La Iglesia - 2º Parte: Los orígenes de la Iglesia - La Iglesia y la Trinidad

P. Ignacio Garro, S.J.

SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

1. LOS ORÍGENES DE LA IGLESIA



En esta Primera Parte tratamos de los orígenes de la Iglesia. La Iglesia nace de  la Trinidad, en cuanto realización que es el destino eterno de salvación de Dios en Cristo que se prolonga en la tierra, y ha sido preparada previamente en la elección del pueblo de Israel por parte del Padre. A continuación tenemos que  abordar el tema complejo de la fundación o institución de la Iglesia por parte de Cristo, y finalmente, expondremos la configuración de la Iglesia en los primeros siglos del cristianismo, hablando expresamente de la sucesión apostólica y de la configuración de la Iglesia local en torna a la celebración de la eucaristía presidida por el Obispo.

Los estudios de teología bíblica han alcanzado, también en el campo eclesiológico un grado de significación y de investigación muy pro­fundo. Estos estudios han ayudado a evitar los dos extremismos ra­dicales:

1. El que niega que la Biblia permita hablar sobre la Iglesia como hecho originario, auténtico, referible a Cristo y en defini­tiva a Dios, (es el racionalismo modernista protestante, que dice que la Iglesia está fuera de la perspectiva de Cristo, es mera creación humana).
2. El de la apologética católica que defiende casi exclusivamen­te la historicidad del hecho de la Iglesia como sociedad humana perfecta (buscando en los textos bíblicos las pruebas de la institución por Cristo, y, por tanto, de la estructura societaria de la Iglesia).

El término medio es la reflexión sobre la Iglesia articulando Anti­guo y Nuevo Testamento dentro de una perspectiva histórico salvífi­ca. Así se nos permite recuperar una riqueza de datos, anticipacio­nes y promesas que ligan estrechamente la Iglesia de Cristo del NT, con el pueblo de Dios del AT


1.1. LA IGLESIA Y LA TRINIDAD

Desde el Concilio Vaticano II, al abordar el tema de la Iglesia en la Lumen Gentium, se señala que su origen hemos de buscarlo en el seno de la Trinidad, L.G. nº, 1-2-3-4, es ya obligado seguir este procedimiento no sólo por la autoridad inherente al Concilio, sino por la misma lógica de su planteamiento.

La Iglesia, en efecto, procede de la Trinidad, en cuanto que ha nacido de la misma comunión personal del Dios Trino que ha querido extender su comunión a los hombres. La Iglesia ha nacido del amor del Padre eterno, ha sido fundada en el tiempo por el Hijo Jesucristo y es vivificada hasta el final de los tiempos por el Espíritu Santo.

La mayor parte de los tratados  clásicos sobre la Iglesia no subrayaban esta conexión entre la Iglesia y a Trinidad, ésta aparecía en la mayoría de los casos como una realidad intangible e insondable, cuando en realidad la salvación cristiana nace del seno de la Trinidad y hacia ella se dirige y culmina.

La revelación enseña a conocer las Personas divinas precisamente en su actividad salvadora. Y de la misma manera que la gracia santificante no puede ser entendida al margen de la presencia e inhabitación de las personas divinas en el hombre, la Iglesia no puede ser entendida al margen de la salvación querida por el Padre y que ha dispuesto concedernos por la Encarnación de su Hijo Jesucristo y finalizada con la efusión, de parte del Padre y del Hijo de su Espíritu Santo.
La Iglesia es imagen de la Trinidad en el sentido de que participa en la vida trinitaria. La Iglesia es la presencia viviente de la Trinidad en el devenir del tiempo por el envío del Hijo en su misión salvadora y por la efusión del Espíritu Santo. Por ello la unidad de las Personas divinas es para la Iglesia el origen, el modelo, y el fin de su existencia. La Iglesia vive del misterio de la Trinidad y en el misterio de la Trinidad, y no la podemos entender simplemente como el mero resultado de una decisión divina que pertenece al pasado.

El planteamiento de presentar la Eclesiología a partir de la Cristología, Cristo fundador de la Iglesia, no queda excluido, sino que queda más profundizado, pues la existencia de la Iglesia no es cosa sólo de Jesucristo, pertenece al designio salvífico de la Trinidad completa.

Así pues, el origen divino de la Iglesia significa que procede de Dios Trino y Uno. Su primer origen es el Pa­dre celestial, que envió a su Hijo único, Gal 4, 4, para que por obra del Espíritu Santo se encarnara en el seno de la Virgen María, Lc 1, 26,s.s.; Mt 1,18, para que fuera cabeza de la Iglesia, Ef 1, 22; 4, 15. En la "misión" del Hijo está incluida la Iglesia. Cuando Cristo fundó la Iglesia cumplió su propia misión y la convierte en tarea de los apóstoles, cuya misión consiste en prolongar la misión salvífica de Cristo, a saber: "dar a conocer a los hombres la Buena Nueva de la Salvación, dando a conocer a Cristo y todo el que creyere y se bautizare se salvará", Mc 16, 15-16. La Iglesia radica, por tanto, en la misión del Hijo de Dios. La Iglesia surge de la insonda­ble profundidad del Padre, que engendra a su Hijo como su propia Pa­labra y la dice al mundo comunicándole la vida.  

El decreto divino sobre la Iglesia fue decidido entre el Padre y el Hijo en el Espíri­tu Santo en un diálogo antes de todos los tiempos y antes de empezar la historia del género humano. Los Apóstoles deben su misión a la eterna voluntad del Padre, encarna­da en Cristo. l Cor 1, 2 ; Ef 1, 1. Según 1 Tes 2 , 14, la Iglesia es la co­munidad de Dios en Jesucristo, ya que procede del Padre a través de Cristo y recibe sus características de ese su origen divino. Se fun­da en que Dios quiso instaurar en Cristo todo lo del cielo y lo de la tierra, Ef 1, 9. En ella se expresa la voluntad divina de elevar al hombre a la categoría de hijos adoptivos en Hijo, Jesucristo. La Iglesia es el lugar a que Dios llama y en el que congrega a los ele­gidos, a los santos que aparta de las tinieblas del mundo. 1 Tes  5,  4-11.

La Iglesia no es, pues, ni una nación nacida de la libre decisión de los hombres (teoría protestante), ni un grupo surgido por natural cre­cimiento, (modernistas protestantes de comienzos de siglo), sino que es una institu­ción  de inspiración y fundación divina, y a la vez de constitución humana, estos son los dos principios que definen el ser y el existir de la Iglesia. El carácter sobrenatural de la Iglesia se destaca con especial clari­dad si pensamos, que las expresiones, "Iglesia de Dios", "Pueblo de Dios", aluden a Dios Padre, a la primera persona divina como fuente de todo ser y de toda existencia y sigue existiendo en el proceso ­vital que une al Padre y al Hijo en el Espíritu Santo. La Iglesia está incorporada a esa vida misteriosa y amorosa por el Hijo que es para la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y el Señor; y por medio del Espíritu Santo es el dador de vida de la Iglesia como Templo de Dios  en el Espíritu Santo. El Hijo recibe su señorío y su vida del Padre en ininterrumpido flujo de amor del Espíritu Santo y El : "hace lo que ve hacer al Padre, habla lo que oye al Padre y nada hace por su cuenta", Jn 5, 19.30.

Al concepto de I­glesia pertenece, el hecho de que no sólo su concepción, sino su realización histórica misma está incorporada al diálogo y amor que unen al Padre y al Hijo en el Espíritu Santo.  El Hijo continúa su misión más que enviando apóstoles para que prediquen su evangelio, envián­doles su mismo Espíritu. El Espíritu Santo es el íntimo principio vital que Cristo regala a sus discípulos después de su Ascensión a los cielos. La Iglesia es, por tanto, resultado de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo. Entendemos "misión" en dos momentos: la "salida" de la persona enviada desde la que envía, (en la encarnación la Palabra que sale del designio salvífico del Padre), y la "comunicación" de la persona enviada a la criatura racional: el hombre (la comunicación del Verbo encarnado a los hombres).

El Espíritu Santo está, por tanto, presente y actúa en la criatura humana como el Amor engendrado por el Padre y el Hijo; el Hijo co­mo la Palabra pronunciada por el Padre y que alienta el amor; el Pa­dre, como quien pronuncia la palabra y alienta el Espíritu.


Continúa...

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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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La Iglesia como familia de Dios


PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles 29 de mayo de 2013

  

Queridos hermanos y hermanas:

Deseo iniciar hoy una serie de catequesis con expresiones del Concilio Vaticano II sobre el misterio de la Iglesia. La primera es: La Iglesia como familia de Dios. El proyecto de Dios para la humanidad se presenta muy bien en la parábola del hijo pródigo, o mejor, del padre misericordioso: Construir una única familia en la que todos se sientan cercanos y amados por Él. Es aquí donde la Iglesia encuentra su raíz. En la Historia de la Salvación, Dios llama a Abraham para ser padre de una multitud; elige a Israel para establecer una Alianza; y en la plenitud del tiempo envía a su Hijo, que reúne una pequeña comunidad que, al escuchar su palabra, sigue su camino y se constituye en su familia. La Iglesia nace del gesto supremo de amor de Jesús en la Cruz y se manifiesta cuando el Espíritu Santo colma el corazón de los Apóstoles y los impulsa a anunciar el Evangelio, difundiendo el amor. Te hará bien hoy preguntarte vos: ¿Amas a la Iglesia? ¿Rezas por ella? ¿Te sientes parte de esta familia? ¿Qué haces para que todos se sientan escuchados y comprendidos?


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Tomado de:
www.vatican.va
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16. Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias


JUAN PABLO II

ÁNGELUS
Domingo 22 de junio de 1986



16. Décima sexta Letanía: Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias, ten piedad de nosotros.

1. Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias.

Rezando así, particularmente ahora, en el mes de junio, meditamos en aquella complacencia eterna que el Padre tiene en el Hijo: Dios en Dios, Luz en Luz.

Esa complacencia significa también Amor: este Amor al que todo lo que existe le debe su vida: sin Él, sin Amor, y sin el Verbo-Hijo, no se hizo nada de cuanto se ha hecho. (Jn 1, 3).

Esta complacencia del Padre encontró su manifestación en la obra de la creación, en particular en la del hombre, cuando Dios "vio lo que había hecho y he aquí que era bueno... era muy bueno" (cf. Gén 1, 31).

¿No es, pues, el Corazón de Jesús ese "punto" en el que también el hombre puede volver a encontrar plena confianza en todo lo creado? Ve los valores, ve el orden y la belleza del mundo. Ve el sentido de la vida.

2. Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias.

Nos dirigimos a la orilla del Jordán.
Nos dirigimos al monte Tabor.

En ambos acontecimientos descritos por los Evangelistas se oye la voz del Dios invisible, y es la voz del Padre:

"Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia. Escuchadle" (Mt 17, 5).
La eterna complacencia del Padre acompaña al Hijo, cuando Él se hizo hombre, cuando acogió la misión mesiánica a desarrollar en el mundo, cuando decía que su comida era cumplir la voluntad del Padre.

Al final Cristo cumplió esta voluntad haciéndose obediente hasta la muerte de cruz, y entonces esa eterna complacencia del Padre en el Hijo, que pertenece al íntimo misterio del Dios-Trino, se hizo parte de la historia del hombre. En efecto, el Hijo mismo se hizo hombre y en cuanto tal tuvo un corazón de hombre, con el que amó y respondió al amor. Antes que nada al amor del Padre.

Y por eso en este corazón, en el Corazón de Jesús, se concentró la complacencia del Padre.
Es la complacencia salvífica. En efecto, el Padre abraza con ella ―en el corazón de su Hijo― a todos aquellos por los que este Hijo se hizo hombre. Todos aquellos por los que tiene el corazón. Todos aquellos por los que murió y resucitó.

En el Corazón de Jesús el hombre y el mundo vuelven a encontrar la complacencia del Padre. Este es el corazón de nuestro Redentor. Es el corazón del Redentor del mundo.

3. En nuestro rezo del Ángelus Domini unámonos a María. Unámonos a Ella, de la que el Hijo de Dios tomó un corazón humano. Pidámosle que nos acerque a Él. Pidamos a Ella, en el corazón del Hijo, acerque al hombre y al mundo la complacencia del Padre, el Amor del Padre, la misericordia de Dios.

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Tomado de:
www.vaticano.va

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17. Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido


JUAN PABLO II

ÁNGELUS
Castelgandolfo, domingo 13 de julio de 1986



17. Décima séptima Letanía: Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.

1. Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido.

Congregados para rezar el Ángelus, nos unimos a María en el momento de la Anunciación, cuando el Verbo se hizo carne y vino a habitar bajo su Corazón: el Corazón de la Madre.

Nos unimos, pues, al Corazón de la Madre, que desde el momento de la concepción conoce mejor el corazón humano de su divino Hijo: "De su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia", así escribe el Evangelista Juan (Jn 1, 16).

2. ¿Qué es lo que determina la plenitud del corazón? ¿Cuándo podemos decir que el corazón está pleno? ¿De qué está lleno el Corazón de Jesús?

Está lleno de amor.

El amor decide sobre esta plenitud del corazón del Hijo de Dios, a la que nos dirigimos hoy en la oración.
Es un Corazón lleno de amor del Padre: lleno al modo divino y al mismo tiempo humano. En efecto, el Corazón de Jesús es verdaderamente el corazón humano de Dios-Hijo. Está, pues, lleno de amor filial: todo lo que Él ha hecho y dicho en la tierra da testimonio precisamente de ese amor filial.

3. Al mismo tiempo el amor filial del Corazón de Jesús ha revelado ―y revela continuamente al mundo― el amor del Padre. El Padre, en efecto, "tanto amó al mundo, que le dio su unigénito Hijo" (Jn 3, 16) para la salvación del mundo; para la salvación del hombre, para que él "no perezca, sino que tenga la vida eterna" (ib.).

El Corazón de Jesús está por tanto lleno de amor al hombre. Está lleno de amor a la creatura. Lleno de amor al mundo.

¡Está totalmente lleno!

Esa plenitud no se agota nunca.

Cuando la humanidad gasta los recursos materiales de la tierra, del agua, del aire, estos recursos disminuyen, y poco a poco se acaban.

Se habla mucho de este tema relativo a la explotación acelerada de dichos recursos que se lleva a cabo en nuestros días. De aquí derivan advertencias tales como: "No explotar sobre medida".

Muy distinto sucede con el amor. Todo lo contrario sucede con la plenitud del Corazón de Jesús.
No se agota nunca, ni se agotará jamás.

De esta plenitud todos recibimos gracia sobre gracia. Sólo es necesario que se dilate la medida de nuestro corazón, nuestra disponibilidad para sacar de esa sobreabundancia de amor.

Precisamente para esto nos unimos al Corazón de María.


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Tomado de:
www.vatican.va.

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18. Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados


JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 20 de julio de 1986


18. Décima octava Letanía: Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, ten piedad de nosotros.

1. Corazón de Jesús, deseo de eternos collados...

A lo largo de estos domingos, cuando nos congregamos para la plegaria del mediodía, rezamos las letanías del Sagrado Corazón en unión particular con la Madre de Jesús.

El Ángelus dominical es, en efecto nuestra cita de oración con María. Junto con Ella recordamos la Anunciación, que fue ciertamente un acontecimiento decisivo en su vida.

Y he aquí que, en el centro de este acontecimiento, descubrimos el Corazón. Se trata del amor del Hijo de Dios, que desde el momento de la Encarnación comienza a desarrollarse bajo el Corazón de la Madre junto con el Corazón humano de su Hijo.

2. ¿Es este Corazón "deseodel mundo?

Mirando el mundo tal como visiblemente nos rodea, debemos constatar con San Juan que está sometido a la concupiscencia de la carne, a la concupiscencia de los ojos y a la soberbia de la vida (cf. 1 Jn 2, 16).

Y este "mundo" parece estar lejos del deseo del Corazón de Jesús. No comparte sus deseos. Permanece extraño y, a veces, incluso hostil respecto a Él.

Este es el "mundo", del que el Concilio dice que está "esclavizado bajo la servidumbre del pecado" (Gaudium et spes, 2). Y lo dice de acuerdo con toda la Revelación, con la Sagrada Escritura y con la Tradición (e incluso, digamos también, con nuestra experiencia humana).

3. Sin embargo, contemporáneamente, el mismo "mundoha sido llamado a la existencia por amor del Creador, y este amor le mantiene constantemente en la existencia. Se trata del mundo como el conjunto de las creaturas visibles e invisibles, y en particular "la entera familia humanacon el conjunto universal de las realidades entre las que ésta vive" (Gaudium et spes, 2).

Es el mundo que, precisamente a causa de la "servidumbre del pecado", ha sido sometido a la caducidad ―como enseña San Pablo― y, por ello, gime y siente dolores de parto, esperando con impaciencia la manifestación de los hijos de Dios porque sólo por este camino se puede liberar realmente de la esclavitud de la corrupción, para participar de la libertad y de la gloria de los hijos de Dios (cf. Rom 8, 19-22).
4. Este mundo ―a pesar del pecado y la triple concupiscencia― está orientado al amor, que llena el Corazón humano del Hijo de María.

Y por ello, uniéndonos a Ella, pedimos: Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, lleva a los corazones humanos, acerca a nuestro tiempo esa liberación que está en el Evangelio, en tu cruz y resurrección: ¡Que está en tu Corazón!


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Tomado de:
www.vatican.va

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19. Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia


JUAN PABLO II

ÁNGELUS
Domingo 27 de julio de 1986


19. Décima novena Letanía: Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia, ten piedad de nosotros.

1. ¡Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia!

Hoy, con ocasión de la oración del Ángelus, deseamos releer una vez más, junto con María, el Evangelio; en cierto sentido lo releemos todo entero, e inmediatamente. En él aparece el Corazón de Jesús, paciente e inmensamente misericordioso.

¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que "pasó haciendo bien" a todos (cf. Act 10, 38)? ¿De Aquel que hizo que los ciegos adquiriesen la vista, los cojos caminasen, los muertos resucitasen? ¿Que a los pobres se les anunciara la Buena Nueva (cf. Lc 7, 22)?

¿No es tal vez así el Corazón de Jesús, que no tenia Él mismo dónde reclinar la cabeza, mientras que los lobos tienen sus guaridas y los pájaros sus nidos (cf. Mt 8, 20)?

¿No es tal vez así el Corazón de Jesús, que defendió a la mujer adúltera de la lapidación y luego le dijo: "Vete, y de ahora en adelante no peques más" (cf. Jn 8, 3-10)?

¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que fue llamado "amigo de publicanos y pecadores" (cf.Mt 11, 19)?

2. ¡Miremos, junto con María, el interior de este Corazón!

¡Releámoslo a lo largo del Evangelio!

Más aún, sobre todo releamos este Corazón en el momento de la crucifixión. Cuando ha sido traspasado por la lanza. Cuando se ha desvelado hasta el fondo el misterio en Él escrito.

El Corazón paciente, porque está abierto a todos los sufrimientos del hombre. ¡El Corazón paciente, porque está dispuesto Él mismo a aceptar un sufrimiento inconmensurable con metro humano!

¡El Corazón paciente, porque es inmensamente misericordioso!
En efecto, ¿qué es la misericordia, sino esa medida particularísima del amor, que se expresa en el sufrimiento?

¿Qué es, en efecto, la misericordia sino esa medida definitiva del amor, que desciende al centro mismo del mal para vencerlo con el bien?

¿Qué es sino el amor que vence el pecado del mundo mediante el sufrimiento y la muerte?

3. ¡Corazón de Jesús, paciente de mucha misericordia!

¡Madre, que has mirado en este Corazón, cuando estabas presente al pie de la cruz!

Madre que, por voluntad de este Corazón, te has hecho Madre de todos nosotros.

¿Quién conoce como Tú el misterio del Corazón de Jesús en Belén, en Nazaret, en el Calvario?

¿Quién como Tú sabe que es paciente e inmensamente misericordioso?

¿Quién como Tú da testimonio incesantemente de ello?



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Tomado de:
www.vatican.va
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20. Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan.


JUAN PABLO II

ÁNGELUS
Domingo 3 de agosto de 1986


20. Vigésima Letanía: Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan, ten piedad de nosotros.

1. ¡Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan! Nos recogemos hoy durante la oración del Ángelus para recordarte, oh Madre de Cristo, el acontecimiento que tuvo lugar en Caná de Galilea.
Esto ocurrió al comienzo de la actividad mesiánica. Jesús había sido invitado, contigo y sus primeros discípulos, a las bodas. Y cuando faltó el vino, Tú, María, dijiste a Jesús: Hijo, "no tienen vino" (Jn 2, 3).
Tú conocías su corazón. Sabías que es generoso para aquellos que lo invocan.

Con tu oración en Caná de Galilea hiciste que el Corazón de Jesús se revelase en su generosidad.

2. Este es el Corazón generoso, puesto que en Él habita efectivamente la plenitud: la plenitud de la divinidad habita en Cristo verdadero hambre; y Dios es amor.

Es generoso porque ama, y amar quiere decir prodigar, quiere decir dar. Amar quiere decir ser don. Quiere decir ser para los demás, ser para todos, ser para cada uno.

Para cada uno que llama. Llama, a veces, incluso sin palabras. Llama por el hecho de poner al descubierto a su verdad, y, en esta verdad, llama al amor.

La verdad tiene la fuerza de llamar al amor. Mediante la verdad todos aquellos que son "pobres de espíritu", que "tienen hambre y sed de justicia" que, ellos mismos, "son misericordiosos" tienen la fuerza de llamar al amor.

Todos ellos -y tantos otros más- tienen un maravilloso "podersobre el amor. Todos ellos hacen que el amor se comunique, se dé y se manifieste así la generosidad del corazón.

Entre todos ellos Tú, María, eres la primera.

3. ¡Corazón de Jesús, generoso para aquellos que fe invocanMediante esta generosidad el amor no se agota, sino que crece. Crece constantemente. Esta es la naturaleza misteriosa del amor. Y éste es también el misterio del Corazón de Jesús, que es generoso para con todos.

Se abre a todos y cada uno. Se abre completamente por sí mismo. Y en esta generosidad no se agota. La generosidad del Corazón da testimonio de que el amor no está sometido a las leyes de la muerte, sino a las leyes de la resurrección y la vida. Da testimonio de que el amor crece con el amor. Esta es su naturaleza.

4. De esta verdad sobre el amor dio testimonio en nuestros tiempos Pablo VI. Su corazón humano cesó de latir aquí, en Castelgandolfo, hace ocho años, en la fiesta de la Transfiguración del Señor.

Su humilde sucesor hace suya la misma verdad sobre el amor, que el difunto Pontífice proclamó con la palabra y con la vida hasta el final, invocando al Corazón divino.

Y por ello, pensando en el Papa Pablo VI, hoy, durante la oración del Ángelus nos unimos de modo particular a María y decimos: Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan, acoge a tu siervo en tu eterna luz.

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Tomado de:
www.vatican.va

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Ofrecimiento Diario - Intenciones para el mes de JUNIO



APOSTOLADO
DE LA
ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL 
MES DE JUNIO


Ofrecimiento Diario


Ven Espíritu Santo, inflama nuestro corazón en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con él, por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:



Por el Corazón Inmaculado de María me consagro a tu Corazón y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar; con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial por las intenciones encomendadas al Apostolado de la Oración.




Por las Intenciones del Papa


Intención General

Diálogo y respeto. Que prevalezca entre los pueblos la cultura de diálogo, escucha y respeto mutuo.





Intención Misional

Nueva evangelización. Que allí donde más se nota la influencia de la secularización, las comunidades cristianas puedan promover con eficacia una nueva evangelización.





Por la Conferencia Episcopal Peruana

Para que jóvenes y adultos busquen y encuentren en el catecismo: las verdades que hay que creer, los sacramentos que hay que recibir, los mandamientos que hay que guardar y la oración que hay que practicar.







LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS. DIÁLOGO Y RESPETO MUTUO

“... Las nuevas tecnologías han abierto el camino para el diálogo entre personas de diversos países, culturas y religiones. El nuevo espacio digital permite encontrarse y conocer los valores y tradiciones de otros. Sin embargo, para que estos encuentros den fruto, se requieren formas honestas y correctas de expresión, además de una escucha atenta y respetuosa... (Benedicto XVI. Jornada Mundial de las Comunicaciones 24.1.2009. Extracto)


UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Las nuevas tecnologías digitales pueden y deben ayudar eficazmente a la nueva evangelización, facilitando a personas de buena voluntad el acceso a la cultura religiosa católica y a la difusión de la fe y la moral de la vida actual de la Iglesia.


APARECIDA, MISIÓN CONTINENTAL

El deber de la educación familiar, como primera escuela de virtudes.


Eucaristía
Por la evangelización de los pueblos.

Palabra de Dios
Isaías 11,1.10. El lobo y el cordero vivirán en paz.
Tito 3,1-9. Deberes de los creyentes.
Mateo 5,38-48. Amor a los enemigos.

Reflexionemos
¿Qué significa vivir una cultura de diálogo, escucha y respeto mutuo?
¿Qué hacemos para vivir esa cultura?
¿Qué aprendemos de la vida de Jesús para vivir esa cultura con la gente sencilla y con las autoridades?


P. Antonio González Callizo, S.J. Director Nacional del Apostolado de la Oración.


Invitación

A participar de la Misa dominical de 11:00 AM en la Parroquia de San Pedro y a acompañarnos en las reuniones semanales a las 12:00 M en el claustro de la parroquia, todos los domingos. 

Asimismo, invitamos a la Misa de los primeros viernes de cada mes en Honor al Sagrado Corazón de Jesús, a las 7:30 PM en San Pedro.


Para conocer más acerca del Apostolado de la Oración y sus actividades acceda AQUÍ



Visítenos en:

http://www.apostlesshipofprayer.net Elegir idioma ESPAÑOL, hacer clic en ventana “Oración y Servicio”
www.jesuitasperu.org Apostolado parroquial
www.sanpedrodelima.org


¡ADVENIAT REGNUM TUUM!
¡Venga a nosotros tu reino! 




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Homilía de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: La Iglesia vive de la Eucaristía



P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

Lecturas: Gn 14,18-20; S 109; 1Co 11,23-26; Lc 9,11-17


“La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia.” Así nos dijo hace diez años el Papa Juan Pablo II en su encíclica sobre la Eucaristía.

La Eucaristía no es una mera práctica piadosa. “La Eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana” –dice el Catecismo– (1324). En ella se nos otorga la posibilidad de vivir la vida cristiana en plenitud. “Los demás sacramentos –prosigue el Catecismo, citando también al Concilio Vaticano II– como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La Sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua” (1324).

Es significativo que, a excepción de los cristianos ortodoxos, las demás herejías que han roto con la fe de la Iglesia hayan perdido también la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía mientras a los católicos nos sea tan fácil creer en ella. También ocurre que, cuando la fe se enfría y deja de influir en la vida, entre las primeras cosas que se abandonan está la misa dominical y la importancia de la Eucaristía; y cuando la fe vuelve a alumbrar, el hijo pródigo que vuelve, aun no teniendo gran formación religiosa, suele sentir ansias enormes de recibir la Eucaristía. La Eucaristía es parte constitutiva de nuestra fe, la perla preciosa de la que habla el evangelio (Mt 13,44-46).

Cuando Jesús instituye la Eucaristía en su última cena, ordena a sus discípulos que hagan lo mismo en memoria suya. Así lo hicieron ya desde el principio. Inmediato al hecho de la conversión de alrededor de tres mil tras oír el discurso de Pedro el mismo día de Pentecostés, prosigue el texto de los Hechos de los apóstoles: “Y perseveraban escuchando la enseñanza de los apóstoles, la participación en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2,42). Con el término “fracción del pan” se designa en los primeros siglos a la misa. 

En la segunda lectura hemos escuchado a San Pablo. Escribe los cristianos de Corinto, comunidad fundada por él pocos años antes. Habla de la Eucaristía. Les dice que lo que él les “transmitió” lo había “recibido”; esta expresión afirma tanto el origen apostólico de la misa como su práctica general en las diversas iglesias. “Domingo” se deriva de la palabra latina “dominus”, que significa “Señor”. A ese día lo llamaron los cristianos así por ser el día de la semana en que resucitó Jesús. En el día más grande de la semana, es el “día del Señor” y participar en la misa, que nos hace presente la obra de redención de Cristo y su resurrección, es lo más grande que podemos hacer.

Con gran deseo celebró Cristo la Última Cena con sus discípulos; con gran deseo vengamos cada domingo. Cada misa es una inyección de luz y de fe, de entusiasmo, alegría y esperanza, de caridad y fuerza en busca del Padre, con el Hijo y en el Espíritu. Como el pueblo de Israel necesitó del maná para atravesar el desierto, nosotros debemos alimentarnos de la Eucaristía. “Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron. Éste es el pan que baja del Cielo para que el que coma de él no muera. Yo soy el pan vivo, que ha bajado del Cielo. Si alguno come de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo voy a dar es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6,48-51). Al reanudar el año litúrgico que nos va presentando ahora las palabras y obras de Cristo para incorporarlas a nuestra propia vida y personalidad, la fiesta del Cuerpo de Cristo nos recuerda que para nuestra travesía del desierto disponemos de la fuerza de la Eucaristía; ella nos lo hace posible.

Otro valor importante es el de la permanencia del Señor en el sagrario. También de esto hay un anticipo en la travesía del desierto. La Tienda de la Reunión, que guardaba el Arca de la Alianza, era el lugar al que iba cualquier israelita que tenía que consultar algo con Dios. Cuando Moisés entraba, la nube, que también los acompañaba, bajaba sobre la tienda. “El Señor –dice el texto bíblico– hablaba con Moisés cara a cara como habla un hombre con su amigo” (Ex 33,11).  Como está Jesús en el cielo a la derecha del Padre, está también en el sagrario, dispuesto a escuchar, consolar, animar, enseñar, acompañar. El sagrario es la gran escuela de grandes adoradores. Como Nicodemo en la noche y María, la hermana de Lázaro, millones de almas experimentan ser amadas por el Señor y se encienden en su amor en compañía de Jesús en el sagrario. Han elegido la mejor parte y no les será quitada (Lc 10,42); porque al que tiene se le dará y abundará (Mt 25,29). A los pies de Jesús en el sagrario los evangelios y textos de la Escritura se iluminan, cobran vida y arden porque son de nuevo pronunciados por Jesús.

Dedicar cada día diez, quince minutos a estar a solas con Jesús en el sagrario, sentirán que Jesús les es más íntimo, que les ama, que no pueden ya pasar sin él. Precioso también el detalle de tantos de sus amigos, que, camino o ya terminado su trabajo pasan a saludar, aunque no sea más que un momento, al amigo que no pueden olvidar. A los padres y madres, catequistas, profesores…  eduquen a los jóvenes y a los niños a saber estar y moverse por la casa de Dios desde pequeños, a saber dónde está Jesús y a hablar con Él.

“Cuando Jesús está presente, todo es bueno y nada parece difícil… Si Jesús habla una sola palabra, gran consuelo se siente… ¿Qué te puede dar el mundo sin Jesús?... El que halla a Jesús, halla un rico tesoro, el más precioso de todos…”. (Tomás de Kempis 2,8,1-2). Que María nos alcance esta gran gracia.



Aquí para otras homilías del P. José Ramón Martínez Galdeano.


Domingo 02 de junio del 2013
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Homilía del papa Francisco en la misa de este sábado en Santa Marta


''Lo que escandaliza de la Iglesia es el misterio de la encarnación del Verbo''
Por Redacción
CIUDAD DEL VATICANO, 01 de junio de 2013 (Zenit.org) - “La Iglesia no es una organización de cultura” sino que es “la familia de Jesús”. Lo ha subrayado el papa Francisco en la misa celebrada esta mañana en la Casa de Santa Marta. El papa ha subrayado que los cristianos no deben tener vergüenza de vivir con el escándalo de la Cruz y les ha exhortado a no dejarse “atrapar por el espíritu del mundo”.

Según informa Radio Vaticana, en la misa, concelebrada con el cardenal arzobispo de La Habana, Jaime Lucas Ortega y Alamino, participó un grupo de caballeros de Su Santidad.

¿Con qué autoridad hacéis estas cosas? El papa Francisco ha desarrollado su homilía partiendo de la pregunta dirigida a Jesús por los escribas y los sumos sacerdotes. Una vez más, ha observado, quieren tender “una trampa” al Señor, tratando de llevarlo “contra la pared”, de hacerle equivocarse. Pero ¿cuál es --se pregunta el papa- el problema que esta gente tenía con Jesús? ¿Son quizás los milagros que hacía? No, no es esto. En realidad, ha afirmado, “el problema que escandalizaba a esta gente era el de que los demonios gritaban a Jesús: '¡Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Santo!'”. Este “es el centro”, esto escandaliza de Jesús: “Él es Dios que se ha encarnado”. También a nosotros, ha proseguido, “nos tienden trampas en la vida”, pero lo que “escandaliza de la Iglesia es el misterio de la Encarnación del Verbo”. Y “esto no se tolera, esto el demonio no lo tolera”.

“Cuántas veces se oye decir: 'Pero, vosotros cristianos, sed un poco más normales, como las otras personas, ¡razonables!'. Este es un discurso de encantadores de serpientes: 'Pero, sed así ¿no?, un poco más normales, no seáis tan rígidos...' Pero detrás de esto está: 'Pero, no vengáis con historias ¡que Dios se ha hecho hombre! La Encarnación del Verbo, ¡ese es el escándalo que está detrás! Podemos hacer todas las obras sociales que queramos, y dirán: 'Pero qué buena la Iglesia, qué buena la obra social que hace la Iglesia' Pero si decimos que hacemos esto porque aquellas personas son la carne de Cristo, viene el escándalo. Y esa es la verdad, esa es la revelación de Jesús: esa presencia de Jesús encarnado”.

Y “este es el punto”, ha subrayado el papa Francisco: “Siempre estará la seducción de hacer cosas buenas sin el escándalo del Verbo Encarnado, sin el escándalo de la Cruz”. Debemos en cambio “ser coherentes con este escándalo, con esta realidad que escandaliza”. Es “mejor así: la coherencia de la fe”. El papa ha recordado lo que afirma el apóstol Juan: “Quienes niegan que el Verbo ha venido en la carne son del anticristo, son el anticristo”. Por otra parte, ha añadido, “sólo aquellos que dicen que el Verbo ha venido en carne son del Espíritu santo”. El papa Francisco ha afirmado que “nos hará bien a todos pensar esto: la Iglesia no es una organización de cultura, ni de religión, ni social”.

“La Iglesia es la familia de Jesús. La Iglesia confiesa que Jesús es el Hijo de Dios venido en la carne: ese es el escándalo, y por esto perseguían a Jesús. Y al final, aquellos que no había querido decir Jesús a estos --¿con qué autoridad haces esto? -- lo dice al sumo sacerdote. 'Pero, al final di: ¿Tú eres el Hijo de Dios? --'¡Sí¡'. Condenado a muerte por ello. Este es el centro de la persecución. Si nos convertimos en cristianos razonables, cristianos sociales, cristianos de beneficencia solo, ¿cuál será la consecuencia? Que no tendremos nunca mártires: esa será la consecuencia”.

Cuando en cambio nosotros cristianos decimos esta verdad, que “El Hijo de Dios ha venido y se ha hecho carne”, cuando nosotros predicamos el escándalo de la Cruz, vendrán las persecuciones, vendrá la Cruz” y eso “será bueno”, “así es nuestra vida”.

“Pidamos al Señor no tener vergüenza de vivir con este escándalo de la Cruz. Y también la sabiduría: pidamos la sabiduría de no dejarnos atrapar por el espíritu del mundo, que siempre nos hará propuestas educadas, propuestas civiles, propuestas buenas pero detrás de ellas está la negación del hecho de que el Verbo ha venido en la carne, de la Encarnación del Verbo. Que al final es eso lo que escandaliza a aquellos que persiguen a Jesús, es eso lo que destruye la obra del diablo. Así sea”.



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FUENTE: ZENTI

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Palabras del papa Francisco en el rezo de Santo Rosario al concluir el mes mariano


''María afronta su vida con escucha, decisión y acción''
Por Redacción
CIUDAD DEL VATICANO, 01 de junio de 2013 (Zenit.org) - Concluyendo el mes mariano, el Papa Francisco rezó el Santo Rosario con los miles de fieles y peregrinos reunidos la tarde del viernes en la plaza de San Pedro. Mientras el obispo de Roma dirigía la oración, la imagen de la Virgen atravesó la plaza en procesión recogiendo todas las invocaciones de los fieles. El Santo Padre concluyó con una meditación y con su bendición apostólica. Ofrecemos la meditación del santo padre al final del rezo mariano.

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Queridos hermanos y hermanas,

Esta tarde hemos rezado juntos el Santo Rosario; hemos recorrido algunos acontecimientos del camino de Jesús, de nuestra salvación y lo hemos hecho con aquella que es nuestra Madre, María. Aquella que con mano segura nos conduce a su Hijo Jesús.

Hoy celebramos la fiesta de la Visitación de la Beata Virgen María a la pariente Isabel. Querría meditar con ustedes este misterio que muestra como María afronta el camino de su vida, con gran realismo, humanidad, concreción.
Tres palabras sintetizan la actitud de María: escucha, decisión, acción; palabras que indican un camino también para nosotros frente a lo que nos pide el Señor en la vida.

1.-Escucha. ¿De dónde nace el gesto de María de ir a su pariente Isabel? De una palabra del ángel de Dios: "También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez"… (Lc. 1,36). María sabe escuchar Dios. Atención: no es un simple "oír" superficial, sino es “la escucha”, acto de atención, de acogida, de disponibilidad hacia Dios. No es el modo distraído con el cual nosotros nos ponemos delante del Señor o ante los otros: oímos las palabras, pero no escuchamos realmente. María está atenta a Dios, escucha a Dios. 

Pero María escucha también los hechos, es decir lee los acontecimientos de su vida, está atenta a la realidad concreta y no se para en la superficie, sino que va a lo profundo, para captar el significado. La pariente Isabel, que es ya anciana, espera un hijo: éste es el hecho. Pero María está atenta al significado, lo sabe comprender: "porque no hay nada imposible para Dios"(Lc. 1,37). 

Esto también vale en nuestra vida: escucha de Dios que nos habla, y también escucha de la realidad cotidiana, atención a las personas, a los hechos, porque el Señor está en la puerta de nuestra vida y golpea en muchos modos, pone señales en nuestro camino; está en nosotros la capacidad de verlos. María es la madre de la escucha, escucha atenta de Dios y escucha también atenta de los acontecimientos de la vida. 

2. Decisión. María no vive "de prisa", con preocupación, sino, como subraya san Lucas, " María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón" (cfr. Lc2,19.51). Y también en el momento decisivo de la anunciación del ángel, Ella pregunta: “¿Cómo sucederá esto?” (Lc 1,34). Pero no se detiene ni siquiera en el momento de la reflexión; da un paso adelante: decide. No vive de prisa, sino sólo cuando es necesario "va sin demora". María no se deja llevar por los acontecimientos, no evita la fatiga de la decisión. Y esto sucede sea en la elección fundamental que cambiará su vida: María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (Cfr. Lc 1,38), sea en las decisiones más cotidianas, pero ricas también ellas de sentido. Me viene en mente el episodio de la bodas de Caná (cfr. Jn 2,1-11): aquí también se ve el realismo, la humanidad, lo concreto de María, que está atenta a los hechos, a los problemas; ve y comprende la dificultad de aquellos dos jóvenes esposos a los que viene a faltar el vino de la fiesta, reflexiona y sabe que Jesús puede hacer algo, y decide dirigirse al Hijo para que intervenga: "Ya no tienen vino" (cfr. v. 3). 
En la vida es difícil tomar decisiones, a menudo tendemos a posponerlas, a dejar que otros decidan en nuestro lugar, a menudo preferimos dejarnos arrastrar por los acontecimientos, seguir la moda del momento; a veces sabemos lo que tenemos que hacer, pero no tenemos el coraje o nos parece demasiado difícil porque quiere decir ir contracorriente. María en la anunciación, en la Visitación, en las bodas de Caná va contracorriente; se pone a la escucha de Dios, reflexiona y busca comprender la realidad, y decide confiarse totalmente en Dios, decide visitar, aun estando embarazada, a la anciana pariente, decide confiarse al Hijo con insistencia, para salvar la alegría de la boda. 
3. Acción. María salió de viaje y “fue sin demora”(cfr Lc 1,39). El domingo pasado subrayé este modo de hacer de María: a pesar de las dificultades, las críticas que habrá recibido por su decisión de partir, no se detuvo delante de nada. Y aquí parte "sin demora". En la oración, delante de Dios que habla, en reflexionar y meditar sobre los hechos de su vida, María no tiene prisa, no se deja tomar por el momento, no se deja arrastrar por los acontecimientos. Pero cuando tiene claro qué cosa Dios le pide, lo que tiene que hacer, no tarda, no retarda, sino que va "sin demora". San Ambrosio comenta: "la gracia del Espíritu Santo no comporta lentitudes" (Expos. Evang. sec. Lucam, II, 19: PL 15,1560). El actuar de María es una consecuencia de su obediencia a las palabras del ángel, pero unida a la caridad: va a Isabel para hacerse útil; y en este salir de su casa, de sí misma, por amor, lleva cuanto tiene de más precioso: Jesús; lleva a su Hijo. 

A veces, también nosotros nos paramos a escuchar, a reflexionar sobre lo que deberíamos hacer, quizás también tenemos clara la decisión que tenemos que tomar, pero no pasamos a la acción. Y sobre todo no nos ponemos en juego a nosotros mismos moviéndonos "sin demora" hacia los otros para llevarles nuestra ayuda, nuestra comprensión, nuestra caridad; para también llevar nosotros como María, lo que tenemos de más precioso y que hemos recibido, Jesús y su Evangelio, con la palabra y sobre todo con el testimonio concreto de nuestro actuar. 

Escucha, decisión, acción

María, mujer de la escucha, abre nuestros oídos; haz que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús entre las mil palabras de este mundo; haz que sepamos escuchar la realidad en la que vivimos, cada persona que encontramos, especialmente aquella que es pobre, necesitada, en dificultad. 

María, mujer de la decisión, ilumina nuestra mente y nuestro corazón, para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús, sin titubeos; dónanos el coraje de la decisión, de no dejarnos arrastrar para que otros orienten nuestra vida. 

María, mujer de la acción, haz que nuestras manos y nuestros pies se muevan "sin demora" hacia los otros, para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús, para llevar, como tú, en el mundo la luz del Evangelio. Amén.



Traducción del italiano de Radio Vaticano

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Fuente: ZENIT.

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