Catequesis del Papa sobre la Oración: 37, «Perseverar en el amor»


 

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Patio de San Dámaso
Miércoles, 9 de junio de 2021

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En esta penúltima catequesis sobre la oración hablamos de la perseverancia al rezar. Es una invitación, es más, un mandamiento que nos viene de la Sagrada Escritura. El itinerario espiritual del Peregrino ruso empieza cuando se encuentra con una frase de san Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses: «Orad constantemente. En todo dad gracias» (5,17-18). La palabra del Apóstol toca a ese hombre y él se pregunta cómo es posible rezar sin interrupción, dado que nuestra vida está fragmentada en muchos momentos diferentes, que no siempre hacen posible la concentración. De este interrogante empieza su búsqueda, que lo conducirá a descubrir la llamada oración del corazón. Esta consiste en repetir con fe: “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador!”. Una oración sencilla, pero muy bonita. Una oración que, poco a poco, se adapta al ritmo de la respiración y se extiende a toda la jornada. De hecho, la respiración no cesa nunca, ni siquiera mientras dormimos; y la oración es la respiración de la vida.

¿Cómo es posible custodiar siempre un estado de oración? El Catecismo nos ofrece citas bellísimas, tomadas de la historia de la espiritualidad, que insisten en la necesidad de una oración continua, que sea el fulcro de la existencia cristiana. Cito algunas de ellas.

Afirma el monje Evagrio Póntico: «No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente —no, esto no se nos ha pedido— pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar» (n. 2742). El corazón en oración. Hay por tanto un ardor en la vida cristiana, que nunca debe faltar. Es un poco como ese fuego sagrado que se custodiaba en los templos antiguos, que ardía sin interrupción y que los sacerdotes tenían la tarea de mantener alimentado. Así es: debe haber un fuego sagrado también en nosotros, que arda en continuación y que nada pueda apagar. Y no es fácil, pero debe ser así.

San Juan Crisóstomo, otro pastor atento a la vida concreta, predicaba así: «Conviene que el hombre ore atentamente, bien estando en la plaza o mientras da un paseo: igualmente el que está sentado ante su mesa de trabajo o el que dedica su tiempo a otras labores, que levante su alma a Dios: conviene también que el siervo alborotador o que anda yendo de un lado para otro, o el que se encuentra sirviendo en la cocina» (n. 2743). Pequeñas oraciones: “Señor, ten piedad de nosotros”, “Señor, ayúdame”. Por tanto, la oración es una especie de pentagrama musical, donde nosotros colocamos la melodía de nuestra vida. No es contraria a la laboriosidad cotidiana, no entra en contradicción con las muchas pequeñas obligaciones y encuentros, si acaso es el lugar donde toda acción encuentra su sentido, su porqué y su paz.

Cierto, poner en práctica estos principios no es fácil. Un padre y una madre, ocupados con mil cometidos, pueden sentir nostalgia por un periodo de su vida en el que era fácil encontrar tiempos cadenciosos y espacios de oración. Después, los hijos, el trabajo, los quehaceres de la vida familiar, los padres que se vuelven ancianos… Se tiene la impresión de no conseguir nunca llegar a la cima de todo. Entonces hace bien pensar que Dios, nuestro Padre, que debe ocuparse de todo el universo, se acuerda siempre de cada uno de nosotros. Por tanto, ¡también nosotros debemos acordarnos de Él!

Podemos recordar que en el monaquismo cristiano siempre se ha tenido en gran estima el trabajo, no solo por el deber moral de proveerse a sí mismo y a los demás, sino también por una especie de equilibrio, un equilibrio interior: es arriesgado para el hombre cultivar un interés tan abstracto que se pierda el contacto con la realidad. El trabajo nos ayuda a permanecer en contacto con la realidad. Las manos entrelazadas del monje llevan los callos de quien empuña pala y azada. Cuando, en el Evangelio de Lucas (cfr. 10,38-42), Jesús dice a santa Marta que lo único verdaderamente necesario es escuchar a Dios, no quiere en absoluto despreciar los muchos servicios que ella estaba realizando con tanto empeño.

En el ser humano todo es “binario”: nuestro cuerpo es simétrico, tenemos dos brazos, dos ojos, dos manos… Así también el trabajo y la oración son complementarios. La oración – que es la “respiración” de todo – permanece como el fondo vital del trabajo, también en los momentos en los que no está explicitada. Es deshumano estar tan absortos por el trabajo como para no encontrar más el tiempo para la oración.

Al mismo tiempo, no es sana una oración que sea ajena de la vida. Una oración que nos enajena de lo concreto de la vida se convierte en espiritualismo, o, peor, ritualismo. Recordemos que Jesús, después de haber mostrado a los discípulos su gloria en el monte Tabor, no quiere alargar ese momento de éxtasis, sino que baja con ellos del monte y retoma el camino cotidiano. Porque esa experiencia tenía que permanecer en los corazones como luz y fuerza de su fe; también una luz y fuerza para los días venideros: los de la Pasión. Así, los tiempos dedicados a estar con Dios avivan la fe, la cual nos ayuda en la concreción de la vida, y la fe, a su vez, alimenta la oración, sin interrupción. En esta circularidad entre fe, vida y oración, se mantiene encendido ese fuego del amor cristiano que Dios se espera de nosotros.

Y repetimos la oración sencilla que es tan bonito repetir durante el día, todos juntos: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador”.


Tomado de:
https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20210609_udienza-generale.html

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Catequesis del Papa sobre la Oración: 36, «Jesús, modelo y alma de toda oración»

 


PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Patio de San Dámaso
Miércoles, 2 de junio de 2021

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Los Evangelios nos muestran cuanto era fundamental la oración en la relación de Jesús con sus discípulos. Ya se aprecia en la elección de los que luego se convertirían en los apóstoles. Lucas sitúa la elección en un contexto preciso de oración y dice así: «Sucedió que por aquellos días se fue Él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles» (6,12-13). Jesús los elige después de una noche de oración. Parece que no haya otro criterio en esta elección si no es la oración, el diálogo de Jesús con el Padre. A juzgar por cómo se comportarán después esos hombres, parecería que la elección no fue de las mejores porque todos huyeron, lo dejaron solo antes de la Pasión; pero es precisamente esto, especialmente la presencia de Judas, el futuro traidor, lo que demuestra que esos nombres estaban escritos en el plan de Dios.

La oración en favor de sus amigos reaparece continuamente en la vida de Jesús. A veces los apóstoles se convierten en motivo de preocupación para Él, pero Jesús, así como los recibió del Padre, después de la oración, así los lleva en su corazón, incluso en sus errores, incluso en sus caídas. En todo ello descubrimos cómo Jesús fue maestro y amigo, siempre dispuesto a esperar pacientemente la conversión del discípulo. El punto culminante de esta paciente espera es la “tela” de amor que Jesús teje en torno a Pedro. En la Última Cena le dice: «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos» (Lc 22,31-32). Es impresionante saber que, en el tiempo del desfallecimiento, el amor de Jesús no cesa. “Pero Padre, si estoy en pecado mortal, ¿el amor de Jesús sigue ahí? — Sí, ¿y Jesús sigue rezando por mí? — Sí — Pero si he hecho cosas muy malas y muchos pecados, ¿sigue amándome Jesús? — Sí”. El amor y la oración de Jesús por cada uno de nosotros no cesa, es más, se hace más intenso y somos el centro de su oración. Debemos recordar siempre esto: Jesús está rezando por mí, está rezando ahora ante el Padre y le está mostrando las heridas que trajo consigo, para que el Padre pueda ver el precio de nuestra salvación, es el amor que nos tiene. Y en este momento que uno de nosotros piense: ¿Jesús está rezando ahora por mí? Sí. Es una gran seguridad que debemos tener.

La oración de Jesús vuelve puntualmente en un momento crucial de su camino, el de la verificación de la fe de los discípulos. Escuchemos de nuevo al evangelista Lucas: «Y sucedió que mientras Él estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y Él les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”.  Ellos respondieron: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado” Les dijo: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Pedro le contestó en nombre de todos: “El Cristo de Dios”. Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie» (9,18-21). Las grandes decisiones en la misión de Jesús están siempre precedidas de la oración, pero no de una oración, así, en passant, sino de la oración intensa y prolongada. Siempre en esos momentos hay una oración. Esta prueba de fe parece una meta, pero en cambio es un punto de partida renovado para los discípulos, porque, a partir de entonces, es como si Jesús subiera un tono en su misión, hablándoles abiertamente de su pasión, muerte y resurrección.

En esta perspectiva, que despierta instintivamente la repulsión, tanto en los discípulos como en nosotros que leemos el Evangelio, la oración es la única fuente de luz y fuerza. Es necesario rezar más intensamente, cada vez que el camino se empina.

Y en efecto, tras anunciar a los discípulos lo que le espera en Jerusalén, tiene lugar el episodio de la Transfiguración. Jesús «tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con Él dos hombres, que eran Moisés y Elías;  los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén» (Lc 9,28-31), es decir de su  Pasión. Por tanto, esta manifestación anticipada de la gloria de Jesús tuvo lugar en la oración, mientras el Hijo estaba inmerso en la comunión con el Padre y consentía plenamente en su voluntad de amor, en su plan de salvación. Y de esa oración salió una palabra clara para los tres discípulos implicados: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle» (Lc 9,35). De la oración viene la invitación a escuchar a Jesús, siempre de la oración.

De este rápido recorrido por el Evangelio, deducimos que Jesús no sólo quiere que recemos como Él reza, sino que nos asegura que, aunque nuestros tentativos de oración sean completamente vanos e ineficaces, siempre podemos contar con su oración. Debemos ser conscientes: Jesús reza por mí. Una vez, un buen obispo me contó que en un momento muy malo de su vida y de una gran prueba, un momento de oscuridad, miró a lo alto de la basílica y vio escrita esta frase: “Yo Pedro rezaré por ti”. Y eso le dio fuerza y consuelo. Y esto sucede cada vez que cada uno de nosotros sabe que Jesús reza por él. Jesús reza por nosotros. Ahora mismo, en este momento. Haced este ejercicio de memoria repitiéndolo. Cuando hay alguna dificultad, cuando estáis en la órbita de las distracciones: Jesús está rezando por mí. Pero, padre ¿eso es verdad? Es verdad, lo dijo Él mismo. No olvidemos que lo que nos sostiene a cada uno de nosotros en la vida es la oración de Jesús por cada uno de nosotros, con nombre, apellido, ante el Padre, enseñándole las heridas que son el precio de nuestra salvación. 

Aunque nuestras oraciones fueran solamente balbuceos, si se vieran comprometidas por una fe vacilante, nunca debemos dejar de confiar en Él. Yo no sé rezar, pero Él reza por mí. Sostenidas por la oración de Jesús, nuestras tímidas oraciones se apoyan en alas de águila y suben al cielo. No os olvidéis: Jesús está rezando por mí — ¿Ahora? — Ahora. En el momento de la prueba, en el momento del pecado, incluso en ese momento, Jesús está rezando por mí con tanto amor.


Tomado de:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20210602_udienza-generale.html

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Catequesis del Papa sobre la Oración: 35, «La certeza de ser escuchados»


 

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Patio de San Dámaso
Miércoles, 26 de mayo de 2021

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hay una contestación radical a la oración, que deriva de una observación que todos hacemos: nosotros rezamos, pedimos, sin embargo, a veces parece que nuestras oraciones no son escuchadas: lo que hemos pedido – para nosotros o para otros – no sucede. Nosotros tenemos esta experiencia, muchas veces. Si además el motivo por el que hemos rezado era noble (como puede ser la intercesión por la salud de un enfermo, o para que cese una guerra), el incumplimiento nos parece escandaloso. Por ejemplo, por las guerras: nosotros estamos rezando para que terminen las guerras, estas guerras en tantas partes del mundo, pensemos en Yemen, pensemos en Siria, países que están en guerra desde hace años, ¡años! Países atormentados por las guerras, nosotros rezamos y no terminan. ¿Pero cómo puede ser esto? «Hay quien deja de orar porque piensa que su oración no es escuchada» (Catecismo de la Iglesia Católica, n.2734) Pero si Dios es Padre, ¿por qué no nos escucha? Él que ha asegurado que da cosas buenas a los hijos que se lo piden (cfr. Mt 7,10), ¿por qué no responde a nuestras peticiones? Todos nosotros tenemos experiencia de esto: hemos rezado, rezado, por la enfermedad de este amigo, de este papá, de esta mamá y después se han ido, Dios no nos ha escuchado. Es una experiencia de todos nosotros.

El Catecismo nos ofrece una buena síntesis sobre la cuestión. Nos advierte del riesgo de no vivir una auténtica experiencia de fe, sino de transformar la relación con Dios en algo mágico. La oración no es una varita mágica: es un diálogo con el Señor. De hecho, cuando rezamos podemos caer en el riesgo de no ser nosotros quienes servimos a Dios, sino pretender que sea Él quien nos sirva a nosotros (cfr. n. 2735). He aquí, pues, una oración que siempre reclama, que quiere dirigir los sucesos según nuestro diseño, que no admite otros proyectos si no nuestros deseos. Jesús sin embargo tuvo una gran sabiduría poniendo en nuestros labios el “Padre nuestro”. Es una oración solo de peticiones, como sabemos, pero las primeras que pronunciamos están todas del lado de Dios. Piden que se cumpla no nuestro proyecto, sino su voluntad en relación con el mundo. Mejor dejar hacer a Él: «Sea santificado tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad» (Mt 6,9-10).

Y el apóstol Pablo nos recuerda que nosotros no sabemos ni siquiera qué sea conveniente pedir (cfr. Rm 8,26). Nosotros pedimos por nuestras necesidades, las cosas que nosotros queremos, “¿pero esto es más conveniente o no?”. Pablo nos dice: nosotros ni siquiera sabemos qué es conveniente pedir.  Cuando rezamos debemos ser humildes: esta es la primera actitud para ir a rezar. Así como está la costumbre en muchos lugares que, para ir a rezar a la iglesia, las mujeres se ponen el velo o se toma el agua bendita para empezar a rezar, así debemos decirnos, antes de la oración, lo que sea más conveniente, que Dios me dé lo que sea más conveniente: Él sabe. Cuando rezamos tenemos que ser humildes, para que nuestras palabras sean efectivamente oraciones y no un vaniloquio que Dios rechaza. Se puede también rezar por motivos equivocados: por ejemplo, derrotar el enemigo en guerra, sin preguntarnos qué piensa Dios de esa guerra. Es fácil escribir en un estandarte “Dios está con nosotros”; muchos están ansiosos por asegurar que Dios está con ellos, pero pocos se preocupan por verificar si ellos están efectivamente con Dios. En la oración, es Dios quien nos debe convertir, no somos nosotros los que debemos convertir a Dios. Es la humildad. Yo voy a rezar pero Tú, Señor, convierte mi corazón para que pida lo que es conveniente, pida lo que sea mejor para mi salud espiritual.

Sin embargo, un escándalo permanece: cuando los hombres rezan con corazón sincero, cuando piden bienes que corresponden al Reino de Dios, cuando una madre reza por el hijo enfermo, ¿por qué a veces parece que Dios no escucha? Para responder a esta pregunta, es necesario meditar con calma los Evangelios. Los pasajes de la vida de Jesús están llenos de oraciones: muchas personas heridas en el cuerpo y en el espíritu le piden ser sanadas; está quien le pide por un amigo que ya no camina; hay padres y madres que le llevan hijos e hijas enfermos… Todas son oraciones impregnadas de sufrimiento. Es un coro inmenso que invoca: “¡Ten piedad de nosotros!”.

Vemos que a veces la respuesta de Jesús es inmediata, sin embargo, en otros casos esta se difiere en el tiempo: parece que Dios no responde. Pensemos en la mujer cananea que suplica a Jesús por la hija: esta mujer debe insistir mucho tiempo para ser escuchada (cfr. Mt 15,21-28). Tiene también la humildad de escuchar una palabra de Jesús que parece un poco ofensiva: no tenemos que tirar el pan a los perros, a los perritos. Pero a esta mujer no le importa la humillación: le importa la salud de la hija. Y va adelante: “Sí, también los perritos comen de lo que cae de la mesa”, y esto le gusta a Jesús. La valentía en la oración. O pensemos también en el paralítico llevado por sus cuatro amigos: inicialmente Jesús perdona sus pecados y tan solo en un segundo momento lo sana en el cuerpo (cfr. Mc 2,1-12). Por tanto, en alguna ocasión la solución del drama no es inmediata. También en nuestra vida, cada uno de nosotros tiene esta experiencia. Tenemos un poco de memoria: cuántas veces hemos pedido una gracia, un milagro, digámoslo así, y no ha sucedido nada. Después, con el tiempo, las cosas se han arreglado, pero según el modo de Dios, el modo divino, no según lo que nosotros queríamos en ese momento. El tiempo de Dios no es nuestro tiempo.

Desde este punto de vista, merece atención sobre todo la sanación de la hija de Jairo (cfr. Mc 5,21-33). Hay un padre que corre sin aliento: su hija está mal y por este motivo pide la ayuda de Jesús. El Maestro acepta enseguida, pero mientras van hacia la casa tiene lugar otra sanación, y después llega la noticia de que la niña está muerta. Parece el final, pero Jesús dice al padre: «No temas; solamente ten fe» (Mc 5,36). “Sigue teniendo fe”: porque la fe sostiene la oración. Y de hecho, Jesús despertará a esa niña del sueño de la muerte. Pero por un cierto tiempo, Jairo ha tenido que caminar a oscuras, con la única llama de la fe. ¡Señor, dame la fe! ¡Que mi fe crezca! Pedir esta gracia, de tener fe. Jesús, en el Evangelio, dice que la fe mueve montañas. Pero, tener la fe en serio. Jesús, delante de la fe de sus pobres, de sus hombres, cae vencido, siente una ternura especial, delante de esa fe. Y escucha.

También la oración que Jesús dirige al Padre en el Getsemaní parece permanecer sin ser escuchada: “Padre, si es posible, aleja de mí esto que me espera”. Parece que el Padre no lo ha escuchado. El Hijo tendrá que beber hasta el fondo el cáliz de la Pasión. Pero el Sábado Santo no es el capítulo final, porque al tercer día, es decir el domingo, está la resurrección. El mal es señor del penúltimo día: recordad bien esto. El mal nunca es un señor del último día, no: del penúltimo, el momento donde es más oscura la noche, precisamente antes de la aurora. Allí, en el penúltimo día está la tentación donde el mal nos hace entender que ha vencido: “¿has visto?, ¡he vencido yo!”. El mal es señor del penúltimo día: el último día está la resurrección. Pero el mal nunca es señor del último día: Dios es el Señor del último día. Porque ese pertenece solo a Dios, y es el día en el que se cumplirán todos los anhelos humanos de salvación. Aprendamos esta paciencia humilde de esperar la gracia del Señor, esperar el último día. Muchas veces, el penúltimo día es muy feo, porque los sufrimientos humanos son feos. Pero el Señor está y en el último día Él resuelve todo.



Tomado de:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20210526_udienza-generale.html

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Textos claves del Nuevo Testamento - 11. "...si conocieras el don..."


P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita 

Don es algo que se recibe de Dios, por iniciativa suya. Nuestra actitud básica será la de abrirnos al don de Dios mismo: “Si conocieras el don de Dios y quién soy yo...” (Jn 4,10); “Si Dios les había dado a ellos el mismo don que a nosotros por creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?” (Hch 11,17); "Pero no hay comparación entre el delito y el don. Porque, si por el delito de uno, todos murieron, mucho más la gracia de Dios, hecha don gratuito en otro hombre, Jesucristo, sobreabundó sobre todos” {Rm 5,15).

Y la gracia, la vida de Dios en nosotros, se recibe para que en comunión con Cristo nuestra propia vida sea de ayuda para los demás: “Cada uno ha recibido su don; ponedlo al servicio de los demás, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (IPe 4,10). Y la unión en el amor se realiza mediante el don de lo mejor de uno mismo. Así puede ser verdad el dicho: “hay más felicidad en dar que en recibir” (Hch 20,35).



Agradecemos al P. Fernando Martínez SJ por su colaboración.

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Domingo XI Tiempo Ordinario. Ciclo B – El Reino de los cielos

 


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P. Adolfo Franco, jesuita

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 26-34


En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.»

Les dijo también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra.»

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Palabra del Señor


Jesús a través de lo "pequeño" nos da grandes lecciones.

Este párrafo del Evangelio de San Marcos nos relata dos parábolas del Reino de los cielos. Que entre sí tienen una gran afinidad.

La parábola de lo oculto.

"La semilla germina y va creciendo, sin que él (el agricultor) sepa cómo". Cristo quiere enseñarnos a caminar por la vida hacia el Reino, con firmeza, aunque muchas veces sea sin conocer el resultado, sin tener evidencias constatables.

Quisiéramos tener constancia del fruto de nuestras acciones. Dios actúa en lo oculto en el individuo, en la Iglesia misma, en la sociedad. Cuando una persona ora ante un problema de un hijo, está realmente echando una semilla. Muchas veces no se ve que la planta aparezca, el pequeño tallo no asoma. No se ve ningún resultado. Y hace falta mucha fuerza, para mantener la esperanza cierta de que la semilla va desarrollándose, y no sabemos ni cómo es.

En el camino cristiano, hay que saber que muchas veces caminamos a oscuras, en el no saber. Parece que todo es inútil, que no hay resultados. Pero la semilla sigue el programa de su propio crecimiento y de su propia fecundidad. Cuando en la Iglesia parece que las cosas no van como uno quisiera. Cuando parece que el cristianismo (como pasa en algunas regiones) disminuye en su fuerza, en su fuerza aparente, tenemos la tentación de hacer un juicio a base de estadísticas, y de resultados tangibles. Pero la semilla actúa con su fuerza incontenible, pero en el silencio de la noche, y en lo oculto de la tierra.


La parábola de lo pequeño.

"Un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña..."

Otra lección importante del Reino de los Cielos, y muy necesaria para que entendamos la forma de actuar de Dios. Este planteamiento choca con nosotros que tendemos a buscar lo grande, lo que destaca por ser importante. Este estilo de lo pequeño es el de todo el Evangelio: lo pequeño que fue la aparición de Dios en el mundo, como un granito de mostaza; lo pequeño que era el núcleo de los primeros seguidores de Cristo ignorantes e insignificantes, como un grano de mostaza. Un niño es el más importante en el Reino de los Cielos. Jesús busca al enfermo más insignificante (el que llevaba treinta años, sin nadie que lo socorriera), es siempre la misma presencia del grano de mostaza.

A veces quisiéramos ver las realizaciones de Dios, y los frutos de nuestras acciones como un espectáculo grandioso, como un "gran triunfo", y todo resulta tan pequeño (aparentemente) como un grano de mostaza. Hasta detalles en toda la historia de la Iglesia, como las apariciones de la Virgen: en Guadalupe al indio Juan Diego (no a uno de los Misioneros), como el grano de mostaza, y lo mismo en Lourdes y en Fátima. Es siempre lo mismo: el Reino de los Cielos parece tan pequeño como un grano de mostaza. Pero en realidad termina haciéndose (si antes ha sido pequeño de verdad) más grande que los demás arbustos, y puede cobijar a las aves del cielo. 



Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.
...



Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.


San Antonio de Padua

 


Fiesta 13 de junio 
San Antonio de Padua es uno de los santos franciscanos más conocidos y con muchos devotos en todo el mundo. Para conocer acerca de su vida invitamos a leer la biografía que compartimos, para ello acceda AQUÍ.



Textos claves del Nuevo Testamento - 10. "...camino, verdad..."

 


P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita

En Jesús se reveló el Dios único y verdadero, y es para nosotros creyentes, “camino, verdad y vida” (Jn 14,6): “A Dios nadie lo ha visto jamás; el hijo único que está en el seno del Padre lo ha dado a conocer” (Jn 1,18). Jesús trata a Dios como a padre suyo (abba = padre mío). Por eso escribe el apóstol Pablo: “El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Rm 15,6;2Cor 11,31; Ef 1,3). Esta realidad de Jesús hombre, como hijo unido a Dios como a Padre es obra del Espíritu Santo: “El Espíritu Santo vendrá sobre tí —le aclara el ángel Gabriel a María— y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios” (Le 1,35).

La actuación del Espíritu de Dios hace posible la presencia de Jesucristo entre nosotros, porque el Espíritu es don de sí. El misterio de Dios se centra en que El es esencialmente amor: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).


Agradecemos al P. Fernando Martínez SJ por su colaboración.

Para acceder a los otros temas AQUÍ.

Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de JUNIO 2021: La belleza del matrimonio

  

 



RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA
APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES DEL PAPA PARA EL MES DE JUNIO




OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo me haga su amigo y apóstol, 
disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos, todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Recemos por los jóvenes que se preparan para el matrimonio con el apoyo de una comunidad cristiana: para que crezcan en el amor, con generosidad, fidelidad y paciencia.»

AMÉN




ORACIÓN

Señor Padre Bueno que nos manifestaste en tu Hijo Jesús

el rostro del amor incondicional de un esposo fiel,

hoy te ofrecemos la vida de tantos jóvenes

que han recibido de Ti la vocación al matrimonio.

Que tu Espíritu Santo los guíe y moldee sus corazones

para que crezcan juntos en un amor que se hace camino paciente,

entrega diaria generosa, fidelidad luchada, fecundidad alegre.

Ilumina a nuestras comunidades para que los acompañen

con acierto en la construcción de su proyecto común,

apoyándolos en sus búsquedas y su fe.

Amen.


Padre Nuestro…

Ave María...

Gloria...

Amén




VIDEO DEL PAPA





LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE


ENLACES AQUÍ

DESCARGUE EN PDF LAS ORACIONES
Revista virtual RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA, JUNIO 2021, Nº56.
AQUÍ.





INTENCIÓN DEL MES

En junio, el Papa invita a contemplar la belleza del matrimonio

El Santo Padre dedica su intención de oración del mes de junio a la belleza del matrimonio, un viaje comprometido de toda la vida en el que “la esposa y el esposo no están solos; los acompaña Jesús”. En el video Francisco invita a rezar “por los jóvenes que se preparan para el matrimonio con el apoyo de una comunidad cristiana”: para que “crezcan en el amor con generosidad, fidelidad y paciencia”

Vatican News

El Santo Padre muestra la belleza del matrimonio: “Casarse y compartir la vida es algo hermoso”. Así lo afirma en el mensaje contenido en El Video del Papa de mes de junio, publicado hoy con la intención de oración que el Francisco confía a toda la Iglesia a través de la Red Mundial de Oración del Papa. El video de este mes inicia con una pregunta: “¿Es cierto eso que dicen algunos, que los jóvenes no quieren casarse, especialmente en estos tiempos tan duros?”.

Casarse es un viaje comprometido

El Santo Padre afirma que: “Casarse y compartir la vida es algo hermoso. Es un viaje comprometido, a veces difícil, a veces complicado, pero vale la pena animarse. Y en este viaje de toda la vida, la esposa y el esposo no están solos; los acompaña Jesús”.

“El matrimonio no es sólo un acto ‘social’; es una vocación que nace del corazón, es una decisión consciente para toda la vida que necesita una preparación específica”

Después de pedir que no se olvide nunca este concepto porque “Dios tiene un sueño para nosotros, el amor, y nos pide que lo hagamos nuestro”.

Hagamos nuestro el amor que es el sueño de Dios

Y pide que “recemos por los jóvenes que se preparan para el matrimonio con el apoyo de una comunidad cristiana”:

“Para que crezcan en el amor, que crezcan en el amor con generosidad, fidelidad y paciencia. Porque para amar hace falta mucha paciencia. Pero vale la pena, ¿eh?”

Tendencias mundiales del matrimonio

Cabe destacar que la tasa de matrimonios, según algunos datos, viene bajando notablemente desde 1972. Por ejemplo, en países como Estados Unidos, ha llegado a los puntos más bajos desde que se tienen registros. En muchos países, además, el descenso de las tasas de matrimonio ha ido acompañado de un aumento de la edad a la que se contrae matrimonio (el promedio en Suecia, por ejemplo, hoy se acerca a los 34 años). Y en cuanto a las familias, no sólo se observa que la proporción de hijos nacidos fuera del matrimonio ha aumentado considerablemente en casi todos los países de la OCDE, sino que se ha multiplicado el número de divorcios, que en unos países afectan a más de la mitad de los matrimonios. Además, el confinamiento por la pandemia, en muchos casos, supuso tensión y conflictos familiares y ha hecho de la convivencia una tarea más ardua de lo acostumbrado.

Año especial dedicado a la familia

El Video del Papa de este mes de junio sobre el matrimonio llega en un momento muy oportuno. En la fiesta de la Sagrada Familia del año pasado, Francisco había convocado un Año especial dedicado a la familia, y éste acaba de comenzar el pasado 19 de marzo con el lema: “El amor familiar: vocación y camino de santidad”. Se trata de una convocatoria que coincide con el quinto aniversario de la encíclica Amoris laetitia y con el tercero de la exhortación apostólica Gaudete et exsultate, lo cual enmarca la intención de este mes en la vocación al amor que cada persona tiene desde el lugar que ocupa dentro de su hogar. Además, acompaña a otro importante acontecimiento: el año de San José, que durará hasta el próximo 8 de diciembre.

Preparación específica al matrimonio

“Preparar a los jóvenes y a los novios a una verdadera y propia vocación, y no sólo a la celebración de una boda, es una prioridad”. Así lo comentó la subsecretaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, la profesora Gabriella Gambino. Quien añadió:

“Recomenzar desde el significado del Bautismo para llegar a comprender la presencia de Cristo en la vida cotidiana de los novios, primero, y de los esposos, después, es indispensable para infundir en los jóvenes la certeza de que su propio proyecto familiar es la respuesta a una llamada y que este proyecto es posible”

Y en “una sociedad secularizada que ya no cree en el matrimonio, concluye, es fundamental proclamar la fuerza y el poder del sacramento como vocación, para mostrar que las relaciones familiares pueden tener un valor salvífico para las personas y ser un camino de santidad. Se trata de llevar concretamente a Cristo a la vida de las familias”.

Comentario del Padre Frédéric Fornos

Por su parte, el Padre Frédéric Fornos, Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, observó que, “el Papa destaca en esta intención de oración la belleza del matrimonio y manifiesta el deseo de que los jóvenes que se preparan para el sacramento cuenten con ‘el apoyo de una comunidad cristiana’. Pues el matrimonio es una vocación, una respuesta a la llamada del Señor, o sea que la decisión de casarse y de crear una familia es fruto del discernimiento. Dejarse llevar por el sueño que Dios tiene para nosotros, el amor, pide apoyo y acompañamiento de la comunidad”. Y como dice Francisco a los jóvenes que se preparan al matrimonio:

“‘Para amar hace falta mucha paciencia’, pero en este viaje de toda la vida, Jesús, rostro del amor del Padre, los acompaña. Hagamos nuestro ese sueño de Dios para crecer en el amor y apostar al viaje comprometido del matrimonio y la familia en este año especial de San José”



Tomado de:
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2021-06/en-junio-el-papa-invita-a-contemplar-la-belleza-del-matrimonio.html



ACTITUDES

Valorar y mostrar la vocación matrimonial
Tomaré tiempo conversar con jóvenes cercanos que han recibido la vocación al matrimonio, escuchar sus inquietudes y dar esperanza en este camino. Encarno en mi vida aquello de lo que hablo. “Necesitamos encontrar las palabras, las motivaciones y los testimonios que nos ayuden a tocar las fibras más íntimas de los jóvenes, allí donde son más capaces de generosidad, de compromiso, de amor e incluso de heroísmo, para invitarles a aceptar con entusiasmo y valentía el desafío del matrimonio ” (Papa Francisco Amoris Laetitia nº40).

Crecer pacientes en el camino del amor
Dialogaré con quien amo, tomando tiempo para pensar y sentir antes de hablar y, actuar con ternura. “En el horizonte del amor, central en la experiencia Cristian del matrimonio y de la familia, se destaca también otra virtud, lago ignorada en estos tiempos de relaciones frenéticas y superficiales: la ternura” (Papa Francisco Amoris Laetitia nº28).

Ser fieles en las dificultades
En medio de dificultades, miraré con amor la historia común recorrida perdonándonos y abriendo futuro juntos. “En el mundo actual también se aprecia el testimonio de los matrimonios que no sólo han perdurado en el tiempo, sino que siguen sosteniendo un proyecto común y conservan el afecto” (Papa Francisco Amoris Laetitia nº38).

Hacer camino con apertura, verdad y generosidad
Estaré disponible para dar un paso a la vez sin buscar abarcarlo todo de golpe, haciendo lugar al otro y mostrando con amor mis sentimientos e ideas. “Las crisis matrimoniales frecuentemente se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio” (Papa Francisco Amoris Laetitia nº41).

Alegres en la entrega y la vida compartida
Dejaré pasar con alegría las incomodidades que el otro me genera fortaleciendo la unión. “Los esposos nunca estarán solos con sus propias fuerzas para enfrentar los desafíos que se presente. Ellos están llamados a responder al don de Dios con su empeño, su creatividad, su resistencia y su lucha cotidiana, pero siempre podrán invocar al Espíritu Santo que ha consagrado su unión, para que la gracia recibida se manifieste nuevamente en cada nueva situación” (Papa Francisco Amoris Laetitia nª74).


Fuente: ClickToPray




REFLEXIÓN SOBRE LA INTENCIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE JUNIO

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RECURSOS EN LA RED

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Intención del Papa Francisco para el mes de Junio: La belleza del matrimonio


Recemos por los jóvenes que se preparan para el matrimonio con el apoyo de una comunidad cristiana: para que crezcan en el amor, con generosidad, fidelidad y paciencia.


Comentario del Papa Francisco a la intención del mes

[…] El matrimonio no es solo un evento "social", sino un verdadero sacramento que implica una preparación adecuada y una celebración consciente. El vínculo matrimonial, en efecto, requiere un decidido compromiso por parte de los novios, que se centra en la voluntad de construir juntos algo que nunca debe ser traicionado o abandonado. En diversas diócesis del mundo se están desarrollando iniciativas para que la pastoral familiar sea más adecuada a la situación real, entendiendo, con esta frase, en primer lugar, el acompañamiento de los novios al matrimonio. Es importante ofrecer a las parejas la oportunidad de participar en seminarios y retiros de oración, que incluyan como animadores, además de sacerdotes, parejas casadas con una experiencia familiar consolidada y expertos en las disciplinas psicológicas.

Muchas veces la raíz última de los problemas, que salen a la luz después de la celebración del sacramento del matrimonio, se encuentra no solo en una inmadurez oculta y remota que emerge de improviso, sino sobre todo en la debilidad de la fe cristiana y en la falta de acompañiento eclesial, en la soledad, en la que se deja a los recién casados después de la celebración de la boda. Solo enfrentados a la realidad cotidiana de la vida juntos, que llama a los cónyuges a crecer en un camino de entrega y sacrificio, algunos se dan cuenta de que no habían entendido plenamente lo que iban a comenzar. Y se sienten inadecuados, especialmente si se confrontan con el alcance y el valor del matrimonio cristiano, por cuanto se refiere a las implicaciones concretas relacionadas con la indisolubilidad del vínculo, la apertura para transmitir el don de la vida y la fidelidad.

AUDIENCIA A LOS PARTICIPANTES EN EL CURSO DE FORMACIÓN SOBRE MATRIMONIO Y FAMILIA
ORGANIZADO POR EL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA
FRANCISCO
27 DE SEPTIEMBRE DE 2018
Ver el texto completo:
https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2018/09/27/mat.html


PARA MEDITAR: HUMILDAD

Ama a tu esposa antes de conocerla

La vocación al matrimonio es un misterio de inicio a fin, pues es la construcción de amor de dos personas en unión con Dios. Estar enamorados cambia la vida, vemos las cosas desde una perspectiva maravillosa, sin embargo, poco a poco ese enamoramiento debe paso a paso madurar y fortalecerse volviéndose un amor bien cimentado.
Desde la preparación durante el noviazgo, vamos conociendo mejor a aquella persona ¨que creemos es la indicada¨. Es un tiempo de caminar juntos y, de preparación para un compromiso para toda la vida. ¡No se trata de probar! ¡No es un juego! El noviazgo es un paso para llegar a un matrimonio santo. Existen dificultades y confusiones en nuestra vida que hacen se acelere y desoriente el corazón, es importante cuidarlo y cuidar el de nuestra esposa. Algunas claves pueden ayudar:
1. Respeta y ama a tu esposa, aún antes de conocerla
2. Reza por ella.
3. Mírala con respeto y ternura. Valórala por su capacidad, inteligencia y belleza.
4. Actúa con transparencia.
5. Actúa con ella con delicadeza y respeto.
6. Recen y misionen juntos
7. Compartan tiempo y diálogo fraterno, solos y con los hijos. Construyan historia juntos.
8. Sean amigos y novios siempre.
9. Cuiden sus cuerpos templos de Dios.
10. Nunca te olvides de tu esposa, ni la alejes, por el cansancio y estrés del trabajo.

Permite siempre al Señor que oriente tu vocación. Cuando Él te presente a aquella mujer que acompañará tu vida, mírala con ternura y trátala con amor; para que ese amor perdure y se construya con fe y esperanza. ¡Cuida y ama a tu esposa antes de conocerla para amarla más cuando el Señor te la presente!

DIEGO MARTÍNEZ, COORDINADOR NACIONAL - RED DE ORACIÓN DEL PAPA GUATEMALA
BETTINA RAED, COORDINADORA INTERNACIONAL CLICK TO PRAY


PARA MEDITAR: VÍNCULOS

Tú y tu esposo

Amoris Laetitia (9 – 13)

En el Génesis hay dos relatos de la creación del hombre, que en su complemento resultan muy iluminadores sobre nuestra naturaleza humana. En el primero “Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer” (Gn. 1, 27). En el segundo, “Dios dice: No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda adecuada. … Por eso el hombre abandona padre y madre, se une a su mujer y se hacen una sola carne (Gn. 2, 18: 24).
¡Que hermoso! La pareja humana de hombre y mujer es imagen viva y eficaz de Dios Vivo y en su fecundidad se hace signo visible del acto creador.
La unión entre el hombre y la mujer indica una estrecha sintonía, una adhesión física e interior, un encuentro tan estrecho que hace una a ambas personas. Desde este encuentro que sana la soledad, surgen la fecundidad y la familia.
Un encuentro con un tú que refleja el amor divino hasta el punto de ser imagen de la Trinidad. El Dios Trino es comunión de amor, y la familia es su reflejo viviente, pues nuestro Dios no es soledad sino familia, ya que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia, que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo (San Juan Pablo II).
La pareja que ama es la verdadera escultura viviente, capaz de manifestar al Dios Creador y Salvador. Mirándolo así, la relación fecunda de la pareja se vuelve una imagen para descubrir y redescribir el misterio de Dios, fundamental en la visión cristiana de la Trinidad que contempla en Dios al Padre, al Hijo y al Espíritu de Amor.
Son muy profundos los símbolos y significados de una familia, de un matrimonio, de una vida en común entre varón y mujer, como para no prestarle su debida atención. Con cada actitud que tengo para con mi esposa o esposo, reflejo al mundo la imagen del Dios del Amor, o la estoy distorsionando.
¿Qué puedo hacer para poder cantar “yo soy para mi amado y mi amado es para mí”? (Cant.6,3)

FERNANDO IANCHINA, RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA - ARGENTINA - URUGUAY


PARA MEDITAR: ORACIÓN

Una escuela del corazón

La manera específica y propia en la que vivimos la devoción al Corazón de Jesús en la Red de Oración del Papa, es El Camino del Corazón, un itinerario de formación para la misión, una verdadera escuela del corazón.
El Camino del Corazón nos ayuda a entrar en la dinámica del Corazón de Jesús, en la dinámica de la misión de compasión que el mismo Jesús inauguró. Es un camino que da forma a un proceso de fe discipular y apostólico, orientado a la transformación del corazón, del que surge la decisión libre de colaborar con la misión de Cristo. Es un camino que nace en el reconocimiento que en el Amor del Señor somos, nos movemos y existimos y que toda nuestra vida está configurada por ese Amor que podemos descubrir a cada paso. Es así que, toda nuestra vida tiene que ser respuesta a ese Amor, agradecimiento en los hechos y en los gestos que se hace compasión y servicio con nuestros hermanos. La brújula de este servicio, de la compasión hecha actitud son las intenciones de oración del Santo Padre, las que nos confía cada mes.
El Camino del Corazón es una catequesis y una pedagogía del misterio de Amor del Corazón de Cristo que transforma nuestra fe en misionera y apostólica que nos mueve a salir al encuentro de los hermanos y hermanas más necesitados. Nos empuja a ir mar adentro en nuestra entrega, en la que no sólo comprometemos nuestros trabajos sino nuestra propia persona a la misión de compasión, como respuesta agradecida al Amor incondicional del Señor en nuestra vida.

BETTINA RAED, COORDINADORA INTERNACIONAL - EL CAMINO DEL CORAZÓN



Actitudes del mes para encarnar en nuestra vida

Las intenciones de oración del Papa nacen de la compasión por el mundo y, por lo tanto, expresan desafíos para la humanidad y para la misión de la Iglesia. Cuando Francisco nos confía sus intenciones de oración, nos ayuda a acercarnos al corazón de Cristo, a contemplar el mundo con sus propios ojos: «El corazón de Cristo es tan grande que desea acogernos a todos en la revolución de la ternura.
La cercanía al Corazón del Señor insta a nuestro corazón a acercarse a nuestro hermano con amor, y nos ayuda a entrar en esta compasión por el mundo» Francisco.

Cada intención puede ser desplegada en actitudes concretas que ayudan a encarnarla en la propia vida. Estas actitudes constituyen “una bajada” a la vida concreta y por tanto orientan el diseño de contenidos en los diversos proyectos de la RMOP, las instancias de formación, oración y actividades apostólicas en las comunidades cuyo tema sea la intención de oración mensual. Las actitudes orientan el modo de concretar en la propia vida, la intención de oración.

La actitud que aparece en el centro es la actitud global mensual, la cual es desplegada en actitudes concretas a trabajar durante el mes.




REVISTA DIGITAL - RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA - JUNIO 2021 - N°56



ESPECIAL: SAN PABLO, APÓSTOL DE LOS GENTILES



Compartimos nuestras publicaciones sobre San Pablo y sus escritos, con motivo de su fiesta: