Cristo. Ellos lo trastocan todo y por eso es muy difícil dialogar con ellos pues la interpretación que hacen de la Biblia es muy peculiar y muy diferente de la Tradición y Magisterio de la Iglesia.

j.- Falso pacifismo
Los Testigos de Jehová se presentan en muchos países del Primer Mundo como "pacifistas". En el fondo no son "pacifistas", son más bien "objetores de conciencia" en lo referente al cumplimiento del servicio militar obligatorio. En países como España, Francia, Italia, etc., donde el servicio militar es obligatorio para todos los jóvenes, ellos se niegan a recibir instrucción militar y a aprender el uso de las armas para defender la patria. Dicen que ellos no pueden originar guerras ni aprobarlas y por ello se niegan a hacer el servicio militar. Ellos más bien, convencidos como están que las Instituciones del Estado son obra del demonio, creen que el Ejército es obra del Diablo y no quieren colaborar. Y al contrario atacan toda organización internacional y toda confesión religiosa que trate de mantener la verdadera paz. Les falta la debida consideración y respeto a las personas e instituciones. Sabemos que el verdadero pacifismo reconoce fronteras mucho más amplias, marcadas por el Evangelio, que las meramente bélicas. Además, ¿cómo vamos a llamar "pacifistas" a los Testigos de Jehová, cuya gran obsesión y esperanza es la de la mayor guerra que va a haber en la humanidad, es decir el Armagedón?
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Referencias

51 Armagedón, significa, segun los jehovistas: "nombre simbólico en el que en Apocalipsis, 16, 16 dice que se juntarán los reyes de la tierra para librar la última batalla contra Dios". En hebreo "Harmaguedon", significa "monte de Maguedón" o de "Meguido". Es un desfiladero situado al sur del Monte Carmelo.
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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.
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