Fiesta de San Pedro y San Pablo


P. Adolfo Franco
  
Mateo 16, 13-19



Hoy es la fiesta de las dos columnas de la Iglesia, San Pedro y San Pablo, dos columnas o dos cimientos. Jesús mismo ha hablado de cimiento cuando en un determinado momento le dijo a Pedro: sobre esta piedra, este cimiento (Pedro) construiré mi Iglesia.

Pero y entonces, si ya le dijo a Pedro que era el fundamento de su Iglesia ¿para que haría falta Pablo? Y sin embargo fue Jesús mismo el que llamó a Pablo para fundar con más firmeza su Iglesia.

Analizando un poco lo que conocemos de estos personajes, podremos sacar muchas lecciones de lo que es el “estilo de Dios” y también podremos alegrarnos de la solidez del fundamento de la Iglesia.

Y examinemos primero a San Pedro: Jesús escoge para fundamento de su Iglesia a uno al que le había tenido que decir: “apártate de mi, Satanás”. El que debía sostener la fe de la Iglesia, es el mismo al que el Señor, cuando camina sobre las aguas, tiene que decirle: “¿Por qué dudas, hombre de poca fe?”. El fundamento de la Iglesia  recae sobre un hombre que no es capaz de mantener firme su amistad con Jesús en el momento de la dificultad, y lo niega tres veces ¿No podía Jesús recurrir a algún otro para que sea fundamento de la Iglesia, para que las puertas del infierno no prevalezcan contra ella? Porque si se construye la casa sobre arena, cuando vengan los vientos la echarán abajo. Y, sin embargo Jesús confirma a Pedro como el fundamento de su Iglesia: He rogado por ti, Pedro, por tu fe, y tú, una vez confirmado, confirma a tus hermanos.

Y ahora veamos a la otra columna, o el otro fundamento, San Pablo. ¿Por qué hacía falta otro fundamento? Después de que el grupo de los doce, quedó reducido a once, los apóstoles presididos por Pedro, eligieron a Matías, bajo la inspiración del Espíritu Santo, para que completara el número de doce. Y cuando ya están los doce completos, Dios se elige a uno más, San Pablo, que tiene que realizar una obra gigantesca de propagación de la Iglesia, y especialmente que tiene que llevar a cabo el desarrollar la universalidad de la Iglesia, sacarla del estrecho ámbito del pueblo judío. El apóstol de los gentiles, es el titulo de este nuevo Apóstol. Y de nuevo nos preguntamos ¿Por qué Jesús añade directamente a este apóstol al número ya completo de los doce y lo elige de entre los fariseos más fanáticos?¿y por qué no encomienda esta obra a uno de los doce?; Pablo es uno que aprueba expresamente el martirio de San Esteban, que quiere eliminar a todo el que pronuncie el nombre de Jesús; es uno de los perores enemigos del nombre de Jesús. Y Jesús lo elige precisamente a él.

Realmente que hay muchas incógnitas en la elección de estos dos apóstoles que efectivamente realizaron la maravillosa obra de la Iglesia, prolongación en el tiempo y en el espacio de Jesucristo mismo.

Además, para completar nuestra sorpresa, encontramos a San Pedro temeroso, después de haber sido testigo de la resurrección, con una serie de dudas y de vacilaciones, hasta el punto de que San Pablo, según dice él mismo tiene que reprenderle, porque está actuando con disimulo ante los cristianos de origen judío y está aparentando que sigue fiel a la ley de Moisés causando así un mal ejemplo, y una desorientación en los cristianos de origen pagano.

Pero aún con todo, estos dos apóstoles son el fundamento de la Iglesia, porque en ellos está Cristo y en su “extraña” elección queda clara la gratuidad de los dones de Dios y una vez más se confirma que “sus caminos no son nuestros caminos”. Y realmente con Cristo realizaron esta obra maravillosa a ellos encomendada. Por otra parte, ambos dieron su vida por Jesús y la Iglesia a quienes servían.


Y se complementaron, manteniendo siempre Pedro la preeminencia que Cristo dispuso. Pedro y sus sucesores tienen esta preeminencia por voluntad expresa de Dios. Y ya en la relación de Pablo con Pedro percibimos que Pablo, con todo su fervor y su talante que lo lleva a ser protagonista en los primeros años de la Iglesia, se somete a la autoridad de Pedro; entre otras cosas, cuando él mismo nos dice que después de haber recibido de Jesús directamente la Revelación, la somete al criterio de Pedro, para no evangelizar en vano. Y cuando se suscita el primer conflicto doctrinal, de si a los paganos había que someterlos a las prescripciones judías, para ser aceptados como cristianos, es San Pablo el que tiene las ideas más claras, pero es San Pedro el que al fin sanciona la cuestión en el primer concilio ecuménico, el Concilio de Jerusalén.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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