Homilía - Solemnidad de la Inmaculada Concepción





P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

Lecturas: Gen 3,9-15.20; S 97,1-4; Ef 1,3-6.11-12; Lc 1,26-38

Bendita entre todas las mujeres
ruega por nosotros



No es raro que los fieles católicos nos veamos atacados por la devoción que tenemos a María. A veces hay hermanos separados que dan pie a pensar que pertenecen a su secta o religión más por la agresividad de su rechazo a la Virgen María que por su vivencia del amor a Cristo. Nos urge por eso saber dar “razón de nuestra esperanza”. Las fiestas de María, como hoy, nos ofrecen la oportunidad de prepararnos.

El Catecismo de la Iglesia Católica es un resumen completo de la fe de la Iglesia. Conviene que toda familia cristiana lo tenga y lo consulte cuando surja la duda sobre algo de la fe católica. De la Virgen María habla en muchos lugares; lo que muestra ya que María es parte de la fe de la Iglesia. El misterio de Cristo –dice el Catecismo– remite necesariamente a María. Lo que significa que quien excluye a María de su vida religiosa, no vive en plenitud la fe católica. (v. CIC 963).

De algunos convertidos sabemos que la ausencia de María era antes para ellos causa de insatisfacción; incluso veían una contradicción entre lo que la Escritura dice de María y lo que sus mismos teólogos y pastores afirmaban y de hecho se vivía en su propia confesión.

La piedad mariana es una de las tantas joyas de la Iglesia católica, que nosotros formamos. La fiesta de hoy nos pide que una vez más gustemos de la riqueza sobrenatural de nuestra Madre Inmaculada. María tiene la función de Madre, de modelo o figura ideal y de colaboradora de Cristo en el orden de la gracia. Reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor –enseña el Catecismo– es verdaderamente la madre de los miembros de Cristo, porque colaboró con su amor a que nacieran en la Iglesia los creyentes, miembros de aquella cabeza. Así lo afirma ya San Agustín y lo repite el Papa Pablo VI: “María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia” (Pablo VI, 21 nov. 1964; v. C.I.C. 963).

Por eso –continúa el Catecismo –“el papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo y deriva directamente de ella (de esa unión). Esta unión de la Madre con el hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte. Se manifiesta particularmente en la hora de su pasión” (964).

Dicha afirmación se confirma en las lecturas de la misa de hoy. En el evangelio hace María su primera aparición; el contenido es el mensaje de Dios para que aceptara la misión de ser madre de Jesús y su respuesta. En la lectura del Génesis, la primera de hoy, está en el mensaje profético de Dios de que derrotará al Demonio: “establezco hostilidades entre ti y la mujer (se refiere a María), entre tu estirpe y la suya (Jesús)”. En la segunda lectura, de San Pablo, se nos revela el plan de Dios destinando a todos y cada uno de los hombres a unirlos con su Hijo Jesucristo, lo cual se verifica de modo eminente en María su Madre.

En particular la prerrogativa de la Inmaculada Concepción de María ha suscitado y suscita siempre, sobre todo en tantos jóvenes, el anhelo, el ansia de imitarla liberándose de todo pecado, en particular contra la pureza. María, aplastando la cabeza de la serpiente, es un imán, una llamada interior de todo hijo e hija de la Iglesia y una esperanza de liberación del pecado.

Con razón, pues, podemos afirmar con el mismo Catecismo de la Iglesia: “La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano” (971). Lo que significa que sin la devoción a la Virgen María nuestra vida cristiana estaría enferma.

La devoción a la Virgen María, pues, es una riqueza de la gracia de Dios que debemos cuidar, una luz necesaria que nos ilumina el misterio de Cristo y de la Iglesia. El Catecismo cierra sus reflexiones diciendo: “no se puede concluir mejor que volviendo la mirada a María para contemplar en ella lo que es la Iglesia en su Misterio, en su peregrinación de la fe, y lo que será al final de su marcha, donde le espera para la gloria de la Santísima e indivisible Trinidad, en comunión con todos los santos, aquella a quien la Iglesia venera como la Madre de su Señor y como su propia Madre” (972).

La devoción mariana debe ser así parte normal de nuestra vida religiosa. Es bueno que hoy hagamos examen del valor que damos a María en la práctica de nuestra fe. Si la recordamos, saludamos e invocamos su bendición todos los días; si le pedimos ayuda para superar nuestras tentaciones; si nos es ejemplo al leer la palabra de Dios, para que “se haga en nosotros según la misma palabra”; si sus festividades tienen en nosotros una resonancia especial y nos provocan para realizar en su honor algo especial; si su caridad y sus virtudes nos estimulan. En un hogar cristiano que no falten nunca los recuerdos para vivir la presencia de María: cuadros y adornos artísticos y sobre todo la oración mariana, como el Santo Rosario, síntesis de todo el Evangelio (C.I.C. 971). Los padres y madres que enseñen a sus hijos, antes ya de ir a la escuela, que tienen otra Madre en el Cielo y otro Padre Dios, que también les quieren mucho, y enséñenles a rezar al Padre, al Hijo y a la Madre.

Desde el corazón de la Iglesia saludemos a María con frecuencia y con amor de hijos: Alégrate, Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres. Porque has encontrado gracia ante Dios para ti y para nosotros; porque has concebido por obra del Espíritu Santo un hijo que es Hijo de Dios; porque has colaborado para que nosotros seamos también hijos de Dios por el bautismo e hijos tuyos porque así lo quiso Jesús; porque para Dios nada hay imposible.





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Tratado de Mariología - 7° Parte: La Inmaculada Concepción

P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


El dogma de la Inmaculada Concepción de la virgen María, significa que María fue liberada del pecado original. Es decir, que María fue concebida en el seno de su madre (Santa Ana) y con la colaboración de su esposo (San Joaquín), que nació según la carne y sin pecado original. Pecado original originado al que están sometidas todas las criaturas humanas desde el pecado de Adán y Eva en el paraíso.

En el orden cronológico de la vida de la Santísima Virgen María, el primero de los grandes privilegios concedidos por Dios fue en atención a su futura maternidad divina, por tanto la Inmaculada Concepción de la Virgen María en el seno de su madre fue quedar inmune del pecado original.


INTRODUCCIÓN

Para ambientar un poco este gran privilegio y todos los demás relativos a la Santísima Virgen María, es conveniente recordar la grandeza inmarcesible a la que la eleva su "maternidad divina". Todos los títulos y grandezas de María arrancan del hecho único de su maternidad divina. María es Inmaculada (sin mácula, sin mancha de pecado), llena de gracia, colaboradora en la obra de la redención, subió en cuerpo y alma a los cielos para ser desde allí Reina de cielos y tierra, mediadora universal de todas las gracias, y demás dones atributos, todo ello, porque es la Madre de Dios. La maternidad divina la coloca a tal altura, que Sto. Tomás de Aquino, no duda en calificar su dignidad por encima de todas las demás criaturas.

Y es porque María, en virtud de su maternidad divina, y por su participación en el misterio de la Encarnación, entra a formar parte del orden hipostático, pues su maternidad es un elemento indispensable para la encarnación del Verbo de Dios, de su seno virginal nace Jesús, que es enviado por el Padre para realizar la redención del género humano, reconciliando a todo el género humano con su Padre. La maternidad divina de María establece un parentesco de naturaleza, una relación de consaguinidad con Jesucristo y una, por decirlo así, una especie de afinidad con toda la santísima Trinidad (la piedad popular proclama: María, hija de Dios Padre; Madre de Dios Hijo; esposa del Espíritu Santo).

La maternidad divina, que termina en la Persona increada del Verbo hecho carne (misterio de la encarnación), supera, pues, por su fin, de una manera infinita, a la gracia y la gloria de todos los elegidos y a la plenitud de gracia y de gloria recibida por la misma Virgen María. De este hecho real, María como Madre del Redentor, arranca el llamado " principio del consorcio", en virtud del cual Jesucristo asocia íntimamente a su divina Madre a toda su misión redentora y santificadora.

Siendo esto así, nada debe de sorprendernos ni extrañarnos en torno a las gracias y privilegios de María, por grandes y extraordinarios que sean. Y que como hemos dicho anteriormente, en el orden cronológico, es el privilegio singularísimo de su concepción inmaculada en el seno de su madre, y de la plenitud de gracia con que fue enriquecida su alma desde el primer instante de su ser natural.


4.1. DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Podemos afirmar el siguiente enunciado que: "Por gracia y privilegio singularísimo de Dios omnipotente, en atención a los méritos previstos de Jesucristo Redentor, la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original en el primer instante de su concepción". (Dogma de fe, definido por la Iglesia).

Sagrada Escritura: No hay en ella ningún texto explícito sobre este misterio, pero sí hay algunas insinuaciones que, elaboradas por la tradición cristiana y puestas del todo en claro por el Magisterio de la Iglesia, ofrecen algún fundamento escriturístico para la definición del dogma.

Gen, 3, 15: Dijo Dios a la serpiente: "Pongo perpetua enemistad entre ti (la serpiente) y la mujer (María) y entre tu linaje (de la serpiente, son los hijos de las tinieblas) y el suyo (los hijos espirituales de María, que son hijos de la luz).
Lc 1, 35: El ángel le saludó diciendo: "Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo".
Lc 1, 42: Su pariente Isabel con gran gozo lo dijo a María: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!".
Lc 1, 49: La Virgen María llena de gozo proclamó: "Porque ha hecho en mí maravillas el Todopoderoso, cuyo nombre es santo".

No bastan estos textos para probar por sí mismos el privilegio de la Inmaculada Concepción de María. Pero la Bula "Ineffabilis Deus", por la que el papa Pío IX definió el 8 de diciembre de 1854, el dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, los cita como remota alusión escriturística al singular privilegio de María Inmaculada. El papa Pío IX pronuncia la fórmula dogmática afirmando: "Declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelado por Dios, y, de consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano".


4.2. LOS SANTOS PADRES

Estos santos varones, representantes auténticos de la tradición cristiana fueron elaborando poco a poco la doctrina de la Inmaculada Concepción de María, que no siempre brilló en la Iglesia con la misma claridad. En la historia y evolución de este dogma pueden distinguirse los siguientes principales períodos:


a. Período de creencia implícita y tranquila

Se extiende hasta el Concilio de Efeso, 431. Los Santos Padres aplican a María los mismos calificativos de "santa", "inocente", "purísima", "intacta", " incorruptible", "inmaculada", etc. En esta época sobresalen en sus alabanzas a María, San Justino, San Ireneo, San Efrén, San Ambrosio y San Agustín.


b. Período inicial de la proclamación explícita

Se extiende hasta el Siglo XI. La fiesta litúrgica de la Inmaculada Concepción comienza a celebrarse en algunas iglesias de Oriente desde el Siglo VIII, en Irlanda desde el Siglo IX, y en Inglaterra desde el Siglo XI. Después se propaga a España, Italia y Alemania.


c. Período de las controversias o discusiones

Siglos xII al XIV. Nada menos que San Bernardo, San Anselmo y grandes teólogos escolásticos del siglo XIII y siguientes, entre los que se encuentran Alejandro de Hales, San Buenaventura, San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, Enrique de Gante y Egidio Romano, negaron o pusieron en duda el privilegio de la Inmaculada Concepción de María por no hallar la manera de armonizarlo intelectualmente con el dogma de la Redención Universal de Cristo, que no admite una sola excepción entre los nacidos de mujer.

Todos estos autores y otros muchos más, a pesar de su devoción y piedad  mariana, intensísima en la mayor parte de ellos, tropezaron con ese obstáculo dogmático, que no supieron resolver teológicamente, y, muy a pesar suyo, negaron o pusieron en duda el singular privilegio de María. Sin duda alguna, todos ellos lo hubieran proclamado alborozadamente si hubieran sabido resolver ese aparente conflicto en la forma tan que se resolvió después.


d. Período de reacción y de triunfo del dogma de la Inmaculada Concepción

Siglos XIV a XIX. Iniciado por Guillermo de Ware y por Escoto, se abre un período de reacción contra la doctrina que negaba o ponía en duda el privilegio de María de su Inmaculada Concepción, hasta ponerlo del todo en claro y armonizarlo  perfectamente con el dogma de la Redención Universal de Cristo. Con algunas alternativas, la doctrina inmaculista se va imponiendo cada vez más, hasta su proclamación dogmática por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854.


e. El Magisterio de la Iglesia

He aquí el texto emocionante de la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción de María desde el instante mismo de su concepción

"Después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia, nuestra privadas oraciones y súplicas de la Iglesia, para que se dignase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorando el auxilio de toda la corte celestial e invocando con gemidos el Espíritu paráclito e inspirándonoslo él mismo:

Para honor de la santa e individua Trinidad, para gloria y ornamento de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Pedro y Pablo y con la nuestra propia, declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, por gracia y privilegio singular de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original, ha sido revelado por Dios y, por tanto, debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles.

Por lo cual, si algunos fieles - lo que Dios no permita - presumieren sentir en su corazón de modo distinto a como por Nos ha sido definido, sepan y tengan por cierto que están condenados por su propio juicio, que han naufragado en la fe, y que  se han separado de la unidad de la Iglesia", Denz 1641.


f. La razón teológica

Siglos enteros necesitó la pobre razón humana para hallar el modo de concordar la concepción Inmaculada de María con el dogma de la Redención Universal de Cristo para salvar a todo el género humano, que afecta a todos los descendientes de Adán, sin excepción alguna para nadie, ni siquiera para la Madre de Dios. Pero por fin, se hizo la luz, y la armonía entre los dos dogmas apareció con claridad.

De dos maneras, en efecto, se puede redimir a un cautivo: 

a). Pagando el precio de su rescate para sacarlo del cautiverio en el que haya incurrido (Redención liberativa
b). Pagándolo anticipadamente, impidiéndole con ello caer en el cautiverio (Redención preventiva).

Esta última es una "verdadera y propia redención", más auténtica y profunda todavía que la primera, y ésta es las que se aplicó a la Santísima Virgen María. Dios omnipotente y sabio, previendo desde toda la eternidad los méritos infinitos de su Hijo Jesucristo Redentor rescatando al género humano con su sangre preciosísima, derramada en la cruz, "aceptó anticipadamente el precio de ese rescate" y lo aplicó a la Virgen María en forma de "redención preventiva", impidiéndola contraer el pecado original, que, como criatura humana descendiente de Adán por vía generación natural, "debía contraer" y hubiese contraído de hecho sin ese privilegio preventivo. Con lo cual la Virgen María recibió de lleno la Redención de Cristo anticipadamente y fue a la vez, concebida en gracia, sin la menor sombra del pecado original.

Este es el argumento teológico fundamental, recogido en el texto de la declaración dogmática del papa Pío IX.

Nota. Uno se puede preguntar ¿cómo es posible que Santo Tomás de Aquino, el doctor angélico, no haya podido resolver esta aparente contradicción de los dos dogmas?. Como hemos indicado más arriba, Santo Tomás de Aquino está en la lista de los que negaron el privilegio de la Virgen María por no saber armonizar el dogma de universal Redención de Cristo con el dogma de la Inmaculada Concepción. Quizá Dios lo permitió así para recordar al mundo entero que, en materia de fe y de costumbres, la luz definitiva no la pueden dar los teólogos - aunque se trate del más docto de ellos - sino que ha de venir la claridad de la luz del Magisterio de la Iglesia de Cristo, asistida directamente por el Espíritu Santo, con el carisma maravilloso de la infalibilidad.

Con todo, el error de Santo Tomás es más aparente que real. Por de pronto, la Inmaculada que él rechazó - una Inmaculada no redimida - no es la Inmaculada definida por la Iglesia. La Bula de Pío IX definió una Inmaculada "redimida", que hubiera sido aceptada inmediatamente por Santo Tomás si hubiera vislumbrado esta solución teológica. El fallo de Santo Tomás está en no haber encontrado esta salida; pero la Inmaculada no redimida que él rechazó, hay que seguir rechazándola todavía, hoy más que entonces, a causa de la definición dogmática que ya ha dado el Magisterio "ex cathedra" de la Iglesia.




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Agradecemos al P. Ignacio Garro S.J. por su colaboración.

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Inmaculada Concepción de María




Solemnidad: 8 de diciembre

La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción.
Como demostraremos, esta doctrina es de origen apostólico, aunque el dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus.

"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..."(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

La Concepción: Es el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica procedente de los padres. La concepción es el momento en que comienza la vida humana.
Cuando hablamos del dogma de la Inmaculada Concepción no nos referimos a la concepción de Jesús quién, claro está, también fue concebido sin pecado. El dogma declara que María quedó preservada de toda carencia de gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Es decir María es la "llena de gracia" desde su concepción.
La Encíclica "Fulgens corona", publicada por el Papa Pío XII en 1953 para conmemorar el centenario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, argumenta así: «Si en un momento determinado la Santísima Virgen María hubiera quedado privada de la gracia divina, por haber sido contaminada en su concepción por la mancha hereditaria del pecado, entre ella y la serpiente no habría ya -al menos durante ese periodo de tiempo, por más breve que fuera- la enemistad eterna de la que se habla desde la tradición primitiva hasta la solemne definición de la Inmaculada Concepción, sino más bien cierta servidumbre»

Fundamento Bíblico

La Biblia no menciona explícitamente el dogma de la Inmaculada Concepción, como tampoco menciona explícitamente muchas otras doctrinas que la Iglesia recibió de los Apóstoles. La palabra "Trinidad", por ejemplo, no aparece en la Biblia. Pero la Inmaculada Concepción se deduce de la Biblia cuando ésta se interpreta correctamente a la luz de la Tradición Apostólica.

El primer pasaje que contiene la promesa de la redención (Genesis 3:15) menciona a la Madre del Redentor. Es el llamado Proto-evangelium, donde Dios declara la enemistad entre la serpiente y la Mujer. Cristo, la semilla de la mujer (María) aplastará la cabeza de la serpiente. Ella será exaltada a la gracia santificante que el hombre había perdido por el pecado. Solo el hecho de que María se mantuvo en estado de gracia puede explicar que continúe la enemistad entre ella y la serpiente. El Proto-evangelium, por lo tanto, contiene una promesa directa de que vendrá un redentor. Junto a El se manifestará su obra maestra: La preservación perfecta de todo pecado de su Madre Virginal.

En Lucas 1:28 el ángel Gabriel enviado por Dios le dice a la Santísima Virgen María «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.». Las palabras en español "Llena de gracia" no hace justicia al texto griego original que es "kecharitomene" y significa una singular abundancia de gracia, un estado sobrenatural del alma en unión con Dios. Aunque este pasaje no "prueba" la Inmaculada Concepción de María ciertamente lo sugiere.

El Apocalipsis narra sobre la «mujer vestida de sol» (Ap 12,1). Ella representa la santidad de la Iglesia, que se realiza plenamente en la Santísima Virgen, en virtud de una gracia singular. Ella es toda esplendor porque no hay en ella mancha alguna de pecado. Lleva el reflejo del esplendor divino, y aparece como signo grandioso de la relación esponsal de Dios con su pueblo.

En el siglo IX se introdujo en Occidente la fiesta de la Concepción de María, primero en Nápoles y luego en Inglaterra.Hacia el año 1128, un monje de Canterbury llamado Eadmero escribe el primer tratado sobre la Inmaculada Concepción donde rechaza la objeción de San Agustín contra el privilegio de la Inmaculada Concepción, fundada en la doctrina de la transmisión del pecado original en la generación humana.

La castaña, escribe Eadmero, «es concebida, alimentada y formada bajo las espinas, pero que a pesar de eso queda al resguardo de sus pinchazos». Incluso bajo las espinas de una generación que de por sí debería transmitir el pecado original, María permaneció libre de toda mancha, por voluntad explícita de Dios que «lo pudo, evidentemente, y lo quiso. Así pues, si lo quiso, lo hizo».Los grandes teólogos del siglo XIII presentaban las mismas dificultades de San Agustín: la redención obrada por Cristo no sería universal si la condición de pecado no fuese común a todos los seres humanos. Si María no hubiera contraído la culpa original, no hubiera podido ser rescatada. En efecto, la redención consiste en librar a quien se encuentra en estado de pecado. El franciscano Juan Duns Escoto, al principio del siglo XIV, inspirado en algunos teólogos del siglo XII y por el mismo San Francisco (siglo XIII, devoto de la Inmaculada), brindó la clave para superar las objeciones contra la doctrina de la Inmaculada Concepción de María. El sostuvo que Cristo, el mediador perfecto, realizó precisamente en María el acto de mediación más excelso: Cristo la redimió preservándola del pecado original. Se trata una redención aún más admirable: No por liberación del pecado, sino por preservación del pecado. Escoto preparó el camino para la definición dogmática. Dicen que su inspiración le vino al pasar por frente de una estatua de la Virgen y decirle: "Dignare me laudare te: Virgo Sacrata" (Oh Virgen sacrosanta dadme las palabras propias para hablar bien de Ti).1. ¿A Dios le convenía que su Madre naciera sin mancha del pecado original? - Sí, a Dios le convenía que su Madre naciera sin ninguna mancha. Esto es lo más honroso, para Él.2. ¿Dios podía hacer que su Madre naciera sin mancha de pecado original? -Sí, Dios lo puede todo, y por tanto podía hacer que su Madre naciera sin mancha: Inmaculada.3. ¿Lo que a Dios le conviene hacer lo hace? ¿O no lo hace? Todos respondieron: Lo que a Dios le conviene hacer, lo que Dios ve que es mejor hacerlo, lo hace.Entonces Scotto exclamó: Luego1. Para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original.2. Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada: sin mancha3. Por lo tanto: Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original. Porque Dios cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.

Méritos: María es libre de pecado por los méritos de Cristo Salvador. Es por El que ella es preservada del pecado. Ella, por ser una de nuestra raza humana, aunque no tenía pecado, necesitaba salvación, que solo viene de Cristo. Pero Ella singularmente recibe por adelantado los méritos salvíficos de Cristo. La causa de este don: El poder y omnipotencia de Dios.

Razón: La maternidad divina. Dios quiso prepararse un lugar puro donde su hijo se encarnara.

Frutos:
1-María fue inmune de los movimientos de la concupiscencia. Concupiscencia: los deseos irregulares del apetito sensitivo que se dirigen al mal.
2-María estuvo inmune de todo pecado personal durante el tiempo de su vida. Esta es la grandeza de María, que siendo libre, nunca ofendió a Dios, nunca optó por nada que la manchara o que le hiciera perder la gracia que había recibido.
El dogma de la Inmaculada Concepción de María no ofusca, sino que más bien pone mejor de relieve los efectos de la gracia redentora de Cristo en la naturaleza humana. Todas las virtudes y las gracias de María Santísima las recibe de Su Hijo. La Madre de Cristo debía ser perfectamente santa desde su concepción. Ella desde el principio recibió la gracia y la fuerza para evitar el influjo del pecado y responder con todo su ser a la voluntad de Dios. A María, primera redimida por Cristo, que tuvo el privilegio de no quedar sometida ni siquiera por un instante al poder del mal y del pecado, miran los cristianos como al modelo perfecto y a la imagen de la santidad que están llamados a alcanzar, con la ayuda de la gracia del Señor, en su vida.
En torno a las ideas de Escoto se suscitó una gran controversia. Después de que el Papa Sixto IV aprobara, en 1477, la misa de la Concepción, esa doctrina fue cada vez más aceptada en las escuelas teológicas. El Papa Sixto IV, en 1483, casi 4 siglos antes del dogma, había extendido la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la Iglesia de Occidente.

Llamado:
La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María tiene un llamado para nosotros:
1-Nos llama a la purificación. Ser puros para que Jesús resida en nosotros.
2-Nos llama a la consagración al Corazón Inmaculado de María, lugar seguro para alcanzar conocimiento perfecto de Cristo y camino seguro para ser llenos del Espíritu Santo.

"Con la Inmaculada Concepción de María comenzó la gran obra de la Redención, que tuvo lugar con la sangre preciosa de Cristo. En Él toda persona está llamada a realizarse en plenitud hasta la perfección de la santidad" Juan Pablo II, 5-XII-2003.


Respuesta a los argumentos contra la Inmaculada Concepción de María.

1. Argumento: La Inmaculada Concepción contradice la enseñanza de San Pablo: "todos han pecado y están lejos de la presencia salvadora de Dios" (Romanos 3:23).

Respuesta católica: Si fuéramos a tomar las palabras de San Pablo "todos han pecado" en un sentido literal absoluto, Jesús también quedaría incluido entre los pecadores. Sabemos que esta no es la intención de S. Pablo ya que después menciona que Jesús "no conoció pecado" (2Cor 5,21; Cf. Hebreos 4:15; 1 Pedro 2:22).

El dogma de la Inmaculada Concepción de María no contradice la enseñanza Paulina en Rm 3:23 sobre la realidad pecadora de la humanidad en general, la cual estaba encerrada en el pecado y lejos de Dios hasta la venida del Salvador. San Pablo enseña que Cristo nos libera del pecado y nos une a Dios (Cf. Efesios 2:5). Esta es la enseñanza del Catecismo de la Iglesia católica, el pecado original «afecta a la naturaleza humana», que se encuentra así «en un estado caído». Por eso, el pecado se transmite «por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales». Pero Jesús tiene la potestad para preservar a su Madre del pecado aplicando a ella los méritos de su redención.

San Pablo declara que, como consecuencia de la culpa de Adán, «todos pecaron» y que «el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación» (Rom 5,12.18). El paralelismo entre Adán y Cristo se completa con el de Eva y María: La mujer tuvo un papel importante en la caída y lo tiene también en la redención.

San Ireneo, Padre de la Iglesia del siglo II, presenta a María como la nueva Eva que, con su fe y su obediencia, contrapesa la incredulidad y la desobediencia de Eva. Ese papel en la economía de la salvación exige la ausencia de pecado. Era conveniente que, al igual que Cristo, nuevo Adán, también María, nueva Eva, no conociera el pecado y fuera así más apta para cooperar en la redención.El pecado que mancha a toda la humanidad no puede entrar en el Redentor y su colaboradora. Con una diferencia sustancial: Cristo es totalmente santo en virtud de la gracia que en su humanidad brota de la persona divina; y María es totalmente santa en virtud de la gracia recibida por los méritos del Salvador. Entonces, lo que Pablo declara en forma general para toda la humanidad no incluye a Jesús y a María.


2. Argumento: Según algunos, María reconoce que ella era pecadora y que necesitó ser rescatada por la gracia de Dios (Lucas 1: 28, 47).

Respuesta católica: Que María se declarara pecadora es falso. Que ella se declarara salvada por Dios es cierto. En Lc 1:48 ella reconoce que fue salvada. ¿De qué? Del dominio del pecado, por gracia de Dios. Pero para eso no tuvo que llegar a pecar. Dios la salvó preservándola del pecado.

El dogma de la Inmaculada Concepción de María no niega que ella fue salvada por Jesús. En María las gracias de Cristo se aplicaron ya desde el momento de su concepción. El hecho de que Jesús no hubiese aún nacido no presenta obstáculo pues las gracias de Jesús no tienen barreras de tiempo y se aplicaron anticipadamente en su Madre. Para Dios nada es imposible.

¿Cómo sabemos que La Virgen María fue concebida sin pecado? La fe católica reconoce que la revelación Bíblica necesita ser interpretada a la luz de la Tradición recibida de los Apóstoles y según el desarrollo dogmático que, por el Espíritu Santo, ha ocurrido en la Iglesia. De esta manera lo que esta ya en la Biblia en forma de semilla se llega a entender cada vez mejor.


Llena de Gracia, el nombre mas bello de María. Benedicto XVI, 2006

Queridos hermanos y hermanas: Celebramos hoy una de las fiestas de la bienaventurada Virgen más bellas y populares: la Inmaculada Concepción. María no sólo no cometió pecado alguno, sino que quedó preservada incluso de esa común herencia del género humano que es la culpa original, a causa de la misión a la que Dios la había destinado desde siempre: ser la Madre del Redentor. Todo esto queda contenido en la verdad de fe de la Inmaculada Concepción. El fundamento bíblico de este dogma se encuentra en las palabras que el Ángel dirigió a la muchacha de Nazaret: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lucas 1, 28). «Llena de gracia», en el original griego «kecharitoméne», es el nombre más bello de María, nombre que le dio el mismo Dios para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, «el amor encarnado de Dios» (encíclica «Deus caritas est», 12). Podemos preguntarnos: ¿por qué entre todas las mujeres, Dios ha escogido precisamente a María de Nazaret? La respuesta se esconde en el misterio insondable de la divina voluntad. Sin embargo, hay un motivo que el Evangelio destaca: su humildad. Lo subraya Dante Alighieri en el último canto del «Paraíso»: «Virgen Madre, hija de tu hijo, humilde y alta más que otra criatura, término fijo del consejo eterno» (Paraíso XXXIII, 1-3). La Virgen misma en el «Magnificat», su cántico de alabanza, dice esto: «Engrandece mi alma al Señor… porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava» (Lucas 1, 46.48). Sí, Dios se sintió prendado por la humildad de María, que encontró gracia a sus ojos (Cf. Lucas 1, 30). Se convirtió, de este modo, en la Madre de Dios, imagen y modelo de la Iglesia, elegida entre los pueblos para recibir la bendición del Señor y difundirla entre toda la familia humana. Esta «bendición» es el mismo Jesucristo. Él es la fuente de la «gracia», de la que María quedó llena desde el primer instante de su existencia. Acogió con fe a Jesús y con amor lo entregó al mundo. Ésta es también nuestra vocación y nuestra misión, la vocación y la misión de la Iglesia: acoger a Cristo en nuestra vida y entregarlo al mundo «para que el mundo se salve por él» (Juan 3, 17). Queridos hermanos y hermanas: la fiesta de la Inmaculada ilumina como un faro el período de Adviento, que es un tiempo de vigilante y confiada espera del Salvador. Mientras salimos al encuentro de Dios, que viene, miremos a María que «brilla como signo de esperanza segura y de consuelo para el pueblo de Dios en camino» («Lumen gentium», 68). Con esta conciencia os invito a uniros a mí cuando, en la tarde, renueve en la plaza de España el tradicional homenaje a esta dulce Madre por la gracia y de la gracia. A ella nos dirigimos ahora con la oración que recuerda el anuncio del ángel.

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Extractos de:
Aciprensa, Catholic.net y de Corazones.org
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II Domingo de Adviento - A: San Juan Bautista y su llamado a la conversión





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P. Adolfo Franco, jesuita.

ADVIENTO
Segundo Domingo

Mt 3, 1-12

Por aquel tiempo se presentó Juan Bautista y empezó a predicar en el desierto de Judea; éste era su mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está cerca.»
Es a Juan a quien se refería el profeta Isaías cuando decía: Una voz grita en el desierto: Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos.
Además de la piel que le ceñía la cintura, Juan no tenía más que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre. Venían a verlo de Jerusalén, de toda la Judea y de la región del Jordán. Y además de confesar sus pecados, se hacían bautizar por Juan en el río Jordán.
Juan vio que un grupo de fariseos y de saduceos habían venido donde él bautizaba, y les dijo: «Raza de víboras, ¿cómo van a pensar que escaparán del castigo que se les viene encima?. Muestren los frutos de una sincera conversión, pues de nada les sirve decir: “Abraham es nuestro padre”. Yo les aseguro que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham aun de estas piedras. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no da buen fruto, será cortado y arrojado al fuego.
Yo los bautizo en el agua, y es el camino a la conversión. Pero después de mí viene uno con mucho más poder que yo –yo ni siquiera merezco llevarle las sandalias– , él los bautizará en el Espíritu Santo y el fuego. Ya tiene la pala en sus manos para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en sus bodegas, mientras que la paja la quemará en el fuego que no se apaga.»

Palabra del Señor.

La austeridad de vida de Juan Bautista nos enseña cómo prepararnos a la Navidad.

La presencia de Juan Bautista, tal como aparece en este párrafo del Evangelio es impresionante, por lo que hace y por lo que dice. Lo principal que hace es ser coherente, vivir una vida extremadamente austera sin compromisos con lo fácil, con lo material, con la comodidad. En su vivienda, en su comida y en su vestido, hay un desarraigo de todo lo placentero, que impresiona: vive en el desierto, sin protección de techo alguno, come lo que el desierto produce (¿y qué produce el desierto?), y viste una piel de animal. En él todo se ha concentrado en su espíritu, y por eso de ese espíritu brota una voz llena de verdad y de fuerza.

Esa voz nos empuja a dos cosas: a la conversión y a estar abiertos a la novedad de Jesús, que viene detrás de él, pero que es más fuerte y que bautizará con Espíritu Santo y fuego. La conversión y la aceptación de la novedad de Jesús. Dos mensajes que se complementan, que uno lleva al otro. Porque la conversión es principalmente una actitud radical del espíritu, que nos vacía de todo lo que sobra en nuestro espíritu y en nuestra vida, y así nos capacita para recibir a Jesús y su novedad.

Juan bautiza, y a los que confesaban sus pecados, les daba un mensaje de conversión. Buscar las raíces del pecado, que hay detrás de los pecados y arrancarla. Ese es el camino de la conversión. Para nosotros es hacer el esfuerzo por recuperar la pureza original en la que fuimos bautizados. Esa renuncia al mal que repetimos entonces en nuestro bautismo por tres veces: estar siempre del lado del bien, de la verdad, de la pureza, y renunciar a Satanás y sus seducciones; eso dijimos y eso debemos recobrar, una acción decidida para recuperar la blancura del vestido que nos cubrió en el bautismo. Esfuerzo de conversión que es aspirar a lo que podemos llegar a ser, y dejar la mediocridad de una vida en que vivimos un cristianismo de “más o menos”.

Nos preparamos a celebrar la Navidad, y miramos en la dirección del pesebre, y por eso adelantando la luz que de ahí brota, queremos otra vez estar configurados a la imagen del Salvador que nacerá como una luz sin sombras, y como nuestro ideal.

Y la segunda parte del mensaje que nos da Juan Bautista es la novedad que trae la llegada de Jesús, el Salvador. Ya no se trata de la filiación de Abrahán, de la que se gloriaban los judíos. La salvación de Jesús sobrepasa la propuesta de la ley judía. Va más allá, y es completamente nueva.

Y es que todo lo que trae Jesús es nuevo. Y lo primero que es nuevo, es que quien viene a vivir entre nosotros, que viene a enseñarnos y viene a salvarnos, es Dios mismo. Ya no es un mensajero como tantos que El había ido enviando antes. Ahora es Dios en la persona de su Hijo, habitando entre nosotros; y esto es algo completamente asombroso y que siempre será nuevo.

Pero además es nuevo el concepto de Dios, que Jesús nos revela: Dios es amor y es nuestro Padre; esto es completamente nuevo. Dios es un abismo de amor, que habita en nuestras vidas. Ya Dios no es un “habitante del templo” sino que es un “habitante del corazón del hombre”. Dios es parte de nuestra propia intimidad, y al que debemos llamar Padre.

Es nueva toda la doctrina que Jesús nos enseña; es tan nueva que nos desconcierta, cuando nos propone sus ideales en las bienaventuranzas. Cuando nos empuja al amor hasta el extremo y sin condiciones, hasta dar la vida, sin esperar retribución. Es nueva esta conducta cristiana, que ningún otro maestro habría podido enseñar, porque Jesús es el único que la vive en su totalidad, hasta la muerte.

Por eso tenemos que estar abiertos a la novedad, después de purificar nuestro corazón con la conversión. Y tomar la novedad misma como un horizonte de nuestra vida cristiana personal. La novedad es algo que debe caracterizar también nuestra vida de cristianos. Una adhesión a Jesús siempre renovada, como si siempre estuviéramos de estreno. Cada acto de nuestra vida de cristianos, saliendo del corazón como si por primera vez conociéramos a Cristo. Si cada acto de nuestra vida de cristianos fuera de verdad un acto profundo de amor, nuestro cristianismo siempre tendría el vigor y la lozanía de lo nuevo. Y es que en nuestra vida de cristianos podemos también establecer mecanismos repetitivos, y formar así rutinas de comportamiento, en las que la emoción de la entrega no está casi nunca presente. Nuestro cristianismo debe aspirar a ser siempre algo nuevo, no algo simplemente mecánico.

Así nos preparamos con este nuevo mensaje para la Navidad: la conversión del corazón y el asombro ante lo nuevo de Jesús.




Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

¿Qué es el Año Litúrgico? 23° Parte - Las fiestas de la Virgen María



P. Rodrigo Sánchez Arjona Halcón, S.J.


3. LAS FIESTAS DE LA VIRGEN MARÍA

Con relación al culto de María el Concilio Vaticano II dice lo siguiente:
“En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo; en ella, la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como una purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansia y espera ser”. (SC. 103).
Además de las diversas solemnidades y fiestas de la Virgen la liturgia nos concede hacer memoria libre de santa María todos los sábados del tiempo ordinario, cuando no haya una memoria obligatoria (Norm. Univ. sobre el Año Litúrgico, 15).

En el presente trabajo me limitaré a presentar las fiestas de la Asunción y de la Concepción Inmaculada de María.


La Asunción de la Virgen María
Solemnidad (15 agosto)

Esta solemnidad cuenta con la misa de la vigilia y con la del día festivo. La liturgia nos anima a alegrarnos con gozo espiritual en este día, en que la subida de María al cielo "en cuerpo y alma” confirma la esperanza cristiana de la resurrección gloriosa prometida a los fieles. Porque la Mujer misteriosa vista por Juan en el cielo representa a la vez a María y a la Iglesia. María “es figura y primicia de la Iglesia, que un día será glorificada”, y por eso ‘‘es consuelo y esperanza del Pueblo de Dios”.

La hondura teológica de la fiesta, expresada a lo largo de las diversas antífonas, oraciones y lecturas genera en los corazones confianza* para pedir a Dios, por intercesión de María la Virgen, ‘‘participar con ella de su misma gloria en el cielo” y “aspirar a las realidades divinas” mientras vivimos en este mundo terreno.


La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen
Solemnidad (8 diciembre)

Si la fiesta de la Asunción nos había del descanso en los cielos, la fiesta de la Inmaculada nos recuerda las luchas redentoras contra el Demonio en la tierra. La colecta de la misa nos introduce en el misterio de la Concepción Inmaculada de María con fórmulas teológicas bien contorneadas:
“Oh Dios, qué por la concepción inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada; y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado...”.
Esta misma colecta nos anuncia el matiz de esfuerzo espiritual recordado por la fiesta, al hacernos pedir a Dios por la intercesión de la Virgen Inmaculada “llegar a El limpios de todas nuestras culpas” y ser curados por el sacramento eucarístico de “los efectos del primer pecado”.
“La liturgia de hoy nos presenta en el prefacio la conveniencia de la pureza de María, cuando canta:
“Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente, que quita el pecado del mundo. Purísima la que entre todos los hombres es abogada de gracia y ejemplo de santidad”.
Pero la gloria de María viene de la gracia de Dios, que “ha hecho en ella cosas grandes”. Esa gracia divina, obtenida por la poderosa intercesión de María, es capaz de “guardarnos también a nosotros limpios de todo pecado”.

Por eso con María podemos todos cantar:
“Me llena de gozo el Señor, mi alma se alegra con mi Dios”.


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Bibliografía: P. Rodrigo Sánchez Arjona Halcón S.J. Año Litúrgico y Piedad Popular Católica. Lima, 1982

Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de DICIEMBRE 2019




RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA - APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE DICIEMBRE





OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo
me haga su amigo y apóstol, disponible a su misión.
Pongo en tus manos
mis alegrías y esperanzas,

mis trabajos y sufrimientos,
todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«“Para que todos los países decidan tomar las medidas necesarias para hacer que el futuro de los más jóvenes sea una prioridad, especialmente de aquellos que están sufriendo”.»

AMÉN




VÍDEO DEL PAPA
INTENCIONES DEL MES





Los niños son los primeros en sufrir las guerras, la corrupción, la pobreza, los desequilibrios y desastres ambientales. Esto hace que sus derechos, desde el derecho a jugar o estudiar hasta el de ser escuchados, deban ser especialmente protegidos.

“Cada niño marginado, cada niño abusado, cada niño abandonado, cada niño sin escuela, sin atenciones médicas, es un grito que se eleva a Dios.

En cada uno de ellos es Cristo, que vino a nuestro mundo como un niño indefenso, es Cristo quien nos está mirando en cada uno de esos niños.

Recemos para que todos los países decidan tomar medidas necesarias para hacer que el futuro de los niños sea una prioridad, especialmente de aquellos que están sufriendo.”

Papa Francisco 






ORACIÓN

Padre de Bondad,
la Navidad de tu Hijo Jesús abre al mundo un tiempo nuevo,
tiempo de esperanza y de paz.
Te pedimos por los niños y adolescentes,
especialmente los que viven desanimados por sus dificultades y sufrimientos,
que no encuentran oportunidades para desarrollarse, entusiasmo en el futuro,
ni el apoyo que necesitan para tener una vida digna.
Ayúdanos a apostar por el futuro,
abrazando con amor a los niños y adolescentes de hoy,
para que puedan transformar el mundo que has creado
en un espacio de vida y fraternidad entre todos.

Amén

Padre Nuestro…
Ave María...
Gloria...



REZA CADA DÍA CON CLICK TO PRAY


AQUÍ




PROPUESTA PARA EL MES

    Promueve, en tu propia comunidad, un tiempo de reflexión sobre los desafíos que hoy enfrentan los niños y adolescentes ante el futuro, a nivel social, económico, de educación, etc.
      Promueve, en tus ambientes, instancias para que niños y adolescentes sean escuchados en sus deseos, expectativas y necesidades antes de tomar decisiones que afecten sus vidas.
        Promueve un tiempo de oración, organizado con niños y adolescentes, en que ellos mismos sean protagonistas y sensibilicen a la comunidad para apoyarlos en su promoción y desarrollo.

        Fuente: ClickToPray





        SOBRE LA INTENCIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE DICIEMBRE


        Acceda AQUÍ





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        B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray[App Store] [Google Play]

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        apostolado.oración.peru@gmail.com



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