Carta a los Romanos - 2º Parte


P. Fernando Martínez S.J.


El “evangelio de Pablo”

A veces Pablo hace referencia “al evangelio” que él anuncia (Rm 2,16; 16,25). Pues bien, ésta su carta a los Romanos es el gran escrito de Pablo; en él proclama la experiencia recibida en su conversión y la razón de la entrega de su vida a Cristo. Es un camino de “salvación” que se ofrece a todo hombre, sea judío o no judío (“griego”). Su misión consiste en que este mensaje de salvación sea predicado y conocido en todo el mundo, pues es para todos sin distinción alguna.

Se trata de una “carta” que entraña una exposición teológica de no fácil lectura, pero que merece el esfuerzo que se haga en este sentido, pues da con unos elementos clave del cristianismo, capaces de transformar a las personas “creyentes” en verdaderos creyentes “espirituales”, en seres liberados capaces de superar su propio desorden, movidos por el Espíritu, radicalmente confiados en un Dios que es Padre. O al menos podemos tratar de vivir día tras día en la esperanza de poder ser transformados en hombres nuevos o quizás como peregrinos que sobrellevan con ánimo las penas del camino.

No me avergüenzo de anunciar este mensaje, que es fuerza salvadora de Dios para todo creyente, tanto si es judío como si no lo es. Porque en él se nos da a conocer el hecho de que Dios nos restablece en su amistad por medio de una fe en continuo crecimiento (Rm 1,16s)


Fracaso ante la salvación

Después de un preámbulo, en el que Pablo manifiesta su aprecio por los miembros de la comunidad de Roma, “porque en el mundo entero se habla con admiración de vuestra fe” (1,8), el apóstol escribe un par de líneas, en las que establece el contenido medular de su carta tan pensada y meditada incluso en su estilo literario: “No me avergüenzo de anunciar este mensaje, que es fuerza salvadora de Dios para todo el que cree, tanto si es judío como si no lo es. Por su medio se nos da a conocer la realidad de que Dios nos restablece en su amistad mediante una fe en continuo crecimiento. Ya lo dice la Escritura: Quien alcance la salvación por la fe, ése vivirá” (1,16-17).

Sus primero ocho capítulos se orientan hacia la meta de la llamada “justicia”, es decir, de una “recta relación” (relación de amistad) con su Dios. Pablo comienza con un examen del mundo pagano. De hecho, “la sola razón” no ha sido capaz de encontrar el camino hacia la salvación. Más bien por error y debilidad ha llevado al mundo hacia la idolatría, a creer en la divinidad de “figuras corruptibles”. ¿No es la creación entera un himno al poder de Dios? ¿No anuncian las estrellas, los mares, el viento y la luz, la existencia de un creador? Pero la insensatez se apoderó del corazón humano y el pecado fue la consecuencia de su necedad. Y la idolatría es lo contrario a la salvación. Conduce a una sentencia de olvido y abandono del hombre por Dios. La razón ha fracasado en su intento de establecer una relación correcta del hombre ante su Dios como su creador (1,18-2,9)

A continuación, san Pablo considera y plantea la situación del pueblo judío como pueblo “elegido”. Los judíos habían cuidado de resolver el problema mediante una meticulosa fidelidad a la ley mosáica. Pero ni la ley ni la circuncisión evitaron el pecado ni la fuerza del pecado. Pablo había experimentado en sí mismo su frustración como fariseo. Ningún judío por muy justo que se considere puede alcanzar en este mundo el cumplir de forma perfecta la ley, y ello produce no sólo desazón sino condenación. “En resumen, ¿tenemos o no tenemos ventaja los judíos? Ciertamente, no del todo, ya que acabamos de probar que todos, tanto judíos como no judíos, están sometidos al dominio del pecado” (2,10-3,20)


...


Agradecemos al P. Fernando Martínez Galdeano, S.J. por su colaboración.



...

La Oración en los Ejercicios Espirituales - 1º Parte


1. ¿Qué es la Oración?

Vamos a presentar algunas ideas y pensamientos sobre la oración.

La oración siempre es muy importante; pero lo es particularmente durante todo el retiro y en los Ejercicios Espirituales que vamos a hacer. Es nuestra ocupación mayor y lo que más debemos atender, cuidar (examinar) y compartir con el acompañante.

· Orar no es igual que rezar, o decir muchas palabras (y con esto, no queremos decir que rezar sea malo; pero orar tiene otro valor, es otra cosa)

· Orar es como conversar con una persona a la que le tengo mucha confianza (con esa persona no sólo converso de los demás, sino que le llego a contar mis asuntos, lo que sufro y lo que me alegra y sé que no va a ir con el chisme a otras personas)

· Orar es conversar con un amigo , como dice expresamente S. Ignacio: "como un amigo habla con otro amigo" [EE. 54]

· Una persona lo decía así en una reunión de los Ejercicios en la Vida Corriente: "ya hemos perdido el miedo a hablar con Dios." Esa es una experiencia fundamental en nuestra vida. Esto quiere decir que ya no se trata de decirle a Dios muchas palabras, o con miedo que nos vaya a castigar por algo que pudimos hacer mal, o que no tengamos nada especial que decirle. A Dios intentamos quererlo de verdad, y sabemos que El nos quiere siempre y de todo corazón.

"El agua del pobre es la lluvia"

Y sin Dios y sin oración, no podemos vivir. Así piensa nuestra gente. Y lo mismo piensa de Dios y de la oración: como algo muy natural, nada complicado, ni forzado... pero muy importante, indispensable en nuestra vida... Y sabe la gente sencilla que con el agua de lluvia se cocinan y se lavan mejor muchas cosas...Y también sabe que con Dios y con la oración sí se puede vivir...

· Orar es algo humano, muy humano ... por eso no oran mejor los que más saben, sino los que más viven ... y por eso dice Jesús: "Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se les has mostrado a los pequeñitos" (Lucas10,21)

· La oración cristiana debe guiarse por la oración que Jesús oró y por la que El nos enseñó: El PADRE NUESTRO (esa oración sentida, cayendo en la cuenta de lo que se dice, no repitiendo meras palabras... Jesús decía a sus apóstoles que así era como había que orar al Padre). Precisamente es muy buen ejercicio de oración rezar el "Padre Nuestro" palabra por palabra, frase por frase, tratando de sacarle provecho espiritual a cada palabra, no pasando a otra palabra demasiado rápido o con apuro, y tratar siempre de descubrir todo el sentido, viviendo la misma intención que Jesús tenía cuando oraba esta oración.

· Muchas veces podemos en nuestra preocupación por hacer oración, preguntarnos si hay algún libro bueno para eso, algún método fácil para orar, y la verdad es que la raíz de la oración está en uno mismo, la mejor fuente, el mejor pozo, lo tenemos en nuestro corazón

· Orar es dejar a Dios que nos haga descubrir la necesidad que tenemos de El.

· Orar es dejar que Dios, nos haga sentir el amor que El nos tiene,

· Orar es sentirse hijo de Dios. Sentirse cómo uno es tan pequeño ante un Dios que es tan bueno y misericordioso,

· Orar es dejarse llenar de los mismos sentimientos de Jesús:

- Para pensar como pensaba Jesús

- Para sentir como sentía Jesús

- Para querer lo que quería Jesús

- Para amar como amaba Jesús

- Para hablar de lo que hablaba Jesús y como El

- Para actuar como actuaba Jesús

· La oración de Jesús.

Algunos textos bíblicos nos pueden ayudar para comprender mejor cómo oraba Jesús:

Mateo 6,7-8: es necesario orar con sencillez, sin mucha palabrería,

Marcos 14, 36: orar con total confianza en Dios Padre,

Marcos 15, 34: es decir como Jesús: "Dios mío, Dios mío",

Lucas 3,22: oramos y Dios nos mira con cariño,

Juan 15, 1-2: La oración nos debe llevar a producir fruto,

Lucas 6,12: Jesús se retiraba a orar,

Lucas 10, 21: Las cosas de Dios las comprenden los sencillos,

Lucas 22, 31: Es conveniente orar por los demás.

· San Ignacio cuando intenta darnos algún consejo fundamental sobre la oración, insiste mucho en esta idea:

"No el mucho saber llena y satisface a la persona,

sino el gustar y sentir internamente' [EE.2]

· Si yo sé "hacer tortilla sólo en teoría", no disfruto del sabor de comerme una tortilla. Y lo mismo sucede con cualquier otra habilidad que tenga, pero sólo en teoría. No le saco ningún provecho a esa habilidad. Lo mismo pasa con el amor a Dios, o con el compromiso de trabajar por los demás. Es importante gustar y sentir internamente. Eso es orar. No es sólo saber la teoría de la oración, sino el hacer y gustar la oración.

· "Nadie aprende a ver de otro. Se ve naturalmente. Así ocurre con la oración. La oración no se aprende de otro. Ella es su propio maestro. Dios concede el don de la oración a quien ora". [San Juan Clímaco]

· Algunas notas que nos pueden ayudar para comprender, cada vez mejor, lo que es la oración:

- Orar es vivir, no es "soñar", sino salir del "sueño" que vivimos. Orar es despertar, es vivir la vida, la que vivimos... la que Dios quiere que vivamos... La oración que nos saca y hace huir de la vida, la que nos hace dormir y estar tranquilos... no es oración. ¡Eso no es vivir! sino que es dormir y soñar...

- La oración tampoco es "pensar" en Dios. Sólo eso no basta. "Pensar en Dios" y no hacer nada por los demás, ¡no basta...!

- La oración hay que viviría. Es decir, hay que vivir el encuentro con Dios. Una cosa es soñar en un río y otra cosa es estar y disfrutar del río... Una cosa es saber hacer una tortilla y otra cosa muy diferente es ¡comerla...! Y lo mismo se puede decir que la sed se quita bebiendo agua y no "pensando" o "soñando" que en el Cercado de Lima ¡hay una fuente muy sabrosa de agua fría...!

La oración no se discurre ni se piensa... ¡se vive!, y lo mismo sucede con la amistad.

………

Referencias:

Guías de ayuda para hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola en la vida corriente. Ignacio Huarte, S.J.

Autobiografía de San Ignacio - Capítulo I

Texto recogido por el P. Luis Gonçalves da Camara entre 1553 y 1555


Capítulo I



1. Hasta los 26 años de su edad fue hombre dado a las vanidades del mundo y principalmente se deleitaba en ejercicio de armas con un grande y vano deseo de ganar honra. Y así, estando en una fortaleza que los franceses combatían, y siendo todos de parecer que se diesen, salvas las vidas, por ver claramente que no se podían defender, él dió tantas razones al alcaide, que todavía lo persuadió a defenderse, aunque contra parecer de todos los caballeros, los cuales se conhortaban con su ánimo y esfuerzo. Y venido el día que se esperaba la batería, él se confesó con uno de aquellos sus compañeros en las armas; y después de durar un buen rato la batería, le acertó a él una bombarda en una pierna, quebrándosela toda; y porque la pelota pasó por entrambas las piernas, también la otra fue mal herida.


2. Y así, cayendo él, los de la fortaleza se rendieron luego a los franceses, los cuales, después de se haber apoderado della, trataron muy bien al herido, tratándolo cortés y amigablemente. Y después de haber estado 12 ó 15 días en Pamplona, lo llevaron en una litera a su tierra; en la cual hallándose muy mal, y llamando todos los médicos y cirujanos de muchas partes, juzgaron que la pierna se debía otra vez desconcertar, y ponerse otra vez los huesos en sus lugares, diciendo que por haber sido mal puestos la otra vez, o por se haber desconcertado en el camino, estaban fuera de sus lugares, y así no podía sanar. Y hízose de nuevo esta carnecería; en la cual, así como en todas las otras que antes había pasado y después pasó, nunca habló palabra, ni mostró otra señal de dolor, que apretar mucho los puños.


3. Y iba todavía empeorando, sin poder comer y con los demás accidentes que suelen ser señal de muerte. Y llegando el día de San Juan, por los médicos tener muy poca confianza de su salud, fue aconsejado que se confesase; y así, recibiendo los sacramentos, la víspera de San Pedro y San Pablo, dijeron los médicos que, si hasta la media noche no sentía mejoría, se podía contar por muerto. Solía ser el dicho infermo devoto de San Pedro, y así quiso nuestro Señor que aquella misma media noche se comenzase a hallar mejor; y fue tanto creciendo la mejoría, que de ahí a algunos días se juzgó que estaba fuera de peligro de muerte.


4. Y viniendo ya los huesos a soldarse unos con otros, le quedó abajo de la rodilla un hueso encabalgado sobre otro, por lo cual la pierna quedaba más corta; y quedaba allí el hueso tan levantado, que era cosa fea; lo cual él no pudiendo sufrir, porque determinaba seguir el mundo, y juzgaba que aquello lo afearía, se informó de los cirujanos si se podía aquello cortar; y ellos dijeron que bien se podía cortar; mas que los dolores serían mayores que todos los que había pasado, por estar aquello ya sano, y ser menester espacio para cortarlo; y todavía él se determinó martirizarse por su propio gusto, aunque su hermano más viejo se espantaba y decía que tal dolor él no se atrevería a sofrir; lo cual el herido sufrió con la sólita paciencia.


5. Y cortada la carne y el hueso que allí sobraba, se atendió a usar de remedios para que la pierna no quedase tan corta, dándole muchas unturas, y estendiéndola con instrumentos continuamente, que muchos días le martirizaban. Mas nuestro Señor le fue dando salud; y se fue hallando tan bueno, que en todo lo demás estaba sano, sino que no podía tenerse bien sobre la pierna, y así le era forzado estar en el lecho. Y porque era muy dado a leer libros mundanos y falsos, que suelen llamar de Caballerías, sintiéndose bueno, pidió que le diesen algunos dellos para pasar el tiempo; mas en aquella casa no se halló ninguno de los que él solía leer, y así le dieron un Vita Christi y un libro de la vida de los Santos en romance.


6. Por los cuales leyendo muchas veces, algún tanto se aficionaba a lo que allí hallaba escrito. Mas dejándolos de leer, algunas veces se paraba a pensar en las cosas que había leído; otras veces en las cosas del mundo que antes solía pensar. Y de muchas cosas vanas que se le ofrecían una tenía tanto poseído su corazón, que se estaba luego embebido en pensar en ella dos y tres y 4 horas sin sentirlo, imaginando lo que había de hacer en servicio de una señora, los medios que tomaría para poder ir a la tierra donde ella estaba, los motes, las palabras que le diría, los hechos de armas que haría en su servicio. Y estaba con esto tan envanecido, que no miraba quán imposible era poderlo alcanzar; porque la señora no era de vulgar nobleza: no condesa, ni duquesa, mas era su estado más alto que ninguno destas.


7. Todavía nuestro Señor le socorría, haciendo que sucediesen a estos pensamientos otros, que nacían de las cosas que leía. Porque, leyendo la vida de nuestro Señor y de los santos, se paraba a pensar, razonando consigo: ¿qué sería, si yo hiciese esto que hizo San Francisco, y esto que hizo Santo Domingo? y así discurría por muchas cosas que hallaba buenas, proponiéndose siempre a sí mismo cosas dificultosas y graves, las cuales cuando proponía, le parecía hallar en sí facilidad de ponerlas en obra. Mas todo su discurso era decir consigo: Santo Domingo hizo esto; pues yo lo tengo de hacer. San Francisco hizo esto; pues yo lo tengo de hacer. Duraban también estos pensamientos buen vado, y después de interpuestas otras cosas, sucedían los del mundo arriba dichos, y en ellos también se paraba grande espacio; y esta sucesión de pensamientos tan diversos le duró harto tiempo, deteniéndose siempre en el pensamiento que tornaba; o fuese de aquellas hazañas mundanas que deseaba hacer, o destas otras de Dios que se le ofrecían a la fantasía, hasta tanto que de cansado lo dejaba, y atendía a otras cosas.


8. Había todavía esta diferencia: que cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalem descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos; no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aun después de dejando, quedaba contento y alegre. Mas no miraba en ello, ni se paraba a ponderar esta diferencia, hasta en tanto que una vez se le abrieron un poco los ojos, y empezó a maravillarse desta diversidad y a hacer reflexión sobre ella. Cogiendo por experiencia que de unos pensamientos quedaba triste, y de otros alegre, y poco a poco viniendo a conocer la diversidad de los espíritus que se agitaban, el uno del demonio, y el otro de Dios. Este fue el primero discurso que hizo en las cosas de Dios; y después cuando hizo los ejercicios, de aquí comenzó a tomar lumbre para lo de la diversidad de espíritus.


9. Y cobrada no poco lumbre de aquesta leción, comenzó a pensar más de veras en su vida pasada, y en quánta necesidad tenía de hacer penitencia della. Y aquí se le ofrecían los deseos de imitar los santos, no mirando más circunstancias que prometerse así con la gracia de Dios de hacerlo como ellos lo habían hecho. Mas todo lo que deseaba de hacer, luego como sanase, era la ida de Hierusalem, como arriba es dicho, con tantas disciplinas y tantas abstinencias, cuantas un ánimo generoso, encendido de Dios, suele desear hacer.


10. Y ya se le iban olvidando los pensamientos pasados con estos santos deseos que tenía, los cuales se le confirmaron con una visitación, desta manera. Estando una noche despierto, vido claramente una imagen de nuestra Señora con el santo Niño Jesús, con cuya vista por espacio notable recibió consolación muy excesiva, y quedó con tanto asco de toda la vida pasada; y especialmente de cosas de carne, que le parecía habérsele quitado del ánima todas las especies que antes tenía en ella pintadas. Así desde aquella hora hasta el Agosto de 53 que esto se escribe, nunca más tuvo ni un mínimo consenso en cosas de carne; y por este efeto se puede juzgar haber sido la cosa de Dios, aunque él no osaba determinarlo, ni decía más que afirmar lo susodicho. Mas así su hermano como todos los demás de casa fueron conociendo por lo exterior la mudanza que se había hecho en su ánima interiormente.


11. El, no se curando de nada, perseveraba en su lección y en sus buenos propósitos; y el tiempo que con los de casa conversaba, todo lo gastaba en cosas de Dios, con lo cual hacía provecho a sus ánimas. Y gustando mucho de aquellos libros, le vino al pensamiento de sacar algunas cosas en breve más esenciales de la vida de Cristo y de los Santos; y así se pone a escrebir un libro con mucha diligencia (porque ya comenzaba a levantarse un poco por casa); las palabras de Cristo de tinta colorada, las de nuestra Señora de tinta azul. Y el papel era bruñido y rayado, y de buena letra, porque era muy buen escribano. Parte del tiempo gastaba en escrebir, parte en oración. Y la mayor consolación que recebía era mirar el cielo y las estrellas, lo cual hacía muchas veces y por mucho espacio, porque con aquello sentía en sí un muy grande esfuerzo para servir a nuestro Señor. Pensaba muchas veces en su propósito, deseando ya ser sano del todo para se poner en camino. El cual tuvo cuasi 300 hojas todas escritas de cuarto.


12. Y echando sus cuentas, qué es lo que haría después que viniese de Jerusalem para que siempre viviese en penitencia, ofrecíasele meterse en la Cartuja de Sevilla, sin decir quién era para que en menos le tuviesen y allí nunca comer sino yerbas. Mas cuando otra vez tornaba a pensar en las penitencias, que andando por el mundo deseaba hacer, resfriábasele el deseo de la Cartuja, temiendo que no pudiese ejercitar el odio que contra sí tenía concebido. Todavía a un criado de casa, que iba a Burgos, mandó que se informase de la regla de la Cartuja, y la información que della tuvo le pareció bien. Mas por la razón arriba dicha y porque todo estaba embebido en la ida que pensaba presto hacer, y aquello no se había de tratar sino después de la vuelta, no miraba tanto en ello; antes, hallándose ya con algunas fuerzas, le pareció que era tiempo de partirse, y dijo a su hermano: «señor, el duque de Nájera, como sabéis, ya sabe que estoy bueno. Será bueno que vaya a Navarrete» (estaba entonces allí el duque). El hermano le llevó a una cámera y después a otra, y con muchas admiraciones le empieza a rogar que no se eche a perder; y que mire quánta esperanza tiene dél la gente, y quánto puede valer, y otras palabras semejantes, todas a intento de apartarle del buen deseo que tenía. Mas la respuesta fue de manera que, sin apartarse de la verdad, porque dello tenía ya grande escrúpulo, se descabulló del hermano. Sospechaba el hermano y algunos de casa que él quería hacer alguna gran mutación.




Capítulo II

Capítulo III


Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI
...

Testimonios de Conversiones al catolicismo




Andre Frossard: "Dios existe yo me lo encontré"

Conversión de Alfonso de Ratisbona

Testimonio de conversión de Tatiana Goritcheva

Steve Mosher regresó a la Iglesia luego de ver el infierno del aborto en China

Conversión del ex pastor Fernando Casanova al catolicismo

Conversión al catolicismo de Larry Lewis

Confesiones de un antiguo masón

Testimonio de conversión del actor mexicano Eduardo Verástegui

Polémico guionista de Hollywood revela su conversión al Catolicismo

Vittorio Messori: Creer es razonable

Graham Leonard, de Obispo anglicano a sacerdote católico

Conversión de Bernard Nathanson, ex abortista

¿Cuál es la verdad? - Conversión del ex pastor Marcos C. Grodi


Teólogo protestante ahora católico

La conversión de Rusell Yunt













...