Domingo III Adviento. Ciclo C – "El bautismo con Espíritu Santo"

 


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P. Adolfo Franco, jesuita

Lectura del santo evangelio según san Lucas (3, 10-18)

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:

«¿Entonces, qué debemos hacer?»

Él contestaba:

«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:

«Maestro, ¿qué debemos hacemos nosotros?»

Él les contestó:

«No exijáis más de lo establecido».

Unos soldados igualmente le preguntaban:

«Y nosotros, ¿qué debemos hacer nosotros?»

Él les contestó:

«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».

Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:

«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».

Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.

Palabra del Señor.


Juan Bautista con su vida y su predicación nos enseña cómo debe ser nuestra preparación para la venida del Señor.

En este tercer domingo de Adviento se nos presenta la poderosa figura de Juan Bautista, para nuestra reflexión; él es una personificación del Adviento, pues su mensaje tiene como intención central señalar a Jesús, indicar el camino que nos lleva al Señor.

El irrumpe en la anodina tranquilidad de su tiempo con un mensaje que hace despertar al pueblo: “todo árbol que no dé fruto será cortado, pues ya está preparada el hacha”. Es un toque de trompeta estridente, que nos despierta de la modorra. Pero, aunque su mensaje es fuerte, desafiante, no tiene intenciones destructoras, sino que quiere que se mire con esperanza al Señor que ya llega. Hay que prepararse, porque Jesús viene. Lo que él, Juan, no puede aceptar es que esta preparación sea inconsistente, superficial. No se trata de hacerle guirnaldas al Señor que está llegando, sino de hacer una verdadera conversión interior.

Y el que predica esto tiene de verdad autoridad moral: él vive en el desierto, no ha escogido la comodidad, ni se ha rodeado de facilidades, vive en el desierto donde el paisaje obliga a resistir con fortaleza tanto el calor del día, como el intenso frío de la noche. Ahí no hay un palacio con jardines y con fuentes, sino a lo más una choza, o el hueco en alguna de las paredes rocosas que limitan el desierto. Su alimento es lo que el desierto permite, o sea casi nada, y su vestido una piel de camello. El se ha despojado de todo, para indicar con su vida lo que quiere decir cuando habla de conversión.

Pero la sinceridad y la fuerza de su mensaje aún necesitan explicaciones. El Evangelio de hoy nos presenta a sus oyentes que le preguntan con sinceridad ¿para mí en qué consiste esa conversión? Y Juan tiene paciencia para decirle a cada uno lo que necesita hacer. Se le acerca gente que tiene abundancia de cosas, y les dice que repartan con los necesitados: “el que tenga dos túnicas que dé una a quien no tiene”. Esa es una forma de prepararse para la venida de Cristo: compartir los bienes que uno tiene. La generosidad, el sentir al necesitado como mi hermano.

Pero también se le acercan los recaudadores de impuestos (quizá los personajes con peor fama de toda la sociedad de aquel tiempo) y a éstos les dice que practiquen la justicia: que no exijan más de lo debido. Les está pidiendo que no sean abusivos; recordemos que más adelante Jesús se encontrará con Zaqueo, y éste en su conversión reconocerá que tiene que restituir el cuádruplo a todos a aquellos a quienes les ha hecho injusticia. El que ha estafado, sólo se puede preparar a la venida del Señor siendo justo.

Y también se le acercan soldados a pedirle un consejo; a éstos les dice que no abusen de su poder. Todos los que ejercen el poder pueden tener el peligro de usarlo mal, en exceso o en su propio provecho. Y el poder no es entregado para esto. Por esto Juan Bautista les dice a estos soldados bien intencionados, que, si quieren prepararse a la venida del Señor, tienen que esforzarse en usar el poder como un servicio. Eso es prepararse para la venida del Señor.

En esta preparación de la venida del Señor, Juan Bautista no habla de guirnaldas de colores o de bengalas, ni de otras cosas simplemente periféricas, sino de lo central. Lo que es preparar el corazón para que el Señor venga.

También cada uno de nosotros podría preguntarle a Juan Bautista ¿y yo que tengo que hacer? Es arriesgado hacer esta pregunta a Juan Bautista, porque él es muy directo y muy sabio. Y podría decirme que me limpie de mi rencor; o que no sea tan avaro y sea generoso con los demás; o que use mi tiempo bien y que lo distribuya proporcionalmente entre las cosas que valen la pena; o me diría que sea más puro en mis pensamientos y palabras, que no me esconda detrás de tantas justificaciones. Vale la pena hacerle la pregunta, si es que queremos prepararnos de verdad a la venida del Señor.


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Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.


Homilías - Solemnidad de la Inmaculada Concepción


Inmaculada Concepción

Homilía del P. José Ramón Martínez Galdeano, jesuita 
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Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de DICIEMBRE 2021: Los Catequistas

 



 



RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA
APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES DEL PAPA PARA EL MES DE DICIEMBRE




OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo me haga su amigo y apóstol, 
disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos, todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Recemos por los catequistas, llamados a proclamar la Palabra de Dios: para que sean testigos de ella con valentía, creatividad y con la fuerza del Espíritu Santo.»

AMÉN




ORACIÓN

Jesucristo, Señor y Maestro, Tú que nos enseñaste

el horizonte y el camino del Reino de tu Padre

con tu testimonio, tu utopía creativa y tu extrema libertad,

envía tu Espíritu sobre los catequistas, a quienes has confiado

la misión de darte a conocer a quienes no te conocen.

Dales la fuerza y el coraje que necesitan para vivir su misión

con entrega y fecundidad, siendo mensajeros alegres

de tu resurrección y creativos en el anuncio de tu mensaje.

Dales la gracias de tocar muchos corazones que deseen

conocerte internamente para más amarte y servirte.


Amén.


Padre Nuestro…

Ave María...

Gloria...

Amén




LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE


ENLACES AQUÍ

DESCARGUE EN PDF LAS ORACIONES
Revista virtual RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA, DICIEMBRE 2021, Nº62.
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INTENCIÓN DEL MES


El Video del Papa: Qué es ser catequista para el Papa Francisco

En la intención del Papa Francisco para este mes de diciembre habla del ministerio, misión y vocación de los catequistas. Agradece su entusiasmo por la transmisión de la fe, y los anima a anunciar el Evangelio con nuevos lenguajes y caminos.

Ciudad del Vaticano

En el video de este mes Francisco, a través de la Red Mundial de Oración del Papa, dedica su mensaje a los catequistas, en el que reconoce su labor como una auténtica misión y ministerio al servicio de la misión de la Iglesia.

El Papa señala que se trata verdaderamente de una vocación, ya que “ser catequista significa que uno ‘es catequista’, no que ‘trabaja de catequista’”.

Anunciar el Evangelio con nuevos lenguajes y caminos
En estos tiempos donde el mundo sufre muchos cambios, Francisco agradece el entusiasmo de aquellos bautizados que con un continuado esfuerzo y alegría transmiten la fe, a la vez que los alienta a seguir anunciando el Evangelio “con su vida, con mansedumbre, con un lenguaje nuevo y abriendo caminos nuevos”.  
En el Video del Papa, se muestra un ejemplo de estos nuevos lenguajes, al mostrar a catequistas y jóvenes trabajando en un mural. Con sprays y pinturas, decenas de niños y adolescentes -acompañados por sus catequistas- ayudan al artista italiano Paolo Colasanti (en arte Gojo) a reproducir una versión creativa de la escena del lavatorio de los pies, en una pared del oratorio de la parroquia romana de Nuestra Señora de Coromoto.

El catequista: ¿un ministerio muy antiguo?
En mayo de este año, Francisco había dado grandes señales hacia los catequistas al instituir su ministerio laical mediante el Motu Proprio Antiquum ministerium.  Y ahora en diciembre, el Pontífice en sus intenciones, ratifica esta forma de servicio que se ha mantenido a lo largo de la historia de la Iglesia.
“El ministerio laical del catequista es una vocación, es una misión”. Todavía hoy, explica en el Video del Papa, se puede ver cómo “en tantas diócesis, en tantos continentes, la evangelización fundamentalmente está en manos de un catequista”, por eso, afirma Francisco,  “hace falta buenos catequistas que sean a la vez acompañantes y pedagogos”. Ser catequista, enseña el Santo Padre, no es un trabajo, se trata más bien de enseñar con paciencia, de acompañar, de anunciar la alegría del Evangelio “pero no con bocina”, sino con la propia vida, con mansedumbre, con valentía y creatividad.

Nuevos caminos, nuevos lenguajes
El P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, comentó a propósito de esta intención: “Es un gesto elocuente que Francisco dedique este último mensaje a los catequistas en el mismo año en que instituyó su ministerio laical y en que se inició el itinerario Sinodal ‘como Pueblo de Dios peregrino y misionero’. Como lo indica el Documento preparatorio de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos el Espíritu Santo, hoy como ayer, continua a actuar en la historia: ‘en los surcos excavados por los sufrimientos de todo tipo padecidos por la familia humana y por el Pueblo de Dios están floreciendo nuevos lenguajes de fe y nuevos caminos capaces (…) de encontrar en medio de las pruebas las razones para refundar el camino de la vida cristiana y eclesial. En esta misma línea se ha de considerar la reciente institución del ministerio laical de catequista” (n°7). Recemos pues ‘por los catequistas, llamados a proclamar la Palabra de Dios: para que sean testigos de ella con valentía, creatividad y con la fuerza del Espíritu Santo’”.

Tomado de:
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2021-11/video-del-papa-diciembre-2021-catequistas-mision.html




ACTITUDES


Testimoniar al Resucitado

“En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios, que «Él nos amó primero»” (Papa Francisco). ¿En qué aspectos de mi vida puedo demostrar más amor a quienes comparten conmigo?

Estar a la escucha

“En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu” (Papa Francisco). ¿Aprendo a escuchar a otros y al Señor en mis decisiones pastorales?

Tener gestos evangélicos

“Así como la Iglesia es misionera por naturaleza, también brota ineludiblemente de esa naturaleza la caridad efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve” (Papa Francisco). ¿Con qué personas podría ser más compasiva y cercana?

Anunciar con la propia vida

“la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión” (Papa Francisco). ¿Cómo es mi capacidad de entrega a los demás? ¿En qué puedo crecer?

Ser creativos en el anuncio

“Si uno quiere adaptarse al lenguaje de los demás para poder llegar a ellos con la Palabra, tiene que escuchar mucho, necesita compartir la vida de la gente y prestarle una gustosa atención” (Papa Francisco). En mi actividad pastoral ¿Sé poner a los demás en el centro de mis servicios? ¿Me adapto a sus posibilidades y acompaño sus procesos?

Fuente: ClickToPray




RECURSOS EN LA RED

A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray [App Store] [Google Play]

C. Para comunicarnos:
apostolado.oración.peru@gmail.com



Domingo II Adviento. Ciclo C – "Una voz en el desierto"

 


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P. Adolfo Franco, jesuita.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (3,1-6):

En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tretarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

«Voz del que grita en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos;
los valles serán rellenados,
los montes y colinas serán rebajador;
lo torcido será enderezado,
lo escabroso será camino llano.
Y toda carne verá la salvación de Dios».

Palabra del Señor


Preparar un buen camino ¿habrá que usar un tractor para que ofrezcamos al Señor un buen camino?

En este segundo domingo del camino del Adviento, se nos exhorta a la conversión. San Lucas recoge una profecía de Isaías: “Enderezad el camino, allanad las sendas” (Is. 40, 3-4); el profeta nos transmite su mensaje utilizando dos metáforas: una referente al camino: enderezad los caminos; y la otra referente al terreno: hay que hacerlo llano. Es una forma gráfica de hablarnos de la conversión: pues llega el Señor, y hay que prepararle un buen camino para que llegue a nosotros.

Debemos enderezar las sendas: en nuestro camino hay recovecos, en nuestro corazón hay muchas cosas que no son rectas, sino sinuosas. Hay muchas cosas que hay que rectificar, porque están torcidas. Hay muchas cosas en penumbra, cosas escondidas. Cuando se habla de rectificar, de hacer recto lo torcido, se está haciendo referencia a las segundas intenciones (torcidas) que se esconden detrás de acciones aparentemente desinteresadas. En las relaciones familiares a veces se muestra un aparente intenso afecto a los padres, cuando se les quiere sacar algo. A veces se busca la amistad por intereses muy egoístas. En la misma caridad se puede buscar aplauso y alabanza. La oración inclusive, puede tener detrás un interés de autocomplacencia, de autojustificación, de consuelo narcisista. Hay que enderezar todo lo que está torcido.

Cuando busco mis intereses (con egoísmo), más que la entrega, ahí hay algo torcido que enderezar. Cuando uso mal mi tiempo, lo pierdo, o lo uso demasiado en cosas que no lo merecen, hay algo que enderezar. Cuando me encierro en mi propio mundo morboso del dolor vivido casi con complacencia, entonces hay algo torcido que enderezar. Cuando mis metas no son elevadas, mis ideales no son los de una persona iluminada y atraída por Dios, sino son simplemente de la tierra y para la tierra, ahí hay mucho que enderezar.

Hay muchos recovecos, muchos rincones escondidos en nuestro camino, son muy variadas las torceduras. El Adviento, por boca de Isaías nos dice, que, ya que viene el Señor, nos dediquemos a rectificar, a hacer recto el camino, para que el pueda llegar a nosotros por un camino apropiado.

Pero también se nos dice que elevemos lo que está hundido, y rebajemos lo que está levantado. Aquí está aludiendo también el profeta al terreno por el cual transcurre el camino: partes elevadas, o partes muy hundidas: hay que hacer un camino llano. Hay hundimiento en nuestro camino, cuando propendemos al pesimismo, cuando cultivamos la tristeza, cuando no salimos de nuestro cuarto oscuro, donde cultivamos tenazmente nuestro fracaso, o nuestra soledad, o nuestra enfermedad, o nuestra mala suerte. El Señor que viene, no puede llegar si encuentra una sima hundida, un abismo tan hondo, en nuestro terreno: Dios no está con la tristeza, así cultivada, como si se hubiese perdido la esperanza. 

Pero lo mismo que hay que llenar los abismos, hay que rebajar lo muy elevado: la cresta del orgullo, es un impedimento en el camino. A veces nos sentimos en los cielos, elevados, encaramados sobre la cima de nuestro orgullo; nuestra soberbia nos hace creer superiores, nuestro ego crece, inflándose de vanidad. Tampoco Dios puede acercarse cuando en el camino encuentra la cresta de nuestra soberbia. Hay que rebajar esa hinchazón y reducirnos a nuestras modestas, pero más auténticas dimensiones. Así el camino queda preparado para que el Señor se nos acerque.

Esta es la voz de esperanza que nos da el Adviento: enderezad los caminos, allanad el sendero; que el Señor está llegando. Y de ahí nace la urgencia de preparar el camino: viene a nosotros Aquel que más queremos, y no desearíamos que no encontrase el camino, y que no se pudiera producir el encuentro con nosotros.

En el Adviento estamos preparando la Navidad, y nuestra preparación no puede ser superficial: una preparación de adornos exteriores, de una fiesta en la que lo principal de la Navidad quede en segundo plano. Esta es la verdadera preparación: “preparar en nuestro corazón un camino recto” para que el Señor venga a nosotros.




Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.




Doctrina Social de la Iglesia - 19. El Trabajo VI


P. Ignacio Garro, jesuita †


4. EL TRABAJO

Continuación...

 

4.2.10. EL DEBER DEL TRABAJO, EL DERECHO AL TRABAJO

El trabajo es expresión necesaria de la persona. El hombre no ha sido creado para la "ociosidad", lo propio del ser persona es trabajar para colaborar en la obra de Dios, trabajo que produce fatiga y satisfacción; cansancio y compensación; alegría y tristeza. Pío XII, decía: "El trabajo es necesario porque sin él no se pueden conseguir las cosas indispensables para la vida, cuya conservación es un deber grave del individuo". "Derecho al trabajo, como medio indispensable para el mantenimiento de la vida familiar".[1] El Concilio Vat. II en G. et S. nº 67 dice: "es deber de la sociedad ayudar, según sus propias circunstancias, a los ciudadanos para que puedan encontrar la oportunidad de un trabajo suficiente".

J. Pablo II toca muy directamente el problema del paro y del desempleo. Y comienza hablando del deber y de la obligación de trabajar: "El trabajo es una obligación, es decir, un deber del hombre y esto en el múltiple sentido de la palabra. El hombre debe de trabajar bien sea por el hecho de que el Creador lo ha ordenado, bien sea por el hecho de su propia humanidad, cuyo mantenimiento y desarrollo exigen el trabajo. El hombre debe trabajar por respeto al prójimo, especialmente por respeto a la propia familia, pero también a la sociedad a la que pertenece, a la nación de la que es hijo o hija, a la entera familia humana de la que es miembro, ya que es heredero del trabajo de generaciones y al mismo tiempo co-artífice del futuro de aquellos que vendrán después de él con el sucederse de la historia. Todo esto constituye la obligación moral del trabajo, entendido en su más amplia acepción. Cuando haya que considerar los derechos morales de todo hombre respecto al trabajo, correspondiente a esta obligación, habrá que tener presente  el entero y amplio radio de referencias en que se manifiesta el trabajo de cada sujeto trabajador".  L.E. nº 16.

Hablando genéricamente, ¿cuáles son los derechos del trabajador?[2] Los derechos de todo trabajador deben de estar en consonancia y en orden a que se efectúen los derechos generales del hombre. Además del contexto amplio de los derechos humanos se debe  reconocer que  los trabajadores tienen los siguiente derechos:

  • Salario justo
  • Prestaciones sociales
  • Seguro de vida para su familia
  • Descanso justo y remunerado
  • Derecho a la pensión, o jubilación
  • Ambientes y procesos de trabajo que no dañen  la salud física ni moral
  • Estabilidad laboral        
  • Derecho a asociarse a través de los sindicatos
  • Derecho a la huelga justa.

Hemos afirmado anteriormente que todo derecho lleva consigo un deber. ¿Cuáles son los deberes de un trabajador?[3] León XIII en "Rerum Novarum", nº 15 nos los recuerda: "llamando a ambas clases (empresarios y trabajadores) al cumplimiento de sus deberes respectivos y, ante todo, a los deberes de justicia". De eso deberes los que corresponden a los proletarios y obreros son:

  • Cumplir íntegra y fielmente lo que por propia libertad y con arreglo a justicia se haya estipulado sobre el trabajo.
  • No dañar en modo alguno al capital
  • No ofender a la persona de los patronos
  • Abstenerse de toda violencia al defender sus derechos y no promover sediciones
  • No mezclarse con hombres depravados

¿Cuál es el deber de los patronos (empresarios)? También León XIII en R.N. nº 15 nos señala que el deber los patronos es:

  • No considerar a los obreros como esclavos
  • Respetar en ellos, como es justo, la dignidad de la persona
  • Que los trabajos remunerados sean justos, para vivir con dignidad
  • No abusar del obrero en trabajos muy duros o crueles o inhumanos
  • Que el patrono disponga que el obrero tenga un espacio de tiempo para atender a la piedad
  • No imponer trabajos más fuertes que lo que sus fuerzas naturales puedan llevar
  • Retribuir al obrero lo que es justo
  • Finalmente el patrono ha de evitar todo tipo de violencia, engaño, y artilugios usurarios.

 

En resumen podemos decir que según el Estado de Bienestar Social el trabajador debe de ser ayudado por una red de protección que se sostiene en cuatro pilares que hacen posible la defensa de derechos y la seguridad frente a los riesgos de la vida laboral, veamos:

  • Regulaciones legislativas sobre la jornada laboral y condiciones de trabajo
  • Protección fuera del ámbito del trabajo, a través de arreglos estatutarios, en lo que se refiere a accidentes de trabajo, accidentes industriales, falta de ingresos en la vejez, y finalmente frente al desempleo.
  • Derecho garantizado a que los salarios no se determinasen únicamente a través de un contrato individual, sino vía negociaciones salariales colectivas, quedando legalmente asegurada la presión colectiva mediante los sindicatos y el derecho a la huelga.
  • Compromiso institucional de hecho de perseguir como objetivo el pleno empleo, con la mayor prioridad, utilizando las políticas del Estado.

Resumiendo podemos decir: los principios, reglas y valores de la organización social del Estado de Bienestar, requieren nuevas instituciones y nuevas prácticas políticas, económicas y sociales, y se pueden resumir en esta larga lista, en la que el pleno empleo es el eje principal sobre el cual gira todo el edificio social:

  • Derecho de todo ciudadano a tener un trabajo digno
  • Que haya pleno empleo
  • Salario decente para todos los trabajadores
  • Seguridad social para todos, sin discriminación ni exclusión social
  • Protección contra los riesgos de vida
  • Igualdad de oportunidades de acceso a la salud y a la información
  • Concertación social como procedimiento para solucionar los conflictos sociales
  • Redistribución de la riqueza en beneficio del interés general, gracias a una fiscalidad progresiva
  • Instauración de un sistema público de producción y suministro generalizado de bienes y servicios básicos, como parte de la riqueza común
  • Estado democrático realmente representativo, que tienda a evolucionar hacia una democracia participativa
  • Promoción y desarrollo de una cultura cívica centrada en el Bien Común.



    [1] "Actes de S.S. Pie XII", Bonne Presse, V, 315. (mensaje de Navidad).

    [2] Cfr.- León XIII. R.N. nº 25, 26, 30, 31, 40; Pío XI, Q.A. nº 61, 63; J. Pablo II, L.E. nº 8, 15, 16, 18, 19.

    [3] Cfr.-  León XIII, nº 15.




Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


Para acceder a las publicaciones de esta SERIE AQUÍ.







Textos claves del Nuevo Testamento - 35. "...en pueblo suyo..."

 


P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita

Por medio de Jesucristo surge la simiente fértil de un nuevo pueblo de Dios. El selló con su sangre una “alianza nueva”: “El se entregó por nosotros a fin de liberarnos de toda maldad y convertirnos en pueblo suyo limpio y elegido, totalmente entregado a la práctica del bien” (Tit 2,14); "pero vosotros sois raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo de su posesión, destinado a cantar las grandezas del Dios que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa” (1 Pe 2,9). Este pueblo nuevo tiene su verdadera patria más allá de este mundo: “Nosotros, en cambio, somos ciudadanos de los cielos, y de allí esperamos impacientes que nos venga el salvador, Jesucristo, el Señor” (Flp 3,20).



Agradecemos al P. Fernando Martínez SJ por su colaboración.

Para acceder a los otros temas AQUÍ.



Catequesis del Papa sobre San José: 3. «José, hombre justo y esposo de María»


 

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 1 de diciembre de 2021

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Seguimos nuestro camino de reflexión sobre la figura de san José. Hoy quisiera profundizar en su ser “justo” y “desposado con María”, y dar así un mensaje a todos los novios, también a los recién casados. Muchas historias relacionadas con José llenan los pasajes de los evangelios apócrifos, es decir, no canónicos, que han influido también en el arte y diferentes lugares de culto. Estos escritos que no están en la Biblia —son historias que la piedad cristiana hacía en esa época— responden al deseo de colmar los vacíos narrativos de los Evangelios canónicos, los que están en la Biblia, los cuales nos dan todo lo que es esencial para la fe y la vida cristiana.

El evangelista Mateo. Esto es importante: ¿qué dice el Evangelio sobre José? No qué dicen esos evangelios apócrifos, que no son una cosa fea o mala; son bonitos, pero no son la Palabra de Dios. En cambio, los Evangelios, que están en la Biblia, son la Palabra de Dios. Entre estos el evangelista Mateo que define José como hombre “justo”. Escuchamos su pasaje: «La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto» (1,18-19). Porque los novios, cuando la novia no era fiel o se quedaba embarazada, ¡tenían que denunciarla! Y las mujeres en aquella época eran lapidadas. Pero José era justo. Dice: “No, esto no lo haré. Me quedaré callado”.

Para comprender el comportamiento de José en relación con María, es útil recordar las costumbres matrimoniales del antiguo Israel. El matrimonio comprendía dos fases muy definidas. La primera era como un noviazgo oficial, que conllevaba ya una situación nueva: en particular la mujer, incluso viviendo aún en la casa paterna todavía durante un año, era considerada de hecho “mujer” del prometido esposo. Todavía no vivían juntos, pero era como si fuera la esposa. El segundo hecho era el traslado de la esposa de la casa paterna a la casa del esposo. Esto sucedía con una procesión festiva, que completaba el matrimonio. Y las amigas de la esposa la acompañaban allí. En base a estas costumbres, el hecho de que «antes de estar juntos ellos, se encontró encinta», exponía a la Virgen a la acusación de adulterio. Y esta culpa, según la Ley antigua, tenía que ser castigada con la lapidación (cf. Dt 22,20-21). Sin embargo, en la praxis judía sucesiva se había afianzado una interpretación más moderada que imponía solo el acto de repudio, pero con consecuencias civiles y penales para la mujer, pero no la lapidación.

El Evangelio dice que José era “justo” precisamente por estar sujeto a la ley como todo hombre pío israelita. Pero dentro de él el amor por María y la confianza que tiene en ella le sugieren una forma que salva la observancia de la ley y el honor de la esposa: decide repudiarla en secreto, sin clamor, sin someterla a la humillación pública. Elige el camino de la discreción, sin juicio ni venganza. ¡Pero cuánta santidad en José! Nosotros, que apenas tenemos una noticia un poco folclorista o un poco fea sobre alguien, ¡vamos enseguida al chismorreo! José sin embargo está callado.

Pero añade enseguida el evangelista Mateo: «Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados”» (1,20-21). Interviene en el discernimiento de José la voz de Dios que, a través de un sueño, le desvela un significado más grande de su misma justicia. ¡Y qué importante es para cada uno de nosotros cultivar una vida justa y al mismo tiempo sentirnos siempre necesitados de la ayuda de Dios! Para poder ampliar nuestros horizontes y considerar las circunstancias de la vida desde un punto de vista diferente, más amplio. Muchas veces nos sentimos prisioneros de lo que nos ha sucedido: “¡Pero mira lo que me ha pasado!” y nosotros permanecemos prisioneros de esa cosa mala que nos ha pasado; pero precisamente ante algunas circunstancias de la vida, que nos parecen inicialmente dramáticas, se esconde una Providencia que con el tiempo toma forma e ilumina de significado también el dolor que nos ha golpeado.  La tentación es cerrarnos en ese dolor, en ese pensamiento de las cosas no bonitas que nos suceden a nosotros. Y esto no hace bien. Esto lleva a la tristeza y a la amargura. El corazón amargo es muy feo.

Quisiera que nos detuviéramos a reflexionar sobre un detalle de esta historia narrada por el Evangelio y que muy a menudo descuidamos. María y José son dos novios que probablemente han cultivado sueños y expectativas respecto a su vida y a su futuro. Dios parece entrar como un imprevisto en su historia y, aunque con un esfuerzo inicial, ambos abren de par en par el corazón a la realidad que se pone ante ellos.

Queridos hermanos y hermanas, muy a menudo nuestra vida no es como la habíamos imaginado. Sobre todo, en las relaciones de amor, de afecto, nos cuesta pasar de la lógica del enamoramiento a la del amor maduro. Y se debe pasar del enamoramiento al amor maduro. Vosotros recién casados, pensad bien en esto. La primera fase siempre está marcada por un cierto encanto, que nos hace vivir inmersos en un imaginario que a menudo no corresponde con la realidad de los hechos. Pero precisamente cuando el enamoramiento con sus expectativas parece terminar, ahí puede comenzar el amor verdadero. Amar de hecho no es pretender que el otro o la vida corresponda con nuestra imaginación; significa más bien elegir en plena libertad tomar la responsabilidad de la vida, así como se nos ofrece. Es por esto por lo que José nos da una lección importante, elige a María “con los ojos abiertos”. Y podemos decir con todos los riesgos. Pensad, en el Evangelio de Juan, un reproche que hacen los doctores de la ley a Jesús es este: “Nosotros no somos hijos que provienen de allí”, en referencia a la prostitución. Pero porque estos sabían cómo se había quedado embarazada María y querían ensuciar a la madre de Jesús. Para mí es el pasaje más sucio, más demoniaco del Evangelio. Y el riesgo de José nos da esta lección: toma la vida como viene. ¿Dios ha intervenido ahí? La tomo. Y José hace como le había ordenado el Ángel del Señor: de hecho, dice el Evangelio: «Despertándose José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.  Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús» (Mt 1,24-25). Los novios cristianos están llamados a testimoniar un amor así, que tenga la valentía de pasar de las lógicas del enamoramiento a las del amor maduro. Y esta es una elección exigente, que, en lugar de aprisionar la vida, puede fortificar el amor para que sea duradero frente a las pruebas del tiempo.  El amor de una pareja va adelante en la vida y madura cada día. El amor del noviazgo es un poco —permitidme la palabra— un poco romántico. Vosotros lo habéis vivido todo, pero después empieza el amor maduro, de todos los días, el trabajo, los niños que llegan. Y a veces el romanticismo desaparece un poco. ¿Pero no hay amor? Sí, pero amor maduro. “Pero sabe, padre, nosotros a veces nos peleamos…”. Esto sucede desde el tiempo de Adán y Eva hasta hoy: que los esposos peleen es el pan nuestro de cada día. “¿Pero no se debe pelear?” Sí, se puede. “Y, padre, pero a veces levantamos la voz” – “Sucede”. “Y también a veces vuelan los platos” – “Sucede”. ¿Pero qué hacer para que no se dañe la vida del matrimonio? Escuchad bien: no terminar nunca el día sin hacer las paces. Hemos peleado, yo te he dicho palabrotas, Dios mío, te he dicho cosas feas. Pero ahora termina la jornada: tengo que hacer las paces. ¿Sabéis por qué? Porque la guerra fría al día siguiente es muy peligrosa. No dejéis que el día siguiente empiece con una guerra. Por eso hacer las paces antes de ir a la cama. Recordadlo siempre: nunca terminar el día sin hacer las paces. Y esto os ayudará en la vida matrimonial. Este recorrido del enamoramiento al amor maduro es una elección exigente, pero tenemos que ir sobre ese camino.

Y también esta vez concluimos con una oración a san José.

San José,
tú que has amado a María con libertad,
y has elegido renunciar a tu imaginario para hacer espacio a la realidad,
ayuda a cada uno de nosotros a dejarnos sorprender por Dios
y a acoger la vida no como un imprevisto del que defendernos,
sino como un misterio que esconde el secreto de la verdadera alegría.
Obtén para todos los novios cristianos la alegría y la radicalidad,
pero conservando siempre la conciencia
de que solo la misericordia y el perdón hacen posible el amor. Amén.




Tomado de:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20211201_udienza-generale.html

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Domingo I Adviento. Ciclo C – "La Segunda venida de Cristo"


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P. Adolfo Franco, jesuita

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (21, 25-28; 34-36):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

Palabra del Señor


Comenzamos el Adviento que nos dirige a Belén llenos de esperanza porque nos vamos a encontrar con Dios hecho niño.

Hoy empieza el Adviento, el nuevo año litúrgico, ciclo C. Comienza el camino del cristiano; nuestro camino. El Adviento es la preparación al Nacimiento de Cristo. Y también debe ser entendido como un tiempo de preparación a la segunda venida de Cristo. Justamente de esta segunda venida de Cristo nos habla el Evangelio de Lucas, que hoy leemos.

Y para prepararnos adecuadamente debemos, “tener ánimo y levantar la cabeza”, como dice el evangelio de hoy. Tener ánimo y levantar la cabeza es lo mismo que decir tener esperanza. Se nos exhorta por tanto a comenzar este nuevo año litúrgico con una actitud positiva. Así deberíamos fijar bien nuestra atención y examinarnos para constatar si nuestra actitud es positiva o no. Examinar si comenzamos el año litúrgico con ánimo o desanimados, con alegría o con tristeza.

¿De verdad creemos que estamos preparándonos para la celebración del Nacimiento de Cristo? Porque si esto es así, deberíamos alegrarnos. Jesús se hizo hombre, nació entre nosotros, se ha hecho uno con nosotros: es el regalo de Dios. El regalo, que supone de parte de Dios un amor incondicional. Estamos protegidos, Dios nos salva; y viene como un niño, el Niño de todos nosotros ¿hay motivo para alegrarnos? El Adviento que nos prepara a la Navidad, tiene para nosotros este primer mensaje: una preparación adecuada para el Nacimiento de Cristo, debe desterrar de nuestro corazón las tristezas y las sombras; no tenemos derecho al pesimismo, si creemos en la verdad incomprensible del Hijo de Dios hecho Hombre por nosotros y nacido de María Virgen; Jesús, el Verbo de Dios, en todo semejante a nosotros, menos en el pecado.

¿De dónde vienen nuestras tristezas y nuestro pesimismo? ¿De la salud? ¿del fracaso en algo que nos hemos propuesto? ¿de carencias económicas? ¿de humillaciones? Hay una variedad de áreas en nuestra vida, en nuestro ser y en nuestro actuar, de donde nos surgen esos sentimientos de tristeza, de pesimismo. Y nos preguntamos ¿puede el pensamiento del Nacimiento de Cristo eliminar esas tristezas? Porque si el Adviento nos propone una lección de esperanza es porque supone que este solo hecho del Nacimiento de Cristo, puede contrarrestar todas las adversidades personales. Hay que reconocer que para la mayoría de las personas el pensar en el Nacimiento de Cristo no tiene la suficiente fuerza como para contrarrestar el efecto negativo de situaciones reales. ¿Entonces que? ¿Será esta lección de la esperanza una enseñanza irreal?

Todo depende de cuál es la perspectiva global con que pensamos nuestra vida. Todo depende de si le damos más peso a lo que vivimos en el presente, o a lo que esperamos para nuestro futuro. Depende de si la perspectiva de nuestro futuro, o sea la esperanza de la segunda venida, adquiere fuerza en nuestro ser, tanta fuerza como para que pueda contrarrestar la fuerza negativa de nuestras tristezas. De esto nos habla el Evangelio: “verán venir al Hijo del Hombre con gran poder y majestad”. La certeza de esta segunda venida debe adquirir fuerza entre las actividades rutinarias de nuestra existencia. Esta segunda venida debe iluminar nuestro quehacer diario. Y entonces todo quedará teñido de esa bella luz, incluso los momentos tristes y desesperanzados.

Nuestra vida, este tramo pequeño de vida que vivimos sobre el planeta Tierra, no lo es todo. Estamos ya lanzados hacia el porvenir, y en ese porvenir vendrá el Hijo del Hombre; o sea vendrá Jesús, que nos ama y a quien amamos. Y El curará todas las heridas y nos alegrará con su presencia. Y pensando en esto, también nuestras circunstancias actuales, por más tristes que sean, también se llenarán de esperanza. Ese es el fundamento de la esperanza cristiana, y lo que hace que podamos superar situaciones dolorosas que son reales, no hay duda; pero tan reales o más que las circunstancias presentes, son las promesas que Dios nos ha revelado, y que ahora nos recuerda el Adviento, este comienzo del Nuevo Año Litúrgico. Para poder aspirar a esa alegría hay que levantarse, y mirar por encima de las circunstancias presentes de este mundo y proyectarnos al futuro. No para salirnos del presente, sino para darle al presente su verdadero sentido.

Adviento, tiempo de esperanza, tiempo de mirar hacia el futuro y alegrarnos de ver llegar hacia nosotros a Jesús, y que cuando llegue nos hará sentir lo que es su salvación, que inundará todo nuestro ser, incluso ese pasado que alguna vez nos hizo sufrir.




Voz de audio: José Alberto Torres Jiménez.
Ministerio de Liturgia de la Parroquia San Pedro, Lima. 
Agradecemos a José Alberto por su colaboración.

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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.









Textos claves del Nuevo Testamento - 34. "...si me voy, os lo enviaré."

 


P. Fernando Martínez Galdeano, jesuita

El Dios de la Biblia es un Dios cercano a nosotros. Su presencia no es material, pero sí real y puede hacerse sensible como un amor que da vida. Con Jesús su presencia se hace “carne” (hombre) en el seno de la virgen María por obra y fuerza del Espíritu Santo (Lc 1,28.35). Cumplida su misión salvadora en este mundo, era preciso que Jesús se fuera de él: “Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré” (Jn 16,7). Como don del Espíritu su presencia se hace interior a nosotros, para quienes tienen fe en él: “Si uno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene” (1 Jn 4,15-16).



Agradecemos al P. Fernando Martínez SJ por su colaboración.

Para acceder a los otros temas AQUÍ.



Doctrina Social de la Iglesia - 18. El Trabajo V

 


P. Ignacio Garro, jesuita †


4. EL TRABAJO

Continuación...


4.2.6. EL TRABAJO VISTO COMO CASTIGO

También existe esta visión desde el punto de vista del libro del Génesis, capítulo 3º. El trabajo es visto como un castigo, impuesto por Dios, al hombre como consecuencia de su pecado, la tierra queda maldecida y los frutos que arranque de ella será que: "comerás el pan con el sudor de tu frente", Gen. 3,19. Esta teología se desarrolla en los tiempos en que destaca, sobre todo, la dureza del trabajo. Así ocurre en la época antigua: el trabajo manual y de esfuerzo físico es considerado para las clases sociales inferiores y para los esclavos[1]. J. Pablo II, en "Laborem Exercens" comenta la pena (sufrimiento, esfuerzo penoso) del trabajo: "Todo trabajo, tanto el manual como el intelectual, está unido inevitablemente a la fatiga. El Libro del Génesis lo expresa de manera verdaderamente penetrante, contraponiendo a aquella originaria bendición del trabajo, contenido en el misterio mismo de la creación, y unida a la elevación del hombre como imagen y semejanza de Dios, la maldición que el pecado lleva consigo: "por tí será maldita la tierra. Con el trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida". Gen 3,17. Este dolor unido al trabajo señala el camino de la vida humana sobre la tierra y constituye el anuncio de la muerte: "con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra; pues de ella has sido tomado..." Gen 3,19. Casi como un eco de estas palabras, se expresa el autor de uno de los libros sapienciales: "entonces miré todo cuanto habían hecho mis manos y todos los afanes que al hacerlo tuve ..." Ecl.2,11" L.E. nº 27. El Papa J. Pablo II sigue comentando: "el sudor y la fatiga que el trabajo necesariamente lleva en la condición actual de la humanidad, ofrecen al cristiano y a cada hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar en el amor a la obra que Cristo ha venido a realizar. Esta obra de salvación se ha realizado a través del sufrimiento y de la muerte en cruz. Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en redención de la humanidad", L.E. nº 27.

 

4.2.7. ¿HACIA UNA POSIBLE SÍNTESIS DE LAS DOS CORRIENTES? 

La teología del Gen. 1 es anterior al Pecado Original, mientras que la teología del Gen. 3, ya presupone el pecado en el género humano y las consecuencias duras y difíciles sobre la criatura humana. Por eso matiza el aspecto primero del trabajo descubriendo cómo el pecado introduce un factor de profunda tensión  en la experiencia humana y en la dificultad de la criatura humana con la naturaleza. Una síntesis entre la visión positiva y creadora del Gen 1 y la tensión de Gen 3, puede encontrar su punto de convergencia en la interpretación de que toda actividad humana se encamina hacia Dios y dicha actividad humana ha quedado iluminada por la Persona de Cristo. Cristo Salvador abre e ilumina el horizonte de la persona humana, por Él, con Él y en Él tiene sentido real todo lo que hacemos, porque en Él tenemos la salvación, Él ha reconciliado todas las cosas con Dios, su Padre, nuestro Padre. Cristo con la venida del Reino de Dios nos ha traído un nuevo horizonte de vida, y por lo tanto también del trabajo humano. De esta manera contribuimos a que este mundo material y humano se encamine hacia el Reino de Dios y de ahí al Padre. Siempre sabiendo que el trabajo es bendición y esfuerzo, es fuente de vida y de cansancio, pero todo ello alcance su sentido pleno en Cristo.

 

4.2.8. EL TRABAJO, EXPRESIÓN DE LA PERSONA HUMANA

Uno de los rasgos fundamentales de la DSI sobre el trabajo es la afirmación del trabajo como la afirmación de su carácter personal, espiritual. Pío XI ya decía: "¿qué es trabajar, sino aplicar y ejercitar las energías espirituales y corporales a los bienes de la naturaleza o servirse de éstos como de instrumentos apropiados?. "Quadragessimo Anno" nº 53. Más tarde, Pablo VI en “Populorum progressio”, nº 27 dice: "que el trabajo ha sido querido y bendecido por Dios. Creado a imagen suya "el hombre debe de cooperar con el Creador en la perfección de la creación y marcar, a su vez, la tierra con el carácter espiritual que él mismo ha recibido". Después añade: "el trabajo de los hombres, mucho más para el cristiano, tiene la misión de colaborar en la creación del mundo sobrenatural, no terminado hasta que lleguemos todos juntos a constituir aquel hombre perfecto de que habla S. Pablo: "que realiza la plenitud de Cristo". Efes. 4,13".  P.P. nº 28.

 

4.2.9. EN EL TRABAJO ACTÚA LA PERSONA COMO SUJETO

Para J. Pablo II, en "Laborem Exercens", nº 6, hablando del trabajo, es el aspecto subjetivo el que más le importa, pues el trabajo es actividad de un sujeto que es persona. "Ese dominio del que habla el texto bíblico que estamos analizando se refiere no sólo a la dimensión objetiva del trabajo, sino que nos introduce contemporáneamente en la comprensión de su dimensión subjetiva. El trabajo entendido como proceso mediante el cual el hombre y el género humano someten la tierra, corresponde a este concepto fundamental de la Biblia sólo al mismo tiempo, en todo este proceso, el hombre se manifiesta y confirma como el que "domina". Este dominio se refiere en cierto sentido a la dimensión  subjetiva más que a la objetividad: esta dimensión condiciona la misma esencia ética del trabajo. En efecto, no hay duda de que le trabajo humano tiene un valor ético, el cual está vinculado completa y directamente al hecho de que quien lo lleva a cabo es una persona, un sujeto consciente y libre, es decir, un sujeto que decide por sí mismo".

J. Pablo II afirma: "el hombre debe de someter la tierra, debe dominarla, porque como "imagen de Dios" es una persona, es decir, un ser subjetivo capaz de obrar de manera programada y racional, capaz de decidir acerca de sí y que tiende a realizarse a sí mismo". Y más tarde añade: "Trabaja como persona, realiza varias acciones pertenecientes al proceso del trabajo; éstas, independientemente de su contenido objetivo, han de servir todas ellas a la realización de su humanidad, al perfeccionamiento de esa vocación de persona que tiene en virtud de su misma humanidad". L.E. nº 6. "El trabajo es un bien del hombre - es un bien de su humanidad - porque mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en cierto sentido, "se hace más hombre". L.E. nº 9.  ¡Qué contraste! el de esta frases tan bellas del trabajo realizado por el hombre y las denuncias que realizaba el Papa Pío XI en 1931 en "Quadragessimo Anno" nº 135:  "de las fábricas sale ennoblecida la materia inerte, pero los hombres (obreros) se corrompen y envilecen". El valor, pues, para determinar el valor del trabajo humano: "no es en primer lugar el tipo de trabajo que se realiza, sino del hecho de que quien lo ejecuta es una persona. Las fuentes de la dignidad del trabajo deben de buscarse principalmente no en su dimensión objetiva, sino en su dimensión subjetiva".  L.E. nº 6.



    [1] En la antigüedad el trabajo manual o físico no estaba considerado como en la perspectiva actual. Los antiguos creían que el trabajo era para los más pobres y rudos, especialmente el trabajo más ínfimo era para los esclavos. Trabajar, esforzándose físicamente era considerado como un castigo de Dios, una maldición. Por eso los que pertenecían a la nobleza, los ricos, los intelectuales, no trabajaban nunca manual, ni físicamente. Su trabajo a lo máximo era gobernar, filosofar, crear arte, etc., pero nunca trabajar manualmente. Este concepto sobre el trabajo ha durado casi hasta finales del siglo XIX, con diversos matices. Ultimamente el trabajo es considerado una bendición, una forma de realizarse personalmente, de ser alguien en la sociedad, y es la forma, por medio del salario, de cubrir las necesidades propias de la vida humana.



Damos gracias a Dios por la vida del P. Ignacio Garro, SJ † quien, como parte del blog, participó con mucho entusiasmo en este servicio pastoral, seguiremos publicando los materiales que nos compartió.


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