Teología fundamental. 22. El Credo. La caída del estado de justicia por el pecado

 



P. Ignacio Garro, jesuita †


5. EL CREDO

Continuación

5.5.5. LA CAIDA DEL ESTADO DE JUSTICIA POR EL PECADO 


"Sin embargo, el hombre constituido por Dios en estado de inocencia, ya en el comienzo de la historia abusó de su libertad, inducido por el Maligno, alzándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su fin fuera de Dios (. . .). Lo que nos enseña la Revelación divina coincide con la misma experiencia.

  Pues el hombre al observar su corazón hecha de ver que también está inclinado hacia el mal y sumergido en una multitud de maldades que no pueden venir de su Creador, que es bueno". Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et Spes, num. 13; cfr. Conc. de Trento, Decreto sobre el pecado original, Dz. 782-792. (Vid. Puebla, nn. 281, 328 y 330). 


5.5.5.1 El precepto y la desobediencia 

Dios colocó a nuestros primeros padres en un delicioso jardín, llamado el paraíso terrenal, donde gozaban de tranquila felicidad (cfr. Gen. 1, 26). Los elevó, además, a un orden sobrenatural con el cual eran capaces de lograr el fin sobrenatural de la visión beatifica. Sin embargo, por ser infinitamente justo, dispuso que ese fin lo obtuvieran por méritos propios, de acuerdo a la naturaleza libre de su ser. 

Para ello, les impuso un precepto, a saber, el no comer de una fruta que se encontraba en medio del paraíso, amenazándolos de muerte si desobedecían (cfr. Gen. 2, 17). 

Adán y Eva no obedecieron al Señor. Eva se dejó seducir por el demonio, quien le dijo que si comían serían como dioses, sabedores del bien y del mal. Comió, pues, del fruto, y luego se lo presentó a Adán, quien por complacerla también comió (cfr. Gen. 3). 


5.5.5.2 El pecado 

El pecado de nuestros primeros padres no fue un simple pecado de gula, sino un gravísimo pecado de soberbia, al pretender ser iguales al Altísimo. 

En virtud del don de integridad, el pecado no podía ser de pasión -rebelándose éstas al dictado de la razón-, pues le estaban perfectamente sujetas. Tenía que venir la ruptura por la rebeldía de la razón, no sujetándose ésta al designio divino. 

Además, hizo más grave su pecado la circunstancia de que el mandato era fácil de guardar, y de que ellos no tenían ni ignorancia que cegara su mente, ni concupiscencia que los arrastrara al mal. 


5.5.5.3 El castigo 

Nuestros primeros padres, no solamente fueron arrojados del paraíso en castigo de su pecado, sino que: 

1°. Fueron privados de los dones sobrenaturales, a saber: de la gracia y del derecho a la gloria; y quedaron esclavos del demonio y condenados a eterna perdición, si Dios no los perdonaba. 

2°. Fueron privados de los dones preternaturales, y así: 

a) En vez de la ciencia se vieron sometidos a la ignorancia. 

b) En vez de la integridad, sintieron el desorden en su naturaleza; a saber, la concupiscencia, o rebelión de la carne contra el espíritu, y la inclinación al mal por parte de la voluntad. 

c) En vez de la inmunidad se vieron sometidos a toda clase de privaciones y sufrimientos. 

d) Y en vez de la inmortalidad, se vieron castigados con la muerte. 

...

Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, S.J. quien nos brindó toda su colaboración. Seguiremos publicando los materiales que nos compartió para dicho fin.
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