La Familia Cristiana: 4º Parte

P. Vicente Gallo, S.J.

4. La familia en la misión de la Iglesia


La familia cristiana es “la Iglesia doméstica” (LG 11). Es una “comunidad salvada” en Cristo por el Bautismo de sus integrantes y el Matrimonio de los padres que son cabeza de la familia; reunidos por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en esa comunidad de fe que es la familia cristiana. Es, a la vez, una “comunidad salvadora”, transmitiendo al mundo entero el testimonio de ese amor de Dios que nos salva, desde la convivencia en unidad de “un solo corazón y una sola alma”, que es el Mensaje salvador de Jesucristo. “Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que hemos sido llamados: un solo Señor con una sola fe y un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Ef 4, 4-6). La humanidad, integrando una unidad semejante a la de Dios, por un amor semejante al suyo, es la “utopía” más digna de ser soñada.

La familia cristiana, en la Iglesia, es una comunidad creyente y evangelizadora. Alimentando su fe con la Palabra de Dios y los Sacramentos, en ella se vive el Matrimonio como lugar de la Alianza de amor entre Dios y los hombres, como se da en Jesucristo con su Esposa la Iglesia. A la vez es “signo” que anuncia a los demás la Buena Nueva del Reino de Dios establecido en el mundo por el amor de Cristo a su Iglesia, en medio de los hechos, los problemas y dificultades de cada día, manteniendo viva la esperanza firme en el destino al que se camina, que es el Cielo con Cristo resucitado (FC 49-50).

La familia cristiana, célula viva del Cuerpo que es la Iglesia, es una comunidad de fe al servicio del hombre. La ley que la rige se basa no en las legislaciones humanas, sino en “el amor de Dios que ha sido infundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 8, 2). No entiende el amor como instinto animal, ni como atracción humana calurosa para servirse unos a otros mientras dure esa atracción. Sino como atracción de Dios hacia los hombres, que vive en el corazón de ellos para servirlos y salvarlos. En una familia cristiana, todos deben amarse con la firmeza y la hondura del amor mismo de Dios.

Hechos Cuerpo de Cristo por la fe y los sacramentos, son de veras miembros de su mismo Cuerpo; mediante los cuáles, amándose con el amor de Dios, Cristo los ayuda desde ese amor cuando se ven necesitados, y los salva de poder verse perdidos. Es Dios quien los ama, los sirve y los salva desde el corazón de cada uno de los que forman la familia. Si el hermano a quien amamos y ayudamos, aunque no sea cristiano, es Dios que en él está necesitado de cada uno de nosotros, mucho más es ello verdad entre los miembros de una familia de bautizados, unidos en un mismo cuerpo por el sacramento del matrimonio, del que la familia cristiana procede (FC 63)

“Otro cometido de la familia cristiana es el de formar a los hombres para el amor, y para practicar el amor en toda clase de relación humana con los demás, de tal modo que ella no se encierre en sí misma, sino que permanezca abierta a la comunidad, inspirándose en un sentimiento de solidaridad, de justicia y de preocupación por los otros, consciente esa familia de su responsabilidad hacia toda la sociedad”, dijo Pablo VI en un mensaje a las familias cristianas en el mundo contemporáneo (citado en FC 64).

La familia cristiana es una comunidad en diálogo con Dios, inserta en la Iglesia de Cristo, el Pueblo Sacerdotal, mediante el Sacramento del Matrimonio. El amor con el que en ella se vive y se sirve, y las realidades felices o penosas de cada día, son medios de santificación propia y del mundo, a la vez que una ofrenda de sacrificio grato a Dios, igual que en la Casa de Nazaret.

El don de la gracia de Dios, en Jesucristo, no termina con la celebración del matrimonio como sacramento, sino que se ha de vivir a lo largo de toda su existencia de casados, prolongada en los hijos, imbuidos todos siempre por el Espíritu de Cristo (GS 49). El Matrimonio, como los otros Sacramentos, “está ordenado a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo, y, en definitiva, a dar culto a Dios”, dice el Vaticano II en su Constitución sobre la Liturgia, 59. Pues “también los laicos, como adoradores que en todo lugar actúan santamente en Cristo, consagran al mundo entero a Dios”, dice también el mismo Concilio (LG 34). Vivirlo conscientemente, debe ser su espiritualidad.

El servicio específico de las familias cristianas, para la transformación del mundo en Reino de Dios, se deriva de la unión vital con Cristo; alimentando la fe con la Palabra de Dios y los Sacramentos (la Penitencia y la Eucaristía principalmente), así como en la ofrenda de las propias vidas mediante el amor, y en la oración hecha en familia. “De esta manera la familia cristiana está llamada a santificarse y a santificar a la comunidad eclesial y al mundo” (FC 55). Con su “espiritualidad matrimonial”.

¿Somos conscientes de que vivir cristianamente nuestra relación de pareja como Sacramento equivale a hacer realidad lo que es el Reino de Dios en sus células las Familias Cristianas?


Entregas anteriores:

1º Parte: La familia es comunidad de personas
2º Parte: La familia en el servicio a la vida
3º Parte: La familia en el desarrollo de la sociedad



... Agradecemos al P. Vicente Gallo, S.J. por su colaboración.

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¿Qué pasó en la Última Cena?




P. Francisco VaroProfesor de Teología - Universidad de Navarra

VIDEO


Las horas que precedieron a la Pasión y Muerte de Jesús quedaron grabadas con singular fuerza en la memoria y el corazón de quienes estuvieron con él. Por eso, en los escritos del Nuevo Testamento se conservan bastantes detalles acerca de lo que Jesús hizo y dijo en su última cena. Según Joachim Jeremias es uno de los episodios mejor atestiguados de su vida. En esa ocasión estaba Jesús sólo con los doce Apóstoles (Mt 26,20; Mc 14,17 y 20; Lc 22,14). No le acompañaban ni María, su madre, ni las santas mujeres.

Según el relato de San Juan, al comienzo, en un gesto cargado de significado, Jesús lava los pies a sus discípulos dando así ejemplo humilde de servicio (Jn 13,1-20). A continuación tiene lugar uno de los episodios más dramáticos de esa reunión: Jesús anuncia que uno de ellos lo va a traicionar, y ellos se quedan mirando unos a otros con estupor ante lo que Jesús está diciendo y Jesús de un modo delicado señala a Judas (Mt 26,20-25; Mc 14,17-21; Lc 22,21-23 y Jn 13,21-22).

En la propia celebración de la cena, el hecho más sorprendente fue la institución de la Eucaristía. De lo sucedido en ese momento se conservan cuatro relatos ―los tres de los sinópticos (Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22,14-20) y el de San Pablo (1 Co 11,23-26)―, muy parecidos entre sí. Se trata en todos los casos de narraciones de apenas unos pocos versículos, en las que se recuerdan los gestos y las palabras de Jesús que dieron lugar al Sacramento y que constituyen el núcleo del nuevo rito: «Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: —Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía» (Lc 22, 19 y par.).

Son palabras que expresan la radical novedad de lo que estaba sucediendo en esa cena de Jesús con sus Apóstoles con respecto a las cenas ordinarias. Jesús en su Última Cena no entregó pan a los que con él estaban en torno a la mesa, sino una realidad distinta bajo las apariencias de pan: «Esto es mi cuerpo». Y trasmitió a los Apóstoles que estaban allí el poder necesario para hacer lo que Él hizo en aquella ocasión: «Haced esto en memoria mía».

Al final de la cena también sucede algo de singular relevancia: «Del mismo modo el cáliz después de haber cenado, diciendo: —Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros» (Lc 22, 20 y par.).

Los Apóstoles comprendieron que si antes habían asistido a la entrega de su cuerpo bajo las apariencias del pan, ahora les daba a beber su sangre en un cáliz. De este modo, la tradición cristiana percibió en este recuerdo de la entrega por separado de su cuerpo y su sangre un signo eficaz del sacrificio que pocas horas después habría de consumarse en la cruz.

Además, durante todo ese tiempo, Jesús iba hablando con afecto dejando en el corazón de los Apóstoles sus últimas palabras. En el evangelio de San Juan se conserva la memoria de esa larga y entrañable sobremesa. En esos momentos se sitúa el mandamiento nuevo, cuyo cumplimiento será la señal distintiva del cristiano: «Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros» (Jn 13,34-35).

Bibliografía: Joachim Jeremias, La última cena: palabras de Jesús (Cristiandad, Madrid, 22003); Francisco Varo, Rabí Jesús de Nazaret (B.A.C., Madrid, 2005) 179-185.


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Tomado de: http://www.opusdei.es/art.php?p=15366

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Festividad del Sagrado Corazón de Jesús


Santuario Arquidiocesano del
Sagrado Corazón de Jesús
Parroquia San Pedro de Lima - 2011
Azángaro 451. Cercado de Lima, Perú.

Programa de los Actos Litúrgicos en Honor al
Sagrado Corazón de Jesús



Todos los días:
7:00 PM Rosario
Bendición con el Santísimo
7:30 PM EUCARISTÍA

MIÉRCOLES 22 de Junio
CULTOS DEL PRIMER VIERNES DEL MES
PROCESIÓN DEL SANTÍSIMO
7:00 PM Inicio de la NOVENA EN HONOR AL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

VIERNES 1 de Julio
FESTIVIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Cultos del Primer Viernes del mes, en honor
al Sagrado Corazón de Jesús y procesión
del Santísimo.
8:30 AM Exposición del Santísimo todo el día en la
Capilla de la Penitenciaría.
6:00 PM Hora Santa a cargo del Apostolado
de la Oración.
7:00 PM Rosario en la Iglesia.
7:30 PM Eucaristía. CONSAGRACIÓN DE LOS NUEVOS SOCIOS DEL APOSTOLADO DE
LA ORACIÓN
MISA SOLEMNE de Fiesta en honor al Sagrado Corazón de Jesús, con asistencia de
Hermandades del A.O. de diferentes parroquias.

DOMINGO 3 de Julio
4:30 PM PROCESIÓN CON LA IMAGEN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS en su
recorrido por las principales calles céntricas de Lima, acompañado de diferentes
instituciones, congregaciones religiosas, cofradías y fieles.
7:30 PM Entrada al Santuario
Eucaristía de ACCIÓN DE GRACIAS


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Homilía: Santísima Trinidad (A)



P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

Lecturas: Ex 34,4-6.8s; S: Dan 3,52-56; 2Co 13,11-13; Jn 3,16-18


Un misterio para orar y gustar


Movido por su amor al hombre, Dios le reveló pronto algunos de sus secretos. Tras la creación le manifestó que le había creado a su imagen y semejanza y que le concedía el dominio sobre todos los animales, los vegetales y seres materiales creados (Gen 1,26). Posteriormente y pese a los pecados de los hombres Dios siguió manifestándole su predilección. Llegó a hablarle volviéndole a descubrir las reglas de vida moral que le llevarían a tener una vida individual, social y religiosa ordenada y pacífica (Ex 20). La primera lectura de hoy nos narra el momento en que Dios se revela a Moisés ser infinitamente misericordioso.

Fueron muchos los siglos que pasaron antes de que Dios revelase a los hombres el misterio de la Santísima Trinidad. Hubo de esperarse hasta la venida de Jesucristo. Cuando el ángel se llega a María y le pide que acepte ser madre de Jesús, le dice que le habla de un niño concebido en su seno sin obra de varón, Hijo del Altísimo, que reinará eternamente, que será obra del Espíritu Santo y que será llamado Hijo de Dios (Lc 1,31-35). A partir de entonces, en el Nuevo Testamento, el nuevo orden de salvación, las figuras del Padre y la del Hijo y la del Espíritu Santo van reforzando su significado.

Cierto, se trata de un solo y único Dios, pero también del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que siendo personalidades diferentes entre sí, cada una goza de la posesión de la substancia y naturaleza divina que es común a las tres personas. Sería presuntuoso pretender exponer con claridad el misterio en una homilía de diez minutos.

Recuerdo habérselo dicho en otra ocasión: Estos misterios no son para comprenderlos, sino para vivirlos. Ante ellos lo primero es creer, luego vivir, experimentar, gozar de la verdad y así ir entrando en la posesión de la riqueza divina. Esa vivencia nos adentra en Dios. El misterio se hace invitación y desafío para dejarnos arrebatar. Lo que viene luego es algo indescriptible, es para los elegidos de Dios, es propio de los místicos.

Dios se revela en el Antiguo Testamento como el Dios único en una humanidad en que cada pueblo tiene su dios (Is 45,5). Pero Dios elige a un hombre, Abraham y a un pueblo, salido de él, para estar con él. Los dioses de los otros pueblos ni ven ni oyen ni hablan ni tienen vida (S 115,5-6); pero el Dios de Abraham es el Dios vivo, el que le acompaña, le salva, le da su ley, le castiga cuando peca, le habla por los profetas, una y otra vez le muestra su misericordia infinita.

En el momento, que Él determinó, envió a su Hijo unigénito para hacerse hombre y lo hizo interviniendo el Espíritu Santo. De esta manera las tres personas divinas actúan juntas en la salvación del género humano. Junto a la persona del Hijo, que asumió la naturaleza humana, sin dejar de tener la divina, para realizar la misión salvadora encomendada por el Padre, está también la persona del Espíritu Santo, que en el bautismo por Juan desciende sobre el Hijo, mientras el Padre lo aprueba con su palabra (Mt 5,16-17). Más tarde, completada su misión en la cruz, entregará su Espíritu a la Iglesia, la nueva Eva nacida de su costado por el agua del bautismo y alimentada por el manjar de la eucaristía (Jn 19,34s). Toda una obra maravillosa que tiene su rúbrica final en Pentecostés donde se cumple la promesa del Padre y de Cristo mismo con el envío del Espíritu Santo que nos hace templos del Espíritu, nos injerta en Cristo participando de su vida y nos hace en Él hijos de Dios, al que con derecho invocamos como a Padre.

Nos es imposible explicar con suficiente claridad este misterio. Pero tenemos vocación de formar parte de él; incluso con razón podemos decir que ya formamos parte y ciertamente confiamos disfrutar en la bienaventuranza de él. Vivamos al Padre como quien nos ha enviado a su Hijo y como quienes somos sus hijos por haber sido unidos a Él por el bautismo como sarmientos a la vid; y como quienes poseemos y estamos poseídos por el Espíritu Santo para producir fruto, para soportar con Cristo la cruz que junto a Él hemos de cargar.

La misa dominical es el gran medio para conseguir estas gracias. Se empieza con el acto de fe que invoca la Trinidad, se invoca la purificación de todo lo que impide la posesión trinitaria de nosotros, se invoca y canta a la gloria de Dios uno y trino, se pide que el Espíritu actúe alguna de sus grandes gracias en nuestros corazones, se escucha la palabra de Dios que solo cobra pleno sentido bajo la inspiración del Espíritu, se profesa la fe, se pide por todos los hombres, se participa en el sacrificio de Cristo al Padre, con el que damos gracias, reconocemos que se nos han perdonado los pecados, pedimos por todos los miembros vivos y difuntos de la Iglesia, sagrario del Espíritu, nos unimos a los bienaventurados, oramos al Padre en el Espíritu con la oración de Jesús, participamos plenamente del sacrificio comulgando y agradecidos marchamos con su bendición a ser sus testigos en un mundo que necesita de luz y de amor.

Dice San Lucas que en la Ascensión Jesús bendecía a los que lo contemplaban mientras subía, y que regresaron a Jerusalén llenos de enorme gozo (Lc 24,50‑52). Vivamos del gozo de la Trinidad, cada domingo aumentémoslo y hagamos para que los demás participen de él.

Domingo 19 de Junio del 2011

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Santísima Trinidad

P. Adolfo Franco, S.J.

Juan 3, 16-18

La revelación que nos hace Dios de su misterio interior nos deja asombrados y sin capacidad para comprenderlo.


Como continuando la contemplación admirada de los misterios de nuestra fe, y con el afán de mantenernos en un clima de alegría de Pascua, la liturgia nos trae este domingo la celebración de la Santísima Trinidad. Es la plenitud de la revelación de Dios. Esta revelación de Dios tiene su comienzo al abrirse las primeras páginas de la Sagrada Escritura; allí ya se nos manifestaba Dios en todo su esplendor creador; y se iba mostrando progresivamente como libertador, como amigo. La revelación continuaba y llegó a su culminación con esta magnífica e insondable manifestación: Dios es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo. Es el cariño de Dios que quiere decirles a sus hijos cómo es El, para que lo conozcamos y lo amemos más. La Biblia es el libro en que Dios nos cuenta cómo es. Y en la revelación de su Misterio Trinitario llega a descubrir lo más íntimo de su ser. Son todo un conjunto de textos del Nuevo Testamento los que contienen esta afirmación (cf. Mt 28, 19, entre otros).

Y nosotros, somos buscadores inquietos de la verdad, y para lograr asir las verdades con nuestra mente nos valemos de conceptos y de palabras; y la Verdad más elevada se nos oculta misteriosamente detrás de las palabras con que el Señor nos la revela. La misma ciencia de la teología, en su intento por llegar a entender esta realidad (¡qué pretensión!), no llega tampoco muy lejos y queda fatigada por conceptos abstractos en la búsqueda.

La Teología llega a fórmulas útiles, pero insuficientes y oscuras. Decimos que Dios es una esencia única e indivisible, y que es a la vez tres Personas. Pero no podemos entender cómo una misma esencia es participada por igual por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y se nos ocurre pensar en un ser humano que fuera a la vez tres personas, y eso nos parece una afirmación disparatada. Y decimos que el Padre engendra al Hijo, pero el Hijo no es posterior al Padre, sino tan eterno como El. Y hay un Padre que engendra, sin una madre. Y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, y no es posterior a ellos.

Qué pobres nos resultan nuestras palabras. Parecen instrumentos rígidos, esquemáticos y sin color, cuando con ellas queremos acceder al conocimiento del Ser Fundamental. Nuestras palabras son tan torpes. Pero por la fe intuimos que detrás de la frontera de esas palabras se abre el Abismo de lo más elevado y de lo más sublime. Las palabras persona, esencia, padre, hijo, espíritu, y todas las otras con que nos acercamos a la Sublime Revelación, son como señales que nos piden que sobrepasemos lo inteligible, para que nos acerquemos desnudos de conceptos al Abismo de Dios. Y entonces le damos al corazón el puesto de la inteligencia para que nos adentre en el conocimiento de Dios; hacemos que el corazón con su capacidad intuitiva dirija a la inteligencia en esta nueva forma de conocer.

Sabemos, y tenemos certeza por la Revelación de que esas palabras tan torpes nos han acercado al centro de la realidad y detrás de ellas aparece el abismo inacabable, sin fronteras, de todo lo que es Realidad y Belleza, y Verdad. Y ahí nos embarcamos en el riesgo de la fe, que se deja llevar, que se aventura en sintonizar con lo totalmente nuevo y diferente. El corazón puede palpitar al unísono con esta realidad envolvente y gozosa, de la cual las palabras sólo son gemidos sin articular, como los sonidos sin articular de un infante.

Realidad sublime y maravillosa. Trinidad de Dios deslumbradora y bella. Y qué bueno es encontrar que nuestro entendimiento humano no queda prisionero en su aventura del conocer por el horizonte pequeño de nuestras palabras y de nuestros razonamientos. Dios mismo nos abre la gran ventana de su intimidad. La Verdad en su plenitud nos pone al descubierto como indigentes, con palabras que resultan completamente torpes, para conducirnos al Misterio de lo Sublime, pero que nos sirven de punto de partida para dar un salto al conocimiento que excede todo entendimiento. Teníamos nuestras palabras, nuestras razones, nuestra lógica, y quedamos desnudos, sin palabras, sin razones, sin lógica, cuando la Realidad más plena se nos presenta y Dios nos dice cómo es El. Y la mejor manera de celebrar el misterio es quedarnos atónitos, asombrados y con el corazón abierto de par en par, para recibir la Luminosidad, y gozar con aquello que no alcanzamos ni a sospechar.+



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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

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Movimientos Satánicos: Sectas Luciferinas

Las Sectas
en
Latinoamérica


57º Parte


P. Ignacio Garro, S.J.

Profesor del Seminario Arquidiocesano de Arequipa, ex profesor del Seminario de Trujillo.


3. SECTAS LUCIFERINAS

Son las que dan culto a Lucifer, que evidentemente es el mismo Satanás 100. Uno puede pensar que sectas satánicas y sectas luciferinas es lo mismo, pero no, el cambio de nombre va unido a algunas matizaciones en el comportamiento de sus adeptos. Entre las sectas luciferinas no se hallan el tipo de personas que se dan en las sectas satánicas. Podemos decir que los luciferinos son más cultos, tienen más "status" social, se suelen componer de individuos de carrera profesional, no son tan violentos como los satánicos, ni se dan a conocer en público 101.

Entre las sectas luciferinas han descollado la denominada "Pirámide de Seth", ésta ha sido fundada por Urgo, un ex-adepto de un movimiento gnóstico. "Templo de Set", fundada por M. Aquino, actúa como una delegación del "Templo de Set”, de Saint Louis (Missouri). Esta secta absorbió en 1966 a la mayoría de los miembros de los "Iglesia de Satán", cuyo fundador fue A. La Vey.

Las sectas luciferinas, aunque en menor medida que las sectas satánicas, son también destructivas, sobre todo por su trasfondo de manejo de dinero y por tener mucho poder. Entre algunos de sus integrantes se hallan los llamados "yuppies", personas de formación intelectual elevada, con mucho dinero, grandes cualidades de organización y ejecución y por ello son, tal vez, más peligrosos, aunque su destrucción aparezca de manera más educada.

CREENCIAS

Tal vez por su influjo sincretista del mito griego "Prometeo", sostiene que Lucifer infundió la inteligencia a los hombres tras "rebelarse contra un Yahweh (nombre de Dios en el AT) sanguinario, que pretendía tenerlos aprisionados en su Edén, (Paraíso del Edén), como unos animales más, y les otorgó la luz (la inteligencia). Por ello fue expulsado del cielo". De ahí le viene el nombre: “Lucifer" = portador de la luz, o lucero.

Por eso identifican a Lucifer con Prometeo 102. De ahí, por extensión, el paroxismo de su irritación desemboca en odio a todo lo divino. El mito de Prometeo103 se describe cuando Epitemeo, que era el modelador de los seres vivos en las entrañas de la tierra, va a formar al hombre, ve que ha distribuido todas las cualidades entre los animales, que el hombre es inferior a los animales en resistencia, pelambrera protectora, fuerza, velocidad, garras, uñas, etc., y que, si lo deja así, el rey de todos los seres de la tierra (el hombre) va a ser destronado y muerto apenas salgan a la superficie y comience la lucha por la supervivencia. Epimeteo acude apurado a Prometeo, mucho más inteligente que él, y compadecido del hombre, Prometeo se arriesga, asciende a la morada del dios Zeus y le roba a la vez el fuego real (base del progreso técnico) al dios Hefesto y el de la inteligencia a la diosa de la sabiduría, Palas Atenea; Prometeo toma ambas cosas y se las mete en la cabeza del hombre. Así el hombre, gracias a la razón (sabiduría) y la técnica (fuego), llegará a dominar la naturaleza y a los animales, superiores a él.

Zeus castiga a Prometeo por su atrevimiento e insolencia y lo encadena en una roca, donde un águila le picotea cada día el hígado, y cada día se rehacía el hígado de nuevo. No obstante, se mantuvo insolente ante la divinidad, (a no ser que se doblegara en las otras dos partes de esa trilogía, pues una de ellas se titula "Prometeo liberado"). Así Prometeo y su mito, puede erigirse en prototipo de la rebeldía y de la irreligiosidad de la secta luciferina, y de aquí la aplicación a la dimensión prometeica del hombre, a saber: su autosuficiencia irreligiosa, fruto no raro de la soberbia intelectual y del egocentrismo del hombre, debido a los adelantos científico - técnicos modernos, como que el hombre ha sido iniciado gracias al "fuego divino" y a los inventos atribuidos a Prometeo en los mitos griegos.

En todo este mito que acabamos de describir, parece que no andan lejos los pertenecientes a las sectas luciferinas, ellos sienten que no tienen que depender de Dios, sienten que hay alguien que les puede dar la fuerza, la sabiduría, el poder de la vida, sin tener que depender de Dios, ese es Lucifer. Así se explica por qué toman a Prometeo como símbolo suyo, y están agradecidos a Lucifer (nuevo Prometeo) por el poder e inteligencia que les ha dado.


MIEMBROS DE LAS SECTAS LUCIFERINAS

Podría pensarse que los miembros de los grupos luciferinos serían personas jóvenes, marginadas, exaltadas o sin ningún rumbo en la vida, pues no, los miembros habituales de las sectas luciferinas son, al parecer, personas adultas de edad entre 30 a 50, o, 60 años de edad; por lo general son personas que ejercen profesiones prestigiosas: medicina, ingeniería, abogacía, financistas, miembros de la llamada "cultura Yuppie", (jóvenes profesionales pertenecientes a la elite de las finanzas, asesorías técnicas y económicas), etc. Estos adeptos a las sectas luciferinas no caen en actos irracionales, ansiosos de acciones violentas, ni practican, que se sepa, la antropofagia ritual de las sectas satánicas.

ACTIVIDADES DE LAS SECTAS LUCIFERINAS

En sus reuniones realizan ejercicios de concentración mental, prácticas de yoga y algunos ritos de "magia sexual". Su rito más fuerte es la denominada "Misa Roja", en la que el ritual es parecido al de las Misas negras de las sectas satánicas, pero en la que no hay sacrificios humanos, sí sacrifican aves, etc., beben su sangre, pues creen que en esa sangre ofrecida a Lucifer recobran la fuerza y el vigor del mito prometeico.

Creen mucho en ese mundo de las brujas independientes que actúan por libre y en sus pócimas elaboradas por ellas, como en la Edad Media, con alucinógenos, mandrágora, belladona, acónito, opio silvestre, beleño, etc. Estas pócimas son el medio bio-químico que les produce ese estado alucinante en el que, dicen que, realizan viajes por el aire, o que copulan con el diablo, etc. Todo esto es producto del efecto alucinador de las drogas y brebajes que toman. Hoy día sabemos que tomar esos brebajes contribuye a producir la creencia en esos viajes para participar de esas reuniones de brujas, llamadas "akelarres", (palabra vasca que significa "campo del macho cabrío", símbolo de Satanás), lugar donde se reúnen las brujas para realizar sus sesiones con Satanás, en las que hacen participar a los asistentes de sus actos previa bebida de sus pócimas alucinógenas.

Estas y otro tipo de prácticas de tipo chamánico son las que practican estas sectas luciferinas. Tienen a Lucifer como centro y se valen de todo tipo de prácticas misteriosas para realizar sus creencias.


100 Para mayor ampliación sobre el tema, ver: "Les sectes lucifériennes aujourd´hui", de J. P. Boune, Paris, 1978. (Se trata de una descripción del mundo luciferino, los sacerdotes, una descripción de la "Internacional Luciferina", sus lugares de culto, etc.).

101 Pilar Sarullana, cuenta entre las sectas luciferinas al grupo "Satan Spanish", (Satán Española), un grupo integrado por millonarios y conectado con la "Internacional Luciferina", compuesta entre otros, por la "Orden Verde" (Bruselas), las "Legiones de Mitra", la "Gran Logia del Dragón", "Fraternidad Céltica", "Orden Ario", "Hijos del Fuego", etc. que hicieron un manifiesto en 1975 o invitación a todas las sectas luciferinas del mundo para formar un partido político, el "Partido personalista". Participa también del luciferismo la "Iglesia Proceso del Juicio Final", fundada por R. de Grimston en 1963, y que hacia 1972 tenía unos 100.000 adeptos en Estados Unidos y Europa. Esta secta se caracteriza por el sincretismo de luciferismo y gnosticismo, y sostiene que Cristo y Satanás se han reconciliado y van a colaborar en el fin del mundo.

102 Prometeo, semidiós o héroe de la mitología griega, que se proclama "enemigo de Zeus", (dios supremo de las deidades en la religión oficial griega, dios del Olimpo)

103 Mito de Prometeo, ver en Platón, "Protágoras", 320 c-322 d.


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Para leer más sobre otras sectas satánicas visite el menú "DOCTRINA CRISTIANA", "SECTAS SATÁNICAS".

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Agradecemos al P. Ignacio Garro por su colaboración.
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