La exigencia del Evangelio



P. Adolfo Franco, jesuita.

DOMINGO XX

Lucas 12, 49-53

He venido a traer fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Pero también he de recibir un bautismo y ¡qué angustia siento hasta que no se haya cumplido!
¿Creen ustedes que he venido para establecer la paz en la tierra? Les digo que no; más bien he venido a traer división. Pues de ahora en adelante hasta en una casa de cinco personas habrá división: tres contra dos y dos contra tres. El padre estará contra del hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»
Palabra del Señor.

Jesucristo predica un evangelio exigente porque quiere de nosotros un amor total que es como fuego devorador.

Este párrafo del Evangelio de San Lucas recoge diversas frases de Jesús, que tienen en común un sabor fuerte, incluso se podría decir áspero: “He venido a traer fuego” “No he venido a traer paz, sino división”.

No es un párrafo aislado en el Evangelio, el que tiene este sonido chirriante. Y es muy necesario subrayar el sabor acre que a veces tiene el Evangelio. Y esto, no para negar la bondad y mansedumbre de Jesús, sino para poner un equilibrio entre dos extremos en los que se puede caer: el de la bondad boba, y el de la exigencia  inhumana y agresiva. Siempre es posible desviarse hacia uno de los dos extremos. Algunas corrientes de espiritualidad tienden hacia un extremo, otras al otro. Pero la tentación más común hoy día es hacer el seguimiento de Cristo insípido, aguado e incoloro.

La figura misma de Dios puede padecer de esta distorsión: lo hacemos tan suave, tan tolerante y permisivo, tan amansado, que más parece un abuelito chocho con barbas de algodón (con el debido respeto a los abuelos), que un verdadero Padre, forjador de hijos nobles y esforzados. Un Dios sin ninguna exigencia, no es Dios; un Jesucristo convertido en borreguito, no es el Buen Pastor.

Esto pasa con la imagen de Dios, y con la figura de los padres de familia (otro serio problema de la actualidad). El padre, a veces, ha claudicado de su labor de ser un formador de sus hijos, y ha dejado de ser exigente, prefiere ser un camarada juvenil, compinche de sus hijos. O por el contrario se convierte en un elemento ajeno, que no quiere problemas y prefiere no saberlos.

El Evangelio, revelación de ese Dios manifestado en Cristo, tiene páginas que no quisiéramos oír, y sin embargo están ahí, y no las podemos mutilar. Toda la enseñanza de Jesús sobre el infierno, no cabe duda que es una enseñanza poco atractiva, desagradable. Son diversas páginas, referidas a este tema en el Evangelio, que quisiéramos poner entre paréntesis. Tienen un talante rudo y disonante.

En el Evangelio hay enseñanzas de otro orden, igualmente difíciles y fastidiosas: las que plantean la exigencia moral del Evangelio en forma drástica: “Si tu ojo te escandaliza, arráncatelo”. No es una manera muy suave de decir las cosas. Jesucristo con frecuencia tiene un discurso impopular. De la misma manera que dice que al que escandalice a un niño “más le valiera que le ataran al cuello una piedra pesadísima y lo arrojaran al mar”.

Otras enseñanzas de colores sombríos y trazos duros, son las que nos ponen metas aparentemente inalcanzables: hay que perdonar setenta veces siete, hay que amar al enemigo, hay que buscar el último lugar, el que ama a su padre más que a mí, no es digno de mí.

Y finalmente las enseñanzas más duras del Evangelio son las referidas a nuestra salvación: “era necesario que el Mesías padeciera, para así entrar en la gloria”. La salvación tenía que hacerse a través del sufrimiento, la cruz y la muerte. Una enseñanza que Jesús nos da con sus propias acciones, más que con sus palabras. Y que aterrorizaron a los apóstoles las repetidas veces que se las comunicó.

Exigencias en la moralidad (no se permiten las actitudes ambiguas), la enseñanza sobre el infierno, las metas a que debemos aspirar, la salvación por la muerte, la necesidad de la cruz; todos estos rasgos son esenciales a la enseñanza de Jesús; sin esos rasgos dejamos al Evangelio seriamente averiado.

Ciertamente que el Evangelio es la “Buena Nueva”, y el mensaje central es que Dios es amor, y que es nuestro Padre. Pero hay que devolverle el sabor y el brillo que tiene. Hoy día vivimos en una sociedad “light”, o como otros dicen, “descafeinada”, y tendemos a proyectar este carácter aguado al Evangelio mismo; por eso la importancia de las enseñanzas que nos da hoy San Lucas con estos versículos que recoge la liturgia de este domingo.

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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

Santa Rosa de Lima


"Rosa de Santa María"
Patrona de América, Perú y las Filipinas
Fiesta: 30 de agosto

Nació en Lima (Perú) el año 1586; cuando vivía en su casa, se dedicó ya a una vida de piedad y de virtud, y, cuando vistió el hábito de la tercera Orden de santo Domingo, hizo grandes progresos en el camino de la penitencia y de la contemplación mística. Acceda AQUÍ.

El comportamiento de los discípulos de Jesús

El P. Adolfo Franco, jesuita, nos comparte el Evangelio del domingo 11 de agosto: "Jesús nos enseña como debe ser el comportamiento de sus discípulos." Escuche el audio o descárguelo en MP3. Acceda AQUÍ.

Los escritos de San Pablo: Su Teología - Las relaciones con el Espíritu

Retomamos las publicaciones del P. Ignacio Garro, jesuita, sobre la teología de San Pablo con la 9° entrega, en esta oportunidad la referida a las relaciones con el Espíritu Santo. Acceda AQUÍ.  

Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de AGOSTO 2019

Para orar con el Papa Francisco en agosto, compartimos la intención y las oraciones de ofrecimiento diario y por la intención mensual, el video del Papa y las propuestas de acciones a realizar. Asimismo, se puede descargar el afiche en formato PDF para difundir la intención. Acceda AQUÍ.

Intención del Papa Francisco para el mes de Agosto: Por las familias

El P. Frédéric Fornos, sacerdote jesuita, Director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, subraya que “es en nuestras familias, con sus alegrías y heridas, con sus logros y decepciones, donde primero aprendemos a amar y a dejarnos amar." Para mayores detalles acceda AQUÍ.

La Red Mundial de Oración del Papa - Apostolado de la Oración

El P. José Enrique Rodríguez, jesuita, Secretario Nacional del Apostolado de la Oración de Perú, nos explica el por qué ahora el Apostolado de la Oración es ahora la Red Mundial de Oración del Papa. Acceda AQUÍ. 

Parábola del hombre rico

El P. Adolfo Franco, jesuita, nos comparte su reflexión sobre el evangelio del domingo 4 de agosto: "Jesús nos enseña que la riqueza no produce la felicidad." Escuche el audio o descárguelo en MP3. Acceda AQUÍ.

Los escritos de San Pablo: Su Teología - Las relaciones con el Espíritu




P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 10° ENTREGA

13. LA RESPUESTA DEL HOMBRE A LA INICIATIVA DE DIOS

13.2. LAS RELACIONES CON EL PADRE, CON JESUCRISTO Y EL ESPÍRITU

Continuación

13.2.3. Relaciones con el Espíritu


Para expresar nuestras relaciones con el Espíritu, Pablo usa formulas sinónimas a las que usa para indicar las que tenemos con Cristo:

a.- "ser en Cristo" --  "ser en el Espíritu": Rom 8, 9: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece”.
b.- "Cristo habita" -- "El Espíritu habita": 1 Cor 3, 16: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?.
c.- "según Cristo  --- "según el Espíritu": Rom 8, 4-5: “a fin de que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros que seguimos una conducta, no según la carne, sino según el espíritu. Efectivamente, los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el espíritu, lo espiritual”.
d.- "por medio de Cristo" -- "por medio del Espíritu", 1 Cor 2, 10: “Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios”.

El cristiano vive "en Cristo" o "en el Espíritu". Unido al Espíritu el creyente se encuentra en la nueva esfera vital que lo une a Dios. Se halla penetrado permanentemente por el Espíritu Santo. Esto lo expone claramente Pablo cuando escribe  en Rom 8, 9-11: "Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece; mas si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el Espíritu es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros. Aquel que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros”.
La comunión del Espíritu Santo, 2 Cor 13, 13: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sea con todos vosotros”; y en Filp 2, 1: “Así pues, hay una exhortación en nombre de Cristo, un estímulo de amor, una comunión en el Espíritu, una entrañable misericordia”. Es la síntesis de la vida cristiana.

1º. Los creyentes:

a.- Han sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo: 1 Cor 12, 13: “Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y  libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”.
b.- Han sido justificados en el Espíritu: 1 Cor 6, 11: “Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu  de nuestro Dios”.
c.- En un solo Espíritu tienen acceso al Padre: Ef 2, 18: “Por Él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu”.
d.- Están sellados en el Espíritu Santo: Ef 4, 30: “No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención”.
e.- Forman en el Espíritu una morada de Dios: Ef 2, 22: “en quien también vosotros con ellos estáis siendo edificados, para ser morada de Dios en el Espíritu.
f.- Están llenos del Espíritu: Ef 5, 18: “No os embriaguéis con vino , que es causa de libertinaje; llenaos más bien del Espíritu”.

2º. Además de eso:

  • La revelación se realiza en el Espíritu: Ef 3, 5: “misterio que en generaciones pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como ha sido ahora revelado a sus santos apóstoles y profetas con el Espíritu”.
  • El Reino de Dios con su justicia, alegría y paz consiste en el Espíritu: Rom 14, 17: “Que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo y gozo en el Espíritu Santo”.
  • Existe una circuncisión en el Espíritu: la del corazón: Rom 2, 29: “El verdadero judío lo es en el interior, la verdadera circuncisión, la del corazón, según el espíritu y no según la letra. Ese es  quien recibe  de Dios la gloria y no de los hombres”.
  • Hay un amor en el Espíritu: Col 1, 8: “y nos informó también de vuestro amor en el Espíritu”.
  • Existe un orar en el Espíritu: Ef 6, 18: “siempre en oración y súplica orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos”.

3º. Por otra parte:

El Espíritu vive en nosotros, 1 Cor 3, 16-17: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?”; y en Rom 8, 9.11: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece”; y en 2 Tim 1, 14: “Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en vosotros”; y en Efes 2, 22: “en quien también vosotros con ellos estáis siendo edificados, para ser morada de Dios en el Espíritu”.

De esta presencia se deriva lo siguiente:

  • El cristiano es templo de Dios y con todo su ser debe dar a Dios un "culto" espiritual: Rom 12, 1: “Os exhorto, pues, hermanos por la misericordia de Dios, a que os ofrezcáis a vosotros mismos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual”; y en 1 Cor 3, 16: “¿No sabéis que sois templo del Espíritu de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros”.
  • El cristiano es propiedad de Dios y de Cristo. Eso se quiere indicar cuando se habla de que ha sido sellado (= signo de propiedad) con el Espíritu: Efes 1, 13: “En Él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad el Evangelio de vuestra salvación, y creído también él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”; y en Rom 8, 16: “El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios”.
  • El Espíritu es para nosotros principio de vida espiritual, y física, Rom 8, 11: “Y si el Espíritu de Aquel que resucitó  a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros”.
  • El Espíritu es para nosotros anticipación de los bienes celestiales: los frutos del Espíritu: Gal 5, 22: “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley”.
  • El Espíritu nos da la luz necesaria para penetrar en el misterio de Dios, 1 Cor 2, 12: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha dado”.
  • Y nos hace crecer en el amor, Efes 3, 19: “y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, y os llenéis de toda la plenitud de Dios”; y en  Col 1, 9: “pues Dios tuvo a bien hacer residir en Él toda la plenitud y reconciliar por Él todas las cosas, pacificando mediante la sangre de su cruz los seres de la tierra y de los cielos”.
  • El Espíritu es una fuerza interior que nos santifica, 2 Tes 2, 13: “nosotros en cambio debemos de dar gracias en todo tiempo a Dios por vosotros, hermanos, amados del Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para la salvación mediante la acción santificadora del Espíritu y la fe en la verdad”; ayuda nuestra debilidad en la oración: Rom 8, 26-27: “Y de igual manera, también el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del espíritu y que su intercesión a favor de los santos es según Dios”.
  • El Espíritu nos da la confianza plena de hijos de Dios: Rom 8, 14-17: “En efecto, todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abba! Padre. El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos de Dios; coherederos de Cristo, si compartimos sus sufrimientos, para ser también glorificados”.
  • El Espíritu actúa en nosotros para desarrollar la nueva vida, que es una vida de libertad:
  • De la Ley: Gal 5, 1: “Para ser libres nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la ley”; y en Gal 5, 18: “Pero, si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley”; 2 Cor 3, 17: “Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la  libertad”.
  • De la carne: Gal 5, 16: “Os digo esto: proceded según el Espíritu, y no deis satisfacción a las apetencias de la carne”.
  • Del pecado y de la muerte: Rom 8, 2: “Porque la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte”.
  • De los, "elementos del mundo",  Gal 4, 6-7: “Y, como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre!. De modo que ya no eres esclavo sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios”.
  • Del mundo: 1 Cor 2, 12: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que nos ha dado”.
  • Del fatalismo: Él se nos da en arras: 2 Cor 1, 22: “Y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones”.
  • La "nueva creación" nacida del Espíritu es la Iglesia: 1 Cor 12, 13: “Porque en un solo Espíritu hemos sido bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos, griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”. El Espíritu es un espíritu de comunión, Efes  4, 3: “poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz”. Y en Filip 2, 1: “Así pues, si hay una exhortación en nombre de Cristo, un estímulo de amor, una comunión en el Espíritu, una entrañable misericordia”;
  • Él distribuye los carismas para común utilidad, 1 Cor 12, 4: “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos”. Y en  Efes  4, 1-7: “Os exhorto, pues, yo, prisionero por el Señor, a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por todos y está en todos. A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida de los dones de Cristo”.
  • El Espíritu es la nueva Ley escrita en el corazón, Rom 8, 2: “Porque la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte”; y la fuerza y amor de los cristianos: 2 Tim 1, 7: “Porque no nos dio el Señor un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza”.
Finalmente, la vida cristiana, vida "en el Espíritu" tiende a su plenitud en la vida futura porque ahora solo hemos recibido las primicias del Espíritu, Rom 8, 23: “también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo”; y poseemos al mismo Espíritu como arras, 2 Cor 1, 22: “Y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones”.

Este Espíritu con su presencia activa y operante nos hace capaces de comprender los dones de Dios 1 Cor 2, 12: “ nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios”; y nos transforma en hombres espirituales, Gal 6,1: “Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes  ser tentado”;  y en 1 Cor 2, 15: “En cambio, el hombre de espíritu lo juzga todo; y a él nadie puede juzgarle”.



Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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La Red Mundial de Oración del Papa - Apostolado de la Oración






QUIERO FORMAR PARTE 

P. José Enrique Rodríguez, jesuita.
Párroco de San Pedro, Santuario Arquidiocesano del Sagrado Corazón de Jesús
Lima - Perú.


El Apostolado de la Oración no ha cambiado. Sí ha vivido un proceso de profundización en los últimos años, para ser fieles al Corazón de Jesús. Es normal y respetable que haya malentendidos, temores e inseguridades, porque hay una dinámica nueva; pero ésta da continuidad a lo que ya existe hace 175 años.

Desde el principio se habló de “oración y celo por el Reino de Cristo” y se sintetizó en tres características: “[a] la oración, como medio universal de acción; [b] la asociación, como condición necesaria para que sea eficaz la oración, [c] la unión con el Corazón de Jesús, como fuente de vida para la asociación”. ”. Lo que se llamaba «asociación » hoy le llamamos « red ». La intención original la explicaba el P. Ramière en 1861: « no es una asociación como otra, ni una obra nueva que se añadiría a las demás, sino una conexión nueva que une todas las asociaciones eclesiales en un mismo enfoque » para la misión de la Iglesia.

Debe quedar claro: no es hermandad, cofradía o algo similar, sino “una red de corazones unidos al Corazón de Jesús”. Esta red de corazones es la Red Mundial de Oración del Papa, a la que el Santo Padre le encomienda rezar sus intenciones de oración, las cuales expresan desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia. Desafíos que resultan fruto de su mirada y discernimiento universales y que son las intenciones del Corazón de Jesús. Formar parte de esta Red de Oración nos conduce a crecer en disponibilidad a la misión de compasión de Jesús por el mundo, a entrar en la dinámica del Corazón de Jesús.

¿CÓMO FORMAR PARTE?

Hay una modalidad “abierta” y otra de “pertenencia y compromiso”, que a su vez se presenta a nivel personal o comunitario.

1. La modalidad de participación abierta, es accesible a todo bautizado; consiste en el compromiso personal de orar cada día por las intenciones de oración del Papa, en particular el primer viernes de cada mes, que es la “Jornada mensual de oración” por sus intenciones”.

2. La modalidad de pertenencia y compromiso implica la decisión y promesa personal de asumir y ejercitar tres momentos diarios de oración al Señor.
• “Con Jesús por la mañana” es la primera pausa al empezar el día, el ofrecimiento diario.
• “Con Jesús durante el día” es una pausa que nos permite calibrar el corazón y relanzar lo que resta de la jornada.
• “Con Jesús en la noche” es la pausa final diaria para reconocer nuestra disponibilidad a la misión que el Señor nos ha dado.

[Quienes acceden a medios digitales, pueden valerse de nuestra plataforma de oración Click To Pray]

Para quienes experimenten un llamado a vivir más estrechamente unidos al Corazón de Jesús y deseen formalizar su entrega personal, compromiso y servicio en este sentido, se les propone la consagración que los hace “apóstoles de la oración”, al servicio de sus comunidades, parroquias o escuelas, incluyendo particularmente al Movimiento Eucarístico Juvenil.

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Agradecemos al P. José Enrique Rodríguez por su colaboración.

El comportamiento de los discípulos de Jesús



P. Adolfo Franco, S.J.


DOMINGO XIX
del Tiempo Ordinario

Lucas, 12, 32-48

No temas, pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino. Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas. Háganse junto a Dios bolsas que no se rompen de viejas y reservas que no se acaban; allí no llega el ladrón, y no hay polilla que destroce. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.
Tengan puesta la ropa de trabajo y sus lámparas encendidas. Sean como personas que esperan que su patrón regrese de la boda para abrirle apenas llegue y golpee a la puerta. Felices los sirvientes a los que el patrón encuentre velando a su llegada. Yo les aseguro que él mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá uno por uno. Y si es la medianoche o la madrugada cuando llega y los encuentra así, ¡felices esos sirvientes!
Si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, ustedes entienden que se mantendría despierto y no le dejaría romper el muro. Estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre llegará a la hora que menos esperan.»
Pedro preguntó: «Señor, esta parábola que has contado, ¿es sólo para nosotros o es para todos?» El Señor contestó: «Imagínense a un administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al frente de sus sirvientes y es él quien les repartirá a su debido tiempo la ración de trigo.
Afortunado ese servidor si al llegar su señor lo encuentra cumpliendo su deber. En verdad les digo que le encomendará el cuidado de todo lo que tiene.
Pero puede ser que el administrador piense: «Mi patrón llegará tarde». Si entonces empieza a maltratar a los sirvientes y sirvientas, a comer, a beber y a emborracharse, llegará su patrón el día en que menos lo espera y a la hora menos pensada, le quitará su cargo y lo enviará con los desleales.
Este servidor conocía la voluntad de su patrón; si no ha cumplido las órdenes de su patrón y no ha preparado nada, recibirá un severo castigo. Y si otro servidor hizo sin saber algo que merece azotes, recibirá menos golpes.
Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y cuanto más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas.

Palabra de Dios.


Jesús nos enseña como debe ser el comportamiento de sus discípulos.

Jesús hablando con sus apóstoles les dice que no tengan miedo, aunque sean un grupo tan pequeño (les dice “un pequeño rebaño”), y esto porque el Padre ha decidido nada menos que darles el Reino. Y a este propósito les dice cómo deben ser ellos, cómo debe ser el verdadero discípulo.

Debe ser un hombre que tenga confianza, que no viva en el temor. Que sepa buscar los verdaderos bienes, y que lo demás lo venda y lo entregue en limosna. Jesús imagina a un verdadero discípulo, como alguien que tiene puesto su corazón en el único bien que no se agota, en el bien definitivo, en Dios que es el Bien. Y mientras vive en este mundo Jesús invita al verdadero discípulo a que siempre tenga la lámpara encendida. Siempre creyendo y siempre esperando. Que tenga una vida iluminada por la lámpara que es la luz de Dios mismo. Y en una actitud vigilante, como el que espera la llegada de su Señor. como un gran acontecimiento. Y que mientras llega el Señor espera, está vigilante y trata bien a sus hermanos y que no hace daño a nadie.

Es una hermosa y exigente descripción de lo que debe ser un cristiano. Un hombre alegre y positivo, que de nada depende, que ama a Dios hasta querer darle todo, y dárselo en los hermanos. Un hombre que siempre tiene luz, y está en la luz. Un hombre lleno de esperanza, que comunica esa esperanza, y que es la esperanza de estar caminando hacia Dios, el gran porvenir, donde las riquezas son verdaderas y nada las corroe. Y que vive la vida con verdad, con bondad y como un servicio.

El Señor no quiere menos de cada uno de nosotros, y nos hace en esos términos su propuesta. Este es el “humanismo” del Evangelio.

Y se juntan en él estas dimensiones: la alegría, el desprendimiento y la libertad, el amor y la ilusión por Dios. La fe que le da verdad y autenticidad a toda su vida y sus acciones. Y esa firmeza en el caminar que da la certeza de saber a dónde se encaminan los pasos. Se junta con esto el vivir en fraternidad, con todos los compañeros de este viaje que es la vida.

El centro de todo esto es el amor de Dios, la apertura del corazón a este Dios infinito y cercano, Padre, corazón donde el hombre vive seguro, y donde la vida es un manantial. Y ahí en ese “escondite” del corazón de Dios todas las sombras y los temores se quedan fuera, no pueden entrar. En ese calor el hombre escucha las palabras del que lo ama y que le dice: no tengas miedo.

Y al vivir cerca de la fuente de la vida, el cristiano sabe lo que es el tesoro, y vende todo lo demás, porque nada le puede interesar de verdad, después de haber experimentado y vivido lo que es el Supremo Bien. Todo lo demás son sombras, y son baratijas, que vale la pena darlas, para asegurar ese amor, que se ha descubierto. Fuera de ese Tesoro, nada es tesoro; por eso San Pablo en determinado momento dirá de todo eso que el mundo tanto estima: todo lo juzgo basura, con tal de poseer a Cristo.

Por ese contacto interior con el Dios de la vida, por esa relación de amor hondo que se ha establecido, la vida se ha iluminado, la lámpara se ha encendido. Se ha hecho la claridad hacia dentro y hacia fuera. Y ahora es importante mantener la lámpara encendida, para que guíe nuestros pasos, y nos haga ver con diafanidad los verdaderos valores, la realidad auténtica de las cosas. Tener las lámparas encendidas.

Y nos llena de ilusión saber que nuestro Padre nos ha prometido el Reino, por eso caminamos con esperanza hacia la meta donde lo encontraremos a El, al Dios adorado, ya sin velos y sin sombras, y donde el amor será todo Luz y la luz será todo Amor.

El Señor nos invita a construir este camino y este futuro, estando alerta y sirviendo al Señor en los hermanos, teniendo de verdad a nuestros compañeros de este camino de la vida, de verdad como hermanos a los que queremos hacer todo bien, sirviéndolos como presencias del Señor a quien seguimos y hacia el que caminamos.



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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.